LOS INTELECTUALES GALLEGOS FRENTE
Al HECHO TAURINO; FILIAS Y FOBIAS
José Ma ía S. Sanma ín Miguez*
iene de lejos, de muy lejos, la oma de pos u a de
a iados sec o es de la sociedad en e a una ac i i-
dad que du an e siglos ha es ado copando los
momen os culminan es de su ida lúdica, y que ade-
más –y sin p oponé selo– se ha e igido en ac i idad señe a e
iden i a ia de esa misma sociedad que la ha dis u ado.
Pocas eces, a lo la go de la his o ia, ha sido el pueblo el
que ha le an ado de o ma espon ánea su oz pa a p onuncia se
públicamen e espec o al hecho au ino. Simplemen e, quien lo
deseaba y podía, iba a los o os o se in e esaba po ellos, y quien
no, los igno aba.
T adicionalmen e han sido algunas ins i uciones (la
Iglesia Ca ólica es la más signi ica i a) las que se han p onun-
ciado en es e sen ido. Pe o en mayo medida han sido oces pe -
enecien es a las éli es cul u ales las que han u ilizado sus
p i ilegiadas ibunas pa a denig a o ensalza la ies a de los
o os en España, esg imiendo azones muy dispa es e his ó ica-
men e cambian es, como enseguida e emos.
Pues bien, son a es as oces su gidas de lo más g anado de
la población gallega, que en un de e minado momen o se han
Re is a de Es udios Tau inos
N.º 35, Se illa, 2014, págs. 105-141
V
* Academia de Fa macia.
José Ma ía S. Sanma ín
106
exp esado ace ca del ema que nos ocupa, a las que amos a da
eco en las páginas que siguen. Y dado que el concep o de in e-
lec ualidad es bas an e gené ico, nos hemos a e ado a la e ce-
a acepción que de él da el dicciona io de la RAE: «dedicado
p e e en emen e al cul i o de las ciencias y las le as» pa a
inclui en es e a ículo los nomb es que a con inuación se p o-
ponen, con la ce eza de que, de es e modo, no hab á ye o posi-
ble. Se á un eco ido c onológico, buscando una adsc ipción de
los p o agonis as a las sucesi as e apas de la au omaquia y de
la sociedad en la que es a se desa olló.
Nues o es udio se emon a al siglo XVIII y comienza con
dos opiniones abie amen e an i au inas. Ambas su gen del c i-
e io de dos ailes que igu an como e dade os cabezas de ca -
el de la Ilus ación española, mo imien o mino i a io –eli is a,
hab ía que deci – y he e ogéneo, desa ollado a lo la go del siglo
XVIII, que buscaba ilumina a una sociedad empan anada en su
senda de a aso, supe s ición y lamen able pob eza in elec ual.
Es e obje i o se log ó sólo pa cialmen e, y si no consiguió
empapa a las masas, supuso al menos una impo an e salpica-
du a que se con e i ía en sus a o in elec ual de u u as mudan-
zas sociales.
La p ime a de es as opiniones ue la de ay Ma ín
Sa mien o (Villa anca del Bie zo, 1695-Mad id, 1772). Aunque
nacido en la p o incia de León, el que iba a se amoso ilus a-
do benedic ino esidió en Pon e ed a desde los cua o meses de
edad has a los quince años. Reg esa ía de nue o a Galicia en
1725. No es imp obable que Sa mien o u iese i encias au i-
nas, al menos como espec ado . Hay que pensa que en su época
los o os se co ían en la plaza pública, uese la plaza mayo de
la illa u o a que po sus ca ac e ís icas se conside ase ap opia-
da pa a ello. En la Pon e ed a de su in ancia los es ejos se des-
a ollaban en la de la He e ía, en la del Pescado y en la de la
Alhóndiga, en días muy señalados, como la íspe a de San Juan
Los in elec uales gallegos en e al hecho au ino, ilias y obias 107
o la es i idad de San Ba olomé. Pa a e los sólo había que
ace ca se allí con un poco de an elación y enca ama se a los
allados y alanque as de made a que cada año se le an aban
pa a la ocasión.
Como muchos coe áneos suyos, el pad e Sa mien o no e a
con a io a los o os po lo que sucedía en la a ena, sino po lo
que podía acon ece en los endidos. No pensemos en desó de-
nes públicos, sino en si uaciones mucho más su iles. En p ime
luga la pelig osa p oximidad de los dos sexos, asun o que no
consen ían siquie a los «mo os, pues enían mucho cuidado de
ene a sus muje es ence adas» (Shube , 2002: 182). El eli-
gioso llegó a p opone que se die an co idas sepa adas pa a
homb es y pa a muje es. «Es oy segu o –esc ibió– que si las
co idas de Mad id se di idie an en dos pa es iguales, una pa a
en e ene a los homb es y o a pa a en e ene a las muje es, no
hab ía an as ni asis i ía a ellas an a gen e ociosa» (Shube ,
2002: 133). Además, conside aba que la muje en la plaza, como
o e a –e a el caso de la pione a Nicolasa Escamilla La
Pajuele a–, lle aba la «ignominia del de o o emíneo sexo»
(Shube , 2010: 21), muy al con a io de como p ocedían «las
niñas gallegas, que pues as a la en e de una aca o buey manso
es án hilando odo el día y cuidando que ese ganado no eche la
lengua a las mieses que iene en la boca».
Pe o más incluso que la p omiscuidad sexual o la cues ión
emenina, lo que el benedic ino denig aba e a la epe cusión que
las co idas enían en el endimien o labo al de la población.
«Cada co ida de o os si e de excusa pa a despe dicia es
días en ocio: la noche an e io , po la an icipación; el mismo día
y al siguien e, cuando descansan del ago amien o po la agi a-
ción y los g i os […] En esos días nadie abaja o gana dine o,
pe o comen más de lo necesa io y beben ul a condignum, y
lejos de que alguien gane un cén imo, se gas an muchas pese as
en su pe eza» (Shube , 2002: 182-83)
José Ma ía S. Sanma ín
108
Aunque con muy di e en e mo i ación y discu so a gu-
men al, el ambién benedic ino e ilus ado Beni o Je ónimo
Feijoo (Pe ei o de Aguia , 1676-O iedo, 1764) se si úa en la
misma e ien e u ili a is a an i au ina que su he mano de
o den. A lo la go de su p olí ica ob a, el monje o ensano no
en ó en alo aciones é icas de las co idas de o os. De hecho,
mencionó el espec áculo au ino de modo some o, an sólo pa a
des aca que la c ía de o os b a os me maba la de mulas de i o,
conside ándola un mal indi ec o pa a el conjun o de la ac i idad
ganade a.
Sí p o undizó, en cambio, en el i ual del llamado To o de
San Ma cos, de a aigada adición en muchos luga es de
Ex emadu a y Cas illa occiden al, y aunque no hizo e e encia
alguna a su p ác ica en Galicia, es p eciso señala que iene su
pa angón en el conocido como Boi de Alla iz, el o o enma o-
mado de la o ensana illa de es e nomb e que cada año p o a-
gonizaba la jo nada cen al de la Fes a do boi.
G osso modo, se a a de selecciona un o o b a o de
en e los que pas an en los al ededo es de las illas y seg ega -
lo pa a some e lo a un i ual de índole es i o- eligioso de un-
damen adas aíces paganas. Nos comple a la desc ipción el
p opio pad e Feijoo:
«El o o sale de la acada, y ol idado, no sólo de su na i a e o-
cidad, mas aun al pa ece de su esencial i acionalidad, los a
siguiendo pací ico a la Iglesia, donde con la misma mansedum-
b e asis e a las Víspe as solemnes, y el día siguien e a la Misa, y
P ocesión, has a que se acaban los Di inos O icios; los cuales
enecidos, ecob ando la ie eza, pa e dispa ado al mon e, sin
que nadie ose poné sele delan e» (Feijoo, 1778: 201).
Y aunque exis en a iedades locales de es a ce emonia,
que poco a ían en lo sus ancial, si Feijoo se in e esó po es e
suceso ue po su apa iencia pa ano mal, «uno de los más ap os
que pueden ocu i , pa a exci a la doc ina de Teólogos, y
Los in elec uales gallegos en e al hecho au ino, ilias y obias 109
Filóso os en el examen de la causa. Has a aho a se mi ó es a
cues ión como p i a i amen e p opia de la Teología; mas ya
e emos, que ambién debe ene en ella su pa e la Filoso ía»
(Ibidem: 101).
Buscando desenma aña la cues ión con c i e ios acio-
nalis as, p opios de la co ien e ilus ada en la que el aile
na egaba, apun aba es opciones explica i as de la manse-
dumb e epen ina del o o an e lo sag ado: la milag osa, la
supe s iciosa y la na u al. La p ime a no p ecisaba más expli-
cación que la in e ención di ina; la segunda la ob a ía el
demonio en i ud de pac o con los agen es de la ob a, o sim-
plemen e cab ía a ibui la al me o adies amien o del animal.
Haciendo os en ación de su desconocimien o ace ca del com-
po amien o de las eses b a as, y apoyándose en un suceso
pun ual que él mismo había obse ado, no desca aba que los
o os, aun siendo b a os, espondiesen a las indicaciones de
los aque os y depusiesen du an e unas ho as su na u al aco-
me i idad (Ibidem: 207). La e ce a explicación ocu ía
median e «algún medio, con enido en la es e a de la na u ale-
za, y p opo cionado al e ec o se log a és e, es na u al» (Ibidem:
101). Ci aba a Dioscó ides y a su a ado de bo ánica pa a a i-
bui a la aíz de onag a el e ec o sedan e eque ido, co obo a-
do pos e io men e po la e sión ano ada po And és Laguna,
quien es udió «el e ec o emb iagado de la plan a en algún o o
de San Ma cos» (Ibidem: 216). Como cabe supone , la pobla-
ción que se bene iciaba de es e suceso p e e ía epu a lo al
milag o, po lo de p es igioso que ello apo aba a la localidad.
Fuese como uese, nues o monje epudiaba el i o del o o de
San Ma cos. Su opinión, exp esada po esc i o, ue causa de
que el obispo de Á ila p ohibie a la celeb ación de es a ies a
en una localidad de la p o incia (Ibidem: 216). En de ini i a,
no es, epe imos, que abo dase la alo ación é ica del juego
au ino, sino las consecuencias de es e en la signi icación y en
José Ma ía S. Sanma ín
110
la p ác ica eligiosa: alsa auma u gia, i e e encia, supe s i-
ción, dis acción de los ieles en las ce emonias, e c.
Damos un sal o en el iempo pa a si ua nos en los años
cen ales del XIX, con la ies a au ina expulsada de la plaza
mayo de la illa y ecién asladada al uedo, al escena io exp e-
samen e cons uido pa a ese in. La Co uña había le an ado ya
su p ime coso au ino y unos años más a de ambién San iago
lo iba a ene .
Algo es aba cambiando en la España de esa época cuando
un g upo de muje es accedie on al p o agonismo in elec ual de
la segunda mi ad del XIX. Ci emos a Emilia Pa do Bazán, Ma ía
Zamb ano, Concepción A enal, Concha Espina, Cla a
Campoamo o Vic o ia Ken en e o as. Algunas de ellas e an
gallegas y se in e esa on po el hecho au ino. Es el caso de
Concepción A enal (Fe ol, 1820-Vigo, 1893). Abogada y pala-
dín de e o mas sociales y penales de la época, hab ía oído men-
ciona en su ju en ud a Paqui o y poco después a Caye ano Sanz
y o os, pe o lo que ya en su madu ez le debió machaca los
oídos una y o a ez se ía la cando osa pugna –que ascendía
los uedos e inundaba la calle– en e los dos g andes mons uos
de los se en a: Laga ijo y F ascuelo. Y le debía epa ea bas-
an e, po que la ilus e in elec ual e olana abominaba de los
o os. Dos e an los mo i os, bas an e dispa es po cie o. El p i-
me o es a ía en sin onía con alguno de los c i e ios del benedic-
ino Ma ín Sa mien o y se cen a ía en el pe juicio económico
que causaba al ob e o el gas o en co idas y el absen ismo labo-
al. En es e sen ido, disce nía muy bien lo que e a indi e en e en
lo que a los icos se e ie e, pe o que esul aba ne as o pa a las
clases bajas. El segundo apun aba a la esencia misma de la co i-
da, a la que conside aba i acional, y aspi ando el sen i de la
época ca gaba las in as en la incomp ensible insensibilidad de
las espec ado as de su mismo géne o:
Los in elec uales gallegos en e al hecho au ino, ilias y obias 111
«No hay duda –y hay que deci lo con e güenza– que hay
muchas muje es que an a los o os, an o de la plebe como de
la a is oc acia, an o del populacho mal es ido como de los cí -
culos elegan es. Hay excepciones pe o esa es la egla. También
an las muje es de la Familia Real»1.
No es mucho lo que podemos deci de la implicación en la
ies a del e olano Pablo Iglesias (Fe ol, 1850-Mad id, 1925),
undado del Pa ido Socialis a Ob e o Español. Lo aemos a
colación a cuen o de su in e ención en una capea celeb ada en
un pueblo de Jaén en 1914 –cuando es os espec áculos es aban
p ohibidos desde 1908–, solici ando se o denase cumpli la ley.
No podemos in e i de es a ac uación su echazo gene al a los
o os, pues o que la azón de la aludida p ohibición enía como
obje i o e i a desg acias en plazas donde se co ían y ma aban
bece os sin da se las condiciones mínimas de segu idad, cuyo
p incipal pa adigma e an o son las capeas de los pueblos.
Po el con a io, el uni e sal d ama u go y no elis a
Ramón del Valle-Inclán (Villanue a de A osa, 1866-San iago de
Compos ela, 1936), he mano mayo e hijo p ódigo a la ez de la
gene ación llamada del 98, sí ue un con eso au ino. Se decla ó
un g an a icionado a la pin u a, el baile y los o os. Admi aba de
al o ma lo que sucedía en los uedos que deseaba pa a su ac i-
idad c eado a la emoción y la es é ica de la co ida2, a la que
desc ibía como «he mosa» y «a e sin pa ecido». Una de sus
ci as más céleb es nos lo e ie e:
«Si nues o ea o u iese el emblo de las ies as de o os, se ía
magní ico. Si hubiese sabido anspo a esa iolencia es é ica,
se ía un ea o he oico como La Ilíada».
1El He aldo de Mad id, 8 de agos o de 1852.
2Los asgos compa idos en e la li e a u a y el o eo –ejempli icadios en
los casos de Valle y Belmon e–, espec o al ac o de la c eación a ís ica, los des-
c ibe de modo admi able Ped o Rome o de Solís en su es udio Belmon e y el A e.
(Rome o de Solís; Gil González, (coo ds.) 2013: 335-337).
José Ma ía S. Sanma ín
112
Es imp obable que Valle se a icionase a los o os en su
Galicia na al. Cuando es udió el bachille a o en Pon e ed a, la
capi al del Lé ez no enía oda ía plaza de o os; ni la había en
San iago cuando cu só De echo en su uni e sidad. Pudo habe
ido a alguna co ida a La Co uña, pe o lo más p obable es que se
iniciase en lo au ino as su aslado a Mad id en la úl ima déca-
da del XIX. Allí en ó en elación con una in elec ualidad o igi-
nalmen e an i au ina (los o os e an sín oma del a aso hispano),
pe o p on o econ e ida y en egada a las singula idades de la
ies a: una in elec ualidad que acogió al ma ado Juan Belmon e
en su seno en calidad de hé oe del a e y el alo que en él eían.
Valle Inclán i ió dos épocas au inas especialmen e glo-
iosas, la Edad de O o y la de Pla a. En la p ime a, que se ex en-
dió a lo la go de casi oda la segunda década del siglo XX, dual
en e Joseli o y Belmon e, se decan ó po el belmon ismo, has a el
pun o de p onuncia un encendido y céleb e discu so lauda o io en
un homenaje que los in elec uales le o ganiza on; más adelan e
habla emos de él. Belmon e es aba an comple amen e in eg ado
en las e ulias –singula men e en el llamado g upo de Los 20–, en
sus a anes e inquie udes, que hay quien a i ma que ue un miem-
b o más de la Gene ación del 98 y que solo se di e enciaba del
g upo en el modo de exp esa se3. De la ascinación de Valle po
Belmon e esc ibió José Alameda, una de las plumas más lúcidas
de la his o iog a ía au ina de odos los iempos, lo siguien e:
«Y una bo asca de plumas de di e sos calib es, ampa adas po
las lejanas y subje i as bande as de Valle-Inclán y Pé ez de
Ayala (p ime os snobs del belmon ismo incipien e), se lanzan a
una ca e a depo i a, pa a e quién le busca a Belmon e más
jus i icaciones de su exis encia, más je a quía pa a su p esencia,
mejo complemen o a su ca encias y más a en u ada exégesis
pa a sus excelencias» (Alameda, 2002: 159).
3Es a idea la desa olla en p o undidad (Delgado de la Cáma a, 2002: 69).
Los in elec uales gallegos en e al hecho au ino, ilias y obias 113
Tal ez el de snob no sea el é mino que más con enga a la
a ición del li e a o po el o e o, pues el esnobismo implica un
cie o g ado de emulación que di ícilmen e es aplicable a un pio-
ne o. Po o a pa e, la apues a e a alien e en una época en la que
el eu opeismo impe an e en la in elec ualidad de la época no ani-
maba a posiciona se al lado de lo au ino. Cie amen e Belmon e
ac uó como ca alizado y Valle como eac i o en el p oceso de
asunción del o eo po pa e del más selec o club español de in e-
lec uales de las p ime as décadas del siglo XX. En cualquie caso
el conjun o del ex o de Alameda es muy ilus a i o. Hay que aña-
di que la simpa ía y admi ación en e esc i o y o e o e a mu ua.
«Un se casi sob ena u al”, e a el cali ica i o que el iane o dedi-
caba al poe a de las la gas ba bas, cuyo Romance de lobos igu a-
ba en e las ob as p e e idas del ma ado . Simpa ía mu ua que se
oca ía en since a amis ad con el paso del iempo.
Fig. n.º 18.- Famosa o o del homenaje de los in elec uales a Belmon e en
el es au an e Ideal del Re i o, 28 de junio de 1913, Mad id. Valle Inclán
sen ado a la izqie da del maes o. Apud. Rome o de Solis, Gil González
(coo ds.)(2013): Juan Belmon e La epopeya del emple, Real Maes anza
de Caballe ía de Se illa, Uni e sidad de Se illa, Fundación de Es udios
Tau inos, pág. 197.
José Ma ía S. Sanma ín
España Nue a, La Mañana, Nue o Mundo, La T ibuna, Cla ín,
El Libe al, He aldo de Mad id, La Libe ad, La Voz de
Galicia… Se dis inguió po domina la écnica de la en e is a.
En sus esc i os pe iodís icos au inos u ilizaba seudónimos de
e iden es conno aciones galaicas: Don Benigno, Fa uquiño
Penelas…, pe o sob e odo ue conocido en es e campo i man-
do como Don Pío.
En el campo de la no ela sus g andes éxi os ue on La
Casa de la T oya (1915) y Cu i o de la C uz (1921), es a de
ema au ino. Ambas ue on lle adas al cine. La segunda se
adap ó ambién como ob a ea al y en su e sión cinema og á-
ica pa icipó el p opio Pé ez Lugín, an o en la con ección del
guión como en la di ección. Ap o echó el au o , al esc ibi la, su
p o undo conocimien o de la a mós e a au ina, que con ie e al
ela o un ue e ealismo. Así, se en muy bien e lejados en la
ob a an o el ambien e de Mad id como el de Se illa, las abe -
nas, la plaza de o os y el campo donde pas a el ganado b a o.
En uno de los momen os bajos de la ca e a del p o agonis a de
la no ela, Pé ez Lugín le hace o ea en odo el e ano solamen-
e dos a des: una en San iago de Compos ela y la o a en San
Ma ín de Valdeiglesias. Aunque no se mencionan echas,
pod íamos si ua la acción hacia 1920.
O os de sus esc i os de ema au ino ue on El o e o
a is a. Ra ael Gómez (“Galli o”) (Apun es pa a la his o ia)
(1911) y ¡¡¡Ki ki i kí!!!Los “Gallos”, sus i ales y “su” p en-
sa (1914), además de colabo aciones meno es en lib os de simi-
la emá ica. Ya hemos adelan ado que ac uó como co esponsal
au ino de dia ios mad ileños y gallegos en co idas celeb adas
en Galicia. No dudaba en u iliza con ecuencia exp esiones
gallegas en sus c ónicas y a ículos au inos. La de La Voz de
Galicia de 7 de agos o de 1916, ela i a a la co ida de la íspe-
a en La Co uña, ilus a es e aspec o an ca ac e ís ico suyo. Ese
día de inía el ganado de Ca e os como «seis néco as», en alu-
120
Los in elec uales gallegos en e al hecho au ino, ilias y obias 121
sión a su di icul ad, y ema aba el epo aje con el habi ual «¡Ey
Ca ballei a!», su exp esión más ecuen e, conocida y – anca-
men e– de di ícil aducción.
Pé ez Lugín i ió la e apa iun al de Gue i a ( e i ado en
1899), la de An onio Fuen es (suceso designado a dedo po el
an e io ), la de Bombi a y Machaqui o y la de O o. Vi ió am-
bién, de uno u o o modo, la agedia de Joseli o en Tala e a,
pe o sólo u o iempo pa a asis i al alumb amien o de la de
Pla a. Su condición de c í ico au ino no le impidió signi ica se
en el lado gallis a de la a ición, adsc ipción que incluía a los dos
he manos de es e apodo: Ra ael y José, de los que esc ibió apa-
sionadamen e en alguno de los lib os an es eseñados. Eso sí,
como e is e o man u o siemp e una encomiable impa cialidad.
¡Como debe se !
Acudía con ecuencia a las e ias au inas gallegas, sob e
odo a la de La Co uña. Puso mucho empeño en en a iza las
posibilidades y debilidades de es a plaza den o del pano ama
au ino es i al no eño. Re lexionaba sob e odo es o al inaliza
la e ia co uñesa de 1920. Es imaba que el núme o ideal de
co idas pa a es a ciudad e a de es, odas de p ime a ca ego ía.
Fes ejos que había de con oca un con ingen e de público
mucho mayo que las dos únicas co idas que se enían o e-
ciendo. Es a cues ión e a capi al pa a el éxi o económico de la
empo ada, dada «la ausencia de una e dade a a ición local y
egional»7y la pa quedad de la sub ención que ecibía –cinco o
seis mil pese as., can idad bas an e meno a la que se daba en
o as plazas simila es–. Y «po pica día emp esa ial, se ía bien
comenza las en domingo». Añadía que la úl ima con enía que
uese de ocho o os, con un espada de p oyección ce ando el
ca el. Es a ó mula, decía, « iene mucho éxi o en Pon e ed a».
Al mismo iempo a i maba que en 1920 la e ia de La Co uña
7La Voz de Galicia, 10 de agos o de 1920.
José Ma ía S. Sanma ín
es aba ya si uada en e las g andes, pe o con enía incidi en su
p opues a pa a man ene se.
Pe o Don Pío iba más allá aseso ando a la emp esa. Daba
nomb es. Recomendaba como ganade ía a con a a la de
Tama ón, de nue o cuño, con o os pequeños, inos, o ensi os y
de g an juego. También los e e anos de Ve agua y de An onio
Pé ez. La emp esa debía hui de la en ación de da sólo co i-
das en días es i os pa a público local, po que minimizaba la
ca ego ía de la e ia y obligaba a paga p ecios muy ele ados
pa a e o e os y o os de mediana en idad. Del mismo modo,
desaconsejaba plega se a las exigencias de algunas igu as de
impone compañe os de e na. «Al que lo ponga como condi-
ción se le dice que no, y pun o».
Como a icionado, Pé ez Lugín mili ó en el an ibelmon is-
mo, siendo no o ia su adsc ipción al bando gallis a –que incluía
a los dos he manos, Ra ael y José–. Hay coincidencia en que a
Don Pío se debe la acuñación del é mino gaone a pa a ese
pase, que cul i ó el ma ado Rodol o Gaona y que nues o esc i-
o de inió como «de en e po de ás» o «de en e con el capo-
e po de ás».
Pé ez Lugín mu ió en su casa de El Bu go (La Co uña) en
1926 y ue en e ado en el cemen e io de San Ama o. Da cuen-
a de su p es igio el as uoso en ie o que le o ganizó el ayun a-
mien o co uñés. Meses an es de su allecimien o había sido
nomb ado hijo adop i o de dos ciudades po las que sen ía sin-
gula ca iño: San iago de Compos ela y Se illa.
T as los es úl imos pe sonajes conside ados, an au inos
odos ellos, le oca aho a el u no a o o que se exp esó de modo
o almen e opues o. Que ía se médico, pe o la emp ana o an-
dad uncó esa ca e a. Po sue e pa a las le as y al ez pa a él
mismo, Wenceslao Fe nández Fló ez (La Co uña, 1885-Mad id,
1964) se eo ien ó hacia el pe iodismo y la li e a u a. La
Mañana, El He aldo de Galicia, Tie a gallega, Dia io e ola-
122
Los in elec uales gallegos en e al hecho au ino, ilias y obias 123
no y El No oes e ue on los medios egionales en los que se dio
a conoce . En 1905 llegó a Mad id, donde inició sus colabo a-
ciones pe iodís icas en Blanco y Neg o y ABC. En 1914 comen-
zó sus c ónicas pa lamen a ias, que p on o se hicie on céleb es
po su peculia i onía. Pasó la Gue a Ci il en la capi al, y des-
pués de un obligado ánsi o po F ancia y Po ugal eg esó a
Mad id, con i iéndose en un habi ual de El Impa cial y La
Codo niz.
Publicó ambién un buen núme o de no elas. Vol o e a
(1917) ue su p ime éxi o, que se ac ecen ó con El sec e o de
Ba ba Azul (1923), Los que no uimos a la gue a (1930), El
mal ado Ca abel (1931) y o as muchas, en e las que des aca
El bosque animado (1943), su ob a más pe du able. En 1926
ob u o el P emio Nacional de Li e a u a.
Su p esencia en es as páginas se debe a su belige an e y
pe inaz an i au inismo, que de un modo singula se uelca en el
lib o que lle a po í ulo El o e o, el o o y el ga o, publicado en
1950. Fiel a su humo ácido, ac e y delibe adamen e con uso, se
ex iende a lo la go de más de 200 páginas, en las que analiza su
pos u a au ina u ilizando la len e de en oque de los ac o es,
espec ado es y ela o es de la ies a. Comienza p oclamándose
en endido en o os po encima de la o alidad de sus con empo á-
neos, y con ía en que al conocimien o le ha á pasa a la pos e i-
dad. A con inuación comienza a despa ama sin pudo sus
sen imien os de a e sión hacia lo au ino. «Enemigo, lo que se
llama enemigo, no (…) Tampoco me ho ipila emeninamen e la
c ueldad de ese espec áculo» (Fe nández Fló ez, 1952: 6). En ea-
lidad, lo que epi e una y o a ez es que las co idas acos umb a
a se decepcionan es: «monó onas, abu idas, a igosas». Se pos-
ula como e o mado de una ies a a la que dice –sin e acidad–
habe asis ido pocas eces. Emi e un e edic o y una ece a ans-
o mado es, aunque ambos muy gené icos: 1. Nadie en iende de
o os. 2. Hay que ompe la u ina de la co ida.
José Ma ía S. Sanma ín
124
T as es a in oducción, a dando un epaso al g o esco
papel que desempeña cada uno de los ac o es de la ies a; eses,
o e os, picado es, bande ille os, público, c í icos. No soslaya
las cha lo adas ni las ou adas po uguesas, aunque es as úl i-
mas las acep a mejo po su ca ác e inc uen o. En gene al b o-
mea y saca pun a a casi odos los po meno es de la ies a, y
ambién de su his o ia.
Su momen o au ino y i al es casi coinciden e con el de
Julio Camba, e incluye las e apas más lus osas de la au oma-
quia mode na, aunque sus p e e encias hay que coge las con
pinzas. Se decla a –con su habi ual indisimulada i onía– pa i-
da io de Ra ael El Gallo, pe o no po sus cualidades a ís icas,
sino po sus espan ás y pe a dazos. Ensalza igualmen e a Juan
Belmon e, aunque sin en a a conside a su au omaquia, sino
po su inclinación y ansia cul u al. De él deduce que no es en
ealidad un o e o, sino que eje ce la p o esión, necesa iamen e,
pa a gana se la ida. Saca a escena ambién a Rodol o Gaona,
con quien se ensaña po su ca ác e indolen e y desab ido.
A a és de la lec u a del lib o, queda cla o que Fe nández
Fló ez no es en absolu o ajeno al mundo del o o, sino que posee
un conocimien o que no ha podido adqui i asis iendo a unas
cuan as co idas, sino i iéndolo desde muy ce ca y p es ándo-
le cumplida a ención.
Analiza ambién la concepción gallega de la ies a, en
conc e o la que se i e en su ciudad na al. T es o cua o ases
ex aídas del p ólogo de su lib o bas a án pa a conoce los
–¿delibe adamen e?– í olos c i e ios au inos que a ibuye a
sus paisanos:
«La aleg e ciudad de la Co uña iene una comp ensión no o ia-
men e dis in a del o eo a la que es común en el es o de
España. Lo que más gus a es que el o o sal e la ba e a (…) El
o o mejo es aquel al que hay que pone bande illas de uego».
Los in elec uales gallegos en e al hecho au ino, ilias y obias 125
Y no duda en conclui que la azón única po la que se o ga-
nizaban co idas de o os en La Co uña e a po la ce eza de que
esos días la llu ia ha ía ac o de p esencia, pa a g an con eniencia
y egocijo de las gen es del ag o.
A di e encia de o os pe sonajes que con o man es e a ícu-
lo, el p o eso , diplomá ico, polí ico e his o iado Sal ado de
Mada iaga (La Co uña, 1886-Loca no, 1978), sí es gallego de
nacimien o, aunque su o mación académica anscu ió ue a de
es a ciudad. Se o mó p ime o en Mad id y a pa i de 1900 en
F ancia, donde se g aduó como ingenie o de minas, ca e a que
eje ce ía ya de uel a a España al iempo que desa ollaba sus incli-
naciones humanís icas, adqui idas desde edad emp ana. Colabo ó,
as la P ime a Gue a Mundial, en publicaciones de g an p es igio
in e nacional, como las b i ánicas Times o el Manches e
Gua dian. Su conocimien o de la si uación in e nacional y su
dominio de dis in os idiomas le lle a on a la aseso ía écnica en la
ecién undada Sociedad de Naciones, desde donde sal a ía a la
Uni e sidad de Ox o d como p o eso . En 1931 el gobie no de la
República lo nomb ó, p ime o embajado en Es ados Unidos y
después en F ancia. Ocupó dos minis e ios en 1934, y en 1936 ue
elegido nume a io de la Real Academia Española. Ese mismo año,
la Gue a Ci il lo lle ó a exilia se en el Reino Unido, desde donde
eje ció una enaz oposición al anquismo. Pa icipó en el amoso
“con ube nio” de Munich en 1962 y en 1973 ganó el p emio
Ca lomagno po sus apo aciones al ideal eu opeís a. Reg esó a
España en 1976, as la mue e de F anco.
Nues o poli acé ico homb e ep esen ó en su o ma más
genuina la llamada Te ce a España, la que en la úl ima ase de la
Gue a Ci il quiso o ece al e na i as a los dos o ali a ismos que
se in uían as su conclusión: el ascis a que enía con los
Nacionales y el de o ma o so ié ico hacia el que de i aba el
gobie no del F en e Popula . En es a di usa Te ce a España se
encon aban, además del de Mada iaga, nomb es como los de
José Ma ía S. Sanma ín
126
O ega y Gasse , G ego io Ma añón, Azo ín y o os igualmen e
p es igiosos, cuya olun ad conciliado a, de habe aguado,
hab ía podido minimiza las consecuencias de dolo , di isión y
enco que siguie on al in de la con ienda.
Su longe idad le pe mi ió con empla el paso de casi odas
las e as y igu as del o eo que la mayo ía de sus con empo áneos
sólo i ie on pa cialmen e. En ealidad, ambién él su ió muchas
in e upciones en su supues o seguimien o au ino, pues o que una
buena pa e de su ida anscu ió ue a de España, en países
eu opeos de nula p esencia au ina, p ime o como es udian e,
luego como p o eso y embajado y más a de como exiliado. A
pesa de odo, su pe inaz –obsesi o, al ez– amo a España y a
odo lo español, no le pe mi ió desen ende se de la a aigada
a ición de que hizo con ecuencia gala.
No puede conside ase au o de ema au ino, pe o ampo-
co son en absolu o desdeñables sus opiniones espec o a la ies-
a, de la que opinaba que e a insepa able de la psicología y de la
exis encia de los españoles. Se unía así al concep o o eguiano
de la imposibilidad de comp ensión de la his o ia de España
igno ando la de su au omaquia. En su e apa docen e en Ox o d
se con i ió en p oseli is a de las mani es aciones au ómacas,
ensalzando sus cualidades gene ado as de las más dispa es
mani es aciones a ís icas: pin u a, música, danza, escena…
Con ecuencia u ilizaba en sus esc i os concep os omados
del uni e so de los o os. No iene despe dicio el símil al que ecu-
ió pa a desc ibi a O ega y Gasse y su elación con los concep os:
«Viene el o o de la idea co iendo hacia él, que lo ha ci ado con
los b azos en al o, y él agua da a pie i me, lo ecibe con ele-
gancia segu a y lo ie e en el lui del iempo hacia el pasado
con un mo imien o de capa in alible y lleno de g acia».
Hab á que con eni pues, que si acep amos de alguna
mane a la galleguidad de Mada iaga, su p esencia en es as pági-
nas se hace inexcusable.
Los in elec uales gallegos en e al hecho au ino, ilias y obias 127
La del Nobel Camilo José Cela (Pad ón, 1916–Mad id,
2002) sí puede conside a se una ida apegada al mundo de los
o os, has a el pun o de anima se p oba o una en la a ena, con
in ención –al pa ece – de hace ca e a, ple ó ico de con ianza,
anunciándose po su p opio nomb e. Po sue e pa a la li e a u-
a –o po desg acia pa a la ies a, nunca lo sab emos– su eco-
ido ue b e e. Al deci del p opio Cela, un es ejo celeb ado en
la abulense localidad de Ceb e os ce cenó p ema u amen e su
ca e a au ina. El esc i o le echó la culpa al o o que le co es-
pondió: «un mo ucho asque oso que en ez de i a la mule a iba
a la ingle» (Cela, 1991: 202). A la p ime a a ancada el animal
enganchó al o e o po la axila y lo lanzó po los ai es, y ya una
ez en el suelo le golpeó con ue za en el abdomen. En el es o
de la aena, nos cuen a su hijo, el o e o buscó el ali io sin con-
segui lo. Ci ó al o o con la mule a en la mano izquie da, pe o
lejos de in en a un na u al, lo que p e endía e a ma a ecibien-
Fig. n.º 19.- Camilo José Cela o eando en Na as del Ma qués (Á ila,
1948). Apud. Abella (2014): Ca álogo exposición Camilo José Cela y los
To os, Mad id, Cen o de Asun os Tau inos, pág. 46.
José Ma ía S. Sanma ín
128
do, de modo que en el momen o del emb oque dio un sal o hacia
a ás endosándole al bu el un mise able bajonazo en el ien e,
que en luga de me ma lo lo espoleó. El bece o se e ol ió «y
enganchó de nue o a Camilo José Cela en un lío de pie nas,
as as, mule a y es oque. En la plaza se a mó, como suele deci -
se, la de Dios» (Cela Conde, 2002: 203). Añade el na ado que
el episodio si ió como base pa a el ela o El Gallego y su cua-
d illa, si bien en la icción el o e o, que ambién se llamaba
Camilo, enía que se a endido en la en e me ía con un pun azo
en el cuello mien as su subal e no Casco o pinchaba con des-
espe ación y desacie o una y o a ez al animal a ando de
ma a lo (Cela, 1991: 73).
Po lo que sabemos, la ca e a au ina del u u o p emio
Nóbel se edujo a bece adas en es plazas: Hoyo de Pina es,
Las Na as del Ma qués y Ceb e os. Plazas de pueblo que se
ce aban con ca os y alanque as dejando el pilón en el cen o.
Aunque «po mucha olun ad y empeño que le echó a lo del
es oque, no consiguió despacha ninguno de los es e ales que
le caye on en sue e (…). En odos los casos, con una egula i-
dad digna de se esal ada, a los bece os u o que ma a los, a
i os, la Gua dia Ci il»( Ibidem ).
Más la ga que su ca e a o e il ue su andadu a como a i-
cionado, en la que se le io con ecuencia en plazas gallegas y
en o as muchas de la geog a ía española. Él no pudo dis u a
ya de la Edad de O o, pues cuando Joseli o mu ió e a aún muy
niño, pe o sí la de Pla a en su ase plena, y pudo asoma se al bal-
cón de nues a edad con empo ánea. Fue amigo de o e os:
Domingo O ega, los Bien enida, Luís Miguel Dominguín… Y
espec ado de la gene ación pos e io que admi ó a los Apa icio,
Li i, Pue a, Camino, Cu o Rome o, El Vi i y An oñe e, en e
o os. Asis ió ambién a la eclosión del he e ogéneo –e induda-
ble animado del co a o au ino– El Co dobés, así como a la del
al ez úl imo e oluciona io del o eo, Paco Ojeda, y a la de
Los in elec uales gallegos en e al hecho au ino, ilias y obias 129
alguno de sus discípulos. Es deci que su isión del o eo es la
que llegó has a aye mismo.
Respec o a sus esc i os, hay que deci que Cela no se p o-
digó en lo que pueda conside a se pu a au omaquia, al ez con
la sola excepción del capí ulo «An e dos o e os mue os» (Cela,
1991: 391), de la ob a Las compañías con enien es, en el que
pisa e enos muy p óximos a la c í ica y a la e lexión au inas,
sin soslaya una decla ación explíci a e incon es able de su a i-
ción: «su eal y e dade a a ición (habla de sí mismo en e ce a
pe sona) le lle a a de as a de po el camino incie o de la
plaza, po el camino mis e ioso y lleno de so p esas que le con-
duce al más so p enden e, mis e ioso e insóli o espec áculo que
hayan is o los siglos».
De To e ías, de í ulo an suge en e, sólo algunos ela os
ienen algo –no mucho– que e con el mundo de los o os; son
es os “Baile en la plaza”, “Independencia T ijueque (Go da II)
seño i a o e a”, “Sansón Ga cía iene ganas de habla ” y el que
da í ulo al conjun o: “El gallego y su cuad illa”.
To eo de Salón se inicia (“in oi os”) con una p ome edo-
a e lexión de hondo calado au ino. P on o abandona es e a gu-
men o y abo da o os bien di e en es, eso sí, empleando con
magis al acie o el lenguaje y los ambien es de la ies a pa a
de ini elemen os y si uaciones ajenos a es e ámbi o. Y es que
sus conocimien os au inos es án más que con as ados. U ilizó
el Cossío pa a escoge los nomb es de algunos de sus pe sona-
jes, como el de su paisano, el no ille o be ancei o Isid o O e o
Roca, Niño de la Ca ego ía, nacido en 1913, del que Cossío nos
dice an sólo que o eó en la plaza de Te uán en 1935, y que aquí
Cela empa en a con su pe sonaje y ebau iza con el o dinal
omano II pa a dis ingui lo del genuino.
En su ob a Mad id, los o os apa ecen de o ma espo ádi-
ca. Tangencialmen e se abo dan en sus desc ipciones de la Plaza
Mayo , de la abe na de An onio Sánchez –que ue o e o de
José Ma ía S. Sanma ín
136
se cues ionaba cómo da c édi o a semejan e supues a decaden-
cia si has a la san a ca idad apelaba a ella pa a epa i sus
bene icios en e los desdichados, dado que las co idas bené i-
cas se hallaban en boga en esa época. Signi ica i a es su opinión
espec o a la adición gallega de la ies a, que conside a «an i-
quísima» (Ibidem).
En ique Laba a Pose (Baio-Zas, 1863-Ba celona, 1925)
se licenció en De echo en San iago, aunque nunca eje ció la
p o esión, p odigándose más en la p ensa y en el campo poé i-
co es i o. In e esa al ámbi o au ino un ex enso poema que se
hizo muy popula , sob e odo en la coma ca pon e ed esa, i u-
lado Re is a dunha co ida de ¿ ou os? na illa de Noia, ei a
po un lab ego. Se a a de una composición sa í ica en la que
un paisano noyés na a un es ejo au ino que con empla po ez
p ime a y en el que se lidia ganado de la coma ca co uñesa de
Ba banza. E an o os au óc onos de baja cas a, aunque de no
escasa p esencia, que has a bien en ado el siglo XX aún se
o eaban en algunas plazas gallegas de segundo o den.
Con simila c i e io al empleado pa a Pé ez Lugín, inclui-
mos en el elenco de gallegos de ob a au ina a Albe o Insúa (La
Habana, 1885-Mad id, 1963), que nació en Cuba de pad es emi-
g ados. En conc e o e a hijo del esc i o Waldo Ál a ez Insúa.
Albe o se asladó a Galicia siendo muy niño y, al igual que
Pé ez Lugín, en es a egión inició sus es udios.
Esc ibió a ias no elas de no ex ao dina ia conside a-
ción, pe o una de ellas, La muje , el o e o y el o o, de con eni-
do ne amen e au ino, se hizo amosísima, y a pesa de la
censu a anquis a io a ias ediciones, se adujo a o os idio-
mas y ue lle ada al cine. Al igual que o as del mismo es ilo,
e a a con pulc i ud los con enidos y la ambien ación de la ies-
a, aunque le al a, como a Blasco Ibáñez –y en cie o modo al
p opio E nes Hemingway–, un conocimien o p o undo de la
misma.
Los in elec uales gallegos en e al hecho au ino, ilias y obias 137
El pin o y esc i o e olano José Ley a Domínguez
(Fe ol, 1912-1997), habi ual colabo ado de la p ensa y miem-
b o de la Real Academia Gallega, se mos aba en los años cen-
ales del siglo XX o almen e con a io al espec áculo au ino.
Esc ibía a p opósi o de los umo es ace ca de la cons ucción de
una nue a plaza de o os en San iago:
«Dejemos pa a o as ciudades es e poco aleccionado espec á-
culo, sean o os los pueblos con inuado es del an iguo i o del
o o… No admi amos que en Compos ela, ni en sus p oximida-
des, se iña con la piedad c is iana, la an igua o gía de Dionisio
y de P íapo, an es bien, hagamos lo posible pa a que en cual-
quie incón pudie a con e i se en monumen o aquel dibujo
del genial Cas elao, sín esis genuina del pensa gallego: un o e-
o emenilmen e ga boso, lidiando un o o sudo oso y ensan-
g en ado; un noble paisano obse a y exclama: ¡Lás ima de
boi!!!» (Ley a Domínguez, 1994: 24).
O Ley a igno aba, o no deseaba ae a colación, que el
p opio Cas elao ealizó algún apun e en el que pa en izaba un
conocimien o bas an e p eciso de la es é ica au ina.
No e minan aún aquí los nomb es de pe sonajes gallegos
de la pluma, la pale a o el cincel que de una u o a o ma exp e-
sa an inclinación au ina. F ancisco “Cuco” Ce ecedo,
P udencio Iglesias He mida, Juan B asa, Ma iano Tudela,
Al onso Don Rod íguez Cas elao, F ancisco Aso ey y o os en-
d ían ambién cabida en es a sección que, de da po meno es de
su ob a, sob epasa ía en exceso su azonable ex ensión7. Pe o
c eemos que lo esencial queda esc i o.
La he e ogénea gale ía de no ables exhibida en es e a í-
culo nos mues a las dis in as pe cepciones que sob e la ies a de
8In i amos a los lec o es in e esados a consul a el a ículo de An onio
Cas illo Rebollo, p o eedo de lib os au inos: “Algunos gallegos que esc ibie on
de o os”, en Cai eles nº 29, Ba celona, diciemb e, 2010, pág. 69-73.
José Ma ía S. Sanma ín
los o os ha enido una pa cela de la conciencia c í ica de
Galicia. Pe o además, y po ello hemos op ado po su p esen a-
ción c onológica, nos in o ma de los cambian es undamen os
sob e los que se ha desa ollado his ó icamen e el an i au inismo
en es a egión, que sólo en pa e son coinciden es con los egis-
ados en el es o de España. Los siglos XVIII y XIX compa en
es ca ego ías de a gumen os pa a echaza la ies a: mo ales,
económicos y acionales. Su desa ollo se esume en que ap o-
xima a los dos sexos, omen a el absen ismo labo al e insul a a
la azón, bien po conside aciones supe s iciosas ( o o enma o-
mado es udiado po Feijoo) o po la ba ba ie que lo in o ma
(Concepción A enal).
Sólo Pe ei a de la Ri a y en meno medida Fe nández
Fló ez apelan de un modo explíci o al ca ác e c uen o de la ies-
a pa a echaza la. Es amos en el úl imo cua o del XIX y p i-
me a mi ad del XX. A pa i de aquí no es el denominado
animalismo el que, en el sen i de los in elec uales, sus en a la
de acción hacia los o os, sino su escasa adición en la egión,
conside ación és a que enmasca a –además de un no able desco-
nocimien o his ó ico9– el cons an e sello iden i a io que el egio-
nalismo ex emo año a siemp e en las mani es aciones
popula es. Tengamos en cuen a, además, que el ganado acuno
(aunque no el b a o) ha cons i uido en Galicia una pa e muy
sus ancial de su economía y base esencial de la subsis encia de
una amplia mayo ía de su población, cues ión es a que no ha
jugado muy a a o del ap ecio au ino en el ag o gallego.
138
9En Galicia la adición au ina documen ada se emon a al siglo XVI, y
has a bien en ado el XX los o os cons i uían el espec áculo más demandado y
ap eciado po la población gallega. Nos emi imos a nues o es udio: “La a ición
au ina en Galicia (pasado y p esen e)” (2013), en Re is a de Es udios Tau inos,
nº 33, Se illa, Real Maes anza de Caballe ía de Se illa, Fundación de Es udios
Tau inos, págs.13-44.
Los in elec uales gallegos en e al hecho au ino, ilias y obias 139
En la ac ualidad las cosas han cambiado y el posiciona-
mien o de los in elec uales gallegos an e la ies a, o no se mani-
ies a, o es muy silencioso. En ello puede ene que e el escaso
peso que hoy en día ocupa lo au ino en el epa o lúdico de la
población. Son aho a o as oces las que lo hacen. Las más
sono as pa en, in a iablemen e, de posiciones polí icas de la
izquie da nacionalis a y hallan su eco en di usos g upos de ei-
indicaciones di e sas, muy ac i os y belige an es, implicados
en nume osas inicia i as de ca ác e indica i o mino i a io,
que engloban di e sas cues iones, en e las que incluyen am-
bién la de ensa de los animales. Mudan los iempos y con ellos
los modos de exp esión, pe o nada es casi nunca de ini i o y
es amos pe suadidos de que an es o después la in elec ualidad
gallega se ha á oí de nue o espec o al hecho au ino.
José Ma ía S. Sanma ín
140
BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES
Alameda, José (2002): El hilo del o eo, Mad id, Espasa-Calpe
(1ª ed. 1989).
Camba, Julio (1920): La ana iaje a, Ba celona, Alhena Media.
Cas illo Rebollo, An onio (2010): “Algunos gallegos que esc i-
bie on de o os”, Cai eles, nº 29, diciemb e, Ba celona,
págs. 69-73.
Cela, Camilo José (1991): To e ías, Mad id, Espasa-Calpe.
Cela Conde, Camilo José (2002): Cela, mi pad e, Mad id,
Temas de hoy.
Delgado de la Cáma a, Domingo (2002): Re isión del o eo,
Mad id, Alianza.
Feijoo, Beni o Je ónimo (1778): Tea o c í ico uni e sal, dis-
cu so 8º (1736). Edición de And és O ega, Real
Compañía de Imp eso es y Lib e os, omo sép imo,
Mad id.
Fe nández Fló ez, Wenceslao (1952): El o o, el o e o y el ga o,
Lib e ía Gene al, Za agoza.
Ley a Domínguez, J. (1994): “To os en la ciudad del Após ol”,
en ATURUXO, Re is a de poesía e c í ica, Fe ol, 1952-
1960 (Edición Facsímil, San iago, Xun a de Galicia).
Olano, An onio D. (1977): Los homb es que se is en de pla a,
Ba celona, Plane a.
_______ (1988): Dinas ías, Mad id, P omociones CH. AAS,
S.A.
Pe ei a, Au eliano J. (1988): “To os en Lugo en 1759”, en
Galicia, Re is a Regional, Año II, nº. 7º julio.
Posada, Juan (2000): La ies a del siglo XXI, Mad id, Espasa.
Rome o de Solís, P. y Gil González, J. C. (coo ds.) (2013): Juan
Belmon e. La epopeya del emple. Se illa, Fundación Real
Maes anza de Caballe ía de Se illa. Fundación de
Es udios Tau inos. Uni e sidad de Se illa.
Los in elec uales gallegos en e al hecho au ino, ilias y obias 141
Sanma ín Miguez, José Ma ía (2013), “La a ición au ina en
Galicia (pasado y p esen e)”, en Re is a de Es udios
Tau inos, nº 33, Se illa, Real Maes anza de Caballe ía de
Se illa, Fundación de Es udios Tau inos, págs.13-44.
Shube , Ad ian (2002): A las cinco de la a de. Una his o ia
social del o eo, Mad id, Tu ne .
_______ (2010): “El o eo en la his o ia española”, Re is a de
Es udios Tau inos, nº 28, Se illa, Real Maes anza de
Caballe ía de Se illa, Fundación de Es udios Tau inos,
págs. 15-41.
Valle-Inclán, Joaquin del (2000): Ramón Ma ía del Valle-
Inclán: En e is as, Mad id, Espasa-Calpe.
El He aldo de Mad id.
La Voz de Galicia.
Dia io de la Rioja.
La Lidia: Re is a Tau ina.