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La corrida de toros como ritual religioso

Desmonde, William H.

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Rev)sta de Estudios Taurinos N.º 19-20, Sevilla, 2005, págs. 87-122 LA CORRIDA DE TOROS COMORITUAL RELIGIOSQl , William H. Desmonde l. Introducción.- 11. La Corrida de Toros.- IU. El Toro en la Religión Antigua.- IV. La Religión Mitraica.- V. Mitraísmo y Cristianismo.- VI. Reminiscencias paganas.- VII. Las Corridas de Toros en la Antigüedad.- VIII. Supervivencias paganas en España.- IX. La España moderna.- X. La moderna Corrida de Toros.- XI. La Corrida de Toros como reminiscencia.- XII. Conclusión. 1r l. 00RODUCCIÓN 11 reud y Reik han demostrado que muchos de nuestros rituales modernos, como el del sacramento del agua, son reminiscencias compulsivas del asesinato primordial del padre y su consiguiente devoración. Ahora intentaremos demostrar que la corrida de toros, un juego particularmente sangriento, también puede conducimos al parricidio original. Es bien sabido que la tragedia griega se originó en una ceremonia religiosa durante la cual se mataba y se comía a un toro. « ... una gran procesión que avanza ... El Toro es sacrificado ¿por qué? ¿por qué ha de morir algo tan sagrado? ... Muere porque es tan sagrado que puede darle a su gente su sacralidad, su fuerza, su vida, ... » (Harrison, 1948: 88). 1 Nota del Editor: Este artículo fue publicado originariamente en la ·revista The Amerian !mago, n.º 2, vol. 9, 1952. Ha sido traducido al castellano por Rafael Mazarrasa. 88 William H. Desmonde Respecto al sacrificio de animales como origen de la tragedia, Freud escribió: « ... Pero ¿por qué tenía que sufrir el héroe de la tragedia? ¿y cuál fue el pago de su trágica culpa? Él tenía que sufrir porque él era el padre perenne: el héroe de aquella tragedia primor-. dial. .. y la culpa trágica es la culpa con que él tenía que cargar para librar de la suya a los del coro». Nos interesa, por consiguiente, lo escrito por Emest Hemingway: «La corrida de toros no es un deporte en el sentido anglosajón de la palabra. . .. Es, más bien, una tragedia: la muerte del toro, que se representa, más o menos acertadamente, por el toro y el hombre involucrados en una acción en la que existe peligro para el hombre, pero al animal le espera una muerte segura»2 (1932: 16). Comparando de forma explícita el antiguo ritual de sacrificio del toro con el festín totémico descrito por St. Nilus, Jane Harrison recurre a la descripción hecha por Firmicus de la fiesta cretense de Dionisos, que da origen al mito griego. «Desmembran a un toro vivo a dentelladas, y recorren los lugares secretos del bosque profiriendo alaridos discordantes, simulando así la locura de una mente rápida» (1922: 484). El sacrificio de animales se practicó -al menoshasta el · siglo VIII, y durante el siglo IV aún persistían en España las prácticas totémicas. Demostraremos que la corrida de toros es sobreviviente del festín totémico, y que el toro, como víctima sacrificial, es dios y hombre, un símbolo que alude tanto al padre como a su hijo rebelde. 2 N. del T.: Las cursivas son de Desmonde. La corrida de toros como ritual religioso 89 De este modo, el matador representaría al cabecilla de la horda de hermanos, mientras que su cuadrilla, o compañía, formada habitualmente por dos picadores, tres o cuatro banderilleros y el puntillero, encarnaría al resto de los hijos que han formado banda para perpetrar el parricidio. Fig. n.º 39.- Freud al cumplir el medio siglo. Apud Freud (1973: 1, Lám. 18). Il. LA CORRIDA DE TOROS Son frecuentes en España las corridas de toros organizadas espontáneamente en los pueblos de sus provincias; se suelta al toro en una plaza pública y se le mata. Hemingway describe una de estas lidias improvisadas. 90 William H. Desmande «. : . los participantes se abalanzaron sobre el toro, todos a una, con navajas, pinchos, cuchillos de carnicero y piedras; un hombre acaso entre sus cuernos, zarandeado arriba y abajo, otro volando por el aire, seguramente varios agarrándole el rabo, un enjambre de macheteros, piqueros y puntilleros que lo acosan, se le echan encima y lo apuñalan hasta que el animal vacila y cae» (1932: 24). En una de estas corridas provincianas, el toro se foe de mano, matando a dieciséis e hiriendo a sesenta. Después sucedió el siguiente episodio: «Uno de los muertos era un muchacho gitano de unos catorce años. Cuando el toro lo mató, un hermano y una hermana del difunto per - seguían al toro tal vez con ánimo de asesinarlo si la ocasión se presentaba. . . . Eso era difícil porque ya se habían hecho cargo del toro ... y su dueño decidió enviarlo a un matadero de Valencia ... . Los dos gitanillos se presentaron en el matadero y el muchacho pidió permiso para matar al toro que había matado a su hermano. Recibió autorización y empezó por sacarle los ojos al toro, que estaba encajonado, escupiendo luego en ambas cuencas, y después lo mató tajándole la espina dorsal ... pidió entonces pe rmiso para cortarle los testículos al toro y, al obtenerlo, salió con su h erm ana del matadero y, ya en la calle polvorienta, encendieron una hoguera y, ensartando en un palo los dos testículos, los pusieron al fuego y cuando.estuvieron bien asados se los comieron» (1932: 24)3. Hay otros pasajes de Hemingway que también indican que el toro constituye una imagen del padre. Por ejemplo: «Extraña sensación la que se tiene cuando un animal va a por ti queriendo matarte, ver que te mira con los ojos abiertos y fijos, y percibir el empuje del cuerno con el que intenta matarte» (1932: 24). 3 N. del T .: Las cursivas son de Desmonde. La corrida de toros como ritual religioso 91 La corrida de toros propiamente dicha-se desarrolla conforme con una serie de ceremoniales estrictamente sujetos a norma, lo cual sugiere que en su origen hay un rito religioso. La corrida de toros se divide. en tres partes (tercios) y en cada una de ellas se enfrentan al toro los diferentes miembros de la cuadrilla. El primer tercio es el de los picadores, hombres a caballo que van armados de largas lanzas. Las picas qUe rematan las varas son lo suficientemente cortas para no alcanzar el corazón del toro, de manera que lo único que consiguen los picadores es herirlo y torturarlo. Para picar a un toro, los picadores tienen que tenerlo cerca y en el encuentro suelen resultar los caballos gravemente heridos. En ocasiones han muerto varios caballos a lo largo de este primer tercio. El espectáculo de caballos heridos es horroroso; antes de caer, más de una vez, recorren el ruedo arrastrando las tripas por el suelo4. Tras dejar herido al toro los picadores, los banderilleros inician su faena citando al toro de lejos y haciéndole correr por el ruedo para cansarlo, mientras le van clavando banderillas, montadas en astiles de unos 80 centímetros de largo, en el cuello y en el lomo. Estos dardos con punta de arpón se quedan enganchados en la piel del animal. Por último, entre el clamor de la multitud, el matador entra al combate. Desde su ceremonioso saludo inicial al entrar en el ruedo, el matador y su cuadrilla actúan siempre con estricta sujeción al Reglamento. El matador debe pedir permiso para matar al toro, y tras serle otorgado por el Presidente, brinda la muerte del toro. El matador, al que aquí miramos como caudillo de la horda de hermanos, debe matar al toro afrontando el riesgo. El peligro que 4 N. del T.: Como puede leerse en la nota siguiente, el autor elige, para describir la corrida, dos textos: uno de 1907 y otro de· 1910, en un momento en que todavía los toros se picaban con caballos sin protección y, por consiguiente, produciéndose escenas como las que describe pero que hoy en día son irrepetibles. 92 William H. Desmande . corre su persona es considerable, incluido el riesgo de morir o de ser malherido. El matador cita al toro moviendo un paño de color rojo ante la cara del animal; cuando éste se arranca, el matador esquiva su embestida con habilidad, dejando que el toro roce el trapo. El matador ha de cumplir la norma hasta en sus mínimos detalles. Tiene que inclinarse, desmonterarse y dibujar una reverencia cuando solicita permiso para matar al toro .. Cuando arroja su montera, no la tira de frente, sino hacia atrás, pasándola por encima del hombro izquierdo; si se la tira a una persona en particular significa que el matador dedica la: muerte del toro a ese individuo. El matador si consigue matar con arreglo al ritual recibe los aplausos del público y, teniendo a sus pies el despojo, eleva sus brazos que sostienen espada y muleta levantándolas y bajándolas a modo de victorioso saludo; cuando no logra realizar la suerte correctamente escucha inmediatamente las protestas (pitos) del público. El puntillero, aunque el toro haya caído por tierra, entra en el ruedo para rematar al animal muchas veces aun agonizante. s Comentando una corrida de toros, Havelock Ellis ha escrito: «Ceremonia espléndida, depurado ritual, solemnemente aceptada: lo que aquí presenciamos evoca a lo que atestiguamos cuando el Arzobispo consagró el santo óleo o cuando lavó los pies de trece hombres mayores. El proceso completo que culmina s Mi descripción de la corrida procede básicamente de Davis (1902 y 1910). El autor añade que el puntillero remata al toro porque «hasta los más diestros espadas fallan de vez en cuando, y sería indigno de ellos tener que repetir la suerte» apreciación equivocada pues el torero está obligado a matar el toro dentro del tiempo que el Reglamento establece. En el caso de no lograrlo, el toro, lejos de cachetearlo el puntillero, s.erá devuelto por el Presidente al chiquero. Para realizar esta faena salen a la plaza los cabestros (toros mansos y castrados) domados para envolver al bravo e introducirlo en los corrales. La corrida de toros como ritual religioso 93 con la muerte del toro no es sino un depurado ritual . ... en ambos casos, la ceremonia, unida a un intenso sentimiento subyacente, proporciona el elemento más profundo de la fascinación. La corrida de toros es española, y atrae a los españoles tanto como ritual sagrado cuanto como deporte»6 (1923: 348). Además de Ellis, otros autores también han quedado . impresionados por el aire ritualista que rodea a la corrida de toros. Por ejemplo, Richard Harding Davis, que ha escrito: «Ningún otro juego se desarrolla con semejante observancia de ceremonia y protocolo, de tradición y orden de precedencia. Hay costumbres en la lidia de toros arraigadas hace 500 años .... » (1902 : 642). III. EL TORO EN LA RELIGIÓN ANTIG UA La matanza ritual y consiguiente comida de un toro sagrado constituyeron una parte esencial de las religiones en la Antigüedad clásica, particularmente en Grecia (Fig. n.º 40) . El sacrificio de animales, como repetición del crimen primordial, obedece a un designio de orden superior y representa, simultáneamente, tanto la muerte del padre como un sacrificio por parte del hijo para conseguir su propia absolución (Fig. n.º 41). El toro fue deificado en todas las antiguas civilizaciones, y fue sagrado en Egipto, Mesopotamia, Persia, Creta, Grecia e India. Incluso a Yahvé, el dios hebreo, se le adoraba a veces bajo forma de toro. Pero aquí no hay espacio para desarrollar con detalle estas consideraciones.7 6 N. del T .: Cursivas de Desmonde. 7 Ver, por ejemplo Conybeare, 1905: vol VII: 81; ibidem, 1916: 887 - 890; Reik, 1946: 85; Frazer, 1923 y Demircioglu, 1939. 94 William H. Desmonde Particular atención merece Dionisos, quien, como deidad fálica, era adorado bajo la forma de toro en el ritual cretense. Según el mito, Zeus, encarnado en una serpiente (falo) visita a Perséfone, la cual acaba dando a luz a Dionisos, una criatura cornuda. A poco de nacer comenzó a emular a su padre blandiendo el rayo en su mano diminuta, asumiendo así esas prerrogativas del padre. Atacado por los Titanes, escapa de ellos adoptando diversas formas, convirtiéndose temporalmente en Zeus, después Fig. n.º 40.- Lucha de Hércules con el toro de Creta. Apud Navarro, F. (Dir.) (2004): Historia Universal, Madrid, El País-Salvat, 4, 263. Fragmento de una metopa del templo de Zeus en Olimpia, siglo V a. C. en Cronos, en un hombre joven, un león, un caballo y una serpiente, sucesivamente. Por último, bajo la forma de toro, fue acuchillado hasta la muerte (Fig . n.º 42). «Un rasgo del carácter mítico de Dionisos ... era que se le solía concebir y representar en forma de animal, especialmente bajo la forma de un toro o tocado con cuernos de toro. Por eso es referido como el nacido de vaca, el toro, el de aspecto de toro, cara de toro, ceño de toro, cuernos de toro, con cuernos, bicor- La corrida de toros como ritual religioso 95 ne, cornudo. Creían que se aparecía, al menos ocasionalmente, en forma de toro. Sus imágenes, como la encontrada en Sísico, solían tener forma de toro o estar tocadas con cuernos de toro; y se le pintaba con cuernos» (Frazer, 1925: 16). La identificación de Dionisos con el toro y el hecho de que la tragedia griega surgiera históricamente de la matanza ritual de un toro, abonan, por consiguiente, nuestra hipótesis de que la Fig. n .º 41.- Sacrificio israelita de un toro. Apud Navarro, F. (Dir.): Historia Universal, El País-Salvat, Madrid, 2004: 2, 378. H. J. Nuscheler: El profeta Elías sacrifica un toro ante los sacerdotes de Baal, siglo XVII, vidriera, catedral de Zurich (Suiza). corrida de toros, en cuanto tragedia, es una conmemoración del crimen primordial. « ... los cretenses, cuando representaban la pasión y muerte de Dionisos, despedazaban a un toro con los dientes. Ciertamente, el desgarramiento y comida de toros y becerros vivos parecen constituir una característica regular de los ritos dionisiacos. Si consideramos la práctica de representar al dios como un toro o con alguno de los atributos de este animal, la creencia de que se 102 William H. Desmande especialmente entre la aristocracia, pero el advenimiento de Teodosio en el.año 394 de nuestra era puso fin a toda esperanza de reavivar este culto. Después persistirían en Roma unos cuantos taurobolia clandestinos, subterráneos, situados en sótanos recónditos de los palacios, donde se siguió celebrando el culto, aunque por poco tiempo. V. MITRAISMO Y CRISTIANISMO Tras la derrota final del mitraísmo, muchos de sus rituales. y mitos fueron incorporados al cristianismo. Por consiguiente, si la corrida de toros moderna fuese supérstite de la religión mitraica, bien podría ser una de esas numerosas facetas del culto de Mitra que se fusionaron con el cristianismo. Resultará instructiva la constatación de las similitudes entre ambos culto's. «La pugna entre las dos religiones rivales fue tanto más enconada cuanto más se asemejaban sus particularidades. Los adeptos de ambos cultos formaban conventículos secretos, estrechamente unidos, cuyos miembros se trataban de hermanos entre sí. Los ritos que practicaban ofrecían numerosas analogías. Los sectarios del dios persa1 al igual que los cristianos, se purificaban mediante el bautismo; recibían, a través de alguna forma de confirmación, el poder necesario para combatir a los espíritus del mal; y esperaban de una Cena del Señor la salvación de cuerpo y alma. Al igual que los cristianos, los mitraístas santificaban el Domingo y celebraban el nacimiento del Sol el 25 de diciembre, la misma fecha en que lo celebraban aquéllos, al menos desde el siglo IV ... . Ambos creían en la existencia de un Cielo habitado por seres beatíficos, situado en las regiones superiores, y de un Infierno poblado de demonios, situado en las.entrañas de la tierra. Ambos situaban el comienzo de la historia en un Diluvio .... (ibidem: 190). La corrida de toros como ritual religioso 103 La liturgia del taurobolium, practicada en Asia desde tiempo inmemorial, tiene un fuerte parecido con. el ritual católico de comer la hostia y beber la sangre de Cristo, compartiéndol~s, con el fin de conseguir una renovación del alma. El sacrificio mitraico del toro, el corte de sus testículos y el baño en su sangre se prestan, por consiguiente, a una interpretación semejante al sacramento católico de la comunión: El toro representa al mismo tiempo al odiado padre y al hijo que es sacrificado en expiación del parricidio. El baño del novicio en la sangre del dios moribundo es sobreviviente del festín totémico durante el que los hermanos fortalecían su unión mediante la ingesta de pedazos del cuerpo del dios. VI. REMINISCENCIAS PAGANAS La suplantación del mitraísmo de ningún modo fue un proceso rápido ni fácil, aun después de la adopción del cristianismo como la religión oficial de Roma (Fig. n.º 44). La labor misional contra el paganismo en general continuaría durante más de mil años. En Inglaterra, los bailes con motivo de la fiesta fálica del Ramo de Mayol 1 perdurarían, al menos, hasta 1583. Semejantes prácticas sexuales dan fe de los enormes obstáculos, bajo la forma de instintos naturales inextirpables, que dificultaban la labor misionera de los cristianos, y <:femuestran que son innumerables los ritos paganos que continuaron practicándose tras la implantación del cristianismo, al haber sido adoptados por éste de manera ostensible. Frazer apunta lo siguiente: 11 N. del T.: May-pole se traduce por rama, vara, madero o poste, generalmente de abedul, que se adornaba con guirnaldas de flores y se llevaba en procesión o se clavaba en el suelo durante la fiesta del primero de mayo en las poblaciones de la Inglaterra medieval. En su torno se organizaba el baile, que los detractores puritanos de la fiesta calificaban de lúbrico. 104 William H. Desmande «Tomadas en su conjunto, las coincidencias entre los festivales cristianos y lbs paganos son demasiado estrechas y demasiado numerosas para ser accidentales . Ilustran el compromiso que la Iglesia, en su hora de triunfo, se vio obligada a contraer con sus rivales, vencidos pero peligrosos .... Para que una fe semejante pueda ser aceptada nominalmente por naciones enteras o incluso por el mundo, es esencial modificarla o transformarla primero, de acuerdo en alguna medida con los prejuicios, las pasiones, las supersticiones del vulgo» (1923, Parte IV, Vol. 1: 311). Fig. n.º 44.- Menhir cristianizado, Saint-Duzec, Francia, Apud Lelorrain, · A. M. (Dir.) (2005): Historia Universal Larousse, Madrid, Spes Edit., 3, 399. En España también tenemos numerosas cristianizaciones de monumentos religiosos arcaicos como es el caso de la capilla del Cristo de Cangas de Onís (Asturias) construida sobre un dolmen de la Civilización de los Megalitos. La historia de la Iglesia Católica atestigua los innumerables compromisos que fueron necesarios para extender el poder del papado. La Na vi dad fue originariamente el día del nacimiento de Mitra, a quien, como dios del sol que era, se tenía por nacido un 25 de diciembre, con el solsticio de invierno. La Virgen que concibió a un hijo y lo alumbró en esa fecha fue originariamente Astarté, una diosa semítica. (Fig. n.º 45). La Pascua de Resurrección proviene del festival romano que celebraba la muerte y resurrección del dios Atis. De manera que las dos festividades La corrida de toros como ritual religioso 105 más importantes de la cultura occidental son supérstite del mitraísmo; por consiguiente, es, cuando menos, plausible que la corrida de toros constituya asimismo una de estas supervivencias. John M. Robertson afirma que la sepultura del propio San Pedro se localiza en la Colina Vaticana porque ese era el lugar del mitraísmo en Roma. La sede de San Pedro es simplemente la Fig. n.º 45.- Astarté entre dos machos cabríos, divinidad fenicia, siglo XIII a. C., marfil. Apud Lelorrain, A. M. (Dir.) (2005): Historia Universal Larousse, Madrid, Spes Edit., 1, 182. Fig. n.º 46 .-Astarte, tes oro de El Carambolo (Sevilla), siglo VII a. C., Sevilla, Museo Arqueológico Pro- , vincial. sede del Pater Patrum, supremo pontífice de Mitra en Roma. Según este autor, el Pater mitraico se transformó en el papa cristiano tras la muerte de Julián el Apóstata (1911: 336). La pregunta surge: ¿Cuál fue el destino histórico de los innu - merables fieles de Mitra, esparcidos por todo el vasto imperio romano, tras el triunfo del cristianismo? Una religión de tan enorme poder no podría haber desaparecido sin dejar sus muchas huellas. ¿No es, 106 William H. Desmande acaso, posible que la corrida de toros fuese originalmente un · ritual mitraico, amalgamado más tarde en el cristianismo? (Fig. n.º 46). VII. LAS CORRIDAS DE TOROS EN LA ANTIGÜEDAD Tan lejos tiempo atrás como en el 1200 a. C. ya se celebraban diversos juegos que tenían al toro por protagonista. En el antiguo Egipto, el santuario del dios-toro Apis se situaba al lado del templo de Ptah, donde se celebraban combates de toros y se concedían premios a los animales vencedores (Fig. n.º 47). Esto no era un mero espectáculo, sino un ritual mágico o religioso. En un bajorrelieve egipcio que se exhibe en el Louvre se ve a un toro corneando a un hombre caído en el suelo, mientras que un segundo cazador parece haber sido derribado anteriormente por el mismo toro. Uno de los frescos descubiertos por Schliemann en la Ciudadela de Tirene muestra a un toro a galope que lleva a un hombre inestablemente montado a su espalda. En algunas monedas griegas acuñadas en Catana aparece un toro con cabeza de hombre que lleva a la espalda a una figura acrobática sorprendentemente igual a la descrita. El toro jugó un papel de enorme importancia en la cultura micénica. «La prominencia del toro en la civilización micénica viene indicada en el número de grandes cabezas de toro, llenas de vida y de fuerza, halladas en distintos lugares del mundo micénico. Se suman a estas representaciones de gran tamaño ... las casi innumerables terracotas con la pequeña figura de un toro en relieve sobre diversos objetos, y de cabezas de toro usadas como parte de un ornamento (Bourne: 1917)12. 12 La descripción de los juegos de toros está tomada de la obra de Boume, 1917: Vol V, 142 así como de la de Croque, 1917. La corrida de toros como ritual religioso 107 En un estuco micénico hay dos toros pintados en plena carrera, y uno de ellos tiene a un muchacho dando un salto de campana sobre su espalda. También hay mujeres actuando con toros; una de ellas aparece de pie entre los cuernos de un toro embistiendo. «Una buena muestra del juego de toros ... es la que se describe en una de las cenefas que decoran la famosa vasija de los com - bates hallada en Hagia Triada, al sur de Creta. Hay dos toros poderosos galopando hacia la izquierda y uno de ellos lleva a un hombre en los cuernos. Algunos piensan que el hombre está a punto de completar con éxito algún tipo de alarde gimnástico, pero parece más probable que el hombre haya sufrido la cogida del toro que lo lleva colgando de Jos cuernos. La presencia de esta escena en medio de las escenas de lucha que contienen las demás cenefas decorativas de la vasija demuestra, al parecer, que el tema principal no son los toros, sino la descripción de lo que sucede en la arena donde tienen lugar los combates» (ibídem: 143). Fig. n.º 47.-Apis como toro androcéfalo període tardá. Bronce. Apud Delgado, C. (Com.), (2000-2001): El toro y la Mediterránea, Baleares, Sa Nostra. El toro, como animal sagrado, era ofrendado a la Diosa Madre en los ritos sacrificiales minoicos (Fig. n.º 48). Crooke duda que el toro, como animal bendito, fuera utilizado meramente como divertimiento. La teoría del doctor A. B. Cooks es, en resumen, que el juego del toro tenía lugar en una arena, que él denomina laberinto, y que era un rito religioso en relación con el dios-toro, que era representante del Sol. 108 William H. Desmo nde Plinio y Suetonio han descrito el juego de los toros en Tesalia durante el siglo V, a. C.. Hombres a caballo persiguiendo a toros hasta agotarlos, se echan luego encima de ellos y, agarrándolos por los cuernos los doblegan hasta dar con ellos en tierra. Este deporte, que llegó a ser muy popular, se practicó durante cientos de años. Ya en el siglo 1, a. C.: Fig. n.º 48.- Diosa Madre dando a luz entre dos panteras, <;:atal-Héiyüc, c. VI milenio a. C. Apud Lelorrain, A. M. (Dir.) (2005): Historia Universal Larousse, Madrid, Spes Edit., 1, 36. «En aquellos tiempos se había convertido, cuando menos, en un espectáculo regular del circo, a veces por sí mismo, aunque era más frecuente verlo acompañando a otros combates, tanto en las ocasiones religiosas como en las seglares» (ibidem: 147). En una inscripción hallada en Carianda, cerca de Halicamaso, en Asia Menor, fechada en el siglo 1ó11, a. C., se reseña el historial honorífico de un hombre que presidía los jue - gos del toro. Otra evidencia apunta a la existencia de juegos de toros en Esmirna. La corrida de toros como ritual religioso 109 Las crónicas de Grecia y del Mediterráneo oriental indican que hay una forma de hostigamiento de los toros, tendente a su captura y posterior conducción al lugar donde serán sacrificados, · que constituye el preámbulo del rito sacrificial. Crooke dice que en el festival de Haloa en Atenas se celebraba una especie de corrida de toros en honor de Dionisos o de Poseidón. El juego del toro fue importado de Tesalia a Roma en tiempos de César, según Plinio. (El mitraísmo también se propagó desde esa región). Fig . n.º 49.- Dominguillos, 1750. Apud De Witz, E. (1993): Combats de taureaux en Espagne, Madrid, Centro de Asuntos Taurinos, Comunidad de Madrid, Lám. 18. Las corridas de toros eran frecuentes en Roma, donde los malhechores eran expuestos a los ataques de toros furioso (Fig. n.º 49). «Sabemos que se incitaba al toro arrojándole un muñeco de paja, llamado pila, a la cabeza ... Otras veces se le enfurecía quemándole con antorchas y, como cuenta Ovidio, se le citaba agitando una prenda colorada delante del toro, práctica que tiene un paralelismo en la moderna corrida de toros española. Se relata un interesante incidente sucedido en el siglo III. Al parecer, un senador había sido. enviado a la arena de Roma a 110 William H. Desma nd e asestarle el golpe de muerte a un toro grande .... He aquí una notable similitud con el acto final del sangriento drama que es la corrida de toros española, cuando el espada despacha al toro de un certero espadazo» (ibidem: 149). Se dice que fue Teodosio. el que puso fin a las corridas de toros en Roma en la última parte del siglo IV. No puede determinarse si su decreto fue efectivo inmediatamente; sin embargo, des- · pués no se registra ninguna corrida de toros celebrada en Roma. Es instructivo señalar que fue aquel Teodosio el que acabó con las esperanzas de un resurgimiento del mitraísmo en Roma. VIII. REMINISCENCIAS PAGANAS EN ESPAÑA El toro fue una figura importante en la mitología de los íberos, los antiguos habitantes de España. Se han encontrado pinturas de animales (toros, bisontes, caballos y ciervos) en la cueva de Altamira que datan de 15 a 20.000 años. En Guisando (Avila) hay cuatro estatuas de toros en medio de un campo cuyo origen se remonta al tiempo de los iberos. Los lusitanos, según Altamira, sacrificaban en sus altares a animales y a humanos, escrutando sus entrañas para adivinar el porvenir. Fenicios y griegos establecieron colonias en España desde muy antiguo, y no cabe duda de que llevaron consigo sus ritos religiosos y sus mitos. En el 236 a. de C. los cartagineses iniciaron la ocupación de toda la Península, aunque fueron expulsados poco después por los romanos, que desde entonces dominaron España. Los visigodos, una tribu germánica, invadieron España en el 414, y la destrucción del Imperio Romano de Occidente les dejó todo el mando, excepto durante una breve ocupación de tropas de Bizancio en el siglo VI (Altamira: 1930). Consecuencia de la larga dominación romana fue el arraigo en España de la influencia del Mediterráneo oriental. Stephen McKenna escribe: La corrida de toros como ritual religioso 111 «A lo largo de siglos de asentamiento y administración, los roma- · nos ejercieron una tremenda influencia en la vida religiosa de la Península. La religión de Roma se propagó por toda España a tra - vés de los veteranos del ejército y de los italianos que se establecieron allí a comienzos del siglo II a. de C.» (1938: 13). Durante los tres primeros siglos de esta era penetraron en España los cultos mistéricos orientales, el primero de los cuales fúe la religión de Frigia. «La principal característica de este culto frigio era el taurobolium o criobolium, una ceremonia que también se· encuentra en el culto de Mitra» (ibidem: 20). Aunque Cumont afirma que los monumentos mitraicos son casi inexistentes en la Península ibérica, McKenna dice que en España se han encontrado · unas veinticinco inscripciones de Mitra (Fig. n.º 50). Fig. n.º 50.- Dionisio. Escultura encontrada en el mi treo de Cabra, Córdoba, Museo Arqueológico Provincial. «El centro de este culto parece haber estado en Mérida, donde se han encontrado unas cuantas estatuas de Mitra. También era venerado en Tarragona, en partes de la Bética y en los castros militares del Noroeste. A Mitra se le suele referir como Sol Dominus lnvictus. Sobre el altar a él dedicado en Mérida están inscritas las palabras Ara Genesis lnvicti Mithrae, que probablemente se refieren al nacimiento del dios. El culto de Mitras pare - ce haber sido muy popular a mediados del siglo 11 de nuestra era. Casi. todas las inscripciones han sido dedicadas por soldados» (ibidem: 22). 118 William H. Desmande . destrucción fanática de toda huella del mitraísmo. Hemos visto, además, que la Iglesia hizo lo posible por erradicar la práctica religiosa del sacrificio de animales, recurriendo a la pena de muerte para los adeptos a este ritual pagano. Y, en general, los fieles devotos siempre se han mostrado reacios a reconocer las fuentes paganas del cristianismo. Una última pieza de evidencia se nos ofrece porsí misma . . El deporte español de matar al toro se denomina Fiestas de Toros. Pero Ford (1861: 287) dice que en su traducción inglesa este término tiene un significado laico y bajo, ya que su traducción más fiel incluiría la noción de festín o de festival de toros.14 Esta información añade mayor fuerza a nuestra conjetura de que la corrida de toros es supérstite de los rituales banquetes comunales de la a~tigüedad. XII. CONCLUSIÓN Hemos intentado verificar la hipótesis de que la corrida de toros moderna es reminiscencia del festín totémico, en el cual el hombre primitivo conmemoraba el crimen primordial matando y comiendo al animal totémico. Hemos visto que el toro muy frecuentemente fue, en la antigüedad un animal totémico. Sabemos que los deportes populares proporcionan, además de vías de salí-. da a la hostilidad reprimida, sentimientos de admiración hacia un héroe.15 Es un hecho que el totemismo y las fobias infantiles 14 N. del T.: Feasts or festivals of bulls. El autor parece referirse a la noción de banquete festivo. 15 El Dr. Renato J. Almansi reporta haber tratado a un sudamericano muy aficionado a la caza que se excitaba muchísimo en las corridas de toros. Este paciente rindió ·abundante material indicador de que él identificaba a su padre con el toro, así como del hecho de que él se identificaba simultáneamente con el torero y con el toro, admirando a ambos por su valor y su fuerza. La misma identificación del padre con el toro volvió a surgir durante un sueño en el que él pisaba Ja arena de un ruedo y era aterrorizado por un toro, y también en otras muchas asociaciones. La corrida de toros como ritual religioso 119 demuestran el desplazamiento hacia animales de las actitudes para con el padre, 16 y que la historia. de las religiones está reple - ta de divinidades taurinas. Vimos que el sacrificio del toro era el rito central del mitraísmo, que se extendió por todo el orbe romano. Hay evidencia de que la lidia de toros fue introducida en España por los romanos. Podemos, en consecuencia, concluir afirmando que existe una fuerte posibilidad de que la corrida de toros española sea, al menos parcialmente, una reminiscencia mitraica, y que hemos validado en gran medida nuestra hipótesis original. La cuestión de por qué ha sobrevivido el sacrificio de toros sólo en España tiene que quedar abierta para ulteriores investigaciones. Es instructivo que el eminente Jessie L. Weston haya llegado a considerar que las historias del Santo Grial son reminiscencias del mitraísmo: «Los romances del Grial reposan eventualmente, no sobre la imaginación de un poeta, sino sobre las ruinas de un ritual augusto y antiguo, un ritual que llegó a afirmarse como el guardián acreditado de los s~cretos más profundos de Ja Vida . Apeado de tan alta posición por la fuerza incesante de la evolución religiosa, -porque, después de todo, Adonis, Atis y sus congéneres no son más que los semidioses que tienen que dejar sitio a los dioses cuando éstos llegan-; siguió presente, abiertamente, en costumbres folklóricas, en ayunos y festines, siempre que no alterara la tranquilidad del país; secretamente, al abrigo de cuevas y montañas ... » (1941: 176). Terminamos con una declaración de Horatio Smith: «Hemos visto cuántos siglos sobrevivieron los juegos paganos a las deidades en cuyo honor habían sido originariamente 16 Freud menciona a un paciente paranoico que soñó que era perseguido por un toro enorme, del que huía aterrorizado. (1905-1915 (1917): Vol, II, 239). 120 William H. Desmande instituidos. Más dispuestos a rendir su anticuada religión que la diversión que ésta llevaba emparejada, los paganos sólo podían ganarse para el cristianismo mediante un compromiso que les permitiera incorporar a la nueva fe muchas de las festividades y asuetos del paganismo. Es cierto que éstas adoptaron otros nombres; fueron bautizadas de nuevo y consagradas a santos y mártires en lugar de a semidioses y héroes; pero a la multitud le importaba muy poco la forma y el título, siempre que obtuviera la esencia, la cual, según el sentir popular, consistía en la festividad y en sus concomitancias procesionales o festivas» (1833: 95). La corrida de toros como ritual religioso 121 BIBLIOGRAFÍA Altamira, R. (1930): A History of Spanish Civilization, London, Constable & Co. Es una traducción. Boume, E. (1917): "Ancient Bull Fights", Art and Archaeology. Capitán L. Fitz Bamard: Fighting Sports, London, Odhams Press. Conybeare, F. C. (1905): "The Survival of Animal Sacrifices inside the Christian Church", The American Journal ofTheology. ___ (1916): The Encyclopedia of Religion and Ethics, New York, Scribners. Cook, AB. (1914): Zeus, Cambridge Univ. Press, Vol. l. Croque, W. (1917): "Bull-baiting, Bull-racing, Bull-fights", Folklore, June Cumont, F. (1903): The Mysteries of Mitra , Chicago, The Open Court Publishing Co. H ay traducción al castellano. Chapman, Ch. E. (1931): A History of Spain, New York, Macmillan. Davis, R. H. (1902): The Gentle Art of Bull-Fighting, New York, Scribners. ___ (1910): "The Bull Ri ng" The English Illustrated Magazine. 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