El Porvenir. El sentir de un diario sevillano en la difícil coyuntura de 1848
Abstract
La fecha de 1848 aportó a Sevilla la vivencia de, entre otros, dos acontecimientos de especial relieve: el fallido alzamiento del comandante Portal y la fundación de un órgano de prensa -El Porvenir- al servicio de la fracción moderada del progresismo. La comparación entre los resultados originados por ambos fenómenos convenció a un nutrido grupo de sevillanos de la imperiosa necesidad de abandonar las armas en favor de la pluma; esto es, de apostar, de manera preferente, por la creación de diarios y semanarios polí- ticos al objeto de atraer a la «opinión pública» a su propia causa.
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La fecha de 1848 aportó a Sevilla la vivencia de, entre otros, dos acontecimientos de especial relieve: el fallido alzamiento del comandante Portal y la fundación de un órgano de prensa -El Porveniral servicio de la fracción moderada del progresismo. La comparación entre los resultados originados por ambos fenómenos convenció a un nutrido grupo de sevillanos de la imperiosa necesidad de abandonar las armas en favor de la pluma; esto es, de apostar, de manera preferente, por la creación de diarios y semanarios políticos al objeto de atraer a la «opinión pública» a su propia causa. * * * Si el sistema de comunicación forma parte estructural de un sistema social más amplio, el análisis del primero nos va a permitir llegar a los fondos de cualquier sociedad o grupo social concreto»1. Jesús Timoteo Alvarez avanza, con las anteriores palabras, el propósito de la presente investigación, que no es otro que el de profundizar en el conocimiento de la sociedad sevillana del siglo XIX a través de una de sus publicaciones más representativas, la encarnada por El Porvenir. Fundado en la capital hispalense hace exactamente 150 años, el nacimiento del diario objeto de nuestro estudio se incardina en uno de los momentos que ofrece mayores cotas de interés para el estudioso de la prensa. Resultado de la concepción comunicativa predominante en la pasada centuria -la de la prensa política y de partidoEl Porvenir se nos presenta, El Porvenir. El sentir de un diario sevillano en la difícil coyuntura de 1848 Dra. María José Ruiz Acosta Profesora de Historia de la Comunicación y del Periodismo Universidad de Sevilla 1TIMOTEO ALVAREZ, Jesús: Restauración y prensa de masas. Los engranajes de un sistema (1875-1883), Eunsa, Pamplona, 1981, p. 17.
276 El Porvenir. El sentir de un diario sevillano en la difícil coyuntura de 1848 igualmente, como un elemento de combate en una España convulsa; mas un combate que, ante las revueltas surgidas a raíz del controvertido «48», se llevó a cabo, asimismo, desde la palabra impresa, quizás una alternativa más eficaz, duradera y -por qué no reconocerlocon más éxito que aquélla que protagonizaron los extremismos de diverso signo durante esos mismos años. De ese talante y del modo en que El Porvenir planteó esa «lucha dialogada» trata este estudio, que, para su mejor comprensión, se ordena conforme al siguiente esquema: a) por de pronto, el análisis de la España y la Sevilla de aquel entonces, marco de desarrollo y protagonista, simultáneamente, de nuestro trabajo; b) en segundo lugar, un acercamiento a los principales parámetros periodísticos de aquel período, es decir, el correspondiente a la segunda mitad del siglo XIX; y c) en última instancia, las razones que, a la luz de los aspectos mencionados, motivaron la aparición de El Porvenir, así como de las funciones que desempeñara en aquel contexto.Desde la propuesta anterior, iniciamos nuestra investigación, búsqueda que, en definitiva, quiere convertirse en homenaje a uno de los periódicos más representativos de la Sevilla decimonónica, modelo singular de plantear la información diaria que, no obstante, sucumbiría, a la altura de 1909, al empuje de otras fórmulas de concebir la comunicación periodística. 1.- España y Sevilla ante los sucesos de 1848. Para comprender con exactitud el auge que en el siglo XIX experimentara la que se ha dado en denominar «prensa política» o «prensa de opinión», el investigador debe acudir necesariamente al análisis del contexto en el que se incardinan esas manifestaciones de la comunicación social. Desde ese presupuesto, y en relación al caso español, ha de tenerse en cuenta que en octubre de 1847 había subido al poder, para asumir la jefatura del Gobierno por tercera vez, el general Narváez, cuyo mandato se inscribe dentro de la etapa conocida como Década Moderada2. 2Vid. FERNANDEZ ALMAGRO, Melchos: Historia política de la España Contemporánea, 1868-1885, tomo 1, Alianza, Madrid, 1968; COMELLAS, José Luis: Los moderados en el poder, 1844-1854, Madrid, 1970; LOPEZ PUERTA, Luis: Moderados y progresistas, 1833-1868, Guadiana, Madrid, 1971; PABON, Jesús: «La leyenda y la historia del general Narváez», Discurso de inauguración del XXXI Congreso luso-español para el Progreso de las Ciencias, Cádiz, 1 de abril de 1974; y VILAR, Pierre: Historia de España, Crítica, Barcelona, 1992.
277Dra. María José Ruiz Acosta El marcado tono de optimismo y prosperidad que singularizaría a esos años no pudo evitar, sin embargo, que durante la mencionada época España experimentara las notas del conflicto, consecuencia inevitable de un siglo que se había iniciado con un acontecimiento de tal relieve como fue la Guerra de la Independencia. Tras la misma, las distintas etapas de la guerra civil, el estallido de pronunciamientos de diversa naturaleza, los enardecimientos progresistas y el desbordamiento de las energías moderadas se presentan, indiscutiblemente, como el origen de las frecuentes crisis que, a decir del periodista y literato Joaquín Guichot y Parody, «ocasionaban [en el conjunto del país] cambios más o menos radicales de situaciones políticas, que se repetían de tres en tres años»3. A la vista de esas condiciones y del ritmo marcado por las revueltas europeas, no resultó extraño que en España se viviera también un «48»; mas una ocasión marcada por rasgos propios, consecuencia de las flagrantes contradicciones que delimitaron al liberalismo peninsular, en especial, en lo concerniente a la difícil conciliación entre dictadura y libertad. A dicha nota, habría que añadir el incremento de la división entre las distintas fuerzas políticas entre sí (moderados, progresistas, republicanos, etc.), amén de en el seno de las mismas. En el caso concreto de los progresistas, dicha tendencia respondía a la falta de acuerdo acerca de la postura que debía adoptarse ante los incidentes surgidos en aquellos momentos: para algunos, como Escosura, Rivero o Sagasta, la violencia y la conspiración constituían las únicas salidas posibles a todos los obstáculos; para otros, como Narváez y Olózaga, era necesario girar hacia posiciones más serenas, contrarias a la exaltación auspiciada por los primeros4. En paralelo, la fragmentación de los moderados en una derecha transigente, dispuesta incluso a admitir en el Gobierno -y como prevención ante futuras crisisa algunos elementos progresistas (tal era el caso de Martínez de la Rosa) y otra autoritaria, que tuvo como máximos representantes a Pidal y Ríos Rosas. Como cierre de dicho marco, hemos de reseñar el progresivo afianzamiento de la potestad del jefe del Gobierno -Narváez-, quien, desde el sus3GUICHOT Y PARODY, Joaquín, en CHAVES REY, Manuel: Historia y Bibliografía de la Prensa sevillana, edición Alfonso Braojos, Ayuntamiento, Sevilla, 1995, pp. 10-11. 4La escisión en el seno del progresismo provocaría que algunos de sus militantes se desplazaran progresivamente hacia la izquierda, provocando, en 1848, la formación del Partido Demócrata. Junto a los progresistas, republicanos y socialistas ayudaron a conformar la nueva fuerza política. Vid. EIRAS ROEL, A.: El Partido Demócrata Español, 1849-1968, Eunsa, Pamplona, 1961; y RODRIGUEZ CASADO, V.: Orígenes del capitalismo y del socialismo contemporáneo, Espasa-Calpe, Madrid 1981.
278 El Porvenir. El sentir de un diario sevillano en la difícil coyuntura de 1848 tento que le ofreciera la Ley de Poderes Excepcionales, consolidó la alianza con los moderados a la par que obtuvo una cierta aureola exterior5. Para algunos autores, sin embargo, la controvertida norma dictada el 13 de marzo de 1848 marcó el inicio de una dictadura legal, bajo la patina de régimen excepcional, así como la posibilidad de restringir las libertades públicas. En este sentido se entiende cómo, animados por el levantamiento francés -que permitió el establecimiento de la república tras la caída de la monarquía de Luis Felipey contando con el apoyo inglés, la izquierda progresista y el republicanismo revolucionario animaran toda una estrategia de revueltas y sublevaciones destinada a presionar a Isabel II y las Cortes para provocar un cambio de Gobierno6. * * * Afirma Sonsoles Cabeza en su trabajo sobre el «48» en España que, mientras las naciones vecinas se agitaban, la Península se convirtió en «uno de los pocos países europeos que consigue escapar indemne al movimiento revolucionario que asoló durante 1848 a la mayoría de los países de Europa occidental, gracias a la rápida y enérgica intervención del Gabinete de Narváez»7. No obstante, y a pesar de ese declarado control de la situación, la reacción progresista al Gobierno constituido se manifestó ya desde los primeros meses de aquel año; en concreto, Madrid se conmovió tras el estallido de varios golpes simultáneos, motines que alcanzaron a la capital andaluza el 13 de mayo de la mano del comandante Portal y su primer batallón del regimiento. Unidos por una profunda animadversión a Narváez -que no alcanzaba a la soberana-, civiles y militares pertenecientes a la facción exal5De hecho, el triunfo político de Narváez se encuentra en la base del reconocimiento internacional de Isabel II como reina por parte de naciones tradicionalmente partidarias de la causa carlista, como eran Nápoles, Cerdeña o Toscana. 6Vid. PONTEIL, Féliz, La revolución de 1848, Ed. Zyx, Madrid, 1966; CABEZA SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Sonsoles; Los sucesos de 1848 en España, Fundación Universitaria española, Madrid, 1981; KOSSOK, Manfred y PEREZ SARAVIA, Mauricio: «Prensa liberal y revolución burguesa. Las revoluciones en Francia y Alemania en 1848 y en España en 1854», en VV.AA.: La prensa en la revolución liberal. España, Portugal y América Latina, Actas del Coloquio Internacional, Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, Madrid, 1983, pp. 391-444; y PALACIO ATARD, Vicente: La España del siglo XIX, Espasa-Calpe, Madrid, 1981. 7CABEZA SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Sonsoles: op. cit., p. 77.
279Dra. María José Ruiz Acosta tada del partido atrajeron a su causa a numerosos dirigentes del republicanismo revolucionario español, amén de a los demócratas. Este apoyo, al igual que el que le prestara la embajada inglesa en España, no bastó, sin embargo, para que ambos movimientos se sostuvieran; la escasa respuesta de los militares y el insuficiente apoyo civil explican, en definitiva, el fracaso de una opción que, desde esos momentos, quedó desechada. Por todo lo anterior, y ante el temor a la acción represiva desencadenada por el gabinete Narváez hacia los sublevados, los progresistas no exaltados apostaron, para la defensa de su causa, por el empleo de fórmulas de oposición ya ensayadas, métodos que, por su misma naturaleza, sirvieran de alternativa eficaz a unos sistemas -los de la revolución y el desordencon los que no se identificaban. Fue de ese modo como se lanzaron a la lucha periodística, bien aprovechando medios impresos ya existentes, bien creando nuevos órganos de opinión, entre los que resaltaría -para el contexto sevillanoEl Porvenir. En este sentido, conviene que se sepa que, aunque «los periódicos de entonces no [eran] órganos de partido», es decir, portavoces de las corrientes políticas legalmente constituidas en la sociedad, al menos sí podían ser calificados como «vehículos de expresión de tendencias o fracciones, grupos de opinión con frecuencia muy fluidos»8. Desde esta consideración se entiende que, aprovechando las condiciones periodísticas de aquellos momentos, un sector del progresismo ayudara a cimentar una forma de actuar y de concebir la información que no se limitaba exclusivamente a la sucinta exposición de los acontecimientos, sino, más bien, a tomar parte en ellos, al objeto de alcanzar una mayor intimidad con la «opinión pública». 2.- La prensa sevillana en la segunda mitad del siglo XIX. La fecha que marca el inicio de la desunión de las familias liberales -el año de 1840significó, asimismo, el comienzo de una etapa relativamente diferente en el ámbito de la comunicación periodística en España, fase en la que numerosos cambios afectaron a la que se conoce como prensa política y de partido. Para comprender la naturaleza de esas modificaciones, hay que tener en cuenta que, desde esos momentos, se dieron cita en el país sucesos de especial trascendencia, acontecimientos tales como: a) la regencia del general Espartero y las revueltas que, contra él, protagonizó parte del sector 8PALACIO ATARD, Vicente: op. cit., p. 244.
280 El Porvenir. El sentir de un diario sevillano en la difícil coyuntura de 1848 moderado; b) la caída de Duque de la Victoria y la vuelta de la reina María Cristina; c) los amagos de una nueva guerra carlista, que terminaría ensombreciendo el panorama de la tan ansiada estabilidad política, social y económica; y d) la persistente lucha entre progresistas y moderados. Ante los mencionados extremos, no resulta extraño para el historiador de la prensa descubrir las exigentes medidas ordenadas contra la actividad informativa, normas con las que se pretendió ralentizar el progresivo y ascendente camino de los diarios y semanarios nacionales. Entre aquéllas, destacan los excesivos trámites legales exigidos para poner en marcha una publicación, así como los incontables requisitos al que había de ser su editor; también, el permanente control de la autoridad y las dificultades relativas a la circulación, que creaban una panorama no excesivamente optimista para el incremento de las publicaciones, en especial de aquéllas centradas en la exposición, defensa o crítica de los asuntos políticos. En definitiva, y a decir de José Javier Sánchez Aranda, la política de prensa ejercida por los moderados no era sino la prueba más evidente de la gran prevención frente a la palabra impresa; temerosa de su potencia, a la prensa se la intentó controlar, en esos años, por todos los medios9. Pese a lo anterior, numerosos hechos confirman cómo los periódicos españoles adquirieron un gran vigor en aquellas décadas. Al margen de la floreciente prensa literaria, en ascenso desde 183310, la prensa política en general se convirtió en destacada protagonista de aquel panorama. Aun careciendo de medios suficientes, fuerza social o grandes tiradas, dicha modalidad periodística -también llamada «personal», «de 9Vid. SÁNCHEZ ARANDA, José Javier y BARRERA DEL BARRIO, Carlos: Historia del periodismo español. Desde sus orígenes hasta 1975, Eunsa, Pamplona, 1992. 10 La razón de este notable renacimiento se debe, según María Cruz Seoane, al aflojamiento del absolutismo que se produce en los últimos años de reinado de Fernando VII. Dicha modalidad periodística se plasmó en Sevilla en títulos como Boletín de Teatros, El Cisne, El Poeta, El Paraíso, La Revista Andaluza, El Nuevo Paraíso, La Floresta Andaluza o El Céfiro. Vid. GOMEZ APARICIO, Pedro: Historia del periodismo español, 4 vols., Editora Nacional, Madrid, 1967-1981; TUÑON DE LARA, Manuel y otros: Prensa y sociedad en España (1820-1936), Cuadernos para el Diálogo-Edicusa, Madrid 1975; y SEOANE, María Cruz: Historia del periodismo en España. 2. El siglo XIX, Alianza Editorial, Madrid, 1983.
281Dra. María José Ruiz Acosta opinión» o «de partido»11presentó una importancia decisiva en la conformación ideológica de la sociedad española. Lo recoge Julio Montero cuando sostiene que «la prensa tiene un enorme protagonismo en el nacimiento de los partidos políticos de nuestro siglo XIX»12. En idéntico sentido se expresan Manfred Kossok y Mauricio Pérez, para quienes es necesario tener en cuenta que, si bien la dictadura del general Narváez («respuesta del conservadurismo español a los años revolucionarios europeos del cuarenta y ocho») liquidó los restos del «proceso aperturista» de la prensa, este adelanto «no por limitado y modesto había dejado de dar sus frutos en el terreno de la publicística, en general, y de la información, en particular»13. Para el caso sevillano, tal auge lo confirma Manuel Chaves Rey, quien en su obra Historia y bibliografía de la prensa sevillana nos recuerda cómo el público de la capital hispalense estaba habituado a leer prensa y, de igual manera, a seguir esa prensa política y de partido. Auge por la lectura de los papeles públicos que provocó, como nos relata el mismo Chaves, que «el entonces dueño del café del Turco, D. Luis Tolva, [estableciera] una sala donde los parroquianos asistían en gran número a escuchar la lec11 En sentido estricto, como apunta Julio Montero, la prensa de partido no constituye sino un género de la especie de prensa política, cuyo fin es el de servir de arma política antes que el de constituirse en empresa informativa de la que devengan unos beneficios económicos. Vid. MONTERO DIAZ, Julio: La aventura revolucionaria de un diario conservador. Prensa y partidos de la primera España democrática (1868-1874), Ed. Tempo y Cees, Madrid, 1994. En nuestro trabajo, sin embargo, incluimos a ambos tipos de publicaciones bajo el común concepto de prensa política. Vid. TUÑON DE LARA, Manuel (director): La prensa de los siglos XIX y XX. Metodología, ideología e información. Aspectos económicos y tecnológicos, Servicio Editorial Universidad del País Vasco, Bilbao, 1986; y PIZARROSO QUINTERO, Alejandro: De la Gazeta Nueva a Canal Plus. Breve historia de los medios de comunicación en España, Editorial Complutense, Madrid, 1992. 12 MONTERO DIAZ, Julio: op. cit., p. 19. En este sentido, el citado autor apunta que dicha modalidad periodística pronto se convertiría en el único elemento institucional de estabilidad y continuidad del partido. Entre sus funciones destaca las de difundir candidaturas, anunciar los actos políticos, publicar los manifiestos o hacer llegar a todos los partidarios las consignas de los directivos. Vid. VALLS, Josep-Francesc: Prensa y Burguesía en el XIX español, Anthropos, Barcelona, 1988. 13 KOSSOK, Manfred y PEREZ SARAVIA, Mauricio: «Prensa liberal y revolución burguesa. Las revoluciones en Francia y Alemania en 1848 y en España en 1854», op. cit., p. 433. Para estos autores, habría que esperar al estallido de la revolución de 1854 para que en España se asistiera «a una explosión de la prensa que establece de hecho la libertad de prensa [es decir, el surgimiento de numerosas publicaciones] de la más variada ideología y posición política» (p. 435).
282 El Porvenir. El sentir de un diario sevillano en la difícil coyuntura de 1848 tura de la prensa, que hacía un concurrente en voz alta y encaramado en una tribuna dispuesta al efecto»14. Y aunque el cambio de siglo modificara las pautas informativas presentes en el país, inaugurando un modelo de periodismo menos comprometido y más independiente de adscripciones ideológicas15, lo cierto es que durante el tiempo en que estuvo vigente singularizó al conjunto de los ejemplares con características como las siguientes: a) La íntima implicación entre política y prensa: en su gran mayoría, los políticos creaban, dirigían o colaboraban en los diarios de partido, periódicos que utilizaron para su carrera política. La concepción del medio impreso como «arma de combate» permitiría la aparición de coaliciones periodísticas al objeto de elevar o derribar gobiernos de muy distinto signo. b) La inexistencia de una organización empresarial; los periódicos constituían, en la mayoría de los casos, actividades que dependían de otras más amplias de impresión. Y aunque, en numerosas ocasiones, la importancia de los diarios alcanzara tales niveles que llegaron a rebasar el ámbito del negocio individual o familiar, lo cierto es que, como indica Ricardo M. Martín de la Guardia, «nada o muy poco importaba una posible rentabilidad económica»16. c) De los anteriores aspectos se deriva, en tercer lugar, la concepción artesanal que caracterizaba a la información impresa. Lo recoge ampliamente Manuel Martín Serrano en el siguiente texto: «La información no se ofrecía jerarquizada, mediante artificios gráficos tales como la composición en cuerpos de diferentes tamaños. Tampoco era frecuente que el contenido del texto se presentase desmigado en pequeñas unidades independientes de sentido, como ahora 14 CHAVES REY, Manuel: op. cit., p. 24. Vid. CHECA GODOY, Antonio: Historia de la prensa andaluza, Fundación Blas Infante, Sevilla, 1991. 15 Ciertamente, antes de que finalizara el siglo, una gran parte de esa prensa «comprometida» se alejaría cada vez más de sus consignas y, sin llegar al extremo del modelo informativo puro que, a la sazón, representaba La Correspondencia de España, aspiraría a lograr su independencia de los grupos políticos. Vid. GOMEZ MOMPART, Josep Lluís: «Prensa de opinión/prensa de información», en AAVV, Presse et pouvoir en Espagne, 1868-1975, Ed. CCCV-MPI, Burdeos, 1993. 16 MARTÍN DE LA GUARDIA, Ricardo Manuel: «Consideraciones sobre la empresa periodística como factor clave para la Historia de la Prensa (siglos XIX-XX)», en Actas del Congreso de Jóvenes Historiadores y Geógrafos, Eudema, Madrid, 1989, tomo II, pp. 652-653. Vid. LONGARES, J.: La divulgación de la cultura liberal, Eds. Escudero, Córdoba 1979.
283Dra. María José Ruiz Acosta se hace por el recurso a los titulados. El tratamiento del tema suele ser lineal, desde el primer al último renglón: las cabeceras, compuestas en cuerpos muy semejantes al texto no sintetizan el contenido, limitándose a enunciarlo. No es posible hojear el periódico y darse por enterado de su contenido sin una lectura detenida y a veces sin una relectura del texto»17. Habría, así, que esperar algunos años para observar cómo, al menos en la primera página, la composición empezaba a presentarse de manera más ordenada y pulcra; el tamaño del ejemplar se incrementaba -de cuarto y folio a gran foliopara dar cabida a más contenido, así como el número de columnas por página, que pasó de una o dos a cuatro. * * * Trazado el marco político-social y periodístico donde se incardina El Porvenir, acometemos a continuación el estudio del diario, uno de los medios más representativos de todos los que se editaron en la capital hispalense durante la pasada centuria. 3.-El Porvenir. Diario político independiente: diario de avisos y noticias. El nacimiento de El Porvenir el 4 de marzo de 1848 se produce en un momento excepcional en el desarrollo de Sevilla como centro generador de publicaciones de muy variado signo y objetivos. Ya lo hemos comentado anteriormente; pero merece la pena recoger las palabras de Joaquín Guichot y Parody quien recibe, en esos años, como «cosa inesperada y nueva, el crecido número de periódicos políticos, literarios y científicos que en el discurso de tan pocos años han visto la luz pública en esta Capital». Una madurez que, a su juicio, no es sino el resultado de «la intensidad del movimiento enciclopédico, aunque principalmente político»; un progre17 MARTÍN SERRANO, Manuel: «Cultura en periodismo escrito y su relación con los demás medios», en Separata de la Universidad Complutense, Facultad de Ciencias de la Información, Madrid, 1990, p. 12.