La Catedral de Sevilla en 1880: informe de los arquitectos Manuel Portillo y Juan Talavera sobre el estado del edificio
Abstract
Se analiza un informe de 1880 sobre las obras de reparación necesarias en la Catedral de Sevilla, realizado por los arquitectos Manuel Portillo y Juan Talavera. El documento presenta ciertas diferencias con los estudios posteriormente efectuados por Adolfo Fernández Casanova, director de las importantes obras de restauración emprendidas en el edificio entre 1882 y 1889.
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LABORATORIO DE ARTE 20 (2007) 363-372 LA CATEDRAL DE SEVILLA EN 1880: INFORME DE LOS ARQUITECTOS MANUEL PORTILLO Y JUAN TALAVERA SOBRE EL ESTADO DEL EDIFICIO THE CATHEDRAL OF SEVILLE IN 1880: A REPORT BY ARCHITECTS MANUEL PORTILLO AND JUAN TALAVERA ON THE STATE OF THE BUILDING POR MARÍA DEL VALLE GÓMEZ DE TERREROS GUARDIOLA Universidad de Huelva. España Se analiza un informe de 1880 sobre las obras de reparación necesarias en la Catedral de Sevilla, realizado por los arquitectos Manuel Portillo y Juan Talavera. El documento presenta ciertas diferencias con los estudios posteriormente efectuados por Adolfo Fernández Casanova, director de las importantes obras de restauración emprendidas en el edifi cio entre 1882 y 1889. Palabras clave: Catedral de Sevilla, obras de restauración s. XIX, informe de 1880, Manuel Portillo, Juan Talavera. This study analyzes the 1880 report by architects Manuel Portillo and Juan Talavera on the restoration works needed in the Cathedral of Seville (Spain). The document shows some interesting differences with the diagnosis subsequently done by Adolfo Fernández Casanova, director of the important restoration woks carried out in the building from 1882 to 1889. Key words: Cathedral of Seville, 19th c. restoration works, 1880 report, Manuel Portillo, Juan Talavera. La Catedral de Sevilla ha sufrido dos accidentes constructivos graves y similares a lo largo de su historia: las caídas del cimborrio acaecidas en 1511 y 1888. En ambos casos se señaló la mala construcción del edifi cio como causa primera de la debilidad de los pilares que cedieron, provocando las catástrofes. Sobre el segundo suceso se conserva abundante documentación en diversos archivos que ha permitido estudiar y comprobar las discrepancias mostradas por varios técnicos sobre el grado de estabilidad y solidez de los soportes del templo, destacando, sin duda alguna, las manifestadas por Adolfo Fernández Casanova y Joaquín Fernández Ayarragaray, arquitectos a cargo de las obras antes y después del segundo hundimiento1. Como en la actualidad se está 1 Sobre las obras emprendidas en la Catedral a partir de 1882 tratan diversas publicaciones. Cabe mencionar GONZÁLEZ-VARAS IBÁÑEZ, Ignacio: La Catedral de Sevilla (1881-1900). El
María del Valle Gómez de Terreros Guardiola 364 interviniendo sobre dos de dichos pilares, creo de interés dar a conocer cualquier información al respecto. Por ello, habiendo sido localizado en el Archivo de la Catedral de Sevilla un informe sobre el estado del edifi cio fechado en 1880, previo al proceso de obras iniciado en 1882 por Fernández Casanova, y fi rmado por Manuel Portillo y Juan Talavera2, dos arquitectos domiciliados en la ciudad, mi intención es dar a conocer el documento y analizarlo brevemente en su contexto, apuntando las principales similitudes y diferencias entre el mismo y los posteriores diagnósticos e intervenciones efectuados por el referido director de las obras. Comencemos con los antecedentes de este informe de 1880. Desde unos años atrás hay constancia documental de la necesidad de efectuar un reconocimiento general del estado del templo. En efecto, la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Sevilla llamó la atención del Cabildo sobre el asunto en escrito fechado el 18 de febrero de 1875 y contestado el 12 de abril, nombrando el siguiente 3 de mayo una delegación para efectuar el referido examen, compuesta por los señores Ángel de Ayala, Manuel Portillo de Ávila, Demetrio de los Ríos y el secretario Claudio Boutelou3. El día 11 del mismo mes de abril el Cabildo no sólo acordó contestar favorablemente al “reconocimiento de las bóvedas” de la Iglesia, sino que, teniendo indicaciones recibidas de Madrid de que las “circunstancias” podían ser “favorables en el Gobierno para que concediese fondos para la restauración de esta Santa Iglesia”, debate sobre la restauración monumental, Sevilla, 1994; los estudios introductorios de JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso, y GÓMEZ DE TERREROS GUARDIOLA, M.ª del Valle, en El espíritu de las antiguas fábricas. Escritos de Adolfo Fernández Casanova sobre la Catedral de Sevilla (1888-1901), Sevilla, 1999 (publicación en la que se reeditan los textos del propio arquitecto); ORDIERES DÍEZ, Isabel: Historia de la restauración monumental en España (1835-1936), Madrid, 1995, pp. 137-138 y 188-194; GÓMEZ DE TERREROS GUARDIOLA, M.ª del Valle: “Tratamiento y fortuna de los grandes monumentos sevillanos en la segunda mitad del siglo XIX”, en ESTEBAN CHAPAPRÍA, Julián, y PALAIA PÉREZ, Liliana (coords.), Teoría e historia de la restauración en España, 1844-1900, Actas del II Seminario, Valencia, 2007, pp. 188-196; y de la misma autora: “The history of art in the restoration of monuments: the case of the pillars of Seville Cathedral”, en GALÁN, Emilio, y ZEZZA, Fulvio (eds.), Protection and Conservation of the Cultural Heritage in the Mediterranean Cities, Lisse, 2002, pp. 577-584. Sobre los pilares véase también, GÓMEZ DE CÓZAR, Juan Carlos, y GÓMEZ DE TERREROS GUARDIOLA, Pedro: “El proyecto de restauración de varios pilares, bóvedas y ventanajes de la Catedral de Sevilla de Adolfo Fernández Casanova de 1884”, en GRACIANI GARCÍA, Amparo, et al. (eds.), Actas del Tercer Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Sevilla, 2000, pp. 389-396. La documentación sobre el tema se conserva fundamentalmente en el Archivo de la Catedral de Sevilla, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y en el Archivo General de la Administración (Ministerio de Cultura). 2 Mi agradecimiento a M.ª Isabel González Ferrín, archivera de la Institución Colombina, por darme a conocer la existencia de dicho documento. Véase el apéndice documental. 3 A.C.M.H.A.P.S. (Archivo de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Sevilla, en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla), Libro de Actas II, sesiones celebradas el 6 de febrero y el 3 de mayo de 1875.
La catedral de Sevilla en 1880: informe de los arquitectos Manuel Portillo y Juan Talavera... 365 determinó solicitar al Prelado la formación del “oportuno expediente de restauración” para presentarlo en el Ministerio4. La solicitud del Cabildo llegó a la Junta de Reparación de Templos de la Diócesis de Sevilla, la que le encargó a Manuel Portillo la formación del pertinente presupuesto. El arquitecto lo remitió el siguiente 18 de mayo, ascendiendo su importe a 134.350 pesetas (537.400 reales). Tras pasar por el trámite de ser enviado al Gobernador de la Provincia, el expediente fue remitido al ministro de Gracia y Justicia el día 15 de octubre de 18755. El Cabildo volvió a tener noticias del asunto a comienzos de diciembre del mismo año, cuando la Junta de Reparación de Templos le comunicó que, por R.O. de 17 de noviembre, le había sido devuelto el expediente con el fi n de que las reparaciones proyectadas se limitasen, de momento, a las que fueran absolutamente necesarias para la conservación del edifi cio, eliminándose las de “carácter decorativo y de adorno” que no fueran tan urgentes. También se ordenaba desde Madrid que se manifestara la cantidad que podría concederse del fondo de reserva de la Diócesis. La referida Junta ya le había pedido al arquitecto Manuel Portillo y Ávila que reformara el presupuesto como indicaba la superioridad6. Ante lo indicado por la R.O., el arquitecto declaró ante la Junta que sólo podía reducir el importe de las obras a cien mil pesetas, mientras que el secretario de cámara del Arzobispo comunicaba que no se podía designar cantidad alguna por no existir fondo de reserva desde mayo de 1870. Con estos nuevos datos debió de reenviarse nuevamente el expediente al Ministerio el 4 de marzo de 18767. 4 A.C.S. (Archivo de la Catedral de Sevilla, Institución Colombina), Actas Capitulares, L. 220, cabildos celebrados los días 25 de febrero, 11 de abril y 14 de mayo de 1875, fols. 169, 183-183v., 197v.-198. 5 A.G.A.S. (Archivo General del Arzobispado de Sevilla, Institución Colombina), Archivo Histórico, Administración General, Casas Parroquiales y Reconstrucción de Templos, leg. 12.327, Libro 2º de Registro de los expedientes formados para la Reparación de Templos, fol. 12v.; y Libro 2º de Actas de la Junta de Reparación de Templos de la Diócesis de Sevilla, sesiones celebradas los días 17 de abril, 7 de julio y 17 de septiembre de 1875. Sobre la tramitación de expedientes de obras en dicho momento, véase, ORDIERES DÍEZ, Isabel: Historia de la restauración…, op. cit., pp. 64-67. 6 A.C.S., Actas Capitulares, L. 220, cabildo celebrado el 21 de diciembre de 1875, fols. 248-248v. Véase también Correspondencia, leg. 1875-1878, donde se conserva el escrito, fechado el 3 de diciembre de 1875, por el que la Junta de Reparación de Templos comunica a la Catedral la R.O. sobre el expediente de la obra de reparación extraordinaria de la Catedral que se remitió al Ministerio de Gracia y Justicia, en la que se indica la reducción de la obras a las imprescindibles. A.G.A.S., Archivo Histórico, Administración General, Casas Parroquiales y Reconstrucción de Templos, leg. 12.327, Libro 2º de Registro de los expedientes formados para la Reparación de Templos, fol. 12v.; y Libro 2º de Actas de la Junta de Reparación de Templos de la Diócesis de Sevilla, sesión celebrada el 2 de diciembre de 1875. 7 A.G.A.S., Archivo Histórico, Administración General, Casas Parroquiales y Reconstrucción de Templos, leg. 12.327, Libro 2º de Registro de los expedientes formados para la Reparación de
María del Valle Gómez de Terreros Guardiola 366 Lo antedicho confi rma que entonces se hizo, al menos, un presupuesto de obras. Esperemos que aparezca, antes o después, por los archivos de la Catedral o del Arzobispado, o en algún centro documental madrileño. También corrobora que su autor fue Manuel Portillo de Ávila y Herrera, quien quizás fuera asesorado (como él mismo indicó en el informe de 1880) por los demás arquitectos de la ya aludida representación de la Comisión de Monumentos de la que él mismo formaba parte. Ángel de Ayala debía de ser uno de los arquitectos de mayor edad de la ciudad8 y Demetrio de los Ríos había ganado el concurso de proyectos para erigir las portadas del crucero de la Catedral en 1866, comenzando las obras de la entrada de la Concepción, interrumpidas en 1868, por lo que el templo no le era precisamente desconocido9. Por otra parte, estando él en la comisión de reconocimiento, se podría suponer que en el expediente se incluyera la fi nalización de sus obras inconclusas y que de ello pudiera derivar la R.O. imponiendo la reducción de los trabajos a lo imprescindible. Sin embargo, lo exiguo del presupuesto parece indicar lo contrario. En cualquier caso, nada se debió de realizar. Conviene recordar que en el verano de 1865 José Oriol Mestres y Esplugas, arquitecto de la Catedral de Barcelona, pasó una buena temporada en la capital del Betis realizando planos y dibujos de su Iglesia Mayor, creyendo entonces el Cabildo que él fi nalizaría las portadas. Se ve que por entonces, apenas tres lustros antes de que se comenzara la inmensa campaña de obras de D. Adolfo en el templo, era la fi nalización del mismo lo que se pretendía (gracias a un legado testamentario que gestionaron miembros del propio Cabildo), no debiendo de considerarse tan urgentes otras intervenciones10. Templos, fol. 12v.; y Libro 2º de Actas de la Junta de Reparación de Templos de la Diócesis de Sevilla, sesión celebrada el 17 de febrero de 1876. 8 Vid. SUÁREZ GARMENDIA, José Manuel: Arquitectura y urbanismo en la Sevilla del siglo XIX, Sevilla, 1986, pp. 96-97. Ángel de Ayala nació en 1812. Formado en París, fue Arquitecto Municipal de Córdoba, a partir de 1836, y de Sevilla, desde 1840 hasta 1845. No se conocen obras suyas. Por MURO OREJÓN, Antonio, Apuntes para la historia de la Academia de Bellas Artes de Sevilla, Sevilla, 1961, pp. 46 y 169, se sabe que fue Académico de Honor y de número de dicha institución. Falleció en los años noventa. 9 Sobre el referido concurso vid. FALCÓN MÁRQUEZ, Teodoro: La Catedral de Sevilla. Estudio arquitectónico, Sevilla, 1980, pp. 98-100; SUÁREZ GARMENDIA, José Manuel: Arquitectura…, op. cit., pp. 121-122; GONZÁLEZ-VARAS IBÁÑEZ, Ignacio: La Catedral de Sevilla…, op. cit., pp. 224-231; y GÓMEZ DE TERREROS GUARDIOLA, M.ª del Valle: “José Oriol Mestres y Esplugas en la Catedral de Sevilla. Los planos de las portadas inacabadas del crucero”, Locus Amoenus, 7, 2004, pp. 271-284. Sobre De los Ríos tratan diversas publicaciones, como SUÁREZ GARMENDIA, José Manuel: Arquitectura…, op. cit., pp. 118-129. Nacido en 1827, se tituló en 1852. Fue profesor y académico en la Real Academia de Santa Isabel de Hungría, Arquitecto Provincial y director de las excavaciones de Itálica. Intervino en las obras de restauración y nueva planta del Ayuntamiento de la ciudad, del altar mayor de la iglesia del Sagrario y fue restaurador de la Catedral de León a partir de 1880. Murió en 1892. 10 Sobre los trabajos de José O. Mestres en Sevilla, vid. GÓMEZ DE TERREROS GUARDIOLA, M.ª del Valle: “José Oriol Mestres y Esplugas…”, op. cit.; y de la misma autora: “Planos y dibujos de la Catedral de Sevilla realizados por José O. Mestres en 1865. Apuntes para su estudio”,
La catedral de Sevilla en 1880: informe de los arquitectos Manuel Portillo y Juan Talavera... 367 Avancemos unos años hacia delante, al cabildo celebrado el 26 de febrero de 1880, en el que el Capellán Mayor hizo presente “que se decía públicamente que el estado de las azoteas de esta Santa Iglesia era peligroso”, por lo que se acordó que fueran reconocidas por arquitectos. Con fecha de 9 de marzo del mismo año, los Mayordomos de Fábrica presentaron el informe de los dos profesionales que habían examinado las bóvedas del templo, en vista del cual se comisionó al Tesorero para gestionar con el Gobierno la aprobación del expediente de reparación que hacía tiempo se hallaba “en el Ministerio” (por lo que parece posible que este segundo estudio no difi riese en gran medida del proyecto anterior). Entre tanto, se autorizaba a los Mayordomos de Fábrica para, si fuera posible, atender a las necesidades más urgentes en dichas azoteas11. A fi nales del siguiente mes de junio el Tesorero indicaba, por carta remitida desde Madrid, la necesidad de reproducir el expediente de reparación o, al menos, de que el arquitecto hiciera constar la urgencia de las obras. En consecuencia, se acordó hacer cuantas gestiones se precisaran para acometerlas conforme al dictamen que “repetidas veces” habían dado los arquitectos. Por ello, entre el 21 y el 28 de noviembre de 1881, se remitió a las Cortes una exposición del Arzobispo y del Deán sobre la historia del referido expediente, solicitando se presupuestase la cantidad en él consignada para reparar el edifi cio. Para lograr el buen éxito de la empresa, el Deán, en nombre del Cabildo, dirigió cartas a los diputados y senadores de la provincia, rogándoles que se interesasen por el asunto12. Las gestiones dieron resultado: el 14 de diciembre de 1881 se nombró a Adolfo Fernández Casanova para reconocer la Catedral de Sevilla, lo que dicho señor hizo sin dilación alguna, y el día 24 se comunicaba la apertura de un crédito con las primeras sesenta mil pesetas para comenzar unas obras consideradas extremadamente urgentes por el inminente estado de ruina del templo. El 30 de enero se constituía la Junta de Obras de la Catedral de Sevilla y el 27 de febrero comenzaban los trabajos13. Está claro que el informe localizado, fechado el 3 de marzo de 1880, es al que se hace referencia en las líneas anteriores14. También es ya evidente que no fue el único en La piedra postrera (2), comunicaciones, Simposium Internacional sobre la Catedral de Sevilla en el contexto del gótico final, Sevilla, 2007, pp. 343-370. 11 A.C.S., Actas Capitulares, L. 221, cabildos celebrados los días 26 de febrero y 9 de marzo de 1880, fols. 267 y 269. 12 Ibíd., cabildo de 23 de junio de 1880, fols. 295-295v. L. 222, cabildos celebrados los días 21 y 28 de noviembre de 1881, fols. 56v.-57. 13 Ibíd., L. 222, cabildos celebrados los días 9 de enero y 15 de febrero de 1882, fols. 69 y 76v. Véase también Correspondencia, leg. 1879-1883, escritos del Arzobispo al Deán y Cabildo de la Catedral, fechados el 19 y el 30 de diciembre de 1881, trasladando comunicaciones de la Dirección de Obras Públicas de 14 y 24 de diciembre. 14 Este tema de los informes previos a los de Fernández Casanova ha sido tratado en JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso, y PÉREZ PEÑARANDA, Isabel: Cartografía de la montaña hueca. Notas sobre los planos históricos de la Catedral de Sevilla, Sevilla, 1997, p. 95. A. Jiménez ha supuesto, con toda lógica, que los autores de este informe podrían haber sido, además de Manuel Portillo de Ávila y Herrera, Joaquín Fernández y Ayarragay y Francisco Aurelio Álvarez Millán.
María del Valle Gómez de Terreros Guardiola 368 dictamen que Manuel Portillo (solo o con los referidos miembros de la Comisión) hizo sobre el templo. Ello da a entender que, en los años previos a la intervención de Fernández Casanova, varios profesionales debieron de estar pendientes del edifi cio. En ese sentido cabe recordar también la intervención de Joaquín Fernández y Ayarragaray, a partir de 1881, en la restauración de la portada de la Asunción15. Por todo lo expuesto cobran cierta signifi cación las diferencias detectadas entre este informe de 1880 y los realizados por Fernández Casanova en diciembre de 1881 y en algunos de sus proyectos de restauración de la Catedral, que derivaron en las consecuentes intervenciones: la “Memoria sobre el plan general de las obras de reparación necesarias en el Templo” (Madrid, 22 de diciembre de 1881)16, el “Proyecto de restauración de la nave del crucero” (Sevilla, 30 de mayo de 1882)17 y el “Proyecto de restauración de varios pilares, bóvedas y ventanajes” (Sevilla, 8 de mayo de 1884)18, principalmente. El informe de Portillo y Talavera coincide con los escritos de Fernández Casanova en varios puntos: el mal estado de las azoteas y las fi ltraciones que de ello derivaban; el estado de degradación de algunos pináculos; las grietas y el deterioro en la zona del cimborrio; el evidente deterioro de la bóveda del evangelio, que requería una inmediata intervención por motivos de seguridad; el mal estado del pilar intermedio del lado sur del coro; o la necesidad de efectuar ciertas reparaciones en la Giralda. Sin embargo, hay dos obras importantes que el director de la intervención propuso desde un comienzo como urgentes que extraña que ni siquiera se mencionen en el informe que analizamos: la reparación del pilar S.O.E., que posteriormente reconstruyó, así como de las bóvedas que sobre él descansaban, y la necesidad de intervenir en la bóveda contigua al hastial sur del crucero, uno de cuyos ventanajes se hallaba tabicado. Es decir, no refl ejaron en su dictamen daños en el brazo sur del crucero que, según fi gura en el primer proyecto de Fernández Casanova, se hallaba “tan resentido”. Parece claro que, desde el comienzo, los fi nes de los informes de Portillo y Talavera y de Fernández Casanova eran diferentes. Los primeros, probablemente atendiendo a las indicaciones referidas sobre el expediente enviado en 1875, debieron de informar de las obras que consideraban imprescindibles para la conservación del edifi cio. El segundo, desde un comienzo, propuso, no reparaciones parciales, sino “cortar el mal de raíz”, al procurar la reforma completa de cada una de las partes desquiciadas, para acabar completando el edifi cio con la construcción de las portadas. De hecho, a medida que efectuaba las obras, fue ampliando la envergadura de las mismas: junto a la bóveda del evangelio se restauró el pilar homónimo, así como se abordó la reconstrucción de los enjarjes y arcos que cargan sobre el mismo, mas la bóveda colateral contigua… Bien es posible que, en el transcurso de los trabajos dichas operaciones se fueran 15 Vid. GÓMEZ DE TERREROS GUARDIOLA, M.ª del Valle: “Tratamiento y fortuna…”, op. cit., pp. 195-196. 16 A.G.A. (Archivo General de la Administración, Ministerio de Cultura, España), E. y C. (Educación y Ciencia), caja 2.816, leg. 8.955. 17 A.C.S., Junta de Obras, leg. 41, exp.1. Se trata de copia del proyecto. 18 A.G.A., E. y C., caja 8.390, leg. 9.081-2.
La catedral de Sevilla en 1880: informe de los arquitectos Manuel Portillo y Juan Talavera... 369 manifestando necesarias, pero las diferencias en los dictámenes emitidos en torno al comienzo y al fi nal de las obras de Fernández Casanova, sin gran experiencia constructiva cuando llega a Sevilla, siempre dejan un margen para la duda de lo certero de sus intervenciones y diagnósticos. Realmente debía y debe haber supuestos “males” de la Catedral difícilmente “atajables” desde sus raíces, como los movimientos naturales de un edifi cio de tales dimensiones, los que es de suponer que han hecho reaparecer grietas en zonas supuestamente restauradas e incluso reconstruidas por dicho artífi ce: véase la tribuna que campea por el lado este de la bóveda del evangelio. No sería justo ignorar que Adolfo Fernández Casanova fue siempre y unánimemente alabado por sus trabajos sevillanos hasta el incidente de 1888. Ni en la Comisión de Monumentos, ni en la Junta de Obras, ni en el Ministerio o las Academias se perciben recelos hacia sus intervenciones, seguramente mucho más amplias, completas y ambiciosas de lo que el Cabildo, en un principio, debió de esperar que el Gobierno sufragara. Ya se ha visto que el presupuesto de 1875 pudo quedarse en unas cien mil pesetas. En 1880, Talavera y Portillo indicaron que el coste de las reparaciones no bajaría de ciento veinticinco mil pesetas, mientras que tan sólo los dos aludidos proyectos de Fernández Casanova superaron, y mucho, dicha cantidad: los dos primeros avances de presupuestos ascendieron a 343.594,38 y 310.899,60 pesetas. Finalicemos recordando algunos datos sobre los arquitectos que elaboraron el documento: Manuel Portillo de Ávila y Herrera y Juan Talavera de la Vega. El primero era en esos momentos arquitecto del Arzobispado y secretario de la Comisión de Monumentos, por lo que formó parte de la Junta de Obras nombrada cuando Fernández Casanova inició sus trabajos. Fue miembro de la Comisión de Obras del Ayuntamiento, Arquitecto Provincial desde 1867 y miembro de número de la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla. Llevaba años de profesión, aunque se conocen pocas obras salidas de su mano. Aún así, su vinculación con la Catedral parece evidente desde años atrás, por el cargo que ocupaba en el Arzobispado. Fue además uno de los arquitectos sevillanos que acudió al llamamiento de Fernández Casanova para reconocer las ruinas del pilar caído en 1888, fi rmando un informe exculpatorio sobre las causas del hundimiento, por lo que hemos de suponer la buena relación entre ambos19. Juan Talavera de la Vega, nacido en 1832, se tituló en Madrid en 1856. Miembro también de la Academia de Bellas Artes sevillana, formaba parte de la Comisión de Obras Públicas del Ayuntamiento de Sevilla, de la que fue Presidente entre 1877 y 1881. Ignoro si por ello o por ser académico, o algún motivo similar, fue por lo que acompañó 19 Véase el aludido informe en FERNÁNDEZ CASANOVA, Adolfo: Memoria sobre las causas del hundimiento acaecido el 1.º de agosto de 1888 en la Catedral de Sevilla, Sevilla, 1888, pp. 37-38. Lo firmaron, el 18 de agosto de 1888, Ángel Ayala (Arquitecto Decano), Javier Sanz (Ingeniero Jefe de caminos, canales y puertos de la provincia), Manuel Portillo (Arquitecto Provincial), Francisco Aurelio Álvarez (Arquitecto Municipal) y José Gómez Otero (Arquitecto). Sobre el arquitecto, SUÁREZ GARMENDIA, José Manuel, Arquitectura…, op. cit., pp. 259-260.
María del Valle Gómez de Terreros Guardiola 370 a Portillo en este reconocimiento. Su producción, entre la que consta el denominado “Costurero de la Reina”, ha sido analizada por J. M. Suárez Garmendia20. Por último, recordemos que Adolfo Fernández Casanova era arquitecto desde 1871. Tenía treinta y ocho años y no demasiada experiencia profesional cuando vino a Sevilla a reconocer la Catedral. Quizás podríamos aplicar a parte de las obras que este arquitecto emprendió en la Santa Iglesia el mismo juicio que Alfonso Jiménez Martín ha emitido sobre su intensa intervención en la Giralda, en cuanto que su “saneamiento, consolidación e incluso reposición no hubiesen supuesto un problema grave ni costoso. No obstante, es comprensible que Fernández Casanova aprovechara la oportunidad…”. Tan sólo es una hipótesis21. APÉNDICE DOCUMENTAL Sevilla, 3 de marzo de 1880. “Informe sobre las obras de reparación de la Catedral de Sevilla”, fi rmado por los arquitectos Manuel Portillo y Juan Talavera. Archivo de la Catedral de Sevilla (Institución Colombina), Fondo Histórico General, leg. 11.334, núm. 22. “Al Exmo. e Ilmo. Cabildo Catedral Secundando los deseos de V.E.I. hemos practicado un minucioso reconocimiento en la Santa Iglesia Metropolitana, con objeto de informar acerca de su estado general, y de la índole de las reparaciones que exige. Ocioso sería examinar el Templo bajo el punto de vista histórico y artístico: su renombre es universal, y todos lo reconocen como uno de los más perfectos ejemplares, entre la multitud de bellezas que el sentimiento religioso, hizo brotar por doquiera en la edad media. En este supuesto no hay que esforzarse en demostrar que Sevilla, España, el mundo entero está interesado en su conservación, y que nuestra patria no debe, no puede consentir que por abandono, se deteriore una de las joyas más valiosas de la España Monumental y Artística. Nótase al reconocer el edifi cio bajo el punto de vista de su conservación, que exige de una manera imperiosa dos géneros distintos de obras de reparación; el primero que llamaremos de reparaciones ordinarias, y el segundo de obras accidentales. El primero, o sean las reparaciones ordinarias, es permanente, y así debe ser por la clase de construcción del edifi cio y por su mucha extensión. Cubierto de bóvedas trasdosadas con ladrillos en una forma algo semejante a la general del intradós, se recogen en su superfi cie para darle dirección a los imbornales, las aguas pluviales en gran cantidad, ocasionando el crecimiento sobre los ladrillos del musgo y otras plantas parásitas que producen detención en el curso de las aguas, y fi ltraciones abundantes a través de las 20 Arquitectura…, op. cit., pp. 255-259. 21 Vid. JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso: “Oficio de mirones”, en El espíritu de las antiguas fábricas…, op. cit., pp. 11-40.
La catedral de Sevilla en 1880: informe de los arquitectos Manuel Portillo y Juan Talavera... 371 dovelas de piedra franca muy porosa, con el deterioro de estas, que es inherente a su poca cohesión. Para evitar estos daños es indispensable la permanencia constante de una cuadrilla de operarios que rasque la superfi cie de los ladrillos haciendo desaparecer las excrecencias vegetales, y conserve el extradós de las bóvedas recubierto de capas muy delgadas de lechada de cal que difi culte la vegetación. Esta atención constante exigirá un gasto permanente que puede graduarse en diez mil pesetas anuales. El segundo género de reparaciones debe llamar mucho la atención de V.E.I; se refi ere a la seguridad y estabilidad del templo, y esta sola idea demuestra toda su importancia. Existen varias agujas de las que forman la terminación de los machones, que a consecuencia de la oxidación de su alma de hierro se han abierto en sentido vertical, amenazando desplomarse sobre las azoteas. Hay también en la unión de los arcos torales con las bóvedas grietas producidas por asientos que exigen el pronto restablecimiento de la trabazón, y tanto las ventanas como las cresterías y antepechos han experimentado deterioros más o menos importantes. Pero lo de más bulto entre todas las obras necesarias, es la reparación de la bóveda tallada que forma el crucero en la nave de San Pedro, y la del machón a que está adosada la capilla de la Concepción en el coro. La bóveda por efecto de las fi ltraciones y de lo deleznable de la piedra ha exigido en distintas épocas, refuerzos, que practicados con erróneo criterio son la causa principal de su lastimoso estado. Se reforzaron las aristas con planchas de hierro dulce sujetas con estribos del mismo metal con garras sobre el extradós; y hoy se observan las consecuencias de la oxidación del hierro en la partidura de algunas dovelas, y la trituración de otras en parte: además se ha producido ya la caída de alguna plancha que afortunadamente no ha ocasionado lesión alguna. El machón de la capilla de la Concepción tiene por efecto de los asientos de obra varios sillares completamente aplastados y es evidente que su abandono, podría ocasionar la ruina de esa parte importantísima para la estabilidad del edifi cio. Ya en época no lejana alguno de los que suscriben, asociados de una subcomisión de la de monumentos de esta provincia, informó a V.E.I. acerca de estos mismos particulares, con la única diferencia entre aquel informe y el presente, de que los efectos se hacen más notables con el transcurso del tiempo y su reparación será más costosa a medida que más se dilate. No habremos de terminar este informe sin ocuparnos de un accesorio de la Iglesia que constituye por sí mismo un monumento importante, la célebre Giralda. Sus bóvedas paramentos y cornisas necesitan reparación y V.E.I. conoce cuan costoso es esto dada la elevación de la torre sus grandes dimensiones y la seguridad que exigen las andamiadas. La reparación de la Giralda es además un asunto de honra, porque si continua deteriorándose, V.E.I. Sevilla y la superioridad habrán de sufrir la censura de propios y extraños. Réstanos sólo fi jar la importancia de los gastos que exigiría este segundo género de reparaciones; su variedad; los medios auxiliares necesarios y la gran elevación a que han de practicarse los trabajos impiden que en este informe se puedan detallar esos gastos. Pero si no puede fi jarse la cuantía total puede asegurarse que la parte principal