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ABC de Sevilla en los años setenta: reivindicación y defensa del empresariado andaluz

González Fernández, Ángeles

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122 ABC de Sevilla en los años setenta: reivindicación y defensa del empresariado andaluz 125 Ángeles GONZÁLEZ FERNÁNDEZ Facultad de Geografía e Historia Universidad de Sevilla Desde el momento de su fundación ABC ha prestado una notable atención hacia el mundo empresarial, orientación lógica dados sus planteamientos liberalconservadores. Ese interés se intensificó de forma acusada a lo largo de la década de los setenta como respuesta a la preocupación de los empresarios sobre la situación política, económica y social en que debían desarrollar su actividad, marcada en un primer momento por la incertidumbre ante el futuro político del país y, después, por el proceso de transición a la democracia y todo ello sobre el telón de fondo de una grave crisis estructural de la economía, acentuada por el impacto de las crisis energéticas de 1973 y 1979. En el caso de la edición sevillana, además, la especial atención mostrada hacia los empresarios en estos años estuvo influenciada por otros factores de tipo local: de un 124 Para más información sobre Manuel Chaves Nogales se puede entrar en la página que lleva su nombre, disponible en internet: http://averroes.ced.junta-andalucia.es/iesbecquersevilla/departamentos/len/ Cintas/index.html 125 Este trabajo se inserta dentro del Proyecto de Investigación BHA2001-3852-C05-04 de la DGICYT “La transición a la democracia en Andalucía Occidental: modernización social, actitudes y estrategias ante el cambio político”. 123 lado, la adopción ya desde comienzos de los sesenta de una línea editorial especialmente cercana a los problemas de todo tipo que aquejaban a la provincia, en particular, y Andalucía, en general; y, en segundo lugar, la orientación eminentemente social del otro gran periódico de la ciudad en esas fechas, El Correo de Andalucía, cuya línea editorial se caracterizaba por una gran sensibilidad hacia la difícil situación de los trabajadores sevillanos. El tratamiento informativo de ABC respecto al mundo empresarial experimentó algunas modificaciones con el transcurrir de la década, por lo que se hace necesario distinguir dos etapas: en la primera, que puede darse por finalizada a comienzos de 1975, el objetivo de ABC consistió en la reivindicación del empresariado andaluz y la apuesta por su necesaria modernización en el debate suscitado en torno a las causas del llamado “atraso” o “subdesarrollo” de la región. La segunda estuvo condicionada por el proceso de reforma política, la persistencia de la crisis económica y por la intensa ofensiva desplegada por los sindicatos que llevaron al periódico a asumir la defensa de los empresarios y de sus intereses tanto en el diseño de los cambios que conducirían a la democracia, que tanto uno como otros vinculaban de manera indisoluble al establecimiento de una economía de libre mercado, como en el ámbito de las relaciones laborales. En este punto he de advertir que, ante la forzosa brevedad de estas páginas y dado que el estudio de las relaciones laborales requiere la consulta y análisis de El Correo de Andalucía para una visión más ajustada y completa de la cuestión, me referiré fundamentalmente a examinar el papel asumido por ABC como portavoz del mundo empresarial en el ámbito político y económico. Hasta fechas recientes el empresario no ha gozado de una consideración positiva en la sociedad española y esa visión del mundo empresarial –como suele ser habitual en períodos de crisis económica en los que la sociedad tiende a culpar a los empresarios de la crisis o, cuando menos, de agravar sus efectos a causa de su imprevisión y/o mala gestiónempeoró de manera notable a finales de los sesenta una vez que se hicieron 124 patentes los primeros síntomas de agotamiento del modelo desarrollista puesto en marcha por el régimen franquista tras la aprobación del Plan de Estabilización de 1959. El desprestigio del empresario y de la actividad empresarial se agudizó notoriamente a partir de mediados de los setenta como resultado de la persistencia de la crisis económica, agravada ahora por el impacto del primer shock energético y su secuela de despidos y cierres de empresa; la escalada de la conflictividad sociolaboral realizada por los sindicatos obreros que contestaban abiertamente la autoridad del empresario en los centros de trabajo; la prioridad dada por los sucesivos gobiernos al proceso de reforma política en detrimento de la transición económica y, por último y no por ello menos importante, la difusión de un clima social adverso hacia la actividad empresarial, tal como –por otra partesucedía en el resto de los países de Europa Occidental y que, en el caso de España, alcanzó una dimensión mayor dada la deslegitimación social del empresariado, al que buena parte de la sociedad identificaba como uno de los principales sostenedores y beneficiarios del franquismo. Este proceso fue aún más acusado en Andalucía, ya que en estas fechas se hallaba ampliamente difundida la convicción de que las elites económicas, en general, y los empresarios, en particular, eran responsables del atraso o subdesarrollo de la región. El origen inmediato de esta imputación se hallaba en la publicación de una serie de estadísticas que demostraban el progresivo empobrecimiento de Andalucía desde mediados de los años cincuenta; en concreto, según los datos recabados por el servicio de estudios del Banco de Bilbao relativos al período 1955-1971 la renta per capita de los andaluces había retrocedido siete puntos porcentuales respecto a la media española, un retroceso que era especialmente acusado en la Andalucía Occidental donde la pérdida se aproximaba a los once puntos porcentuales 126 , de manera que a la vista de esos datos se concluía que a lo largo de esos 16 años – y pese a las notables tasas de crecimiento 126 Situación similar se había producido en la aportación de la industria andaluza al conjunto español que en el período 1930-1939 se elevó al 12,24%, y en el decenio 1960-69 se situó en el 7,96%. A. Parejo Barranco, “Andalucía en la industrialización de las regiones españolas. Un análisis comparativo en el muy largo plazo (1817-1975)”, en A. Parejo Barranco y A. Sánchez Picón (eds.), Economía Andalucía e historia industrial. Estudios en homenaje a Jordi Nadal. Granada, Azukaria Mediterránea de Ediciones, 1999. Así por ejemplo, Sevilla que ocupaba el puesto nº 17 en 1955, en 1969 pasó a ocupar el nº 33 en el ranking de renta per capita de las provincias españolas. 125 regionales durante los años sesentase había ahondado la distancia ya existente entre Andalucía y las regiones ricas del país. La difusión de esas cifras sembró una profunda inquietud en Andalucía hasta el punto que en los primeros años setenta la cuestión del “subdesarrollo” suscitó un vivo debate acerca de sus causas. En síntesis, la interpretación dominante en esos momentos afirmaba el fracaso de la revolución industrial en España, en general, y en Andalucía muy especialmente, debido al pacto establecido por la aristocracia terrateniente y la burguesía; una alianza que había resultado funesta para la región, al posibilitar la conservación del poder económico y social de la aristocracia –que precisamente se concentraba en Andalucíay la transformación de la burguesía en clase rentista que había optado por la inversión en la compra de tierras traicionando sus propios intereses de clase y, con ello, su responsabilidad hacia la región. Esa interpretación, que identificaba desarrollo y crecimiento económico y éste con industrialización, consideraba la fábrica como símbolo del desarrollo y su carencia o escasez del subdesarrollo, lo que llevaba a afirmar que Andalucía había perdido la carrera de la industrialización y que, efectivamente, era una región subdesarrollada. Por lo tanto, una de las grandes cuestiones que acompañaban a ese debate giraba en torno al carácter de los andaluces y a su supuesta carencia o al menos bajo espíritu empresarial, interrogante que inexorablemente conducía a otro ¿Existían verdaderos empresarios en Andalucía? La cuestión realmente no era novedosa; la existencia de una baja calidad del empresariado regional, carente de espíritu de riesgo y mentalidad emprendedora se había convertido en una creencia muy extendida en el conjunto del país, compartida incluso por las mismas instituciones públicas andaluzas que ya desde los años cincuenta afirmaban la escasa aptitud de sus habitantes en este campo 127 . 127 Véase EDülfer, Problemática de colaboración y promoción industrial en Andalucía. Actitudes y motivaciones del empresariado en Andalucía. Sevilla, Instituto de Desarrollo Regional, 1975, pp. 38 y 57-58; N. Salas, Andalucía. Los 7 círculos viciosos del subdesarrollo. Barcelona, Planeta, 1972, p. 125; J. Velarde Fuertes (dir.), “Decadencia y crisis en Andalucía”. Instituto de Desarrollo Regional, nº 82, 1982, p. 123 y ss.; J. Cazorla Pérez, “Dependencia empresarial, nivel de industrialización y algunas actitudes de elites económicas en Andalucía”, en "Revista Española de Investigaciones Sociológicas", 1984, nº 26, p. 52. 126 ABC recogió en sus páginas la extraordinaria inquietud que suscitaba la situación económica de la región y teniendo en cuenta sus planteamientos ideológicos no resulta extraño que su participación en el debate tuviera como finalidad esencial recabar las opiniones de los propios empresarios. De hecho, sus páginas acabaron convirtiéndose en la plataforma por excelencia de sus puntos de vista, tanto por iniciativa del periódico como por iniciativa propia a través –por ejemplodel envío de escritos a la sección “Cartas al Director”. Una de las primeras intervenciones activas de ABC en la polémica consistió en la publicación de una entrevista realizada a un conocido industrial sevillano, miembro de una asociación empresarial vinculada a la Iglesia Católica, colaborador esporádico de ABC y con una larga trayectoria como fundador y gestor de diversas empresas agroalimentarias en las que había destacado por su espíritu innovador y capacidad de iniciativa 128 . En suma, desde la perspectiva del periódico un empresario modelo que, sin embargo, en la entrevista afirmó con toda claridad la falta de ideas y de programas de innovación de los empresarios españoles y especialmente de los andaluces. Más aún, compartía las afirmaciones sobre la existencia de un bajo espíritu empresarial en la región, que explicaba en función de factores climáticos y psicosociales: Creo que el andaluz tiene una filosofía que tiende a lo contemplativo y al goce de la naturaleza próxima y que a veces, enciende en su inteligencia un punto de escepticismo sobre, si en la corta vida de un hombre, debe avanzarse tanto que le impida disfrutar de la misma 129 . Probablemente la entrevista tuvo un acusado impacto entre los lectores del periódico, que además fue amplificado por las declaraciones de un alto cargo del régimen en las que afirmaba, refiriéndose al sector agrario, que “los empresarios 128 Leopoldo Salvador Gandarias, nacido en 1911, directivo de ASE, Asociación Social Empresarial. Sus planteamientos acerca de la modernización de la gestión y sistemas productivos, así como la inspiración cristiana que debía caracterizar la empresa en “El coeficiente multiplicador de desarrollo”. ABC de Sevilla, 15 de mayo de 1973. 127 sevillanos parecen estar más apegados a situaciones pasadas que haber adquirido plena conciencia del futuro” 130 . En este contexto, ABC decidió actuar como tribuna para que los empresarios mismos expresaran su opinión y para ello inició la publicación de una serie de entrevistas a una amplia gama de empresarios, tanto agrarios como industriales, en las que además de proporcionar su perfil biográfico y profesional, daban cuenta de su gestión profesional y exponían su parecer ante la cuestión del subdesarrollo o atraso andaluz. Y en este punto la unanimidad era absoluta: todos coincidieron en afirmar la existencia de empresarios en Andalucía, aun reconociendo graves carencias que en modo alguno podían achacarse al clima o a causas psicosociales propias y exclusivas de Andalucía. Precisamente esas opiniones modificaron la orientación y el contenido de esas entrevistas, que rápidamente desbordaron el objetivo inicial en la medida en que no se trataba ya de determinar las causas del subdesarrollo de la región sino de exponer y denunciar los obstáculos de todo tipo que debía afrontar el empresario en su gestión. Por lo tanto, asumieron una finalidad claramente reivindicativa en cuanto su objetivo era legitimar al empresario y la actividad empresarial frente a una sociedad que ignoraba los problemas y necesidades que entrañaba la gestión cotidiana de las empresas y, por el contrario, identificaba al empresario como capitalista explotador de los trabajadores 131 . Inicialmente las entrevistas se realizaron a veteranos empresarios sevillanos nacidos en la primera década del siglo, pero en un segundo momento ABC modificó el criterio de selección para recoger las opiniones de una generación más joven – en torno a los 30-45 añosy procedentes de otras provincias de Andalucía Occidental, al tiempo que realizaba otra serie dedicada específicamente a Sevilla y con unos rasgos similares 129 El mismo entrevistado aludía a la riqueza del valle del Guadalquivir y a la “natural propensión a la prodigalidad” de sus habitantes así como a otros rasgos negativos como la independencia de carácter, el individualismo, el orgullo y la falta de disciplina, entre otros. ABC de Sevilla, 26 de enero de 1972. 130 J.l. Luque Álvarez, Director General de Productos Agrarios. ABC de Sevilla, 5 de abril de 1972. 131 “En una etapa en que la figura del empresario se confunde con la del explotador, consideramos necesario y urgente reivindicar los valores de los hombres de empresa que así lo merezcan. Prescindir del empresario, tal y como debe ser el empresario, sería suicida, pues el auténtico desarrollo del país comienza precisamente en las empresas, que son las creadoras de riqueza”. El presidente de la Feria de Muestras de Sevilla en el “Día del Empresario”, ABC de Sevilla, 26 de octubre de 1974. 128 bajo el significativo título de “Nueva Frontera, Nuevos Hombres. Nueva Sevilla”. Así pues, se trata de generaciones diferentes, con una trayectoria vital, niveles formativos y planteamientos ideológicos distintos, pero –a pesar de ellosu consideración sobre los empresarios andaluces y sobre las responsabilidades últimas del subdesarrollo andaluz presentan grandes semejanzas. En lo relativo al primer punto sostenían opiniones muy críticas, explicables porque los entrevistados se alejaban del empresario prototipo de la región –el pequeño empresario que dirigía su negocio basándose en su experiencia técnica, adquirida normalmente con la práctica del que había sido su oficio, y con una concepción autocrática de la empresasino que eran medianos empresarios o ejecutivos de grandes empresas con niveles educativos y profesionales superiores a la media andaluza. En su mayor parte tenían estudios universitarios e incluso algunos de los pertenecientes a la segunda generación habían realizado cursos especializados o masters en España o en Estados Unidos o, cuando menos, mostraban una acusada preocupación por la ampliación y actualización de sus conocimientos profesionales. Así pues, a su juicio, el empresario andaluz carecía de una formación adecuada, era excesivamente improvisador e incluso algunos señalaron la existencia de un gran número de “aficionados” que gestionaban sus empresas con métodos arcaicos, sin información previa sobre la situación y evolución de los mercados y sin una planificación de su producción 132 . Por lo tanto, apostaban por una necesaria “profesionalización” y modernización de la gestión empresarial a través de la formación de ejecutivos especializados, claramente inspirados en el modelo estadounidense, con el objetivo de erradicar la intuición y el voluntarismo. Éste, sin embargo, era un objetivo difícil dada la insuficiencia de centros de formación específicos en Andalucía. No obstante, es preciso advertir que –no sin retrasola región participaba de las corrientes modernizadoras que 132 “Los empresarios, hoy día, siguen siendo geniales improvisadores, pero improvisadores al fin. Resulta que en estos momentos, en que las complejidades mercadológicas internacionales exigen una programación a largo plazo, no creo que en Sevilla haya ni una docena de empresarios con previsiones coherentes y justificadas para 1978, lo cual constituye una previsión normal en una empresa europea”. L. 129 se habían difundido en España desde comienzos de los cincuenta gracias a la ayuda técnica y financiera de Estados Unidos y a la colaboración de empresarios de las zonas más industrializadas. Esas corrientes cristalizaron a finales de la década –coincidiendo con la relativa apertura y liberalización de la economía españolaen la creación de diversas escuelas de negocios en las zonas más industrializadas del país, en su mayor parte por iniciativa de instituciones católicas y con el concurso de empresarios locales, entre los que destacó el sevillano Javier Benjumea 133 . En el caso de Andalucía se tradujeron, entre otras, en la creación en 1963 de ETEA (Escuela Superior de Técnica Empresarial Agrícola) en Córdoba y el IUCE (Instituto Universitario de Ciencias de la Empresa) en Sevilla, germen de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, que entró en funcionamiento a principios de la década de los 70. Esas instituciones venían a cubrir unas necesidades formativas evidentes, pero estaban orientadas a los futuros empresarios, en tanto que las actividades orientadas al perfeccionamiento de los ya establecidos quedaba en manos de escuelas de negocios privadas que radicaban en Madrid o Barcelona, en tanto que los cursos y seminarios que se ofertaban en Andalucía eran escasos y con un elevado coste que –afirmaban los entrevistadosno todos podían afrontar. Probablemente para responder a esa situación, ABC comenzó a dedicar una atención especial al desarrollo de actividades formativas dirigidas a los empresarios, ya se tratase de la celebración de conferencias, cursos y seminarios organizados por la Cámara de Comercio, la Organización Sindical y otras instituciones privadas e incluso solicitó colaboraciones específicas de profesores universitarios y de técnicos para que difundieran a través de sus páginas las nuevas concepciones sobre la empresa y los modernos métodos de gestión 134 . F. Pou Riesco, ABC de Sevilla, 6 de diciembre de 1972. Cfr. J. P. Álvarez Jiménez, “El empresariado en Andalucía”. Papeles de Economía Española. Economía de las CC.AA. Andalucía, 1980, p. 14 133 J. Benjumea, fundador de Abengoa, miembro de TEA (Técnicos Especialistas Asociados), creada en 1952, y de la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD) y de ICADE, fundadas ambas en 1956. Sobre la modernización empresarial véase Guillén, M.F., La profesión de economista. Barcelona, Ariel, 1989. El papel de Estados Unidos en N. Puig, y A. Álvaro, “Estados Unidos y la modernización de los empresarios españoles, 1950-1975: un estudio preliminar” en Historia del Presente, nº 1, 2002, pp. 8-29 134 En 1975 sólo unos 40 andaluces habían realizados estudios de alta dirección de empresas que el IESE (Instituto de Estudios Superiores de la Empresa) impartía en Barcelona y Madrid. En Andalucía cursos similares eran organizados por las respectivas Cámaras de Comercio, delegaciones provinciales de la OS 130 En cuanto al segundo punto, las responsabilidades sobre el subdesarrollo andaluz, las opiniones también eran coincidentes: en España no existía una valoración positiva de la actividad empresarial, sino todo lo contrario ya que la mentalidad imperante consideraba “un delito ganar dinero” 135 , lo que influía negativamente en la elección profesional de los jóvenes y desincentivaba a los que ya la ejercían. Pero la responsabilidad última del subdesarrollo andaluz se hacía recaer sobre el Estado y ello por varias razones: en primer lugar, a causa de la supeditación de Andalucía y de sus intereses económicos a la industrialización acelerada de otras zonas del país, bien de forma directa mediante el trasvase de recursos financieros o de manera indirecta, a través del control sobre los precios agrarios, básicos para el desarrollo de Andalucía; en segundo lugar, al excesivo intervencionismo del Estado en el ámbito de la economía. La primera imputación de los empresarios se fundamentaba en la política inversora del Estado, canalizada a través del Instituto Nacional de Industria, creado en 1941 con el objetivo prioritario de industrializar el país a cualquier precio sobre la base de dos principios: la eliminación de importaciones de capital y tecnología y la decidida intervención del Estado. La actuación del INI se concretó en la promoción o participación en empresas que sus dirigentes consideraran dignas de apoyo o desarrollo (energía, siderurgia, transportes, construcción naval, minería y química, entre otras) 136 y que, en su mayor parte, se localizaban en las zonas septentrionales del país. A pesar de que las inversiones del INI en Andalucía representaban sólo el 9% del total, buena parte y asociaciones privadas como el Club de Marketing, ASE y APD. ABC de Sevilla publicaba el texto íntegro de sus conferencias de apertura y clausura; así, por ejemplo “Formación del Empresario”, pronunciada por el catedrático M. Olivencia Ruiz, 26 de febrero de 1972. Entre las numerosas colaboraciones, véase MCH-V, “La Autoridad en la empresa”, en las que exponía las nuevas teorías sobre dirección empresarial. 1 de julio de 1973. 135 P. Pumar Cuartero, presidente del Consejo de Administración de Hytasa. ABC de Sevilla, 3 de junio de 1972. Según un estudio realizado a finales de los sesenta, en caso de tener dinero disponible sólo el 10% de los andaluces invertirían en una fábrica, el 27% lo haría en la compra de tierras y un 24% de un piso. Estudio socioeconómico de Andalucía. I. Vol. Estructura social. Estudios del Instituto de Desarrollo Económico, Madrid, 1970, p. 157. 136 Sobre el INI véase P. Schwartz y M.J. González, Una historia del Instituto Nacional de Industria (1941-1976). Madrid, Tecnos, 1978; .P. Martín Aceña y F. Comín .(eds.), INI. 50 años de industrialización en España. Madrid, Ed. Pirámide, 1985. 137 laborales, a los que tachaban de continuadores de la política paternalista de los trabajadores del régimen franquista 153 . La frustración ante la política económica y laboral del gobierno, así como la inexistencia de canales fluidos de consulta y comunicación con la CEOE, que había sido creada en junio de 1977, culminó en la organización de una llamada campaña de afirmación empresarial a comienzos del año siguiente con el objetivo de mostrar la capacidad de movilización de los empresarios y la necesidad de que el gobierno contara con el mundo empresarial a la hora de elaborar leyes que afectaran a sus intereses 154 . Las concentraciones, que fueron ampliamente seguidas por ABC, no frenaron la que los empresarios calificaban como política izquierdista del gobierno; de hecho, poco después su frustración se trocó en viva indignación tras la presentación en el Congreso de un proyecto de ley sobre Acción Sindical en las Empresas que disparó la alarma en los círculos empresariales en la convicción de que se trataba de una amenaza para el sistema de libre empresa. Una consideración que ABC hizo suya hasta el punto de que en un editorial denunció el texto por su “corte marxista y tendencia netamente autogestionaria” 155 . En lo que se refiere a la campaña para mejorar la imagen empresarial, el periódico decidió la publicación de una sección específica titulada “ABC de la empresa” con la finalidad expresa de “contribuir de alguna forma al mejor conocimiento y difusión de una realidad empresarial” y, en realidad, tal como expuso en su presentación, de defender el papel del empresariado en el nuevo régimen democrático: Afirmar y sostener que la empresa y el empresario son, deben ser, los verdaderos creadores e impulsores del progreso y desarrollo de una sociedad libre y democrática. Y 153 Pleno extraordinario de la Cámara de Comercio de Sevilla, ABC de Sevilla, 25 de septiembre de 1976. 154 Una referencia completa en ABC de Sevilla, 7 de febrero de 1978. 155 El texto inicial del anteproyecto estipulaba la existencia de un comité de empresa en los centros con más de 50 trabajadores que desarrollaría funciones de información y consulta mutua, incluso en lo relativo a la contratación de personal y la modificación de la estructura empresarial. “Los empresarios piensan, y no les falta razón, que al institucionalizarse el comité de empresa como órgano paritario de decisión, lo que se institucionaliza es la lucha de clases, con todas sus implicaciones políticas, actuales y futuras, tomando a la empresa como campo de batalla (…) Naturalmente resulta excesivo pedir que los 138 en este sentido tenemos que considerar al nuevo empresariado, el que deseamos para Andalucía, como radicalmente opuesto al viejo concepto de empresa y empresariocapitalista, antisocial, insolidario y explotador 156 . Así pues, la campaña –dirigida fundamentalmente al ámbito de las pymes, mayoritarias en Andalucíase basaba en tres puntos fundamentales: la diferenciación entre la figura del empresario, que aportaba el “trabajo de conjugar los factores productivos” y la del financiero o capitalista, que simplemente proporcionaba “su dinero”; la función del empresario como agente creador de riqueza y, por tanto, imprescindible para el funcionamiento de la economía de Andalucía y, por último, en el rechazo de las imputaciones sobre su responsabilidad en el diseño y ejecución de la política económica. Por el contrario, el empresario estaba limitado en su actividad “por el sistema económico en que se halla inmerso” y éste era fijado por los políticos de manera que “atribuirle la culpa de las injusticias que genera es buscar carnaza fácil” 157 . La nueva sección incluyó entrevistas a conocidos empresarios, colaboraciones de técnicos de alto nivel sobre la situación económica de Andalucía y sobre el programa económico del gobierno, así como todo tipo de informaciones que pudieran afectar a los empresarios 158 . Poco después, la sección se completó con la creación del llamado Club ABC, orientado a la celebración de mesas redondas que tras ser publicadas serían seguidas por una “Tribuna Libre” abierta a opiniones, sugerencias y críticas de los lectores sobre los temas tratados, que tuvo un notable éxito dado el número y calidad de los participantes, empresarios a título individual, catedráticos y profesores universitarios especializados en estudios de la empresa. sectores empresariales estén de acuerdo con semejante modelo”. Editorial “Acción Sindical en las Empresas”, ABC de Sevilla, 12 de abril de1978. 156 ABC de Sevilla, 13 de febrero de 1977. 157 J. Jover, “Precisiones sobre un tema. La imagen del empresario”, ABC de Sevilla, 22 de mayo de 1976. 158 Habitualmente la sección incluía una Miscelánea empresarial; Noticias con nombre propio, que daba cuenta de los nombramientos de cargos directivos y actividades diversas de empresarios y ejecutivos andaluces, así como textos de divulgación sobre el papel y las responsabilidades de los empresarios en una economía de libre mercado. A modo de ejemplo, “Empresa y Empresario. La responsabilidad social del empresario”. ABC de Sevilla, 13 de marzo de 1977. 139 Las primeras de esas mesas redondas giraron en torno a los temas que mayores preocupación suscitaban entre los empresarios: “la situación actual de la pequeña y mediana empresa en Andalucía”, en la que sus participantes tuvieron oportunidad de denunciar la dramática situación en la que se hallaban a causa de la confluencia de los factores ya apuntados en años anteriores (elevación de costos salariales, repercusión de la seguridad social, dificultades de financiación por la contracción y elevación de los créditos, fuga del ahorro andaluz hacia otras regiones, entre otros), y de exponer las soluciones para remediarla 159 . “Las asociaciones de empresarios”, cuestión fundamental ante la urgente necesidad de disponer de una organización patronal cohesionada y unitaria que asumiera la defensa de los intereses empresariales tanto ante los poderes públicos como ante los sindicatos y que había dado lugar a proyectos enfrentados y a una verdadera carrera en pos de la asociación libre y voluntaria que ABC había seguido con especial detenimiento 160 , o “La participación laboral en la empresa”. Paralelamente, a partir del 1º mayo de 1977 y no por casualidad, el periódico comenzó la publicación de una serie de semblanzas de empresarios con un criterio de selección y unos objetivos perfectamente definidos. De hecho, ya no se pretendía recoger las opiniones de lo que podría definirse como “la vanguardia empresarial” de Andalucía sino de dar a conocer la posibilidad que todos los andaluces tenían en una sociedad libre de alcanzar la condición de empresario. Así se reflejaba en el título dado a la columna, “Empresarios hechos a sí mismos” y se enunciaba con toda nitidez en su presentación: 159 ABC de Sevilla, 27 y 28 de febrero de 1977. Los textos remitidos a la Tribuna Libre fueron publicados el 6 y 13 de marzo de 1977. En síntesis, la crisis económica requería el establecimiento de un pacto entre agentes sociales y gobierno para la resolución de los graves problemas estructurales económicos y que, además, acabara con la indefinición ideológica acerca del futuro modelo político y económico, así como la modernización de la estructura económica andaluza y de su tejido empresarial, especialmente en el caso de las pymes. Para un análisis de la situación de la mediana empresa en España, cfr. L. González Olivares, "Crisis en la mediana empresa industrial (1973-1977)", en Papeles de Economía Española, 1985, nº 22, pp. 38-61. 160 Sobre el asociacionismo empresarial, A. González, “Empresarios y Transición: la articulación de grupos de interés empresariales en Andalucía, 1975-1979” y “La configuración del sistema asociativo empresarial en la transición a la democracia a través del caso sevillano”. Historia Social nº 44, 2002, pp. 21-36. 140 La condición de empresario, tan fundamental para que funcione el sistema de economía de libre mercado, es algo que no está, como mantienen algunas propagandas, determinado por el nacimiento o la clase social. La aspiración de tantos de independizarse y llegar a ser “trabajadores por cuenta propia”, que no otra cosa viene a ser un empresario, está al alcance, en una sociedad libre y con igualdad de oportunidades, de cuantos quieran y reúnan cuatro cualidades básicas: trabajo, imaginación, inteligencia y entusiasmo 161 . Se trataba, pues, de ofrecer una imagen alejada del empresario-capitalista y más próxima a la del trabajador, aprovechando la mejor consideración social de las pymes, y para ello se recurrió a publicación de la trayectoria vital y profesional de hombres de extracción social humilde, trabajadores industriales en la mayor parte de los casos, que gracias a su esfuerzo y capacidad de iniciativa habían logrado crear sus propias empresas. La misión asumida por ABC en lo tocante a la defensa y reivindicación del mundo empresarial alcanzó su máxima expresión con estas iniciativas puesto que a partir de 1979 la CEOE constató la necesidad de asumir directamente las funciones que hasta entonces había desarrollado el periódico porque “si nosotros no decimos lo que es nuestra empresa, otros se apresurarán a decir lo que no es”. Máxime cuando para la organización cúpula del empresariado español “estamos ante una guerra de información, en la que los empresarios no pueden permitirse el lujo de perder las batallas diarias de la información” 162 . De ahí que la CEOE procediera a la creación de departamentos especializados en Relaciones Institucionales dedicados a la elaboración de informaciones que luego serían remitidas a las agencias de noticias para su publicación. Aún así, a lo largo de los años siguientes, ABC siguió mostrando una especial sensibilidad hacia el mundo empresarial mediante la publicación de las notas de prensa enviadas por la CEOE y las organizaciones empresariales andaluzas, la realización de entrevistas a destacados dirigentes de estas asociaciones, así como mediante la 161 ABC de Sevilla, 1 de julio de 1977. La primera de esta serie fue protagonizada por un tornero nacido en 1930, que simultaneó el trabajo con sus estudios en la Escuela de Peritos Industriales y fundó su primera empresa en 1955. Las siguientes semblanzas presentaban rasgos similares.