CUADERNOS DEL CEMYR Nº 7,1999 (47-68)
Fá ima ROLDÁN CASTRO
LA PERCEPCIÓN DEL ENTORNO
EN EL MUNDO MUSULMÁN1
Hay di e sas o mas de en ende el concep o «paisaje» ya que és e su-
gie e mul i ud de in e p e aciones que a ían de una cul u a a o a y, den o
de cada cul u a, de la época o el en o no na u al. Asimismo el concep o
depende á de la ex ensión o los lími es que que amos da le; si el ámbi o de
aplicación concep ual se de iene en lo pu amen e isual o se ex iende a lo
ambien al, si en endemos el paisaje como una expe iencia es é ica elacio-
nada con la na u aleza y ajena al con ex o u bano o si és e ambién se inclu-
ye, si conside amos el ex e io y el in e io , si hablamos de paisaje li e a io o
pic ó ico, e c. Son nume osas las conside aciones ya que pa ece cla o que la
pe cepción del paisaje obedece a una ideología, a unos cánones de belleza,
es deci , a unos p incipios es é icos.
La noción de paisaje debe i más allá de lo pu amen e isual ya que, sea
cual sea el lenguaje elegido, es indudable que no exis e un paisaje en el
acío y po lo an o se in ie e un en o no p opio de nues o medio y sensa-
ciones i ales, es o es, dicho paisaje se á in e io izado en la a mós e a con
ai e, denso o sua e, iolen o o aca iciado , enemigo o amigo; con sonido,
p oducido po la p opia na u aleza, que puede se pe cibido o in uido, inclu-
so el silencio es suscep ible de análisis y sugie e alo es y signi icados; con
colo , con luz o somb a o con oscu idad, con sen imien o, en de ini i a. En
cuan o el paisaje se en iende y se in e p e a, en cuan o exis e desde la subje-
i idad, ninguna ep esen ación paisajís ica, más o menos amplia o educi-
da, de nues o en o no puede p escindi de los a ibu os na u ales del medio,
y de ahí que le sea inhe en e la adje i ación y la me á o a.
Pa ece cla o que oda cul u a iene un en o no que ap ecia y unos é mi-
nos especí icos pa a exp esa la elación con el medio, y pa ece cla o, am-
1 Es e abajo u o una p ime a edacción o ien ada a la con e encia con la que pa icipé en
el IX Semina io del CEMYR. En dicha con e encia el discu so iba acompañado de una
se ie de diaposi i as que no pueden añadi se en su o alidad al ex o. Quie o, no obs an-
e, ag adece a Ismael Roldán Cas o su disponibilidad e ines imable colabo ación en la
p epa ación de dicho ma e ial g á ico.
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bién, que dichos é minos esul an incomp ensibles de una cul u a a o a
po que designan una ealidad di ícil de imagina si no es en el ámbi o espe-
cí ico de esa de e minada cul u a, po que se a a, en cada caso, de una p e-
cisa concepción del mundo2.
El econocimien o de o mas cons an es y a iables del e i o io y su
inco po ación a la memo ia de los indi iduos u o que da se desde que el
homb e apa eció, po lo an o, la idea de que no exis e paisaje has a que se
acuña su concep o, es o es, en el siglo XVI, no es acep able3. Hay quien a i -
ma, Mazu ek po ejemplo, que el homb e ha modelado paisajes pe o que la
consciencia de és e es a día. P obablemen e se e ie a a la e iden e di e en-
cia en e « e » y «pe cibi » ya que la segunda acción en aña el ac o olun-
a io de aplica de e minadas conside aciones subje i as al campo isual.
El concep o de paisaje ya exis ía en China en el siglo IV mien as en
Eu opa no se dio plenamen e has a el Renacimien o, sin ol ida que Gio o o
A. Lo enze i, a inales del siglo XIII o p incipios del XIV, ya mos a on en su
pin u a la conciencia paisajís ica del dis u e p o ano del espec áculo del
mundo. Es a conciencia madu a en el siglo XV en Flandes y en I alia, y un
poco más a de en o os luga es; a pa i de ese momen o los eu opeos se
ie on en la necesidad de da un nomb e a lo que ya habían empezado a
pin a y a mi a ; en las lenguas ge mánicas se le añadió una nue a acepción
a una palab a que exi ía con el signi icado de « egión o p o incia», que es
landscha , landskip, landscape..., y en las lenguas la inas se c eó un nue o
é mino, añadiendo el su ijo -aje (-aggio, -age) a la palab a «país» (paisaje,
paysage...).
Y en cuan o que el concep o de paisaje su ge en Eu opa como é mino
mode no, con an e io idad no exis ía dicha palab a po que no se a aba de
un obje o ísico sino de una cons ucción men al, de una in e p e ación en la
que in e ienen ac o es es é icos y emocionales. De hecho, apa eció po
p ime a ez en un dicciona io ancés-la ín en 1549 y ha designado has a
p incipios de nues o siglo un luga pin ado, ligado casi siemp e a una no-
ción de pe cepción isual, en es echa conexión con la isión es é ica de
cada época4. El a e paisajís ico, basado en dichos alo es es é icos y emo-
cionales, alcanzó su pun o culminan e en el Roman icismo y a i ma Hause 5
2 A. Be que, «En el o igen del paisaje», Re is a de Occiden e, 189 (1997), pp. 7-21, en
conc e o, pp. 7-8.
3 D. Ál a ez Salas, «Te i o io e in imidad: el paisaje en la cons ucción de la ciudad», III
Simposio In e nacional «Conse a el u u o» (San iago de Compos ela, 1997), pp. 1-
18, en conc e o, p. 16.
4 H. Mazu ek y P. Blanchemanche, «La o ganización del paisaje u al medi e áneo de los
pueblos a las incas de ec eo», en Paisaje Medi e áneo, F. Zoido (coo d.), Milán, Elec-
a, 1992, pp. 142 ss., en conc e o, p. 152.
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que «la ep oducción del ac o subje i o de la pe cepción en ez del sus a o
obje i o del e , con que comienza la his o ia de la mode na pin u a pe s-
pec i is a, llega [con el imp esionismo] a su pe ección».
En es e sen ido a i ma A. Galmés que «el sen imien o de la belleza del
paisaje es en la men e humana un enómeno muy a dío; la men alidad p i-
mi i a, como la de los niños, como hoy día oda ía la del campesino, no se
in e esa po el paisaje, no lo sien e. An e lo que noso os conside amos un
paisaje admi able, el campesino no e más que la u ilidad o la pob eza de su
e eno. No hay ampoco au én ico paisaje en los au o es g iegos y la inos, a
pesa de la an ás ica A cadia de Teóc i o o Vi gilio. El paisaje si e sólo en
cuan o es ma co de bienes ú iles de la ealidad humana». Con inúa ad i -
iendo que «en la épica omán ica de nues a edad media encon amos pasa-
jes que, leídos bajo el p isma de nues a men alidad, pa ecen bellísimos
esbozos, emp anos esplando es de elemen os paisajís icos, pe o quizá no
engan o o obje i o [...] que el de hace e e encia al amanece , [...] o pone
de elie e la ag esión de la na u aleza»6.
Unamuno comen aba, en cambio, que con enía dis ingui en e la des-
c ipción y el sen imien o de la na u aleza y del paisaje, y que es la desc ip-
ción la que apenas apa ece en la li e a u a an e io a los iempos mode nos,
mien as que el sen imien o sí es á p esen e en algunas de sus mayo es ma-
ni es aciones. Esc ibe que «es indudable que en el Quijo e el paisaje no es,
como en los cuad os de Velázquez, más que un medio de pone más de elie-
e al homb e; pe o ¡qué sen imien o del paisaje en uno y en o o en Ce an es
y en Velázquez!»; de ahí que, según es e au o no con enga exage a la esis
del descub imien o mode no del sen imien o paisajís ico de la na u aleza.
En cualquie caso su llamada de a ención se en iende como el hecho del
«su gimien o mode no del paisaje, di ec amen e conec ado con el mo imien o
omán ico, que compo a pe cepciones, ac i udes y alo aciones muy dis in-
as de las p eceden es, y que esponde a las nue as elaciones, inquie udes e
in enciones de nues a mode nidad»7.
«Un paisaje es una imagen cul u al, un modo pic ó ico de ep esen a ,
o dena o simboliza lo que nos odea», así lo a i ma on los geóg a os Daniels
y Cosg o e en su ob a Iconog a ía y paisaje8; es o no supone que el paisaje
sea inma e ial, odo lo con a io, el paisaje puede ma e ializa se de muchas
5 A. Hause , His o ia social de la li e a u a y del a e, Ba celona, Labo , 1983, 18ª ed., p. 203.
6 A. Galmés, Toponimia: Mi o e His o ia, Discu so leído el 15 de diciemb e de 1996 en su
ecepción pública a la Real Academia de la His o ia, Mad id, 1996, pp. 27 ss.
7 Ibidem.
8 También mencionado po N. O ega, «Paisaje y cul u a», con e encia p onunciada en
So ia, Fundación Duques de So ia, julio, 1996.
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mane as: en una pin u a sob e lienzo, en papel median e la esc i u a, en
ie a, agua, ege ación sob e el suelo. Pueden dis ingui se, po lo an o,
a ios ipos de paisaje: isuales, e bales, cons uidos, que pueden aba ca
desde paisajes na u ales, u ales o u banos, has a un pa que o un ja dín. To-
dos es os paisajes pueden en ende se como imágenes cul u ales, así «habla
de paisaje es an o como deci que es amos plan eando una aducción cul u-
al de lo que enemos a nues o al ededo , una aducción que ep esen a la
ealidad y la o dena, que le a ibuye alo es, dimensiones simbólicas y sig-
ni icados. El paisaje no es la ealidad, sino una imagen cul u almen e o de-
nada de la ealidad. Hay po lo an o, una elación bas an e es echa en e
paisaje y cul u a»9.
Según a i maba Azo ín, a pa i de Rousseau se inco po a a la li e a u a
el gus o po la na u aleza y el paisaje, ya que las ap oximaciones hechas con
an e io idad al XIX son limi adas y suelen es a acompañadas de sensaciones
de disgus o o miedo; el paisaje no desempeñaba en onces más que un papel
acceso io, en cambio, es a pa i del oman icismo cuando se inicia y des-
pliega el sen imien o amo oso hacia la na u aleza y así esul a «una li e a u-
a nue a, desconocida de los an iguos», cuya no edad ue ab i de pa en pa
a la p esencia del paisaje en sí mismo, la inco po ación plena del paisaje10.
El paisaje pasa a se un mo i o au ónomo, no subo dinado, un con enido
signi ica i o en sí mismo de la c eación a ís ica; no bas a con desc ibi ,
ambién hay que sen i . Desde el oman icismo la sensibilidad hacia el en-
o no adquie e un desa ollo sin p eceden es, la cul u a mode na iene su
p opia o ma de dialoga con el paisaje11, y es o es consecuencia del en a-
mado de p egun as y espues as, anhelos e imaginaciones que ma can el
i mo cul u al mode no. Y en e odo ello, con iene ene en cuen a los nue-
os modos de pe cibi y ep esen a las elaciones del homb e con el mundo
ex e io .
Paisaje es «la o ma —y po ello ambién la in o mación— de la ela-
ción en e el homb e y la na u aleza»12. Exis e un diálogo en e la his o ia y
la na u aleza, sin cuya e e encia social y subje i a no exis e el paisaje, es el
homb e el que do a a és e de sus dimensiones ca ac e ís icas: la empo ali-
dad his ó ica y el signi icado de sus o mas.
Y de la misma o ma que el paisaje acumula his o ia, nos habla de ella y
de las cla es del pensamien o es é ico de cada una de las e apas que la con-
9 Idem, p. 1.
10 Idem, p. 2.
11 Ibidem.
12 D. Ál a ez Salas, «Te i o io e in imidad», p. 3.
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o man, és a nos desc ibe paisajes, se hace a a és de ellos como supe icie
básica en con inua comunicación e in e acción con el homb e, en su
plasmación socio-económica que se p esen a unas eces exube an e, o as
dep imida, en desa ollo cons an e po su p opio dinamismo y como conse-
cuencia de la lucha po la ida. El paisaje acumula his o ia y po lo an o
in o ma sob e ella13. En él es án los cabos de odas las dimensiones humanas
y en an en elación azando un a co que une azón y sen imien o, indi iduo
y sociedad, homb e y uni e so, pasado y u u o... Pa a el homb e el paisaje
une el ondo de su espí i u con lo ex e io 14.
El paisaje no es homogéneo, es un don de la a iedad geog á ica, de ahí
que no pueda sepa a se de su suje o, al iempo que és e no puede desliga se
de él como pa e de su p opia cons i ución ísica y psíquica. Po o a pa e,
exis e una «in ención paisajís ica», es deci , la búsqueda de e ec os simbóli-
cos o es é icos al compone cos ucciones con el paisaje p eexis en e. La
apa ición de es a in ención supuso la acul ad de o dena el espacio no de
mane a imp o isada sino do ándolo de cualidades es é icas y signi icados,
con es a in e ención el homb e se con ie e en c eado del luga que habi a
como consecuencia del p opósi o humano de in oduci azón en el mundo
na u al.
«Un paisaje no es un luga , es ambién su imagen»15.
LA DESCRIPCIÓN DEL PARAÍSO Y LA PERCEPCIÓN DEL EN-
TORNO EN EL MUNDO MUSULMÁN
A quienes c een y hacen ob as pías los in oduci emos en unos ja di-
nes po los que co en íos. Vi i án en ellos e e namen e: end án
esposas pu as y les ha emos en a en una somb a ondosa.
(Co án 4/60)16
El medio geog á ico explica la dis in a ac i ud de los homb es an e la
ida, la concepción del más allá y la o ma en que se i án es uc u ando los
13Ibidem.
14 Idem, p. 6.
15 E. Ma ínez de Pisón, «El concep o de paisaje como ins umen o de conocimien o ambien-
al» Con e encia p onunciada en So ia, Fundación Duques de So ia, julio, 1996, p. 11.
16 Las ci as co ánicas es án omadas de la aducción de J. Ve ne , El Co án, Ba celona,
Plane a, 1983.
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di e en es es ados a lo la go de la his o ia. Pa a analiza y comp ende el
signi icado y la concepción de los mi os que la imaginación desa olla, hay
que ene p esen es las ca ac e ís icas na u ales p opias del luga donde su -
gen dichas concepciones mí icas. En ellas in e ienen, po ejemplo, la ca-
encia de ma e ias p imas, la p esión a mos é ica y la del medio, la búsqueda
de un ambien e p óspe o, así como la a luencia de gen es y pueblos que
en an en con ac o con la sociedad exis en e en el momen o en que se da
o ma a dichas concepciones.
En el con ex o conc e o del mundo á abe es amos hablando de una ci ili-
zación que i ía in eg ada en su en o no, como odas las p imi i as, en es e
caso el desie o a ábigo po na u aleza hos il, que acumuló una se ie de mi os
e idealizaciones que oma on o ma poco a poco po con as e con su medio
na u al. Desde ese medio se cons uyó la idealización paisajís ica del beduino,
y de ahí su gió un mundo de imágenes y símbolos ampliamen e desc i os en el
ex o co ánico, los cuales alcanza on en el sen imien o y en el imagina io del
mundo á abe los más al os ni eles exp esi os en muy di e sas mani es acio-
nes. Dice el Co án que la ecompensa de los homb es buenos:
es un Pa aíso y es idos de seda;/ en el pa aíso es a án eclinados en
so ás; desde él no e án ni el sol ni no a án su a do / ce ca de ellos
es a án los á boles umb osos cuyos/ u os se inclina án has a el sue-
lo./ En e ellos ci cula án asos de pla a y c á e as que se án de c is-
al,/ de c is al de pla a de g an alo / [...]/ Cuando mi es, en seguida
e ás los ja dines y la g an ealeza./ Ves i án ajes e des de aso y
b ocado, se les ado na á con b azale es de pla a,/ y su Seño les es-
cancia á una bebida pu a.
(Co án, 76/12-21)
El análisis de las desc ipciones paisajís icas, el sen imien o an e la na u-
aleza en el con ex o musulmán pod ía canaliza se en múl iples exposicio-
nes omando como obje o de obse ación las más di e sas uen es esc i as,
pic ó icas o a qui ec ónicas pa iendo de la base de que pod íamos pe cibi
el en o no desde di e sas pe spec i as que cab ía sin e iza en es unda-
men almen e: en su es ado sil es e na u al; en es ado a i icial, pe o como
na u aleza i a ma e ializada en el ja dín; o de mane a ep esen ada, en la
a es plás icas. Los caminos son innume ables, pe o hay que elegi uno ini-
cialmen e. Pa a emp ende cualquie a de dichas ías pa ece imp escindible
analiza las líneas básicas de es a pa icula es é ica, líneas que apa ecen
desc i as en el Lib o Sag ado de los musulmanes, ya que és e es ablece nu-
me osas imágenes sob e las que se inspi a án u u as c eaciones a ís icas.
Dado que el Co án es guía p ác ica, é ica y espi i ual, o ganización, en de i-
ni i a, de un modo de ida, e isa es as imágenes, en especial las e e idas
al pa aíso y sus aplicaciones a ias, se á como da un p ime paso en el
análisis de la pe cepción del en o no en el mundo islámico, en el plano ima-
gina io y en el eal, más a de segui án o as obse aciones, o os en oques.
Pe o es o sin de ende que se a e de una es é ica simple o exclusi amen e
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eológica; sólo se pa e de la base de un sen imien o emanado de los más
su iles dic ados de belleza desc i os en el Co án.
El medio geog á ico en el que su gió el Islam, como ya se ha dicho,
de e minó las bases de la desc ipción de un ideal de na u aleza, donde nin-
guna de las ca ac e ís icas ad e sas habi uales al beduino hab ía de exis i ,
donde, po con as e, el medio se ab i ía al homb e en odo su esplendo , a
su disposición, en la culminación de su madu ez, e ilidad y bondad. Es o
es p ecisamen e lo que el Islam ese a al e e no dis u e de los homb es
piadosos, los cuales pa icipan en el mi o y en la ensoñación median e imá-
genes de cla idad, agua, plan as, á boles y somb as... Así se desc ibe en el
Lib o de la Escala de Mahoma17:
Los pa aísos son odos de cla idad y en ellos hay muchas ciudades,
cas illos de cla idad, palacios, casas, es ancias, cáma as;[...] De ás
hay al can idad de á boles y de especies an di e en es que nadie
pod ía desc ibi los; como ampoco pod ían desc ibi la di e sidad de
u os que p oducen; unos u os más he mosos que ubíes, esme al-
das o cualquie o a pied a p eciosa que exhalan un a oma inimagi-
nable. A a és de los pa aísos discu en unos íos de an os onos
[...] que nadie pod ía desc ibi ni imagina en su co azón; odos ex-
halan un a oma ag adabilísimo. Hay al núme o de pabellones sob e
la ibe a de los íos de o mas an di e sas y hay al núme o de casas
an he mosas, an nobles y an admi ables que el co azón del homb e
no lo pod ía imagina ; y odo, de pu ísima cla idad.
O a imagen del pa aíso p ome ido:
En él hab á íos de agua inco up a, íos de leche cuyo sabo no se
al e a á, íos de ino que se án la delicia de los bebedo es/ y los íos
de miel límpida. Los c eyen es end án oda clase de u os y pe dón,
p oceden e de su Seño .
(Co án, 47, 16-17).
Desde es a noción de pa aíso como luga en el que hay á boles con u-
os y somb as, íos de agua, leche y miel, e c..., se con igu a la imagen y la
me á o a, desde ella se cons uyen edi icios y palacios, se diseñan ja dines,
se componen poemas, se hace li e a u a. El ex o co ánico sen a á las bases
de una iloso ía de ida donde la imagen del desie o, ya desc i a desde la
poesía p eislámica, subyace plena de conno aciones.
Desde mediados del siglo VII, echa en que el P o e a dio a conoce el
Co án, la conciencia es é ica del musulmán se mani es ó de o mas a ia-
das; apa ecía el Islam con una ac i ud p ocli e a la inco po ación de los
17 Lib o de la Escala de Mahoma. Según la e sión la ina del siglo XIII de Buena en u a de
Siena, P ólogo de Mª J. Vigue a, Mad id, Si uela, 1996, pp. 86-87.
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asgos de las cul u as con las que el pueblo á abe se elacionaba. Du an e la
expansión del impe io no se pe die on los signos cul u ales p opios de los
países conquis ados; es os úl imos die on en cada caso esul ados pa icula-
es, pe o siemp e en el ma co común emanado de unas bases ideológicas
que es ablecie on las líneas esenciales del sen i es é ico del mundo á abe
du an e la edad media e incluso después. Es e enómeno ocu ió de mane a
absolu amen e p opiciada desde la polí ica cul u al del cali a o ‘abbasí en
o ien e donde la a en u a cul u al se p odujo a pa i del siglo IX, sob e odo
desde la asimilación del ace o emanado desde el mundo pe sa sasánida,
G ecia y la India; es as cul u as p opo ciona on al mundo musulmán unas
posibilidades inimaginadas has a en onces y el desa ollo a ís ico o eció
canales de di usión de códigos a un iempo é icos y es é icos.
Quizá el hecho de que el Islam echaza a no edades en la concepción
del mundo y en la iloso ía de ida hizo que ampoco se in oduje an g an-
des inno aciones es é icas sal o asgos pu amen e o males que c ea on es-
ilos dis in os. Sal ando las dis ancias en e o ien e y occiden e cuyo sus a o
cul u al, en cada país en pa icula , semb ó las bases de un esul ado a ís i-
co único, las o mas de exp esa sen imien os sob e la na u aleza así como
los cánones cons uc i os que emanaban de aquélla, ue on semejan es. En
e ec o, en el aspec o pu amen e es é ico no se die on g andes no edades, es
como si esa pa icula iloso ía de ida se hubie a con e ido, aun con el
paso de los iempos, en un sus a o común a odo el mundo musulmán, en el
imagina io colec i o, en una idiosinc asia compa ida po dis in os pueblos
en luga es muy lejanos geog á icamen e hablando.
La pa e idealizada del paisaje medie al en gene al, y del en o no mu-
sulmán en pa icula , ilus a la necesidad de ensueño de los pueblos, una de
cuyas in enciones, el ja dín, cons i uye la o ma más ep esen a i a de su
ma e ialización18; desde és e «la con igu ación del paisaje p opo ciona una
isión de la ealidad na u al que de uel e al espec ado al ideal y al mi o y
que pe mi e e adi se en un uni e so apa e en el que dicho paisaje esponde
a su deseo de hui de lo eal y de ecob a una hipo é ica a monía»19; el
Co án desc ibe en el en o no conc e o del ja dín un escena io o denado,
bello y pleno de signi icado. El ja dín pasó a ep esen a la na u aleza sin e-
izada, eunía las ca ac e ís icas esenciales de la pe cepción ideal del medio,
imp esiones que después se desa olla ían en múl iples ace as:
Quien haya emido el emplazamien o de su Seño , end á dos ja di-
nes/ -¿qué dones de ues o Seño nega éis?/ En ellos hab á dos uen-
18 Y. Luginbül, «Apolíneo y dionisíaco», en Paisaje Medi e áneo, F. Zoido (coo d.), Milán,
Elec a, 1992, pp. 24-31, en conc e o, p. 25.
19 Idem, p. 26.
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es de agua co ien e/ ¿qué dones...?/ En ambos hab á, de oda clase
de u os, dos especies/ ¿qué dones...?/ Los biena en u ados es a án
eclinados sob e apices cuyo e e so se á de b ocado; la cosecha de
ambos ja dines se á inmedia a/ ¿qué dones...?/ en ambos hab á mu-
je es de mi ada eca ada: an es de ellos no las hab á ocado ni hom-
b e ni genio/ ¿qué dones...?/ Ellas se án como ubíes y co al/ ¿qué
dones..?/ Acaso la ecompensa de ues o Seño no es el bien?/ ¿qué
dones...?/ P escindiendo de ambos hab á dos ja dines/ ¿qué dones...?/
oscu ísimos po lo ondoso de su ege ación/ ¿qué dones...?/ En ellos
hab á dos uen es abundan es/ ¿qué dones...?/ En ambos hab á u-
os, palme ales, g anados/ [...].
(Co án, 55/46-68)
Como ha esc i o E. de San iago20, «en es e mundo se educe el g an
uni e so in ini o, o denado, bello y signi ican e a un luga a monioso, deli-
mi ado po o mas geomé icas coo dinadas, o nado po lo es, á boles y
aguas deseados en e sí po la simpa ía na u al/di ina, y ceñido po quioscos
y pa edes a qui ec u ales p eciosas en las que se con unde lo bello con lo
colosal. El homb e, en e esos signos, exp esa el g an deseo de expia el
pecado de Adán, de e i i las espe anzas de Mahoma y dibuja las aleyas
del Co án an e su is a eal. En el ja dín se i e el place me a ísico del
pa aíso, el iempo de la o a ida y la ascendencia del Co án. En él las
lo es, las aguas se desean en e sí y se mue en po la simpa ía hacia el
deseado/animado inmó il».
En el ja dín islámico yace el discu so esca ológico y en cada una de sus
o mas simbólicas, de sus elemen os undamen ales, su ge un mundo in ini-
o de posibilidades exp esi as po su aplicación en la pe cepción subje i a
del mundo. Los elemen os cons i u i os de dicho ja dín su gie on del sen i-
mien o del homb e an e de e minados ámbi os na u ales; en nues o con ex-
o, en p ime luga del desie o, con los a ibu os que le son p opios, como el
calo so ocan e, los ien os, la escasez de agua y de alimen o, la luz cegado-
a y el cielo que du an e la noche se con e ía en bó eda de con emplación y
ma co de sosiego, en el que enían luga las e ulias y encuen os en e los
miemb os de la ibu, donde se eci aban casidas y se p oyec aban los días.
Aquí los sen imien os son encon ados: po una pa e hay conexión con la
na u aleza, po o a hay en en amien o con inuo. Así lo mues a la poesía
p eislámica, donde se desc ibe el paisaje como «enemigo del nómada»21; el
desie o e ocaba o men as, ien os, e a un locus ho idus. De hecho, es un
ejemplo signi ica i o el hallado en los Días de los á abes, na ación p eislá-
mica donde se lee: « índe e, [...] soy mejo pa a i que el desie o y la sed»22.
20 E. de San iago, «Algunas e lexiones en o no al ja dín islámico», Cuade nos hispano-
ame icanos, 418 (1985), pp. 75-86, en conc e o, p. 76.
21 Mª J. Rubie a, «El ja dín ascendido o el ja dín á abe medie al», en Ja dines y paisajes
en el a e y en la his o ia, Mad id, Uni e sidad Complu ense, 1995, p. 12.
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insc ipción en la que la misma uen e nos decla a que el agua emana de su
supe icie helada al de e i se. En e ec o, en odos es os ejemplos, dado que
el in e és se cen a en la ob a que se deco a y, en odo caso, en el alo
simbólico del elemen o deco a i o, la anja de o namen ación se p esen a
con «misión adje i a»39.
Las aguas mansas izadas po la b isa, ans o madas de mane a inme-
dia a en imaginadas co as de malla, han sido glosadas po muchos poe as a
a és de la his o ia40:
La mano de la b isa ha ejido una co a de malla
sob e el ío, que no iene o as mallas que las bu bujas del agua
La b isa sopló al a a dece y ejió una co a de malla pa a
el es anque; ¡ah, la he mosa a madu a de ensi a!
Es una me á o a ecuen e, que p obablemen e encuen a su ejemplo
más conocido en el e so que el ey ai a al-Muc amid plan eó a Ibn Amma–
an e el Guadalqui i :
La b isa ha ejido una co a de malla con el agua.
A lo que aquél con es ó:
¡Qué he mosa se ía pa a el comba e si ue a de ma e ia sólida!
El agua, pues, en ín ima conexión con el ja dín, ha con ibuido jun o a
o os ecu sos a qui ec ónicos en la desc ipción del pa aíso p ome ido. P e-
sen e en la mayo ía de las cons ucciones del mundo islámico, siemp e que
el medio lo pe mi ie a, ha colabo ado en la ans o mación de los in e io es
de las casas, ya no sólo de los palacios. Las uen es o es anques ins alados
en pa ios y ja dines, me amo oseaban el espacio in e io en un oasis simu-
lado; en medio de la ciudad el homb e accede al emanso de paz, de se eni-
dad y esco dejando ex amu os el aje eo calleje o. Reco demos, po
ejemplo, la ipología de las casas mo iscas andalusíes como la Casa de Za a
o la Casa del Chapiz, en e o os ejemplos, en G anada, o cualquie ec ea-
ción pic ó ica del in e io de casas pa icula es del mundo á abe; es á cla o
que se a a de cons ucciones que pe enecían a una clase social acomoda-
da, pe o no dejan de ep esen a , ue a del en o no palaciego, los elemen os
39 J. Camón, «Temas de es é ica musulmana», RIEEI, II (1954), pp. 131-147, en conc e o p.
133.
40 Abu–-l-Qa–sim Ibn al-cA © ©a– , apud H. Pé ès, Esplendo de al-Andalus, Mad id, Hipe ión,
1983, p. 207.
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LA PERCEPCIÓN DEL ENTORNO EN EL MUNDO MUSULMÁN 63
ya desc i os dispues os a la medida del se humano, p opiciando una expe-
iencia sensual y espi i ual que alejan de lo mundano.
Al igual que en el pa aíso, el ja dín en el mundo á abe a iende como la
p opia na u aleza a odos los sen idos: es place pa a la is a po la a monía
de sus líneas y colo es; así lo es igualmen e pa a el ol a o g acias a sus
pe umes, pa a el oído median e su ido es y cascadas, y pa a el gus o, po
sus u as41. Ya que la desc ipción del paisaje, del ja dín y de muchas cons-
ucciones enía en e sus obje i os la llamada a la sensualidad del se huma-
no, me ece la pena eco da el siguien e pá a o del Lib o de la Escala de
Mahoma42:
[...] de ás del pa aíso hay un ja dín,[...]; debes sabe ambién que, si
alguien dice que és e es el único pa aíso, eso es e dad en el sen ido
de que «pa aíso» no signi ica o a cosa que «delei e».
Y en el mismo sen ido, eco dando es a ec eación sensual a i maba Ibn
H©abi—b 43:
[...] El p o e a, —Dios lo bendiga y los sal e— dijo: Los íos del
pa aíso no co en po cauces, son más blancos que la nie e, más dul-
ces que la miel, de a oma más g a o que el almizcle[...]. El ba o de
los íos es de almizcle olo oso; de ellos manan las uen es [pa a de-
lei e] del homb e que, según su ape encia, [les] señalan con su dedo
[que se di ijan hacia] los palacios de pe las; si los yinn y los se es
humanos de es e mundo se es ableciesen jun o a uno de ellos, los
desbo da ía de alimen os, bebidas y únicas [...].
En e los elemen os que ca ac e izan al ja dín musulmán y que han dic-
ado sus mo i os a la a qui ec u a o namen al no hay que ol ida el impo -
an e papel desempeñado po los mo i os lo ales, u ilizados és os en odas
sus posibilidades desde el ado no, lle ado al ex emo en la deco ación de
a au iques en los paños de in e io es y achadas, asimismo en azulejos como
en capi eles, ce ámicas, e c., o en la misma esc i u a de es ilo cú ico lo ido,
an ecuen e en odo el mundo musulmán. Es os mo i os lo ales son esen-
ciales en el ja dín o pa aíso, como al omb a bellísima o como inspi ado es
de sublimaciones amo osas44 y, sencillamen e, como suge ido es de pe u-
mes emb iagado es. La esca ología musulmana insis e en desc ibi el mun-
41 Véase M.J. Rubie a, «El ja dín ascendido», p. 13.
42 Escala, p. 82.
43 Desc ipción, pp. 70-71.
44 Véase E. De San iago, «Algunas e lexiones», p. 86.
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FÁTIMA ROLDAN CASTRO64
do de sensualidad que agua da a los homb es buenos, en nume osas ocasio-
nes median e sensaciones ol a i as:
De en e los á boles del pa aíso los hay que dan u o y los hay que
no, pe o odos ienen cálices que con ienen almizcle y alcan o .
Pa ece se que, al igual que en el oman icismo, se adop a la ilusión, la
anes esia y la emb iaguez de los sen idos y, sin lle a las cosas a ex emos,
quizá sea esa nos algia del pa aíso la que, conscien e o inconscien emen e,
explica, al menos en pa e, es e ideal es é ico y espi i ual.
En el plano li e a io, el ja dín ambién e ocaba un mic ocosmos de paz,
de medi ación, de na u aleza y belleza o denada, sín esis de los cánones
e ó icos del locus amoenus. La desc ipción del ja dín se con i ió, po su
belleza pa icula , al igual que ocu ía con la adición bíblica, en luga p e-
des inado a la ida espi i ual, obje o de con emplación en cuan o que sugie-
e y ecue da la ob a de Dios y la p omesa del pa aíso:
[...] en los ja dines de ensueño[...] no oi án uido ni inci ación al
pecado, sino el dicho: «Paz, paz». Los compañe os de la de echa
es a án en e azu ai os sin espinas en e acacias alineadas, somb as
ex endidas, agua co ien e y abundan es u os que no es a án co a-
dos ni p ohibidos. Es a án echados sob e apices ele ados [...].
(Co án, 56/11-34)
Po lo an o, el ja dín á abe es además, y pa a e i a el pecado de emula-
ción di ina, «me á o a del pode islámico», ep esen a a un iempo una es é-
ica del place y una es é ica del pode 45 que se p esen a supe io sob e los
in ieles, de ahí que sus elemen os sean signi ica i os de pode , de gene osi-
dad y de p es igio. En es e ámbi o la pa eja eal, o el sul án, acompañado de
co esanos o músicos, e c. se con ie e en el suje o cen al de la pin u a
islámica, és a, desde el Mag eb a la India, ha p oducido ejemplos delicadísi-
mos en ese modelo46. O o ideal de escena es la e udi a, que desc ibía las
e ulias de es udiosos y ulemas, y o a mues a sencillamen e la dedicación
al cuidado de las plan as y u ales. En es e úl imo con ex o cabe des aca
que son nume osos los a ados de ag icul u a esc i os en conc e o en al-
Andalus, du an e la Edad Media.
Pensemos que la desc ipción de la na u aleza p opiamen e dicha, en el
ámbi o de la pin u a, ha ocupado en la mayo ía de las ocasiones luga p inci-
45 M. Pue a Vilches, His o ia del pensamien o es é ico á abe. Al-Andalus y la es é ica
á abe clásica, Mad id, Akal, 1997, p. 29.
46 Véase L. Bolens, «Les ja dins d’al-Andalus», en L’Andalousie du quo idien au sac é.
XI e-XIII e siècles, G an B e aña, Va io um, 1990.
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LA PERCEPCIÓN DEL ENTORNO EN EL MUNDO MUSULMÁN 65
pal al mismo iempo que sus p o agonis as; se a aba, simplemen e, de e-
p esen a el ideal paisajís ico, la na u aleza dominada, como eclamo y ob-
je o de e lexión y con emplación. Hay, po lo an o, en odo ello, un in e és
ín imo po el paisaje, en cuan o a ma e ialización isual del medio en el que
el homb e dis u a de las ma a illas de la c eación y donde él mismo desa-
olla sus cualidades y i udes.
Y en es e con ex o, ambién la a qui ec u a desempeña un papel impo -
an e; los edi icios de e minan la isión de un espacio, moldean y modi ican
la pe cepción del paisaje, y además, se cons uyen de acue do con unos cá-
nones edi icios que pa icipan de las bases es é icas que emanan de la na u-
aleza; de ahí el uso del colo , la in e encia de la luz, la búsqueda del con as e:
es cie o que «la a qui ec u a á abe se halla sume gida en la na u aleza, pal-
pi an e con las luces sola es, con las aguas y con las plan as que bo dean
albe cas o se apiñan en pa ios. Se c uzan los a omas y el umo de las uen-
es. Y es a imp egnación de la ie a y sus a mós e as da a es as a qui ec u as
la imp esión de un o ganismo i o, con una pe pe ua ósmosis en e los am-
bien es del in e io y del ex e io del monumen o»47.
En e los edi icios emblemá icos del mundo islámico en los que podamos
pe cibi la inspi ación de la na u aleza en el p oceso que enimos desc ibien-
do no hay que ol ida el baño o h©amma–m. En es e luga , he ede o del esquema
clásico, se ap ecia la mani es ación simbólica de ese paisaje omnip esen e en
la men e del musulmán; el ecue do del cielo noc u no desc i o aho a median-
e una bó eda con luce nas es elladas, que deja pasa la luz su icien e pa a
c ea un ambien e acogedo en el in e io . Es e luga pod ía con e i se, en
ex emo, en me á o a del pa aíso ya que allí se pe sigue ambién la sa is ac-
ción de odos los sen idos; es solaz pa a la is a, con la a monía de las líneas
a qui ec ónicas; pa a el ol a o po las plan as a omá icas y los ungüen os con
los que masajeaban a los bañis as; pa a el oído po el sonido de su ido es y
po la música que, a eces, se in e p e aba. Aquí el agua apa ece una ez más
como símbolo de ida y elemen o es é ico a un mismo iempo.
La a qui ec u a ha u ilizado en in ini as es ilizaciones y ec eaciones la
imagen de la bó eda es ellada, eco demos los ejemplos cons uc i os
inno ado es, incluso, de la mezqui a aljama de Có doba. O a o o ni el,
como summum de simbología esca ológica, eco demos la bó eda ep esen-
ación del cosmos musulmán, símbolo de pe ección, en el Salón de Coma es
en la Alhamb a, donde quedó ep esen ado el pode de la di inidad en el
cen o de la sala y a con inuación la desc ipción sucesi a de los sie e cielos
del pa aíso musulmán48. En de ini i a, ambién la a qui ec u a ha se ido
47 J. Camón, «Temas de es é ica musulmana», p. 131.
48 D. Cabanelas Rod íguez, El echo del salón de Coma es en la Alhamb a. Deco ación,
polic omía, simbolismo y e imología, G anada, Pa ona o de la Alhamb a, 1998.
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FÁTIMA ROLDAN CASTRO66
como medio de ec eación de mo i os de la na u aleza y discu so esca oló-
gico, como sín esis de la pe cepción del paisaje, pa icipando en él y c ean-
do un ámbi o dialogan e con el en o no.
De hecho, dicho discu so enía, en cualquie a de sus lenguajes, ue za
dogmá ica además de pode polí ico; se e e ía, a un iempo, a la es e a de lo
humano y de lo di ino, o ecía un pun o de encuen o, una azón de se , y
desde luego un medio de con emplación que no hacía sino eco da al hom-
b e las ma a illas que, an solo esbozadas en la ie a, le espe aban a modo
de ecompensa.
La es é ica musulmana ha u ilizado como ecu so exp esi o la epe i-
ción de mo i os deco a i os, y en cada ema o namen al el con as e se ha
conseguido po medio del colo ; cada elemen o se esal a con un colo i o,
de o ma que cada obje o apa ezca indi idualizado. Los colo es planos se
han adap ado mejo a la abs acción a la que iende el a e musulmán en
cualquie a de sus exp esiones.
Las ideas es é icas o ien ales se han p esen ado en esquemas muy di e-
en es a los desa ollados en Eu opa, en ello ha enido in luencia, p ecisa-
men e, la ap eciación o ien al de las onalidades pu as. A i maba un pensado
musulmán que el e ec o e apéu ico de las imágenes de i a , apa e del ema,
de «los colo es bellos, placen e os —ama illo, ojo, e de y blanco— y las
o mas ep esen adas exac amen e en las p opo ciones co ec as», o mula-
ción és a en e amen e g iega49.
Ya se ha des acado el hecho de que en las desc ipciones islámicas de
edi icios des acan los ma e iales que p oyec an luz e igualmen e insis en
en con as a la luz y la oscu idad, pe o oscu idad en endida en sen ido
posi i o como somb a que ma iza. La gama c omá ica u ilizada con mayo
ecuencia en desc ipciones pic ó icas, a qui ec ónicas o li e a ias es ya
un indicio del alo emblemá ico de cada colo . Asimismo, la isión de los
elemen os que con o man el paisaje o su sín esis ha de hace se a a és de
una absolu a anspa encia po una cons an e cla idad que, siemp e ca ga-
da de alo es posi i os, pe mi e disce ni cada colo en su es ado pu o al
mismo iempo que a o ece los e ec os de b illo y esplando a ibuidos a
los obje os de la c eación que asladados al ámbi o esca ológico se en-
ienden como celes iales.
Así, las desc ipciones del pa aíso musulmán es án eple as de colo , en
ellas hay una simbología indiscu ible. A i ma Ibn H©abi—b50:
49 Sob e es e ema, éanse, en e o os: J. Gage, Colo y cul u a. La p ác ica y el signi ica-
do del colo de la An igüedad a la abs acción, Mad id, Si uela, 1997, 2ª ed.; Z. Jawi—ski—,
Mucy¦am al-alwa–n i— l-luga wa-l-adab wa-l-cilm, Bei u , Mak ab Lubna–n, 1992.
50 Desc ipción, p. 51.
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LA PERCEPCIÓN DEL ENTORNO EN EL MUNDO MUSULMÁN 67
El pa aíso es blanco y esplandecien e; sus gen es son blancas, no
due men. Allí no hay ni sol ni luna ni noche que cub a la oscu idad;
ni el ío ni el calo a ec a allí.
Asimismo se lee en el Lib o de la Escala51:
Después que yo, Mahoma, me apa é de los ángeles de los que os he
hablado, Gab iel me condujo a una ie a que Dios había c eado p o-
piamen e pa a su menes e . E a comple amen e blanca, con una blan-
cu a de limpísima cla idad; es aba o almen e ocupada de c ia u as,
que Dios había c eado.
Como es na u al el pa aíso pa icipa de los alo es simbólicos del co-
lo blanco, sín esis de la o alidad, de lo dis in o, ono que pe mi e la pleni-
ud de la exp esión di ina de la cla idad y esplando . La blancu a en sí
misma simboliza el es ado celes ial y la olun ad de ace camien o a dicho
es ado.
Aunque la coo dinación de los colo es y sus unciones a ían según la
cul u a e incluso en e los indi iduos, po egla gene al el azul es el colo del
pensamien o, po que es el colo del cielo y del espacio; el ama illo es el
colo del sol, colo de la in uición, de la luz; el ojo, colo de la sang e, de los
sen idos i os y a dien es; y el e de, el colo de las plan as, ep esen a la
unción pe cep i a, la e ilidad, es el colo , po an onomasia, del Islam. El
colo o o ep esen a el aspec o mís ico del sol, se asimila a la deidad, y el
pla a al colo mís ico de la luna. Po o a pa e, la pu eza de un colo co es-
ponde a la pu eza de un sen ido simbólico, del mismo modo los colo es
planos equi alen a enómenos emo i os p ima ios y elemen ales que se adap-
an pe ec amen e a una pin u a que no iene in e és po la pe spec i a, que
p escinde de somb as y con aluces.
Así, ambién señala Ibn H©abi—b52:
[...] el P o e a dijo: Los habi an es del pa aíso se ado nan con o o y
pla a, lle an co onas de pe las y za i os, son jó enes que i en
placen e amen e, [ an de] blanco, con kuhl en los ojos...
[a los habi an es del pa aíso] Dios ha cubie o sus os os de luz y sus
cue pos de seda blanca, colo es blancos, ade ezos [colo ] de o o y
es idos e des.
51 Escala, p. 79.
52 Idem, pp. 105 y 106.
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FÁTIMA ROLDAN CASTRO68
Pod íamos conclui ep oduciendo las palab as de D. Rome o de Solís53:
«las g andes cul u as son paisajes abie os en la his o ia y es uc u an a ís-
icamen e la geog a ía espi i ual del mundo. El paisaje se hace pa a el ojo
humano espejo de la elación en e in e io idad y na u aleza como si el ex e-
io del mundo uese la piel in e na de la conciencia humana, y como si el
in e io del homb e uese luga de encuen o en e á boles, ie a y agua...
¿Qué pod ía se mi a al mundo como paisaje?..., acaso econs ui el sen i-
mien o poé ico y e el mundo como un labe in o de imágenes, no de pala-
b as ni ideas, sino in uiciones encendidas, p esen imien os, emociones que
sólo pueden exp esa se, i i se y en ende se desde la imagen».
53 D. Rome o de Solís, «El alma del paisaje», en Paisaje Medi e áneo, Milán, Elec a,
1992, pp. 68-76, en conc e o, pp. 70 y 73.
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