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La comida en común espartana como mecanismo de diferenciación e integración social

Casillas, Juan Miguel; Fornis Vaquero, César Antonio

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Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, H." Antigua, t. 7, 1994, págs. 65-83 La comida en común espartana como mecanismo de diferenciación e integración social JUAN MIGUEL CASILLAS Y CÉSAR FORNIS* Como inicio del presente artículo conviene precisar ios diversos términos griegos utilizados por las fuentes clásicas para designar los banquetes propios de la cultura doria y, más concretamente, los celebrados en Esparta y Creta. Las denominaciones habituales que podemos encontrar son las de cmooixía y (¡n.5ixía \ ambas utilizadas para designar la «comida en común» espartana, a las que debemos añadir las variantes (TOÍT0ÍTIOV y 0i6mov para referirse al espacio físico en donde tenía lugar la reunión de los comensales. El vocablo (jjiSnía, si optamos por la opinión expresada por Aristóteles ^ sería una acepción posterior que fue adoptada por Esparta del más antiguo término de ávSpe^a, procedente de Creta, isla con la que Lacedemonia compartía múltiples similitudes que la tradición atribuyó al único y legendario autor de la Retra ^ No obstante, es Plutarco quien nos remite al sentido originario de (JK^nía al relacionarlo * Universidad Complutense. Este artículo tiene como base un trabajo en inglés presentado a la revista Papers from the Instituto of Archaeology, bajo el título <<An Appreoiation on the Social Function of the Spartan ouooixía», ahora ampliado en diversos aspectos que por razones de espacio no pudieron ser incluidos entonces. Agradecemos al profesor Domingo Plácido sus inestimables consejos en la elaboración definitiva del artículo, aunque somos exclusivamente responsables de cuantos errores pudiera contener el mismo. Asimismo, agradecemos a la Oficinal Municipal de Fomento a la Investigación de la Comunidad de Madrid y al Profesor Julio Mangas, en representación de la Universidad Complutense, la posibilidad de haber contado con una ayuda económica que ha permitido nuestra estancia en el Institute of Ciassicai Studies de la Universidad de Londres. ' Otras variantes menos habituales son: ifiXíiia (Plu. Ptioc. 20; Cic. Tuse. 5.34.98), ¡¡¡eidizía (X. HG. 5.4.28), 0£i(5mov (/G. V.1 1507) y 0eiáemov (IG. V.1 128.13). ' Arist. Po/. 1272 a 5. ^ En efecto, Licurgo viajó en diversas ocasiones a Creta, antes y después de su partida definitiva de Esparta. Incluso tras producirse su muerte, algunas localidades cretenses se atribuyeron el prestigio de ser el lugar donde falleció el mítico personaje o donde se situaba su tumba (cfr. Plu. Lyc. 31.4 y 7; Paus. 3.16.6). Por otra parte, debemos hacer mención a que ávSpfjioxi sería el comedor público de los cretenses. 65 JUAN MIGUEL CASILLAS Y CESAR FORNIS con el término (piXía, la amistad o afecto que presidía estas comidas en común, pero no descarta la posibilidad de que proceda de é5íxia, es decir, el acto de comer •*. Una última pero indispensable referencia ha de hacerse a Jenofonte, buen conocedor de las costumbres lacedemonias, quien en sus escritos utiliza los términos ovaKrivía o avaKijvia para aludir a la vida en común y a los banquetes militares desarrollados en Esparta, palabra que no encontramos en ningún otro autor clásico ^ Precisada la terminología, nos parece oportuno recordar que en los últimos años el tema del sumposion griego en general y la sussitia en particular ha despertado un creciente interés que se ha concretado en la publicación de diversos trabajos, entre los que destacamos el de T. J. Figueira, centrado en la vertiente económica, M. Nafissi, desde un enfoque situado en el plano ideológico y N. R. E. Fisher, sociológico en esencia, pero con implicaciones políticas ^ La importancia de esta institución espartana es tal que se extendía a todos los ámbitos de la vida lacedemonia, dejando sentir su impronta en los planos político, económico, militar, educativo, moral y sexual. Es nuestra intención analizar aquí el sistema de integración y diferenciación social que supuso la participación en estos banquetes en el marco de las costumbres espartanas a través, principalmente, de las referencias aportadas por los autores antiguos. Podríamos definir la ovaaiTÍa como la reunión de los varones adultos espartiatas de pleno derecho (o/xoioi) con la finalidad de estrechar y reforzar los vínculos de unión que hacían posible su predominio sociopolítico mediante el acto simbólico de una comida en común \ Así, en estos ' Plu. Lyc. 12.1-2. = X. Lac. 5.2. ' T. J. FIGUEIRA, «Mess Contributions and Subsistence at Sparta», TAPhA 114 (1984), 87109; M. NAFISSI, La nascitá del «Kosmos». Studi sulla storia e la societá di Sparta, Perugia, 1991; N.R.E. FISHER, «Dink, Hybris and the Promotion of Harmony in Sparta», en A. POWELL (ed.), Classical Sparta: Techniques behind her Success, Londres, 1989, 26-50. Cfr. también, O. MURRAY, «The Greek Symposion in History», en Tria Corda: Scritti in onore di A. Momigiiano, Como, 1983, 266-70; E. DAVID, «The Spartan Syssitia and Plato's Law», AJPh 99 (1978), 486-95 que analiza, con carácter general, las controversias planteadas por esta institución en las Leyes de Platón; K.T.M. CHRIMES, Ancient Sparta, Manchester, 1949, 218, 230 y 245; H. MICHEL, Sparta, Cambridge, 1964, 39, 236, 295 y 331; A.H.M. JONES, Sparta, Oxford, 1967, 36-7 y 153; P.A. CARTLEDGE, Sparta and Lakonia. A Regional l-iistory, 1300-362 B.C., Londres, 1979, 170-1 y 174; J.T. HOOKER, The Ancient Spartans, Londres, 1980, 116-8 y W.G. FORREST, A History of Sparta, 930-192 B.C., Londres, 1980^ 45 y 52. ' La sussitia era una de las bases más destacadas del sistema espartano que iba contra la tradición del oikos: los valores familiares se ven combatidos y finalmente aplastados, mientras la única función del estado es la de producir ciudadanos vigorosos que se conviertan en buenos soldados y en esto juega un papel destacado la convida en común. Cfr. IVI. AUSTIN y P. VIDALNAQUET, Economía y Sociedad en la Antigua Grecia (trad. de T. de Lozoya), Barcelona, 1986, 85. 66 La comida en común espartana como mecanismo de diferenciación... banquetes se daban cita prácticamente aquellos que participaban en la Ekklesia espartana —más los efebos, en el estadio final de la agoge— y que, por consiguiente, tomaban las decisiones políticas. Por tanto, podemos considerar que en las sussitiai se fraguaban y discutían desde diferentes puntos de vista temas que ulteriormente eran encauzados de manera oficial a través de la Asamblea ^ Haciendo buenas las palabras de B. L. Kunstler, «agelai y sussitiai funcionaban a modo de minipoleis dentro del más amplio organigrama del estado espartano» ^ La enorme significación y trascendencia de esta práctica social es aún mayor si tenemos presente la endémica oligandria padecida por Esparta, basada en un restringido acceso a la ciudadanía y en el alto porcentaje de población sometida '". En este sentido, hemos de concebir la sussitia como una especie de logia —si bien, lejos de ser ajena, inserta en las coordenadas políticas estatales— que hermanaba e identificaba a sus integrantes en unos mismos intereses y objetivos e incluso requería la aceptación de los nuevos miembros por parte de los antiguos y el secreto acerca de las conversaciones y actos desarrollados durante las sesiones ". Este tipo ' Y no exclusivamente el recuerdo de «bellas» acciones realizadas por los ciudadanos que menciona X. Lac. 5.6. Así, tenernos el ejemplo de Esfodrias que, a punto de ser condenado a muerte por los éforos, fue apoyado por sus compañeros de mesa, entre los que se encontraba Arquidamo, hijo del rey Agesilao II y hetairas de Cleónimo, hijo a su vez de Esfodrias (X. IHG. 5.4.25-28). ' B. L. KUNSTLER, Women and ttie Development oí ttie Spartan Polis: Study of Sex Roles in Classical Antiquity, diss. St. Univ. of New York, Nueva York, 1983, 448. Las agelai, literalmente «rebaños para ser guiados», eran grupos en los que los jóvenes espartiatas desarrollaban su instrucción militar bajo la atenta mirada de sus amantes adultos; cfr. P. CHARTRAINE, Études sur le vocabulaire grecque, París, 1956, 32-3 y P. VIDAL-NAQUET, «Greek Adolescence», en The Black Hunter {traá. al inglés de A. Szegedy-Maszad), Baltimore-Londres, 1986, 142-56. M. NAFISSI, op. cit., 177 pone en conexión las agelai y las sussitiai, aunque admite que el principal mecanismo de regulación de este «rite de passage» del adolescente no es conocido en profundidad. '° Para la población espartiata, véase Hdt. 7.234.2, 9.10.1, 11.3, 28.2, 29.1; Th. 5.68.3; X. HG. 6.1.1, 4.14-15; Arist. Pol. 1270 a 16-17; Plu. Lyc. 8.5, 16.1 Hasta mediados de este siglo los autores se aventuraron a ofrecer algunas cifras sobre la población servil en Lacedemonia: K.J. BELOCH, Die Bevóikerung der Griechisch-Rómischen Walt, Leipzig, 1889, 506 pensaba que con anterioridad a la Guerra del Peloponeso el número de hilotas rondaba los 175.000, de los que 60.000 serían varones, alcanzando la población total de Laconia y Mésenla unos 230.000 habitantes aproximadamente; G. B. GRUNDY, «The Population and Policy of Sparta in the Fifth Century B.G.», JHS 28 (1908), 81 consideraba factible que la ratio de la población hilota respecto a la espartiata en el siglo v fuera posiblemente de 1:15, es decir, 25.000 espartanos por 375.000 hilotas, cifra que no incluía a los periecos; actualmente, R.J. TALBERT, «The Role of the Helots in the Class Struggle at Sparta», Historia 38 (1989), 23 estima que el número aproximado de hilotas a mediados del siglo v estaría entre 170.000-224.000, lo que coincidiría en líneas generales con las apreciaciones anteriormente expuestas. Cfr. también G.E.IVI. DE STE. CROIX, The Origins of the Peloponnesian War, Londres, 1972, 137-8 y 331-2 y T. J. FIGUEIRA, «Population Patterns in Late Archaic and Classical Sparta», TAPhA 116 (1986), 165-211. " Cfr. Plu. Lyc. 12.9 para el desarrollo de la ceremonia de admisión y Lyc. 12.8 para el silencio exigido a los miembros de la sussitia. 67 JUAN MIGUEL CASILLAS Y CESAR FORNIS de asociación política, en su significado más puro, servía de modelo a imitar para las hetairías y sinomosías de carácter oligárquico que en otros estados pretendían ser un grupo de presión social que intentaba imponer los intereses de los kaloikagathoi, es decir, de aquellos que por nacimiento, educación y modo de vida se consideraban los más aptos para gobernar a través de la Eunomia y la Eutaxia ^^. Respecto a la periodicidad de estas contribuciones a los banquetes, algunos autores han sostenido que eran mensuales '^ si bien más que avalar tal hipótesis, las fuentes sugieren una mayor frecuencia de estas reuniones, celebradas siempre al anochecer ". Como la mayor parte de las instituciones espartanas, el origen de la sussitia fue atribuido al mítico legislador Licurgo, con toda la problemática histórica y cronológica que presenta este personaje ^^ Jenofonte y Plutarco nos dicen que el legislador pretendía con ello fomentar el respeto y la obediencia a las leyes dictadas por el estado, al tiempo que reducir al mínimo la indisciplina reinante en la ciudad '^ Aristóteles recoge también un deseo expresado por parte del legislador de introducir la comunidad de bienes en Esparta y Creta ". Al igual que gran parte de las instituciones, la que nos ocupa conservó su estructura y sentido original acuñado en época arcaica, sin mostrar transformaciones visibles hasta que con la Guerra del Peloponeso se inició una lenta evolución hacia formas de integración social que terminarán " Para la organización, fines y actividades de las hetairías, con un carácter general, puede consultarse G. M. CALHOUN, Athenian Clubs in Politics and Litigation, Austin, 1913, F. SARTORI, L'etairie nella vita política ateniense del VI e V secólo a. C, Roma, 1957 y O. AURENCHE, Les groupes d'Alcibiade, de Leógoras et de Teneros. Remarques sur la vie politique athénienne en 415 av. J. C, París, 1974. En cuanto a la naturaleza e ideología de los grupos oligárquicos, véase p. ej. W. DoNLAN, The Aristocratic Ideal in Ancient Greece, Lawrence (Kansas), 1980 y L. WHEBLEY, Greek Oligrarcliles. Their Character and Organisation, Chicago, 1975 '. '^ J. T. HooKER, op. cit., 134; P. A. CARTLEDGE, op. cit., 170; T. J. FIGÜEIRA (1984), 89, n.° 6. " Plu. Lyc. 15.6. N.E.R. FISKER, op. cit., 32 las hace diarias sin argumentar su postura. '= Hdt 1.65.4-5, X. Lac. 5.2 y Plut. Lyc. 12.1. Aristóteles {Pol. 1271 a 31-34, 1272 a 9) la atribuye «al legislador» de forma ambigua, que bien podría ser el propio Licurgo. A favor de la existencia histórica de este personaje se muestran, N.G.L. HAMMOND, «The Lycurgan Reform at Sparta», JHS 70 (1950), 57; G.L. HUXLEY, Early Sparta, Londres, 1962, 7 y 42; W. G. FORREST, "Legislation in Sparta», Pttoenix 17 (1963), 16-7. Se muestran dudosos, A. ANDREWES, The Greek Tyrants, Londres, 1956, 76; E. N. TIGERSTEDT, The Leyend of Sparta I, Estocolmo, 1965, 73. La niegan, al considerarlo un personaje mítico cuya existencia se encuentra vinculada a aspectos de índole ideológico, H. W. WADE-GERY, «The Growth of the Dorian State», CAH III, Cambridge, 1925, 562 y V. EHRENBERG, Neugründer des Staates, Munich, 1925, 30 y 49. '" X. Lac. 5.2; Plut. Lyc. 8.2-3. " Arist. Pol. 1264 a 15. Cfr. también el posicionamiento adoptado por M. NAFISSI, op. cit., 191-206, al compararlo con la andreia practicada en Creta. 68 La comida en común espartana como mecanismo de diferenciación... por romper el anquilosamiento y tradicionalismo de la sociedad lacedemonia '^ No obstante, a través de diversos textos literarios se puede observar que algunas instituciones lacedemarias habían roto parcialmente ese conservadurismo desde cuando menos el siglo VI; este es el caso de distintas formas de transmisión de la propiedad y del papel desempeñado por la mujer en el ámbito social espartano que, incluso, les diferenciaba de las estructuras apreciadas en el resto del mundo griego ^^ De esta forma, la sussitia simbolizó a la perfección hasta mediados del siglo iii a. C, al menos teóricamente, las raíces de Esparta como estado conservador, totalitario y militarista; Plutarco recoge esta idea al decir que las comidas en común «reunían a los magistrados de las estirpes griegas que tienen las mejores Constituciones y conservan con más amor sus antiguas costumbres» ^°. La dieta prescrita para estos banquetes se caracterizaba, según Polibio, por su frugalidad, con la intención de «hacer moderados a los hombres en sus vidas privadas y preservar de turbulencias la vida pública» ^\ algo que, como hemos expuesto con anterioridad, fue un objetivo primordial del legislador, a pesar de que otras fuentes literarias y arqueológicas parecen desmentir esta teórica limitación del alimento. Más fiable resulta la opinión de Jenofonte por su trato directo con las instituciones '" Sobre las modificaciones producidas en Esparta a partir del siglo iv a. C. puede verse, G. BocKiscH, «Harmostai», KIJo 46 (1965), 150 ss.; P. A. CARTLEDGE, op. cit, 270 ss.; T. J. FIGUEIRA (1984), 98; CH. HAMILTON, Agesilaus and the Failure of Spartan Hegemony, Itaca-Londres, 1991, 7085; E. BADIÁN, «Agis III», Hermes95 (1967), 170-92. Para las reformas propuestas por Agis IV en el siglo III a. C, véase E. GABBA, «Studi su Filarco. Le biografié plutarche di Agide e Cleomene», Atfienaeum 35 (1957), 13; A. FuKS, «The Spartan Gitizen-body in Mid-third Century B. C. and its Enlargement Proposed by Agis IV», Athenaeum 40 (1962), 244-63; E. DAVID, Sparta between Empire and Revolution (404-243 B.C.), Nueva York, 1981, 174, n.° 11; B. SHIMRON, Late Sparta: tlie Spartan Revolution, 243-146 B.C., Búfalo, 1972; J. R. F. MARTINEZ-LACY, «Agis's and Cleomenes's Reforms and their Relationship to Expressions and Appearances of Resistence by the Ruled», en T. YuGE-M. Doi (eds.), Forms of Control and Subordlnatlon In Antiqulty, Leiden, 1988, 476-81. " Véase, a título de ejemplo, Hdt. 5.39-41; 6.57.4-5; 6.71; x. HG 5.3.9; Mem. 1.2.61; Plu. Clm. 10.6. " Plu. Mor. 714 B. Aunque no podemos descartar que algunas instituciones espartanas se remonten a la época oscura, la mayoría, y entre ellas la sussitia, parecen datar de principios del siglo vil, en conexión con la conquista de Mésenla y el subsiguiente aumento de la tierra productiva distribuida entre los espartiatas: cfr. P. A. CARTLEDGE, op. clt., 170. Sobre el gran valor económico de estas nuevas tierras puede verse, J. KROYMANN, Sparta und fAessenien. Untersuchungen zur überlleferung dar messenlschen Kriege, Berlín, 1937, 14; H. MICHEL, op. clt., 206, y J. M. CASILLAS y C. FoRNis, «Resonancias épicas en Tirteo: Aproximación al contenido histórico de los poemas 4D y 6 47D», en /// Coloquio de Estudiantes de Filología Clásica: Poesía épica griega y latina (Valdepeñas, 1991), Valdepeñas, 1992, 208, 210-1 y 215. ^' Plb. 6.48.3. Se trata en definitiva, como apunta N.R.E. FISHER, op. clt, 30, de evitar las manifestaciones de hybrls. 69 JUAN MIGUEL CASILLAS Y CÉSAR FORNIS lacedemonias en plena época clásica, quien en diferentes pasajes de su República de los Lacedemonios considera que estas connidas eran suficientes para calmar el apetito sin caer en excesos ^^ Además, esta moderación se manifestaba mayormente en la falta de consumo de productos exóticos y no en la escasez de alimentos, que los espartiatas ingerían por encima de la media del soldado griego ^^ Este hecho se enmarca convenientemente en el carácter y educación recibida por los espartiatas, cuya temprana dedicación a la vida militar exigía un cuerpo ágil a la vez que poderoso para la disposición y entrega bélica. En cualquier caso, se trataba de cantidades nada despreciables de alimentos en relación a la producción media de los kleroi ^^. Por otra parte, a diferencia de la mayoría de los sumposia griegos, en las sussitiai los simposiastas no acababan ebrios, haciendo honor a la fama de moderados bebedores que tenían ios espartanos, característica que se extendía a todo tipo de fiestas y celebraciones ^^ Sin duda, como ^^ X. Lac. 2.5-6; 5.3. De esta manera, se pretendía conseguir en el espartiata un cuerpo esbelto que, complementado con el diario entrenamiento físico y militar, permitiera desarrollar adecuadamente la masa muscular. == Hdt. 9.82; Ath. 4.138 D; Plu. Lyc. 12.13. L. FOXHALL-H.A. FORBE, «IixO;Uei:peía; the Role of Grain as a Staple Food in Classical Antiquity», Chiron 12 (1982), 59 ha precisado el valor calórico de la comida aportada a la sussitia en 4.230 kcal. por día y hombre, superando entre 408 y 893 kcal. lo requerido por los más activos varones adultos. Cfr. lo expuesto por T. J. FIGUEIRA (1984), 92-94 para un minucioso estudio de los hábitos alimenticios y productos más consumidos por los espartanos. " T. J. FIGUEIRA (1984), 98-9 ha estimado la aportación a la sussitia en aproximadamente un 37% de la producción mensual del luleros. '^ Para el vino en la sussitia, cfr. Plu. Lyc. 12.14; 15.6; para las Huacintlias, Ath. 4.139 D; véase también el texto de X. Lac. 5..4-7 y entre los estudios modernos, M. NAFISSI, op. cit., 178-91, B. C. DiETRiCH, «The Dorian Hyacinthia: a Survival from the Bronze Age», Kadmos 14 (1975), 13342, M. E. IRWIN, «Odysseus 'Hyacinthine hair' in Odyssey6.231», PiíoenixAA (1990), 205-18, L. y F. ViLLARD, «Hyakinthos», LIMC 5 (1991), 546-50, M. PETTERSSON, Cuits of Apoiio at Sparta. The Hyal^inthia, the Gymnopaidiai and the Karnea, Estocolmo, 1992, 9-41 y L. BRUIT, «The meal at the Hyakinthia: ritual consumption and offering», en O. MURRAY (ed.), Sympotica: a Symposium on the Symposion, Oxford, 1990, 162-74; para las Gimnopedias, B. D. MERRIT, «The Spartan Gymnopaidia», CPh 26 (1931), 70-84. En Esparta existía otra comida, el l<olpis, relacionada sobre todo con el culto a Artemis, aunque en algunas ocasiones también se consumía durante las celebraciones a Apolo. No tenía la significación exclusivista de la sussitia, pues en estas conmemoraciones se repartía a todos los participantes, incluidas mujeres y determinada población dependiente como los periecos, pero también podían comerlo los xenoi que estuviesen en la ciudad de Esparta durante estas destacadas fiestas religiosas. Por tanto, se disolvían, aunque fuese momentáneamente, las diversas categorías diferenciadas de la sociedad espartana: hombre-mujer, adulto-adolescente, ciudadano-dependiente y lacedemonio-extranjero. La comida se componía de un pastel llamado <J)t)oÍKi^A.os, parecido a otro bollo denominado éyicpís, hecho de aceite y miel. El l<oipis también consistía en queso fresco, x/Vcoaós xDeós, vientre de animal, yaatií, una especie de salchicha, (¡i-Goicri, higos secos, O&KU, habas secas, KOTIXOI, y judías verdes, ífáar\Xoi x^^copoi. Véase, Ath. 4.138 E-F; 139 A-B y Hdt. 9.82. También puede consultarse los trabajos de W. KROLL, «Kolpis», ñF IX, Stuttgart, 1922, 1362-3; F. BÓLTE, «ZU lakonischen Festen», RhM 78 (1929), 134-35; H. JEANMAIRE, Couroi et Courétes. Essai sur i'éducation spartiate et sur Íes rites d'adolescence dans l'antiquité hellénique, Travaux et mémoires de i'Université de Lille 21, Lille, 1939, 52470 La comida en común espartana como mecanismo de diferenciación... dice Plutarco, los homoioi no querían «hacer menos útiles los banquetes viriles» ^^ enturbiando el buen desarrollo y significado de los mismos. En cambio, quienes sí bebían vino en gran cantidad eran los hilotas, hasta el punto de cantar y bailar de forma ridicula, lo que en opinión de T. J. Figueira constituía «un refuerzo psicológico de su inferioridad ante los espartiatas» ^\ Este autor toma como base la supuesta presencia de hilotas sirviendo las mesas y la elevada consumición de comida y bebida para argumentar que la sussitia «no sólo era una institución para la vida comunal de los espartiatas, sino un mecanismo de redistribución del alimento según la jerarquía social» ^^ Sin negar la función económica de este banquete, que proveía para las clases desfavorecidas un complemento a su alimentación habitual, consideramos, no obstante, que Figueira va más allá de lo permisible en el aspecto puramente social al postular que hilotas y mujeres solteras participaban de estas celebraciones ^^ Mientras que el propio autor admite su falta de base para explicar la presencia de mujeres solteras, resulta inadmisible pensar que la población servil tuviera acceso a conversaciones, ritos, en algunos casos iniciáticos, y otro tipo de manifestaciones de la élite sociopolítica cuando a los propios espartiatas se les obligaba a guardar silencio y cuando, por otra parte, los hilotas eran un peligro potencial endémico para la estabilidad del estado lacedemonio ^°. Por contra, debemos ajustamos a la información de las fuentes, que en 40; J. M. VERPOORTEN, «La 'stibas' ou l'image de la brousse dans la société grecque», RHR 162 (1962), 147-60; W. BURKERT, Greek Religión. Archaic and Classical, Oxford, 1985, 107; U. KRON, «Kultmahle im Heraion von Samos archaischer Zeit. Versuch einer Rekonstrucktion», en R. HÁGGN. MARINATOS-G. C. NORDQUIST (eds.), Early Greel< Cult Practice, Estocolmo, 1988, 138. 2= Plu. Mor. 218 D 4. =' T.J. FIGUEIRA (1984), 97. ^' Ibid., seguido por N.R.E. FISHER, op. cit., 34. A su hipótesis, que ya fue apuntada por L. FoxHALL-H.A. FoRBES, op. cit., 59 como una posibilidad alternativa a la utilización de los productos sobrantes para el comercio, contribuye sin duda el hecho de que se trata de productos perecederos y, por tanto, de imposible almacenamiento. "' Ibid. " Cfr. Plu. Lyc. 28.8, con la introducción del rito de la crupteia a partir del terremoto de c. 464 y Th. 4.80 para la eliminación de dos mil hilotas en el 424 ante una posible rebelión tras el desastre de Esfacteria. Los hilotas podían ser de procedencia laconia o mésenla; éstos últimos, mucho más numerosos según Th. 1.101.2, al tener conciencia étnica, siempre aprovecharon cualquier desastre natural o militar para reivindicar y luchar por su perdida libertad, sólo recuperada tras el reconocimiento del estado mésenlo en 369 por Epaminondas (D.S. 15.66.1; 66.6; Plu. Ages. 34.1; Pelop. 24.9; Paus. 4.26.5-27). Sobre la mayor disposición a la revuelta de la servidumbre étnica con respecto a la esclavitud mercancía, véase p. ej. CL. MOSSÉ, «Le role des esclaves dans les troubles politiques du monde grec á la fin de l'époque classique», C/-/6, 4 (1961), 353-60 y G.E.M. DE STE. CROIX, La lucha de clases en el mundo griego antiguo (trad. de T. de Lozoya), Barcelona, 1988, 116, 336, 661-2; una visión diferente en D. M. LEWIS, «Ithome again». Historia 3 (1954/5), 412-8, Véase también lo expuesto por É. Lévy, «La Kryptie et ses contradictions», Ktema 13 (1988), 245-52. 71 JUAN MIGUEL CASILLAS Y CESAR FORNIS ningún momento presentan a los hilotas participando del banquete, sino que les atribuyen un papel de meros bufones, precisando además que la ingestión de alcohol se producía al margen de las mesas espartiatas y que sólo al final los hilotas eran introducidos en el sussition como ejemplo educacional para que los más jóvenes conocieran los efectos de la ebriedad en el hombre ^\ Precisamente a los jóvenes se les permitía el acceso al sussition en calidad de auditores como complemento a su educación. En este sentido, en presencia de los jóvenes los adultos se comportaban respetuosamente, evitando bromas de mal gusto y enfados ^^ La agoge contemplaba que el joven fuera introducido en actividades y actos sociales como hetairías, gimnasios y banquetes, de acuerdo a los presupuestos de ocio productivo y digno (schole) reservados a los espartiatas ^^ Se establecía así un vínculo entre los adultos con plena capacidad política y los jóvenes destinados a aprender los mecanismos de poder que cristalizaba en la mayoría de los casos en una relación de tipo homosexual. Las asociaciones exclusivamente masculinas que ensalzaban las virtudes viriles fomentaban que el joven buscara entre sus integrantes un modelo a imitar, mientras el amante adulto elegido asumía la potestad moral de guía y conductor (relación erastes-eromenos), en el seno de una cultura donde el estado se hace cargo de la educación del individuo desde una temprana edad, aun a costa de romper los vínculos familiares o de sangre '^. No en vano Jenofonte afirma con rotundidad que la pederastía era considerada rryv KaA,/ilc7ií]v 7i(nS£Í(x\/ ^^ Los textos más específicos acerca de los alimentos y dinero aportados por cada uno de los comensales a la sussitia corresponden a Plutarco y Dicearco de Mésenla, quienes hablan de las siguientes cantidades: un =' Plu. Lyc. 28.8-9; Demetr. 1.5; Mor. 239 A. Nuestra opinión es compartida por M. NAFISSI, op. cit., 190; sin embargo, J. DUCAT, «Le mépris des hilotes», Annales (ESC) 29 (1974), 1457-8 no cree que ésta sea la finalidad del ritual, sino más bien poner de manifiesto el menosprecio hacia los hilotas. '^ Plu. Lyc. 12.6; X. Lac. 5.6. En la sussitia se mantenía una rígida jerarquía por clases de edad en las que los jóvenes prestaban obediencia a los mayores (cfr. al respecto N.R.E. FISHER, op. cit., 37). '^ H. I. MARROU, Histoire de l'éducation dans l'Antiquité, París, 1948, 67; A. BILLHEIMER, «AgeClasses in Sparta in Education», TAPIiA 78 (1947), 99-104. " Plu. Lyc. 18; Arist. Pal. 1272 a 9; Ar. Lys. 79-84; cfr. H. I. MARROU, op. cit., 66, K. J. DOVER, Greel< l-lomosexuality, Londres, 1978, 193, B. L. KUNSTLER, op. cit, 435 y P. A. CARTLEDGE, «The Politics of Spartan Pederasty», PCPtiS n.s. 27 (1981), 17-36. Pl. Lg. 8.836 C hace a los gimnasios responsables del origen de la pederastía en Creta y Lacedemonia. =>= X. Lac. 2.13. 72 La comida en común espartana como mecanismo de diferenciación... medimno de cebada (74 kg.), ocho choes de vino (el choe laconio equivale a 4,62 It.), cinco minas de queso (mina = 437 gr.), cinco semiminas de Iñigos y una pequeña contribución en dinero, que Dicearco precisa en diez óbolos eginetas, para provisiones extra ^^ Sin embargo, es probable que Plutarco se refiera a una aportación media del grupo, más que a una forma individualizada, pues no de todos los KXfjpoi se obtenía una homogeneidad cuantitativa y cualitativa en los productos, sino que la contribución dependía de su situación geográfica, del tipo de cultivo y de la fertilidad de la tierra ^^ Así por ejemplo, había ciudadanos con un especial grado de riqueza que se permitían el lujo de contribuir a la mesa con pan de trigo ^^ Pero la desigualdad en las aportaciones al banquete se hace más patente en el postre (enaiKkov), de carácter voluntario y servido al tiempo que se anunciaba, por parte del ^uóyEipos, el nombre del donante, hecho en ="= Plu. Lyc. 12.3. Dicearco (fr. 72 Wehrli = Ath. 4.141 C) nos transmite la misma lista de alimentos, pero traducidos, en cambio, a medidas áticas: medimno y medio de cebada (51,84 kg.), ocho choes de vino (3,24 It. el choe), queso e higos sin especificar el peso concreto y los ya mencionados óbolos eginetas. Por otra parte, T. J. FIGUEIRA (1984), 89 considera que los espartiatas, en lugar de dinero, aportarían comida por valor de esos diez óbolos, que se toman como patrón económico por estar más familiarizados con la moneda egineta, común entre sus aliados peloponesios. Las monedas espartanas más antiguas, fechadas en la primera mitad del siglo ni, son tetradracmas de plata que imitan las emisiones de Alejandro IVIagno y que llevan el nombre del rey Areo, que reinó entre el 309 y el 264 a. C. (Plu. Plys. 17.2-3; X. Lac. 7.5); véase, B. V. HEAD, Historia Numerum, Oxford, 1911, 434; C. T. SELTMAN, Greel< Coins, Londres, 1955, 256. Con posterioridad, en el año 228 el monarca Cleómenes ni acuñó tetradracmas de plata y después también lo hizo Nabis, en ambos casos imitando las emisiones de los Seiéucidas; véase el planteamiento arqueológico de H. MIGHEL, op. cit., 302 y el más conservador de M. I. ROSTOVTZEFF, Historia económica y social dei mundo helenístico, Madrid, 1967, 186. " Este doble desequilibrio, cuantitativo y cualitativo, en la posesión de la tierra ya sería constatable desde el temprano arcaísmo, apareciendo reflejado en un texto de Aristóteles (Pol. 1270 a 13-14), que haría mención más a un tiempo pretérito que a su propia época [J. J. KEANEY, «Hignett's HAC and the Autorship of the Athenaion Poiiteia», /.CMS (1980), 5-6]. Por tanto habría espartiatas que disfrutarían de Importantes parcelas de tierra, mientras que otras tendrían que conformarse con un minifundio. Esta diferenciación vendría marcada desde la propia situación geográfica en que se encontraba emplazado el dominio territorial de cada una de las familias espartiatas. Las mejores tierras estaban situadas en el valle del río Eurotas y en la zona oeste de Mesenia (según P. A. CARTLEDGE, Agesilaos and the Crisis of Sparta, Londres-Baltimore, 1987, 173 unas 50.000-75.000 Has., que se ubicaban muy probablemente en un área cercana a la ciudad de Esparta y a la llanura del Helos, adecuadas por su feracidad para la creación de cuatro mil Wero/ de entre 11 y 18 Has.). Estas cifras, sobre todo la primera, coinciden con las establecidas en 1961 por el censo realizado por el gobierno heleno, que daba una extensión de 47.153 Has. de suelo cultivable, en las que habría que incluir tanto tierras excelentes para la agricultura como otras situadas en un terreno más montañoso, de mayor dificultad y menor calidad para el cultivo [el resto del territorio estaría distribuido entre comunidades de origen perieco; G. SHIPLEY, «Perioikos: The Discovery of Classical Lakonia», en J. MOTIKA SANDERS (ed.), Laconian Studies in honour of Héctor Catiing, Atenas, 1992, 211-26]. Los Wera/espartiatas estarían enfocados a una producción de subsistencia al no existir un especial incentivo para la venta local o la exportación, ni tampoco un deseo de mantener los excedentes agrícolas, pues la población ciudadana no se ocupaba en actividades banáusicas. =' Alcm. fr. 95 a Page; X. Lac. 5.3. 73 JUAN MIGUEL CASILLAS Y CESAR FORNIS La asistencia al sussition era obligatoria para todos los espartiatas y sólo se excusaba si uno se encontraba cazando o realizando un sacrificio, en cuyo caso debían enviarse a la mesa común parte de las capturas obtenidas en la caza o las primicias del sacrificio '^\ Un derecho potestativo del monarca lacedemonio, de los pocos que en la práctica mantenía, era poder participar de la sussitia sin asistir al sussition, de modo que en su hogar recibía dos quénives de harina de cebada y un cotilo de vino; si decidía acudir a la comida en común, se le ofrecía doble ración de todos los alimentos ^^ Sin embargo, este derecho real debía de estar sujeto a algún tipo de control por parte de los magistrados de la polis, ya que por ejemplo a Agis II le fue prohibida la celebración en privado, con su esposa, de una victoria sobre los atenienses en la Guerra del Peloponeso; cuando envió a recoger su ración y ésta le fue negada por los polemarcos, su indignación le motivó incluso la imposición de una multa al rehusar hacer un sacrificio ''^ El hecho de que el polemarcado sea un cargo militar apunta a un posible origen de la sussitia en el marco de las campañas exteriores, en cuyo desarrollo la comida en común (ó\)/cóviov) constituía una parte fundamental de la convivencia diaria de los espartanos, permitiendo crear, entre otros aspectos, lazos de unión y camaradería que hacían tomar conciencia de la necesaria protección mutua entre los compañeros de mesa. En este caso, los comensales de la misma eran los enomotes, es decir, los integrantes de la unidad inferior del ejército espartano denominada enomotia ^\ En este sentido la edad mínima para integrarse de una forma definitiva en las comidas en común estaba en torno a los veinte años, aproximadamente la misma que era necesaria para formar parte del ejército ''^ No es necesario recordar que la guerra para el estado espartano era una prolongación de la vida ciudadana ya que sólo podían tomar las armas los espartiatas, mientras que la población dependiente lo hacía únicamente en casos de extrema necesidad. Heródoto también parece aludir a este origen en el seno " Plu. lyc. 12.4; X. Lac. 5.3. '•'• Hdt. 6.57.3; según T.J. FIGUEIRA (1984), 97 los reyes recibían mayor cantidad de comida por tener un número mayor de hilólas a su servicio, de acuerdo a su argumentación de redistribución de alimentos entre la población servil. Por otra parte, N.R.E. FISHER, op. cit., 32 con n. 33, siguiendo a P. CARLIER, La royauté en Gréce avant Alexandre, Estrasburgo, 1984, 250 ss., arguye que posiblemente estos privilegios reales fueran ya obsoletos en tiempos de Heródoto. " Plu. Lyc. 12.5. "' Tanto W.G. FORREST (1980), 46 como J.F. LAZENBY, op. cit, 7 y 12 consideran que la enomotia se componía de cuarenta espartiatas. " Cfr. P.A. CARTLEDQE (1981), 22 y N.R.E. FISHER, op. cit, 33, W.G. FORREST (1980), 52 eleva la edad mínima a los treinta años, poniéndola en relación con el acceso a las sesiones de la E/fWes/a. 80 La comida en común espartana como mecanismo de diferenciación. del ejército al incluir la sussitia entre los reglamentos militares, junto a las enomatiai y las triecades ^l Como último punto que cierre nuestro estudio vamos a centrarnos en los cambios experimentados por la sussitia a mediados del siglo iii a. C, encuadrados en las renovaciones constitucionales efectuadas por Agis IV. Desde finales del siglo v se produjo en Esparta una progresiva reducción del derecho a la ciudadanía como consecuencia de una mayor diferenciación social en el grado de riqueza monetaria y fundiaria, producto a su vez del mantenimiento del imperio heredado de la Guerra del Peloponeso ™, a la vez que una creciente disminución de la población espartiata. Las cifras en este sentido son indicativas: en 418 habría unos tres mil seiscientos espartiatas varones ^\ antes del desastre de Leuctra (371) la cifra se había reducido a 1.200-1.000 '^ a mediados del siglo iv eran ya menos de un millar ^=' y, por último, a mediados del siglo ni no superaban los setecientos ^\ Las motivaciones de este hecho son diversas y variadas, sin que debiéramos encontrarlas exclusivamente en las razones moralizantes expuestas por Plutarco'^ y por algunos autores contemporáneos ^^ que se basan fundamentalmente en el influjo que el dinero causó en Esparta a comienzos del siglo iv. En esta creciente oliganthropia también tuvieron una importancia destacada otros aspectos, como la desigualdad de la propiedad entre los ciudadanos y la penetración constante de población dependiente en el ejército lacedemonio ". Mientras unos pocos homoioi, que " Hdt. 1.65.5. ™ Como hemos avanzado arriba {vid. n. 50), el desempeño de cargos políticos y militares en el imperio abrió un abismo dentro de la población espartiata, donde se consolidó una aristocracia ciudadana minoritaria frente al crecimiento numérico de las clases inferiores, no acostumbradas a los mecanismo del librecambio; entre éstas se encontraban los liupomeiones, quienes, como fiemos mencionado anteriormente, por la pérdida de la propiedad veían supflmidos sus derectios políticos y la posibilidad de formar parte de la élite militar y social lacedemonia. Cfr. G.L. CAWKWELL, op. cit., 387-90 y E. DAVID (1981), 46-50; contra, W.G. FORREST (1980), 124-5, A.J. HOLLADAY, «Spartan Austerity», CQ n.s. 27 '1977), 118-21, M.A. FLOWER, op. cit., 88-94 y S. HoDKiNSON (1986), 386-94. '' Th. 5.68.3. '" X. HG. 6.4.14-15; cf. 6.1.1. '^ Arist. Pol. 1270 a 16-17. " Plut. Agis 5.5. '= Plu. Lys. 17; /Wor. 239 F. Cfr. Plu. Lys. 30 y Arist. fr. 501 Rose. Sobre el afán moralizante del de Queronea, véase S. HODKINSON (1986), 382-3; C.G. STARR, «The Credibility of Early Spartan History», Historia 14 (1965), 257-72; M.A. FLOWER, op. cit., 81-3. '' E. DAVID, «The Influx of Money into Sparta at the End of the Fifth Century B.G.», SCi 5 (1979/80), 30-45, esp. 38; cfr. también G.L. CAWKWELL, op. cit, 395-7. " Se pueden citar diversos y constantes ejemplos sobre este hecho. Ya durante la batalla de Platea en 479 participaron, junto al ejército espartano compuesto de homoioi, cinco mil periecos formando una unidad independiente y treinta y cinco mil hilotas que acompañaron a sus respectivos 81 JUAN MIGUEL CASILLAS Y CESAR FORNIS coinciden con las familias que se reparten el poder político, se enriquecían notablemente, el resto sufría un empobrecimiento e incluso la necesidad de vender el kleros, lo que en muchas ocasiones suponía la incapacidad para pagar los costes de la sussitia y, por ende, la inmediata pérdida de los derechos políticos ^^ Consecuentemente la disminución en número de ciudadanos varones revirtió en un aumento del porcentaje de tierra cultivable en posesión de mujeres, un 40 % a mediados del siglo iv, a la que accedían ahora a través de la herencia, y en la posibilidad de que los hupomeiones buscaran en el matrimonio con estas propietarias un medio de acceso a la ciudadanía perdida '^ Todo ello redundó en una continuada debilidad del estado espartano en época helenística. Dentro de este planteamiento hemos de entender las reformas institucionales de Agis IV (244-241 a. C), entre las cuales se incluye la concesión de amos (Hdt. 9.10.1; 11.3; 28.2; cfr. 7.103.3). Con posterioridad, esta participación se incrementó, pero fue fundamentalmente a partir de mediados de la Guerra del Peloponeso cuando su concurso aumentó de una manera significativa, coincidiendo con la disminución del número de ciudadanos. Así, en 421 surge por primera vez el nombre de neodamodeis, es decir, «el nuevo damos». En 413 los espartanos junto a seiscientos hoplitas hilotas y neodamodes marchan a Sicilia, donde adquirieron experiencia en la guerra (Th. 6.19.3); durante la Guerra Jónica un comandante perieco mandó una escuadra de treinta naves (Tti. 8.22.1); asimismo, el segundo comandante de la expedición espartana para ayudar a Ciro en su revolución, Neón de Asine, era posiblemente un perieco (X. An. 1.4.3; 5.3.4). Este fenómeno se prolongó durante el siglo iv: Agesilao fue acompañado por tres mil neodamodes en la expedición a Asia y en 382 contó en el ejército con un importante número de hupomeiones y periecos (X. HG. 6.2.5; 4.9), al igual que la utilización, por necesidad, de periecos durante la campaña de Agesípolis en Olinto (X. HG. 5.3.9, cfr. D.S. 15.22.2). Véase E. CAVAIGNAC, «A propos de la bataille du torrent de Némée (Juin 394)», REA 27 (1925), 275-8; W.K. PRITCHETT, Studies in Greek TopographyW, Berkeley-Los Ángeles, 1969, 75-6; J.K. ANDERSON, Military Practice in ttie Age of Xenophon, Berkeley-Los Ángeles, 1970, 226-7; P.A. CARTLEDGE (1979), 280-1; J.F. LAZENBY, op. cit, 17-20; P. OLIVA, op. cit, 179 yT.J. FIGUEIRA (1986), 200-5; más específicamente, T. ALFIERI TONINI, «II problema del neodamodeis nell'ambito della societá spartana», RIL 109 (1975), 305-16; M. FUROYAMA, «Tfie Liberation of Heiiotai. The Case of Neodamodeis», en T. YUQE-M. DOI (eds.), op. cit., 364-8; R.F. WILLETS, «The neodamodeis», CPii 49 (1954), 27-32; G.B. BRUÑÍ, «l\/'otlial<es, neodamodeis, brasideoi», en Schiavitú, manomissioni e classi dipendenti nel mondo antico, Roma, 1979, 21-31. " El progresivo Incremento en número y malestar de las clases sociales inferiores tuvo una primera expresión en la mencionada revuelta de Ginadón (vid. supra n. 55). Por otro lado, el hieratismo de la legislación de Licurgo impedía a los ciudadanos dedicarse a actividades onerosas como el artesanado o el comercio, habitualmente en manos de periecos, limitando así las perspectivas de futuro de los ciudadanos de segunda clase (X. Lac. 7.1-2); cfr. P.A. CARTLEDGE, «Did Spartan Citizens ever Practice a Manual Tekhne?», LCM 1 (1976), 115-9. y G. BERTHIAUME, «Citoyens spécialistes á Sparte», /Wnemosyne 29, 4 (1975), 360-4. ™ En Esparta la mujer no heredaba a menos que no hubiese varones en la familia, pero desde el siglo IV tenemos constancia de que la escasez de ciudadanos posibilitó que las mujeres pudieran recibir al menos parte de la herencia (ArisL Poi. 1270 a 14-15). Un buen estudio sobre este papel de la mujer en el régimen de propiedad y en la coyuntura demográfica de la Esparta del siglo iv es el de S. HoDKiNSON (1989), 82-9; cfr. también B.L. KUNSTLER, op. cit, 481 y 484 y supra n.° 61. 82 La comida en común espartana como mecanismo de diferenciación. derechos políticos a una parte importante de la población no ciudadana ™. Dichos cambios trajeron consigo, a su vez, la vuelta de algunas tradiciones de la agoge espartana, que desde hacía más de un siglo había caído en desuso "^ y que fueron impuestas tanto a los hijos de los antiguos como de los nuevos ciudadanos con la finalidad de recuperar el viejo espíritu del mítico legislador Licurgo. También esto significó, entre otras cosas, una regulación en el régimen de las sussitiai, de la que sólo tenemos constancia por la variación en la distribución de los comensales, que pasan de estar agrupados en mesas de quince personas en época clásica "^ a repartirse en grupos de entre doscientos y cuatrocientos individuos por cada una de las quince mesas establecidas ''^ posiblemente con el objetivo de que sirviesen de integración a los nuevos ciudadanos. Desgraciadamente, no sabemos si esta modificación se extendió a otros aspectos de la originaria organización de las comidas en común"% pero, se limitara o no esta reforma al ámbito puramente numérico, lo que sí resulta evidente es que, con !a integración de nuevos ciudadanos, la sussitia alteró su primigenia significación de reforzamiento e identificación de la élite sociopolítica espartiata °^ "" Plu. Agis 8.2; cfr. J.F. LAZENBY, op. cit., 182; G. BOCKISCH, op. cit., 150; A. FuKS, op. cit, P.A. CARTLEDGE (1979), 270 ss.; T.J. FIQUEIRA (1984), 98; CH. HAMILTON (1991), 70-85; E. GABBA, op. cit, 13 y E. DAVID (1981), 124 n. 11. Además, el rey Agis IV procedió a la cancelación total de deudas de la población de Lácenla, pero se le impidió continuar con la redistribución de tierras que pretendía realizar (cfr. Plu. Cleom. 17.5 y B. SHIMRON, op. cit., 9-26). " Cfr. M.A. FLOWER, op. cit, 79. " Plu. Lyc. 12.2. '^ Plu. Agis 8.3. Cfr. P.A. CAHTLEDGE-A. SPAWFORTH, Hellenistic and Román Sparta. A Tale of Two Cities, Londres, 1992, 41, 46 y 52; L.J. PIPERS, «Spartan Helots in the Hellenistic Age», AS 15-17 (1984/5), 75-88. '" W.G. FORREST (1980), 45 y J.F. LAZENBY, op. cit, 182 defienden que la reforma se restringió al número de componentes y no afectó a otros aspectos de la institución; por contra, T.J. FIGUEIRA (1984), 98 con n. 32 sitúa la reforma de la sussitia entre el 265-254 (por tanto fuera del reinado de Agis IV), dejando en todo caso de ser un mecanismo integrador de la población dependiente para convertirse en un medio de ayuda del espartiata rico al pobre. '"' Gomo consecuencia de las radicales transformaciones efectuadas por el rey Nabis (206192 a. C.), se dio entrada en todas las instituciones, incluida la sussitia, a la población dependiente (cfr. P.A. CARTLEDGE-A. SPAWFORTH, op, cit, 78). A pesar de que con la conquista romana la comida en común acentúa su decadencia, bajo Domiciano, a finales del siglo i d. C. y posteriormente por los emperadores filohelenos del siglo ii, el simbolismo de esta institución todavía perdura hasta el punto de aglutinar en torno a sí a la aristocracia espartana romanizada (P.A. CARTLEDGEA. SPAWFORTH, 106, 199-200). 83