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De la alegría purísima de no atinar. Tres primeras notas –mañana, tus besos, me definen para una subjetividad (po)ética en Salinas y Lévinas

Alonso Martos, Andrés

Abstract

Son tres -si acaso me definieran, en las mañanas, unos besos- las notas que de un hacer quizás amoroso versa el presente texto. Son tres -sí, sólo tres- esas notas desde E. Lévinas y P. Salinas. Son tres -pues sólo pueden ser tres- las notas tales porque nada podrá enturbiar la sociedad de dos en la que los amantes consisten: no el viaje de uno hacia otro; no, tampoco, el del otro hacia el uno; sí, más bien, el viraje de ambos dos hacia algo otro -ya tercero.

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1 Se hace uso de las siguientes abreviaturas: P. Salinas, La voz a ti debida (VD). E. Lévinas, Le temps et l’autre (TA), Totalité e infini (TI), Autrement qu’être ou au-delà de l’essence (AE), De l’existence à l’existant (DEE). Los números que siempre acompañan a VD se refieren a los poemas y los versos, respectivamente. THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 39, 2007. DE LA ALEGRÍA PURÍSIMA DE NO ATINAR. TRES PRIMERA NOTAS -MAÑANA, TUS BESO, ME DEFINENPARA UNA SUBJETIVIDAD (PO)ÉTICA EN P. SALINAS Y E. LÉVINAS Andres Alonso Martos. Universidad de Valencia/ UNED1 Resumen. Son tres nsi acaso me definieran, en las mañanas, unos besosn las notas que de un hacer quizás amoroso versa el presente texto. Son tres nsí, sólo tresn esas notas desde E. Lévinas y P. Salinas. Son tres npues sólo pueden ser tresn las notas tales porque nada podrá enturbiar la sociedad de dos en la que los amantes consisten: no el viaje de uno hacia otro; no, tampoco, el del otro hacia el uno; sí, más bien, el viraje de ambos dos hacia algo otro nya tercero. Abstract. Three are nshould I be for a chance defined, at mornings, by some kissesn the notes that on a perhaps-loving-proceedings deals the present text. Three are nyes, only threen these notes from E. Lévinas and P. Salinas. Three are nthey can only be threen such notes because nothing could disturb the two-members-society in which lovers consist: not the voyage from one to the other; not from other to the one ones; but rather the turn of both into something other nalready third. 1. «Pero de pronto tú/ dijiste: “Yo, mañana...”» (VD 7: 208-209) «Mañana», dice Salinas: la palabra va sola, sin que se le añada nada más, sin que más nada se le pueda adherir y sin que se la pueda asir n«”Mañana”. La palabra/ iba suelta, vacante,/ ingrávida, en el aire» (Ibíd.: 201-203)n porque hacerlo implica estar en ese mañana que nunca llega y que siempre escapa y porque además nada que se le adjunte a esa palabra puede clarificar su significado, como si la palabra fuera autosuficiente, como si decir junto con el «mañana» un «esto o aquello» provocara que ese mañana nsiempre por venirn dejara de ser mañana para ser otra cosa que, por no ser mañana sino tal vez hoy, no es en verdad otra cosa y sí lo de aquí, mas no, escapa, por eso la tengo que dejar «pasar por mi lado,/ en mi hoy» (Ibíd.: 206-207), la tengo que tener separada de mí, pues este «mi hoy» no da cuenta de esa coma n«lo patético de la voluptuosidad reside en el hecho de ser dos [TA: 78], simultáneamente fusión y distinción» (TI: 302)n que me abre al misterio, coma que esa persona amada (me) pone al decirme «Yo, mañana...», coma que me hace un ser separado absolutamente, por lo que este ser que resulto ser yo sufre del mal de la finitud o el mal de la asunción que yo, como tu amante, «no puedo darte más. No soy más que lo que soy» (VD 23: 857-858), que yo, como amado, he de decir que tu «gran obra de amor/ era dejarme solo» (Ibíd. 47: 1697-1698), sin olvidar que esos puntos suspensivos n«Yo, mañana...»n hacen además que el «mañana» mire hacia lo incompletado de la frase más ny antesn que hacia el origen, saliéndose del sintagma, origen vertiéndose en un mañana que me hace amar nmañanan sin tocar nhoyn porque «sí, por detrás de las gentes/ te busco./ No en tu nombre, si lo dicen,/ no en tu imagen, si la pintan./ Detrás, detrás, más allá» (Ibíd. 3: 78-82), porque tú eres ese más allá que no sólo escapa de todo aquel que quiera poseerte, sino que tú eres tu propio más allá, porque mira que incluso «por detrás de ti te busco» (Ibíd.: 83) y no te hallo, lo cual me hace un ser al que «también detrás, más atrás/ de mí te busco» (Ibíd.: 87-88) y al que le gustaría, como tú, «vivir ya detrás de todo,/ al otro lado de todo/ –por encontrarte» (Ibíd.: 98-100), con esa extrañeza tuya que te hace estar ausente, pero con una ausencia diferente de la mera nada (TI: 288) o una ausencia que podría llamar «pudor», tal que fueras pura virginidad o pura transcendencia (Ibíd.: 286-287); y sin embargo el «Yo» y el «mañana» del «Yo, mañana...» van 370 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 en la misma frase, sin poder renunciar pese a todo a despertarse y a tocar aquello que se enuncia y anuncia en la mañana, poder, sí, estirarme, llegar hasta ti y «ser/ la materia que te gusta,/ que tocas todos los días» (VD 23: 876-878) sin por ello quebrantar tus espacios porque «el otro no es un ser con quien nos enfrentamos, que nos amenaza o que quiere dominarnos. El hecho de que sea refractario a nuestro poder no representa un poder superior al nuestro. Todo su poder consiste en su alteridad» (TA: 80), llegar como «afán/ para no separarme de ti,/ por tu belleza» (VD 22: 831-833) con la pretensión de «haber llegado yo/ al centro puro, inmóvil, de ti misma» (Ibíd.: 851-852) aun sabiendo que mi deseo de ti se alimenta de su propia hambre y no de los alimentos de tu cuerpo (TI: 287), pues tu alteridad es estricta, por lo que sé que, a pesar de que este traerte hacia aquí es para mí una necesidad en la que me va la vida debido a que tú eres «tan de verdad,/ que parecía mentira» (VD 5: 143-144), a pesar de que ante tal tu excedencia no cabe sino responder a esta tu presencia con un siempre hamletiano «no;/ tengo que vivirlo dentro,/ me lo tengo que soñar» (Ibíd.: 145-147) o responder tal vez con la abstracción de todo lo que de ti soy y «convertir todo en acaso,/ en azar puro, soñándolo» (Ibíd.: 151-152), sé que no es estar a la altura de tu alteridad y sé que tal pensarte, soñarte y pretenderte aquí conmigo tal como si pidiera un «distánciamela, espejo;/ trastorna su tamaño. A ella, que llena el mundo,/ hazla menuda, mínima» (Ibíd. 52: 1828-1831) es solamente reducir ese nombre tuyo o esa mirada tierna para «que quepa en monosílabos,/ en unos ojos» (Ibíd.: 1832-1833) o, lo que es lo mismo, no tenerte a ti puesto que «nada se aleja más del eros que la posesión» (TI: 298); por todo ello acepto que si bien cualquier pretensión de establecer un diálogo n¿cómo hilarnos?n ha de caer en saco roto ya que cualquier intento de poner luz sobre ti con mis preguntas tiene por respuesta la oscuridad de tu noche n«los días, mis preguntas;/ oscuras, anchas, vagas/ tus respuestas: las noches» (VD 42: 1473-1475)n o la duda de si «¿Hablamos? ¿Desde cuándo? ¿Quién empezó? No sé» (Ibíd.: 1470-1472), puede decirse no obstante que tal noche consiste en una ausencia sin falta ni privación, la «clandestinidad que en el impudor de su presentación confiesa una vida nocturna, lo que no equivale a una vida diurna privada del día» (TI: 287), noche a la espera de una suerte tal que «cuando nos separen/ y ya no nos oigamos,/ te diré todavía:/ “¡Qué pronto!/ ¡Tanto que hablar, y tanto/ que quedaba aún!”» (VD 42: 1495-1500), respirando, entonces, ese «aún» que se interpreta aquí como un «tu sola vida es un querer llegar./ En tu tránsito vives» (Ibíd. 32: 1191-1192), «aún» no «aún no»: «Dime, ¿por qué ese afán/ de hacerte la posible,/ si sabes que tú eres/ lo que no serás nunca?» (Ibíd. 57: 19821985)n como acto puro o posibilidad que no se realizará porque mi amante no es una posibilidad de éste mi mundo: he de aguardar nser guardián den el otro mundo no del mundo otron que ha elaborado para mí (TI: 287-288). 2. «Te besé en los labios. Densos,/ rojos» (VD 36: 1291-1292) Un mundo nuevo: me obliga a vivir en un perpetuo «aún no», en el error, el equívoco o el extravío de vivir donde «los mapas, falsos,/ trastornando los rumbos,/ juegan a nuestra pérdida» (Ibíd. 20: 758-760) o donde «los días y los besos/ andan equivocados:/ no acaban donde dicen» (Ibíd.: 762-764), resultando ser nosotros algo así como «extraviadamente/ amantes, por el mundo» (Ibíd.: 760-761) y teniendo que llegar a la conclusión de que «¡Amar! ¡Qué confusión sin par! ¡Cuántos errores!» (Ibíd.: 762-763), confusiones y descarríos por los que, en este universo de equívocos donde los minerales son flor y las constelaciones pueblan los mares y no los cielos (Ibíd. 20: 747-760), este mundo queda dilatado y diferido, extravíos y errores que no son huecos de posibles plenitudes y sí excesos o sobreabundancias de amor porque «para querer/ hay que embarcarse en todos/ los proyectos que pasan,/ sin preguntarles nada,/ llenos, llenos de fe/ de la equivocación/ de ayer, de hoy, de mañana» (Ibíd.: 765-771), con «el júbilo único/ de ir viviendo una vida/ inocente entre errores» (Ibíd.: 778-780), trastornos de rumbos en los que vivimos y que no son el simple perder el tiempo o el no llegar allí donde queríamos estar ya que ese andar «entre riesgos sin faro» (Ibíd. 761) es jactarse «de la alegría purísima/ de no atinar» (Ibíd.: 773-774); extravío que exige, así entonces, unos nuevos ojos y unas nuevas manos para ver y 371 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 tocar este nuevo mundo, nuevo tacto y nueva perspectiva para poder hablar de él, pues si bien, amor mío, «no se ve nada, no/ se oye nada. Me sobran/ los ojos y los labios,/ en este mundo tuyo» (Ibíd. 29: 1076-1079), para poder ver y tocar o tal vez para besarte y tocarte simplemente los labios he de dotar de nuevo contenido a esos ojos y esos labios con los que te quiero besar y he de tener una nueva sensibilidad n«para sentirte a ti/ no sirven los sentidos de siempre,/ usados con los otros./ Hay que esperar a los nuevos» (Ibíd.: 1080-1084)n de la que, por lo pronto, se ha de decir que tiene que ver con que «te besé en los labios. Densos,/ rojos» (Ibíd. 36: 12911292), labios en principio nquizás también por principion densos y rojos y no labios de mi amor y ni siquiera labios con los que me besas, sino rojos y densos, pura superficie y exterioridad, roce de superficies sin profundidad, un quedarse en lo que está afuera, un permanecer en el «paroxismo de su materialidad [...], el absoluto del hecho mismo de que hay algo que no es, a su vez, un objeto, un nombre» (DEE: 91), materialidad de «la materia no pesa» (VD 45: 1585), gracias a que, en contraste con aquellas alas que en lugar de elevarnos nos llevaban hacia abajo, está el hecho absoluto de que «ni tu cuerpo ni el mío,/ juntos, se sienten nunca/ servidumbre, sí alas» (Ibíd.: 1586-1588) y de que en verdad «tu forma/ corporal,/ tu dulce peso rosa/ es lo que me volvía/ el mundo más ingrávido» (Ibíd.:1617-1621). 3. «Posesión tú me dabas/ de mí, al dárteme tú» (VD 62: 2173-2174) Tu materia es diferente, tu materia es otra: esa nueva sensibilidad que es materia y no espíritu, exterioridad sin interioridad o superficie sin profundidad habla de esos besos dilatantes n«entre tu verdad más honda/ y yo/ pones siempre tus besos» (Ibíd. 53: 1855-1857)n que expresan un poner que no se pliega y repliega sobre sí mismo, un poner que siempre queda a medio camino de ello, como si la actividad de volver al punto de origen, ésa que hace que principio y fin se confundan, no pueda llevarse a cabo ni a término, origen que vive, permanece y hace morada de su diferencia nde su «entre»n rompiendo esa unidireccionalidad tan aburrida en la que los mapas sí llevan donde dicen sin extravío y sin ese equívoco que tú, amor, ofreces n«me cierras el paso tú,/ te me ofreces en los labios» (Ibíd.: 1861-1862)n y que llegas a mostrar con esos labios, mismidad tuya ésta que no es sino la no-presencia n«te busqué por la duda:/ no te encontraba nunca./ Me fui al encuentro/ por el dolor/. Tú no venías por allí» (Ibíd. 58: 2018-2022): «a ti se te encontraba/ en las cimas del beso» (Ibíd.: 2036-2037)n de lo no-presente (TI: 292293), algo sin duda muy diferente a besar el beso que te di ayer porque «los labios ceden, rinden/ su forma al otro labio/ que los viene a besar» (VD 54: 1885-1887), beso receptor, pasividad más pasiva que toda pasividad, una hospitalidad tan hospitalaria o una receptividad tan receptiva ntan sin actividadn que uno acaba siendo el huésped y rehén de su propia casa, teniendo por figura de sus labios los labios de su amor, abriéndome en ciernes, vulnerable a recibir la herida (AE: 121-122) y a descubrir la piel nsin «piel sobre piel»n sin caer en aquello otro de «hoy estoy besando un beso;/ estoy solo con mis labios» (VD 36: 1301-1302) donde «los pongo/ no en tu boca, no, ya no» (Ibíd.: 1303-1304), «los pongo/ en el beso que te di/ ayer, en las bocas juntas/ del beso que se besaron» (Ibíd.: 1306-1309), besos del beso en los que, al besar el beso que te di ayer y no tus labios, no tomo naun con la distancia del «te estoy besando más lejos» (Ibíd.: 1316) que eso implican estricta alteridad, pues lo que hago es besar mi beso al igual que me beso a mí mismo sin poder besarte, amor mío; mejor que esto, eso otro según lo cual «Tú besas hacia arriba,/ librando algo de mí/ que aún estaba sujeto/ en los fondos oscuros» (Ibíd. 45: 1591-1594): lo relacionado con el sujeto nhypokeimenon, sub-jectumn tendría que ver con lo que está abajo y no sube, lo del fondo que se sustrae a la luz, es cierto, mas he aquí que la índole de mi subjetividad como amante, como aquel que es besado, tiene que ver con la apertura a mi amor y no con el substrato de la inhesión de las propiedades (TI: 302304), con la apertura del sujeto a lo de arriba sin ser él lo que queda en los bajos, labios como diferencia no la diferencia que hacen los labiosn que redefinen la índole de mi subjetividad n«posesión tú me dabas/ de mí, al dárteme tú» (VD 62: 21732174)n que ya no conoce en tanto que pone lo puesto en su ponerse a sí mismo nno 372 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 conoce lo otro en tanto que esto otro queda referido a mí como polo último de inteligibilidadn sino que lo otro siempre y en cada momento es tomado en tanto que otro (TI: 302), queriendo todo ello decir no más que si bien «yo sí sé dónde estoy,/ mi ciudad, la calle, el nombre/ por el que todos me llaman» (VD 59: 2049-2051), sin embargo «no sé dónde estuve/ contigo» (Ibíd.: 2052-2053) porque «allí me llevaste tú» (Ibíd.: 2054), porque frente a una subjetividad en la que yo vivo en mi calle, mi ciudad y me reconocen por mi nombre, este mi amor me lleva a un lugar extraño en el que yo ya no topo conmigo de esa manera y en el que «espero, pasan los trenes,/ los azares, las miradas./ Me llevarían adonde/ nunca he estado. Pero yo/ no quiero los cielos nuevos./ Yo quiero estar donde estuve contigo» (Ibíd.: 2067-2072), apertura de mí a otra cosa que mí mismo nsin cierre ni plieguen que no es algo así como diluir ni alienar n«por el otro y para el otro, pero sin alineación, sino que inspirado» (AE: 180)n esta mi subjetividad, pues «cuando tú me elegiste/ –el amor eligió–/ salí del gran anónimo/ de todos, de la nada» (VD 59: 2150-2153), en la que «hasta entonces/ nunca era yo más alto/ que las sierras del mundo» (Ibíd.: 2154-2156), singularización absoluta por la que me siento el único concernido ncomo irreemplazable, respuesta no aplazable ni desplazable, ¿tampoco emplazable?, donde «el término “Yo” [Je] significa “Heme aquí” [Me voici]» (AE: 180): «je» como «moi»n en la llamada de mi amor, libertad no adquirida sino investida «al decirme: “tú”/ –a mí, sí, a mí, entre todos» (VD 59: 2166-2167). Referencias Bibliográficas E. Lévinas, Le temps et l’autre, PUF, Paris, 1983. __, De l’existence à l’existant, Vrin, Paris, 1997. __, Totalité e infini, Livre de Poche, Paris, 2002. __, Autrement qu’être ou au-delà de l’essence, Livre de Poche, Paris, 2003. P. Salinas, La voz a ti debida. Razón de Amor. Largo lamento, ed. de Montserrat Escartín, Cátedra, Madrid, 1996. Andres Alonso Martos Universidad de Valencia/UNED [email protected]