Lengua y literatura en Cervantes
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LENGUA Y LITERATURA EN CERVANTES MANUEL ARIZA VIGUERA Universidad de Sevilla Todo el mundo sabe que es muy dificil decir algo nuevo sobre Cervantes, por n de mi muchas novedades, sino solo una pequeiia aproxicolector de mundos literarios y vividos. Necesito empezar hablando de la literatura del siglo XVI. Podriamos decir uyen y que a veces se encuentran: el eje culto y el popuresentado por la literatura que podriamos llamar renaamentalmente por el romancero y 10s cantarcillos tracentista no solo crea o tomaunos temas detemilo mas o menos estereotipado abuso de la adjetivare todo, del epiteto constans, colocaci6n del verbo a1 final, luso impregna varios generos o subgeneros que en eso no me iAn el romancero tenia sus propios clises tematicos, metricos caso con el uso de formas arcaizantes como herencia de su De la Edad Media arranca el genero de las novelas de caballerias y cotno es sabidode la lengua del Amadis procede el empleo de un lenguaje 'medieval' en las otras novelas del gt-nero. Renacentista es, por el contrano, la novela pastoril, y, como tal, sus usos lingiiisticos. Solo hay un gknero que recorre 10s Siglos de Oro y que no se puede decir que tenga un estilo propio. Me explico. Si hay elementos comunes -narration en primera persona, etc.-, peso no una uniformidad lingiiistica; asi el Lazarillo es claramente una obra renacentista y El Buscon una obra barroca. No hay mb que comparar el comienzo de ambas obras. iY El Gunnan?': Un sermonano bajo el disfraz de novela picaresca. En cuanto a1 teatro, en su primera mitad vemos la apancibn del sayagues como lenguaje teatral, que se continuara, con variantes, en el siglo XVII. Como es sabido, este lenguaje tenia colno base el leones, y se convirti6 en un topico lingiiistico literano. No emplea Cervantes el sayagues, aunque lo menciona como ejemplo de lenguaje nistico: mi, que vilgame Dios, no ay para que obligar a1 sayagues que hable como el toledano)) (Qul~ote, 11, III)2. ' Libra aburridisimo del que nunca be comprendido como pudo tener tanta fama. Para el habla de Toledo cnno modelo lingiiistico vbanse 10s trabajos de F. Gonrilcz 0118.
En cuanto a la lengua, no me voy a detener en las evoluciones foneticas acaecidas en la epoca, ni en la aparicibn del andaluz y su propagacidn por Canarias y Ant-rica. El conocido testi~nonio de Juan de Valdt-s me exime de hablar de 10s cambios de todo tipo que se heron generalizando a lo largo del siglo XVI. No menos importantes que 10s foneticos y morfosintacticos heron 10s lexicos: cultismos, italianismos, etc, entran a tropel, como puso de manitiesto Lapesa. Y no solo, tambien se desechan algunos arabismos, aunque algunos de ellos pervivieron en el andaluz. En el Siglo de Oro existian comunidades sociales que poseian una caracterizacion lingiiistica. Eran siempre minorias con determinados grados de marginacion. Por un lado, estaban 10s moriscos3, par otro, 10s gitanos; junto a ello,s el hampa. Ademas -aunque sin formar grupo social-, 10s negros. Ademas de ciudadanos de otros paises, de 10s que formaban gmpos importantes 10s italianos y, en menor medida, 10s franceses. Como era de esperar, todos estos grupos tuvieron, en mayor o menor medida, un reflejo en la literatura inrea. Por otra pate, no se puede dejar de lado lo que podriamos llamar las "ideas linguisticas" del siglo XVI, sobre lo que tambit-n Cervantes hace importantes precisiones, de lo que no voy a hablar por sobrado conocido4. Empecemos por la literatura, punto este tratado con gran maestria por muchos criticos, especialmente polLazaro Carreter. Puede parecer que insult0 su intsligencia si les digo que El Quijote es inicial y superficialmente -aunque son adverhias mas que discutihles una critica a los libros de caballerias. Para lo que nos interesa ahora, 10s elemcntos linguisticos caballeriles son diversos: la invencibn de 10s nombres, el recurso a1 artificio del falso autor y, evidentemente, la imitacion del lenguaje caballeresco, tanto por el uso de arcaismos foneticos y lexicos, como por la retorica ampulosa. Se ha sefialado que este ultimo recurso se mitiga grandemente en la segunda pate. No creo que merezca la pena detenemos mas en ello. Otro de 10s generos de gran nivel de popularidad en la t-poca era la novela pastoril. Esta representa el polo opuesto de las novelas de caballerias tanto en su estructtua como en su lenguaje. Efectivamente, frente a la acci6n caballeril esti el estatismo pastoril, frente a la vida aventurera, la contemplativa, y, especialmente, frente a1 lenguaje de corte medieval, el lenguaje renacentista. Bien es cierto que algunas conco~nitancias existian entre ambos generos: ambos describian un mundo artificial, en amhos ese alejarniento se producia, entre otros aspectos, por una denominacibn artificiosa. A esta moda se snma Celvantes con La Galatea, pero tambien hay muchos otros elementos pastoriles en otras obras. Como dice LAzaro Carreter, a1 mundo pastoril ((lo amaba Cervantes y, a la vez, le movia a burla; porque tambien producia enajenados)). No creo que sea exactamente por ello. Los judios habian sido ya expulsados, y, poi otra parte, no parcce que tuvieran un deterlninado modo de hablar particular. 4 Especialmente en el conocido Lrabajo de J.L. Gir6n Alconchel.
"A y LITERATURA EN CGKVANTES na de las concomitancias de ambos gineros estaba en el sistema denominaecordemos el camhio de nombre que se propone cuando deciden hacerse es. Coma en otras ocasiones, Sancho ha oido campanas y por ello una vez e equivoca cuando elige el nombre pastoril para Teresa Panza. o, claro, la novela pastoril no es mas que una de las plasmaciones del nacentista, del que tan imhuido estaba Cervantes y a1 que admira y, dcl smo tiempo, se rie. Sirvan como ejemplo los conocidos pasajes cervann tomo a la belleza ideal de la epoca. priinero esti en la pnmera parte, en el capitulo 16. Don Quijote llega a la Le va a atender una moza asturiana: ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del im ojo tucucrta y dcl otro no muy sana. Verdad es que la gallardia del cuerpo suplia las demas faltas: no tenia siete palmos de 10s pies a la cabeza, y las espaldas, que algh tanto le cargaban, la hacian mirar al suelo mAs de lo que ella quisiera. ero no me interesa tanto la fealdad de la moza como su transformaci6n quica. Oigamos a Cervantes: Tentole luego la camisa, y, aunque ella era de arpillera, a CI le parecio scr de finisimo y delgado ccndal. Traia en las mu7ecas mas cuentas de vidrio, pero a el le dieron vislumbres de preciosas perlas orientales Los cabellos, que en alguna manera tiraban a crines, 6110s march por hebras de lucidisimo oro de Arabia, cuyo resplandor a1 mismo sol escurecia; y el aliento, que sin dnda alguna olia a ensalada fiamhre y trasnochada, a 61 le parecib que anojaba un olor suave y a-omatico; y, finalmente, 61 la pinto en su imaginacion, de la misma traza y modo, lo que hahia leido en sus lihros ... repite Cervantes la fealdad, sino que abunda en la descripcion de lo negala moza, y, todo ello, se convertira en la esencia de la belleza de ese maraoso personaje que no ve mas realidad que la que su iinaginacion le dicta. Pero quizi el texto mas significative sea el que vemos en el capitulo XI de la parte cnando Sancho hace creer que una aldeana era la simpar Dulcinea. Jote se lamenta del encantamiento que no le ha permitido verla, sino que le ha parecido una aldeana "haja y fea" y "con un olor a ajos crudos". A lo - iOh canalla! - gnto a esta sazon Sancho -. iOh encantadores aciagos y malintencionados, y quien os viera a todos ensartados pot las agallas, como sardinas en lercha! Mucho sab&is, mucho podeis y mucho Inis hackis. Bastaros debiera, bellacos, haber mudado las perlas de 10s ojos de mi seiiora en agallas alcomoqueiias, y sus cabellos de oro purisimo en cerdas de cola de buey bemejo, y, finalmenre, todas sus faccio~~es de buenas en malas, sin que le tocirades en el olor, que por el siquiera sacliramos lo que estaba encubierto debajo de aquella fea corteza; annquc, para decir verdad, nunca yo vi su fealdad, sino su hennosura, a la cual subia de punto y quilates un lunar que tenia sohre el labio derecho, a manera de bigote, con siete o ocho cabellos mhios como hehras de oro y largos mas de nn palmo.
A ese Iunardijo don Quijote-, segh la correspondencia que tienen entre si 10s del rostro con 10s del cuerpo, ha de tener otro Dulcinea en la tabla del muslo que corresponde a1 lado dondc tiene el del rostro; per0 muy luengos para lunares son pelos de la grandera que has significado. - Pues yo st! decir a westra merced -1espondi6 Sanchoque le parecian alli como nacidos. Mis adelante, en el capitnlo XI, don Quijote y Sancho comentan el episodio anterior y dice don Quijote: Mas, con todo esto, he caido, Sancho, en una cosa, y es que me pintaste ma1 su hermosura: porque, si ma1 no me acuerdo, dijiste que tenia 10s ojos de perlas, y 10s ojos que parcccn de perlas antes son de besugo que dc ha; y, a lo que yo creo, 10s de Dulcinea dehen ser de verdes esmeraldas, rasgados, con dos celestiales arcos que le sirven de dejas; y esas perlas quitalas de 10s ojos y pasalas a 10s dientes, que sin duda te trocaste, Sancho, tomando 10s ojos por 10s dientes. -Todo puede ser - respondib Sancho, porque tambibn me turbo a mi su hermosura como a mesa merced su fealdad. El "traidor" de Sancho, que ya a esas alturas conoce bien a su seiior, no tiene empacho ninguno en engaiiarle haciendole creer que el no ha visto la belleza de Dulcinea por culpa de 10s malos encantadores. El pobre Sancho conoce de oidas el ideal de belleza renacentista: la belleza mbia con ojos verdes, el encanto del lunar, 10s dientes como perlas, etc., pero el pobre no lo tiene asimilado y se equivoca, por lo que su description, que quiere ser la de la belleza maxima, se convierte en un espanto, de lo que se da cuenta nuestro hidalgo y le corrige. Sancho es astuto, por ello justifica sus equivocaciones: la de 10s pelos alegando que le venian que ni pintiparados, la de 10s ojos como perlas alegando que a el tambiin le deslumbro la belleza de la supuesta Dulcinea. Pero ademis, a Sancho se le escapa un desliz: hablar de la fealdad de la aldeana: sus ojos eran "agallas alcornoqueiias" y sus cabellos "cerdas de cola de buey bermejo", pero rapidamente corrige su desliz alegando que 61 no vio la fealdad sino la belleza. Se ha dicho que existen elementos de la picaresca en Cervantes, y se nombra El coloquio de 10s perros, Rinconete y el episodio de 10s galeotes del Quijote. Si por picaresca entendemos el genero, en absoluto, si lo consideramos como el prototipo social, sf. Como se recordara, Ginis de Pasamonte esta escribiendo una autobiografia que oscureceraen su opiiliona1 Lazarillo, en este sentido si hay un recuerdo claro del g&nero5. En vida dc Cervantes ya habia comenzado la d~sputa entre culteranos y conceptistas. Parece que Cervantes se mantiene al margen de la polemica, y de becho alaba tanto a C6ngora como a Quevedo; su estilo es esencialmente renacentista Independieutemente de que la verdadera autobiografia de Pasamonte solo tenga de picaro la narration.
NCUA Y LITERATURA EN CERVANTES oderado, que algunos denominan manierista, sin embargo, a1 final de su vida, n ese 'afan' por merecer consideracidn entre 10s escritores de su epoca, eleva estilo para parecer "culto", como es el caso del Persiles y, en cierta medida, de segunda parte del Quijote. En otra obra suya de este periodo final, en el Viaje 1 Parnaso, encontramos ejemplos de hipirbaton abrupto, de tipo gongorino, en "cuando par la, aunque azul, liquida plata", "que es oro y sirgo de su el hilo", o el terceto En cuyo traje y ademin severo vi de Mercurio a1 vivo la figura de 10s fingidos dioses mensajero. No son ejemplos significativos de un culteranismo cervantino, sino de una ntaminacion o licencia que empezaba a estar de moda en su kpoca. En cuanto a la literatura popular, y para cefiimos en primer lugar a1 Quijote, y en la magna novela bastantes citas de romances, si no he contado mal, de 10s e solo cuatro aparecen en la primera parte, dos de ellos tradicionales: el de zarote (I", 11) y el del MarquAs de Mantua (1" V); y dos cervantinos: el del ero (la IX) y otro en el capitulo XLIII. No hay mas en la primera parte. En la gunda encontramos dos tradicionales en el capitulo IX, uno de ellos 4 de noslo canta un labrador, y el otro el de Calainos y la infanta Sevillalo da don Quijote; en el XII, uno de la serie del rey Muza, otro tradicional, en 111 en donde combina dos de Montesino , otro en el XXXIII el de la itencia de Don Rodrigo , y otro en el LXXIV, el del cerco de Granada6. Junto s, cuatro nuevos, dos cervantinos: el romance de Altisidora capitulo y el de don Quijote capitulo XLVI-, otro de un autor contemporaneo -el Gaiferos y Melisenda, capitulo XXVIy otro, en el LXX7. No son 10s unicos. Aparte del empleo del romancero en el Cervantes versifidorK, el uso del romance como motivo literano es muy frecuente en sus obras. n embargo, frente a lo que sucedia en El Quijote, 10s romances son todos nuevos y no presentan, por lo tanto, las caracteristicas lingiiisticas arcaizantes del romancero tradicional. Aparecen en diversas obras, como en La gran sultana, cn La entretenida, en Pedro de Urdemalasg, y generalmente son cantados por musicos o con acompaiiamiento de musicos. En tres ocasiones habla de ((romance correntio)): en La gran sultana -((per0 tengo un romance correntiolque le pienso cantar a la loquesca)) -, en La Gitanilla -((Repic6 Preciosa sus sonajas y a1 tono correntio y loquesco canto el siguiente romance))-. En ambos casos se trata de romances "narratives", que debia ser el valor que le daba Cervantes, pues en otra Romance a1 que tambien se hace referencia en el capitulo XXII. ' Ademas de referencias indirectas de otros en 10s capitulos I, XIX, 11, I y 11, XXVI. Muchas de las presuntas referencias a romances qne ofrece Rico son mas que dudosas. Mas de cien confiesa haber escrito. En este caso exasilibico.
ocas~on habla de 'verso correntio', en El rufiin d~choso, queI0 esta en aquelmdo. Asi pues "correntio" parece ser narratlvo, como decia En dos ocasiones hemos visto que aparece 'loquesco'; hay otra mas: en El celoso extl-emeEo ctse daba prisa a cantar romances de lnoros y moras a la loquesca con tanta gracia que)). No he encontrado ning6n otro testimonio de esta palabra. El Diccionario de Autoridades cita esta frase y dice que ((es voz inventada)); da el significado de "modo de locos", que no parece cunvenir con 10s siynificados cervantinos. En El rufian dichoso se habla de un ((romance jacaro)) del que dice Lagartija: que le iguaio y ie comparo al mejor que se ha compuesto; hecha de la hampa y el resto en estilo xaco y raro. Tiene vocahlos modemos de tal manera que encantan: unos bravos y otros tiernos; ya a los cielos se ievantan ya bajan a 10s infiemos. Lo curioso es que nada de esto es verdad: ni esta en jicara, ni tiene vocablos modernos, ni nada de nada, por mas que se trate de la muerte de un jaque. Junto a ella existian 10s cantares llamados 'populares' o 'tradicionales"', de 10s que Cervantes da sobradas muestras en muchas de sus obras, por poner algunos ejemplos: Niiia, la que esperas en reja o balcbn, advierte que vicne hi polido amor. (Pedro de Urdemalas) Madre, la mi madre, guardas me poneis, que si yo no me guardo No me guardarkis. (El celoso extcmcZo y La cntretenida) Pisare el polvico atan mcnudico, pisare el polv6 atan menudo. (La eleccion de los alcaldes) In Cita Tolnas Navarro Tomas a nuesiro autor hablando del perque, mencionando 10s versos de El ruiiiin, pero curiosamente dice que empiera en una redondilla, lo que no cs cierto, sino que cornienra y acaba con un verso libre, como era tan~bien el uso de Lope de Vega.
LENGUA Y LITERATURA EN CERVANTES Ando enamorado no dire de quikn, alla miran ojos donde quieren hicn. (Los bafios de Argel) A la guerra me llevd mi necesidad, si tuviera dincros, no fuera en verdad. (Quijote, II, XXVj No es de extraiiar, no solo porque es un recurso muy fiecuente en 10s autores e 10s Siglos de Oro -y aun antes-, sino porque, a partir de la irmpcion de lo opular en la vida cortesana, a partir de fines del siglo XV, estos cantarcillos abian adquirido una notacihn modelica, hasta el punto de que son citados como autoridad" por Covarrubias, como, por ejemplo, Voces dan en aquella sierra; lefiadores son que hacen lefiall. Hala gala del zagal, y de su madre donzelia, hala gala del y della12. Assomaos a esse huraco, cara de prata, corrert. yo el mi cavallo, la trapala trjpalai3. 0 10s sinfines que recoge Correas en sus libros. Claro es que algo similar habia ocurrido con 10s refranes, que ya en el siglo XV habian adquirido una cierta 'dignificacibn' literaiia - recordemos a1 rnarqnt-s de Sai~tillana -, y que en el siglo XVI habian tomado un mayor prestigio por influjo de Erasmo. Es evidente que no voy a poner ejemplos cervailtinos de 10s muchos refranes que recolren sus obras y que, como en el caso anterior, estan puestos de ejemplos en Valdes, en Covambias y, evidentemente, en Correas. En cuanto a las variables geogrificas y sociales, ya habl6 de ello en otra ocasion, por lo que poco puedo afiadir a lo ya dicho. Solo hart. alyulas puntualiza- " S.v. IeEo: edirc el cantarcillo antigum, '* S.v, halagala ~~cantarcillo antiguon l3 Sv. tr$ala: ((Dire un cantaicico sayaguisn -
No existia oficialmente una comunidad judia en epoca cervantina. Los conversos, 10s cristianos nuevos, aparentemente se habian integrado en la comunidad general y procuraban, por la cuenta que les tenia, ocultar su origen. Por ello Cervantes solo hahla de la existencia de juderias en paises africanos en Los ban"os de A~gel y en La gran sultana. A 10s judios 10s cita cn varias ocasiones. Como nombre propio aparece un maleante denominado el Judo en Rinconete y Cortadillo, pero es sobre todo en las obras ambientadas en Africa donde aparecen como tales: asi ocurre en las dos obras citadas anteriormente. Curiosamente ambos personajes, que hablan en perfecto castellano lo qne no indica nada, pues tambien 10s musulmanes lo hablan14-, dicen Dio, como efectivamente decian y dicen los jndios espafioles'5. Creo que esta forma solo pudo conocerla Cervantes por el conocimiento directo de 10s judfos en Africa o en Italia. Totalmente distinta es la consideracion del mundo irabe cervantino, tanto y tan bien estudiado. En este colectivo se ahan el real y el mundo literario: el morisco como ser y como elemento literario. Es claro que sus afios de cautividad estin plasmados en diversas obras y episodios, tan conocidos. Es evidente tambien que 10s romances moriscos y las novelas moriscas estaban de modal6. Tambien el tema de la expulsion de 10s moriscos -que, no lo olvidernos, ocurri6 entre la primera y la segunda parte del Qnl~oteafect6 de lleno a la sociedad de la epoca. De ahi el episodio de Rinconete, como es sabido. Seguramente Cervantes lleg6 a hahlar Qrabe en sus aiios de cautividad. De ahi su abundante empleo de arabismos, muchos de ellos glosados, lo qne indica que eran desconocidos para la sociedad espaiiola. En otra ocasi6n hable de los arabismos del Qu+te, ahora me detendri en los de otras ohras. En Los bafios de Argel un guardiin dice que deben trabajar todos, ((ya pQpaz, ya caballero)). Esta voz, derivada o deformada de "papa", tenia el significado de 'sacerdote cristiano' en el norte de Africa. La recoge el Diccionario de Autoridadesl7 sin poner autoridad ninguna. En el CORDE solo tengo los siguientes testimonios: los cervantinos, varios de Alonso de Contreras18 y uno, tardio de 1701de Juan de Villagutierre, que en su cronica de lndias dice itllevinoles el papaz o gran sacerdoten. La otra cita cervantina ocurre en la misma comedia: l4 Con las matizaciones que despds hark. l5 Coma exclamacihn +<par el Diow aparece en El casamienfo engalioso en boca de un alfirer. De todas formas, paece un dicho judeoespafiol: -Ninguna pena me dio esa falta -respondi6 el alferezpues tambien podre decir: "Peushse don Simueque que me engafiaba con su hija la tuerta, y, por el Dio, contrahecho soy de un lado. l6 De ahi que se insertcn episodios moriscos en novelas pastoriles -La Dianao picarescas El Gumin, Marcos de Obreg6n-. l7 "Nombre que dan en las Costas del Africa a 10s sacerdotes Christianos..~. Por cierto hasta la edicion de 1989 no se cambia el tiempo del vcrbo daral imperfecto. Quc, en una ocasion, lo glosa: <(el papar, que es el curan
N~UA Y LITERATURA EN CERVANTPS Baja: ~Este es papaz? Sacristan: No soy Papa Sino un pobre sacristan Que apenas tuvo una capa. a glosa de Alonso de Contreras y cl no entender la palabra del sacristin pare- 'ndicar que no era voz conocida en la Peninsula'g. Sin embargo resulta sordente que el Diccionario de Autoridades la conozca cuando - que sepamos - e registra en vocabularies anteriores y no existe una documentacibn abundanaro es que su aparicion en 1701 y en un imhito muy distinto del esperado Otros arabismos en la misma comedia son burche 'torre', voz qne solo regisen el CORDE en 1581 en el memorial de Fr. Juan Gilzo y qne se conserva en toponimia de distintas zonas Boja, Morche (Malaga), etc.-, fende, "sefior", labra turca como formula de tratamiento de la que no hay mb testimonios21, chi 'sargento mayor de 10s jenizaros argelino~'~~, alguno glosado, como decia: i es cabo de escuadra/o alfirez)). Tambien hay arabismos, como era de r, en La gran sultana: <cy es el dia del xuma,/ que asi al viemes llama el ore)), o ccRustAn: A buscar un tarasilespafiol. Madrigal: iNo es sastre? Rustin: Tambit-n en otra obra ambientada en ~frica, en El amante liberal, aparecen abismos, muchos de ellos glosados: ccel cadi de esta ciudad, que es lo mismo e ser su obispon, ccpor baja, como 10s turcos llaman a sus virreyesn, ccentrb el auz que es como alguacil)), voz turca que nunca ha sido castellana como bien cen Corominas-PascualZ3-pese a que figure en el diccionario academic0 desde 884; cccarcajes, que asi se llanan las manillas en arabigon, arabismo de unica umentaciou; ccera chilibi, que quiere decir caballero)), tambien turquismo de ca documentacibn; cmn bajel de moros, que ellos llaman caramuzales)), o ccmosoliman, que quiere decir turcon24. Hay un arabismo, galinla 'botin', que aparece en tres ocasiones en Cervantes: en El trato de Argel, en Rinconete y en La espaiiola inglesa. En esta ultima es glosado: ccque con este no~nbre llaman ellos a 10s despojos que de 10s cristianos toman)). La linica docu~nentacion del CORDE es de Alonso de Contreras (1630-33) en obra tambiin relacionada con lo musulmAn. La ausencia de glosa l9 Sin descontar que pueda tratarse dc un mero juego de palabras. 20 Se hata de un cautivo preso en el burche dc Tortosa. 2' Efendi es mis tardia. 24 La primera documentacihn no es la cervantina, sino de Luis de Mirrnol Carvajal 24 Efectiva~nenle es forma de origen turco, pues la voz 'musulmin' es de inlroduccibn culta y tardia, vid Corominas-Pascual.