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Abenamar, periodista taurino (II). Con un anexo de sus crónicas

Forneas, María Celia

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Revista de Estudios Taurinos N.0 13, Sevilla, 2001, págs. 155-188 ABENAMAR, PERIODISTA TAURINO (IJJI CON UN ANEXO DE SUS CRÓNICAS M. ª Celia F orneas Universidad Complutense de Madrid 11 n el terreno del periodismo taurino, conviene precisar que el escritor alcarreño Santos López Pelegrín, Abenámar, es el inventor de los artículos de toros aplicados a la política, como bien reconoce en El Correo Nacional del 11-09-1839. Estamos hablando de los relatos de las funciones de toros celebradas en Madrid durante la temporada de 1839, publicados en la sección denominada Folletín de El Correo Nacional cuyo análisis iniciamos en nuestro artículo "Abenámar, periodista taurino, I" (Revista de Estudios Taurinos, N.º 10, Sevilla 1999). La versión completa "Santos López Pelegrín, Abenámar" aparecerá en el libro Periodistas Taurinos Españoles del Siglo XIX, de inminente publicación. Es ésta una investigación, ininterrumpida durante varios años, que ofrece ahora nuevos frutos que me gustaría revelar. Hablamos de sus últimos artículos de toros aplicados a la política, publicados en El Heraldo durante la temporada I La primera parte de este ensayo fue publicado en el n.º 1 O de la Revista de Estudios Taurinos, págs. 121 -140. 156 MªCelia Forneas taurina de 1844 y de la nota publicada con motivo de su fallecimiento: «Tenemos el sentimiento de anunciar a nuestros lectores que en la madrugada de ayer ha fallecido en esta corte de resultas de una congestión cerebral, el acreditado escritor público y nuestro amigo y colaborador D. Santos López Pelegrín, conocido también con el seudónimo de Abenámar, en la república de las letras» (El Heraldo 22-02-1845). Y hablamos también de la Necrología' publicada en El Heraldo del 24:..071845 donde se menciona que López Pelegrín se inició con Alberto Lista en el Diario Literario y Mercantil, en 1825; una noticia que no sólo puede darse por cierta, sino que nos aporta también el dato de que el seudónimo de Abenámar pudo nacer ya en ese tiempo, dato que se confirma en el Diario Literario y Mercantil, pues son varias las colaboraciones que aparecen en la primavera de 1825: por ejemplo, el 12 de junio se publica un romance morisco firmado S.L.P., cuyos primeros versos dicen: «De Aranjuez por los vergeles/ Iba vagando anhelante/ El noble moro Abenámar/ Del junio hermoso una tarde». Por último, el 4 de julio de 1825, El africano Abenámar firma una canción titulada "Filis. En la ausencia de su amante" ... Otro dato curioso es la noticia que nos facilita Eugenio de Ochoa (¿ 1848? : 575-587) sobre la estancia de López Pelegrín en Filipinas en el sentido de que a uno de los dos pueblos que se crearon en su tiempo, «se le dio el nombre de Nueva Cobeta». Pero el Agregado Cultural de la Embajada de Filipinas en Madrid, al ser requerido sobre el tema, nos hizo ver las dificultades de seguir esta pista, no sólo a causa del tiempo transcurrido sino también debido a la pérdida de archivos. También parecen haberse perdido los archivos penitenciarios que deberían suministramos el paso de Santos López Abenamar. Periodista taurino (JI) 157 Pelegrín por la cárcel (de Villa o de Corte) como consecuencia de su supuesta (o real) participación en la Revolución Moderada del 7 de octubre de 1841, que tuvo como consecuencia más sonada el juicio y posterior condena del general Diego de León. Ahora bien, la supuesta implicación de López Pelegrín está documentada en la prensa de la época. Una primera pista, por orden de hallazgo, nos la dio El Heraldo en su Necrología del 24-07-1845, cuando habla del desastroso acontecimiento de la noche del 7 de octubre de 1841 y de que se acusó a Santos López Pelegrín de estar complicado en él,«por unas personas cuyos nombres no queremos recordarn. El autor de esta Necrología habla también de que «imposturas inconexas, suposiciones falsas, vejaciones sin cuento en su persona y en la de su familia, dieron lugar a una causa ridícula y sin fundamento» y afirma que «Pelegrín salió absuelto de las acriminaciones que le hacían, dejándole el derecho de perseguir a sus enemigos». A lo que añade: «Pero Pelegrín no era como ellos; era noble en sus pensamientos, y tenía por suficiente triunfo de sus contrarios el fallo de la justicia en su favor». Y aduce: «Se le ha calificado por la vulgaridad, y con bastante ligereza por cierto, de carlista, siendo público y notorio que no defendió nunca otra cosa que la legitimidad del trono de Isabel II, combatiendo a la revolución y al despotismo por medio de la prensa, única arma de sus opiniones». Y, para terminar, opina que «esa prisión injusta, que Pelegrín sufrió en un inmundo calabozo, como si fuera un bandido, menoscabó en gran manera su físico y su moral, por lo que puede decirse con seguridad, que este suceso fue una de las principales causas del su muerte». La noticia puntual de la prisión de López Pelegrín la dio El Castellano (9-10-1841) en estos términos: «Además están presos un hijo del marqués de 158 MªCeüa Forneas Santiago, el brigadier Casa Prim, el señor Barrutia, sub-brigadier de guardias de Corps, D. Santos López Pelegrín y otras varias personas hasta el número de 30». Pero ¿quién era, en realidad, Santos López Pelegrín, Abenámar?. Resulta asombroso que un mes antes del incidente de su prisión, Abenámar publicase con ese mismo seudónimo, en El Castellano (9 -09-1841), un artículo comunicado donde incluía una frase profética, corno otras tantas de las suyas, pues quería que se supiera que «el moro Abenárnar está muerto para la política, aunque su cadáver no la infestará»; se trataba de desmentir su participación como único redactor de La campana de Toledo, un periódico político satírico-burlesco que iba a empezar a publicarse en Madrid el 1 de octubre de 1841. Hay que tener presente que, por regla general, en la prensa de la época se daba la circunstancia de que coincidía en la misma persona la condición de escritor, periodista y político, (y tenemos como un ejemplo cercano el de Serafin Estébanez Calderón, El Solitario, también un periodista taurino de mérito). Claro que, si nos ponemos a echarle las cuentas, tenemos que Abenámar no sólo ejercía como político, escribía artículos políticos y cuando relataba las corridas de toros las convertía en artículos de toros aplicados a la política en los que acostumbraba a colgarles a los toros del morrillo, según su usanza, «media docena de alusiones políticas»( 19-06-1839). 1. -0RJGENES DE LA CRONI CA TAU RI NA Tenemos motivos para afirmar que el texto periodístico que relata una corrida de toros, que hoy conocemos con Abenamar. Periodista taurino (JI) 159 el nombre de crónica taurina, es un género literario-periodístico que emite sus primeros balbuceos en el siglo XIX y en el ámbito de El Correo Literario y Mercantil , aunque tardará tiempo en consolidarse en el ámbito del periodismo español. Este períódico, El Correo Literario, apareció en Madrid el 14 de julio de 1828 y su vida se prolongó hasta el 3 de noviembre de 1833, un mes después de la muerte del rey Fernando VII. El Correo salía tres veces por semana (lunes; miércoles y viernes) y, desde el primer día que publicó la relación de una función de toros ( 16-07-1828), se destacó por dar una amplia cobertura a su sección taurina. Es más, esa fecha marca un hito en la historia del periodismo taurino, ya que representa la aparición de la "primera crónica taurina" del siglo XIX y de la historia, por haber sido escrita por un periodista y por cuenta de un periódico. Sin menosprecio de su ilustre antecedente, no podemos decir lo mismo de la publicada por el Diario de Madrid el 20 de junio de 1793, que es la carta de "Un Curioso", o sea, lo que hoy llamaríamos una."Carta al Director". (En este contexto, quiero resaltar una aclaración que ya presenté en las Segundas Jornadas de Comunicación del Seminario-Coloquio sobre la Crónica Taurina, celebradas en marzo de 1999, bajo la dirección del profesor Manuel Bemal, de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Sevilla, y con el patrocinio de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla (Actas del JI Seminario sobre Periodismo Taurino, del 2 al 4 de marzo de 1999, Padilla Libros, Editores & Libreros, Sevilla, 2000). Y también otro trabajo titulado "Abenámar a sus hermanitos los electores de Pontevedra ", publicado en el número monográfico de la revistá Estudios de Periodística VIII, dedicado "al 160 M ªCelia F orneas periodismo como actor político" y editado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Vigo (Pontevedra, 2000), como muestra y análisis de los artículos políticos que también publicó Santos López Pelegrín Abenámar, en El Correo Nacional durante el año 1.839. , Todo el periodismo de Abenámar, tanto el taurino, que se analiza en el presente artículo, como el simplemente político, estudiado en otro lugar, se caracteriza por rasgos de tipo epistolar (en su época se hicieron famosas las cartas de Abenámar) así como otras formas enteramente oratorias, concebídas tanto para persuadir como para deleitar al lector. En su tiempo, escribió Velázquez y Sánchez: «La boga de las cartas de Abenámar entre los aficionados a las lidias de toros se hizo extensiva por su intención política y cómicas sales que muchos aceptaban como género literario, aunque no las apreciasen como reseñas fieles y propias de las corridas . de Madrid» (1873: 105-106). Evidentemente, esto no es todo y debemos considerar otras razones que, con toda seguridad, obligaron a los primeros periodistas taurinos y, entre ellos, a Abenámar, a crear para las "funciones de toros" una forma de expresión peculiar que ha ido modelándose conforme a las necesidades de cada época, sin dejar por ello de conservar su esencia: toros, toreros y público. Uno de los factores que influyó en la manifiesta parquedad informativa de los primeros relatos fue, sin duda, la anarquía que reinaba en las plazas de toros y que queda bien patente en un artículo publicado por El Español el 11.:.05-183 7: · «Este espectáculo, bastante bárbaro ya por naturaleza, llegará a convertirse en una verdadera carnicería cuando, en el calor de la estación más avanzada, sean más bravas las reses, si la Abenamar. Periodista taurino (JI) 161 autoridad o los contratistas o quien pueda remediarlo, no ponen coto a la escandalosa anarquía que reina en la plaza; anarquía que a nadie resulta tanto perjuicio como a los mismos lidiadores, si se exceptúa no obstante el contratista de los caballos, para quien es realmente fatal. No sabemos en verdad cómo hay picadores que quieren salir a la plaza viendo el modo indigno como se portan con ellos las cuadrillas de a pie; si ya no han sido cogidos por el toro todos los que se han presentado ha sido como suele decirse, porque "Dios no ha querido". Los espadas generalmente se están muy arrellanados en el estribo de la barrera debajo del palco de S.S.M.M., mientras ellos ruedan por aquella plaza que es una compasión; sólo cuatro mequetrefes andan por allí alrededor de los pobres picadores sirviendo más para estorbo que para otra cosa; algunas veces los hemos visto, queriendo sacar al toro, echar la capa sobre el picador caído, y ponerle por consiguiente en casi inevitable riesgo. Ya dos espadas han sido gravemente heridos; el famoso Sevilla yace en su lecho de dolor, t.odo magullado y contuso; los banderilleros como generalmente lo hacen muy mal, escapan como pueden; pero no habrá remedio si no se hacen prontas reformas en el servicio de plaza, desde ahora podemos asegurar que se verán en ella trágicas escenas en esta temporada. ¡Ojalá nos equivoquemos en nuestro funesto vaticinio! «Se dice que Montes, "el único torero" que tenemos en el día llegará a Madrid para mediados de julio; pero si no llega, malo lo veremos: sangrientas catástrofes tendremos que lamentar en el circo, y, no hay que alucinarse, esto sucederá mientras no haya una escuela especial donde se aprenda el arte de torear. El Ministro Burgos suprimió la que había en Sevilla; pero en nuestro entender hizo mal. Suprímanse en buena hora las corridas de toros si la civilización del siglo no consiente esta diversión, si es en efecto perjudicial a la industria y a la moral del pueblo; pero mientras exista, procúrese que sea lo menos bárbara que se pueda, y esto sólo se logrará haciendo que los lidiadores sepan su oficio; ah0ra bien, claro está que para que lo sepan, es preciso que lo aprendan: lo contrario es sacarles al matadero, es exponer a una porción de hombres a una muerte casi segura. Esto es lo que logró el expresado Ministro creyendo hacer una obra de filantropía. «No nos cansaremos de repetirlo; o suprímanse de una vez las corridas de toros o restablezcase la Escuela de Tauroma- 162 M ªCelia Forneas quia: aquellas y ésta deben ser inseparables so pena de los gravísimos inconvenientes que hemos anunciado. Esto nos parece tan claro como la luz del día; si fuera preciso, aún podríamos alegar muchas razones en apoyo de esta verdad que la creemos tan · obvia que no hay que insistir en ella. Desearíamos que el Gobierno no desatendiese estas pautas que observamos» (El Español 11-05-1837). 2.- ÁBENAMAR Y "LA TAUROMAQUIA DE PAQUIRO" En charla con don Salvador Ferrer, presidente de la Unión de Bibliófilos Taurinos, surgió el tema de quién sería el verdadero autor (Paquiro, Abenámar o alguien más) de la Tauromaquia completa, o sea el arte de torear en plaza, tanto a pie como a caballo, escrita (oficialmente) por el célebre lidiador Francisco Montes, Paquiro, y dispuesta y corregida escrupulosamente por el editor, publicada en 1836, en la imprenta madrileña de José María Repullés, 8.0 retrato. 2 h. s/n. VI págs. más 283 págs., que va acompañada de un Discurso histórico apologético sobre las fiestas de toros y de una tercera parte en que se proponen las mejoras que deberán aplicarse en el espectáculo. Es Francisco Montes, Paquiro, quien firma esta Tauromaquia, pero su redacción se ha venido atribuyendo a Santos López Pelegrín, Abenámar, por las coincidencias existentes con la Filosofia de los Toros , que publica a su nombre en 1842 y que López Pelegrín inicia con un breve Prólogo de carácter irónico, en el cual, entre otras cosas, dice: «Nosotros hemos escrito una obrita cuyo título es a la vez extraño y altisonante. No hemos querido guiamos de nuestra propia opinión y hemos citado aquello que, a nuestro parecer, se ha escrito mejor en la materia» (1842). Abenamar. Periodista taurino (1/) 163 Fig. n.º 41.-Caricatura de D. Santos López Pelegrín, Abenamar (Filosofia de los toros, 1842, pág. 2). 170 M ªCelia F orneas «No contento el gran Paquiro con practicar su oficio, publicó el Arte de torear a pie y a caballo que es un verdadero monumento. Algo así como la Biblia del toreo. Palabra. No le falta detalle, y, además, está escrito literariamente». Y luego añade: «Malas lenguas aseguran que el autor de esta maravilla fue Santos López Pelegrín que firmaba sus trabajos con el seudónimo de Abenámar, habiéndose limitado Francisco Montes (Paquiro) a poner su nombre en la portada del libro ( ... ). Es posible que esta especie llegase a oídos del interesado. Sin duda le molestaría, cosa muy explicable. Pero pudo tapar la boca a los propaladores de aquella afirmación con sólo decirles: -Que me den un cacho de papel y una pluma, y yo copio todo lo que escriba Abenámar. ¡Pero que baje al ruedo Abenámar, a ver si hace algo de lo que dicen que ha escrito! De seguro que Abenámar no hubiese aceptado el reto. Luego Paquiro tiene indiscutiblemente la razón. El libro es suyo» ( 1957: 231 ). 2.1 .- DIF ICULTADES INHERENTES A LA INVESTJGAC IÓN En este punto, basta con mencionar el problema de lás fuentes de información y, para ello, recurro a Fernando Claramunt, en su Historia de la Tauromaquia!, quien afirma que «los taurinos son como los cazadores, tienen la i maginación fértil, el opinar ardoroso, sin decir mentiras, son dados a trapalear» y que hasta los carteles de toros «pueden ser una fuente falaz» porque pudo ocurrir, y ocurría, que «a última hora tal corrida no se celebró, algún diestro fue sustituido». Y añade, a continuación: «Otros hicieron figurar sus nombres por pura vanidad, como ciertos infantes en tiempo de Paquiro.» (1988: 12). · Abenamar. Periodista taurino (JI) 171 Un ejemplo práctico de la dificultad que presentan las fuentes de inforinación nos lo ofrece la forma en que los escritores taurinos se enfrentaron con la biografía de Francisco Montes: F.G. de Bedoya, en su Historia del Toreo y de las Principales Ganaderías de España, dedica a Montes veinte páginas (221 á 240) y empieza excusándose por la falta de datos y consecuentes dificultades de adquisición: «Ni buscando la mediación de los íntimos amigos de F. Montes ni las recomendaciones que directamente hicimos al mismo, ni ninguna otra diligencia de las prácticadas fueron suficientes para que se nos dieran los antecedentes de su vida pública y artística: es verdad que jamás nos fueron negados, pero también es cierto que no se nos concedieron» (1850: 222). Pilatos se ocupa del tema y se expresa en términos prácticamente iguales para justificar su incapacidad para facilitar datos sobre Montes (1876: 11). Un año después, José Santa Coloma, que es la persona que se oculta bajo el seudónimo de Pilatos, casi calca las mismas frases en sus Apuntes biográficos de los matadores de toros desde Francisco Romero de Ronda hasta nuestros días, (1877: 154). Manuel Femández y González, ( 1879: 53 7) dice abiertamente: «Curro Montes nació en 1805 en Chiclana. No sabemos quiénes fueron sus padres; pero esto importa poco, porque no tenemos que ocuparnos de ellos, ni cuál su posición social». (La única conclusión que se puede extraer de los relatos de los autores citados, es que unos se copiaron a otros sin mayor problema de conciencia y esta conclusión tiene una posible ratificación en la obra de José Pérez de Guzmán (1881: 8), cuando afirma, entre otras cosas, y refiriéndose al primer autor mencionado, que «el referido Bedoya cayó en el defecto también de escribir tan a 172 M ªCelia Forneas la ligera que omitiendo hechos precisos y cambiando otros, adulteró en muchos pasajes escritos con apasionamiento extremo, la verdad tradicional y aún la escrita por aficionados que le habían antecedido»). En la actualidad, tenemos un testimonio que viene a ratificar el problema de las fuentes de información. Bartolomé Bennassar, profesor de la Universidad de Toulouse-Le Mirail, plantea su propia queja sobre el desamparo de la "tauromaquia popular" y la necesidad de esperar la llegada de eruditos más exigentes como Ángel Álvarez de Miranda, Luis del Campo, Auguste Lafront o Antonio García-Baquero, quienes permitirán una comprensión correcta, aunque todavía incompleta, y nos ilustra sin duda alguna de la situación de precarie dad documental que se ha vivido: «La mayoría de los historiadores de la corrida, incluso Néstor Luján y José María de Cossío, no solían frecuentar los archivos. Se contentaban con recabar su información de las consabidas relaciones de fiestas y espectáculos, de los manuales de equitación o de los relatos de los viajeros, sin percatarse de que sus autores estaban, en cierta forma, al servicio de un star system avant la letre. En efecto, sus autores sólo tenían ojos para los poderosos, los príncipes, la aristocracia y los notables, desdeñando por completo los juegos con el toro del pueblo, aunque se divirtiesen en ellos» (2.000: 31-32). 2.2.- SAN T OS LóPEZ PELEGRIN (PRIMERA HIPÓTESIS) Sabemos que la Tauromaquia de Francisco Montes se publica en 1836, no sólo porque así aparece en el libro sino también por el anuncio que aparece en el periódico El Mundo el 5-11-1836, que reproducimos más abajo, y sabe- Abenamar. Periodista taurino (11) 173 mos que Santos López Pelegrín funda y dirige el periódico El Mundo ese mismo año; allí firma los artículos de fondo, no como Abenámar sino como Santos López Pelegrín y allí aparecen otros artículos (algunos de ellos de toros) que llevan su sello, pero no su firma2. Y ahora, en párrafo aparte, conviene destacar un Anuncio aparecido en El Español, el 27-05-1836 que tiene que ver con la Fiesta Nacional: «La Tertulia o El Pro y el Contra de las Fiestas de Toros. Obrita dividida en dos partes: la primera comprende la apología de estas fiestas. En la segunda se rechazan vigorosamente todas las objeciones hechas contra estas funciones: un cuaderno en octavo prolongado. Se vende a 8 rs. en las librerías de Cuesta, Sánchez y Matute y la Imprenta de Burgos, calle Toledo frente a San Isidro». En este Anuncio, como puede comprobarse, no se cita el nombre del autor. Sin embargo, el 5-11-1836 cuando aparece el anuncio de la Tauromaquia de Francisco Montes lo hace, curiosamente, en El Mundo, (el periódico fundado por Abenámar), y no lo encontramos en El Español, hasta el 4-09-183 7. Se trata, en ambos periódicos de un anuncio idéntico. 2 Español donde firma, como Santos López Pelegrín una oda Al Océano fechada el 16-04-1836, pero no hemos encontrado su firma en ningún otro trabajo, aunque es preciso mencionar que tuvimos la oportunidad de revisar, en la Hemeroteca Municipal de Madrid, un original de El Español, del año 1836, que debió de pertenecer a la propia Redacción de dicho periódico ya que lleva manuscritos y sobreimpresos en muchos artículos (casi todos) los nombres de los diversos redactores que , como es bien sabido, pertenecieron a la plantilla de ese diario aunque su firma no figurase al pie de sus artículos. Por citar un par de ejemplos, a Pelegrín (se le suprime el López) se le atribuyen los Boletines de Jurisprudencia y Legislación (16 y 23-05-) y uno de Agricultura el 26-05-1836. 174 M ªCelia Forneas ANUNCIO «Tauromaquia completa, o sea el arte de torear en plaza, tanto a pie como a caballo, escrita por el célebre lidiador Francisco Montes y dispuesta y corregida escrupulosamente por el editor: Va acompañada de un discurso histórico apologético sobre fiestas de toros, y de una tercera parte en que :Se proponen las mejoras del espectáculo. Esta obra no sólo es utilísima a los toreros de profesión y a los aficionados que quieran ponerse a nivel del torero más convencido, sino que también lo es a todo el que haya de asistir a las lidias para conocer el mérito de las suertes que en ellas se ejecutan y las clases de toros que se juegan. Es además recomendable a los curiosos por las noticias que da sobre el origen y progresos de tales fiestas, reyes que las protegieron, reinados en que llegaron a su apogeo, caballeros y grandes de España que en ellas se distinguían, y por las cuestiones que en defensa y apología se ofrecen y desenvuelven. Un tomo en 8.0 de 278 páginas que se halla de venta con el retrato del autor a 14 rs. en Madrid en la librería de Escamilla, calle de Carretas, en Jos puntos donde se expenden los billetes para las funciones de toros y a 15 en las provincias donde se hallan las obras de Fígaro». Desaparecido El Mundo, Santos López Pelegrín empieza a firmar, en El Porvenir, con el seudónimo de Abenámar, a partir del 7 de junio de 183 7 (se publican con anterioridad otros folletines de toros, pero no están firmados). En esa fecha, las corridas se celebran los lunes y Abenámar relata las corridas de los lunes 5, 12 y 19 de junio; 3, 17 y 25 de julio; un folletín de teatros, la primera representación del drama original en cuatro actos, en verso, Fray Luis de León el 17 de agosto; un artículo titulado "Paciencia y Barajar", el 23 de agosto; y otros dos folletines de toros el 30 de agosto y el 6 de septiern- Abenamar. Periodista taurino (11) 175 bre de 1837. Al año siguiente y con un largo preámbulo, el periódico Nosotros (24-04-1838) da comienzo, y a la vez justifica, sus artículos de toros de la temporada de 1838. Este periódico Nosotros lo escriben Santos López Pelegrín, Abenámar, y Antonio María de Segovia, El Estudiante. 2. 3. - MANUEL RANCÉS E HIDALGO (SEGUNDA HIPÓTESIS) Manuel Ildefonso Zenón Antonio Rancés e Hidalgo nace en Cádiz el 12 de abril de 1811. Es hijo legítimo de Diego Rancés y Manuela Hidalgo. Después de haber cursado los años de latinidad, retórica, filosofía, matemáticas, física y química, se matriculó en el Colegio de la Facultad de Cádiz en 1826. En 30 de abril de 1829 obtuvo el diploma de Bachiller en Filosofía y en 31 de enero de 1833 el de Bachiller en Medicina y Cirugía. En 1. º de mayo de 1834 se graduó de Licenciado en ambas facultades. · El 17 de Diciembre de 1835 tiene lugar la primera representación en el Teatro del Príncipe de Madrid, de Don Crisanto, o la Político-Manía, comedia nueva original en tres actos, escrita en diferentes metros por el médico gaditano Manuel Rancés e Hidalgo, de la que se hacen eco todos los periódicos. El Español iniciaba su reseña con un preámbulo de circunstancias que habla por sí mismo: «No deja de ser arriesgado en una época, en que tan en boga está el romanticismo, dar al teatro una comedia clásica, aunque tenga todo el aliciente de un argumento propio de las circunstancias. El público, siguiendo el torrente del siglo, ha tomado el gusto a lo que en literatura se llama escuela de progresos, y sólo le mueven las grandes pinturas, las pasiones elevadas, los 176 M ªCelia Forneas caracteres heróicos; en una palabra, lo que afecta al alma, aunque hiele de espanto la sangre en las venas. ( ... ). En el día para conseguir laureles en la escena se necesita que haya interés, movimiento, novedad; y he aquí la razón porque nunca· nos prometimos gran cosa de D. Crisanto». Claro que, algo después se dice: «La composición no carece de defectos, y algunos bastante esenciales; tal es, por ejemplo, la inverosimilitud del desenlace ( ... ). La versificación es fluida, armoniosa y poética a veces; pero en otras ocasiones decae; se nota poca facilidad, y algún consonante forzado y repetido. Tenemos entendido que es la primera composición de un joven a quién sin embargo no podemos menos de felicitar, pues que comienza la carrera con tan buenos auspicios». (22-' 12-1835) El Artista, reconocido universalmente como la revista romántica española por excelencia, reseña la obra de Manuel Rancés en estos términos: «Es obra original española y por eso la apreciamos en más, cuando parece que nuestros teatros están condenados hace muchos días a no recibir otras inspiraciones que las de las Musas del Sena». Por Real Orden del 7 de Septiembre de 1836, se dignó S.M. concederle la cruz de Caballero de la Real Orden Americana de Isabel la Católica, libre de todo gasto «en prueba de lo gratos que me han sido los interesantes servicios que el profesor de medicina y cirugía D. Manuel Rancés e Hidalgo prestó al vecindario de Sevilla cuando aquella ciudad fue acometida en 1833 por el terrible azote del cólera», firmado María Cristina en nombre de Isabel II, el 17 de Septiembre de 1836. Del suceso, de la epidemia de cólera, tenemos el testimonio de José Velázquez y Sánchez , quien deja constancia de que «entonces se iniciaron ventajosamente en el ejercicio de la pro- Aben(Jmar. Periodista taurino (JI) 177 fesión médica jóvenes que tanto debían brillar en su gremio científico como Francisco Porrúa y Velázquez, Joaquín Palacios y Rodríguez, Manuel de Hoyos Limón». Manuel Rancés debía de encontrarse entre «algunos escolares de cursos mayores», ya que su nombre no consta en el texto (1872: 409). Posteriormente opta a una plaza de médico en el Hospital Militar de Madrid que, al parecer, no consigue, y poco después es destinado a Filipinas. Muere a 1846, víctima de cólera. 2.4.- CONCLUSIÓN En resumen, si tenemos en cuenta la pequeña historia de Manuel Rancés e Hidalgo, que hemos conseguido a base de mucho esfuerzo, ¿subsistiría la hipótesis de su posible colaboración con Francisco Montes en la confección de la Tauromaquia de Francisco Montes? ... Manuel Rancés era seis años más joven que Francisco Montes: Rancés nace en Cádiz, el 12 de abril de 1811, y Montes, nacido en Chiclana (Cádiz), es bautizado en la iglesia mayor parroquial de San Juan Bautista el 13 de enero de 1805, según Cossío (1995:604 T II) Siendo ambos gaditanos, pudieron y tuvieron que coincidir en muchos lugares, ya que ambos eligieron la profesión de cirujanos, un logro en lo tocante a Rancés y una aspiración por parte de Montes; pudieron ser amigos, desde luego, y esto pudo dar lugar al rumor de que fue Rancés el escritor de la Tauromaquia. Pero, en definitiva, no parece que Manuel Rancés, con veinticinco años en 1836 hubiera tenido tiempo de adquirir la formación taurina.que se le niega a Montes, ocupado como estaba, además, en la realización de su carrera de médico y en ayudar a los sevi- 178 M. ªCe li a Fo rneas llanos durante el terrible azote del cólera que asoló la ciudad en 1833. Y para concluir este apartado, debo añadir que, en la última página sin numerar de la Tauromaquia de Francisco Montes, publicada en 1836, se puede leer: «Esta obra es propiedad del Editor, quien perseguirá ante la ley al que la reimprima». Si resulta que, en 1842, Santos López Pelegrín, Abe - námar publica su Filosofia del Toreo, parece fácil suponer, como se ha venido haciendo, que Santos López Pelegrín fue el editor de la Tauromaquia que se. menciona y, como propietario de la misma, no fue perseguido por la ley. En la actualidad, por consiguiente, debe seguirse atribuyendo a Santos López Pelegrín la autoría de la Tauromaquia de Montes. Abenamar. Periodista taurino (11) 179 BIBLIOGRAFlA El artista (1835-36): Estudio preliminar de Angel González García y Francisco Calvo Serraller, Tomos I y II, Ediciones Tumer, Madrid, 1981 Bedoya, F. G. de (1850): Historia del toreo y de las principales ganaderías de España, Imprenta de D. Anselmo SantaColoma y Cía , Madrid. Benassar, B. (2000): Historia de la Tauromaquia, Real Maestranza de Caballería de Ronda/Editorial Pre~Tex tos de Valencia. Cabrera Bonet, R. (1999): Nota previa a Críticos Taurinos-Biografias de los Principales Revisteros de Madrid, por A.E.J., editada por Imprenta del Crédito Público en Madrid, 1889, y reeditada en la actualidad por la Unión de Bibliófilos Taurinos de Madrid. Cervantes, Miguel de (1960): El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Espasa Calpe, S. A., Madrid. Claramunt, F. (1988): Historia de la Tauromaquia I, Espasa Calpe, S.A., Madrid Cossío, José María (1988): Los toros. Tratado técnico e histórico, Espasa Calpe, Madrid. Dr. Thebussem (1892): Un triste capeo, Sucesores de Rivadeneyra, Madrid. Femández y González, M. (1879): Las Glorias del Toreo, Imprenta de Diego Pacheco, Madrid'. Martínez Olmedilla, A: ( 1957): Anecdotario del Siglo XIX, Aguilar, Madrid. 186 M ªCelia Forneas ANEXO CRÓNICAS DE ÁBENAMAR FOLLETÍN. TOROS ("EL PORVENIR", 1937) El conturbati sumus «A i empezaríamos nosotros un sermoncillo de toros, si fuéramos capuchinos ó cosa tal, y ademas de capuchinos ó cosa tal, fuesemos predicadores, y además predicásemos, y ademas diríamos: alli amados oyentes, en aquel circo que levantó la profanación para alimento del pecado y perdición eterna del pecador, allí en medio de la algazara terrenal, movía la cola una alimaña feroz ..... ¿Y quién pensais que era esa alimaña? ¿Un toro? ... os equivocais: era el mismo demonio, era la serpi ente del paraiso la que culeaba, aquella serpiente que indujo á nuestra madre. Eva a hacer mal uso del voto de confianza, que ya se estilaba en aquel tiempo; poned hijos míos, poned manzanas al lado de mugeres golosas, y veréis lo que sucede ..... SE LAS COMERAN . .. . manducabunt illas. Por esto, hermanos mios, fue maldecida la serpiente entre todos los animales y bestias de la tierra: quiafreisti hoc, maledictus es interomaia animanlia, et bestias terra ¡Pero ah! No era sola la serpiente la que coleaba. Alli las tentaciones carnales volaban de palco en palco, saltaban de grada en grada .... y en aquellos tendidos .... ¡oh profanacion ináudita! . ... mezclados los hijos de Cain con las hijas de Noe ... se preparaban también á quebrantar el, el voto de confianza. Alli los maridos, que habian ido á la funcion, cediendo á los rasgos de sus esposas, daban cebo á las tentaciones del demonio, porque habian escuchado su voz, quía audisti voces minoris . ... Alli las mozuelas, esas flores delicadas que deberian estar en el jardin del recojimiento, ezhalando los aromas de la penitencia, ezhalaban en sus miradas los rayos de su perdicion. ¿Y qué diremos amados oyentes mios de los mozuelos? ¿qué diremos de esa juventud melenosa y romántica, que con su propio cabello se tapa las orejas para no oir los saludables consejos de sus mayores, y se cubre los ojos con antiparras para no ver el abismo que se abre a sus pies? ¡Oh toros, oh toros! Vosotros, sois un manantial inagotable de tentaciones y de pecados. El averno os abortó en su cólera ... : la del cielo os hundirá en la nada. Abe namar. Periodista taurino (11) 187 Estas ó semejantes razones diríamos nosotros hablando de toros, si fuéramos capuchinos; pero como somos periodistas, y de la oposición ademas, decimos todo lo contrario, y decimos que lo malo de las corridas de toros no es que las haya, sino que las que hay no son buenas. La del lunes 5 de junio de 1837 de la era cristiana, empezó á las 5 y 23 minutos de nuestro reloj, debiendo haber empezado á las cinco EN PUNTO. Esto prueba una de dos cosas; ó que el señor presidente de la función iba atrasado, lo cual entre nosotros es el pan de cada dia, ó nosotros adelantados, como redactores del Porvenir . Pero aunque tarde, como aquí se empieza todo, empezó la funcion y salio á la plaza el primer toro, de la ganadería del duque de Veragua, gordo y rollizo como un rentista y atrasado como un ministro ingnorante en medio de una interpelacion. Le interpelaron los picadores, y el animalito contestaba como si le pidieran cuentas; se acercaba al ginete, daba un bufido, hacía como que entraba, y se salia de la cuestion. Tomó siete varas, le pusieron cinco pares de banderillas, y le mató Leon de una de maestro recibiéndole, despues de haberle trasteado con inteligencia y frescura. Segundo: de Paradas (Colmenar Viejo). Este toro hubiera hecho mal marido; era receloso. Pertenecia a la escala del [ .. . ] 12; un costal de malicias y desconfianzas. Turnó seis varas, le pusieron cuatro pares de banderillas y lo mato Lucas Blanco de una regular, recibiéndole. Tercero: de Veragua. Este era un toro interino, aparentaba mucho celo; pero huía los compromisos; toro de la época. Tomó nue ve varas, y Pedro Sanchez le mató inte rinam e nt e de un pinchazo, ot ro bajo á volapie y una regul ar recibiéndole. Cuarto toro: de Paredes. Este fue el toro de la corrida; claro y voyante al principio, bravo y pegajoso despues, tomó 9 varas, mató 4 caballos, dio secos porrazos á los picadores, de una de los cuales fue Briones á la enfermería, y en otro Sevilla tuvo que librarse del vicho saliendo como un lagarto de debajo del caballo, tomando la vara y picándole á pie; esto fue tan honroso para Sevilla como dejó de serlo para las capas. Le pusieron cuatro pares de banderillas y le mató Leon de un mete y saca corto a volapie y otro bueno recibiéndole. Quinto: de Veragua. Era toro de cabeza, pero le faltaba genio: malo para ministro. Tomó sin embargo 1 O varas, mató dos caballos por hacer algo, le pusieron cinco pares de banderillas y le mató Blanco de un mete y saca recibiéndole y un vol apie . Sesto: de Paredes. Era ya tarde, el sol había desaparecido dejándonos entre tinieblas; había un toro en la plaza ... ¿qué había de hacér. .. ? reco- 188 M" Celia Forneas nocimientos ... nada mas que reconocimientos. Tomó tres varas en ellos, le pusieron dos pares de banderillas, y le mató Sanchez de una baja asesinándole. La entrada fue regular y la salida sin tropiezos, que no es poca felicidad cuando nadie ve gota. Abenamar (07-06-1837, en El Porvenir)».