JUAN COLLANTES DE TERAN,
EN
EL
PRIMER
ENCUENTRO•
POR
JUAN
DE
D os
RUIZ
COPETE
Es cu ioso
cómo
al
p e ende
una
semblanza
de]. C.
de
T.
en
su
ace a
de
esc i o y c í ico li e a io,
que
e a
la encomendada pa a
es e
ac o
académico,
se
nos ue
imponiendo
impe cep iblemen e,
sin
ninguna
conscien e disposición
po
nues a
pa e,
o o
pe il
bas an e
más emocional: el ]. C.
de
T.
de
nues o
p ime
encuen o.
Y digo
que
es cu ioso
po que
eniendo
más ce cano
el].
C.
de
T.
de
aho a, de sólo hace unos meses,
po
mucho más a ado,
po
mucho
más a ín,
no
sólo
en
las a inidades li e a ias, sino am-
bién
en
o o
ipo
de
compo amien os
y ac i udes i ales; ambién
po
los con ac os académicos
- eníamos
la
cos umb e
de
e o
-
na
de
las sesiones académicas hacia
nues os
espec i os domici-
lios,
comen ando
las incidencias
de
las
mismas-;
po
ecindad
-s
u casa
an
sólo dis a
de
la mía doscien os me os más o menos, y
a a
e a
la a de
en
que
no
coincidíamos y pla icábamos
sob e
emas li e a ios
de
nues a
común
cu iosidad.
Es cu ioso
- e
pi o
-
que
eniendo
an
p óxima
su
igu a de
homb e,
de p o eso ,
de
c í ico, de amigo, el subconscien e inde-
clinable
nos
a as a a hacia
un
C.
de
T.
bas an e
más lejano. Algo
hay
en
nues a
sensibilidad
-no
es la p ime a ez
que
nos
suce
de-
qu
e
nos
induce a e ,
po
deci lo
con
un
a o unado
í ulo
de
L.Jiménez
Ma os,
«con
los
ojos
dis an es».
Es deci ,
que
pese
a
ene
a i o de semblanza
el]
.
C.
T.
de
aho a
mismo, de apenas
cua o
días an es
de
su
mue e,
en
cuya ocasión,
conscien e él
de
la g a edad
de
su dolencia y del iesgo qui ú gico
al
que
se some ía,
a aba
de imp imi anquilidad al ance, más
que
po
sí
mismo, es oy segu o,
po
su
muje
,
con
él
p e
se
n e
,
acompañándole
como
odas las a des. Pese a la
ni ide
z
que
da,
• Leído en la Sesión nec ológica celeb ada el 23-X-1987.
14 JUAN DE DIOS
RUI~
COPETE
que
hubie a
dado a
nues o
in en o
es a
indudable
ce canía,
nues-
a
obsesi a inclinación a
oquela
en
la
memo ia
la
imp esión
p ime a
de
las cosas, y
de
las gen es
sob e
odo,
eso que
Ra ael
Albe i llamó
en
un
lib o «imagen
p ime a
de
... » nos ha
lle ado
al
]. C.
de
T.
de
nues o
p ime
encuen o
.
Es e
p ime
encuen o
end ía
luga
en
el 51 y en
luga
que
en onces e a pa a Se illa
como
la
con e gencia
cul u al
de
su
éli e,
de
la uni e sidad
sob e
odo.
Se
a a,
como
es ácil
de
adi i-
na , del Club La Rábida.
Pa a
da
e del.clima
de
es e encuen o
hay
que
deci
qué
e a
el
Club La Rábida y
qué
ep esen aba. El
Club
La
Rábida
cons i uía
el
cen o
más in elec ual y
snob
de
la ciudad.
En
el só ano
de
la
Escuela
de
Es udios Hispanoame icanos,
bajo
su
achada
de
seu-
dopa enón
y escalina a g is,
un
salonci o
de
ac os,
con o able,
pa a
las con e encias,
pa a
los eci ales y
pa a
las audiciones
de
jazz
ame icano
-las
ompe as
de
L.
Ams ong
y·
Duke
Elling on,
en
los p ime os mic osu cos
que
llegaban a España, ponían
su
a mó-
nica es idencia
en
los azaha es
de
Se illa-;
un
salonci o
de
e u-
lias: suelo ence ado, zócalo
de
made a, di anes con o ables y
en
las pa edes óleos
de
la nue a angua dia se illana: Mau i,
Bu gui-
llos,
Ca men
La
ón
y
Pepi
Sánchez
en e
algún
Baca issas.
En es e Club
-cuándo
se ha á su his o ia emocionada,
que
supond ía, sin duda,
como
la ecupe ación
de
pa e
de Se illa,
de
una
de
las más dis inguidas
de
su
inma e ial
pa imonio-;en
es e
Club-po
cie o,
nada
más dis an e
de
lo
que
hoy
se en iende
con
es e encanallado
sus an i o-
;
en
es e Club
de
a de pa a las cas i-
dades pubescen es
de
la
Se illa uni e si a ia
de
la época; aula
co -
dial
pa a
la poesía
nue a
-allí
A.
Duque,
B.
V. Ca ande,
An onio
Gala-
i aquean e
en onces
es a
poesía
en e
la
admi ación
del
27
y el epudio
p ime o
hacia los modos enco se ados, impe ialis-
as, excesi amen e o males
de
los poe as
del
g upo
Ga cilaso; a
es e Club
de
a de
acudía
J.
C.
con
la pun ualidad del libe ado
de
una
la ga jo nada
de
es udios,
con
la medida u gencia del
que
cumplió
su
cuo a
de
asis encia a las clases
en
la Uni e sidad,
unas
clases
en
el aspa io
del
iejo edi icio
de
la calle La aña, a la
som-
b a
b oncínea
de
Maese Rod igo,
en
donde
po
en onces él
daba
culminación a
su
licencia u a
en
Le as.
Allí acudía él,
como
acudíamos los demás, a aído
po
el
ambien e
cul u al
que
allí
se
cong egaba y
en
el
que
él an o
pa -
icipaba.
JUAN COLLANTES DE TERAN,
EN
EL
PRIMER
ENCUENTRO 1.5
Allí se und6
una
e is a li e a ia
-de
nomb e
Aljibe-
de la
mejo
hechu a,
de
los mejo es
con enidos,
que él comandó
con
A.
Duque.
Allí
se
empezaba a agua
lo
que
después,
unos años después,
se ían
los « ai a os» del
cincuen a
y
an os,
unos
g upos
de
los
que
salie on los poe as
de
Se illa
que
aún
man ienen
hoy la calidad
de
su
igencia.
··
Po
aquella
ibuna
pasa ían-C.
de
T .,
un
decidido colabo a-
do -
los g andes del
momen o,
sob e
odo
La ón y Rome o
Mu ube,
y algunos de los
mons uos
de
la gene ación del 27
-G.
Diego y V. Aleixand e, la
asis encia
de
los cuales segu a-
men e
ue posible
po
los malaba ismos económicos y el comp o-
miso
de
Rod íguez Casado y
de
Sánchez
Ped o e, ambos, a la
sazón, espí i u bicé alo del
Cen o
.
En
es e clima
de
animadas e ulias espe inas,
en
el con o
de
sus di anes
-un
ca é y
un
c oisan ,
sen ados
(o o
de
sus g an-
des a ac i os), cos aba
una
cincuen a-
en
es e clima es
donde
se
eje cía la única posible
he e odoxia
con a
el Régimen, cla o es á
que
en
susu o y clandes inamen e,
po que
se es aba haciendo
demasiado la go y
sob e
odo
po que
había
pe mi ido
en
nues o
suelo bases ame icanas;
en
donde
se
discu ía sob e Gib al a ;
mejo
dicho,
donde
se coincidía,
po que
és e
e a
uno
de
los pocos
asun os
en
donde
ecaía
la
con undencia
de
la unanimidad más
pa ió ica
y al mismo
iempo
más
ang
l
ó oba
...
En
es e clima
conocí
a ] . C.
Y
e a
de
e
cómo
en
las discusiones
sob e
Unamuno
y
sob e
O ega
-
no
ha á
al a deci
que
es ábamos
en
el sa ampión
de
odas las
dialéc icas-,
del exis encialismo
de
Kie kegga ,
de
Hei-
de ge , la pa icipación
de
]. C.
-siemp e
anquila, siemp e
sosegada-obedecía al escolás ico
p incipio
del omismo más clá-
sico,
de
la eología más
o odoxa.
·
Ya
él
undamen aba
su
pensamien o
y su
conduc a
en
el
segu o
albu del p o idencialismo más
o al.
Enju o, espigado,
con
el
pelo
sucin o, sin omá ico ya
de
una
cal-
icie
que
no a da ía
en
hace se ignaciana y solemne,
de
e bo es-
ic o
y
un
an o
campanudo,
encub iendo
siemp e la g a edad
de
sus juicios bajo
una
le e
capa
de
su il
i onía,
an e
es e jo en, madu-
o
desde en onces, deduci ía
yo
y
na u almen e
que
no
po
e ec o
de
mi
pe spicacia, sino
po
su
e idencia, los asgos
de
su
ca ác e ,
el suyo,
que
hab ían
de
se de ini o ios
de
su
pe sonalidad, de e -
16 JUAN
DE
DIO
S RUIZ COPETE
minan es
de
lo
s pos e io es ciclos de su
ida;
es os
as
gos
se ían:
Su i me con icción de
homb e
de
e.
Su ocación
po
la li e a u a
an o
la
de
la
p opia
c eación
como
la c eación ajena, y
su
condición
de
se illano.
Es
deci ,
la
e,
la li e a u a y Se illa
como
la iple
coo denada
de
su
inmu able
iden idad.
Así,
en e
a los
que
eje cían la
he e odoxia
doc inal y
se
sen-
ían ce canos
ajean
Paul
Sa e y
su
exis encialismo, de
Albe
Camus y
su
angus ia i al, C.
de
T.
oponía
la
ue za de
un
c is ia-
nismo ascenden e.
An es
que
Sa e
le
a aíaMaña a;
an es
que
el exis encialismo
le a aían los mís icos.
F en e
a los snobis as
de
la
li e a u a
que
ena bolaban
como
un
descub imien o a J
ohn
Dos
Passos y la
Escuela
de Nue a
Yo k,
él
oponía
el sencillo
mundo
elegíaco
de
J.
R.Jiménez, su
decidida
admi ación
po
la gene ación del
27
.
F en e
a los
que
eían
en
Se illa sólo el
mo i o
pa a la
c ueldad
de sus c í icas,
C.
de
T. oponía
la
eo ía
es é ica
de
su
luz
: la luz io-
len a, cla a y limpia
de
Se illa,
que
da
en
es e
me idiano
una
dis-
in a
-pe o
exac a-
medida
de
las cosas.
De
Se illa se sabía y
se
sen ía,
po
na alicio y
po
es i pe,
en-
dido ibu a io, cla o
que
con
una
dosis
de
pudo
e i onía
como
co esponde a lo
que
él
e a
:
un
se illano
ino
y ío.
Nada
puede
ex aña nos
que
es os es asgos
se
hicie an cons-
an es de
su
ida y
se
mani es a an
en
su
inculación since a a
esa
ob a
emé i a
y callada de la
He mandad
de
la
San a Ca idad
en
su
e o
po
la li u gia solemne
de
Se illa,
de
la del Co pus sob e
odo,
cuya expe iencia él nos deja a esc i a
en
una
memo able e ocación.
Nada
pudo
ex aña nos
que
aquella
ocación
p ime a
po
la
li e a u a
encon a a
su
culminación
en
una
cá ed a
en
el
máximo
cen o
docen e
de
Se illa,
en
su
Uni e sidad.
Y nada
pudo
ex aña nos, inalmen e,
que
Se illa es u ie a
siemp e e igi
da
en
el
no e
indeclinable
de
su
dedicación y
de
su pensamien o.
Po
odo
ello esul aba
emendamen e
lógico
que
cuando
llegó
la
inexo able
opo unidad
de su ing eso
en
es a Casa, su dis-
cu so e sa a
sob e
«Maña a y la ascé ica
se
illana del ba oco».
Se cumplía así,
como
en
una
ilogía inconclusa
de
Se illa, su
con icción de
homb e
de
e,
su
p o esión
como
es udioso
de
la
Li e a u a y ...
su
condición
de
se illano.