Ja ie He nández-Pacheco
JORGE MANRIQUE, GARCILASO,
QUEVEDO: SOBRE EL AMOR Y LA MUERTE
O iginalmen e publicado en:
Comen a ios de Tex os Li e a ios Hispánicos. Homenaje a Miguel Án-
gel Ga ido. Eds. Es eban To e y José Luis Ga cía Ba ien os. Mad id:
Sín esis. 1997. ISBN: 84-7738-345-6. Págs. 245-257
ABSTRACT:
Lo e and dea h do no hyme. They a e incompa ible, bu come in
poe y again and again in e wined in an e e nal igh , as ough each
would be he coun e -measu e o he o he . In Cas ilian Poe y, by
Man ique seems dea h o ha e he uppe hand; by Ga cilaso and
Que edo undoub edly gains lo e.
Amo y mue e no iman. Son incompa ibles, pe o una y o a ez se
mezclan en la poesía como si uno ue a con amedida de la o a. En
la poesía cas ellana, en Man ique pa ece lle a la mue e la en aja;
en Ga cilaso y Que edo gana sin duda el amo .
Vi imos en una cul u a escindida; y una de las mani es acio-
nes de es a escisión la encon amos en el c ecien e dis ancia-
mien o académico en e ilología y iloso ía, y de ambas espec o
de la ob a de a e poé ica. Es amos lejos de épocas he oicas y
o iginales del pensamien o en las que la e dad sob e la na u a-
leza se exp esaba en los mismos e sos que se ían pa a alaba
las i udes gue e as de los Helenos. Que es o es g a e pé dida,
nadie lo discu e; po más que en el a án po hace nos con pa ce-
las incomunicables del P esupues o, seamos los mismos acadé-
micos los culpables del p oceso.
Pe o no me oy a queja , p ecisamen e aho a que como iló-
so o he sido in i ado a colabo a en el homenaje académico a Mi-
guel Ángel Ga ido, eminen e ilólogo, semió ico y eó ico de la
li e a u a. Es e iden e que no se espe a de mí, lego en ma e ias
ilológicas, una apo ación me odológicamen e cong uen e con
su ob a, ni un comen a io de sus log os cien í icos. Más bien a
alguien se le ha ocu ido, al inclui me a mí en la lis a, que ale la
pena un es ue zo po econs ui en e iejos amigos y discípulos
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ESCRITOS VARIOS
que con él oda ía es udiamos «Le as», algo de ese discu so con
el que, sin se o a cosa que homb es que se es o zaban po dis-
ce ni lo e dade o de lo also, aún hablábamos, más acá de los
mé odos, de la ida y de la mue e, de lo di ino y lo humano.
Valga pues como homenaje a un humanis a, es os apun es en
los que se p e ende ecoge en algunos poemas clásicos de nues-
a adición cas ellana una comp ensión del mundo y de la ida,
eminen emen e ilosó ica, p ecisamen e allí donde es más poé-
ica.
* * *
Dice Hegel de la ob a de a e que es la mani es ación sensible
de lo absolu o, y en es e sen ido, despliegue in eligible de lo e -
dade o. En es a conside ación Hegel no es o iginal, sino que e-
coge en lo undamen al la concepción omán ica del a e y del
pensamien o, en la que ―aplicando en la misma aíz el pos ulado
de la usión de los géne os― se ompen los lími es en e pensa-
mien o e lexi o y exp esión poé ica, has a el pun o de hace a
és a adecuada exp esión de aquél. Poe as, ilólogos y ilóso os o-
mán icos ―si a de mues a la he mandad in elec ual en e No-
alis, F ied ich Schlegel y Schelling― enmiendan así i e e sible-
men e el p incipio pla ónico-a is o élico según el cual el logos
poé ico, al di igi se undamen almen e a conmo e el ánimo me-
dian e ecu sos sensibles ―p.ej. i mo, medida y ima―, no iene
como obje o p opio la e dad de ese discu so, sino, e ec i amen-
e, su e icacia psicológica. Desde es e plan eamien o, el con e-
nido lógico de la ob a poé ica e a algo secunda io en ella; y se
co ía pelig o, cuando se hacía de esa ob a poé ica un pa adigma
mo al o eológico, de con e i en guía de la azón lo que no e an
sino ecu sos sensibles en los que se apoyaba la e icacia e ó ica,
con la que ácilmen e el a e nos hace con undi la e dad. La po-
sibilidad de bellas ob as de a e, eó icamen e alsas y mo al-
men e malas, puso en gua dia a odo el mundo clásico c is iano,
que sigue a A is ó eles en es e análisis, has a el pun o de que pa-
a San Agus ín la pasión po el ea o, como «espec áculo» que
es, es algo an deleznable y pelig oso como a iciona se al pugi-
la o.
Son los omán icos los que llaman la a ención sob e algo que
la iloso ía clásica sabía pe o que ol idó p ecisamen e en el aná-
lisis del a e, a sabe , lo que écnicamen e se denomina la con-
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JORGE MANRIQUE, GARCILASO, QUEVEDO
e sión de los ascenden ales, según la cual lo e dade o, lo
bueno y lo bello, no son sino mani es aciones de lo mismo, de la
/246 unidad del se , en los dis in os ó denes del discu so eó ico,
de la decisión mo al, o de la sensibilidad a ís ica. Pla ón lo sabía.
La belleza es, dice, la más sensible de las ideas, aquello que des-
pie a en noso os el deseo de lo pe ec o, p ecisamen e allí
donde esa pe ección del ideal es á in elec ualmen e ausen e y
se mues a como un deseo de lo que no se iene y que se o ece,
ocul o aún, en la o ma de lo sensible.
Es cie o que en es e modo limi ado de da se, lo pe ec o es
suscep ible de se malin e p e ado, p ecisamen e po que en su
o ma sensible la idea se esconde más allá de su dación inme-
dia a. Po eso el pla onismo, A is ó eles, y en gene al oda la pa-
ís ica c is iana pos e io , eje cen sob e la belleza y las a es una
e dade a iloso ía de la sospecha (Po lo demás, sal o adicalis-
mos iconoclas as, es e ecelo c is iano en e a la belleza sensi-
ble, es e dade amen e sua e compa ado con la obia imagine a
de judíos y mahome anos; azón po la cual el c is ianismo nunca
ahogó la uen e de la ecundidad a ís ica.) Pe o la aíz posi i a
de una comp ensión uni a ia de la azón, es pe ec amen e ecu-
pe able, y eso es lo que hace el oman icismo. De una o ma ade-
más en la que se oma la palab a al pla onismo, allí donde és e e
el ideal como pe ección que en sí misma iene que se inaccesi-
ble a una men e que en su ca ác e ini o es á insupe ablemen e
ligada a lo sensible. De es e modo, si la belleza es un modo im-
pe ec o de p esen a se la e dad y el bien, hemos de conclui
que ése es el modo adecuado a la impe ección de nues a na u-
aleza sensible. Y de ahí la o unda conclusión omán ica: la ex-
pe iencia del a e, y muy conc e amen e el logos poé ico, es el
modo e dade amen e humano de accede a la con emplación
de lo absolu o. No hay iloso ía que pueda se humanamen e e -
dade a si no es al iempo poesía. La poesía no es en onces un es-
a u o meno del Logos, sino aquél en el que el discu so humano,
en su ac u a me a ó ica alcanza simbólicamen e a deci más de
lo que de hecho dice, y se po encia en onces has a hace se ex-
p esión de lo di ino, y de lo que de di ino hay ocul o en lo hu-
mano y na u al.
Los omán icos llegan a es a comp ensión ompiendo, e iden-
emen e, con una adición escolás ica, mejo di íamos académi-
ca, de la iloso ía, que se ex iende de A is ó eles a Kan . Pe o es a
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ESCRITOS VARIOS
e olución ilosó ica no inaugu a un nue o modo de pensa , sino
que p ecisamen e pe mi e descub i el con enido ilosó ico de
una adición es é ica que ellos en ienden como el e dade o
alma e lexi a de Occiden e. La e dad no es algo que hayamos
de busca en las doc inas disc epan es de los sabios, o aña-
diendo sob e ellas una nue a enmienda eó ica, sino aquello que
gua da en so p enden e unanimidad la adición li e a ia de
nues a cul u a, desde los cuen os que na an las iejas a los ni-
ños y que los he manos G imm esca an del calo de los ogones,
a las e lexiones, e dade os pa adigmas de humanidad, con eni-
das en las g andes ob as li e a ias de Dan e, Shakespea e y Cal-
de ón de la Ba ca. Eso es lo que F ied ich Schelegel llama espí i u
« omán ico», buscando una e imología que iene que e con el
«Roman» alemán ―la e dad es no elesca―, pe o ambién con
los « omances» la inos, con la idea que la Humanidad ha alcan-
zado de sí misma, y que ansmi e can ada, con i mo, medida y
ima, /247 de o ma que sea, más allá de los lib os, ácilmen e asi-
milable po iejas anal abe as en e so de «a e meno ».
* * *
La e e encia que nues a li e a u a clásica despie a en los
omán icos y que culmina, po ejemplo, en la aducción po los
he manos Schlegel de las ob as comple as de Calde ón de la
Ba ca, es á jus i icada po el in e és de los au o es cas ellanos del
siglo XV al XVII po las g andes cues iones que a ec an a la imagen
que el homb e iene de sí mismo. Si oda poesía iene un sen ido
humanís ico, es o no es cie o en la misma medida de odas ellas,
y sí lo es en g ado sumo en la ob a de Jo ge Man ique, de Ga ci-
laso de la Vega, y de F ancisco de Que edo.
Has a el pun o de que el p ime g an poema de nues a len-
gua, en la que és a se p esen a ya acabada y capaz de se cauce
de una isión del mundo y de la ida que ascienda la simple g a-
cia del Ma qués de San illana, cons i uye una e lexión sob e la
ida en o ma de coplas que Jo ge Man ique hace a la mue e de
su pad e.
Pocos poemas ienen mayo con enido ilosó ico que es e p i-
me o, sin que sea p eciso busca es e con enido en un simbo-
lismo ocul o que p ecisase de una he menéu ica psicoanalí ica o
de un análisis decons uc i is a. Allí donde la ilología se hace an
so is icada, co e pelig o de no espe a con sus écnicas p opias
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JORGE MANRIQUE, GARCILASO, QUEVEDO
lo que son en los poemas in enciones espe ables que mo i an
di ec amen e la ob a a ís ica. Sob e odo, donde en su sencillez
clásica la poesía aún no se pie de en un bosque de me á o as, y
lo que quie e deci oda ía iene que e con lo que dice. El es-
co de la poesía clásica cas ellana pide, pues, un comen a io que
in en e ecoge el ex o en su llaneza; y en es e caso un comen-
a io ilosó ico a lo que a a és de la exp esión poé ica, quie e
ansmi i una comp ensión ilosó ica del mundo, de la ida y de
la mue e.
Como odo ilóso o, el poe a ins a a eco da y a despe a así
del sueño a la igilia de la e dad:
Recue de el alma do mida,
a i e el seso y despie e,
con emplando
cómo se pasa la ida
cómo se iene la mue e,
an callando.
Desde la expe iencia de la mue e Jo ge Man ique ecoge en
su poema una milena ia e lexión sob e el ca ác e nega i o de la
empo alidad, que impide a i ma como absolu o el bien que la
olun ad en su somnolien o engaño quie e e e no; po eso hay
que eco da
Cuán p es o se a el place ,
cómo después de aco dado
da dolo , /248
cómo a nues o pa esce
cualquie a iempo pasado
ue mejo .
El iempo es la ausencia de odo bien en el pasado; ausencia
que se hace, al eco da el bien pe dido, necesa io dolo en el
p esen e. Po eso, en su esencial empo alidad, en ese lui en el
que se escapa de sí, la ida es siemp e sólo el ecue do de sí mis-
ma, como e lexión que acasa a la ho a de au oposee se: la ida
es un cons an e pe de se a sí misma; y el iempo es la ac u a
que pone al descubie o su iniden idad, su lími e espec o de sí,
su ini ud, en la que nada es lo que es, sino lo que ue, o lo que
se á. Y el e o undamen al que con ie e nues a au oconcien-
cia en engaño, consis e en ol ida es o, o incluso en consola nos
de la caducidad del p esen e con la espe anza del bien po eni .
E o ,
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ESCRITOS VARIOS
Pues si emos lo p esen e
cómo en un pun o se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamen e,
da emos lo no enido
po pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de du a
lo que espe a
más que du ó lo que io,
pues odo ha de pasa
po al mane a.
El iempo, como lími e absolu o del i i , dec e a la anidad
de oda espe anza; pues po lo mismo que aún no ha llegado el
bien u u o, pasa á cuando acon ezca y se á ido. La ida es un
lui , un cons an e pasa que e mina en la nada que anula oda
di e encia:
Nues as idas son los íos
que an a da a la ma
que es el mo i :
allí an los seño íos
de echos a se acaba e consumi ,
allí los íos caudales,
allí los o os medianos
y más chicos,
que allegados son iguales
los que i en po sus manos
y los icos.
En de ini i a, la sabidu ía que el poe a ecoge es la que Nie zs-
che llama á el Nihilismo Eu opeo. Una sabidu ía que consis e en
despe a a la ama ga e dad /249 de que, si el iempo es el lími e
úl imo del i i , no hay alo alguno que pueda esis i su nega i-
idad. Nada es; ampoco se puede deci que odo se á; po que el
iempo ya alcanza a oda p omesa empo al y la con ie e en lo
ya pasado. Todo bien es lo sido, y de es e modo lo que ya no es á.
No es, pues, que la mue e sen encie la anidad de oda espe-
anza; la mue e no es más que el co ola io úl imo de la empo-
alidad, una especie de sanción de lo que ya sabemos, a sabe ,
que nada ale nada; po que an e el lími e del iempo la olun ad
es impo en e pa a a i ma la pe du abilidad del bien que p e-
ende. No es que i amos en el iempo po que hayamos de mo-
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JORGE MANRIQUE, GARCILASO, QUEVEDO
i , sino que mo imos po que nues a ida es á ya negada en su
esencial empo alidad. La mue e es el a al inal que el iempo
ya anuncia. Todo lo he moso es ya pasado, y la mue e no iene
sino a sega hie ba seca.
Decidme, la he mosu a,
la gen il escu a y ez
de la ca a,
el colo y la blancu a,
cuando iene la ejez,
¿cuál se pa a?
Las mañas y lige eza
y la ue za co po al
de ju en ud,
odo se o na g a eza
cuando llega el a abal
de senec ud.
Po eso,
Ved de cuan poco alo
son las cosas as que andamos
y co emos,
que, en es e mundo aido ,
aun p ime o que mu amos
las pe demos.
La ida es un lamen o en es o que Nie zsche llama á la con-
a iedad de la olun ad con a el iempo y su « ue» (des Willen
Wide wille gegen die Zei und ih «es wa »), el lamen o de una
de o a i emisible.
Es és e uno de los pun os en los que la in uición poé ica a e-
iza en un e eno en el que su au en icidad no se deja engaña
po áciles soluciones. Se en iende, quizás, mejo lo que quie o
deci si digo a con inuación que la expe iencia de la que aquí se
a a, po más que po Nie zsche, po el mismo Jo ge Man ique,
y po innume ables c eyen es, haya sido en endida como una ex-
pe iencia c is iana de la ida, no pone de mani ies o sino el sen-
ido de una adical desespe ación, que su ge allí donde el i i es
en endido como esencial empo alidad. Una al isión es pagana
en su aíz. Po eso digo que no caben áciles solu/250ciones, y
cuando desde aquí apelamos a la e e nidad, lo único que encon-
amos en ella es la sanción de la mue e, en la o ma de esa anu-
lación de la capacidad de que e que la adición nihilis a, mal lla-
mada c is iana, denomina «descanso e e no».
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ESCRITOS VARIOS
Es e mundo es el camino
pa a el o o, que es mo ada
sin pesa ;
mas cumple ene buen ino
pa a anda es a jo nada
sin e a .
Pa imos cuando nacemos,
andamos mien as i imos,
y llegamos
al iempo que enecemos;
así que cuando mo imos
descansamos.
Llegamos al iempo que enecemos. La ida e mina en la
mue e, ése es su in y la ine i able me a de odo es ue zo. Y sólo
ella es el eposo de una pasión de e e nidad que el iempo de-
cla a inú il. Sólo la an icipada acep ación de la mue e, la deses-
pe ación asumida, nos libe a del loco a án de un que e acío de
sen ido.
No gas emos iempo ya
en es a ida mezquina
po al modo,
que mi olun ad es á
con o me con la di ina
pa a odo;
y consien o en mi mo i
con olun ad placen e a
cla a y pu a,
que que e homb e i i
cuando Dios quie e que mue a
es locu a.
Nada más se encon a á en su poema sob e la ida e e na,
que no es sino la negación que ya gua da en sí la empo alidad.
El Dios en el que c ee Man ique, al y como se exp esa en su
poema, no es seño de i os sino de mue os; po que odo lo que
ale, «la gen il blancu a y ez de la ca a», es á ligado al iempo, y
es lo que en el iempo se ma chi a.
* * *
La cues ión que quie o plan ea aquí es: ¿ ep esen a es a an-
opología man iqueña un común denominado de la adición
cas ellana, al y como se plasma en nues a li e a u a? ¿Es el alma
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JORGE MANRIQUE, GARCILASO, QUEVEDO
de España nihilis a, como pa ece que e /251 plasma la plás ica de
El G eco, cuyo supues o a do medi e áneo y colo eneciano
pa ecen habe se ahogado en el is e meand o oledano?
No cabe duda de que es és a una e a de nues a adición.
Po cie o una e a menos «c is iana» de lo que se ha p e endido
y que desemboca en esa pe cepción en la que en oda Eu opa se
en iende lo español, apa e la «Leyenda Neg a», como pa a-
digma del o gullo. Tiene es o que e , una ez más, con algo que
ha pues o de mani ies o Nie zsche, a sabe , que el Supe homb e
es el A e Fenix que su ge de las cenizas de la desespe ación.
El Duque de Ri as cuen a en el omance de Un Cas ellano Leal,
la his o ia del Conde de Bena en e, que se negó a albe ga en su
palacio oledano al Condes able de Bo bón, aido a su Rey de
F ancia, pe o decisi o aliado en esa aición del Empe ado Ca los
en la ba alla de Pa ía. El Empe ado obligó al Conde a cumpli en
su nomb e sus debe es de an i ión; po lo cual, y as habe ha-
bi ado el de Bo bón su casa po sólo unos días, el Conde de Be-
na en e hizo quema su palacio mancillado po la p esencia del
aido .
En e sos no muy buenos concluye el Duque de Ri as su o-
mance:
... agose
an as iquezas el uego,
a la leal ad cas ellana
le an ando un monumen o.
Aun hoy unos iejos mu os
del humo y las llamas neg os,
ecue dan acción an g ande
en la amosa Toledo.
Y es que el desp ecio del mundo, si uando a la olun ad en el
cen o de una o ágine de desespe ación, allí donde nada puede
a i ma ni esca a del iempo, la hace sobe ana del mundo en un
que e que en su desespe ación se hace nega i o. F en e a la
mue e que de odo se apode a y al acep a la como el sino de
oda ealidad, la olun ad se e ige en cen o que de nada de-
pende ya, que a nada se a e a, que a i ma o des uye, po que sí,
en el eje cicio de un juego sobe ano, que desde su hon a an e
nadie esponde. El Supe homb e de Nie zsche quizás enga más
que ap ende del Conde de Bena en e, del pueblo de Zalamea,
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ESCRITOS VARIOS
allá de ese lími e es á el luga na u al de lo que a i ma y descub e
como pe ec o, como alo e e no. Y aho a cambia de modo a-
dical el modo en que el aman e e la mue e: ya no es lo que de-
alúa odo a án de que e , sino lo que ab e el dominio de lo de i-
ni i o e in ini o, eso que el amo , en el iempo y pese a él, sólo
adi ina como lo di ino ocul o en odo lo que exis e y es así digno
de se amado. El que ama sabe que hay en odas las cosas algo
más ue e que la mue e, y p ecisamen e en la mue e, el amo
ab e el eino de la espe anza.
La poesía cas ellana ―p obablemen e oda poesía― na a,
decíamos, la épica lucha del amo y la mue e, con ienda no di i-
mida en el iempo. Pe o, pese al p ime análisis, pese a Man ique,
no econoce la ic o ia de la caducidad, la anidad de los a anes,
ni siquie a se limi a a decla a ablas en el comba e, sino que saca
de la expe iencia poé ica del amo el anuncio de una de ini i a
ic o ia de la ida, de la que el mismo amo es p enda. Es Que-
edo, el an as eces is e, siemp e i ónico, y p o e a de deca-
dencias, el que más genialmen e ha dado oz a es a iloso ía de
la espe anza:
Ce a pod á mis ojos la pos e a
somb a que me lle a e el blanco día,
y pod á desa a es a alma mía
ho a a su a án ansioso lisonje a;
mas no de eso a pa e en la ibe a
deja á la memo ia en donde a día;
nada sabe mi llama la agua ía,
y pe de el espe o a ley se e a.
Alma a quien odo un dios p isión ha sido,
enas que humo a an o uego han dado,
médulas que han glo iosamen e a dido,
su cue po deja án, no su cuidado;
se án ceniza, más end án sen ido:
pol o se án, más pol o enamo ado.
No queda más po comen a . Pe o es lás ima que no podamos
deja aquí al poe a la úl ima palab a, pues ello se ía silencia un
clamo de espe anza del que es á llena la li e a u a cas ellana.
«La memo ia en donde a día» el alma, no es el ecue do de lo
pasado y así an icipo elegíaco de la mue e, sino un ecue do que
alcanza lo di ino en noso os, en la amada, en las cosas. No hay
can o más las ime o que el de Nemo oso po su Elisa mue a, y
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JORGE MANRIQUE, GARCILASO, QUEVEDO
sin emba go Ga cilaso sabe, que la ausencia, sen ida como al, no
es sino p omesa de una pleni ud que su amada anunciaba sin en-
gaño. Y si se ha ido más allá de la mue e, es po que lo di ino que
en ella descub ió, no iene su si io en es a pa e de la ibe a del
iempo. Di ina Elisa, pues ago a el cielo
con inmo ales pies pisas y mides
y su mudanza es, es ando queda,
¿po qué de mí e ol idas y no pides /258
que se ap esu e el iempo en que es e elo
ompa del cue po, y e me lib e pueda?
Y en la e ce a ueda
con igo mano a mano
busquemos o o llano,
busquemos o os mon es y o os íos,
o os alles lo idos y somb íos,
donde descanse y siemp e pueda e e
an e los ojos míos,
sin miedo y sob esal o de pe de e.
Jo ge Man ique cuen a poco de la ida e e na; sólo que en ella
nada se sal a de lo que aquí en is e engaño amamos. No es ie-
a de amo es. Lo e e no y di ino es pa a él lo «o o», lo absolu-
amen e dis in o, la Pe ección que niega y disuel e odas las pe -
ecciones, y an e la cual el alma sólo llega desnuda de odo a án,
y po lo an o ciega del mínimo deseo: a esa ida e e na nadie
quie e i , po que en ningún si io se es á como en casa de uno. Y
esa ie a ex aña no es, desde luego, nues a casa. Ga cilaso
ambién habla de «o o llano», de «o os mon es y o os íos»,
en los que descansa sin sob esal o en la con emplación de ini-
i a de la amada. Pe o esa al e idad ―como decimos los ilóso-
os― no es pa a los aman es el eino de lo ex año, sino la e e na
eno ación ―¡o a ez!, es lo que siemp e pide la olun ad amo-
osa― de odas las cosas, de aquellas «co ien es aguas, pu as,
c is alinas», de los á boles que en ellas se mi aban, po donde,
sa is echo, en su amo el pensamien o discu ía, sin halla sino
memo ias llenas de aleg ía.
El amo descub e el mundo como Dios lo e, ya e minado,
e e no y pe ec o; como pa aíso del que el iempo nos sepa a, y
al que la mue e nos conduce, siemp e, de nue o…, a casa.
De es o supie on nues os poe as.
Aho a sí iene, de nue o Que edo, la úl ima palab a:
18
ESCRITOS VARIOS
Ya o midable y espan oso suena
den o del co azón el pos e día;
y la úl ima ho a, neg a y ía,
se ace ca, de emo y somb as llena.
Si ag adable descanso, paz se ena,
la mue e en aje de dolo en ía,
señas da su desdén de co esía;
más iene de ca icia que de pena.
¿Qué p e ende el emo desaco dado
de la que a esca a piadosa iene
espí i u en mise ias añudado?
Llegue ogada, pues mi bien p e iene;
hálleme ag adecido, no asus ado;
mi ida acabe, y mi i i o dene.