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La resolución discursiva de los conflictos sociotécnicos: hacia un modelo diferenciado de evaluación social de tecnologías

Sánchez Millán, Antonio

Abstract

No hay duda que actualmente vivimos en sociedades del riesgo .gracias a. la ciencia y la tecnología. De ahí la necesidad de ampliar la mirada, más allá de evaluaciones expertocráticas al uso que excluyen fines aceptables social y éticamente, diseñando procedimientos ético-políticos que hagan posible y viable el adecuado control social del proceso científico-técnico. El modelo propuesto despliega tres escenarios simultáneos, que van desde el tratamiento directo de un conflicto sociotécnico ya existente, a la prevención intitucionalizada a corto y medio plazo. Integra aportaciones compatibles provenientes de los estudios CTS y de la Teoría de la Racionalidad Comunicativa. Pretende apoyarse, así pues, sobre una base filosófica y ética fuerte, que se aprecia en su núcleo fundamental: la discusión pública que satisface las reglas universales de la argumentación.

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LA RESOLUCIÓN DISCU RSIVA DE LO S CONFLICTOS SOCIOTÉCNICOS: HACIA UN MODELO DIFERENC IADO DE EVALUACIÓN SOCIAL DE TECNOLOGÍAS1 ANTONIO SÁ NC H EZ MILLÁN I. E.S. ·A lm ería· (Vé l ez-Má laga) Re sum e n. No hay duda que actualmente v1v1mos en sociedades del riesgo · gra cias a· la ciencia y Ja tecnología. De ahí la necesidad de ampliar la mirada, más allá de evaluaci ones expertocráticas al uso que excluyen fines aceptables social y éticamente, diseñ ando p rocedimient os ético-políticos que hagan pos ible y viable el adecuado co ntrol social del proce so científico-técnico. El mode lo propuesto despliega tres escena ri os simultáneos, que van desde el tratamiento dir ecto de un con fli cto sociotéc ni co ya existente, a la pr evención intitucionalizada a corto y medio plazo. Int egra aportaciones compatibles p ro - venientes de los estudios CTS y de la Teoría de Ja Racionalidad Comunicativa. Pretende apoyarse, así pues, sobre una base fil osófica y ética fuerte, que se ap recia en su núcleo fu ndamental: la d isc u sión pública que satisface las regl as universales de la argumentación. Abstra c t. There is not doub t that n owadays we live in risk societies •t hanks to• science and technology. So tha t it is necessary to enlarge the Jook, beyond common evaluations experts, which exclu de socially and ethically acceptable aims, by de signing ethical-political procedures that make po ssible and viable the appropriate soc ial control of the scientific-technical process . The proposed model displays three simultaneous •Se ttings· that go from the dir ect treatment of an existing social-technical conflict, to the instirutionalised prevention at short an d medium te rm. It integrares compatible con tr ibutions coming both from the STS Studies and from th e Th eory of Comm unicative Ra tionality. It see ks to be su pported , therefore, on a strong ph ilosophical and ethical base , which is appreciated in its fundam enta l core: t he public discussi on sa ti sfying the universal rules of argumentation. 1 Una versión más reducida y esquemática fue present ada como comunicación en el XI Congreso de la Asociación Española de É ti ca y Filosofía Política, celebrado en A'l/umentos de Razón Wcnica, NO 4 (200 1) pp . 241-266 242 ANTONIO SÁNCHEZ MILLÁN LA SOCIEDAD ARRIESGADA Motivos de peligro abundan sobrema nera en nuestra sociedad (industrial) del riesgo, según la afortunada y descriptiva expresión de Ulrich Beck2• Desde los más graves como el riesgo nucl ear sabido y conse ntido, el riesgo de cambio climático inducido por la imprecin dible indust rialización de todos los sectores habidos y por haber, Jo s riesgos de una biosfera, y una humanidad, modificadas genéticamente, para lograr nuevas virtudes alimentarias o curas milagrosas, que abren el grifo de pingües y fáciles beneficios hacia el futuro . Hasta otros más cotidianos como Ja guerra de baja intensidad en la que intervenimos cada día, cua nd o cogemos el coche por la mañana, el rie sgo de pensar todos , y hablar de Jo mismo, aunque sea acerca del último concursante que ha dejado la casa de l •gran hermano., el riesgo de cambiar comodidad culinaria por c omida basura , bien nutrida de buenos aditivos industriales; y en fin, el riesgo de estar demasido bien localizado a través del móvil. Vivir peligrosamente añade adrenalina a la vida, pero inclu so el aficionado al •puenting•, se asegura de que las correas que rodean su cuerpo están atadas y bien atadas. Es cierto que más arriesgada y más peligrosa era antes Ja vida, antes de la moderniz ación, aunque no se caracterizaba por las dimensiones globales de sus consecuencias. Ni tampoco los peligros tenían su origen en nuestro propio modo de vida industrial moderno , que precisamente se justificó como un medio para liberarnos de las restricciones naturales. Y lo peor es que hemos aprendido a asumir esta vida peligrosa como un efecto secundario, como algo necesario y que ha y que meter en cuenta, si queremos llevar una vida llena de comodid ades y enganchada al progreso económico. In clusive recientemente, esta sociedad generadora de ri esgos , convierte a éstos en mot or de crecimiento económico, y de creación de puestos de trabajo, manejando este argumento como réplica a la conciencia de Ja crisis social y ecológica que ha empezado a aflorar. Málaga en el me s de diciembre de 2000. Tanto para el trabajo previo de investigación como para la versión actual del presente artículo he de agradecer muy especialmente la ayuda que he recibido, de distinta manera en cada caso , pero inestimable en cada uno de ellos, de Luis Sáez Ru e da , de Jesú s Sánchez Ca z orla y de José A. López Ce r ezo. 2 BECK , U., La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad , Barce lo na, Paidós, 1998; ed . original: 1986. LA RESOLUCIÓN DISCURSIVA DE LOS CONFLICTOS SOCIOTÉCNICOS: ... 243 Añadiremos que en esta lógica endogámica y estructural, que reparte democráticamente los riesgos a lo la rgo de todas las capas sociales y de toda la lista de países desarrollados , y que aún más y con más premeditación y alevosía l os reparte en la lista de los no desarrollados, la ciencia y la tecnología obti enen el papel de estrellas protagonistas. Los desastres vien en ahora, y vendrán más, del lado de la l+D. Esta es una perver sión no buscada, inscrita en aquel mito ilus trado del desarrollo social y moral a base de progreso científico-técnico. Pero la paradoja de la modernidad tecnificada continúa: porque sólo a partir de los avances científico-técnicos podemos detectar y medir la magnitud de los problemas que otras aplicaciones de la ciencia y la tecnología han ocasionado. De lo cual se sigue un círculo acumulativo en el que la ciencia y la tecnología son, al mismo tiempo, origen y solución (para mucho s la única solución) de la crisis medioambiental y de las otras crisis actuales que se ligan al predominio social del interés técnico-instrumental. Por aq uí hay que buscar una parte de la explicación, tanto de la defensa te cno fanática del progreso y la reverencia acrítica de la ciencia por parte de los beneficiarios directos o indirectos del sistema industrial, co mo del exager ado descontento popular y académico de la ciencia oficial y la s políticas sob re ciencia y tecnología. La otra parte de la explicación a esta situación pendular respecto a la consideración social de la modernización tecnológica, la hallamos en el desacoplamiento de las relaciones entre la ciencia, la tecnología y soc iedad (CTS). Esto significa que estarían continu ame nte operando como si fueran extraños, desconociendo así sus constan t es repercusiones mutuas. Y por lo tanto, una salida a la crisis de la sociedad del riesgo estaría en la comprensión de tales relaciones3. En esto nos jugamos mucho de nuestro futuro, y no só lo nos jugamos mucho respecto a la viabilidad existencial de nuestro modo de vida, sino tambien muchas de la posibilidades de superv ivencia de esta humanidad. La interdependencia entre ciencia y tecnología ha sido puesta de manifiesto po r las aportaciones de la recie nte Historia de la Ciencia y de la Técnica y los Estudios de la vida en el Laboratorio (.r ed de actores·). Las interaccion es entre la tecnociencia y la socie dad están sie nd o estudiadas por parte de Estudios Axiológlcos de la Ciencia, así como , Estudios (norteamericanos) de las consecuencias sociales de la tecnociencia (que ponen a las claras la necesidad su control soc ial), y Estud ios (europeos) sobre construcción soci al de la tecnociencia (que deshacen el determinismo tecnológico y el cientificismo y permiten legitimar la viabilidad de una evaluación social de la misma). Un buen modo de iniciarse en el conocimi en to de los Estudios CTS lo constiruye la obra de GONZÁLEZ GARCÍA, M. l. y otros, Ciencia, tecnología y sociedad, Madrid, Tecnos, 1996. 244 ANTONIO SÁNCHEZ MILLÁN La separación entre ciencia y tecnología no encuentra correspondencia con la ciencia clásica y meno s aún con la ciencia actual: las preguntas relevant es en ambos campos son muy similares y sirven, casi siempre, a objetivos industriales de explotación comercial4• Así que no es cierta la imagen platonizante del científico en su laboratorio, desinteresado y ajeno a las circunstancias en las que vive: las teorías y los resultados a los que se llega dependen también de los intereses de quienes proponen los problemas y los financian. Tampoco es cierto que la ciencia no sea responsable de las consecuencias derivadas de sus descubrimientos, ni de sus aplicaciones t ecno lógicas: no es posible separar teoría y praxis, hoy no podemos, como ya advirtió el propio Ei nstein. No es cierto que todas l as t ecno lo gías sean ·buenas· y que sus efectos buen os o malos sólo dependan del uso que se haga de ellas: la finalidad no puede quedar fuera del artefacto, pues esto conduciría de nuevo a la cínica disolución de toda responsabilidad. La alienación mutua entre la tecnociencia y la sociedad ha venido produciendo, por su parte, diversos efectos. El primero de ellos posee una trad ición con cierta so lera: la reduccción de la racionalidad humana a racionalidad científico-técnica. La tecnociencia se ha implantado en nuestras sociedades como único conocimiento váli do , fiable y autorizado, se ha convertido en el auténtico mito/religión de nuestro tiempo, de manera que permite legitimar toda afirmación que pretenda hacerse pasar por verdadera. A lo que se puede replicar que hay otras formas de conocimiento (e l arte, el conocimiento popular, la filosofía, la religión, etc.) que también proporcionan sabe r, otros saberes quizá impermeables al método científico; que las cuest iones científico-técnicas no agotan l os intereses, las ne cesidades, ni las preguntas humanas acerca del mundo en que vivimos; y que nunca, en tod o caso, deben quedar relegadas las cuestiones prácticas (mo rales, normativas). Es to es tan importante que aunque tengamos controlado lo que es, todavía quedaría por dec id ir lo que se debe hacer. Si como se observa con facilidad, la ciencia y la tecnología se han ido convirtiendo en realidades cada vez más circundantes y avasalladoras de nuestro mund o (no es difícil dar se cuenta de que el modo de vida actual está altamente tecnificado, y lo mismo sucede con el en torno natural). Y si, además, este proceso parece que sigue sus propias leyes WEBSTER, A., Sclence, Technology and Society. New Dírections, McMillan, Londres, 1991. LA R ESOLUC IÓN DISCURSIVA DE LOS CONFLICTOS SOC!OTÉCN ICOS: ... 245 inte rn as de desarrollo, al margen de nuestras decision es (determin ismo tecnológ i co ), no es de extrañar que se presente como un proceso imparable y difícilmente controlable, y que provoque la sensación so - cial de impotencia ante el saber expertocrático. Este es el seg undo efecto. A la socie dad só lo le queda , por tanto , adaptarse a las so luciones de la t ec n oc i e ncia ~. ¿Quién se atreverá a obstruir el pro gr eso huma no ? Es lo que se rec og ía en el lema, tan citado , con que se abría la Guía de la Ex po sición de Chicago (1933), que podría valer igualmente para las que ha habido posteriormente: · La cie ncia descubre, el genio inventa, la indu st ria aplica y el hombre se conforma •. La tercera implicación de este divorcio entre la ciencia y la tecnología, y en tre és tas y la sociedad, nos conduce a la imposibilid ad de lle - var a cabo una evaluación social de la tecnociencia. Se entiende que la evaluación de los proyectos científicos y tecnológicos constituye un campo exclusivo de los expertos. Esta situación ha s id o fruto de una larga historia de distanciami ento , a lguno s de cuyos principales instrumentos legitimador es pueden ser: el uso abusivo de lenguajes técnicos, la especialización y la parcelación excesiva del saber. Pero , muy al contrario, en la toma de decisiones so br e las líneas de investigación dignas de inversión y sobre las alternativas tecnológicas a ap li car, deber ía pr ocu rarse la intervención de aque llo s que van a resu ltar afec ta - dos, los que va n a sufrir sus consecuencia s. Fr ente a la habitual evaluación de ·impactos• (efectos de una tecnolog ía que ya se han produ - cido: es to equivaldría, como ha escr ito con ironía L angdo n Winner6, a •es perar qu e te ap laste una apisonadora , y luego, levantarte para medir sus efectos sob re ti•), tendrían que anti ciparse los riesgos posibles y aplicar se el •principio de precaución•. De igual modo, frente a la tendencia a evalu ar ri esgos principalmente ec onómicos (según el criterio de coste-beneficio) para favorecer a uno s pocos, lo suyo se ría que se persiguiesen intereses ético-sociales y ecológicos que fueran fruto del acuer do soc ial, y pudieran beneficiar a la sociedad en general7. Un an ál isis de los t óp i cos prin cip ales respecto a la co nsid eración de la tecnociencia y su r elación co n la soci edad se encuentra en SANMARTÍN, ]., Tecnología y futuro humano , Bar celona, Anthropos, 1990. 6 WINNER, L. , La ballena y el reac to r: Una búsqueda de los límites en la era de la alta tecnología, Barcelona, Gedisa, 1987, p. 26. 7 SAN MARTI N, J. y ORTÍ, A., ·Evaluación de te cn ologías., en SANMARTÍN y ot ros, Est udi os sobre socied ad y tecnologí a, Bar ce l ona, Anthropos, 1992. 246 ANTONIO SÁNCHEZ MILLÁN CONFLICTOS SOC!OTÉCNJCOS Con todo esto hemos pretendido ir de compras al ·s upermercado social., a la búsqueda de los ingredientes básicos de uno de los principales conflictos prácticos que aquejan al mundo actual: el conflicto sociotécnico (la producción de riesgos, el t ecnofanatismo, el tecnocatastrofismo, la desconfianza social, los expertos ... ). Por otra parte , si resulta indudable que actualmente vivimos en sociedades del riesgo •gracias a· la ciencia y a la tecnología, y que parece necesario ampliar la mirada más allá de evaluaciones expertocráticas al uso, puesto que excluyen fines sociales generalizabl es y aceptab les desde el punto de vista ético, se comprenderá que los conflictos socio técnicos no son, en abso luto, asunto ajeno a una ética y una política relevantes, que posean vocación de actualidad. Lo entenderemos mejor analizando en qué co nsiste tal tipo de conflictos de la praxis, a través de sucesivas profundizaciones. 1) Controversias CTS El conflicto sociotécnico se produce cuando aparece al gún motivo de discord ia o disensión entre partes , en nuestro caso, entre actores ligados a la tecnociencia y actores sociales o bien , entre los distintos actores promotores de un cambio técnico (discrepancias entre expertos)8. Enfoques más bien descriptivos se apuntan a esta definición, colocando a un determinado producto tecnocientífico en el centro de la polémica9. La controversia sería consecuencia de las distintas interpretaciones que los grupos sociales en disputa efectúan sobre el mismo. Este tipo de enfoque , sin emba r go, es opaco a las causas de tales interpretaciones. Como han puesto de manifiesto estudios más atentos a la etiología de los conflictos10, las distintas interpretaciones responderían a un 8 LÓPEZ CEREZO, J. A., y LUJÁN, ].L ., ·Ciencia y tecnología en contexto social: un viaje a través de la controversia· p. 207, en RODRIGUEZ ALCÁZAR, J. y otros (eds.), Ciencia, tecnología y sociedad: Contribuciones para 1ma cultura de la paz, Un i versidad de Granada (Instituto de la paz y los confictos), 1997 . 9 NELKIN , D ., Controversy: Politics o/ Tecbnical Decisions, Newbury Park, CA: Sage, 1992. 10 MARTIN , B. y RICHARDS, E., ·Scientific Knowl edge, Controversy and Public Decision Making•, en JASANOFF, S. y otros (eds.), Handbook o/ Science and Tecbnology Sludies, Sage, London, 1995. LA RESOLUClÓN DISCURSIVA DE LOS CONFUCTos SOCJOTÉCNlCOS: ... 247 comb in ado de diversos intereses y relaciones de poder, así como de diversas valoraciones y demandas. Interes es y valores, en suma, compartidos por grupos más o menos amplios, que tienden a servir se de un determinado descubrimiento o un determinado artefacto como medio para imponerse sobre otros grupos. 2) Visiones sociotécnicas No es excesivamente difícil lo calizar a cada uno de los grupos sociales relevantes que constituyen el ambiente selectivo de una tecnología en conflicto, según José Sanmartín: cada uno de sus miembros confieren el mismo significado a un artefacto tecnológico11• Es decir, que distintos intereses y preferencias, y las rela ciones motivadas por ellos hacen que un producto tecnocientífico sea interpretado-definido de modo diverso, y por tanto, en las diversas definiciones está reflejado el conflicto de intereses subyacente. Lo que nos lleva a concluir que, en realidad, son distintos artefactos los que entran en discusión. Un •artefacto• no es sólo una máquina. Cada definición (es decir, cada ar tefacto resultado de una diferente interpretación social) es una proyección etico-política dirigida al futu - ro, que en el caso de los conflictos sociotécnicos puede in cl uir, pongamos por caso: hacia dónde investigar, qué aplicaciones tecnologías perseguir, y en definitiva, qué desarrollos tecnocientíficos habrían de triunfar12. Ahora se entiende la típica ambigüedad, presente en los estudios de controversias: un determin ado artefacto es, a la vez, objeto e instrumento de la misma controversia, porque lo que se expone en el cuadrilátero de la disputa son las distintas visiones sociotécnicas, que proponen diseños diferentes de cómo deberían realizarse ciertas tareas y redefinirse las consiguientes re lacion es sociales implicadas. 11 SANMART IN , J. y ORTÍ, A., op. cit., p. 61. 12 Esta de scripción se basa en los estudios de casos del ·constructivi smo socia l· ; r eco rdemos el caso paradi gmá ti co del desarrollo de la bicicleta y cómo se def¡nía (se construía social mente) el valor como artefacto del ·neu mático· ( PI NCH , T. y BljKER, W.E ., ·The social Construction of Facts and Artefacts: Or H ow t he Sociolgy of Science and the Sociology of Technology Migth Benefit Each Other-, Social Studies of Science,14, 1984, 399-441). 248 ANTONIO SÁNCHEZ MILLÁN 3) Pretensiones de validez La anterior conclusión puede ser aclara da mejor adaptando a nuestro contexto la noción apeliano-habermasiana de pretensión de validez, connatural al uso comunicativo del le nguaje 13. Así pues, cada grupo social relevante (en cuanto participante en un proceso de entendimiento) operaría sob re un consenso de fondo que descansaría en el reconocimiento intersubjetiva de al menos cuatro pretensiones básicas y universales de validez: que cada uno de los participantes se está expresando con sentido (inteligibilidad), que está dando a entender algo (verdad), que está dándose a entender (veracidad), y que se ent iende con los demás (corrección normativa). El conflicto comienza tan pronto como uno de los grupos pone en cuestión, tácita o explicitamente, alguna pretensión de validez ofertada o exigida por al gún otro grupo: esto se apreciaría en la diferente visión-definición del artefacto o constructo socio técnico. En ese preciso momento , se rompe aquel consenso de fondo y se desencadena un proceso discursivo (la controversia). Cada pretensión de validez sería una respuesta a cómo deberían ser las cosas según los valores e intereses de cada gru po social relevante (en el fondo, se propone prolongar una forma de vida dada o bien realizar otra mejor en el futuro 14 ). El con - flicto comienza, por tanto, tan pronto como uno de lo s grupos dis crepa en esos intereses o valores, lo cual le lleva a cuestionar la definición del artefacto que hace el otro y a exigir el reconocimiento de la propia. Pero la cuestión es que (y es donde queríamos ir a par ar con el objeto de poder introducir un necesario procedimi ento de resolución de conflictos), movilizar una pr etensión de va lid ez implica exigir reconocimiento intersubjetiva, significa la promesa de alcanzar un canse n13 En cada acto de hab la se inscribe un componente prop osicional (decimos algo sohre un estado de cosas) y un componente ilocucionario (hacemos algo al decir algo). Con esto últ imo , se d esencadena el aspecto reflexi vo e int ersubjetiva (dirigido al entendimiento) de los len gua j es naturales: se indica el sentido en que ha de e nt e nderse el componente proposicional (afirmo que ... , ordeno que ... , d eseo que . .. , etc.). Es decir se establece una relación interpersonal y a la vez una oferta que tomar en consideración intersuhjetivamente (ver HABERMAS, -¿Qué significa pragmática universal· en Teoria de la acción comunicativa: complementos y estudios previos, Madrid, Cátedra, 1989). 14 HABERMAS , ]., ·L ecc ion es sobre una fundamentación de la socio logía en t érminos de teoría del lenguaje·, en Teoria de la acción comunicativa: complementos y estudios previos, Madrid, Cátedra, 1989, p. 111. LA RESO LUC I ÓN DISCURSIVA DE LOS CONFLICTOS SOC!OTÉCNICOS: ... 249 so racional sob re lo di cho. Propone el potencial asentimiento de •to dos • los interlocutores presentes, así como de todo otro posible interlocutor. Es to está inscrito en el propio u so comunicativo del lenguaje, y es además lo que le otorga vali dez a cada preten s ión, su fuerza argumentativa: es a peculiar •Coacci ón sin coacciones• propia del mejor argumen to 15 • El contenido de la s decisiones acordadas, por supues to, está s iempre abierto, depende los propios interlocutores participantes y, perfec - tamente, tales decisiones pueden ll egar a mostrarse e qui vocadas. Pe ro la validez de las mismas só lo podrá mostrarse en función de la forma adecuada en que se han logrado. Existe una ·forma• mínima en que se ha de desarrollar el discurso, deducible del propio uso del lenguaje con Ja intención de entendernos. Esta forma ideal, esta ·situación ideal de habla·, es el único modo de distinguir un verdadero consenso de un pseud oconsenso o de un consenso manipulad o, y ade más serviría de instancia critica respecto al grado en que tal consenso se ha alcanzado. Si resumimos lo que hemos visl umbrado hasta este momento, podemos d ec ir q ue los distintos valores e intereses sustentados por diversos actores dan lugar a diversas definic iones de un a tecnología, que expresan distintas pr etensiones de va lidez . Desde el momento en que alguna de tales preten sio ne s es pu es ta en cuestión, se desencadena el proceso discursivo. Dentro del ámbito de problemas pr ácticos q ue no s interesan, el consenso tácito se viola y se pasa al discurso argumentativo, desde el m om ent o en que a parecen innovaciones político-tecnológicas que pretenden imponerse, que se pres en tan con la suficiente fuerza como para oscurecer las alternativas sociotécnicas existentes16. Generado tal proceso, él mismo debería llevar, mediante su propia l óg ica, al r econocimiento-aclaración de l as pretensiones de valid ez de cada g rup o social relevante. Esto es necesario para la comprensión del otro, para la comprensión de la definición que le s irve a cada uno para describir el artefacto o la situación sociotécnica di sp utada. Y también a la vez , se is Dice Habermas (op. cit, p. 302) que ·desempeño (de una pretensión de validez) sig nifica que el propo n ente , se a apelando a expe riencias o intuiciones, sea m edian te argumentos, sea si endo co nsecuente en su acció n, puede mostrar que lo que dice es digno de r eco nocerse, y dar lugar a un reconocimiento suprasubjetivo de la validez de lo que dice .. 16 Esta id ea está inspirada en el concepto de •Con trato social implícito•, elaborado por Barrington Moore para entende r el nacimiento de la conciencia de clase en los l eva n tamientos revoluci o nari os en Alemania duran te los do s últi mos siglos (ve r HO NNETH, A., La lucha por el reconocimiento, Barcelona, Crí ti ca , 1997, pp . 201-2). 256 AN TONIO SÁN CHEZ MILLÁN Este ·libre ir y venir libre· solamente se da bajo la forma de una situación id eal de habla, co mo decíamos. Lo que se anticipa, entonce s, son las condiciones contrafácticas de u na comunicación no perturbada y de una forma emancipada de vida 36 en dond e se produciría la co nsecución perfe cta de una simetría completa en la discusión (Habermas) , es decir, iguales posibilidades de intervenir, rep licar y criticar cualquier otra intervención (discusión irrestricta); iguales posibilidades de intr oducir plant eamien t os de t oda ín dole , afirm aciones, deseos , s entimi entos, s in repr esiones ni humillaciones: par a proponer lo que debe permitir se y prohibirse, para estar a favor y p ara oponerse, para prom eter y ex igir prom esas, para justificar y p edir justifi cacio ne s, sin privilegios qu e só lo obliguen unilateralmente (disc usión libre de dom inio). Pero además, tal situación ideal implica, segú n Ap el3 7, una reciprocidad generalizada entre tod os lo s interlocutores, es decir, el re co n oc imiento univer sal co mo interlocutores válidos (ig ua le s derechos y capacidad de ha cerse cargo de la situación: como persona s); el reconocimiento univer sa l de la corresponsabilidad de l as acci on es humanas: que estén considerados todos l os virtuales af ec ta d os por la discusión y que las consec uencias de las decisiones puedan ser aceptables para todo virtual participante. Éstos presupuestos pertene ce rían a un principio, sin cuya sat isfacción no se ría posible, por consigu iente , la reso lución de pretensiones de validez. De este principio más básic o, el principio del discurso (o principio argumen tativo), propio de la acción orientada al entendimiento , dependería la validez de cualqui er emisión pú b li ca: ·La pretensión de un acto de hab la (tanto de contenido nor - mativo como de con tenido teórico) posee validez cuan do sea s usceptible de ac ept ación por parte de todos los participantes en un discurso racional (en el que se dan las condic ion es con trafácticas de simetría universal o reciprocidad generalizada)•. de la que también pa rte nuestro modelo de control social de la ciencia y la tecnol og ía, que más adelante abordaremos. Es decir, se da por s upues to que en cada m ome nto se pu ede pasar li breme nte , media nte a prend izaje social disc ur sivo, e ntr e los niveles de discurso y ent re los ti pos de discurso (HABERMAS, J., Teoria de la acción co muni ca tiva : complementos y estudios previos, Madrid, Cátedra, 1994, pp . 146-50). 36 HAB ERMAS, J ., op. cit., pp. 106 y SS .; pp . 152 y SS. 37 AP EL , K0., La transfonnación de lafilosofla, vo l. II, Madrid, Taurus, 1985, pp. 403-4; y Teoría de la verdad y é ti ca del discurso, B arce l ona, Paid ós, 1991, p. 158 . LA RESOLUC IÓN DIS CURS I VA DE LO S CONFLICTOS SOCIOT ÉCNTC OS: ... 257 3) Condiciones fá cticas La correspondi e nte realización hi stó rica y real de los ante riore s presupuestos id ea les, requiere responsabilidad respecto a las consecue ncias derivadas de su aplicación. Toda una batería de razones obligan a exigir también reglas fácticas que actúen como imperativos para la a cción, que asuman la inherente responsabilidad respecto a las consecuencias originadas en la aplicación de lo ideal a la vida humana. Y a unque no es posible satisfacer plenamente el anterior principio, este nuevo mínimo normativo de carácter transitorio sí que debe marcar la ·búsqueda · a largo pl azo del mismo, es decir , ha de ser coherente con él. Apel llama a este mínimo fá ctico principio de complementació~. Él tiene su propias razones ( qu e en parte ya han sido apuntadas): no se pue de part ir de un punt o de vista abstracto ajeno a la h is toria, ni tampoco es posible volver a un punto cero de la mi sma, obviando las formas de vida que se han ido generan do (esto causaría un e xce sivo sufrimi ento); no es exigible, cien por cien, el cumplimiento del principio ideal pue sto que, de hech o, las condicion es de su aplicación aún no se han realizado históricamente'9• Por to do lo cual, no hay más remedi o que buscar (a largo p lazo) la mediación entr e lo ideal normativo y la realidad actual, entre racionalidad discursiva y racionalidad estratégica, que permita la realización ap r ox imativa de la com unidad ideal en la real, sin perder de vista las co ndiciones fácticas de vida y de supervivencia de la comunidad real. Algunos principios fácticos apegados a la praxis particular del ámbito CTS, apt os para su aplicaci ón inmediata, podrían asemejarse al que José A. López Cerezo y Karl Mitcham 40 han propuesto en este mismo se ntido. El diseño de tecnologías debe r ía conte ner, en su opinión, algún tipo 38 Que debería va le r t anto pa ra discursos teóricos como prácticos. Quizá sea menos obvio en el primer caso: la necesidad de t omar en consideración las consecuencias prácticas (so ciales, éticas y ecológicas) de tod o sistema de conoci miento en la era de la alta ciencia y tecnol ogía. (Para salir al pas o de una posible objeción: como la verda d es una cuestión siempre abierta, nos va much o en considerar las consecuencia s aceptables o in ace ptables de nuestra s t eo rías, so bre todo p orque de n os ot ros no depe nd e cómo es la naturaleza, pero sí qué lín eas de i nve stig ación , por eje mplo , favorec emos y financiam os ). 39 AP EL, K.O., Teoría de la verdad y ética del discurso, Bar ce lon a, Pa idos , 1991, pp. 167-8 y 179; ve r también APEL, K .O ., ·¿Límites de la ética di sc urs iva? ., en CORTINA, A., Razón comunicativa y responsabilidad solidaria, Salamanca, Sí gueme, 1988. 40 LÓPEZ CEREZO, J.A. y MlTCHAM, C., ·The social Assesment of Technology Paradox ·, Researcb in Pbilosopby and Tecbnology, 15 , 0995) , 53-7 1. 258 ANTONIO SÁNCHEZ MILLÁN de principio regulativo ex ante que fa ci lite y haga posible y viable la puesta en marcha de evaluaciones sociales ex post facto: · Las nuevas tecnologías o nuevos desarrollos de tecnologías ya utilizadas deberían ser diseñadas (si se quiere que se siga de su adopción una evaluación social apropiada) de modo que se evite la generación de incertidumbres y de transformaciones irreversibles en l os modos sociales de vida •. Igualmente, Otto Ullrich ha señalado 41 la necesidad de estab lecer con claridad una separación entre tecnologías asumibles y no asumibles (universalizables o no según sus c onsecuencias proyectadas hacia el futuro): · El criterio mm1mo para lo •no asumible " es: una tecnología cuyos efectos pueden se r destructivos para la vida durante generaciones, que en arriesgada apuesta pone en juego la suerte de futuros seres vivos a causa de algunas ganancias en confort y beneficios económicos para los h abitantes actua l es de los países industrializados, no es asumible por nadie ·. Queda como tarea dar con otros principios regulativos de este tipo aplicados a la problemática CTS que, a la vez , s ean cohere nt es con el principio de l disc ur so y estén consensuados socialmente. Como esta no es labor de uno solo nos contentaremos con ofrecer, por ahora, siguiendo a Apel42, principios de aplicación más formales, más asépticos respe cto a las decisiones que puedan tomar en el discurso real todos los afectados. Los ·principios del obrar a largo plazo • necesarios para hacer posible una salida a la tensión histórica entre facticidad y validez nos lleva a exigir algunas reglas morales (formales), incluidas en el principio de complementación, d el siguiente ca ri z: (a) Deber de perseguir consensos, de poner los medi os (inclusive estratégicos) que co nduzcan a realizar históricamente la comunidad ideal en la real y así 41 ULLRI CH, O., ·Razon es para un a nueva com prensi ón de la técnica: Tesis para una r eo rientación en la polít ic a s ind ical•, en RIECHMANN, J. y FERNÁNDEZ BUEY (coords .), Trabajar sin destruir. Trabajadores, sindicatos y ecología, Madrid, HOA C, 1998, p. 267 . 42 APEL , K.O., ·El a pri o ri de la comunidad de comunic ación y los fundamentos de la ética·, en Apel, K.O., La transfonnación de /afilosojia, vo l. ll , Tau rus, Madrid, 1985; APEL , K.O., 1991, op. cit. LA RESOLUC IÓ N DTS CURS IVA DE LOS CO N FLICTOS SOCJOTÉCNICOS: ... 259 reducir en lo posible su diferencia; (b) Deber de asegurar la supervivencia de la comunidad real existente y/o futura ( tambi én usando medios es tratégicos si hace falta, s iempre que tal estrategia de s upervivencia del género humano es té or i entada a la emancipación humana a largo plaz o~ 3 ) . De ahí que respecto a los conflictos en que se ha roto, como dijimos, el consenso de base, es un deber consustancial a la racionalidad humana el restablecerlo. Tal es su urgencia , que ha llevado a contentarnos históricamente con la fo rm a del derecho legal como modo de solucionar las diversas prob l emá ticas que han ido surgiendo, y a nosotros a tener qu e plantear un modelo procesual de control social de la ciencia y la tecnología, desplegado en niveles . Es razonable que la primera fase consista en la búsqueda de consenso moral puesto que se trata, en primer lugar, de restaurar lo más perfectamen te posible la pre caria armonía previa entre facticidad y validez, pero la realidad práctica nos obliga a ser más humildes, aunque no por ello, menos exigentes. Por eso, inicialmente vale el principio del disc ur so, el principio de Ja idealidad con sus regl as argumentativas , pero después se hace n ec esario pasar al principio de aplicación, que permita mediar ser y de ber ser. EVALUACIÓN SOCIAL DE TECNOLOG!AS El pro ce dimiento dirigi do al control social de la tecnociencia que vamos a introducir en sus líneas más básicas está inspirado, como ya se ha po dido apreciar, en la Teoría de la Acción Comunicativa. Pretende, así, estar apoyado sobre una base filosofica y ética fuerte, que se aprecia en el núcleo fundamental a los tres escenarios de q ue consta el mo delo : la discusión pública que cumple las reglas universa/es de la ar g umenta ción, tal como ha n sido explicitadas y fundamentadas filosóficamente por Apel y Habermas (que se resumen, como hem os visto, en la exigencia de cumplimiento de unas mínimas cond icio nes de simetría completa en la discusión y de reciprocidad generalizada entre todos los interlocutores). Por lo tanto, se busca la resolución de los 43 Por tanto, sobrevivir, pe ro no de c ualquier manera ni a cualquier precio (co ntra Hans Jonas): APEL , K-0., ·The pro blem of a ma croethic of r espo n sab ility to the future in the crisis of technological civilization: an atemp t to come to ce rms with Hans Jo na s's ·Principie of responsability•, Man and world, 20, (1987), 3-40. 260 ANTONIO SÁNCHEZ MILLÁN conflictos vía discusión, como se defiende hoy en tantos contextos, pero de modo que quedemos racionalmente satisfechos, no tanto (y no sólo) con el resultado obtenido , sino tamb i én de forma muy especial con la .forma correct a• en que se ha logrado el mi s mo. Dicho núcleo central del modelo (que presentaremo s desarrollado sólo para el primer escenario) contiene sus propios niveles lógicos intern os44: 1) Dad o un determinado conflicto, habría primero que per seguir por parte de lo s afectados ·lo que sería justo hacer •, mediante discusión MORAL ideal sobre qué deb e hacerse, busca ndo siempre un consenso legítimo, siguiendo el principio de uni ve rsalización 4' : •toda norma válida tiene que cumplir la condición de que las consecuencias y efectos secundarios que resulten previsiblemente de su s eg uimiento universal para la satisfación de l os intereses de cada individ uo particular pued an ser a ce ptadas s in coacción al guna por todos los afectado s•. 2) Si no es posible tal consen so, se pa sa ría a otro nivel de di sc usión4 6, de carácter ETICO-SOC IAL , teniendo como horizonte ·lo que se ría bueno hacer según nuestro modo de vida•. Este se ría el único ni ve l posible para seguir ente ndi éndose, cuando emer gen discrepancias sobre los fin es de la política científicotécnica, dado qu e no serían coherentes c on los intereses y valores de nuestra com unidad actual. Aquí habría que buscar tambi én consensos legítimos, aunque sólo sat isfagan un principio de generalización co herencia!. 3) Si no es sufici en te la disc usión anterior para encauzar el co nflicto (cosa nada extraña, da da la complejidad de nuestras sociedad es actuale s, que hac e que , con frecuencia, los excesivos 44 Ver HABERM AS , J. , Facticidad y validez: sobr e el derecho y el Es tad o democrático de derecho en términos de teoria del discurso, Madird, Trotta, 1998, cap . IV . 45 HABERMAS, J. , Aclaracion es a la ética del di sc urso, Mad rid, Trotta, 2000 , p. 36. 46 No p oder se guir en un det ermin ad o nivel de di scu rso prác ti co, no sig nif ica únic am ente que hemos de con tentarnos con un grado inferior de univesalidad de nuestras pr et ens ione s, sino tamb ién q ue · podría haber diferent es resp uestas vá lidas según fuesen en cad a caso el co nte x to , el h orizo nt e de tradiciones y el idea l de vi da· (HABERMAS, J. , op cit., p. 172). C on lo que se des cubrir ía la naturaleza más bie n ético-social, o en su c aso suje ta tan só lo a comp r omisos, del problema que requería sol uci ón. LA RESOLUCIÓN DISCURSIVA DE LOS CON F LICTOS SOCIOTÉCNICOS: ... 261 condicionamientos de la situ ació n impidan el asentimie nt o de todo s J os implicados), tan só lo queda perseguir co mpro miso s negociados, para lograr · lo que se r ía mejor hacer dad as tales o cuales circunstanc ia s•. Nos situa ríam os así en un plano discursivo SOC IO-P OLITICO. Ahora bien, habrí an de ser negociaciones fair, que cump li eran mínimamente, o al menos indirectamente, l as reglas del discurso, de modo que haya equilibrio de intereses, debiendo pa rticipar todos l os af ectados relevantes 47 . A con tinu ac i ón ex ponemos , brevemente y en líneas generales, los tres escenarios o frentes diferenciados de trabajo ético-político, que cons id eramos im pr escindibles para hac er razonablemente posib le el con trol social, democ rático y global del proceso científico-t écnico 48 • 1) En este PRIMER ESCENARIO se parte de un problema pmgm ático: un conflicto CTS ya existe nt e. Es decir, en el caso de que efectivamente ya ha ya controve rsias o conflictos so bre el diseño de una determin ada tecnología, o sobre las primeras consecuencias de una tec nología in ci pien te, habría que promocionar , institucionalmente si es preciso , la discusión pública de l os agentes afectados, sig uiendo como se ha dicho, las reglas del discurso. 1.1. Resolución discusiva ad ecua da, según las reglas del dis - curso. Así, po d rían lograrse satisfactoriamente objetivos como l os q ue suelen plantearse desde las más provec ho - sas or ientaciones sobre evaluación de tecnologías: h ac er 47 Hay que recor dar que hoy día , y en el mejor de los casos, suele aspirarse tan sólo a este último nivel. 48 La conducción social intencionada del progreso científico-técnico no es inocua para la propia sociedad (s us leyes y su política), sino que se presenta como uno sus principales mov imi entos au toformadores. Es propio de la capacidad soc iotécnica humana el transformarse a la vez que transforma el entorno en el que viven los se r es humanos (el transformar el entorno para adap ta rlo mejor a sus intereses y necesidades, pero al mismo tiem po, adaptándose el mo do de vida de l os seres hum an os al e ntorno tecnocultural que se ha ido creando) . Lo qu e s imp lemente q ui ere decir, en relación co n el modelo propuesto , que el desarrollo del mi s mo estaría intrínsecamente unido a la evo l ución de l as es tructuras socio-p olíticas de nues t ras comunidades . Las actua l es es tructuras ha cen intratable el fenómeno de la tecnociencia e imparabl es sus efectos patológicos directos e i nd irectos. Ahí resi de el carácter abstracto del m ode lo, que aun qu e intenta recoge r una vari edad de enfoques y de siruaciones, en cuanto mode lo de acción no deja de ser unilateral y es tá neces i tado de di scusión y co nfrontación. 262 ANTONIO SÁNC HE Z M!LLÁN que queden patentes las o pci on es y compromisos social es implicados así como las diversas alternativas qu e se ofr ece n49; propici ar el ap r endizaje social reflexivo y la experimenta c ión social5 °; impu l sa r el rob us t ecimien to de prospectivas de tecnologías futur as que se muestr en más consolidadas en la red teór ic o-práctica de los actor es 51. Si no es posible llegar a un consenso ... 1.2. La discusión se torna un problema ético relevante: en don - de se debate so bre el rumbo qu e debería tomar la l+ D, según Jos objetivos pr ioritarios de nuestra comunidad, de los que deber íamos ha ce rn os conscientes mediante aprendizaje social a lo largo de la discusión en este nive l. La s posibles conclusio ne s ser ían siempre prov isionales y podrían tener como criterio-guía su coherencia o deducibilid ad de l pr incipio del discurso 52 • Por tanto, es imprescindible que se decida discursiv am ente cuále s se rían l os fines y objet ivos soci ales se van a perseguir en cada situ ac ión sociotécnica, en función de los que el Gobie rn o, p or ej em - plo, promocionaría reglas de juego lo más adecuadas y lo más democráticas posible. Tal debat e sobre el rumbo de la l+D, siempre sería re no - vab le y actualizable, p ero permi tiría explicitar ciertos obj etivos e intereses socia les mínimos , que sean gene - ralizables. Esto sólo puede lograrse si no se olvida, entre 49 BURNS, T. y UEBERHORST, R. , Crealive Democ racy: Sistematic Confl i ct Resolution and Policymacking in a World o/ Higb Science and Tecbn ology, Praeger, Nu eva York, 1988; TOGT , 0., op. cil; VAN LE NTE, H. (1997): ·Tecnología y utopía: la dinámica de las expectativas., Arbor, 619, 1997, 239-59. 50 HERBOLO, R. (1995): · Techno l ogies as Social Expe riments. The Constru ction and Implemetati on of a Hi gh-Tech Waste Disposal Site•, pp . 185-198; J ELSMA, J. ·Learning Abou t Learn i ng in the Development of Bi otechnolgy •, pp. 141-166; WYNNE, B., ·Techno l ogy Assesment and Reflexive Social L ea rning: Observa tion s fron the Risk Field·, pp. 19-36; REMMEN, A., ·Pollution Prevention, Cl eaner T ec nol ogy and ln dustry•, pp. 1 99 - 224, en RlP, A. , Ml SA, T. y SCHOT, J. (eds.), Managing Tec bonology in Society: Tbe Approacb of Constructive Tecbno/ogy Assesment, Frances Pinter, L ond res, 1995; 51 LÓPEZ CEREZO, j.A . y LUJÁN , J. L. , ·Ciencia y tecnología en co ntexto social: un viaje a través de la co ntroversia•, en RODRÍGUEZ ALCÁZAR, J., MEDINA DOMÉNECH, R. M. y SÁNCHEZ CAZ ORLA , J. A. (eds.), op. ci t. pp . 203-222; ·Epílogo· en RIP, MlSA, SCHOT, op. cit. 52 Como ejemplo: el principio p ropuesto Cerezo-Mitcham, ver LÓPEZ CEREZO, J.A. y MITCHAM, C ., op. cit .. LA RESOLUCIÓN DISCURSIVA DE LOS CONFLICTOS SOCIOTÉCNICOS: ... 263 otras cosas: la indeterminación inherente al desarrollo cie ntífico-técnico y no se hace descan sar el peso de la prueba sobre la decisión social53; la percepción pública actual de la ciencia y la tecnología en todos sus matices, así como sus limitaciones (falta de info rm ación, fenómenos reactivos, etc.) 54 ; el papel de la dinámica de las expectativas sociales en el desarrollo científico -técnico 55 . Pero si no hay consenso (e n el sentido de la teoría de la acción com unicativa), como sue le ser frecuente dada la complejidad de nuestras sociedades actuales , entonces ... 1.3. No cabe más que la negociación, que sigue más bien la lógica de los compromisos, en los que sólo se persigue un equilibrio entre intereses contrapuestos. Ahora bien, estos compromisos o convenios han de cumplir, aunque sea indirecta mente , las reglas mínimas procedimentales del discurso. Cabría decir también que deberían ser compa tibles con lo s DDHH, y que deberían pa rticipar todos l os afectados relevantes, lo cua l añade el aspecto innegable de globalidad qu e las r elaciones CTS poseen , en función de sus con sec uencias. Por tanto, esta fase se convierte en una negociación global CTS. 1. 4. El siguiente paso lógico sería la aplicación posterior al caso objeto de controversia, que originó todo el problema, y que ha provocado el proceso discur sivo. La decisión final sobre el problema tendr ía que ser coher en te con los códigos básicos vige nt es, y poseería un carácter ejecutivo para que fuese eficaz. Si no es el caso de t al coherencia legal, .... 1.5. Sería necesario el tratamient o parlamentario para iniciar la pertinente modificación legislativa, de modo que se hiciera perdurable Ja anterior decisión válida moralmente. 53 WYNNE, B., ·Uncer t an i ly and En vironmental Learning·, Gl obal Envlmnmental Cbange, Jun io (1992), 111-27. 54 MORENO, L., ·La op i nión públi ca y los avances en genética ., en HORRILLO, D. (ed.) , Genes en el Estrado, Madrid , CSIC, 1 996 , 11-38 ; MORENO MUÑOZ, M. , ·Elementos para la reso lu ció n de controvers ia s en el d eba te sobre biot ecno l ogía y sociedad ., en RODRÍGUEZ ALCÁZAR,]., MEDINA DOMÉNECH, R. M. y SÁNCHEZ CAZORLA, J. A. (eds .), op. cit., pp. 289-314. 55 VAN LENTE, H., op. cit. 264 ANTONIO SÁNCHEZ MILLÁ N 2) Mientras tanto, en un SEGUNDO ESCENARIO, el Es tado de Derecho, y su parte ejecutiva, el Gobierno, tend ría que de sarrollar una función reguladora. Para que la discusión pública sea un mecani s mo gene r aliza do , s ería necesaria Ja acción institucional centralizada, co n el objeto de regular democráti - c amente la preven ción y eva luación soc ial ex ante de modo permanent e, del proceso científico-técnico, establecien do las · regl as d el juego • mínimas y promoviendo el tr ata miento discursivo institucionalizado de los conflictos CTS. De lo que se trata, ahora, es de que la preven c ión y el tratamiento socia l del de sarrollo t ec nocientífico sea n moneda corriente en nuestras sociedades. Por tanto, sería posible pro c urar (des de el Gobierno , por ejemplo), la libre dis put a de las alternativas, pero tam - bién c uando men os , el establecimiento de red es y regl as del juego (sociales, de mer cado etc.) 56 , la sa tisfacción de la jer a rquía adecuada de la raci ona lidad s egún cada con texto de deci - sión, y la inclusión y la po sibilid ad de articulación ind epe ndient e y en igualdad de co ndiciones de intervenc ión de • grupos de prot est a• o grupos alternativos imp li cados en una det e rminad a pro blemática sociotécnica 57 • 3) TERCER ESCENARIO: Tam p oco es posible la resolución discursiva de este tip o de co nflicto s sin una institucio - nali z ación demo crática aplicada a CTS. Po der realizar este mod elo u ot ros similares requie re una buena dosis de innovación de las es tructuras polí ticas y económicas existentes. Y se requiere, entre otras cosas, una mayor profundización democrática. El proceso de desarrollo científico-técni co se ría un bu en campo de pru ebas, dado la cantidad de dinero y esfuerzo, y de expec ta ti vas, que nuestras soc ied ades d ep ositan en él. Es decir, ha ce fa lta desarrollar · lugar es • de discusi ón apropiados: nu evas est ru c tura s políticas y eco nómic as, y d em ocráticas ge ne ra le s ( demo cracia part ici pativa ) y es pecífi cas (circuitos discursivos que t oma n co mo t ema la r eso lución de conflictos CTS 58, 56 SC H OT , J.W ., ·Constructive Din am ics: Th e Case of Clean T ec hno logies·. Scienc e, Technology Ass es me nt an Techno logy Technology & Human Values, 17/1, 1992, 36-56. 57 Ver SÁN CHEZ MILLÁN , A ., ·Ciencia, tecnología y racionalidad., en RODRIGUEZ ALCÁZ AR , J. y otros (eds .), Ciencia, tecnología y soc iedad : Con trib uci ones pa ra una cultura de la pa z, Universi dad de Granada (Insti tu to de la paz y los co nflictos), 1997. 58 Algun os ejemplos pe rf ecc ionabl es ya existentes de es te tip o de circuitos serían : los tribunales tecn oló gicos, las •science-shops·, los co ng re sos de co n se nso, el disc ur so LA RESOLUCTÓN DISCURSIVA DE LOS CONFLICTOS SOCIOTÉCNICOS: ... 265 y trasciendan los territorios y co mp etencias nacionales, recogie ndo así el inn eg able carácter global que introduce la t ec nocie ncia actual). Para terminar, me gustaría adelantarme a al gunas posibles objeciones rel at ivas a los proc ed imientos an teriores. Quizá pueda sorp r ender a muchos esta búsqueda permanente de con senso, que no está precisamente de moda. En este sentido, hay que decir ya, qu e el mode lo está a favor del cambio y la renovación sociotécnica y del dinamismo social, pero que es pr eciso que éste sea adecuado y viable socialmente. T ampoco sería muy halagüeña la búsqueda de otras alternativas dis - tintas a la persecución de consenso: ni lo sería la ruptura del hilo comunicativo (con lo que supone de desprec io a buenas oport unidades de en tendimie nt o y a solucion es posibles de problemas), que ademá s, en el mejor de l os casos, de jaría qu e todo siguiera como está; ni tampoco sería bueno pasar a la acción est rat égica, de modo que en el · sá lvese quien pueda · socialdaiwini an o dine ro y p oder campen a sus a nchas. Quizá también otr os pi ense n, desde el polo de la posmodernidad, que no hay necesidad (porqu e se r ía además peligroso) de regime ntar la vida. Y sin embargo, en numerosas ocas iones h oy se echa en falta la ex igencia de un mínimo normativo inalienable e ideal. Esto ocurre siempre que exist en con flictos que reclaman supe rarse. La mayoría de las facetas de la vida ni necesitan, ni deberían necesitar, ningún tipo de organización normativa. Tan sólo se requiere ese mínimo norm ativo c uand o ya se dan conflictos con cierta per sistencia. No se debe olvidar, además, que los conflictos CTS son conflictos sociales y atañ en a var ias partes: y, en cua nto esto ocurre, no reconocemos otra vía, aceptable por sus consecuencias, qu e la del diálogo. Si añadimos a esto que los conflictos sociotécnicos poseen una dimensión general (más o meno s global) y afectan a muchos, es obvio que todos deben poder interven ir en igualdad de co ndiciones y de derechos. Pero est á claro tam - bién que es to precisa, no de una ga rantía máxima coercit iva , pero sí de un a garantía mínima posibilitante, que permita decisiones universalizables, siempre y en la m ed ida en que se pueda. demo crático sistemát ico y lo s debates discursi vos organizados. Ver GONZ ÁLEZ G AR CÍA , M. I., LÓPEZ CE REZO, ].A. y LUJÁN LÓPEZ, J.L., Ciencia, tecnología y sociedad, Madr id, Tecno s, 1996.