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Ensayos sobre economía política

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Ensayos sobre economía política

Author: Escudero, Bernardo; Azcárate, Gumersindo de, 1840-1917
Publisher: Madrid : Medina, 1878
Year: 1878
Source: https://idus.us.es/bitstreams/c25eea44-6eec-4292-be83-063c1362e795/download
ENSAYOS
SOBRE
ECONOMÍA POLÍTICA
POR
D.
BERNARDO ESCUDERO
MADRID
CASA EDITORIAL DE MEDINA
Campomanes , núm.
8.
LEYES NATURALES ECONÓMICAS
DE
LA PROSPERIDAD Y DE LA JUSTICIA
En nues os análisis an e io es hemos
comp obado necesidades sociales que no son
ménos cla as, igo osas, pe manen es y uni-
e sales que las leyes del mundo ísico; po
consiguien e, me ecen an o como és as el
nomb e de leyes. De igual mane a que á las
del mundo ísico, se las puede con a ia y se
las pe u ba muchas eces; pe o de igual ma-
ne a ambien que á aquéllas, no se las con-
a ía impunemen e: ienen, pues, el ca ác-
e de e dade as leyes, es o es, de leyes de
una economía, de un equilib io, de ese equi-
lib io social, al cual gene almen e odo el
mundo aspi a, bajo los nomb es agos de
ó -
den público, bien público, bienes a gene al, in-
e es gene al, dicha co nun, p og eso
ó p os-
pe idad,
equilib io del cual es insepa able la
jus icia; pe o se las conoce mal, y se á impo-
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sible se las conozca mejo ín e in se con i-
núe es udiándolas po los mé odos
á p io i,
que dominan mucho aún en las ciencias mo-
ales y polí icas; así que es muy di ícil en
nues os dias es ablece ese equilib io social,
bien que haya sido más di icil aún en el pa-
sado.
En e odas las ciencias mo ales y polí i-
cas, iene la económica la conside able en-
aja de no pode p og esa sin mé odos expe-
imen ales, cuya ci cuns ancia la sal a á de
las abe aciones á que se han dejado a as-
a sus undado es; e dad es que ambien
se án debidas á ella muchas p eocupaciones
que conspi an con a su in luencia, y en pa -
icula la que le acusa de ma e ialismo; pe o
le debe á odo el pode que se adhie a á sus
es udios, pode que, al ampa a se de él la
u opia, iene conmo iendo en cie a mane a
al mundo ci ilizado; como le debe á pone en
cla o las é dades más ecundas é impe iosa-
men e eclamadas po el espí i u mode no;
como le debe á, en in, el cambio de az de las
ciencias mo ales y polí icas, pues o que son
solida ias las unas de las o as.
Las leyes en cues ion quizas no se des-
p ende án su icien emen e po odos de los
análisis que hemos dado á conoce ; c eemos,
pues, que debemos deduci las noso os
mis-
mos con la su icien e ex ension, á in de ma-
ni es a las con pe ec a cla idad; ad i iendo
desde luégo que, á nues o juicio, odas son
económicas. Bajo es e pun o de is a, se com-
p ende á ácilmen e que co esponden á la
p ospe idad; pe o acaso no se que á admi i
con an a acilidad que co espondan ambien
á la jus icia; sin emba go, e lexionando que
lo llamado jus icia no es o a cosa que la in-
e p e acion
y
aplicacion de la ley posi i a, y
po o a pa e, que es a ley no es á su ez
sino un conjun o de disposiciones espec o á
las pe sonas y á los bienes, á las p ime as
con elacion á és os, y á és os con elacion á
las pe sonas, se comp ende á que la jus icia
que implican las disposiciones de la ley po
si i a es esencialmen e económica. En odo
caso, al es la jus icia que enemos po obje o,
no a amos de o a, y nos conside a emos
ha o elices si conseguimos descub i sus
leyes na u ales al p opio iempo que la p os-
pe idad, de las cuales son insepa ables, á
nues o juicio.
Di emos en p ime luga , á in de e i a
oda in e p e acion incon enien e en el asun-
o de que nos ocupamos, que en endemos
po
ley
el
enómeno que debe esul a ine i able-
men e de un hecho cualquie a, dadas las mis-
mas condiciones. Los acciden es más a os,
po lo mismo, suponen leyes de igual modo
que los más gene ales, que son an uni e sa-
les como las de és os. Si la ciencia se ocupa
más especialmen e de las leyes ela i as á
los enómenos gene ales y nume osos, no
niega, ni nega puede, la exis encia de los
que no lo son. Ademas, c eemos que, así en
mo al como en
poli ica,
y áun en ísica, no
8
son las leyes en g an núme o; y que la g an
a iedad de los enómenos mo ales y polí i-
cos p ocede más bien de la combinacion de al-
gunas leyes, pocas en núme o, en p opo cio-
nes di e en es.
Se conocen las leyes ma emá icas, las de
ísica, las de química y las de la isiología e-
ge al y animal; po lo ménos se conoce cie o
núme o de és as; en in, se conocen ambien
leyes económicas, pues o que sabemos po lo
ménos que, cuando, siendo las demas condi-
ciones las mismas, disminuye ó aumen a la
p oduccion de una cosa, su alo aumen a ó
disminuye. Todos los enómenos sociales su-
ponen leyes de la misma na u aleza, y su a -
monía, en equilib io a o able al desa ollo y
á la mayo dicha posible de la sociedad, las
supone igualmen e. Las p incipales de és as
son las que nos p opone nos deduci de nues-
os p eceden es análisis, empezando po de-
ja sen ado que:
La dis ibucion implica, necesa iamen e
p oduccion, y po consiguien e abajo, ac i-
idad, libe ad, solida idad, como implica ne-
cesidades que debe sa is ace la p oduccion;
en in, implica la di ision del abajo, la aso-
ciacion, el cambio y el c édi o. Todas es as
cosas cons i uyen necesidades ó leyes de la
p oduccion, cuya exis encia no se
pod ia,
ne-
ga ; no las deduci emos, po que no hemos
analizado la p oduccion; pe o mani es a e-
mos algunas de ellas, y áun pod íamos ma-
ni es a las odas, en las especiales á la dis-

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ibucion. Es as no son an e iden es; algu-
nas no han sido jamas o muladas, que sepa-
mos, y has a se las comba e á odas; se á,
pues, necesa io que las discu amos con la
mayo esc upulosidad, apesa de nues os
análisis, á in de mos a ic o iosamen e su
legi imidad cien í ica.
LA MEDIDA.
1. La p ime a de las leyes de la dis ibu-
cion, la undamen al de ese g an enómeno
económico, es la medida. Sin ella, en e ec o,
no pod ia e i ica se la dis ibucion, á no se
po ía de au o idad; y áun así, se ía p ecisa
una medida, como la que se hace en amilia,
como la piden los comunis as, ó segun la o-
lun ad a bi a ia de los dis ibuido es o icia-
les, con o me á las leyes ac icias de la des-
igualdad poli ica, como se ha is o más ó
ménos en la an igüedad bajo el égimen de
cas as, ó en Roma bajo un égimen ménos
exclusi o, como se e áun hoy espec o á las
unciones públicas; pe o la indus ia y el co-
me cio de una ci ilizacion algo adelan ada
no se a ienen á semejan e dis ibucion, y áun
c eemos pode añadi que jamas se han a e-
nido; pues o que, po muy a eas que se lle e
la obse acion en la his o ia, se en es able-
cidos los cambios, y po consiguien e dis i-
buida la iqueza po medio de la medida eco-
nómica que dejamos analizada; y pe mi ido
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nos es p e e que esa medida llega á á p e-
alece con odas sus condiciones de libe ad
y
concu encia en odos los casos, áun en las
unciones pi: blicas, cuyas condiciones econó-
micas no son en e dad las mejo es posibles,
ni las úl imas con que nos con ida el p o-
g eso.
2. Haciendo que cada uno p oduzca pa a
odos
y
odos pa a cada uno, la di ision del
abajo, asociacion de los p oduc o es, iende
á que cada p oduc o ó su ep esen an e o ne
de la masa de las cosas p oducidas po odos,
ó que ci culan como si lo hubie an sido, el
equi alen e de lo que él ha lle ado; y de ahí
la necesidad ineludible de medi odas las co-
sas que ci culan ó que se juzga que ci culan;
de ahí, po consiguien e, la de conside a las á
odas bajo un aspec o comun, ó como si u-
ie an un mismo denominado ; de ahí, en in,
la de escoge una que si a de ipo, de alon,
de unidad, de é mino único y uni e sal de
odas las compa aciones que supone su me-
dida.
En la in ancia de las sociedades ese alon,
al debemos c ee , no se dis inguía de las de-
mas cosas á que se compa aba sino en cie -
as condiciones indispensables á la uncion
que llenaba, como el se ácilmen e di isible
sin pe de nada de su alo , el se de bas an-
e du acion sin al e a se, y el se gene al-
men e conocido; po que debió consumí sele
segun su na u aleza, como las lemas cosas
á las cuales se compa aba, es deci , que se
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le comia si e a un alimen o, ó se le es ía si
e a un es ido; pe o la di ision del abajo ha
p oducido hace mucho iempo ya un ins u-
men o exclusi o pa a la medida económica,
conocido bajo el nomb e de ins umen o de
cambio ó moneda; y debido á esa condicion,
iene el ca ác e esencial de un equi alen e
que cada uno oma en la ci culacion gene al
en cambio de lo que á ella lle a pa a oma ,
segun y cuando le con enga y donde le con-
enga, aunque sea á miles de leguas de dis-
ancia, el equi alen e de ese equi alen e.
Cualquie a que sea su aspec o comun, es
e iden e que no pueden compa a se las cosas
que ci culan sin ene en cuen a el abajo,
los es ue zos, la moles ia y los gas os que su
p oduccion exige. En e ec o, si cada uno p o-
duce, es deci , si abaja pa a o os, quie e
que los o os abajen pa a él an o co no él
pa a ellos, que se omen an as moles ias y
hagan an os gas os en su a o como él pa a
ellos; en una palab a, que, bajo el pun o de
is a de la ley comun del abajo, haya igual-
dad en e ellos y él; la p ueba de odo es o es
que si alguno p e endie a lle a á la masa de
las cosas que ci culan una que odos pudie-
an p ocu a se sin abajo y sin gas os, se le
conside a ia demen e; y si p e endie a ap o-
pia se una cosa exclusi amen e y á expensas
de odos, se le conside a ia co no un usu -
pado .
Pe o no se deduce de ahí que el abajo,
ya bajo el pun o de los es ue zos, ya bajo el
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de gas os, pueda se i de aspec o comun
pa a odas las cosas que ci culan, á in de
compa a las en e sí. Los es ue zos no son.
de la misma na u aleza en abajos di e en-
es; po consiguien e, no son compa ables en
odos casos; pe o aunque ue an de la misma
na u aleza, y compa ables siemp e, no po-
d ian se i de aspec o comun de las cosas
á las cuales se aplica la medida económica,
po que no son igualmen e ecundos. No son
es ue zos lo que la sociedad pide á los aba-
jado es, síno p oduc os consumibles, es de-
ci , ú iles; y cuando los es ue zos no los dan,
la sociedad no oma és os en cuen a, po que,
de lo con a io, dispensa ia á los abaja-
do es ó p oduc o es del cuidado de que su
abajo sea ecundo; y o o an o se puede
deci de los gas os. No son gas os lo que la
sociedad les pide: odo lo con a io; po que
si u ie a cuen a sólo de ellos, sin epa a
en los p oduc os ú iles, apa ece ia a o e-
ciendo la uina de los abajado es; ademas,
es p eciso ene p esen e que los gas os no
siemp e son iguales én p oduc os idén icos,
y eso bas a pa a que no se les pueda oma
po el aspec o comun que nos ocupa, sin lle-
ga al esul ado absu do de da di e en es
alo es á un mismo iempo y en un
mismo
me cado á p oduc os idén icos.
¿Cómo halla emos, pues, en odas las co-
sas que ci culan, ó que se juzga que
ci cu-
lan, un aspec o comun que no sea abajo,
pe o que implique, sin emba go, sus condi-
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la economía indi idual, y segun los isióc a-
as, han llamado p oduc o ó en a ne a; pe o
es e lenguaje es eminen emen e de ec uoso.
El indi iduo puede en e dad p oduci más
de lo que consuma, y ene una en a ne a;
pe o puede ambien i i de sus en as po
medio de su p oduc o ne o acumulado. 'Po-
d á sucede eso espec o á la sociedad? Se
e, pues, que las analogías conducen dema-
siado léjos cuando se concluye de pa icula
á gene al.
Es e iden e, en e ec o, que á la economía
se deben los p og esos de la iqueza pública;
pe o la economía no implica exceso de p o-
duccion sob e el consumo, como se dice; pues
si lo implica a, no se exp ica ia el po qué
un exceso de p oduccion ae siemp e con-
sigo una baja del alo del p oduc o en exce-
so, y po consiguien e, una disminucion de
su p oduccion, ó un aumen o de su consumo,
ó uno
y
o o á la ez, y po ello el es able-
cimien o del equilib io, es deci , la igualdad
de la p oduccion y el consumo. Se di á qui-
zas que los p oduc os en exceso de un a -
ículo sob e el consumo o dina io bajan de
alo cuando sólo ese a ículo se halla en
exceso, pe o que no sucede eso cuando o-
dos se hallan en el mismo caso, p ) que no
puede habe exceso gene al de p oduc os,
gene al glu .
Sea, no puede habe al exceso
gene al cuando, aumen ando oda p oduc-
cion, aumen a el consumo en la p opo cion
con enien e; pe o
¿po qué? Po que son de-

20
mandados; y como no son demandados sino
pa a se consumidos, debemos in e i que,
en e ec o, se án consumidos; po consiguien-
e, no hay exceso de p oduccion sob e el con-
sumo. El enómeno de la economía indi i-
dual jamas hab ia dado luga á c ee en un
p oduc o ne o pa a la sociedad si se hubie a
e lexionado que oda iqueza economizada
es empleada de una mane a cualquie a, ya
po los que la economizan, ya po o os, y
que su empleo es un consumo.
La p oduccion de una época excede á la
p oduccion de una época an e io cuando se
ha ob enido algun p og eso; cie o; pe o lo
es igualmen e que el consumo segui á el
mismo mo imien o. ¿Pa a qué se i ia
en
o o caso el aumen o de p oduccion? En cuan-
o al p og eso de la iqueza pública po me-
dio de la economía, se explica po el hecho
de que cie as cosas se p oducen en ménos
iem
p
o del que se a da en consumi las, co
mo las casas, las ca e e as, los canales,
las disecaciones, las máquinas , la mone-
da, e c., que es lo que gene almen e se lla-
man capi ales, y en lo que se ealizan ó em-
plean las eonomías; pe o es as cosas se
consumen como odas las cie nas, y no se
pueden p oduci más que se consuelen, so
pena de que bajen de alo , y po consiguien-
e, sin aumen o de la iqueza pública. Si las
naciones se en iquecie an po un exceso de
p oduccion sob e el consumo, odas las e-
oluciones polí icas las en iquece ian, pues-
21
o que al dia siguien e que acon ecen, hay
un g an exceso de p oduccion an e io so-
b e el consumo del momen o; pe o sabido es
lo que en ónces acon ece, pues o que al dis-
minui el consumo bajan los alo es, la p o
duccion se de iene á su ez, y se es ablece
el equilib io necesa io en el momen o, sin
aumen o de iqueza segu amen e.
Se di á quizas que p oduci cie as cosas
en ménos iempo del que se consumen, es
p oduci más que se consume; no, po que no
se ep oducen mién as con inúan si iendo.
No se cons uyen casas en an o que las hay
su icien es pa a el consumo; y lo mismo su-
cede con odos los p oduc os cuyo consumo
es más len o que su p oduccion.
Hay ambien cosas que, po el con a io,
se consumen más p on o que se p oducen,
como los alimen os,. los combus ibles, y so-
b e odo los obje os pi o écnicos, como la
pól o a.
Es e iden e que el consumo gene al no
puede excede á la p oduccion, al paso que és-
a puede excede á aquél; pe o los p oduc-
o es se gua dan bien de p oduci en oxee.
so, po que es o les p opo ciona ia pé didas-
El hecho de que muchas cosas se p odu-
cen más ápidamen e que se consumen, es
debido al p og eso económico, y áun pod ía-
mos deci odos los p og esos imaginables;
es o, sin emba go, no ha sido obse ado
has a aho a, que sepamos. Nada p ueba me-
jo nues a a i macion que los enómenos del
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p o eso ado y de la expe iencia: si ue a p e-
ciso eap ende pa a cada uso nue o que de
ello hicié amos lo que el es udio y la expe-
iencia nos han enseñado, como se p odu-
cen pa a cada consumo nue o los alimen-
os, no hab ía ciencia posible, y el homb e
se ía el úl imo de los animales. El abajo
que modi ica el espí i u es posi i amen e el
más ecunlo, pues o que se mul iplican sus
esul ados po el mismo consumo, y po que
ademas odos podemos consumi los y mul i-
plica los á la ez. Si ue a p eciso ep odu-
ci pa a cada uso nue o los p oduc os cuyo
consumo es len o, como las casas, las má-
quinas, los es idos, la moneda, las ías de
comunicacion, las mejo as del suelo, e c.,
ningun p og eso económico se ía posible, y
el homb e se ía in e io á muchos animales,
cuyo nido ó gua ida puede du a algunos
años. Cuando el homb e ha cons uido su
casa, la usa mién as puede se i le,
y le
queda iempo pa a dedica se á p oduci o as
cosas que sa is agan o as de sus necesida-
des. Lo mismo sucede espec o á los
es i-
dos,
á los ins umen os del abajo, á la mo-
neda, á los medios de aspo e, e c., e c.
Todas esas cosas las goza odo el iempo
que du an , y el que ese pe íodo le deja ,
puede consag a lo á nue as p oducciones
pa a mul iplica sus goces. Po consiguien e,
cuan o mayo sea el núme o de esas cosas
du ables ela i amen e , más ocasiones
de
p og eso se p esen a án. No lo en ienden de
23
ese modo los que es imulan el lujo y los ca-
p ichos de la moda, so p e ex o de a o ece
la indus ia y el come cio. Pe o eso no quie-
e deci que el más segu o medio de en i-
quece las sociedades sea siemp e el p odu-
ci las cosas más du ables, pues o que pue-
de cos a demasiado el p oduci las. Juan
B.
Say ha p obado pe ec amen e que se pue-
de pe de mucho cons uyendo una casa muy
cos osa, aunque hubie a de du a siglos.
Las cosas cuyo consumo es más len o que
su p oduccion, componen lo que se llama el
capi al de la sociedad, y en ellas se ealizan
sus economías, y ellas son gene almen e las
que se p es an ó alquilan; de sue e que lo
economizado po unos, se consume de o di-
na io po o os, y odo lo que se p oduce debe
consumi se; esul ado al cual se llega
am-
bien e lexionando que el consumo y la p o-
duccion se e ie en á una sola y misma cosa,
la iqueza, que iene la misma medida, el
mismo alo en odos los casos, y que no
puede di e i de si misma bajo nomb es di e-
en es.
2. Dada la igualdad de la p oduccion y el
consumo como una ley, se deduce po co o-
la io que la o e a y la demanda han de se
ambien iguales.
Si la p oduccion
y
el consumo son iguales,
no pueden ménos de se lo ambien la o e a
y la demanda, pues o que és as son la exp e-
sion de aquéllas. La o e a y la demanda son
espec i amen e, en e ec o, las exp esiones
24
de la p oduccion y el consumo; y las a ia-
ciones de aquéllas, son de igual modo las
exp esiones de las a iaciones de és as, las
cuales p oducen, como consecuencia, las a-
iaciones del alo . Cuando a ía p ime o el
consumo, hace que a íe la demanda; en ón-
ces a ia el alo y o igina la a iacion de
la p oduccion; y és a, en in, hace que la
o e a a íe. Se e, pues, con cla idad cómo
se < encadenan las a iaciones de la p oduc-
cion y el consumo, de la o e a y la deman-
da, y del alo ; y no se comp ende ia que pu-
diesen cumpli se las unas sin las o as; y
sob e odo, no se comp ende ia que, siendo
iguales la p oduccion y el consumo, y po
consiguien e a iando siemp e en el mismo
sen ido, puedan se desiguales la o e a y la
demanda, y a ia desigualmen e, ó en sen-
ido con a io. Ademas, ya lo hemos dicho,
la o e a y la demanda se igualan necesa ia-
men e en el cambio, pues o que las cosas
cambiadas, que son las o ecidas y las de-
mandadas, son equi alen es.
3. O o co ola io de la misma ley se im-
pone de igual modo á la azon, bajo la o ma
siguien e: igualdad de gas os de p oduccion
y del alo (1).
WRINOIMINIIMP•IM~wwwwwwwwwww4b
(1) Venimos hablando de los, gas os de p oduccion,
como se hace en gene al, ya en el sen ido de los me os
gas os, ya en un sen ido más la o, comp endiendo en
ellos las ganancias del úl imo p oduc o Con end ia,
pues, ija la nomencla u a á es e espec o.

Es a cues ion, aunque apa ezca como de
palab as solamen e, iene más impo ancia
de lo que muchos c een. Pa a quien hace en-
a la ganancia en los gas os de p oduc-
cion, la igualdad en cues ion es e iden e;
Pe o ¿po qué no ha de en a ? ¿Po qué,
cuando en cada p oduc o en a siemp e has-
a su úl imo cambio? En e ec o, odos los
gas os de p oduccion comp enden los alo-
es de e minados po los cambios; po con-
siguien e, comp enden odas las ganancias
que han enido luga has a en ónces. ¿Ha de
se la única la ganancia del úl imo p oduc-
o , del que da, po deci lo así, la pos e a
mano á la p oduccion, la que no igu e en
esos gas os? Si esa excepcion se comp ende
bajo el pun o de is a del p oduc o, pa a da -
se cuen a de sus ope aciones; si se comp en-
de áun bajo el de la ciencia, pa a analiza
las ganancias de los di e en es elemen os,
co no esas dos pa es que hemos señalado
p eceden emen e bajo los nomb es de ganan-
cia co ien e ó emune ado a y en a, no se
comp ende de una mane a gene al y pe ma-
nen e.
Cie o que pa a el consumido ca ece
de impo ancia
la
dis incion en e los gas os
de p oduccion y el alo ; ademas, el p oduc o
se
gua da bien de hacé sela conoce . Pa a el
economis a ampocb iene más u ilidad que
la indicada; y una igual u ilidad jus i ica ia
pa a él en muchos casos la dis incion del
sa-
la io
ó del in e es del capi al, del alo ; pe o
26
si se dis inguen del alo la ganancia, el sa-
la io y el en e es del capi al, no apa ece ia
el alo , pues o que se compone exclusi a-
men e de esas es emune aciones.
Admi i que el alo es igual á los gas os
de p oduccion, es mucho más cien í ico de lo
que se c ee. Así se ia exac amen e y de o-
das mane as, si odos los p oduc o es ue an
absolu amen e iguales; po que en ónces o-
das las emune aciones lo se ian ambien, lo
cual supond ia, ademas la igualdad de odos
los medios de p oduci . Bajo dos pun os de
is a se puede conside a la igualdad que nos
ocupa: el que comp ende has a la úl ima ga-
nancia en los gas os de p oduccion, que se á
sólo cues ion de nomencla u a; y el que se
conside e po la igualdad absolu a de los p o-
duc o es, que es el ideal de la pe eccion eco-
nómica,
á
cuya ealizacion ienden odas las
ue zas pe manen es de la sociedad, el cual
se ealiza ia en g an pa e si no en a e en
las emune aciones económicas ningun ele-
men o excepcional, exage ando su asa co-
ien e.
Bajo
es e
úl imo pun o lo omó Rica dó, al
a i ma que el alo endia cons an emen e
á con undi se con los gas os de p oduccion.
La igualdad se mues a en odos los ho izon-
es de la ciencia económica, como un pun o
de concu so, ó mejo , como pun o comun á
odas las leyes na u ales de lap ospe idad
y de la jus icia.
27
REGLA DE LA MEDIDA DE LAS REMUNERACIONES
ECONÓMICAS Ó PRINCIPIO DE LA PROPIEDAD.
1. O a ley de la dis ibucion es la egla
de las medidas económicas, o mulada así:
la
emune acion de cada colabo ado á la p o-
duccion debe se igual á la can idad de ique-
za p oducida po su concu so.
E iden emen e que la o alidad de la i-
queza p oducida pe enece á la o alidad de
los colabo ado es, pues o que el alo , que
exp esa la medida de la iqueza p oducida, se
compone exclusi amen e de sala ios, ganan-
cias Ó in e es del capi al; y he ahí, si no pa a
cada colabo ado , po lo ménos pa a odos
jun os , el p incipio de p opiedad undado
sob e el abajo; pe o ¿puede se o o ese
p incipio pa a cada uno de los p oduc o es,
conside ados indi idualmen e? Es o no se
comp ende ia; po el con a io, se comp en-
de ia que cualquie a o o endía á la injus i-
cia. Se puede llega á la misma conclusion de
di e en es mane as.
Si el abajo no se hubie a di idido y cada
uno lo ul ima a po sí sólo, debe ia pe ene-
ce le en p opiedad odo lo que p oduje a, y
eso has a al pun o que, si algun o o p e en-
die a en a á la pa e con él, apesa suyo,
se ía un usu pado . Lo mismo sucede, áun
con la di ision del abajo, cuando uno p o-
duce po si sólo, cosa que sucede ecuen e-
men e. ¿Po qué no ha de sucede lo mismo
28
cuando el abajado no p oduce po sí sólo?
¿Acaso la asociacion áci a, que esul a de la
di ision del abajo, implica desigualdad de
los abajado es? ¿Implica en ajas de los
unos en pe juicio de los o os? ¿No implica
conocidamen e un in e es comun? No son ad-
misibles semejan es hipó esis; condena ian
la di ision del abajo con oda la economía
que en ella se apoya. Cie amen e que la di-
ision del abajo da ocasion á que no siem-
p e sea ácil de e mina exac amen e la pa -
e de cada uno en la p oduccion colec i a;
pe o ese mal es inhe en e á oda economía
más ó ménos complicada,
y
no al e a el p in-
cipio que hemos o mulado pa a que nadie se
c ea au o izado á qui a le el ca ác e de ley.
La emune acion que se concede al capi al
pa ece que con adice esa ley; pe o no es así.
El concu so del capi al á la p oduccion no es,
en e ec o, un abajo, sino un se icio de na-
u aleza especial, y como odos los se icios,
es ap opiado á las ci cuns ancias que le e-
claman; ademas, sin él no se p oduci la la i-
queza á cuya c eacion auxilia. En in, la e-
mune acion que se le a ibuye no cues a na-
da ni al que la paga ni á nadie; po el con a-
io, bene icia á odos. De es a ley se desp en -
den los co ola ios siguien es:
2. La emune acion económica es á en
azon in e sa del núme o de emune ados;
el que nada p oduce, á nada iene de echo.
Pues o que la o alidad de la iqueza p o-
ducida pe enece á sus p oduc o es, es e i-
35
men icias; ó, en in, el de las mise ias de I -
landa, y la ley inglesa de pob es, e o mada
en 1834.
IGUALDAD.
1. La igualdad es o a de las leyes que
nos ocupan, pues o que es un ideal de la pe -
eccion ecónómica, bajo el pun o de is a de
la dis ibucion, y áun bajo cualquie a o o;
y,
ademas, po que da la egla de la medida
económica, y po que odas las ue zas pues-
as en juego pa a la dis ibucion y la
p oduc-
cion
ienden á ealiza la.
Si odos los homb es ué amos en e a-
men e iguales; si odos abajá amos; si a-
bajá amos igual iempo, con igual in eligen-
cia, igual ue za y ene gía, y con igual capi-
al; si las condiciones del abajo no cambia-
an du an e la p oduccion y despues de ella;
si el concu so que p es a la na u aleza es-
pondie a siemp e á lo que áe ella se espe a;
si u ié amos odos las mismas necesida-
des; en in, si odos gas á amos igualmen e
al abaja ó al p epa a el abajo, las cosas
p oducidas pod ian se medidas indi e en e-
men e, bajo el aspec o de los es ue zos, de
los gas os, ó del iempo que eclama su p o-
d iccion; y el esul ado de su medida, bajo el
pun o de is a de la p oduccion, se ía idén i-
co siemp e. En ales condiciones, la p oduc-
cion no impli a ia ninguna desigualdad de
e nune acion, ninguna ganancia excepcio-

36
nal; el alo no implica ía en a ni in e es
en ningun caso, y no a ia la jamas; cada
p oduc o se cambia ia, po lo que cos a a
exac amen e, y cos a ía e p opo cion del
iempo que se gas a a en p oduci lo; en una
palab a, odas las o unas se ian iguales, y
la dis ibucion no p omo el
h
ia ninguna de las
objeciones que se le han pues o an ecuen-
emen e.
Sabido es que semejan e igualdad no es
ealmen e posible; pe a p eciso es econoce
que, si exis ie a, nadie endnia de echo á
queja se; lo cual no pod ia deci se de la des-
igualdad. Si se conside a ademas que al
igualdad, dígase lo que se quie a, se ía emi-
nen emen e a o able al desa ollo de la i-
queza pública y al p og eso bajo odas sus
ó mulas (como lo ha emos e al ocupa nos
de la desigualdad), se á p eciso conside a la
como un e dade o ideal de la pe ece ion eco-
nómica. Cie o q

un es ado social que no
pe mi ie a, que no au o iza a á nadie con el
de echo pa a queja se, y que po o a pa e
a o ecie a más que ningun o o el p og eso
bajo sus di e en es o mas, iene sin duda
alguna odos los ca ac e es de un ideal.
Segu amen e que la igualdad absolu a es
imposible de hecho; pe o ampoco es necesa-
io eso pa a que sea un ideal de-pe ección
económica. C eemos que pa a odos iene ese
ca ác e , si no
escien e,
cla a é incon es a-
biemen e,
po lo m anos
de
.
una' mane a aga,
oscu a, sen imen al en cie a mane a.
Y hé
37
ahí po qué, apesa de odas las p eocupa-
ciones que inspi a, de odas las exage acio-
nes de emo y de espe anza de que es cau-
sa, la igualdad ha pe manecido siemp e en
el pensamien o de los homb es, asociada á
odos sus ensueños de dicha, de p ospe idad
y de jus icia. Eje ce, pues, sob e odos los
espí i us una i esis ible a accion;
y
si bien
muchas eces has a se p ohibe desea la,
ama la, es únicamen e, á ménos de injus i-
cia, po que no se iene en cuen a la impo -
ancia que me ece ó debe me ece en la eco-
nomía social.
No se puede duda que la igualdad sea un
ideal social, al e lexiona que oda legisla-
cion la supone necesa iamen e, áun cuando
admi a di e en es ca ego ías de jus iciables.
Dadas es as di e encias, la legislacion im-
plica di e en es leyes, pe o sólo una pa a
cada ca ego ía; po consiguien e, supone
siemp e iguales an e la ley á odos los jus i-
ciables de cada una de esas ca ego ías. Cuan-
do no admi e p i ilegios, supone á odos en
gene al iguales. Pe o es a igualdad, que su-
pone , no es sino una hipó esis , un ideal;
pues o que, si en ealidad odos los homb es
son desiguales, no pueden deja de se lo
an e la ley, como an e cualquie a o a cosa.
Cie o que esa hipó esis, de la cual se ha he-
cho un p incipio, apa ece demasiado se e a
en algunos casos, pues o que en ma e ia c i-
minal
-
se elaja su igo po medio de las ci -
cuns ancias a enuan es; sin emba go, es a
38
a enuacion no cambia su na u aleza ni su
necesidad. De cualquie a mane a que eso
suceda, la igualdad absolu a es el ideal de
oda legislacion; sin él se ía és a imposible;
y como lo p ueba el p incipio de las ci cuns-
ancias a enuan es, no puede se pe ec a, á
no se los homb es en e amen e iguales. La
igualdad es, pues, en ealidad un ideal de
pe eccion social; ademas, ella es la que p e-
side, así á, la dis ibucion como á la legisla-
cion, pues o que, al epa i la iqueza p o-
ducida, nadie consien e lib emen e en hace
po o o más de lo que ese o o haga po él,
y odos aspi an á la igualdad an e la ley co-
mun del abajo, aspi acion de la cual p oce-
de la egla de la medida económica.
2. Todas las ue zas de la dis ibucion y
de la p oduccion ienden á ealiza la igual-
dad, pues o que no pod ían iguala la p o-
duccion y el consumo, la o e a y la deman-
da, los gas os de p oduccion y el alo , ni el
esul ado del concu so á la p oduccion de
cada emune ado y su emune acion co es-
pondien e, sin iguala en cie a medida á los
p oduc o es, pa a quienes se deben es able-
ce odas esas igualdades, y sin p ocu a
iguala los más y más. Es a consecuencia,
demos i
.
ada po la his o ia de una mane a
gene al, la comp ueban ambien muchos y
muy concluyen es hechos, que se cumplen á
la is a de odos. Como lo hemos is o ya,
el p és amo á en e es, condenado sin azon
po publicis as epu ados, igualiza sensible-
39
men e las condiciones de la p oduccion; co-
mo se a enúa am bien p og esi amen e la
en a po medio de aplicaciones del capi al á
la ie a, bajo la o ma de mejo as del suelo,
de caminos, canales, e oca iles, e c., pues-
o que odo eso iene po obje o disminui las
desigualdades de posicion del suelo ela i a-
men e al me cado; y oda ía podemos aña-
di que las mejo as de la ie a disminuyen.
en g an medida las desigualdades de su en-
dimien o, conju ando conside ablemen e las
in luencias unes as de la empe a u a, que
o iginan desigualdades, á eces an g an-
des, que al e an en g an mane a las condi-
ciones o dina ias de la dis ibucion, como
sucede en iempos de malas cosechas.
3. Apesa de lo que dejamos dicho, con-
end emos en que la economía de las socie-
dades iende am bien á la desigualdad; pe o
es a endencia no iene el mismo ca ác e , la
misma necesidad, ni la ue za, ni la egula-
idad, ni la uni e salidad que la con a ia;
ademas, ampoco es acep ada po odos con
la misma unanimidad de con en amien o.
Teó icamen e se pod ia c ee en la necesi-
dad y en la con eniencia de la desigualdad;
pe o de igual modo se puede c ee en la ne-
cesidad y en la con eniencia de la igno an-
cia, de la p o eccion y de la escla i ud, y la
mise ia; y eso no p ueba nada. Ademas, es-
pec o á la desigualdad, es ácil e que se-
mejan e c eencia es debida á la con usion
del signi icado de esa palab a con la di e -
40
si iad de ap i udes na u ales ó adqui idas,
di e sidad que en muchos casos es más bien
un e ec oque una causa de la dis ibucion
del abajo, á lo cual no es ningun obs áculo
la igualdad; y eso has a al pun o, que po-
d ían coexis i la una al lado de la o a.
Los eó icos que p esen an la desigualdad
,
como una condicion esencial de la p ospe i-
dad pública, azonan de la misma mane a
que los pa ida ios de la p o eccion ó de la
escla i ud, es deci , que dominados po el
hecho de que exis e, que es gene al, an i-
gua, pe manen e, enaz, que ocupa un luga
en cie a mane a cons i ucional en la ecóno-
mía social, y que comunmen e se la c ee ne-
cesa ia, piensan que debe se una condicion
esencial, una ley na u al de la exis encia de
las sociedades, y po consiguien e de su p os-
pe idad; pe o ¡cuán os o os hechos no son
gene ales, an iguos, pe manen es , enaces
como ése, y que como él ienen un luga o -
zado en la economía social, sin se po ello
cóndiciones esenciales de su exis encia ,
y
sob e odo de su p ospe idad! La gue a, el
despo ismo, la igno ancia, la mise ia, la
in-
mo alidad,
¿no se encuen an en ese caso?
¿Hab á alguno que se a e a á a i ma que
son necesa ias á la exis encia de la p ospe-
idad social? Uno de los ca ac é es de
oda
economía, has a de la economía animal,
que
pa ece menos ole an e que la .social, es
el
de ansigi con la necesidad acciden al
de
ence a muchas eces, en e los elemen os

4.1
de conse acion y de
su desa ollo, uno ó
muchos de des uccion, dándoles un luga
o zado en el juego de sus ó ganos, y de
su-
i los algunas eces po siemp e, cuando
no han podido se des uidos; pe o combi-
nando en odo, caso las ue zas pa a elimi-
na los. Así es como la economía social a,n-
sigo con las necesidades acciden ales de la
gue a, de la escla i ud, de la p o eccion, de
la desigualdad, e c., combinando incesan e-
men e odas sus ue zas pa a elimina las.
Se di á que llamamos acciden ales á necesi-
dades que se han p oducido siemp e. Ve dad
es que se han p oducido has a aho a, en
pa e po lo menos, pe o acciden almen e, y
nada au o iza á c ee que se p oduci án siem-
p e. Si la humanidad ha
i idD
ya mucho,
aún puede i i
mucho
Cambien; y siemp e
end emos que, con undi semejan es necesi-
dades con las leyes na u ales de la p ospe-
idad, se á con undi las causas de la en e -
medad con las de la salud.
Si odos c eye an que e a necesa ia
la
desigualdad pa a ob ene la p ospe idad, no
se hab ian susci ado an as
quejas con a
la
legi imidad de sus p ecisas consecuencias;
no se e ian an os publicis as como e-
mos, quejándose de la desigualdad de los
sala ios
y de las
ganancias; no se
hab ia,
is o á la an igüedad, á la Edad Media,
y
una pa e conside able de
los iempos mo-
de nos, condena
el p és amo á
in e es;
en
in, no se enia aún en nues os dias como
42
inmo al la en a y
has a la p opiedad e i-
o ial. Es as son p eocupaciones, decimos, y
muy pelig osas; po que, dado el hecho de la
desigualdad, es p eciso acep a sus conse-
cuencias, so pena de alsea en su p incipio
(que es absolu o) la economía de la dis ibu-
cion, so pena de de ene la misma p oduc-
cion. Es una desg acia el se cojo; pe o si
pa a no cojea se mu ila a la pie na sana,
se come e ia cuando menos una locu a. De
cualquie a mane a que sea, esas mismas
p eocupaciones, imp esiones ú o uscaciones
mani ies an una c eencia i me en la necesi-
dad y con eniencia de la igualdad.
Pe o de que sea p eciso acep a en la dis-
ibucion las consecuencias de la desigual-
dad, no se debe in e i que la desigualdad
sea un bien en si misma. Semejan e conse-
cuencia implica ia la condenacion de odo lo
que a o ece la igualdad, como el p és amo
á in e es, la aplicacion del capi al á la ie-
a; en una palab a, el p og eso de la ique-
za pública en odas
.
sus mani es aciones. Se
dice que, con ese p og eso, se mul iplican
las ocasiones del p és amo á in e es, y
los
acciden es de donde sale la en a. Eso
es
e dad, como lo es que con ese mismo p o.
g eso se mul iplican odos los enómenos de
la ac i idad social
.
, has a los e o es, las al-
as, los deli os, y quizas has a los c ímenes;
pe o odo eso no impide que laciencia y la
mo alidad sean mayo es ela i amen e
que
en lo pasado; y eso mismo sucede con
la
43
igualdad, apela de la mul iplicacion de los
hechos, que apa en an mani es a lo con-
a io.
SOLIDARIDAD.
1. La solida idad es una ley
comun
á la
p oduccion y á la dis ibucion; domina oda
la economía de las sociedades en odo iempo
y en odas condiciones, en la decadencia como
en la p ospe idad, en la mise ia como en la
opulencia.
En la p oduccion, la solida idad se man--
ies a á cada momen o, po deci lo así, de la
di ision del abajo. En la dis ibucion apa e-
ce especialmen e po la asmision de cada
uno á odos los enómenos an múl iples y an
a iables, de los cuales el alo es una espe-
cie de esul an e. Hemos p esen ado un ejem-
plo cla o de sus mani es aciones en las a ia-
ciones del alo del igo en iempos de esca-
sez. Es as a iaciones no sólo a ec an á o-
dos los consumido es de igo, pues o que al
disminui los ecu sos del consumo gene al
disminuyen la demanda de una in inidad de
p oduc os, y es o a ec a á su ez á la
p oduc-
cion gene al. Lo que hay de más cu ioso en el
g an enómeno de la solida idad económica
es que los e ec os del alza del igo sob e su
consumo, y po consiguien e sob e la
p oduc-
cion po medio de la baja de los p oduc os
menos demandados, son an nume osos co-
mo las elaciones en e la p oduccion y el
44
consumo; los cuales se con ie en en o as
causas, cuyos e ec os son aún o as, e c.; de
al sue e, que se epi e el enómeno p inci-
pal has a el in ini o, como los ecos de una on-
dulacion sono a ba
o
o una bó eda de miles de
supe icies opues as de e lexion.
La solida idad económica no se con iene
en las on e as de un pais; pasa de una
sociedad á o a, y se p opaga algunas eces
á odo el mundo ci ilizado. Ni la limi a am-
poco el iempo, po que se comunica de un pe-
iodo á o o, de és e al o o siglo y de gene-
acion á gene acion. La c isis an e io del
algodon en No e-Amé ica es un ejemplo me-
mo able de su asmision de indus ia á in-
dus ia
y
de sociedad á sociedad. La his o ia
es á llena de ejemplos semejan es. Pa a no
ci a sino uno, eco da emos la baja de los
me ales p eciosos que sucedió al descub i-
mien o de-la Amé ica: se pod ian esc ibi
o-
lúmenes
sob e los e ec os de an inmensa e-
olucion económica. Sabido es que odo lo
que
a ec a á las monedas de o o ó pla a, a ec a
á
odo el mundo ci ilizado, pues o que en odo
él se hace uso de esas monedas. Los
descu-
b imien os
me alú gicos en Aus alia y Cali-
o nia han eno ado en meno escala la
e-
olucion económ
i
ca del siglo x I.
No son sólo los enómenos de los
cuales
nadie es
esponsable, como una c isis alimen-
icia
ó
un descub imien o de e enos au í e-
os,
los que ex ienden
sus
e ec os á odas las
indus ias de la sociedad y á casi odos los
51
con la p ospe idad, p ueban quelson sus con-
diciones esenciales, sus leyes; pe o como
ab azan la uni e salidad de los
enómenos
sociales, ab azan los enómenos de jus icia,
y, po
consiguien e, comp enden sus leyes;
sin emba go, las de jus icia deben se co-
nocidas en sí mismas, á in de obse a las
bien. Sin duda que se pod ian da po obse -
adas, obse ando las de la p ospe idad;
pe o su obse acion pa icula supone con-
diciones especiales que no se deben ol ida
jamas. La jus icia es es ic amen e obliga-
o ia; es deci , un debe á cuyo cumpli-
mien o se puede obliga has a con la ue za
pública, al paso que no se puede, no se debe
obliga á cumpli las leyes de la p ospe idad
po la p ospe idad. Es p eciso, pues, epe-
imos, conoce las leyes de la jus icia en sí
mismas; p ocu emos deduci las de las p e-
ceden es.
2. Si la doc ina de los u ili a ios ue a
undada, las leyes de la p ospe khd se ian
las mismas de la jus icia, y ice e sa; po -
que la p ospe idad es aquel es ado en el cual
se halla ealizada, en gene al, la mayo suma
de u ilidad posible; pe o la azon celiusa ad-
mi i la iden idad en e u ilidad ó p ospe i-
dad y jus icia. Nadie igno a que un indi iduo
puede se muy pob e y muy jus o al mismo
iempo, y nada se opone á que suceda igual
cosa en un g an núme o de indi iduos
ó
pueblos. Ademas, es ácil comp ende ó
ima-
gina
una si uacion al, que implique
á
la

52
ez la pob eza más g ande y la jus icia más
pe ec a. Un buque, po ejemplo, en al a
ma , puede halla se en ci cuns ancias que
obliguen á impone á su ipulacion, incluso
el capi an, las mayo es p i aciones alimen-
icias; y, sin emba go, nada se opond ia á
que en esa imposicion impe a a la jus icia
más pe ec a. ¿Pod ía sucede eso si la p os-
pe idad y la jus icia ue an sinónimos?
Más
aún: p o eamos á ese buque de abundan es
y
excelen es í e es. ¿Hab emos añadido algo
á la pe eccion de la jus icia á bo do? No. Po
el con a io, si los í e es hubie en abun-
dado, án es en el buque, y p esidie a la injus-
icia en su dis ibucion, cla o es que se
lle-
a ia la p ospe idad posibleá su ipulacion,
haciendo desapa ece aquella injus icia; lo
cual nos p ueba que la p ospe idad no es
esencial á la jus icia, al pa que la jus icia es
absolu amen e necesa ia á la p ospe idad.
En
apoyo de esa a i macion, podemos deci Cam-
bien que hay muchas cosas que in e esan
á
la p ospe idad sin in e esa á la jus icia,
como un buen ó mal clima, una buena (").
mala salud, -excelen es ó medianas acul a-
des pe sonales, e c., al paso que nada in e-
esa á la jus icia que no in e ese á la p os-
pe idad.
Al deci que la p ospe idad no es esencial
á la jus icia, no que emos deci que no le sea
ú il,
pues o que nos desmen i ian la azon
la
expe iencia. Lo na u al es, y debe se;
que en la p ospe idad seamos más
benó-
53
o os, más gene osos, po que no nos halla-
mos i i ados po los padecimien os, lo cual
es una ci cuns ancia a o able á la jus icia;
pe o, no hay que ol ida lo, esas ci cuns an-
cias, ni hacen la jus icia, ni pueden da de
ella idea. Lo que da la jus icia es la necesidad
que se iene de su impe io; y lo que hace po-
sible su ealizacion es el conocimien o de sus
leyes y la pe suasion ín ima de que es nece-
sa ia pa a la p ospe idad gene al, conoci-
mien o y pe suasion que no pueden ménos
que ma cha á la pa . Con ese conocimien o
y esa pe suasion po guías de la opinion pú-
blica, no se ía o a cosa la ley posi i a sino
la a i macion. pu a y simple, la decla acion,
si así se quie e, de las leyes na u ales de la
jus icia, y en ónces no con adi ia és as,
como las ha con adicho, y con adice aún
demasiadas eces, con g an daño á la p os-
pe idad y al eposo de las conciencias, que
siemp e han enido un sen imien o más ó
ménos cla o de las leyes na u ales de la jus-
icia. Se la enia, po el con a io, p esen a
el magni ico espec áculo de su cons an e con-
co dancia con és as, encan ando á odos los
espí i us, y omen ando po doquie a los ex
celen es hábi os de ó den, de paz y de es-
pe o ecip oco en e odos los miemb os de
la sociedad. Pe o ¿cómo conoce las leyes
na u ales de la jus icia?
La p ospe idad, ó la u ilidad, y la jus icia
son pues sinónimos; po consiguien e, las
le-
yes
na u ales de la p ime a no son
las de la
54
segunda. Sin emba go, los u ili a ios son ob-
se ado es p o undos, y no se les puede e-
p ocha el que se dejen lle a al mis icismo
de cie os mé odos; ademas, en gene al son
ju isco
.
nsul os, ci cuns ancia que mili a en
a o de sus opiniones sob e la jus icia; en
in, no se puede desconoce el p og eso que
han p ocu ado á las ciencias mo ales y polí-
icas, pa icula men e á la legislacion, desde
hace ménos de un siglo: no debe nos, po 1G
mismo, c ee que ayan e ados en odo; y sí,
po el con a io, que su doc ina debe ene
algunos pun os de con ac o con lo que los
denlas c eemos se la e dade a ciencia de la
jus icia. Exis en, en e ec o, esos pun os de
con ac o, de los cuales p esen a emos dos
que pod án disipa alguna mala in eligencia.
Si la jus icia es absolu amen e necesa ia
á la p ospe idad, sus leyes son leyes de
l
a
p ospe idad, y la hipó esis u ili a ia de que)
las leyes de la p ospe idad son las mismas
de la jus icia, no es sino la exage acion de
una idea e dade a.
Siendo la p ospe idad lo que odos desea-
mos, si la jus icia se halla, como podemos
c ee , comp endida en ese p ecep o, uni e -
sal en los pueblos ci ilizados (an iguos y mo-
de nos), no
hagas á o o
lo
que
no
debes que e
que
o o haga con igo,
es
p eciso admi i que
no se
debe hace á o o nada que pueda u -
ba su p ospe idad; pa a lo cual esp eciso
sabe , sob e odo, cuándo y cómopuede se
u bada la p ospe idad de o o,
á
in
de hace
55
la ley posi i a con ese conocimien o; es p e-
ciso, pues, conoce sus leyes na u ales, y de
es a necesidad á la doc ina u ili a ia hay
poca dis ancia. Cie o que los u ili a ios es-
án p o undamen e pene ados de que,
si
no
pa a
se jus os siemp e, po
/o
ménos pa a
p esc ibi en ma e ia de jus icia, es p eciso
co-
noce
las leyes na u ales de la p ospe idad.
Es lo cie o que, pa a p esc ibi en ma e-
ia de jus icia, es p eciso conoce las leyes
na u ales de la p ospe idad; pe o como és as
son mal conocidas, sucede con ecuencia que
las posi i as las con adicen. Pa a se jus o,
no siemp e es p eciso conoce las, pues o que
la jus icia consis e p incipalmen e en la abs-
encion, segun el p ecep o uni e sal; pe o
pa a no se injus o, hay necesidad de cono-
ce las, y eso explica el po qué somos mu-
chas eces injus os sin que e lo ni sabe lo.
Bajo es e pun o de is a, se comp ende pe -
ec amen e que el p ecep o de ca idad, haz
á o o, e c., que es posi i o, nos expone
muchas eces á incu i en injus icia, en la
igno ancia gene al de esas leyes na u ales.
3. En e las leyes gene ales de la p ospe-
idad, sólo es se e ie en especialmen e á la
jus icia.
La medida, la libe ad y la igualdad;
po que la ac i idad no es obliga o ia, y la soli-
da idad no es olun a ia. Po la medida se
hace la dis ibucion y se de e mina la p opie-
dad de los p oduc o es y de los que cambian;
y cla o es que és os son enómenos de jus i-
cia, si los hay. Po la libe ad, es equi a i a
56
la medida, y legí ima la p opiedad que és a
de e mina. ¿A qué end ia á educi se la ga-
an ía, la exac i ud de la medida, si ue a im-
pues a á los que la e i ican? Ve dad es que
no se ob iene, áun con la libe ad, cuan o se
pod ia espe a de la di ision del abajo; pe o
po lo ménos se acep a olun a iamen e lo
que se ob iene po su medio, y eso bas a pa a
legi ima la ope acion que se e i ica, aunque
los unos esul en pe judicados y bene iciados
los o os. La libe ad no cons i uye sólo una
necesidad de la medida económica pa a ga-
an iza su exac i ud, sino que, en odo caso,
pe mi e que cada uno disponga de si mismo
pa a i i ; así que odos c eemos que se nos
debe, y que se nos hace una injus icia cuando
se nos p i a de ella sin que lo au o ice la
misma jus icia. En in, el ideal de la igualdad
íos da la egla pa a la dis ibucion, y el p in-
cipio undamen al de oda legislacion . En
e ec o, la dis ibucion se cumple, debe cum-
pli se po lo ménos, y la ley posi i a se apli-
ca, como si odos ué amos iguales. Si su
p incipio comun su e algunas eces en la
p ác ica modi icaciones que pa ecen jus as,
como las ci cuns ancias a enuan es en ma e-
ia penal, consis e en que el hecho de la des-
igualdad con as a muchas eces de una ma-
ne a demasiado pa en e con la hipó esis de
la igualdad absolu a, única que puede se i
de undamen o á una egla uni e sal.
Pe o no po eso di emos que cada una de
esas es leyes esponda igualmen e á la idea

57
gene al que comunmen e nos o mamos de la
jus icia: la p ime a es con más especialidad
económica; la e ce a conduce á c ee que,
exis iendo de hecho la desigualdad, se hace
imposible la jus icia. La segunda, po el con-
a io, esponde pe ec amen e á la idea ge-
ne al que nos o mamos de la jus icia. Es
uni e sal, y no implica de ningun modo la
igualdad de hecho; ademas, aduce exac a-
men e -el p ecep o uni e sal de jus icia: no
hagas á o o, e c.; pues o que es e p ecep o
no es ipula ealmen e sino la libe ad de
o o, es deci , el espe o que cada uno debe á
la libe ad de los lemas; así que 1-)od íamos
deci : la jus icia es la libe ad, bajo nues o
pun o de is a. Bas a e lexiona que iene
po co ola ios indispensables á la p opiedad
y á la esponsabilidad, pa a no pode duda
que la libe ad esponde pe ec amen e á la
idea gene al que nos o mamos de la jus icia.
La libe ad encie a, pues, odo cuan o impli-
ca la idea de jus icia; c ee nos, en e ec o, que
oda cues ion de jus icia, po complicada que
sea, se puede educi siemp e po el análisis
á cues ion de libe ad, de p opiedad y de es -
ponsabilidad; y eso nos au o iza á conside a
esas es leyes de la p ospe idad como las
más
gene ales de la jus icia, como las que
esumen odas sus leyes. En odo caso,
no
ememos a i ma que, comp endiéndolas
y
obse ándolas debidamen e, esponden
á
o-
das las necesidades que las ideas de
jus icia
sugie en en el seno de la sociedad pa a su
58
mayo p ospe idad y dicha posibles; lo
cual
es lo su icien e, c ee nos, pa a que las
consi-
de emos
desde luégo como las leyes unda-
men ales de la jus icia; así que podemos
de ini és a po las es palab as siguien es:
Libe ad, p opiedad, esponsabilidad; pa-
a deduci el p ecep o uni e sal: cada uno
es lib e pa a dispone de sus acul ades, a i-
buyéndole odo lo que esul e de su uso, sea
bueno ó sea malo.
4. Siendo eso como decimos, la jus icia es
concebida y ealizada po el homb e, es esen-
cialmen e humana. ¿Y cómo el indi iduo pue-
de se jus o, como sob e
-
odo esponsable, si
no ue a así? No quie en muchos que la idea
de jus icia p oceda de la obse acion ó de la
expe iencia; pe o eso equi ale á nega que
haya enómenos de jus icia, ó que esos enó-
menos p oduzcan leyes, ó que en e esos e-
nómenos ó esas leyes exis a una elacion ne-
cesa ia, ó, en in, que la obse acion pueda
da nos conocimien o de esa elacion. Y si no
se niega, ni nega se puede odo eso, ¿po qué
busca en o a pa e, que no sea la obse a-
cion, el conocimien o de las leyes de la jus i-
cia? Ademas, buscando en la conciencia indi-
idual, se au o izan las concepciones más
a bi a ias, si es que no las
más
mons uo-
sas de la jus icia, pues o que se
las puede ha-
ce depende de la conciencia de un Ne on,
de un Caligula,• de un Cab e a, de un Rosas ó•
de un cu a San a C uz; y no se diga más
que
la conciencia de un mal ado no di ie e
de la
59
de un homb e de bien, po que quien al diga
end á con a
si
odas las conciencias. Ade-
mas, la p ác ica judicial se halla de acue do
con cuan o amos diciendo
.
.. Cuando se p e-
sen a una cues ion an e los ibunales, lo que
se examina y obse a son los hechos, los e-
nómenos de jus icia, y en ese exámen y ob-
se acion undan su juicio los magis ados.
El ibunal y el magis ado, se di á, juzgan á
la luz de las leyes que conocen; pe o pa a ha-
ce esas leyes, esponde íamos, ha sido ne-
cesa ia la obse acion dé los enómenos de
jus icia; po consiguien e, esa misma obse -
acion domina, así al legislado , como al
juez.
No se quie e que la jus icia sea p oduccion
humana; pe o p egun emos á las leyes posi-
i as, á los que las hacen y á los que las apli-
can, y de segu o que en odos sus mo i os
pa a hace las y aplica las no e emos en
cues ion sino in e eses humanos. Si en mo-
men os de ex a ío, de deli io, de ana ismo ó
de ba ba ie se agi an en los palacios legisla-
i os ó en los ibunales cues iones de o a
na u aleza, oda pe sona sensa a debe p o es-
a , cuando ménos, en el ondo de su con-
ciencia. Ya lo hemos dicho, y lo epe i emos,
si
hay o a jus icia dis in a de aquella de que
se ocupan egula men e los legislado es y los
ibunales, no p e endemos es udia la.
Se nos pod á deci que no o mulamos
sino una jus icia es ingida, pu amen e eco-
nómica, la de dis ibucion, pues o que nos
60
y
apoamos sólo en análisis económicos; no
es
admisible semejan e objecion. Bien que de-
ducidas de enómenos económicos pu amen-
e, nues as ó mulas de jus icia ienen o-
dos los ca ac é es de uni e salidad; no con-
side a nos necesa io some e al análisis o-
dos los enómenos del ó den mo al y polí ico
pa a deduci sus leyes; bas a p ocede sob e
cie o núme o, sob e odo si 'a eleccion ecae
sob e los más gene ales y mejo ca ac e i-
zados. ¿Po en u a, ha deducido New on la
ley de la a accion uni e sal examinando,
analizando odos los enómenos de la g a i-
acion?
Si en e los enómenos pu amen e econó-
micos, y algunos o os mo ales y polí icos,
exis ie an di e encias co no las que se en-
cuen an en e los de ísica ó química y los
de isiología, po ejemplo, se comp ende ia
esa objecioh; pe o no cuando es sabido que
odos los e nó nenos del ó de.a mo al y polí i-
co son homogéneos, y que, po consiguien e,
deben p oduci unas mismas leyes gene a-
les. Y aún añadi emos que, dado el caso, ó
suponiendo que esos onómenos no ue an
homogéneos, pod ian p oduci leyes comunes
sin que po eso deja an de se uni e sales.
Vemos, en e ec o, que
en
los enómenos
de
isiología, po ejemplo, se asocian las
leyes
de la ísica y de la química sin pe de
de su
ca ác e necesa io y uni e sal;
y eso
mismo
pod ia sucede en e
las
leyes de la jus icia
económica, asociadas,
si posible ue e, á.
67
clon; áun cuando sea cie o que los deli os y
c ímenes egis ados hoy ue an en mayo
núme o que en iempos pasados ela i a-
men e, y áun 'cuando ese mayo núme o no
ue a el esul ado de una igilancia mejo
eje cida de la policía, es p eciso ene p e-
sen e que la poblacion ha c ecido mucho, y -
que su ac i idad, sus ac os, se han mul ipli-
cado en p opo cion in ini amen e mayo que
la poblacion.

•
No es ningun mis e io pa a nadie el p o-
g eso, así en mo al como en jus icia, pues o
que
los hechos del dominio de ambas se han
mul iplicado con el aumen o de la ac i idad
y de la poblacion, y se imponen más y más
cla amen e á la a encion, po la enseñanza
que encie an; pues o que, siendo más e-
cuen es las ocasiones de obse a , y la nece-
sidad de obse a bien más impe iosa , se
mejo an los mé odos de obse a ; pues o
que, en in, las obse aciones y las ideas
que de ellas esul an se comunican con ma-
yo acilidad á odo el mundo, po un come -
cio más ac i o, una educacion ménos descui-
dada, una ins uccion más g ande, y medios
de p opagacion más pode osos; y po consi-
guien e, la opinion pública, así alimen ada,
iene más accion sob e las de e minaciones
de odos. Hé ahí po qué los hechos ela i os
á la indus ia y al come cio son mejo cono-
cidos en Ingla e a que en Tu quía, po ejem-
plo, y po qué á ese espec o se ienen ideas
de jus icia más sanas en Ingla e a que en

68
Tu quía. Si ademas añadimos que odas las
ideas son solida ias, y que el desa ollo de
unas a as a necesa iamen e el de o as,
se comp ende á en suma que las cos umb es
deben se mejo es en Ingla e a que en
Tu quía.
La ciencia ¿cómo duda lo? puede ap esu-
a sensiblemen e el p og eso de las
cos-
umb es,
y hace
pasa un g an núme o de
ideas del dominio de la mo al, donde es án
e enidas a bi a iamen e po la opinion ó la
ue za, al de la jus icia, al cual pe enecen.
Es e cambio se cumpli ia con acilidad, pues-
o que no encon a ia obs áculos sino en
p e ensiones eme a ias, cuyo iun o has a
el p esen e ha sido debido sólo á la igno an-
cia; ademas, si esas p e ensiones no se abdi-
ca en, se pod ia emplea la ue za con a
ellas, po qué la jus icia es obliga o ia. Cum-
plido ese cambio, en cuan o á lo más p eciso
po lo ménos, la jus icia se desa olla la po
si misma sin es ue zos, y con aplauso gene-
al, po que en
ealidad no encon a ia esis-
encia sino en los in e eses inmode ados de
una insigni ican e mino ía, ya que an p on-
o como se la conoce se hace espe a , admi-
a y áun ama . Su na u aleza eminen e-
men e pací ica y conciliado a, no p ocede ja-
mas, como las eo ías de salud pública ó el
in e es gene al al se icio de
los
gobie nos,
po ía de
exclusion,
de p ohibiciones a bi-
a ias y de p es aciones o zadas; no man-
da
á nadie ob a , y
lo
que p ohibe,
lo p ohibe
69
á odos sin excepcion: No hagas á o o, e c.;
al es el modelo inmu able de sus p ecep os,
cuyo modelo encon a nos en cada una de
las condiciones ó leyes uni e sales que la
de inen, las cuales amos á examina con
esc upulosa a encion: la libe ad, la p opie-
dad, la esponsabilidad.
LIBERTAD.
1. En endemos po libe ad el uso o an-
, a jo de nues as acul ades. Se comp ende,
desde luégo, que siemp e que se a a de li-
be ad en polí ica y en economía, se a a del
más ó del ménos en la cues ion, no de la li-
be ad en si misma. ilas a que e lo pa a se
lib e, y como el homb e puede siemp e que-
e lo , es siemp e lib e; si su libe ad se
eduje a sólo á que e , sin pode ejecu a su
olun ad, es a ia sob e la ie a
.
como en
una umba, y no pod ía con inua i iendo.
Pa a i i es p eciso come , y pa a come ,
pode y que e ejecu a su olun ad: el p in-
cipio de la libe ad no necesi a, pues, ciemos-
acion: es el hecho de la ida animal; y el
homb e que no ue a lib e, suponiendo que
eso ue a posible, se ía in e io al más ín imo
de los animales, pues o que odos los anima-
les quie en y pueden eje ce su olun ad.
Desca es ha dicho:
Je pense, done je suis; y
pudié amos deci imi ándole: yo soy, luego
soy lib e.
Los ilóso os, al habla de libe ad, ienen
70
en mi a p incipalmen e la olun ad; nos-
o os enemos exclusi amen e los ac os
o-
lun a ios
en el seno de la sociedad. Hace
mucho iempo que la economía polí ica ha
p oclamado la libe ad,
como
una ley na u al
de las sociedades, bajo los nomb es de libe -
ad de abajo, libe ad de come cio, libe ad
de c édi o, e c., y conocida es la
pe sis-
encia
de la u ina y de los in e eses p i ile-
giados en ehusa le ese ca ác e , que le iene
de se absolu amen e necesa ia á la econo-
mía de las sociedades. En los momen os de
c isis, sob e odo, es cuando apa ece
más
esencial, y p ecisamen e en esos momen os
se
niega con mayo obs inacion su necesidad.
En ónces es cuando se echa mano del so isma
comun que sigue :
en ales casos, la inmi-
nencia y el g ando del pelig o exigen ob a
p on o y ené gicamen e; y
hé ahí una
causa
omnipo en e
al se icio de la au o idad,
de-
masiado dispues a siemp e
á
la in e encion;
así que,
al mal de la c isis, se añade el
de las
medidas,. in empes i as que se oman pa a
conju a la. Ya hemos
is o
que en iempos
de c isis alimen icia, la libe ad, la libe ad
sola, hacía subi
el
p ecio del igo en la me-
dida
exac a que con enía pa a disminui su
consumo é impedi una ho o osa
hamb e
po muchos meses án es de la nue a cosecha,
como hemos is o igualmen e que en años
de cosecha excepcional po su abundancia, lo
hacía baja pa a ac i a el consumo é impe-
di que se conse a an masas excesi as de
71
igo desp eciadas en manos de los p oduc-
o es ó co
m
e cian es, al apa ece el igo
nue o. Es os ejemplos dicen an o más en
a o de la libe ad económica, cuan o son
omados de los mismos hechos que se in o-
can
o dina iamen e con a sus p e endidos
pelig os.
Se di á que la eglamen acion de los i-
gos no ha p oducido jamas los esul ados
desas osos que le a ibuimos. Áun conce-
diendo eso, di íamos que, si no siemp e los
ha p oducido, ó nunca, si al se quie e, ha
consis ido en que la economía na u al de las
sociedades, que no podia ole a los de nin-
gun modo, ha eaccionado siemp e pa a im-
pedi los; pe o su endencia es la de p oduci -
los, y los p oduce siemp e en pa e. Á ella
son debidos, en iempos de c isis, los p ecios
más ele ados ó más bajos que la libe ad co-
me cial ae ia, po que el e ec o de la egla-
men acion comienza p ime o á p oduci se
que la eaccion que iene á e ene lo; le son
debidas igualmen e las alzas y las bajas i e-
gula es y iolen as, que desconcie an odas
las p e isiones, lle ando al aza la o una ó
la uina de los especulado es, y dando oca-
sion á los unes os pe juicios de monopolios,
acapa amien os,
ó pac os de hamb e.
Toda eglamen acion di igida á p o ege
a bi a iamen e al consumido con a la ba-
a u a excesi a, como las leyes del máxi-
mum, las medidas de compensacion, las esca-
las mó iles, los de echos di e enciales, las
72
p ohibiciones , e c., p oduce los
mismos
e ec os.
No hay necesidad económica que se p es e
á demos acion an cla a como la de libe ad;
apénas se pod ía demos a en ísica más
pe en o iamen e la de la
luz;
sin emba go,
no hay ninguna que haya sido negada con
más
insis encia que la necesidad de libe ad.
Se
ha compa ado muchas eces la sociedad á
una emp esa indus ial, y de ahí se ha que-
ido deduci
la
necesidad de una di eccion
única: nada hay
más
pa adójico ni also que
semejan e compa acion. Cualquie a que sea
(despó ica ó cons i ucional ) una di eccion
única, eje cida po el más hon ado, más sa-
bio, más ac i o, y el mejo in encionado de
los homb es, de comi és ó pa lamen os, ja-
mas end á, pa a hace p ospe a la socie-
dad, el in e es pe sonal y la esponsabilidad
e ec i a que iene un emp endedo en hace
p ospe a su indus ia; ademas, jamas po-
d ía
ene ni los conocimien os ni el pode
necesa io pa a llena debidamen e su mi-
sion; en in, y eso es lo peo , siemp e se a en-
d ía
á
eo ías e óneas que que ia ealiza ,
sin espe o á las leyes na u ales de la p os-
pe idad y de
la jus icia, como han hecho en
más ó
en ménos has a el p esen e odos los
gobie nos sin excepcion. Y si al sucede con
la di eccion gube namen al única, más hon-
ada, ac i a é in eligen e, ¿qué se puede es-
pe a
de las
que nodo sean?
Todas, las acusaciones di igidas á la
libe -
.

73
ad son, en e ec o, pa adójicas, pa icula -
men e la que la acusa de degene a en licen-
cia. Cuando se habla de libe ad económica ó
poli ica, no se debe en ende la de alguno, al-
gunos ó muchos, sino la de odos; lo cual
quie e deci que sólo es dado á la libe ad el
pode sa is ace á odos en la medida de lo
posible. Pe o áun cuando no ue a así, áun
cuando odo lo que se dice con a la libe ad
ue a cie o, ¿se deduci ia de ahí que nadie
u ie a el de echo de medi la á o o? Esa es,
pues, la cues ion, pues o que al e eno del
de echo pe enecen odas las de libe ad, y
en él deben plan ea se. Segun nues o pa-
ece , odos los de echos p oceden de la li-
be ad, y medi la a bi a iamen e á o o, es
mu ila la, es mu ila el de echo: no hay ni
sobe ano, ni comi é, ni pa lamen o, que deba
hace semejan e mu ilacion. Sabemos que lo
hacen, pe o eso no quie e deci sino que dis-
ponen de ue za pa a ello; en cuan o al de-
echo pa a hace lo, se lo negamos esuel a-
men e; lo con a io se ia eje ce el de echo
con a el de echo, y bien que se haya g i ado
mucho con a esa sen encia, no
hay de echo
con a el de echo,
c ee nos que jamas se lle-
ga á á oscu ece esa e dad.
La libe ad es un e dade o equilib io, es
el ó den, es la jus icia, pues o que, en su
acepcion más la a, implica odas las condi-
ciones de la jus icia; y en cie a medida has-
a pod íamos deci que e a la au o idad, po -
que los que eje cen és a, debe ían ene la
74
siemp e en mi a pa a conse a la ó es able-.
ce la. P oba emos, po un ejem
p
lo, que es in-
dispensable á esa especie de equilib io que se
llama ó den social, y que a ía sin cesa en
su es abilidad. Es e se á un a gumen o, bajo
el pun o de
p
is a de u ilidad
y
necesidad.
Se sabe bien lo que son los mo imien os
de un buque en la ma , como se sabe am-
bien lo di ícil que es e i a las caidas á bo -
do, ó, cuando ménos, gua da el equilib io
cuando al a la cos umb e de na ega , ó,
como dicen los anceses,
quand
on n'a
pas le
pied
ma n;
se consigue e i a esas caidas
po el hábi o, haciendo mo imien os con el
cue po exac amen e con a ios á los del bu-
que; pe o como los de és e a ían incesan e-
men e, es p eciso a ia , ambien incesan e-
men e, los del cue po pa a conse a el equi-
lib io; sólo de esa mane a se consigue un
equilib io pe manen e, cuyas condiciones a-
ían sin cesa . Supongamos, pues, que el co-
mandan e de uno de esos buques, á in de
e i a las caidas, o dena á odos los que
se
hallen en él que espe en y cumplan su man-
da o pa a hace los mo imien os de cue po
necesa ios á la conse acion del equilib io
gene al. ¿Consegui á su obje o? No; en p i-
me luga , sus ó denes llega ian siemp e cle-
masiado a de; en segundo luga , el cuida-
do de da las, .y el de espe a las, abso be ia
cons an emen e la a encion dé odos, y se ía
imposible ninguna o a ocupacion á bo do;
pe o admi amos po hipó esis que no sea así;
75
•
que las ó denes lleguen siemp e con opo u-
nidad, y que no abso ban la a encion de o os
cuidados. ¿Se sigue de ahí que el comandan e
consegui ia su obje o? De ningun modo;y si
llega e á consegui lo, consis i la únicame i-
e en que cada uno ha ia po sí mismo lo que
él le mandaba; ademas, es p eciso supone
que el comandan e no se engaña a, ni des-
cuida á jamas; po que si se engañaba una
sola ez, po e o *(5 megligencia, ha ia que
odos se engañasen, á ménos que se le des-
obedecie a, y cuan o más exigie a la obe-
diencia, ménos apa ece ia el equilib io.
Exac amen e lo mismo podemos deci es-
pec o al equilib io económico en e la p oduc-
cion y el consumo, con la di e encia que los
mo imien os económicos de una- sociedad son
in ini amen e más nume osos, más complica-
dos, más di íciles de p e e que los del bu-
que. Cuando se piensa en la in inidad de
esos
mo imien os, en su complicacion, y en la
p odigiosa di e sidad de in e eses, de olun-
ades y de ue zas que suponen, nos con unde
el e que haya homb es an p esun uosos
que los quie an di igi , y nos p egun amos á
noso os mismos: ¿De dónde puede p ocede
p e ension an insensa a? De las ideas eoló-
gicas, nos con es amos, de
omnip esencia,
omnisciencia y omnipo encia,
lle adas al e-
eno de la poli ica con la c eencia mís ica
del de echo di ino, únicas que han podido en-
gend a an ex aña en e medad del espí i u
humano. No quie e eso deci que la au o i-
76

0
dad no enga que hace en la ma a illosa
economía de la p oduccion, de la dis ibucion
y
del consumo de la iqueza. De ninguna ma-
ne a; iene, po lo ménos, el debe de ga an-
iza la libe ad á odos los que oman pa e
en esos enómenos, y ésa no es una mision
muy sencilla. No di emos más á es e es-
pec o, po que no enemos pa a qué hace
el
p og ama de las unciones de la au o idad.
2. La libe ad de uno, se ha dicho, no ie-
ne más limi e que la libe ad de o o. Tal es
el
sen ido,
si no el ex o, de algunas de las
di e en es decla aciones de de echos insc i-
os en más de una Cons i ucion eu opea. Esa
p oposicion es inexac a, po que la libe ad
puede no ene limi es en cie os casos,
y
iene ademas o os que no son la libe ad
p opiamen e hablando; así que no decla a un
de echo, sino un hecho, y es o de al sue e,
que odas las clases de gobie no pod ían aco-
moda se á esa decla acion, áun el despo is-
mo pu o y has a la eoc acia. ¿Qué
,
impo a-
ia, ademas, que nues a libe ad no ue a
limi ada sino po la de o o, si la de o o se
ex endie a al exceso á expensas de la nues-
a? La p opiedad e i o ial de cada uno
es á limi ada gene almen e po la de o o;
pe o sabido es que puede se disminuida
abusi amen e po ese o o. El e i o io de
un pueblo,
á ménos de con ina con
la
ma
po
odos lados, es limi ado igualmen e
po
el de o os pueblos; pe o puede se decen ado
po cualquie a de
és os.
Bajo el pun o de is-
83
quece empob eciendo á o os, e c.; pe o la
ciencia hace ya jus icia á semejan es p eocu-
paciones, decla ándolas p opias sólo de iem-
pos pasados. Ademas, admi iendo que in e-
eses legí imos, e dade amen e legí imos,
pudie an se hos iles, lo único que de ahí se
pod ia deduci se ía la necesidad de edu-
ci los á lo que les co espondie a eh jus i-
cia, po la libe ad, po la limi acion ecíp o-
ca; pe o nunca con iscando los unos en a-
o de los o os.
Todos los in e eses legí imos son a mó-
nicos; eso nos dice la economía polí ica, de
acue do con la mo al, de la mane a más ab-
solu a; pe o es a a i macion no apa ece, c ee-
mos, su icien emen e jus i icada, segun la
gene alidad de los legislado es, que debie an
oma la po egla de su uncion, po que es
la única que concue da con el p ecep o uni-
e sal de jus icia. Bajo nues o pun o de is-
a, siemp e que el legislado se encuen a de
en e con un in e es pa icula legí imo, sea
el que ue e y de la en idad que se quie a,
debe abs ene se. El más pequeño in e es,
cuando es legi imo, ep esen a an o de echo
como el más g ande. ¿Qué debe íamos pen-
sa de un indi iduo cualquie a que, so p e-
ex o de un g an in e es, ó un in e es gene-
al, pa aliza a la libe ad de o o? ¿Que usu -
paba simplemen e una uncion legisla i a?
No; pensa íamos que come ia una injus icia,
un deli o, un c imen quizas. ¡Y qué! Lo que
no puede hace uno sin come e una inju.s i.

84
cía, un deli o ó un c imen, ¿pod án hace lo
algunos eunidos? ¿Se ía eso
jus o,
ú il al
in e es gene al?... Nues a azon no com-
p ende mis e ios semejan es; nos dice, po
el con a io, que un ac o injus o cuando
lo
come e uno solo, no puede se jus o cuando
lo come en muchos jun os; nos dice que el
núme o no hace la jus icia; nos dice, en in,
que el p ecep o uni e sal de jus icia se
im-
pone
al legislado bajo es a o ma: no
au o-
ices
á nadie pa a que haga á o o lo que na-
die debe que e que se le haga;
ese p ecep o
es iolado po el p i ilegio: luego és e es in-
jus o, dos eces injus o: una en la pe sona
del legislado , que no debe aco da lo; o a
en la del p i ilegiado, que no debe eje ce lo.
Se nos di á quizas que no econoce nos el
p incipio de las mayo ías. Si le econoce nos;
pe o no admi imos que sea aplicable á cues-
iones de jus icia. Que se delibe e sob e las
de pu a con eniencia, ó sob e las de de echo
cuando és e es dudoso, nada más acional;
pe o cuando es conocido no se debe delibe-
a sob é si se ha de iola ó no; po que
lo
con a io se ía conju a se con a
él.
No se
debe delibe a sob e
si
se ha de come e ó no
una injus icia, pues o que és a no debe co-
me e se jamas.
Se habla con ecuencia del de echo del
Es ado pa a jus i ica los p i ile
g
ios, ¿Qué
de echo es ése? ¿Cuál su p incipio? Si
sep e.
ende hace le p ocede de la ue za, se inju-
ia al espí i u mode no, y es p eciso nega -
85
lo; si del Sé Sup emo, es p eciso... no se
puede discu i se iamen e el de echo di ino;
si de una delegacion áci a del pueblo, es
p eciso examina la na u aleza y el alo de
semejan e delegacion; es p eciso a e igua
si, aunque ue a explíci a, pod ia au o iza
la con iscacion del de echo comun; si podia
cons i ui un de echo con a el de echo, un
de echo que no ienen los mismos mandan-
es, un de echo con a el p incipio de igual-
dad an e la ley, un de echo con a la jus i-
cia; lo cual pe u ba ia odas las nociones
del de echo
y
de sen ido comun; no esposi-
ble, pues, supone siquie a su exis encia.
Pu a eo ía! di án los de enso es á odo
ance de la au o idad; pe o no se p oba á
que ningun p i ilegio sea jus o, á ménos que
se conceda á la p ác ica la pa en e de in ali-
bilidad;
y
áun añadi emos que noso os no
admi i nos la hos ilidad que muchos imagi-
nan exis i en e la eo ía y la p ác ica. Si
es e dad que se debe sospecha , ó p e e-
ni se, con a una eo ía imp ac icable, no lo
es ménos que se deba sospecha de una p ác-
ica injus i icable po medio de su eo ías
Ademas, ¿sob e quién ecae la al a de que
una buena eo ía no sea p ac icable? En
cuan o á la eo ía de la libe ad, no se puede
deci que es imp ac icable, pues o que se ie-
ne p ac icando.
Si
la p ác ica es á po el p i-
ilegio, lo es á ambien po la libe ad,
y
po
poco que en es o se e lexione, se conoce al
momen o que es á in ini amen e más
po
la
86
libe ad que po el p i ilegio; de lo cual na-
die puede duda , pues o que, po muchos
que sean los p i ilegios, no pasan de se ex-
cepciones, ya que, á no se po eso, no se-
ian ales p i ilegios. La p ác ica es á, pues,
en ealidad po la libe ad. ¿Con end ia, e-
co da á esos p ác icos, que an desdeñosos
se mues an con las eo ías, que no hay nada
ménos eó ico, ni más p ác ico al mismo
iempo, que el obo, la iolacion, el asesina o
y odos los c ímenes imaginables, y nada
ménos p ác ico, po el con a io, ni más eó-
ico al mismo iempo ambien, que la i ud
y la jus icia?
Supongamos, sin emba go, que no se a-
a con es e mo i o sino de una con o e sia
o dina ia, una de esas cues iones que, sin
pelig o en la demo a, se puede some e á la.
decision de un ibunal de equidad,
y
que po-
d íamos plan ea en los é minos siguien es:
el p i ilegio es injus o y pe judicial al in e-
es gene al, ó no? Ad e i emos que bas a ia
que ue a injus o pa a se condenado, áun
cuando ue a ú il al in e es gene al, po que
las leyes na u ales de la jus icia, como he-
mos is o ya, lo son ambien de la p ospe i-
dad; sin emba go, sos enemos la cues ion en
la o ma plan eada, á in de azona con o -
me
al espí i u de las p eocupaciones einan-
es. Se sabe, en e ec o, que no al an mu-
chos que opinen que el Es adopuede se i
el in e es gene al áun come iendo injus i
cias. Es a p eocupacion es á en la esencia
87
misma de la poli ica o icial de odos iempos,
es la que dominó en el espí i u de Machia el.
De cualquie a mane a que eso sea, cons i-
uyamos el ibunal an e quien p esen amos
la cues ion:
P ocediendo con equidad, los jueces deben
se impa ciales; po consiguien e, no pueden
se lo en causa p opia. Po lo mismo, pues,
no pod emos compone nues o ibunal, ni
de p i ilegiados po cualquie a í ulo que lo
sean, ni sob e odo de lo$ ep esen an es de
los di e en es cue pos del Es ado, -que ,
sólo son p i ilegiados po si mismos, sino
que son ademas la pe soni icacion de los que
p e enden pa a si el de echo de o o ga p i-
ilegios.
Se nos di á que ecusamos odos los jue-
ces compe en es, ó po lo ménos, odos los
capaces de comp ende la cues ion. Dado
que así ue e, que no lo' es, no se puede
cons i ui el ibunal, y en e an o la cues-
ion pe manece dudosa; pe o, en la duda,
abs en e, dice la sabidu ía uni e sal; po
consiguien e, no iolemos el de echo comun,
la libe ad; no o o guemos p i ilegios, y de-
cla emos que los an e io es son indebidos.
Abs ene nos, dicen los ep esen an es de la
au o idad, equi ale á abdica , y eso no pode-
mos hace lo. Decid más bien que no que eis,
que eneis en a o la p ác ica, los hábi os,
las p eocupaciones, los in e eses p i ilegia
dos, la igno ancia, la ue za, y que eso os
bas a; pe o no digais que el p i ilegio es Ú il
88
jusio, po que no pasa un dia que
no os
diga... men ís.
Pa a cali ica de injus o odo p i ilegio
bas a que sea, como hemos demos ado, con-
a io al de echo comun , á la libe ad, al
p incipio de igualdad an e la ley,
y
que po
odo ello no pueda unda se en ningun de e-
cho e dade o. Es pe judicial: 1.° po que es
injus o, pues o que odo lo injus o pe judica
siemp e de alguna mane a; 2.° po que sin
añadi nada á las acul ades pe sonales de
k, sque le eje cen, disminuye la po encia
de
las de aquellos cuya libe ad es inge, en lo
cual su e pe juicio la sociedad. Suponga-
mos que se le an oja a
á
un déspo a, po
ejemplo, p ohibi el uso de un b azo á odos
sus súbdi os, ese ándose el p i ilegio
de
usa
él
los dos. ¿Adqui i ian po eso
más
ue za ó más des eza sus b azos? De nin-
gun modo; pe o la ac i idad de odos
sus
súbdi os hab ia sido pa alizada,y la socie-
dad pe de ía en ello eno memen e; pod ia
hace pa icipes del p i ilegio á cie o nú-
me o de sus súbdi os,
é
indudablemen e
ob-
end ían
és os
g andes en ajas; sin emba -
go, los b azos de ellos no hab ian aumen a-
do en ue za
ni en des eza, y la sociedad
su i ia,
como
en el caso an e io .
Hé ahí la imágen exac a del p i ilegio y
sus
.
e ec os. Se p e ende á lo con a io; se
a i ma á que el uso de cie as acul ades
(excusado nos pa ece ad e i que no nos e-
e imos á las acul ades que a añen á la

89
esencia del gobie no de las sociedades) debe
queda ese ado á pa icula es, á compa-
ñías ó al Es ado, en in e es de la sociedad.
Las azones en que apoyen esa a i macion,
han de se o nadas necesa iamen e de ideas
que desap ueba cons an emen e el espí i u
mode no; las mismas que han se icio pa a
de ende odo lo que la humanidad ha conde-
nado sucesi amen e á medida que ha p o-
g esado, desde la escla i ud y la inquisicion
has a la p o eccion y el monopolio; y cie o
que no es necesa io an o pa a hace las sos-
pechosas. Su meno de ec o es el
,
de apoya -
se en hipó esis pu amen e g a ui as, ales
como la p e ision de desas es imagina ios
impu ables á libe ad que no exis e. Tales
azonado es son, segun ellos mismos, hóm-
b es p ác icos, inspi ados po la expe ien-
cia. No p e endemos nega su expe iencia,
no; pe o esa expe iencia es, sin duda algu
na, la expe iencia de la eglamen acion a -
bi a ia, del p i ilegio; y debe nos ecusa la
al a a de libe ad. La expe iencia no iene
au o idad sob e la azon sino cuando es li-
b e; en cualquie a o o caso, no lle a á la
ciencia sino un es imonio incomple o, cuan -
do no also.
RESPONSA 131LIDAD.
1. La esponsabilidad es una ley que se
mani ies a de muchas mane as en la econo-
mía social, bien que no en odas pa es se
90
haga e ec i a, cual debie a, con igual igo :
se
la e cla amen e en la indemnizacion que
la
gene alidad de las compañías de e oca i-
les deben á los iaje os, ó á los p opie a ios
de me cancías, po los pe juicios acciden a-
les que les causan; se la e igualmen e en
el ecu so que iene expedi o en muchas pa -
es el ecino cuya casa ha sido incendiada
con a el p opie a io de la casa que le ha co
municado el incendio,
y
es e p opie a io con-
a el que enía alquilado el cua o po don-
de empezó el uego; se la e en la eclama-
cion de cualquie a que haya sido he ido en
la calle po el caballo ó ca uaje del que pa-
sa e, pudiéndosele a ibui el acciden e; se
la e, en in, en miles de ci cuns ancias, a-
ducidas po ese dicho ulga :
quien ompe,
paga.
Los ibunales de odas las ju isdiccio-
nes es án aplicándola cons an emen e; así
que se la puede conside a como la ga an ía
pe manen e y uni e sal de la libe ad y de
la p opiedad.
La esponsabilidad de cada uno ga an iza
la libe ad y la p opiedad de o o, y ice e -
sa. Sup imamos esa ga an ía ecip oca, y
ya no hab á segu idad pa a nadie, y la libe -
ad y la p opiedad se án el blanco de oda
sue e de ul ajes. Á nadie se le ocu i á su-
p imi la; pe o no
á odos se les ocu e ase-
gu a la en
odo caso. Siemp e
se ha com-
p endido su icien emen e
bien la esponsabi-
lidad de un indi iduo espec o á o o indi i-
duo; pe o si se a a, no-
de simples ciu-
91
dadanos, sino de agen es de la au o idad, de
mili a es, de clé igos, de magis ados , do
minis os, de legislado es, de sobe anos so-
b e odo, se la comp ende muy mal;y si se
a a de lo que se llama el Es ado ó la socie-
dad, no se la comp ende de ningun modo. Sin
emba go, la esponsabilidad es necesa ia en
odo caso, pues o que en odos ga an iza la
libe ad
y
la p opiedad,
y
es p eciso econo-
ce la an o más necesa ia, cuan o es mayo ,
en los que la deben, el pode pa a a en a
con a la libe ad ó la p opiedad de o o, y
más débil aquel á quien es debida.
¿En qué consis e esa di e sidad de la opi-
ilion espec o al p Incipio de esponsabili-
dad? En que es más ácil cons eñi á los dé-
biles que á los ue es; y po consiguien e,
más ácil some e los débiles que los ue es
á la esponsabilidad, de la cual no debie a
pode e adi se nadie; pe o, co no las masas
no econocen un p incipio sino po sus con-
inuas aplicaciones, no pueden econoce el
de esponsabilidad espec o á los ue es.
I3é ahí en lo que consis e esa di e sidad de
opinion que indica nos; y hé ahí po qué el
hecho, el hecho pu o y simple, el ma e ial,
el b u al, iene an o impe io sob e las con-
ciencias. ¿Qué pensado hon ado ehusa á
admi i que, en p incipio, la esponsabilidad
debe se igual pa a odos,» pues o que la.
igualdad an e la necesidad que ella supone
es el undamen o de oda
legislacion?
Sin
emba go , lo cie o es que hay muy pocos
92
que, debiendo p onuncia sob e semejan es
cues iones, sea como minis os del Es ado,
sea como adminis ado es, co no legislado-
es. ó como jueces, no se dejen lle a po el
hábi o de pensa que, en cie os casos, el
Es ado puede dispone , sin da cuen a á los
in e esados, de la libe ad, de la p opiedad,
.

de la ida de un g an núme o de miem-
b os de la sociedad, que no deben ales se -
icios ni me ecen ningun cas igo. ¿Sucede ia
eso si el legislado ue a pe sonal y e ec i-
amen e esponsable an e aquellos á quie-
nes con isca la libe ad, la p opiedad
y
la
ida? Es e ejemplo no es desg aciadamen e
el único, po que apénas hay indus ia que
no enga de qué queja se, á causa de dispo-
siciones legisla i as análogas, con a los que
las dic an.
Nos pa ece innecesa io ad e i ,
bien que
ampoco es é de más el hace lo, que pa a
se e icaz y
.
eal la esponsabilidad, debe po-
de se in oca en odo caso po aquellos á
quienes in e esa, con a los que han incu-
ido en ella. El que no es esponsable sino
an e el Sé Sup emo, ó su conciencia, como
se dice de cie as au o idades ó unciona ios
públicos, no es ealmen e esponsable; y
cualquie a que no lo sea an e aquellos cuya
libe ad, p opiedad ó ida ha pe u bado, no
lo es su icien emen e.
La esponsabilidad
no siemp e se des a-
nece cuando
los
que la deben no la su en;
ecae muchas eces sob e o os. Es
j
un, e -
99
que ha o o, dejando
á
sal o la accion de la
sociedad pa a que ome medidas con a la
epe icion del mal si hubiese sido in encional;
y de ahí que podamos deci que las in encio-
nes y las penas que les co esponden po la
legislacion c iminal, no engan nada que e
con la jus icia p opiamen e dicha. La jus i-
cia, en e ec o, manda a ibui á cada uno lo
que esul a de sus ac os lib es en bien y en
mal;
y
como ni las in enciones ni las penas
o man pa e, ni en an pa a nada en los e-
sul ados de los ac os lib es, la jus icia no ie-
ne que hace ninguna dis ibucion espec o
á ellas: la p ác ica judicial comp ueba es a
doc ina; en gene al p opo ciona la pena al
mal come ido, bien que no en ienda cas iga
sino las in enciones. La ley del alion decía
explíci amen e: ojo
po
ojo,
dien e po dien-
e,
e c.; al e a el p incipio de penalidad
en
oda su sencillez, que ha sido modi icado po
muy pode osas azones; sin emba go, no po-
demos_ deci que haya sido des uido, po que
las penas son aún en gene al
p opo cionadas
al mal come ido. Ademas,
¿cómo
se pod ian
p opo ciona las penas á las in enciones?
¿Cuál
es el denominado comun en e esas
dos cosas? ¿Quién no sabe que en las in en-
ciones de come e un simple deli o cabe con
ecuencia cien eces mayo pe e sidad que
en la de come e un c imen? ¿Quién puede
deci , en in, has a qué pun o el homb e es ó
debe se esponsable de sus in enciones?
¿No
son és as muchas eces el esul ado de
ue -

loo
za mayo en el empe amen o del culpable,
en las ci cuns ancias de su exis encia, de su
educacion, de sus su imien os, e c.?
No se puede duda que la in encion au-
men e una ci cuns ancia más á las ag a an-
es; la aumen a, así pa a la sociedad como
pa a la íc ima del mal, po el emo na u al
de que se epi a y sea obje o de especulacion
de pa e de los que le han consumado. Cie o
que, si el lad on, po ejemplo, no emie a sino
la es i ucion de la cosa obada, no se con en-
d ía su icien emen e, y quizas ni poco ni mu-
cho. Bajo ese pun o de is a se comp ende la
absolu a necesidad de las penas, pues que se
c ee que p e ienen la epe icion del mal es-
pec o á los que le han come ido, al mismo
iempo que la imi acion po o os. A nues o
pa ece , ese debe se su único obje o: la idea
de que sa is acen, que esca an odo po una
especie de compensacion ó expiacion, nos pa-
ece p o undamen e hos il á las más sanas
ideas de jus icia; es mís ica y hace de la jus-
icia algo pa ecido á lo sob ena u al. La idea
de que las penas ecaen sob e las in enciones
pa a cas iga las, no puede conduci la legis-
lacion c iminal sino al sis ema de D acon,
que cas igaba odos los c ímenes con se e i-
dad igual, juzgándolos odos dignos
de mue -
e, ó á una mansedumb e excesi a,
que deja-
a á la sociedad sin
ga an ia
con a la male-
olencia.
Si las penas son esencial
y
exclusi amen-
e p e en i as, jamas deben lib a al c imi-
101
nal de lo que se llama « esponsabilidad
ci il»;
es deci , que el c iminal debe siemp e á
su
íc ima ó á los ep esen an es de ella la com-
pensacion
posible del mal que ha hecho.
¿En
i ud de que p incipio se le puede lib a de
semejan e esponsabilidad? No se á cie a-
men e en i ud del p incipio de jus icia, pues-
o que la esponsabilidad es una ley na u al
de la jus icia. ¿Se di á que la esponsabilidad
desapa ece po medio de la pena? Pues qué,
¿el mal causado po el c imen desapa ece po
la pena que su e el c iminal?

legislacion
que no iene es o en cuen a cie a la pue a
á la in oduccion de e o mas que pod ian e-
ne un g an alcance; ademas, qui a el in e es
de la sociedad en la accion de la jus icia c i-
minal, y con ie e en piedad po los malhe-
cho es la jus a indignacion que debe ian ins-
pi a siemp e. Hace aún más: aleja los es i-
gos, y has a las íc imas de un a en ado, del
cuidado, si es que no del debe , de ayuda á
que la jus icia o icial escla ezca los hechos;
la legislacion que así p ocede suje a á los es-
igos pa a la ins uccion y el juicio de los
c ímenes á an as o malidades moles as,
one osas y eja o ias, que en cie os casos
se eme an o se es igo como acusado. He
ahí po qué en gene al odos los es igos de
un a en ado se e aden
y
gua dan silencio; de
sue e que el c ímen encuen a una e dade-
a complicidad en las disposiciones de la ley
posi i a, que debe ian po el con a io asegu-
a la esponsabilidad
y
p e eni la epe i-
102
clon. En cuan o á la íc ima, es cla o, azo-
na de la mane a siguien e: «No se me de ol-
e á lo que se me ha obado; y ademas,
me
e é o zado á mil p ocedimien os, humillan-
es muchas eces, enojosos siemp e y one o-
sos en ex emo». Y dice al lad on:
Anda con
Dios, y é á que o o e haga aho ca .
¿No se ía
posible combina el sis ema de segu os con
la penalidad pa a ampa a odos los in e e-
ses a ec ados po el c imen en odos sus g a-
dos, quedando siemp e esponsable el c imi-
nal an e los asegu ado es? La cues ion me-
ece se examinada con de encion.
Como odas las penas, la de mue e iene
un ca ác e pu amen e p e en i o ; pe a
sus ae i e ocablemen e el c iminal á la
esponsabilidad ci il, que la íc ima ó sus
ep esen an es pudie an in oca con a él.
Si la mue e del asesino pudie a ol e la
i-
da
á su íc ima, se ía jus a, y la mejo in-
demnizacion que se pudie a pedi al c imi-
nal, bien que no compensa a odos los daños
qué
hubie a ocasionado; pe o en semejan e
caso, co no en muchos o os, se oma ia del
deudo odo lo posible. No sucede eso desg a-
ciadamen e. ¿Se ol ida po en u a comple-
amen e que se debe una compensacion á la
amilia de la íc ima`
..No lo c eemos; sin em-
ba go, la pena de mue e no da esa
compen-
sacion;
po el con a io, la hace i e ocable-
men e imposible. Ademas, como odas las
penas ambien, no es jus a, pues o
que no es
la a ibucion á alguno del esul ado de sus
103
ac os lib es. Si ue a jus a no se pod ía, no
se debe ia pedi su abolicion; iene, pues,
únicamen e el ca ác e exclusi o de ga an-
ía, dada á la sociedad con a la epe icion
del mal come ido po el asesino; el cual la
jus i ica, al pa ece de muchos, y noso os
econocemos que es cues ion de suma g a-
edad Hace unos ein e años que se abolió
esa pena en un país egido epublicanamen e,
y ha sido p eciso es ablece la en in e es de
odos, has a en el de los c iminales, á quie-
nes po un acue do áci o en e la poblacion
y la policía, se ma aba sin piedad á la meno
señal de esis encia, cualquie a que ue a su
c imen.
El ejemplo que ci amos no es concluyen-
e, sin emba go, po que se p odujo en ci -
cuns ancias especiales, que al e an conside-
ablemen e su alcance expe imen al. Sucedió
en el Pe ú, donde la pena de mue e ué abo-
lida po los años de cincuen a y an os, y es-
ablecida á los cinco ó seis despues; pe o po-
co án es de la abolicion de esa pena se abia
p onunciado la de la escla i ud, que dejaba
abandonados á si mismos un g an núme o de
desg aciados, pa a quienes el abajo debia
se un obje o has a cie o pun o disculpable
de esen imien o, po e en la cas a de sus
an iguos amos, más bien un ejé ci o enemi-
go que les concedía una egua, que una so-
ciedad amiga que les ab ía los b azos. Ade-
mas, la legislacion pe uana eemplazaba la
pena capi al po o a demasiado pequeña,
po
104
quince años de abajos o zados. En in, los
c iminales penados , en cualquie a g ado ,
a a ez llegaban al é mino de su pena, po -
que es aban mal igilados y se escapaban.
De cualquie a mane a que sea, c eemos
que ni la legislacion ni la sociedad deben ol-
ida que un c imen cualquie a p omue e
una cues ion de esponsabilidad ci il; á la
cual po nada debe sus ae se al c iminal.
Es e pe enece quizas más á su. íc ima
ó
á la
amilia de ella, en calidad de deudo , que á la
sociedad en calidad de a en ados con a las
leyes de su anquilidad y bienes a . De esa
mane a lo han comp endido las legislaciones
an iguas. •
No que emos deci po eso que las
íc-
imas
de un c imen deban oma se la, jus i-
cia po si mismas; pe o c eemos i memen-
e que la cues ion de jus icia, p opiamen e
dicha, p omo ida po el c imen, no se e ie e
sino á esas íc imas, y que la sociedad no de-
be in e eni en ella sino pa a asegu a la.
ga an ía con a la epe icion del c imen y su
imi acion, ó en o os é minos,pa a p e eni
los c ímenes
y
eje ce la uncion de juez, que
nadie debe desempeña en causa p opia. En
ez de sepa a esos dos in e eses, que son
solida ios, y de abandona comple amen e el
p ime o, como se hace con ecuencia,
se ía
mucho mejo combina los in imamen ,e. ¿Y
quién sabe si de esa combinacion bien en en-
dida sald ía la solucion de los más g a es
p oblemas de la legislacion c iminalplan ea-

105
dos po el espí i u mode no, enpa icula del
más imponen e y solemne, el de la pena de
mue e?
Hechos económicos en gene al,
y
los con a-
ios á las leyes na u ales de la p ospe -
idad.
LOS HECHOS.
El homb e en sociedad no puede
p escin_
di de las leyes na u ales de la p ospe idad
y de la jus icia, que son leyes del mundo mo-
al, como no puede p escindi de las leyes
del mundo ísico; aquéllas le dominan, como
és as; pe o, como á és as, puede iola las,
y así lo hace con ecuencia. Y de ahí dos ó -
denes de hechos del mundo mo al cumplidos
po el homb e: con a ios los unos,
y
los
o os con o mes á las leyes na u ales de la
p ospe idad y la jus icia. La mayo pa e de
los males que el homb e padece ienen del
p ime o de esos dos ó denes de hechos, di ec-
a ó indi ec amen e. Es udiada la his o ia
bajo ese pun o de is a, es e dade amen e
lamen able; la gue a, la escla i ud, la expo-
liacion, el p i ilegio, la eglamen acion exa-
ge ada, e c., e c., son sus aspec os gene a-
les. En cuan o á los de alles de cada una de
sus consecuencias, se ian p ecisos muchos
olúmenes pa a ano a los siquie a, y quizas
al sólo in en a lo se he i ian los hábi os de
educacion de muchos lec o es; pe o, sea de
es o lo que ue e, c eemos que debemos a-
106
milia iza nos con la idea de que la mayo ía
de los hé oes de la his o ia clásica han sido
los mayo es pe u bado es de las leyes na u-
ales de la p ospe idad y la jus icia.
Pe o, aunque se escandalicen cie as na-
u alezas pa a quienes el pasado es obje o
de un cul o supe s icioso, di emos, sin em-
ba o, que los sobe anos más exal ados po
la his o ia han sido en gene al una g an ca-
lamidad pa a el géne o humano. Cada uno
de ellos, ó cuando no, po su olun ad, ha he-
cho más mal que odos los malhecho es ul-
ga es, juzgados po sus ibunales. No nos
e e imos á las in enciones, ni ehusamos á
su memo ia las ci cuns ancias a enuan es de
su educacion, de los co esanos que los o-
deaban y de las p eocupaciones de su época;
pe o odo eso no los dispensa de la espon-
sabilidad en que han incu ido an e la azon
y la ciencia. Se excusa muchas eces
á
un
gobie no malo, diciendo: cualquie a o o se-
ia peo . Ese deci , dando á en ende que los
pueblos no pueden elegi sino en e lo malo,.
puede ene algun alo bajo el pun o de is-
a de los gobe nados, pe o no iene ninguno
pa a jus i ica á los gobe nan es; y, bajo el
pun o de is a de la ciencia social, no es dig-
no de exámen siquie a. Equi ale á deci que
un lad on, no sólo
es excusable, sino muy
digno de loa, cuando no despoja
en e amen e
á
sus íc imas; y que
cuando
les deja con
qué comp a un co del pa a aho ca se, le
deben g a i ud.
Tal es muchas eces la mo-
107
al y la polí ica de la his o ia, pe o no la
nues a. Cualquie a que hace un mal debe
se de él esponsable, aunque haya impedido
ealmen e que o o en su luga le hicie a
mayo . El. debe de los gobe nan es es sin
dudó el de impedi el mal; pe o, an e odo,
ienen el de no p oduci lo ellos mismos.
Al exp esa nos así, nos p oponemos sólo
una cosa; es o es, mani es a que, cuando la
a bi a iedad in e iene en la economía so-
cial, pe u ba las leyes na u ales
y
engend a
un ó den de hechos con a ios á ellas. En
cuan o á los hechos de ese ó den, que nos
p oponemos examina , son de una na u ale-
za más gene al aún que aquellos á que nos
enimos e i iendo; esul an de la a bi a ie-
dad de odos iempos; hacen cue po, po de-
ci lo así, con la economía de las sociedades,
y dis a mucho á ese espec o, á nues o jui-
cio, de halla se la opinion pública y la ciencia
con enien emen e ilus adas. Es os hechos,
sin emba go, apesa d4e su núme o é impo -
ancia conside ables, no pueden pasa de
cie o lími e, pues o que, de lo con a io, ha-
ian que desapa ecie a la sociedad. A su la-
do, po consiguien e, en in ini o mayo nú.,
me o y mucho más conside ables, digase
cuan o se quie a, se p oducen hechos con o -
mes á las leyes na u ales de la p ospe idad
y de la jus icia, con los cuales se con unden
muchas eces, y cuya dis incion nos p opo-
nemos hace conoce . No los examina emos
odos, po supues o; pe o escoge emos aque-
108
líos cuya na u aleza pueda econoce con
más i acidad el espí i u del lec o , ponien-
do á la ez más en cla o las leyes que nos
ocupan.
HECHOS CONTRARIOS Á LAS LEYES NATURALES
DE LA PROSPERIDAD.
1. El hecho gene al que nos pa ece mejo
ca ac e izado en el mundo mo al y polí ico, en
el o den de hechos con a ios á la p ospe i-
dad, es la desigualdad de o unas. Es a es á
la ez el e ec o y la causa de odas las des-
igualdades gene ales, y debe esul a , diga-
se cuan o se quie a, en su mayo pa e, si es
que no en su o alidad, de la iolacion en lo
pasado de las leyes na u ales de la jus i-
cia (1). En odo caso engend a males incalcu-
111101••■■■•■••■••■••••••••■■
(1) Es a a i macion p omo e á
muchas p o es as , á
las cuales opond emos desde luégo algunas e lexione
3.
Se dice que los homb es han pa ido de la igualdad
más
ó ménos comple a, pe o que la desigualdad es aba como
gé men en el ondo de su na u aleza,
y
que el p og eso
debia desa olla la necesa iamen e. Siendo eso así,
la
desigualdad se ía inhe en e, no sólo á la iia u aleza hu-
mana, sino ambien á sus p og 3sos, El hecho es que,
du an e cie o iempo po lo ménos, la desigualdad
y el
p og eso sa han desa ollado simul áneamen e; pe o de
ahí no debe deduci se que el p og eso dependa de 1
des-
igualdad,
ni és a de aquél, como se quie e a i ma
Tan o
ald ía
deci que el p og oso dependia de la inmo ali-
dad,
y
ice e sa; el p og eso obedece
á
sus leyes,
y
cie o que la desigualdad no es una de ellas.
En cuan o á
115
se calumnia á la libe ad. Un poco más de
educacion, ins uccion é in eligencia, pe mi-
i ia á esas íc imas de la desigualdad lib a -
se del is e aba imien o en que caen, y o-
ma una modes a pa e en el bienes a ge-
ne al,
La insu iciencia de ins uccion aleja de la
concu encia más del no en a po cien o de
la poblacion pa a un núme o conside able de
unciones luc a i as; de sue e que las demas
ienen excesi a concu encia. La ca encia,
casi comple a, de oda educacion, unida á la
necesidad de que los niños ganen su ida an
p on o como ienen ue zas pa a ello, l'ye,
po lo ménos pa a odas las indus ias que
exigen cie os conocimien os p o esionales,
ó ap endizaje, que la concu encia sea am-
bien
meno en esas indus ias, y de odo eso
esul a necesa iamen e que nues as socie-
dades hayan de sos ene esa clase de aba-
jado es sin o as acul ades que sus ue zas
ísicas, y que su desg aciada exis encia lo e
á me ced de los acon ecimien os en e la me-
dioc idad, la desnudez y la mue e. Tal es,
en e o os, el ho o oso espec áculo que nos
iene o eciendo la I landa. Más aún: esos
in elices, donde hace su echi a la mise ia,
se hallan, menos oda ía que los demas a-
bajado es, en disposicion de dis ibui se con-
enien emen e en e odas las indus ias
que pueden ocupa los; así es que, en gene-
al, pe manecen, cualquie a que sea su nú-
me o, donde el aza les ha hecho nace , pa a

116
mo i allí como animales ó plan as a acadas
po una epidemia. Se e ambien ¡ceguedad
j nc eible! que algunos legislado es, a as a-
dos po la lógica del e o , dic an leyes que
di icul an su aslacion. Pa a e i a an la-
men able condicion, las poblaciones u ales
emig an á poblaciones mayo es, indus iales
de o dina io, donde se les o ece mejo es sa-
la ios, pe o donde, some idos á luc uaciones
más ápidas é inespe adas de ac i idad y de
huelga, que no saben ni pueden conju a ,
caen con ecuencia en ese es ado desconso-
lado que la ciencia apellida con el an iquí-
simo nomb e
paupe ismo (1).
Se dice, y es e dad, que las unciones
más luc a i as no ca ecen de concu en es;.
que hay demasiados abogados, médicos, a -
is as, ingenie os, aspi an es á la oga, á
g ados uni e si a ios, á las escuelas espe-
(1) Lu cs usa de paupe ismo se ep odujo, más que en
ninguna o a pa e, en Ingla e a, cuando se is e mó
allí la ag icul u a pa a pone la en mejo es condiciones
con méno9 b azos. En ónces ué (lo que an o indignó á
M. Sism ndi,
y
con azon) cuando la duquesa de Su he -
land expulsó á 15 00C colonos de sus dominios; en ónces
ué cuando la I landa inundó de niños las g andes ciuda-
des del Reino-Unido. Es e mo imien o ha disminuido;
pe o no h
c
. llegado aún á su é mino, sob e odo pa a I -
landa Ha habido con a él quejas
ama gas, sin comp en-
de que espondia á una impe iosa necesidad de equi
lib io
en e la dis ibucion del abajo
y
los sala ios, cu-
yas causas habia exage ado la mala economía en el
pasado.
117
ciales, e c.; pe o ambien es igualmen e e
dad que odos los concu en es
á
esas un-
ciones son elegidos po la o una, que
es
ciega; que su concu encia excesi a es e ec-
o de una p eocupacion, de la cual son íc i-
mas las de nas unciones, pues o que se les
esca ima la in eligencia, el sabe
y
el capi al;
en in, como lo hemos dicho ya, consis e odo
eso en que las ue zas de la p oduccion y sus
emune aciones es án mal dis ibuidas. ¿Qué
debe íamos pensa de una economía animal
en la cual la sang e, exci ada po semejan-
es p e e encias, acudie a en excesi a abun-
dancia al ce eb o y al co azon, po que el ce-
eb o y el co azon sean epu ados como ó -
ganos supe io es? Pensa íamos que esa eco-
nomía end ia po ideal la en e medad, la
ieb e
;
el su imien o, la mue e.
2. Se p e ende que la na u aleza humana
es así, y que si odos pudié amos hace la
concu encia á los abajos más en idiados,
nadie que ia desempeña los o os. Eso es
ol ida que la na u aleza humana es así
po ue zas acciden ales y pe u bado as;
eso es ol ida
ó
no que e e que si o os
pudié amos hace la concu encia á los a-
bajos más en idiados, no se e ja adhe i á
cada especie de abajo las p eocupaciones
que se le adhie en hoy, y que el abajo
no
es a ia some ido á esa je a quía a bi a ia é
insolen e que la opinion, o mada po la des-
igualdad y consag ada po la educacion,
ha
c eado apesa de la azon, de la jus icia
y de
118
a ca idad. Eso es ol ida que en semejan e
condicion, que supone cie a igualdad, no ab-
solu a, de o unas y de educacion gene al,
al mismo iempo que la, obligacion de aba
ja odos ó casi odos, se ía de necesidad que
se epa ie an odos los abajos indispensa-
bles, ag adables ó no, emune ando y has a
hon ando más los epugnan es. Los que
c een que las ideas ac uales, espec o á lo que
se llama hono , no han de cambia con las
ci cuns ancias, no comp enden la na u aleza
humana ni su his o ia. No es necesa io se
p o e a pa a pode asegu a que cie as co-
sas, al pa ece de hoy hon osas, pod án apa-
ece co no deshon osas mañana.
Se dice ambien que sin desigualdad no
se da ia la di ision del abajo, ni se ía po-
sible la a monía de la p oduccion. Hé ahí
una opinion que no p ocede de la expe ien-
cia, ni se deduce de la analogía; eso es con-
undi la a iedad con la desigualdad, y p o-
bablemen e iene su o igen semejan e opi-
nion en la an igua p eocupacion de cas as,
que suponia una especie de p edes inacion
en el homb e pa a las unciones que desem-
peñaba, una sue e de de echo di ino
á
la
opulencia y
á
la mise ia, así como al
gobie -
no
de las sociedades; á ménos que, como
esas
mismas p eocupaciones, no enga
de la nece-
sidad sis emá ica de jus i ica odo lo que es.
De
cualquie a mane a que sea,
lo cie o es
que
con adice ese axioma an conocido
que
dice: quien puede
lo más, puede
lo ménos.
119
Segun ella, el quin o iolín de una o ques a
no pod ia desempeña su pa e si ue a
ca
paz de desempeña la p ime a. Lo e iden e
se ía lo con a io: si odos los iolines de una
o ques a u ie an bas an e ap i ud pa a des-
empeña la pa e p ime a, y sucedie a o o
an o con odos los demas ins umen os, la
o ques a se ía mejo . ¿Po qué no hab ia de
da análogos esul ados la mayo ap i ud en
las unciones económicas?
Pe o ¿quién consumi ia, si odos p oduje-
an? di án p obablemen e los que se compla-
cen en pensa que hacen un g an bene icio á
la sociedad en consumi mucho y no p odu-
ci nada. ¿De dónde han podido deduci esos
seño es la necesidad de la sepa acion de esas
dos unciones, p oduci y consumi ? Po que
la e dad es que más bien son insepa ables,
pues o que cada p oduc o quie e ene po
emune acion el o al que p oduce, ó concu-
e á p oduci , y el p incipio de la
dis ibu-
cion iende cons an emen e á dá selo; y de
ahí que cada uno debe consumi , ep oduc i-
amen e ó no, an o como p oduce. Si odos
p oduje an, odos consumi ian,
y
cada uno
pod ia consumi an o más, cuan o más p o
duje a. En semejan es condiciones no hab ia
ue zas pe didas, y la iqueza se ele a ia al
máximum de can idad que pe mi ie an la in-
eligencia, el sabe y la ac i idad de odos.
Tambien se dice que es p eciso iempo
desocupado pa a pode cul i a las ciencias,
las
a es, la poesía, e c., cuyos u os se
es-
120
pa een como ocío ecundo sob e las masas
abso bidas po el abajo con inuo. ¿Se ía
debido á eso po en u a que los opulen os
an iguos no supie an lee y que de ello hicie-
an ala de? No; esos seño es, se dice, alimen-
aban los sabios, los a is as y los poe as; sí,
casi an bien como á sus pe os y caballos,
y
eso cuando no los pe seguian y ul ajaban;
ademas, ni po la ciencia, ni po el a e, ni
po la poesía lo hacian, sino po ellos mis-
mos, pa a sacia sus sa is acciones pe so-
nales, y pa a lisonjea su anidad en muchos
casos; de sue e que los sabios, los a is as
y
los poe as de o os iempos i ian de la
opulencia, como i en hoy odos los que a-
bajan pa a ella, ni más ni
ménos.
Es a obje-
cion, pues, no ale más que la an e io , con
la cual se con unde. No es la opulen a ociosi-
dad la que sos iene los sabios, los a is as y
los poe as, sino el esul ado de su abajo: la
ciencia, el a e, la poesía,.la necesidad que
de odo eso se sien e es lo que eclama su
e ibucion. En cuan o á los ecu sos nece-
sa ios pa a ello, el g an núme o de consumi-
do es de odas esas cosas los p opo cionan
con in ini a mayo libe alidad que pod ia ha-
ce lo la opulencia indi idual. ¿Cuál de es as
indi idualidades pod ia gas a muchas cen-
enas de miles po noche en una sola ciudad,
pa a sos ene algunos a is as, como lo hace
el público que a luye á los ea os? ¿Dónde
halla íamos alguno de esos g andes
seño es
que die a 400 ó 500.000 ancos po año á,

121
una
Pa i, pa a can a en cinco ó seis capi a-
les de Eu opa? ¿Dónde aquellos que paga an
las nume osas ediciones de las ob as de La-
ma ine, de Vic o Hugo, e c.? ¿Dónde los que
cub ie an de millones á los composi o es, co-
mo Rossini y Meye bee ? ¿Donde los que pa-
ga an dignamen e los se icios de los g an-
des médicos, abogados, in en o es, e c?
Apesa de se odo eso no o io, aún hay
quien dice que pa a la pin u a y la escul u-
a es la opulencia necesa ia; sin emba go, es
bien e iden e ya que el público oma la pa e
más conside able en su emune acion. Sin
duda que hay pocas pe sonas que puedan
comp a las g andes ob as, pe o casi o-
dos podemos comp a sus ep oducciones
po el g abado, la li og a ía ó la o og a ía,
y esa publicidad puede p opo ciona mayo
emune acion que la en a de los o iginales.
En cuan o á es a en a, se ía más en ajoso
pa a odos, c eemos, que se hicie a á los es-
ablecimien os públicos, como á los museos
(que pod ian se más nume osos), mejo que
á pa icula es opulen os, que apénas los go-
zan, y que no siemp e pe mi en que los go-
cen ó es udien los demas.
Aún quedan celeb idades cien í icas edu-
cidas á la libe alidad de la muni icencia, co-
mo son las e ibuidas po el Es ado. Pues
bien : apesa de se el Es ado, mucho más
opulen o que los demas p o ec o es de la
ciencia y del a e, sus p o egidos es án léjos,
y mucho, de se an gene osamen e e ibui-
122
dos como los p o egidos po el público. ¡Cuán-
os p o eso es á quienes paga el Es ado sólo
algunos miles, no gana ian cien os de miles
si cada discípulo les paga a los se icios que
ecibe! No se acudi ia á oi las, si las leccio-
nes no ue an g a ui as (1). ¡A gumen o de
p o eccionis as, siemp e dispues os á de en-
de el abuso y el monopolio! P e ende que
pa a se abogado, médico, ísico, químico,
ma emá ico, ilóso o ó li e a o, y áun sin eso,
pa a adqui i esos conocimien os gene ales,
po los cuales odo el mundo se in e esa, no
se paga la, es mos a á nues o juicio una
singula descon ianza del sen ido comun, y
muy pequeña es imacion po las en ajas
del es udio; es ol ida que un simple pasan e
pagado po los discípulos, gana más que un
p o eso pagado po el Es ado. Téngase en
cuen a, sob e odo, que nos amos e i iendo
á una economía social en la cual, po lo mé-
nos, disminuye a conside ablemen e la
des-
igualdad
de o unas.
En la p ác ica, no puede habe cues ion
sob e la igualdad absolu a, ni se a a siquie-
a de consegui ninguna especie de igualdad,
po que es sabido po cie nas que no se conse-
gui ia; se a a sólo de consegui la libe ad
que nos pe mi a ap oxima nos á ella en
■•••■••••■•••pacawom

0) No que emos
e e i nos á la p ime a enseñanza,
pues ésa c eemos, po el con a io, que debe se g a",
ui a
y
di undi se más
y
más,
y
siemp e más.
123
cuan o posible sea,
y
esa libe ad pod emos
ob ene la cuando se quie a se iamen e ó de
e as. La ciencia, que puede halla en la
igualdad absolu a un ideal inaccesible, al
cual nos ap oxime el p og eso más y más,
no puede deci has a dónde se puede llega
sin consegui la, ni medi ampoco la apidez
de la ma cha que haya de segui se; pe o pue-
de anquiliza á la ez, así á los que ho o-
iza sin azon, como á los que la aman con
pasion. Apénas se comp ende una sociedad
sin supe io idades indi iduales; pe o cuan-
do p oceden del desa ollo lib e
y na u al de
las cosas, no hie en á nadie, y muchas eces
indican la ma cha que odos deban adop a ,
como a os colocados sob e el camino que se
ha de eco e . No sucede eso con las supe-
io idades ac icias de cas as, de condicio-
nes, de nacimien o, de opinion, e c.; és as,
dígase cuan o se quie a, las condena la
a-
zon; es cie o que se las con unde muchas
eces con las o as, de donde esul a hacia
ellas una bene olencia inme ecida, ó, po el
con a io, una male olencia más inme ecida
aún hacia las o as; pe o si és as no exis ie-
an, aquéllas no es a ian expues as á los
e o es de la ambicion, 6, po lo ménos, no
lo es a ian an o; se ian más espe adas
y
más espe ables, pues o que se ca ece ia de
la en acion de con undi las con las supe io-
idades ac icias, en idiadas con demasiada
ecuencia.
124
ECHOS CONFORMES Á
H

LAS LEYES NATURALES
DE LA PROSPERIDAD.
1. J. B. Say, en el capí ulo 5.° de la e ce a
pa e de su cu so comple o de economía polí i-
ca, pone la cues ion siguien e: Componiéndose
la iqueza del alo de las cosas que se po-
seen, ¿cómo sucede que una nacion sea an o
más ica cuan o las cosas se hallen á
más
bajo p ecio?
Pa ece que
J. B. Say no ha sa is echo de
una mane a sa is ac o ia á esa p egun a,
pues o que has a aho a no se la conside a
esuel a cien í icamen e: el hecho es que no
la ha con es ado de una mane a cla a y p e-
cisa. Sin emba go, el sen ido de su espues a
ha sido acep ado
po odos los economis as;
po consiguien e, no al a sino la o ma. ¡Cosa
ex aña! J.
B.
Say es, á nues o juicio, uno
de los espí i us más p o undos, más concien-
zudos, más juiciosos y más me ódicos que
se hayan ocupado de economía polí ica; y si
el
no ha podido halla en su ciencia, que e a
as ísima, en su expe iencia pe sonal, en i-
quecida po un concu so a o de acon eci-
mien os, y en su a e de esc ibi ,
an comple-
o como es posible, exp esiones pa a pone
en cla o
su
pensamien o, an e sí mismo
y
an e odos, c eemos e osímil que, á
su pe-
131
medios de adqui i los. La sociedad se p es-
a á ácilmen e á consumi ese exceso de
igo, pues o que es pa a ella un aumen o de
bienes a , y que no odos sus miemb os con-
sumen lo necesa io; pe o pa a que se p es e
á gas a 1.480 s. más, es p eciso que sus e-
cu sos hayan aumen ado ambien. Re lexio-
nemos sob e es o.
Esos 1.480 s. se descomponen en 1.200
de más gas os pa a la p oduccion nue a,
mayo que la an e io , como mani ies a el
cuad o, y en 280 de nue a ganancia pa a el
p oduc o . La p ime a de esas dos can ida-
des co esponde á un abajo que no exis-
ia; po consiguien e, se aduce en nue os
ecu sos pa a los abajado es; la segunda,
po su pa e, cons i uye aumen o de ecu -
sos ambien pa a el ag icul o , que deman-
da á necesa iamen e un nue o abajo, cual-
quie a que sea, y ocasiona á á su ez nue os
ecu sos. Es a úl ima consecuencia, como
lo hemos dicho ya, iene luga , áun cuan-
do nues o ag icul o economice sus 280 s.,
pues o que lo que él economice ha de se
necesa iamen e, como ambien hemos hecho
e ya, consumido po o os. Si pues, pa a
los abajado es, á quienes co esponde la
p ime a can idad, y pa a los que haga a-
baja el ag icul o ó cualquie a o o en su
luga , po medio de la segunda, ue a odo be-
ne icio ne o, y quisie an emplea lo unos y
o os en el consumo de los 1.480 s. de igo,
cuya colocacioa-bu.scamos, la cues ion que-
•

132
Ba ia esuel a, pues o que esas sumas que
eciben no son o a cosa que el alo de ese
igo. Pe o esas can idades no cons i uyen
un bene icio ne o pa a ellos, ya que su nue-
o abajo supone consumos di e en es que
no consis en en igo; sin emba go, ésa no
es una di icul ad in encible; en e ec o, los
consumos que implica ese nue o abajo su-
ponen una nue a p oduccion, po consiguien-
e, nue os ecu sos, y p opagándose- el enó-
meno inde inidamen e, es imposible que en la
masa de abajado es á quienes a o ece
no
se
encuen en consumido es pa a nues os
1.480 s. de igo, dando luga cada as-
mision de abajo á nue os ecu sos. Es e e-
sul ado es an o más ácil de comp ende ,
cuan o que pa alelamen e á es e enómeno
de p opagacion del abajo y de los ecu sos,
se cumple o o semejan e, que esul a de los
ecu sos que deja disponibles la baja del
a-
lo
del igo en odos los consumido es que
no los emplean en aumen a su consumo de
igo. En esúmen, el enómeno del aumen o
de iqueza se explica po un aumen o
de
abajo
y de p oduccion, que se hace pe cibi
casi po odas pa es, pues o que pa e am-
bien de casi odos,
lo
cual es an o
más
de
desea , cuan o a o ece
más
pa icula men-
e á los asala iados,
ya que
a o ece el a-
bajo.
O a objecion: el aumen o de la p oduccion
ag ícola depende de o o ela i o en la
p o-
duccion
manu ac u e a ó
!pe can a, como
133
és e de aquél, y ambos deben cumpli se
si-
mul áneamen e
ó poco ménos. ?,No pa ece
que gi amos en un ci culo icioso? El c édi o
bas a ia pa a explica esos dos aumen os si-
mul áneos ó ecíp ocos, po que nues o ag i-
cul o pod ía pedi á c édi o los 1.480 s. en
me cancías cualesquie a, que su nue a p o-
duccion le pe mi i ia consumi ; y de es e
modo, los dos aumen os de la p oduccion apa-
ece ian simul áneos; pe o sin el c édi o, po
lo ménos sin el c édi o o dina io, los ade-
lan os co ien es, que los emp endedo es ha-
cen á la p oduccion, los explica ían sa is ac-
o iamen e. En e ec o, en oda sociedad que
p og esa, cada p oduc o se es ue za en p o-
duci más, y gene almen e lo consigue; y,
e i icándose eso en odas las indus ias que
p og esan, en odas aquellas donde se p opa-
gan los enómenos de aumen o de iqueza, de
los cuales hemos p esen ado un ejemplo, la
simul aneidad de los aumen os de la p oduc-
cion, necesa ios los unos á los o os, pa a
que el aumen o de la iqueza pública sea un
hecho, se cumple po sí misma, sin demandas
p e ias de los consumido es,
y
sin hace
uso
del c édi o, á no se que se quie a da ese
nomb e á lo que de o dina io se llama así,
es o es, á los adelan os que hacen los emp en-
dedo es.
Aun cuando nues o p oduc o de igo,
p oduciendo á ménos cos o, no ob u ie a ma-
yo can idad de igo, no po eso deja á, de
aumen a la iqueza pública, pues o
que el
134
aumen o de los ecu sos, debido á la baja
del
igo, en e sus consumido es, ha de se
se-
guido
necesa iamen e de un aumen o
de
o as demandas; y po consiguien e, de
un
aumen o de p oduccion, cuyo alo excede ia
en mucho el de la baja del igo, po que Ba ia,
luga á ecip ocidades, que muy bien pudie-
an
no
p oduci se al inicia se el enómeno.
Los adelan os que los p oduc o es hacen
á la p oduccion, p o ienen ealmen e de las
demandas que esul an del aumen o de la i-
queza pública. Es e hecho nos pa ece emi-
nen emen e cu ioso; pe o no siemp e se
cumple sin iesgo. En e ec o, esos adelan os
pueden se excesi os, y en ónces hay am-
bien exceso de p oduccion y c isis. Jamas
se ian excesi os los adelan os, si p opo cio-
nalmen e ienen luga en la gene alidad de la
p oduccion; pe o es muy di ícil siemp e, y ab-
solu amen e imposible, cuando acon ecimien-
os inespe ados ienen á desconce a las
p e isiones del p oduc o , como sucede mu-
chas eces en la ag icul u a, en cuyos casos
esul a que p oduce demasiado ó demasiado
poco (1); de sue e que la economía de la so-
(1)
Suele sucede que en los a ios de abundancia ex-
cepcional se gane en ag icul u a ménos que en o os
de
escasez,
y
áun que algunos ag icul o es pie dan. Cuan-
do es o úl imo sucede, á causa de la abundancia, se
puede deci que la ag icul u a ha p oducido demasiado,
pues o que la p oduccion debe sa is ace
á la ez á los
p oduc o es
y á
los consumido es.
135
ciedad es, en ales casos, p o undamen epe -
u bada. Con es e mo i o nos pa ece debe
obse a que nadie se halla en an buenas
condiciones como el p oduc o pa a p e e
los acon ecimien os que pueden desconce a
sus p e isiones, ó pa a a enua sus e ec os,
cuando no haya podido p e e los: oda in-
e encion de la au o idad pa a impone le e-
soluciones en p e ision ó en p esencia de se-
mejan es acon ecimien os, no puede deja de
pa aliza sus medios, aumen ando un mal a -
bi a io al ine i able que esul a siemp e de
la up u a del equilib io o dina io en e la
o e a y la demanda. La conside acion de que
el p oduc o p ocede en odo casa en a mo-
nía con su in e es indi idual, no debe ex-
a ia á nadie; el consumido p ocede de
igual modo, y la concu encia uni e sal acu-
de en odo caso pa a co egi los excesos
del in e es p i ado.
La segunda pa e de la cues ion de Say,
decía: el aumen o de la iqueza pública se á
an o mayo cuan o mayo sea la baja del
alo de los p oduc os; la esolucion de es a
pa e se e con cla idad, y en el sen ido a i -
ma i o que le da el au o , en el enómeno de
la p opagacion del abajo, esul ado de los
ecu sos que deja disponibles á los consumi-
do es la baja del igo. Es os, siendo más c e-
cidos cuan o mayo es la baja, demandan
más
p oduccion
á su ez, y po consiguien e
la iqueza pública que esul e se á de mayo
impo ancia. No ol idemos, po úl imo, que
136
es e enómeno a siemp e acompañado de un
aumen o de bienes a gene al, mayo p o-
po cionalmen e que el de iqueza, y an o ma-
y
o á su ez, cuan o la baja es más g ande;
pe o
ad e hiemos ambien que á esa doble
consecuencia an unidas algunas conside a-
ciones que no debemos desp ecia .
3. En nues as sociedades indus iales
(que son las que enemos en mi a), la iqueza
pública puede aumen a sin que bajen los a-
lo es; pe o en semejan e caso, aumen a con
di icul ad, sin en aja sensible, y á eces con
des en aja, es deci , con disminucion del
bienes a social, y
su
aumen o, dado que le
haya, no puede pasa de lími e p eciso
y
has a co o. Aumen a:
1.°
Cuando los p oduc-
o es p oducen más cada uno, pe o no
más
ba a o. En es e caso la iqueza mayo a
acompañada de mayo bienes a , si al se
quie e, bien que adqui ida con mayo pena
y
abajo; es muy a o able á las sociedades
nue as, como lo ué á las p imi i as, que a-
bajan ó abajaban poco, sin pe ecciona el
abajo;
sólo
así han podido p og esa ó p o-
g esan; pe o en las sociedades indus iales,
donde emos p oduc o es que emplean mal
su iempo
y
sus ue zas,
y
emos o os eca -
gados de abajo,
no se puede espe a po
ese medio
un g an p og eso; ademas, és e
hab ia de de ene se o zosamen e en el
limi e
que le ma ca an el iempo
y
las ue zas de
los p oduc o es. 2.° Cuando sin p oduci
más
ni ménos cada uno, se aumen a
el núme o
de

137
abajado es; en es e caso, el aumen o de i-
queza puede i ó no acompañado de mejo
es a , segun que el aumen o de p oduc o es
p oceda de una con e sion de ociosos en
abajado es, ó de ac ecimien o de la pobla-
cion; si ue e po es o úl imo, la pa e de
cada uno end. ia á se la misma que án es,
y el bienes a en nada hab ia aumen ado; si
ue e po lo p ime o, el bienes a hab ia au-
men ado en p opo cion á los con e sos; pe o
es e aumen o opeza ia más ó ménos p on-
o con el mismo lími e del caso an e io .
3.° Cuando p oduciendo ménos cada uno, se
aumen a en los p oduc o es en é minos que
la p oduccion o al sea mayo , como sucede,
po ejemplo, cuando diez p oduc o es que p o-
ducen 100 son eemplazados po 12 que p odu-
cen 108: en es e caso el aumen o de iqueza
se aduce en peo es a , yicie o que no iene
g andes en ajas.
Vemos, pues, que las sociedades indus-
iosas no pueden espe a p og esos e da-
de os, con inuos, inde inidos de iqueza pú-
blica y de bienes a gene al, sino en la baja
de alo es, á medio de la baja de los gas os
de p oduccion, es deci , po medio de la pe -
eccion de los modos de p oduccion; de ahí
p oceden casi odos los p og esos de es os
úl imos iempos. Es e p ocedimien o, sin em-
ba go, implica una condicion, que me ece
a encion de enida.
Hemos demos ado que nues o ag icul-
o no aumen aba la iqueza pública
y el
138
bienes a gene al sino cuando encon aba
consumido es en posicion de comp a le los
1.480 s. que poseia en igo, lo cual cons i-
uía el aumen o, es o es, en an o que los e-
cu sos des inados al consumo del igo no
hubie en aumen ado 1.480 s., cuyo aumen-
o de ecu sos habla de p ocede necesa-
iamen e de o as p oducciones que no ue-
an igo, lo cual duplica la ealmen e el au-
men o de la iqueza pública
y
del bienes a
gene al; pe o si es e úl imo aumen o no pu-
die a e i ica se sin que los p oduc o es que
lo cons i uye an aumen asen de alo , el
e ec o de la baja del igo queda ia neu ali-
zado en pa e ó en o alidad, y has a pod ía
se des en ajoso. En e ec o, ese aumen o de
alo p oduci ia una disminucion de ecu sos
del consumo, seguida de o a de demandas
y
de p oduccion,
y
la, iqueza pública y el bien-
es a gene al, no sólo no aumen a ian, sino
que has a pod ian baja ; así que es condi-
cion esencial pa a que se e i iquen esos p o-
g esos, á medio de la baja de los gas os de
p oduccion y del alo de un p oduc o, que
la p oduccion nue a que esa baja implica no
sea causa de un alza de los gas os de p oduc-
cion y del alo de uno ú o os muchos p o-
duc os. Es a p oposicion no es más que uis-
mo, como die a Bas ia , pe o c eemos debe
consigna la.
La consecuencia que se deduce de cuan o
acabamos de deci es que las indus ias
que no pueden aumen a su p oduccion, sin
139
aumen a el alo de sus p oduc os, se
p es-
an
mal, ó no se p es an, al p og eso de la
iqueza pública y del bienes a gene al. La
manu ac u e a
y
el come cio, que p oducen
gene almen e mejo y más ba a o cuan o
más p oducen, son eminen emen e a o a-
bles al p og eso de la iqueza pública
y
del
bienes a gene al. Cualquie a p og eso que
les pida p oduccion mayo , da ocasion á o o,
á causa de la baja del alo que los pe mi e
hace .
La ag icul u a no es an a o able al des-
a ollo de la iqueza, po que no puede siem-
p e p oduci más inmedia amen e sin au-
men a sus gas os de p oduccion y el alo
de sus p oduc os; sin emba go, ambien a-
o ece ese desa ollo, ya que en o o caso
no p og esa la, é impedi ia has a cie o pun-
o que p og esa an las demas indus ias,
cuyos p oduc os consume en g an pa e.
Eso explica el po qué odo p og eso de la
ag icul u a es inmedia amen e seguido de
o o co espondien e en los lemas p oduc-
os, el cual, po las azones que acabamos
de expone ,
pide o o nue o á la ag icul u-
a. Pe o, desg aciadamen e, no siemp e su-
cede lo mismo: cuando la inicia i a del p o-
g eso nace en las o as indus ias, dado que
la ag icul u a no puede aumen a siemp e
su p oduccion sin aumen a el alo de sus
p oduc os, esul a que el come cio
y
la ma-
nu ac u a ienen que con ene su desa o-
llo, po la len i ud de la ag icul u a en e i-
140
ica el suyo co espondien e. Sin emba go,
lo debemos epe i , la ag icul u a p og esa,
y
po consiguien e, el alo de sus p oduc os
en gene al baja. No odos, es e dad, pues o
que algunos alzan; pe o en su conjun o ba-
jan necesa iamen e, po que á no se así, el
p og eso de la iqueza pública y el del bien-
es a gene al se ia poco ménos que imposi-
ble en las sociedades indus iales.
No puede, pues, admi i se, siguiendo á
Rica dú, que en nues os iempos aumen e
el alo de los p oduc os ag ícolas en p o-
po cion al c ecimien o de la poblacion. Si así
ue a, la mise ia aumen a ia ambien,
y
al
es ado de cosas no pod ia con inua po
mu-
cho
iempo. El alo de algunos p oduc os,
como los animales y su alimen o, ha podido
i á más, po que el abajo y el capi al
em-
pleado
hoy en p oduci los es mayo que
an-
e io men e;
pe o no sucede lo mismo en
los
demas p oduc os, pa icula men e en el i-
go, que es el más p eciso y el de in ini a-
men e mayo impo ancia; y es p eciso
ad-
mi i
ambien que, en su conjun o, la ag i-
cul u a ha disminuido sensiblemen e
sus
gas os de p oduccíon; á no se po eso, lo e-
pe i emos cien eces, la iqueza no hab ia
podido aumen a en la p opo cion que
ha
aumen ado; i ia po el con a io á ménos, y
la poblacion hab ia seguido la misma ma -
cha. Lo que ha con ibuido á que algunos se
o ja an
ilusiones á es e espec o
es: 1.°que
los me ales p eciosos de que se compone la
147
sin es upo á esos homb es, que han podido
dispone de la libe ad, de la p opiedad y de
la ida de an os milla es de semejan es su-
yos, sin la meno esponsabilidad, absolu a-
men e como noso os disponemos de nues-
os muebles, de nues os animales domés-
icos; y eso con pe ec a anquilidad: de es-
pí i u, sin i esolucion, sin esc úpulo, sin
emo dimien os, sin o a inquie ud que la de
su p opia sa is accion ó de su glo ia pe so-
nal; y odo ¡cosa más admi able oda ía! en
la con iccion más since a, si al se quie e,
y más p o unda de que, si alguno a a a si-
quie a de hace les la meno oposicion, no
pndia se sino un c iminal me ecedo del pa-
libulo. Un hecho an p odigioso, no sólo nos
hace c ee que exis ía una noche eneb osa
las conciencias, ela i amen e á las leyes
na u ales de la jus icia, sino que al mismo
iempo se habia conseguido lle a á ellas
una luz a i icial y men i osa, que las des-
lumb aba en la oscu idad, p oduciendo las
ilusiones que dejamos indicado. Que cual-
quie a de esos mona cas hubie a a uinado
su pais, saqueado algunos o os, iolen a-
do las c eencias, pe seguido, des e ado y
lle ado al suplicio muchos semejan es suyos,
aunque c iminalísimo odo, no nos so p en-
de; po que, abandonado un homb e á sí mis-
mo, y sob e odo siendo » en, odeado de la
adulacion, con el uso inmode ado de su po-
de , y la ac i ud se il de odos los co esa-
nos, se emb iaga, se co (2) ipe
y
se hace
ea-

148
•
paz de odo lo malo (
1);
pe o que no sólo la
opinion en su iempo, sino ambién que los
his o iado es, y á un muchos homb es que se
dicen polí icos en nues os dias, sos engan
que es u o en su de echo al p ocede así, y
que haya sido jus o al hace lo, hé ahí lo que
nos con unde, nos humilla y nos en is ece
p o undamen e.
Pues bien: echemos una mi ada á nues o
ededo . ¿Ha caducado la eo ía mo al y po-
li ica de aquellas mona quías? ¿No exis e
aún en el seno de las adminis aciones poli-
icas de nues os dias, más ó ménos cons i-
ucionales, u ine as y absolu as, en las cua-
les los p incipios de libe ad y (le esponsa-
bilidad son an mal comp endidos, que odo
se p ac ica como si no pudie an exis i si-
mul áneamen e en una misma pe sona, co-
mo si no debie an se lib es más que los que
(1) Se dice que sólo los sobe anos son capaces de se-
mejan e emb iaguez; sin emba ga, lo que emos es que
odas las e oluciones p oducen homb es que se dejan
domina po las mismas pasiones. y
áun
es jus o deci ,
en de ensa de los sobe anos, que es án ménos expues os
que aquéllos, po que en e odo lo que más puede in lui
pa a co ompe el ca ác e del homb e, el ápido cambio
de condicion es lo más pode oso.
A
esa in luencia es de-
bida la escasa epu acion que alcanzan gene almen e los
que con co os p incipios se ele an á, g andes elicida-
des. Po lo (lemas, la endencia al despo ismo la halla-
mos po odas pa es, así en la ida p i ada como en la
pública.
149
no son esponsables, y ice e sa? Y no ea
po que las sociedades de nues os iempos
desdeñen la jus icia; po el con a io, nada
desean con an a ehemencia como el que
enga á p esidi su economía; pe o no cono-
cen aún lo sn icien e sus leyes na u ales; y
lo que es oda ía peo , c een la exis encia
de o as leyes, que son con ecuencia su ne-
gacion ; así que e nos odos los dias que
cuan o más impo an al ó den social los ac-
os de un unciona io público, meno es su
esponsabilidad eal, cuando e a odo lo con-
a io lo que debie a sucede ; como emos
igualmen e que la esponsabilidad de los un-
ciona ios aumen a en azon di ec a de la
modes ia de sus unciones, sin que po eso,
sin emba go, esos unciona ios más subal-
e nos sean su icien emen e esponsables.
Pe o en compensacion á odo ello, el que no
es unciona io es ue a de medida esponsa-
ble, al mismo iempo que no es bas an e-
men e lib e.
Si el espec áculo de una sociedad dónde
se desconocen las leyes na u ales de la jus-
icia es a lic i o pa a un mo alis a, lo es con
mayo especialidad cuando se a a de los
hechos que concie nen á lo que se llama
Po-
de es
judicial y legisla i o.
No habla emos de
ellos como legis as; no posee nos í ulos pa a
ello; pe o el pun o de is a bajo el cual dis-
cu i emos, no exige los conocimien os espe-
ciales del ju isconsul o ni del abogado; de lo
cual pod á con ence se ácilmen e cualquie-
150
a, e lexionando que pa a se legislado no
es
indispensable sabe lee ; pe o ampoco
habla emos como a iliados á ningun pa ido,
ni como declamado es sis emá icos domina-
dos po la pasion; se ia excesi a ceguedad
de nues a pa e a aca ins i uciones pode-
osisimas y eminen emen e espe ables en
el
oke o gene al que se p oponen; habla e-
mos sólo como obse ado es cu iosos é im-
pa ciales, como iaje os que oman po si y
sob e sí una mision cien í ica al ex anje o,
pa a su p opia sa is accion, y si es posible,
pa a el p og eso de la humanidad.
Nomb ado po el sobe ano el juez de nues-
os iempos, depende de
él
pa a sus
ascen-
sos
y
pa a cie as dis inciones muy en idia-
das; de sue e que, en de e minados casos,
no dis u a de oda la libe ad que su
an-
cion eclama; ademas, no es á suje o sino a
una esponsabilidad nominal hacia sus
jus
iciables, y ésa no siemp e, po que la ma-
yo pa e de las eces ni áun es á obligado
á
ninguna. No siemp e ha sido así, pues o
que, segun Mon esquieu,
Esp i des loes,
li-
b o 28 , c. 26 , el juez
ha sido esponsable
an e sus jus iciables en o os
iempos;
pe o
hoy, á causa de su i esponsabilidad, emos
muchas eces á los acusados, que no son
aún sino p esun os culpables, ul ajados de
la
mane a
más
i i an e, ya po
los
jueces
que
los
in e ogan,
ya po
los que
los acusan
an e cualquie a juez. És e, pe sonaje bien
educado en gene al, que esc upuliza ia en
sa
151
casa, en las elaciones comunes, al a a
las exigencias más delicadas de la co esía,
apónas se cub e con la oga, cambia comple-
amen e de ca ác e ; e is e su. os o con
ina másda a de se e idad ex emada, y p o-
cu a cuan o puede aleja de si el más peque-
io

de sensibilidad. Y si de al modo
p ocede cuando debe gua da silencio, suce-
de cosa muy di e sa cuando oma la palab a
pa a acusa ó in e oga á su jus iciable.
En ónces ol ida oda medida sis emá ica-
men e, espec o al desg aciado, que se halla
inde enso con a sus a aques: le in i a ia._
men e á no men i , á que se decla e un mal-
ado, un impos o , un bandido, un asesi-
no, e c.; y eso, cuando su jus iciable puede
se inocen e, muy in eg o, esc upuloso é i e-
p ensible. Semejan es a aques al hono que,
segun lo que se llama aún en es e inundo ci-
ilizado las eglas del duelo, sólo se la an
con sang e, ese juez los p odiga incesan e-
men e, bajo odas las o mas, añadiendo
odo la ci cuns ancia ab umado a de su des-
deñosa conmise acion. En cambio exige ha -
cia su pe sona una de e encia que aya en
idola ía; pe o no es hacia ól, dice, pa a quien
la exige; es pa a el ibunal, pa a el sobe a-
no en cuyo nomb e eje ce sus unciones, pa a
la majes ad de la misma jus icia; pe o el e-
sul ado es que él ep esen a odas esas co-
sas augus as, y pa a oma sa is accion de
las o ensas hechas á ellas en su pe sona,
ha á, segun la ocasion, de pa e, de acusa-
152
do y de juez, impond á una pena co eccio-
nal al que, legí imamen e indignado en mu-
chos casos, ha cali icado de cínico, de ebel-
de, ó eo de desaca o.
Po o a pa e, ¿qué signi icado iene ese
ce emonial ex año, melancólico , mohíno,
po deci lo así, en que la jus icia o icial a o-
pa sus ac os? ¿A qué iene ese es ido lúgu-
b e, e dade o dis az, bajo el cual pa ece se
quie e ocul a lo que el juez iene de comun
con la sociedad con empo ánea? ¿Pa a qué
ese ca ác e usu pado de in alibilidad, que
apa en a a ibui se á sí mismo, y conse a -
lo áun con a la e idencia y con a el de e-
cho más sag ado de los jus iciables, como
sucede cuando una amilia eclama la eha-
bili acion de uno de sus miemb os, íc ima
de un e o i epa able? ¡Concepcion singula
del de echo! ¡Se puede mal a a á un ino-
cen e, se le puede condena á mue e, y no
es posible ehabili a su memo ia! ¿Y pa a
qué el C uci ijo en las salas de las audien-
cias? ¿Pa a eco da la condenacion del ino-
cen e? ¿Pa a eco da el p ecep o de Jesus:
no juzgues pa a no se juzgado; ó ese o o
á los esc ibas, que a aban de aped ea la
adúl e a: el que no haya pecado que le a oje
la p ime a pied a? ¿No se ia mejo coloca
en su luga el p ecep o uni e sal de jus icia:
no hagas á o o lo que no debas que e que
se haga con igo; y que el juez no le ol ie a
la espalda, como al C uci ijo, po que en él
sólo debe pensa en el san ua io de la ley,

153
co no único seño de sus acciones allí pa a
se en e amen e esponsable?
Se dice que es p eciso p oduci un e o
saludable en el ánimo de los c iminales.
¡Ilusiones! Los c iminales es án encu idos
has a la impene abilidad con a las ó mu-
las más du as de la jus icia o icial, y no se
consigue con ellas sino ehabili a los sus
p opios ojos. En cuan o á los inocen es, á
quienes deplo ables equi ocaciones, ha o
comunes, exponen á semejan e suplicio, es
deci , en cuan o á esos desg aciados, i,c i -
mas de un celo con ecuencia inconside ado,
á quienes el juez debe la pedi pe don.
nomb e de la sociedad po el mal inme ecido
que se les ha causado, ¿se ha pensado algu-
na ez, po en u a, en las o men as que
han debido le an a en sus almas los ul a-
jes g a ui os del in e oga o io y de la acu-
sacion?
Nos pa ece excusado e e i nos á esas
ci cuns ancias en las cuales se ehusa á los
acusados has a las ga an ías o dina ias del
p ocedimien o, ci cuns ancias en las cuales
se condena y se ejecu a la condena sin e -
dade o juicio. Esos no son ac os de adminis-
acion judicial, sino de cóle a, de abusos de
la ue za, cuya esponsabilidad di ec a y e i-
caz de los agen es de la au o idad an e cada
una de las íc imas ó de sus amilias ha ía
imposibles.
En los ibunales

el juez o ece el
g a e incon enien e, á nues o pa ece , de
154
no se escogido po las pa es, y de p onun-
cia sob e sus con es aciones en nomb e
de
un pode de donde no puede p ocede la e -
dadel a ciencia de la jus icia, como no puede
p ocede la de ísica Ó la de as onomía.
Añade á eso el no se bas an e lib e ni es-
ponsable, lo cual da á sus ac os un ca ác e
has a cie o pun o hos il I las leyes na u a-
les de la jus icia, bien que sus ac os puedan
es a en pe ec o aene klo eon esas mismas
leyes.
Uno de los unciona ios indispensables de
la jus icia
‘
i icial, es el abogado. Su mision es
exac amen e la misma que la de los campeo-
nes que comba ian en o os iempos po
Las pa es, cuando el duelo e a una de las
o mas del p ocedimien o judicial. El a ma
que emplea pa a comba i , la palab a, es-
ponde mejo sin duda alguna que la espada
ó la lanza las necesidades de la jus icia;
pe o se la puede al e a con mayo acilidad
que á esas a mas, y el iun o que po su me-
dio se adquie e no siemp e es más legi imo
quo el que se ob enia, po la espada ó la lan-
za. Es muy sensible siemp e que las pa es
pongan al se icio de sus in e eses la pa-
sion, la hipoc esía, la men i a; pe o has a
cie o pun o podemos c omp ende que lo
hagan, pues o que es c eible que la ceguedad,
muy comun en e ellas en ales ci cuns an-
cias, les ocul e la injus icia de lo que se p o-
pone y la deshon a e gonzosa de los me-
dios que emplean. Pe o que el abogado, al
155
ocupa el luga de ellas an e los ibunales,
se e is a
de aquellas pasiones y cub a su
duplicidad con su ca ác e , no lo podemus
comp ende , ni menos excusa ; así que
odo
el
p es igio que se adhie e á sus unciones,
elizmen e más hon osas en o os casos,
no
puede bo a lo odioso que pa icipan
PIE
és e. Po lo lemas, es p eciso no o ja se ilu-
siones: el abogado no adquie e o o comp o-
miso que el de gana el plei o, ap o echando
pa a ello odos los medios de que pueda di
pone ; el con a o que le une á su clien e no
implica o o debe po su pa e, cuyo com-
p omiso, no sólo no iene po obje o siemp e
la jus icia na u al, sino que muchas eces
cons i uye una e dade a ó inicua conspi a-
cion con a ella. Y hay que obse a ademas
que no pocas eces el abogado se c ee oblí-
gado, pa a jus i ica se an e el ibunal y
q
público, á p o esa la opinion, á mani es a -
la po lo menos, de que la jus icia ca ece do
ca ac é es p ecisos, que se pueden ene A
es e espec o opiniones con a ias sin al a
á la e dad. ¿Has a dónde no pod ía conduci
semejan e opinion al que la oma a po egia
o dina ia de su conduc a?
bágase cuan o se quie a pa a explica e,:1
con adiccion de las unciones del aboga lo
con las leyes na u ales de la jus icia, jamas
se llega á á jus i ica la. En cuan o al casuis-
mo en uso en los ibunales, que consis e en
dis ae al juez de la a encion que debe á lo
esencial del p oceso, é induci lo á e o .
156
Impoco c eemos que se lo pueda jus i ica .
¿Qué se debe pensa , ademas, del uso que
hace el abogado de su g an libe ad de la pa-
la b a , pa a dep imi las pa es á quienes
comba e, y- los que po cualquie a í ulo
in-
w ienen en el asun o en sen ido con a io
al
que él de iende? ¿Qué pensa de esa espe-
Pie
de au opsia que se pe mi e hace del ca-
ác e de ellas, de su ida p i ada, de sus
elaciones, e c., e c.? ¿A qué a den de ideas
mo ales pod íamos pedi la jus i icacion de
iodo eso? Y g acias aún que las íc imas de
ese uso an las imoso sean sólo el blanco de
la maledicencia pu a, pues o que en muchas
ocasiones ienen que su i comen a ios sin
in, o u as in e minables, sob e sus ac os
y sus palab as, hipó esis malé olas sob e
sus in enciones, conje u as é insinuaciones
inju iosas espec o á sus más sec e os
pen-
sa,inien os, y en in, calumnias pe ec amen-
e ca ac e izadas. ¡Y qué! ¡Lo que se p ohibe
en odas pa es, en nomb e de la ci ilidad
más comun, en nomb e de la hones idad, del
pudo , del espe o humano y de las buenas
cos umb es, se pe mi e en los ibunales! ¡Y
odo ello sin mis e io, sin ese a, sin e i-
cencia, y an e un
nume oso concu so! ¡Y
se
hace con g an uido, con
en usiasmo, con
o gullo, y
lo que más con unde nues a a-
zon, en nomb e de la mo al y de la jus icia!
Si eso se con a a como asgo ca ac e ís ico
de, las cos umb es de un pueblo ecien emen-
e conocido, apénas se c ee ia. El hábi o sólo
262
mica, á in de conse a en odos, ó la espe-
anza de mejo a de es ado, ó el emo de
empeo a lo; sin emba go, admi e la con e-
niencia de aumen a la clase media. O lo
uno, ó lo o o, segun noso os: si es necesa-
ia la desigualdad, la clase media no lo es;
son incompa ibles esas dos necesidades. Pa-
a conse a el deseo de dis u a buena sa-
lud, ¿son, po en u a, necesa ias clases de
excesi a obus ez, y clases débiles , en e mi-
zas ó aquí icas? Sabiendo que odo exceso
es con a io á la salud, y que lle a as sí
un padecimien o, una pena, ¿no bas a eso
pa a que, cualquie a que no sea un insen-
sa o ó pe e ido se abs enga de epe i ex-
cesos? Pues lo mismo debe sucede con
os
excesos que pe u ban el bienes a . El
há-
bi o del bienes a es, pues, el
más
pode oso
p ese a i o con a la decadencia; pe o el
hábi o de bienes a mode ado y conquis ado
po
el abajo, iene sólo esa saludable
in-
luencia,
sin mezcla de icios con a ios.
La desigualdad y la mise ia son siemp e
insepa ables; la his o ia nos lo dice. En la
an igüedad, las cas as y la escla i ud cons-
i uian las más odiosas desigualdades , y,
apesa de algunas p eocupaciones clásicas
á
es e espec o, la mise ia e a el pa imonio
de las sociedades an iguas. Has a el Olimpo
la coloca en la mi ología.
Pa a noso os no hay duda alguna en que
la igualdad sea el ideal del espí i u humano,
y
que odas las ue zas espon áneas del
hom-

263
b e ienden á ealiza la. La p ueba es que
la
hallamos en el-p incipio de oda legislacion:
la igualdad de odos an e la ley, ó mejo ,
se-
gun
noso os, la igualdad de la ley pa a
o-
dos.
Has a en los países que econocian las
cas as se ha obse ado ese p incipio, pues o
que pa a cada cas a se habia es ablecido una
sola ley. ¿Y qué signi ica ese p incipio, sino
a necesidad absolu a (pa a que eine la jus-
icia en e los homb es) de supone los á o-
dos iguales, bien que no lo sean en ealidad?
Si
sep escinde de esa necesidad, la ley
es
odiosa: a a de aplica la á la desigualdad,
equi aid ia á, sup imi la, pues o que se ía
p eciso una pa a cada indi iduo, lo cual se-
ía absu do.
O a p ueba: no hay mo al posible sin la
hipó esis de la igualdad absolu a en e odos.
Tal nos lo demues a el único p ecep o de
mo al e dade amen e uni e sal, que eco-
noce: no
hagas á o o,
e c. Es e p incipio su-
pone la homogeneidad más comple a de oda
la especie humana; es deci , la igualdad
ab-
solu a
de odos los homb es; en o o caso,
no
pod ia manda nos que nos pusié amos en
el
luga de aquel sob e el cual a á ecae nues-
a accion pa a sabe si debemos ó no p o-
cede .
Si la igualdad es an necesa ia que sea
p eciso supone su exis encia pa a se jus os
y
mo ales en p incipio, ¿no es na u al con-
clui que la humanidad debe es o za se en
ealiza la pa a se jus a
y
mo al en p incipio
264
y de hecho? No puede pone se en duda que
odos en gene al hagan los mayo es es ue -
zos en ese sen ido; pe o, al mismo iempo,
ampoco puede pone se en duda la ine icacia
de esos es ue zos, sob e odo cuando el aná-
lisis más se e o no ha podido encon a en-
e los homb es una endencia con a ia an
ca ac e izada, an cons an e, an necesa ia.
Muchas eces, es e dad, emos que la indi-
e encia y la pe eza acompañan á la mise ia;
pe o no acompañan más ecuen emen e
aún á la opulencia, que es
más
disipada? La
humanidad no obedece en su conjun o sino
á ue zas gene ales y pe manen es, que no
pueden p ocede sino de necesidades gene-
ales y pe manen es ambien; y como la ne-
cesidad
más
gene al y pe manen e es sin
duda alguna la de su bienes a , y como, po
o a pa e, es a necesidad es gene almen e
an o
más
impe iosa, cuan o más
léjos
se
c ee su sa is accion, y an o ménos, cuan o
se c ee
más
p óxima, es de pensa que las
ue zas que engend a ienden á la igualdad
y
á sus e ec os. La his o ia nos hace e á la
ez esa necesidad ené gica y pe manen e de
la igualdad, y la p og esion siemp e c ecien-
e con que se a adqui iendo po el homb e.
« Dos espí i us con a ios , dice M. Re-
nouend, se ienen dispu ando desde iempos
muy emo os la di eccion del mundo: el uno
haciendo es ue zos pa a conse a y áun
,
p o undiza , las di e encias que di iden
al
géne o humano;
el o o, comba iendopo
265
a enua las, y áun des ui las. La lucha ha
su ido o una a ia; sin emba go, ha sido
sos enida con g an eson, apesa de las ici-
si udes y complicaciones que se le han p e-
sen ado siemp e. Se ha desplegado po am-
bas pa es g an accion, ele ada y baja, he-
oica y coba de, y mucha abnegacion y egois-
mo, y sabidu ía y locu a, y cons ucciones y
uinas, i udes y c ímenes. Ha habido de
odo: hono y e güenza pa a unos y o os,
pa a odos; pe o la ic o ia se ha decla ado
po la buena causa, po la igualdad.»
Du d oi
indus iel,
pa ie I, chap. 6.°
«Si, á pa i del siglo.

dice Alexis de
Tocque ille, se examina lo que ha pasado en
F ancia cada cincuen a años, es ácil obse -
a que se ha e i icado una doble e olucion
en el es ado de la sociedad: que muchos no-
bles han bajado en la escala social, y que
muchos plebeyos, po el con a io, se han
ele ado á la de nobles. Cada medio siglo se
ap oximan más las dos clases, y bien p on o
se con undi án. Y es o no es sólo en F ancia
donde sucede; á cualquie a pa e que di ija-
mos la mi ada, se pe cibe la misma e olu-
cion, y que con inúa en oda la c is iandad.
En odas pa es han sido a o ables á la de-
moc acia los di e sos inciden es de la ida
de los pueblos; odos los homb es han con-
ibuido á ello con sus es ue zos; unos enian
en mi a concu i á que se log a a ese ob-
je o, o os que concu ian sin pensa en ello,
és os que comba ian en su a o , aquéllos
266
que se decla aban sus enemigos, odos han
seguido, en con usion hacia el mismo in, y
odos han abajado en coman: los unos de
buena olun ad, los o os á su pesa , cual
ciegos ins umen os en manos del C eado .
El desa ollo g adual de la igualdad de las
condiciones humanas es un hecho p o iden-
cial, pues o que iene sus p incipales ca a,c-
é es. uni e salidad , du abilidad , sin que
haya pode humano capaz de e i a lo. Todos
los acon ecimien os, como odos los homb es,
con ibuyen á ese desa ollo.»
(De la démo-
c a ie en Ame ique, In oduc ian.)
Mejo que la his o ia quizas, puede de-
mos a se po la ciencia económica el des-
a ollo g adual de la igualdad de condiciones,,
y, sob e odo, la endencia de las ue zas so-
ciales á p oduci lo; no es posible pone eso
en duda cuando se e lexiona con algun de e-
nimien o en el conjun o de los enómenos
que nos p esen a la dis ibucion de la ique-
za. Como el p incipio de la mo al y el de la
legislacion, con el cual se con unde, pues-
o que el undamen o de la jus icia econó-
mica, el de la dis ibucion, supone la igual-
dad de los abajado es;
y
si p esen a de ec-
os en su aplicacion, consis e del mismo
modo en que los abajado es no son en ea-
lidad iguales. Sin emba go, como emune a
menos á los abajado es cuya po encia p o-
duc i a es meno , sin ene en cuen a sus
necesidades, los es imula ené gicamen e á
la igualdad.
267
C eo, dice Bas ia , que la in encible en-
dencia social es la de ap oxima se cons an-
emen e los homb es hacia un ni el comun
ísico, in elec ual y mo al, al mismo iempo
que hacia una ele acion p og esi a
é
inde i-
nida de ese ni el. Y añade en el cap. 3.° de
las a monías: suponiendo que haya exis ido
ese es ado llamado
es ado de na u aleza,
¿po qué se ie de ideas Rousseau y sus adep-
os han llegado á coloca en él la igualdad?
Más a de e emos que es, como la i-
queza, la libe ad, la a e nidad y la u ilidad,
no el pun o de pa ida, sino el in, que su ge
del desa ollo na u al de las sociedades. La
sociedad no se aleja, iende hacia él.
Así, pues, es una necesidad que los hom-
b es se igualen en condiciones pa a que la
mo al y la jus icia se pe eccionen, como
lo es pa a que lleguen en comun á una e da-
de a p ospe idad, y sob e odo pa a que no
pueda alcanza les la más ho o osa mise ia.
¡Pod á c ee se que semejan e necesidad no
sea sino una ilusion! ¡Jamas ha podido soña
el espí i u humano con un ideal que se im-
ponga á la azon con an pode osos mo i os!

DEL LUJO
ERROR DE LA OPINION COMUN RESPECTO AL
LUJO. BAJO EL PUNTO DE VISTA DEL PROGRESO
PURAMENTE MATERIAL, EL TRABAJO DESTINA-
DO AL LUJO SE PUEDE COMPARAR CON EL
DOMÉSTICO.
Es sabido po odos que una g an en a,
po ejemplo, de cua o ó seis millones, puede
se in e ida de di e en es mane as, p odu-
ciendo di e en es esul ados ambien pa a la
sociedad: puede gas a se una pa e y econo-
miza el es o; puede gas a se oda y au-
men a la abajando; puede, en in, gas a se
en o alidad.
La opinion comun llama
a a o,
con cie o
menosp ecio, al que in ie e su en a de la
p ime a mane a; juzga con algo ménos se e-
idad al que la in ie e de la segunda, epu-
ándole sólo como ambicioso; de la e ce a
mane a, po el con a io, se mues a plena-
men e sa is echa la opinion comun. Di emos
á eso que, si no se iene en mi a o a consi-
de acion que la en aja que pueda epo a
la
sociedad de esas di e en es mane as de
270
in e i una o una, la opinion
co nun
se
engaña g ose amen e; po que la úl ima de
esas es mane as es incompa ablemen e
ménos en ajosa pa a la sociedad, áun cuan-
do se suponga que aya acompañada de o-
das las ex e io idades seduc o as de la mag-
ni icencia y de la ca idad.
Reco da nos habe leido en alguna pa e
una in e esan e expe iencia, que iene bien
á nues o ac ual p opósi o. Pasó la cosa—se
decia—en Ingla e a: dos g andes p opie a-
ios colindan es, A y
B,
in e ían sus en-
as en ali ia las clases menes e osas; pe o
al paso que A las in e ía en limosnas con
ex ao dina ia muni icencia,
B
hacía aba-
ja , y sus bene icios se espa cían en sala ios.
Al cabo de ein e años, poco más ó mé-
nos,
A,
léjos de habe mejo ado sus domi-
nios, más bien los ela de e io ados, habien-
do a aído á ellos una masa conside able de
mise ables , cuyas necesidades c ecien es
hacian más impo en e su gene osidad, al
paso que más in enso ambien su pesa po
no pode soco e á odos; al ededo de su
mo ada sólo se os en aba el ho o oso espec-
áculo de la mise ia: ba acas cenagosas,
caland ajos sucios, y, as es o, odos los i-
cios e gonzosos engend ados siemp e en
ales condiciones.
B,
po el con a io, habia
le an ado áb icas, abie o minas, disecado
lagunas, pues o baldíos en cul i o: asíque
en sus dominios, cuyo- alo habia iplicado,
se
habian
ag upado g an núme o de
ecj.$-
271
nos, ac i os e indus iosos, en cuyos hoga-
es apa ecía la pulc i ud y b illaba en odas
sus o mas el bienes a . El con as e en e
A y
B
e a, pues, so p enden e al e mina
los ein e años. Pues bien: A, cuyos bene i-
cios hablan p oducido esul ados an las i-
mosos, disponía de su o una de acue do con
el ideal de 12, opinion comun.
Se dice: el ico que consume odas sus
en as hace abaja . ¿Dónde se ha is o
que el ico económico, que el a a o, si al se
quie e, no haga abaja ? A ménos de en e-
a sus eso os, lo cual no puede hace se ya
po nadie que enga sen ido comun, es de
necesidad emplea los en algun abajo, y
eso
mismo
sucede con las en as economiza-
das, pues o que oda economía ha de se
consumible y consumida, sopena, de no ene
alo , sopena, po consiguien e, de no se
economía. La cues ion es á, pues, en a e i-
gua si odos los abajos emune ados po
los icos deben se igualmen e ap eciados
po la sociedad, eniendo en mi a la dicha
comun de sus miemb os.
Lo que hace que muchos se o jen ilusio-
nes, cuando se a a de los dispendios en
lujo, es el e pasa la moneda de las ma-
nos del ico, donde abunda, á las del aba-
jado , á quien lle a la aleg ía y el bien-
es a . Y es an a esa ilusion, que apónas
se piensa en el abajo que a á emune a ;
pe o es p eciso e si ese abajo es ó no
ú il, po que la sociedad no i e, es ic amen-
272
e hablando, del abajo, sino de lo que el
abajo p oduce.
O a de las ilusiones consis e en c ee
que cuan a más iqueza se des uya an o
más abajo ienen que hace los ope a ios.
Es a ilusion es al, que al sabe que una
cosa se ha es opeado ó al e ado, o o ó pe -
dido po un acciden e cualquie a, suele de-
ci se: ¡Tan o mejo ! ¡Tend án más abajo
los ope a ios! ¡Tan o mejo ! Pues en onces,
pongamos uego á cuan o enemos odos, y
¡cuán o abajo no hab á que desempeña
despues de una hazaña an juiciosa! ¡Cuán
g an ilóso o e a Ne on, pues o que hizo pone
uego á Roma! Todo eso es á muy bien pa a
de e minadas in eligencias; pe o, despues de
semejan es hazañas, ¿con qué se paga á á
los jo nale os? El abajo se paga con la i-
queza, y des ui la iqueza en p o echo del
abajo, equi ale á ma a la gallina que
pone los hue os de o o.
El dueño de una casa al e ada, o a ó
pe dida, no dice jamas ¡Tan o mejo !, po que
sabe pe ec amen e que, si no la eemplaza,
no la goza á, y que pa a eemplaza la debe-
á p i a se de o a cosa equi alen e en a-
lo , pues o que no puede adqui i dos cosas
di e en es con una misma pa e de su habe ;
po consiguien e , si algunos abajado es
gana en con mo i o de aquel acciden e que
p i a de alguna cosa, o os hab án de pe -
de : no hay cosa más cla a.
Si
en ez de un id io, una joya ó
cualquie-
279
medio á la desigualdad, ó la salud po eme-
dio á la en e medad.
En is a de las e lexiones que p eceden,
nos c eemos au o izados pa a a i ma que la
cues ion queda en el mismo es ado que la he-
mos anunciado: cesando, po hipó esis, la
p oduccion des inada al lujo, ¿halla á consu-
mido es la que la eemplace? Ó, en o os é -
minos, ¿,hab á medios de paga la mayo ó
nue a p oduccion no des inada al lujo? Bajo
es e pun o de is a podemos conside a di i-
dida la masa o al de consumido es en cua-
o ca ego ías:
I.' Los que no consumen ningun a iculo
de lujo, y que, apesa de eso, no economizan;
de la cual no pueden espe a se consumido-
es pa a la nue a p oduccion, á ménos que
és a no aumen e los medios de adqui i de los
que componen esa ca ego ía, cosa que no
po-
d ía hace sino p i ándose de una pa e de
su emune acion co espondien e, cuya su-
posicion es inadmisible, pues o que, en las
condiciones ac uales de la p oduccion, no po-
d ia con inua és a en gene al si no ob u ie-
an sus colabo ado es la emune acion que
ob ienen hoy.
2.' Los que no consumen ampoco a ícu-
los de lujo, pe o que economizan. Tampoco
de es a ca ego ía se pueden espe a consu-
mido es de la nue a p oduccion, dado que
han limi ado ya olun a iamen e sus consu-
mos.
3.
a
Los que consumen a ículos de lujo, y

280
al mismo iempo economizan. Algo se pod ia,
espe a de es a ca ego ía, pe o poco, pues o
que los que la componen han limi ado ya o-
lun a iamen e el consumo de las cosas, que
se quisie a aumen a an.
4.
a
Los que consumen a ículos de lujo y
no economizan. Los consumos de lujo de es a
ca ego ía son debidos muchas eces á p e-
ocupaciones que conspi an con a el bienes-
a de los que la componen; y si una necesi-
dad gene al hicie a desapa ece esas p eocu-
paciones sin las ima su anidad, quizá acep-
a ian una economía más nacional; pe o ¿bas-
a ia es a ca ego ía sola, áun añadiéndole al-
gunos miemb os de la an e io , pa a alimen-
a la nue a p oduccion? C eemos que no.
Vemos, pues, que la cues ion de lujo, sen-
cilla á p ime a is a, se complica en la p ác-
ica con o as que llegan has a los unda-
men os de la economía gene al; así que se
cón unde con la de desigualdad de o unas y
de mise ia, y pa a esol e la, es p eciso e-
sol e és as án es. El lujo en e ec o, iene su
azo i de se en la abundancia de una clase,
más ó ménos nume osa; y es a abundancia,
que p oduce la desigualdad de o unas, la
iene á su ez en las mil ci cuns ancias, de
las cuales hemos hablado al a a de las
desigualdades económicas.
En a encion á es os hechos, no es de as i-
a á la cesacion p opiamen e dicha del
lujo,
p
ino á su as o macion, al que conduzca
al
desa ollo de las
ue zasp oduc i as
de
o-
281*
dos. Si se emplea a una pa e en ins ui sa-
namen e al pueblo, de sue e que no nacie a
en él ese desp ecio po las ocupaciones mo-
des as
)
como sucede aún hoy, que la ins uc-
cion es el
p iN Regio de un pequeño núme o,
w
se da ia un g andísimo paso hacia la ique-
za, la paz y la dicha gene al, es o es, hacia
la mejo economía posible.
P ocediendo así, cie o que se pod ia, sin
pelig o alguno, consag a una buena pa e
de esas ue zas al desa ollo del abajo,
ag ícola sob e odo, que deja mucho que de-
sea . La sociedad anhela an o mejo as de
ese géne o, que puede ecibi las en g an es-
cala sin al e a sensiblemen e los a eglos que
de e mina, bajo el impe io de un es ado de
cosas ménos lisonje o siemp e po necesi-
dad que aquel á que aspi a sin cesa . En o-
do caso, las mejo as que se ob u ie an desde
luégo en su economía, consis iendo sólo en
una an icipacion de las que deben esul a de
sus p og esos o dina ios
„
no causa ían as-
o no alguno que no ue a sensiblemen e
bene icioso.
Semejan e aplicacion de los ecu sos del
lujo ha sido comp endida ya po muchas pe -
sonas opulen as en F ancia, en Ingla e a y
en o os paises; así que se hallan algunas
coma cas que deben Dda la p ospe idad que
gozan á la gene osa y ecunda inicia i a de
esaspe sonas. La in oduccion del cul i o de
la pa a a en Eu opa es debida á una inicia i-
a de ese mismo géne o; al es la única ma-
;
28.2
ne a de p o ege con enien emen e
las in-
dus ias.
Desg aciadamen e, es a ape ecible
aplicacion del lujo no ha encon ado aún bas-
an es imi ado es.
:•
•
•
•
F.

4 .
. ♦1:
DE LA PROPIEDAD
La p opiedad, el nomb e lo indica, es la
cosa p opia de cada uno. La p ime a p opie-
dad de cada uno es la de su pe sona
y
sus a-
cul ades, ó sea la po encia pa a hace alguna.
cosa. Bajo es e pun o de is a se con unde la
p opiedad con la libe ad, y áun pod íamos
añadi que se con unde bajo cualquie o o,
po que el de echo de p opiedad no iene á
se o a cosa de hecho pa a el p opie a io
sino la libe ad exclusi a de usa de su cosa;
es, pues, posi i amen e una libe ad pa icu-
la , exclusi a, así como la libe ad es una
p opiedad comun á odos. La palab a p o -
piedad implica, es cie o, una cosa que no es
la pe sona ni las acul ades del p opie a io;
pe o la de libe ad ¿no ca ece la de signi i-
caciOn si no implicase ambien una cosa se-
mejan e? ¿Qué end ia á se la libe ad de
espi a sin la a mós e a, de e sin la luz,
de ci cula sin las ías de comunicacion, de
abaja sin la ma e ia labo able? No hay que
da le uel as, no hay o a di e encia unda-
284
men al en e la libe ad y la p opiedad, sin6
que la libe ad no es o a cosa, en úl imo
é mino, sino el
de echo comun, y
la p opie-
dad el
de echo pa icula
ó
exclusi o.
De don-
de su ge na u almen e la cues ion siguien e:
Pe o siendo eso así, se
DOS
di á, ¿po qué
el de echo comun se con ie e en exclusi o
en algunos casos? ¿Po qué en esos casos se
con ie e la libe ad en p opiedad? Po que no
puede se de o o modo; po que así la libe -
ad como la p opiedad, es á de e minada po
la na u aleza de las acul ades, po las ci -
cun ancias del medio en que se eje cen, y
po el in que nos p opone nos al eje ce las;
de sue e que, si la p opiedad es de e minada
en e limi es más es echos que la libe ad,
consis e en que las ci cuns ancias de su de-
e minacion no pe mi en o a cosa. Todos
podemos usa de la a mós e a pa a espi a ,
de la luz sola pa a e , de las ías de comu-
nicacion pa a ci cula , del ma pa a na e-
ga , e c. De odas esas cosas puede se i se
odo el mundo, y el de echo comun de usa -
las cons i uye, segun noso os, la libe ad;
pe o odo el mundo no puede usa de un ali-
men o pa a. pode i i , de un es ido pa a
ab iga se, de una casa pa a habi ua la, de
una máquina pa a abaja , de un campo
pa a cul i a lo, e c.; po consiguien e, seme-
jan e clase de cosas deben ese a sepa a
el uso exclusi o de alguno, deben se ap o-
piádas, y el de echo exclusi o de usa las
cons i uye su p opiedad. Loque al usa lo

285
queda des uido, no puede pe enece sino á
uno solo, po que en es e caso, el que lo usa a
a ópella ia el de echo comun; y pa a ) espe-
a es e de echo, se ia p eciso p ohibi á o-
dos el usa lo, lo cual se ía un absu do. Los
alimen os se hallan esencialmen e en ese
caso, y cla o es que, si se p ohibie an pa a
odos,
equi ald ia
la p ohibicion á una sen-
encia de mue e gene al. La p opiedad es,
pues, an o ó más necesa ia pa a la ida co-
mo la libe ad. Los es idos es án casi en el
mismo caso que los alimen os; y o o an-
o se puede deci de las casas, las máquinas
y de la ie a, po más que o a cosa se diga.
La p opiedad iene la misma azon de se en
odos los casos á que se aplica, á ménos que
p oceda de algun p i ilegio, en cuyo caso es
sólo ac icia, con a ia al de echo comun, á
la libe ad y, po consiguien e, á la jus icia.
Pe o: ¿á quién deben pe enece las cosas
que no pueden pe enece á odos, ó lo que es
lo mismo, que no pe enecen al comun? Hé
ahí la g an cues ion que p omue e el de e-
cho de p opiedad; cues ion que no da luga á
duda alguna cuando se a a de las cosas
p oducidas, de la iqueza p oducida, pues o
que és as se a ibuyen po asen imien o ge-
ne al á los que las p oducen ó concu en á
su p oduccion. En e és os, los unos suelen
se emp esa ios, o os capi alis as,
y
los
más, en gene al, asala iados; y debido á los
con enios que es ipulan áci a ó exp esa-
men e odos ellos, el p oduc o pe enece,
286
desde luégo, á los p ime os has a que pasa
á o as manos po medio del cambio, la
do-
nacion ó la he encia. En es e caso, e iden e-
men e, el de echo de p opiedad se ha unda-
do en el abajo, y bajo ese pun o de is a,
podemos deci ya que las cosas que no pe -
enecen á odos, pe enecen á aquellos que,
ya po su abajo, ya en i ud de los con e-
nios á que se p es a el abajo, las han p o-
is o de las calidades que es imulan á su
ap opiacion, las calidades que cons i uyen su
iqueza. Es e de echo no es, pues, en al
caso, sino como una ex ension de la pe so-
nalidad del p oduc o ó p oduc o es á las co-
sas ex e io es; modi icadas po el uso de las
acul ades pe sonales, pa icipan, has a cie -
o pun o, de la na u aleza de la pe sona y de
sus acul ades, y se con ie en, po lo mis-
mo , en una p opiedad po el mismo i ulo
que la de la pe sona y la de las acul ades;
y
debemos no a que no se las ap opia única-
men e pa a dis u a las modi icaciones que
se les ha hecho ecibi ; y, como esas modi ica-
ciones son ob a del p oduc o exclusi amen-
e, y
j
el p oduc o no
las goza la, ó no goza-
ia de su alo , sin la p opiedad de las cosas
modi icadas, deben pe enece le exclusi a-
men e, ya que de o o
‘
modo no las modi ica ía.
Pe o ese de echo de p opiedad undado
en el abajo, que domina e iden emen e la
p oduccion y la dis ibucion de la iqueza,
que es po lo mismo una de sus leyes na u-
ales, Aes uni e sal? ¿No exis en ademas uno
287
ó muchos de echos de p opiedad á más de
ése? Vemos, en e ec o, que se a ibuye la p o-
piedad p escindiendo de ese p incipio; pe o
nadie pod á sos ene que ales a ibuciones
se hallen undadas en un e dade o de echo,
en una ley na u al; y como las más de las
eces se al a en ellas al de echo undado
.
so-
b eel abajo, podemos deci , sin emo de
equi oca nos, que ese de echo es uni e sal,
único, y que cualquie a o o p e endido de-
echo de p opiedad, no es sino un p e ex o
pa a con isca la p opiedad. Ademas, lo que
gene almen e nos ap opiamos es la iqueza,
y és a, gene almen e ambien, p ocede del
abajo.
Se dice que el de echo de p opiedad no ie-
ne nada de absolu o, pues o que es el esul a-
do de una con encion consag ada, cuando
no cons i uida po la ley posi i a, cuya con-
encion puede cambia al compas que la ley.
Si se llama con encion al consen imien o de
odos en la ap opiacion po el 'p oduc o de
los cosas que ha modi icado, no end emos
incon enien e en concede que así pueda se ;
pe o si se p e ende que ese consen imien o
es a bi a io, au o izado sólo po la ley posi-
i a, que le ha econocido y consag ado, p o-
es amos con oda la ene gía de que somos
capaces, en nomb e de los hechos, en nom-
b e de la ley na u al, que se halla po enci-
ma de la posi i a. Hemos demos ado más
a iba la necesidad na u al, é ineludible po
lo mismo, de ap opia nos cie as cosas, como
288
los alimen os, dijimos; po consiguien e, el
que no es p opie a io del pan, con el cual se
es á alimen ando, no iene de echo pa a ello,
ca ece del p ime elemen o de ida, no puede
i i . ¿Es la ley posi i a, po en u a , la
c eado a de esa necesidad? Cie amen e que
no. En cuan o al consen imien o de odo el
mundo, espec o á la ap opiacion del alimen-
o pa a i i , es exac amen e de la misma
na u aleza que el que supone cualquie a o o
ac o ex e io de la ida en el seno de la so-
ciedad: odo el mundo consien e que o os
abajen, que ci culen, y en odos los denlas
enómenos de la ac i idad social; ni se ía po-
sible la sociedad en o o caso. Po necesida-
des de la misma na u aleza, bien que impe-
iosas en dis in o g ado, se explica la ap o-
piacion de las cosas que no son alimen os,
cuya ap opiacion lle a en sí el consen imien-
o de odos, po el mismo í ulo que _le lle a el
concedido á los alimen os.
Si la ley posi i a c ea a la p opiedad, p(-.
d ia des ui la- ambien; pe o en ónces las
palab as
p i ilegio, abuso de au o idad, co s-
eacion,
e c.,
¿qué signi icacion end ían? Nin-
guna; no nos ha ian al a. Jamas ha al ado
á la ley posi i a la p esuncion y p e ension á
de echos ilimi ados,
y
ha o sabe nos odos
el cúmulo y la g a edad de los con lic os á
que esa p e ension ha conducido á las socie-
dades; sin emba go, pode osa ázon debie a
encon a , si la busca a , pa a no mos a se
an
,
p esun uosa—la conside acion de que no
295
las Indias occiden ales, como p e endió ha-
ce se con la conocida bula del papa Alejan-
d o VI, despues del descub imien o de las
Amé icas.
Ve dad es que no odas las ap opiaciones
implican igual can idad de ma e ia, ni és a
es an necesa ia pa a odas. El abajo ag í-
cola, po ejemplo, implica la ap opiacion de
mayo can idad de ma e ia que el del
mi-
ne o,
el pin o , el escul o , e c., e c.; sin em-
ba go, el p incipio es el mismo siemp e, y
an absolu o pa a el abajo ag ícola
como
pa a odos los demas; es deci , que si el ag i-
cul o no debe adqui i la p opiedad del eje -
cicio de sus acul ades sin ap opia se la ie-
a, ampoco el escul o puede ap opia se
sus ob as si no se debe ap opia el má mol
ó la a cilla pa a modi ica los.
Con end emos , apesa de odo, en
que
esa necesidad, espec o á la ag icul u a, ie-
ne algo que pa ece exo bi an e á p ime a
is a, en cuyo algo se encuen a, segun al-
gunos, semejanza con el p i ilegio; pe o exa-
minando a en amen e las condiciones en que
se encuen a esa p opiedad, se iene luégo
en conocimien o de que no apa ece en ella ni
siquie a la somb a del p i ilegio en la e da-
de a acepcion de la palab a. En e ec o, el in-
e es que p oduce la ie a á odos los que
han pagado su alo es muy in e io al que
p oduce la p opiedad mobilia ia, y ademas,
es á mucho más mo i icada que és a po
la
a bi a iedad de la egiamen acion que so-

296
b e ella pesa. En cuan o á la ap opiacion p i-
mi i a de la ie a, á juzga po lo que pasa
á la is a de odos, ampoco se la puede con-
side a como un p i ilegio, pues o que en
Amé ica se o ecen ie as de la mejo cali-
dad y en excelen es climas sin más g a á-
men que el de su bene icio, y sin emba go,
son muy pocos los que se p esen an á pedi -
las. Lo cie o sob e el pa icula , á nues o
juicio, es que las eclamaciones y quejas que
se ienen p oduciendo, inconscien es en su
may o núme o, con a la p opiedad e i o-
ial, son debidas á que se le da, á sabiendas
quizas de que hoy no es así, un o igen exclu-
si amen e eudal, que es con a io e iden e-
men e al p incipio uni e sal de la p opiedad;
son debidas á la cons i ucion i ánica que
aquel égimen les die a; son debidas á las
se idumb es que ins i uía; son debidas á
las odiosisimas ei indicaciones que
p esc i-
bia. Pe o ese icio o iginal, que se ha conse -
ado has a iempos no emo os, y del cual,
eciso es con esa lo, quedan algunos es i-
gios áun en los países más ci ilizados, des-
apa ece cada dia con más ue za, bajo el im-
pe io de los hechos económicos dominados
po el p incipio uni e sal de la p opiedad, y
puede p e e se ya que no a da á en pasa
en su o alidad á manos de los que la cul i-
an, y
en ónces
se á an o manos p i ilegia-
da, cuan o el p ecio de la ie a iende cada
dia más y más á se el equi alen e de loque
cues a pone la en p oduccion.
297
Po úl imo, la p opiedad e i o ial ha
apa ecido en odas pa es mucho án es que
su
legislacion co espondien e, lo cual p ue-
ba has a la e idencia que no debe su o igen
á la ley posi i a; á no se po esa eliz ci -
cuns ancia, no
hab ia
sido ácil adqui i la;
po que, si las sociedades de pas o es y ca-
zado es, po ejemplo, hubie an enido legis-
lado es á nues a usanza, hab ian consag a-
do po la ley posi i a, sin duda alguna, el
p incipio de la p opiedad comun del suelo,
que cons i uia el undamen o de su o gani-
zacion ó economía; po consiguien e, la p o-
piedad ag ícola po lo ménos se hab ia en-
con ado con obs áculos an sis emá icos y
enaces, que la hab ian hecho imposible; no
debemos c ee , pues, que los haya encon a-
do. No exage amos nada: conocido es el es-
pí i u sis emá icamen e conse ado de oda
legislacion, y no se ía necesa io i muy lé-
jos 'ni emplea ímp obo abajo pa a encon-
a g an copia de ejemplos an pe cep ibles
como deplo ables.
En cuan o á las ex emadas consecuen-
cias que se ha que ido y quie e deduci de la
ap opiacion del suelo, como la p opiedad de
lo que se llama
sub-suelo,
sin lími e de e mi-
nado, no podemos acep a las. La p opiedad
e i o ial no implica sino el uso exclusi o
de las cosas que ga an icen al p opie a io el
esul ado de su abajo p esen e y acumula-
do sob e la ie a. Todo lo que sob epase
esa
ga an ía, se halla ue a de
los
lími es de su
298
p opiedad. Se comp ende pe ec amen e que
la ap opiacion del sub-suelo implique con e-
nios con el p opie a io de la supe icie; pe o
no que la p ime a se subo dine exclusi a-
men e y á cap icho
á
la segunda; lo con a-
io, ni lo admi imos, ni lo comp endemos.
El de echo de p opiedad, ó sea, como he-
mos dicho, la libe ad exclusi a de usa de
lo suyo, implica necesa iamense el de as-
mi i la: 1.° po que la asmision es uno de
los medios de hace uso de lo p opio; 2.° po -
que á no se asi, se ian imposibles la di i-
sion de las ocupaciones, la dis ibucion y el
cambio; lo cual sepul a ia á las sociedades
en el sal ajismo pa a no sali de él. Po eso
emos, en e ec o, que, sal o la inopo una
in e mision de la ley posi i a, se eje ce ese
de echo en odas pa es; el cual es de an a
mayo impo ancia, cuan o que, en gene al,
el de p opiedad se a i ma y comp ueba po
el ac a, áci a ó exp esa, e bal ó esc i a,
de
la
asmision,
á
la mane a que se con i ma
y comp ueba en la p oduccion la p opiedad
del emp endedo , po el ac a ó con enio, á-
ci o ó exp eso ambien, con los asala iados
y capi alis as; cuyos con enios ó con a os
son e dade os es imonios de asmisiones
de p opiedad; y cie o que no se pod ía ha-
lla en o a pa e la jus i icacion de lap o-
piedad de los emp endedo es. Y si eso es así
en la p opiedad que de i a inmedia amen e
del abajo, es deci , en los momen osque
no cabe con adeci ese de echo en su o -
299
gen, p eciso es, con mayo azon, que no pase
de o o modo cuando el de echo de p opiedad
p ocede sólo de la asmision: en es e caso,
la jus i icacion de la p opiedad no puede ha-
lla se sino en el con a o de asmision que
la comp ueba,
y
cuando la cosa sob e la cual
ecae es de al na u aleza que pueda du a
más que el p opie a io ó du a siemp e, como
la ie a, no es posible jus i icacion e dade-
a, si se p escinde del ac a de asmision.
Po eso odos los í ulos jus i ica i os de la
p opiedad inmóbil esiden en las ac as d.e
asmision, que p ueban las en as, las do-
naciones ó las he encias.
Es una g an elicidad, una g an en aja
pa a la sociedad, el que los í ulos jus i ica i-
os de la p opiedad esidan en las ac as de
asmision; pues o que, en o o caso, se ía
p eciso busca los en la simple posesion, ó
ecu i al o igen de la p opiedad; y po se-
mejan es medios es a ia siemp e en p oble-
ma su legi imidad. Hé ahí una ci cuns ancia
que c eemos hab á con ibuido en mucho
quizas á que se o ma an algunos la idea de
que la p opiedad e á ins i uida po la ley po-
si i a. Es a, en e ec o, ha eglamen ado con
an a
.
minuciosidad y a bi a iedad las con-
diciones de su asmision, que ha podido da
luga á c ee que sólo ella la c eaba; y an o
más ha dado luga á esa c eencia, cuan o ha
eca gado la asmision con impues os an
no ablemen e injus os, que sal an á p ime a
is a, pues o que no los ha hecho g a i a
300
igualmen e sob e las lemas p opiedades. Sí
el legislado , po un inc eible exceso de p e-
ocupacion, no hubie a c eído que la ley posi-
i a e a la c eado a de la p opiedad e i o-
ial, ¿se hab ia a e ido, so p e ex o de su
asmision, á a ibui una pa e al Es ado?
Se debe igualmen e á que las ac as de as-
mision sean los í ulos jus i ica i os de la
p opiedad el ol ido de los icios o iginales
de la p opiedad nobilia ia en Eu opa. Quié-
anlo ó no los descendien es de los p opie a-
ios eudales, deben el goza con segu idad
en nues a época su pa imonio secula á
que la jus i icacion de odas las p opiedades
eside en las ac as de asmision, las cuales
en nada di ie en las unas de las o as, ni en
el ondo ni en la o ma, enga la p opiedad
del abajo ó p oceda de la con iscacion. Esa
misma ci cuns ancia, las ac as de asmi-
sion, ha p o egido g andemen e las an iguas
p opiedades nobilia ias, adqui idas po i ulo
one oso, y 'pe ec amen e legi imo, con a
audaces ei indicaciones; y hoy p o ege
am-
bien
sin duda alguna las p opiedades de la
misma clase, que jamas han sido asmi i-
das po í ulo one oso, con a aquellas ei in-
dicaciones, an absu das como in e osímiles,
que pod ia suge i su o igen.
Siendo de impo ancia
an conside able
la asmision de la p opiedad, pues o que
con ie e á és a su legi imidad, es necesa io
que se cumpla en las condiciones máspu as
de libe ad y de
es
p
on
sabilidad,pa a que

301
con la p opiedad cons i uyan la jus icia: es o
es desg aciadamen e lo que no se ha com-
p endido jamas bien, y lo que áun aho a se
comp ende bas an e mal. Y de ahi ese lujo
de eglamen acion que se impone á los cam-
bios, bajo odas las o mas que e is en, p o-
duciendo las consecuencias más desas o-
sas, bajo el pun o de is a del de echo de p o-
piedad.
Todo cambio supone la compa acion de
las iquezas que se cambian, es o es, la me-
dida ela i a de esas iquezas, cuya medida
no se ia azonable si no se e i ica a con en-
e a libe ad po pa e de los cambian es, á
sa is accion suya: en o o caso, no puede e-
ne se po legí ima, no debe po lo ménos e-
ne se po al la p opiedad que de e mina,
a i ma y comp ueba; po consiguien e, la e-
glamen acion que pesa sob e esa medida eco-
nómica, cuando no se limi a á ga an iza esa
libe ad, no puede deja de alsea en más ó
ménos el p incipio de p opiedad, lle ando á
uno de los pla illos de la balanza de la jus i-
cia dis ibu i a el peso que pe enece al o o,
po cuyo medio se a ibuye á cie os p oduc-
o es , a an es ó consumido es la p opie
dad que co esponde á o os legí imamen e.
No es más eliz la eglamen acion cuando
hie e la asmision de la p opiedad inmue-
ble, sea po í ulo one oso, g a ui o ó he e-
di a io. La p opiedad, de igual modo que la
iqueza, puede a ec a in ini as o mas; pe o
el de echo de p opiedad no depende de ellas,
302
y siemp e que no se le econoce en oda su
pu eza, se le a aca, se le iola. Los obs ácu-
los que se oponen y las ca gas que pesan
especialmen e á y sob e la asmision de la
p opiedad inmueble, son injus i icables, y las
a ales consecuencias á que a as a á esa
p opiedad son incalculables. A eso es debi-
do, si no en odo, en g an pa e, la mala eco-
nomía de la ag icul u a: aquí, po que impide
la di ision de esa p opiedad; allá, po que im-
pide la aglome acion; en odas pa es, po -
que se la obliga á con ibui con desmesu a-
da desigualdad, con no o ia desigualdad, al
le an amien o de las ca gas públicas; en
in, po que iende á e ene la en las manos
ménos ap as pa a saca odo el pa ido posi-
ble, en sen ido de la p ospe idad gene al. Y
no hay pa a qué habla del impues o, bajo el
pun o de is a de la p opiedad. El impues o
es el je e po excelencia de la eglamen acion
a bi a ia; y espec o al de echo de p opie-
dad, el... cáos.
Po ese lujo de eglamen acion espec o
á la p opiedad, la ley posi i a exage a ex e-
madamen e la aplicacion de un p incipio de
jus icia, ep esen ado po ella bien ó mal; el
cual consis e, como hemos apun ado ya, en
e i a el abuso al modi ica la ma e ia ap o-
piable, es o es, en e i a que la ap opiacion
de ella po unos no sea ó pueda se ap opia-
cion de o os. Apoyada en es e í ulo se la e
eglamen a la p opiedad mine a, la de mon-
es, de aguas, e c., e c., como
pa aga an i-
303
za la segu idad, la
ci culacion,
el ai e, la
luz á odos; pa a p ohibi el bene icio abusi o
del dominio público; pa a impedi
las manos
mue as (1);
pa a au o iza las exp opiacio-
nes necesa ias; en una palab a, pa a man e-
ne la p opiedad de cada uno den o de los
lími es na u ales que le ma can la p opiedad
y la libe ad de odos, es o es, pa a ga an i-
za la p opiedad y la libe ad á odos los de-
mas (2).
Ese p incipio, único que puede jus i ica
la in e encion de la ley posi i a en los ac-
os indi iduales de semejan e índole, eclama
(1)
«Las manos mue as» no son e dade a p opie-
dad, pues o que no soii p opiedad de los que las gozan,
ni de los que las c ea on, po que no exis en ya, ni se
pueden asmi i
á
olun ad, ni se apoyan en ningun
de echo e dade o.
En
in, pe judican á la p ospe idad
pública,
y
son incompa ibles con la libe ad, que es
el
de echo comun. La sociedad no puede, pues, acep a su
p incipio. Se compa a algunas eces esa especie de p o-
piedad á la colec i a de los e oca iles, canales, e c.;
pe o no hay azon pa a ello. Los caminos de hie o
y
los
can iles pe enecen en p opiedad á sus accionis as,
que
pueden asmi i los á o os, y es án lome idos á exp o-
piacion. á la cual no se some en «las manes mue as».
(2)
La exp opiacion po «causa de u i'idad pública»,
locucion desg aciada, po que ecue da las eo ías de «sa-
lud púbi ca», no puede jus i ica se sino po la necesidad
de
ga n iza la libe ad, la p opiedad
y
la esponsabili-
dad, es deci , la jus icia de odos.
No
supone de ningu-
na mane a un de echo en el Es ado supe io al de echo
indi idual: po que odos
los de echos son indi iduales,
304
hoy la e ision de una in inidad de disposi-
ciones legisla i as que le han desconocido.
E a an e io men e an mal comp endido que,
en ealidad, bien se pod ia deci que, en ge-
ne al, oda p opiedad enía sabo á p i ile-
gio. En e ec o, el Es ado, que se epu aba
p opie a io gene al, o o gaba la p opiedad
como
se o o ga hoy el p i ilegio. Y de ahí ese
aumen o de disposiciones con a ias al de e-
cho de p opiedad
y
á la libe ad; de ahí los
de echos eudales, el asallaje, las incula-
ciones, la sus i ucion, las manos mue as,
las co po aciones, la enalidad de los ca gos
públicos, la eglamen acion a bi a ia de la
indus ia
y
el come cio, la p ohibicion del
p és amo á in e es, la p o eccion, e c., e c.
De
ahí, en in, esa es echa ed de disposiciones
cap ichosas é insensa as que ahogaban la
ac i idad humana, que con inúan ahogándo-
la en g an pa e, que no si en sino pa a al-
sea en la conciencia oda idea de de echo
y
de jus icia.
Po úl imo, es p eciso e en el p incipio
undamen al de la p opiedad como una idea
de jus icia, que se desp ende len a y abajo-
y los de echos no implican supe io idad ni in e io idad;
po el con a io, excluyen oda g aduacion, pues o que
excluyen oda can idad
y
hos ilidad. P opiamen e ha-
blando, no hay luís de echo que el de libe ad: odos los
demas no son sino aspec os di e en es de és e, segun las
di e en es acul ades pues as en juego po la ac i idad
lib e.
312
abnegaciones. iFelices los que acudan á se-
mejan e concu so con más luces y con mejo-
es elemen os pa a una solucion pací ica,
po que me ece án bien de la humanidad!
La iqueza pública, b la p ospe idad eco-
nómica, es, á nues o juicio, como el p oduc o
de cua o ac o es insepa ables , que son:
medio ocupado po los abajado es, núme o
de los abajado es, iempo y abajo.
El p ime o de esos cua o ac o es no es
igual en odas pa es, ó lo que iene á se lo
mismo, la na u aleza del suelo, el clima, e c.,
no son igualmen e ecundos, independien e-
men e del abajo; pe o una ez dado, sal o
a as modi icaciones que suele su i con el
ascu so de los siglos, es e ac o no cama
bia po sí mismo (1).
(1) La ma , ya e i ándose de algunas playas, ya in-
adiéndolas, suele modi ica las condiciones económicas.
Los íos p oducen ambien e ec os semejan es, cuando
cambian de ál eo ó a ía el olúmen de sus aguas. Igual
enómeno se p oduce cuando cesan pe manen emen e las
aguas plu iales, ó cuando se ac ecien an: las p o incias
de la cos a del No e del Pe ú dan indicios de habe e-
cibido en o os iempos llu ias más ó ménos egula iza-
das que las e ilizaban; pe o hoy me en con e idas casi
en desie os en su o alidad, po que desde hace mucho
iempo ambien ca ecen de aguas plu iales. El mismo
enómeno amenaza, al pa ece , á las Cana ias,
y
pode-
mos c ee que pueda sucede en o os países. Quizas se
p oduzca el enómeno con a io en o as pa es; pe o no
enemos conocimien o de él: hé ahí un obje o de in e e-
san e
obse acion.

313
El segundo ac o a ía en gene al con la
poblacion, y ambien segun que las ins i u-
ciones polí icas ó los an eceden es his ó icos
pe mi an más ó ménos igualdad, más ó mé-
nos desa ollo al abajo.
El e ce o es necesa iamen e in a iable
en odos los paises. Se puede emplea el iem-
po bien ó mal; pe o ningun pueblo dispone
de más ni de ménos iempo que o o, si bien
el clima in luya mucho en que pueda ó no
ap o echa se igualmen e po odos.
El cua o ac o es esencialmen e a ia-
ble y suscep ible de pe eccion; á él, al aba-
jo, en su acepcion la a, es debido odo p o-
g eso; su ecundidad pe mi e y es imula el
ac ecen amien o de la poblacion, y po con-
siguien e el núme o de abajado es, al paso
que modi ica el medio ocupado po ellos pa a
hace le más a o able al desa ollo de la i-
queza pública. Su pe eccion es la pe eccion
en los medios de p oduci ; es la p oduccion
más abundan e en un mismo medio, en un
mismo iempo y con igual núme o de aba-
jado es; es la disminucion de los gas os de
p oduccion; es, en in, la baja del alo , al
mismo iempo que el aumen o de la iqueza.
Es, pues, cla o que la iqueza pública se á
an o mayo , cuan o mayo sea cada uno de
Se dice con inexac i ud la cos a No e del Pe ú, pues-
o que oda su cos a es á al Sud, pe o así se dice en
aquellos países.
314
los ac o es que la componen; po consiguien-
e, se á, la sociedad más ica aquella que, es-
ablecida en el medio más ecundo, emplee
mayo n Ime o ele abajado es p opo cional-
men e z'L sa poblacion, y aplique á la p oduc-
cion más acul ades, más ele adas y des-
a olladas.
Sabido es que en ninguna pa e se en-
cuen an eunidas odas esas condiciones.
Donde la na u aleza, es ex emadamen e e-
cunda, como en de e minadas coma cas de
la Amú ica del Sud, los abajado es son a-
os,
abajm
poco, y sus acul ades se ha-
llan
escasamen e
desa olladas. La mayo
iqueza pública se encuen a hoy donde la
na u aleza no es bas an e p ódiga pa a ex-
ci a al
homb e á
la pe eza, ni demasiado in-
hospi ala ia pa a a iga le en ex emo con
el
abajo.
Tales son las condiciones en que
se encuen an la Eu opa cen al y occiden-
al, y una pa e de No e-Amé ica. En los
países que eunen esas condiciones, en e ec-
o, se encuen a mayo núme o de abaja-
do es p opo cionalmen e á su poblacion; los
más ac i os, los más elizmen e do ados es-
pec o á sus acul ades, y donde se hallan és-
as más y mejo desa olladas. Y sin emba -
go de se cie o odo eso, la economía del a-
bajo es á muy léjos oda ía, eno memen e
léjos de lo que debemos desea . ¡Cuán as a-
cul ades no pe manecen casi cons an emen-
e en la mayo ociosidad! ¡Cuán as no han
ecibido muy escaso desa ollo! 1 Cuán as
315
mal empleadas, es e ilizadas po al a
de ca-
pi al
ó aplicadas á p oduc os de lujo, al paso
que son insu icien es los de p ime a necesi-
dad! ¡Cuán as ()capadas en pe u ba el a-
bajo,
y
en ap opia se indebidamen e sus e-
sul ados! ¡Cuán as no se ocupan en con ene
y
ep imi esos abusos! ¡Cuán as en des ui
iqueza, y áun los abajado es, co no suce-
de en iempo de gue a! ¡Cuán as, en in, no
se en pa alizadas po una eglamen acion
malísimamen e en endida, p e endiendo o -
ganiza el abajo, que no si e sino pa a
con a ia le las más eces, al mismo iempo
que alsea la dis ibucion de sus esul ados!
El p oblema social, pues, pe enece exclu-
si amen e, en cuan o á su esolucion, al em-
pleo que deba hace se de las acul ades hu-
manas;
y
comp endido así, es pe ec amen e
cien í ico, y has a en su esencia mo al. Pa a
los que p e enden da le p opo ciones sob e-
na u ales, quizas apa ece á que mu ilamos
ese p oblema; sin emba go, po lo que á nos-
o os hace, siemp e se p esen a á oda ía
como e más complicado, como el más bello,
y al mismo iempo como el más ap emian e
de odos los p oblemas que se haya p opues o
el
espí i u humano. Desg aciadamen e se á
muy di icil que sea acep ada po aho a su
única solucion, po que la igno ancia es muy
gene al; y sob e odo, po que la ciencia e ó-
nea, que se ha apode ado de la mo al y la
polí ica, se halla poco dispues a á ebaja
p e ensiones á la in alibilidad.
No que e nos
316
hace esponsables á la male olencia ni á
las malas pasiones; p e e imos a ibui la á
la igno ancia y al e o .
La igno ancia, apesa de odo, no nos pa-
ece un g an obs áculo pa a descub i la
e dad; la conside amos como una especie de
acío en expec acion de la ciencia; pe o no
podemos deci o o an o del e o , po que
la p esuncion y los hábi os c ónicos que en-
gend a cuando se p olonga inde inidamen e,
es el mayo y más enca nizado enemigo de
la e dad. Siemp e y en odas pa es ha sen-
ido el espí i u humano la necesidad de sa-
be ; pe o siemp e
y
en odas pa es igual-
men e se ha dejado domina po la c eencia
de que sabía lo que igno aba; y eso bas aba
pa a que pa aliza a la ac i idad que debie a
adjudica á la indagacion de la e dad. En
semejan es casos, el e o ocupa el pues o
des inado po la igno ancia á la e dad, y el
espí i u, pues o que c ee posee la, no se p e-
ocupa de busca la. La necesidad de sabe en
semejan es ci cuns ancias, se con ie e na-
u almen e en necesidad de c ee , y la lige-
eza con que se acoge en ónces odo lo que
sa is ace es a úl ima necesidad, da mo i o á
la mayo a liccion de los que aman since a-
men e la e dad.
¡La e dad! ¡Cuán o pode y hechizo no
posee es a palab a! Pe o cuán as cosas
pue iles, insensa as, idículas, odiosas, ab-
su das
é
in ames no ha pues o á cubie o
bajo su p es igio engañoso! ¿En qué se puede
317
conoce lo que es
e dade amen e
e dad? A
nues o pa ece , en una sola cosa: en la a-
cul ad eal ó sólo posible, en odos, de pode
comp oba di ec amen e la obse acion de
donde p ocede. Cuando se puede deci de una
e dad que odos podemos e i ica su exac-
i ud, nadie se sien e con ánimo pa a nega -
la, y desde en ónces adquie e odos los ca-
ac é es de ce idumb e ; pe o una e dad
cuya e i icacion haya sido ese ada á uno
ó á algunos, en lo pasado ó lo p esen e, ja-
mas deja á de pa ece sospechosa al espí i-
u humano. La e dad no es una p opiedad
p i ada; pe enece á odos; debe ó puede
es a al uso de odos; y, po consiguien e,
implica libe ad pa a busca la, pa a admi
i la, pa a p o esa la y pa a comp oba la. Si
se la sepa a de la libe ad, ó se la pone en
adminis acion, se la hace sospechosa.
T es son, á nues o pa ece , los e o es
undamen ales que dominan las cues iones
sociales. El p ime o consis e en c ee , ó apa-
en a que se c ee, que el obje o de las socie-
dades polí icas, el que los gobie nos se deben
p opone , es la p ospe idad gene al, bajo los
nomb es de
elicidad coman, bien público
ó in-
e es gene al.
El segundo consis e en esa
o a c eencia, segun la cual, la jus icia no
puede se una ciencia na u al, expe imen-
al, cuyas leyes no pueden deduci se de la
obse acion de los enómenos mo ales y po
Micos, á la mane a que se deducen las ísi-
cas de la obse acion de los enómenos ísi-

318
cos, y que p oceden sólo de una especie de
sen imien o inna o. El e ce o consis e, si no
en una c eencia, en una mane a de pensa
que conduce á c ee que la jus icia no es una
condicion esencial de la p ospe idad. Lo que
noso os c eemos, espec o á esos es e o-
es, es que ienen su o igen en la idea an igua
de la eoc acia, segun la cual Dios gobie na
los homb es po medio de sus minis os ó so-
be anos de su eleccion; que nos gobie na así
pa a nues o mayo bien, cuyo sec e o posee
él solo, sec e o que implica e ibles p uebas;
que nos gobie na segun su jus icia; que es a
jus icia no es la que los homb es conciben
con su limi adísimo espí i u. Semejan es
e o es, pues o que de al nos a e amos á ca-
li ica los, se apoyan en a i maciones
á p io i,
cuya exac i ud ni undamen o his ó ico ha
sido jamas comp obado. Pa a e u a los ic-
o iosamen e , c eemos bas a analiza las
condiciones undamen ales de oda asocia-
cion polí ica, cuyas condiciones son:
1.
a
Obje o de oda sociedad. 2.' Composi-
cion de un ondo comun, impues o po odos
los socios, á in únicamen e de consegui el
obje o. 3.' Rese a que cada asociado se ha-
ce, así

ondos como de acul ades, que
cons i uye su p opiedad pe sonal y su libe -
ad ue a (le la asociacion, lo cual quie e de-
ci que jamas en a con odo cuan o posee en
el ondo comun de la sociedad. 4.' Én in, la
adminis acion del ondo comun po una ge-
encia, pa a consegui el obje o comun.
319
Esas condiciones, decimos, son comunes
á odas las sociedades sin excepcion; cuando
no se es ipulan explíci amen e, como acon-
ece en las p i adas, llamadas
sociedades de
hecho,
se suben ienden; es p eciso, pues, sub-
en ende las en las polí icas, que son en más
ó ménos
sociedades de hecho,
so pena de que
en o o caso ca ece ian de base mo al.
Se p e ende que el obje o cona un de oda
sociedad polí ica, el obje o especial de esa
asociacion, ó su obje o polí ico, es la p ospe-
idad, bajo los nomb es, como dejamos indi-
cado, de
elicidad co nun, bien público, in e es
gene al;
pe o si así ue e, no es a ian de más
pa a consegui ese obje o odas las acul a-
des pe sonales, y odos los bienes que su
eje cicio p opo ciona, es o es, odas las acul-
ades
y
odas las o unas; po consiguien e,
debe íamos enuncia la libe ad y la p opie-
dad, cons i uyéndonos, desde luégo, en escla-
os de la ge encia, la cual, en cambio de
nues a omnímoda abnegacion, nos dis i-
bui ia en po
c
iones cong uas, segun p opo -
cion á su an ojo , el p oduc o gene al de
nues o
a
bajo. Comp endido es o así, la so-
ciedad polí ica se ía un e dade o comunis-
mo,
como
lo en endie on Babeu y Cabe ,
más absolu o aún que el soñado po esos dos
céleb es u opis as; pe o ni sucede ni ha su-
cedido eso en pa e alguna: ni en el Pa a-
guay, bajo el gobie no de los jesui as y el
doc o F ancia su he ede o, ni en Egip o,
bajo la dominacion de los Fa aones, ni en el
320
Asia Meno ú en la A abia, bajo el égimen
pa ia cal. Semejan e condicion no
se ía
mé-
nos an ipá ica al espí i u humano, que in-
compa ible con la p ospe idad. Ni puede con-
eni sino á los ambiciosos que sueñan pa a
sí con la ge encia de una sociedad comunis-
a,
ó á
los ha aganes que cuen an con la ac-
i idad ajena pa a i i en la indolencia, ó á
algunas na u alezas sen imen ales
á
quie-
nes haya podido seduci su ex emada sen-
cillez y la apa en e gene osidad del sis ema.
Todo lo cual quie e deci que no
es
la p os-
pe idad el obje o comun, el especial de la
asociacion polí ica, el que cons i uye la
mi-
sion de la ge encia, auxiliada po el ondo
comun de que dispone.
Ese obje o comun, la his o ia lo dice de la
mane a más cla a, es la jus icia; sólo que la
his o ia no llega
á
desp ende le de las
mil
complicaciones que le odean ocul ándole á
nues a is a sino p og esi a y muy len a-
men e. El homb e, desde luégo, se asocia al
homb e sin más obje o de e minado que el
de llega más acilmen e á la sa is accion de
sus
p ime as necesidades , ue an las que
uesen. La asociacion pa a él e a la union,
es o es, la ue za, el medio de ence odas
las di icul ades, cuando e a ap opiada al
ob-
je
o;
pe o ha sucedido con la asociacion
lo
mismo que con el abajo; en
su
o igen con-
undió los obje os, como con undió los me-
dios; así que las p ime as sociedades caza-
ban,pescaban, hacian la gue a
y
se
gobe -
321
naban bajo el impe io de una misma disci-
plina; más a de se lle ó á cabo la di ision
en la sociedad, como en el abajo, o mán-
dose en su seno o as sociedades p i adas,
que cons i uian e dade as di isiones ó
des-
memb aciones,
po deci lo así, las que
no se
e i icaban de o dina io sin esis encia de
pa e de la ge encia, pues o que no lle aba
á bien la disminucion de sus a ibuciones;
pe o se lle a on á cabo, una as o a, en el
ascu so del iempo, y ácil es e hoy el
esul ado, es o es, una
ci cunsc icion
cada
dia más es echa del obje o de la asociacion
polí ica, con endencia muy ma cada á ci -
cunsc ibi lo en el dominio de la jus icia, que
es cuan o desea podemos. Cie o que pa a
p oduci la iqueza, dis ibui la y consumi -
la, pa a cul i a y desa olla las ciencias,
pa a eje ce la ca idad con acie o, y pa a
o as muchas cosas, las sociedades p i adas
son in ini amen e más ap as que las polí i-
cas; pe o es igualmen e cie o que, pa a ga-
an iza á cada uno
y
á odos, sociedades
p i adas ó indi iduos, la segu idad, sin la
cual ninguna emp esa es posible; la libe ad,
la p opiedad y la esponsabilidad, ó sea la jus-
icia, es absolu amen e necesa ia la asocia -
cion polí ica. La jus icia, en e ec o, ab aza
las elaciones de odos sin excepcion;
po
consiguien e, debe se el obje o de la socie-
dad polí ica; debe se lo de la humanidad en-
e a, y ya lo es en cie a medida, como lo
p ueban
los es ue zos de odas las naciones
21
328
posi i as de odos los miemb os, es deci , la
jus icia; ni áun deben in e p e a ellos la
jus-
icia,
po que al in e p e a la apa ecen como
jueces en p opia causa, lo cual es con a io
á
odos los p incipios de jus icia, y más espe-
cialmen e al del manda o; ampoco deben de-
ci lo que es jus icia, pues o que eso se ia ya
in e p e a ó de e mina lo que no pueden
hace sin alsea el manda o. ¿Pues quién di-
á odo esol se nos p egun a á. ¿No se c ee
po muchos que debemos nues as ideas de
jus icia á la legislacion? La e dad es que lo
que le debemos en g an pa e es la pe u -
bacion que impe a en las conciencias con
mo i o de la jus icia, y ese desacue do que
odos los ilóso os hallan en e la conciencia
y cie as p ác icas legales que se han eni-
do y con inúan eniendo po necesa ias pa a
gobe na las sociedades. Si po hipó esis se
sup imie a la jus icia o icial, e íamos que
se a acaba en muchos casos la na u al, en
más ó ménos casos que bajo el impe io de la
o icial; pe o no e íamos esa con adiccion
en e las ideas que nos hacen c ee en dos
jus icias ó dos mo ales,
una pa a el uso de
los gobe nados y o a pa a el de los gobe -
nan es, y semejan e esul ado no se ia de
desdeña .
Si la jus icia o icial no exis ie a, ¿qué su-
cede ia? Que se o ma a una ciencia de la
jus icia, co no se o man las de ísica, quí-
mica, as onomía, e c., que end ia aplica-
ciones como las demas ciencias, que se apli-

329
c a ia, podemos c ee , po medio del a bi aje
lib e. El a e del a bi aje end ía su ju is-
p udencia, lib e ambien, cuya equidad se ia
ga an izada po la esponsabilidad pe sonal
y di ec a de los á bi os y de sus jus iciables.
El abajo, que al ó den de cosas supone, se
di idi ia segun las necesidades, y odos los
hechos de jus icia que hoy se hallan ue a de
de echo (que son
la inmensa mayo ía) po
al a de ju isdiccion, end ian sus á bi ios,
se p oduci ían celeb idades a bi ales, como
se las e as onómicas, químicas, medícales,
a ís icas, e c.; la ac i idad, la ciencia, el
ac o, la disc ecion
y
la p obidad conquis a-
ian la con ianza de los jus iciables; se o -
ma ían
muchas
y
opulen as clien elas, segun
su especialidad, que ob end ian pingües ho-
no a ios, p ocu ando al mismo iempo in-
mensas economías á sus clien es. Con seme-
jan e adminis acion de jus icia desapa ece-
ian los deba es escandalosos, ó po lo mé-
nos la publicidad de esos deba es, con lo cual
gana ia
conside ablemen e
la mo alidad pú-
blica; po que es p eciso ene en cuen a que
la p incipal azon de se hoy de los deba es
públicos judiciales no es o a que la ga an-
ía cons i ucional dada á los jus iciables con-
a los jueces, lo cual no debe se conside a-
do como hon a de la jus icia o icial. Seme-
jan e ga an ía, es cla o, se ía inú il pa a los
jus iciables que eligie an sus á bi os.
Pe o se nos di á: ¿y los
ausen e-s,
y los
meno es,
y
los incapaces, y las e ce ías, y
330
los imp uden es, e c., á quienes la jus icia
o icial oma especialmen e bajo su p o eccion?
¿:Y
.
la sancion de la jus icia a bi al? ¿Y las
medidas conse ado es
y
p e en i as? ¿Y la
coe cion espec o á los jus iciables que e-
husen la eleccion de á bi o ó que al en á
ella? En in, ¿y la jus icia co eccional, c i-
minal ó penal en odos sus g ados? Todo eso,
lo conocemos, p omo e ía cues iones de a -
e y de p ác ica, pa a cuya esolucion no
al a ian in eligencias adecuadas: po lo que
á noso os oca, nos gua da íamos mucho,
aunque poseyé amos pa a esol e las odos
los conocimien os especiales de que ca ece-
mos, de p ejuzga nada á su espec o has a
que inie a la expe iencia posi i a y se-
gu a á mos a nos su esolucion; pe o ¿no
ha dejado mucho que desea en odos iem-
pos la jus icia o icial al esol e esas mismas
cues iones? Po ejemplo: pa a ga an iza los
in e eses, muy espe ables sin duda alguna,
de los meno es, ausen es , e c., ¿no se la
puede i upe a po habe comp ome ido
o os in e eses no ménos espe ables y de
mayo impo ancia, encadenando, como lo'
hace, cuando no in e diciendo, odas las
ope aciones económicas en que pudie an
mezcla se los p ime os
in e eses%
No iene
p ocediendo en es o como el seño de la á-
bula, que en aba á. saco en la hue a de un
amigo suyo ja dine o, so p e ex o de que los
conejos le hacían algun daño en las pla a-
bandas?
331
En cuan o á la sancion de las decisiones,
es la ue za pública la que la cumple, y és a
puede pone se á la ó den de la jus icia a bi-
al de igual modo que á la o icial, y es o con
mayo azon cuan o la p ime a o ece ia
más ga an ía de esponsabilidad di ec a
y
pe sonal.
La ju isdiccion c iminal ó penal en odos
sus g ados pod ia eclama disposiciones es-
peciales, que no end ian nada de incompa i-
bles con la jus icia a bi al, si nos es pe mi i-
do juzga po la ins i ucion del Ju ado, que
muy bien pod ia su i es as ó las o as e o -
mas. Los jueces o iciales son necesa ios cuan-
do los jus iciables no demandan la jus icia.
Ademas, ¿qué se en iende po un c iminal? El
c imen es una injus icia, y odas las injus i-
cias, cuando son olun a ias, di ie en sólo
po la na u aleza y g ando del mal que o i-
ginan.
Igno amos has a dónde pod á llega la
p ác ica judicial de semejan e as o macion;
pe o nos pa ece ine i able, segun los sín o-
mas que se p esen an á nues a is a. Si los
jus iciables, en odos los ibunales ci iles y
de come cio, p e i ie an espon áneamen e,
cual apa ece se la endencia, el a bi aje
lib e al p ocedimien o de los ibunales, al-
a la poco ya pa a que, en g an pa e po lo
ménos, se ie a ealizada la as o macion.
Si, po o a pa e, se pu ga a la legislacion
de oda disposicion incompa ible con la libe -
ad, la p opiedad
y
la esponsabilidad, am-
332
bien se a ia ealizada de igual modo en su
mayo pa e la as o macion. Y debido
á
odo eso, en g an pa e ambien, en a ia la
uncion gube namen al en los limi es de e -
minados po las condiciones esenciales, ó
sea po las leyes na u ales de la asociacion
polí ica y de oda asociacion. ¡U opia! g i a-
án algunos leguleyos, añadiendo quizas: ¡He-
ejía! ¡Impiedad! Nada de eso ex aña emos,
po que hay muchos que quie en i á medias
con Dios cuando se a a de sus in e eses, en
la segu idad de que el Sé Sup emo les ha de
condona su pa e. Si esos seño es no p e-
enden pa a si la in alibilidad , p e ension
que end ía sob as de idícula, les p opon-
d emos una p ueba pa a sus doc inas, p ue-
ba que nos imponemos á noso os mismos
espec o á odas nues as a i maciones: que
pongan de acue do en e sí odas las dispo-
siciones de la legislacion que p econizan,
cualquie a que sea, ó que demues en que
dos disposiciones de un mismo código pue-
den se jus as cuando se con adicen.
Nos pa ece excusado añadi que seme-
jan e as o macion se ia eminen emen e a-
o able á los jueces,
á
los abogados, á los
p ocu ado es y, en gene al, á odos los que
se ocupan de las ma e ias judiciales, po que
se ian los p e e idos po los jus iciables, so-
b e odo en cues iones ci iles, pa a
decidi
a bi almen e sus con iendas,
y
es a ocupa-
cion les
ald ia comunmen e
más que
sus
unciones ac uales. En cuan o á los jueces,
333
dejando de ep esen a el mis icismo
y
la
eoc acia, en a ían en la condicion de sim-
ples mo ales como odo el mundo, lo cual no
deja ia de eje ce una doble in luencia sob e
su ca ác e . Ademas, hay una cosa que bas-
a ía po si sola, segun noso os, pa a jus i-
ica la as o macion: la p e a icacion es
is e, deg adan e y unes a en odo caso;
pe o en ninguno lo es an o como cuando un
juez o icial incu e en ella; cues e lo que
cues e, con iene el e i a el escándalo. Cual-
quie a o o unciona io p e a ica solo; un
juez o icial pa ece como que hace p e a ica
con él al Es ado, á la sociedad, la ley, la jus-
icia, y has a el Sé Sup emo, del cual se
dice delegado.
Si la jus icia se en endie a y adminis a-
a como acabamos de indica , y los gobie -
nos no se ocupa an sino de ga an iza la,
cada uno se ía lib e y esponsable, y odas
nues as acul ades y p opiedades se aplica-
ian al desa ollo de la p ospe idad en las me-
jo es condiciones posibles, y nos asocia íamos
segun lo exigie a la necesidad y en la o ma
demandada po el obje o coman de las socie-
dades p i adas, como pa a p oduci , pa a
consumi , pa a ab i nos c édi o, y has a
pa a solaza nos; pa a asegu a nos con a
algun sinies o, en e medad, ejez, el obo, el
asesina o; pa a la enseñanza, el es udio y la
p opagacion de las ciencias; pa a las emp e-
sas de u ilidad gene al, las ob as de ca idad.,
adminis acion local, e c., e c. La dis ibu-

334
cion del abajo se ba ia, como la de sus e-
sul ados, con mayo egula idad y equidad;
el abajo se ía más ecundo, y po consi-
guien e, mejo emune ado; las c isis se ian
ménos ecuen es, y sob e odo ménos de-
sas osas; y á a o de los mejo es sala ios,
odos los abajado es pod ian economiza ,
mejo a ian de condicion y se i ia á la igual-
dad sensiblemen e; adqui i ian mayo ins-
uccion y expe iencia, y odas las cualida-
des necesa ias, como las que se emplean hoy,
pa a di igi alguna indus ia ó come cio; se
bo a ia p og esi amen e la dis incion en-
e pa ono y asala iado, pues o que se po-
d ian eemplaza ecip oca a en e en las ocu-
paciones ac uales; y los e o es, las aba-
cuen as, las disco dias, los celos y las hos i-
lidades que los di iden hoy, en g an pe jui-
cio de sus in e eses y de la p ospe idad en
gene al, no end ian ya azon de se .
Con el bienes a y la ins uccion se des-
a olla ia más y más la mo alidad; muchas
de las ue zas que hace ocupa la male olen-
cia, y casi odas las que des ina la sociedad
á p e eni y ep imi los abusos, se di igi
ían á la p oduccion (1); los medios de p o-
(1) No es posible calcula , ni ap oximadamen e si-
quie a, lo que cues a la injus icia á la sociedad. Todos
los gas os colec i os é indi iduales de la gue a, de la
policía y de la jus icia no pueden da sino una idea muy
lejana de ello, po que impo a mucho más lo que impide
de p oduci que lo que obliga á gas a .
335
duci , en al caso, se iguala ian ó poco
mé-
nos
en odas las indus ias manu ac u e as
y come ciales, y el capi al, siemp e en ace-
cho de sus di e encias, se pasa la á la ag i-
cul u a, donde iguala ia ambien y
mul ipli-
ca ia los medios de p oduci . La iqueza
au.-
men a ia, pues, en p opo ciones incalcula-
bles; las ías de comunicacion se pe eccio-
na ían en odas pa es , y los aspo es
se ian á la ez más abundan es, más ápi-
dos y segu os, y ménos cos osos; la simpli-
icacion de las unciones gube namen ales
ha ia desapa ece esas aglome aciones ex-
cesi as de poblado es ambulan es que emos
hoy al ededo de los cen os polí icos, ha o
mal pas o eados en gene al, y la ag icul u-
a, como las demas indus ias, ecoge ian
esos dispe sos. Con la
meno desigualdad en
los medios de p oduci , disminu ia p og esi-
amen e la desigualdad de o unas de los
p oduc o es y de los consumido es, y la opu-
lencia end ia á se an a a como la mise-
ia; en semejan es condiciones no se enia la
ociosidad, ni la a iga po exceso de abajo;
y del eje cicio bien di igido de odas las a-
cul ades , o i icadas po la ins uccion y
aumen adas po el cambio de ideas; de odas
las aspi aciones, solici adas po la emula-
cion y exci adas po los buenos esul ados,
end ian oda clase de in enciones y aplica-
ciones á las ciencias, á las a es, á la ense-
ñanza, á la indus ia, al come cio, e c., y el
bienes a , la salud, el sabe , el con en o, la
336
con ianza, la simpa ia, la a e nidad, la eli-
cidad, en in, se ab i ian en el seno de la so-
ciedad, co no se ab e en la P ima e a el es-
plendo de la ege acion en o pecido po el
In ie no.
La única cosa que bas a pa a que odo
eso sea una e dad, pa a que la p ospe idad
social llegue al mayo g ado posible, es... la
jus icia. Si odos los males que su e la
hu-
manidad
no p oceden de la injus icia, és a
po lo ménos impide al homb e el conoci-
mien o de muchos de los bienes que pod ia
goza ; pe o no hay modo de alucinamos á
es e espec o, odos los males pe manen es
que su imos, y en pa icula el de la mise-
ia, p oceden de la injus icia (1). Desg acia-
damen e, loas homb es aman poco la jus icia,
po que la comp enden mal; cuando la com-
p endan mejo , cuando pe ciban bien los
e-
so os
que pa a ellos gua da, la ama án más
aún que á la iqueza, y con indiscu ible a-
zon, pues o que, p e i iéndola á la iqueza,
se en iquece án odos á la ez, al paso que
odos, ó casi odos, se han empob ecido siem-
p e posponiéndola á la iqueza: es p eciso,
pues, disipa odas las nubes que la oscu e-
cen, asga el elo de p eocupaciones que la
(1) Es a causa es la única que nos pa ece incues io•
nable;
y
como po ella se pueden explica odos los ma-
les
y
sus causas inmedia as, es una inconsecuencia a i -
ma o as, que no pueden5jus i ica se ni e i ica se po la
obse acion.
37
ocul an á nues a is a. Jamas se án excesi-
as las ue zas que se empleen en una ocu-
pacion an bella, an gene osa y an ecun-
da; pe o no debemos ol ida jamas que sólo
po la ciencia, la ciencia expe imen al, po
sus mé odos se e os y sus demos aciones
igo osas, se llega á á ca ac e iza la con
cla idad y hace la acep a po odos.
Despues de más ó ménos miles de años
que el sen imen alismo, la me a ísica y el
mis icismo han andado en busca de sus leyes
na u ales, ¿qué han adelan ado? A nues o
pa ece , poco más que hace inaccesibles á
la azon las ideas na u ales que aún no se
enian de ellas, y dis aza cuan o posible e a
las que se conocian ya. Es p eciso, po lo
mismo, busca po o o camino !(-) que sob e
el pa icula nos queda po conoce .
En is a del p odigioso mo imien o imp e-
so á odo po las inspi aciones de la expe-
iencia; en is a de los p og esos lle ados á
cabo en las ciencias ísicas y na u ales, en
las a es, la indus ia y el come cio, po me-
dio de mé odos expe imen ales, no es posi-
ble duda de la g an po encia de esos mé o-
dos, y locu a inmensa se á no pedi le igual-
men e el p og eso de las ciencias mo ales y
polí icas. A esos mé odos, (ligase cuan o se
quie a, debe cuan o sabe el espí i u humano;
y si hay alguna cosa sob ena u al que pueda
se le conocida, á ellos lo debe á sin duda.
po que en ellos sólo se encuen an odos los
medios de conoce .
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