La “mente contracta”. Entre cuerpos desmedidos y facultades de lo indefinido en Vico
Abstract
Este trabajo plantea el tema viquiano del cuerpo y de sus facultades, centrándose en la noción de “indefinido”, y en la reflexión sobre diversos binomios conceptuales y categoriales en la filosofía de Vico.
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59 LA “MENTE CONTRACTA”. ENTRE CUERPOS DESMEDIDOS Y FACULTADES DE LO INDEFINIDO EN VICO Enrico Nuzzo Este trabajo plantea el tema viquiano del cuerpo y de sus facultades, centrándose en la noción de “indefinido”, y en la reflexión sobre diversos binomios conceptuales y categoriales en la filosofía de Vico. PALABRAS CLAVE: Vico, cuerpo, facultades, indefinido. This paper faces the Viquian problem of the body and its faculties, focusing on the concept of ‘undefined’, as well as on some varied conceptual and categorical binomials in Vico’s philosophy. KEYWORDS: Vico, body, faculties, undefined. Intentaré abordar en Vico el tema del cuerpo y de sus facultades, trabajando en torno a algunas parejas conceptuales sacadas del léxico del pensador napolitano, pero, en mi opinión, sobre todo fuertemente activas en su reflexión, y que pueden activar una serie de análisis relativos a diversos posibles niveles de interés y de estudio “historiográfico” y “teórico”: pertinentes a la profundización “interna” del conocimiento del pensamiento viquiano; a sus caracteres en el marco de tradiciones, tendencias, de la cultura occidental en torno a problemáticas cruciales como la relación “naturalezahombre”, “la génesis” o la “genealogía” de lo humano, etc. Comenzaré centrándome en dos parejas conceptuales, interrogadas conjuntamente, pero no sobrepuestas, interesantes precisamente en la medida en que no pueden ser sobrepuestas: las parejas “medida-desmedida” y “definido-indefinido” (indiffinito en el léxico de Vico). Aéstas podrían añadirse otras. Difícil es comprender con una sola pareja –como por ejemplo “forma-informe” (o mejor dicho “forma-deformado”)– una constela- ©Cuadernos sobre Vico 19-20 (2006-2007) Sevilla (España). ISSN 1130-7498 © Enrico Nuzzo © de la trad. María Lida Mollo
Cuadernos sobre Vico 19-20 (2006-2007)60 ción de nociones que procede del concepto de forma, y que posee sus diversos opuestos, por un lado, en el lenguaje viquiano el “infinito”, por otro lo “deformado”: y viceversa, lo “informe” asume en Vico –como veremos más adelante– significados y connotaciones marcadamente diferentes en el modo de representar la ausencia de formas determinadas (y por ende, en cierto sentido, también la misma dimensión de lo “universal”, si no del “infinito”). Además, para comprender tales parejas conceptuales, y otras más que es posible señalar, se podría recurrir al binomio canónico de “potencia” (como disposición plástica, latente conatividad) y “acto” (como cumplida “perfección” o “tensional actuación” de una “forma”), según la perspectiva de que tal estructura conceptual actúe profundamente en el “cuerpo” del pensamiento viquiano, quizás de manera tanto más profunda cuanto menos tematizada. A la enunciación del tema de estudio se añade, por el momento, sólo la indicación de que las parejas conceptuales señaladas (excepto la última) nos llevan a territorios complejos y diversificados del horizonte del pensamiento viquiano, dentro de los cuales representan también el acceso a lo que definiría el régimen de la total “opositividad” (que tiene justo que ver con el “cuerpo”, con la pura naturalidad del mismo) al interior de la elaboración conceptual viquiana, que en cambio ha concentrado todos sus esfuerzos, y sus conquistas, en la tentativa de plasmar una extraordinaria implicación de los opuestos en el plano histórico. Ya en muchas ocasiones, en numerosos textos, he podido subrayar el aspecto crucial que en mi opinión presenta en la reflexión viquiana lo que he definido como la implicativa “lógica del por lo menos”, la “lógica de la contracción”, por la cual lo que en la tradición occidental aparece mayormente como opuesto, según tal “lógica” se revela estrictamente conjunto, un “momento alto” que ya se da en un “momento bajo”, y en efecto ligado a la dimensión de una “corpulencia” menos contenida: como lo “verdadero”, lo “justo”, la “sabiduría”, la “filosofía”, la “razón”, con sus abstractas, puras “máximas”, y así sucesivamente, que se dan en las formas (al principio duramente crueles y supersticiosas) de lo “cierto”, en el saber del “vulgo”, en la “poesía”, en la “autoridad”, en todo el mundo de las efectuales “prácticas”, etc. La expresión de dicho régimen de implicación, conversión, contracción en archiconcretas figuras históricas se encomienda –como ya he observado– a una elaboración conceptual constitutivamente “oximórica”, intencionalmente tal en cuanto apunta a subvertir, relacionándolas con increíble originalidad, oposiciones conceptuales plenamente consolidadas a través de flexibilizaciones lingüísticas que se han tornado “naturales”: conexiones de aspecto oximórico como, por ejemplo, “sabiduría vulgar”, “sabiduría poética”, “universal fantástico”, “teología civil”, “parlare dipinti”, “inhumanísima humanidad”, “impíamente pío” “héroes campesinos” “héroes jóvenes”, etc.1. En este sentido, en la “reflexión madura” de Vico se había ulteriormente reducido la ya contenida, pero siempre muy significativa, oposición (conceptual, axioEnrico Nuzzo
lógica) que permanecía en la reflexión del “joven Vico” en el replanteamiento de las distinciones entre las facultades, y los fenómenos, los productos a ellas pertinentes, que es posible remitir al binomio “cuerpo-mente”: “tópica-crítica”, “ingeniorazón”, “verosímil-verdadero”, etc. Indudablemente, en el lenguaje “implicativo” elaborado por Vico en la conquista de su nueva “ciencia” de la historia permanecían otros momentos, otros tipos de “oposición”. Definiría el primero como un tipo de efectiva “oposición” de los contrarios, tal que determina su “in-composibilidad” en una determinada edad histórica de una “nación” (no en todo el mundo de las “naciones”, según el principio del escalonamiento de los tiempos históricos). En este sentido, evidentemente no son “composibles” en las edades jóvenes de la humanidad, sino, al contrario, antitéticas, la espontaneidad de la sabiduría vulgar, o poética, de la barbarie de los sentidos y la capacidad de reflexión de la sabiduría riposta, de las máximas de la filosofía. De ahí el acceso –en mi opinión– a la introducción decidida y decisiva de un criterio demostrativo en el saber histórico, de una “lógica del debió ser”, del “imposibleque-no”, para discernir en los tiempos fabulosos y oscuros entre lo que “debió” haber sucedido y lo que no pudo ser2. Pero este tipo de “opositividad” según elaboraciones conceptuales, distinciones “bipolarizantes”, no implica una oposición, sino más bien una gradación en el plano axiológico de los fenómenos en juego, puesto que sigue firme el esfuerzo viquiano que apunta a contener o implicar nuevamente las distancias, a reafirmar conexiones y lazos entre las esferas y las facultades del saber, aun las que están más relacionadas con la “corpulencia”. Y viceversa, hay un tipo de “opositividad” que se configura como absoluta en el plano axiológico, donde una connotación drásticamente positiva o negativa se añade al empleo de parejas conceptuales que conciernen a la edad de los hombres, en orden a fenómenos de traición de las posibilidades cognoscitivas y sobre todo de las tareas éticas de los hombres: éste es el caso, por ejemplo, de la contraposición entre filósofos políticos y filósofos monásticos. Los tipos de opositividad considerados hasta aquí pertenecen a una esfera por decirlo así “intra-histórica”. A su vez, el interés que tienen las parejas de opuestos antes mencionadas reside en la capacidad de implicar con algunos de los temas sugeridos (seguramente lo “desmedido”, pero el discurso puede problemáticamente referirse también a lo “informe”, si no a lo “indiffinito”), lo que se halla más acá de la “historia”, o sea, la “naturaleza”, y en particular el “cuerpo”, en cuanto parece configurarse como mera naturaleza, también el cuerpo humano, al menos en un segmento extremamente significativo de la experiencia total de lo humano. Pero ha llegado el momento de pasar a una primera y sintética presentación del posible ajetreo hermenéutico que las parejas o constelaciones conceptuales indicadas permiten ejercer, y no sólo por lo que concierne a Vico. Cuadernos sobre Vico 19-20 (2006-2007) 61 La “mente contracta”
Tales parejas –y, para empezar, las dos primeras– pueden estudiarse en Vico desde varios puntos de vista y en relación con diversos ámbitos, lo que quedaría esquemáticamente indicado así: por un lado desde los puntos de vista 1) “genético”, 2) “conceptual-connotativo” –por decirlo así–, 3) “connotativo”, “axiológico”; por otro, en orden a esferas de la experiencia, de la fenomenología de lo humano como 1) lo “corpóreo”, que concierne de manera crucial a la problemática esencial que aquí abordamos, 2) lo “cognoscitivo”, 3) lo “ético” (o “ético-político”). Por lo que concierne a la medida y a la desmedida, desde el punto de vista genético, bien sabemos que en Vico la humanidad gentil procede de la absoluta “desmedida” –que se da en los “cuerpos desmedidos” de la “humanidad animalizada” de los bestiones errantes– hacia la “medida”. Son más bien evidentes los elementos connotativos de los momentos de tal trayectoria; por lo que más adelante me detendré en ellos. Por el momento me parece oportuno comenzar a recordar que este trayecto presenta elementos de naturaleza positivamente “indefinida”, visto que no se da un término susceptible de medida, pre-determinado, de las conquistas humanas (aunque no falte un temor por el “indefinido histórico” y una preocupación, una exigencia, de fijar las formas humanas con una “justa medida” de costumbres, y ello se verifica en la evocación de los problemas que conciernen a la esfera ético-política). Además, desde el punto de vista tanto conceptual como axiológico, si la desmedida es seguramente lo negativo, no siempre ni en todo ámbito, la “medida”, al igual que lo “definido”, es lo “positivo”. Es muy fácil recordar que el hombre alcanza justas medidas no sólo corpóreas, sino también éticas, pero inicialmente en virtud precisamente de las facultades relacionadas con la desmedida corpulenta de sus facultades. Y las facultades de la medida (excepto la memoria, constitutivamente relacionada con las imágenes de los sentidos; y viceversa, la razón, un “calmo” proceder del mismo intelecto), si bien son indispensables para la producción de la ciencia (con la “severa razón”...), pueden constituir un estorbo, un límite, en especial si se reducen al exceso del pensamiento que mide, calcula (de todos modos relacionado con la facticidad de la mente humana). Pero con todo ello permanecemos en una materia muy consueta, aún susceptible de fructuosas indagaciones, y en la que dentro de poco nos detendremos, pero que no logra agotar la riqueza de preguntas que el tema del “cuerpo”, del “cuerpo natural”, plantea en Vico. Tales preguntas pueden también legítima y provechosamente extenderse de lo “genético” a lo “genealógico”. En realidad, no he dejado de advertir más de una vez que, en un ámbito estrictamente “filológico”, crítico-reconstructivo, existen límites muy fuertes para lecturas radicalmente “hermenéuticas” y “genealógicas” del pensamiento de Vico. Vico advierte con urgencia el problema de los orígenes en la perspectiva de una reconstrucción de la génesis de la mente. Además de esto, Vico no coloca el comienzo Cuadernos sobre Vico 19-20 (2006-2007)62 Enrico Nuzzo
genealógico en el momento de la salida de la “selva”, a través de una operación hermenéutica que sería una primera y absoluta atribución de sentido a la realidad, sino en la salida de las manos de la divinidad, puesto que la historia de los gentiles es sólo una de las “historias” de lo humano, cuya primera historia es su propia “historia prehistórica”3. El interés por la génesis de la mente implica en Vico un interés genético determinado por su abierto planteamiento genealógico teológico-metafísico, pues la genealogía en cuestión deriva de la creación divina de la forma humana, así que la genealogía de la “mente” de las naciones gentiles es una genealogía –por decirlo así– “re-apropiativa”, pertinente a la reapropiación de una forma sepultada. Sin embargo, no sólo la concentración de la mirada viquiana en la vicisitud de las naciones gentiles, sino, en primer lugar, la concentración teórica de su discurso, exige que se consideren con atención las diversas declinaciones del problema de la relación hombre-naturaleza, hombre-cuerpo natural, hombre-animal, etc., destacando lo que podríamos llamar una “segunda genealogía” de lo humano. Y aquí la pareja “medida-desmedida” puede resultar de ayuda: empezando por las modalidades de la mirada que Vico dirige hacia la naturaleza, hacia los cuerpos físicos, pero sobre todo animales y humanos. Indudablemente el interés de Vico (en la perspectiva de una “filosofía sin naturaleza”, pero no sin metafísica, y también metafísica de la naturaleza), su mirada, apunta al cuerpo del hombre que construye el mundo civil de las naciones. Y su mirada es, en mi opinión, una mirada (“antropocéntrica”) que marca la discontinuidad hombre-naturaleza. De todos modos, esta mirada dirigida al cuerpo asume diversas modalidades, de las cuales quisiera señalar al menos tres: una mirada de naturaleza epistémica y metafísica a la vez; otra mirada –esencial para nuestro discurso– de naturaleza “ética”, y otra reconstructiva, científica, que apunta en especial a las vicisitudes del cuerpo humano, mirada ésta inspirada por modelos y saberes de la ciencia moderna. La primera mirada –que abarca el conjunto de los cuerpos físicos y animados, pero que apunta en especial al cuerpo humano– tiene como antecedente la “herencia” del discurso, presente en particular en De antiquissima, sobre el movimiento y sobre el conato. Tal mirada se halla por ejemplo –con la presencia central del tema de la “mensura”– en una página de De constantia donde Vico intentaba refutar la moral de Epicuro que no logra, puesto que reduce todo al cuerpo (“cum corpus in natura tantum agnosceret”), fundar la prescripción, que se halla en su “pulcherrimo morum canone”, de realizar un “modus corporum”, de templar los sentidos, las pasiones. La medida del cuerpo –objeta Vico– posee un fundamento conativo que no procede del cuerpo, al igual que el “motus” que, aunque sea de los cuerpos, no procede de los mismos. “Mensura enim est modus corporis, sed non a corpore. Propietas enim corporis est metiri posse, ut et moveri. At artificis est regula, ut alterius opera movere est”4. Cuadernos sobre Vico 19-20 (2006-2007) 63 La “mente contracta”
Sería interesante indagar de cerca las sucesivas vicisitudes del “modo”, de la “medida”, y del “conato” que de ésta es “Principio”, desde el Derecho universal hasta su reintroducción en la segunda, y luego en la tercera, versión de la Ciencia nueva, donde mejor se determina la secuencia que conduce al mismo nacimiento, o renacimiento, del “conato”5. Ahora es más urgente seguir la mirada que Vico pretende dirigir a la dimensión de lo “desmedido” que es típico de la alteridad de la naturaleza corpórea dentro de la cual se dan las “pasiones bestiales” de los “hombres perdidos”. Se trata de una mirada que lleva la marca indeleble del “horror” –de naturaleza ética– que inspira la absoluta desmedida, la “confusión” de la naturaleza que no se remite, que no es posible remitir a lo humano, pero que se juzga en nombre de lo humano. Tal juicio no tolera la indeterminación ética, ético-jurídica de las formas de vida, y creo que se alimenta de dos principales fuentes de inspiración. Por un lado una visión de la naturaleza con rasgos sacados decididamente de la tradición cristiana, visión que no puede aceptar ninguna de las formas de positiva productividad y de teologismo internas a la naturaleza de las tradiciones griegas (de las cuales podríamos emblemáticamente definir como principales la “aristotélica” y la “pliniana”) y que nunca deja de sobresaltarse ante la “venere bestiale”, practicada “allo scoverto del cielo”. Por otro, la tradición jurídica, ético-jurídica romana, con la asunción de la absoluta centralidad de lo “cierto”, pasaje absolutamente capital en la elaboración de la nueva filosofía viquiana a partir del Derecho universal: dentro de este horizonte la “venere canina”, “sfacciata”, se evidencia sobre todo como “venere incerta”, de “incerti concubiti”, intolerablemente incapaz de reconocer (desde el punto de vista humano, jurídico) la prole. La indeterminación de la naturaleza permanece connotada por otra gama de significado después de haber sido considerada como objeto de una doble mirada: la mirada de la divinidad creadora y la mirada del hombre. Lo cual, desde un punto de vista epistémico, no representa un problema para Vico. Bien conocemos su solución: la mirada divina penetra en la naturaleza física desde adentro; dicha naturaleza, desde el punto de vista físico, es susceptible de ser plenamente medida por la mirada humana, pero desde fuera, “artificialmente”, como se evidencia en el pasaje del De constantia que acabamos de mencionar. Y la mirada del filósofo puede declarar el escaso interés que tiene detenerse todavía en tal naturaleza, en nombre, en este sentido, de una “filosofía sin naturaleza”. Pero en virtud de la duplicación de la mirada sobre la naturaleza, divina y humana, dicha naturaleza se ha convertido en un lugar ético: y “a parte hominis”, no “a parte naturae”, como en especial en la “tradición pliniana” preeminente en el mundo clásico y que luego tendría amplio alcance6. Así se explica que antes del horror por la “confusión de semillas”, es la misma naturaleza indeterminada, desmedida, de la “selva”, de la “gran selva de la tierra” Cuadernos sobre Vico 19-20 (2006-2007)64 Enrico Nuzzo
que causa horror, que aparece “hórrida y muda”: y no con el ambiguo horror de la “liminalidad” con que se representaba en figuras, incluso divinas, del mito griego; sino con la absoluta alteridad de una espantosa opacidad. El horror de la selva es totalmente distinto del “horror” que inspira una desmedida que sea solamente “intra-histórica”, como la que inspira la narración de los viajeros de “costumi cotanto esorbitanti dalle nostre ingentilite nature”, de naciones “quantunque barbare” de todos modos humanas (como por otra parte las contemporáneas “leggi di Sparta facevano orrore agli già fatti umanissimi Ateniesi”)7. Lo desmedido, lo gigantesco de los bestiones errantes se revela entonces como un lugar ambiguo, y en su núcleo opaco, del traspasar de lo humano a lo bestial y de lo bestial a lo humano, de un paso que en un cierto punto se inmoviliza en la figura de un constante errar ferino, en el que la condensada estabilidad de lo humano parece correr el riesgo de desaparecer para siempre8. Sin embargo, el traspasar no indica –como decía– una “liminalidad” en sentido fuerte (que revelaría una concepción “continuista” de la naturaleza), sino más bien una “contigüidad” entre dos dimensiones totalmente “distintas”. De elemento de naturaleza “liminal” puede hablarse respecto a los gigantes tomados, incluso por Vico, en el cuadro de la “historia sagrada”, donde reaparecían, según el dictamen de las Escrituras, los rasgos monstruosamente liminales de hombres producto de una maligna conmistión entre seres de naturaleza divina, o descendientes de estirpes, “naciones” pías cercanas al legado divino, y estirpes que de tal legado se habían alejado. En el marco de la “historia profana”, los innovadores “bestiones” de Vico se establecieron en los confines de lo humano articulándose en dos figuras visibles en sus connotaciones (distinto es el aspecto fundamental de esenciales connotaciones de humanidad latentes en la figura de los bestiones errantes), distantes entre ellas al igual que lo ferino de lo humano, aunque se hallen relacionadas según una estrecha sucesión temporal y “física”. Más allá y antes de la historia (postdiluviana) se halla la figura del bestión que ha perdido su humanidad (humanidad que no se cancela del todo, sino que se reduce a una dimensión de total latencia), dispersa en la dimensión humanamente impronunciable de lo “natural”, de lo “pre-histórico”, de lo “bestial”. Más acá de la historia, los gigantes, los “bestiones píos”, representan el proceso inverso a la anterior naturalización de lo humano, o sea, el proceso de progresiva rehumanización de lo natural, que significa, también para los seres humanos, con la cesura que representa la salida de la condición ferina, un retorno, necesariamente gradual, a “nuestras justas estaturas”. De esta manera la línea, peligrosísima, de una dimensión o vicisitud bestial, prehumana del hombre (aunque sea de un hombre que no ha sido completamente abandonado por el “cuidado” del verdadero Dios), se adoptaba y “domesticaba” en un discurso con intenciones efectivamente ortodoxas, pero introduciendo dentro de Cuadernos sobre Vico 19-20 (2006-2007) 65 La “mente contracta”
un escenario conceptual potente el tema de la historización de la animalidad humana (o de la humanidad animalizada), o sea, una nueva modulación en clave histórica del problema de los “confines de lo humano” extendido a todas las “naciones”. Más acá de la historia, los gigantes representan el proceso inverso a la precedente naturalización, “animalización”, de lo humano, con un retorno necesariamente gradual a la “justa complexión”, a “nuestras justas estaturas”, a partir de las estaturas “des-formadas” (junto con las “fuerzas”) de antes9. De ahí –como bien se sabe– la mengua, el “degradarse” de la estatura que es; y viceversa, sea de un proceso de alejamiento simétrico de la “degradación” del hombre a ser animal, de “remedición”, retorno a la “medida” tanto corpórea como “espiritual”10. Dicho retorno deriva de la acción de una “vis veri” sepultada, pero no del todo desaparecida, que conativamente ha permanecido en los cuerpos desmedidos de los bestiones errantes y que está dispuesta a responder a la voluntad divina de restituir “medida”, como hemos visto, “a las pasiones bestiales” de los “hombres perdidos” convirtiéndolas en “pasiones humanas”11. Si, como es natural, no puede haber ninguna posibilidad de interna inteligibilidad de la condición totalmente opaca de caída en la ferinidad, y, a la inversa, hay un acceso para el “entendimiento”, aunque limitado, de la condición de los gigantes, descomunales, mientras que se prohíbe una reconstrucción por medio de una facultad de “imaginación” más o menos simpatética. Lo cual significa que la imposibilidad de representar la condición de “confín” de lo humano no es total, porque no es correcto –como hemos visto– interpretarla (otra cosa es meditar sobre ella) en los términos de “nuestros” planteamientos de matriz “hermenéutica” como un gesto de auto-referencial atribución de sentido al mundo12. La pareja conceptual desmedida-medida se revela entonces como una pareja cuyo primer término posee a su vez un régimen doble, que indica la desmedida extra-humana, o sea absoluta, y la intra-humana. La desmedida como naturaleza absolutamente no humana, animal (en la cual la forma humana quedó sepultada por ser irrepresentable, irreconocible, siendo totalmente diversa) es diferente de lo humano, y permanece en lo humano como puro residuo inercial de una “historia natural” (a causa de un proceso de “naturalización”). Se trata de una experiencia en cuanto tal expresable sólo mediante negación; o sea, describible desde fuera a partir de la observación de las costumbres de la animalidad: pero sin ninguna condescendencia con las perspectivas de la edad moderna a partir de las cuales se habían recogido y habían sido ulteriormente elaboradas las tradiciones que habían valorizado las facultades cognoscitivas animales. Por lo que concierne a las facultades relacionadas con el cuerpo que no sean las facultades estrechas de los “sentidos”, la experiencia del paso por la animalidad implica solamente el legado, por cierto muy relevante, de las formas hipertróficas de corporeidad heredadas y ciertamente no destinadas a disminuir de repente y, por Cuadernos sobre Vico 19-20 (2006-2007)66 Enrico Nuzzo
ende, de facultades corpulentas rigurosamente más amplias que las que el hombre atribuye al acto de la creación. Por otra parte, la reactivación de las facultades cognoscitivas humanas no puede sino encomendarse a la lentísima reactivación de la “mente” que, en efecto, por ese mismo carácter de su ser “indiffinita” que la hace capaz de una altísima plasticidad, resulta también idónea para ser “contracta” hasta una condición de total latencia, de pura potencia de una forma adormecida, seminalmente a la espera de una causa eficiente (el trueno, el relámpago) que la haga estremecer, que la saque a flote y que le permita re-desarrollarse, hallando en sí misma el “principio” salvador del temor (que como sabemos es pudor-temor) ante la divinidad. En este sentido la pareja “medida-desmedida” –que en el dramático “genetismo”, e “historicismo” viquiano se lee como mutabilidad de condiciones (a partir de una “medida” dada por Dios), y sobre todo como incumbencia factual y ética de la “desmedida” sobre la “medida”– revela no estar fuera de la “lógica implicativa” que Vico tenazmente pone en marcha13. Pero la “mente contracta” que es forma, nada tiene que ver con lo “desmedido”, sino por antítesis, puesto que lo desmedido constituye su antitético límite. Más bien alude a la fértil contigüidad de “indefinido” e “ilimitado”. Ilimitada, obviamente, es la infinita potencia divina, y por ende también su potencia cognoscitiva. Sin embargo la mente humana conoce la medida, incluso el límite de la ética, porque tampoco ésta última es rígidamente limitada, se aventura en el conocimiento, con facultades máximamente corpulentas, porque su naturaleza es ser “indiffinita”. Y la “indiffinita” plasticidad de las facultades de la conativa mente humana, que es lo que activa el mismo movimiento hacia la “medida”, no tiene límites predeterminados. Todas sus facultades corpulentas son facultades productivas, si no de lo ilimitado, de lo indefinido: el saber imaginativo es saber, o puede ser saber, que tiende a superar los límites, a veces produciendo formas desmedidas; el pensamiento metaforizante produce conocimientos nuevos en el universo de lo indefinido; el ingenio capta, más allá de los límites definidos de los significados, conexiones totalmente nuevas. Y viceversa, como bien es conocido, los saberes analíticos de la razón, si bien son muy meritorios, y propios de lo humano, arrastran consigo, en su medir, el riesgo de “congelar” la plenitud de la posibilidad del conocimiento y comunicación de los hombres. Además, el mismo carácter “indiffinito” de la mente humana revela, en fin, en esa no dada y definitiva posibilidad de medir sus potencialidades, algo que revela su origen “divino”. Lo “indefinido” se revela entonces como condición “plástica” de lo humano: tanto, incluso, en la contracción de la mente en un régimen de subterránea latencia, bajo forma de “vis veri”, de ocultas “semillas eternas de verdad” (con expresiones que remiten a modelos o imaginarios “naturalistas” de los que he hablado en otro lugar); como en sus orígenes máximamente laboriosos, si bien se Cuadernos sobre Vico 19-20 (2006-2007) 67 La “mente contracta”