Instrumentos de medida de pesos en la "Hispania" antigua
Abstract
Debido a que el material utilizado para los artilugios de peso es el metal salvo en el caso de algunos ponderales, en este artículo se ha recogido el mayor número posible de ejemplares conocidos, procedentes o no de excavación. Se incluyen las balanzas de dos platillos de herencia griega y de uso prerromano y romano, las staterae o “romanas”, algunas de gran belleza y otras de rara originalidad, y también los ponderales que completaban las mediciones así como los exagia de época tardo antigua.
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Sautuola / XIII Instituto de Prehistoria y Arqueología “Sautuola” Santander (2007), ISSN: 1133-2166 Metalistería de la Hispania Romana Monográfico Instrumentos de medida de pesos en la Hispania antigua1 Instruments of Measurement and Weight in Ancient Hispania Francisca CHAVES TRISTÁN2 Ruth PLIEGO VÁZQUEZ3 RESUMEN Debido a que el material utilizado para los artilugios de peso es el metal salvo en el caso de algunos ponderales, en este artículo se ha recogido el mayor número posible de ejemplares conocidos, procedentes o no de excavación. Se incluyen las balanzas de dos platillos de herencia griega y de uso prerromano y romano, las staterae o “romanas”, algunas de gran belleza y otras de rara originalidad, y también los ponderales que completaban las mediciones así como los exagia de época tardo antigua. ABSTRACT In this paper the largest possible number of examples related with weights -balances and ponderahas been included, whether found in excavations or not. The weights registered are usually, with few exceptions, made of bronze. Also included are the two dished balances of Greek influence, and those of pre-Roman and Roman use, the staterae, some of singular elegance and others of exceptional originality, also the accompanying aequipondia that complemented them, and, finally, the exagia of late antiquity. PALABRAS CLAVE: Aequipondium. Balanza. Exagia. Libra. Medida. Peso. Ponderal. Roma. Statera. KEY WORDS: Aequipondium. Exagia. Libra. Measurement. Pondus. Roma. Scale. Statera. Weight. I. INTRODUCCIÓN La preocupación por conseguir un mecanismo capaz de medir y garantizar unos pesos pre-establecidos es consecuencia de la adopción de un sistema de medidas ponderales prefijados por una determinada sociedad. Evidentemente este paso manifiesta un avance cultural importante al aceptar una norma que debe tener validez para un grupo de cierta amplitud ya que de no ser así perdería su sentido. De ahí que la admisión y uso de un determinado sistema de pesos constituye un interesante marcador cultural y refleja, bien las relaciones que sus usuarios han tenido con grupos foráneos, bien las pautas evolutivas de su propia sociedad (KULA, 1980). En la Península Ibérica contamos con información acerca de la existencia de sistemas ponderales establecidos ya en la Protohistoria. En este sentido los restos más antiguos de balanzas y pesas estarían fechados hacia el siglo VI a.C. como veremos más adelante. De manera paralela se ha estudiado con relativa insistencia la posibilidad de mensurar cantidades considerando que ciertos objetos de metal como torques y brazaletes fueran una especie de dinero premonetal (RUÍZ GÁLVEZ, 1995). Por ese camino se llegaría al uso de fragmentos de plata -hacksilbercomo dinero y, más adelante, ciertos ejemplos de monedas partidas parecen evidenciar que en ese momento y lugar el elemento básico de su valor era el peso, no el emblema o nombre acuñado como garante de dicho valor. (RIPOLLÉS, 2004; MORA SERRANO, 2006: 25-26; PELLICER, 1997). El hallazgo de ciertas piezas ha dado por tanto lugar a una relativamente amplia bibliografía en la que se proponen diversas teorías sobre el origen de los supuestos sistemas de peso utilizados en la futura Hispania entre los que destacan los que pudieron llegar vía Mediterráneo como enseguida veremos4(BREGLIA, 1995; MORA 2006; PARISE, 2003 y 2006; PELLICER, 1997) Pero además de estas controvertidas muestras, con la llegada de Roma y su implantación en la Península Ibérica, se expandiría el uso del sistema de pesos romano y con él el empleo de los artilugios usados normalmente para el control de los mismos, principalmente la statera, conocida hasta nuestros días como “romana”, ya que la ba1. Este trabajo se ha realizado en el grupo de Investigación “De la Turdetania a la Bética” dentro del Proyecto “Antecedentes y Desarrollo Económico de la Romanización en Andalucía Occidental”, adscrito al III Plan Andaluz de Investigación (HUM-152) y al Programa DGICYT del Ministerio Español de Ciencia y Tecnología (DGICYT BHA 2002-0344). 2. Universidad de Sevilla Correo electrónico: [email protected] 3. Universidad de Sevilla Correo electrónico: [email protected] 4. Una interesante visión de la relación Oriente-Occidente en este tema fue la planteada por Laura Breglia en 1955 que, si bien no aceptada en su totalidad por la investigación actual, sí abrió importantes caminos y temas de estudio futuros. Recientemente N. Parise (2006) ha expuesto su interpretación acerca de las equivalencias entre unidades ponderales orientales y occidentales resaltando el especial e importante papel de las colonias griegas del sur de Italia y Sicilia.
238 INSTRUMENTOS DE MEDIDA DE PESOS EN LA HISPANIA ANTIGUA lanza de dos platillos, como se verá, era utilizada desde tiempo atrás. A lo largo de la presencia de Roma los cambios no se hicieron notar hasta que se fijaron con mayor rigor las medidas a partir de Constantino y los modelos de peso legal o exagia se adentraron desde entonces al mundo visigodo y bizantino. Este es el panorama que podemos presentar con respecto a un tema realmente árido como éste ya que los datos, salvo excepción, son parcos y no siempre expresivos pero sí es cierto que nos reflejan una preocupación por el control de los pesos aunque las irregularidades sean a veces curiosas. Quizá el tema más decepcionante estribe en que en un buen número de casos sólo contamos con partes de estos instrumentos de pesada con lo que la medida de las cantidades que en ellos se obtenían queda en suspenso; otras veces su descontextualización nos priva de uno de los datos fundamentales para la interpretación arqueológica. No obstante, sistematizar al menos la mayoría de los elementos aparecidos en la Península Ibérica hasta el momento no está exento de utilidad y puede abrir puertas a más profundos estudios venideros. Para mayor claridad y tras un preámbulo sobre los supuestos sistemas ponderales prerromanos, separaremos los testimonios ibéricos, romanos y visigodo-bizantinos. Debemos también insistir en que se han encontrado tanto los propios artilugios destinados a pesar como los ponderales utilizados en el proceso aunque son escasas las ocasiones en que ambos se han hallado juntos. Entre los mecanismos de pesar conocidos las diferencias son notables tanto en calidad como en formas e incluso existen algunas variantes de sistema poco frecuentes. Aparte de las distintas tipologías que serán comentadas a continuación, existen diferencias en lo que respecta al metal utilizado -frente al hierro destaca el bronceasí como en el tamaño -que hablaría de los distintos fines de las balanzas-, la forma de sus elementos -de sección circular, romboidal o cuadrada-, o el grado de ornamentación, pudiéndose encontrar auténticas joyas en el inventario de las mismas. Por otro lado, en relación con los ponderales, existen multitud de formas y diversidad de materiales independientemente del sistema metrológico al que se ajusten y del artilugio de medida para el que hayan sido fabricados5. II. SISTEMAS PONDERALES Los hallazgos más antiguos de la Península Ibérica que permiten determinar un sistema ponderal establecido proceden del litoral mediterráneo, en concreto de El Cerro del Villar, en Guadalhorce, Málaga (AUBET, 1997: 197-213). Se trata de tres pesas de plomo con alto contenido de estaño y de forma cuadrada, dos de los cuales presentan letras fenicias incisas en alguna de sus caras. Cronológicamente el estrato en el que aparecieron ha sido fechado hacia finales del siglo VIII o principios del VII a.C. A pesar de haber sido hallados en un importante emporio fenicio, de ahí su tipología, se ha planteado que pudieran responder a un patrón foceo, si bien para solventar cierto desfase metrológico -así como la falta de documentación acerca de relaciones comerciales con Grecia en esta épocadebe asumirse que se trata de pesas en cierta medida fraudulentas (GARCÍA-BELLIDO, 2002: 140). Otro núcleo importante de hallazgos de ponderales ha sido en el santuario protohistórico de Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz). Varias campañas arqueológicas han sacado a la luz hasta 25 ponderales -diecinueve de bronce, cinco de plomo y uno de pizarracon una morfología diferente a los costeros -ya que éstos adoptan forma circular-, y cuatro platillos de balanza que permiten hablar de la existencia de un sistema ponderal en ámbito extremeño en la segunda mitad del siglo V a.C. (GARCÍA-BELLIDO, 2002: 127). Para esta autora el sistema de Cancho Roano podría asimilarse con el siclo fenicio de 9’4 g teóricos, procedente de la costa Siria y que en la Península habría que relacionarlos con los propios del área turdetana -como muestra el Cerro del Villar6, además de otros hallazgos andaluces en Los Alcores de Sevilla (MORILLA y MORALES, 1979)7, en el Cortijo de Évora en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y el del Museo de Huelva (MALUQUER, 1981: 84, n. 57-59; Idem 1984, 22)-, desde donde buscaría la Vía de la plata -teniendo como centros significativos Cancho Roano y probablemente “El Turuñuelo” (Mérida) (JIMÉNEZ y DOMÍNGUEZ, 1995: 140-142)-, estableciendo un entramado que incluiría las Mesetas y el Noroeste peninsular (GARCÍA-BELLIDO, 2002: 147)8. En este sentido ha sido interesante el hallazgo en La Hoya (La Guardia, Álava)9, de un juego de seis piezas troncocónicas de bronce y una circular de hierro, todas con orificio central y dispuestas sobre el suelo juntas y de mayor a menor (GALILEA y LLANOS, 2002: 5. Agradecemos muy vivamente a Carmelo Fernández Ibáñez, no sólo por invitarnos a participar en este volumen sino por proporcionarnos generosamente una amplia bibliografía para la realización del presente artículo. 6. Cuya problemática, no bien aclarada, señalamos más arriba. 7. Sin embargo también se ha apuntado el origen griego del sistema utilizado en estos ponderales (MORILLA y MORALES, 1979). 8. La mencionada autora (GARCÍA-BELLIDO, 2002) propone una larga perduración en el tiempo y enlaza estos sistemas con las joyas vacceas y celtibéricas del siglo I a.C., representadas principalmente en el tesoro de Driebes (SAN VALERO, 1945). 9. García-Bellido (1999: 381) plantea que probablemente el sistema ponderal al que se ajustan los pesos de La Hoya “no sea el autóctono de la zona” que según ella, parece ser de origen céltico.
Francisca CHAVES TRISTÁN y Ruth PLIEGO VÁZQUEZ 239 131 ss.). El peso de la mayor es de 225 g con lo que se supone que se dedicaban a mensurar cantidades pequeñas con material de bastante valor. Interesa resaltar que aunque no se halló balanza, tales piezas hacen suponer una de doble brazo como se ha podido deducir también en otras zonas peninsulares para el mismo periodo. Dicha cronología se remonta a la primera mitad del siglo IV a.C. y se atribuye al poblado una dinámica actividad comercial. Tras un completo estudio, sus editores creen que la unidad de pesos es 18 g y lo relacionan con los ponderales de Cancho Roano (GALILEA y LLANOS, 2002: 1140-144). En lo que respecta al área levantina la mayoría de los hallazgos consisten en pesas que responden a una cronología que iría desde el siglo V al III a.C., con unos tipos y materiales -principalmente bronce seguido del plomocuya primera clasificación estableció en su momento E. Cuadrado (CUADRADO, 1963) partiendo del estudio de los denominados como “tipo covaltino” por haber sido hallados en Covalta (Albaida, Valencia) (BELTRÁN 1948; BALLESTER, 1930). Más adelante otras piezas ampliaron la relación de yacimientos levantinos que habían proporcionado este tipo de material (FLETCHER y MATA, 1981) llegándose a conclusiones semejantes a los primeros estudios. En líneas generales se aceptó que esos ponderales respondían a un sistema de pesos procedente del Mediterráneo y algunos autores incidieron en la cerámica de procedencia griega junto a la que aparecían (FLETCHER y MATA, 1981: 166). Posteriormente, basándose en P. Beltrán (BELTRÁN, 1948-1972: 241), Villaronga matizaría que tales sistemas se evidenciaban en las monedas emporitanas e hispano-cartaginesas con base en este caso en el sur de Italia y Sicilia (VILLARONGA, 1971-72: 34). Por tanto para época prerromana se han querido establecer tradicionalmente y desde el punto de vista geográfico, dos áreas que responderían a diferentes sistemas ponderales: por un lado, el área tartésica-turdetana con sus extensiones hacia la Meseta y el Noroeste que parecen responder a un patrón fenicio originario de la costa Siria, y por otro el ámbito levantino con un patrón griego. No obstante no podemos olvidar que es difícil concretar con precisión tanto el origen de los sistemas utilizados en la Península como el inicio de su empleo ya que en el Mediterráneo existía una gran multiplicidad de patrones y cada cual funcionaba evaluando según el suyo propio (GALÁN y GÁLVEZ, 1996: 159). Por otra parte es preciso tener en cuenta que ciertos sectores pudieron tener un sistema propio o una versión local de otro foráneo como apuntan algunos autores (RIPOLLÉS y LLORÉNS, 2002: 152, 156-157; MORA SERRANO, 2006: 26). La necesidad de equiparar medidas de todo tipo y, por supuesto medidas de peso, debió hacerse notar de forma palpable desde los primeros momentos de la conquista romana. En reiteradas ocasiones se ha tratado el tema de los sistemas monetarios utilizados en las diversas amonedaciones locales hispanas y es evidente que el camino es progresivo hacia una gradual aproximación a los patrones usados en Roma (MORA SERRANO, 2006: 34). Paralelamente cualquier tipo de relación sociedades locales-elementos romanos o itálicos iba a requerir pronto tanto unos patrones fijos de medida como unos métodos y artilugios similares para la evaluación de cantidades referidas al peso, baste pensar en el sistema de pagos en especie, indemnizaciones, tributos etc. De esta manera es evidente a través de los testimonios materiales que han ido apareciendo, que los sistemas de medidas romanos se fueron gradualmente imponiendo en la Península Ibérica de modo que durante el inicio del Imperio eran utilizados con toda normalidad como así muestra la Arqueología. Muy brevemente recordemos que en Roma se utilizaba un sistema ponderal en el que los referentes de peso básicos eran la libra y sus divisores, la uncia, 1/12 de libra y el scripulum, 1/24 de uncia o, lo que es igual, 1/288 de libra (DAREMBERG y SAGLIO, 1877-1919: 1230-1231; LAZZARINI, 1965). No obstante existían ciertas diferencias en el peso de la libra según el lugar y el tiempo, oscilando entre 327’45 gr y 322’56 gr (CRAWFORD, 1974: 591; CHAVES, 1982: 219) de modo que en realidad las diferencias son de poca consideración y es más importante precisar la relación entre las fracciones de ambas (DAREMBERG y SAGLIO, 1877-1919: 1230-1231). Es cierto que el gobierno romano procuraba mantener un control que garantizara la exactitud de las pesadas y así se guardaban los ponderales modelo en el Capitolio de Roma y se sabe que en el templo de Saturno se guardaba una balanza al respecto (DAREMBERG y SAGLIO, 1877-1919: 1228). También tenemos ejemplos en la propia Hispania de la verificación de ciertas importantes balanzas mediante una inscripción que atestigua su exactitud fechando el control con el nombre del emperador reinante. En otros casos podía testificar su garantía con nombre de algún magistrado bajo cuyo mandato se verificó (DAREMBERG y SAGLIO, 1877-1919: 559, 1228). Pero las irregularidades no eran pocas y a partir de la drástica reforma monetaria de Constantino se establecieron unos pesos-modelo conocidos como exagia que debían utilizarse para regular la exactitud oficial de los pesos que se empleaban en el comercio y demás transacciones como luego veremos. III. INSTRUMENTOS DE MEDIDA: BALANZA Y PONDERALES Los instrumentos de medidas que se utilizaron entre los romanos son bien conocidos gracias a los que,
240 INSTRUMENTOS DE MEDIDA DE PESOS EN LA HISPANIA ANTIGUA unas veces enteros y otras fragmentados, han llegado a nuestros días, en especial los procedentes de las ciudades vesuvianas. No obstante es curiosa la aparente falta de exactitud en su nomenclatura como ya recogiese en su momento el Dictionnaire des antiquités grecques et romaines (DAREMBERG y SAGLIO, 18771919: 1225 y 520-522). En efecto, se observa una cierta contradicción en los textos de Vitruvio y de San Isidoro en especial en torno a la palabra trutina que aparece confusa entre las dos principales variantes de instrumentos de peso. Aquí nos interesa más recordar que, curiosamente, los romanos no adoptaron sólo el sistema que ya habían practicado los griegos, es decir el de la balanza de dos platillos que enseguida describiremos, a pesar de ser el más exacto, sino que generalizaron la práctica de otro menos preciso pero más rápido, el de la statera, utilizada hasta nuestros días con el nombre de “romana”. III.1. Balanza simple o greco-romana (Libra10 o Talentum) Se trata de la balanza clásica y está constituida por un travesaño horizontal o scapus, dividido a la mitad por el fiel o iugum. En ocasiones en uno de estos brazos se podía disponer una graduación mediante trazos incisos. Las extremidades de ambos brazos se encuentran rematadas por una argolla o ansa de la que arrancan unas cadenas que sostienen los platillos, aunque en algunos especimenes uno de estos lances es sustituido por un peso o aequipondium, como comentaremos en el siguiente apartado. El sencillo mecanismo está basado en la ley de la palanca y la fuerza de la gravedad. La tipología descrita es conocida desde la Antigüedad como muestran las pinturas egipcias de BeniHassan, las balanzas halladas en tumbas micénicas o los vasos cerámicos griegos como la célebre copa lacedemonia de Arkesilaos donde se representa la escena del peso del silfium procedente de Cirene (DAREMBERG y SAGLIO, 1877-1919: 1222 ss.). Probablemente la muestra más antigua del Mediterráneo occidental sea el yugo de balanza hallado en el yacimiento de Castellucio en Siracusa, atribuido al Bronce Antiguo (ORSI, 1892: lám. V, 7). En la Península Ibérica los restos más antiguos estarían fechados hacia el siglo VI a.C. según evidencia la cruz de balanza procedente del Poblado Grande de Tossal Redó (Calaceite, Teruel)11, y hacia Levante, algo posteriores en el tiempo, en los yacimientos de El Cigarralejo (CUADRADO, 1987; LUCAS, 1990) y Verdolay (LUCAS 1990, 62, n. 6), ambos en Murcia, donde además de algunos platillos de balanza se encontraron varios ponderales. En ámbito extremeño ya han sido mencionados los platos de balanza hallados en Cancho Roano junto a los ponderales (MALUQUER, 1981: 335 y ss.; CELESTINO y JIMÉNEZ, 1993: 105-108). Los testimonios de balanza de dos platillos o libra son relativamente abundantes en Hispania y por encontrarse con frecuencia fragmentadas cabe considerar que habrá habido muchas que pasen desapercibidas y otras que no se hayan llegado a publicar permaneciendo tanto en colecciones privadas como en fondos de Museos aún sin estudiar12. No obstante las halladas en contextos arqueológicos son de singular valor así como las que revisten unas características peculiares. Para mayor facilidad del lector repasamos las piezas conocidas siguiendo un itinerario geográfico de norte a sur, deteniéndonos en los aspectos más notables y remitiendo a las publicaciones originarias para la ampliación y descripción en detalle. Del Norte de la Península proceden varias balanzas o fragmentos de las mismas, como es el caso del Castro de Viladonga (Lugo) (DURÁN, 1994) interesante por ser hallazgo de procedencia conocida que se añade además a un conjunto de utensilios y herramientas de bronce y piedra ligados a la actividad minera y metalúrgica que al parecer se desarrollaba en el mencionado castro. El brazo de balanza, de sección circular y con orificios en ambos extremos, tiene una longitud no grande, unos 27’9 cm con lo que se la ha considerado pensada para su utilización en orfebrería. De Navarra conocemos tres ejemplares de balanza y dos de staterae que comentaremos más adelante. Una procede de Pompaelo (MEZQUIRIZ, 1958: fig. 139, 16; ERICE, 1986: nº 20-A-1/3) está hecha en bronce y de ella sólo se conserva un brazo pequeño de 17’7 cm y un platillo también de dimensiones bastante reducidas pues no llega a los 4 cm de diámetro pero, aunque incompleta, sabemos que corresponde a niveles de siglo 10. Para mayor facilidad adoptamos este término que utilizan también varios autores modernos aunque Daremberg y Saglio (1877-1919: 1225) insisten en que este es simplemente un término genérico y no todos coinciden en utilizarlo. Así encontramos también quienes prefieren el de momentana siguiendo una lectura de S. Isidoro, aunque sólo si se trata de pequeñas balanzas (RUÍZ DE ARBULO, 1989). 11. Procede de la 2ª campaña de excavaciones en dicho poblado que realizara Bosch Gimpera en 1916. Más adelante Lucas (1990, 63-64) se han señalado los paralelos de este yugo metálico de Calaceite con elementos de balanza prerromanos hallados, respectivamente, en el poblado inglés de Cussage all Saints en Dorset (WAINWRIGHT y SRATLING, 1973: 109) así como del yacimiento del Languedoc de Cayla de Mailhac (ver LOUIS y TAFFANEL, 1955: t. I, 119, fig. 96, 1). Con referencia a este último -ejemplar en huesola autora reitera “la afinidad cultural...entre el Nordeste español y los territorios del Midi francés, matizados por el comercio etrusco, en un momento anterior a la influencia de las colonias griegas de Marsella y Ampurias”. 12. En el mismo sentido (FERNÁNDEZ GÓMEZ, 1991: 373).
Francisca CHAVES TRISTÁN y Ruth PLIEGO VÁZQUEZ 241 IV. Las dos halladas en Castejón (ERICE, 1986: nº 20-A1 y 3320-A-2) están también incompletas pero se conservan mejor y es un poco mayor el tamaño de sus brazos horizontales -27’5 y 31 cmasí como los platillos - 9’5 cm-, hecho de nuevo todo ello en bronce. No abundan los datos referentes a este sistema de pesos procedentes de la zona levantina. Tenemos noticia de un hallazgo procedente del Foro de Tarraco que consiste en un brazo de bronce de 16 cm, sin graduación y sin que se conserven ni platillos ni cadenas (RUÍZ DE ARBULO, 1989: nº 11.20, fig. 213). Pero frente a estos instrumentos de obtención de pesos de dimensiones reducidas y uso limitado a medidas de poca envergadura, existen otros fabricados con finalidad bastante diversa. Descendemos ahora hacia La Rioja y en Vareia encontramos un ejemplar en bronce y hierro que ha sido interpretado como fiel de balanza cuyo vástago se embutiría en una pieza de madera (HERAS y BASTIDA, 1998: 5). Un espécimen en cierto modo similar se halló en una casa de la Avenida de la Estación en Calahorra, que de la Colección Gutiérrez Achútegui pasó a depósito en el Ayuntamiento de la ciudad (HERNÁNDEZ, 1984: 161-163). El interés de esta pieza de bronce, con cuatro puntas molduradas, vástago de sección cuadrada y perforado para embutirse en la madera como vimos, radica en que siendo sólo el remate superior de una balanza de dos platillos, sus 15 cm nos hablan de su pertenencia a un instrumento de peso de gran tamaño, muy al contrario de lo que es frecuente encontrar en Hispania. En ese sentido puede recalcarse la existencia, también en Calahorra, de un ponderal de 313’69 gr que al parecer formaba parte de un juego de pesas de diferentes tamaños que se introducían unas en otras y, quienes lo publican, mencionan otro similar pero más pequeño procedente del yacimiento de la Fábrica Torres también en Calahorra (HERAS y BASTIDA, 1998: 5). En una excavación de urgencia en Toledo se halló el brazo horizontal de una libra en contexto del siglo IV pero no se publican sus medidas (CARROBLES y RODRÍGUEZ, 1988: 106, lám. LVII, 1). De Levante sólo nos constan dos platillos de balanza hallados en El Puntal dels Llops, en Valencia, junto a una serie de nueve ponderales. Estos son de forma troncocónica y orificio central y sus autores suponen que se trata de una serie ponderal completa que se ajustaría al sistema ibérico levantino. Algunos de ellos muestran adiciones de laminillas de metal, etc., destinadas, con toda seguridad, a conseguir un peso predeterminado. Es interesante recalcar que el conjunto del ajuar hallado en la misma habitación donde éstos aparecieron, se interpreta como característico de un espacio de prestigio, asociado además al trabajo de copelación a que era destinada el recinto contiguo. Algunas monedas republicanas centran su cronología en el siglo II a.C. (BONET y MATA, 2002: 157). En el occidente peninsular encontramos un punto donde la presencia de varias librae es curiosamente notable, máxime cuando escasean las staterae. Sólo de las excavaciones anteriores a 1962 se han hallado 16 elementos de diversas balanzas de bronce en Conimbriga entre los que se conservan fragmentos suficientes para poder calcular las pesadas que podían efectuarse con varias de ellas (PONTE, 1978: nº 1-8)13. Así se comprueba, según los puntos con que se marcan los brazos siguiendo por tanto el sistema de la statera, que dos de ellas están marcadas en uncias y previstas para pesar hasta once, mientras que otras tres se dividen en scripuli llegando una a diez y otra a once. Aún hay otras tres más pequeñas pero en las que no se advierte la graduación. Además se hallaron cinco platos para balanzas de tamaño reducido y dos elementos de suspensión o aginae. Más tarde, en las excavaciones luso-francesas se hallaron tres brazos de balanza del tipo de dos platillos en las que también se marcaban las cantidades con incisiones en los brazos, en este caso once incisiones una correspondiendo a scripuli y la otra a unciae. Sus dimensiones eran de 13’5, 15 y 26’5 cm, acompañando a la última los platillos de 6 cm de diámetro (ALARÇAO et alii, 1979: 176-177, fig. 184, 185, 187). También en zona del Portugal actual, en concreto en Hortas das Pias, Évora (PONTE, 1986), se conoce el hallazgo de un ejemplar con la tipología de balanza greco-romana o libra y, también en zona lusitana, no podemos olvidar la interesante pieza de Emerita Augusta. Si bien es cierto que la balanza emeritense no procede de una excavación arqueológica regular, al menos su donante explicó las circunstancias del hallazgo: en un sepulcro romano, en una zona donde éstos abundaban, junto a la muralla oriental de Mérida, depositada como ajuar funerario, acompañando a una ampolla de cerámica y a un raro y escaso instrumento quirúrgico -speculum magnum matricis-, se encontraba un brazo de balanza. La interpretación más plausible es que se tratase de la tumba de un médico y la balanza hubiera sido utilizada para fines farmacéuticos (MÉLIDA, 1919: 250-252; ALMAGRO, 1976: 133). Menos datos nos proporciona el platillo en bronce y de 5’70 cm de diámetro que se halló durante las excavaciones arqueológicas habidas en Regina (Casas de Reina, Badajoz) (POZO, 2002: 102-103, nº 77). El Sur peninsular ha dejado asimismo unos pocos ejemplares alguno especialmente interesante. En la antigua Carissa Aurelia, hoy despoblado cercano a Bornos (Cádiz), durante las excavaciones de 1987 aparecieron el brazo y los platillos de una balanza de orfe13. PONTE (1978, nº 1-8) recoge ocho ejemplares y (ALARÇÃO et alii, 1979) tres casi completas a las que habría que añadir varios fragmentos sueltos.
bre hecha de bronce, cuyo scapus presenta una longitud de 7’6 cm (POZO, 2002: 102, nº 76, fig. 99). Contamos también con el dato del hallazgo de una libra en Carmona (BONSOR, 1931). Restos o piezas sueltas de algunas otras balanzas con probable procedencia andaluza se conservan en el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla como veremos más adelante (FERNÁNDEZ GÓMEZ, 1991: 379-380). Pero el ejemplar más interesante y raro es la pequeña balanza de bronce procedente de Osuna (Sevilla) de la que se conserva el scapus de 14’5 cm y los platillos con 31 mm de diámetro cada uno. Curiosamente el grosor de estos es diferente, 2’5 y 1’3 mm, lo que origina un peso desigual. Al montar la balanza con unos hilos modernos ya que los antiguos se habrían descompuesto, sólo colocando en el platillo más ligero 7’25 g, que es el peso de un áureo, se equilibra la balanza. Es muy raro este tipo de ejemplares de una sola pesada y si bien en el Museo Británico se conserva uno para denarios, en vez de dos platillos tiene uno y un contrapeso. Es preciso resaltar además que la terminación de esta balanza para áureos está bien cuidada y los extremos del scapus reciben una decoración de tres cuentas circulares (CHAVES, 1982: 222, fig. 2). En realidad esta extraña balanza debe considerarse como una curiosa variedad de las de tara fija que se conocen en el mundo romano y que alcanzarán, aunque con morfología diferente, un gran éxito en el futuro como aludiremos más adelante. Se han propuesto dos balanzas de tara fija halladas en Hispania que por desgracia sólo se han conservado a través de dibujos. Una de ellas al parecer fue hallada en Castra Caecilia y presenta un contrapeso en forma de ánade según es posible apreciar en una acuarela conservada en el Museo de Mayence ya que el ejemplar desapareció en la Segunda Guerra Mundial. Un ejemplar semejante se refleja en otro dibujo de Schulten procedente de Numancia. Sus medidas respectivas serían de 107 y 78’5 mm (FEUGÉRE, DEPEYROT, MARTIN, 1997: 346, 359) III.2. ‘Romana’ o Statera Balanza típicamente romana -de ahí su nombredesconocida por los griegos. Se trata de un instrumento de medida que, como ya ha sido comentado, es menos exacto y riguroso que el anterior. Tipológicamente está constituida, al igual que la ya vista, por una barra horizontal cuya sección podía adoptar varias formas siendo la más habitual la circular o prismática (PONTE, 1978: 125). Partiendo de una anilla de suspensión en el scapus, se disponen dos brazos desiguales, del menor de los cuales (iugum) penden varias argollas (ansae) en las que se ubican una serie de ganchos, cadenas o platillos con la función de colocar en ellos aquello que quería pesarse. El peso se equilibraba gracias a un aequipondium móvil suspendido del lado mayor o scapus, donde se encontraba además la graduación realizada a base de pequeñas incisiones, que dependiendo del tamaño de la balanza se trataba de libras, en el caso de grandes balanzas, o de onzas (unciae) y medias onzas (semiunciae) para las más pequeñas. Asimismo, la graduación en las balanzas de grandes proporciones solía ser mixta, así en libras y en onzas y medias onzas (PONTE, 1978: 125, nº 9). Una forma intermedia entre esta statera y la balanza greco-romana descrita líneas atrás sería un ejemplar hallado en Pompeya y conservado en el Museo de Nápoles, en el que un aequipondium se desliza por el brazo en el que se encuentra la escala. La evolución de esta forma habría desembocado en la versión más antigua de la statera o “romana” en la que la carga es equilibrada con el punto de suspensión, como ocurre en la balanza hallada en las excavaciones de Verona datada en época republicana, así como en otro ejemplar similar conservado en el Museo de Berlín (DAREMBERG y SAGLIO, 1877-1919: 1226). Esta tipología también se encuentra representada en la Península Ibérica por una balanza de hierro, hoy perdida, hallada en Cartagena en 1772 (RUBIO, 1997: 27, fig. 2)14. En Hispania contamos con numerosos ejemplares de balanza romana aunque presentan variaciones, principalmente en lo que respecta al tamaño y la calidad de su ornamentación. Si hacemos el recorrido de norte a sur encontramos que en Ereñuko Arizti (Vizcaya) durante unas excavaciones realizadas en 1969 y en contexto del siglo IV, apareció una statera de bronce pequeña, con la varilla de sección cuadrada y una numeración que la dividía en 12 partes aunque sólo algunos números como el I, II ó V se ven señalados con claridad y hay irregularidades manifiestas también en las subdivisiones que teóricamente debía comprender cada sección (APELLÁNIZ, 1974a: 137 ss., f. 16-17; APELLÁNIZ, 1974b: fig. 30, 1). Resulta por tanto incierto el sistema de medidas que no parece responder a la normativa romana habitual aunque es poco lógico introducir un sistema de pesos poco frecuente. Interesa recordar que este objeto apareció en una necrópolis indígena, con sencillos ajuares, en la que el simple ritual consistía en depositar el cadáver sobre el suelo, en una sala interior de una cueva situada junto a las canteras de mármol del monte. En ese trabajo el autor se preguntaba si la mencionada balanza mues242 INSTRUMENTOS DE MEDIDA DE PESOS EN LA HISPANIA ANTIGUA 14. LEIBA, P. DE, 1772. Nota informativa sobre hallazgos arqueológicos al excavar la caja de cimiento de la muralla de Cartagena. Real Academia de la Historia, Colección Velázquez, t. 74, leg. 2 – “Monumentos de pintura, escultura y arquitectura”. Ver también (DAREMBERG y SAGLIO, 1877-1919: 1226).
Francisca CHAVES TRISTÁN y Ruth PLIEGO VÁZQUEZ 243 tra el índice de romanización o se trata tan sólo de una baratija sin uso. Por nuestra parte creemos que sí debió haber sido utilizada y que, tras su deterioro o fractura, cumplió otra función, en este caso de carácter simbólico, acompañando al difunto para el que quizá tuviera una singular significación. De Pompaelo procede un brazo de bronce de sección cuadrangular y 16’5 cm rematado en un botón donde comienzan cadenas y anilla aunque no se advierten marcas de pesos (MEZQUIRIZ, 1978: fig. 40, 1; ERICE, 1986: nº 20-B-1). Hay también otro, en un estrato bastante revuelto, del que sólo quedan 18’9 cm, unido a una plaquita de la que penden dos ganchos en el que tampoco se leen los pesos (MEZQUIRIZ, 1978: 202, fig. 112, 120; ERICE, 1986: nº 20-B-2). A veces nos han quedado únicamente noticias parciales que no dejan de ser un testimonio más sobre el uso en Hispania de dichos artilugios y su expansión. Es el caso de la statera, roto su brazo en tres partes con la longitud de 25’5 cm, al que tal vez pertenece otro trozo de 7’2 cm, procedente de Palencia. El dibujo que nos dejó D. Antonio Vives de esta pieza palentina, es excelente para reflejar el funcionamiento de estos instrumentos de peso y también para adentrarnos en la Anticuaria en esa época de fines del XIX e inicios del XX ya que fue sencillamente producto de un intercambio entre Vives -no sabemos en qué consistió la contrapartiday D. José Rubio (GARCÍA-BELLIDO, 1993: 271, lám. 323). En los alrededores de Madrid en El Rasillo de Barajas, en una zona que podemos considerar como suburbio agrícola de Complutum y en un contexto del siglo IV con abandono en el V, se encontraron una serie de objetos cerámicos y metálicos entre los que destacaba una serie de útiles destinados a uso agropecuario y doméstico (POZUELO y VIGIL-ESCALERA, 2003: 281, 283, fig. 3). Entre ellos había una romana, esta vez de hierro, con barra de sección triangular y 23’5 cm de longitud. Por fortuna se conservaba el gancho para colgarla y el otro gancho del que debía suspenderse la mercancía a pesar, además dos aequipondia cilíndricos de 122 y 63 g que ejercían de contrapeso. El material utilizado y la tosquedad de la factura corresponden perfectamente al uso agrícola que se haría de ellas. En la zona portuguesa, donde vimos una mayor profusión de balanzas de dos platillos, también hay alguna representación de staterae. Así, en las excavaciones de Conimbriga anteriores a 1962, se recogió una excelente pieza de bronce que cuenta con dos escalas dispuestas en ambas caras del scapus. En una de ellas los intervalos van de I a V libras -es decir, hasta 1’944 Kgy marca subdivisiones en fracciones de libra. Por la otra cara la escala comprende de V a XX libras -hasta 6’549 Kgllevando también subdivisiones intermedias. Tiene un brazo dividido en dos sectores de distinto tamaño, 12 y 6’9 cm, de la que también se conservan dos argollas para la suspensión de las mercancías y otra para colgar la balanza (PONTE, 1978: nº 9). No obstante, los hallazgos más interesantes de staterae han tenido lugar en el Este de la Península. Conocemos dos ejemplares gracias a su localización en el Museo de Gerona por parte de Palol (PALOL, 1950: 68, lam. XXVI, 1,2). En efecto, ambas figuraban en un inventario que en 1897 realizase J. de Botet y Sisó acerca de un hallazgo de bronces cercano a una villa romana en el Collet de Sant Antoni de Calonge (Gerona). El brazo de una tiene 63 cm de los que 43 cm forman el iugum donde se dispone la numeración que sin embargo no describe. En el tramo corto hay tres ranuras con anillas de las que penderían los ganchos conservándose sólo uno de estos. De la otra queda parte de las cadenillas y el brazo pero siendo similar, es más pequeña y tosca. En Baleares, en las excavaciones de Pollentia, se halló un brazo de statera de 12 cm, con incisiones en una cara y tres cadenas y, aunque no se encontraron los platillos, sí había un ponderal de 300 g (ARRIBAS, 1978: 36, fig. 18,3). Pero sobre todo destaca la zona levantina siendo la ciudad de Valencia la que, depositados en diversas instituciones, conserva los ejemplares más notables. En 1929 el Servicio de Investigación Prehistórica de la Diputación valenciana adquirió parte de la Colección F. de Motos entre los que se encontraba la pieza que comentamos seguidamente y que no sería publicada hasta 1959 (SENTANDRÉU, 1959: 197-202). Se había hallado en un cerro cercano a Vélez Blanco (Almería) y aunque incompleta porque falta la parte graduada de la varilla o scapus -quedan 9’3 cm-, está en aceptable estado de conservación. Se trata de una statera de bronce en la que quedan tres ganchos de suspensión, uno para colgarla, otro para suspender el contrapeso y otro del que pende una barra con forma en U con dos cadenillas de 16 y 17 cm, rematadas a su vez en ganchos donde se colgaba la mercancía a pesar (SENTANDRÉU, 1959: lám. 1). Años después y según la noticia de C. Aranegui, se produjo un notable hallazgo “en aguas marítimas del término de Valencia” (ARANEGUI, 1989: 263-264). Se trata de una statera de bronce en muy buen estado de conservación, sólo a falta del aequipondium, con el gancho de colgar y otro para suspensión de mercancías, con la particularidad de que en un orificio situado en el extremo del scapus se acoplan cuatro cadenas de 83 cm cada una que sostienen un platillo de 23 cm de diámetro. Varios puntos merecen recalcarse en esta singular pieza: uno es el brazo, de 54’5 cm que lle-
244 INSTRUMENTOS DE MEDIDA DE PESOS EN LA HISPANIA ANTIGUA va doble graduación marcando puntos o eses; otro, la calidad en sí de todo el conjunto con detalles como terminar los extremos del brazo en forma de bola, disponer perfectos eslabones en las cadenas y unos cuidados remates de éstas en el asiento del platillo en forma de exquisitas hojas lanceoladas. Pero el dato de mayor interés lo constituye la inscripción que se grabó utilizando la técnica del puntillado y por las dos caras del inicio del scapus: IMP.CAE.NERVA / TRAIANO AVG. y del otro lado GER.DAC.COS.VI / EX A.IN CAPITOLIO. Como observa su editora, es el testimonio del control oficial de su garantía de pesadas realizado durante el sexto consulado de Trajano, es decir en 112, aunque cierto desgaste de uso le hacen suponer que el momento de su pérdida debió ser posterior. Asimismo, detalles técnicos y el paralelo en este sentido con una statera pompeyana similar, le sugieren procedencia de un taller campano. Pero sin duda la pieza más espectacular de todas las hispanas es la hallada en la playa de El Saler, adquirida por el Ayuntamiento de Valencia en 1953, aunque sólo tras su restauración fue publicada en 1998 (ROCA e IZQUIERDO, 1998: 231-238). Si bien la limpieza a la que fue sometida confirmó su procedencia marina, la conservación es excelente. El brazo tiene 69 cm de los cuales, 45 cm, los ocupan el cursor o iugum con doble escala, de modo que podrían pesarse con bastante precisión hasta 55 libras. Al igual que la anterior presenta inscripción en puntillado: IMP.CAESARI VESPASIANO.AVG.PONT.MAX TRI.P VI IMP XIIII P. P COS DES EXACTA IN CAPT., lo que fijaría su factura hacia los años 74-75. Del cursor movible sólo se conserva el enganche pero la parte plana del brazo, de sección rectangular, remata en un aro de donde penden cuatro cadenas de 108 cm que soportan un plato de 31 cm de diámetro. Además hay otras dos argollas, una en la parte superior y otra en la inferior. En esta statera todo es excepcional: si sus dimensiones superan las de las otras ya mencionadas en bronce, la decoración es realmente exquisita, desde los extremos gallonados de la barra a la estudiada figura de sirena con delfines en el enganche de las cadenas y su remate en silenos donde reposa el plato, hasta las rosetas con nielado de la parte plana del scapus. Los autores de la publicación de este magnífico ejemplar suponen que, como la ‘romana’ anterior, procedería de un taller campano. En su opinión pudiera haber formado parte de “un cargamento de piezas espectaculares” transportado por un barco naufragado en la zona, probablemente un tiempo después de la fabricación de la balanza ya que ésta muestra cierto desgaste de uso. Nos preguntamos si la reiteración de motivos marinos entre los que se cuenta el tridente de la parte plana de la barra, pudiera responder a la finalidad concreta de llevar este instrumento en una nave que, por el refinamiento de la pieza, debería estar reservada a personajes de gran relevancia15. De época bizantina únicamente contamos con el gancho y su correspondiente cadenita en bronce pertenecientes a una statera, aparecida en un pozo de Cartago Spartaria junto a cerámicas que hablan de un contexto bizantino inicial (RAMALLO, 2000: 603). Del Sur de la Península Ibérica proceden también algunas staterae interesantes aunque no tan refinadas como las vistas en aguas levantinas. En 1906, en el Algarve portugués, se halló un brazo de statera de bronce de 29’6 cm, con tres ganchos de suspensión y tres graduaciones, que presentan 7 divisiones principales referidas a las libras, que constan cada una de ellas de 12 incisiones secundarias que marcarían las uncias, a excepción de una de ellas que consta tan sólo de 9 divisiones16 (TEIXEIRA DE ARAGAO, 1896; COSTA COUVREUR, 1958: 113-129). El sitio exacto del hallazgo tuvo lugar en la zona costera, no lejos de la desembocadura del Guadiana donde se sitúa la antigua Balsa - entre Tavira y Vila Real de Santo Antonio-, junto a un pavimento donde también había otras piezas de metal como anzuelos17. 15. En el mencionado artículo se habla de la existencia de otra statera pequeña en bronce, procedente de El Saler, con brazo y cadena con gancho pero sin ninguna decoración (ROCA e IZQUIERDO, 1998: 337-338). 16. El mencionado autor hace un estudio completo sobre el mecanismo de la balanza. 17. La descripción del contexto es muy vaga y no aclara nada más. Lámina I: Statera de Valencia (Foto Museo de la Ciudad de Valencia).
Francisca CHAVES TRISTÁN y Ruth PLIEGO VÁZQUEZ 245 De la actual Andalucía proceden algunas piezas interesantes, una de ellas se halló “al parecer, en el lugar conocido como Diente de la Vieja, en el término municipal de El Saucejo, en el mismo yacimiento que las famosas tablas de la Lex Irnitana, aunque no en el poblado”. Un dato poco frecuente es que no sólo formaba parte de un ajuar funerario sino que le acompañaban monedas del siglo I, aunque éstas podían haber perdurado en su uso (FERNÁNDEZ GÓMEZ, 1991: 373-375, fig. 1). Esta statera consta de un brazo de 11 cm con doble escala: por una parte las graduaciones irían de I a V libras, y por la otra hasta XXIII. La irregularidad de las incisiones hace desconfiar de la exactitud de las pesadas. No se conoce la procedencia de una barra que conserva el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla, graduada con incisiones que van desde una onza a 42 libras en tres escalas, aunque en una extensión mucho más larga que la anterior por lo que el autor supone que debía ser más precisa en su medida y por tanto, que debió ser utilizada para objetos de valor (FERNÁNDEZ GÓMEZ, 1991: 376, fig. 2). Un tercer ejemplar comprado en un mercadillo y por consiguiente también sin procedencia aunque como todas estas debió ser andaluza, es recogida por Fernández Gómez (1991: 376, fig. 4). Con un brazo de 44’3 cm y un scapus de 31’7 cm, consta de tres cadenillas con eslabones en S, que terminan en argollas, rematadas a su vez en cabezas de ánades, y según de la que se suspendiera la statera, podía realizarse la correspondiente pesada, que el autor supone que alcanzaría de cinco a 75 libras. De esta “romana” se conserva la argolla en U y la cadena de la que pende el aequipondium en forma de bellota de 302’28 g. Además este autor recopila varios elementos de balanzas conservados asimismo en el Museo Arqueológico de Sevilla y sin procedencia conocida, como un fragmento de extremo de statera con su gancho, otra barra completa de libra, dos platillos de balanza -de 17 cm de diámetroque no pertenecen a la anterior, así como varios aequipondia a los que aludiremos más adelante (FERNÁNDEZ GÓMEZ, 1991: 379-380). En su momento pudo estudiarse una statera encontrada en Baena (Córdoba) con una aceptable conservación que permitió ciertas precisiones (CHAVES, 1982: 219-222) (Figura 1). La longitud total del brazo es de 14’5 cm y el scapus viene marcado con dos escalas de sensibilidades, una contiene los numerales I, II, III y IV de modo que al haberse conservado el contrapeso, podemos deducir que se podían pesar de una a cuatro libras colgándola en el anillo oportuno. Lástima que en la segunda escala no se aprecian los numerales y lo que imposibilita determinar su exacta sensibilidad. Es muy interesante la conservación del aequipondium, en forma de bellota, de 6’5 cm y 294’5 g pero para alcanzar ese peso con su tamaño, consiste sin duda en un núcleo de plomo recubierto de bronce como ocurre en otros casos (PHILIPP, 1979: 137). III.3. Ponderales No pretendemos en ningún momento recoger exhaustivamente los ejemplares hallados en la Península Ibérica e incluso resulta complejo hacer un inventario de todos los publicados ya que no siempre es fácil el acceso a la totalidad de las publicaciones, artículos, memorias de excavaciones y fondos de museos. No obstante en las líneas que siguen se hará una breve exposición de carácter general haciendo alusión a los aspectos más destacados de los mismos. La variedad es grande tanto en materiales -principalmente en bronce y plomo, aunque excepcionalmente los encontramos en alabastro y pizarra-, como en formas: geométricas, vegetales, zoomorfas e incluso antropomorfas. Su función depende del instrumento de pesada, así podemos distinguir los aequipondia que presentan argollas para ser suspendidos básicamente en las staterae, de los pondera que son más adecuados para las librae. Aquellos encontrados junto a su balanza correspondiente ya han sido mencionados en el apartado anterior por lo que no vamos a repetirlos a continuación. Sin contexto pero procedente de las excavaciones de Iuoliobriga, se encontraron dos pesas de plomo con sendas asas de hierro de forma circular con pesos de 6’64 y 3’31 kg, es decir, se corresponden con 10 y 20 libras aproximadamente, por lo que sus autores suponen que formarían parte de un juego (GARCÍA Y BELLIDO et alii, 1956: 160, fig. 48). De Atxa (Vitoria) proceden varias pesas algunas de las que se ha supuesto serían para ser utilizadas no en balanza sino en el extremo de una groma18 (FILLOY y ZUBILAGA, 2000: 235, nº 179-180) mientras que otras se interpretan como ponderales para balanzas de dos platillos, algunas de ellas con marcas de numerales y una cronología que va del siglo I al III (FILLOY y ZUBILAGA, 2000: 235, nº 181-184). En tierras riojanas, en Vareia, apareció un ponderal de bronce horadado perteneciente a un juego y con peso de 313’69 g, citando su editor otro hallado en la cercana Calahorra (HERAS y BASTIDA, 1998: 5, nº 4). Curiosamente en zona aragonesa se han recuperado en dos yacimientos distintos varios ponderales de alabastro, en concreto en Juslibol (FATÁS, 1973: lám. X) y en el de El Burgo de Ebro (BURILLO, 1984), ambos en Zaragoza. Los de Juslibol son de forma cuadrangular con marcas fácilmente legibles que muestran VS y 18. Ciertamente es difícil decidir a veces por la tosquedad de las piezas la función exacta de algunas que tanto pudieron ser utilizadas como verdaderos pondera de balanza como en una groma, en una plomada o en usos similares.