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Estado Liberal, migraciones, foralismo y nacionalismo en la crisis de la España constitucional de 1876. De El Intruso, de Vicente Blasco Ibáñez, a Verdes valles, colinas rojas, de Ramiro Pinilla

San Miguel Pérez, Enrique

Abstract

Desde la fundación de la España constitucional de 1876, y mientras las migraciones se dirigían a la Vizcaya industrial, el antiguo foralismo de los conflictos civiles mutó hacia una perspectiva nacionalista, en contra de los procesos migratorios, pero también en contra del modelo español de Estado de Derecho. Algunos de los mejores escritores españoles, como Vicente Blasco Ibáñez y Ramiro Pinilla, analizaron estos hechos en El intruso y Verdes valles, colinas rojas.

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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 Estado Liberal, migraciones, foralismo y nacionalismo en la crisis de la España constitucional de 1876. De El Intruso, de Vicente Blasco Ibáñez, a Verdes valles, colinas rojas, de Ramiro Pinilla1 Liberal State, migrations, foralism and nationalism in constitutional Spain of 1876. From El intruso, by Vicente Blasco Ibañez, to Verdes valles, colinas rojas, by Ramiro Pinilla Enrique San Miguel Pérez2 Universidad Rey Juan Carlos (España) ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0600-5876 Recibido: 10-05-2025 Aceptado: 24-05-2025 Resumen Desde la fundación de la España constitucional de 1876, y mientras las migraciones se dirigían a la Vizcaya industrial, el antiguo foralismo de los conflictos civiles mutó hacia una perspectiva nacionalista, en contra de los procesos migratorios, pero también en contra del modelo español de Estado de Derecho. Algunos de los mejores escritores españoles, como Vicente Blasco Ibáñez y Ramiro Pinilla, analizaron estos hechos en El intruso y Verdes valles, colinas rojas. Palabras-clave: Estado de Derecho, migraciones, foralismo, nacionalismo. 1 Este artículo se ha realizado dentro del proyecto de investigación PID2022-142048NB-IOO Ciudadanía global, derechos humanos y reto demográfico: la definición de una estrategia contra la despoblación en la España rural, financiado por la Agencia Estatal de Investigación-Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. 2 Enrique San Miguel Pérez es doctor en Historia por la Universidad de Cantabria y doctor en Derecho por la Universidad Rey Juan Carlos, y ejerce como catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones en la Universidad Rey Juan Carlos. Información sobre su obra puede encontrarse aquí: https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=230841 506 Enrique San Miguel Pérez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 Abstract From the beginning of the constitutional Spain of 1876, while migrations went to industrial Vizcaya, the ancient foralism of civil conflicts changed into nationalism perspective, against migratory processes, but also against Spanish Rule of Law State model. Some of the best Spanish writers, with the likes of Vicente Blasco Ibáñez and Ramiro Pinilla, analyzed these facts in El intruso and Verdes valles, colinas rojas. Keywords: Rule of law, migrations, foralism, nationalism. Introducción: la historia de “los hombres honrados” -¿Qué hemos de ser, don Luis? ¿No lo sabe usted? Nacionalistas, bizkaitarras, partidarios de que el Señorío de Vizcaya vuelva a ser lo que fue, con sus fueros benditos y mucha religión, pero mucha. ¿Quiénes han traído a este país la mala peste de la libertad y todas sus impiedades? La gente del otro lado del Ebro, los maketos (sic) y don Carlos no es más que un maketo (sic), tan liberal como los que hoy reinan, y además tiene los escándalos de su vida, impropia de un católico… Lo que yo digo, don Luis, quédese la Maketania con su gente sin religión y sin virtud, y deje libre a la honrada y noble Bizkaya… con B alta, ¿eh? Con B alta y con k, pues la gente de España, para robarnos en todo, hasta mete mano en nuestro nombre, escribiéndolo de distinta manera… …Nuestra empresa es algo difícil por la continua inmigración de gentes, que traen con ellas las malas costumbres de España. Lo peorcito de cada casa, que viene aquí a trabajar y hacer fortuna. Son intrusos que toman por asalto el noble solar de Vizcaya. Cada vez son más: en Bilbao hay que buscar casi con candil los apellidos vascos. Todos son Martínez o García, y se habla menos el vascuence que en Madrid. Esto es uno de los grandes males que nos ha traído la prosperidad. Pero todo se andará… Dios no muere, y tampoco morirá Vizcaya…3. El intruso es, y no sólo por escasamente conocida, una de las mejores novelas en la producción extraordinaria de uno de los escritores más relevantes 3 Blasco Ibáñez, Vicente: El intruso. Madrid. 1999, pp. 55 y 61. 507 Estado Liberal, migraciones, foralismo y nacionalismo en la crisis de la España constitucional de 1876... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 en la contemporánea literatura española, Vicente Blasco Ibáñez, nacido en Valencia el 29 de enero de 1867 y fallecido en Mentón, en la Costa Azul, la víspera de su sexagésimo primer cumpleaños, el 28 de enero de 1928. Personalidad exuberante y pródiga, cosmopolita, de enorme impacto y éxito en su tiempo, y se diría que aún más fuera que dentro de Valencia y de España, militante republicano, inequívoco adalid de la necesidad de la transformación y modernización del sistema político y constitucional de la Restauración, los procesos migratorios ocuparon su atención preferente en el tránsito del siglo XIX al XX, cuando escribió algunas de sus más representativas, célebres y mejor acabadas novelas: La barraca (1898) Cañas y barro (1902), sumamente reconocidas y leídas, y El intruso (1904), por muchos conceptos a la altura de sus predecesoras y, sin duda, mucho más incisiva en la amplitud de su lectura histórica, política y social, constituyéndose además en un auténtico manifiesto de su pensamiento, republicano, democrático y federalista en contra de las supervivencias absolutistas en la sociedad española de su tiempo, especialmente visibles en las manifestaciones políticas y religiosas más identificadas con la pretensión de perdurabilidad del tradicionalismo, una corriente que habría de adoptar nuevas formulaciones partidarias de naturaleza periférica en la España del autor valenciano. El intruso está esencialmente protagonizada por el doctor Luis Aresti, trasunto literario de un benemérito doctor vizcaíno de la época, Enrique Areilza y Arregui (padre, por cierto, del político y diplomático José María de Areilza y Martínez de Rodas) quien, además de asistir a la población que, proveniente de otros territorios de España, se establece desde los años finales del siglo XIX en la Vizcaya del cambio industrial, observa con enorme lucidez las consecuencias del proceso de transformación de su tierra a través del diálogo con sus protagonistas, y tanto con sus cada vez más numerosos pacientes migrantes como con sus amigos y coterráneos que se encuentran transitando desde posiciones tradicionalistas defraudadas tras el fracaso de la tercera contienda carlista hacia el incipiente nacionalismo, en un principio vizcaíno, que a partir de su fundación en 1895 se concentran en el Partido Nacionalista Vasco (PNV), fundado por figuras como Sabino Policarpo Arana Goiri y el armador cántabro Ramón de la Sota y Llano. Uno de esos amigos es Goicoechea, quien en el fragmento de El intruso que se reproduce al comienzo de este trabajo le resume al doctor Aresti, y además con enorme claridad y concisión, la naturaleza del pensamiento y de los objetivos que animan a quienes, como nacionalistas y bizkaitarras, se enfrentan a la “invasión” que protagonizan los maketos venidos del otro lado del Ebro: restaurar el Señorío de Vizcaya como un territorio gobernados por los principios de la religión católica, tal y como los nacionalistas los y la entienden, expulsando al liberalismo (en el que se incluye incluso al último pretendiente 508 Enrique San Miguel Pérez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 carlista, por sus partidarios conocido como Carlos VII) y así evitar la ocupación del territorio por quienes se apellidan “Martínez o García”, integrantes de una “continua inmigración de gentes” que portan consigo las “malas costumbres” que distinguen a los españoles, en contraposición al celo religioso y la probidad de la población autóctona. Blasco Ibáñez plasma con enorme nitidez, y desde posiciones democráticas, pero no precisamente centralistas, sino republicanas y federalistas, los términos en los que habría de desenvolverse, desde entonces, un debate histórico que supera ya ampliamente la dimensión centenaria. Las migraciones son, además de un proceso social de naturaleza esencial a la historia, también, en términos políticos e institucionales, la avanzada del Estado de Derecho, y el nacionalismo vizcaíno surge para hacerlas frente y proteger la verdadera religión y la configuración tradicional de una institución nacida en la Edad Media tardía como el Señorío de Vizcaya. El Estado de Derecho y el Antiguo Régimen se encuentran y, en modo automático, confrontan, en torno a un proceso de transformación del sistema productivo tradicional, en minas y factorías que están también fabricando una nueva sociedad. José Antonio Aguirre y Lecube, jurista nacido en Bilbao el 6 de marzo de 1904, desde su juventud militante nacionalista, alcalde de Getxo tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, diputado en todas las Cortes republicanas, primero por Navarra y después por Vizcaya, y a partir de la entrada en vigor del Estatuto Vasco el otoño de 1936, primer lehendakari desde el 7 de octubre de ese año hasta su fallecimiento el 22 de marzo de 1960, al frente de un gobierno en donde seis de los once consejeros no eran nacionalistas, siempre en el marco de la legalidad constitucional republicana, habría de explicar muy bien, en una obra tan imprescindible para la comprensión en su integridad del siglo XX español, y en especial su constitucionalidad republicana de 1931, como De Guernica a Nueva York pasando por Berlín, en qué habría de consistir esa construcción histórica amenazada de muerte por los modestos migrantes de apellidos Martínez y García, con sus “malas costumbres”. Con el lenguaje de su tiempo, y con la obsesión por la presencia en la historia como credencial de posibilidad de un proyecto de identidad que se construye acudiendo a la fabricación de un mito nacional de independencia sin soporte institucional ni estatal. Un mito nacional que, sin embargo, tanto cuando se fabrica como al acudir a un contrastado itinerario de naturaleza jurídica pública y forma estatal, hunde sus raíces en el proceso de industrialización y estatalización de naturaleza liberal implantado en el Occidente atlántico europeo durante el siglo XIX. Un proceso que se nutre de unos procesos migratorios al que se contrapone la singular concepción que de las relaciones políticas, jurídicas e institucionales expresan personalidades como el antiguo jugador del Athletic Club de Bilbao: 509 Estado Liberal, migraciones, foralismo y nacionalismo en la crisis de la España constitucional de 1876... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 El misterio también nos sale al paso cuando pretendemos intrincarnos por los dominios de la diosa Clío. Todas las naciones del globo conservan cuidadosamente en sus desvanes montones de cosas viejas -..- a las que llaman orgullosamente su historia (sic). Los vascos somos pobres en esta clase de posesiones. Se ha dicho que nuestro pueblo, como las mujeres honradas, carece de historia. Yo más bien diría que el pueblo vasco, como los hombres honrados, no aparece en los papeles hasta tanto alguien intente algo malo contra él. Carecemos de historia en el sentido de que nunca nos lanzamos a empresas imperialistas, y de que el tema constante de nuestras crónicas ha sido la defensa de nuestra independencia nacional contra el invasor extranjero. La historia interna de Euzkadi, en cambio, reflejada en sus leyes, es de una realidad exuberante, y surge, por entre las calamidades y vejaciones que la sociedad humana ha venido padeciendo, como un canto perenne a la libertad y a la dignidad del individuo, el más excelso que jamás pueblo alguno haya entonado. Desde las más remotas edades, sobre la tierra vasca, el hombre disfrutó de aquellos derechos inalienables cuya conquista en otras naciones tanto tiempo y sangre le costó, porque bajo el cielo de Euzkadi la criatura humana siempre fue considerada como lo que con desgraciada insistencia se ha olvidado: la obra maestra de Dios4. La visión de un líder como José Antonio Aguirre dotado como servidor público de un doble substrato intelectual y religioso de inspiración socialcristiana en el tiempo de la asimilación de la Rerum Novarum, es sumamente inteligente: ante la ausencia de un itinerario de derecho público históricamente reconocible en las provincias vascas, y muy especialmente en su conjunto, se procede a la presentación de una así denominada “historia interna” que se levanta sobre dos pilares: el victimismo es el primero, pero también se le une la definición de la identidad sobre la base de una presunta observancia de los derechos inalienables “desde las más remotas edades”. La nación imposible del Antiguo Régimen, en donde no se reconocía el propio principio de soberanía nacional como producto presunto de la asimilación del humanismo cristiano. El “canto perenne a la libertad y a la dignidad del individuo”. Pero, aún aceptando estos presupuestos, desde luego integrados dentro de una perspectiva sumamente 4 De Aguirre y Lecube, José Antonio: De Guernica a Nueva York pasando por Berlín. Saint-Jean de Luz. 1976, p. 14. Cfr. Corcuera Atienza, Javier: Orígenes, ideología y organización del nacionalismo vasco 1876-1904. Madrid. 1980, pp. 43 y ss., y Nairn, Tom: Los nuevos nacionalismos en Europa. La desintegración de la Gran Bretaña. Barcelona. 1980, pp. 57 y ss. 510 Enrique San Miguel Pérez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 creativa de la historia, ¿cómo reacciona esa nación que se nutre del más excelso canto a la libertad “que jamás pueblo alguno haya entonado” cuando comienza la transformación de sus bases productivas gracias a las masivas migraciones protagonizadas por una ciudadanía venida desde el resto de España? Probablemente, ninguna herramienta nos aporta, en este sentido, una explicación más plástica a lo que en términos históricos y jurídicos no resulta fácilmente inteligible que la que se deduce de la Literatura. 1. “La tradición o la anarquía”: de Paz en la guerra a El intruso Las formas de creación literaria son especialmente relevantes para el análisis de los procesos migratorios y de sus consecuencias en ámbitos como los sociales, políticos, jurídicos e institucionales, y no solamente los demográficos, redefiniendo la geografía del Estado de Derecho y el itinerario del sistema democrático, en sociedades como la española, de manera singularmente decisiva, a partir del último tercio del siglo XIX. Entonces, y todavía en 2025, el proceso de civilización se edifica sobre los signos, símbolos, elementos y contenidos de la revolución que comenzó en Maguncia hace casi seis siglos. Pero, además, la cultura escrita disfruta en los últimos dos siglos de la industrialización de las imágenes, trasladando también al cine la responsabilidad compartida de la construcción de vínculos compartidos, desde los que resulta mucho más simple la comprensión de los procesos de cambio que acompañan a la radical mutación de las formas de vida en una España que, apenas salida de las severas contiendas civiles entre tradicionalistas y liberales, entre las formas institucionales y las mentalidades del Antiguo Régimen y la solución constitucional que acompaña al proyecto nacional, democrático y parlamentario, se enfrenta a un todavía más profundo proceso de transformación de una vida ya no regida por patrones de obediencia y pertenencia religiosa, sino social y de clase5. Ese proceso de transformación, esencial a la trabajosa génesis y consolidación de la España contemporánea, debe superar la oposición frontal y violenta del tradicionalismo, a partir de una disputa dinástica sucesoria que posibilita la comparecencia de un discurso histórico e institucional que aspira a encarnar una propuesta, la de la “constitución histórica”, que se concibe como alternativa al proyecto jurídico y político del Estado de Derecho, el de la nación constitucional, democrática y parlamentaria. Miguel de Unamuno, nacido en Bilbao en 1864, quien durante toda su vida recordará su infancia en medio de la Tercera Guerra Carlista, evoca en la primera de sus grandes novelas, Paz en la guerra, publicada en 1903, la visión de quienes conciben al carlismo en términos existenciales. Porque los personajes del intelectual bilbaíno, cuyo 5 San Miguel Pérez, Enrique: Estrellas errantes. Derecho, Estado y Migraciones en la Literatura y el Cine. Madrid. 2025, pp. 13 y ss. Vid. igualmente Houellebecq, Michel: El mapa y el territorio. Barcelona. 2011, pp. 45 y ss. 511 Estado Liberal, migraciones, foralismo y nacionalismo en la crisis de la España constitucional de 1876... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 itinerario literario se despliega entre 1870 y 1876, y que suceden en el tiempo a los protagonistas de Zumalacárregui en los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós (publicada, por cierto, en las mismas coordenadas históricas, y además en una fecha tan totémica como 1898) y con iguales motivaciones profundas, no combaten sólo por un candidato a la jefatura del Estado: la disputa, agonal, es entre “la tradición o la anarquía”. La resistencia contra la “invasión de los bárbaros”. La emoción que hace imposible la racionalidad en el espacio público porque, simplemente, no desea esa racionalidad, sino el triunfo de la tradición: ¡Qué hermoso sería todo cuando don Carlos triunfara! Y no había otra salvación ya: o don Carlos o el petróleo; la tradición o la anarquía… Había que resistir la invasión de los bárbaros, porque se acercaba la hora de la expiación para la industria, para el comercio, para todos los que habían contribuido al desquiciamiento de la patria. Bajo la monarquía tradicional viviría el pueblo dichoso, virtuoso y rico6. En El intruso, cuya acción se desarrolla apenas un cuarto de siglo después de la que recoge Miguel de Unamuno en Paz en la guerra, los “bárbaros” cobran la forma de una población migrante que, en toda España, y en estos años especialmente en su mitad norte, abandona el campo y acude a la pujante Vizcaya industrial para ganarse la vida en las minas y en las fábricas. Pero el propio doctor Aresti da en la novela de Vicente Blasco Ibáñez con una fórmula que permite entender muy bien la asimilación de la dinámica migratoria en Vizcaya con un comportamiento político y social desde entonces instalado en la vida pública de la provincia foral: los migrantes constituyen un “ejército”, además, “acantonado” a las afueras de Bilbao en factorías y minas, dando continuidad a las contiendas dinásticas apenas recién finalizadas. Porque ese ejército civil y pacífico, integrado por trabajadores procedentes del resto del país, sometidos a jornadas agotadoras a cambio de jornales modestos, e instalado en espacios menos que modestos, es contemplado por la ciudadanía autóctona como una nueva milicia de ocupación, como el continuador del ejército alfonsino que derrotó a las fuerzas del último pretendiente carlista en 1876. 6 Unamuno, Miguel de: Paz en la guerra. Madrid. 1980, pp. 56-57: “Dormíase Ignacio soñando con Pelayo y su cruz en las cimas de Idubeda, con el Cid, Fernando el Santo, Alfonso el de las Navas… Al grito mágico de ¡Dios y Patria!, el Rey regeneraría a España; brotarían hospitales, hospicios, conventos, escritores, artistas. Folletistas había que querían retrogradar más allá de Felipe II, debelador de los fueros de Aragón, y más allá aún de Carlos I, verdugo de las Comunidades de Castilla. Aseguraban que en España no había quedado después de la Gorda más que un trono y un pueblo, y que éste sentaría en aquél a don Carlos…”. Vid. también Pérez Galdós, Benito: Episodios Nacionales 21. Tercera serie. Zumalacárregui. Madrid. 2008, pp. 199-200: “…ya desde los comienzos de la guerra dominaba en el vecindario de la capital de Vizcaya la opinión liberal, como contrafuerte de la opinión carlista, dominante con absoluto imperio en los campos… Al ardiente arrojo, a la terquedad ciega de los unos, respondían los otros con iguales o mayores demostraciones de constancia y bravura… Da dolor ver tanta energía empleada en la guerra de hermanos. Y cuando la raza no se ha extinguido peleando consigo misma es porque no puede extinguirse”. 512 Enrique San Miguel Pérez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 La aspereza de la vida, pero también el rechazo de la población autóctona hacia la población migrante genera también las bases para un conflicto inevitable. Los peones de las canteras, constata el doctor Aresti, viven como “bestias”, por más que la migración desde el campo mejore la existencia miserable que les aguardaba en sus poblaciones natales. Pero los jornales y las condiciones de vida y trabajo no son tan buenas como para evitar el surgimiento de un “anhelo de justicia” o, en palabras del formidable escritor valenciano, un “malestar moral” imparable. La solución, en el mundo al que pertenece el doctor Aresti, no puede ser otra que la proclamación de “la justicia social” como divisa del ordenamiento jurídico, superando planteamientos voluntaristas, para instituir una genuina igualdad. Porque para el doctor Aresti, además, el proceso que está viviendo la cuenca industrial del río Nervión obedece a una caracterización histórica todavía más profunda: las migraciones y el cambio industrial, con su consiguiente impacto político, y jurídico, son el signo que anuncia la primera verdadera transformación de España en siglos. Una transformación que en el entorno cultural y de civilización del país obedece al tránsito de la creencia a la racionalidad y, por tanto, la asimilación de la tolerancia y el reconocimiento de la pluralidad. Más allá de España, según Vicente Blasco Ibáñez, este cambio se ha producido gracias a prolongados procesos de transición inspirados por los procesos de reforma religiosa, jurídica e institucional. En España, en donde esos procesos de reforma no se habían producido, con las consiguientes consecuencias políticas, la transformación necesariamente debía producirse de manera abrupta. La conclusión de Luis Aresti no podía resultar, en este sentido, más terminante: …Toda la España ansiosa de algo nuevo sentía lo mismo que él… En otros pueblos más adelantados, la gran crisis religiosa, el paso de la Fe a la Razón, se había verificado dulcemente, en medio del respeto y la libertad. La Reforma, con su espíritu de crítica y libre examen, había servido de puente. Pero en esta tierra había que dar un salto violento, pasar sin auxilio alguno desde las creencias de cuatro siglos antes, todavía en pie y poderosas, a la vida moderna. El tránsito había ser rudo y brutal. Era un ensueño querer guiar al pueblo mansamente, paso a paso, había que correr, que saltar, derribando lo que encontrasen por delante… En unos cuantos años de vida moderna -…- no se podían extinguir varios siglos de ferocidad religiosa. Todo español lleva dentro un inquisidor…7. Luis Araquistáin, contemporáneo de Vicente Blasco Ibáñez pero generacionalmente más vinculado a 1914 que a 1898, pensador nacido en 1886 en Bárcena de Pie de Concha, en el valle de Iguña, territorio de 7 Blasco Ibáñez, Vicente: El intruso…, pp. 104-105: “…Los gobiernos, apenas surgía el más insignificante motín, abominaban de la libertad, como si fuese un fardo abrumador…”. 513 Estado Liberal, migraciones, foralismo y nacionalismo en la crisis de la España constitucional de 1876... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 ferrerías apenas un siglo antes, en el final del Antiguo Régimen, intelectual siempre dedicado a los estudios sociales, y muy vinculado por su militancia partidaria y su trayectoria pública a la realidad del norte de España, detectaba en estas visiones inquisitoriales la verdadera razón de ser del surgimiento de “nacionalismos” concebidos como “movimientos arcaicos”, pero que obedecían igualmente, como con enorme honestidad manifestaba el diplomático republicano, a la también arcaica naturaleza del Estado al que habían venido enfrentándose en España8. Y, de la misma forma, movimientos de defensa de las visiones derrotadas, o que se sintieron derrotadas, por el itinerario de la modernidad, el sistema democrático y el Estado de Derecho. Así, para algunas de las más representativas formas de creación en torno a la despoblación de la España rural y la concentración de la ciudadanía en sus incipientes áreas industriales, las migraciones, y los migrantes, se convierten, en su infinita y laboriosa modestia, explotados por sus patronos, despreciados por la población autóctona, descalificados como bestias y bárbaros, en portadores de la civilización. Y, con ello, en los actores decisivos de la historia. España, a la que Fernando de los Ríos no tardará en calificar en Cortes, durante el debate constitucional de 1931, interviniendo en nombre del Gobierno, como “la Roma del siglo XVI”, se convierte, en efecto, en una nueva Roma en las tierras del norte. Un proyecto civilizador y, sobre todo, histórico, es decir, u proyecto de cambio. Los migrantes, los bárbaros temidos por los tradicionalistas a los que retratan Vicente Blasco Ibáñez y Miguel de Unamuno se habían transmutado en una legión civilizadora. Los procesos migratorios, que despueblan y, por lo tanto, conducen a la extinción de la vida cívica en extensos territorios en el interior de España, no sólo representan el fundamento del cambio industrial, sino de la muy ardua implantación de la civilización democrática en espacios que deciden aferrarse al Antiguo Régimen, Pero, esta vez, en la visión de la novela de Vicente Blasco Ibáñez, no tanto por lealtad a una también fabricada constitución histórica, como por desprecio hacia los trabajadores emigrados. La tradición deviene en persecución, exclusión, denigración y racismo. 8 Araquistáin, Luis: España ante la idea sociológica del Estado. París. 1953, p. 54: “…contrarios a la evolución política del mundo, que va creando, por ley biológica de la historia, nacionalidades cada vez mayores. Digo esto sin ningún prejuicio patriótico, con la objetividad de un naturalista, y eso debe ser un historiador o un político de nuestra época, mirando la especie humana desde una perspectiva de futuro, desde la altura de los tiempos. Hay, sin embargo, otra perspectiva que tampoco debemos omitir, la perspectiva del pasado. El arcaísmo de los nacionalismos españoles es la contrapartida y la réplica al arcaísmo del Estado español…”. 520 Enrique San Miguel Pérez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 ciencia del cambio, no se enfrenta esta vez a la tradición, sino a su fabricación. Y pocas obras literarias han sabido analizar mejor las implicaciones políticas e institucionales de este proceso que Verdes valles, colinas rojas. 4. La invención de la Historia como necesidad: frente a los “obreros de fuera” y la destrucción de la herencia, la fabricación de la tradición y la invención de la identidad Ramiro Pinilla relata la transformación de la plutocracia vizcaína enriquecida gracias a las migraciones y la industrialización, adoptando la estrategia de la destrucción del viejo orden cultural, del antiguo sistema de ideas y creencias, para fabricar un discurso en realidad tan nuevo como el discurso de la solidaridad y la conciencia de clase. Una invención de la historia basada, como toda historia inventada, en nuevos nombres parra una causa también inventada, como la defensa de la patria fabricada, con la convicción que en la historia acompaña únicamente a la ficción, portando disfraces y tradiciones diseñadas a la medida de un nuevo imaginario de identidad: ...Se revistieron de las mismas maldiciones que atribuían al enemigo y cerraron los ojos para cometer el mismo estropicio. Como cualquier bárbaro, caminaron por la ruta de la destrucción de la vieja herencia recibida y sus nombres –vascos, todo lo vascos que era ya posibleserían entronizados al advenimiento de la apoteosis de la Edad del Hierro. Su coartada fue la mayor de las coartadas: el propio sentimiento convertido en fe, golpes de pecho al ritmo de la respiración de los altos hornos para advertir al resto de los creyentes que lo que veían no era otro exceso de otros bárbaros –ellos– sino la guerra santa en defensa de la fe en la patria común… En las fiestas patronales de las aldeas viajaban hasta las plazas disfrazados con kaikus y abarkas y bailaban a lo suelto al son del txistu y el tamboril y alternaban con las gentes sencillas, apostaban en las pruebas de bueyes y en la pelota, empapándose de lo rural hasta la otra fiesta. ‘Nuestro pueblo es inmortal’, se consolaban…18. La burguesía vizcaína enriquecida con el proceso industrial adopta los signos de identidad de la tierra -según Ramiro Pinilla, se “disfraza”- y con esos signos se modelan, a veces con capacidad retroactiva, las formas de vida y costumbres que sus factorías y minas han transformado para siempre. Las formas de vida y los signos de identidad que, en otros territorios españoles, pertenecen a los trabajadores de sus industrias. Se trata de una materia que aborda, pero en modo militante, comprometido con la oposición al cambio industrial y a las formas de vida y cultura del Estado de Derecho, liberal y El hombre sin atributos. Vol. IV. Barcelona. 1984, p. 545. 18 Pinilla, Ramiro: Verdes valles, colinas rojas. 1. La tierra convulsa…, p. 635. 521 Estado Liberal, migraciones, foralismo y nacionalismo en la crisis de la España constitucional de 1876... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 constitucional, una novela como La aldea perdida de Armando Palacio Valdés, el escritor asturiano nacido en 1853 en Entrialgo. Pero esa visión se convierte en ideario de acuerdo con los principios de la novela costumbrista española, tal y como los desglosa el erudito protagonista de la novela, don César: la civilización ha rebasado sus límites convirtiendo los medios que facilita la naturaleza en un fin en sí mismo, y sin la ambición de impulsar una filosofía, carente de una ciencia capaz de enriquecer el alma, potenciando usos y costumbres originales. La reivindicación de la Arcadia feliz frente a la invasión de los bárbaros. Los bárbaros que con su trabajo y sus penalidades enriquecen a los industriales que con sus kaikus y abarkas reivindican la sencillez del ideal de vida de Platón, Aristóteles o Demóstenes, mientras danzan al sonido del txistu y del tamboril 19. En el segundo de los volúmenes de la trilogía, Los cuerpos desnudos, literariamente el más logrado, pero también el más desarrollado en el análisis histórico, jurídico, político e institucional, Ramiro Pinilla se extiende en la habilidad, inteligencia y creatividad de los ámbitos de resistencia a las migraciones, y su identidad política e institucional. Si los migrantes se han distinguido por su sentido de la solidaridad obrera y de clase, inmediatamente se produce una respuesta de naturaleza nacionalista que procede a invocar el sentido cristiano de la fraternidad. Por eso, cuando se forma la Hermandad de Obreros Vascos, el mensaje que reciben de “un señor muy elegante” es nítido. Traer “obreros de fuera del país” por parte de empresarios “católicos” ha merecido ya su castigo. La raza autóctona porta consigo ya “la igualdad y la justicia” frente a un “enemigo” migrante que pretende “ocupar el poder”, y que cuyos integrantes, además, “no tienen patria”. Y ha llegado el momento de que los trabajadores vascos hagan frente a una invasión que no ha traído consigo más que el socialismo: …muchos patronos católicos vascos habían traído a obreros de fuera del país pagándoles menos que a los vascos para enriquecerse más y que recibieron su castigo porque esos obreros de fuera trajeron el socialismo y pidieron al patrón más jornal y menos horas y el patrón tuvo que ceder de mala manera… Dijo que hay explotación en minas y fábricas, pero que el remedio no es el socialismo sino la asociación de los obreros vascos entre sí. Dijo que para traer la igualdad y la justicia no hace falta el socialismo porque la igualdad y la justicia llevan mucho tiempo en la historia de nuestra raza…” 20. 19 Palacio Valdés, Armando: La aldea perdida. Madrid. 1951, pp. 203-205. 20 Pinilla, Ramiro: Verdes valles, colinas rojas. 2. Los cuerpos desnudos. Barcelona. 2005, pp. 174175 y 277: “…Nuestro pueblo marcha por el buen camino. Hemos sabido reaccionar y, con la ayuda de Dios, nos salvaremos. Es fuerte el enemigo e infinitas las trampas que nos tiende. Es un enemigo que vive entre nosotros y la lucha contra él es diaria y a muerte. Pretende ocupar el poder…, ¡aquí, en una tierra que no es la suya! … Pero las cosas empiezan a enderezarse, en todos los terrenos les estamos dando en los morros… Nuestros obreros nacionalistas no son como sus obreros socialistas. Nuestros obreros sienten su patria, los otros no tienen patria…”. 522 Enrique San Miguel Pérez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 Esa visión de los migrantes como una realidad ajena y hostil a la tierra, como una amenaza que se acrecienta cuando los “obreros de fuera” desarrollan ideas inspiradas en la solidaridad de clase, se encuentra en la base de la lectura que de la nueva realidad industrial y sus consecuencias políticas, jurídicas e institucionales desarrollan los personajes de Ramiro Pinilla. Don Manuel, el profesor, siempre denotado por su autoridad, se lo dirá a Asier Altube en la tercera y última entrega de la trilogía, Las cenizas del hierro, cuando analice el comportamiento de los industriales vascos tras el golpe de Estado contra la República. Y en una forma que explica muy bien la Guerra Civil en todo el norte que permaneció dentro de la legalidad constitucional republicana de 1931: …’No, no era nuestra guerra. Sólo por imperativos geográficos pertenecíamos a aquella República. No era nuestra guerra ni nuestra República. Tampoco nuestra (sic) democracia. ¿Se trató de un duelo fascismo-democracia? Demasiado simple, pues uno de los componentes de esta democracia era la revolución. ¿Iba a ser nuestro destino ayudar a la revolución?, gruñía él21. La República y la democracia, así pues, pertenecen a los migrantes, entendiendo institucionalidad republicana y sistema democrático como consustanciales al proyecto revolucionario. Una perspectiva que deriva de la visión de los procesos históricos que profesan figuras como la madre de los Baskardo, la ama Cristina Onaindía, quien establece una identidad entre Dios y la patria vasca, entre la creencia en Dios y en Euskadi, que constituye la expresión más acabada de una visión total del mundo en donde no caben más que las grandes palabras, los conceptos solemnes. La ama enumera, con detenimiento todos los emblemas definidores de una concepción integral, religiosa y política, valga la redundancia, en donde no cabe la duda y, por lo tanto, tampoco cabe la racionalidad: …’vamos a ver, ¿qué es Euskadi para vosotros, si se puede saber’, os pondrían en un aprieto, porque es imposible repetir con palabras lo que nos dicen nuestros huesos… ¿Cómo vemos a Dios? Como lo más hermoso, lo más grande en amor, en protección, en amigo, como lo más nuestro; cada uno de nosotros no sólo pertenece a Dios, sino que forma un todo con él…. Pues eso, ni más ni menos, es Euskadi para los vascos…22. 21 Pinilla, Ramiro: Verdes valles, colinas rojas. 3. Las cenizas del hierro. Barcelona. 2016, p. 15. 22 Pinilla, Ramiro: Verdes valles, colinas rojas. 2. Los cuerpos desnudos…, p. 292: “¿Para qué necesitamos las palabras? Sin embargo, las palabras están ahí y, a veces, caemos en ellas y pronunciamos ‘montes y verdes valles y hayedos y robledales y tierra de nuestros antepasados y caseríos y labranza y ganado y viejas ermitas y rezos del ángelus y bertsolaris y Árbol de Guernica y respeto a los padres y costumbres sanas y romerías y txistu y tamboril y pueblo de Dios y…”. 523 Estado Liberal, migraciones, foralismo y nacionalismo en la crisis de la España constitucional de 1876... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 Cristina Onaindía, probablemente uno de los personajes más acabados en la narrativa de Ramiro Pinilla, es el símbolo de una visión esencialista y rígida de la existencia y de las relaciones sociales. Dios y Euskadi han de ser una misma cosa para su familia y para todos los vascos, entendidos como una prolongación de su propia unidad familiar, un mismo linaje, y una misma forma de presencia y de pertenencia que representa la conformación de una realidad unitaria. Frente a la concepción del linaje Baskardo que lidera Cristina Onaindía, su nieta Flora, al mismo tiempo Baskardo y Altube, se une a la causa libertaria para difundir una visión alternativa a la tradicionalista que, no sólo para los habitantes de Getxo, sino también para los agricultores que habitan en los pueblos de Vizcaya, representa la impugnación de un sistema ancestral de creencias: …Los términos socialismo, comunismo y anarquismo significaban, para la mayor parte de Getxo, satanismo, y desde las tribunas del PNV se atemorizaba a los campesinos con que esas dictaduras del proletariado no sólo quitaban una vaca al aldeano, que tenía dos, para dársela al que no tenía ninguna, sino que si aún quedaba alguien sin vaca, quitaban media a los que tenían una para dársela a los que no tenían y así todos quedaban iguales con media vaca23. Asier Altube lo explica en el tercer volumen de Verdes valles, colinas rojas cuando habla con don Manuel, y ambos abordan las opciones que consideraron los empresarios vizcaínos y nacionalistas cuando su concepción política y del Estado hubo de adoptar bando al estallar la Guerra Civil española. Si bien eran contrarios al Estado de Derecho y a la República, la imposibilidad de un entendimiento con los golpistas sobre el autogobierno vasco hacía imposible una alianza con los insurrectos. Pero su deseo de que prevalecieran las fuerzas republicanas era también inexistente. Cobra entonces forma una tercera posición: boicotear el esfuerzo de guerra de los republicanos y, por lo tanto, también del propio Gobierno vasco, ralentizando la producción industrial cuando más necesaria resulta, en los decisivos meses que se inician en octubre de 193624. 23 Ibidem, p. 469: “Lo que Flora vertió… no fue un anarquismo mal digerido, ni siquiera llegó al anarquismo de los panfletos. No prometió la justicia social, ni la igualdad entre los hombres, ni menos aún la Revolución, con mayúscula, la rebelión de los trabajadores contra el poder burgués hasta sustituirlo por el poder obrero. Flora sí que habló de libertad, pero no de la libertad de las masas sino del individuo… con el entusiasmo de quien, por fin, encuentra un movimiento hacia fuera (sic) de una vida reducida a un grupito de cuatro personas viviendo una libertad hacia dentro (sic) en un medio hostil que malamente les perdonaba el respirar…”. 24 Pinilla, Ramiro: Verdes valles, colinas rojas. 3. Las cenizas del hierro…, pp. 16 y 25: “…Ni combatiendo el PNV codo con codo con falangistas, carlistas y moros concedería Franco a los vascos el más corto autogobierno. En cambio, la Constitución republicana contemplaba un Estado con regiones autónomas y, al producirse la rebelión militar, las Cortes ya disponían del texto casi definitivo del Estatuto vasco… ‘Falto solidaridad con la clase obrera, con su lucha por la justicia social’, decía yo. Y el, ‘¿Qué clase obrera?, la de España? ¿Por qué no la de todo el planeta Tierra? Euskadi tenía su 524 Enrique San Miguel Pérez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 El lehendakari Aguirre, por su parte, quien se posiciona junto a la República, pero padece en primera persona la defección de sus colegas industriales, desarrolla un pensamiento que viene a delimitar el territorio en el que se despliega el proyecto nacionalista sin posibilidad de cuestionamiento o de interferencia, al menos, para quienes profesan una visión confesional del espacio público. Su interpretación de la historia, desde el exilio, soslaya la revisión del comportamiento de algunos sectores de la industria vizcaína durante la Guerra Civil, y consolida una concepción profundamente enraizada en la visión más tradicionalista de la fe religiosa y su implantación en la vida pública: la diferencia entre las formas estatales, es decir, entre el orden jurídico y político y el sistema institucional, y las comunidades nacionales, no es una cuestión de opción o adhesión cívica y racional. La diferencia estriba en que mientras los Estados han sido creados por los seres humanos, las naciones han sido creadas por Dios. Y el jurista vizcaíno, diferenciando ambos órdenes, también establece un orden de prelación, que viene a otorgar al sentimiento nacional una dignidad ante la historia preñada de eternidad, frente al aliento efímero de toda solución de procedencia u obediencia estatal: …conviene recordar algo que de puro sabido se olvida a menudo; que Estado y Nación no son la misma cosa. Polonia, por ejemplo, ha sido Nación antes y después de ser independiente, es decir, antes de constituir un Estado. Y así otras muchas colectividades nacionales, sean o no sean Estados. Y lo que importa para la paz del mundo es el problema de las Naciones, porque éstas fueron creadas por Dios, y los Estados son creaciones políticas más o menos justas, como todo lo hecho por los hombres25. Ya en 1904, Vicente Blasco Ibáñez detectaba con nitidez la pretensión que latía en la transformación del tradicionalismo carlista y la creación del nacionalismo vizcaíno frente a las consecuencias sociales y culturales de los procesos migratorios y, lo que resultaba en términos jurídicos, políticos e institucionales más preocupante para el tradicionalismo, la consolidación de las estructuras del sistema constitucional de 1876: la invención de la historia. La fabricación de una narrativa de resistencia basada en el victimismo, convirtiendo clase obrera y hay que empezar por arreglar la casa de uno’. …El boicot de la gran burguesía industrial vasca al esfuerzo de guerra del Gobierno vasco fue su determinante aportación al fascismo… 25 De Aguirre y Lecube, José Antonio: De Guernica a Nueva York pasando por Berlín…, pp. 364365: “Los grandes imperios atlánticos creyeron haber sofocado por la fuerza el clamor de los pueblos e intentaron destruir las naciones bajo su yugo con métodos de brutal asimilación. La persecución de la cultura indígena y la imposición de la exótica, el exilio o la ejecución de los patriotas y otros medios parecidos fueron empleados constantemente por todos ellos. Pero los pueblos fueron venciendo a pesar de todo. El siglo XIX registra la consagración de la independencia de los pueblos balcánicos, el siglo XIX presencia la libertad de los centroeuropeos y la emancipación irlandesa. Existen aún otros que, privados de libertad, esperan su hora. Entre ellos se encuentra nuestro pueblo, la Nación de los vascos”. 525 Estado Liberal, migraciones, foralismo y nacionalismo en la crisis de la España constitucional de 1876... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 a los trabajadores explotados en invasores, y a la plutocracia en pleno proceso de enriquecimiento en parte de un pueblo históricamente sojuzgado. Pero el doctor Luis Aresti, quien mantenía, en términos científicos, por otro lado, con escaso fundamento, que “Vizcaya apenas tiene historia”, sí que extraía una muy original conclusión: en esa ausencia radicaba su fuerza. Una fuerza invisible para quienes, en su obcecación tradicionalista, se habían declarado “enemigos de lo moderno”. Y, para el lúcido galeno, la grandeza presente y futura de Vizcaya residía, precisamente, en la modernidad que acompañaba a su industria naval y al conjunto de sus procesos de transformación. Había llegado el momento en el que, gracias al trabajo de los migrantes, gracias a los “intrusos” condenados por el racismo despectivo del tradicionalismo, el país de los vizcaínos podía por fin abrirse al mundo: …¡Dichoso país aquel, tan falto de historia que tenía que inventarla, dando la importancia de glorias nacionales a tres miserables combates de horda, allá en los tiempos de Maricastaña: tres contiendas a peñazos, golpes de cachiporra y de hacha, ¡un poco mayores nada más que cualquiera riña de romería! -No; Vizcaya apenas tiene historia -continuó el doctor-, y por esto posee la energía de los pueblos jóvenes. Su grandeza empieza ahora; sólo que los enemigos de lo moderno no lo ven. Su gloria es reciente, y está en la ría, en el puerto, en las minas y fábricas, en los buques que pasean por todos los mares la bandera de su matrícula, en el esfuerzo colosal de dos generaciones que han transformado la Naturaleza para explotarla… Este es un país que no ha dado en los tiempos pasados más que obispos y marinos. Ahora despuntan los únicos hombres notables que puede producir esta raza por sus especiales condicionales…26. 5. Reflexiones finales. La superación del vacío en la Historia como legado, o la derrota de la tiranía En la España de la crisis final de la Restauración en la que se desarrolla la novela de Vicente Blasco Ibáñez y buena parte de la trilogía de Ramiro Pinilla, en la que el escritor valenciano vivió la casi totalidad de su vida y el bilbaíno nació, un también hijo de la crisis de la Restauración, Federico García Lorca, publicó su primer libro, Impresiones y paisajes, aparecido cuando apenas contaba con 20 años, y en donde venía a retratar esa España de la despoblación y de las migraciones, esa España que se dirigía hacia las grandes concentraciones industriales, que con su laboriosidad y su sacrificio portaría consigo los principios del Estado de Derecho y del sistema democrático. Una España en donde, como decía también Federico García Lorca, había tanto 26 Blasco Ibáñez, Vicente: El intruso…, p. 197. 526 Enrique San Miguel Pérez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 angustia, aridez y pobreza como fuerza. En cuyas pequeñas ciudades capitales de provincia se encontraba “toda la España pasada y casi la presente”, con su carga de “santidad, horror y superstición”. Lugares mutilados, como decía el escritor granadino, por el vigente proceso de civilización, cuyo “alma colosal”, evocador de un portentoso itinerario histórico, habría de migrar con sus habitantes27. De los procesos migratorios y el consiguiente desarrollo industrial del territorio vizcaíno se desprende uno de los grandes centros motrices en la configuración de la España contemporánea, con la disparidad y desigualdad consiguientes. Pero, también, la consolidación de un discurso histórico sumamente original, declaradamente incompatible con la definición liberal y constitucional del Estado de Derecho: el del tradicionalismo, amparado en el reconocimiento de formas jurídicas e institucionales privilegiadas, por excepcionales, por parte del sistema constitucional. Reconocimiento que, si bien implícitamente integra esas formas jurídicas dentro de la lógica general del funcionamiento del Estado, no encuentra una fórmula para la conciliación entre principios por su propia naturaleza, en principio, no compatibles. La disposición adicional primera de la CE vigente, que instituye el compromiso del Estado constitucional de 1978 de recoger y amparar los “derechos históricos” de los “territorios forales” procedió a una síntesis que, políticamente afrontada en debates constitucionales previos, como los de 1868-1869 y 1931, y de hecho asumida en el desarrollo constitucional de la CE de 1876, y tanto en el ámbito tributario como en el civil, no había conocido hasta el bloque constitucional vigente una tan explícita asimilación de las culturas políticas historicista y racionalista latentes en España desde el debate constitucional de 1810-1812. La solución inédita adoptada, para deleite de las disciplinas jurídicas básicas, asimilando la cultura de los derechos y el discurso de la “constitución histórica”, adjudicando además su implantación a unos territorios adjetivados por su foralidad, pero no constitucionalmente determinados, habría de resultar funcional, más allá del debate en torno a la técnica constitucional, y tanto en el plano político como en el constitucional, lo que equivale a decir en el histórico. Porque, en efecto, asimilar la traducción constitucional y, desde luego, estatutaria de la fórmula, equivale a la aceptación del sistema constitucional en su conjunto28. La constitucionalización de los “derechos históricos” representa el establecimiento de un tercer discurso que vendría a integrar a fuerzas durante casi siglo y medio no compatibles. La fórmula, sin precedentes, comporta la superación de la histórica definición individual de los derechos fundamentales, 27 García Lorca, Federico: Impresiones y paisajes. Edición de Rafael Lozano Miralles. Madrid. 1994, pp. 62 y ss. 28 Corcuera Atienza, Javier; García Herrera, Miguel Ángel: La constitucionalización de los Derechos Históricos. Madrid. 2002, pp. 120-121. 527 Estado Liberal, migraciones, foralismo y nacionalismo en la crisis de la España constitucional de 1876... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 pero también de los derechos económicos y sociales, para crear una nueva categoría, en términos territoriales restrictiva o, al menos, restringida de derechos, que se circunscriben a territorios también adjetivados. Una fórmula que las formas de creación literaria, siempre ateniéndose a la lógica del histórico conflicto entre tradicionalismo y liberalismo en la edificación del Estado de Derecho español, habrían de prefigurar en el pensamiento del doctor Luis Aresti de El intruso de Vicente Blasco Ibáñez, y en la perspectiva de síntesis de personajes como Asier Altube en Verdes valles, colinas rojas, de Ramiro Pinilla. Algunas de las más brillantes páginas en la obra de Vicente Blasco Ibáñez pertenecen al momento en donde, en El intruso, procede a la composición de pasajes que se encuentran entre los que mejor definen a España en su historia. Y, muy especialmente, en la delimitación del papel desempeñado por la Iglesia católica. Porque a la persecución religiosa, el fanatismo y la intolerancia, se suma un comportamiento, si cabe, más cruel: el olvido. Quienes padecen la intolerancia mueren por segunda vez al ser condenadas al olvido. Y eso significa la creación del más terrible de los vacíos en la formación de la conciencia cívica y democrática, que es “el vacío de la Historia”. Ese vacío constatado por el novelista valenciano que de la historia proviene, y en el siglo largo transcurrido desde entonces habrá de ser practicado como política de Estado durante los períodos autoritarios: -España es un país de olvido -…- Aún se estremecen en Francia recordando la matanza de San Bartolomé, que duró veinticuatro horas… En otros países levantan estatuas a las víctimas de la intolerancia religiosa. Aquí, la Iglesia omnipotente las ha matado por segunda vez, creando el vacío en la Historia. De tantos miles de mártires, ni el nombre de uno sólo ha llegado hasta el vulgo29. España es un país de olvido, pero no de tiranía, porque España es una creación de la historia y del derecho. El espacio hispánico en el que Lucano pudo concebir La Farsalia. Es verdad que la tiranía pretende siempre desconocer la existencia del derecho, porque, como decía Jaime Guasp, “el derecho es libertad”. Y, también, la tiranía necesita ignorar la realidad, sabedora de que toda forma de enfrentamiento con la realidad y, por lo tanto, su reconocimiento, equivale a su derrota. Allí donde el derecho y la realidad se retuercen, o se fabrican y reinventan ignorando la realidad, la tiranía sucumbe. Pero, sobre todo, la tiranía perece a manos de la historia. Porque la tiranía sabe que no puede desconocer la existencia de la historia 30. La historia hará un ejercicio que deslegitima cualquier pretensión de historicidad de la tiranía: intentará, 29 Blasco Ibáñez, Vicente: El intruso…, p. 106. 30 Hermosa Andújar, Antonio: De la política a la tiranía. Salustio. Lucano. Tácito. Barcelona. 2023, p. 218. 528 Enrique San Miguel Pérez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 precisamente, comprenderla, y en términos científicos, reflexionando desde el análisis, y prevalecerá sobre ella. Como comprende la historia el anuncio del doctor Luis Aresti acerca del porvenir. Un ejército, ya no hambriento, habría de abatirse sobre los últimos restos del absolutismo, En 1903, Vicente Blasco Ibáñez sólo puede augurar una desembocadura para el torrente histórico que las personas migrantes portan consigo, y es la culminación de la expugnación de la Bilbao tres veces sitiada, pero esta vez no por los continuadores de la forma absoluta del Estado, sino por las masas de trabajadores que defienden la causa del trabajo y el derecho a vivir, la causa que porta consigo el nuevo modelo de Estado de Derecho y el sistema democrático, y tanto en la obra del escritor valenciano, como en la de Ramiro Pinilla: Un ejército enemigo se ocultaba tras de aquellas montañas que cerraban el horizonte, una horda hambrienta que algún día caería sobre la población, como en otros tiempos las gavillas del absolutismo. Bilbao estaba amenazada de un tercer sitio, pero en este último no se detendrían los enemigos ante las defensas exteriores, se esparcirían por las calles y bloquearían a la riqueza en sus magníficas viviendas. La guerra, que hasta entonces había sido en nombre del pasado, se repetiría en defensa del porvenir. Los nuevos sitiadores llevarían la miseria como bandera, y como grito de combate el derecho a la vida31. 31 Blasco Ibáñez, Vicente: El intruso…, p. 259. 529 Estado Liberal, migraciones, foralismo y nacionalismo en la crisis de la España constitucional de 1876... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 505-529. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.23 Referencias bibliográficas: Araquistáin, Luis: España ante la idea sociológica del Estado. París. 1953. Berger, John: Puerca tierra. Madrid. 2008. Blasco Ibáñez, Vicente: El intruso. 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