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La lentitud del intersticio: evasión y temporalidad en la narrativa en español del siglo XXI

Cano Vidal, Borja

Abstract

Este artículo analiza textos de María Sonia Cristoff, Federico Falco, Cynthia Rimsky y Remedios Zafra a partir de la noción de intersticio y su configuración como dispositivo de resistencia a la velocidad imperante en la urbe contemporánea. Desde este planteamiento, se explora la composición narrativa de refugios que, incluso inmersos en el entramado de la ciudad, generan un ritmo lento, apostando por el instante como base para articular otros tiempos. Asimismo, se atenderá a sus características formales, como la inserción de documentos e imágenes que ralentizan la experiencia de lectura, el vínculo entre lenguaje y paisaje o el hibridismo genérico.

Full text

Cuadernos LIRICO Revista de la red interuniversitaria de estudios sobre las literaturas rioplatenses contemporáneas en Francia 29 | 2025 Resistencias temporales: escritura y lentitud en la literatura en español del siglo XXI La lentitud del intersticio: evasión y temporalidad en la narrativa en español del siglo XXI La lenteur de l'interstice : évasion et temporalité dans le récit hispanique du XXIe siècle The slowness of the interstice: evasion and temporality in 21st century Hispanic narrative Borja Cano Vidal Electronic version URL: https://journals.openedition.org/lirico/17813 DOI: 10.4000/13di9 ISSN: 2262-8339 Publisher Réseau interuniversitaire d'étude des littératures contemporaines du Río de la Plata Provided by Universidad de Sevilla Electronic reference Borja Cano Vidal, “La lentitud del intersticio: evasión y temporalidad en la narrativa en español del siglo XXI”, Cuadernos LIRICO [Online], 29|2025, Online since 17 February 2025, connection on 04 June 2025. URL: http://journals.openedition.org/lirico/17813 ; DOI: https://doi.org/10.4000/13di9 This text was automatically generated on March 2, 2025. The text only may be used under licence CC BY-NC-ND 4.0. All other elements (illustrations, imported files) are “All rights reserved”, unless otherwise stated. La lentitud del intersticio: evasión y temporalidad en la narrativa en español del siglo XXI La lenteur de l'interstice : évasion et temporalité dans le récit hispanique du XXIe siècle The slowness of the interstice: evasion and temporality in 21st century Hispanic narrative Borja Cano Vidal  El tránsito de las tortugas. Preliminares 1 En su Libro de los Pasajes, Walter Benjamin comenta que en el París de 1839 “resultaba elegante pasear llevando una tortuga” (2005: 427). Aunque como recalca Graciela Speranza no existen evidencias de que este dato sea verídico (2017: 211), lo cierto es que refleja con precisión el carácter del flâneur en la urbe decimonónica que, incipientemente, comenzaba a sufrir su aceleración: frente al tránsito veloz, el caminante se acompaña de una tortuga a fin de acompasar su trayecto al símbolo, por excelencia, de la lentitud. A este respecto, Speranza destaca la performance “Timeless Alex” llevada a cabo en 2015 por el artista Eduardo Navarro en Nueva York (2017: 212-215), en la que, enfundado en un traje de tortuga diseñado por él mismo, se desplazó en una terraza neoyorkina al mismo ritmo que el animal. Este gesto inserta, en el espacio urbano, una temporalidad no humana, ajena al acelerado sistema que cronometra la ciudad. En una entrevista, el artista revela la importancia que para él revestía la posibilidad de mostrar “cómo a través de la tortuga se puede escapar a esa especie de conceptualización de lo que es el tiempo humano” (Authier, 2017). Esta performance, entonces, constituye una práctica de apropiación, pues ejerce una temporalidad opuesta a la de una megalópolis como Nueva York, exhibiendo la necesaria búsqueda de umbrales en los que poder habitar. La lentitud del intersticio: evasión y temporalidad en la narrativa en españo... Cuadernos LIRICO, 29 | 2025 1 2 De este modo, la estandarización temporal fijada a partir de finales del siglo XIX (García Valencia, 2007; Redondi, 2010) incidió no solo en los ritmos y experiencias del tiempo, sino también en el espacio urbano, pues la instalación de los medios de transporte en la vida cotidiana marcó las pautas y ritmos del movimiento en la ciudad, establecido por horas de salida y horas de llegada que homogeneizaron la distinción entre transeúntes e inhibieron la libertad de elección del trayecto. Así lo refrendó Georg Simmel hace ya más de un siglo, cuando en su célebre ensayo The Metropolis and Mental Life (1976) subrayaba la inmersión de la velocidad en la sociedad y en la ciudad moderna, a lo que acompañaría, años después, el automatismo que la máquina produjo en el individuo contemporáneo y la profunda transformación de los imaginarios de la temporalidad. En esta dirección, Jonathan Crary ha incidido en cómo la temporalidad 24/7 se ha apropiado de las ciudades, pues cada vez son más los espacios abiertos las veinticuatro horas del día (2015: 15), revelando así la permanente disponibilidad de las ciudades que, como antaño se elogiara de algunas metrópolis, nunca duermen. 3 Las dinámicas presentes en la experiencia temporal de la ciudad contemporánea, desde este planteamiento, obligan a la permanencia en un tránsito perpetuo. Resta preguntarse, en este sentido, por la posibilidad de hallar un lugar propio que permita gestar no solo un espacio, sino también un tiempo que, en ambos casos, resulte propio y, sobre todo, ralentizado. El imaginario de un enclave desde el que desacelerar el ritmo determina el objetivo del presente trabajo, que se centra en el análisis de algunos textos recientes firmados por nombres como María Sonia Cristoff, Federico Falco, Cynthia Rimsky o Remedios Zafra. En ellos, sus personajes se ubican en territorios desde los que persiguen la búsqueda de un hiato en su experiencia espaciotemporal en la urbe contemporánea, resistiendo así desde su particular y lento intersticio. Así pues, estas escrituras sugieren la posibilidad de una salvación a partir de enclaves insertos en el entramado social de la ciudad, desde los que abren un hueco a fin de ofrecer una alternativa a la desmedida aceleración de nuestros días1.  Buscar el intersticio. Contratiempos en la ciudad contemporánea 4 La saturación de imágenes generada en las grandes ciudades conduce al borrado de su vivencia temporal, pues su consumo las despersonaliza y espectaculariza debido a su aceleración y homogeneización, concluyendo así en una crisis de sentido de la experiencia urbana. En este sentido, Jean-Luc Nancy comentaba en La ciudad a lo lejos cómo la ciudad “despliega una fenomenología foronómica y cronofotográfica, del pasaje y el transeúnte […]. Los rostros no dejan de apresurarse, apretados y atareados, ofrecidos furtivamente en una movilidad iracunda” (2013: 47). Debido al frenesí de sus ritmos, el espacio urbano difumina los rostros que en él surgen y desaparecen de manera intermitente, inhibiendo cualquier vínculo posible. A ello se ha referido, igualmente, Juan Gallego Benot en su reciente ensayo La ciudad sin imágenes (2023), donde aborda la imposibilidad de la mirada para reconocer al otro en la urbe contemporánea, así como la reiterada y continua transformación que, como laberinto, ofrece. Así pues, hoy caminamos “sin ver, sin contemplar, sin abandonarse al paseo; se marcha sin dejarse interpelar –interrumpir– por el pasaje, por lo visto y todo lo que surge» (2022: 11)2. La lentitud del intersticio: evasión y temporalidad en la narrativa en españo... Cuadernos LIRICO, 29 | 2025 2 5 Al respecto de estas consideraciones, Paul Virilio apunta al “régimen cronopolítico” (2006) para designar el control por parte de las instancias de poder de nuestro tránsito urbano, refiriéndose a la masa de desempleados y obreros desocupados de la ciudad de París, que define como “una red de trayectorias, una serie de calles y avenidas donde la mayoría de las veces dan vueltas, sin objetivo, sin rumbo fijo, bajo los efectos de una represión policial encargada de controlar su vagabundeo” (2006: 13). De ello parece ser igualmente consciente Michel Maffesoli, quien apunta la posibilidad, sin embargo, de “la pequeña utopía vivida día con día, sin preocupaciones por las grandes Utopías proyectivas” (2007: 73), pues el presentismo imperante imposibilita la génesis de una aspiración mayor. Defiende, pues, “las pequeñas utopías intersticiales que permiten persistir en el otro” (2007: 237), señalando así la sociabilidad como lugar fundador de un espacio de vida en el que nombrarnos y dotarnos de imagen. 6 Frente al carácter fantasmagórico de la vida urbana contemporánea y la desesperanza producida por los proyectos utópicos inconclusos del mundo moderno, Félix Guattari destaca el desempeño de “las iniciativas microscópicas como las comunidades” (2017: 35) en la posible recuperación de un halo de esperanza de ámbito menor. En ello ha insistido igualmente Nicolas Bourriaud, quien desde el ámbito artístico defiende una creación desde la cotidianidad y la relación con otros, revelando la obra de arte, así, como un intersticio social, que define del siguiente modo: El intersticio es un espacio para las relaciones humanas que sugiere posibilidades de intercambio distintas de las vigentes en este sistema, integrado de manera más o menos armoniosa y abierta en el sistema global. Este es justamente el carácter de la exposición de arte contemporáneo en el campo del comercio de las representaciones: crear espacios libres, duraciones cuyo ritmo se contrapone al que impone la vida cotidiana, favorecer un intercambio humano diferente al de las “zonas de comunicación” impuestas (2006: 16). 7 En consonancia con estos planteamientos, Francisca Noguerol apunta la pervivencia de cierto espíritu utópico en textos latinoamericanos contemporáneos pese al imperante desencanto de nuestros días (2012). La investigadora resalta, de este modo, la emergencia de impulsos utópicos que contrarrestan ese desalentador panorama, pues el deseo de cambio “sigue vivo y se manifiesta con frecuencia en textos que denuncian los males de nuestra sociedad con críticas a las utopías tradicionales –antiutopías–, inversiones ficticias –distopías– o reales –contrautopías– del proyecto utópico” (2012: 55). De este propósito parten, pues, las páginas siguientes, que apuntan a la existencia en una serie de textos narrativos recientes en español de cierta aspiración utópica para hallar un amparo en medio del espacio urbano al que poder asirse y tomar como evasión ante el ritmo frenético de las ciudades.  Habitar el intersticio. De refugios, evasiones e islas urbanas 8 A fin de agrupar conceptualmente los nuevos regímenes espaciales que la crisis del cambio de siglo trajo consigo, Josefina Ludmer formula la noción de “isla urbana” como una “zona exterior/interior: como territorio adentro de la ciudad (y por ende de la sociedad) y a la vez afuera, en la división misma” (2010: 131). Sobre sus huéspedes, comenta que “parecen haber perdido la sociedad o algo que la representa en la forma de familia, clase, trabajo, razón y ley, y a veces de nación” (131). Ciertamente, la noción La lentitud del intersticio: evasión y temporalidad en la narrativa en españo... Cuadernos LIRICO, 29 | 2025 3 de Ludmer resultaría operativa en las lecturas de este trabajo, pues en todos los casos parecen presentar diferentes tipos de “islas urbanas”. Uno de estos territorios puede encontrarse en Despacio, de Remedios Zafra y, de forma más concreta, en el espacio del andén: un lugar fronterizo en el que la escritora sitúa el habitáculo propio de su protagonista, explicitando su conciencia de hallarse en tal intersticio: Aquí sentada y contando la espera en horas que ya son días, en cierta manera, podría decirles que estoy viviendo en la estación, aunque realmente lo que hago es esperar a que pase mi tren y entretanto vivo, o malvivo, en este lugar. No puedo volver a casa porque me he ido y esa sí ha sido mi decisión, pero tampoco sería exacto decir que esta es ahora mi casa. El andén es un territorio intermedio, una frontera, un estar en tránsito. Lo que sí sería correcto afirmar es que «me estoy marchando de Aquí», aunque aún no haya llegado a ninguna otra parte (2012: 26). De este modo, se produce una apropiación de entornos urbanos que, sin estar diseñados para tal fin ni revelar características asimilables a un espacio de refugio y salvación, los personajes resemantizan con tal de hallar su propio territorio. Estas islas urbanas resultan asemejables, igualmente, al concepto de “heterotopías” de Michel Foucault, a las que el filósofo se refiere como una serie de emplazamientos en los que el carácter utópico pudiera materializarse ubicándose en un espacio físico, pero en el límite de su misma exclusión del sistema; es decir: “una especie de utopías […] en las que los espacios reales […] están a un tiempo representados, impugnados o invertidos, una suerte de espacios que están fuera de todos los espacios, aunque no obstante sea posible su localización” (1997: 86). Desde este planteamiento, cabría calificar de heteropías, así como de islas urbanas, espacios como el andén en Despacio de Remedios Zafra, el tren en Ramal de Cynthia Rimsky, el zoológico en Desubicados de María Sonia Cristoff o la huerta de Zapiola en Los llanos de Federico Falco. Respecto a este último texto, resulta de interés recalcar el vínculo entre el paraje rural y la condición escritural del protagonista, pues además de salvación estos ámbitos del “entre” se revelan como motor de inspiración y libertad creativa. Así lo confiesa el narrador, quien relata cómo aquel espacio le concede la posibilidad de escoger libremente su propio tiempo frente a la experiencia homogeneizada del ritmo urbano: “El calendario y los planes (imaginar canteros, imaginar huertas, imaginar futuros, planificar y armar castillos) me distraen y la angustia pasa” (2020: 54). De hecho, y ante los múltiples intentos por recuperar su inspiración, finalmente acepta con serenidad la necesaria lentitud de todo proceso, asumiendo que no necesita trama, argumento u orden: “No hay que concluir nada a partir de la contemplación. Solo contemplar. No analizar. No sobrepensar” (2020: 194). En Los llanos, entonces, se retrata un espacio intersticial que trasciende la mera exaltación bucólica del paisaje rural, pues el refugio que concede al protagonista su nuevo hogar modifica sustancialmente sus ritmos temporales y su propia escritura. En esta misma dirección, la narradora de Despacio de Remedios Zafra, situada en un andén que espera a un tren que nunca llega, resalta la capacidad suscitada por el enclave para poder leer y escribir siguiendo un ritmo ajeno a la velocidad contemporánea: He de confesarles que, puesto que yo “he decidido” y solo me queda esperar, en esta peculiar situación que vivo como un interludio siento estar recuperando el tino lento necesario para volver a leer y escribir “despacio”. Por ello he decidido contarles lo que está pasando, hacerlo sin prisa, en los caracteres que sean necesarios, sin que la máquina decida. Quiero contarles cómo se ve el mundo de Aquí desde este andén donde no paran los trenes (2012: 26-27). La lentitud del intersticio: evasión y temporalidad en la narrativa en españo... Cuadernos LIRICO, 29 | 2025 4 9 Por otro lado, los intersticios lentos aquí referidos también muestran espacios que, por insólitos, alejados o desconocidos, captan la atención de quienes fijan en ellos la mirada, tal y como puede observarse en Ramal de Cynthia Rimsky. Así, uno de los personajes principales de la trama, que viene de afuera, se muestra interpelado por aquellos territorios que la industrialización ferroviaria eliminó de los mapas, donde necesariamente se produce una temporalidad alternativa: Los textos que leyó acerca del ramal omiten la orilla del río por la que no pasa el tren. Mientras de este lado las casas están ubicadas junto a la línea, en la orilla opuesta no se distinguen casas, tal vez porque no hay línea. […] Al que viene de fuera le parece que el lado sombrío por el que no pasa el tren, la sinuosa playa de arena negra, los troncos varados por la crecida, las colinas sembradas de trigo, los manchones oscuros de los bosques de pinos, tienen un misterio que el lado iluminado por el sol, la playa, los troncos, las colinas, los bosques, no tiene (2011: 55). 10 En Despacio de Zafra puede encontrarse un procedimiento similar, pues los habitantes del Aquí contemplan siempre desde la incertidumbre y la extrañeza el territorio de Allí: “Pensarán, sin embargo, los que viven en ese lugar que está a varios kilómetros de Aquí, que esa tierra no es un horizonte, sino que es la periferia de su ciudad” (2012: 176). De este modo, la arquitectura temporal del espacio limita no solo nuestra experiencia espaciotemporal, sino el conocimiento de nuestros propios límites. Al hilo de este planteamiento, cabe recordar la noción de “ritmoanálisis” de Henri Lefebvre (2007), con la que enfatizaba el desfase temporal que produce el quiebre entre el ritmo natural o biológico y el impuesto por la vida contemporánea. En el caso de estas escrituras, sus personajes se muestran fatigados por los ritmos y experiencias que les impone la temporalidad de la urbe. Uno de los casos más visibles puede apreciarse en Desubicados de Cristoff: la protagonista sufre de insomnio crónico, lo que le lleva a dormir en cualquier lugar: “Últimamente duermo cuando y donde puedo: veinticinco minutos en un viaje en subte; hora y cuarto en un colectivo; cuarenta minutos en la mesa esquinera de un bar” (2006: 9). De igual forma, se ve en la obligación de instalar en el espacio de trabajo un provisional lugar de descanso: “La única posibilidad que nos quedaba era recurrir al sofá cama que estaba en mi escritorio. Pasé entonces a dormir también en el lugar en el que pasaba todo el día trabajando” (2006: 10). 11 En esta misma dirección, en Los llanos el protagonista insiste en el cambio de ritmo en función del espacio en el que se halle: “En la ciudad se pierde la noción de las horas del día, del paso del tiempo. En el campo es imposible” (2020: 13). La imposición cronológica de la ciudad sobre el personaje contrasta, entonces, con la libertad que le concede la vida en la naturaleza, tal y como se aprecia cuando recuerda las siestas de su infancia en la casa de campo de sus abuelos, que suponían para él un refugio íntimo: “El placer de no hacer nada, penumbra en la siesta, leer tirado en el piso, la espalda desnuda sobre las baldosas frías” (2020: 29). Esa falta de luz asociada a la temporalidad de la siesta es señalada, también, por Miguel Ángel Hernández en El don de la siesta. Notas sobre la casa, el cuerpo y el tiempo, quien defiende la necesidad de espacios sombríos a modo de asidero ante “el brillo de la sobreexposición” (2020: 64) del mundo contemporáneo. No en vano, el narrador del texto de Federico Falco, al describir su nueva vida en el campo alude reiteradamente al silencio y la quietud como un refugio.  La lentitud del intersticio: evasión y temporalidad en la narrativa en españo... Cuadernos LIRICO, 29 | 2025 5 Leer el intersticio. De hibridismo, morosidad y escritura 12 Los textos referidos en estas páginas ejercitan un montaje de distintos discursos, géneros o formatos, así como de fotografías, archivos u otro tipo de documentos que, en muchos casos, relegan la trama narrativa en favor del hibridismo y, en última instancia, ralentizan la experiencia de lectura. La introducción de materiales ajenos al estatuto estrictamente literario, además de fragmentar la base narrativa del texto y su linealidad, generan un efecto digresivo que guarda una relación directa con el sentido de su temporalidad. Sucede así, por ejemplo, en Despacio, de Remedios Zafra, que incorpora mapas, carteles, fotografías u otro tipo de imágenes que no solo propician el imaginario psicogeográfico de la narradora y el entorno que describe, sino que quiebra y dilata su relato produciendo una morosidad que expande el acto de lectura. En este mismo sentido, Los llanos de Federico Falco desarrolla una estructura en segmentos a partir del calendario de siembra, que vehicula la narración a partir de los éxitos o fracasos horticulturales del protagonista. Asimismo, los ritmos naturales del día ─amanecer, atardecer o anochecer─ moldean la trama, en oposición al devenir urbano que ignora los ciclos cosmológicos del tiempo. 13 En el caso de Ramal de Cynthia Rimsky, por otra parte, se advierte una operación similar, pues se incorporan imágenes realizadas por la propia autora durante su viaje a través del ramal de Chile. Estas sirven para captar un instante, por lo general en conexión con la narración, que amplían la duración de la trama y la ralentizan. La mayoría de ellas representan una mirada sobre el territorio solo plasmable a partir de este aparato visual, como es el caso de las imágenes realizadas a través de las ventanas del tren. Se trata, pues, de un efecto de digresión, pues el momento de la fotografía expande el efecto temporal de lectura. La experiencia del viaje en tren, de esta forma, desestabiliza la certeza visual y “desdibuja el exterior mediante la velocidad del tren, las trizaduras en el vidrio y la dispersión de los objetos que el lente atrapa” (Viu, 2014: 111)3, haciendo que la fotografía no resulte un mero anexo, sino una intervención. 14 Pero en Ramal, además, el registro documental se incorpora al texto literario con el propósito de revelar las nefastas consecuencias que sufrió el desmantelamiento del sistema ferroviario en Chile y cómo aquellas vías del tren legaron al ostracismo a muchas zonas rurales. En esta línea, y situando el foco de su análisis en textos acerca de los desaparecidos en la Guerra Sucia argentina, Francisca Noguerol ha empleado en un trabajo reciente el término de “narradores traperos” (2022), en referencia a aquel que recoge los escombros o, lo que es lo mismo, quien revela un interés especial por un ejercicio de recuperación memorial. Entre sus rasgos más destacados, la investigadora comenta “la frecuente intercalación de imágenes otras (dibujos y fotografías intervenidos, borrosos, abocetados u olvidados” (14). Ciertamente, y en consonancia con otros de sus trabajos, la producción literaria de Rimsky conecta con gran parte de los presupuestos de esta narradora trapera4. 15 Así puede constatarse, también, en Desubicados de María Sonia Cristoff: un ejercicio debilitante de cualquier frontera entre la ficción y la no ficción a partir del empleo de documentación en consonancia con la propia trama narrativa. La protagonista desarrolla su investigación a la par que la propia autora, pues en sus caminatas errantes a través del zoológico, así como en los momentos en los que no lo habita, no cesa en su empeño de documentarse sobre tal enclave. Este procedimiento puede comprobarse, La lentitud del intersticio: evasión y temporalidad en la narrativa en españo... Cuadernos LIRICO, 29 | 2025 6 por ejemplo, tras descubrir con sorpresa los numerosos ruidos urbanos a los que se enfrentan los animales que allí residen: “No quiero imaginarme lo que debe ser para los animales convivir con este ruido. No quiero saber qué es de la vida de los ciervos ahora, que habitan un zoológico […] inmerso en el centro de Buenos Aires, una de las ciudades más ruidosas del mundo” (2006: 26-28). A partir de este asunto, Cristoff desarrolla una reflexión, no sin pocas referencias o documentos al respecto, en torno a la temática del ruido y los sonidos propios de los animales. Artículos científicos, experimentos o libros sirven a la protagonista para indagar sin otro fin que la interpelación que le provocan tales temas y que demoran el ejercicio de lectura y, por ende, de escritura. 16 Por otro lado, resulta igualmente de interés incidir en el vínculo entre lenguaje y paisaje que se establece en los textos analizados, pues el entorno y sus transformaciones espaciotemporales revelan una incidencia directa en las acciones y emociones de sus protagonistas, así como una modificación de los ritmos narrativos. Uno de los casos más significativos aparece en Los llanos de Federico Falco, pues el entorno que da título al libro significa para el protagonista no solo reflejo de su estado anímico, sino, también, refugio. El encuentro de un espacio que revela sus emociones, sin embargo, no es siempre amable, tal y como él mismo afirma: “El paisaje como espejo. En todo lo malo y en todo lo bueno” (2020: 75). En Lo inhumano. Charlas sobre el tiempo, Jean-François Lyotard señala, como condición para la existencia de un paisaje, el traslado subjetivo de una materia a otra, conservando en el trasvase su recuerdo: “El campo para el habitante de la ciudad, la ciudad para el agricultor. El destierro sería una condición del paisaje”5 (1998: 185-186). Así puede comprobarse en Los llanos, donde el narrador alude de forma reiterada a la hegemonía del paisaje sobre su espacio y emociones: “Aquí el paisaje predomina sobre todo, todo lo contamina, todo lo invade, todo es paisaje. […] Incluso sin abrir los ojos, incluso dormido, el círculo del horizonte alrededor nunca deja de sentirse” (2020: 40-41). 17 Ciertamente, el acto de mirar sufre una mutación a propósito del paisaje, tal y como enuncia el protagonista de Los llanos y como se ha podido comprobar a través de las fotografías que acompañan a Ramal de Cynthia Rimsky, pues en el texto de la chilena el narrador registra a través de ellas la contemplación de un paisaje desde la travesía en tren. De igual forma, cabe recordar que en Despacio de Remedios Zafra los habitantes de un lugar sueñan con alcanzar un mundo más allá y esperan en una estación de tren en la que contemplan un paisaje en movimiento del que, sin embargo, no logran formar parte. Esta retórica del paisaje, que en unos casos produce salvación y en otros convoca un tiempo inhóspito y alienante, conecta con las reflexiones de Jens Andermann a propósito del “despaisamiento”: proceso por el cual se anula la relación entre la obra de arte y su entorno ambiental en caso de que tal conexión no aboque a un sentido destructivo (2018: 216). Este hecho resulta especialmente visible en Los llanos, donde el protagonista experimenta una gran dificultad por contemplar el paisaje que habita, así como para aprender a hacerlo de nuevo, asediado, probablemente, por los veloces ritmos de la urbe que abandonó. 18 El ejercicio de nombrar y narrar el paisaje vinculado a la experiencia de la temporalidad aparece de manera recurrente en el texto de Falco, donde puede leerse: “Vivir el paisaje es una experiencia primitiva que no tiene nada que ver con el lenguaje. […] Vivo el paisaje con la vista, con la piel, con los oídos, pero no lo pongo en palabras” (2020: 80). El paisaje revela en Los llanos, de este modo, una relación directa no solo con el acto de nombrar, sino con la misma creación literaria6, pues su narrador persiste en el anhelo La lentitud del intersticio: evasión y temporalidad en la narrativa en españo... Cuadernos LIRICO, 29 | 2025 7 por recuperar las formas verbales y nominales que le permitan describir su entorno, pese a su incapacidad verbal por transmitir su experiencia tras un suceso traumático. Justamente la reivindicación de un lenguaje que revele la realidad sin artificios resulta acentuada por el ensayista Carlos Skliar, quien sostiene que “habría que volver a pensar en un lenguaje habitado por dentro y no apenas revestido por fuera” (2019: 93). En Los llanos, pues, lenguaje y paisaje forman una dialéctica en la que ambos buscan su esencia neta, alejada de artificios.  Coda intersticial 19 En Las ciudades invisibles, Italo Calvino describía la agrupación de una serie de enclaves bajo la denominación de “ciudades sutiles”, entre las que incluía el espacio de Octavia: una “ciudad telaraña” en la que se experimenta una menor incertidumbre y en la que sus habitantes resultan conscientes de los límites de su tránsito pese a su permanente estado de suspensión (2022: 89). La definición de esta ciudad imaginada por Calvino revela la posibilidad de sugerir, incluso dentro del mismo entorno urbano, umbrales en los que instalar un intersticio espacial y temporal. Desde una consideración similar, en las páginas precedentes se ha perseguido analizar, en algunos textos firmados por María Sonia Cristoff, Remedios Zafra, Cynthia Rimsky o Federico Falco, la configuración formal y temática de enclaves que, asumiendo su margen y su inestabilidad, apuestan por una experiencia temporal lenta, pausada y ralentizada, en oposición al vértigo, frenesí y velocidad que signan la ciudad contemporánea. El indudable impulso utópico de estos lineamientos –que no ignora los inconclusos proyectos teleológicos del mundo moderno─, centra sus esfuerzos, en definitiva, en la formulación de ciertos imaginarios de ámbito menor que, aún hoy, puedan ofrecer una alternativa lenta. BIBLIOGRAPHY Alcívar Bellolio, Daniela, “Travesía al silencio. Espacio, viaje y búsqueda del origen en Poste restante y Ramal de Cynthia Rimsky”, Badebec, nº3, vol.6, 2014, p. 22-44. Álvarez Méndez, Natalia, “Teoría del paisaje. La naturaleza en la narrativa española actual”, Tropelías. 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