14.
JUDÍOS
Y
MUDEJARES
Isabel
Mon es
Rome o-Camacho
La
época
de
los
Reyes
Ca ólicos
(1474-1504)
signi icó
pa a
Cas illa
el
iun
o
de
la
mona quía
au o i a ia,
cuyo
p og ama
polí ico
—que
end ía
como
cul
minación
el
nacimien o
del
llamado
Es ado
Mode no—
ambién en
lo
que
se
e ie e
a
las
elaciones
de
la
co ona
con
las
mino ías
é nico- eligiosas,
se
i ía
de
sa ollando
de
mane a
paula ina,
pe o
impa able.
Los
eyes,
al
comienzo
de
su
einado,
quisie on
con inua
la
adicional
y
am
bigua
polí ica
de
la
mona quía
cas ellana,
ya
que,
si
po
un
lado,
ea i ma on
los
iejos
o denamien os
con a ios
a
judíos
y
mudeja es,
po
o o,
ga an iza on
su
p o ección,
al
menos
en
eo ía,
hacia
ambas
mino ías.
Tan
p on o
como
subie on
al
ono,
los
Reyes
Ca ólicos,
en
consonancia
con
sus
p incipios
de
gobie no,
decidie on
aplica
las
leyes
disc imina o ias
y
se-
g egacionis as,
ela i as
a
judíos
y
mudeja es,
p omulgadas
en
el
O denamien
o
de
Valladolid
de
1412
y
con i madas
en
la
Sen encia
A bi al
de
Medina
del
Campo
de
1465,
pe o
que
no
enían
e ec os
p ác icos
en
la
Co ona
de
Cas illa.
Fue
así
como
las
Co es
de
Mad igal
de
1476
y
las
Co es
de
Toledo
de
1480
o
dena on
la
aplicación
de
las
leyes
que
es ablecían
la
eclusión
de
judíos
y
mu
deja es
en
ba ios
apa ados,
la
p ohibición
de
p ac ica
cie os
o icios
y
la
obli
gación
de
lle a
señales,
al
iempo que
les
es aba
edado
el
uso
de
es idos
icos,
ese ados
al
es amen o
nobilia io,
se
les
p ohibía
ene
c iados
c is ianos,
com
p a
p opiedades
e i o iales
po
un
p ecio
mayo
a
los
30.000
ma a edíes
(80
ducados),
así
como
eje ce
odo
ca go
público
que
conlle ase
cualquie
ipo
de
ju isdicción
sob e
los
c is ianos,
a
lo
que
se
unió
la
limi ación
de
los
in e e
ses
en
los
p és amos.
Como
enía
siendo
adicional,
los
mona cas
cas ellanos
ie on
e endada
su
polí ica
po
las
máximas
je a quías
eligiosas.
Así,
el
31
de
mayo
de
1484,
en
Roma,
Six o
IV
publicó
la
bula
Adpe pe uam
eí
memo íam,
en
la
que
con i
maba
dichas
leyes
disc imina o ias,
a
la
ez
que
decla aba
nulo
cualquie
p i i
legio
que
se
opusie a
a
odas
es as
disposiciones.
242
ISABEL
MONTES
ROMERO-CAMACHO
Pe o,
además
de
pone
en
p ác ica,
es a
ez
con
la
i meza
y
esolución
po
lí ica
que
les
ca ac e izaba,
una
ieja
línea
polí ica,
que,
como
hemos
dicho,
e a
p opia
de
los
mona cas
cas ellanos,
al
menos
desde
el
siglo
xm,
los
Reyes
Ca
ólicos
ampoco
ue on ajenos
al
nue o
mo imien o
de
exal ación
eligiosa
que
se
i ía
en
la
Cas illa
y,
sob e
odo,
en
la
Andalucía,
de
ines
del
siglo
XV,
don
de
an o
c is ianos,
como
judíos
y
musulmanes
compa ían
odo
un
abs ac o
sis ema
de
ideas
mesiánicas
y
apocalíp icas.
Es e
nue o
uni e so
ideológico
hizo
que,
an o
unos
como
o os,
ue an
asumiendo
p og esi amen e
posiciones
muy
ex emas,
que
e mina ían
necesa iamen e
po
en en a los
y cuyo
esul ado
i
nal
supond ía,
inexo ablemen e,
la
ic o ia
de
uno
y
la
desapa ición,
de
los
o os.
Muy
p on o
es as
ideas
cob a on
ealidad
y
se
ie on
plasmadas
en
un
su
cesión
de
hechos
incon o e ibles
que,
po
lo
que
hace
a
la
desapa ición
de
los
judíos
y
mudeja es
de
la
Cas illa
de
Isabel
I,
alcanza on
su
pun o
culminan e
en
1492,
con
la
conquis a
del
emi a o
naza í
de
G anada y
la
expulsión
de
los
ju
díos,
y que
u ie on
como
colo ón
el
dec e o
de
expulsión
o
con e sión
de
los
mudeja es
de
1502.
Pe o
odos
es os
decisi os
acon ecimien os
ue on,
en
el
ondo,
la
mani es
ación
p ác ica
de
un
la go
y
complejo
p oceso
his ó ico,
desa ollado
du an e
oda
la
Edad
Media
española,
que
inalmen e
los
Reyes
Ca ólicos
se ían
capa
ces
de
culmina
y
que
u o
como
doble
esul ado
la
es au ación
de
la
ieja
uni
dad
polí ica
y
eligiosa
de
Hispania,
g acias
al
iun o
de
los c is ianos,
y
el
na
cimien o
de
la
España
mode na
en
la
que,
desde
luego,
no
end ían
cabida
judíos
ni
mudeja es.
1.
Judíos
Po
o una,
las
líneas
gene ales
de
la
his o ia
de
los
judíos
cas ellanos
du
an e
el
einado
de
Isabel
I
esul an
bien
conocidas,
al
menos
ela i amen e.
En
p ime
luga ,
g acias
a
la
abundancia
y
iqueza
de
las
uen es,
an o
documen
ales
(F.
Bae ,
1970,
L.
Suá ez,
1964),
como
c onís icas
(A.
Be náldez,
1953
y
H.
del
Pulga ,
1953),
de
es e
impo an e
einado
y
ambién,
po que
al
a a se
de
una
e apa
his ó ica
decisi a,
bien
en
és e,
como
en
o os
muchos
aspec os,
son
nume osos
los
his o iado es,
españoles
y
ex anje os,
que
ya
sea
en
ob as
de
ca
ác e
gene al
sob e
los
Reyes
Ca ólicos
(T.
de
Azcona,
1964,
L.
Suá ez,
1989-
1990,
M.Á.
Lade o,
1999...),
como
en
es udios
dedicados
especí icamen e
al
ema
que
nos
ocupa
(J.
Amado
de
los
Ríos,
1875-1876,
F.
Fi a,
1889-1898,
Y.
Bae ,
1981,
A.A.
Neuman,
1944,
R.D.
Ba ne
(ed.),
1971,
L.
Suá ez,
1980,
H.
Beina ,
1992,
B.
Le oy,
1992,
M.
Menaca,
1993-1996...),
nos han
legado
im
po an es
ob as,
an as
y
an
buenas
que han
hecho
posible
la
elabo ación
de
am
plios
y
igu osos
es ados
de
la
cues ión,
g acias
a
especialis as
de
la
alla
de
M.Á.
Lade o,
que
analizan,
de
mane a
c í ica,
las
más
impo an es
apo aciones
al
espec o,
al
cual
emi imos
pa a
un
más
ex enso
es ado
de
la
cues ión
y
una
más
abundan e
y
de allada
in o mación
bibliog á ica
(M.Á.
Lade o,
1999).
A
JUDÍOS
Y
MUDEJARES
243
pa i
de
es as
ob as,
in en a emos
esumi
las
p incipales es uc u as
y
acon e
cimien os
his ó icos
de
los
judíos
cas ellanos
en
iempos
de
Isabel
I,
p opósi o
que
plan ea
eno mes
di icul ades,
dada
la
can idad
y
calidad
de
muchas
de
es
as
con ibuciones.
Al
comienzo
de
su
einado
la
polí ica
de
los
Reyes
Ca ólicos
con
elación
a
los
judíos,
como
en
o as
muchas
ealidades,
in en ó
es au a
el
an iguo
o den
social,
muy
deses abilizado
en
los
dos
einados
inmedia amen e
an e io es,
cuya
a iculación
es a ía
basada
en
el
es ic o
cumplimien o
de
la
ley,
de
mane a
que
hicie on
suya
la
ac i ud
adicional
de
las
elaciones
en e
la
co ona
y
los
judí
os e
impusie on
su
au o idad
pa a
que
ol ie an
a
ecupe a
el
s a us
y
el
ol
que
les
co espondía,
desde
an iguo,
en
la
sociedad
c is iana.
Es a
ambigua
ac
i ud
—que
p esen aba
una
eno me
casuís ica
que
iba
desde
la
p o ección
( ole
ancia)
has a
el
echazo
(apa amien o)—
es u o
siemp e
basada
en
la
concien
cia
de
p o isionalidad,
debido
a
que
el
único
medio
de
in eg a se
en
el
cue po
social
c is iano
e a
el
bau ismo,
ya que
pa a
la
sociedad
c is iana
medie al
la
unidad de
la
e
e a
su
p incipal
señal
de
iden idad
(L.
Suá ez,
1980).
Sea
como
ue e,
es as
dos
o mas
de
compo amien o,
apa en emen e
con
apues as,
no
e an
o a
cosa
que
la
mani es ación
o icial
de
la
men alidad
de
la
mayo
pa e
de
la
sociedad
cas ellana
de
la
época,
según
pa ecen
demos a
las
no icias
ecogidas
po dos
es igos
de
excepción,
los
c onis as
eales
He nando
del
Pulga ,
con e so,
y
el
c is iano
iejo
And és
Be náldez,
cu a
de
Los
Palacios
(A.
Be náldez,
1953,
H.
del
Pulga ,
1953).
Con o me
ue
c eciendo
el
an ijudaísmo
los
eyes
no
u ie on
más
que
dos
opciones:
segui
man eniendo
la
adicional
polí ica
de
ole ancia
—lo
que
o
da ía
e a
posible,
en
eo ía,
pues
seguía
es ando
ajus ada
a
la
ley,
pe o
que
cada
ez
e a
más
di ícil
en
la
p ác ica,
debido
al
aumen o
impa able
del
echazo
a
los
judíos—
o
bien,
po
lo
menos,
con inua
a i mando
el
p incipio
de
au o idad,
e
clamando
a
los
judíos
como
eso o
eal,
po
lo
que
sólo
a
la
mona quía
le
co
espondía
dispone
de
ellos.
De
es a
mane a,
se ían
las
ans o maciones
sociales
y
no
los
cambios
doc
inales
los
que
al e a on
la
posición
judía
a
lo
la go
del
siglo
XV,
ya
que,
po
lo
que
pa ece,
los
eyes
nunca
adop a on
una
pos u a
an ijudía,
pe o
ampoco
hi
cie on
mucho
po
co a
de
aíz
el
c ecien e
an ijudaísmo
popula ,
ni
po
eba
i
las
esis
doc inales
con a ias
a
la
mino ía
heb ea.
Sin
emba go,
odo
pa ece
indica
que
las
aljamas
judías
consiguie on
un
cie o
esu gimien o,
du an e
el
siglo
XV,
una
ez
emon adas
las
ágicas
con
secuencias
de i adas
de
los
e ibles
acon ecimien os
que
u ie on
luga
en e
1391
y
1415,
aunque,
desde
luego,
nunca
ol ie on
a
ecupe a
su
an iguo
esplendo .
Así,
desde
el
pun o
de
is a
demog á ico,
la
comunidad
judía
cas ellana
pudo
con a
con
unos
100.000
in eg an es
al
iempo
de
la
expulsión
de
1492,
que
es a ían
epa idos
en
ce ca
de
400
comunidades,
a
eces
de
muy
poca
en idad,
pe enecien es
an o
al
ealengo,
como
a
los
seño íos.
M.Á.
Lade o
ha
podido
lle
a a
cabo
su
e aluación
g acias
a
la
exis encia
de
excepcionales
uen es
demo
g á icas,
p incipalmen e
iscales,
que
ecogen
los
epa os
de
impues os
di ec-
244
ISABEL
MONTES
ROMERO-CAMACHO
os
pagados
pa icula men e
po
los
judíos,
como
el
se icio
y
medio
se icio
—que
mon ó
450.000
ma a edíes
en
1480—
y,
mien as
se
p olongó
la
gue a
inal
con a
el
emi a o
de
G anada,
un
se icio
especial,
denominado
de
los
cas
ellanos
de
o o,
que
obligaba
a
paga
es a
moneda
a
odo
judío
mayo
de
dieci
séis
años
y
que
con ase
con
bienes
de
su
p opiedad
(M.Á.
Lade o,
1971, 1973,
1975,
1993).
De
es as
mismas
uen es
iscales
puede
deduci se
ambién
la
dis ibución
geog á ica
de
las
comunidades
judías
de
Cas illa, así
como
su
clasi icación,
se
gún
su
impo ancia.
De
no e a
su ,
des acaban
algunas
jude ías
del
alle
del
Due o
(Medina
del
Campo,
Almazán
y
So ia,
Bena en e,
Mayo ga,
Zamo a
y
Sa
lamanca,
Á ila
y
Ba co
de
Á ila),
del
eino
de
Toledo
(Toledo,
Hue e,
Ocaña,
Escalona
y
Maqueda,
Guadalaja a
y
Alcalá
de
Hena es)
y
en
Ex emadu a
(Pla-
sencia,
Cáce es,
Badajoz,
Lle ena
y
Je ez
de
los
Caballe os)
(F.
Suá ez
Bilbao,
1995,J.Valdeón,
1996).
Los
o icios
eje cidos
po
los
judíos
cas ellanos
ue on
desc i os
po
el
c o
nis a
And és
Be náldez,
con
g an
pe spicacia
y
cie a
endenciosidad,
aunque
deja
en e e
una
concepción
social
undamen almen e
ag a ia,
p opia
de
la
e
alidad
andaluza
en
la
que
él
mismo
es aba
inse o.
De
es a
desc ipción,
a i icada
po
muchas
o as
uen es,
puede
conclui se
que
había
muy
pocos
judíos
icos
y
que,
aunque
algunos
e an
p opie a ios
de
ie as
y
ganado,
ue on
muy
escasos
los
que
i ían
de
abaja
el
campo.
La
mayo
pa e
de
ellos
e an
a esanos
y
eje
cían
o icios
elacionados
p incipalmen e
con
el
sec o
ex il,
el
cue o,
des a
cando
los
zapa e os,
o
los
me ales,
es
deci ,
los
o eb es,
así
como
pequeños
co
me cian es,
sob e
odo
buhone os
o
opa eje os.
O os
se
dedicaban
a
p o esiones
libe ales,
en
las
que
alcanza on
una
al a
epu ación,
como,
po
ejemplo,
la
me
dicina.
También
e an
muchos
los
judíos
elacionados
con
las
inanzas,
que
ac
uaban
como
p es amis as
o
a endado es
de
en as,
así
como
los
« azedo es»
o
ges o es
al
se icio
de
la
adminis ación
eal
o
seño ial,
aunque
no
eje cie an
como
o iciales
públicos,
ya
que
en
és e,
como
en
o os
muchos
come idos,
es aban
siendo
eemplazados,
poco
a
poco,
po
los
con e sos.
Todo
ello
no
ue
obs áculo
pa a
que
nume osos
judíos
con inua an
como
a endado es
de
en as
eales,
eclesiás icas
o
seño iales,
ya
que
las
leyes
lo
se
guían
pe mi iendo,
al
iempo
que
algunos
de
ellos
siguie on
desempeñando
un
papel
impo an e
en
la
co e,
pues,
po
adición,
los
p incipales
aledo es
de
la
au o idad
moná quica,
po
lo
menos
desde
iempos
de
don
Al a o de
Luna,
siem
p e
habían
con iado
en
la
leal ad
y
compe encia
de
sus
conseje os
judíos
y
ju-
deocon e sos,
de i adas,
en e
o as
cosas,
de
su
dependencia
del
pode
eal.
Pa a
la
época
de
los
Reyes
Ca ólicos
con amos
con
ejemplos
de
impo an es
pe sonajes
judíos
que
empeza on
a
des aca
al
se icio
de
los
mona cas
desde
1476,
momen o
en
que
se
hace cada
ez
más
e iden e
la
posición
de
los
judíos
en
la
co e,
ecupe ando
su
an iguo
p o agonismo
en
la
hacienda
eal,
como
ha
bía
ocu ido
an es
de
los
ágicos
sucesos
de
1391.
En e
o os
podemos
ci a
a
don
Ab aham
Seneo ,
abí
mayo
de
las
aljamas
de
Cas illa,
su
ye no,
don
May
Melamed, don
Isaac
Ab a anel,
don
Ab aham
y
don
Vidal
Bien enis e,
nie os
los
JUDÍOS
Y
MUDEJARES
245
dos
de
don
Ab aham
Bien enis e,
el
amoso
inspi ado
de
los
akkano
de
Va-
lladolid
(1432),
g upo
al
que
se
inco po a ía
don
Isaac
Ab a anel,
exilado
de
Po ugal,
debido
a
su
di ec a
implicación
en
la
conju a
del
duque
de
B aganza.
Además
de
ac ua
como
o iciales
de
los
eyes,
odos
ellos
u ie on
igualmen e
un
papel
muy
des acado
den o
de
la
comunidad
judía
(F.
Suá ez
Bilbao,
1990).
A
pesa
de
odo,
la
o ganización
in e na
de
las
aljamas
judías
había
log ado
pe manece
in ac a.
Su
célula
básica
seguía
siendo
la
amilia,
p incipal
ga an e
de
la
sal agua da
de
la
e
eligiosa
y
de
la
idiosinc asia
cul u al.
Cuando
con
seguían
alcanza
un
núme o
de e minado
de
miemb os
o
un
cie o
ni el
ique
za,
las
jude ías se
con e ían
en
aljama
o
comunidad
que
enía
como
in
p i
mo dial
adecua
su
uncionamien o
in e no
a
la
ley
mosaica,
an o
en
lo
ela i o
a
la
eligión,
como
al
de echo
p i ando,
al
epa o
de
impues os
y,
a
eces,
a
la
adminis ación
en
común
de
cie os
negocios.
Las
aljamas
más
impo an es
con
aban
con
sus
p opias
ins i uciones,
encabezadas
po
sus
alcaldes
(dayanim),
que
e an
elegidos
po
los
demás
ecinos
y
que
ac uaban
como
jueces
en
p oce
sos
in e nos,
mien as
que
en
los
demás
plei os,
judíos
y
mo os,
como
es
sabi
do,
debían
some e se
a
la
jus icia
o dina ia
(M.Á.
Va ona
Ga cía,
1993).
Había,
como
es
lógico,
abinos,
maes os
de
la
o ah
o
ley,
así
como
o os
o iciales
en
ca gados
de
los
epa imien os
iscales.
Po
o a
pa e,
el
ey
elegía
un
abí
o
juez
mayo
que
enía
ju isdicción
sob e
odo
el
eino
y
que
e a
econocido
como
juez
de
apelación
y
mediado
en e
la
co ona
y
sus
judíos.
Se ía
uno
de
ellos,
don
Ab aham
Bien enis e,
a endado
mayo
de
Juan
II
y
uno
de
los
p incipales
co
labo ado es
de
don
Al a o
de
Luna,
quien
en
1432
impulsó
la
edacción
de
los
es a u os
o
akkano h
de
Valladolid,
que
de ol ie on
a
las
comunidades
las
es
uc u as
ins i ucionales
que
habían
es ado
en
igo
an es
de
1391
y
que
se i
ían
pa a
egi
las
aljamas
has a
la
expulsión
de
1492
(F.
Suá ez
Bilbao,
2000).
* * *
Tal
ez
sea
la
expulsión
de
los
judíos
en 1492
una
de
las
decisiones
polí i
cas
más
con o e idas
del
einado
de
los
Reyes
Ca ólicos
an o
en
su
alo ación,
como
en
sus
múl iples
causas
y
consecuencias.
En
es e
sen ido,
son
muchos
los
au o es
(M.
Á.
Lade o,
1999,
E.
Mi e,
1993,1994)
que
han
pues o
de
elie e
la
impo ancia
de
algunos
ascenden a
les
acon ecimien os
an e io es,
sob e
odo
los
ocu idos
desde
mi ad
del
siglo
x ,
como
la
expansión
de
las
epidemias
de
pes e,
a
pa i
de
1348,
los
asal os
a
las
jude ías
en
1391,
las
campañas
p oseli is as,
que
llega on
a
su
pun o
culminan
e
en e
1408
y
1415,
como
consecuencia,
en e
o as
cosas,
de
las
p edicacio
nes
de
San
Vicen e
Fe e ....,
odas
ellas
mani es aciones
e iden es
del
c eci
mien o
del
an ijudaísmo
y
p eceden es
cla os
de
la
expulsión
de
1492.
No
obs an e
los
an eceden es
inmedia os
de
la
expulsión
de
1492
pueden
e
conoce se
en
las
Co es
de
Mad igal
de
1476,
que
u ie on
luga
en
medio
de
la
gue a
ci il
en e
los
Reyes
Ca ólicos
y
Juana
la
Bel aneja,
hija
de
En ique
IV,
cuyos
in e eses
de endía
Al onso
V
de
Po ugal.
Toda ía
en
es as
co es,
los
e-
246
ISABEL
MONTES
ROMERO-CAMACHO
yes
decla a on
su
in ención
de
segui
man eniendo
la
an igua
polí ica
egia
de
p o
ección
a
los
judíos,
aunque,
muy
p on o,
no
u ie on
o a
opción
que
cambia ,
po
lo
menos
en
pa e,
es e
compo amien o,
ealidad
que
se
nos
ha
ansmi ido
g acias
a
nume osos
es igos
con empo áneos,
en e
o os,
el
de
uno
an
p óxi
mo
a
la
co ona
como
el
con e so
He nando
del
Pulga ,
sec e a io
de
la
eina
y
c onis a
eal
(H.
del Pulga ,
1953).
G acias
a
ellos,
sabemos
pun ualmen e
como
ocu ie on
los
hechos,
que
in en a emos
esumi
a
con inuación.
En
julio
1477,
mien as
du aba
la
gue a
ci il,
los
Reyes
Ca ólicos,
llega on
a
Se illa,
con
el
in
de
paci ica
Andalucía,
ins alando
en
ella
su
co e
y
pe
maneciendo
en
la
ciudad
has a
diciemb e
de
1478.
Dicha
es ancia
supuso,
en e
o as
cosas,
el
p incipio
del
in
de
la
aljama
hispalense,
pues
al
conoce
los e
yes
de
ce ca
la
pelig osa
ealidad
que
suponía
el
lo ecien e
judaismo
se illano
— an o
en
lo
ela i o
a
los
judíos
como,
sob e
odo,
a
los
con e sos
judaizan
es—
oma on
una
decisión
de
eno me
anscendencia:
el
es ablecimien o
de
la
Inquisición
(H.
del
Pulga ,
1953).
Fue
en onces
cuando
el
aile
dominico
del
con en o
de
San
Pablo
ay
Alon
so
de
Hojeda,
conocido
como
el
segundo
ay
Vicen e
les
ad i ió
del
pelig o
que
acechaba
no
sólo
a
la
ciudad,
sino
a
oda
Andalucía,
debido
a
la
exis encia
de
un
al o
núme o
de
con e sos
que
judaizaban,
po
lo
que,
an o
él
como
sus
muchos
seguido es,
p opusie on
a
los
eyes,
como
única
solución
del
p oblema,
el
es ablecimien o
de
la
Inquisición
en
Se illa,
lo
que
end ía
luga
el
1
de
no
iemb e
de
1478,
po
bula
del
papa
Six o
IV(
1471-1484),
ciudad
desde
donde
el
emido
ibunal
se
ex ende ía
po
odos
los
einos
dependien es
de
Fe nando
e
Isabel
(A.
Be náldez,
1953,
H.
del
Pulga ,
1953).
Pe o
había
mucho
más,
ya que
los
emo es,
an o
a
ni el
o icial
—eclesiás i
co
y
ci il—
como
pa icula ,
no
e an
in undados.
Es o
e a
debido
a
que,
en
la
An
dalucía
de
ines
del
siglo
XV,
se
i ía
en
un
clima
de
absolu a
e e escencia
espi
i ual,
ya
que
an o
c is ianos,
como
judíos
y
musulmanes
se
hallaban
inme sos
den o
de
un
complejo
mundo
de
ideas
mesiánicas
y
apocalíp icas
(A.
Mackay,
1988,
D.
B.
Rude man,
1991,
M.
González
Jiménez,
1993).
Es o
hizo
que,
an o
unos
como
o os,
no
a da an
en
adop a
pos u as
absolu amen e
adicales,
que
hab ían
de
conduci ,
insensiblemen e,
al
iun o
de
uno
y
la
des ucción
de
los
o os.
Po
lo
que
se
e ie e
a
los
judíos
—y
a
los
con e sos
que
judaizaban—
en
es os
años
se
cumpli ían
los
plazos,
la gamen e
espe ados,
en
que
se
p oduci ía
el
iun o
del
judaismo,
cuyas
p ime as
señales,
muchas
eces
ca as ó icas,
apa
ece ían
en
Andalucía,
odo
lo
cual
explica
que,
an o
en
Se illa
como
en
oda
Cas illa,
empeza an
a
adop a
una
ac i ud,
en
cie a
o ma,
p o oca i a
(T.
de
Azcona,
1964,
Y.
Bae ,
1981).
De
la
misma
mane a,
ambién
en e
los
c is ianos
se
enía
la
ce eza
de
que,
p óximamen e,
hab ía
de
eni
el
An ic is o,
p eludio
del
in
de
los
iempos,
que,
según
algunos,
se ía
encido
po
el
mismo
ey
don
Fe nando,
po
lo
que
e a
necesa io e
inexcusable
lib a
la
úl ima
con on ación
que
hab ía
de
da
la
ic
o ia
sob e
musulmanes
y
judíos
a
las
a mas
c is ianas.
Asi
culmina ía
el
la go
p oceso
econquis ado
y
es au ado
de
la
e
c is iana,
que
había
p o agoniza-
JUDÍOS
Y
MUDEJARES
247
do
Cas illa,
a
lo
la go
de
oda
la
Edad
Media,
consiguiéndose
de
es a
o ma
la
an
ansiada
unidad
e i o ial,
polí ica
y
eligiosa,
que,
po
o a
pa e,
p econi
zada
el
Es ado
Mode no
y
que
se
apoyaba
en
las
nue as
ac i udes
men ales,
di
undidas
po
el
Renacimien o.
Po
an o,
es e
hecho
—el
es ablecimien o
de
la
nue a
Inquisición—
end ía
una
eno me
p oyección
polí ica
en
el
u u o,
ya
que
la
p o esión
de
la
e ca óli
ca
conlle aba
la
adhesión
a
la
mona quía
y
a
sus
ines,
en e
ellos
el
más
impo an e
de
odos,
la
unidad
polí ica,
po
más
que
la
jus i icación
o icial
del
es ablecimien o
de
la
Inquisición
ue a
la
exis encia
de
con e sos
que
judaizaban.
La
Co es
de
Toledo
de 1480
u ie on
luga
al
mismo
iempo
que
dio
comienzo
la
ac uación
de
la
nue a
Inquisición,
po
lo
que
algunos
au o es
econocen
en
ello
la
causa inmedia a
del
endu ecimien o
de
la
polí ica
egia
en
elación
a
los
ju
díos.
Fue
en
es as
co es
en
las
que
se
impuso
a
odos
los
judíos
un
plazo
de dos
años
pa a
cumpli
su
apa amien o
en
ba ios
especiales
y
así
impedi
su
a o
con
los
c is ianos,
con
el
in
de emedia
el
posible
daño
que
la
con i encia
con
sus
an iguos
co eligiona ios
pod ía
supone
pa a
los
con e sos,
o den
que
ue
con i mada
po
la
bula
Ad
pe pe uam
ei
memo iam
de
Six o
IV,
emi ida
en
Roma,
el
31
de
mayo
de
1484.
A
pesa
de
odo,
y
aún
eniendo
en
cuen a
la
exis encia
de
en en amien os
en e
c is ianos
y
judíos,
auque
siemp e
po
cues iones
pun uales
y
de
ámbi o
lo
cal,
como
cuando
se
lle a on
a
la
p ác ica
las
ó denes
de
apa amien o,
nada
ha
cía
p esagia
que
se
p oduje a
una
si uación
simila
a
la
de
1391,
que
hubie a
de
cidido
a
los
mona cas
a
dec e a
la
expulsión.
Más
bien
a
la
in e sa,
ya
que
los
judíos
cas ellanos
dis u aban
de
una
paz
muy
supe io
a
la
de
einados
an e io
es,
que
no
se
io
pe u bada
ni
siquie a
po
acon ecimien os
an
decisi os
como
el
p oceso
con a
los
acusados
del
c imen
i ual
del
San o
Niño
de
La
Gua dia
(To
ledo)
—que
e minó
con
su
mue e en
la
hogue a,
el
16
de
no iemb e
de
1491—
que
ol ie on
a
ac ualiza
algunos
de
los
p incipales
a gumen os
de
la
p opa
ganda
an isemi a
de
oda
la
Edad
Media
eu opea.
Pa a
algunos,
es e
p oceso
puso
de
mani ies o
la
p esión
de
cie os
es amen os
que
exigían
la
expulsión
de
los
judíos
de
España,
basándose
en
la
exis encia
de
una
conju a
judeo-con e sa
con
a
la
Inquisición,
la
sociedad
y
el
pode
c is ianos
(H.
Beina ,
1992).
Sin
emba go,
odo
pa ece
indica
que
el
odio
a
los
judíos
ue
pe diendo
ue
zas a
lo
la go
del
siglo
XV,
quizás
po que,
en
pa e,
ue
encauzado
con a
los
con e sos,
po
lo
que,
pa a
muchos,
la
pues a
en
p ác ica
de
la
llamada
«solu
ción
inal»,
es
deci
la
expulsión,
u o
como
causa
e icien e
azones
mucho
más
inmedia as
y
conc e as,
has a
llega
a
cali ica la
de
una
decisión
p ecipi ada
e
ines
pe ada,
incluso
pa a
los
mismos
judíos
(M.
K iegel,
1978,1995).
E iden emen e,
la
decisión
polí ica
más
impo an e
omada
po
los
Reyes
Ca
ólicos
con
espec o
a
los
judíos
ue
su
expulsión,
po
lo
que,
como
es
na u al,
dicho
p oceso
his ó ico,
sus
causas,
an eceden es
y
consecuencias
han
llamado
la
a ención
de
nume osos
his o iado es,
españoles
y
ex anje os,
desde
los
mis
mos
con empo áneos
has a
nues os
días.
En e
los
que
ue on
es igos
de
an
im
po an e
acon ecimien o
debemos
des aca ,
po
lo
que
se
e ie e
a
los
c is ianos,
248
ISABEL
MONTES
ROMERO-CAMACHO
sin
luga
a
dudas,
a
g andes
c onis as
como
And és
Be náldez,
que
nos
han
le
gado
una
lúcida
y
comple a
desc ipción
de
lo
que
ocu ió,
de endiendo
absolu
amen e
la
ac uación
de
los
eyes
(A.
Be náldez,
1953).
Po
o a
pa e,
ambién
nos
han
llegado
los
es imonios
de
algunos
econocidos
in elec uales
judíos, íc
imas
ellos
mismos
de
an
is es
acon ecimien os,
como
el
g an
ilóso o
y
es a
dis a
Isaac
Ab a anel
o
Salomón
ibn
Ve ga,
que
e lexiona on
ama gamen e
so
b e
la
agedia,
a
la
que
ie on
como
la
p ueba
de e minan e
impues a
po
Dios
a
su
pueblo
—cuya
e dade a
e
algunos
pensado es,
como
Maimónides,
ha
bían
in en ado
co ompe —
an es
de
la
p óxima
llegada
del
Mesias.
También,
al
gunos
b illan es
in elec uales
de
la
época,
como
los
humanis as
i alianos
Pico
dc-
lla
Mi ándola,
el
his o iado
lo en ino
Guiccia dini
o
el
mismo
Maquia elo
die on
cuen a
del
acon ecimien o,
aplaudiendo
incondicionalmen e
la
de e mi
nación
de
los
Reyes
Ca ólicos,
í ulo
con que
el
pon í ice
Alejand o
VI
les
dis
inguió,
en e
o as
azones,
po habe
expulsado
de
sus
einos a
los
judíos
(Y.Bae ,
1981,
B.
Ne anyahu,
1972).
Desde
en onces
has a
nues os
días,
han
sido
muchos
los
in es igado es
que
se
han
in e esado
po
el
ema.
En e
o os,
debemos
des aca
a
no ables
his o
iado es
de
los
judíos
españoles,
sob e
odo
a
pa i
de
la
eno ación
his o iog á ica
de
inales
del
siglo
xix
(J.
Amado
de
los
Ríos,
1875-1876,
F.
Fi a,
1889-1898,
Y.Bae ,
1981,
A.A.
Neuman,
1969,
R.D.
Ba ne
(ed.),
1971,
L.
Suá ez, 1980,
H.
Beina ,
1992,
B.
Le oy,
1992...).
Igualmen e
lo
han
hecho
o os
g andes
conocedo es
del
einado
de
los
Re
yes
Ca ólicos
como
T.
de
Azcona
(T.
de
Azcona,
1964)
y,
sob e
odo,
L.
Suá ez,
sin
duda,
el
mejo
especialis a
en
la
expulsión
de
los
judíos,
a
la
que
ha
dedica
do
nume osos
es udios,
an o
los
inse os
en
ob as
de
ca ác e
gene al
(L.
Suá
ez,
1969,
1980),
como
monog á icos,
en e
los
que
pueden
ci a se,
en
cuan o
a
la
publicación
de
uen es,
su
g an
ob a
que
ecoge
los
documen os
ela i os
a
la
expulsión
de
los
judíos
y
su
magní ico
lib o
de
sín esis
sob e
es e
hecho
his ó
ico (L.
Suá ez,
1964,
1991).
Como
es
lógico,
la
conmemo ación
de
los
quinien os
años
de
dicha
e e né-
ide,
ambién
dio
luga
a
un
buen
núme o
de
publicaciones,
en e
ellas
algunas
isiones
de
conjun o
o
e isiones
his o iog á icas
(B.
Le oy,
1990,
La
expulsión
de
los
judíos
de
España.1993,
i.
Pé ez,
1993, R.
Goes schel
(din),
1996...).
Pe o
eamos,
esumidamen e,
cómo
ocu ie on
los
hechos,
así
como
algu
nas
de
las
más
conocidas
in e p e aciones
his o iog á icas
de
an
anscenden
al
acon ecimien o.
M.
K iegel
de iende
que
había
dos
bandos
en
la
co e,
que
que ían
impone
sus
ideas
espec i as
a
los
mona cas
y que
es u ie on
en en ados
has a
1492:
uno
que
de endía
la
pe manencia
de
los
judíos,
siemp e
que
no
a ec ase
a
la
pu eza
de
la
e
c is iana,
y
o o,
encabezado
po
la
Inquisición,
que
se
ce aba
a
cual
quie
opción
que
no
ue a
la
eliminación
adical
de
los
judíos,
median e
la
ex
pulsión
(M.
K iegel,
1978
y
1995).
Pa ece
se
que,
paula inamen e,
es a
úl ima
al e na i a
ue
asumida
po
los
mona cas,
po
más
que,
según
decla a on
en
el
Dec e o
de
expulsión,
en
odo
mo-
judíos
y
mudeja es 249
men ó
p ocu a on
cumpli
con
su
esponsabilidad
polí ica
y
se
jus os.
Sin
em
ba go,
a
pesa
de
an
encomiables
in enciones,
la
mayo
injus icia
que
conlle a
ba
es a
decisión,
la
ag esión
a
la
eligión
judía,
esencia
misma
del
pueblo
de
Is
ael,
no
ue
omada
en
cuen a.
Y
es o
ue
así,
po que
según
la
concepción
de
«máximo
eligioso»
—summum
ius,
summa
iniu ia—,
p opio
de
la
época,
la
e
de
Moisés
ep esen aba
el
e dade o
cánce
que
e a
necesa io
ex i pa
o al
men e,
como
única
ía
de
sal ación
de
la
comunidad
c is iana,
po
lo
que,
como
úl imo
ecu so,
se
b indaba
a
los
ieles
judíos
la
posibilidad
de
queda se,
siem
p e
que
se
con i ie an
a
la
e dade a
e
(L.
Suá ez,
1980,
1991).
Según
M.
K iegel,
la
o den
de
des ie o
ue
p onunciada
conjun amen e
po
los
sobe anos
y
la
Inquisición,
pe o
po
inicia i a
del
T ibunal
de
la
e
(M.
K ie
gel,
1978,1995).
En
es e
sen ido,
H.
Beina
esal a
que
el
dec e o
ue
asumido
po
ambos
mona cas,
de
mane a
que
no
sólo
enía
que
cumpli se
en
las
dos
co
onas
—en
la
de
A agón
se
publicó
un
mes
después—,
sino
que
ambién
e a
p ueba
ehacien e
de
una
polí ica
común
que
enía
como
in
p incipal
log a
la
unidad de
España
(H.
Beina ,
1992,
1994).
O os
hablan
de
la
p esión cons an e
que
bien
la
al a
nobleza
(H.
Kamen,
1988)
o
el
pa iciado
u bano
pudie on
eje ce
sob e
los
mona cas,
decididos
a
pone
eno
al
c ecimien o
de
una
hipo é ica
«bu guesía»
judía
(S.H.
Halicze ,
1973,1980,1993),
aunque
de
ello
no
hay
cons ancia
en
absolu o,
apa e
de
que
no
hab ían
conseguido
hace mella
alguna
en
el
ánimo
de
los
eyes
y,
lo
que
es
más
impo an e,
de
la
inexis encia
de
dicho
g upo
social,
debido
al
ca ác e
ma
ginal
de
la
mino ía
judía,
de e minado po
los
du os
golpes
padecidos
en
los
iempos
an e io es,
po
lo
que
di ícilmen e
es a ían
capaci ados
pa a
ocupa
cie
os s a us
que
implicasen
el
eje cicio
del
pode
social,
lo
que,
al
ez,
sólo
se ía
admisible
pa a
los
con e sos.
Al
hilo
de
odo
ello,
son
muchos
los
au o es
(M.
A.
Lade o,
1995,
L.
Suá
ez,
1991)
que
de ienden
que
la
ac i ud
de
los
eyes
cuando
decidie on
expulsa
a
los
judíos
no
e a
an isemi a,
sino
an ijudía,
es
deci ,
iba
en
con a
del
judais
mo,
no
de
los
judíos,
ya
que
si
se
con e ían,
además
de
o as
muchas
cosas,
podían
segui
conse ando
su
an igua
posición
socioeconómica
y
nada
impe
día,
muy
al
con a io,
que
la
pudie an
incluso
mejo a .
De
la
misma
mane a,
esul a
injus i icable
la
opinión
de
que
la
expulsión
hubiese
es ado
mo i ada
po
un
deseo
de
los
eyes,
sob e
odo
de
don
Fe nan
do,
de
en iquece se,
ya
que
puede
deci se
que,
sal o
en
casos
pun uales
en
que
se
lle a on
a
cabo
algunas
con iscaciones
de
an iguas
p opiedades
pe enecien
es
a
los
expulsados,
a
la
hacienda
eal
le
hubie a
esul ado
mucho
más
en able,
con a iamen e,
acep a
la
cuan iosa
o e a
económica
que
les
hicie a
Isaac
Ab a-
anel,
en
ep esen ación
de
odos
los
judíos
del
eino,
a
cambio
de
la
de ogación
del
edic o.
Po
odo
ello,
hoy
po
hoy,
esul a
insos enible
la
esis
de
que
los
Reyes
Ca
ólicos
decidie on
la
expulsión
de
los
judíos
con
ines
económicos,
ya
que,
po
el
con a io,
es a
medida
a ec ó
nega i amen e
a algunas
impo an es
es uc u
as
de
la
economía
española.
256
ISABEL
MONTES
ROMERO-CAMACHO
e a
la
consecuencia
di ec a
y
jus a
del
peo
de
los
pecados,
la
du eza
de
co azón
y
el
echazo
de
la
e dade a
e.
2.
Mudeja es
Po
sue e,
son
muchos
los
au o es
que
se
han
in e esado
po
la
his o ia
de
los
musulmanes
de
condición
ju ídica
lib e
que
i ie on
en
e i o ios
de
la
Es
paña
c is iana,
de
los
llamados
mudeja es,
palab a
cas ellana
que
empezó
a
u i
liza se
en
el
siglo
x
y
que,
al
pa ece ,
de i a
del
é mino
á abe
mudayyan,
di
undido
en
el
á abe
occiden al
en
la
baja
Edad
Media
y
cuyo
signi icado
es
gen e
domes icada,
domeñada,
que
pe manece.
En e
odos
ellos
debemos
des aca
a
M.Á.
Lade o
Quesada,
que,
desde
hace
años,
iene
analizando,
con
ex ao dina ia
lucidez
y
igu osidad,
la
his o ia
de
las
comunidades
mudeja es
de
Cas illa,
en
la
que
puede
conside a se
como
el
e
dade o
eno ado
de
la
mode na
his o iog a ía
sob e
el
ema,
has a
consag a se
como
el
mejo
conocedo
de
los
mudeja es
cas ellanos,
an o
po
lo
que
hace
a
la
publicación
de
las
uen es
(M.Á.
Lade o,
1969),
como
a
la
p o undidad
del
aná
lisis
his ó ico
(M.Á.
Lade o,
1972-73,
1989,
1992,
1998...).
Lo
mismo
puede
a i ma se
con
elación
a sus
nume osos
abajos
dedicados
a
la
his o ia
de
los
mudeja es
g anadinos,
ema
en
el
puede
deci se
que
ue
un
au én ico
pione o
(M.Á.
Lade o,
1967,
1972-1973,
1989,
1992,
1993,
2002...).
De
la
misma
mane a,
la
complicada
ealidad
de
los
mudeja es
del
eino
de
G anada,
ambién
ha
in e e
sado
a
o os
muchos
in es igado es,
en
los
úl imos
años.
En e
ellos
debemos
men
ciona
especialmen e,
debido
a
la
g an
calidad
de
sus
apo aciones,
a
Á.
Galán
(A.
Galán,
1988,1991,2002...).
Así
pues,
el
impulso
expe imen ado
po
es os
es udios,
g acias
a
la
úl ima
gene ación
de
medie alis as
y
que
se
ha
is o
e lejado,
en e
o as
cosas,
en
la
pe iodicidad
y
el
éxi o
de
los
Simposios
In e nacionales
de
Mudeja ismo,
p omo idos
po
el
Cen o
de
Es udios
Mudeja es
de
Te uel,
cuya
no ena
edición
ha
enido
luga
en
sep iemb e
de
2002,
ha
hecho
posible,
en e
o as
cosas,
la
ac ualización
de
cie as
uen es
has a
el
momen o
mal
co
nocidas
o
poco
u ilizadas
(M.Á.
Va ona
Ga cía,
1993,
J.P.
Moléna ,
1998,2000),
la
publicación
de
nue os
es ados
de
la
cues ión,
en e
los
que
des aca
el
muy
exhaus i o
y
c í ico
de
M.Á.
Lade o
(1999),
así
como
de
algunos
o os abajos
de
sín esis
(J.
C.
de
Miguel,
1988,
L.P.
Ha ey,
1990,
J.
B un,
1998,
A.
Eche a
ía,
2000,
2003,
J.
Hinojosa,
2002,1.
Mon es,
2002).
Tomando
como
pun o
de
pa ida
odas
es as
ex ao dina ias
con ibuciones,
in en a emos
esumi
los
p incipales
asgos
ca ac e ís icos
e
hi os
his ó icos
de
los
mudeja es
cas ellanos
en
el
einado
de
Isabel
1.
Con
es e
in
—y
con
un
sen
ido
p ác ico—
nos
e e i emos
p ime o
a
los
que
pod íamos
llama
los
iejos
mu
deja es
cas ellanos,
es
deci
los
que
i ían
bajo
dominio
c is iano
desde
gene
aciones
an e io es,
pa a
dis ingui los
de
los
mudeja es
g anadinos,
que
pasa on
a
depende
de
la
Co ona
de
Cas illa
a
pa i
de
la
conquis a
de
G anada,
en
1492,
que
ambién
supuso
el
p incipio
del
in
del
mudeja ismo
cas ellano,
ya
que
si
bien
JUDÍOS
Y
MUDEJARES
257
su
o igen
—la
econquis a
c is iana—
y
ambién
su
inal
—el
dec e o
de
ex
pulsión
de
1502—
ue on
los
mismos,
el
desen ol imien o
his ó ico
de
ambas
comunidades
es u o
condicionado,
en
pa e,
po
sus
peculia es
condiciones
his
ó icas,
de
espacio
y
de
iempo.
/.
Los
mudeja es
cas ellanos
El
núme o
de
mudeja es
cas ellanos
e a
muy
in e io
al
de
la
Co ona
de
A a
gón,
an o
si
los
e aluamos
en
é minos
absolu os,
como,
sob e
odo,
a
ni el
e
la i o,
pues,
según
las
es imaciones
de
M.Á.
Lade o,
basadas
en
el
análisis
i
gu oso
de
las
uen es
iscales
—p incipalmen e
el
se icio
y
medio
se icio
de
1501
y
la
se ie
de
los
cas ellanos
de
o o
de
1495
a
1501—
no
supe a ían
hacia
1500
la
ci a
de
25.000
indi iduos,
dis ibuidos
en unos
de
cien o
ein e
núcle
os
de
población
de
odo
el
eino,
no malmen e
en
comunidades
de
muy
escasa
en idad,
pe o
lo
que
esul a
más
p oblemá ico
es
conoce
su
núme o
de
ecinos,
aunque
sea
ap oximado
(M.Á.
Lade o,
1989,1992).
En
es e
sen ido,
los
da os
más
idedignos,
al
ez,
nos
los
p opo cionen
las
elaciones
de
pechas,
es ablecidas
en e
1495
y
1502,
pa a
el
cob o
de
los
cas
ellanos
de
o o,
ya
que,
en
muchas
ocasiones,
es as
pechas
pa ecen
co espon
de
al
concep o
de
ecindad.
De
ellas,
puede
deduci se
que
la
población
mude
ja
cas ellana,
cuando
se
publicó
el
edic o
de
1502,
no
llega ía
a
ein e
mil
indi iduos,
lo
que
sólo
ep esen aba
un
0.5
%
del
es o
de
la
población
de
Cas
illa.
Y,
po
lo
que
sabemos,
es a
misma
ealidad
se
p olongó
con
los
mo iscos,
ya
que
la
ci a
ap oximada
de
ein e
mil
mudeja es
cas ellanos
coincide
con
la
p opues a
po
H.
Lapey e
pa a
los
mo iscos
de
Cas illa,
en
sus
es udios
sob e
la
expulsión
que
u o
luga
en e
1608
y
1611
(H.
Lapey e,
1959).
En
cuan o
al
olumen
de
las
aljamas,
pa ece
se
que
sólo
unas
ein e
co
munidades
mudeja es
en
oda
Cas illa,
supe aban
los
250
o
300
habi an es,
úni
ca
ci a
que
pod ía
se
conside ada
como
digna
de
mención,
en
elación
con
el
es o
de
la
población
de
cada
núcleo
en
pa icula .
Pe o,
a o unadamen e,
además
del
núme o
ap oximado
de
mudeja es
que
había
en
Cas illa,
a
inales
de
la
Edad
Media,
las
uen es
iscales
nos
pe mi en
llega
a
más,
pues
hacen
posible
in en a
una
ap oximación,
de
ca ác e
geo-
his ó ico,
a
la
dis ibución
de
la
población
mudeja
cas ellana,
a
inales
del
si
glo
XV.
En
es e
sen ido,
y
como
p ime a
p emisa,
puede
deduci se
que
la
población
mudeja
en
la
Co ona
de
Cas illa
du an e
la
baja
Edad
Media
u o
un
ma cado
ca ác e
cas ellano,
ya
que
apenas
exis en
algunos
da os
pun uales
sob e
mude
ja es
den o
del
an igo
eino
de
León,
es
deci ,
Galicia,
As u ias
y
León,
ni
am
poco
en
su
p olongación
de
la
llamada
ex emadu a
leonesa.
Si
a endemos
ya
a
su
dis ibución
geog á ica,
pa ece
se
que
las
p incipales
mo e ías
u ales
es aban
asen adas
en
el
alle
del
Guadiana,
especialmen e
en
los
dominios
de
las
ó denes
mili a es,
así
como
en
el
no e
del
eino
de
Mu cia,
258
ISABEL
MONTES
ROMERO-CAMACHO
cuyo
mudeja ismo
p esen aba
nume osas
ca ac e ís icas
semejan es
al
alen
ciano,
aunque
nunca
consiguió
alcanza
su
signi icación.
En e
las
p incipales
mo e ías
de
Cas illa
es aban
Ho nachos,
la
mayo
de
odas,
Uclés
y
Alcán a a,
odas
ellas
dependien es
del
seño ío
de
las
ó denes
mili a es,
a
la
ez
que
en
el
ealengo
cabe
menciona
las
de
Plasencia
y
T ujillo,
mien as
que
en
el
eino
de
Mu cia
hay
que
des aca
las
ubicadas
en
el
alle
de
Rico e
(M.
Rod íguez
Llo-
pis,
1984,
J.
To es
Fon es,
1984,
D.
Menjo ,
1992).
Igualmen e
es
digno
de
mención
el
hecho
de
que
algunas
de
las
mo e ías
más
pujan es,
aunque
siemp e
den o
de
sus
limi aciones,
se
encon a an
en
ciu
dades
de
la
cuenca
del
Due o,
que,
pa adójicamen e,
nunca
habían
es ado
so
me ida^
al
dominio
di ec o
y
du ade o
del
Islam,
po
lo
que
su
desa ollo
sólo
puede
se
a ibuido
al
asen amien o
de
inmig an es
p oceden es
del
su ,
sob e
odo
desde
la
segunda
mi ad
del
siglo
Xlil,
lo
que
dio
luga
al
nacimien o
de
impo
an es
mo e ías
en
Á ila,
en
p ime
luga ,
e
igualmen e
en
Bu gos,
Valladolid,
A é alo
y
Sego ia
(S.
de
Tapia,
1989,
M.
Gómez
Renau,
1993).
Po
el
con a io,
en
la
Andalucía
Bé ica
los
mudeja es
enían
muy
poca
sig
ni icación,
ya
que
no
supe aban
los
2.000
indi iduos,
en
los
úl imos
años
del
si
glo
x ,
epa idos
po
Se illa,
Có doba,
Palma
del
Río,
además
de
o os
pe
queños
núcleos,
apenas
dignos
de
mención,
odo
lo
cual ue
esul ado
del
complejo
p oceso
de
la
epoblación
andaluza
que,
en
es e
sen ido,
alcanzó
su
pun o
cul
minan e
en
la
e uel a
mudeja
de
1264,
que
u o
como
consecuencia
inmedia
a,
la
casi
o al
desapa ición
del
elemen o
mudeja
en
la
Andalucía
del
Guadal
qui i ,
así
como
de
la
p oximidad
del
emi a o
naza í
de
G anada,
e i o io
na u al
de
acogida
de
los
mudeja es
que
huían
de
Andalucía
(M.
González
Jiménez
e
I.
Mon es,
2003).
También
ue on
pe diendo
impo ancia
las
iejas
mo e ías
del
ei
no
de
Toledo,
si uadas
en
la
cuenca
media
del
Tajo, en e
las
que
aún
enían
cie
a
impo ancia
las
de
Guadalaja a
y
Mad id,
asi
como,
a
mayo
dis ancia,
Tole
do
(J.P.
Moléna ,
1983,
1986).
En
cuan o
a
la
si uación
ju ídica,
an o
con
espec o
a
la
mayo ía
c is iana,
como
a
la
p opia
o ganización
ins i ucional,
las
aljamas
mudeja es de
odos
los
einos
peninsula es,
como
es
lógico,
enían
muchos
pun os
en
común.
Así,
como
asgo
p incipal,
los
mudeja es,
al
igual
que
los
judíos,
con o maban
una
mino
ía
é nico- eligiosa
que
e a
ole ada
po
el
pode
c is iano
en
cumplimien o
de
los
pac os
y
capi ulaciones,
es ablecidos
como
consecuencia
de
la
conquis a
c is iana.
De
es a
mane a,
los
mudeja es
seguían
siendo
lib es,
pe o
es aban
so
me idos
a
un
sis ema
p ocesal
y
penal
mucho
más
igu oso
que
el
de
los
c is ianos
(M.Á.
Va ona
Ga cía,
1993).
Po
es a
misma
azón,
pudie on
man ene
su
ley
ju-
ídico- eligiosa,
que
egulaba
muchos
asun os
elacionados
con
el
de echo
ci il
y
me can il,
de
al
o ma
que
las
aljamas
con aban
con
sus
p opias
au o idades
eligiosas,
los
al aquies,
que
además
ac uaban
como
aseso es
legales
de
las
co
munidades,
con
ju isdicción
sob e
cie os
casos
ci iles
y
que,
en
ocasiones,
am
bién
cumplían
la
unción
de
no a ios.
Es os
al aquies
locales
dependían
de
una
ins i ución
supe io ,
que
e a,
en
Cas illa,
el
alcalde
mayo
y
el
alcalde
de
mo
os
(J.
To es
Fon es,
1962).
Puede
deci se
que,
básicamen e,
unos
y
o o
con-
JUDÍOS
Y
MUDEJARES
259
o maban
la
éli e
de
sociedad
mudeja
cas ellana
del
siglo
XV.(J.
R
Moléna ,
1999,
2001).
Según
hemos
is o,
los
mudeja es
cas ellanos,
como
los
judíos,
es aban
obli
gados
a
paga
a
la
Co ona
di e sos
impues os
especiales,
en
econocimien o
del
seño ío
eal
y
de
la
p o ección
que
la
mona quía
les
dispensaba
(M.Á.
Lade o,
1989,
1992).
El
más
impo an e
de
odos
ellos
e a
el
llamado
se icio
y
medio
se icio,
cob ado
anualmen e
y
que
en
los
úl imos
años
del
siglo
XV
es aba
es
ablecido
en
unos
150.000
m s.
De
la
misma
mane a,
debie on
con ibui
con
un
pecho
especial,
llamado
de
los
cas ellanos
de
o o
pa a
la
gue a
de
G anada,
en
su
e apa
inal
de
época
de
los
Reyes
Ca ólicos,
que,
como
es
sabido,
conclui ía
con
la
conquis a
del
emi a o
naza í
en
1492,
aunque
es e
impues o
con inuó
co
b ándose
has a
la
expulsión
de
los
mudeja es,
dec e ada
en
1502.
También
al
igual
que
los
judíos,
los
mudeja es
e an
conside ados
como
ele
men os
ex años
a
la
sociedad
c is iana
po
lo
que,
como
ellos,
se ían
obje o
de
múl iples
limi aciones,
ya
que,
gene almen e,
e an
las
mismas
leyes
las
que
e
gían pa a
una
y
o a
mino ía.
No
obs an e,
los
mudeja es,
al
e és
que
los
judí
os,
casi
nunca
despe a on
el
odio
popula ,
al
ez po
su
débil
si uación
econó
mica,
más
bien
al
con a io,
ya
que,
po
ejemplo,
en
los
luga es
seño iales
e an
muy
demandados
po
los
mismos
seño es,
al
a a se
de
una
mano
de
ob a
u al
compe en e,
económica
y
sumisa.
A
pa i
del
siglo
xm
apa ecen
egula men e
o denamien os
que,
en e
o as
cosas,
es ablecen
la
sepa ación
adical
en e
los
c is ianos
y
las
mino ías
é nico-
eligiosas,
an o
desde
el
pun o
de
is a
espacial,
o denando
su
eclusión
en
ba
ios
apa ados,
como
social,
p ohibiendo
la
u ilización
de
elas
p eciosas
o
ca
as,
disponiendo
la
o ma
en
que
debe ían
lle a
co ado
el
pelo
y,
inalmen e,
obligando
al
uso
de
señales
ex e nas.
Sin
emba go,
sal o
en
momen os
y
casos
pun uales,
es as
leyes
no
se
cum
plie on,
po
lo
que
los
mudeja es
con inuaban
i iendo
en
las
ciudades,
jun o
a
la
población
c is iana,
has a
que
las
Co es
de
Toledo
de
1480,
que
ue on
con
empo áneas
al
es ablecimien o
de
la
Inquisición,
obliga on
a
su
cumplimen o.
Den o
de
es e
con ex o,
que
dio
un
nue o
impulso
a
la
men alidad
con a ia
a
las
mino ías
é nico- eligiosas,
es
posible
en ende
que
las
Co es
de
Toledo
de
1480
ol ie an a
insis i
sob e
la
seg egación
de
judíos
y
mo os,
especialmen e
en
lo
ela i o
a
su
apa amien o,
ley
que,
es a
ez,
sí
se
aplicó
con
oda
igu o
sidad,
ya
que
es
posible
a i ma
que,
de
hecho,
la
mayo
pa e
de
las
mo e ías
cas ellanas
no
se
cons i uye on
has a
después
es as
Co es
(M.Á.
Lade o,
1989).
De
la
misma
mane a,
debido
no
sólo
a
su
disc iminación
social,
sino
a sus
p opios
abúes
eligiosos,
judíos
y
mudeja es
enían sus
p opias
ca nice ías,
al
iempo
que
se
les
impedía
el
eje cicio
de
di e sas
p o esiones,
que
implica an
a o
di ec o
con
los
c is ianos,
como
la
medicina,
el
ene
se icio
domés ico
c is
iano,
de
o ma
habi ual,
y,
po
supues o,
cualquie
ipo
de
elación
sexual
ue
a
de
su
p opia
comunidad
eligiosa.
Sea
como
ue e,
odas
es as
limi aciones,
sob e
odo
de
o den
p o esional,
a ec aban
mucho
más
a
los
judíos
que
a
los
mudeja es,
ya
que,
cuando
se
cum-
260
ISABEL
MONTES
ROMERO-CAMACHO
plían,
la
casi
o al
ausencia
de
cuali icación
p o esional,
en
nume osos
o i
cios,
sob e
odo
en
los
más
econocidos,
en e
los
mudeja es
las
hacía
inne
cesa ias.
Po
egla
gene al,
los
mudeja es,
al
con a ío
que
los
judíos,
con o maban
una
mino ía
é nico- eligiosa
humilde
económicamen e,
que
enían
muy
eco ados
sus
medios
de
p omoción
social
y
que,
además,
ca ecían
de
aspi aciones
en
di
cho
aspec o
(M.Á.
Lade o,
1989).
Una
excepción,
en
es e
sen ido,
la
ep esen
aban,
como
sabemos,
los
g upos
amilia es
que
cons i uían
la
que
se
ha
dado
en
llama
éli e
mudeja ,
cuyo
es udio
iene
in e esando
a
algunos
especialis as
en
los
úl imos
años
(A.
Eche a ía,
2003,
J.P.
Moléna ,
1999,
2001)
En
con apa ida,
había
di e sas
p o esiones
en
las
que
los
mudeja es
des
acaban
y
que,
incluso,
a
eces,
monopolizaban
y
en
las
que
la
imp on a
del
mu-
deja ismo
ha
pe manecido
du an e
siglos,
donde
se
ap ecia
la
adición
andalu-
sí,
como
pueden
se
algunas
écnicas
ag a ias,
a qui ec ónicas
y
a ís icas,
muy
di undidas
en
la
baja
Edad
Media
española.
En e
los
o icios
en
los
que
los
mudeja es
e an
más
demandados,
podemos
ci a
a
los
ho elanos,
albañiles
y
ala i es,
cañe os,
ca pin e os
de
lo
blanco
(es
pecialis as
en
echumb es
y
o os
elemen os
cons uc i os
de
made a),
yese os,
olle os
y
ce amis as,
siendo,
en e
los
más
amosos,
los
de
Tala e a
y
Se illa,
am
bién
había
ejedo es
de
al omb as
en
Cuenca
y
en
Alca az.
Tal
ez
uno
de
los
asgos
cul u ales
más
ca ac e ís ico
y
di undido
de
la
baja
Edad
Media
ue
el
llamado
mudeja ismo
a ís ico,
pe o
pa a
en ende lo
en
oda
su
ealidad
es
necesa io admi i
que
su
ex ao dina io
éxi o
es u o
mo i ado
po
la
ap opiación
que
los
c is ianos
hicie on
de
es e
a e,
que,
en
nume osas
oca
siones,
e a
cul i ado
po
a is as
c is ianos.
Es o
ambién
ocu ió
en
la
asimilación
de
cie os
usos
y
asgos
cul u ales
de
o igen
musulmán,
muy
di undidos,
sob e
odo, en e
la
a is oc acia,
ales
como
la
u ilización
de
es idos
y
la
di usión
de
modas
«mo iscas»,
de
cuya
in luencia
no
se
lib ó
ni
la
p opia
eina
Isabel
la
Ca ólica.
Igualmen e,
nume osos
dulces
y
u ones,
conside ados
aún
hoy
como
p o
piamen e
hispanos,
ienen
an eceden es
mudeja es,
asi
como
muchas
o mulas
culina ias,
que
cuen an
como
ma e ia
p ima
con
p oduc os
de
hue a
y
i os
con
acei e
de
oli a,
asgo
alimen icio
común
ambién
a
judíos
y
con e sos,
que
los
dis inguía
de
los
c is ianos
iejos
cas ellanos
que
seguían
guisando
sus
alimen
os
con
ocino
y
man eca.
Sin
emba go,
odo
pa ece
indica
que,
a
pa i
de
1492,
la
comunidad
mu
deja
cas ellana
se
io
sumida
en
un
impa able
p oceso
de
decadencia,
an o
mo
al,
como
ísica,
al
ez,
po
el
sec e o
con encimien o
de
que
su
in
es aba
p ó
ximo,
sin
que
nada
pudie an hace
pa a
e i a lo
ni
los
buenos
p opósi os
egios,
ni
las
a o ables
decisiones
que
los
mona cas
a a on
de
aplica ,
como
de
mues a,
po
ejemplo,
el
eximi
del
pago
del
impo an e
se icio
de
los
cas ellanos
de
o o
a
odos
aquellos
mudeja es,
que
p obasen
no
ene
ecu sos
económicos.
Ya
a
inales
de
1493,
po
oda
Cas illa
se
ex endió
la
especie
de
que
los
e
yes
p oyec aban
expulsa
a
odos
los
mudeja es
del
eino,
lo
que
p o ocó
la
du a
JUDÍOS
Y
MUDEJARES
261
eacción
de
la
co ona.
El
iempo demos ó
que
es a
in ención
a da ía
oda ía
al
gunos
años
en
es a
en
el
ánimo
de
los
eyes
que,
en
1497,
acogie on
en
Cas i
lla,
incluso,
a
los
mudeja es
que,
ecien emen e,
habían
sido
obligados
a
sali
de
Po ugal.
2.
Los
mudeja es
g anadinos
En e
1482
y
1492,
el
emi a o
naza í
de
G anada
ue
conquis ado
y
pasó
a
o ma
pa e
de
la
Co ona
de
Cas illa.
Du an e
es os
diez
años
y,
sob e
odo,
a
pa i
de
en onces
y
como
había
ocu ido
du an e
siglos,
a
lo
la go
de
odo p o
ceso
epoblado ,
los
musulmanes
que
pe manecie on
en
las
ie as
nue amen e
conquis adas
pasa on
a
depende
de
la
mona quía
cas ellana.
Según
sabemos,
el
núme o
de
mudeja es
cas ellanos
siemp e
ue
muy
in e
io
al
de
los
que
i ían
en
los
einos
de
A agón
y
Valencia,
pe o
es a
si uación
expe imen ó
un
cambio
p o undo
a
pa i
de
la
conquis a
de
G anada,
cuando
mu
chos de
los
musulmanes
que
i ían
den o
de
los
lími es
del
encido
emi a o
naza í,
eligie on
pe manece
en
su
an iguo
e i o io,
aunque
ue a
bajo
domi
nio
c is iano,
an es
que
emig a
hacia
ie as
islámicas.
Pe o
si,
como
hemos
is o,
los
p oblemas
pa a
calcula
el
mon o
ap oxima
do
de
la
población
mudeja
cas ellana
al
é mino
de
la
Edad
Media,
son
casi
in-
solubles,
la
si uación
se
ag a a
aún
más,
cuando
se
in en a
lle a
a
cabo
una
cuan i icación
de
los
mudeja es
que
se
queda on
en
el
eino
de
G anada,
a
aíz
de
su
conquis a.
Como
egla
gene al,
los
especialis as
sob e
el
ema
pa ecen
habe
llegado
a
la
conclusión
que,
al
igual
que
ocu ie a
as
la
econquis a
de
Andalucía,
en
la
segunda
mi ad
del
siglo
xm,
los
conquis ado es
c is ianos
ep esen a on
la
po
blación
p edominan e,
en
la
mayo
pa e
de
las
ciudades
y
illas
o i icadas,
mien as
que
los
mudeja es
queda on
elegados
a
los
luga es
abie os
o,
en
odo
caso,
a
los
que
con aban
con
una
o aleza.
Es
deci ,
los
c is ianos
p edomina
ban
en
el
mundo
u bano,
mien as
que
los
mudeja es
con inua on
i iendo
en
el
ámbi o
u al.
Más
aún,
den o
de
la
población
campesina
del
ecién
conquis a
do
eino
de
G anada,
los
epoblado es
c is ianos
ocupa on,
según
e a
adicio
nal,
las
ie as
llanas,
donde
e a
más
ácil
el
cul i o
del
ce eal,
mien as
que
los
mudeja es
se
ie on
obligados
a
asen a se
en
las
mon añas,
bien
a
í ulo
pa i
cula
o
como
dependien es
de
un
seño ,
ya
que
ue
ambién
en
las
egiones
mon
añosas
donde
los
eyes
cedie on
mayo es
ex ensiones
de
ie as
en
seño ío.
Al
mismo
iempo,
es a
polí ica
epoblado a
de
la
co ona
p e endía
man ene
aleja
dos
a
los
mudeja es
de
la
cos a
y de
las
ciudades,
donde
había
una
mayo
con
cen ación
de
habi an es
(M.Á.
Lade o,
1992,
J.E.
López
de
Coca,
1985,
R.
Pei
nado,
1998).
Po
o a
pa e,
es
cie o
que
los
eyes
no
pusie on
ninguna
co apisa
a
los
mu
sulmanes
g anadinos
que
decidie on
sali
del
nue o
e i o io
c is iano,
si
aca
so
en
las
ie as
que
habían
sido
cedidas
en
seño ío,
bene iciándolos,
incluso,
con
262
ISABEL
MONTES
ROMERO-CAMACHO
el
segu o
eal
y
pe mi iéndoles
saca
la
mayo
pa e
de
sus
bienes
muebles,
a
ex
cepción
de
los
que
es aba
edada
su
expo ación
a
ie a
de
mo os
(M.Á.
Lade
o,
1969).
De
es a
mane a,
puede
deci se
que
la
g an
mayo ía de
los
g anadinos
p in
cipales,
obedeciendo
el
p ecep o
musulmán
que
condena
la
pe manencia
en
e
i o io
in iel,
salie on
de
G anada,
dejando
p ác icamen e
inde ensa
al
es o
de
la
comunidad
(K.A.
Mille ,
2000).
En
es e
sen ido,
con amos
con
nume osos
es imonios
de
con empo áneos
bien
in o mados,
como
es
el
caso
del
sec e a io
eal
He nando
de
Za a,
quien
nos
dice
que,
en e
los
musulmanes
g anadinos,
ya en
el
e ano de
1493,
únicamen e
había
a esanos
y
lab ado es,
no icia
co
obo ada
po
las
in o maciones
de
años
pos e io es.
Las
ci as
que
nos
han
lle
gado
sob e
el
núme o
de
emig an es
son
me amen e
indica i as,
ya
que
es amos
muy
lejos
de
conoce
su
mon o
o al,
pe o,
según
se
ha
podido
demos a ,
la
emig ación
al
no e
de
Á ica
ue
una
de
las
p incipales
causas
que
impidie on
el
c ecimien o
ege a i o
de
la
población
(Á.
Galán,
1991).
Además,
es e
p oblema
con inuó
en
la
G anada
mo isca,
po
lo
que
algunos
au o es
han
des acado
la
g an
impo ancia
que
la
emig ación
ilegal,
en e
1502
y
1516,
u o
en
nume osos
núcleos
de
población
cos e os
y
de
La
Alpuja a
(B.
Vincen ,
1984,
1985,
1987),
mien as
o os
llaman
la
a ención
sob e
la
signi i
cación
que
u o
la
denominada
«conexión
no ea icana»
y,
sob e
odo,
la
ac uación
de
los
co sa ios
del
No e de
Á ica,
en
el
p oceso
de
emig ación
que,
comen
zado
en
la
e apa
mudeja ,
se
desa olló
eno memen e
a
pa i
de
1502,
es
deci ,
en
los
p ime os
años
de
la
época
mo isca,
pi a as
que
es u ie on
di igidos
po
pe sonajes
de
la
alla
de Al
Manza í
e
Ibn
Rasid,
quienes
o ganizaban
nume o
sas
expediciones
desde
Te uán
y
Xauen
(G.
Gonzalbes
Bus o,
1988,
J.
E.
López
de
Coca,
1988,
1989).
Si
a
odo
es o
añadimos
las
mue es
p o ocadas
po
la
ecien e
gue a,
los
muchos
musulmanes
que
abandona on
el
emi a o,
du an e
el
p oceso
de
con
quis a
y
en
los
p ime os
iempos
que
siguie on
a
la
de o a
naza í,
especialmen e
nume osos
en
la
pa e
occiden al
del
eino,
salida
de
la
que
no
enemos
p ác i
camen e
no icias,
a
los
que
debemos
suma
las
bajas
que
se
p oduje on
en
los
e
ibles
años
de
1500
a
1502,
podemos
a i ma
que
la
población
de
musulmanes
g anadinos
se
edujo
casi
al
cua en a
po
cien o,
con
elación
a
la
de
época
na
za í,
si
enemos
en
cuen a
que,
hacia
1520,
la
población
mo isca,
no
sob epasa
ba
los
125.000
indi iduos.
Pe o,
además
de
señala
es os
asgos
gene ales
sob e
la
población
mudeja
del
eino
de G anada,
debemos
in en a ,
aunque
sea
suma iamen e,
una
ap oxi
mación
cuan i a i a,
lo
que
sólo
se á
posible,
de
una
o ma
un
poco
más
de a
llada,
como
hemos
dicho,
pa a
los
mudeja es
que
es aban
asen ados
en
el
ám
bi o
u al.
E iden emen e,
se
a a
de
no icias
muy
agmen a ias,
pe o,
g acias
a
ellas,
Á.
Galán
ha
podido
es ima
que,
en
los
úl imos
años
del
siglo
x ,
el
núme o
de
mudeja es
que
i ía
en
el
eino
de
G anada
podía
se
de
unos
170.000,
lo
que
supone
una
educción
muy
no able
del
o al
de
la
población
—ap oximada-
JUDÍOS
Y
MUDEJARES
263
men e
el
43%,
es
deci ,
unos
130.000
indi iduos—
con
elación
a
los
300.000
habi an es
calculados
po
M.Á,
Lade o,
pa a
la
úl ima
e apa
de
la
G anada
na-
za í.
Es e
impo an e
descenso
demog á ico
se
p odujo
en
el
co o
pe íodo
de
iempo
de quince
años,
es
deci
los
comp endidos
en e
la
oma
de
Ronda
en
1485
y
el
le an amien o
de
los
mudeja es
alpuja eños
en 1500
(M.Á.
Lade o,
1972-1973,
1989, 1992,
J.
E.
López
de
Coca,
1977,
M.
Acién
Almansa,
1979,
Á.
Galán,
1991).
En
cuan o
a
la
dis ibución
geog á ica
de
es a
población
musulmana,
den
o
del
ecién
conquis ado
eino
de
G anada,
según Á.
Galán,
ue
la
siguien e:
De
Occiden e
a
O ien e,
apa ece
una
al a
concen ación
en
la
Se anía
de
Ronda,
que
se
a
haciendo
más
débil
con o me
nos
aden amos en
e i o io
ma
lagueño,
es
deci ,
en
o no
a
Sie a
Be meja,
la
cos a
de
Ma bella
y
el
alle
del
Guadalho ce,
en
la
an igua
ie a
de
Málaga.
Nue amen e,
el
núme o
de
mudeja es
se
hace
mayo
en
las
mon añas
de
Málaga, en
la
Aja quía
y
en
las
ie as
que
odean
el
alle
de
Vélez-Málaga,
donde
la
población
e a
casi
o almen e
c is iana.
Dejando
apa e
la
zona
de
Za a aya,
de
ue e
concen ación
mudeja ,
los
c is ianos
uel en
a
se
p edominan es
en
la
línea
con o mada
po
Alhama,
Loja,
Mon e ío
y
la
Hoya
de
Baza-Guadix,
delimi ación
que
se
p olonga
has a
la
cos
a
medi e ánea,
desde
To ox
—la
úl ima
población
cos e a
habi ada
p incipal
men e
po
musulmanes—
has a
Alme ía,
espacio
donde
son
c is ianos
la
g an
ma
yo ía
de
los
habi an es
de
los
p incipales
núcleos.
Así
pues,
es a
ex ensa
línea
de
población
c is iana,
cons i uía
una
especie
de
co a uego,
que
odeaba
las
egiones
de
mayo
concen ación
de
habi an es
mudeja es,
es
deci
G anada,
las
Alpuja as
y
el
Céne e.
Fue a
de
ella,
po
la
pa e
o ien al,
ambién
ol ía
a
habe
una
densa
pobla
ción
musulmana
más
allá
de
la
ciudad
de
Alme ía,
siguiendo
el
cu so
de
su
ío
y
dis ibuyéndose
po
las
Sie as
de
los
Filab es
y
Ma ía.
* *
Du an e
una
p ime a
e apa,
has a
inales
del
siglo
XV,
las
elaciones
en e
mu
sulmanes
y
c is ianos,
según
se
iba
p oduciendo
la
conquis a
del
emi a o
naza-
í,
se es ablecie on,
en
la
mayo ía
de
los
casos,
como
ambién
e a
adicional,
me
dian e
capi ulaciones.
Es
e dad
que,
en
ocasiones,
no
e a
posible
pone
en
p ác ica
es e
égimen
de
capi ulaciones,
cie amen e
bene icioso
pa a
los
encidos,
ya
que,
a
las
pla
zas
que
o ecían
una
du a
esis encia,
se
les
exigía
una
endición
incondicional,
lo
que
conlle aba
la
cau i idad
e
incau ación
de
los
bienes
de
odos
sus
habi an es
y,
cuando
e a
necesa io,
la
imposición
de
cas igos
ejempla es,
algo
que
ocu ió
muy
pocas
eces,
siendo
los
ejemplos
más
conocidos
los
de
Alhama,
en
1482,
y,
sob e
odo,
Málaga,
en
1487.
Ambas
ciudades
naza íes
se
opusie on
enazmen e
a
los
c is ianos
y
no
acep a on
ningún
ipo
de
pac os,
po
lo
que
sus
habi an es
ue on
educidos
a
la
escla i ud
y
asladados
a
o os
luga es
del
eino
de
Cas-
264
ISABEL
MONTES
ROMERO-CAMACHO
illa.
Conocemos
de alladamen e
el
caso
de Málaga,
cuya
du a
esis encia
deci
dió a
los
mona cas
a
impone
a
sus
poblado es
un
cas igo
ejempla :
la
en ada
en
cau i e io
de
odos
sus
habi an es,
po
lo
que,
según
los
da os
que
enemos,
el
núme o
de
cau i os
malagueños
pudo
llega
a
once
mil,
a
los
cuales
se
obli
gó
a
paga
un
impo an e
esca e
pa a
consegui
su
libe ación.
An e
la
imposi
bilidad
de
hace
en e
a
an
cuan iosa
indemnización,
más
de
seis
mil
cau i os
malagueños
ue on
dis ibuidos,
como
ehenes,
po
los
einos
de
Có doba
y
Se
illa
(M.Á.
Lade o,
1967,
1969).
Po
el
con a io,
las
capi ulaciones
no
sólo
ga an izaban
la
libe ad
pe
sonal
de
los
musulmanes,
sino
el
man enimien o
de
los
p incipales
asgos
ca
ac e ís icos
de
la
ci ilización
islámica,
como
su
es uc u a
social,
sus
ins i
uciones,
su
eligión
y
su
cul u a,
po
lo
que,
como
con apa ida,
en
esencia,
los
mudeja es
sólo
es aban
obligados
a
econoce
a
los
c is ianos
como
sus
do
minado es,
desde
el
pun o
de
is a
mili a
y
polí ico.
E iden emen e,
es os
e an
los
asgos
esenciales
de
las
capi ulaciones,
pe o
den o
de
ellas,
ambién
exis
ía
una
di e sidad,
según
uesen
menos
o
más
a o ables
las
condiciones,
so
b e
odo
económicas,
que
se
o ecían
a
los
encidos.
Así,
en
gene al,
pode
mos
deci
que
las
p ime as
capi ulaciones
ue on
las
más
du as,
ya
que
el
sis ema,
con
los
años
y
según
a anzaba
la
conquis a
del
eino
de
G anada,
se
i ía
haciendo
cada
ez
más
gene oso
(M.Á.
Lade o,
1969, 1989,
M.
Acien,
1991).
Teniendo
en
cuen a
es a
p emisa,
M.Á.
Lade o
ha
podido
es ablece
es
i
pos
de
capi ulación:
el
u ilizado
en e
1484 y
1487,
en
el
occiden e
del
eino
de
G anada,
el
más
du o
y
g a oso
de
odos;
el
o o gado
en
1488
y
1489,
en
la
zona
o ien al,
cuyas
condiciones
se
ue on
sua izando,
y,
inalmen e,
el
impues o
úni
camen e
a
G anada
y La
Alpuja a,
en
1491,
donde
los
eyes
demues an una
ex
ao dina ia
magnanimidad
(M.Á.
Lade o,
1967,
1969,
1993).
En
cuan o
al
o denamien o
ju ídico
y
eligioso,
las
capi ulaciones
econocí
an,
en
p incipio,
a
las
an iguas
au o idades
judiciales
y
eligiosas
musulmanas,
así
como
a sus
ins i uciones
adicionales,
caso
de
los
alguaciles
y
o os
o icia
les
de
la
adminis ación
local,
que
esul aban
insus i uibles
pa a
ga an iza
el
buen
uncionamien o
de
las
nue as
comunidades
mudeja es.
Po
lo
que
se
e ie e
a
la
es uc u a
económica,
los
mudeja es
g anadinos
ob u ie on plena
libe ad
de
come cio,
incluido
con
Á ica,
lo
que
les
equipa
aba
a
los
c is ianos,
según
es ablecía
la
bula
o o gada
po
Inocencio
VIII,
en
1490,
así
como
la
ga an ía
de
que
se
les
paga ía
un
sala io
jus o
a
cambio
de
su
abajo
y
el
man enimien o
del
sis ema
ibu a io
de
época
naza í
(M.Á.
Lade
o,
1969).
En
de ini i a,
en
p incipio,
la
mayo
pa e
de
los
musulmanes
g anadinos,
de
cidió
pe manece
en
sus
ie as,
acogiéndose
al
égimen
de
capi ulaciones,
que
si,
desde
luego,
no
ep esen aba
pa a
ellos
la
mejo
si uación,
al
menos
les
o e
cía
mayo
segu idad
de
supe i encia,
más
aún
cuando
an o
la
co ona,
como
los
nobles,
que
habían
ecibido
ex ensos
señónos
ju isdiccionales
e
impo an es
la
i undios,
e an
los
p ime os
in e esados
en
la
pe manencia
de
la
población
mu-
JUDÍOS
Y
MUDEJARES
265
deja ,
única
o ma
de
ga an iza
una
mano
de
ob a
di ícilmen e
eemplazable,
so
b e
odo
en
lo
que
se
e ie e
a
las
egiones
de
mon añas,
a
las
explo adas
median e
cul i os
que
podían
come cializa se
con
acilidad
y
a
las
ese adas
a
la
c ía
del
gusano
de
seda.
En e
los
musulmanes
g anadinos
que
se
queda on,
hay
que
des aca
la
mino ía
de
mudeja es
que
se
con i ie on
en
colabo ado es
de
los
pode es
c is
ianos,
con
el
in
de
hace
posible
la
con i encia
en e
ambas
ci ilizaciones
o,
simplemen e,
buscando
su
p opio
p o echo,
po
más
que
la
g an
mayo ía
de
ellos
siguió
iel
a
su
eligión,
aunque,
po
egla
gene al,
no
se
opusie on
a
que
sus
descendien es
se
con i ie an
al
c is ianismo.
En e
o os,
podemos
ci a
al
amoso
cadí
Ali
Do dux
de
Málaga,
enca gado
de
negocia
con
la
co ona
el
esca e
de
sus
co eligiona ios
malagueños,
a
Muley
Abdili
(El-Zagal),
hijo
del
ey
de
G anada
Cidi
Cad
(Sa'd)
y,
a
su
ez,
ey
de
Guadix,
con e ido
en
asallo
de
los
Reyes
Ca ólicos,
jun o
con
algunos
de
sus
co esanos,
en
di
ciemb e
de
1489,
o
a
Yahya
al-NaAyyá ,
caudillo
de
Baza y
Alme ía,
que
pe
enecía
a
la
amilia
eal
g anadina
y
que,
una
ez
bau izado,
pasa ía
a
o ma
pa e
de
la
nobleza
cas ellana,
siendo
el
undado
del
linaje
de
los
ma queses
de
Campo éja
(M.Á.
Lade o,
1969, 1992,
1993,
C.
Pescado
del
Hoyo,
1987,
M.
Espina
y
J.
G ima,
1987,
Á.
Galán,
1988,
1992,
Ga cía
Lujan,
J.A.,
2002,
Ga cía
Lujan,
J.A.
y
R.V.
Blázquez
Ruz,
2002,
Salamanca
López,
M.J.
y
R.V
Blázquez
Ruz,
2002).
Po
an o,
la
polí ica
de
los
mona cas,
en
un
p ime
momen o,
ue
con a
con
la
colabo ación
de
alguaciles,
al aquíes
y
pe sonajes
locales,
po
lo
que
so
lían
o o ga
los
p incipales
o icios
de
las
nue as
comunidades
musulmanas
a
indi iduos
no ables
y
icos,
bien
abundan es,
como
se
les
llama
en
los
docu
men os
de
la
época.
Así,
ue on
es os
pode osos,
los
mejo es
p epa ados
pa a
e
gi
las
aljamas,
quienes,
du an e
la
época
de
las
con e siones,
en 1500
y
1501,
se ían
magnánimamen e
ecompensados,
con
me cedes
y
ca gos,
después
de
e
cibi
el
bau ismo.
P on o
empeza on
las
p ime as
mani es aciones
de
descon en o,
que
se
po
encia ían,
cada
ez
más,
a
causa
del
aumen o
del
núme o
de
poblado es
c is ianos
y
de
la
c ecien e
alla
ideológica
y
cul u al
que
se
ab ió
en e
musulmanes
y
c is ianos.
Ya
en
1492,
se
ienen
no icias
de
que
bandole os
mudeja es,
llama
dos
mon ies,
a acaban
la
poblaciones
se anas
(B.
Vincen ,
1974,
1987).
De
la
misma
mane a,
los
a aques
cos e os
de
los
pi a as
no ea icanos
e an
ambién
no males,
consiguiendo
muchas
eces
el
apoyo
de
los
mudeja es
g anadinos,
po
más
que
oda
la
igilancia
de
la
cos a
se
su agaba
g acias
a
una
con ibu
ción
especial
o
a da,
que
e a
pagada
po
ellos
(A.
Gami
Sando al,1988;
M.Á.
Lade o
Quesada,
1993,
J.E.
López
de
Coca,
1975).
Es
cie o
que
el
p ime
a zobispo
de
G anada,
ay
He nando
de
Tala e a,
ha
bía
enido
especial
empeño
en
hace
posible
la
compa ibilidad
de
la
misión
ca
ólica,
con
el
espe o
a
los
mudeja es,
po
lo
que,
has a
1499,
no
se
eje ció
nin
gún
ipo
de
p esión
sob e
los
musulmanes
g anadinos.
De
es a
mane a,
an o
su
condición
judeocon e sa,
como
su
o mación
de
aile
Je ónimo,
le
inclinaban
272
ISABEL
MONTES
ROMERO-CAMACHO
Galán
SÁNCHEZ,
A.
(1988),«Pode
c is iano
y
«colabo acionismo»
mudeja
en
el ei
no
de
G anada:
1485-1501»,
en
Es udios
sob e
Málaga
y
el
eino
de
G anada
en
el
V
Cen ena io
de
la
Conquis a,
ed.
José
En ique
LÓPEZ
DE
Coca
Cas añe ,
Má
laga,
271-289.
—
(1991),
Los
mudeja es
del
Reino
de
G anada,
Uni e sidad
de
G anada.
—
(2002),
«Las
con e siones
al
C is ianismo
de
los
musulmanes
de
la
Co ona
de
Cas
illa:
una
isión
eológico-poli ica»,
VIH
Simposio
In e nacional
de
Mudeja ismo:
De
mudeja es
a
mo iscos:
una
con e sión
o zada,
Te uel,
II,
617-660.
GAMIR
SANDOVAL,
A.
(1988),
O ganización
de
la
de ensa
de
la
cos a
del
eino
de
G a
nada
desde su
econquis a
has a
inales
del
siglo
XVI,
G anada
(2.a
ed.).
Ga cía
A enal,
M.
(1995),
«El
hundimien o
del
conlle a se:
la
Cas illa
de
las
es
cul u as.
I:
Mino ías
eligiosas»,
His o ia
de
una
cul u a.
Las
Cas illas
que
no
ue
on,
A,
Ga cía
Simón,
ed.,
Valladolid,
ol.
III,
9-53.
Ga cía
Lujan,
J.
A.
(2002),
«Don
Ped o
de
G anada
Vcnegas,
I
Ma qués
de
Campo é-
ja
(1643),
de
Campo
Rey
y
Vizconde
de
Mi a alles
(1632)»,
VIII
Simposio
In e
nacional
de
Mudeja ismo:
De
mudeja es
a
mo iscos:
una
con e sión
o zada,
Te
uel,
II,
721-732.
Ga cía
Lujan,
J.
A.
y
R.
V.
Bláquez
Ruz
(2002),
«Don
Fe nando
Muley
de
Fez.
Una
in o mación
genealógica
(1596)
del
linaje
G anada
Venegas»,
VIII
Simposio
In e
nacional
de
Mudeja ismo:
De
mudeja es a
mo iscos:
una
con e sión
o zada,
Te
uel,
II,
733-741.
GÓMEZ
RENAU,
M.
(1993),
Comunidades
ma ginadas
en
Valladolid:
mudeja es
y
mo
iscos
(siglos
XVy
XVI),
Valladolid.
González
Jiménez,
M.
e
I.
Mon es
Rome o-Camacho
(2003),
«Los
mudeja es an
daluces
(Siglos
XHl-x ).
Ap oximación
al
es ado
de
la
cues ión
y
p opues a
de
un
modelo
eó ico»,
Re is a
d'His ó ia
Medie al,
12
(2001-2002),
Valencia,
47-77.
GOZALBES
BUSTO,
G.
(1988),
Al-Manda i.
el
g anadino,
undado
de
Te uán,
G ana
da.
Ha ey,
L.
P.
(1990),
Islamic
Spain,
1250
o
1500.
Chicago.
HlNOJOSA
MONTALVO,
J.
(2002),
Los
mudeja es.
La
oz
del
Islam
en
la
España
c is ia
na,
Te uel,
2
ols.
KEDAR,
B.
Z.
(1984),
C usade
and
Mission.
Eu opean
App oaches
owa d
he
Muslims,
P ince on.
LADERO
QUESADA,
M.
A.(1967),
Cas illa
y
la
conquis a
del
Reino
de
G anada,
Valla
dolid.
—
(1967),
«La
escla i ud
po
gue a
a
inales
del
siglo
XV:
el
caso
de
Málaga»,
His-
pania,
105,63-88.
—
(1969),
Los
mudeja es
de
Cas illa
en
iempo
de
Isabel
I,
Valladolid.
—
(1972-1973),
«Da os
demog á icos
sob e
los
musulmanes
de
G anada
y
Cas illa
en
el
siglo
XV»,
Anua io
de
Es udios
Medie ales,
8,
481-490.
—
(1989),
G anada,
his o ia
de
un
país
islámico
1232-1571),
G anada
(3.a
ed.
co e
gida
y
ampliada).
—
(1989),
Los
mudeja es
de
Cas illa
y
o os
es udios
de
His o ia
medie al
andaluza,
G anada.
—
(1989),
«Nóminas
de
con e sos
g anadinos:
1499-1500»,
en
Los
mudeja es
de
Cas
illa
y
o os
es udios
de
his o ia
medie al
andaluza.
G anada,
133-168.
—
(1992),
«La
popula ion
mudéja e,
é a
de
la
ques ion
e
documen a ion
ch é ienne
en
Cas ille»,
en
Mino i és eligieuses..., 3 -l42.
JUDÍOS
Y
MUDEJARES
273
—
(1992),
«Mudeja es
y
epoblado es
en
el
Reino
de
G anada
(1485-1501)»,
Cua
de nos
de
His o ia
Mode na,
13,47-71.
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(1993),
G anada
después
de
¡a
conquis a.
Repoblado es
y
mudeja es,
G anada.
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ealidad
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baja
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Los
seño es
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de
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Simposio
In
e nacional
de
Mudeja ismo:
De
mudeja es
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mo iscos:
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con e sión
o zada,
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en
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al
XV,
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y
el
Mag eb:
la
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andalusí:
1485-1516)»,
en
Relacio
nes
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ibé ica
con
el
Mag eb
(siglos
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El
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de
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la
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e
ma ginaux
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la
F ance
me idionale
e
la
Peninsule
Ibé ique,
Bo -
deaux,129-141.
—
(1998),
«Les
' ieux
mudéja s'
de
Cas ille
ace
á
la
jus ice
des
Rois
Ca holiques,selon
les
sen ences
exécu oi es
de
la
Chacelle ie
de
Valladolid
(1486-1502)»,
Ponencias
IV
Cong eso
In e nacional
de
Ci ilización
Andalusí.
Homenaje
al
ilus e
a abis a
D.
Emilio
Ga cía
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El
Cai o,
27-40.
—
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«Á
p opos
d'Ab ahen
Xa a i:
les
alcaldes
mayo es
de
los
mo os
de
Cas i
lle
au
emps
des
Rois
Ca holiques»,
VII
Simposio
In e nacional
de
Mudeja ismo,
Te
uel,
175-184.
—
(2000),
«Les
sou ces
ch é iennes
su
Phis oi e
des
'musulmans
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dans
la
Pé-
ninsule
Ibé ique
médié ale»,
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de
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de
la
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VIII
Simposio
In e nacional
de
Mudeja ismo:
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con e sión
o zada,
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/¡¡Jo nadas
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de
His o ia
Medie al:
La
Península
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la
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siglo
XVII»,
VIII
Simposio
In e nacional
de
Mu
deja ismo:
De
mudeja es
a
mo iscos:
una
con e sión
o zada,
Te uel,
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S udia
His ó ica,
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—
(1999),
«Los
mo iscos
de
la
Co ona
de
Cas illa:
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Simposio
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de
Mudeja ismo,
Te uel,
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mayo
de
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—
(1984),
«Los
mudeja es
mu cianos
en
la
Edad
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III
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de
Mudeja ismo,
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Ga cía,
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(1993),
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y
mo os
an e
la
jus icia
de
los
Reyes
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Ca as
ejecu o ias
de
la
Real
Chancille ia
de
Valladolid
(1476-1495)»,
P o
yección
his ó ica
de
España
en
sus
es
cul u as,
Valladolid,
I,
337-367.
Vincen ,
B.
(!974)
y
(1987),
«Les
bandi s
mo isques
en
Andalousie
au
XVIe
siécle»,
en
Re ue
d'His oi e
Mode ne
e
Con empo aine
(1974),
389-400
y
en
Mino ías
y
ma ginados
en
la
España
del
siglo
XVI,
G anada,
1987,
173-198.
—
(1984),«Economía
y
sociedad
en
el
eino
de
G anada
en
el
siglo
x i»,
en
An onio
Domínguez
O íz
y
Be aa d
Vincen ,
His o ia
de
los
mo iscos.
Vida
y
agedia
de
una
mino ía,
Mad id
(2.a
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—
(1985),
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en
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Edad
Mode na.
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G anada.