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IDEA
C i e ios y Mé odos
El alo sag ado
de la imagen
pa ece ce/Hace se/Homb e/Dios
Nues o pun o de pa ida, en cuan o al alo o o ga-
do a la imagen sag ada, es el que undamen a Ma in
Heidegge en su ex o "Sob e la Madonna Six ina"
1
:
"En la imagen, en cuan o al imagen, apa ece el hace -
se homb e de Dios, acaece esa ans o mación que se
da en el al a como ansubs anciación, lo más p opio
del sac i icio de la misa". Desde ella puede pensa se la
imagine ía se illana no sólo cómo un conjun o de
ob as de a e, de escul u as alladas en un de e mina-
do pe íodo his ó ico ( undamen almen e en e los si-
glos XVI y XVIII), sino sob e odo como una elación
man enida en el iempo y ans igu ada a a és del
cul o pa a el que es as imágenes ue on hechas. Es e
cul o no ha cesado ni conocido ans o maciones sus-
ancialmen e p o undas en más de cua ocien os años.
A
Ca los Colón
Pe iodis a
Decano de la Facul ad de
Ciencias de la In o mación
Uni e sidad de Se illa
El p esen e a ículo se co esponde, en sus líneas esenciales, con la con-
e encia dic ada con mo i o del ciclo lle ado a cabo en IAPH pa a p e-
sen a la es au ación de la imagen de Nues o Pad e Jesús de la Pasión.
PH
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Po ello –insis i emos más adelan e en es e ex emo–
un é igo epi ánico que iene dado po es e "apa e-
ce se del hace se homb e", po ello queda es echa
oda in e p e ación socio-an opológica y desbo da
los lími es de la comunicación es é ica la cues ión del
cul o a las imágenes: no son sólo obje os, sino obje os
en los que acaece es e hecho –a a és del "apa ece -
se"– , que es la base undacional del c is ianismo: el
"hace se homb e de Dios". Es e "apa ece " p o oca un
é igo (en el sen ido de a acción a un abismo que al
mismo iempo se eme) epi ánico que iene dado po
la posibilidad de con empla cómo lo más absolu a-
men e incognoscible (la unión del Homb e y Dios: la
Enca nación del Ve bo) se asien a es ablemen e en una
es uc u a o mal, y desde allí se mues a en el d amá-
ico esplendo de las ensiones Vida-Mue e, E e ni-
dad-Fini ud, Glo ia-Humillación, Inco po eidad-He ida.
La ascinación eal de la Semana San a, en endiendo
po al no sólo los sie e días de des iles p ocesionales
sino el conjun o de ac i idades de cul o (públicas y p i-
adas) en o no a las imágenes, su pode pa a habe
sob e i ido ealmen e cómo elación man eniendo co-
mo p op i a io el alo de uso de es as escul u as, su
ue za pa a es uc u a una o ma de habi a la ealidad
y pa a o ja la más ue e de las muchas cadenas que a
an os nos a an a es a ciudad, descansa en es e alo
de la imagen, sola men e pues o en palab as po Hei-
degge , en es e "apa ece se".
G an Pode /Pasión.
Enca nación/T ansubs anciación
En Jesús de la Pasión acaece no sólo el hace se hom-
b e de Dios, y con ello, en lo ma e ial, esa ansubs-
anciación simbólica –pa a los c eyen es no eal, como
la que se ope a en la Sag ada Fo ma consag ada– que
con ie e la ma e ia, a ís icamen e o ganizada, en
o a cosa que no es ya ella misma, no ya made a polí-
c oma, sino imagen de ese "hace se homb e" que es
lo p opio del Dios de los c is ianos.
En es a imagen acaece además un modo p opio y es-
pecí ico de es e apa ece se el "hace se nomb e": el
cue po esculpido no sólo debe ep esen a al Naza e-
no his ó ico que exis ió en el iempo, sino que ade-
más debe hace lo exp esando alguna cualidad que le
sea p opia.
Ello, jun o a y a a és de la huella es ilís ica del imagi-
ne o de genio, hace i epe ibles las imágenes aun ha-
biendo nacido en la misma ciudad, den o de una mis-
ma escuela escul ó ica, en simul aneidad empo al y
den o de un mismo uni e so simbólico y de c een-
cias. Cuando a F ancisco de Ocampo le ue enca gado
copia el C is o de la Clemencia le nació su ob a más
expues a y pe sonal: el C is o del Cal a io. En e el
naza eno del G an Pode esculpido po Juan de Mesa
y el de la Pasión ob a de Ma ínez Mon añés, no me-
dia casi ni una década; po más, Mesa ue discípulo de
Mon añés y el enca go p ime o es el mismo: el Seño
con la c uz a cues as. Sin emba go son ob as adical-
men e di e en es que c ean polos que en lo popula
han ascendido a la polémica. Desde el pun o de is-
a a ís ico es o es lógico: son dos e dade os c eado-
es, mucho más que imagine os de o icio, y po ello la
igu a se esuel e en el es ilo que es p opio de cada
uno de ellos. Pe o lo undamen al no es es o. Cuando
Mesa quie e, es p i ilegio del c eado , puede hace se
mon añesino si el enca go así lo equie e: el C is o de
la Buena Mue e ha sido popula men e de inido como
"Pasión c uci icado". Lo undamen al es que las dos
imágenes –G an Pode y Pasión– exp esan dos a ibu-
os, dos o mas del hace se isible el "hace se homb e
de Dios". El de Mesa es exp esión del Jesús en el que
se enca na el G an Pode de Dios a a és de la acep-
ación del su imien o como consumación de la adical
humanización, al iempo que po habe sido compa i-
do po Dios el dolo y el su imien o (=lo humano) se
dei ican: compa e, o ece, llama, sale al encuen o. El
de Mon añés es el Jesús en el que se consuma po en-
e o el mis e io de la enca nación del Ve bo, la mansa
acep ación, la o al disponibilidad, in adiendo en un
absolu o silencio una ca ne que con o me es poseída
po la Palab a deja de se lo pa a se sólo o enda. El
G an Pode –his ó ico– es la Enca nación. Pasión
–mís ico– es la T ansubs anciación.
Después de an o iempo de habi a en e noso os,
ya no sabemos si los hizo así el genio de la ciudad o si
ue on ellos quienes con o ma on a la ciudad. Pe o lo
cie o es que ambos compa en una misma sensibili-
dad an i e ó ica, humanísima, en la que se exp esa una
eligiosidad an i iun alis a (¡y ello en plena Con a e-
o ma!) que ans o ma e in ie e las apa iencias de lo
que según el común sen ido debe ían se las ad oca-
ciones que exp esan. Así el G an Pode de Dios es e-
p esen ado a a és del dolo , la e nu a, la exposición,
la en ega; imagen del Dios de la más a anzada eolo-
gía ac ual, que sólo puede segui siéndolo si es am-
bién o almen e homb e, y homb e que su e. Po de-
ci lo en é minos de la iglesia ac ual, Juan de Mesa
hizo una cla a "opción p e e en e" po los pob es y los
ma ginados, que han hallado desde hace iempo en
es a ep esen ación del G an Pode de Dios un juego
de espejos: Dios se mi a en ellos pa a hace se po
comple o homb e su ien e, a a és del p ime ges o
escul ó ico, undado de sen idos, de Juan de Mesa;
los homb es se mi an en Él pa a hace se po comple-
o Dios su ien e y iun an e a la ez.
En el silencioso, hondo y manso Jesús de la Pasión, el
p oceso concep ual, elabo ado a a és de asgos es i-
lís icos an di e sos, es idén ico. In e sión de alo es
con encionales. La Pasión de C is o no es el habi ual
desga o del Va ón de Dolo es, ni la huella c uel de
los su imien os, ni el a oja se po en e o al dolo del
homb e en la ágica consumación de la ida e ena
de C is o. La Pasión, según nos la p edica es e Jesús
que la oma como ad ocación, es el absolu o ensimis-
ma se del Jesús Naza eno e enal, del homb e, en su
se Logo, palab a p imo dial asomb osamen e hecha
ca ne, que sólo puede halla en su mismidad la ue za
no pa a consuma el sac i icio del homb e, lo que se-
ía p opio del hé oe, sino pa a hace que Dios mismo,
el p incipio y in del uni e so, su c eado y su sus en-
ado , se con ie a en el úl imo co de o sac i icado, en
la íc ima del de ini i o holocaus o, en el eden o del
uni e so: es o es lo p opio del Dios, la a ea que sólo
Él puede cumpli .
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Po eso es e Jesús de la Pasión es ese ol e se del
homb e-C is o hacia su mismidad, que es el se Dios,
pa a desde ella acep a plenamen e la Pasión como
sac i icio sup emo. Así, aquí no sólo se cumple el "ha-
ce se homb e de Dios", p opia de oda imagen sag a-
da digna de al nomb e, sino ambién el hace se Dios
del homb e Jesús Naza eno al acep a en la pe ec a
usión de sus dos na u alezas la Pasión (y es as dos na-
u alezas exp esan d amá icamen e la conciencia es-
cindida del homb e en la que descansa –kie kagaa dia-
namen e– el "concep o de la angus ia").
Res au ación y alo sag ado
No nos mo emos en un e eno dogmá icamen e "ca-
ólico" ni de igo ismo o mal eligioso. Según el cu so
de nues a exposición, el alo sag ado de la imagen
no iene dado po una ue za o un pode ex e io a
ella misma, po su es a bendecida, sino po su capaci-
dad pa a ep esen a adecuadamen e ese "apa ece
del hace se homb e de Dios". Lo sag ado, así, se ía un
alo inhe en e a la p opia es uc u a o mal de la
imagen, algo que emana de ella como algo que le es
p opio. En la más pu a acepción de la palab a, un ca-
isma: "mane a cómo el espí i u de Dios ob a en la
pe sonalidad de los indi iduos pa a el bien de la co-
munidad". Eso sepa a ía, en e o as cosas, a los c is-
ianos de los paganos. Se iene no icia de i os an iquí-
simos en Babilonia, en Sume , en Asi ia y en Egip o, de
consag ación de imágenes; e an las eu gias, o accio-
nes des inadas a da ida a las imagenes de los dioses
y do a las de pode . P ocedimien os jus amen e c i i-
cados po los p ime os c is ianos y po los pad es de
la iglesia: "En onces –esc ibe uno de ellos– ¿en qué
momen o empieza a exis i el Dios? La imagen se alla
o se moldea: aún no es un dios. Luego se suman sus
pa es, se e ige, y oda ía no es un dios. Se ado na, se
consag a, se le ele an plega ias y en onces, po in, es
un dios. ¿En que momen o empieza a exis i el dios?"
2
.
Noso os nos p egun amos: ¿En qué momen o em-
pieza a exis i la sac alidad en nues as imágenes? ¿Y
en qué consis e? Aquí es á Jesús de la Pasión. No es
dios, sino una imagen de Dios en su hace se homb e.
No es el in del cul o, sino un medio, un ins umen o.
Su consag ación no ue una eu gia. Además –a i ma-
mos noso os, sumiendo el iesgo de lo que decimos–
su alo sag ado undamen al no le iene dado po
aquella consag ación i ual, sino po su capacidad
asomb osa de hace isible el hace se homb e de
Dios, po ese ca isma a a és el cual el Espí i u de
Dios ob a pa a bien de la comunidad a a és de un
indi iduo que, en es e caso, es es e nues o an que i-
do Jesús de la Pasión.
Es amos, pues, an e una imagen sag ada que lo es po
sí misma y además po su es a bendecida, esculpida
como elemen o de mediación del cul o c is iano. Lo
p opio de la imagen sag ada es su es a en el al a ,
den o de un ecin o sac o. La imagen sag ada no es
una imagen de museo, po que museo y sac alidad son
nociones inconciliables. En su ex o sob e la Madonna
Six ina, Heidegge se duele de su es a en un museo,
que la con ie e de "imagen" (pa a él ca ego ía de lo
sag ado) en "cuad o" (ca ego ía de lo p o ano), y esc i-
be: "La Six ina se con i ió en cuad o y pieza de mu-
seo; en ello se encub e el p oceso his ó ico p opio del
A e occiden al desde el Renacimien o... Donde quie a
que es a imagen enga aún a se ins alada, allí hab á
pe dido su si io. Se le sigue negando el desplega su
esencia p opia de modo o igina io, es deci , de e mina
ella misma ese si io. Es e ex año no alcanza a se e-
conocido en la p esen ación que se hace en el museo,
la cual conse a su necesidad his ó ica y su de echo. La
p esen ación en el museo lo allana odo al ni el uni o -
me de la exposición... La Madonna Six ina pe enece a
aquella iglesia en Piacenza no en un sen ido his ó ico-
an icua io, sino po su esencia como imagen"
3
.
Es e nues o Jesús de la Pasión es, como pocas en Se-
illa, imagen sag ada. Ni su si io es el museo, ni su se
es su pe ección o mal (e o en el que ha incu ido
su p opia he mandad, igualando e óneamen e alo
o mal –en endido además como pe ección de ejecu-
ción y sujeción al canon clásico– y alo sag ado). En
Él la o ma no mue e en sí misma ni se ago a en la ex-
pe iencia es é ica. Pasión es un obje o de cul o y de
con emplación eligiosa. No es una escul u a eligiosa
hija del neopla onismo que inspi ó el Resuci ado de
Miguel Angel. Pasión despliega "su esencia p opia de
modo o igina io" en su se sag ado. Y su se sag ado
descansa con oda e idencia en su apa a o o mal, pe-
o no se ago a en él.
Es en la elación con el de o o donde la imagen con-
suma su sac alidad. Si su es a en un museo, me o ob-
je o expues o, aiciona su esencia, su me o se is a
ambién. Es á hecha pa a se con emplada, según la
aíz la ina con empla io. Es un obje o de uso espi i ual.
Se illa iene la sue e de conse a un pa imonio de
expe iencia en casi odas pa es pe dido: la ob a de
a e no como obje o de me a isión sino como obje-
o de uso. És e es, pa a mí, su alo p imo dial. Un
alo incluso supe io al de conse ación, si en a a
en con lic o con él (lo que azonablemen e no iene
po qué sucede ). Se es ida, se ocada, se besada,
se asladada, se iluminada po ci ios, es lo p opio
de su es a en e noso os, de su se . Si es as uncio-
nes se eliminan po su se conse ada, la imagen es
ealmen e des uida, aunque su es uc u a o mal se
conse e. Lo hemos dicho: si una pa e de su sac ali-
dad eside en ella misma, como un ca isma, no se
cumple po en e o si no es en la elación de ocional.
Ello no es jus i icación de an iguas o no an an iguas
ba ba ies, pe o sí a iso de lo con ap oducen e de la
musei icación. El de e io o con olado y igilado, e-
ducido al mínimo, que sea consus ancial a su se usa-
da, es pa e esencial de la imagen sag ada, que no
puede se sal agua dada a cos a de pe de su p opia
na u aleza. Se comen a es os días po Se illa que al-
guien aconseja hace manos al e na i as pa a los be-
samanos, e i ando así el de e io o de las o iginales.
Hace eso se ía nega de aíz el pode de las imáge-
nes, p ese a a cos a del engaño, pone el alo de
conse ación po encima del alo de uso pa a el cul-
o, oba la na u aleza que es p opia a la imagen pa a
supe pone le o a, la de me a ob a de a e, que no
le es p opia, que no bas a pa a aba ca ni su se ni la
elación con ella es ablecida.
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A o unadamen e, no es el caso de es a es au ación.
Es a casa y los especialis as aquí p esen es han demos-
ado al sensibilidad an e el equilib io en e Bien de
In e és Cul u al y unción sag ada, que la ciudad se lo
ha econocido con iándoles sus imágenes más que i-
das, con la con ianza ciega con la que ponemos a
quienes más que emos en las manos de los médicos.
Deben de es a a en os a no queb a es a he mosa
elación. Es posible se espe uoso con la ciencia de la
es au ación –que po o a pa e conoce aho a apa-
sionan es deba es in e nos sob e los lími es de sus
ope aciones– y no se lo con la sensibilidad del de o o
en el que la sac alidad de la imagen se consuma. No
es e iden emen e el caso de es a espléndida es au a-
ción de Jesús de la Pasión, an espe uosa pa a con lo
ma e ial como pa a con lo elacional, pe o sí de o as
imágenes que, aquí ambién es au adas, plan ean p o-
blemas de elación a sus de o os, p oblemas que an
más allá de la cos umb e y del hábi o. El pode de la
imagen es el que emana de su ca isma, pe o ese ca is-
ma descansa en un apa a o o mal que no debe se
sus ancialmen e al e ado. Vida sob e his o ia. El pode
de la imagen se consuma en la elación de ocional, y
és a exige el se usada. De oción sob e a e.
Ac uaciones como és a en o no a la que se desa o-
llan es as jo nadas son ejempla es de o ma absolu a.
Aquí enemos a una de las glo ias g andes de la his o-
ia de Se illa, el Jesús de la Pasión esculpido po Mon-
añés, pe ec amen e es au ado, ga an izado su es a
en e noso os como es imonio del esplendo de la
ciudad del Impe io. Pe o aquí enemos ambién algo
mucho más impo an e: una de las glo ias g andes de
la de oción se illana, el Jesús de la Pasión an ie na-
men e amado po los se illanos que lo son, una de las
más hondas expe iencias eligiosas que en la ciudad se
pueden i i , el símbolo máximo de cómo, con qué
se enidad, con qué elegancia, con qué hondu a, se en-
iende en Se illa el mis e io sup emo del c is ianismo;
y aquí lo enemos, ga an izado ambién su dulcísimo
apa ece se al y como lo eco damos desde que é a-
mos niños, al y como le eza on nues os pad es, al y
como –g acias a es a casa– le eza án nues os hijos y
los hijos de nues os hijos, hundiéndose en el silencio-
so mis e io que de o ma an emocionan e exp esa.
Esc ibió Hegel en su es é ica (y lo ci a opo unamen e
I ene Bo ges Dua e en las no as que acompañan la
edición del ya ci ado ex o heidegge iano): "De nada
nos si e halla magní icas las imágenes de los dioses
g iegos y e digna y consumadamen e ep esen ados
Dios Pad e, C is o y Ma ía: ya no nos a odillamos an-
e ellas". Aquí es á ma cada la g an di e encia, en la
que adica el sen ido del es a de es a imagen de Jesús
de la Pasión en e noso os, de su se esanada, de su
eg eso al luga que le co esponde. Aquí es á azada
cla amen e la on e a en e la expe iencia es é ica,
po p o unda que sea, y la eligiosa, en e el obje o de
a e y el obje o de cul o: noso os sí nos a odillamos
an e ellas.
No as
1 HEIDEGGER, M. "La Madonna Six ina", en ER Re is a de
Filoso ía. Nº13, año VII. Se illa, 1992.
2. FREEDBERG, D. "El pode de la imagen". Alianza Fo ma.
Mad id. 1993.
3. No es á Se illa ajena a p ocesos de musei icación. La exposi-
ción de pasos mon ados con mo i o de la Expo'92 –a pesa
de la coa ada sac a que ponía la conmemo ación de la
e angelización como mo i o– que se llamó Esplendo es, ue
un hecho que en iendo como g a e: las imágenes salie on en
sus pasos sólo pa a se expues as. La dolo osa es ancia del
C is o de las Mise ico dias y de la Vi gen de la Candela ia en
la Ca ed al du an e el mismo pe íodo, no como obje os de
cul o sino como mues a del paso se illano den o de la
exposición Magna Hispalense, ue o o hecho e elado . De
hecho, la Ca ed al de Se illa es p ác icamen e un espacio que
ha pe dido su alo de uso pa a el cul o: casi oda la jo nada
–sal o la Capilla Real, signi ica i amen e anunciada como zona
de o ación (¿qué es el es o de la Ca ed al, en onces?)– es á
ce ada po allas que sólo se pueden aspasa pagando; en
la zona de pago queda el Sag a io, aho a asladado a la capi-
lla de la An igua. Se gene alizan opiniones de endencias
musei icado as en e sec o es co ades, p obablemen e
acomplejados an e el "despliegue cien í ico" de los es au a-
do es más adicalmen e his o icis as y conse acionis as.