La crítica al relativismo en los Prolegomena
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LA CRITICA AL RELATIVISMO EN LOS PROLEGOMENA Jesús M. Díaz Álvarez (UNED - Madrid) ¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela. (A. Machado) Introducción. Ha sido señalado con una cierta frecuencia, y creo que con razón, que no se desvirtúa mucho la lectura que podemos hacer de la fenomenología husserliana si la entendemos, en su conjunto, como una pugna contra el relativismo. En efecto, Husserl, al menos programáticamente, quiere que su filosofía recupere, en una época propensa al nihilismo, aquella idea con la que nació en Grecia: la de ser fundamento racional último. Teniendo presente semejante clave interpretativa, se ha podido afirmar por varios autorizados exégetas que la fenomenología husserliana no es otra cosa, a lo largo de su historia, que un desarrollo y ampliación coherente de la tesis central que preside los Prolegomena: la refutación del relativismo psicologista. Dada la importancia que en el planteamiento husserliano parece tener esa refutación inicial del relativismo psicologista, he considerado que no sería mala idea, en un congreso como el presente, dedicado a conmemorar el centenario de ese libro fundamental en la filosofía del siglo XX que es Investigaciones Lógicas, revisitar su tomo primero, los Prolegomena, y, en especial, su célebre capítulo VII, que lleva por título, precisamente, "El psicologismo como relativismo escéptico". El objetivo último del trabajo será mostrar que si bien es cierto, como acabo de señalar, que cabe interpretarse el desarrollo de la fenomenología como una ampliación de esa refutaaon primaria del psicologismo, no lo es menos que semejante impugnación inicial, por lo menos en los términos en que está formulada en los Prolegomena, no se aviene muchas veces del todo bien, no es del todo coherente, con los desarrollos maduros de la fenomenología constitutivo transcendental. Y ello es así porque los planteamientos filosóficos que presiden el primer tomo de esta obra auroral parecen tener más que ver, como agudamente han observado algunos intérpretes, con un idealismo de corte platónico que con un idealismo transcendental. 215
Jesús M. Díaz Álvarez ) El estudio que propongo va a estar dividido en dos partes. En la primera expondré los argumentos de Husserl contra el relativismo psicologista en la obra de 1900. En la segunda parte, señalaré algunas de esas tensiones entre semejante refutación y los planteamientos de la fenomenología transcendental, incidiendo, también, en algunas de las incoherencias y dificultades que creo pueden detectarse en plantea miento platónico de la verdad propio de los Prolegotiienn. 1. La refutación husserliana del relativismo en el capítulo VII de los Prolegometta. Creo que no es una exageración mantener que de todos los capítu los ciue componen los el VU es,probablemente, el más importante. Y es que en él se aprecia con gran claridad el reproche fundamental que Husserl hace al psicologismo a lo largo de esta obra: no respetar la separación esencial que existe entre el ámbito ideal de los principios lógicos y aquel que engloba lo fáctico/mundano, que es la región a la que pertenecen los actos psicológicos en que tales principios se manifiestan. Dicho de otro modo, el psicologismo subjetiviza los principios lógicos, ofrece una naturaleza fáctico/psicológica a algo que por su propia definición se sitúa en una esfera completamente distinta: la esfera de lo ideal, de las entidades ideales. Como consecuencia de esta confusión de planos, el psicologismo va a conducir irremediable mente, aunque muchas veces sin darse cuenta y como una consecuencia no querida, al relativismo. En tal sentido, se daría la paradoja de que una doctrina como la psicologista, empeñada en darle un fundamento a la lógica y, por lo tantea, instalada en un proyecto fi losófico semejante al de la fenomenología, es decir, un proyecto fundacionalista, termina desembocando en las tesis contrarias. La pregunta que surge de modo inmediato ante semejantes aseveraciones es: ¿cómo es ello posible?, o dicho de otro modo, ¿por qué el psicologismo conduce al relativismo, a un relati vismo escéptico, tal y como reza el título del capítulo VII? Pero antes de abordar esta cuestión, y como el propio Husserl nos indica en los iriicios del § 34, es necesario discutir, en primer lugar, el concepto de relativismo o, en expresión equivalente para Husserl, el de subjetivismo. Y el punto de partida con el que Husserl inicia su discusión del relativismo será la famosa frase del sofista Protágoras: «el hombre es la medida de todas las cosas», una frase que cabe leerse desde dos puntos de vista distintos, que darán lugar, paralelamente, a dos concepciones también distintas del relativismo. La primera de esas interpretaciones nos dirá que ese "hombre", al que se refiere la frase del filósofo griego, es el hombre entendido como ser individual. Así, la frase podría retraducirse: «cada sujeto individual, cada hombre, es la medida de todas las cosas». Ello equivale a aseverar algo que no es infrecuente oír en muchas conversaciones de nuestra vida cotidiana: cada persona tiene su verdad o, lo que es lo mismo, algo puede ser verdad para ti pero ser mentira para mí. Husserl lo expresa de la siguiente manera: "para cada uno es verdadero, aquello que a él se le aparece como verdadero, para uno esto, para otro lo contrario, si eso mismo se le aparece a él. Podemos elegir también aquí la fórmula: toda verdad (y conocimiento) son relativos, relativos al 216
La critica a! relativismo ai ¡os Prolegomena sujeto que casualmente juzga en cada momento."' Ahora bien, si en vez interpretar el "hombre" de la frase de Protágoras como el sujeto individual lo interpretamos en tanto que género humano, en tanto que hombre entendido como especie humana, tenemos una versión del relativismo diferente. El radical subjetivismo del relati\Tsmo individual se transforma en un subjetivismo genérico, en donde "sujeto" ya no va a designar el hombre concreto que cada uno de nosotros somos, sino la forma general en la que fácticamente está constituida la subjetividad de todos los seres humanos. En esta nueva forma de relativismo, dice Husserl, «el hombre e/i cuanto tal es, así, la medida de toda verdad humana. Todo juicio que esté enraizado en lo específico del hombre, en las leyes constituyentes de lo humano, es para nosotros, hombres, verdadero. En la medida en que esos juicios pertenecen a la forma de la subjetixddad humana en general (de la "conciencia" humana "en general"), se habla también aqiu de subjetivismo (del sujeto como fuente última de conocimiento y cosas similares)»". Tenemos, así, que para Husserl el relativismo se va a arÚciúaTenlosProlegomena básicamente en dos corrientes: la del relativismo individual y la del relativismo específico, a la que también va a designar, en la medida en que esa especie a la que la verdad es relativa es el ser humano, como antropologismo. Los pasos siguientes de Husserl están encaminados a la refutación de estas dos modalidades de relativismo, a las que va a dar un trato desigual. Y digo un trato desigual, porque la crítica del relativismo individual la va a realizar en una página, mientras que el resto del capítulo estará dedicado masivamente a la refutación del antropologismo o relativismo específico. Sin embargo, esta página que le dedica al relativismo individual es, en mi opinión, de gran interés, y ello por dos razones. Primero, porque en ella se van a expresar, o cuando menos se pueden entresacar, los dos argumentos fundamentales con los que Husserl trata de refutar el relativismo en general y no sólo el individual: el argumento del sentido umversal irrestncto inherente de las leyes lógicas o, lo que es lo mismo, el referido a los sigmficados de palabras como verdad, falsedad, etc., y el argumento, derivado del anterior, de la inconsistencia o autocontradicdón del relativismo. Por otra parte, considero tainbien que este parágrafo es de gran interés, porque en él muestra Husserl con gran lucidez, aunque sin profundizar quizá demasiado en ello, los límites inherentes a los que está sujeta la argumentación racional cuando de convencer a un subjetivista radica se trata. Pero pasemos ahora a detallar brevemente las consideraciones de Husser . Husserl empieza el § 35 especificcindo la razón que le lleva a no dedicarle siado tiempo a su refutación. Semejante razón es que este relativismo individua , que afirma como tesis general que aquello que es verdad para mi puede no ser verda para cualquier otro sujeto, es tan burdo e inconsistente que no cree siquiera que halla alguien que lo hubiera defendido alguna vez; no, desde luego, en la época histórica en la que él escribe. Para Husserl, esta teoría se refuta tan pronto como ' E. Husserl, Logische Untersiichungen. Erster Band. Prolegomena ziir reinen Logik, Kluwer Acá Publishers, Dordrecht, 1975, pp. 122 (112). El número de pagina que aparece entre paréntesis correspon e al de la traducción castellana realizada por Morente y Gaos: E. Husserl, Investigaciones Lógicas, 1, Alianza Universidad, Madrid, 1982. ^ ídem. 217
r Jesús M. Díaz Álvarez se enuncia, porque el relativista que mantiene este radical subjetivismo está ciando una verdad de carácter general que consiste en decir que no hay verdad de carácter general. Dicho de otro modo, el argumento del relativista individu se colapsa porque el contenidode aquello que afirma, la relatividad de toda verda a cada sujeto individual, no es compatible con el carácter absoluto que preten darle a esa afirmación. Ahora bien, se preguntará Husserl con gran lucidez, ¿es ciertO/ realmente, que el relativista individual pretende valor absoluto para sus afirmaciones • / porque si esto no es así el argumento de la autocontradicción parecería no tener efectividad. En efecto, nociones como contradicción, refutación, etc. sólo parecen tener sentido desde un marco en el que se acepta que las reglas lógicas, por ejemp^^' el principio de no contradicción, tienen un valor absoluto. Ahora bien, como reconoce Husserl, eso es precisamente lo que va a rechazar el subjetivista radical. Para él iodo parecen ser opiniones. No pretende convencer a nadie, ni siquiera a sí misnao, o su propio punto de vista. Cito las palabras de Husserl, pues son enormemente claras- «Al subjetivista, lo mismo que al que se declara escéptico en general, no se le poeoo convencer si carece de la disposición de intuir que principios como el de contradicción se fundamentan en el propio sentido de la verdad y que, conforme a ellos, consideración de una verdad subjetiva, que sea para uno ésta y para otro la contraria tiene que ser un contrasentido. Tampoco se le puede convencer con la objeción usua de que con la formulación de su teoría tiene la pretensión de convencer a otros; él presupone, también, la objetividad de la verdad que niega iu thesi. El relativista responderá de una forma completamente natural: con mi teoría expreso mi punto devista,quees verdadero para mí y no necesita ser verdadero para nadie más. Incluso el hecho de su opinión subjetiva lo considerará verdadero solamente para su propiu yo, pero no válido en sí»^. Ahora bien, si el argumento de la autocontradicción y, como hemos visto, aquel del que éste depende, el de la propia definición o significado de términos corno el de verdad, falsedad, etc., no tienen efectividad para el relativista individual, ¿quiere eso decir que no es posible refutar esta tesis y que, por lo tanto, sus argumentos y los contrarios se sitúan al mismo nivel? Husserl no plantea esta cuestión de forma expresa, pero podemos deducir con una cierta claridad que una pregunta como la presente sólo tendría sentido para alguien que estuviera fuera del planteamiento relativista, para alguien que aceptara una idea de razón común a través de la cual pudiéramos llegar a un concepto universal de verdad, es decir, a un concepto de verdad válido para todos y no sólo para el sujeto particular en cuestión y en un momento dado. Y es que el precio que tiene que pagar el relativista individual para escapar del acoso de quien lo pretende refutar es la voladura de cualquier pretensión de racionalidad. El relativista individual no se siente aludido por las críticas que le puedan dispensar sus detractores fi losóficos porque, asumiendo coherentemente su punto de vista, todo puede ser verdad y todo puede ser mentira al mismo tiempo, depende para quién. Dicho de otro modo, la verdad deviene en afirmación de la opinión individual que uno tiene en un momento determinado, y ello significa que Ibtcl.,p. 123(112-113). 218
La crítica al relativismo en ios Prolegomena hay posibilidad de error o de falsedad, así como tampoco de verdad, en un sentido objetivo. De ahí que desaparezca, igualmente, la necesidad de argumentar a favor una tesis o de otra con el fin de sacar a alguien de su error; en definitiva, y como ya he dicho, desaparece cualquier posibilidad de racionalidad. No es ésta, sin embargo, la posición en que nos sitúa el relativismo específico. Todo lo contrario. Desde esta posición filosófica, la verdad no se reduce a opinión, puesto que la verdad está fijada de antemano por la constitución fáctica de la subjetividad humana. Es decir, no tiene sentido hablar aquí de que algo puede ser Verdad para ti y no serlo para mí. Y es que dado que nuestra constitución humana la misma, la verdad está fijada de antemano para cualquier miembro de la especie homo. Dicho de otra manera, la naturaleza humana fija aquello que es verdad y aquello <^ue no lo es. No hay lugar aquí para el subjetivismo. Ahora bien, si esto es así, ¿por <^ué habla Husserl de relativismo en este caso?, ¿no es esta fundamentación antropo lógica de la verdad una superación del relativismo?, ¿dónde están sus fallos? Es precisamente por esta plausibilidad, por esta aparente "verdad" delplanteauviento antropológico por lo que Husserl considera que la mayor parte de sus energías en este capítulo han de estar dedicadas a señalar las inconsistencias y el carácter irremediablemente relativista y escéptico de semejante posición. No en Vcino considera Husserl que, como ya hemos dicho con anterioridad, él tiene serias dudas de que H relativismo individual haya sido defendido alguna vez, pero de lo que si está ^guro es de que el relativismo antropológico es mayoritariamente asumido en su tiempo y sólo pueden encontrarse escasos pensadores que no se adhieran a él. Pero entremos ya en la refutación husserliana del relativismo específico. Y para ello, comencemos retomando la pregunta acerca de por qué es esta posición una posición relativista si defiende la existencia de una verdad no relativa que vincula a todos los miembros de la especie Jiottio. En efecto, parece que desde los presupuestos de esta fundamentación antropológica de la verdad los dos argumentos mencionados rnás arriba, y en base a los cuales Husserl pretende refutar el relativismo en general, no funcionan. Si recordamos, aquellos dos argumentos eran, por un lado, el que nosotros tomábamos como fundamental y que hacía referencia al sentido umversa irrestricto de las expresiones lógicas, de principios como el de no contradicción y de la verdad en general. Estos principios eran, por su propia defimción, umversales, válidos para cualquiera. Cuando una doctrina, y éste era el segundo argumento, limitaba o negaba con el contenido de sus afirmaciones esa universalidad propia que por definición le corresponde a la verdad, se volvía contradictoria y por ello el relativista terminaba afirmando de modo universal que no existía la verdad umversal. Ahora bien, desde los presupuestos del antropologismo, parece que tenemos una defensa de la universalidad de la verdad y que, por lo tanto, no estamos ante una posición relativista. ¿Pero es esto, de verdad, así? Husserl va a dedicar el § 36 a desmontar esta idea. Su cometido lo lleva a ca o a través del desarrollo de seis breves subapartados en los que hay abundantes repeficiones y explicaciones a veces confusas. A pesar del interés que tendría un comentano pormenorizado de los mismos, yo sólo voy aquí a describir lo que creo que es el núcleo fundamental de su argumentación. 219
Jesús M. Díaz Álvarez El relativismo específico afirma la universalidad de la verdad, por eso pueden incluso albergarse dudas a cerca de si es un verdadero relativismo. Pero analicemos brevemente el carácter de la universalidad que defiende el antropologismo. ¿Se trata de una universalidad sin condiciones o es, más bien, la manifestación de una univer salidad restringida que contradiría, en el fondo, la propia definición de verdad? El mismoHusserlnos da la respuesta en el siguiente texto; «El relativismo específico realízala siguiente afirmación: para cada especie de seres con capacidad de juzgar es verdadero aquello que según su constitución, según sus leyes de pensamiento es tenido como verdadero. Esta doctrina es contradictoria. Pues se halla en su sentido que el mismo contenido del juicio (el mismo principio [Sntz]) para uno, a saber, para un sujeto de la especie/íomo, puede ser verdadero, y para otro, a saber, para un sujeto de ima especie constituido de otra manera, puede ser falso. Pero el mismo contenido del juicio no puede ser ambas cosas, verdadero y falso. Esto reside en el mero sentido de las palabras verdadero y falso. Si el relativista hace uso de esas palabras en el sentido que les es propio, entonces su tesis dice aquello que es contrario a su propio sentido»^ Vemos, pues, que el antropologismo, al ponerle apellidos a la universalidad de la verdad, al restringirla a la especie homo, termina colapsando el argumento umversalista que muchos desús seguidores pretendían detentar. No podía ser de otro modo cuando la raíz última que abala la verdad es la constitución fácticosubjetiva de un ser de una determinada especie, caso del hombre. Y es que el antropo logismo, y éste es el eje central de la argumentación husserliana, confunde hechos e ideas o esencias. Confunde los actos fáctico-psicológicos, lo que también podría interpretarse como las leyes del pensamiento que están vinculadas con la constitución fáctica de los individuos, con el contenido de esos actos. O como insiste Husserl en numerosas ocasiones, el antropologismo confunde el juicio o, mejor dicho, el acto deljuido, con el contenido del juicio, que es en lo que propiamente consiste la verdad. Por ejemplo, el principio de no contradicción podrá manifestarse de modos muy diversos en actos de género muy variado que dependan de las leyes de pensamiento de los diferentes seres que existan o podamos imaginar, pero semejante principio es independiente, existe en sí mismo con independencia de que se lo exprese con las leyes que rigen el pensamiento humano o el supuesto pensamiento angélico o, incluso, divino. Como dice Husserl muy expresivamente, un ángel que se dedicara a las mate máticas podría utilizar unos métodos de calcular completamente distintos a los nuestros y completamente desconocidos para nosotros. Sin embargo, sus principios y teoremas tendrían que ser los mismos que los nuestros. Hasta aquí, la refutación del relativismo que Husserl lleva a cabo en el capítulo VII de los Prolegomena. En el segundo y último apartado, que abordo a continuación, quisiera plantear algunas de las tensiones que creo se dan entre el planteamiento fi losófico que se desprende de la refutación del psicologismo, tal y como termina de ser tratada por Husserl (idealismo platónico), y algunas de las tesis centrales de la fenomenología en su posterior periodo de madurez, es decir, de la fenomenología constitutivo-transcendental. Ibíd., p. 124 (113-114). 220
La crítica al relativismo ai ¡os Prolegomena 2. Platonismo versus transcendentalismo. platonismo versus empirismo. Dadas las pretensiones de universalidad irrestricta que exige la concepción de la verdad que defiende aquí Husserl, está claro que semejante verdad no puede ser algo que se desprenda de o tan siquiera tenga que ver cotí los hechos. Todo lo contrario, la verdad tiene que ser algo ideal, algo en sí, que se sitúa en un reino completamente diferente a aquel al que pertenecen los hechos. En palabras de Husserl: «lo que es verdadero es absolutamente verdadero, es verdadero "en sí"; la verdad es idénticamente una, sean hombres o no humanos, ángeles o dioses los que la capten por medio del juicio. De la verdad en esa unidad ideal, y frente a la multiplicidad real de razas individuos y vivencias [Erlebtüsscii], hablan las leyes lógicas y hablamos todos nosotros, si no hemos sido extraviados por el relativismo»^. Y en otro de los muchos textos donde se nos describe ese carácter ideal de la verdad, se la va a definir, frente al ámbito limitado de la realidad fáctica, frente al mundo, temporal y finito, del siguiente modo: «Pero la \'erdad (frente a los hechos) es "eterna" o mejor: es una idea y, en cuanto tal, supratemporal [Uberzeitlich], No ti ene ningiin sentido señalarle un lugar en el tiempo o una duración, aunque ésta se extienda a través de todos los tiempos»^. En consonancia con este carácter en sí de la verdad y con su supratemporalidad, Husserl afirmará de modo coherente que la verdad está ahí independientemente de que alguien la capte o no. Es más, afirmar lo contrano, es decir, sostener que la existencia de la verdad depende de que haya alguien que la capte, es la postura propia de psicologistas como Sigwart y Erdmann. En efecto, eso sería para Husserl diluir la verdad en las Bexuiisstseitiserlebiiisse, en las vivencias de la conciencia. Es por eso por lo que Husserl va a hacer el siguiente comentario a la sentencia de Sigwart según la cual sería una fi cción que un juicio pueda ser verdadero prescindiendo de que halla alguna inteligencia que lo piense: «Sólo quien interpreta la verdad en sentido psicologista, puede hablar así. Según Sigwart sena por tanto una ficción hablar de verdades válidas en sí y que no son conocidas por nadie; por ejemplo, las verdades que sobrepasan las facultades del conocimiento humano. Por lo menos el ateo, que no cree en inteligencias suprahumanas, no podría hablar así; y nosotros mismos sólo podríamos hacerlo después de haber demosríado que existen tales inteligencias. El juicio que expresa la fórmula de la gravitación no habría sido verdadero antes de Newton. Y, bien mirado, sería realmente contradictono y, etí general, falso; pues es evidente que la validez absoluta del mismo para todos los tiempos está en la intención de su afirmación»^. Es más, para el Husserl de los Prolegotnena, el reino de las verdades es tan en sí, es decir, existe con una independen cia tan radical frente a cualquier ser que las pueda captar, que en la refutación que hace de las tesis de Erdmann sostendrá de modo taxativo que incluso si fueran aniquiladas todas las masas gravitatorías, es dedr, aquellas susceptibles de ser regidas por la ley de la gravedad, no por ello desaparecerían las leyes que regirían esas masas ya desaparecidas. Lo único que pasaría es que semejante ley quedaría sin aplicación ^ Ibíd., p. 125 (114). ^ Ibíd., p. 134 (121). El paréntesis es mío. ^ lbíd.,p. 134(120-121). 221
Jesús M. Díaz Álvarez fáctica \faktische Anwendung]. Y es que, para Husserl, semejantes leyes no dicen absolutamente nada a cerca de la existencia de semejantes masas gravitatorias, sino sobre aquello que es intrínsecamente propio de ellas, sobre su esencia. Ahora bien, esta afirmación radical de la existencia de un reino de verdades en sí, de esa especie de, y permítaseme quizá la osadía en la comparación, mundo 3 popperiano completamente independiente de e irreductible a la subjetividad que las conoce, se compadece mal con la afirmación del principio que va a definir por antonomasia la versión madura de la fenomenología husserliana: el principio de correlación intencional, base de la fenomenología constitutiva, y en el que se desplaza claramente el acento, por obra de la reducción transcendantal de la que semejante principio es fruto, a la subjetividad, a los actos de la conciencia en tanto que actos constitutivos que dan razón de ser de cualquier tipo de objetividad^. Frente a esta tesis de la fenomenología madura, la posición de los Prolegoiiiena parece estar muy cerca de un idealismo platónico. Y en este sentido, no es de extrañar la reacción adversa, de recaída en el psicologismo, que el tomo segundo de las Investigaciones lógicas tuvo entre la mayor parte de los miembros del círculo de Gotinga. Porque, en efecto, la manera en la que Husserl describe las vivencias o los actos del sujeto enlosProlegomenahace referencia, casi con exclusividad, a un sujeto fáctico mundano, un sujeto psicológico. Precisamente por ello, presentar los actos del sujeto como aquellos elementos sin los cuales no existiría la verdad sería reducir el ámbito de lo ideal al ámbito de lo real, en suma, estaríamos de nuevo en el psicologismo. Pero acabo de dedr hace un momento, y de modo claramente intencionado, que la manera de describir los actos, las vivencias del sujeto era, casi excliisivamen te, psicológico / tác tica. Y aunque esto es así, hay momentos en este capítulo, y en otras partes del Ubro, en donde Husserl parece dar cabida a un tipo de acto que no sería psicológico/mundémo, sino que tendría también un carácter ideal: cito a Husserl: «Sin embargo, se dice también de la verdad (se está refiriendo a los psicologistas) que, ocasionalmente, "viene a la conciencia" y, así, es "aprehendida", "vivida" por nosotros. Pero cuando se habla aquí de aprehender, vivir y ser consciente en referencia a ese ser ideal, el sentido es completamente diferente a aquel que se refiere al ser empírico, es decir, al ser individualmente aislado. La verdad la "aprehendemos" no como un contenido empírico que emerge en la corriente de la vivencias psíquicas y luego desaparece. La verdad no es un fenómeno entre otros, sino que es una vivencia en un sentido completamente diferente, en la cual algo general, una idea, es una vivencia. Tenemos conciencia de ella, del mismo modo en que tenemos conciencia de una especie, por ejemplo, "el" rojo, en general... Y así como los objetos son distintos, los objetos gene rales distintos de los individuales, también lo son los actos mediante los cuales los aprehendemos»^. Hay, por lo tanto, un acto intelectivo de la subjetividad, completa mente diferente de los actos mundano/psicológicos, por medio del cual se captan ® Después de presentado este trabajo he podido comprobar con satisfacción que aquel la comparación que yo creía quizá demasiado osada entre el reino de la verdades en sí y el mundo 3 popperiano es mencionada también por Miguel García-Baró en su brevísima pero excelente introducción al pensamiento de Husserl titulada, Husserl (1859-1938), Ediciones del Orto, Madrid, 1997, pp.27-28. ' E. Husserl, op. cit., pp. 134-135 (121). El paréntesis es mío. 222
Lí7 crilicii al relativismo en los Prolegomena esas verdades que se sitúan en el reino ideal. Habría, pues, un tipo de vivencias ideales, de intelecciones ideales, que son las apropiadas para captar esas verdades ideales. Pero semejante acto, aunque restituye una cierta correlación entre las ver dades en sí y la entidad que las capta, no establece, sin embargo, la correlación perfecta propia de la fenomenología transcendental, que sitúa a la subjetividad como determi nante en la conformación del objeto, como no podía ser menos tratándose de una filosofía transcendental. Sin embargo, lo único que aquí parece hacerse es habilitarse un medio a través del cual la subjetividad puede captar las verdades ideales que subsisten por sí mismas. Y, por eso, la fenomenología que aquí opera en ningún caso es transcendental, sino que es una fenomenología eidética, que separa radical mente hechos y esencias, mundo y verdades ideales. Y esto es coherente con el plan teamiento de Husserl en estas pcáginas. Si el problema del relativismo/psicologismo venía derivado de la imposible fundamentación de la idealidad de la verdad en la contingencia de los hechos, en este caso, de los actos psicológicos del sujeto, lo que habría que hacer sería separar radicalmente el dominio de la verdad y el de aquellos actos psicológicos que captan la verdad. Pero para ello no necesito un planteamiento transcendental que fíe a la subjetividad el papel protagonista. Al contrario, el prota gonismo habría de venir siempre de ese mundo ideal, de ese mundo tres, del que la subjetividad actuaría, sólo, y si se me permite la expresión, como una especie de antena receptiva. Y ya para terminar mi intervención, quisiera hacer una última acotación sobre la verdad ideal que Husserl defiende en los Prolcgonietia, con su "alergia" respecto a todo lo fáctico, y la posterior revalorización de los hechos llevada a cabo por el fundador de la fenomenología. Y lo primero que sorprende al lector de este capítulo es que bajo la aparente uniformidad con la que se habla de la idealidad de la verdad, lo cierto es que, con ese epíteto, Husserl termina por meter en el mismo saco cosas bastantes dispares, alguna de las cuales tiene dudoso anclaje en la definición de verdad ideal irrestricta con la que trata de refutar el relativismo. Así, si el prototipo de estas verdades ideales son las leyes de la lógica pura o de la matemática, definidas como puras precisamente por su total independencia con respecto a la facticidad del mundo, independencia del mundo que precisamente las haría ser válidas en cualquier mundo posible con independencia de las entidades tácticas pertenecientes a im mundo particular, si ese es el prototipo, repito, de verdad ideal, no se entiende que Husserl incluya en ellas otro tipo de ideaciones que, sin embargo, están vinculadas a un mundo concreto: por ejemplo, la rojez. Incluso los ejemplos sobre la teoría de la gravitación no se ajustarían a esa idealidad irrestricta de las verdades puramente ideales, pues esa ley no deja de ser, es verdad, un tipo de idealización, pero, igual que la de la rojez, vinculada a un mundo concreto. Recordemos a este respecto, y el propio Husserl lo reconoce en este capítulo, que la física y las otras ciencias de la naturaleza son ciencias de hechos. Por lo tanto, no dejan de ser generalizaciones hechas a partir de un mundo, generalizaciones que, en cierto modo, podría decirse que se restrmgen a ese mundo, pues son, en suma, verdades de hechos. No estaríamos, pues, con ellas, hablando de verdades ideales en el sentido estricto del término, es decir, irrestricta mente verdaderas. Y es que parece, y en este punto es donde realmente quería incic^, que la verdad universalmente irrestricta que sirve como prototipo, la verdad lógica 223