Presentación del n.º 10 de la Revista de Estudios Taurinos, Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, patrocinada por la Real Maestranza de Caballería, 1999
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Revista de Estudios Taurinos N.º 11, Sevilla, 2000, págs. 257-268 Presentación del n.º 10 de la Revista de Estudios Taurinos, Sevilla, Fundación de Estudios Taurinos, patrocinada por la Real Maestranza de Caballería, 1999. Número 10 FUNDACIÓN DE ESTUDIOS TAURINOS Sevilla, 1999 Revista de Estudios Taurinos Fig. n.º 19.– Portada del n.º 10 de la Revista de Estudios Taurinos. Picador en peligro... son una muestra del buen hacer de este pintor expresivo y colorista. Entre las recensiones a las que se dedica la Sección V de la Revista destacamos, Plazas de toros en Castilla y León, de Francisco Tuduri, obra enormemente interesante. Como se comprobará en su lectura, este número de la Revista de Estudios Taurinos, que patrocina la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, no puede ser más rico en el temario, que satisface, creo yo, muchas exigencias y viene a demostrar, una vez más, las altas miras de esta gran Institución. Nuestra felicitación a la dirección de la Revista, siendo deseable que el éxito y rigor de esta publicación se continúe en el tiempo pues el mundo del toro bien lo necesita. Juan Bautista Aparicio Universidad de Córdoba Juan Bautista Aparicio 256
perspectivas. Una polivocidad de perspectivas sobre un objeto bien definido. Y a fuer que lo logra, si fijamos nuestra atención en el número que, sólo la amistad y benevolencia de su Director, procura hoy mi presencia aquí para ser su vocero, aunque defensa no necesite. Seis estudios seis, serán la columna vertebral de su composición, y atribuirlos a una rama de conocimiento, a una perspectiva, proporcionará de inmediato la amplitud del campo de interés del objeto. Un objeto que si es pasión del instante colectivo, desarrolla memoria, aquella necesidad de un conocimiento racional que aquilata la emoción y la explica, proporcionándole razón. Abrirá plaza la trágica y corta vida de un torero puro, trianero y gitano; de su profesión de herrero traerá origen su alias Puya, su cuna parental y la tierra que lo ve nacer le ofrecerán el nombre artístico, Gitanillo de Triana. Esboza, José del Río, lo que acertadamente subtitulará Apuntes para una biografía, iniciándose así este número undécimo, con la acertada noticia del humano esencial de la Tauromaquia, el torero. El Arte de la Tauromaquia visto por el arte o constituyéndose, al tiempo, en objeto de otro arte, sea la pintura, ésta en el silencioso Silos del ciprés a orillas del Arlanza, sea un derivado de aquélla al aparecer en paneles de azulejo que tienen su raíz en una vieja masía del siglo XIII, Ca les Monges, según documentadísima noticia que nos proporciona María Antonia Casanovas en su ejemplar estudio sobre la Corrida de toros caballeresca del Museo de Cerámica de Barcelona. El arte como elemento de crónica de hábitos y costumbres populares será, entre otras, función esencial de la pintura románica. La luz que nos proporciona el licenciado Javier Monclova tiene la radical relevancia de asomarnos a un objePresentaciones de revistas 259 El 17 de diciembre de 1999, el Sr. D. Francisco Escribano, catedrático del departamento de Derecho Financiero de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla y miembro fundador de la Fundación de Estudios Taurinos, prestó, en un acto presidido por el Excmo. Sr. D. Manuel Roca de Togores, conde de Luna, teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y desarrollado en la Sala de Conferencias de la Plaza de Toros de la Real Maestranza, el n.º 10 de la Revista de Estudios Taurinos. En recuerdo de aquel acontecimiento la Revista de Estudios Taurinos publica su intervención y el Excmo. Sr. D. Jacobo Cortines, presidente de la Fundación de Estudios Taurinos, aprovecha para agradecerle vivamente las palabras entonces pronunciadas. * * * La Fundación de Estudios Taurinos se marcó desde sus orígenes dos tareas: una primera, consistente en dar a la estampa obras esenciales sobre la Tauromaquia. Noticia de su última manifestación en el cumplimiento de este objetivo es posible encontrarla en el número 10, undécimo de la Revista, que hoy anunciamos, donde aparece el texto de la presentación que hizo el profesor García-Baquero del libro de cuidada coedición entre la Universidad y la Fundación de Estudios Taurinos donde fue vertido el célebre manuscrito de Josef Daza, Precisos manejos y progresos del arte del toreo, nunca, hasta hoy, publicado en su integridad. La segunda, una publicación de carácter periódico cuyo objeto de estudio fuera la Tauromaquia abordada desde diferentes Francisco Escribano 258
perspectivas. Una polivocidad de perspectivas sobre un objeto bien definido. Y a fuer que lo logra, si fijamos nuestra atención en el número que, sólo la amistad y benevolencia de su Director, procura hoy mi presencia aquí para ser su vocero, aunque defensa no necesite. Seis estudios seis, serán la columna vertebral de su composición, y atribuirlos a una rama de conocimiento, a una perspectiva, proporcionará de inmediato la amplitud del campo de interés del objeto. Un objeto que si es pasión del instante colectivo, desarrolla memoria, aquella necesidad de un conocimiento racional que aquilata la emoción y la explica, proporcionándole razón. Abrirá plaza la trágica y corta vida de un torero puro, trianero y gitano; de su profesión de herrero traerá origen su alias Puya, su cuna parental y la tierra que lo ve nacer le ofrecerán el nombre artístico, Gitanillo de Triana. Esboza, José del Río, lo que acertadamente subtitulará Apuntes para una biografía, iniciándose así este número undécimo, con la acertada noticia del humano esencial de la Tauromaquia, el torero. El Arte de la Tauromaquia visto por el arte o constituyéndose, al tiempo, en objeto de otro arte, sea la pintura, ésta en el silencioso Silos del ciprés a orillas del Arlanza, sea un derivado de aquélla al aparecer en paneles de azulejo que tienen su raíz en una vieja masía del siglo XIII, Ca les Monges, según documentadísima noticia que nos proporciona María Antonia Casanovas en su ejemplar estudio sobre la Corrida de toros caballeresca del Museo de Cerámica de Barcelona. El arte como elemento de crónica de hábitos y costumbres populares será, entre otras, función esencial de la pintura románica. La luz que nos proporciona el licenciado Javier Monclova tiene la radical relevancia de asomarnos a un objePresentaciones de revistas 259 El 17 de diciembre de 1999, el Sr. D. Francisco Escribano, catedrático del departamento de Derecho Financiero de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla y miembro fundador de la Fundación de Estudios Taurinos, prestó, en un acto presidido por el Excmo. Sr. D. Manuel Roca de Togores, conde de Luna, teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y desarrollado en la Sala de Conferencias de la Plaza de Toros de la Real Maestranza, el n.º 10 de la Revista de Estudios Taurinos. En recuerdo de aquel acontecimiento la Revista de Estudios Taurinos publica su intervención y el Excmo. Sr. D. Jacobo Cortines, presidente de la Fundación de Estudios Taurinos, aprovecha para agradecerle vivamente las palabras entonces pronunciadas. * * * La Fundación de Estudios Taurinos se marcó desde sus orígenes dos tareas: una primera, consistente en dar a la estampa obras esenciales sobre la Tauromaquia. Noticia de su última manifestación en el cumplimiento de este objetivo es posible encontrarla en el número 10, undécimo de la Revista, que hoy anunciamos, donde aparece el texto de la presentación que hizo el profesor García-Baquero del libro de cuidada coedición entre la Universidad y la Fundación de Estudios Taurinos donde fue vertido el célebre manuscrito de Josef Daza, Precisos manejos y progresos del arte del toreo, nunca, hasta hoy, publicado en su integridad. La segunda, una publicación de carácter periódico cuyo objeto de estudio fuera la Tauromaquia abordada desde diferentes Francisco Escribano 258
nos propone una reflexión magníficamente descrita e históricamente ubicada, y si a ello añadimos que rinde tácito homenaje a Gracián y procura la quintaesencia al fárrago, logra decir bien porque enseguida lo dice. M.ª Antonia Casanovas, conservadora del Museo de Cerámica de Barcelona, no ha olvidado una máxima esencial en la descripción del objeto artístico: su datación histórica, mas una datación histórica cargada de lógica, es decir, propuesta y resultado de un conocimiento del entramado de lógica e historia que todo agregado cultural posee. Así perfilará en apretada síntesis biográfica al mecenas o dueño de la masía donde se ubicará la azulejería, lo que al tiempo le permite datar el destino originario del panel. No escapará a su atención la relevancia del tema escogido, por cuanto fuere manifestación de uno de los temas preferidos por la sociedad española en la ocupación de su ocio: la corrida de toros caballeresca. Seguirá la pista del objeto analizado y rastreará los modos de su adquisición pública. Con economía de medios y, sin embargo, con riqueza de contenido, será capaz de proporcionar datos preciosos sobre el alicer, antecedente de la forma ornamental del azulejo, así como de la influencia italiana en el modo de hacer la composición representada. El conocimiento del destino de la obra permite a nuestra autora explicar sus servidumbres, su forma de media luna que determinará una recreación libre del objeto representado: la Plaza Mayor de Madrid, lugar de la corrida caballeresca rememorada. La licencia artística alcanza incluso a la modificación del vestuario de los representados, lo que no será novedad en la Historia de la pintura. No menor será el interés que suscita la propia descripción de la funcionalidad del marco elegido, la Plaza Mayor Presentaciones de revistas 261 to mirado, seguramente, casi sin duda, no visto: las Escenas taurinas del Monasterio de Santo Domingo de Silos. Así su descriptivo trabajo nos suscita una intensa curiosidad, un imperioso deseo de volver para mirar de nuevo. Será en el alfarje o arquitrabe mudéjar, donde nuestro cronista extraerá las pinturas sobre alanceadores de toros, a pie y, sobre todo, a caballo; nobles éstos, del pueblo aquéllos. Y será la crónica escrita de una crónica visual, la del hábito de correr y alancear toros, en el fervor de Silos. Hará ahora la pintura la nobilísima función de constituirse en memoria ilustrada de la Historia, permitirá descubrir costumbres y usos, hábitos y ropajes, dará a conocer impedimenta y utillaje, sin dejar de mencionar algunas curiosidades morfológicas del ganado, e incluso, proporcionará la posibilidad de una sutil ensoñación con la imagen de la dama espectadora de los lances. Como acertadamente concluirá Javier Monclova, en estas pinturas de finales del XIV, el arte se configurará como reflejo de la sociedad que lo concibe. Mas no ha querido ir más allá nuestro cronista, y este que os habla sólo se atreve a aprovechar su generosa invitación de proseguir por el camino abierto y esbozar una consideración final. No será osadía presumir la intensa penetración en el hábito social del alanceamiento descrito cuando no escandalizaba su representación en lugar tan señalado como el claustro del monasterio benedictino. Días vendrán en que la Iglesia prohíba la fiesta de toros, ahora todavía le da amparo entre sus muros y permite ofrecernos, seiscientos años después, una magnífica crónica visual de su existencia y de sus formas. No por más humilde su continente dejará de ofrecer aspectos interesantísimos el panel de azulejería que nos descubre María Antonia Casanovas. En un documentadísimo trabajo Francisco Escribano 260
nos propone una reflexión magníficamente descrita e históricamente ubicada, y si a ello añadimos que rinde tácito homenaje a Gracián y procura la quintaesencia al fárrago, logra decir bien porque enseguida lo dice. M.ª Antonia Casanovas, conservadora del Museo de Cerámica de Barcelona, no ha olvidado una máxima esencial en la descripción del objeto artístico: su datación histórica, mas una datación histórica cargada de lógica, es decir, propuesta y resultado de un conocimiento del entramado de lógica e historia que todo agregado cultural posee. Así perfilará en apretada síntesis biográfica al mecenas o dueño de la masía donde se ubicará la azulejería, lo que al tiempo le permite datar el destino originario del panel. No escapará a su atención la relevancia del tema escogido, por cuanto fuere manifestación de uno de los temas preferidos por la sociedad española en la ocupación de su ocio: la corrida de toros caballeresca. Seguirá la pista del objeto analizado y rastreará los modos de su adquisición pública. Con economía de medios y, sin embargo, con riqueza de contenido, será capaz de proporcionar datos preciosos sobre el alicer, antecedente de la forma ornamental del azulejo, así como de la influencia italiana en el modo de hacer la composición representada. El conocimiento del destino de la obra permite a nuestra autora explicar sus servidumbres, su forma de media luna que determinará una recreación libre del objeto representado: la Plaza Mayor de Madrid, lugar de la corrida caballeresca rememorada. La licencia artística alcanza incluso a la modificación del vestuario de los representados, lo que no será novedad en la Historia de la pintura. No menor será el interés que suscita la propia descripción de la funcionalidad del marco elegido, la Plaza Mayor Presentaciones de revistas 261 to mirado, seguramente, casi sin duda, no visto: las Escenas taurinas del Monasterio de Santo Domingo de Silos. Así su descriptivo trabajo nos suscita una intensa curiosidad, un imperioso deseo de volver para mirar de nuevo. Será en el alfarje o arquitrabe mudéjar, donde nuestro cronista extraerá las pinturas sobre alanceadores de toros, a pie y, sobre todo, a caballo; nobles éstos, del pueblo aquéllos. Y será la crónica escrita de una crónica visual, la del hábito de correr y alancear toros, en el fervor de Silos. Hará ahora la pintura la nobilísima función de constituirse en memoria ilustrada de la Historia, permitirá descubrir costumbres y usos, hábitos y ropajes, dará a conocer impedimenta y utillaje, sin dejar de mencionar algunas curiosidades morfológicas del ganado, e incluso, proporcionará la posibilidad de una sutil ensoñación con la imagen de la dama espectadora de los lances. Como acertadamente concluirá Javier Monclova, en estas pinturas de finales del XIV, el arte se configurará como reflejo de la sociedad que lo concibe. Mas no ha querido ir más allá nuestro cronista, y este que os habla sólo se atreve a aprovechar su generosa invitación de proseguir por el camino abierto y esbozar una consideración final. No será osadía presumir la intensa penetración en el hábito social del alanceamiento descrito cuando no escandalizaba su representación en lugar tan señalado como el claustro del monasterio benedictino. Días vendrán en que la Iglesia prohíba la fiesta de toros, ahora todavía le da amparo entre sus muros y permite ofrecernos, seiscientos años después, una magnífica crónica visual de su existencia y de sus formas. No por más humilde su continente dejará de ofrecer aspectos interesantísimos el panel de azulejería que nos descubre María Antonia Casanovas. En un documentadísimo trabajo Francisco Escribano 260
orígenes como metáfora cultural. Se presentará así el problema de los orígenes de la tauromaquia para los tratadistas del XVIII y el XIX como la respuesta a unos paradigmas morales mutados en argumentos históricos intuitivos que, nos dirá el profesor de la Universidad de Granada, acaban resolviéndose en metáforas culturales. Mas, en nuestra opinión, la poligénesis de la tauromaquia es, no pocas veces, confundida con la polifunción del animal como objeto de lo mistérico, de lo ancestral o de lo festivo. La mediterraneidad del icono no puede sustraer la atención de quien en tanto que el toro está es tauromaquia de lo que se trata. Y, desde luego, lejos de alinearme entre quienes creen que por más ancestral, menos innoble. Sobre las bases antropológicas de los análisis de Saumade parece discurrir el estudio que comentamos. Autor del que, por cierto, Pedro Romero de Solís hace un penetrante análisis crítico entre las recensiones de libros que posee el número que les presento. Sobre las líneas esenciales del pensamiento del francés se avanzará en una hipótesis del tratamiento del origen de la tauromaquia como estereotipo del ancestro nación, aunque para concluir en un críptico posicionamiento sobre una polifonía de influencias de la que el autor pretende obtener claves para comprender la retícula de oposiciones binarias que ha producido la fractalidad taurológica. Estoy seguro, como diría un castizo, que el asunto continuará. Se cerrará la Sesión de los Estudios con análisis de testigos del objeto. La tauromaquia vista a través de los ojos de sus observadores. Una nueva perspectiva del objeto, dos posiciones de mirar, dos formas de mirarlo. En una, la crónica del cronista, la crónica taurina como texto literario, de opinión e informativo, a través de uno de sus emblemáticos Presentaciones de revistas 263 de Madrid, y su polifuncionalidad: lugar de mercado y de parada militar, de juegos y fiestas populares, de espectáculos y, cómo no, de corridas de toros. Hasta tal punto fueron importantes, y cíclica su producción en la época y en el lugar, que es dato contrastado la mengua de las rentas de los edificios cuyos balcones eran utilizados como palcos objeto de venta o alquiler en los años en que disminuían el número de corridas. Éstas, como elemento catalizador del ocio, punto de referencia artístico, todavía en los finales del XVII, y como índice de las rentas inmobiliarias de uno de los más importantes edificios de la ya capital del Reino. Su excelente aportación se cierra con un malicioso comentario acerca de una hipótesis política en la elección del motivo artístico: un homenaje a su defensa del austria sobre el borbón, aquél, entre los aficionados a la fiesta; éste, entre sus censores. De otra naturaleza será la perspectiva del trabajo de González Alcantud. Acerca de los orígenes de la Fiesta no puede decirse que no haya extensa bibliografía y de nuevo se retomarán las conocidas tesis de Fernández de Moratín para traer a colación la sedicente superada hipótesis del origen africano de la corrida de toros, la raíz nobiliaria –la nobleza caballeresca del moro antiguo de la que hablara ya Fernández de Moratín–, para concluir en una legación de aquélla a la nobleza castellana que sucedería de esa guisa a la mora en el juego de toros. Será ésta afirmación del cronista Abenamar a quien el autor traerá en apoyo de una rotunda ancestralidad africana del toreo. Tras realizar un intenso recorrido por las posiciones de los epígonos de esta tesis y de sus detractores, se presenta el núcleo esencial de la idea del autor, ya anunciado, de otra parte, en el título del estudio: el discurso de los Francisco Escribano 262
orígenes como metáfora cultural. Se presentará así el problema de los orígenes de la tauromaquia para los tratadistas del XVIII y el XIX como la respuesta a unos paradigmas morales mutados en argumentos históricos intuitivos que, nos dirá el profesor de la Universidad de Granada, acaban resolviéndose en metáforas culturales. Mas, en nuestra opinión, la poligénesis de la tauromaquia es, no pocas veces, confundida con la polifunción del animal como objeto de lo mistérico, de lo ancestral o de lo festivo. La mediterraneidad del icono no puede sustraer la atención de quien en tanto que el toro está es tauromaquia de lo que se trata. Y, desde luego, lejos de alinearme entre quienes creen que por más ancestral, menos innoble. Sobre las bases antropológicas de los análisis de Saumade parece discurrir el estudio que comentamos. Autor del que, por cierto, Pedro Romero de Solís hace un penetrante análisis crítico entre las recensiones de libros que posee el número que les presento. Sobre las líneas esenciales del pensamiento del francés se avanzará en una hipótesis del tratamiento del origen de la tauromaquia como estereotipo del ancestro nación, aunque para concluir en un críptico posicionamiento sobre una polifonía de influencias de la que el autor pretende obtener claves para comprender la retícula de oposiciones binarias que ha producido la fractalidad taurológica. Estoy seguro, como diría un castizo, que el asunto continuará. Se cerrará la Sesión de los Estudios con análisis de testigos del objeto. La tauromaquia vista a través de los ojos de sus observadores. Una nueva perspectiva del objeto, dos posiciones de mirar, dos formas de mirarlo. En una, la crónica del cronista, la crónica taurina como texto literario, de opinión e informativo, a través de uno de sus emblemáticos Presentaciones de revistas 263 de Madrid, y su polifuncionalidad: lugar de mercado y de parada militar, de juegos y fiestas populares, de espectáculos y, cómo no, de corridas de toros. Hasta tal punto fueron importantes, y cíclica su producción en la época y en el lugar, que es dato contrastado la mengua de las rentas de los edificios cuyos balcones eran utilizados como palcos objeto de venta o alquiler en los años en que disminuían el número de corridas. Éstas, como elemento catalizador del ocio, punto de referencia artístico, todavía en los finales del XVII, y como índice de las rentas inmobiliarias de uno de los más importantes edificios de la ya capital del Reino. Su excelente aportación se cierra con un malicioso comentario acerca de una hipótesis política en la elección del motivo artístico: un homenaje a su defensa del austria sobre el borbón, aquél, entre los aficionados a la fiesta; éste, entre sus censores. De otra naturaleza será la perspectiva del trabajo de González Alcantud. Acerca de los orígenes de la Fiesta no puede decirse que no haya extensa bibliografía y de nuevo se retomarán las conocidas tesis de Fernández de Moratín para traer a colación la sedicente superada hipótesis del origen africano de la corrida de toros, la raíz nobiliaria –la nobleza caballeresca del moro antiguo de la que hablara ya Fernández de Moratín–, para concluir en una legación de aquélla a la nobleza castellana que sucedería de esa guisa a la mora en el juego de toros. Será ésta afirmación del cronista Abenamar a quien el autor traerá en apoyo de una rotunda ancestralidad africana del toreo. Tras realizar un intenso recorrido por las posiciones de los epígonos de esta tesis y de sus detractores, se presenta el núcleo esencial de la idea del autor, ya anunciado, de otra parte, en el título del estudio: el discurso de los Francisco Escribano 262
y comienzos de 1840. Se subrayará un cierto carácter profesoral del crítico taurino con afanes didácticos de indudable tono irónico no exentos de un cierto sarcasmo. No me resisto a traer aquí este pasaje citado por Celia Forneas: «Trapío en los toros es lo mismo que estampa en los caballos, cuerpo en las damas y facha en los ministros». Casi nada. Nos proporcionará deliciosas hipérboles sobre las características de los toros –el toro necesitaba ser más estudiado que la concesión de los fueros–, junto a irónicas endechas acerca de la bravura de las reses corridas, recorrerá, en fín, el estudio que comentamos, diversos aspectos del pintoresco estilo literario de Abenamar. De los toreros, sobre todo, se hará mención de la forma y modo de dar muerte a los toros, y apenas nada, lógicamente, de su forma de torear. El público es asimismo objeto de sabrosos comentarios en las crónicas de nuestro Abenamar, en él se incluye, por supuesto, a los empresarios de la plaza, a la autoridad que la preside, casi siempre mal parada, y a los espectadores, arbitrariamente divididos por nuestro cronista en inteligentes e imprudentes, de entre éstos, sobre todo, los aplaudidores. Una visión fresca del mundo de los toros en la primera parte del siglo XIX puede apreciarse mediante la descripción del cronista en este ameno estudio de Celia Forneas. Una mirada comprensiva en un ambiente hostil, así calificará la visión del abate Delaporte Jean-Christophe GarcíaBaquero Lavezzi en su excelente aportación, que cierra plaza en el apartado de estudios. Viajero ilustrado, el abate Delaporte parece haber seguido el acertado consejo de Gómez de la Serna que cita oportuno Jean-Christophe: eliminar todo prejuicio provocado por su cultura originaria y atender a lo verdaderamente útil, huyendo de lo anecdótico. Será la virginidad intelectual del viajero lo que más aprecie nuestro autor y a la luz Presentaciones de revistas 265 autores en el siglo XIX, Santos López Pelegrín y Zabala, alias Abenamar, de la doctora María Celia Forneas. Por eso, en la otra, acertadamente, al tratar del abate Delaporte y las fiestas de los toros, un prometedor joven espada nos advertirá acerca de una mirada comprensiva en un ambiente hostil. Nacido con el siglo XIX, con documentados antecedentes familiares en el mundo de las ganaderías taurinas, quien llegaría a ser conocido como Abenamar, obtiene el bachiller en Leyes a los 22 años, recibiéndose como abogado de los Reales Consejos a los 27. Hará las Filipinas, en su carácter de Asesor General del Gobierno de aquellas islas en las que permanecerá tres años, aunque mermado en el estipendio, debido a una reestructuración de su cargo, ha de tornar a la metrópolis en la que se encuentra en 1832 sin sueldo alguno. Tras una azarosa vida de variopintos cargos administrativos es elegido diputado a Cortes por la provincia de Guadalajara y lo será desde 1837 hasta 1840. En esta última época aparecerá su pluma en la prensa periódica, primero en El Español, posteriormente en El Correo Nacional, en donde la doctora Forneas ha localizado la siguiente confesión de parte: «Santos López Peregrín y Abenamar son dos nombres distintos y una sola persona verdadera, que soy yo para servir a Vds.». A partir de estas experiencias su vida en el mundo de la prensa fue activísima. Se le atribuirá la autoría de la Tauromaquia Completa o sea el Arte de Torear en plaza, tanto a pie como a caballo, o más conocida como la Tauromaquia de Francisco Montes, Paquiro. Firmará éste y la escribirá o revisará profusamente aquél, en opinión de la profesora de la Complutense. Su perfil periodístico viene analizado a partir de las crónicas realizadas para El Correo Nacional entre finales de 1838 Francisco Escribano 264
y comienzos de 1840. Se subrayará un cierto carácter profesoral del crítico taurino con afanes didácticos de indudable tono irónico no exentos de un cierto sarcasmo. No me resisto a traer aquí este pasaje citado por Celia Forneas: «Trapío en los toros es lo mismo que estampa en los caballos, cuerpo en las damas y facha en los ministros». Casi nada. Nos proporcionará deliciosas hipérboles sobre las características de los toros –el toro necesitaba ser más estudiado que la concesión de los fueros–, junto a irónicas endechas acerca de la bravura de las reses corridas, recorrerá, en fín, el estudio que comentamos, diversos aspectos del pintoresco estilo literario de Abenamar. De los toreros, sobre todo, se hará mención de la forma y modo de dar muerte a los toros, y apenas nada, lógicamente, de su forma de torear. El público es asimismo objeto de sabrosos comentarios en las crónicas de nuestro Abenamar, en él se incluye, por supuesto, a los empresarios de la plaza, a la autoridad que la preside, casi siempre mal parada, y a los espectadores, arbitrariamente divididos por nuestro cronista en inteligentes e imprudentes, de entre éstos, sobre todo, los aplaudidores. Una visión fresca del mundo de los toros en la primera parte del siglo XIX puede apreciarse mediante la descripción del cronista en este ameno estudio de Celia Forneas. Una mirada comprensiva en un ambiente hostil, así calificará la visión del abate Delaporte Jean-Christophe GarcíaBaquero Lavezzi en su excelente aportación, que cierra plaza en el apartado de estudios. Viajero ilustrado, el abate Delaporte parece haber seguido el acertado consejo de Gómez de la Serna que cita oportuno Jean-Christophe: eliminar todo prejuicio provocado por su cultura originaria y atender a lo verdaderamente útil, huyendo de lo anecdótico. Será la virginidad intelectual del viajero lo que más aprecie nuestro autor y a la luz Presentaciones de revistas 265 autores en el siglo XIX, Santos López Pelegrín y Zabala, alias Abenamar, de la doctora María Celia Forneas. Por eso, en la otra, acertadamente, al tratar del abate Delaporte y las fiestas de los toros, un prometedor joven espada nos advertirá acerca de una mirada comprensiva en un ambiente hostil. Nacido con el siglo XIX, con documentados antecedentes familiares en el mundo de las ganaderías taurinas, quien llegaría a ser conocido como Abenamar, obtiene el bachiller en Leyes a los 22 años, recibiéndose como abogado de los Reales Consejos a los 27. Hará las Filipinas, en su carácter de Asesor General del Gobierno de aquellas islas en las que permanecerá tres años, aunque mermado en el estipendio, debido a una reestructuración de su cargo, ha de tornar a la metrópolis en la que se encuentra en 1832 sin sueldo alguno. Tras una azarosa vida de variopintos cargos administrativos es elegido diputado a Cortes por la provincia de Guadalajara y lo será desde 1837 hasta 1840. En esta última época aparecerá su pluma en la prensa periódica, primero en El Español, posteriormente en El Correo Nacional, en donde la doctora Forneas ha localizado la siguiente confesión de parte: «Santos López Peregrín y Abenamar son dos nombres distintos y una sola persona verdadera, que soy yo para servir a Vds.». A partir de estas experiencias su vida en el mundo de la prensa fue activísima. Se le atribuirá la autoría de la Tauromaquia Completa o sea el Arte de Torear en plaza, tanto a pie como a caballo, o más conocida como la Tauromaquia de Francisco Montes, Paquiro. Firmará éste y la escribirá o revisará profusamente aquél, en opinión de la profesora de la Complutense. Su perfil periodístico viene analizado a partir de las crónicas realizadas para El Correo Nacional entre finales de 1838 Francisco Escribano 264