José María Benjumea Fernández Angulo, en la Academia Sevillana de Buenas Letras
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JOSE MARIA BENJUMEA FERNANDEZ ANGULO, EN LA ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS (*) por EDUARDO YBARRA HIDALGO Cuando por la benevolencia de Vds. accedí a la Dir ec ción de esta ilus tre corporación el Viernes de Pascua del pasado año, una de las cosas que hice fue leer un poco la historia de la Academia. Me interesó conocer la causa de que habiendo sido elegido para el cargo de Director, el gran patriarca de las le tra s sevillanas D. Luis Montoto Rautenstrauch que durante cuare nt a años había sido su secretario, aparece en la lista de directores con la nota de «No tomó po sesión». Al poco tiempo, leyendo sus memorias publicadas en 1930 con el título de «Por aquellas ca lendas», mi curiosidad tuvo cumplida re spuesta. Cuenta Montoto, cómo un día en que estaban de buen humor lo s señores académicos, les dió en la peregrina ocurrencia de elegirlo para el cargo. Me causaron sonrojo la s razones que alegaba, para no haberlo aceptado y después de enumerar las cualidades que debía tener el director, terminaba diciendo que los hombres que dirigen la s corporaciones debían tener siempre la bolsa abierta y repleta para, en las ocasiones en que la dignidad lo pida, vaciarla. « Mi bolsa -decía-estuvo abierta siempre; pero, ¡ayl abierta y ... vacía». Aparte de ese rubor, no dí más trascendencia al asunto, y mientras la vida de la Academia seguía desenvolviéndose con normalidad. Los miembros de la Junta de Gobierno continuaban desempeñando cumplidamente sus (' ) Discurso leido en la Sesión Necrológica de D. José M' Benjumea, el 22 de Noviembre de 19 91.
80 EDUARDO YBARRA HIDA LGO cargos, sin que se presentara problema alguno. Pero un día el académico electo, D. José María Benjumea Fernández Angulo, al que me unía una gran amistad heredada de mi familia, que desde hacía años venía ocupando el cargo de contador, definitivamente me planteó lo que hacía tiempo tenía anunciado: No había l eido su discurso de ingreso, a pesar del tiempo transcurrido de sde que fuera elegido, y aunque lo tenía preparado, -trataría sobre los últimos trabajos y descubrimientos en Itálica-, decía que a su edad, no estaba para discursos en acto público con todo lo que ello traía consigo, por lo que renunciaba a su condición de académico. Dada la irrevocabilidad con que planteó el asunto, no tuve más remedio que aceptar su renuncia, quedando vacante tan importante cargo, cuyas funciones de momento tuve que asumir. La cosa siguió marchando con normalidad, pero también era normal se retrasaran las escasas subvenciones de la Academia, con lo que se llegó a no poder pagar sus gastos ordinarios. Al inquirir que se venía haciendo con anterioridad en estos supuestos, comprobé que la bolsa de D. José María Benjumea, sin ser Dir ec tor, siempre estaba abierta para los casos en que la necesidad lo demandaba. Esta generosidad de D. José María Benjumea, no era más que un ejemplo de su actitud de verdadero mecenas de las letras y de las artes sevillanas, que concretamente en esta Academia está representada por sus donaciones para dignificar su sede; como el magnífico cuadro de la Adoración de los reyes de la escuela de Murillo, que nos preside; los grabados con sus marcos del antiguo monumento de la catedral, y de la custodia de Arfe, un interesante portillo tallado procedente del desaparecido palacio de Sánchez-Dalp en la Plaza del Duque, cortinajes y otros elementos decorativo s. Este académico singular, que no leyó su discurso, pero que no faltaba a las sesiones, que sin intervenir en las discusiones, daba en su momento su atinada observación o consejo, que quizá no fuera escritor, pero bajo su égida se publicaron bellos y fundamentales libros sobre el arte hispalense, llegó a la Academia con una importante relación de méritos, por lo que a su fallecimiento, unánimemente acordó que aunque a la sazón, por su renuncia, no pertenecía a la Corporación, se resaltaran sus méritos en sesión ordinaria, así co mo que las intervenciones fueran publicadas en el Boletín del presente curso. Don José María Benjumea y Femández Angulo, na ció en Sevilla en 1906, quinto hijo del matrimonio de D. José María Benjumea y Pareja y de Dª María del Carmen Femández Angulo y Semprun, hija del IV Conde de Cabarrús.
JOSE MARIA BENJUMEA FERNAN DEZ A NG ULO 81 Los Benjum ea proceden de Torroba , s olar de Valdeo ser a, avecindándose en el siglo XVI en la Puebla de Cazalla de esta Pro - vincia y desde principios del XIX en Sevilla, en la que aparecen co mo una de sus más representativas familia s, con miembros de stacados en la vida política, agrí co la , industrial y comercial, de la Ciudad, de Andalucía, de la Nación, e incluso del ex tranjero. Estudió el bachillerato con los Jes uít as, primero en el colegio que los padres de la Compañía tenían en la Plaza de Villasís y después en el madrileño de Chamartín. Cursó la carre ra de Derecho en la Universidad Hi spalense, en época en qu e destacaban en la facultad de derecho, catedráticos de la categoría de D. Demófilo de Buen, D. Eloy Montero, D. Federico Castejón, D. Ricardo Checa, y cuyo claustro se in co rporaron en esos años Don Ramón Carande y D. Carlos GarcíaOviedo, que sería con el tiempo Direc tor de esta Academia, com o también lo sería el entonces Vicerrector D. Mariano Mota. Obtenida la licenciatura, ingresa en el bufete profesional de D. Manuel Blasco Garzón, que también se ría director de la Academia. La muerte de su padre le obliga a dedicar se a los negocios familiares primero, y organizando los suyos después, relacionados con la actividad marít ima y con la de seguros. Lo jurídico va dejando paso a la vocación artística, que poco a poco se va desarrollando en D. José María Benjumea, orientada hac ia la s bellas artes, las letras, la historia de Sevilla y a la música, afic ión ésta estimulada por su matrimonio co n Mª del Carmen Rull Benito perteneciente a un a familia de auténti cos melómanos que habitaba en la casa número 1 de la calle Almirant azgo . Cuando en mi niñez yo vivía en la vecina calle de la Aduana, tengo como uno de mis antiguos recuerdos cómo al pasar por aquella casa presidida por un hermoso y sevillanísimo patio, podían oírse las notas de alguno de los pianos que había en ella, en los que tocaban las Srtas. de Rull Benito y su ma - dre y tía la s Sras. Benito. Desde la época de su matrimonio se inicia la visita anual a Sa lzburgo, del matrimonio Benjumea Rull, a finales del me s de Ago sto una vez pasadas la novena y fiesta de la Vir gen, para asistir a sus famosos festivales. Este año D. Jo sé María asistiría con un matrimonio amigo, y con e ntr adas tomadas y alojamientos reservados, por circunstancias que no son del caso, hubieron de anularse, com o si de una premonición de su cercana muerte se tratara. Para considerar su actividad artística y literaria tan amplias, divido su actuación en tr es apartados: Los cargos para los que fue nom - brado relacionados co n la actividad artística, la s obras de re stauración en las que intervino, y por último su actividad bibliográfica.
82 EDUARDO YBARRA HIDALGO En 1969 es nombrado D. José María Benjumea, Delegado Provincial de Bellas Artes, a cuyo puesto le llamó el entonces Dire ctor General de Bellas Artes, D. Florentino Pérez Embid, al que le unía una gran amistad. A la muerte de éste seguiría su colaboración con los Sres. Pérez Villanueva y Lago. Casi simultáneamente, se le nombra Presidente del Patronato de Bellas Artes y Presidente del Patronato de Itálica. Al siguiente año 1970, es designado Dir ector del Museo Provincial, de la que se ha dado en llamar la segunda pinacoteca de España. Todos estos cargos los desempeñó con gran capacidad y actividad ha sta 1977. En su calidad de Presidente del Patronato de Itálic a, procedió a la adquisición de cuarenta y dos hectáreas de terrenos para amp liar las excavaciones, superficie adquirida en once millones de pesetas, y que hoy valdría una fortuna para su edificación, cosa que se impidió entonces. Consiguió también que !CONA creara un parque de ocho hectáreas en Itálica; y para evitar derrumbamientos y perjuicios de la cimentación en lo que hoy es el tercer anfiteatro romano del mundo, obtuvo de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, se realizaran las necesarias obras de sustentación. Logró que se evacuaran los terrenos que cubrían el Teatro Romano, adquiriendo treinta y tres casitas que debiendo ser derruidas, promovió para alojar a sus ocupantes y a otros de próximo desahucio, Ja construcción de do scientas viviendas en el mismo término municipal de Santiponce. Es más, cedió los terrenos para la construcción del grupo escolar que lleva su nombre, para mil quinientos alumnos. No sabemos qué sería hoy del Palacio de San Telmo, en el que tan dignamente quedará instalada la Presidencia de la Junta de Andalucía, sin la intervención de Benjumea. Cuando la Santa Sede autorizó al entonces arzobispo Cardenal Bueno Monreal, para que pudiera ser ve ndido, el posible comprador era el Ayuntamiento de Sevilla para trasladar allí su sede. Las partes no se pusieron de acu er do en el precio, y conocedor Don José María Benjumea de la oferta realizada por una constructora, aunque el Cardenal ciertamen te se había opuesto a dicha venta, aquel consigue en brevísimo plazo la declaración, del palacio, y de sus jardines, como monumento hi stórico artístico. Director del Museo Provincial realizó una importante lab or para enriquecer sus fondos, consiguiendo cuadros de autores de lo s que carecía la pinacoteca. Siendo Don Diego Angulo director del Museo del Prado, eligió D. José Mª Benjumea setenta y cinco obras notables que vinieron al de Sevilla. Consiguió la adquisición de obras de Lucas
JOSE MARIA BENJUMEA FERNANDEZ ANGULO 83 Cranach y que el hijo del que fuera académico de Bellas Artes D. Cayetano Sánchez Pineda donara al mu s eo « El niño de la espina» de Zurbaran. Ante el hecho de que en la tierra de Velázquez no hubiera en su Museo ninguna obra del artista, consiguió un lienzo del Palacio Arzobispal que representa la imposición de la casulla a San Ildefonso por la Virgen, para que fuera expuesto en nuestro mu seo, negociando que el Cardenal Bueno Monreal, lo legara « al pueblo de Sevilla », colaborando el Ayuntamiento con cuatro millones de pe setas, para corresponder a las atenciones de la Diócesis. Por esa exigua cantidad, que no fue precio de venta, si no cesión al pueblo de Sevilla, adquiría el Museo ese cuadro, que restaurado, a ca usa de las obras que allí se realizan han quedado depositado en el despacho de la Alcaldía. Esta era una de las últimas preocupaciones de Don José María; que la obra fuera al Museo para el que lo donó el Cardenal, ya que de ninguna manera se puede considerar como precio la cifra de cuatro millones que el Ayuntamiento aportó para nece si dades de la Diócesis. La intervención de Don José Ma ría Benjumea en obras de restauración ha sido de una enorme trascendencia para el tesoro artístico sevillano. Una vez que cesó en los expresados cargos oficiales, en 1980 promovió la constitución de la «Asociación de Amigos de la Catedral», de la que fue alma, guía y sustentador, asociación que con su muerte se encuentra actualmente en orfandad. Al taller que estableció el local cedido por el Cabildo Eclesiástico en el Colegio de San Miguél, se han ido llevando una buena cantidad de cuadros de la Catedral, algunos en lamentable estado, que perfectamente restaurados han sido colocados dignamente. Entre lo s objetivos alcanzados, figuran las siguientes restauraciones realizadas entre 1980 y 1990: -Capilla de San Laureano. -Capilla de la Concepción Grande. Capilla de los Dolores. -Tres tablas grandes de Alejo Femández. Catalogación y restauración de las telas de la Catedral, siglos XVI al XVIII. -Tabla de Pedro Femández de Guadalupe. -Siete tablas de Cristóbal de Morales. Dos pinturas de Jacob Jordaens.
84 EDUARDO YBARRA HIDALGO -Limpieza de la s Capillas de alabastro de la Virgen de la Es - trella y San Gregorio. -Restauración de miniados de veinte libros corales. -Restauración de 62 lámparas de plata de la Capilla de la Virgen de la Antigua. Elaboración de fichero de ornamentos litúrgicos (más 1.000 fichas). -Restauración del retablo de la Piedad de Alejo Femández. -Restauración del descendimiento de Pedro de Campaña. Restauración de diez retratos de la Biblioteca colombina. -Restauración de la Tabla de Ntra. Sra. de lo s Remedio s. -Restauración de la Trinidad obra de Luis Tristan. Restauración de dos cuadros de Roelas. Y finalmente, la última obra salida de los talleres de «amigos de la Catedral», la restauración del Retablo de la Capilla de Santa Ana y del Cristo de Maracaibo, con la aportación económica de la Real Maestranza de Caballería. Fuera de la Catedral toma a su cargo la restauración de Santa Ana, Virgen de Roca Amador en San Lorenzo y limpieza del retablo mayor de la Iglesia de San Jorge de la Hermandad de la Caridad. En esta, como en tantas otras, cuando se terminaba el presupuesto, siempre aparecía un donante anónimo para poder terminar la obra. Ya nadie dudaba que la bolsa de D. José María generosamente se había abierto una vez más. Mención especial merece la magna obra de la restauración del Retablo Mayor de la Catedral, el mayor de toda la cristiandad. Don José María Benjumea supo transmitir a todos, la preocupación del Cabildo Catedral ante la urgente necesidad de adoptar medidas de consolidación y de devolverle su primitiva esplendidez. El supo aportar ayudas de entidades de crédito, banqueros, particulares y el resultado ho y lo podemos contemplar en toda su magnificencia. Su actividad se extendió después a la restauración de los más importantes cuadros del Palacio Arzobispal, al que llevó también algunos procedentes del Seminario. La estrecha colaboración con el Sr. Arzobi sp o y el Cabildo Catedral le llevó a la «Junta de objetos de culto» de la Basílica Metropolitana. Todo ello le mereció el reconocimiento oficial del Cabildo Catedral que nombró a D. José María Benjumea Canónigo Honorario de la Catedral de Sevilla. También e ra académico correspondiente de la R ea l de Bellas Artes de San Fernando.
JOSE MARIA BENJUMEA FERNANOEZ ANGULO 85 Allá donde hubiera una obra de arte en peligro aparecía Benjumea, y así se pudieron salvar la colección de monedas de Dª Francisca Chaves o una de las mejores colecciones de España de encajes con destino al museo de artes populare s. Ya indicamos co mo tercera actividad de D. José María Benjumea, después de la de los cargos, y de la s restauraciones, su actividad bibliográfica. Durante su etapa al frente del Patronato de Itálica vió Ja luz Ja segunda edición de la «Itálica» de García Bellido y posteriormente como Delegado de Cultura el catálogo de los museos sevillanos. Pero los más bellos libros sobre temas sevillanos, por su contenido, presentación e ilustraciones, publicados entre 1981 y 19 88 lo fueron bajo los auspicios de D. José Mª Benjumea. Ciertamente él no los escribió, pero los hizo posibles. Cronológicamente aparece primero la sorprendente «Sev illa Oculta» de Enrique Valdivieso y Alfredo J. Morales, que los autores le dedican «Como verdadero impulsor en esta obra cuyo amor a Sevilla hizo posible »; y en la introducción queda constancia como el libro ha tenido su origen en Don José María Benjumea «que desde hace años acariciaba la idea de dar a conocer el Tesoro artístico de los Conventos de clausura de Sevilla». De Don José María Benjumea es la Introducción del libro más importante que se ha escrito sobre Ja Catedral de Sevilla, en la que modestamente trasfiere el mérito de la publicación a «Los Amigos de Ja Catedral». Pero el prologuista Femando Chueca deja bien se ntado como Don José Mª Benjumea ha sido el «p romotor y alma» de la obra. Admirable colaboración la del profesor Don Enrique Valdivieso, D. José Mª Benjumea y D. José Sánchez Dubé en las fundamentales obras «Historia de la Pintura Sevillana» y «Valdes Leal~ . En Ja pri - mera tanto el editor, Sánchez Dubé como el propio Valdivieso reconocen su esfuerzo por aportación de recursos materiales, de gestión y de allanamiento de tantas dificultades. Y en el segundo, el mismo editor acredita que pilar fundamental de la obra ha sido una vez más D. José María Benjumea por su valioso consejo, gestiones de todo tipo y apoyo para alcanzar el feliz objetivo. Creo que Don José María Benjumea y Fernández Angulo, ha cumplido los fines de la Academia, especialmente, en el segundo de los especificados en el artículo 12 de los Estatutos, de contribuir a
86 EDUARDO YBARRA HIDALGO ilustrar la hi storia de Sevilla y de la región andaluza. Sus obras artísticas ahí quedan; los libros que patrocinó siempre serán joyas en una biblioteca y fundamentales para el que quiera est udiar nuestros más insignes monumentos, o la obra de nuestros pintores a través de los siglos. Creo que la Academia ha quedado honrada con el paso por sus filas de persona de su talla moral, humana y artística.