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El relato periodístico de la fiesta de toros : de la reseña del setecientos a la moderna crónica taurina

Gil González, Juan Carlos

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Revista de Estudios Taurinos N.º 19-20, Sevilla, 2005, págs. 353-388 EL REIATO PERIODÍSTICO DE LA FIESTA DE TOROS: DE LA RESEÑA DEL SETECIENTOS A IA MODERNA CRÓNICA TAURINA. Juan Carlos Gil Gonzálezl I. Acotaciones preliminares.- II. Primeras reseñas de toros: textos técnico-informativos.- III. Folletines de toros: textos lúdico-políticos.- IV. La revista de toros: el pórtico de una revolución.- V. La sublevación belmontina y la aparición de la crónica taurina.- t~ l. AcarACIONES PRELIMINARES 11 cercarse al vasto y resbaladizo ámbito de la crónica taurina con la intención de brindar una catalogación cerrada de sus posibilidades exigiría una labor de documentación ingente y un trabajo minucioso de Una colosal lista de autores que nos conduciría probablemente a un callejón de difícil salida plagado de excepciones y contraexcepciones. A esta nada desdeñable dificultad hay que añadirle otras no menos importantes: la brumosidad de las fronteras del concepto de crónica periodística, las distintas posturas sostenidas por la doctrina y la sempiterna y siempre inconclusa disputa entre crónica taurina y crítica taurina. 1 Licenciado en CC. de la Información realiza el doctorado en el Departamento de Periodismo de Ja Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla y comparte la docencia de la asignatura de Libre Configuración Toros, Sociedad y Periodismo (antes Sociología del Arte de la Tauromaquia) con Pedro Romero de Solís. Su e-mail es [email protected]. 354 Juan Carlos Gil González Esfuerzo, pues, poco grato e infructuoso que con más frecuencia de la debida estaría sujeto a revisiones ulteriores debido a la dificultad que supone trabajar con textos subordinados casi exclusivamente a la sutileza de sus signatarios. Con estas palabras preliminares simplemente quiero decir que la finalidad de este artículo no es otra que exponer algunas de las estructuras más típicas de las crónicas taurinas que se han ido repitiendo a lo largo del tiempo. Así pues el objeto de mi presente reflexión es el análisis de los textos taurinos publicados en los periódicos de información general más representativos del siglo XVIII, XIX y primeros ·años del siglo XX. Dejo apartados, a un lado, los periódicos exclusivamente taurinos (como La Flor de la Canela o El Enano, Boletín de Loterías y Toros) y a otro, las revistas especializadas (Fig. n.º 117). Los primeros han sido ampliamente estudiados por Alejandro Pizarroso ("Prensa y toros en el siglo XVIII" en Revista de Estudios Taurinos, 2004, n.º 18: 205-249) y las segundas presentan unas peculiaridades de edición, estrategias, periodicidad ... que exigirían un estudio aparte. Aplicar las mismas variables de análisis a los textos taurinos publicados en un medio generalista y a los divulgados por una prensa especializada nos arrastraría, sin duda, a resultados aberrantes. Por otro lado, como los cambios acaecidos en el mundo de los toros han repercutido en la plazoleta periodística y viceversa, es decir, como la evolución del periodismo y de la tauromaquia han corrido paralelas, pues también me propongo explicar cómo a la vez que se sucedían las transformaciones taurinas iban cambiando las narraciones de toros. Para acotar con claridad este trabajo, es preciso aclarar que aunque Gómez Aparicio (1971: 583) sostiene que «la información taurina fue en España, no tan antigua como las fiestas de toros, pero sí como las más remotas hojas noticieras impresas» he preferido no profundizar en el estudio de las relaeiones de El relato periodístico de la fiesta de toros: de la reseña ........ . 355 "Fiestas y Cañas" de los siglos XVI y XVII. La justificación es bien sencilla: las referencias taurinas en esos documentos son meramente anecdóticas y tangenciales, puesto que el objeto de estos textos no era informar, sino enfatizar las heroicas virtudes de los caballeros, realzar el exorno de sus ropajes, su gallardo arrojo para zafarse de las fieras y su galantería para embelesar a DO S DE LOS DE ESTA TARDE Fig. n.º 117.- Portada de un ejemplar de El Enano (Madrid). las damas de noble estirpe ... Más que ante un ejercicio de perio - dismo, nos encontramos ante las primeras manifestaciones de propaganda. En este caso lo taurino es una mera estratagema para enaltecer los símbolos de poder de la época. He preferido por tanto iniciar este largo recorrido en la última década del siglo XVIII, momento en el que el toreo a pie 356 Juan Carlos Gil Gon zález ya se puede considerar como fenómeno diferente y separado del alanceamiento noble y caballeresco. Consolidado y escuetamente organizado el espectáculo taurino, es el momento propicio · para que los periódicos empiecen a publicar de forma habitual relatos taurinos, a los que considero el germen de lo que hoy se denomina crónica taurina. Il. PRIMERAS RES EÑAS DE TOROS: TEXTOS TÉCNICO-INFORMATIVOS Por sorprendente que pueda parecemos, el inicio y la fulgurante implantación de los cambios revolucionarios que trajo consigo el derrocamiento de la monarquía en Francia (1789), influyeron indirectamente en la publicación de información taurina en los diarios españoles. Nuestras fronteras fís icas con el país vecino se cerraron a cal y canto pero no fueron las únicas medidas preventivas tomadas por Carlos IV. Para evitar que hubiese adeptos a la causa revolucionaria en nuestro territorio «el 24 de febrero de 1791 se promulgó un decreto suprimiendo todos los periódicos con la excepción de la Gaceta y el Diario de Madrid, al que se le prohibía tratar temas políticos de cualquier clase» (Fomeas, 2000: 40-41). Vetada la posibilidad de escribir de política y con cuatro páginas que cubrir de información para que el Diario saliese a la calle, no debe sorprendernos que el editor del periódico, Santiago Thewin hiciese solícitas apelaciones a los lectores invitándoles a colaborar en la tarea. Aunque ya en otras ocasiones la Gaceta había publicado notas taurinas en sus páginas sobre la recaudación económica de las funciones de toros, por aquel azaroso trance, el 20 de junio de 1793 Un Curioso envía al Diario de Madrid un relato taurino del festejo celebrado en la plaza de los Reales Hospitales de la Villa y Corte. A partir de esa fecha, el periódico tiene a bien El relato periodístico de la fiesta de toros: de la re seña ........ . 357 tomar por norma la publicación de informaciones sobre las fun - ciones de toros que se lidiaban en Madrid. Cuando Un Curioso no asistía al festejo la reseña llevaba la firma de El amigo de Un Curioso, dato que revela que la información taurina en el Diario de Madrid no era eventual sino que contó con un espacio reservado hasta finales del siglo, en que fue suprimida. Éste es el punto inicial de mi largo trayecto, a pesar de que Celia Fomeas (2001) haya defendido que hay que esperar hasta el 16 de julio de 1828 para encontrar, en El Correo Mercantil, la primera crónica taurina de la historia del periodismo taurino. Sin embargo, yo defiendo que puede mantenerse la fecha del 20 de junio de 1793 porque, si no en el primer texto firmado por Un Curioso, al menos sí en los sucesivos, puede encontrarse la combinación de elementos informativos con juicios de valor, rasgos éstos propios e indispensables de lo que entendemos actualmente por crónica de toros y que, sin embargo, como acabo de recordar, la Dra. Fomeas consideró que sólo se dan, por primera vez, en El Correo Mercantil. Es difícil delimitar categóricamente los contornos temporales de las notas taurinas que yo he denominado reseñas técnico-informativas pero puede afirmarse, sin temor a equivocarnos, que su aparición y auge se produce en los años finales del siglo XVIII y se mantiene hasta el primer tercio del siglo siguiente. Dentro de este primer arquetipo podemos diferenciar dos variantes: a) los textos que resumen las funciones de toros y b) los esta - dillos de los festejos que popularizó Juan Marras (Fig. n.º 118). Este lector, disconforme con la manera de informar de toros del Diario, propone al editor el 30 de julio de 17 93 una alternativa distinta, más visual, rápida y escueta. Se trata de un cuadro estadístico dividido en nueve columnas verticales en el que se agrupan los datos informativos más significativos (desde el dueño del ganado hasta la situación de la estocada, pasando por el número de varas, banderillas, caballos muertos, matadores 358 Juan Carlos Gil González 7,, , ru Dueños del Ganado. PUl!b/Q!Wdondeson. l'ams. Vandl' - Cabolfo:s Ca bollos Mata dom. Es10cad11s rillas. mumos . hl'ri<ÍOl . J Sil .muacion. l D. Joseph Gijón. Villar rubia de lo s 4 11 Pedro Romero. De una algo baja y . Encarnada. ojos Gua."ª dos puntazos y del segundo lo desea- < belló. z < 1. D. Alvaro Muñoz y Ciudad Real. 8. 7. l. Antonio Romero. De tres, la primera z < Teruel. Verde baxa, la segunda en :; hueso, y la tercera < buena. - -J. D. Antonio Ras;on Salamanca. 10. ll. l. 2. Pedro Romero. De una en hueso, y Cornejo. Blanca. (!) dos a volapié. 4. D. Gabriel Gomez. Arguedas en Na12. 6. l. l. Antonio Romero. De dos en hueso , Azul varra. una regular, y un buen puntazo. 5. D. Alvaro Muñoz y Ciudad Real. 12. 8 Pedro Romero. De una en hueso y Teruel. otra asombrosa. 6. D. Joseph Gijón. Villar rubia de lrn !O . 6. l. l. Antonio Romero. De una regular. ojos de Gua. (2) l. D. Joseph Gijón. Villar rubia de &c. 9. 8 l. Pedro Romero . De una en hueso , (3) buena. y recargada se vió muy cerrado. 1. D. Alvaro Muñoz y Ciudad Real. 4. 9. 1. Antonio Romero. De una en hueso y Teruel. otra regular . 3. D. Antonio Rascon Salamanca. l. 6 Pedro Romero . De una en hueso y Cornejo . de dos puntazos el se ~ fuego. gundo bueno. :;; 4. D. Gabriel Gomez. Ar guedas en Na 13. 11. l. Antonio Romero. De un a regular y 2 ~ varra. baxa. < .J 5 . D. Joseph Gijón. De Villarrubia &c. 12. .J 10. l. Pedro Romero. De una buena. o 6. ldem. ldem. 11 . 9. Antonio Romero. Dio una estocada e1 z hueso, 3 puntazos y o ;; una en hueso reear~ z gada . ~ 7. D. Antonio Ras:or De Salamanca. 5. 7. Pedro Romero. La prim. en hueS< Cornejo. se vió muy cerrado ; (4) 2 punta zos y una .: degollarlo de propo sit. 8. D. Gabriel Gomez. De Arguedas. l. 6. Antonio Romero. De una alta e1 de ~ueso, y otra dego fuego liado . Fig. n.º 118.- Ejemplo de estadillo que contempla los resultados de un dia de toros en funciones de mañana y tarde. Apud Cossío (1988: 8, 85). El relato periodístico de la fiesta de toros: de la -reseña ........ . 359 actuantes ... ). Muy influido por la mentalidad positivista de la época, el objetivo era describir numéricamente lo sucedido en la arena sin el menor atisbo literario, reduciendo los hechos a la mínima expresión lingüística." No fue la única vez que vio la luz este tipo de información taurina puesto que, en el año 1832, El Correo Literario y Mercantil tuvo que recurrir a los estadillos para evitar las enconadas disputas producidas por la falta de acuerdo entre el periódico y los lectores. La correspondencia que llegaba a la redacción era, en un alto porcentaje, una enmienda a la totalidad de lo publicado en la reseña taurina, así que, a José María Carnerero, a la sazón director del diario, no le quedó más remedio que optar por la estadística. Sin duda, presentando solamente los resultados del festejo las críticas solamente podían provenir de algún error realizado en el recuento de los puyazos o de las estocadas, pero en ningún caso por un fallo en la valoración de una suerte o en el juicio vertido sobre la presentación de un toro. i;:sta solución fue transitoria porque, o nD satisfizo al editor o no contó con el beneplácito de los lectores, pues lo cierto es que tras esa probatura que recuperaba la tradición del Diario de Madrid no volvió a repetirse en ningún otro periódico. En esta primera etapa, las informaciones de toros que sí se prolongaron en el tiempo y gozaron de amplia repercusión fueron las reseñas técnico-informativas iniciadas por el Diario de Madrid y continuadas principalmente por El Correo Literario y Mercantil. La nota peculiar que debe destacarse de estas narraciones es que su hilo argumental está condicionado por un criterio puramente cronológico. La aparición sucesiva del toro en el ruedo es la línea que guía el tempo de los textos, de lo que se deduce que el material informativo no se concentra en un punto concreto del relato sino que está distribuido por toda la narración. La estructura discursiva de estos textos la podemos dividir en tres partes bien diferenciadas. En un primer apartado contamos con los 360 Juan Carlos Gil Gonzá lez datos informativos del festejo, en el segundo componente se nos presenta la descripción técnica y pormenorizada de lo sucedido en la lidia de cada uno de los toros, y finalmente el tercer bloque está compuesto por un párrafo en el que el autor deja constancia de su capacidad de juicio, es decir, un fragmento en el que combina información, interpretación e incluso opinión. Es fundamental fijarse en el arranque de estas funciones de toros para descubrir el primer resquicio de la ficha técnica. En los primeros párrafos se nos informa del lugar y fecha de celebración del festejo, de la personalidad que lo presidía, los varilargueros que actuaban y finalmente los ganaderos que aportaban la gran cantidad de toros que se mataban. Por otro lado, el relato toro a toro que se repetirá durante muchos años mantiene un mismo esquema informativo. A saber: ganadero, número de varas, banderillas prendidas en el morrillo y finalmente el nombre del torero que le dio muerte. Podemos comprobar en este ejemplo lo expuesto hasta el momento: «El cuarto de D. Hermenegildo Díaz, tomó 11 varas y 13 banderillas; al principio no hacía caso de entrar a los caballos, pero después de calentado, entró con mucho ímpetu, que en parte se le debilitó, con motivo de haber tomado la segunda vara de Cañete en medio de la espaldilla. Con todo, a la tercera vara echó los pechos encima del caballo, de Colmillo, que lo cogió cuasi contra la barrera y se salvó saltando por ella; a la décima quiso el toro saltar la barrera, que no pudo y cayó en tierra, barriga arriba: a la oncena echó abajo el caballo de Cañete, quien cayó también, y se libró buenamente, en esta suerte quedó herido el caballo. Estoqueó Antonio Romero, quien dio a este toro una sola estocada regular, poco profunda y lo descabelló» (Un Curioso) 2. 2 Véase Diario de Madrid, 23 y 24 de julio de 1793. El relato periodístico de la fiesta de toros: de la reseña ........ . 361 Si nos fijamos con cierto detenimiento en el texto de este bosquejo, la idea del anónimo autor es recoger la totalidad de la función de toros sin alterar nada -hacer la revista-, es decir, reflejar la realidad tal cual es, sin que en este segundo apartado pueda intuirse la huella del narrador. Además no debe despreciarse un dato: la escasa relevancia dada a la faena del diestro. Es lógico que así fuese, ya que todavía estamos en los albores del toreo a pie y los personajes principales informativamente hablando son los varilargueros, que todavía desfilan·por delante de los matadores en el paseíllo y son un trasunto en la plaza de la nobleza caballeresca de décadas anteriores. No duró mucho su reinado (su puesto fue ocupado por el picador) y su rápida decadencia fue un síntoma palpable de la evolución del toreo que dará cada vez más importancia al matador. Merece la pena recoger otra pequeña muestra para apreciar el tipo de enjuiciamiento que se ofrecía al final de los textos técnico-informativos. En ellos se hacía un repaso/resumen del comportamiento de los toros y de la actuación de los toreros. Se valoraba principalmente si habían estado acertados o si, por el contrario, erraron en el planteamiento de la faena. «En general los toros de esta corrida de mañana y tarde fueron bastante flojos, y no muy buenos para el estoque, a excepción de algún toro. Pedro Romero mató con mucha inteligencia todo el día, pues aunque hubo alguna que otra estocada baja o delantera, esto no prueba nada en contra de su notoria pericia ( ... ) Cuando en una corrida como ésta, en que no puede negarse la flojedad de la mayor parte de los toros, se mata regularmente se da la prueba más auténtica de la habilidad de un lidiador». (Un Curioso) 3. 3 Ibídem. 368 Juan Carlos Gil González toros, se nos abren las carnes de gusto cuando sabemos que de una y otra cosa tenemos para nuestro recreo» (Pero Grullo)B. La segunda parte se centra exclusivamente en la materia taurina. Se mantiene la tradición anterior y la narración de los hechos se hace cronológicamente toro a toro, sin alterar el orden de los acontecimientos. Son textos eminentemente informativos y minuciosamente sustanciados que descuellan por su donaire literario, por las licencias poéticas (es frecuente ver intercalado en el texto algunos versos), por las metáforas portentosas, por diálogos, a veces, desternillantes, e incluso, por comparaciones disparatadas ... Estas maniobras para atraer lectores van a exigir a éstos últimos ciertas competencias no sólo tauromáquicas, sino ta mbién políticas, literarias, históricas ... para poder comprender plenamente el sentido de las críticas. «Segundo: de Paredes (Colmenar Viejo). Este toro hubiera hecho mal marido; era receloso. Pertenecía a la escuela del año 12; un costal de malicias y desconfianzas. Tomó seis varas, le pusieron cuatro pares de banderillas y le ma tó Lucas Blanco de u na regular, recibiéndole» (Abenámar) 9 (Fig. n.º 121). En esta segunda parte del folletín se deposita una de las semillas más importantes de los escritos taurinos, que ha ido germinando con el paso del tiempo, y que no es otra que la función s Véase El ECo del Comercio, 25 de julio de 1846. Pero Grullo (Joaquín Simán e Illescas) fue uno de los periodistas más críticos con el sistema político que ejerció en este rotativo (temporadas: 1845: 46 y 47). Además es conveniente conocer que El Eco del Comercio fue el heredero de El Boletín del Comercio, que representaba el progresismo en los primeros años de la monarquía de la joven Isabel II. 9 Véase, El Porvenir, 7 de junio de 1837 . Obsérvese es.a referencia a los seguidores de la Constitución de 1812, denominado los doceañistas, como perso - nas de poco fiar y maliciosos, por el hecho de querer una Carta Magna liberal. El relato periodístico de la fiesta de toros: de la reseña ........ . 369 crítica. «Es la obra sustantiva de la crítica: orientar a los· descarriados, educar a los entusiastas y enseñar a los ignorantes. Después, enjuiciar, que es el sagrado sacerdocio de su función». (González Acebal, 1956: 10-11). Si un rasgo diferencia en la actualidad a este género periodístico es su inconformismo con la realidad que enjuicia, y sobre todo su capacidad de influir en el propio devenir de la Fiesta. Fig. n.º 121.- D. Santos López Pelegrín. Autor de la Filosofía de los Toros. · Apud Calcografía Nacional, Madrid. Esta realidad, hoy meridianamente constatable echó sus raíces en los años centrales del siglo XIX. A veces con sonados aciertos (como las críticas al desjarrete y a las banderillas de fuego), en otras ocasiones con sonoros errores (las terribles censuras que sufrió el sevillano Curro Cúchares) pero siempre tomando partido antes los cambios y nunca permaneciendo indiferente. Como botón de muestra, he seleccionado la crítica deta- 370 Juan Carlos Gil González Hada y justa, realizada por Pero Grullo, tanto al picador, por su falta de pericia, como a su jefe de filas, por sacar al toro de la jurisdicción del piquero con excesiva premura: «No cumpliría mi deber si no reprendiese al picador Poquitopán, diciéndole que se va haciendo muy mal trabajo y que nos disgus~ ta el poco acierto que tiene para lucirse, así como al Chiclanero lo listo que se encuentra para meter el capote al toro. Sírvale a este diestro de aviso para su gobierno que no sea solícito en meter el capote al toro al llegar a los picadores, porque con esto vacía fuera el bicho y no vemos lucirse a aquéllos» (Pero Grullo)IO. He de consignar, como última transformación, que los folletines de toros suponen la desaparición de la evaluación final que se ofrecía en el último párrafo de las reseñas de toros. No tiene mucho sentido seguir manteniendo esta norma porque en el segundo bloque, a la par que se ha ido describiendo el festejo se ha ido enjuiciando el comportamiento de los toros, la labor de los picadores, la destreza de los banderilleros y las faenas de los matadores. Éstas, cada vez con más frecuencia, van convirtiéndose en el momento de la faena que más comentarios suscita. La causa es la implementación exquisita que aporta Cúchares a la muleta, que deja de ser un mero instrumento de apoyo para el estoque con el que se da muerte al toro para ascender su utilización a la categoría de tarea artística (Fig. n.º 122). Para poner fin a este apartado, me gustaría dejar constancia de dos curiosidades estilísticas, que aunque no fueron muy comunes, llaman la atención precisamente por su singularidad. Por un lado tenemos las funciones de toros reseñadas mediante poesías y las corridás descritas a través de diálogos. El más lúcido de los periodistas metidos a poeta fue Don Clarencio (José Velázquez y Sánchez) que con sus Cartas lO Véase El Eco del Comercio, 17 de mayo de 1845. El relato periodístico de la fiesta de toros: de la reseña .. ...... . 371 Tauromáquicas (1880) imprimió al relato taurino un gracejo saleroso, de fácil lectura y rítmica musicalidad. Con los relatos taurinos escritos en versos polimétricos, su autor pretendía · informar y entretener, además de buscar el lucimiento personal. Tuvo tan buena acogida esta peculiar manera de reseñar una corrida que los versos que describieron las temporadas de 1853, 1855 y 1858 se editaron en dos volúmenes. La segunda Fig. n.º 122.- Francisco Arjona: Cúchares La Lidia 23 de abril de 1883. Apud Cossío (1988: 8, 215). peculiaridad son los diálogos mantenidos entre Grullo y El Cachetero. A través de estos dos personajes de ficción Joaquín Simán Illescas refiere con todo lujo de detalles los entresijos de la corrida que ha presenciado. Estos dos interlocutores enfrentados en los gustos rebaten continuamente sus puntos de vista 372 Juan Carlos Gil Gonzá le z intentando con todos los recursos retóricos disponibles, influir en el pensamiento del adversario e indirectamente en el ánimo del lector. Con esta manera de mostrar la realidad, el autor presenta dos formas distintas de entender el quehacer taurino y lo más importante, se le ofrece al lector la posibilidad de elegir uno de los discernimientos exhibidos. IV. LA REVISTA DE TOROS: EL PÓRTICO DE UNA REVOLUCIÓN Con el discurrir de los años van desapareciendo los folletines de los periódicos, cuyo hueco va a ser reemplazado por la revista de toros. Muchos y muy variados han sido los intentos de delimitar esta peliaguda expresión. Sánchez de Neira, en su Gran Diccionario Taurómaco (1896-1897) se preocupó más de esclarecer cuáles eran las cualidades que debía reunir un revistero que de ofrecer una definición exitosa del vocablo. Tal vez la definición más aséptica de este escurridizo concepto nos la ofrece Nieto Manjón más que nada porque intenta circunscribirla a unas coordenadas temporales. Así argumenta que la revista de toros «es un examen que se hace y publica de las fiestas de toros celebradas en las principales plazas; tal período dio lugar a una jerga muy rica e interesante» (1991: 372). Puede decirse que la primera revista de toros de la que tenemos constancia es la publicada el 3 de junio de 1867 en El Imparcial y que lleva la firma de Don Éxito, pseudónimo de D. Eduardo de la Loma (Forneas, 2001). El primordial con - traste con los folletines es que la revista no tiene como tarea atraer la atención de los lectores con temas alejados de la tau - romaquia. El texto de las revistas se centra únicamente en lo ocurrido en el ruedo, lo cual no quiere decir que éstas estén exentas por completo de alusiones a la política, a los generales o a cualquier otro suceso que mereciese la socarrona y cínica diatriba. Lo que ocurre es que estas referencias a la vida social El relato periodístico de la.fiesta de toros: de la reseña ........ . 373 son anecdóticas y tangenciales y su misión es barnizar lo tau - rino pero sin entrar en competencia con ello. Otra alteración que consolidó la revista de toros consistió en la primacía del firmante. Aunque El Heraldo mantuvo la anonimia como norma, casi todos los periódic0s del último tercio del siglo XIX incorporan la firma a sus relatos de toros. Se hacen comunes los pseudónimos y Peña y Goñi marca la pauta en El Imparcial como él mismo nos cuenta: «Hacia el año 1874 escribí una revista de toros y gustó a mis compañeros de redacción, que me invistieron desde luego con el cargo oficial de revistero, previa venia del propietario, Sr. Gasset y Artime, que se manifestó conmigo siempre afable y cariñoso. Una vez en posesión de mi nuevo cargo, pensé, desde luego, en dar a mis revistas una forma especial y en revestirlas de ciertos alicientes literarios ( ... ) Así nacieron el "Tío Ji lena" y la "señá Pascuala"; así nacieron "Tanasi", "D. Nifacio", "Caminante" y demás personajes» (Peña y Goñi). 11 Con las matizaciones apuntadas, los materiales informativos que conforman las revistas de toros son las palancas sobre los que se impulsó la Fiesta y que se fueron consolidando a lo largo de casi un siglo: toro, torero, público. No debe obviarse la época taurina a la que nos estamos refiriendo. Muerto el Chiclanero, desaparecido Manuel Domínguez Desperdicios y ya sin facultades Cayetano Sanz, surge la endiablada rivalidad entre Rafael Molina Lagartijo y Salvador Sánchez Frascuelo. Dos concepciones enfrentadas sin conciliación posible. O se era del bando frascuelista o se pertenecía a la cohorte de seguidores del torero cordobés. Lo único prohibido en aquella enconada disputa taurina era la indiferencia. Y en el trasfondo dos periódicos de excepción para contárnoslo: El Imparcial (Peña 11 Citado en De Torres ( l 989: 370). .374 Juan Carl os Gil González y Goñi, convencido frascuelista) y El Liberal (Mariano de Cavia Sobaquillo, férreo defensor de Lagartijo). La estructura de la revista permanece invariable, los cambios más sobresalientes se producen en la profundidad de las apreciaciones y en la distribución del espacio informativo. Lo esencial, a juicio del revistero, haya ocurrido en tercer o sexto lugar, es lo más generosamente desarrollado y explicado. En las revistas de estos dos periódicos y de los muchos que proliferaron en aquélla época se aprecia ya con toda nitidez la mezcla en los distintos párrafos de información desnuda de aparato argumentativo (número de toros lidiados, toreros actuantes y descripción de sus vestidos, número de puyazos y banderillas, colocación de las estocadas ... ) con la interpretación de las faenas (análisis subjetivos de la actuación de los toreros en virtud de las condiciones del toro) y todo ello enriquecido con juicios de pura opinión del revistero (valoración de la faena, enjuiciamiento del comportamiento del presidente del festejo, de la labor de los banderilleros, de la colocación y rectitud del director de lidia .. : ). El esquema más repetido de las revistas, dentro de las lógicas y evidentes diferencias imaginables entre los estilos de los más diversos revisteros y de los propios periódicos en los que publicaban sus textos, eran la que se propone a continuación: IV.a.- Introducción que, por regla general, profundiza en alguna controversia taurina de actualidad (la defensa de un torero, la censura de la aplicación de ciertas suertes, el comentario agrio o elogioso sobre una faena anterior ... ). IV.b.- La narración cronológica de los sucedido en el ruedo compuesta por los siguientes. elementos: IV.b.1.- Descripción del toro (el color de su capas, el peso, su morfología, la correspondencia de sus hechuras con las de su estirpe, etc.); El relato pe riodístico de la fiesta de toros: de la reseña .. . .. ... . 375 IV.b.2.- Comportamiento de la fiera con los del castoreño y la valoración de la pericia y habilidad de éstos (número de puyas recibidas, si apretó con los riñones, si se repu - chó como manso y quiso quitarse la vara, si huyó del castigo ... ); IV.b.3.- Las incidencias del segundo tercio (el número de palitroques prendidos en el morrillo del toro, la ubicación de los pares, Ja suerte puesta en práctica, la idoneidad de ésta a las características del toro); IV.b.4.- La faena de muleta descrita paso a paso (los pases ejecutados, su valoración, la suerte suprema, colocación de la espada); IV.b.5.- Referencia a la reacción y comportamiento del público. IV.e.- Resumen final, con una sinopsis crítica y un epítome concluyente y certero sobre el festejo, considerado no como simple suma de las heterogéneas partes sino como una totalidad global y superior. V. LA SUBLEVACIÓN BELMONTINA Y LA APARICIÓN DE LA CRÓNICA TAURINA No podría vislumbrarse bien el salto cualitativo que supu - so la aparición de la crónica taurina si no hiciéramos el esfuerzo de comprender las transformaciones convulsas que se produjeron en la encrucijada del cambio de siglo y en los primeros años del que se iniciaba. Los modelos heredados de épocas pasadas estaban caducos y eran inservibles para explicar los signos de los nuevos tiempos. Por ejemplo, la puritana y conservadora bur - guesía francesa no digiere las ingeniosidades de los poetas simbolistas a los que acusa de herejes y desarraigados. 376 Juan Carlos Gil González No sólo en el ámbito poético sino también en el de las artes en general las trasformaciones se suceden vertiginosamente. Por esas misas fechas Picasso pinta Les Mademoiselles d'Avignon; D' Annunzio proclama su lema: el peligro es el eje de la vida y somete a riesgo permanente cada situación. Kafka y Joyce rompen con la tradición de la laboriosa novela decimonónica y enfrentan a la literatura a nuevos y emocionantes retos. Y lo más culminante para la historia reciente, Lenin y Trotsky están protagonizando el triunfo de la revolución proletaria que cambiaría el devenir de los acontecimientos siglo XX. Todo esto en apenas una par de decenios era suficiente caldo de cultivo para lo que habría de llegar después. España, a pesar de mantenerse relativamente al margen de la evolución europea, sufre su especial conmoción tanto política como económica, social y cultural. Es cierto, como reconoce Ortega y Gasset, que hay una España muerta, divorciada y aislada del resto de Europa, pero también es verdad que entre bambalinas se percibe otra España nueva, emergente y dinámica. La metáfora de las dos España no era original, pero el filósofo madrileño la recoge para hacer desaparecer la visión rancia y enquistada de la caciquil sociedad decimonónica. Surge una nueva España incrédula e indiferente hacia las costµmbres religiosas y monárquicas, con pretensiones políticas liberales y cargadas de ideas modernas. El toreo no va a quedar al margen y, además de sufrir su particular revolución, se convierte en el flanco de muchas críticas, sobre todo de los regeneracionistas que ven en la tauromaquia un espectáculo bárbaro y anacrónico que nos aleja cruelmente de la pulcritud de Europa. Con todo, el toreo, como sostiene Bergamín (1985: 66), «tiene de ejemplar y significante lo que fuera de la plaza sucede en la vida española». A pesar de las críticas e, incluso por encima de ellas, es innegable reconocer que el universo taurino, como toda obra de El relato periodístico de la fiesta de toros: de la reseña ..... .. . . 377 creación humana, ha tenido sus momentos álgidos y sus fases de decaimiento. La tauromaquia había pasado de espectáculo genuinamente bárbaro y primitivamente anárquico a expresión artística en su disposición y en su forma, en su envoltura exterior y en su sustancia interior. Y lo mismo que los intelectuales de la Generación del 14 habían identificado una España carcomida y apolillada y otra rejuvenecida y vitalista, también en el toreo aparecen dos figuras paradigmáticas que suponen el fin de la época clásica y el comienzo de la moderna: Joselito y Belmonte. La figura de Joselito era el final del trayecto de lo que hoy ha dado en llamarse toreo clásico. El hermano menor de los Gallo reunía en su tauromaquia toda la experiencia y las conquistas de las etapas anteriores. La seguridad estoqueadora de Pedro Romero, la inteligencia de Pepe Hillo, la creatividad capotera de Montes, el arte muletero de Cúchares, la habilidad banderillera de El Gordito, la maestría de Guerrita ... Las leyes taurinas eran conocidas por el torero de La Alameda de Hércules hasta en el más mínimo detalle. Ningún conocimiento de la ciencia taurómaca le estaba vedado y su sapiencia era tan enciclopédica que se decía en sus años de figura máxima del toreo que para que lo cogiese un toro habría que tirarle un cuerno. Ante esta tesitura a la Fiesta de toros se le abrían dos posibilidades: acomodarse a los moldes anterimes y degenerar en un manierismo decadente o romper con la tradición decimonónica violentamente e imponer nuevas maneras de interpretar las reglas taurinas. Belmonte, con un cuerpo frágil, sin la belleza apolínea de Joselito y con las carencias propias de la falta de técnica, opta por la segunda alternativa. Esta difícil opción va a traer consigo nuevas exigencias que estremecerán las propias bases del toreo. V.a .- El público. Ese juez supremo e implacable en el que se había convertido el público, que decide los triunfos y los fra - casos de los toreros, había sido, según Díaz Yanes, «racionalista y conservador, en el buen sentido de la palabra, y llevó consigo 384 Juan Carlos Gil González La consolidación y éxito de las crónicas taurinas en general llegó desde la tribuna de ABC y sobre todo cuando el revistero Dulzuras es sustituido por el cronista Corrochano, «reflejo en el periodismo de la revolución belmontina» (González Acebal, 1956: 21). Con su firma, ABC retoma el legado de Don Modesto, y lo que en principio nació como fruto del azar, con el paso del tiempo se asentó como norma y creó larga y prolífica escuela. Una nueva manera de ver toros y una impar fórmula de redactar crónicas. En sus textos, Corrochano no se preocupa tanto de informar al rnilímetro16 y sí de hacer sentir a los espectadores que el toreo es una fuente inagotable de arte que apasiona o se aborrece pero que nunca deja indiferente. Ordena el relato arbitrariamente, concede importancia a lo que él considera oportuno aunque no sea lo estadísticamente más destacado, introduce sus ponderaciones en los momentos apropiados ... Y lo primordial; nunca oculta sus verdades taurinas. Acertada o equivocadamente, tras su reflexión propone su juicio de valor y alaba cuando es conveniente y censura sin más miramiento. Lógicamente bucear en los textos para encontrar una estructura arquetípica es harto difícil. No es un demérito, sino al contrario, una virtud y una innovación: al no tener un esquema previamente establecido al que someterse, su narraCión no está sujeta nada más que a su capacidad narrativa. Puede empezar el texto con una anécdota, rememorando una fecha de la historia del toreo, una cita ... O simplemente cuando la corrida no da para más, puede enjuiciar directamente las faenas de los toreros. Así pues, el texto es un todo compacto, sólido y bien cimentado. La 16 Véase, por vía de excepción, la crónica del 17 de mayo de 1920. Este texto es un dechado de virtudes informativas. En Ja crónica se relata detalladamente la dramática muerte de Joselito eri Talavera. Toda su prosa queda sacrificada en pro de la información. Es un trabajo impecable desde el punto de vista informativo. El relato periodístico de la fiesta de toros: de la reseña ........ . 385 valoración del mismo debe hacerse globalmente y no por partes. Obsérvese, por vía de ejemplo, el siguiente fragmento: «Con la muleta no paró, no hizo nada, y con el estoque pinchó en el cuello de los toros. Con el capote fue con lo que estuvo mejor y con las banderillas hubo más gracia que perfección. Las preparaciones fueron juguetonas, alegres, musicales. Salsa, mucha salsa, que es el secreto de muchas cosas. Los caracoles Fig. n.º 125.- Gregario Corrochano. Apud Solapa Colección Tauromaquia, n.º 19, Madrid, Ed. Espasa Calpe, 1989. son repugnantes y la salsa los hace apetitosos. Y esto es Rafael: la salsa de toreo» (Gregario Corrochano) 17 (Fig. n.º 125). No estuvo bien Rafael El Gallo, pero ese hecho no importó al cronista, que por arte de birlibirloque lo convirtió en el cen11 Véase ABC (Madrid) 22 de marzo de 1920. 386 Juan Carlos Gil Gonzá lez tro de atención de la crónica, es decir, en su nudo argumental. A sus compañeros de tema, incluso habiendo cortado alguna oreja, caso de Torquito, apenas si les dedica algunas líneas. Justifica su postura con estas palabras: «Por lo demás, yo no voy a Vista Alegre, a la molesta Vista Alegre, por ver una corrida de toros, voy a ver a Rafael, por visitar las ruinas del toreo, que no es lo mismo». Aquí pongo fin al recorrido analítico iniciado en los años finales del siglo XVIII y que ha desembocado en los años previos a la proclamación de la ¡¡a República. Tras los primeros años de verdadera democracia del siglo XX y con el triunfo de las tropas golpistas de Franco se impuso un período de silencio periodístico que también afectó al mundo de los toros. Descendió considerablemente el número de vacadas, el papel se hizo un bien escaso y caro, la crítica se pervirtió con la práctica de los sobrecogedores y se pusieron de moda para ciertos toreros de relumbrón la firma de exclusivas con las grandes empresas .. . Muchos cambios en poco tiempo que, como no podía ser una excepción a la hipótesis aquí mantenida, produjeron sus alteraciones en la plazuela periodística. Esta época, por sus irrepetibles y abominables peculiaridades merece un estudio aparte que me comprometo desde este mismo instante, y con sumo gusto, a realizar. El relato periodístico de la fiesta de toros: de la reseña ........ . 387 BIBLIOGRAFÍA Bergamín, J. (1985): La claridad del toreo, Tumer, Madrid. Bemal Rodríguez, M. (1997): La crónica periodística. Tres aproximaciones a su estudio, Padilla Libreros, Sevilla. Carmena y Millán (1883): Bibliografía de la tauromaquia. Madrid, Librería de Femando Fe. Cossío, J. Mª . (1988): Los Toros, Madrid, Espasa Calpe, vol. 8 . . ___ (1989): Los Toros, Madrid, Espasa Calpe, vol. 2. Corrochano, G. (1999): Tauromaquias. Espasa Calpe, Madrid. De Torres, J. C. (1989): Léxico español de los toros . Contribución a su estudio. Madrid, CSIC. Díaz Yanes, A. (1992 (2003)): "Belmonte en Joselito'', Revista de Estudios Taurinos, n.º 17, reedición n.º O, X Aniversario, Sevilla. Fundación de Estudios Taurinos. Fomeas, M. C. 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