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Los púnicos en Iberia y la historiografía grecolatina

Ferrer Albelda, Eduardo

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LOS PÚNICOS DE IBERIA Y LA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA por EDUARDO FERRER ALBELDA RESUMEN Proponemos una ordenación e interpretación de los testimonios grecolatinos relativos a los pobladores de las costas meridionales de Iberia y a su relación con Cartago. Centran nuestra atención los cambios introducidos en la etnonimia a lo largo de este período historiográfico. ABSTRACT We propose a disposition and interpretation of the graeco-latins testimonies relating to the Iberian meridional coasts' habitants and their relation with Cartago. The changes introducing into the ethnonimy during this historiographic period centre our attention. INTRODUCCIÓN: LA HISTORIOGRAFÍA PÚNICA La literatura grecolatina referente a las comunidades púnicas de Iberia es exigua a pesar de que las costas sudibéricas son las que a menudo aparecen descritas por los geógrafos antiguos y donde normalmente se ubican los episodios míticos e históricos hispanos, con una notable diferencia en relación a otras áreas de la península ibérica (Ferrer 1995: 14-167). A priori sería lógico pensar que una población estable como la fenicio-púnica, que habitó un territorio más o menos extenso de Iberia y que mantuvo una relación continuada con pueblos con tradición literaria como Cartago, el mundo de las colonias griegas o Roma, hubiera dejado un caudal importante de conocimiento directo o indirecto. Sin embargo, esta restricción documental es un hecho real y se debe a la suma de una serie de factores, entre los que destaca la no por reiterada menos evidente pérdida de todo un conjunto de noticias de origen púnico, sobre todo obras de historiadores griegos al servicio de comunidades o de particulares. De esta pérdida ya se lamentaban los ilustrados españoles (Rodríguez 1766: 265; Lancel 1994: 326) al tener constancia por los mismos autores clásicos de bibliotecas, archivos, crónicas y escritores relacionados con la historia de Cartago. SPAL 5 ( 1996): 115-131 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1996.i5.06 116  EDUARDO FERRER ALBELDA Polibio (I, 14), por ejemplo, hace referencia a Filino de Agrigento, narrador de los acontecimientos de la primera Guerra Púnica; y, siguiendo esta tradición, Sileno de Calacte, que según Cicerón (Divinat, Lib. I) redactó una historia de Cartago, y Sosilo de Lacedemonia, profesor de griego de Aníbal, se convirtieron en los historiógrafos de Aníbal. Asimismo, de la historia escrita de Cartago nos queda constancia por los Libri Punici mencionados por Salustio (Bell. Yug., 17, 7), supervivientes a la destrucción de la ciudad (Krings 1990), y por las citas de Ps. Aristóteles y Servio, que hablan respectivamente de Historia Poenorum y Punica Historia (Moscati 1983: 21). También Av ieno (Or. Mar., 414) hace referencia a unos anales púnicos supuestamente conservados hasta el siglo IV, quizás los mismos de los que San Agustín (Ep., 17,2) oyó hablar pero no había consultado (Lancel 1992: 327). De haberse conservado, hubieran sido también de interés para el conocimiento de las costas de Iberia, de sus ciudades y de sus habitantes, la producción periplográfica y periegética púnica, que debió ser profusa y de la que se conservan algunas referencias como los periplos de Hanón (López Pardo 1990) e Himilcón (Plinio NH II, 169; Avieno Or. Mar., 125). Por último, otra fuente irrecuperable la debió constituir la documentación escrita custodiada en los templos fenicio-púnicos, como el de Baal Hammon en Cartago o el de Melqart en Gadir, en cuyas columnas estaba inscrita una relación, ilegible para el testigo romano, con un contenido probablemente económico u oracular (García y Bellido 1951: 107). La realidad de una literatura histórica, geográfica y agronómica púnica parece un hecho incontrovertible, pero de toda esta información, que debió ser vastísima, no queda sino el testimonio de su existencia y la certeza de su irrecuperabilidad. HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA: CUESTIONES PRELIMINARES Otro bloque de documentación literaria, en este caso conservado en una mínima parte, es el que se conoce de manera genérica ~o "fuentes clásicas" o "grecolatinas", denominaciones que engloban una realidad literaria muy heterogéhea, con grandes diferencias cronológicas -cerca de mil arios-, de géneros (histórico, geográfico, periegético, periplográfico, poético, cómico), y de autores; pero que, contrariamente a su complejidad, a menudo se considera como un todo homogéneo. Cierta corriente historiográfica española que perdura hasta la actualidad ha considerado las noticias transmitidas por los autores griegos y latinos como verdades inapelables que deben ser comprobadas arqueológicamente. La sentencia "las fuentes tenían razón" es tan habitual en nuestros escritos que parecen reflejar la dependencia inconsciente del modelo decimonónico de Schliemann de comprobación empírica de una realidad literaria incuestionable. Este "método" tiene especial incidencia en los análisis sobre pueblos protohistóricos de la península ibérica. En lo que respecta a la problemática de las cofnunidades púnicas, hay factores intrínsecos y extrínsecos a la docurrientación literaria que dificultan enormemente un acercamiento objetivo. Entre los últimos, el que mayor trascendencia ha tenido a nuestro juicio es el peso de la tradición historiográfica sobre la Hispania antigua, en la que nos hemos formado las últimas generaciones de historiadores y arqueólogos; nos referimos a las Fontes Hispaniae Antiquae (Schulten y Bosch 1922). La inmensa tarea de reunir todas las referencias a la Península en autores griegos y latinos, ha supuesto en contrapartida cierta esclavitud al modelo schulteniano (García Moreno 1989a: 28), cuyo priricipal inconveniente -independientemente de las conclusiones históricas a las que llégóes la descontextualización de los textos (Ferrer 1996: 91 ss.). El éxito de la obra de Schulten, debido en parte a la comodidad que supone un compendio "crítico" de todo lo escrito sobre Hispania en la Antigüedad, y a su adaptación al modelo SPAL 5 (1996) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1996.i5.06 LOS PÚNICOS DE IBERIA Y LA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA  117 historiográfico nacionalista vigente en España hasta entonces, ha mediatizado los análisis posteriores del fenómeno púnico, singularmente en dos aspectos: selección de la temática y juicio moral. El primero se refiere a la atención centrada casi exclusivamente en el tema político, en los problemas de hegemonía, los bloques antagónicos, el cierre del Estrecho y el imperialismo cartaginés, argumentos tan vigentes hoy como entonces. Y el juicio moral alude a la opinión categórica que merecen los cartagineses y sus actuaciones en Iberia, profundamente negativa para Schulten, a la que se unieron posteriormente los criterios artísticos helenocéntricos que ahondaron aún más en la tipificación de la cultura púnica, artísticamente estéril, como corresponde a una nación o raza de comerciantes (García y Bellido 1954: 463). Por último, es preciso subrayar, y en esto la obra de Schulten no es enteramente responsable sino que sigue una tradición muy española, la perpetuación del concepto histórico de España como una sucesión ininterrumpida de invasiones y colonizaciones desde su primera población hasta los Reyes Católicos. Los fenicios y cartagineses se suceden en el dominio del sur de Iberia, sin dar a la posibilidad de la formación de una cultura púnica propia, no necesariamente cartaginesa, y sin prestar la debida atención a las formas de contacto entre los semitas y las comunidades autóctonas (Ferrer 1996). En lo que respecta a los factores intrínsecos a la documentación, son básicamente tres: fragmentación, origen y naturaleza. El primero de ellos condiciona de tal manera las conclusiones históricas, que podemos afirmar que éstas se han elaborado a partir de una colección de fragmentos muchas veces inconexos, de difícil datación y a veces contradictorios. Pero, en todo caso, el estado fragmentario de las noticias se debe a la casualidad y a las circunstancias historiográficas tardoantiguas y medievales. No ha habido una manipulación selectiva. El segundo factor condicionará en gran medida el significado y el alcance de lo relatado. Al tratarse de autores griegos y latinos, han de ser tenidos en cuenta la concepción y el conocimiento que tenían sobre otros pueblos, según épocas y autores, liberándonos de tópicos como la falta de objetividad de los autores grecolatinos cuando se refieren al mundo púnico (Dubuisson 1983; Cássola 1983). El tercer factor a considerar es la naturaleza misma de los textos, el género literario al que pertenecen, ya que para el lector no debe ser lo mismo enfrentarse a una obra histórica que a una poética, geográfica o cómica, a un original que a un epítome, una paráfrasis o una cita. EVOLUCIÓN DE LA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA SOBRE PÚNICOS Y CARTAGINESES Y SU RELACIÓN CON IBERIA Antes de realizar el análisis crítico de los testimonios es preciso hacer tres consideraciones: 1. La primera impresión que nos transmite el conjunto de textos conservados es el desequilibrio entre los distintos períodos historiográficos. Esta desproporción no responde por entero a la conservación aleatoria de fragmentos u obras completas, sino que está relacionado también con el mayor o menor interés de autores o de generaciones de escritores por Iberia. 2. Por otro lado, el factor geográfico va a ser un condicionante a la hora de seleccionar temas y ciclos, porque el sur de Iberia coincide a lo largo de la mayor parte de este período con el límite occidental del mundo conocido. Por su lejanía geográfica, el Extremo Occidente cónstituirá un tema susceptible de relatos legendarios y poéticos, pero también será meta o punto de partida de expediciones científicas y periplos. No cabe duda de que los géneros literarios periplográfico y periegético serán los que puedan aportarnos más información. 3. En tercer lugar, hay varios aspectos en la historiografía clásica que debieron influir en las características y en los contenidos de la información emitida: los tipos de conocimiento que los griegos tuvieron de culturas que no eran la suya (Hoz 1989: 26) y sus propios métodos históricos. SPAL 5 ( 1996) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1996.i5.06 118  EDUARDO FERRER ALBELDA Una última advertencia. No nos hemos servido exclusivamente de una selección de las alusiones a fenicios, púnicos y cartagineses en Iberia, sino que también hemos incluido las descripciones de geógrafos y periégetas aunque en ellas no se haga mención de éstos, para evitar una notable reducción del conjunto de testimonios, y porque partimos de una evidencia arqueológica válida e incuestionable como es el fenómeno de la colonización fenicia en las costas de Iberia. Con anterioridad al siglo V a.C., la casi totalidad de las noticias sobre el sur de Iberia se refiere a relatos históricos o míticos sobre Tartessos (González Wagner 1986; Hoz 1989), sin que hayan llegado hasta nosotros relatos contemporáneos sobre la colonización fenicia, sin duda existentes porque las fuentes posteriores reflejan de hecho este fenómeno. Lo cierto es que hasta fines del siglo VI a.C., época en la que Hecateo de Mileto redactó su Periodos Gés, no contamos con los primeros datos de conjunto sobre las costas ibéricas ' . En cierto modo la obra del milesio representaba la conclusión de la actividad colonizadora griega en el Mediterráneo y el afán de conocimiento por los límites y dimensiones de la tierra, aunque también se ocupó de las etnias, de las ciudades y sus habitantes (Mazzarino 1966: 70-73), con el objetivo de reflejar por escrito la verdad en contraste con las fábulas que proliferaban en su época (Alemany 1909: 467). Desconocemos las fuentes en las que se basó para redactar su obra, probablemente un conjunto de informaciones en las que se incluían roteros y referencias orales, pero se tiene la certeza de que es el primer relato que trató sistemáticamente las tierras occidentales (Hoz 1989: 30). La dificultad mayor de la obra de Hecateo reside en que sólo se conservan fragmentos aislados en la Etniká de Esteban de Bizancio, un lexicógrafo del siglo VI. No obstante su información se puede dar como válida de manera general porque su atención no se centra en la discusión de problemas étnicos o geográficos sino en controversias terminológicas. Los fragmentos conservados nos dan una imagen incompleta de los principales pueblos que habitan la costa sur y este de Iberia: los tartesios (Jacoby 1968: 16), los elbestios (FGrHist 40), los mastienos (FGrHist 41) y los iberos, en sentido oeste-este. Los mastienos, según la cita, ocuparían un área cercana a las Columnas de Heracles y a la costa mediterránea meridional, pues son citadas como mastienas las poleis Suel, Menobara, Sixo y Molibdano, además de la misma Mastia, casi todas identificadas con fundaciones fenicias (García Moreno 1993; Iniesta 1989). También son citadas las poleis tartesias Elyburge, lbylla y Calathe (FGrHist 39), ésta última próxima al estrecho de Gibraltar. II La historiografía griega posterior, la que abarca prácticamente los siglos V, IV y III a.C., ofrece pocas oportunidades para profundizar en el conocimiento sobre el Extremo Occidente. Tradicionalmente, sobre todo a partir de las tesis de Schulten, este fenómeno se ha explicado por el bloqueo cartaginés del Estrecho y la política de monopolio comercial, opinión que se fundamentaba en las numerosas referencias a la impenetrabilidad de la región allende las Columnas de Heracles contenidas fundamentalmente en la obra de Píndaro (Domínguez Monedero 1988). 1. La Carta de la Tierra de Hecateo finalizaba con la descripción en dos libros de las costas del Mediterráneo desde el mar Negro hasta las Columnas de Heracles, que posteriormente tomarían el nombre de Periégesis (Villalba 1985: 45). SPAL 5(1996) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1996.i5.06 LOS PÚNICOS DE IBERIA Y LA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA  119 También se ha insistido recientemente en la pérdida de muchas obras yen la aleatoriedad de esta pérdida (Hoz 1988: 30); no obstante, creemos que también es preciso valorar la mentalidad y la metodología literaria griegas. El interés de los helenos por otros pueblos se plasmó en una ciencia, la Etnografía, saber que, generalizando, se "limitaba a constatar una sentida convicción griega: la diferencia sustancial e insuperable entre los helenos y los bárbaros" (Fernández Ubiña 1986: 139). Si además valoramos que el método histórico que impone Tucídides en el siglo V a.C., y que perdura hasta la época helenística, prescinde de la etnografía (Momigliano 1984: 13; Plácido 1986) en favor de la observación directa de los hechos contemporáneos, comprenderemos porqué los datos escasean y porqué se incluyen en periplos o en reelaboraciones de obras anteriores. A este fenómeno añadiríamos la lejanía de estas tierras, fuera del circuito comercial griego. Sin cuestionar contactos intensos, viajes griegos a Occidente (Pitias y Eutimenes) o actividades comerciales greco-púnicas conjuntas (Fernández Nieto 1992: 129 ss.), lo cierto es que las costas atlánticas y mediterráneas meridionales de Iberia estuvieron incluidas dentro del universo púnico hasta el ocaso de Cartago, hecho que sin duda repercutió en el desconocimiento o en el desinterés general por estos territorios. Heródoto (III, 15), que es anterior a Tucídides y que por lo tanto utilizó la etnografía como fuente de sus Historiai, reconoce su ignorancia sobre el Extremo Occidente, a pesar de residir en la Magna Grecia, donde posiblemente redactó su obra (Rodríguez Adrados 1986: 15); y expresa su desconfianza en obras anteriores (IV, 36), de ahí que los pocos relatos que comenta se dediquen a la cuestión tartésica, un tema con cierta tradición en la historiografía anterior pero tratado de manera anecdótica y supeditado al argumento de la colonización focense (Hoz 1988: 31; Plácido 1993). Del resto de las noticias datables en el siglo V a.C., destacan las proporcionadas por Herodoro de Heraclea, a través del bizantino Constantino Porphirogeneta (De administrando imperio 23; FGrHist 2a). Los pueblos que habitarían las costas próximas a las Columnas de Heracles serían los tartesios, los elbisinios y los mastienos, relación que recuerda la descrita medio siglo antes por Hecateo 2. Otros testimonios que tienen un origen bien distinto pero igual importancia son las referencias a las salsas de pescado de Gadir proporcionadas por Eupolis (en Esteban de Bizancio), comediógrafo ático de la segunda mitad del siglo V a.C., y por su contemporáneo Aristófanes (Ranas 473). Ambos textos son particularmente interesantes porque se refieren a la fama de las salazones gadiritas en el Atica -extremo que ha podido ser confirmado arqueológicamente-, pero sobre todo porque están insertos en pasajes cómicos que expresan su popularidad en aspectos de la vida cotidiana como el gastronómico, y están libre de cualquier carga ideológica que pudiera poner en duda su historicidad. III "En general, las fuentes posteriores, hasta la segunda guerra púnica, sólo aportan ecos de los conocimientos adquiridos por los griegos en el siglo V, cuya sistematización seguía dependiendo de la realizada por Hecateo, y por lo tanto estaba marcada por lo que pudiéramos llamar "visión de periplo" (Hoz 1988: 34). Ciertamente los testimonios del siglo IV a.C. redundan en las cuestiones que ya hemos planteado. La fama de la salazón de Gadir no decreció a juzgar por su reaparición en comedias de autores áticos como Antífanes o Nicóstratos (Edmonds 1957); este último autor introduce como dato de interés el posible contrabando de este producto en Grecia. 2. Heródoro es un mitógrafo de la segunda mitad del siglo V a.C. que redacta una extensa historia de los viajes de Heracles, argumento que utiliza como pretexto para dar su visión geoetnográfica del mundo conocido (FHA II, 37-38; Hoz 1988: 33-34). SPAL 5 (1996) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1996.i5.06 120  EDUARDO FERRER ALBELDA La descripción de las costas de Iberia ocuparán a tres autores contemporáneos: Teopompo, Ps. Escilax y Eforo. El testimonio de Teopompo (FHA II, 52-53), transmitido nuevamente por autores tardíos como Esteban de Bizancio o Ateneo, hace referencia a una ciudad, Massía, y a su situación geográfica, distinta del solar ocupado por los tartesios En cuanto el periplo de Pseudo Escilax, los autores que han estudiado la obra no han llegado a un acuerdo sobre la autoría y la fecha de la redacción 4 , pero lo cierto es que parece reflejar un contexto de mediados del siglo IV a.C. en muchos pasajes. En la descripción de las costas del sur de Iberia sólo se hace referencia a las islas de Gades, a las Columnas de Heracles, ala existencia de mercados cartagineses más allá del Estrecho y a los terrores del Océano para el navegante. Parece que se trata de un claro ejemplo de tipificación del Extremo Occidente, en el que se utilizan fórmulas y lugares comunes. El tercer autor aludido es Eforo, historiador que ofreció una visión de conjunto de la tierra conocida en un compendio de treinta libros, hoy perdido, denominado Historiai. Los libros IV y V los dedicó a la descripción de lugares y pueblos, adoptando la forma de un periplo de todo el Mediterráneo, desde Gibraltar hasta el mar Negro. Probablemente los asentamientos fenicios de Iberia y de Libia fueron tratados en el contexto de la discusión general sobre los continentes y sus habitantes (Schepens 1985), pero sólo se ha conservado —en Esteban de Bizancio— la mención a una ciudad cercana al Estrecho, Calatus(s)a (la Calathe de Hecateo), y la idea de una población de etíopes en las costas de Iberia (Estrabón I, 2, 26). La versión de Eforo sobre la historia universal ejerció una notable influencia en los autores posteriores, pero no hay que perder de vista que Eforo fue un "armchair historian", que no conocía aquello que describía, por lo que tuvo que valerse de fuentes previas, sobre todo griegas, aunque no se descarta que utilizara obras púnicas (Schepens 1985: 329). Por lo demás, según denunciaron algunos autores posteriores, en la obra de Eforo fueron incluidos numerosos errores conceptuales, como la consideración de que los celtas habitaban toda Iberia, reduciendo a los íberos al perímetro de una ciudad (Alemany 1909: 472). La información que resta del período anterior a la segunda Guerra Púnica y a la ocupación romana es prácticamente inexistente. Generalmente se incluye en este período el tratado pseudo-aristotélico De mirabiles auscultationes, como atribuido a Timeo (Frutos 1991:94), cuya obra perdida, en la que se incluía una descripción de Occidente, se data a comienzos del siglo III a.C. No hay unanimidad sobre la fuente que pudo inspirar este tratado (Hoz 1971), pero la identidad de algunos pasajes con otros de Diodoro Sículo, y la atribución de éstos a Posidonio y, a través de él, a Timeo, hacen verosímil esta opinión. Los datos que nos interesan están contenidos en los fragmentos 136 y 84 del tratado, referentes, respectivamente, a la pesca, trasformación y transporte de productos marinos en Gadir con destino a Cartago, ciudad exportadora y, a la vez, consumidora de tales productos 5 , y a las navegaciones de los cartagineses más allá del Estrecho y su interés por mantener en secreto algunos descubrimientos realizados en el Océano. Este testimonio parece reflejar la actividad cartaginesa y sus intereses en el área del Estrecho a mediados del siglo IV a.C. 3. Esta apreciación se extrae de la lectura de los códices griegos conservados, en los que se especifica que Massía khorá apokeiméne wisTartesíois, frente a la versión corregida de Schulten (Massía khorá hypokeiméne toisTartesíois), donde la palabra apokeiméne es sustituida por hypokeiméne, cambio que supone una transformación radical del sentido del texto, que pasaría evidenciar el sometimiento de la ciudad a los tartesios (Alemany 1909: 476; Gil 1986: 378-380; Ferrer y Bandera 1997). 4. El autor del periplo se denominó a sí mismo Escilax, lo que ha hecho pensar a algunos en el periégeta contemporáneo de Heródoto Escilax de Carianda, almirante de Darío I y autor de varios periplos. Sin embargo, la mención de ciudades cuya fecha de fundación es conocida y la omisión de otras que habían sido destruidas, así como el contexto general del periplo, han posibilitado la datación de la redacción entre 361 y 357 a.C. (Fabre 1965: 353-366). No obstante, otros autores estiman que la obra original de Escilax de Carianda sirvió de base para una puesta al día del periplo a mediados del siglo IV a.C. (Casariego 1949: 133; Paretti 1983). 5. Hemos utilizado la traducción corregida por G. Chic que aparece en Frutos y Muñoz 1994: 406. SPAL 5 (1996) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1996.i5.06 LOS PÚNICOS DE IBERIA Y LA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA  121 IV El conjunto de testimonios posteriores a la segunda Guerra Púnica es cuantitativamente más importante. Se trata en muchos casos de noticias de autores griegos y latinos que han visitado Iberia y que dispusieron de un caudal importante de conocimiento directo. En otros casos se continúa la tradición periegética precedente, ajena a la realidad geoetnográfica de ese momento e inserta en unos géneros literarios visiblemente esclerotizados. En esta tendencia puede incluirse la obra de Escimno de Quíos, geógrafo del siglo II a.C. admirador e imitador de Apolodoro, al cual se le atribuye la redacción de un manual de geografía en verso destinado a las escuelas. En ningún caso el autor del poema describe el estado de Iberia en el momento de la redacción, sino que se retrotrae a tiempos anteriores, adornando el recorrido con pasajes míticos y algunas novedades (Alemany 1910: 20). Sitúa en las costas andaluzas: 1) la isla de Eritia, donde hay una colonia de etíopes y rebaños de bueyes; 2) la ciudad tiria de Gadira, con monstruos marinos, y 3) la ilustre ciudad de Tartessos, localizada a dos días de navegación de Gadira (Scymn. 150-164). En otros versos (Scymn. 196), ubica a orillas del mar Sardo a los libiofénices, colonos cartagineses, a los tartesios y a los iberos 6 . Con la introducción de los libiofénices, un grupo étnico desconocido hasta ahora en Iberia, trastoca el orden "tradicional" establecido por Hecateo: tartesios, elbestios, mastienos e iberos. La impresión que transmite la obra es la de una falta de coherencia en la redacción, en la que no se ha seguido una fuente única ni una norma geográfica sino mezclado varias tradiciones inconexas. En el extremo opuesto está la figura de Polibio, el historiador megalopolitano cronista de las conquistas romanas del siglo II a.C. La concepción historiográfica de Polibio está muy relacionada con la creciente hegemonía romana en el Mediterráneo, cuyas causas intenta desentrañar mediante el recurso a un modelo interpretativo cercano a la filosofía peripatética (Díez Tejera 1981: 24). El eje argumental de sus cuarenta libros, titulados Historiai, es la expansión romana, y sus objetivos establecer el cómo, el cuándo y el porqué de los acontecimientos bélicos y políticos, aunque también tuvo inquietudes geográficas y literarias, no siempre acompañadas de una sólida formación (Vallejo 1954: 281). La realidad histórica abarcada en su obra coincide con el desequilibrio de fuerzas en el Mediterráneo en favor de Roma, apareciendo el mundo púnico como complemento argumental, en el momento en que la presencia cartaginesa en Iberia toca a su fin. No obstante, Polibio proporciona algunos datos de interés sobre la situación previa a la segunda Guerra Púnica. En el primer libro, capítulo introductorio del verdadero argumento y antecedente explicativo de los acontecimientos posteriores, y en el contexto previo a la primera Guerra Púnica, Polibio (I, 10, 5-6) enumera las posesiones de Cartago en el Mediterráneo, entre las que incluye muchos territorios de Iberia. La cuestión que centra la atención de Polibio es en realidad la inseguridad de Roma ante el poderío cartaginés, el "pretexto" de su ulterior actuación, y no una enumeración de los dominios cartagineses. Podríamos pensar incluso en una dramatización de la situación para justificar la guerra. No obstante, el texto es muy explícito y los dominios cartagineses coinciden con la extensión de la cultura púnica, y no hay porqué dudar del dato 7. 6. Esta descripción de la costa es contraria a las reglas del género periplográfico por el incumplimiento del orden geográfico, y en ella parecen confluir varias tradiciones literarias, una mítica -como la mención a los rebaños de bueyes de Eritia, que parece remontar a Hesíodo y a Estesícoro de Himera (González Wagner 1986: 209-210) o los terrores del Océano-, y otra "histórica", procedente de autores anteriores como Eforo. 7. La historiografía española ha interpretado este pasaje de manera desigual. Schulten opinaba que después del 340 a.C. el poderío cartaginés sobre España decayó hasta perder el control total hacia el 300 a.C. (FHA II, 71 y 125); Gzlez. Wagner (1983: 230 y 340) apuesta por la aplicación de los modelos de "imperialismo indirecto" de Whitakker y de "port of trade" de Polanyi, que llevan a considerar al sur de Iberia como un campo de operaciones del comercio cartaginés, donde no tiene cabida la conquista. Recientemente G. de Frutos (1991: 115 ss.) retorna el papel activo de Cartago en los asuntos hispanos, enlazando el texto de Polibio con datos como las destrucciones de los poblados ibéricos de Andalucía y Levante en un intento de orientar la política interna de los centros indígenas. SPAL 5 (1996) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1996.i5.06 122  EDUARDO FERRER ALBELDA El problema interpretativo se centraría en el significado de los conceptos "someter" y "muchos territorios de Iberia", yen las fuentes en las que se pudo inspirar Polibio. En este sentido, es probable que el historiador conociese las obras de autores que habían tratado de Iberia, como Eforo o Timeo, aunque éste último es criticado con frecuencia por él (Díez Tejera 1981: 40). También debió manejar, porque él mismo las cita y las critica (I, 14), las obras de los historiadores de la primera Guerra Púnica, Fabio Píctor y Filino de Agrigento, representantes de la tradiciones romana y filopúnica respectivamente 8. La conclusión a la que llegamos después de la lectura de este pasaje no va más allá del convencimiento de que Polibio y los autores que le sirvieron de fuente para los asuntos de Iberia, sobre todo Eforo y Timeo, consideraban que parte de Iberia estaba sometida a Cartago de la misma forma que el resto de las regiones mencionadas. Por contra, si puede sernos útil para analizar el tipo de sometimiento el conocido pasaje del libro III que refiere el segundo pacto entre Roma y Cartago (III, 24). Este tratado, junto con el que le precede y los que le suceden, es sacado a colación para referir las responsabilidades y compromisos de ambos estados desde el principio. Es opinión unánime que el autor, durante su estancia en Roma, consultó directamente estos textos grabados en placas de bronce custodiados ene! tabularium de los ediles curules sito en el templo de Júpiter Capitolino (III, 26), y que la cita es una transcripción literal del original latino, con lo que en realidad manejamos un documento legítimo de mediados del siglo IV a.C., con datos extraídos posiblemente de una fuente púnica (Hoz 1988: 35; García Moreno 1989: 292). No obstante, las dificultades que presenta el texto no son pocas, partiendo de la misma transcripción de Polibio del bronce original (Walbank 1957). De estas cuestiones, sólo comentaremos aquellas relacionadas con Iberia: 1. El segundo tratado tendría como novedad respecto del de 509 a.C. la ampliación de la prohibición de practicar la piratería, el comercio y fundar ciudades a los romanos y sus aliados más allá de MastiaTarseion (en el comentario inicial del autor) o de mastias tarseiou (en la transcripción del texto original latino) 9. La traducción del fragmento admite varias posibilidades: "más allá del cabo Bello, de Mastia y de Tarseyo", "más allá del Cabo Bello, de Mastia de los tartesios" o bien "más allá del cabo Bello, de Mastia, de los tartesios". De éstas, las que nos parecen más pausibles son la primera o la última, porque en todas las fuentes griegas del siglo V y IV a.C. ya comentadas se menciona la ciudad de Mastia o el pueblo homónimo, los mastienos, como diferentes de los tartesios (Ferrer y Bandera 1997). Las restricciones geográficas del tratado estarían enumeradas, pues, de este a oeste, y quedarían cerrados al comercio romano Cerdeña, el norte de África excluida la metrópoli, y la región situada más allá de Mastia y del pueblo de los tartesios. 2. El segundo problema es la ubicación de Mastia. La ecuación Mastia=Cartago Nova, casi unánimemente admitida por la investigación contemporánea, no tiene en nuestra opinión ninguna base (Ferrer y Bandera 1997). En la historiografía clásica jamás se da esta equiparación, ni siquiera se insinúa cuando es relatada la nueva fundación, y tampoco se admite en la historiografía española anterior al siglo XX. La hipótesis parece que tiene su origen en la literatura germánica decimonónica, estando ya admitida en Schulten (1945: 54) y por la investigación posterior sin mayor discusión. 8. Sobre la cuestión de cuál de las dos fuentes prevaleció sobre la otra en la redacción polibiana, el estudio ya clásico de P. Pedech (1952: 246-266) concluye que, aunque conoce ambas versiones, no se fundamenta en ninguna de ellas, sino que probablemente se valió de múltiples fuentes, entre ellas la de un "écrivain spécialiste des questions navales, du genere de ce Zénon de Rhodes". Llega a esta conclusión después de analizar exhaustivamente los pasajes de Polibio y los correspondientes a los mismos sucesos en Diodoro quien presumiblemente utiliza a Filino. 9. El mayor problema reside en que la transcripción no tiene puntuaciones ni mayúsculas, por lo que su correcta lectura y entendimiento es complicada (Hoz 1988: 35), a lo que se puede añadir que es posible que Polibio no comprendiera bien el latín arcaico del texto ni la geografía que describía (García Moreno 1989: 292). SPAL 5 ( 1996) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1996.i5.06 LOS PÚNICOS DE IBERIA Y LA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA  123 Recientemente, García Moreno (1993: 211) ha cuestionado con argumentos razonables esta hipótesis, llegando a la conclusión de que Mastia debió situarse en las inmediaciones de Gibraltar (también Silgo 1992: 371). Admitir esto no conlleva más problemas que trasladar el límite de la prohibición hasta el Estrecho, y admitir el interés de los cartagineses en la salvaguarda de sus intereses económicos y comerciales en esta área. 3. La tercera cuestión es el tipo de relación entre Cartago y los territorios mencionados. ¿Quiénes eran esos aliados además de los tirios y los uticenses? ¿Podemos considerar a mastienos y tartesios entre ellos? En todo caso es incontrovertible el papel de Cartago como tutor de estos territorios al atribuirse la potestad de pactar con otros estados y poner límites geográficos al comercio. No obstante, no podemos precisar si esta autoridad traía consigo un dominio efectivo, con guarniciones y aparato administrativo cartaginés, o contrariamente los púnicos de Iberia gozaban de una amplia autonomía en calidad de aliados. Otro pasaje de las Historiai (II, 1, 5-9) se presta a analizar la relación de Cartago con los púnicos de Iberia, ya que especifica que Amilcar Barca "atravesó las Columnas de Hércules y recobró para los cartagineses el dominio de España" (Balasch 1981). Si Polibio habla de recuperación del dominio es porque lógicamente en el momento inmediato al desembarco cartaginés tal dominación no existía, pero había existido con anterioridad, deducción que ha originado toda una corriente de especulación sobre cómo y cuando perdió Cartago el control del territorio. En nuestra opinión, para conocer el contexto previo a la conquista bárquida es imprescindible revisar los últimos tratados firmados entre Roma y Cartago 10 , en los que no se introducen cambios que afecten a Iberia. ¿Cómo conciliar, pues, los conceptos coetáneos de "dominio" y "restablecimiento" en Polibio?. La aparente contradicción se podría solucionar si analizamos las campañas de Amílcar en Iberia: el general desembarca pacíficamente en Gadir según Diodoro (XXV, 10) y Apiano (lber. 5) y lucha contra tartesios, iberos y celtas, a los que sometió a la fuerza o mediante pactos (Polibio II, 1, 5-7; Diodoro XXV, 10). Las fuentes no hacen alusión alguna al sometimiento de mastienos, de Gadir o de otros pueblos y ciudades de la costa, porque con seguridad esta región seguía fiel a la órbita cartaginesa. El "restablecimiento del dominio" de Polibio no afectaría a los territorios costeros de honda raigambre semita, sino a las regiones y vías de comunicación de las que dependía especialmente el suministro de metales. La situación internacional había cambiado de tal forma que se hacía necesario un férreo control del territorio, para lo que hubo que recurrir a la conquista, a la fundación de ciudades y a la agilización de la diplomacia, en especial a la política matrimonial. V La historiografía grecolatina del siglo I a.C. ha proporcionado algunos datos de interés sobre los pobladores de Hispania, casi todos recogidos en la obra de Estrabón. El autor, que no visitó la Península, hizo acopio sin embargo de toda la documentación disponible en su época sobre Iberia. El Libro III de la Geographiká está dedicado a Iberia, a la que describe a través de un recorrido que comienza por las costas suratlánticas portuguesas y andaluzas. Aporta, entre otros, los siguientes datos: 1. Los habitantes del área del Estrecho se denominan bastetanos o bástulos. Carteia es un importante puerto bastetano (III, 1, 7). 10. III, 25, 1-4 y III, 27, 1-9. El tratado del 279 a.C. respeta el statu quo anterior y añade una cláusula coyuntural ante el peligro inminente de una guerra con Pirro de Epiro. Tampoco hay un cambio de la situación en el Extremo Occidente textualmente documentado tras las sucesivas pérdidas de Sicilia y Cerdeña. SPAL 5 (1996) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1996.i5.06 130  EDUARDO FERRER ALBELDA BALASCH, M. (1981): Polibio. Historias. Libros 1-IV. Madrid. CASARIEGO, J.E. (1949): Los grandes periplos de la Antigüedad. Madrid. CÁSSOLA, F. (1983): "Tendenze filopuniche e antipuniche in Roma" I CISFP I, 35-59. Roma. CASTILLO, A. DEL (1993): "El rey Terón y la situación de la península en época postartésica" RSF XXI suppl., 53-62. Roma. DÍAZ TEJERA, A. (1981): "Introducción" Polibio. Historias. Libros ¡-IV. Ed. Gredos. Madrid. 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