LAS DOS TRIANGULACIONES:
HACIA EL OBJETO EXTERNO Y
HACIA EL CONTRASTE OBJETIVO/SUBJETIVO
Suma io
TERESA
BEJARANO
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
P ime é ice, c eencia p opia; segundo é ice, c eencia ajena con adic o ia con la p opia;
esul ado, o sea, e ce é ice, la capacidad de in e oga se po la ealidad en sí. Así p oponemos
e o mula la iangulación in e subje i a y lingüís ica de Da idson y su ealismo humanizado. Y
así e o mulada la ponemos en elación, an o de semejanza como de di e encia, con la iangulación
in e io (imagen senso ial de un canal, imagen senso ial de o o canal, y como esul ado el es ímulo
dis al, o sea, el obje o pe cibido ue a de la piel y ue a, pues, del campo senso ialmen e
con olado), y con la consecuen e sime ía bila e al del cue po y del ce eb o animal. ¿Qué
suge imos con esa pues a en elación? Se ía sólo g acias a la comunicación lingüís ica y a la
ees uc u ación que és a impuso a
un
ecu so mucho más p imi i o (el de la iangulación
conec ada con la sime ía bila e al ce eb al), como el desa ollo pudo desemboca en aquella
capacidad in elec ual exclusi amen e humana.
INTRODUCCION
«Nues o sen ido de la obje i idad es la consecuencia de una especie de iangulación,
una que equie e dos c ia u as. Cada una in e ac úa con un obje o, pe o lo que da a cada
una el concep o del modo en que las cosas son obje i amen e es la línea de base o mada
en e las c ia u as po el lenguaje» (Da idson, 1982, pg, 327) 1
¿Cuál es el p opósi o con
el
que Da idson ecu e a la idea de la iangulación? Quizá es en 19902 donde más
cla amen e explici a ese p opósi o. Da idson que ía encon a pa a la e dad una ía
media que la «sal a a de cae an o
en
el ela i ismo de lo epis émico como en la
deshumanización del ' ealismo adicalmen e no epis émico'» (pg. 298). «El ela i ismo
educe in ole ablemen e la ealidad a mucho menos de lo que c eemos que la ealidad es;
l.
Da idson, D.: «Ra ional Animals», Dialéc ica, 36, nº 4, 1982, pp. 317-327.
2 .Da idson, D.: «The s uc u e and con en
o
u h», The J ou nal
o
Philosophy, June 1990, pp. 279-328.
24 Te esa Beja ano
pe o, po o o lado, el ealismo deja - esul ado no menos lamen able que el an e io - a
las o aciones e dade as sin nada in e esan e o ins uc i o a lo que puedan co esponde »
(pg. 303, y ambién 309). Pa a sal a se de cae
en
esos dos abismos, hab ía
-dice
Da idson-que mos a «una conexión en e e dad y c eencia, pe o sin deja po ello de
acep a que el c ee algo no lo hace gene almen e e dade o» (pg. 305).
En
cuan o se
pe ile y acla e en qué consis e esa conexión,
ya
pod á habe un ealismo que, siendo de
ipo humano, y no sólo juzgable desde los ojos de Dios, sea au én icamen e an i ela i is a,
es deci , que
no
sea inmanen e al esquema concep ual que la pe sona acep e. Veamos
aho a cómo Da idson in en a pone la idea de iangulación al se icio de esos p opósi os
y p eocupaciones. El acue do in e subje i o que g acias al lenguaje puede se cap ado
po un suje o con e i á su c eencia subje i a indi idual en una e dad obje i a, y ello
po que -Da idson, 19913- «aunque cualquie a de nues as c eencias, omada sola,
puede se alsa, es imposible que la mayo ía de nues as c eencias sea alsa, ya que una
c eencia de cualquie clase, e dade a o alsa, descansa pa a su iden i icación sob e un
ondo de c eencias e dade as». Es deci , los dos é ices de pa ida, los dos que el suje o
posee, son la c eencia p opia del suje o y la c eencia ajena que g acias al lenguaje le ha
llegado. Ninguno de los dos es o a cosa que c eencia; ni uno ni o o omado aisladamen e
sal a a la e dad obje i a. La e dad obje i a es á en p incipio o almen e ue a del
alcance del suje o. Pe o, igual que se puede de e mina la si uación de la cima de una o e
al ísima si conocemos los ángulos con los que se la mi a desde dos pun os sepa ados po
una dis ancia dada, del mismo modo, es deci , po un eje cicio de iangulación pa ecido,
pod emos calcula ese o o inasible e ce é ice que es la e dad obje i a.
Pues bien, en el p esen e abajo amos a ecoge la idea da idsoniana de
iangulación (pensamien o p opio, pensamien o ajeno cap ado en un mensaje lingüís ico,
y e dad obje i a), pe o e o mulándola. Pa a noso os, el segundo é ice se ía un
pensamien o ajeno con adic o io con el que el suje o u ie a sob e el mismo asun o.
También Da idson, ya lo imos, admi e que pueda habe desacue do, pe o pa a él lo que
impo a en esos casos es el ondo común de c eencias sob e las que descansan ambos
con adic o ios pensamien os. En cambio, pa a noso os es el desacue do po el desacue do
lo que in e esa: Los é ices p ime o y segundo han de choca y desmen i se mu uamen e
y no llega a impone se ninguno sob e el o o. Y, consecuen emen e con eso, el e ce
é ice en la e o mulación ambién se á dis in o de como es en Da idson. En e ec o, si
nues a iangulación ya no a iende a la coincidencia con i man e,
no
pod á ampoco
ene como e ce é ice la ' e dad obje i a
en
cuan o in e subje i a' que en la p opues a
o iginal se buscaba.
En
ez de eso, lo que noso os p oponemos que se consegui ía es la
ac i ud in e oga i a que apun a a la ealidad misma
-como
quie e el ealismo que no se
con en a con lo epis émico-, pe o sin acaba de posee la cogni i amen e
-como
e a
menes e pa a que no deja a de se una capacidad humana-. Con es o, la ía media
3.
Da idson,
D.:
«Epis emology ex emalized», Dialéc ica, ol. 45, nº 2-3, 1991, pp. 191- 202.
Las dos iangulaciones
25
anhelada
po
Da idson se alcanza ía
po
lo menos igual de bien que en su o mulación4•
Pe o es que además la nues a iene la en aja de a ende jus o a
la
más básica en e
las capacidades cogni i as exclusi amen e humanas, a la que supone jus o la up u a con
lo animal. ¿Acaso lo que en oca Da idson
-esa
búsqueda, ya se sabe, de con i mación
de la p opia c eencia indi idual-, acaso, epi o, puede eso da se si no se alcanza an es la
descon ianza espec o al pensamien o, o, lo que es lo mismo, la conciencia de que no son
lo mismo las p opiedades con las que pensamos una ealidad y las p opiedades de esa
ealidad en sí? Y
no
sólo más p ima ia, sino ambién quizá más decisi a y de ini o ia se
pod ía deci que
e5
la conquis a que aquí hemos colocado como e ce é ice.
En
e ec o,
odo el p og eso cogni i o descansa p ecisamen e en ese p egun a se que sigue siemp e
ac i o e inago able
po
más espues as que se ayan consiguiendo.
Pues bien, hay -a güi emos'- o a iangulación in e io , animal an o como
humana, con espec o a la cual la iangulación exclusi amen e humana al como aquí
la hemos e o mulado gua da ía una elación de a inidad y de pa en esco e olu i o, a la
ez que ambién, cla o es á, de p o unda di e encia.
Esa
iangulación, la in e io , explica
cómo el obje o es pe cibido como ue a de
la
piel del suje o pe cep o , cómo puede eso
sucede a pesa de que el con ol senso ial del o ganismo acaba en su piel.
En
el p esen e
abajo emplea emos
la
p esen ación que
da
Lloyd, 1987 y 1989, y en ocasiones, y sin
que ello suponga ol ido de las o as nume osas p esen aciones que la idea
ha
enido,
designa emos a
la
iangulación in e io como iangulación de Lloyd. «La ep esen ación
es un p oceso de iangulación in o macional. Su inalidad es la especi icación de los
es ímulos dis ales. Alcanza esa inalidad a base de euni el p oduc o de múl iples canales
in o macionales in eg ados en su pun o de con luencia.»(Lloyd, 1989, pg. 195-196)5•
En
conc e o, el p ime é ice es la imagen p óxima b indada po un canal senso ial; el
segundo é ice,
la
imagen p óxima, lige amen e di e en e aunque del mismo obje o, que
es b indada po o o canal senso ial; y el esul ado, o e ce é ice, es la imagen dis al,
el con enido pe cep i o en que ya el obje o apa ece como ex e no al o ganismo.
¿Po qué aquí hemos apos ado
po
la idea de que podía se muy p o echoso
con on a las dos iangulaciones,
la
supe io e o mulada y la in e io ?
Po
lo p on o,
mi a a las dos conjun amen e si e pa a
no
con undi el plano supe io y el plano in e io
4. Sólo igual de bien que en la o mulación o iginal,
si
se adop a un de e minado sen ido del é mino
' e dad', pe o mejo que en aquélla, si se adop a o o. En e ec o, si po e dad se en iende sólo la pe enencia
eal del p edicado al suje o, en onces las a i maciones ace adas,
y,
po an o, la g an mayo ía de las c eencias
con espaldo in e subje i o, es a ían p opo cionando la e dad. Pe o en cambio, si se exige que la e dad
end ía que hace jus icia a la na u aleza comple a del e e en e designado y es a cap ando odos sus
inago ables asgos, en onces la e dad se ía algo no poseíble (sal o en el e eno me alingüís ico -de código, ·
o de ac os de habla ajenos o p opios- y me acogni i o
),
y, en consecuencia, la única mane a de no des incula se
po comple o de las ambiciones del ealismo no epis émico se ía in oca , como en el e ce é ice de nues a·
o mulación, la capacidad de in e oga se po la ealidad en sí.
5.
Lloyd, D.: Simple Minds, MIT, Camb idge, 1989.
26
Te esa Beja ano
a la ho a de e e i se al ex emalismo. Al pe cibi , hay una con icción de que el obje o
es ex e no, pe o esa con icción no se acompaña con ningún econocimien o del
con enido pe cep i o como me o con enido men al, ni ampoco, po an o, como dis in o,
a aquello que lo causa. En cambio, cuando un suje o, as cap a la con adicción en e
el pensamien o suyo y el ajeno, llega a p egun a se po cómo se á la ealidad misma, qué
p opiedades end á más allá de las p opiedades con que se la piensa, en ese ni el ya, el
ex emalismo (si se quie e segui llamándolo así) consis e p ecisamen e
en
la conciencia
de que las p opiedades de la ealidad misma no se educen a las p opiedades que esa
ealidad iene en nues os pensamien os.
Pe o, más allá de conju a los pelig os de con usión, el a ende conjun amen e a las
dos iangulaciones puede hacemos comp ende cuál es el núcleo común a las hazañas
que ellas suponen. En e ec o, an o
en
una como en o a, el esul ado, o sea, el e ce
é ice, apun a de modo de inido a algo que pa a el o ganismo es po na u aleza
-y
sigue
siéndolo as la iangulación-imposible de posee . Si los ansduc o es senso iales con
que cuen a el o ganismo no an más allá de su piel, ¿cómo sus imágenes senso iales an
a pode es a si uadas más allá de esa on e a? Si ace ca de cualquie ealidad no puede
habe
en
la men e sino pensamien os, ¿cómo lo que el suje o maneja men almen e a a
pode se la ealidad misma? Pe o sin que dejen de man ene se esas dos imposibilidades,
el suje o log a á un iun o en los dos ni eles, iun os basados ambos en un eje cicio
iangula o io. En el ni el in e io , log a si ua ue a, ya que no
-da o
es á-
la imagen
senso ial o sub ep esen acional, sí el con enido pe cep i o o ep esen acional6• Y en el
ni el supe io , llega a se capaz de in e oga se po aquellos asgos desconocidos,
cualesquie a que sean, que la ealidad
en
la que él piensa es a á ya en onces, no más a de,
eniendo en sí misma, más allá de como es á siendo pensada. Al lado de esa semejanza
en e los dos ni eles iangula o ios hay ambién una di e encia abismal. Y es p ecisamen e
esa di e encia lo que hace a ac i o el in en o de descub i una elación e olu i a en e
las iangulaciones supe io e in e io . En e ec o, lo que se a a in en a aquí p opone
es que la cu iosidad me a ísica, ese in e oga se po la ealidad misma del que se i ían
de i ando, sin acaba nunca de sa is ace lo po comple o, odos los p og esos cogni i os,
esa, en de ini i a, capacidad culminan e, pod ía depende jus o de la ees uc u ación de
un ecu so p imi i o a manos de la comunicación lingüís ica, es deci , a manos de la
especial in e subje i idad que apa ece ía as el lenguaje. Ese ecu so p imi i o
-la
iangulación que se emplea
en
las pe cepciones, y la especialización hemis é ica, de
me a con ala e alidad, que se da en el ce eb o
animal-
hab ía sido ansmu ado
en
el
ni el supe io en una iangulación cuyos dos é ices de pa ida son la c eencia p opia
del suje o y el opues o mensaje lingüís ico ajeno, y que segui ía eniendo que e con la
6.
Si los con enidos men ales no ue an expe imen ados como ue a del o ganismo, en onces se ían
biológicamen e edundan es espec o a los p ocesos isiológicos, es deci . en onces es cuando incu i ían en
aquella 'absu da edundancia' de la que Eccles habla en sus a aques al epi enomenalismo.
Las dos iangulaciones 27
especialización hemis é ica, pe o es a ez con la exclusi a del ce eb o humano, egida
po un c i e io ya di e en e a la con ala e alidad. Na u almen e, los hemis e ios
ce eb ales que sos ienen la iangulación supe io son po su complejidad comple amen e
dis in os a los del ce eb o que bas a pa a la in e io : millones de años de e olución
sepa an el acceso a lo pe cep i o y el su gimien o de lo humano. Pe o
-y
és e es el pun o
que aquí nos in e esa-la complejidad de los hemis e ios humanos no da ía luga de modo
di ec o e inmedia o a esa capacidad de in e oga se po cómo pod ía se la ealidad en
sí misma, sino jus o a la comunicación lingüís ica, y se ía a pa i de és a
-y
p ecisamen e,
sin aplica sob e ella nada que en sí mismo cons i uye a un esquema no edoso (el
esquema de la iangulación e a a esas al u as absolu amen e no no edoso)- como se
llega ía a aquella ca ac e ís ica de la in eligencia humana. La no edad di ec amen e
decisi a e inmedia amen e causal se ía, pues, sólo la comunicación lingüís ica.
Como se e, el oco de nues o in e és es la iangulación de ni el supe io , en
conc e o en la e o mulación que aquí se p opond á de la idea de Da idson. Pe o jus o
-ya
se
sabe-
pa a se i a ese in e és, amos a dedica oda la Pa e 1 del p esen e abajo
a es udia la iangulación in e io o pe cep i a. (Si el lec o iene, como a
mí
me gus a ía
que u iese, una cu iosidad undamen almen e an opológica, le uego que esis a con
paciencia la P ime a Pa e, pues, aunque lo que ahí se expone no es aún lo in e esan e,
es, en cambio, algo que ap o echa emos pa a el p opósi o que nos in e esa). Paso a
enume a los apa ados de la Pa e
l.
Ve emos cómo, pa iendo de la semán ica causal
de D e ske, p esen a Lloyd la iangulación pe cep i a (1.1). Y ambién que a un au o
an alejado de la semán ica causal como lo es Sea le, paladín de
'la
p ime a pe sona', se
le p esen a el mismo p oblema de ondo que es enca ado po Lloyd (1.2). Después, (1.3),
se econ e i á en a gumen o a a o de Lloyd un 'expe imen o pensado' que, en la men e
de su au o -Aus in, D. 1990-, p e endía se una objeción con a el ex emalismo
pe cep i o, y además se señala á el ínculo en e el iun o de la sime ía bila e al
senso iomo o a y la explicación iangula o ia de la pe cepción. Y, po úl imo,
(1.4),
in en amos desengancha una de o a dos dis in as e ien es de Lloyd
-su
p esen ación de
la iangulación in e io , po un lado, y, po el o o,
su
us an e ol ido de la conciencia en
odos sus g ados-, desengancha las pa a impedi , cla o es á, que los epa os que
me ecidamen e a ae la segunda e ien e salpiquen a la iangulación pe cep i a.
En la Pa e
11,
nos cen amos ya po in
en
lo que conec a di ec amen e con nues as
mi as an opológicas. Pa i emos de la o ma con que se p esen a la iangulación
supe io en Da idson. Allí
(11.
l)
a endemos a un de e minado p esupues o que Da idson
pa ece admi i (el de que los animales no end ían p opiamen e pensamien os), que es al
que si noso os lo acep á amos, ello nos acili a ía nues o p opósi o de mos a que sólo
po ía in e subje i a y lingüís ica puede llega un suje o a in e oga se po la ealidad
misma.
Y,
mal que nos pese pa a nues os p opósi os, enunciamos a compa i ese
cómodo p esupues o, decisión que iene como consecuencia el que nues a iangulación
haya de p esen a se como condicionada a una p emisa sob e cuya acep ación espe amos
28
Te esa Beja ano
que se p onuncien en el u u o las ciencias empí icas (la p emisa de que los con enidos
p elingüís icos son adicalmen e uni a ios, y de que la pa e an igua, no nue a, de és os
no iene, po an o, la independencia a encional que necesi a ía pa a se expe imen ada
como 'el pensamien o an e io ya desmen ido'). El ya undamen al II.2 desa olla la
e o mulación, ya a iba anunciada, que noso os p oponemos de la iangulación de
Da idson.
En
el II.3, a güimos que la cap ación de una c eencia ajena con adic o ia con
la p opia sólo puede p oduci se po la ecepción de un mensaje que enga al menos dos
elemen os signi ica i os cada uno de ellos modi icando al o o, y de los cuales uno de
ellos sea compa ido po el pensamien o p opio del suje o, y el o o p opo cione la
di e encia en e el pensamien o ajeno y el p opio del suje o. En el II.4, pa iendo de la
a i mación de que un mensaje de esas ca ac e ís icas ha de depende necesa iamen e del
lenguaje, se in en a undamen a el pa alelismo en e la di e encia ' iangulación in e io
/ iangulación supe io ' y la di e encia 'especialización hemis é ica con ala e al /
especialización hemis é ica exclusi amen e humana', pa a de ese modo pode calib a
en sus jus os é minos la no edad de la iangulación supe io .
En
la Pa e III, o Conclusión, las enseñanzas ob enidas al habe compa ado los dos
ni eles de iangulación, in en amos ap o echa las pa a insis i en que el elemen o
c ucial en la cons i ución de lo humano hab ía sido la in e pe sonalidad p opo cionada
po el lenguaje.
1)
LA TRIANGULACIÓN
DE
PRIMER NIVEL
1.1) Los an eceden es de la p opues a de Lloyd.
¿Den o de qué ma co diseñó Lloyd su p opues a de que la capacidad de pe cibi
un obje o como ex e no esul a ía de la in eg ación de al menos dos canales in o macionales
cuyos campos engan una zona
en
común? Tan o en Lloyd, 19877, como en Lloyd, 19898,
se ad ie e cla amen e que ue en el ma co de uno de los p oblemas con el que se había
opado D e ske, y en gene al oda la semán ica causal9• En e ec o, quienes conside an que
hay que emi i se a la causa del con enido in o ma i o, es án o zados a busca una
7.
Lloyd, D.: «Men al Rep esen a ion om he Bo om o Up», Syn hese, 70, 1987, pp. 23-78.
8. Ve a iba, no a 5.
9.
Si con la semán ica causal se admi e que el con enido pe cep i o es de e minado po aquello que es su
causa, en onces hab á que p ecisa cuál, en e odos los eslabones de la cadena causal, es aquél al que
co esponde ese papel de e minan e. El p oblema se á, pues, el de cómo desca a an o los es ímulos p óximos
-las imágenes e inianas, p.e.- como, po el o o ex emo, las causas del e en o que llega a se pe cibido. Pe o
en la necesidad de desca a la idea de que los es ímulos p óximos puedan se el con enido de la pe cepción,
la semán ica causal iene a coincidi con aquellas semán icas de la pe cepción que me pa ecen más ace adas
-a sabe , las semán icas que, siendo de p ime a pe sona, quie an no obs an e da azón de la ex e io idad del
obje o-.
Las dos iangulaciones
29
jus i icación pa a desca a las causas más inmedia as, o
-como
no malmen e se las
llama-
es ímulos p óximos, p.e., las imágenes e inianas en lo isual, pe o las dos
p e endidas jus i icaciones que, una de ás de o a, u dió D e ske no esul a on con-
incen es 10• Pues bien, an e ese a ollade o lo que Lloyd p opone es, po un lado, sus i ui
la 'causalidad' po la 'dependencia en e e en os'1
1,
y, po o o lado,
-y
es o es lo que a
noso os nos in e esa-desc ibi la di e encia en e ep esen ación (o con enido pe cep i o)
y sensación sub ep esen acional, de al mane a que la incapacidad de los es ímulos
p óximos pa a
se."
el con enido in o ma i o ya no nos asomb e sino que, po el con a io,
esul e necesa ia. Si buscamos un pá a o b e e que mues e cómo Lloyd iun a en e
a aquel p oblema que D e ske no log aba soluciona , leamos en Lloyd, 1989, pg. 58: «Si
los campos ecep i os de los dos ecep o es se solapan, en onces hay una egión ocal a
alguna dis ancia en en e del dispos.i i o, en el pun o o. Mien as que los disposi i os sin
esa ca ac e ís ica de ec aban, sí, ene gía p oceden e de uen es dis an es, pe o no podían
disc imina en e uen es dis an es y ce canas (y no podían, po an o, i más allá de su
p opia piel), el nue o disposi i o, en cambio, es capaz de señala la p esencia de un
es ímulo en una pa icula posición dis al». Esa iangulación p opues a po Lloyd, ésa
que iene como da os de pa ida el con enido senso ial de un canal, y el con enido
senso ial de un segundo canal que compa a pa cialmen e el campo con olado po el
p ime o, es á inspi ada en B ai enbe g, 1984
12
, a quien Lloyd ci a epe idamen e, y
ambién en el uncionamien o, conocido desde hace iempo, de la isión
en
p o undidad
a pa i de las imágenes bidimensionales que se o man en una y o a e ina. Sin emba go,
a pesa de esos an eceden es
--0,
mejo dicho, de esas comple as apa iciones p e ias del
núcleo de
su
p opues a-, a pesa de ello, epi o, llamamos aquí iangulación de Lloyd a la
iangulación in e io o pe cep i a, po que es e au o la p esen a en un pano ama e olu i o
que nos ayuda a e la como la hazaña en que ealmen e consis e.
1.2) Con on ación con una p opues a al e na i a menos log ada.
Pe o el p oblema que es esuel o po la p ime a iangulación, no se lo han
encon ado sólo quienes ope aban a pa i de la eo ía de D e ske.
En
el ondo, es ese
mismo p oblema el que acucia a un au o como Sea le, cuyos p esupues os (pun o de
is a de p ime a pe sona, y echazo de cualquie da o que no es é en la men e del suje o)
son comple amen e dis in os a los de D e ske
(la'
semán ica causal' es pa adigmá ica del
en oque de e ce a pe sona). Es e dad que a Sea le ese p oblema no se le p esen a
plan eado del mismo modo, es deci , no se le p esen a como el de explica la elección del
10.
D e ske, F.: «Mis ep esen a ion» en Bogdan,
R.
(ed.), Belie " F o m, Con en
and
Func ion, Cla endon
P ess, Ox o d, 1986, pg. 34 y 35. Véase en Lloyd, 1989, pg. 48, la me ecida descali icación de ese segundo
in en o de D e ske.
11. Lloyd, 1989, pp. 48-49.
30 Te esa Beja ano
es ímulo dis al como el obje o de pe cepción (el p oblema de la selec i idad lineal, en
la je ga de los seguido es de la semán ica causal). En ez de eso, lo que le u ge a él es
explica cómo «dos expe iencias enomenológicamen e idén icas pueden ene con e-
nidos di e en es»
13
, o, en o as palab as, cómo se ía posible adap a su in e nalismo
-su
men alismo de p ime a pe sona- de modo que no sea de ibado po el a gumen o de la
Tie a gemela. Dos pe sonas que si uadas en luga es dis in os con emplen sin emba go
escenas absolu amen e idén icas, end án expe iencias pe cep i as absolu amen e
indis inguibles, pe o, a pesa de ello, sus pe cepciones se án pe cepciones de obje os
dis in os: ¿Es es o la sen encia de mue e pa a el men alismo de p ime a pe sona
de endido po Sea le? Es á cla o que, pa a conju a el pelig o que pa a su pos u a
en añaba el a gumen o de Pu nam, Sea le había de in en a da cuen a de la di e encia
de las pe cepciones sin pa a ello ecu i a mi a el en o no desde un pun o de is a
dis in o al del suje o. Po an o, la a ea que a él se le p esen a es la de desc ibi eso, ese
es ado men al que es el con enido pe cep i o, como pe cepción de lo de ue a. Y ahí
econocemos el p oblema is o en Lloyd. Es e dad que
'lo
ex e no al suje o' e a pa a
Lloyd lo que es á «más allá de la piel del suje o, o, dicho de o o modo, más allá de sus
ansduc o es senso iales», mien as que pa a Sea le, en cambio, es lo ex e no a la men e.
Pe o, an signi ica i a y odo como es esa di e encia, podemos a i ma que es uno mismo
el p oblema de ondo
al
que se en en an ambos au o es. Si no se puede pe cibi sino lo
que le ha llegado a uno, lo que es á ya en uno (en la p opia men e/ en el p opio o ganismo),
¿cómo puede en onces sucede que lo que se pe cibe sea lo de ue a
-lo
ex e no (a la
p opia
men e/
al p opio o ganismo)-?
Una ez que hemos mos ado en qué coinciden las p eocupaciones de Sea le y las
de Lloyd, y que hemos podido da así del p oblema una o mulación más gene al,
pasemos a compa a las p opues as de uno y o o, pues quizá sea ése el mejo medio pa a
ealza el alo de la de Lloyd. ¿A qué ecu e Sea le? ¿Qué es lo que en su p opues a
«a a esa á la on e a en e el con enido in encional y el mundo na u al»14? El ecu so
de Sea le es algo que pa adójicamen e iene el de ec o de inspi a se demasiado en la idea
cla e de sus enemigos los ex e nalis as. En e ec o, los ex e nalis as habían que ido
despacha el asun o diciendo que el obje o ex e no es la causa de la ep esen ación
(aunque, como ya sabemos, el asun o así despachado ol ió a en a a a és de la en ana
ho adada po la candida u a de los es ímulos p óximos), y esa idea, la de causa, es
p ecisamen e la que oma Sea le
15
, aunque, eso sí
-po
algo es amos an e un apasionado
de enso del pun o de is a de p ime a pe sona-, in e io izándola, con i iéndola en un
asgo de la i encia del suje o. He aquí cómo Sea le desc ibe la pe cepción isual:
«Tengo una expe iencia isual (de que hay un agón ama illo allí, y de que el hecho de
12.
B ai enbe g, V., Vehicles, Camb idge, MIT, 1984.
13.
Sea le, J.: ln en ionali y, Camb idge U.P., 1990, (p ime a ed., 1984), pg. 50.
14.
Sea le, 1990 / 1984, pg. 74.
Las dos iangulaciones
31
la p esencia allí de un agón ama illo es á causando es a expe iencia isual)» (Sea le,
1983, pg. 48, o ambién pg. 61).
Aho a bien, es a en a i a de solución a nues o iejo p oblema a ibuye una
eno me so is icación a esa capacidad común a animales y humanos que es el pe cibi .
Pues pa a que la idea de una causación, es deci , la idea de una elación en e un elemen o
que es causa y o o elemen o dis in o que es e ec o, o mase pa e del con enido
pe cep i o, se necesi a ía que la c ia u a pe cipien e dis inguie a en e su con enido
men al y aquello ex e no que causa al con enido. Pe o esa dis inción es una conquis a
de la conciencia e lexi a, y exigi la pa a las pe cepciones con e i ía a és as en algo que
nos esul a ía chocan e concede a los animales -incluso a los supe io es, no digamos ya
a la ana en la que ejempli ica Lloyd su p opues a-
16
• El allo
17
de la p opues a de Sea le,
además de ene que e con lo que acabamos de deci , o sea, con su excesi a inspi ación
en el enemigo ex e nalis a, y ambién, como apun amos en una no a an e io , con sus
demasiado a dien es deseos de apun ala la idea de causa, lo podemos asimismo
elaciona ácilmen e con algunos asgos ca ac e ís icos de su au o . En e ec o, la
na u aleza conc e a de ese allo encaja an o con la cons an e a ención de Sea le al pun o
de is a de p ime a pe sona -a ención que, al se eje cida po él, acaba siemp e dando
el pun o de is a de un humano adul o y p eocupado po la iloso ía- como igualmen e
con su con ianza en el sen ido común, y, en conc e o, en nues o caso, en el sen ido
común que ecu e a la e balización de la in ospección.
Po supues o, la p opues a de Sea le puede en ende se ambién de modo que la
i encia de la elación causal no end ía que emplea p opiamen e la idea de causa, ni po
an o ampoco la di e enciación en e el con enido men al causado y el obje o ex e no
causan e. En esa lec u a, lo de la causa hab ía sido sólo una mane a de habla , un
inadecuado e e en é minos e lexi os lo que se cap a sin e lexión alguna. En
de ini i a, de acue do con esa in e p e ación Sea le se hab ía educido a a i ma que, a
pesa de que odo cuan o un suje o pe cibe ha de habe le llegado a ese suje o y ha de se ,
pues, un es ado in e no suyo, a pesa de ello, en las pe cepciones se iene, no obs an e,
la segu idad de que se es á pe cibiendo algo ex e no
18
• Pe o eso no se ía ninguna p o-
pues a explica i a, se ía sólo aquello que se que ía explica .
15.
P ecisamen e Sea le (1990 / 1984, pp. 124-5) in en a, en ono
de
campeón del an iescep icismo,
ex ende la idea de causa más allá de donde la dejó Von W igh .
16.
Lloyd, 1989, cap. 5, especialmen e pg. 139 y 143.
17.
Vis o desde nues o p opósi o de compa a ,
y,
pa a ello, de dis ingui cla amen e los dos ni eles de
iangulación, el allo de la p opues a se hace más llama i o, ya que se basa ía en una con usión
de
los dos
ni eles,
o,
más conc e amen e, en una a ibución de ca ac e ís icas de muy al o ni el a una capacidad no
exclusi amen e humana. Collins, C. «Body-in en ionali y»,/nqui y, 31, 1989, pp. 495-518, c i ica (pp. 504-
506) a Sea le en el mismo sen ido.
18.
Pa ece que Sea le, in en ando sin duda ebaja el al o ni el cogni i o que exige a la pe cepción,
espalda en algún pá a o una al in e p e ación de su p opues a. Pg. 49: «El sen ido en el que la expe iencia
isual es au o e e encial es simplemen e que ella igu a en sus p opias condiciones de sa is acción. La
38 Te esa Beja ano
se ía excesi o e injus o. Además, A amides, 198932, p.e., da po sen ada la lec u a
ue e: «Da idson, 1982, sos iene la chocan e opinión de que los animales ca ecen de
oda clase de pensamien o».
Pues bien, da idsoniano o no, ese supues o, el de que los animales no end ían lo
que en cie a e minología pod ía llama se pensamien o p elingüís ico, debemos noso-
os calib a lo con odo cuidado. Pa a e po qué ese pun o impo a an o pa a nues a
e o mulación, podemos ap o echa unas líneas de Da idson, 1982: «La so p esa (p.e.,
c ee ene una moneda
en
el bolsillo, y en el momen o siguien e comp oba que el
bolsillo es á acío) equie e un con as e en e lo que yo c eía y lo que c eo, de modo que
si
esul o so p endido, engo a c ee que mi c eencia o iginal e a alsa»
33
• Como se e,
si
noso os decidimos que los animales ienen pensamien os, se nos plan ea á
en
seguida
la cues ión de
si
la so p esa al como nos la desc ibe Da idson se da á o no
en
los
animales. Y es a cues ión ya a ec a di ec amen e a nues a p opues a e o mulada. En
e ec o, de lo que decidamos en es a nue a enc ucijada, depende á si pod emos o no segui
p oponiendo que es sólo po la comunicación lingüís ica como se accede po p ime a
ez34 a un con enido men al con adic o io con el p opio, y de ahí al e ce é ice
e o mulado. Pe o ese dilema, y su posible amenaza pa a nues a p opues a, no se nos
plan ea ía, epi o, si de acue do con el mencionado supues o, negá amos pensamien os
a los animales.
Sabiendo ya a lo que a ene nos, amos aquí, con odo, a admi i el que los animales
ienen pensamien os. Y en onces, pa a de ende , como es nues o p opósi o, la exclusi idad
humana del acceso al con as e 'c eencia
equi ocada/
ealidad', end emos que en-
en a nos a una al e na i a que, si bien di ícil de p oba , es, hoy po hoy, ambién di ícil
de desmon a , la de concede au én ica so p esa a los animales que acaben de e
us ada una expec a i a suya. Esa al e na i a es á p ecisamen e p esen ada y de endida
en A amides, 1990, pg. 121-123:
<<El
animal con capacidad de ap ende de sus p opios
e o es, el animal 'educable' en la e minología de Benne , se ía capaz de accede en
cie a mane a al con as e en e obje i idad y subje i idad, y, po an o, el acceso a es e
con as e se ía una cues ión de g ados».
Cuando un animal en un de e minado momen o e desmen ida po su pe cepción
su c eencia inmedia amen e an e io , ¿es o no el caso de que ese animal en ese momen o
es é iniendo a conside a alsa su c eencia an e io
-a
conside a la .una me a c eencia
32. A amides, 1989 ( éase a iba, no a 19), pp. 117-119.
33. Da idson, 1982, pg. 326.
34. La comunicación lingüís ica se ía indispensable sólo y únicamen e pa a la cons i ución del ipo de
p oceso que es el acceso al con as e
'subje i o/
obje i o', En e ec o, una ez cons i uido al ipo, pod án ya
en adelan e da se casos de acceso in ape sonal, es deci , ajeno a la comunicación (aunque segu amen e nunca
ajeno al lenguaje). Pe o el que haya una g an sepa ación en e las exigen es condiciones que son necesa ias
pa a la génesis p ime a, y aquellas o as condiciones, mucho más laxas, que bas an a los casos 'que i en de
las en as', ese hecho no es sino la no ma gene al. ·
Las dos iangulaciones
39
subje i a no adecuada a la ealidad-? La espues a a ese in e ogan e c eo que end á que
espe a a los esul ados u u os de las ciencias empí icas. Y de aquí que noso os es emos
desde el p incipio plan eando la iangulación de segundo ni el como dependien e de una
p emisa aún no asen ada
35
• Pe o amos a in en a al menos glosa un poco la cues ión36•
Un asgo que e iden emen e ienen las pe cepciones animales es la ad e encia de lo que
es nue o espec o al momen o an e io . Aho a bien, esa pues a a pun o de la 'cap ación
del en o no' (o
'mapa
cogni i o'), ¿cómo es lle ada a cabo po el animal? Si esul a a
que la ad e encia de la no edad de unos asgos bas a pa a que los o os asgos, los que
han pe manecido, man engan como ac i ada en la men e del pe cep o la pe cepción
an igua y obliguen, po an o, a és e a cons a a la alsedad p esen e de al pe cepción, si
ése ue a, epi o, el u u o dic amen de las ciencias empí icas, en onces el animal se ía
capaz de accede al con as e. Si, en cambio, se comp ueba que la ad e encia de las
no edades se p oduce sin ompe la unidad de la pe cepción, su unicidad de momen o
a encional, en onces no hab ía luga pa a ninguna conside ación (ni, yendo a lo que nos
in e esa, pa a ninguna cons a ación de la alsedad) de una c eencia an e io . T ae aquí
a colación lo que sob e el ' ondo' como me o sopo e de la a ención a la ' igu a' se dijo
en la escuela de la Ges al se ía, hemos de econoce lo, demasiado ago e in undamen ado37•
Así que, como ya hemos dicho, odo es o debe queda a la espe a de las ciencias
empí icas, que, o bien, pa a con en o nues o, desca a án, o bien,
po
el con a io,
con i ma án la ía p elingüís ica e in aindi idual como un acceso al con as e 'c eencia
subje i a/ ealidad obje i a'.
35. Eso es deduci a pa i de una hipó esis, pe o no se da aquí el caso de que la conclusión sea una
p edicción más ácil de obse a que la hipo é ica p emisa. Pe o en onces, si las conclusiones que noso os
ob enemos a pa i de nues a p emisa hipo é ica no son en absolu o más comp obables que és a, ¿pa a qué
ob ene las? Lo p ime o que se me ocu e esponde es que el asun o sob e el que a an es máximamen e
in e esan e (en eso, en in e és, sí que se
ha
ganado al a anza de la p emisa a la conclusión), pe o así no es oy
jus i icando nues o mo imien o, sino en odo caso explicando qué -la ocación ilosó ica, o como quie a
llamá sela- es lo que me empuja a mí a hace lo. A iado, pues, que el ex ende y glosa la hipó esis de pa ida,
po más que sea sin hace la di ec amen e comp obable, ac ecien a de odos modos la posibilidad de que esa
hipó esis llegue a es ablece con ac o con o as que, si la sue e ayuda, pod ían inco po a elemen os ya más
asequibles a la in es igación empí ica.
36. Como en seguida se ad e i á, la cues ión es la de
si
el pensamien o es necesa iamen e sin ác ico o
no, o dicho de o a o ma,
si
acie a Fodo con
su
men alese,
o.
po
el
con a io, acie an quienes c een (p.e.,
Sinha, Ch., Language and Rep esen a ion: A socio-na u alis ic App oach o Human De elopmen , Ha es e ,
V o ces e , 1988, pg. 64) que «los se es humanos, como o as especies p oceden en la mayo ía de las ocasiones,
po
conocimien os o econocimien os 'simples', que no necesi an ecu i con inuamen e a ep esen aciones
discu si as o ac i udes p oposicionales».
37. Y segui á desg aciadamen e siéndolo incluso aunque aigamos a colación la suge encia de Co nswee
(ci ado po an de Heijden, en Neumann y P inz, eds. Rela ions be ween pe cep ion and ac ion, Sp inge -
Ve lag, Be lín, 1990, pg. 220) de que una de las unciones de la inhibición la e al se ía la de sup imi los es ados
ijos, las no icias iejas.
40
Te esa Beja ano
Pe o añadamos oda ía o a glosa. Como se mencionó líneas a iba,
la
posibilidad
del acceso animal es acep ada
po
A amides, quien pa a ello se inspi a
en
aquel
concep o de 'educabilidad' que usó Benne .
De
desca a esa al e na i a, noso os
somos incapaces
-ya
el lec o sabe an is e ealidad-. Pe o lo que sí ha emos es sub aya
las malas consecuencias que pa a el p opósi o p incipal del lib b de A amides iene el
acep a esa posibilidad. El p opósi o undamen al de A amides es de ende una
concepción de la men e
-<<una
concepción subje i a que una las pe spec i as de la
p ime a y la e ce a pe sona»
38
-.
Pa a nues a au o a,
la
cla e es á en conside a que «lo
que el in é p e e obse a
no
es
me a
conduc a ísica, sino conduc a imp egnada de
men alidad, conduc a men alís icamen e conside ada, en de ini i a, conduc a in e p e-
ada»39.
Y esa idea de A amides me pa ece,
po
cie o, muy ace ada.
La
imi ación
e cia ia (o comp ensión de la in e io idad de un modelo ex e namen e pe cibido), que
es con
lo
que, adop ando e minología piage iana,
yo
end ía40 a iden i ica esa «in e -
p e ación de conduc a ajena», es p ecisamen e una de las ca ac e ís icas que dis inguen
a los monos, y, den o de és os, p incipalmen e a los más e olucionados. Pa ece, pues,
sensa o supone que a
la
al u a de esas capacidades al a ía ya sólo un pequeño paso (en
el apa ado
11.3
habla emos de es o) pa a llega a
lo
humano, y que,
po
lo an o, la idea
de A amides es un paso
po
el buen camino. Pe o al inal del lib o,
la
au o a iene el
mé i o de sabe plan ea se una au oobjeción: «¿Po qué
no
a
a se co ec a una
concepción subje i a de la men e que se es inja a la p ime a pe sona y p escinda de
hace e e encia a
la
e ce a pe sona?». Y a eso
no
puede p opiamen e eplica : «Con-
ieso que soy incapaz de p oba que esa objeción es é equi ocada»
41
•
Pues bien, yo c eo que, si se admi e aquella p emisa que es á pendien e de con i mación
po las ciencias empí icas, en onces sí se á posible eplica a esa objeción. Pe o, en cambio,
si, como A amides sos iene, se conside a que se ía ya 'subje i idad de p ime a pe sona'
aquélla conseguida sin an eceden e alguno de mediación in e indí idual, es deci , si se
acep a
el
acceso p elingüís ico e in aindí idual al concep o de subje i idad como opues o
al de ealidad obje i a, en esos supues os,
no
hab á espe anza ninguna de pode de ende
esa sín esis de los pun os de is a de p ime a y de no-p ime a pe sona que con an buenos
ojos emos que A amides p opone pa a su concepción subje i a de la men e. Pues al
espe anza a mi en ende 42, puede es iba sólo en lo siguien e: subje i idad de p ime a
38. A amides, op. ci . pg. 159.
39. Ibidem, pg. 157.
40. En «In e p e ación de p o e encias e imi ación», Théma a, I 992, nº
2,
he p opues o que la ecepción
del lenguaje en odos sus ni eles -a empeza po la descodi icación onémica, has a llega a la cap ación de
las in enciones de la p o e encia- es a ía siemp e pi o ando sob e la imi ación -po pa e, cla o es á, del
ecep o - de aquella in e io idad del hablan e -in e io idad cines ésico-mo o a, o de pensamien o o
de
in ención- que hab á dado luga a la conduc a e bal en cues ión.
41. A amides, op. ci . pg.
159
42. En «Sob e la génesis de la conciencia de sí mismo», Théma a, nº
6,
1989, pp. 23-44, in en é en ese
sen ido plan ea cuál pod ía se la génesis de la conciencia -de la conciencia exclusi amen e humana, es a ez.
Las dos iangulaciones
41
pe sona no pod ía su gi si no se es ablece una sepa ación den o de la in e io idad
indisc iminada p imi i a en e el pensamien o p opio del suje o y aquel o o pensamien o
que, habiéndole llegado al su je o, no puede po incompa ibilidad se acep ado como p opio
po és e, sino que ha de se asignado a un
ú
opues o al yo del suje o (En seguida, en cuan o
pasemos a e onnula la desc ipción da idsoniana o iginal del segundo é ice, se a güi á
en a o de eso).
11.2)
P opues a de Da idson y p opues a e o mulada. Los é ices segundo y
e ce o de la iangulación supe io .
Al p incipio del p esen e abajo hemos dicho que, compa ada con la p opues a
o iginal de Da idson, la e o mulada que aquí se p esen a incide en un hi o más básico
y en una on e a más impo an e. Pa a mejo e eso, debemos ija nos en cómo es la
si uación p opia de la iangulación in e io . A esas al u as, el pensamien o-el con enido
men al ace ca de
algo-
no ha empezado oda ía a conside a se a sí mismo un pensamien o
subje i o. Al p incipio, an es del acceso al ni el supe io , no hay oda ía idea alguna del
con as e 'pensamien o / ealidad'. El é mino 'egocen ismo adoxás ico', al como lo
de ine Ea le, 198843, me pa ece pe ec o pa a de ini esa e apa. Pues bien, ¿qué es
necesa io pa a supe a ese pun o de pa ida, pa a ompe el egocen ismo adoxás ico? En
ese pun o no se adelan a ía nada con que el suje o encon a a aco des su p opia c eencia
y la conduc a de o os: ¿qué al a le hace ningún espaldo a quien no dis ingue oda ía
en e su pensamien o y la ealidad? Po eso, el espaldo in e subje i o y
la
iangulación
oda de Da idson no desc ibi ían la up u a del egocen ismo adoxás ico sino un
momen o pos e io , es a ían en suma a endiendo a un a ance bas an e alejado ya de la
on e a po la que lo humano se sepa a de lo animal. Pa a supe a el ni el in e io y
a a esa así la on e a decisi a, es la iangulación de la p opues a e o mulada lo que
se necesi a.
Nos dedica emos aho a a p o undiza en los é ices segundo y e ce o de nues a
e o mulación. El apa ado p óximo (el
11.3)
es udia á
la
cues ión de cómo el segundo
é ice puede cons i ui se den o del suje o o, dicho de o a o ma, cómo el suje o puede
llega a pensa un pensamien o mien as, y a la ez, que se abs iene de c ee lo. Y jus o
aho a, en el p esen e apa ado, nos amos a ocupa del e ce é ice. Pe o an es
e omemos lo que en la in oducción se expuso sob e
la
p opues a e o mulada. El e ce
é ice se ía la ealidad en sí, a la que
el
suje o puede apun a , pe o de la que al mismo
iempo econoce que a más allá de odos los asgos que de ella haya ya pensado. Y esa
elación-que, po más que no sea una de dominio cogni i o, es eal y e ec i a-, el suje o
no pod ía es ablece la sin con a con el segundo é ice, o, lo que es lo mismo, sin habe .
an es log ado cap a un pensamien o ajeno con adic o io con el suyo p opio.
43. Ea le,
W.
J.: «Though s and Belie s», Diálogos, 50, 1987, pp. 57-72.
42 Te esa Beja ano
En e ec o, el segundo é ice
-el
pensamien o ajeno-, que, al con a io de lo que
e a el pensamien o, o con enido pe cep i o, p opio del suje o, es ya una ealidad ex e na
al suje o, esul a, no obs an e, oda ía cogni i amen e poseíble
en
p incipio pa a el
suje o. Y así, a a és de esa pa icula ealidad ex e na que, en e odas las ealidades
ex e nas, es la única que el su je o puede posee cogni i amen e en sí misma, sólo, epi o,
a a és de ese segundo é ice, se ía como el suje o puede llega a apun a a las o as
ealidades ex e nas, po más que no pueda nunca, cla o, acaba de posee las cogni i amen e
en
sí
mismas. El esquema o mal b indado po la ase «Si no amas a u he mano al que
es, ¿cómo as a ama a Dios, al que no es?» (
1,
Juan, 4, 20) se ía, pues, u ilizable pa a
desc ibi el p oceso de la iangulación supe io e o mulada: Si no a iendes a la
in e io idad del o o, que es algo que puedes conoce , ¿cómo as a apun a a odo lo que
es á más allá de lo que conoces?
Con el e ce é ice e o mulado iene que e , ya lo adelan amos en la In oducción,
la capacidad de in e oga se po cómo se á
en
sí misma la ealidad. Ese in e oga se se ía,
a mi en ende , exclusi o del se humano. Mien as que la expec ación animal se educi ía
a agua da la pe cepción enide a, el p egun ado humano, en cambio, en oca asgos no
conocidos que, cualesquie a que sean, él sabe que es án ya p esen es en la ealidad a la
que en ese momen o es á a endiendo
44
• Pe o en es e pun o con iene dis ingui en e la
in e ogación dialógica y esa capacidad de la que es amos a ando. Cuando p egun amos
a o a pe sona, (en los casos no males, o sea, dejando apa e aquéllos o os, como el de
las p egun as de examen, que sólo secunda iamen e pudie on gene a se), no enemos
oda ía po qué es a eniendo conciencia de la di e encia en e el pensamien o, que
noso os suponemos ace ado, de esa pe sona y la ealidad misma. En ese sen ido, no
debemos iden i ica la in e ogación dialógica y la capacidad que hemos p opues o que
se ía el esul ado de la iangulación supe io e o mulada. Pe o ampoco debemos
ol ida su es echa elación. P ime o, po que lo e dade amen e di ícil es iba ía en
apun a a algo dis in o de la pe cepción p opia, p esen e o enide a: una ez dado ese
paso, ya no puede a da el siguien e, el de da se cuen a de que ambién los in e locu o es
de uno ienen lagunas cogni i as. Y en segundo luga , po que la in e ogación dialógica
ya
consigue algo que es i al pa a oda in e ogación, a sabe , el log a apun a con
p ecisión al desconocido obje o de la p egun a.
Veamos ese log o un poco más despacio. Es á cla o que ap o echando el papel
sin ác ico de la incógni a (Juani o
ha
comido x
/¿Qué
ha
comido Juani o?), se puede
44. El hecho de que en la p egun a pueda a eces u iliza se el u u o -'¿Quién se á el asesino?, ¿Quién
esul a á se ?'-, no obs a pa a que, con aponiéndola a la expec ación del animal que espe a ansioso una
pe cepción decisi a, digamos que la in e ogación humana en oca asgos desconocidos pe o ya p esen es. Po
mucho que la esolución o espues a sea un episodio oda ía no sucedido (y ese ni el epis émico es el que se
e leja en el u u o de los ejemplos), con odo, el in e ogado es á apun ando al indi iduo que ya
ha
come ido
el c imen.
Las dos iangulaciones 43
desc ibi és a. Y
en
ese sen ido, podemos deci que el in e ogado piensa el obje o de
su in e ogación. Pe o
en
o o sen ido, ambién es á cla o que aquello que se busca en la
in e ogación no
ha
sido cap ado oda ía
po
quien es á buscándolo. Cuando en un caso
policíaco aún sin esol e , pe o
en
el que ya se ha descubie o que el c imen ue come ido
po una sola pe sona, alguien dice «el asesino», ese alguien es á apun ando a una y sólo
una pe sona: iene jus o la dosis su icien e de sabidu ía pa a log a eso45•
De
las demás
cualidades del asesino no se sabe nada, y sin emba go
-aquí
es á la g an
hazaña-
en
la
in e ogación se es á apun ando a odas esas cualidades desconocidas46• El obje o de la
in e ogación es á, pues, ue a de la zona con olada po el pensamien o, y a la ez, sin
emba go, es a ía siendo en ocado po el pensamien o. Jus o igual que en la iangulación
in e io o pe cep i a, pe o a un ni el e oluciona iamen e dis in o.
Así, aunque noso os seguimos echazando como absu do cualquie clase de
' ealismo me a ísico' que equi ie a un pun o de is a ex e no desde el cual compa a las
c eencias p opias con el mundo, a i mamos, sin emba go, que el se humano puede
apun a con su pensamien o a la ealidad en sí que es á más allá de las c eencias, an o
indi iduales como in e subje i as. En ese apun a , eso sí, al ealidad es a ía sólo como
e ce é ice, o é ice ex e no a la zona de con ol. No enemos de esa ealidad en sí nada
pa ecido al dominio que enemos de nues as c eencias (de nue o, an o indi iduales
como in e subje i as: nues a iangulación con empla algo dis in o que la de Da idson).
Pe o como me a de algunas capacidades nues as, la ealidad en sí puede ya se algo con
lo que engamos elación, y no se ía, pues, 'inhumana'.
Además de la capacidad de in e oga se, que es la que has a aho a hemos
mencionado, ambién el amo end ía como me a la ealidad
en
sí. Podemos suge i lo con
unas conside aciones que hace Sousa, 198747• En un pun o de su lib o habla, en e ec o,
del in igan e p oblema que se puede llama «de Alcmena,
en
hono de la iel esposa de
An i ión, a la que Zeus ue capaz de seduci sólo cuando omó la o ma de An i ión.
Noso os end íamos que asumi que Zeus consiguió una apa iencia del odo con incen e:
adop ó, aunque sólo empo almen e, cla o, y
en
cie o sen ido es ic o pe maneciendo
45. En «Sob e la negación: En busca de un nue o a gumen o con a el o igen in ape sonal de ese ipo
de pensamien o», Pensamien o, nº 128, ol. 47, 1991, pp. 469-479, y más conc e amen e
en
su apa ado V, a o
ambién sob e
la
in e ogación, pe o poniendo el én asis mayo
en
o o aspec o dis in o al que aquí nos in e esa.
46. En Co adi Fiuma a, Gemma, The o he side o language: A Philosphy o lis ening, Rou ledge,
New
Yo k, 1990, se polemiza con unden emen e con a las alabanzas que
la
adición he menéu ica ha p odigado
a la p egun a. «¡Cuán as eces una p egun a no es á p ede e minando, con una au osu iciencia impe ialis a y
a ogan e,
la
espues a que a a ecibi ! ( ... ) Las p egun as pueden muy bien no ene nada de ape u a ni de
disponibilidad humilde an e el o o o an e la ealidad( ... ), aunque, po supues o, queda siemp e la posibilidad
de que la espues a eluda la na u aleza es ic i a de la p egun a» (pp. 34-37). Los epa os de Co adi son
opo unos, pe o de odos modos, sigue siendo e dad que el núcleo de la in e ogación es una conciencia de
la p opia igno ancia, y un aspi a hacia algo que es á más allá de cuan o uno con ola cogni i amen e.
47. De Sousa, R.: The a ionali y
o
emo ion, Camb idge, MIT, 1987.
44 Te esa Beja ano
síemp e Zeus, odas las p opiedades de An i ión. Así, el homb e que aquella noche
Alcmena amó e a,
po
hípó esís, cuali a í amen e el mismo que su ma ido, aunque no
el mísmo numé icamen e. Pe o, sí Alcmena amaba a su esposo, ¿no e a ello po las
cualidades de és e? No es oy que iendo implica que las cualidades de és e u ie an que
habe sído odas amables.
Lo
que ella amaba ace ca de él podía habe sido algo bas an e
desp o is o de mé i o. Sin emba go, iene que habe habido algo que ella ama a
en
él,
y cualquie cosa que es o ue a, Zeus lo enía. Es o implica apa en emen e que su deseo
de se iel en aquellas ci cuns ancias (o el disgus o que no habe lo sido le p o ocó cuando
descub ió al in la e dad), es sólo compa íble con un amo que es li e almen e i acional
po comple o. Pues cualquie azón que ella u ie a pa a ama a An i ión, po su il que
esa azón ue a, enía que e e i se a alguna de las p opiedades de és e. Y, po hipó esis,
Zeus las enía odas.» (pg. 8). O ambién, sob e un ejemplo omado de una no ela de
ciencia- icción, y con una añadidu a muy aliosa
-el
pa én esis-, que lanza un cable a
nues o an e io pun o de la capacidad in e oga i a: «El doppelgiinge es idén ico a su
modelo, incluso po el hecho de que aquélla an e quien el doppelgiinge apa ece, no lo
conoce odo ace ca de él, lo mismo que no lo conocía odo ace ca del modelo (Sí el
doppelgiinge no pudie a so p ende la, en onces no se ía con incen e. Cualquie pe -
sona eal que ú conozcas, e p opo ciona á algunas so p esas)» (pp. 99-100).
11.
3) La cap ación de la c eencia ajena: ¿Cómo se llega, en la iangulación
supe io , al es ablecimien o del decisi o segundo é ice?
La
c eencia ajena, la cap a el suje o obse ando algún ipo de conduc a del o o, eso
es cla o.
La
cues ión es qué clase de conduc a48• ¿Qué es necesa io pa a que a un suje o
le llegue una c eencia ajena dis in a a la que él albe ga sob e jus o la misma cosa?
Empecemos
po
señala que si yo, es ando con encida de que la mesa
en
la que
es oy esc ibiendo es cuad ada, oigo que alguien me dice:
'La
mesa en la que es ás aho a
esc ibiendo es edonda', cap a é la con adicción en e los dos pensamien os
-el
mío y
el ajeno-. El lenguaje con p edicación bas a ía, pues. Pe o ¿pod íamos a egla nos con
menos?
La
comunicación lingüís ica sin p edicación (y, po an o, sin necesidad de
sin axis) puede ambién consegui el mismo esul ado. Pensemos
en
las pe iciones e
llamadas de una sola palab a, que cons i uyen, po cie o, los p ime os mensajes que so
dominados po el niño
-los
p ime os no sólo a ni el de p oducción, sino ambié1
ecep i amen e49
-.
¿Acaso el oyen e de una llamada no queda in o mado de que e
48. En A amides, 1989, op. ci ., ob enemos el equisi o de que la conduc a hab á de pode se in e p e a(
e «in undida con men alidad». Es amos de acue do, pe o hay que segui p ecisando más.
49. Ve mi «Adquisición del lenguaje y an opología», Diálogo Filosó ico, nº 19,
Ene o/
Ab il 1991, p
32-45, conc e amen e el apa ado I, c.
Las dos iangulaciones 45
hablan e c ee que el indi iduo llamado es á ce ca
~lo
su icien emen e ce ca como pa a
oi la llamada-? ¿O, en el caso de la pe ición, in o mado de que el hablan e c ee que
quedan exis encias de lo pedido? Pe o esa c eencia que así le llega al oyen e puede es a
en con adicción con la p opia c eencia del oyen e sob e el pa ade o del indi iduo
llamado, o sob e el es ado de las ese as del ma e ial pedido.
Pasamos aho a a o o caso. Una sola palab a, pe o de unción p edica i a, o sea, una
p edicación cuyo suje o es á elíp ico pe o puede se p opo cionado po la si uación ísica
o el con ex o
de
su emisión. Es indudable que noso os, adul os muy alejados del
momen o de la cons i ución his ó ica del lenguaje, podemos cap a ambién ahí una
opinión ajena con adic o ia con la p opia. Lo único que, eso sí, cabe añadi es que,
aunque en apa iencia esas p oducciones son an simples como las del caso an e io (una
sola palab a en los mensajes pa a pedi o llama , y una sola palab a
en
es as p edicaciones
uncadas), sin emba go su apa en e simplicidad in oluc a la sin axis, a di e encia de lo
que sucedía an es -di e encia es a que es impo an e cuando lo que uno se plan ea es el
o igen del lenguaje50
-.
En e ec o, esas p edicaciones de una sola palab a son posibles
sólo g acias a la e ien e mo osin ác ica
- isa
s. ei , o, pa a da un ejemplo que
conec e con la desc ipción po Lu ia
51
del «A e» del niño holo ás ico,jine e s.cabalga 52•
Has a aho a, pues, hemos hallado dos ías: sin axis (en los casos p ime o y e ce o),
y en onación (es sólo de la en onación de lo que
en
el caso segundo pende odo el sen ido
de pe ición o llamada). Tan o la sin axis como la en onación han de aplica se a una
palab a, a una pau a a icula o io- oné ica. A la palab a, o bien se la mon a sob e una
pau a en ona o ia cuyo signi icado se combina con el de ella, o bien se la enlaza con o as
palab as que modi ican, co igen o comple an lo que ella aisladamen e signi icaba, pe o,
an o en uno como en o o caso, lo que su e ales p ocesos es una palab a (o una pau a
a icula o io- oné ica signi ica i a, pues si suponemos que el segundo o más p imi i o
caso pudo da se ya an es de la cons i ución de la sin axis, en onces en él no hab ía aún
e dade a palab a).
Re lexionemos po qué en los es casos enía que se así, po qué, pa a que un
oyen e pueda cap a una c eencia ajena con adic o ia con la suya p opia, iene que
ecibi algo en donde un elemen o signi ica i o (la en onación o la sin axis) se aplique
a o o elemen o signi ica i o (la palab a, la pau a a icula o io- oné ica signi ica i a).
Imaginemos que hubie a sólo un elemen o signi ica i o, sólo un é mino sin en onación
y sin sin axis
-sin
sin axis, ni desplegada, ni ampoco del ipo la en e en la e ien e
mo osin ác ica, al que a iba se aludió-. Lo que sucede ía en onces es que la mane a
50. Ve no a 4 del abajo ci ado en no a 49.
51. Lu ia,
A.
R.: Conciencia y lenguaje, Pablo del Río, ed., Mad id, 1980
(Iª
ed. en uso, 1979), pg. 33
o 53.
52.Es e a gumen o lo he usado en «Recensión de Hablando de lo que se habla, Agus ín Ga cía Cal o,
Lucina, 1989»,E , 1992.
46 Te esa Beja ano
como el e e en e de ese único elemen o signi ican e end ía a se pensado po el oyen e,
se ía con odos y sólo los asgos que en la opinión de és e u ie a. Pe o en onces es
imposible que así el oyen e pueda cap a nada que sea dis in o de su p opia c eencia sob e
el obje o en cues ión. Po ejemplo, si yo ecibo sólo el signi icado
'mesa',
o sólo el
signi icado 'ci cula ' (aunque, pa a sup imi , como ya se explicó, la pis a mo osin ác ica
de la palab a aislada, debe íamos deci algo como ' edondo'
/' edondel'/
' edondea '),
si sólo uno de esos dos elemen os signi ica i os sin añadidu a de ninguna clase es -
epi o-lo que yo ecibo, en onces, o bien, con el p ime o, en ende é la mesa a mi modo,
o bien, con el segundo, cap a é una idea de cí culo que nunca se me ocu i ía aplica a
la mesa que yo engo po cuad ada; y na u almen e, en ninguno de los dos casos hab é
ecibido la c eencia ajena con adic o ia con la mía. Po eso, pa a que pueda se ecibida
una de c eencia ajena con adic o ia con la p opia, es un equisi o absolu amen e
necesa io el que haya dos elemen os signi ica i os en el mensaje. Así, el que uno de ellos
sea en endido según las c eencias del ecep o no impo a á, ya que después end á el
o o elemen o signi ica i o, y con él la no edad que di e encia a la c eencia ansmi ida
po el mensaje de aquella o a c eencia que sob e lo mismo u ie a de an emano el
ecep o .
Pe o lo que con el pun o an e io hemos mos ado es que,
si
se admi e lo que hemos
llamado nues a p emisa condicionada (es deci , la de que gené icamen e el con as e
'obje i idad/ subje i idad' se adquie e sólo median e la cap ación de una opinión ajena
con adic o ia con la p opia), en onces hab á que admi i ambién que el acceso a al
con as e depende de la comp ensión de un mensaje que enga al menos dos elemen os
signi ica i os cada uno de ellos modi icando al o o. Aho a bien, si as eso seguimos,
como manda la cohe encia, man eniendo nues o supues o de que en el pe cep o
p elingüís ico, po mucha que sea la iqueza de de alles que
se
cap e, no hay unidades
a encionalmen e independien es, en onces enemos que deci que mensajes de esa clase
no pueden encon a se sino en el lenguaje o en ac i idades53 que compa an (¿hayan
he edado?) de él su asgo nuclea . Sólo si en, en e ec o, aquellos mensajes donde cada
uno de los elemen os signi ica i os ha de se p ocesado él solo en una p ime a ins ancia,
y así, el p ime elemen o del mensaje puede llega a o ma un con enido men al an es
de que llegue el segundo elemen o y lo co ija.
53.
No
me e ie o a ac i idades como la esc i u a, el Mo se
..
., que son lenguaje sin más, sino a las a es
no e bales. Es as obliga ían al espec ado a ecibi el pe cep o, además de como al pe cep o uni a io, ambién
como una a iculación sin ác ica (es oy llamando aquí a iculación sin ác ica a oda unidad de o den supe io
que in eg e pa es que hayan cada una eque ido
un
momen o a encional independien e y no subsumido en una
Ges al uni a ia).
Las dos iangulaciones
47
11.4)
Unos hechos que apoyan nues a insis encia
en
el
pa en esco en e las
iangulaciones in e io y supe io .
Acabamos de e que, pa a que un suje o llegue a cap a una c eencia ajena
con adic o ia con la suya p opia, ese suje o end á que ecibi un mensaje compues o po
dos elemen os que, p ocesados
en
la ecepción uno con independencia del o o, lleguen
a modi ica se ecíp ocamen e. En el lenguaje (segu amen e, la p ime a ac i idad donde
se consiguió esa dualidad de elemen os) és os son, uno, una pau a a icula o io-
oné ica54 signi ica i a, y el o o, o bien una combinación sin ác ica en la que el an e io
elemen o se in eg e, o bien una en onación sob e la cual és e se haya p oducido. Pues bien,
aho a hemos de a ende a cuáles son las sedes isiológicas de la ecepción de esos es
elemen os
-las
pau as a icula o io-signi ica i as, la en onación y la sin axis-. Haciéndolo
así, encon a emos, como el í ulo de es e apa ado anuncia, un apoyo de o den e olu i o-
biológico pa a nues a opción de oma
en
se io la a inidad en e las dos iangulaciones
(y
omándola en se io, educi
-ya
se
sabe-
la no edad de la supe io al nue o campo de
aplicación del iejo esquema, y así mos a que la única esponsable di ec a del esul ado
del ni el supe io se ía la in e pe sonalidad posibili ada po el lenguaje).
Pe o empecemos po eco da que los dos canales que dan luga al p ime o y
segundo é ice de la iangulación in e io , se plasman
en
de ini i a en la especialización
hemis é ica p opia del ce eb o de los animales: Allí cada hemis e io es á más especialmen e
enlazado a los ecep o es senso iales del lado opues o del cue po. Y eco demos ambién
que
en
el ce eb o humano nos encon amos además, y sob epues a a la an e io , o a
di isión de abajo en e los hemis e ios. ¿Cuál es ese c i e io de di isión que su ge sólo
con el se humano? Las a eas manuales inas
-o
más conc e amen e, con o madas po
ap endizaje imi a i o-es án bajo el con ol del hemis e io izquie do (en los indi iduos
dies os), y ello incluso
si
de modo penoso y o zado una al a ea es
en
algún momen o
ealizada po la mano más o pe. Y
en
cuan o al lenguaje, és e, an o a ni el de p oducción
como de ecepción, se dis ibuye en e los dos hemis e ios: El izquie do, que a pa i de
B oca se bau izó como el hemis e io lingüís ico, no con ola en ealidad sino lo
a icula o io- oné ico (que es ambién, cla o es á, la e ien e con o mada po imi a-
ción), pues lo en ona o io co esponde al hemis e io de echo
55
.
54. Una pau a a icula o io- oné ica, y, po an o, una pau a con o mada po imi ación, y cuya
'comp ensión pe cep i a' depende ía ambién ( ecué dese nues a an e io no a 40) de la imi ación (la en e a
ca go del ecep o , en es e caso). A es o es a lo que emi íamos cuando en el apa ado
11.1
dijimos que a la al u a
e olu i a en la que se conquis a la imi ación e cia ia (o imi ación calib ado a de la in e io idad del modelo),
a esa al u a, epi o, es ya sólo un pequeño paso el que al a ía pa a lo humano (Ese pequeño paso -aho a
podemos ya conc e a lo-consis i ía en la conjunción de las dos bandas, la imi a i a de lo a icula o io- oné ico
y la en ona o ia).
55. Así pues, un aspec o de la biología del ce eb o -aquella pa icula especialización hemis é ica que
es exclusi a del se humano- depende ía de la imi ación g acias a la cual el niño ha con o mado las pau as que
ha ido adqui iendo, y, po an o, pod íamos deci que no se ía p oduc o solamen e de la biología. Ese es jus o