La metopa y el triglifo: relación entre construcción y ornato en el proyecto de arquitectura
Abstract
La metáfora de la metopa y el triglifo distingue en la arquitectura elementos esenciales y elementos de ornamentación. No obstante, la forma arquitectónica especifica se define por la decoración, por lo cual la arquitectura no coincide con la construcción. La voluntad de encontrar un lenguaje adecuado a la finalidad de los edificios y al sistema constructivo es la voluntad de representación que caracteriza a la arquitectura. El autor, en esta disertación, trata de establecer las relaciones entre decoración, construcción y tipo arquitectónico
Full text
LA METOPA Y EL TRIGLIFO* Relación entre construcción y ornato en el proyecto de arquitectura Antonio Monestiroli La metáfora de la metopa y el trit;lifo distingue en la arquitectura elementos esenciales y elementos de ornamentación. No obstante, la forma arquitectónica especifica se define por la decoración, por lo cual la arquitectura no coincide con la construcción. La voluntad de encontrar un lenguaje adecuado a la finalidad de los edificios y al sistema constructivo es la voluntad de representación que caracteriza a la arquitectura. El autor, en esta disertación, trata de establecer las relaciones entre decoración, construcción y tipo arquitectónico. E L tema que voy a abordar en esta leccorrecta aplicación, el de la correspondencia ción es el de la construcción. La consentre sistema constructivo y carácter del edifitrucción coincide en buena medida cio, el de la elección de qué sistema adoptar 19 con la arquitectura que se realiza a través del hecho constructivo. Sin embargo, es difícil de aislar este tema en el proyecto de arquitectura. Es muy difícil hablar de construcción en sí misma sin hacerlo desde un punto de vista estrictamente técnico, lo cual no nos compete. Las reglas que se refieren a la construcción desde el punto de vista técnico forman parte de un campo de conocimientos con una autonomía conceptual e instrumental propia. Se puede decir que hay una tecnología de la que podemos disponer y de la que nos servimos como instrumento. Para la arquitectura, el problema es el de su entre los que tenemos a nuestra disposición, el de su papel en la lógica de conjunto del proyecto, el de su traducción en arquitectura. De hecho, un sistema constructivo no es directamente arquitectura: para que llegue a serlo tiene que establecer una doble relación: por una parte, con el tipo de construcción, y, por otra, con el complejo capítulo del ornato. Estos tres conceptos, el tipo, la construcción y el ornato, son tres nociones inseparables del proyecto de arquitectura. El tipo de construcción implica un concepto general que ordena las partes del edificio y las relaciones entre las mismas. La construcción reviste de forma * Lección impartida en el Politécnico de Milán por el profesor Monestiroli. -XIXASTRAGALO, 03 (1995) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1995.i03.02 Arquitecto, director del Instituto Politécnico de Milán.
20 física dicho concepto: a través de la construcción el tipo se materializa, se singulariza, se convierte en edificio. El sistema de construcción tiene que ser el adecuado para el mismo, no tiene que entrar en contradicción con el carácter general del edificio, sino que más bien tiene que resaltarlo. Forma técnica y forma arquitectónica Resulta obligado tomar como punto de partida la cabaña primitiva para entender una correspondencia que permanece con carácter fijo en cada edificio posterior entre sistema de trilito y tipo constructivo, en el sentido de que la cabaña inaugura un sistema formal vinculado al sistema de trilito y que responde al mismo; una especie de condición natural con la que hay que medir toda construcción. En este sentido, la controversia sobre si los orígenes de la arquitectura se encuentran en la gruta o en la cabaña pierde significado a favor de la cabaña. Lo que la caracteriza es el hecho constructivo. La cabaña siempre se representa de forma naturalista: como si se tratara de dar una idea de un antes de la arquitectura. Para que la cabaña se convierta en templo es necesario abordar la cuestión de la diferenciación formal de sus elementos constructivos. El templo se realiza a partir del momento en que se diferencia el orden arquitectónico en el que se ha construido. El orden es el que da sentido a la columnata, el que da a la columnata perfección arquitectónica. El ornato es el principio de Vitruvio según el cual cada elemento de la construcción toma la forma apropiada para su diferenciación. A través de la relación con el ornato, y por consiguiente a través de la decoración, el sistema de construcción se traduce en arquitectura. La forma primitiva de un sistema de construcción es laforma técnica, es decir, una forma carente de un propósito estético. Un sistema de construcción tiene una forma que se corresponde con su función estática, y en este sentido la llamaremos forma técnica. La forma técnica es el resultado de otros terrenos de competencia (en la actualidad, es el de los ingenieros) y puede ser asumida en sí misma y resaltada por su tecnicismo, o bien transformada en forma arquitectónica. Esta transformación se lleva a cabo a través del proceso de diferenciación de los elementos de la construcción, en el sentido de que los aparatos técnicos, tal como son producidos por la industria, no se plantean el problema de ser reconocidos como elementos constructivos. Por el contrario, en arquitectura es necesario que cada elemento tenga un nombre, un papel en la construcción, en definitiva, que sea identificado. En otra ocasión he hablado de la diferencia entre un soporte y una columna. Un soporte es un elemento cuya única función es la de sostener y, por consiguiente, puede tener formas distintas con tal de· que sean compatibles con esta funció n. Una columna tiene una forma y sólo una en la que se identifica. El principio a través del cual se produce dicha identificación es el principio del ornato. Así se puede ver que hablar de construcción significa hablar de la relación con aquello que se construye, el tipo de construcción, y de la forma a través de -XX -
la cual se identifican los elementos de la construcción. Tipo, construcción y decoración Una historia de la arquitectura que resulta ejemplar para este objeto es la de A u guste Choisy, en la que la arquitectura antigua es analizada a través de los términos significativos del tipo, de la construcción y de la decoración. El tipo comprende las características generales de conformación del edificio; la construcción se refiere a los materiales y técnicas adoptadas, y la decoración define la forma propia de los elementos constructivos. El principio del ornato nos permite profundizar en la noción de decoración y diferenciarla de la de ornamentación. El concepto de decoración, que ya se entiende en sentido negativo, vo y necesario de ese principio, del negativo y superfluo del mismo. En esta distinción podemos reconocer la diferencia entre decoración y ornamentación. Quatremere de Quincy afirma: «Llamamos decoración necesaria a aquella cuya ausencia produciría a la vista y al espíritu una falta de sentido», o bien «aquella cuya presencia es la adecuada para explicar al espectador el objeto al que se aplica. Aquella, por último, que refuerza la impresión que tiene que producir el mismo objeto y que desarrolla sus características». Y sigue diciendo: «Llamamos decoración necesaria aquella que recoge los temas de su invención del fondo de la idea principal del monumento». Para Quatremere de Quincy, la decoración puede ser de tres tipos: ornamental, analógica y alegórica. como enmascaramiento, encierra, sin embarLa primera, la ornamental, es el tipo de go, un valor positivo tan importante que se decoración que se inspira en el instinto especonvierte, en el proyecto, en inalienable. En el proyecto de arquitectura es imposible prescindir de la decoración, es imposible definir un elemento arquitectónico cuya forma no resulte de su aplicación. La s únicas formas, aparte de la decoración, son las formas técnicas. Además de las formas técnicas, para todas las formas que se plantean como objetivo que sean representativas de sí mismas, el ornato se convierte en un principio necesario. Decoración y ornamentación Para profundizar en este concepto podemos servirnos del enfoque de Qu atremere de Quincy. En el término decoración del Dizionario Storico di Architettura, Quatremere de Quincy distingue claramente el aspecto positicíficamente humano de variedad. Se trata de una decoración no necesaria, que se configura como un sistema formal secundario que establece una relación propia con la arquitectura. En este caso, decoración coincide con ornato: su característica principal es la de que es superflua. El segundo tipo de decoración se puede definir como analógica. Pero la analogía se puede aplicar a distintos sistemas de referencia: sobre todo a la naturaleza, pero también -y aquí el pensamiento de Quatrem ere de Quincy se hace más profundo y reveladora la construcción. La decoración se aplica guardando una analogía con la construcción. El sistema de construcción se deja describir a través de la decoración, que confiere sentido y carácter - XXI - 21 ASTRAGALO,03(1995)ISSN 1134-3672
22 a sus elementos. Pensemos en el orden dórico, en sus elementos, definidos uno por uno y en sus interrelaciones establecidas por la decoración, que en este caso se convierte en esencial, necesaria, y sin la cual los elementos de la construcción carecerían de identidad. Por consiguiente, la decoración se puede entender como forma de identificación, y en este sentido constituye la aplicación del principio del ornato enunciado por Vitruvio. En la decoración se incluyen todos los aspectos formales de un orden, incluidos los sistemas proporcionales de los elementos, y hasta la gracilidad de la columna pertenece a la decoración propia de un orden. Así se entiende la profunda diferencia entre decoración y ornamentación. La ornamentanecesaria. Por el contrario, la decoración alegórica tiene una finalidad concreta que consiste en narrar una historia que, aunque sea paralela a la del edificio, siempre está relacionada con su destino final. Una especie de gran subtítulo aplicado al edificio que nos permite subrayar su carácter. Estas tres modalidades de la decoración, ornamental, analógica y alegórica, nos permiten entender la complejidad de este aspecto tan importante para la arquitectura. Y también es posible entender por qué la batalla de la arquitectura moderna se ha librado en su totalidad contra la decoración ornamental, es decir, contra toda forma añadida que pueda distraer la atención del sentido propio de las formas arquitectónicas. Se comprende que incluso las formas simples ción es un sistema añadido que tiene autonode una determinada arquitectura moderna son mía propia y que puede tener influencia sobre el resultado de aplicar el tipo de decoración el carácter de un edificio pero no determinarlo. Por el contrario, la decoración está integrada en la forma arquitectónica; podemos decir que es un principio constitutivo de la misma. Hay además un tercer tipo de decoración, la alegórica, es decir, el caso en el que la decoración adquiere el carácter de inscripción y la arquitectura en la que se aplica se convierte en una especie de libro de historia, en un soporte sobre el que se refieren distintos relatos mediante la decoración alegórica. Este tipo de decoración se aproxima en gran medida al primero, al de la decoración ornamental. Aunque siempre se trata de una decoración aplicada, la diferencia es que la primera se inspira en la naturaleza y sigue el instinto de la variedad, y se caracteriza por no ser analógica, que sin embargo está orientada por completo a describir el sentido de la arquitectura y de sus elementos. La simplificación de formas en la arquitectura moderna está orientada a la definición de las características esenciales de los elementos de la construcción, y el proceso de reducción formal realizado por los maestros del Movimiento Moderno no es sino una manera de entender la decoración. Por lo demás, Quatremere de Quincy, mucho antes de los arquitectos modernos, ya intuyó este concepto cuando sostuvo: «También puede suceder que la carencia de ornamentación pueda convertirse en alguna ocasión en un medio de decoración [ ... ) donde se encuentran dichos edificios cuyo carácter quedaría destruido o debilitado por cualquier ornamento, extrayendo su belleza precisamente de la ausencia de -XXII-
todo ornato». Lo que nosotros queremos subrayar es la relación entre decoración y construcción, el hecho de que los elementos de la construcción son definidos en su forma específica por la decoración. La decoración permite la transformación de los elementos constructivos en elementos arquitectónicos, la transformación de las formas técnicas en formas arquitectónicas. Construcción y decoración El orden dórico, también denominado nada menos que orden griego, supone la demostración de la relación entre construcción y decoración, que además constituye el motivo de la racionalidad de determinadas formas arquitectónicas. El orden dórico supone una explicación integral de la arquitectura en la hermosa definición de Schelling según la cual <<la arquitectura es una metáfora de la construcción ». La arquitectura no es directamente construcción, sino la representación del hecho constructivo. Por lo tanto, lo que se interpone entre construcción y arquitectura es la representación del hecho constructivo en formas estables, en formas inteligibles. Pero volvamos al orden dórico y observémoslo a través de la descripción que del mismo hace Choisy, y que quizá sea la más hermosa de la historia de la arquitectura antigua. Choisy describe dos interpretaciones posibles del origen del orden: la primera, la de Vitruvio, que considera que el orden dórico es la definición estable de las formas de la conscación» de un elemento de construcción en madera. La segunda, decimonónica, es la que reivindicaría una autonomía de las formas del dórico de cualquier sistema constructivo anterior y la que nos ha sido transmitida. Según Choisy, la discusión sobre este aspecto se hace superflua si se considera que en todo caso la belleza del orden consiste en la representación en formas estables de un sistema constructivo. Una vez que se ha encontrado la forma propia de cada elemento de la construcción, se identifica cada uno de los elementos a través de dicha forma. El basamento, la columna, el capitel, el arquitrabe, el friso, la comisa, son elementos todos ellos que pertenecen a un sistema de construcción, el sistema de trilito, y que son representados cada uno por sí mismo así como por sus interrelaciones. El reconocimiento de estas formas del sistema de construcción en madera hace más comprensible el procedimiento pero no justifica la belleza de las formas, que se debe a la voluntad de representación de los elementos, que es una prerrogativa propia de la arquitectura. Así se entiende la definición de Schelling: la belleza de las formas reside en esta voluntad metafórica, en este intento de representación. Asimismo, se comprende la definición de Hegel: «La arquitectura transforma en belleza lo que es sencillamente conveniente>>. La construcción es sencillamente conveniente para su finalidad práctica, pero se la transforma en belleza a través de la identificación y la representación de sus elementos. trucción en madera de los templos. Cada eleLo que explica plenamente este concepto es la mento del orden correspondería a la «petrificomparación que se establece entre los órde- -XXIII23 ASTRAGALO,03(1995)ISSN 1134-3672
24 nes. El sistema constructivo en los órdenes siempre es el mismo, el mismo sistema de trilito. La diferencia formal entre los órdenes es tan acusada que los antiguos les atribuyeron características distintas: la severidad del dórico, la elegancia del jónico, el refinamiento del corintio. Los mismos elementos adquieren formas y proporciones que definen identidades distintas. Podemos sostener que en la antigüedad el sistema de construcción tiene características diferentes. Pensad en la fulminante definición del problema realizada por Le Corbusier: «Ha habido un reblandecimiento y se ha inventado el jónico». Este proceso de definición de la identidad de los elementos se lleva a cabo en arquitectura a través del principio del ornato, y es la aplicación del principio del ornato, es decir, Además, en el mismo orden hay partes destinadas a recibir ornamentación, como el espacio entre los triglifos, en el que están colocadas las metopas, o el gran espacio del tímpano. En estos lugares se colocan las esculturas que se refieren a historias paralelas, relacionadas con el destino del edificio. Estas esculturas pertenecen a la ornamentación. Varían según el edificio, no forman parte directa de la construcción, no son indispensables para su identificación, su característica es la de que son secundarias. El orden dórico es el que mejor revela la diferencia entre decoración y ornamentación. Dicha diferencia coincide con la diferencia entre la metopa y el triglifo. El triglifo es un elemento esencial del orden, la metopa es un espacio para la ornamentación. la decoración, la que permite la definición de El orden dórico será el sistema formal de refela forma propia, de la forma representativa, rencia a Jo largo de nuestra investigación sodel «quod decet». En el orden dórico las formas remiten a la construcción: cada una de ellas, como hemos visto, es representativa de sus elementos: la columna rebajada da sentido de estabilidad; el equino apenas se pliega bajo el peso del arquitrabe, bien recibido por el ábaco. Sobre el arquitrabe, los triglifos, testigos de las vigas; más arriba aún, la cornisa subraya el saliente de la cubierta. Todos estos elementos, que pertenecen a la construcción, permanecen a lo largo de tiempo; varían las medidas, las proporciones (pensemos en las variaciones que se han ido produciendo en el equino), pero no las características generales de la forma. Podemos considerar que estos elementos son propios de un orden arquitectónico. bre la relación entre tipo, construcción y ornato, hasta la arquitectura moderna, en la que veremos cómo el principio del ornato seguirá siendo todavía principio de definición de las formas arquitectónicas. Tipo y construcción En el libro VII de su tratado, Leon Battista Al - berti, al abordar la cuestión de la construcción de los templos, enuncia su distinción entre sistema mural y sistema arquitrabado. Esta, además de ser una distinción entre dos sistemas de construcción, establece el principio de coherencia entre sistema de construcción y sistema formal. De ahí que, puesto que el arco pertenece al muro y la columna al sistema arquitrabado, no resulta opor- - XXIV -
tuno construir arcos sobre columnas y en cambio sí es más correcto construir arcos sobre pilastras, que también forman parte del muro. Las columnas sostendrán un arquitrabe según las reglas clásicas de la arquitectura antigua. Es obvio que esta regla de Alberti no es una regla técnica (los arcos sobre las columnas son perfectamente adecuados desde el punto de vista técnico) pero que revela la intención de manifestar - a través de la construcción-la identidad de los elementos, de representar -de la manera más evidentesu carácter. Así, el muro tiene que sustentarse en el terreno a través de una de sus partes, el pilar, mientras que las columnas cobran significado al sostener el arquitrabe. Estas propiedades de los elementos constructivos pueden ser entendidas como moderna, haciendo explícito el hecho de que ninguno de estos dos sistemas tiene una individualidad diferenciada. El sistema de construcción predominante en la arquitectura del Renacimiento, así como en la romana, es el sistema mural. Esta arquitectura se construye a través de muros, de arcos y de bóvedas. La relación entre el sistema de construcción y la solución tipológica es evidente. Pensemos en la solución de la planta central, en la cúpula como elemento de identificación del tipo de planta central y en los problemas constructivos que dicho elemento lleva consigo. La opción tipológica sugiere, acaso impone, la elección del sistema constructivo: los empujes de la bóveda sólo pueden ser contrarrestados por grandes masas de muro que se convierten en el elemento con el convenciones históricamente transmitidas, a que se construye la arquitectura del Relas que estamos acostumbrados y que seguranacimiento, al igual que en la arquitectura mente pueden ser discutidas, pero sólo después de que hayamos conocido y compartido su significado. El sistema mural y el sistema arquitrabado, que pertenecen, respectivamente, a la arquitectura romana y a la griega, son dos sistemas que, primero los romanos y después los arquitectos del Renacimiento, utilizarán al mismo tiempo, pero entre los cuales, según Alberti, no se admite ninguna confusión. Una vez más se considera que el sistema de construcción tiene una expresividad propia, que manifiesta una identidad propia. La distinción de Alberti entre muro y sistema arquitrabado es importante para nosotros porque define los dos sistemas constructivos sobre los que se asientan la arquitectura antigua y la romana. Pero, al igual que en la arquitectura romana, el sistema mural no encuentra en sí las formas adecuadas para representar el hecho constructivo (las encontrará más tarde en la arquitectura de la Ilustración, acaso las había encontrado en la arquitectura románica). El sistema mural coincide con la construcción pero no la representa. Para representarla, los arquitectos recurren de nuevo a los órdenes, al sistema de trilito, empleado esta vez como decoración. Se trata del tipo de decoración analógica descrito por Quatremere de Quincy. Si volvemos a pensar en la d ef inición de arquitectura de Schelling, a través de la decoración del Renacimiento se produce esa «metáfora de la construcción» que diferencia la arquitectura del mundo de las construcciones en general. - XXV - 25 ASTRAGALO,03(1995)ISSN 1134-3672
26 Es el sistema instaurado por los romanos -pensemos en los teatros, anfiteatros, arcos de triunfodonde el sistema de construcción es el de las grandes masas de muro sobre las cuales se describe, a través de la decoración, un sistema de construcción distinto, el de trilito, representado por los órdenes a los que se ha confiado el sentido más general de la arquitectura. De nuevo, se plantea la cuestión de la expresividad del sistema de construcción, es decir, el hecho de que el sistema de construcción no tiene una expresividad en sí mismo. Para que esto suceda, es necesaria «la voluntad de representación» del sistema mismo. Sistema de construcción y representación nado un sentido profundo y necesario: la representación de la construcción como propiedad específica de la arquitectura. La cuestión de la relación entre construcción y ornato, así como la diferencia entre ornato y ornamento son evidentes de modo especial en la arquitectura de la catedral. En la catedral la construcción es la matriz primera de la arquitectura y su técnica se distingue de las técnicas a las que nos hemos estado refiriendo hasta ahora. En efecto, en la catedral no podemos hablar ni de sistema mural ni de sistema de trilito. El sistema de construcción de los pilares, de los arcos y de las bóvedas adquiere una autonomía propia respecto a los muros, que pierden su influencia sobre la construcción. Si en la arquitectura griega esto se produce a La continuidad establecida entre los pilares y través de la búsqueda de la forma propia de los arcos, la composición misma de los pilares cada elemento constructivo. en la arquitectura romana, al igual que en la arquitectura del Renacimiento, tiene lugar un desdoblamiento entre el sistema de construcción y su representación, hasta el punto de que la representación se sirve de un sistema distinto del empleado para la construcción. Pensemos, por ejemplo, en la capilla de los Pazzi, de Brunelleschi, o en cualquier fachada de palacio renacentista, o bien, remontándonos más atrás, en la masa mural del Coliseo, donde aparecen los tres órdenes de la arquitectura griega superpuestos, o en la escena del teatro romano: una extraordinaria empresa que representa la grandeza constructiva de la época. Sería simplista considerar que estas formas son ornamentales. A las mismas se les ha asigque generan arcos en distintas direcciones, constituyen un sistema de construcción que requiere una nueva definición de los elementos arquitectónicos. El nuevo sistema de construcción impone la búsqueda de un nuevo lenguaje que sea capaz de representarlo. Se niega la gravedad del sistema mural tanto desde el punto de vi sta estático como desde el punto de vista de la expresividad; del sistema de trilito se niega la composición por elementos, su diferenciación, la claridad de los papeles recíprocos de los elementos sustentantes y de los sustentados, su propia forma de vinculación, en la arquitectura clásica, a la voluntad de expresión de estos papeles. En la catedral de Amiens, la diferenciación entre las grandes columnas de la nave -XXV I -
y las bóvedas apenas está señalada por una versión del capitel que nada tiene que ver con el capitel clásico, elemento claramente destinado a recibir el arquitrabe. Entre columnas y arcos existe una relación de continuidad, se convierten en un solo elemento, que toma una forma extendida para subrayar dicha continuidad. La columna ya no tiene una forma propia diferenciada como en los órdenes clásicos, sino que se descompone en tantas partes como sean las ramificaciones superiores de los arcos. Se constituye así por una sección compuesta que es característica de este elemento. La analogía con la naturaleza, la continuidad y la organicidad de sus formas se evidencia con numerosas y conocidas pruebas. En esta referencia significativa podemos destacar la cuestión que más nos interesa: que no importa tanto la perfección técnica -que también es extraordinaria-del sistema de construcción de la catedral como el hecho de que este sistema ha encontrado una forma representativa propia, una forma que representa el hecho constructivo. No hay que entender la forma compuesta de la columna de la catedral de Amiens con un sentido ornamental-los ornamentos de la catedral son otros- , sino como una forma necesaria para representar ese determinado sistema de construcción. Es esta voluntad de representación la que transforma la habilidad constructiva de los maestros de las catedrales en arquitectura, la voluntad de encontrar un lenguaje adecuado a la finalidad de los edificios y al sistema adoptado para su construcción. La diferencia entre decoración y ornamentación es singularmente clara y evidente en el gótico. La catedral está dotada de abundante ornamentación. En ella están representadas la historia del Señor y la historia de los Hombres justamente como en un gran texto capaz de contenerlas y ordenarlas de forma inteligible, manteniéndolas siempre netamente diferenciadas de la arquitectura que las acoge. Son dos mundos formales dispuestos en una perfecta simbiosis y sin embargo separados, precisamente en el sentido de la decoración alegórica de Quatremere de Quincy, lo que quiere decir que, si se retira la ornamentación, la arquitectura mantiene su perfecta unidad (de hecho, hay catedrales que carecen de ornamentación). El ornamento, diferenciado y autónomo, no hace sino encontrar -en la arquitecturasu lugar o colocación. Cuando empiece a contaminar las formas de la construcción, dará comienzo la decadencia del gótico, como siempre sucede en la historia de las (ormas. Como coinciden en afirmar Focillon y Ginzburg, la juventud de un estilo es constructiva; la ma - durez, orgánica y la decadencia, ornamental. Es por ello que, en el momento quizá más difícil para la arquitectura, la Ilustración, la voluntad de refundación de la misma obliga necesariamente, a volver a tomar como punto de partida, la construcción. Nos hemos referido en más de una ocasión a la importancia de este período en el que, por una parte, se vuelve a descubrir la profundidad del pensamiento clásico y, por otra, se pierde la capacidad de compartir, con el mundo clásico, el carácter or gánico de las formas. Por una parte, se reconocen en la antigüedad los principios teóricos constitutivos de la arquitectura; por otra, se abandonan gradualmente las formas estableci- - XXVII - 27 ASTRAGALO,03(1995)ISSN 1134-3672
34 Le Corbusier experimenta con formas distintas, en una búsqueda constante de la expresión propia de la construcción en hormigón armado, un material plástico a la espera de una forma, cuyas propiedades expresivas hay que buscar. La crítica que podemos hacerle es que predominan sus aptitudes plásticas y que no lleva a término la consecución de una definición estable de los elementos constructivos por el convencimiento que tenemos de que en arquitectura las formas tienen que hacer posible el reconocimiento del sentido de los elementos, precisamente como en el templo, donde la habilidad del escultor consiste en definir la e.>..presión exacta de tales elementos. Como ya sabemos, la definición de Mies de la arquitectura es: «claridad constructiva llevada a su expresión exacta>>. Mies se plantea la tarea de definir la expresión exacta de la construcción en hierro, hasta la definición de la forma propia de sus elementos. De Mies van der Rohe ya hemos hablado en otro momento. Deseo mencionar el nexo profundo, que se puede reconocer en su trabajo, entre sistema constructivo y tipo de construcción. Si observamos dos edificios distintos de planta libre de Mies, el Mu seo de Berlín y el Convention Hall de Chicago, podemos ver que el tipo es el mismo: la planta libre como espacio único, pero que su .implantación en los dos trucción de la cubierta de un espacio cuadrado de 200 metros de lado es una empresa técnica de gran envergadura, Mies da un mayor relieve al recinto: la única pared de mármol que delimita el gran lugar de reunión. El sistema constructivo interviene por tanto en la definición del carácter del edificio, según se pensaba en la antigüedad. Vamos a finalizar recordando la investigación de Mies sobre el pilar cruciforme. El pilar cruciforme aspira a la definición de una forma estable, como conclusión de la búsqueda de la identificación de este elemento arquitectónico. El pilar cruciforme, que Mies adoptó a lo largo de su trabajo desde el pabellón de Barcelona al Museo de Berlín, es el resultado de la búsqueda de la forma propia de la columna de la arquitectura en hierro. La sección cruciforme tiene una razón técnica pero también, acaso fundamentalmente, una razón expresiva. Su forma de cruz proporciona un fuerte sentido de estabilidad. El papel de la sombra (o del reflejo en el caso del pabellón de Barcelona) de un brazo de la cruz sobre el otro es el mismo que el de las acanaladuras de la columna antigua. En el Museo de Berlín el capitel ha sido omitido y, en su lugar, un espacio vacío permite ver el punto de apoyo del techo de casetones. El intento de representación es evidente. edificios es absolutamente diferente y se sirve Este largo discurso tenía como objeto situar el de dos modos de construcción distintos. En el problema que tenemos planteado en la actuaMuseo lo que cuenta es la cubierta. El espacio lidad. Retomando la premisa, tengo que decir que se desea construir es el lugar que se de fi -que hoy día estamos en condiciones de poder ne bajo la cubierta. Las paredes perimétricas situar los sistemas constructivos a nuestra disson transparentes y muy retranqueadas en posición en su expresión exacta. Estamos en relación con aquélla, están contenidas en ella. condiciones de continuar la búsqueda, emEn el Convention Hall, donde además la consprendida por los arquitectos que nos han pre- - XXXIV -
cedido, sobre la definición de los elementos constructivos, conscientes de que no hay ninguna posibilidad de confiar en las formas técnicas, haciendo que coincidan directamente arquitectura y construcción como muchos quieren hacemos entender, ni es posible limitar la investigación sobre las formas a un ambiguo intento evocador de las formas históricas, sin comprender que el pasado se puede reconocer sólo cuando sus valores se corresponden con los valores del presente, que son redescubiertos al buscar, en el presente, las formas correspondientes a los mismos. Tecnicismo e historicismo son dos callejones sin salida que no hacen sino alejamos de la solución del problema. El único camino que podemos emprender es el mismo de todos los que, antes de nosotros, se propusieron el objetivo de la definición de la s formas arquitectónicas de un sistema de construcción, de las formas en las que sea evidente no sólo su finalidad práctica, sino también y sobre todo su intención representativa, en el sentido de la definición de arquitectura de Schelling. Tenemos que ser capaces de poder volver a distinguir, en nuestra arquitectura, la metopa y el triglifo. Tenemos que buscar las formas propias de la construcción en nuestra época. O - XXXV - 35 ASTRAGALO,03(1995)ISSN 1134-3672
Centro de Arte en Mito (Japón). A. l soza ki. (Arquitecto). -X XXVI -