Biblio eca de ulga ización de la ciencia española.
RELECCIONES TEOLÓGICAS
DEL
P. FRAY FRANCISCO DE VITORIA
de la O den. de P edicado es,
Ca ed á ico de P ima. de Teología
de
la 'Uni e sidad de Salamanca, /Doc o eximio
y
A aes o incompa able,
VERTIDAS AL CASTELLANO E ILUSTRADAS
POR
D. JAIME TORRUBIANO RIPOLL
de la Facul ad de Teología. Biblio eca PixeLegis. Uni e sidad de Se illa.
CON CENSURA ECLESIASTICA
4"
MADRID
LIBRERÍA RELIGIOSA HERNÁNDEZ
iuda de M. Eche e ía
Paz, 6. Telé ono
2.56.
Apo ado
388.
1917
NIHIL OBSTAT
JUAN PGSTIUS, C. M.
F.
IMPRIMATUR
Jose M.
a
, Obispo de Mad id-Alcalá.
Es p opiedad del edi o .
Cumplidas las o malida-
des que de e mina el a -
iculo 36 de la igen e Ley
de P opiedad in elec ual.
210 -
G.:
del Ho no, S. Be na d., 92, elé . 19‘13
REVERENDI
PATRIS F. FRANCISCI DE VI
ao id o dinis P z e di ca o ii a
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P o e is Relediones
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Lincluni,apuci Ia cobuni ,Boye i ún
M.
ID. L .V 11.
Cuan iudegio Regis ud decenniu
Facsímil de la po ada de la p ime a edición
(Lyon, 1557).
REVERENDI
Pa i s F. F ei ci Vi C o i a O
di.P ad.(ac a-Theologiae p o e o is eximij ab í;
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Sá má icen i Academia, clama aum Cha ed a
p ima iazmode a o is p a- ec o is9-, incompa abi
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SAL MANTI CJE,
Apudloannem a Canoua
M. D. L
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CVM PRIVILEGIO
Facsímil de la po ada de la p ime a edición
española (Salamanca, 1565).
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PRÓLOGO
EL
Maes o F ay F ancisco de Vi o ia (1480?-
1546), y de su mucha e udición, le as y i -
udes, hablan con ex ensión los his o iado-
es; pe o quizá ninguno desc ibe an minu-
ciosamen e su ca ác e co no el P. Fe nández, en
su inédi a
His o ia
del con en o de San Es eban de
Salamanca, donde, en e o as cosas, dice de aquél
lo siguien e: «Tenía muy buen pa ece en gue a,
en paz, en policía y en azones de Es ado. Fué muy
obse an e y muy eligioso , do ado de no ables y
he oicas i udes, po que e a g ande su humildad,
su mansedumb e, su apacibilidad de condición , y
el consejo y se enidad de su conciencia. Con es as
p endas an p eciosas y icas, ino a ene supe io-
idad a odo el mundo. Ninguno le en idiaba ni
que ía mal, po que con ninguno enía compe encia;
y aunque e a doc o , an supe io
y
a en ajado en
e udición, nunca se pudo' acaba con él que imp i-
miese ni sacase a luz cosa alguna de sus p eciosos
abajos; y aunque se han es ampado algunas cosas
suyas, no ué po que el Maes o las imp imiese,
sino po la diligencia de algunos discípulos suyos
cu iosos, a los cuales pa eció no e a jus o que doc-
ina an impo an e quedase del odo sepul ada.
PRÓLOGO
Toda su ciencia u o p incipio en la humildad; po
sido oi-d2n del cielo que odo cuan o des-
pu(:s se la ini
p
es.do en ma e ias escolás icas de
Teología, se diga que es ob a de sus manos.
No
sólo e.slos einos, sino los ex ai7os, publican y con-
iesan que las buenas le as y disciplina escolás ica
(le aue hoy „Ç-oza .E
.
..spaña„ se debe al Maes o F ay
F ancisco dc Vi o ia.»
De la ida y ob as del insigne eólogo, ha a a-
do doc amen e el P. F . Luis G. Alonso Ge ino (1),
y un excelen e esumen de las in es igaciones bio-
bibliog á icas sob e el asun o, puede e se en las
páginas (a con inuación inse as), que p eceden a
la idelísima y elegan e e sión de las
Relec iones
Tiieologicae,
hecha po D. Jaime To ubiano Ripoll
pa a da p incipio a la muy ú il «Biblio eca de ul-
ga ización de la ciencia española» que aho a co-
mienza a publica se, y cuyo pa ió ico in, como en
el p ospec o se indica, consis e en popula iza «los
eso os opulen os de sobe ana doc ina que encie-
an las ob as de los sabios españoles del siglo de
o o, cuyas enseeianzas gozan de la egalada escu-
a de pe pe ua opo unidad..
Cinco ob as no ables, debidas a pensado es espa-
ñoles que di ec a o indi ec amen e siguie on la ins-
pi ación i is a (2), ma can época en la his o ia de
la Teología du an e el Renacimien o: las
Relec io-
nes Theologicae
de Vi o ia, Lyón, 1557; el lib o
De
es i u a Theologia
de F ay Luis de Ca ajal, Colo-
nia, 1545; el a ado
De ec e
o mando
Theologiae
s udio
del e asmis a F ay Lo enzo de Villa icencio,
(1)
FI Maes o F . F ancisco de Vi o ia y
el Renaci-
mien o
ilosó ico- eológico del siglo XVI.
Mad id, 1914.
k
2) Vid. A. Bonilla:
Luís Vi es y la Filoso ía del Rena-
cimien o;
Mad id, 1903, pág326.
pRóLoco
Ambe es, 1565; el
De locis heologicis de
Melcho
Cano, Salamanca, 1563; y los
Hypo yposeon Theo-
1ogica um si e eo
..
-ula um ad in elligend as sc ip u-
as
di inas lib i X
de Ma ín Ma ínez Can alapie-
(A a, Salamanca, 1565. P ocú ase en odos ellos ol-
e la Teología a los buenos iempos de los Dion.i-
sios, i eneos, Cip ianos,
C isós on-ios, je-
ónimos- y Agus inos; pu i ica su es ilo; ilus a su
mé odo, y apa a la del aspec o bá ba o y con en-
cioso que había llegado a oma . Po que la ob a de
Vi es y de los demás enacien es que aboga on po
la simpli icación de los es udios eológicos, más
que no edad undamen al y de doc ina, ep esen-
aba un c i e io de ec i icación en el mé odo. Qui-
zá hubo exage ación en es e mo imien o, pe dién-
dose en p ecisión y en agudeza. lo que se ganaba
en se enidad y en
sen imen alismo
eológico; pe o
es aba pe ec amen e jus i icada la eacción con a
el p ocedimien o dispu a i o, donde la anidad pe -
sonal, el deseo de glo ia y el amo p opio, hacían
ol ida con ecuencia la g a edad del asun o y la
san idad de la disciplina.
No cabe duda de que la o mación in elec ual de
Vi o ia debió mucho, como la de Vi es, al ambien-
e ex anje o. Según los bióg a os de aquél, pe ma-
neció en F ancia unos diez y ocho años, siendo
discípulo en Pa ís de Juan Fena io y de Ped o C o-
cka , y no ol iendo a España has a 1522. Du an-
e esa época conoció a E asmo y a Juan Luis Vi-
es, el ilóso o del Renacimien o; y no es in unda-
do sospecha que uno y o o in luye on en Vi o ia,
aunque és e disc epase de E asmo en algunos pun-
os, como lo demues a el pa ece que dió en Va-
lladolid, en
,
6 de Julio de 1527, donde, sin emba -
go , acaba mani es ando que sus epa os sob e la
doc ina e asmiana se ían acep ados de buen g ado
PRÓLOGO
la amenidad de su es ilo, la elegancia de su elocu-
ción, esmal ada con disc e os ecue dos de los poe-
as clásicos y con alusiones a sucesos con empo á-
neos, y admi a, asimismo, el a e imien o de algu-
nas de las ideas allí expues as. Véase, po ejemplo,
lo que a i na en la elección
De Ma imonio
ace -
ca de las acul ades de la po es ad ci il, y se com-
p ende á bien el ca ác e a que nos e e imos.
C eo, pues, en is a de ales mé i os, que la elec-
ción de F ancisco de Vi o ia pa a inaugu a es a
"Biblio eca de ulga ización de la ciencia españo-
la„ end á a o able acogida en e el publico cul o,
y que me ece en usias a aplauso el S . To ubiano
po la e udición, el buen gus o y la exac i ud con
que ha sabido desempeña su di ícil a ea. Pone en
lengua cas ellana las p incipales p oducciones de
nues os g andes pensado es, no sólo se i á pa a
con ibui al p og eso gene al del espí i u, sino pa a
emedia de algún modo la insipien e pe ulancia
con que oda ía hay quien sos iene, po
en ende
que con la nega i a queda exen o de odo abajo
de p ueba, que nadie ha sabido pensa hondo en
España
has a que hemos pe dido las colonias.
Mad id, Ma zo de 1916.
A.
BONILLA Y SAN MARTÍN.
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MEN:NDEZ Y PELAY0
32-ues- a «33iblio eca»
L llo ado maes o e insigne es au ado de nues-
as glo ias nacionales, D. Ma celino Menéndez
y Pelayo, nu ió con la honda pena de habe de-
,
ado po hace una ob a que es imó de suma u ilidad en
odos los ó denes de la ida nacional. Con is ado po la
deplo able y mani ies a decadencia de la i ilidad de nues-
a aza, p oyec ó en su gigan e pa io ismo inocula en la
ida de España gé menes de igo ización y eng andeci-
mien o. Empapada su alma luminosa y ue e de la sus-
ancia adicional de nues a His o ia, conocedo como
ninguno de nues a insupe able g andeza, adi inó en su
p opio espí i u el emedio de nues as ya p olongadas y
demasiado hondas des en u as, y quiso deja nos en es-
amen o, como el más g anado u o de su p odigiosa la-
bo li e a ia, la ob a que no pudo ealiza .
Es a ob a es la que hoy p incipiamos noso os, con
ale inconmensu ablemen e in e io al del águila de
nues acul u a li e a ia mode na. No quisié amos se nos-
o os los ejecu o es de la olun ad del maes o, pues ha de
esul a hosca y menguada nues a labo ; pe o se ha im-
pues o la u gencia de lle a a cabo la emp esa, que nadie
— II
acome ía, y que debie a ha ce secon el apoyo e icaz y baio
los auspicios de los más al os pode es a quienes incum-
be ab i ho izon es luminosos al despe a de la Pa ia in-
compa able.
Tal ez quiso e e i se a es o el maes o cuando en
sus pos ime os años esc ibía:
La ida que Dios ue e se -
ido de concede me pienso emplea la
en
o os p oyec os li e-
a ios de ejecución menos ing a a (1).
Fue a punible ol ido e ing a i ud impe donable no p en-
de en la po ada de es a nue a «Biblio eca un mo ado
pensamien o a la dulce memo ia del g an pa io a y sabio
c eyen e, que an ue e y decisi o empu
j
e ha dado desde
el alcáza eal de sus ob as inmo ales al esu gimien o
glo ioso de nues a que ida España.
Veamos la azón de se de es a
«
Biblio eca» a la luz
esplendo osa que b o a de la pluma del esc i o mon-
añés.
La decadencia de los es udios se ios y el o al ol ido
de la ciencia eológica c eemos, con Menéndez y Pelayo,
han sido las causas del casi anulamien o de és e an es
insigne pueblo de eólogos y siemp e p o unda y adical-
men e c is iano:
«La decadencia de los es udios se ios comba idos po
»el supe icial enciclopedismo y aquella especie de la ,-
»guidez espi i ual que había in adido a g an pa e del
»cle o y pueblo c is iano en los días p óximos a la Re-
olución, aje on un innegable e oceso en los es u-
»dios eológicos y canónicos... La al a de comp ensión
»del espí i u c is iano, que ué la ca ac e ís ica del iloso-
(1) His o ia de los He e odoxos Españoles, 1911. Tomo I. Ad e encias
p elimina es, pág. 34.
III
» ismo ancés y del doc ina ismo libe al en odos sus
»g ados y ma ices, con agió a los mismos c eyen es, y e-
»dujo las polémicas eligiosas. a é minos de ex emada
» ulga idad: g a e dolencia de que no acaban de con a-
»lece las naciones la inas (1).
»Ho a es ya de que los españoles comencemos a inco -
po a nos en es a co ien e (de los es udios se ios), en-
»lazándola con nues a buena y sólida adición del iem.
»po iejo (2).
»Ha desapa ecido la única cá ed a de His o ia Ecle-
»siás ica que en España exis ía, aunque poco más que
»nominalmen e y ag egada de mala mane a al doc o ado
»de la acul ad de Ju isp udencia. Poco se ha pe dido
»con ello; pues, ¿qué u o podían saca de al enseñanza
»nues os canonis as uni e si a ios que llegan a licen-
»ciados con un año de Ins i uciones, y empiezan y acaban
»su ca e a sin sabe la ín ni pode lee el más sencillo
» ex o de las Dec e ales? Mucho an es había desapa eci-
»do de nues as Uni e sidades la Facul ad de Teología,
»que gozaba de poco p es igio en los úl imos iempos,
»mi ada con ecelo po unos, con desdén po o os, con
»indi e encia po la mayo pa e. Nadie la echó muy de
»menos y nadie in en ó se iamen e su es au ación, aun-
»que medios había pa a ello den o del égimen conco -
»dado en que legalmen e i imos. De es e modo nos hu-
»bié amos e i ado el op obio de que España, la pa ia de
»Suá ez y Melcho Cano, sea el único pueblo de Eu opa
»que ha expulsado la Teología de sus Uni e sidades. Te-
»dos, ca ólicos y p o es an es, la conse an, sin que es e
(1)
His o ia de los He e odoxos Españoles, 1911. To no 1. Ad e encias
p elimina es, pág. 12.
(2)
Id. íd., pág. 13.
— ni —
»aca amien o endido a la ciencia de las cosas di inas en
,cen os de cul u a abie os a odo el mundo, se conside-
.. e co no signe de a aso en Alemania, ni en Ingla e a
»ni en pa e alguna» (1).
La decadencia de los es udios se ios
—
dice Menéndez
y Pelayo - hizo ol ida los es udios eológicos; la ca en-
cia de és os ajo la incomp ensión del espí i u c is iano,
que edujo las polémicas eligiosas a é minos de
.
ex e-
macla ulga idad; lo cual —dice— es g a e dolencia de
las naciones la inas.
Lamen a el maes o que Espa ia, el más g ande pueblo
de eólogos, sea el único país de Eu opa en que se haya
sup imido la Facul ad de Teología, abogando po la es-
au ación de ella, con la de las cá ed as suple o ias de
His o ia Eclesiás ica y el omen o del es udio del la ín.
Pues bien, a eso enimos noso os; en el p ospec o de
la "Biblio eca» se dilo ya: a abaja po la es au ación
de los es udios se ios y a omen a el es ablecimien o en
las Uni e sidades de la sup ema ciencia de Dios, del alma
y de la e e nidad.
A pesa de nues a insigni icancia pe sonal, con enci,
dos de que el pueblo ca ólico espa iol y al en e de él sus
mejo es homb es de ciencia han de apoya nos, ambicio-
namos algo más que acome e una modes a emp esa edi-
o ial.
La sag ada Teología debe ía se , con más o menos
ex ensión, la base común de la cul u a c is iana, una asig-
na u a pe enecien e a odas las ca e as de un Es ado
o icialmen e con esional. An es que ingenie os, abogados,
médicos... somos homb es y c is ianos, y pa a el c is ia-
no pa a quien odo es secunda io en e a la sal ación
e e na, pa a quien odo me ece impo ancia solamen e en
(1) His e ia: de los He e odoxos Españoles, 1911. Tomo I. Ad e encias
p elimina es, pág. 23.
—
cuan o se elaciona con el úl imo in, el conocimien o de
esa ciencia di ina debe llena la mejo ac i idad y abso -
be las mejo es, aunque al ez muy b e es, ho as de su
ida. La Teología no puede se he encia exclusi a de una
po ción muy limi ada de homb es, aunque esos homb es
o men la sag ada je a quía sace do al.
El acío de Teología explica po qué igu an hoy en la
ex ema izquie da an os sabios, cuya pos u a eológica
iene an a ue za de au o idad doc inal como end ía la
mía, que no soy médico, en el campo de la alopa ía o de
la homeopa ía; pe o qué, sin emba go, seduce a los in-
cau os que elabo an de la pe sonalidad cien í ica de cie -
os homb es a gumen os oposicionis as de au o idad e-
ligiosa he e odoxa.. Así como al con a io, -cuando ué Es-
paña un pueblo de eólogos, no hubo homb e de ciencia
que no ue a, con más o menos na u a
l
es ex a íos, hijo
aman ísimo de Jesuc is o y de la Iglesia ca ólica.
Es menes e que acabe esa aza de pedan es que ha-
blan po habla , desc eídos po que son igno an es; es
menes e que acabe ambién ese linaje de c eyen es en-
cogidos, de sen ido eológico ex a iado y de.asce ismos
lindan es con la he ejía o con la idiculez, cien eces más
unes os que los p ime os. Y odo ello acaba á con la es-
au ación o icial de los es udios eológicos, con el esu -
gimien o de las a iciones se ias, con la eno ación de las
polémicas i as y luminosas, con la in il ación en nues-
a sang e de las i iles en e ezas y de las espléndidas
ideazas de aquellos ecios eólogos nues os sin i al.
Acaso no hayamos in e p e ado mal el hondo sen i
del glo ioso cán ab o que nos inspi a es as líneas y a
cuyo ecue do las dedica nos.
Igno ábamos que hubiese concebido nues os mismos
— VI
p oyec os, pues se nos in o mó de ello en nues as con-
sul as a los que habían sido amigos ín imos del maes o,
y enemos a insigne hono habe coincidido el nues o
con el pa ió ico pensamien o del llo ado sabio. Muy de
lejos segui emos sus huellas, que él enía alas pa a alza -
se, y noso os, ulga es caminan es, a igosamen e epa-
mos a los mon es; pe o la Pa ia amo osa no pide a sus
hijos más que el u o de aquellas luces con que les do ó
la P o idencia.
España lo ha sido odo po la eligión; el ce o de su
impe io. se lo puso en las manos la Iglesia.
«La Iglesia nos educó a sus pechos con sus má i es
y con eso es, con
.
sus Pad es, con el égimen admi able
•>de sus. Concilios. Po ella uimos nación, y g an :ación,
•‘
.
en ez de muchedumb e de gen es colec icias, nacidas
»pa a p esa de la enaz po ía de cualquie ecino codicio-
»so. No elabo a on nues a unidad el hie o de la conquis-
» a ni la sabidu ía de los legislado es: la hicie on los dos
»Após oles -e los sie e a ones apos ólicos; la ega on
2-con su sang e el diácono Lo enzo, los a le as del ci co de
Ta agona , las í genes Eulalia Eng acia, las innume-
-,'„ ables legiones de má i es cesa augus anos; la esc ibie-
-z on en su d aconiano Código los Pad es de ilíbe is; b i-
Aó en Nicea y en Sa dis sob e la en e de Osio, y en
>,Roma sob e la en e de San Dá naso; la can ó P uden-
cio en e sos de hie o cel ibé ico; iun ó del maniqueís-
mo y del gnos icismo o ien al, del a ianismo de los bá -
»ba os y del dona ismo a icano; ci ilizó a los sue os,
»hizo de !os isigodos la p ime a nación de Occiden e, es-
>c ibió en las Fonologías la p ime a enciclopedia, inundó
de escuelas los a ios de nues os emplos, comenzó a le-
an a en e los despojos de la an igua doc ina el alcá-
»za de la ciencia escolás ica po manos de Liciniano, de
»Tajón y de San lsido o; bo ó en el
Fue o Juzgo
la inicua
—VII
»ley de azas; llamó al pueblo a
asen i
a las delibe acio-
»nes concilia es; dió el jugo de sus pechos, que in unden
»e e na y san a o aleza, a los es au ado es del No e y
»a los má i es del Mediodía, a San Eulogio y a Al a o
»Co dobés, a Pelayo y a Oma -ben-Hansun; mandó a
»Teodul o, a Claudió y a P udencio a ci iliza la F ancia
»ca lo ingia; dió maes os a Ge be o; ampa ó bajo el
»man o p ela icio del A zobispo D. Raimundo y bajo la
»pú pu a del Empe ado Al onso VII la ciencia semí ico-
»española... ¿Quién con a á odos los bene icios de ida
»social que a esa unidad debemos, si no hay en España
»pied a ni mon e que no nos hable de ella con la elocuen-
e oz de algún san ua io en uinas?» (1).
Es p eciso enuncia a nues a esu ección colec i a
si no ol emos a ma cha al impulso de la en aña de
nues a His o ia.
«España e angelizado a de la mi ad del o be; España
»ma illo de he ejes, luz de T en o, espada de Roma, cuna
»de San Ignacio... esa es nues a g andeza y nues a un-
»dad; no enemos o a. El día en que acabe de pe de se,
»España ol e á al can onalismo de los A e acos y de
»los Vec ones, o de los eyes de Tai as» (2).
Y no comoquie a hemos de busca de nue o el cega-
do manan ial de nues o mue o pode ío, el espí i u que
dió ida a nues a p odigiosa ac i idad; no podemos ex-
a ia nos; en la Teología ca ólica, y sólo en ella, lo ha-
lla emos.
«Cuando nos ponemos a acionalis as y a posi i
s
is as
»lo hacemos pésimamen e, sin o iginalidad alguna, como
»no sea en lo es a ala io y en lo go esco» (3).
genio
(1)
His o ia de los He e odoxos Españoles, 1881. Tomo III. Epílogo, pá-
gina 833.
(2)
Id. íd., pág. 834.
(3)
Id. íd., pág. 835.
VIII
»español mue e y se ahoga en las p isiones de la he ejía,
»y sólo iene alas pa a ola al cielo de la e dad ca óli-
»ca» (1).
Po eso noso os que emos amilia iza a los españo-
les con Vi o ia y Suá ez (2), con Molina y Báñez, con
So o y Vázquez, con Melcho Cano, con Vi es, con Lugo,
con Toledo... y con oda aquella pléyade de colosos de
nues os buenos iempos.
No dejamos de comp ende que es labo gigan e la que
nos poponemos; que es e géne o de biblio ecas mue en,
po que los susc i o es a ellas pie den la paciencia al es-
pe a año as año el ema e de ellas. T as el solideo que
los es p ime os omos ep esen an, si el mundo Cul o
esponde a nues o es ue zo y a nues os p opósi os, sa-
b emos acome e la emp esa con el empuje que ella su-
pone y con la apidez que es pa e in eg an e de su éxi o.
El espí i u del llo ado pa io a nos alien e, el a o del
público cul o nos sos enga la bendición
.
de Dios, que
implo a nos, sea la mayo ga an ía de acie o y de éxi o.
LA
DIRECCIÓN.
(1)
His o ia de los He e odexos Españoles, 1881. To no II. Epílogo, pá-
gina 679.
(1) «No hay en oda la escolás ica española nomb e más glo ioso que el
de Suá ez ni más admi able lib o que sus
Dispu a iones 3le aphisiec e,
en que
la p o undidad del análisis on ológico
llega casi has a el úl imo lími e que
puede alcanza en endimien o humano.» Menéndez y Pelayo, lib. V, epí-
logo.
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NOTAS BIOGRÁFICAS
Y
.RAZONES IBII3LIOG-RÁFICAS
(--,1--11)
y se pul e iza pa a esu gi eno ado y pu i icado, y al
pa angona el igo de esas azas ue es que luchan can
su p opia languidez, cuando ha sido y puede ol e a se -
io, la nación más pode osa de la ie a, sien e a o una-
damen e en odas las mani es aciones de la ida es e-
mecimien os de e güenza y emulación di igidas a ege-
ne a se y a le an a se al luga que le co esponde po
la iqueza de sus dones na u ales y la po encia de sus
hijos.
No se conoce en la his o ia in luencia uni e sal más
honda y du ade a, más bienhecho a y ci ilizado a, que la
eje cida po España du an e los einados de los Reyes
Ca ólicos, de Ca los V y de Felipe II.
Hemos ol idado a aquellos homb es nues os en ue -
za de apa a nos de ellos, más que po los años, pocos
oda ía, po la apidez de nues a decadencia.
Vol amos a aquella edad he mosa a emb iaga nos de
g andeza pa a aspi a a da le a la ci ilización del mundo
L ecibi España co ien es ine i ables de esa
Eu opa incandescen e donde odo se de umba
-
XVI --
El Magis e io de Vi o ia en Salamanca ab e una nue-
a e a pa a la his o ia pa ia.
P obablemen e no ha habido maes o en el mundo, ni
más hábil en la enseñanza, ni
<
más en usias a de su cá-
ed a, ni más in luyen e desde ella en los des inos uni-
e sales.
«El maes o Vi o ia, decía Melcho Cano, pod á ene
discípulos más sabios que él, pe o diez de los más doc-
os no enseña án como él.»
En su clase e a un mago
que hacía descende del cielo la
sabidu ía,
como se decía en
su
iempo.
Con apasionadísimo enamo amien o consag óse a su
cá ed a
y
a la o mación de homb es; en su aula su gió
el espí i u y la idea de las sapien ísimas leyes de Indias,
albo eó
.
y c eció la asomb osa sabidu ía desplegada des-
pués en el Concilio de T en o y se echa on los cimien os
indes uc ibles del De echo In e nacional.. Conocedo de
su p o idencial misión en la His o ia, dedicóse o almen-
e a su ado ada Uni e sidad con una eb il ilusión desco-
nocida, an o, que en e mo
y
go oso
y
agobiado de mo-
les ias, se hacía conduci a la clase en una silla.
4
Manco, ullido, inmó il, con sólo la lengua expedi a y
la cabeza sana, pa ece el genio bienhecho de la en u a
pa ia, el ge men ecundo de la egene ación nacional;
que se condena a mue e pa a comunica la ida, como
dijo el Sal ado :
Nisi g ana /1 u nen i moda= ue i ,
ipsum solum
.
nzane ; si aulem mo uum ue i , mul um a-
c u a a e .
»A su clase acudía aquella g anada ju en ud que seña-
ló años después en T en o el índice de la cul u a españo
la como el más al o de la ie a; acudían sus p opios com-
p o eso es,
algunos -sapien ísimos y compa ícipes en la
glo ia de aquel esu gimien o .in elec ual desconocido;
XVII —
zcudían alumnos ex anje os que encon aban ya más
ace ado inspi a se en las ibe as del To mes que en las
del Sena; acudió el mismo Empe ado , al hace su isi a
a la sabia ciudad, A enas española, donde quiso le an a
el colegio ilingüe, y
de donde salían la luz y la jus icia
pa a gobe na odos sus einos (I).
»E a el Pad e Maes o, no sólo en la subs ancia de la
doc ina, sino en el modo de enseña la, maes o de los
maes os, po que su es ilo e a b e e, agudo, esolu o y
elegan e. Nunca sacaba las ma e ias de su luga p opio.
Las cues iones y dudas que mo ía y dispu aba e an muy
legí imas y p opias de donde San o Tomás las a aba
Y con es o, en poco iempo enseñaba mucho... No sólo
es os einos, sino los ex años, publican y con iesan que
las buenas le as y disciplina escolás ica de que hoy goza
España se debe al Maes o F ay F ancisco de Vi o ia» (2).
«En ma e ias mo ales ué o áculo consul ado y buscado
de odo el mundo: eólogos, ju is as, caballe os, plebeyos,
a an es, con eso es de eyes, colgados odos de su eso-
lución, descolgábanse de I alia, F ancia, Alemania; pasa-
ban el ma los de Indias, nue amen e conquis adas; em-
p endían na egaciones la gas, espe aban las consul as
co no quien espe a la luz del camino segu o; dudóse
en
sendas con a ias, si las Indias, nue amen e conquis a-
das, despe a on di icul ades en los eyes, al Maes o Vi-
o ia, de quien oyen esolución sin lisonja. Si u ba la
Iglesia En ico VIII, ey de Ingla e a, epudiando a su
legí ima muje y eina
D.
a
Ca alina, consul a el Papa,
(1)
P. G ullo:
El Mi o. F . F ancisco de Vi o ia
y
el Renacimien o iies5 ico.
eológico del siglo XVI.
(2)
His o ia de San
Es eban,
po el P. Fe nández, lib. II, cap. 16, ol. 249.
Manusc i o exis en e en el Con en o de San Es eban y en la Uni e sidad
de Salamanca.
--
XVIII
o áculo de la Iglesia, al Maes o Vi o ia, o áculo pa icu-
la , a quien oye pa a esponde después como o áculo
común... En el es udio e a in a igable de noche y de día,
como homb e consag ado siemp e a es udia , sin pe do-
na lo áspe o de los iempos, y lo que es más, su muy
queb an ada salud, dolo es in ensos de cabeza y o os
achaques, conside ando que el alen o dado po Dios
e a pa a es e in, y así, nunca le pa eció que sabía an o
que no necesi ase de sabe más, ni nunca se ió de lo
sabio, mi ando lo más que le es aba de sabe ; acudía
pe sonalmen e a la cá ed a, sin excusa se po las en e -
medades e dade as que padecía, como quien sabía que
los me cena ios sus i uyen de cumplimien o las eces del
p opie a io y que nunca se inge la oz de Esau de sue -
e que no se conozca la de Jacob, y la del p opie a io
siemp e es de maes o, y de discípulo la del sus i u o, es-
pecialmen e, no siendo posible ajus a la del mejo sus i-
u o con la de al maes o (1).
Tal
ué la pos u a en que supo coloca se en Salamanca
el ilus e dominicano.
A las pocas semanas de ele ado Vi o ia a la cá ed a
de P ima, ué nomb ado dipu ado del Claus o. Miemb o
de aquella Jun a de gobie no, an au ónoma, an lib e,
u o ya el p ime año ocasión de da pábulo a su espí i u
de independencia cán ab a: no ué Vi o ia quien con me-
nos ene gia con a ió la olun ad del omnipo en e Ca -
los
V
en las cues iones del doc o Alonso
Pa a, solici a-
(1) Tomado del cap. IV de la ob a manusc i a exis en e en el A chi o de
la Cáma a (ene alicia (XI-9). La ob a en cues ión es la
His o ia del Con-
en o
de
San Pablo de Bu gos,
esc i a en el año 1690 po el P. M o.
F ay
-Gonzalo de A iaga.
- XIX --
do pa a-.asis i a Ca alina de A agón, y de Na a o Az-
pilcue a, eque ido del Empe ado po el ey de Po ugal
pa a que uese a lee en la Uni e sidad de Coimb a. En e-
pe idas ocasiones mos ó con galla da se enidad al césa
que si Ca los V e a empe ado en el o den ci il, él lo e a
en el o den de las ideas, y p ogeni o de nues a g ande-
za in elec ual, base de nues a g andeza polí ica; y si Ca -
los V se mani es ó muchas eces se iamen e con a iado
po el sabio dominicano, o as an as, g an caballe o,
conscien e p íncipe y e o oso c is iano, endíase a la
maciza sabidu ía del modes o aile, al que consul aba los
negocios más di icul osos, a quien nomb ó su eólogo
pa a el Concilio de T en o (al que no pudo asis i Vi o ia
pe sonalmen e), y a cuyos discípulos llamó a di igi su
eal conciencia.
Imp imió Vi o ia al empuje a su que ida Uni e sidad
que al poco iempo de ilus a la con su doc ina, ué p e-
ciso e o ma los es a u os de ella y da les más ampli ud
y au onomía.
En dos muy sonados negocios in e ino, que no que e-
mos pasa po al o, pues e a Vi o ia el o áculo obligado
de España en odos los asun os di íciles: el p oceso del
admi able ascongado, San Ignacio de Loyola, y la cues-
ión de E asmo en España.
Vi o ia e Ignacio de Loyola son dos ascongados que
ep esen an en di e en es ó denes, la ciencia y la acción,
la cumb e de las asomb osas indi idualidades que aquel
siglo p odujo en nues a pa ia. No dudamos de ello: San
Ignacio, pad e de esa pléyade innume able de sabios, san-
os, colonizado es y educado es de p ime a ue za, que
se llaman hijos de la Compañía de Jesús, es supe io a
— XX —
F ancisco de Vi o ia, aun p escindiendo del g ado he oi-
co de sob ena u al i ud que le me eció al hijo de Lo-
yola el hono de los al a es; digo supe io , en cuan o
cabe compa ación en dos ó denes dis in os de ealidades.
¡Cuán di e sa de la debida e a, sin emba go, la si uación
ela i a de cada uno, an e la es imación de los homb es,
al encon a se en Salamanca! Vi o ia, en el solio de la
majes ad cien í ica, aclamado po maes o de maes os;
Ignacio de Loyola, pe seguido y p ocesado po me e se
a eólogo, mi ado po unos con compasión y po o os
con desp ecio.
C ee nos se debió a Vi o ia el a amien o sua e y sen-
sa o que, po pa e de los dominicos de San Es eban, e-
cibió en Salamanca San Ignacio, condenado po laUni e -
sidad de Alcalá; pues su in luencia e a g ande y conoció,
si no odo, pa e del mé i o de Ignacio, y supo es ima lo,
como se p ueba po el hecho de que al en ia más a de
a Salamanca el insigne undado a dos de sus hijos, Fa-
b o y A aoz,
encon a on en F ancisco de Vi o ia
oda la
p o ección que podían desea (1).
En la cues ión de E asmo se e la lucha en e las sim-
pa ías pe sonales y el debe del homb e público, de cuyas
palab as pueden o igina se emendas esponsabilidades-
Vi o ia amaba y admi aba a E asmo, al que, en los a -
do es del compañe ismo ju enil, habia de endido epe i-
damen e delan e de los eólogos de la So bona.
El e udi o
o e damense
e a un pelig o pa a la e: as-
u o y anidoso, pe manecía en e dos aguas pa a ene
(1) P. ASTRAIN:
His o ia de la
Compa lia
de
Jesús en la asis encia
de Espa-
ña,
. 1, lib.
II,
cap. I11.
XXI —
siemp e el camino abie o po donde le empujasen sus
pe sonales con eniencias. Su co azón es aba indudable-
men e ex a iado, a as ando su en endimien o a la he-
ejía; pe o su habilidad y el b illo de su sabe supie on
c ea le un ambien e uni e sal a o able, incluso en la co -
e del Empe ado . El g an sen ido eológico del pueblo es-
pañol y la maciza sabidu ía de sus ailes, die on el golpe
de mue e al holandés. G an p opulso en e bas ido es
del p o es an ismo, E asmo nos hubiese lle ado a la he-
ejía si llega a echa en nues o suelo las aíces que echó
en Holanda y Alemania. La condenación de Vi o ia, aun-
que dolien e y sua izada, ué decisi a.
OBRAS DE VITORIA
Vi o ia no dió nada a la P ensa; apenas esc ibió si-
quie a; sólo omaba no as pa a acili a las dise aciones
que no leía, sino que o almen e desen ol ía.
Vein e años du ó el in a igable magis e io del maes o
sin i al; su mé odo de enseñanza hacía que en b e e
iempo se pudiesen es udia la gamen e nume osas cues-
iones; lle aba a la cá ed a odos los asun os en que e a
consul ado po el Empe ado y odos los sabios del mundo
en e o; en odos los esc i os de
la
época, de odas p oce-
dencias, esal a la no a de g a i ud de que Vi o ia ué el
maes o común (1); la al u a inconmensu able desde don-
de
lanzaba o en es de sabidu ía eológica hizo posible
que
de sus enseñanzas a anca an los gé menes odos de
las amas di e sas de la humana sabidu ía: ilóso os, eó-
logos, canonis as, ci ilis as, polí icos, após oles, coloni-
(1) El jesui a Schueeman esc ibe: En la escuela de F ancisco de Vi o ia
se o ma on ingenios an di e sos como Bañez (dominico) y F ancisco To-
ledo (jesui a).
--
XXII -
zado es salie on en legión de su escuela. Hablen los hom-
b es que a su somb a se o ma on, bas an es pa a hon-
a muchos siglos: Na a o Azpilcue a, los dos Co
y
a-
ubias, Domingo So o, G ego io Gallo, Melcho Cano,
Ma ín Ledesma, Jo ge de San iago, Gaspa de los Re-
yes, Ped o So o, And és Tudela, Diego Cha es,
Ba o-
lomé Ledesma, Amb osio Mo ales, And és Vega, F an-
cisco Sancho, Ped o Ponce de León y o os mil.
Inmensa es la labo cien í ica desa ollada po Vi o ia,
labo que no se p eocupó de esc ibi él, pe o que en pa -
e muy pequeña die on a la imp en a sus discípulos o
conse a on manusc i a.
An es de él, nadie copió las lecciones de los maes os,
de los cuales no sabemos sino lo que ellos han que ido
deja nos consignado.
k
,Los cuade nos de Vi o ia, sus
lec u as,
amo osamen-
e copiadas y conse adas po los que pudie on oi le,
cons i uye on una especie de ondo común, una doc ina
adicional den o de la O den, a cuyo ondo ué acumu-
lándose la labo de los nue os p o eso es, en an o que
la eologia española conse ó alien os de eno ación y
b íos de ju en ud y es ue zo acional sacado de sus p o-
pias en añas. Así pudo du an e dos siglos la O den de
P edicado es expone con o gullo sus eólogos a la e i-
ble compe encia con los Salme ones y Toledos, con los
Maldonados y Fonsecas, con los Molinas y los Vázquez,
con los Suá ez, Valencias y A iagas, con los
Ripaldas
y Mon oyas; y si pa a glo ia de nues a ciencia quedó
indecisa la palma de an noble ce amen y no hubo en i-
go ni encedo es ni encidos, oda ía pudo la escuela
de F ancisco de Vi o ia ei indica el pa en e de echo de
p io idad, no sólo en lo dogmá ico, sino ambién en lo
posi i o e his ó ico, a lo cual se añade que el au o de
— XXIII —
Relec iones Theologicae,
que es en echa el p ime o de los
g andes mo alis as que la escuela p odujo du an e su
edad de o o, puede eclama muy buena pa e, no en los
ex a íos (bien ajenos de su emplanza y sob iedad de jui-
cio), pe o sí en los acie os de aquella legión de casuis-
as, aye an denig ada, y cuya ehabili ación comienza
aho a, los cuales apu a on has a el úl imo ápice la disec-
ción de los ac os humanos, de sus ocul os mó iles, de
sus ex emas consecuencias, de los acciden es que los
modi ican y de su cali icación con o me a las leyes de la
é ica c is iana» (1).
Muy es ingida es á en las palab as de Menéndez y
Pelayo la in luencia de Vi o ia, si las compa amos con
las de los esc i o es de la época del g an eólogo ala és;
pe o ellas son es imonio de la impo ancia que alcanza-
on los apun es de las explicaciones de Vi o ia hechos
po sus discípulos.
Veamos las ob as de Vi o ia que han llegado has a
noso os:
CONSEJO SOBRE SI LOS SEÑORES PUEDEN VENDER O ARREN-
DAR LOS OFICIOS, COMO ESCRIBANIAS O ALGUACILAZGOS.
Pu-
blicado po Diego Zú iiga al in de su ob a
Ins ucción y
e ugio del ánimo y conciencia eme osa de Dios.
Salaman-
ca, 1552.
REVERENDI
P. FRATRIS
FRANCISCI DE VITORIA, ORDINIS
PRAEDICATORUM...
RELECTIONES
XII in duos omos di isae (2).
(1)
MENÉNDEZ Y PELAYO:
Discu so de con es ación al S . Hinojosa.
(2)
Re ecciones
o
epe iciones
e an con e encias ex ao dina ias que se da-
ban. ue a del cu so o dina io de las explicaciones. Es as e saban en o mo
---
XXIV —
P i nus o
17111S .
De po es a e Ecclesiae, p io e pos e io .—De Po e-
s a e ci ili. — De Po es a e Concilii.—De Indiis p io .—
De Indiis pos e io , si e de Ju e belli. —De Ma imonio.
Secundas omas.
De Augmen o cha i a is.—De Tempe an ia.—De Ho-
micidio. --De Simonia.---De Magia.—De eo ad quod e-
ne u eniens ad usum a ionis.
Es a ob a, la más impo an e de Vi o ia, que es la que
amos a publica en di e sos o nos, ha enido las edi-
ciones siguien es las de:
Lyon, en 1557; Salamanca, 1565; Ambe es, siglo x i,
sin año; Inglos ad, 1580; Lyon, 1586; Lyon, 1587; Am-
be es, 1604; Venecia, 1626; Venecia, 1640; Salamanca,
1680; Colonia, 1685; F an o , 1696; Mad id, 1765.
Las elecciones
De Indiis
ue on, además, edi adas po
el Ma qués de Oli a en Mad id en 1900.
Noso os usamos pa a es a aducción la edición de
Mad id en 1765.
De una elección se hace mención en las no as biog á-
icas del P. Jacobo Echa d,
De silen ii obliga ione,
que no
conozco.
Ve güenza ué pa a noso os que an es que nadie pu-
blicase la ob a el edi o lionés segla Boye en 1557; es o
es imuló a Al onso Muñoz a hace en Salamanca su edi-
ción de 1565 balo los auspicios de 1 os más eximios dis-
de la Suma
de San o Tomás, en la clase de Teología. Las
esecciones
las daba
Vi o ia siemp e que se o ecía cues ión especial que en ila , y se le o e-
cía epe idamen e, pues sabido es que gus aba de lle a a la clase las con-
sul as que se le hacían, que e an muchas.
XXV
cípulos de Vi o ia: Melcho Cano, Domingo So o y F an-
cisco Sancho.
En cas ellano no se han publicado has a aho a.
O as ob as ue on:
SUMMA SACRA
'
IYIENTORUM ECCLESIAE
ex doc ina F a is
F ancisci de Vi o ia...
Las cua illas de es a ob a ue on examinadas po el
mismo Vi o ia an es de su publicación.
Se imp imió po p ime a ez en Salamanca en 1546.
De ella se conocen 29 ediciones.
CONFESONARIO ÚTIL Y PROVECHOSO.
Fué imp eso en Me-
dina del Campo en 1569.
Se conse an, además, comen a ios manusc i os nu-
me osos de g an alo que en es as no as no podemos
consigna . Es os comen a ios lo son de la
Sunzma
de
San o Tomás.
Ca as y a ados di e sos han llegado ambién a nos-
o os, que se gua dan amo osamen e en alguna que o a
bibliO eca.
Todas las ob as de Vi o ia son an a as que po ma-
a illa se halla un ejempla , y de muy di ícil acceso; es
menes e que es o acabe y que su apa ición en la escena
de la ciencia española señale el momen o de nues a e-
su ección.
LAS RELECCIONES DE
INDIS
Algo di emos de la ma e ia especial de es e omo an-
es de e mina las no as ela i as
a
oda la biblio eca de
Vi o ia.
T es años después de la isi a del Empe ado a Sala-
- manca, du an e la cual asis ió de oyen e, a imado
a
un
9
- XXXII -
nó la balanza de la hegemonía en a o de Salamanca:
«Va ón excelen e, di ino, incompa able, esplendo del
ins i u o dominicano, o namen o de la Teología, exempla
de la an igua eligiosidad.»
Al onso Muñoz, en su ca a al in an e D. Ca los, dice:
«Mucho debe oda España á es e a ón me i ísimo, pues-
o que él lo ha conquis ado po muchos í ulos, sob e
odo, po que cuando la Teología es aba en España llena
de pol o y con usiones y aun de lodo, muda y casi sin
lengua ni exp esión, el solo la es i uyó a su p opia cla i-
dad, a su in eg idad, o na o y he mosu a. Son es imonio
de es a e dad no sólo las his o ias que se esc iben, sino
p incipalmen e las lo as de discípulos que de sus escue-
las se espa cen po doquie .»
l3áñez esc ibió: «Tengo en endido po e e encias de
nues os pad es, que en Salamanca, o po mejo deci , en
oda España, hace sesen a años e an mucho menos pe i-
os los eólogos escolás icos has a que F . F ancisco de
Vi o ia, de glo iosa memo ia, que ué insigne maes o de
nues a o den, enseñó de i a oz, como o o Sóc a es, la
doc ina escolás ica, ilus ándola y educiéndola en su cá-
ed a de P ensa de Salamanca, con un mé odo pe spicuo y
eple o de e udición pa a la in eligencia de San o Tomás.»
Nicolás An onio, en su in oducción a la
Biblio eca His-
pana,
esc ibe: «Mien as se ibu e en el mundo ene a-
ció a la ciencia sag ada, se á encomiado con ehemencia
el a ón de excelso ecue do F ancisco de Vi o ia, no
an o po sus ob as imp esas, que aunque de poco bul o,
son de mucho alo , cuan o po habe in oducido en
aquella Academia y en oda España un es ilo pe ec ísimo
de enseñanza eológica y habe o mada con él a nues os
más doc os eólogos.»
*
Móde namen e uel e a enace la glo ia del p ecep o
sin igual y genial eólogo. Los ex anje os han enido a
despe a nos del le a go, o o gando al insigne ala és la
pa e nidad del De echo in e nacional.
Las ecien es con o e sias en la Academia de Cien-
cias Mo ales y Polí icas en e el S . Fe nandez P ida y
el ilus e políg a o S . Bonilla y San .Ma ín, han sido
glo ioso albo ea de la ehabili ación de Vi o ia en la me-
mo ia y en el co azón de los españoles.
Es indudable que lo más comple o que has a hoy se ha
.esc i o espec o al Maes o Vi o ia es la ob a del P. Qe-
ino, publicada en 1914:
El
.
Maes o F ay F ancisco de Vi o-
ia y el Renacimien o iloso i:co- eológico del siglo XVI.
El S . Bonilla y el P. C e ino son los dos po aes an-
da es de la jus a glo i icación de Vi o ia an e a España
mode na.
Es amos espe ando con ansia los u os de la labo
p olongada del P, Pabón, que, dícese, ha de da a luz en
b e e una ob a acabada ace ca del Maes o i o iano.
JAIME TORRUBIANO RIPOLL.
NOTA
Al inal, como apéndice, pond emos po o den al abé ico
las leyes, capí ulos, e c., del Cue po del De echo Canónico y
del Cue po del De echo Ci il que epe idamen e se ci an en
el ex o de Vi o ia, como apoyo de los a gumen os di e sos.
Se á una guía pa a las pe sonas ilus adas que deseen p o-
undiza en la ma e ia del ex o.
RELECCIÓN
DE
LOS INDIOS RECIENTEMENTE HALLADOS
PARTE PRIMERA
Los indios an es de la llegada de los Españoles
e an legí imos seño es de sus cosas pública y
p i adamen e.
Doce eomnes gen es, bap izan es eos
nomine Pa is
e
Filii e Spi i us Sanc i,
(MATTH.,
c. XXVIII, . 19.)
Enseñad a odas las gen es bau i-
zándolas en el nomb e del Pad e y
del Hijo
y
del Espí i u San o. (E an-
gelio de S. Ma eo, cap. 28, . 19.)
P omué ese cues ión ace ca del luga ci ado de la Sa-
g ada Esc i u a,
y
se p egun a si es líci o bau iza a los
hijos de los in ieles con a la olun ad de sus pad es.
La cual cues ión es a ada po los Doc o es
(4
Sen-
en ia ., dis . 4)
y
po San o Tomás (2. 2., q. 10, a . 12.
y
3.
a
pa ., q. 68, a . 10).
Y oda es a con o e sia y elección (1) es po causa
(1) Véase lo que en los p eno andos dijimos ace ca de las elecciones.
-
2 -
de esos bá ba os del nue o mundo, a los que se llama
ulga men e indios, que desde hace cua en a años es án
en pode de los españoles y an es de es e iempo e an
desconocidos del mundo iejo.
La p esen e con o e sia ace ca de ellos end á es
pa es: en la p ime a se es udia á po qué ley inie on
los bá ba os a pode de los españoles; en la segunda,
qué puedan los sobe anos españoles sob e ellos en las
cosas empo ales y ci iles; en la e ce a, qué puedan, ya
los mismos p íncipes, ya la Iglesia, sob e los indios en
las cosas espi i uales
y
en las pe inen es a la eligión,
en la cual e ce a pa e se con es a á a la p egun a a que
ha dado luga el e e ido ex o de San Ma eo.
En cuan o a la p ime a pa e, pa ece cosa ociosa e in-
ú il discu i , no sólo en e noso os, a los que no co es-
ponde me e nos en si es á bien o mal adminis ada aque-
lla gen e ni duda de aquel gobie no, ni enmenda los po-
sibles ye os, sino aun pa a aquellos que ienen el debe
de p eocupa se de es as cosas y pone mano en ellas.
En p ime luga , po que ni los p íncipes españoles ni
sus gobe nan es ienen el debe de es udia y deshace
o almen e los acue dos y los í ulos ace ca de los cuales
an es se delibe ó y se dec e ó, p incipalmen e en aquellas
cosas que ocupan los sobe anos de buena e y de las
cuales es án en pací ica posesión, pues, como dice A is-
ó eles (1), si a cada momen o hubié amos de ol e so-
b e nues os pasos, no acaba íamos jamás, ni pod ían los
p íncipes ni los conseje os de los o os es a cie os y
anquilos en conciencia; y si ue a menes e ae a
cuen o nue amen e desde sus o igenes la legi imidad de
los í ulos de su dominación, no pod ían ene segu idad
(1) 3 E híco .
—
3 —
de ninguna cosa. Y, además, comoquie a que nues os
sobe anos, Fe nando e Isabel, que ocupa on los p ime-
os aquellas egiones, hubiesen sido c is ianísimos, y el
empe ado Ca los V sea p íncipe jus ísimo y eligiosísi-
mo, es incues ionable que u ie on muy bien es udiado y
desen añado y emi ado cuan o a añía a la segu idad de
su es ado y de su conciencia, p incipalmen e en cosa de
an g ande impo ancia, y po lo mismo, no sólo ano
puede pa ece , sino ambién eme a io, dispu a , ace ca de
al cues ión, como si ué amos a busca le un nudo al ca-
izo y nos empeñásemos en so p ende la iniquidad en
la casa del jus o.
Ma a la solución de es a di icul ad es p eciso conside-
a lo que A is ó eles dice (1), a sabe , que así como el
consejo y la delibe ación no han luga en las cosas im-
posibles o necesa ias, así ampoco en las cosas mo ales
puede e sa consul a alguna ace ca de lo mani ies a-
men e lici o y hones o, ni ace ca de lo mani ies amen e
ilíci o e inhones o. Ni a nadie se le a a ocu i consul a
si ha de i i con emplanza, con o aleza y con jus icia,
o si puede i i injus a y o pemen e, o si le es líci o,
adul e a , pe ju a , hon a a sus pad es y o as cosas
pa ecidas. Cie amen e no ue a es a consul a digna de
un c is iano. Mas cuando se p opone pa a ob a algo de
lo que pueda con azón duda se si es bueno o malo, jus-
o o injus o, ace ca de eso es p eciso aconseja se y de-
libe a , ni puede eme a iamen e ejecu a se cosa alguna
an es de habe indagado y conocido qué se nos pe mi a
o qué se nos p ohiba. Tales son las cosas que ienen su
lado bueno y su lado malo, como de e minados con a os
y de e minados negocios.
(1) 3 E hico .
— 4 —
Y es al la necesidad de ob a del modo dicho, que si
alguien an es de delibe a y de cons a le legí imamen e la
lici ud del ac o que a a ejecu a , lo ejecu a e, peca ía,
aun cuando de su na u aleza ue a líci a la acción, sin
que le excusase la igno ancia, que no se ía, como es e i-
den e, in encible, po cuan o no hab ía pues o de su pa -
e lo que e a menes e pa a asegu a se de la lici ud
o
ili-
ci ud de la acción. Pa a que el ac o sea bueno es menes-
e que, si po o o lado no nos cons a cie amen e, sea
hecho al po la de inición y de e minación de pe sona
compe en e, pues es a es una condición de la bondad del
ac o, co no lo dice A is ó eles (1), y así, el que no se
aconseja del sabio en cosas dudosas, no puede se ex-
cusado.
Más. Aun supues o que el ac o sea líci o en sí mismo,
desde el momen o que se duda undadamen e de él, es
obliga o io consul a y a ene se al dic amen del sabio,
aunque al ez equi ocado. De donde, si alguien, sin el
consejo de los doc o es, o malizase un con a o, del que
se duda en e los homb es si es líci o o no lo es, induda-
blemen e peca ía, aun cuando, po o a pa e, uese el
con a o líci o y como al lo u ie a el con a an e, no po
la au o idad del sabio, sino po su p opia inclinación u
opinión (2).
Y po la misma azón, si alguien consul ase a los pe-
i os ace ca de cues ión dudosa, y esol iesen ellos que
al o cual acción u omisión e a ilíci a, y ob ase luego el
(1) 2 E hico .
2) Opinión undada en le es mo i os, no opinión apoyada en sólidos
undamen os. Sabido es que más i me y más acional apoyo es la azón
in ínseca que el a gumen o de au o idad. El caso es á
en
que aquí se a a
de pe sonas incapaces, in e na o ex e namen e, de adqui i con icción po
azón in ínseca.
— 5 --
consul an e con a el pa ece de sus conseje os, peca ía,
aun cuando de e dad uese líci a de suyo la acción eje-
cu ada o líci a la omisión. Como si alguno, . g ., duda-
se de si al es su muje y consul a si iene debe de conce-
de el
débi o
o le es líci o concede lo o puede exigi lo, y
con es an los doc o es que no le es líci o el ac o conyu-
gal, y él, no obs an e, o po amo a su muje , o empuja-
do po su p opia sensualidad, no c ee a los conseje os y
pasa adela e, peca, aunque sea líci a la acción, como en
ealidad lo es (1), po que ob a con a conciencia a la que
iene obligación de a ene se. Todos enemos el debe de
(1) Que emos pone una no a a la a i mación delicada que hace aquí Vi-
o ia.
T á ase de la duda posi i a ace ca de impedimen o di imen e de ma i-
monio.
Pueden o ece se a ios casos:
1.
e
Ambos cónyuges con aen con duda de impedimen o di imen e.
2.° Un cónyuge con ae de buena e, y o o con duda de impedimen o
di imen e.
3.° Con aído de buena e el ma imonio po ambas pa es, su ge duda en
los dos con ayen es de si hubo o no impedimen o di imen e.
4.° Con aído de buena e el ma imonio po ambas pa es, su ge duda en
un solo con ayen e de si hubo o no impedimen o di imen e.
Asimismo: puede se la duda del
de echo
y del
hecho.
Además: el impedimen o puede se po de echo na u al, o puede se po
de echo posi i o.
También: una cosa es
pedi
el débi o y o a
exigi lo
y o a
concede lo;
y
una cosa es
pode
pedi lo o exigi lo o concede lo, y o a cosa es
debe
pedi lo
o exigi lo o concede lo.
No amos a a a aquí la cues ión en e a, que es dila adísima, pues da lu-
ga , como se e, a no en a y seis casos mo ales.
Vi o ia se ija en el caso, en que un solo con ayen e dude de la alidez
del ma imonio, sea con duda an e io o concomi an e al ma imonio, sea
con duda subsiguien e a él, con duda del de echo o con duda del hecho, des-
de el momen o en que no dis ingue. Y a i ma o undamen e el ala és, que el
cónyuge dudoso, lo mismo puede pedi el débi o, que exigi lo, que con-
cede lo.
No odos piensan del mismo modo y dicen: Si la duda es le e, ha de des-
p ecia se. Si la duda es g a e,
puede
concede lo, mas no debe; pe o no
puede
pedi lo ni exigi lo, y mucho menos
debe,
has a que hechas de su pa e las
-6—
c ee en aquellas cosas que a añen a la sal ación a aque-
llos a quienes la Iglesia ha pues o pa a enseña , y en lo
dudoso, su esolución es ley. Pues así como en el ue o
con encioso es al juez a quien co esponde sen encia .
con o me a lo alegado y p obado, así en el ue o de la
conciencia débese juzga , no po el p opio sen i , sino en
ue za de una azón p obable o de la au o idad de los
doc os; o a cosa es juicio eme a io y expone a pelig o
de e a , y po el solo hecho de ob a así ya se ye a.
En el Viejo Tes amen o (Deu e onomio, cap. 17) se man-
daba:
Si hubiese algo dudoso en e sang e y sang e, causa
y causa, lep a y lep a, y obse a as que los pa ece es de los
jueces a iaban den o de u misma casa, dice el Seño , le án-
a e y sube al luga que eligió el Seño u Dios, y llegándo e
a los sace do es del linaje de Le i y al juez
.
que lo ue e en
aquel iempo, les p egun as y e enseña án la e dad, y ha ás
lo que e o dena en los que es án pues os pa a enseña e, y
no e o ce ás ni a la de echa ni a la izquie da (1).
Así, epi o, en las cosas dudosas hay obligación de
ndagaciones opo unas que aconseje la p udencia, llega a ce idumb e de la
condición de su es ado o sigue dudando; si sigue dudando, en conciencia
pasa a la si uación de oda pe sona cie amen e casada; si llega a ce idum-
b e de alidez, no hay qne habla ; si llega a ce idumb e de nulidad, es e i
den e que ni puede pedi lo ni concede lo.
En la p ác ica se aconseja pedi dispensa, siemp e que ella pueda e ali-
da el ma imonio sospechoso.
Véase a Be a di, omo núms. 887 y 888; S. Al onso, lib. VI, núms. 90J
y 906; D'Annibale, pa . 3.
1
‘, pá a o 478; Sánchez, lib. II, disp. XLI, núme-
o 46; Lugo,
De ,7us i ia e Ju e,
disp. XVII, núm. 88, e c.
Puede ambién da se el caso en que cons e del impedimen o, pe o no
cons e de la dispensa; y en onces es p eciso pedi an es la dispensa. Y pue-
de ambién duda se de si la dispensa ha:sido álida o no, en el cual caso
p e alece la alidez.
No nos hemos p opues o es udia aquí la cues ión, sino acla a la a i ma-
ción de Vi o ia.
(1) Vi o ia indudablemen e se si ió, pa a sus ci as bíblicas, o de la edi-
ción de la Vulgu a de los Pad es Dominicos de Pa ís en el siglo
los
— 7 —
consul a a aquellos a quienes la Iglesia ha pues o pa a
enseña , cuales son los P elados, p edicado es, con e-
so es y pe i os en leyes di inas y humanas,
p
ues en la
Iglesia unos son ojos, 'o os pies, e c.
Y a unos les hizo
após oles, a o os e angelis as, a o os pas o es y doc o es»,
se lee en las
Ca as de San Pablo a los Co in ios
(capí u-
lo 12, . 28)y
a los E esios
(cap. 4, . 11), y
«sob e la cá-
ed a de Moisés se sen a on los esc ibas y los a iseos, haced
y obse ad cuan o os dije en,
se lee en San Ma eo (capí-
ulo 23, s. 2 y 3).
Y A is ó eles (1), omándolo de Flesiodo, dice en son
de p ecep o:
«Quien de sí igno a y a nadie ala ga el oído pa a oi
el bien, es demen e e iníl il.»
cuales edi a on ambién un no able
Co ec o
•
ium,
o de la Magun ina del
año 1462, que ué la p ime a imp esa.
Las
ediciones
impo an es de la Vulga a, pos e io es a San Je ónimo, has-
a el Concilio T iden ino son las siguien es:
' La de Casiodo o, en el siglo i; la de Alcuino, en el siglo Ix; la de Lan-
anco, en el siglo xi; la del Ca denal Nicolás, en el siglo xii; la de los Pa-
d es Dominicos de Pa is, bajo la di ección del ca denal Hugo, en el si-
glo xiii;
la de Maguncia, en el siglo x ; la del ca denal Jiménez de Cisne-
os, en la
Poliglo a,
en 1517; la de Robe o S é ano, en 1528,
y
la de Lo aina,
en 1547.
La co ien e en nues os días, de la que se han dado a luz innume ables
copias, es la edición omana, o denada po el Concilio T iden ino y hecha
en 1590 y 1592, bajo los Pon i icados
y
especial cuidado de Six o V y de
Clemen e VIII.
Has a el siglo xiii no se conoció la di isión de los lib os de la Biblia en
c
apí ulos, e o ma que se a ibuye al ca denal Hugo, y has a el siglo
XVI
no
se
d
is ibuye on los capí ulos en e sículos, mejo a in oducida po el edi o
p
a isiense Robe o Es é ano.
Vi o ia, cla o es á, no ci a nunca e sículo; noso os, pa a acili a el
ha-
llazgo
del ex o, ecuen emen e lo pond emos.
Ni es de ex aña que el ex o bíblico del o iginal de Vi o ia p esen e al-
gunas di e encias acciden ales espec o al ex o de la edición ac ual. Nos-
o os nos a enemos a és e.
(1) 1
E hico .
— 14 —
Los hubo que de endie on que el í ulo del dominio es
la g acia, y, po lo mismo, los pecado es, al menos los
mo alemen e ales, no ienen dominio alguno sob e las
cosas. Fué el e o de los pob es de Lión o aldenses, y
pos e io men e, de Juan Wicle ; el cual e o ué conde-
nado en el Concilio de Cons anza en es a p oposición:
Nadie es seño ci il mien as es á en pecado mo al.»
Co no los aldenses y los wicle is as opinó A maca-
no, «po que, dice, el al dominio es ep obado po Dios
en el capí ulo 8.
0
de Oseas, donde se lee:
Ellos eina-
on, pe o no po mí; se cons i uye on p íncipes, y no les e-
conocí.»
Y añade la azón:
E igie on en ídolos su pla a y
su o o pa a pe ece ,
e c. Po lo mismo, añade A ma-
cano, los ales ca ecen de dominio jus o an e Dios.» Es
cie o que odo dominio p ocede de Dios, como que es Él
el c eado de odas las cosas, ni puede alguno ene do-
minio si no p ocede de lo al o. Y no es con enien e que
se lo dé Dios a los desobedien es y a los queb an ado es
de sus p ecep os, como los humanos p íncipes no o o -
gan sus bienes, co no ciudades o o alezas, a los ebel-
des, y si alguna ez se los die on, se los qui an luego.
Mas, po las cosas humanas debemos juzga de las di i-
nas, con o me dice San Pablo en su p ime a ca a a los
Romanos. Luego Dios no concede dominio alguno a los
desobedien es, y en p ueba de ello, alguna ez a oja a
los pecado es del pode , como a Saúl (1 Rey., caps. 15
y 16), a Nabucodonoso y a Bal asa (Daniel, caps. 4 y 5).
También en el p ime lib o del Génesis se dice:
Hagamos
al homb e a imagen y semejanza nues a pa a que domine
en los peces del ma ,
e c. Po odo lo cual apa ece cla o
que el dominio se unda en la imagen de Dios, la cual se
bo ó en el pecado .
Luego el pecado no es seño .
'41
— 15 —
O a azón. El pecado come ió c imen de lesa males-
ad.
Luego me ece pe de el dominio.
Además. San Agus ín a i ma que el pecado es indig-
no del pan que le alimen a.
Po in. Nues o Seño había dado a los p ime os pa-
d es el dominio del Pa aíso, que les qui ó po el pecado.
Luego...
Bien es e dad que ni Wicle ni A macano hacen dis-
inción en e las di e en es especies de dominio, y pa ece
que más bien hablan del dominio de au o idad, que es el
de los p íncipes. Mas, como los a gumen os que aen son
aplicables a odo géne o de dominio, se les a ibuye la
opinión gene alizada. Y así en iende el pa ece de ellos
Con ado en el lib o p ime o, cues ión sép ima, de sus
Con a os,
y bas an e cla amen e habla A macano.
Así, pues, los que siguen es a opinión pueden a i ma
que los bá ba os no enían dominio alguno, po que siem-
p e es aban en pecado mo al.
El pecado mo al no es obs áculo pa a el domi-
nio ci il ni pa a ningún dominio.
Con a el pa ece
a iba
exp esado amos a de ende
la siguien e
p oposición:
El pecado mo al no es obs áculo pa a el dominio ci il ni
pa a ningún dominio.
Es a p oposición,
aunque
es é
ya de e minada en el
Concilio de Cons anza, la p ueba Almain., ayéndola de
Alíaco, diciendo que si uese e dad lo de aldenses y
wicle is as, el que es u iese en pecado mo al y se halla-
se en ex ema necesidad de come , se queda ía pe plejo
en e el debe de come po una pa e y el emo de se
16 —
lad ón po o a, al no pode se dueño del alimen o y qui-
a lo, y no pod ía e adi se del pecado mo al.
Mas es e a gumen o es muy débil, ya po que ni A ma-
cano ni Wicle pa ece hablan del dominio na u al, sino
del ci il, ya po que, y p incipalmen e en ex ema necesi-
dad no hay cosa ajena. Además, con a epen i se queda-
ba lib e de pecado el pecado , y no cabía ya pe plejidad
alguna.
De o a mane a es p eciso a gumen a .
P ime a gumen o.
Si el pecado no iene dominio ci il, del que pa ece ha-
blan aldenses y wicle is as, ampoco lo iene na u al.
Mas como el consiguien e es also, es deci , es also que
el pecado no enga dominio na u al. Luego ambién lo
iene ci il.
La consecuencia se p ueba así (1): El dominio na u al
p ocede de Dios como el ci il, y aún más di ec amen e,
po que el dominio ci il pa ece se es ablecido po de e-
cho humano; si, pues, po o ende a Dios pe diese el
homb e el dominio ci il, con mayo azón pe de ía el na-
u al.
Que el pecado no pie de el dominio na u al se p ue-
ba po que no pie de el dominio de sus p opios ac os y
de sus p opios miemb os, pues iene el pecado de echo
a de ende su p opia ida.
O o a gumen o. La Sag ada Esc i u a ecuen emen-
e llama
Reyes
a aquellos que e an malos y pecado es,
como se sabe de Salomón, Acab y o os muchos, y no es
ey el que no es seño ; luego...
Vol ámosles un a gumen o a los con a ios. El domi-
(1) La consecuencia es aquí el enlace en e el an eceden e y el consi-
guien e de la p oposición condicional.
— 17 —
nio se unda en
la
imagen de Dios; pe o el homb e es
imagen de Dios po su na u aleza, a sabe , po las po en-
cias acionales, que no se pie den po el pecado mo al.
Luego, como ni la imagen de Dios, su undamen o, se
pie de el dominio po el pecado mo al.
La meno (1) se p ueba po San Agus ín en el lib o 9
De T ini a e
y
po o os doc o es.
(1) No es la
meno
del silogismo exp eso la que llama al el ex o. Las au-
o idades las ae Vi o ia pa a con ence nos de que el homb e es imagen de
Dios
p ecisamen e
po su na u aleza y acul ades acionales, no po la g a-
cia san i ica e necesa iamen e.
La gimnasia in elec ual escolás ica es de ma a illosos esul ados en la in-
es igación y demos ación de la e dad, aun cuando sea un an o á ida y
un muy an icuada en el lenguaje co ien e y pa lamen a io y aun en el aca-
démico y has a en el didác ico.
Mas debie a obliga se a ella a nues os escola es pa a obus ece sus po-
encias in elec uales, como se obliga a la gimnasia ísica en odo colegio bien
o ganizado pa a obus ece los miemb os del cue po, aun cuando no se ha-
yan de maneja en la ida los homb es con la igidez unas eces
y
con la
mo ilidad o as, que ca ac e izan las lecciones de gimnasia ísica.
Tan sepul ados enemos los p ocedimien os escolás icos sapien isimos,
que esul a á ya una no edad cu iosa desen e a los, como lo es, y a la que
se iene g an a ición, la ap:.k ición en el uso co ien e de aquellos muebles
an iguos que se abandona on en busca de mejo a e, o de mayo comodi-
dad, o de g a a a iedad, o de u gen e economía; an o más cuan o ahi os
de i olidad y aleccionados po la his o ia, busca la igo osa gene ación
nue a las sendas abandonadas del bien, de la p ospe ídad y de la g andeza.
Como acla ación del aciocinio que ae aqui Vi o ia y jus i icando mi
obse ación, hagamos unos momen os legí ima gimnasia in elec ual po el
p ocedimien o escolás ico, aplicado al a gumen o ad
honimem
del ex o.
P oposición:
El dominio no se pie de po el pecado mo al.
P ueba: 1.° El dominio se unda en la imagen de Dios. Pe o la imagen de
Dios no se pie de en el homb e po el pecado mo al. Luego el dominio no
se pie de po el pecado mo al.
La p ime a p oposición es la meno , po que en ella se enlazan el suje o de
la p oposición que se ha de demos a con el é mino medio; la segunda es
la mayo , po que en ella en an el p edicado y el é mino medio. La e ce a
es el consiguien e o p oposición que se hab á de demos a , y siendo legi i-
mo su
enlace con las p emisas, es la consecuencia del silogismo.
La p oposición
meno
es la a i mación de aldenses y icle is as, y qule-
— 18 —
Cua a azón. Da id llamaba a Saúl su seño y su ey
al iempo que e a pe seguido po él (I de los Reyes, 16)
y en o os luga es, y el mismo Da id pecó alguna ez y
no pe dió el eino.
Quin a azón. Dice el Génesis en su capí ulo 49:
No
se á qui ado el ce o de la mano de Judá ní el caudillo se á
o o que de su linaje has a que enga el que ha de se en ia-
do,
e c.; y, no obs an e, muchos de los eyes de judá
ue on pe e sos.
Sex a azón. La po es ad espi i ual no se pie de po el
pecado mo al; luego ni la ci il, que mucho menos pa e-
ce adica en la g acia que la espi i ual. El an eceden e
del en imema se demues a po que el p esbí e o malo
consag a y el obispo malo o dena, cie amen e, po más
que Wicle lo niegue con a su mismo cohe eje A ma-
cano.
Finalmen e. De ningún modo es e osímil que habien-
do p ecep o de obedece a los p íncipes, según aquello de
San Pablo a los Romanos,
obedeced a ues os supe io es,
no sólo a los buenos, sino ambién a los malos,
y habién-
dolo asimismo de no oba lo ajeno, haya que ido Dios
en deci que en an o el dominio que el homb e iene de una cosa es legí i-
mo en cuan o és'e
es imagen de Dios.
La
mayo
se p ueba median e o o silogismo, que dice así:
2,° La imagen de Dios en el homb e es la na u aleza
acional
de és e
(con o me dije on San Agus ín y o os doc o es); pe o el homb e po el pe-
cado no pie de su na u aleza acional; luego ní la imagen de Dios en él.
La
meno
de es e segundo silogismo, que es su p ime a p oposición, es la
que p ueba Vi o ia median e la au o idad de San Agus ín y o os doc o es,
La he ejía, que es e o , es á en azón in e sa de la disciplina in elec ual....
y mé odo de disciplina in elec ual insupe able es el escolás ico. Los enemi-
gos de la Iglesia odian co dialmen e el p ocedimien o escolás ico de in es-
igación y enseñanza po que es cí culo de hie o que les ap isiona. Sín cae
en las idiculeces del siglo xn, bueno ue a ol e a es au a el mé odo en
los lib os de ex o y
en
las dise aciones académicas.
---- 19 —
que andu ié amos a ciegas ace ca de quiénes son los
e dade os p íncipes y seño es.
Y como ema e a i mo que la doc ina que comba imos
es mani ies a he ejía; y así como Dios hace sali su sol
sob e buenos y sob e malos, y hace llo e sob e jus os
y sob e injus os, así dióles ambién a buenos y a malos
bienes empo ales. Ni dise amos po que dudemos, sino
po que conozcamos a los he ejes po el ex a ío de uno
de ellos, es deci , po an insensa a he ejía.
•
SI SE PIERDE EL DOMINIO POR LA INFIDELIDAD.
Pe o queda oda ía po a e igua si, al menos po el
pecado de in idelidad, se pie de el dominio. Y a p ime a
is a no pa ece desa inado a i ma lo, pues los he ejes no
ienen dominio, y los in ieles, que pa ece no son de me-
jo condición, no deben ene lo po lo mismo. Que los
he ejes no engan dominio dícelo el capí ulo
Cuna
secun-
da ia,
donde se p e iene que los bienes de los he ejes sean
con iscados.
Mas ayamos po pa es, con es ando po p oposi-
ciones.
P ime a.
La in idelidad no impide a nadie que
sea e dade o dueño.
San o Tomás lo a i ma así en su
2.
a
2.
ae
,
q. 10, a . 12.
Mas, eamos las azones.
P ime a. La Esc i u a llama eyes a algunos in ieles,
como a Senaque ib, a Fa aón y a muchos o os.
Además. Mayo pecado es el odio a Dios, y el odio
a
Dios no qui a el dominio.
También. San Ped o (1 ca a, cap. 2) y San Pablo
— 20 —
(Ca a a los Romanos, cap. 13) mandan obedece a los
p íncipes, que en onces e an in ieles, y a los sie os o -
denan endi se a los seño es.
Igualmen e. Tobías mandó de ol e un cab i o que ha-
bía sido qui ado a los gen iles, como obado, y no hubie-
a sido al de no ene los gen iles legí imo dominio.
Asimismo. José hizo ibu a ia de Fa aón, que e a in-
iel, oda la ie a de Egip o.
Po in, demos una azón de San o Tomás: La in ide-
lidad no qui a ni el de echo na u al ni el humano; pe o
los dominios son o de de echo na u al o de de echo posi-
i o; luego no se qui an po al a de e.
Te mino diciendo, que es an mani ies o e o és e
como el p eceden e.
En consecuencia, ni de los mahome anos ni de los ju-
díos ni de ningún o o in iel es líci o qui a nada de lo
que poseen, po azón de se in ieles; ue a hu o o api-
ña no menos que qui ado de c is ianos.
Segunda.
El he eje, po causa de su he ejía,
no pie de el dominio de sus bienes po de echo di-
ino.
Mas, como ace ca de los he ejes se o ece especial di-
icul ad, sea una segunda p oposición. Po de echo di i-
no el he eje no pie de el dominio de los bienes; así pien-
san odos y es e iden e. Pues como la pé dida de los bie-
nes sea una pena, y no haya pena alguna de de echo di-
ino pa a es a ida, es cla o que no se pie de po la
he ejía el dominio de los bienes. Si po causa de la in i-
delidad o al no se pie de el dominio, menos oda ía se
puede pe de po la he ejía, no habiendo p e enido nada
especial ace ca de ella po de echo di ino.
¿Pie de el he eje el dominio po de echo hu-
mano?
— 2_1 —
Así lo quie e, al pa ece , Con ado (I), y dice que el he-
eje, po el hecho de se lo, pie de el dominio de sus bie-
nes, de al sue e, que en el ue o de la conciencia debe
ene se po no seño de cosa alguna. De lo que deduce
que no puede enajena , y si enajena, la enajenación es
nula.
Lo in ie e del capí ulo
Cum secunda a leges,
donde el
Papa'p e iene que po causa de cie os c ímenes, los au-
o es de ellos pie den el dominio sob e sus cosas, y ex-
iende la pena al deli o de he ejía.
La misma sen encia pa ece sos ene Juan And és en
is a del sob edicho capí ulo
Cum secundunz
y de la ley
cua a del cap.
De hae e icis, donde se p ohibe a los he e-
jes la en a, la donación y odo con a o sob e sus bienes.
Y las leyes obligan en el ue o de la conciencia como
enseña San o Tomás en la 1.a
2.dae,
cues ión 96, a . 4.°
Pa a decla a más la doc ina pongamos una e ce a
p oposición:
El he eje desde el día de come ido el c imen in-
cu e en la pena de con iscación de bienes.
Es sen encia común de los Doc o es y pa ece de inido
en el ci ado capi ulo
Cum secunda a leges
y en la ley cua -
a del capí ulo
De hae e icis.
Cua a p oposición:
Los bienes de los he ejes no pueden se ocupa-
dos po el isco an es de la condenación, aunque
cons e del c imen.
Es opinión común y de e minación del mencionado ca-
pí ulo
Cu a secunda a.
Has a ue a con a de echo di ino
(1)
De Con ac ibus,
lib. 1, q. 7, conclusiones 2
y
3.
— 22 —
y na u al que se ejecu ase la pena an es de la condena-
ción.
De la e ce a p oposición se sigue que, aun hecha la
condenación después de la mue e, e o áese la con is-
cación al iempo de come ido el c imen, cualquie a que sea
el g ado je á quico que hubie e alcanzado el delincuen e.
Es consecuencia comúnmen e acep ada y pa icula men e
po el
Pano mi ano
en el capí ulo inal
De hce e icis.
Síguese ambién de la misma p oposición que las en-
as, donaciones y enajenaciones ealizadas desde el día
de come ido el c imen son nulas. Y así, hecha la conde-
nación, son escindidas po el isco y omados po el mis-
mo los bienes del delincuen e, aun sin habe es i uido el
p ecio a íos comp ado es.
También es opinión común és a y pa icula men e del
Pa o ni ano
en el luga ci ado y cons a en la ley cua a
del capí ulo
De hce e icis.
Quin a p oposición.
No obs an e, el he eje es dueño en el ue o de la
conciencia an es de se condenado.
Es a p oposición pa ece i con a Con ado y Juan An-
d és. Pe o en cambio es p oposición de Sil es e, y la
sos iene y de iende Ad iano, y aun pa ece que Caye ano
ambién en la
Summa.
Y la p uebo: Po que eso mismo de
se
p i ado el he-
eje de sus bienes en el ue o de la conciencia es una
pena; luego de ningún modo puede se p i ado an es de
la condenación; ni eo cla o si hay ley humana que pue-
da hace es o.
Hay o a azón mani ies a.
A los con ayen es inces uosos, al ap o de la muje
— 23 —
hones a, al me cade que de auda los acos umb ados i-
bu os y al con abandis a de a mas con los mahome a-
nos, les con isca la ley sus bienes
ipso ac o,
es deci ,
po el hecho de come e los e e idos deli os.
Consúl ese el De echo Canónico en los siguien es lu-
ga es: capí ulo
Cu a secunda a,
ley
Una,
capí ulo
I a quo-
undam
y la ley inal del diges o
De ec igalibus.
Y añade el Papa exp esamen e en el ci ado capí ulo
Cum secunda a
que, co no hay con iscación en los susodi-
chos casos, quie e la haya del mismo modo po el deli o
de he ejía. Y como nadie niega que el inces uoso y el
ap o y el que de auda al isco sus ibu os y el con a-
bandis a engan e dade o dominio de sus bienes en el
ue o de la conciencia ¿po qué no ha de ene lo el he eje?
Aun el mismo Con ado a i ma que
de igual modo
alcan-
za la ley al inces uoso, al ap o , e c., que al he eje.
G a ísima cosa ue a obliga al ecién con e ido de la
he ejía a es i ui sus bienes al isco.
Co ola ios.
Síguese de la doc ina de endida, que el he eje puede i-
i líci amen e de sus bienes; que puede enajena sus bie-
nes
con í ulo g acioso,
dándolos, po ejemplo; que no le
es líci o enajena los
a í ulo one oso,
como endiéndolos
o dándolos en do e, si su deli o puede se públicamen e
pe seguido, pues ue a engaño del comp ado al que ex-
pond ía el he eje a pe de la cosa y su p ecio si e a con-
denada su he ejía po los ibunales a la pena de con is-
cación de bienes.
Síguese, po in, que si en ealidad no hubiese pelig o
de con iscación, pod ía ambién el he eje enajena a í u-
lo one oso, como ocu e, po ejemplo, en Alemania, don-
de un ca ólico puede comp a a un he eje.
4
— 30 —
cho pa a some e los a obediencia, como más abajo di-
emos.
Concluyamos, inalmen e:
Que an es de la llegada de los españoles a las
Indias e an los bá ba os e dade os dueños públi-
ca y p i adamen e.
PARTE SEGUNDA
De los í ulos ilegí imos po los que los bá ba-
os del Nue o Mundo hayan podido eni a
pode de los españoles.
Supues ó que aquellos bá ba os e an e dade os se-
ño es, es menes e indaga po qué í ulo hayan podido
eni a pode de los españoles, ellos y sus países; y en
p ime luga expond é los í ulos, que no son su icien es
ni legí imos; en segundo luga los que son legí imos; sie-
e son los p ime os, sie e u ocho los segundos.
El p ime í ulo pod ía se que el Empe ado es dueño
del mundo, y supues o es o, lo que pudo
-
habe de icio-
so an e io men e pu i icóse en el Césa , empe ado c is-
ianísimo. Aun en el case de que sean los bá ba os e -
dade os seño es, pueden ene o os supe io es, como
los p íncipes in e io es ienen al ey y algunos eyes ie-
nen empe ado , po que ace ca de una misma cosa pueden
muchos ene dominio; de donde aquella dis inción i ial
de los ju is as en dominio al o y balo, di ec o, ú il, pu o
y mix o.
Se duda, pues, de si los bá ba os enían sob e sí do-
minio supe io ; y como la duda sólo puede e sa ace ca
del Empe ado y del Papa, de és os habla emos.
Y pa ece, en p ime luga , que el Empe ado sea dueño
de odo el mundo y po lo mismo de los bá ba os.
P ime o. Po la oz común que llama al Empe ado ,
— 32 —
al di ino Maximiliano o a Ca los siemp e Augus o, seño
del o be.
Segundo. Po aquello
del capí ulo segundo del
E an-
gelio de San Lucas:
Salió un dec e o de Césa Augus o
pa a que se empad onase
odo el
mundo; y no deben se
de peo condición los empe ado es c is ianos.
Te ce o. Pa ece que Jesuc is o juzgó al Césa e da-
de o seño de los
judíos cuando
les dijo:
Dad lo que es
del Césa al Césa ,
e c.
(E ang. de
San Lucas, cap. 20),
y no podía
eje ce al seño ío sino como empe ado .
Ba olo, comen ando la Ex a agan e
ad ep inzendum,
exp esamen e de iende que el Empe ado es de de echo
seño uni e sal. San Je ónimo dice que en e las abejas
hay un ey y en el mundo un empe ado .
Cua o. Adán y pos e io men e Noé, pa ece que ue-
on seño es de odo el o be (Gen., cap. 1.
0
, . 26):
Ha-
gamos al homb e a imagen y semejanza nues a pa a que do-
mine a los peces del ma y a las a es del cielo y a oda la ie-
a,
e c. Y más abajo (Gen., cap. 1.°, . 28):
C eced y
mul iplicaos y llenad la ie a y dominadla,
e c. Y lo- mis-
mo dijo el Seño a Noé (Gen., cap. 8.°) Pe o ambos u-
ie on suceso es. Luego...
Quin o. No es de c ee que el Seño no ins i uyese en
el mundo el mejo linaje de gobie no, según lo
del
sal-
mo 103:
Todo lo hicis e con o me a sabidu ía.
Y el mejo
sis ema de gobie no es la mona quía, como magis al-
men e enseña San o Tomás
(De Reginzine P incipum,
li-
b o 1.°, cap. 2.
0
), y lo juzga así, al pa ece , A is ó eles
(III
Poli .)
Luego pa ece que de ins i ución di ina debe
habe un empe ado en el mundo.
Sex o. Todo lo que es á ue a de la na u aleza (1)
debe
(1) Del o den de las ealidades ísicas, ma e iales e inma e iales.
— 33 —
imi a a la na u aleza; pe o en las cosas na u ales hay
siemp e un ec o , como en el cue po el co azón, en el
alma la azón; así, debe habe en el mundo un gobe na-
do como hay un Dios.
Mas es a opinión ca ece de undamen o. Los a gu-
men os aídos son alacias.
Así, pues, o mulemos una p ime a p oposi-
ción:
El empe ado no es seño de odo el mundo.
Y se p ueba.
No puede habe o o dominio que el que p ocede del
de echo na u al, o del di ino posi i o, o del humano. Mas
po ninguno de ellos es alguien seño del uni e so.
Luego...
Nadie lo es po de echo na u al, po que, como dice
bien San o Tomás (p.
1.
a
,
q. 92, a .
1.
0
,
ad
2.dum,
y q. 96,
a . 4.
0
), po de echo na u al los homb es son lib es, sal-
os el dominio pa e no y el ma i al. Pe o el dominio pa-
e no lo iene el pad e sob e los hijos y el ma i al el ma-
ido sob e la muje . Luego no hay nadie que po de echo
na u al enga el dominio del o be.
Y, como ambién dice San o Tomás (2.4 2.
dae
,
q. 10,
a . 10), el dominio y la p elacía han sido in oducidos
po la ley humana; luego no son de de echo na u al; ni
hab ía mayo azón pa a que es e dominio con iniese a
los ge manos más bien que a los galos.
A is ó eles (1
Poli ic.)
dice hay doble po es ad: una a-
milia , como la del pad e sob e los hilos y la del a ón
sob e la muje , la cual es na u al, y o a ci il, la cual, si
bien iene sus aíces en la na u aleza y, po lo mismo,
puede llama se de de echo na u al (San o Tomás,
De Re-
gimine P incip.,
cap. 1.
0
,
lib. 1.°), pues es el homb e ani-
mal ci il; no obs an e no es á cons i uida po la na u ale-
za, sino po la ley.
— 34 —
No leemos hubiese habido empe ado es seño es de
odo el mundo po de echo di ino an es del ad enimien-
o de Jesuc is o, po más que la glosa de Ba onio sob e
la Ex a agan e
ad ep imendum nos quie a hace lo en en-
de de Nabucodonoso , del cual nos dice la Esc i u a
(Dan., 9):
Tú e es Rey de eyes; el Rey del cielo e dió eino,
o aleza, glo ia e impe io y odos los luga es donde habi en
los hijos de los homb es.
Pe o es lo cie o que ni Nabucodonoso ecibió el im-
pe io especialmen e de Dios, sino sólo del modo común
a odos los p íncipes, co no dicen aquellos ex os:
Todo
pode , de Dios p ocede
(Rom., c. 13, . 1), y
Po Mí ei-
nan los
eyes
y los legislado es dec e an lo jus o
(P o .,
cap. 8, . 15); ni enía mando sob e odo el mundo, co no
piensa Ba olo, pues que los judíos no le es aban suje os.
Y de es o puede ae se o a azón. Nadie hubo sobe-
ano de odo el mundo po de echo di ino, pues que el
pueblo judío e a lib e de odo ex anje o y has a p ohibi-
do enían en la ley acep a dominación ex anje a.
No po-
d éis hace ey a ex anje o alguno
(Deu ., cap. 17, . 15.)
Po más que el Doc o Angélico
(De Reg. P incip.,
li-
b o 3.
0
, caps. 4.
0
y
5.
0
)
pa ece a i ma que el impe io les
ué dado po Dios a los omanos en p emio de su jus i-
cia, de su amo a la pa ia y de las leyes sabias po las
que se egían, no debe ello en ende se que po adición
o po di ina ins i ución poseyesen el impe io, como am-
bién dice San Agus ín
(De Ci i a e Dei,
18), sino que la
Di ina P o idencia encauzó las cosas de sue e que lo-
g asen el impe io del mundo median e la gue a jus a o
de o o modo, mas no en la o ma como ob u ie on de
Dios el eino Saúl y Da id. Lo cual ácilmen e comp en-
de á cualquie a si conside a en qué o ma y modo de su-
cesión llega on los impe ios has a noso os. Omi iendo
— 35 —
la his o ia de las sociedades que p ecedie on al dilu io,
cie amen e después de Noé ué di idido el mundo en di-
e sas p o incias y einos, uese ello po disposición del
mismo Noé, que i ió después del dilu io escien os cin-
cuen a años y en ió colonias a di e sas egiones, como
se lee en Be oso babilónico, uese que, como es más e-
osímil, po consen imien o común de odas las gen es,
amilias di e sas ocupa on di e sas p o incias. Así dijo
Ab aham a Lo :
Toda la ie a se ex iende delan e de i; si
e di iges a la izquie da, yo ma cha é hacia la de echa, si eli-
gie es la de echa, yo oma é umbo a la izquie da
(Gen.,
cap. 13, . 9.)
En el capí ulo 10 del Génesis se enseña que los bis-
nie os de Noé di idie on las naciones y las egiones, co-
menzando unas eces la au o idad ci il po la ue za,
como en Nem od, de quien dice,la Biblia que ué el p i-
me pode oso,
Y
o as euniéndose los homb es de co-
mún consen imien o en sociedad bajo el pode de un p ín-
cipe elegido. Cie o es que de uno de ambos modos o de
o os pa ecidos se o igina on odos los dominios e im-
pe ios de la ie a, y después po de echo he edi a io o
po de echo bélico o po o o di e so í ulo se de i a on
has a nues a edad, po lo menos has a la enida del Sal-
ado .
De lo cual se desp ende que nadie u o po de echo
di ino an es de la enida de C is o el impe io del mundo
y que po aquel í ulo no puede a oga se hoy el Empe-
ado el dominio uni e sal y consiguien emen e ni de los
bá ba os.
Mas después del ad enimien o de Jesuc is o pod ía al-
guien p e ende que hubie a algún empe ado uni e sal
po he encia de C is o, el cual ué seño de odo el uni-
e so po su humanidad, según aquello
Me ha sido dado
— 36 —
odo pode ,
e c. (E ang. de San Ma eo, c. 28, . 18), lo
cual en ienden San Agus ín y San Je ónimo de la huma-
nidad de C is o, y según las palab as de San Pablo a los
Heb eos (c. 2, . 8):
Todo lo puso bajo sus pies;
y así como
el Sal ado dejó en la ie a un ica io en las cosas es-
pi i uales, así se puede c ee lo dejó ambién en las em-
po ales, y es el Empe ado .
Añade San o Tomás
(De Reg. P incip.,
lib. 3, cap. 13)
que Jesuc is o desde su nacimien o e a e dade o seño
y mona ca del mundo, y el empe ado Augus o hacía sus
eces, y cla o eá que no las hacía en lo espi i ual, sino
en lo empo al. Mas como el eino de C is o, si ué em-
po al, a odo el o be se ex endió, ambién el impe io de
Augus o y el de sus suceso es ué uni e sal.
Nada de es o puede admi i se. P ime amen e, po que
es dudoso si ué C is o seño empo al del mundo según
su humanidad. Lo más p obable pa ece que no, como se
deduce de aquellas palab as del mismo Sal ado :
Mi eino
no es de es e mundo.
El mismo San o Tomás enseña que
el dominio de C is o se o dena di ec amen e a la san i i-
cación del alma y a los bienes espi i uales, po
más
que
alcance ambién a los empo ales en lo que con los espi-
i uales se enlazan. Así, pues, no es doc ina del Angéli-
co que el eino de C is o e a de igual especie que el ci il
y empo al, sino al que le e a anejo omnímodo pode ,
aun en lo empo al, po log a el in de la edención, el
cual log ado, cesaba el pode empo al de la humanidad
de C is o.
Y aun cuando uese e dad que Jesuc is o e a seño
empo al del uni e so, es me e se a adi ino a i ma que
dejó su po es ad al Empe ado , comoquie a que de ello
ninguna mención se haga en la Sag ada Esc i u a.
Las palab as de San o Tomás
de que Augus o hacía
-37---
las eces de Jesuc is o son cie as; pe o es el caso que
en la e ce a pa e, donde habla exp esamen e de la po-
es ad de C is o, ni mención hace de su po es ad empo-
al. Pe o, además, San o Tomás en iende que Augus o
hacía las eces de Jesuc is o, en cuan o el pode empo-
al es á suje o al espi i ual y es su se ido , y de es e
modo los eyes son minis os de los obispos, como el
a e ab il es á suje o al ecues e y al mili a , no po que
el caballe o y el mili a sean a esanos, sino po que ellos
mandan al a esano que ab ique a mas.
San o Tomás, comen ando el pasaje de San Juan
(c. 18, . 36) an es ci ado, exp esamen e dice que el ei-
no de C is o no es empo al ni al modo como Pila os lo
en endía, sino espi i ual, con o me bien cla o lo dijo Je-
suc is o:
Tú dices que yo soy ey. Yo pa a eso nací y pa a
eso ine al mundo, pa a da es imonio de la e dad.
Es, pues, me a pa aña eso de que haya un empe ado
seño de odo el mundo po he encia de C is o.
Con i mase la p oposición mía po a ios hechos his-
ó icos.
Si el impe io uni e sal es de de echo di ino, ¿cómo ué
di idido en o ien al y occiden al? Pues p ime o ué di i-
dido en e los hijos del g an Cons an ino, y después el
Papa Es eban con i ió el impe io occiden al a los ge ma-
nos, como se dice en el ci ado capi ulo
Pe ene abilem.
Y
lo que la glosa sob e es e capí ulo a i ma, a sabe : que
los sobe anos g iegos no ue on empe ado es después
del ac o de San Es eban, es ine udi o y equi ocado. Los
empe ado es ge manos jamás p e endie on se dueños de
G ecia a í ulo de la colación pon i icia del impe io occi-
den al, y Juan Paleólogo ué enido po legí imo empe a-
do cons an inopoli ano en el Concilio de Flo encia.
Además, el pa imonio de la Iglesia no es á suje o al
38 —
Empe ado ; odos los ju is as lo conceden y con ellos
Ba olo. Si, pues, odo es u iese suje o po de echo di-
ino al Empe ado , ni po donación impe ial ni po o o
í ulo alguno pod ía sus ae se nada a su dominación,
como ni el Papa puede eximi a nadie de la obediencia
a él
Tampoco es án suje os al Empe ado los einos de Es-
paña y F ancia, como en el mismo capí ulo
Pe ene abi-
¡cm
se dice, po más que la glosa quie a que al ocu e
de hecho, no de de echo.
Po in, los doc o es con ienen en a i ma que las ciu-
dades que alguna ez ue on pa e del impe io, po p es-
c ipción pudie on e adi se de la obediencia al empe ado .
Ninguna de las mencionadas exenciones ue a, de se
el impe io de de echo di ino.
¿Lo es po de echo humano?
Que el empe ado no es seño del mundo po de echo
humano, es cosa cla a.
No hay ley alguna que an uni e sal pode o o ga a al
Empe ado ; y si ue a, como si
,
no ue a, pues la ley su-
pone ju isdicción en el legislado , y an es del supues o
empe ado uni e sal en el mundo, ¿quién e a pode en él
pa a obliga ?
Ni el Empe ado ha he edado el dominio uni e sal ni le
ha sido dado ni lo ha adqui ido po pe mu a, comp a,
elección o en gue a jus a... No hay, pues, í ulo alguno
legal de dominio uni e sal po el Empe ado .
El empe ado , pues, no ha sido nunca seño del mundo.
Y aun supues a la exage ada po es ad que no admi i-
mos, no pod ía el Empe ado ocupa las p o incias de los
bá ba os, ni a eba a les a sus dueños las p opiedades,
--39—
ni cons i ui seño es sob e aquellas ie as, ni apode a -
se de sus en as públicas. Po que aun los que conceden
al Empe ado el dominio uni e sal hablan, como es así,
de dominio de
ju isdicción,
no de dominio de
p opiedad,
el cual dominio de ju isdicción no alcanza a pode explo-
a las p o incias pa a p o echo del Empe ado y dona
pueblos y haciendas a su a bi io.
El í ulo, pues, és e de supues o dominio uni e sal del
Empe ado no jus i ica la conquis a de las Indias.
SEGUNDO TÍTULO ILEGÍTIMO.
Dicese que el Sobe ano Pon í ice es mona ca uni e -
sal empo al, y po lo mismo pudo cons i ui a los eyes
de Espada p íncipes sob e los bá ba os, y que así de he-
cho lo hizo (1).
Ju isconsul os hay que a ibuyen al Papa pode uni-
e sal empo al y de ie nden que el pode odo de los p ín-
cipes ci iles del Papa p ocede.
Ex añas cosas dice Syl es e, ace có del supues o
pode uni e sal empo al de los Papas: que la po es ad
del empe ado y de odos los demás p íncipes es subde-
legada con elación al Papa; que p ocede de Dios, me-
dian e el Papa; que odo depende del Papa; que Cons an-
ino donó ie as al Papa en econocimien o de su pode
empo al; que el Papa, en cambio, le concedió el impe io
(1) Dos bulas expidió el Papa Alejand o VI que se e ie en al hecho es-
i icado aquí po Vi o ia. Una, de 3 de Mayo de 1493, con i mando a los Re-
yes de España en la posesión de las ie as ya descubie as y de las que en
lo sucesi o se descub iesen en el Océano Occiden al, en a ención a los se -
icios p es ados
a
la Iglesia po los Reyes Ca ólicos; o a, azando de polo
a polo una línea di iso ia de las ie as que asignaba y donaba a españoles
y po ugueses.
—
46 —
o po Seño , no se les pod ía o za a ello po la gue a
ni in ligi les cas igos; los ad e sa ios mismos con ienen
en ello. Resul a, pues, absu dísimo que puedan los bá -
ba os
impunemen e
no ecibi a C is o y engan debe de
ecibi a su Vica io bajo amenaza de la gue a, de se
despojados de sus bienes y de se cas igados. La azón
po la cual no pueden se o zados los bá ba os con io-
lencia a econoce a C is o, es po que no
les
puede se
e iden emen e p obada su sobe anía po azones na u-
ales; pues bien, mucho menos
les
puede se p obado el
dominio papal; luego no pueden se iolen amen e o za-
dos a econoce es e dominio.
Syl es e, aun cuando agigan a mucho la po es ad pa-
pal, no obs an e, exp esamen e de iende con a el Hos-
iense que los in ieles no pueden se o zados po la gue-
a a econoce el dominio papal sob e ellos (Syl es e
de iende el dominio Papal sob e los bá ba os), y que con
es e p e ex o no pueden se despojados de sus bienes.
Lo mismo de iende Inocencio (1) sob e el capí ulo
Quod
supe 'zis.
No cabe duda que San o Tomás es del mismo pa ece
(2. 2., q. 66, a . 8, ad 2). En el luga a que se e ie e
la ci a dice que los in ieles no pueden se despojados de
sus bienes sino como súbdi os de p íncipes empo ales,
po causas legales legí imas que alcancen ambién a los
o os ciudadanos.
Más. Ni los sa acenos que con i ían con los c is ia-
nos ue on jamás po es e í ulo despojados de sus bienes
ni moles ados.
Si es e i ulo uese su icien e a pode hace les la gue a
a los bá ba os, equi ald ía a deci que pueden se des-
(1) Inocencio IV.
— 47 —
posados de sus bienes a causa de su in idelidad, pues po
ella p ecisamen e ningún bá ba o econoce el supues o
dominio papal, y nadie, ni los doc o es con a ios, admi-
en que sea í ulo su icien e de espoliacíón la in idelidad.
Luego es so isma no más lo que esos doc o es a i man,
a sabe : que si los bá ba os econocen la sobe anía del
Romano Pon i ice, no pueden se cas igados con la gue-
a, pe o en caso con a io, sí. No hay ninguno que la e-
conozca.
Ni, pues, que el Papa haya dado las Indias como seño
absolu o, ni que se les hace la gue a a los bá ba os po
no que e econoce la sobe anía del Pon í ice, puede
alega se en a o de la conquis a de las Indias.
Caye ano de iende ex ensamen e el mismo pa ece , co-
men ando el ci ado luga de San o Tomás (2. 2., q. 66,
a . 8 ad 2.)
No se dé mucha impo ancia a la sen encia con a ia
de los canonis as; en p ime luga , como se ha dicho a i-
ba, po que es a cues ión es más bien de eólogos; en se-
gundo luga , po que muchos canonis as, y los de más
cue po, de ienden lo con a io, como Juan And és; ade-
más, no aen ex o alguno de conside ación en que apo-
ya se, ni es muy espe able aquí la au o idad del a zobis-
po Flo en ino (1), que ha seguido a Agus ín de Ancona,
como o as eces suele segui a los canonis as.
Saquemos la consecuencia de que los españoles que
p ime amen e na ega on hacia ie a de bá ba os, ningún
í ulo lle aban pa a ocupa sus p o incias (2).
(1)
S. An onino.
(2)
Pa a quien e lexione sob e la psicología de aquellos iempos, nunca
se á bas an e ponde ada la alen ía de es a a i mación.
—
48 —
OTRO
SUPUESTO TÍTULO
O o í ulo puede p e ende se:
la in ención,
que da de-
echo a lo hallado.
En los p ime os días no se alegaba o o í ulo, y con
sólo él na egó Colón, el geno és.
Es e í ulo pa ece legí imo, pues que lo que es á aban-
donado es po de echo na u al y de gen es del ocupan e.
Véase el pá a o
Fe ae bes iae.
Luego habiendo sido los españoles los p ime os que
descub ie on aquellas ie as y ocupa on aquellas p o-
incias, síguese que de de echo las poseen, lo mismo que
si hubiesen hallado una sel a has a el p esen e deshabi-
ada.
No hay mucho que habla de es e e ce í ulo, pues o
que p obado queda que los bá ba os e an e dade os se-
ño es pública y p i adamen e. El de echo de gen es dice
que lo que de nadie es concédase al ocupan e, como ex-
p esamen e se manda en la ins i ución
Fe ae bes iae.
No
ca eciendo, pues, de dueño las ie as ame icanas, no
e an comp endidas en la ley e e ida. Y así, aun cuando
es e í ulo de
in ención
ayudado de o os, como más aba-
jo di emos, algo puede legi ima , de suyo en nada jus i i-
ca la posesión de aquellas ie as, ni más ni menos que
si los indios nos hubiesen descubie o a noso os, que
po es e í ulo no pod ían apode a se de nues as cosas.
SEA OTRO
CUARTO
TITULO.
Los indios se obs inan en no ecibi la ley de C is o, a
pesa de p oponé sela y de se ad e idos bajo amenaza
que la eciban.
— 49
Pa ece és a azón bas an e pa a ocupa las ie as de
los bá ba os.
En p ime luga , po que los bá ba os es án obligados
a ecibi la e de C is o, según lo de la Esc i u a:
Quien
c eye e y ue e bau izado se á sal o; mas quien no c eye e
se condena á
(E ang. de San Ma cos, cap. 16, . 16), y na-
die se condena sino po pecado mo al. Además:
No
hay
o o nomb e debajo del cielo dado a los homb es en el que
nos sea necesa io se sal os.
Y como el Papa sea minis o
de C is o, en lo espi i ual po lo mello s, pa ece que po
la au o idad del Papa pueden se o zados a c ee , y si,
eque idos, se esis iesen a ecibi la e, pod ían se o -
zados a ello po las a mas. Aun los p íncipes pa ece
ambién pueden hace lo po su p opia au o idad como
minis os que son de Dios y
sus engado es con a aque-
llos que ob an mal
(ca a de San Pablo a los Romanos,
cap. 13, . 4). Pésimamen e ob an los bá ba os no eci-
biendo la e de C is o; luego pueden se o zados po los
p íncipes a c ee .
En segundo luga , po que si los anceses, . g ., no
quisiesen obedece a su sobe ano, pod ía el ey de Espa-
ña obliga les iolen amen e a ello; luego si los bá ba os
no quie en obedece a Dios, e dade o y sup emo uni-
e sal Seño , pueden los p íncipes c is ianos obliga les
a obedece , pues no ha de se de peo condición la cau-
sa de Dios que la causa de los homb es. Sco o, ace ca
del bau ismo de los niños de los in ieles, a gumen a di-
ciendo que an es debe se alguien o zado a obedece a
seño supe io que a in e io ; si, pues, los bá ba os po-
d ían se o zados a obedece a sus p íncipes, mucho
más pod ían se lo a obedece a Dios y a C is o.
En e ce luga , po que si blas emasen los bá ba os pú-
blicamen e de C is o, pod ían se obligados a calla po
— 50 -
las a mas, co no dicen odos los doc o es, y es la e dad:
pod íamos hace les la gue a si u ilizasen el c uci ijo pa a
bu las, o abusasen ignominiosamen e en cualquie o ma
de las cosas c is ianas, como ep esen ando i iso ia-
men e los sac amen os de la Iglesia, o hiciesen cosas pa-
ecidas. Lo cual es cla o ambién, pues si inju iasen a un
ey c is iano, aun di un o, pod íamos enga la inju ia;
con mayo azón si inju iasen a Nues o Seño Jesuc is-
o, que es el
Rey
de los c is ianos. Y no es posible duda
de es o, pues si Jesuc is o i iese en e los mo ales y le
inju iasen los paganos, cie amen e pod íamos cas iga les
con las a mas; luego ambién aho a.
Aho a bien; mayo deli o que la blas emia es la in ide-
lidad, po que, como dice San o Tomás (2. 2., q. 10, a . 3),
la in idelidad es el mayo de los pecados en e los po
pe e sidad de cos umb es, pues o que se opone di ec a-
men e a la e, y la blas emia no se opone di ec amen e a
la e sino a la con esión de ella; además, que la in idelidad
a anca el p incipio po el cual nos con e imos a Dios,
que es la e; no así la blas emia.
Luego si po la blas emia con a C is o pueden los c is-
ianos decla a la gue a a los in ieles, con mayo azón
po la in idelidad.
Las leyes ci iles, además, que señalan la pena capi al
a la in idelidad y no a la blas emia, econocen que es ma-
yo pecado aquélla que és a.
Con es emos po p oposiciones.
P ime a p oposición:
Los bá ba os, an es de oi cosa alguna de la e
de C is o, no pecaban con pecado de in idelidad
po no c ee en C is o.
Es a p oposición la omo a la le a de San o Tomás
(2. 2., q. 10, a . 1). Dice: que pa a aquellos que no oye-
— 51 —
on habla de C is o, la in idelidad no iene azón de pe-
cado, sino más bien de pena, po que al igno ancia de las
cosas di inas es secuela del pecado de los p ime os pa-
d es.
Quienes son de es e ¡nodo in ieles se condenan po o os
pecados, azas izo po el de in idelidad.
(Es ex ual del San o.)
El Seño dice po San Juan en el capí ulo 15 de su
E angelio:
Si no hubiese enido y no les hubiese hablado, no
hab ían pecado;
lo cual explicando San Agus ín dice, que
se e ie e el Seño al pecado de no c ee en C is o. Lo
mismo pa ece deci San o Tomás. (2. 2., q. 10, a . 6, y
q. 34, a . 2, ad 2.)
Es a p oposición mía es con a ia al pa ece de muchos
doc o es.
Al isiodo o, en la cues ión
Si puede se lo also obje o
de e,
dice que nadie puede ene igno ancia in encible, no
ya de C is o, pe o ni de ningún a ículo de e, pues o que
si hace lo que es á en sí, Dios ilumina á su en endimien°
:o, o median e enseñanza in e io , o median e enseñanza
ex e io ; po lo mismo, que siemp e es pecado mo al
c ee algo con a e. Pone el ejemplo de una ieja a quien
un obispo p edicase algo con a un a ículo de e. Y en
gene al de iende que la igno ancia de la ley di ina no ex-
usa a nadie.
Guille mo Pa isiense piensa del mismo modo y a gu-
men a así: «O hace uno lo que es á en su acul ad, y se á
iluminado, o no lo hace, y en onces no iene excusa.»
Ge son, en su ob a
De la ida espi i ual del alma,
se ex-
p esa de es e modo: «Es aco de pa ece de los doc o es
que en las cosas de de echo di ino no cabe igno ancia
in encible, en cuan o que a quien pone lo que es á de su
pa e, le asis e Dios, siemp e p epa ado a ilumina su
men e ace ca de lo que necesi a pa a sal a se y pa a
apa a le de odo e o .»
— 52 --
Hugo de San yíc o (lib. 2, pa . 9, cap. 5) a i ma que
nadie se excusa de pecado po igno ancia en no ecibi el
bau ismo, pues o que si no pone obs áculo po su culpa,
pod á oi y sabe , como le ocu ió a Co nelio. (Hechos
de los Após oles, cap. 10.)
A la opinión de es os doc o es pone lími es Ad iano
cuando dice: «En dos g upos pueden clasi ica se las co-
sas que so n de de echo di ino. En el p ime o es án aque-
llas a cuyo conocimien o no obliga Dios uni e salmen e
a odos, co no son las hondu as del de echo di ino, las
di icul ades sob e él y sob e la Sag ada Esc i u a y los
p ecep os; ace ca de lo cual bien puede cabe igno ancia
in encible, aun poniendo el homb e de su pa e lo que en
su mano es é. Hay o as cosas a cuyo conocimien o obli-
ga Dios gene almen e a odos, como son los a ículos de
la e y los p e es os uni e sales de la ley, y ace ca de
es o es e dad lo que los doc o es a i man que nadie
puede excusa se po igno ancia, po que haciendo el hom-
b e lo que es é en sí se á iluminado in e io o ex e io -
men e.»
A pesa de odo, insis imos en nue s a p oposición, que
pa ece es á en la in ención exp esa de San o Tomás. Los
que nunca oye on cosa alguna, po muy pecado es que
sean po o o lado, igno an in enciblemen e; luego al ig-
no ancia no es pecado.
P u
l
base el an eceden e po aquello de San Pablo a
los omanos (cap . 10, . 15):
¿Cómo c ee án si no oyen-
y
¿cómo oi án si no se les p edica?
Luego si no les ha sido
p edicada la e, igno an in enciblemen e, po que no pue-
den sabe . No condena San Pablo a los in ieles po que
no hacen lo posible pa a se iluminados po Dios, sino
po no c ee después de habe oído.
¿Po en u a,
dice,
no
oye on? Y su sonido se espa ció po oda la ie a.
Po eso
— 53 —
les condena, po habe sido p edicado el E angelio po
oda la ie a; de o a sue e no les condena ía, po mu-
chos o os pecados que u ie an.
Ye a ambién
Ad iano
en o o pun o ela i o a la ma-
e ia de la igno ancia. Dice es e doc o que, aun en cues-
ión de cos umb es, si uno pone de su pa e oda habili-
dad y diligencia pa a ilus a se, no po es o se excusa
po igno ancia si al mismo iempo no se dispone median-
e el a epen imien o de sus pecados a se iluminado po
Dios; como si alguien duda de la legi imidad de un con-
a o y p egun a a a ones doc os y busca po doquie a
modo de halla la e dad, y llega a juzga que es líci o el
con a o, si po en u a es ilíci o y lo lle a a cabo, no se
excusa de nue o pecado, si en pecado es aba, po cuan o
no hizo de su pa e lo que pudo pa a ence la igno an-
cia, po más que cons e que, aunque se disponga a la g a-
cia, no es iluminado, pues que no qui a el impedimen o que
es el pecado. Po ejemplo, si ace ca de mu uo con a o
o del mismo caso, Ped o y Juan dudan y ambos hacen
igual p uden e diligencia pa a ilus a se y los dos juzgan
líci o el con a o, o el ac o, y Ped o es á en g acia y Juan
en pecado; Ped o iene igno ancia in encible,
,
Juan en-
cible, y si lle an a cabo el con a o o el ac o, Ped o se
excusa, Juan no se excusa.
Digo que se engaña Ad iano en es a eo ía, como la -
gamen e dise é comen ando a San o Tomás en la ma e-
- ía de la igno ancia (1. 2., q. 6, a . 8). Ex aña. cosa ue-
a deci que en ninguna cues ión de de echo di ino puede
el in iel ene igno ancia in encible, mejo , el in iel y cual-
quie a que es é en pecado mo al; segui íase que el
Ped o
del ejemplo, que es aba en g acia, y po lo mismo podía
halla se en igno ancia in encible ace ca, . g ., de la usu-
a, de la simonía..., po el hecho de cae en pecado mo al,
— 54 —
e ía ocada su igno ancia in encible en encible. Eso
es absu do.
Digo, pues, que pa a que la igno ancia sea encible y
como al pecaminosa, equié ese negligencia en indaga
no que iendo oi o no c eyendo lo oído. Po el con a io,
pa a que sea la igno ancia in encible es su icien e que se
haya pues o p uden e diligencia en in es iga , aunque se
es é en pecado mo al; dícese igual del que es é en g acia
y del que es é en pecado; lo mismo aho a lejanos de C is-
o,
como
inmedia amen e después de su enida o de su
pasión.
No me nega á Ad iano que poco después de la pasión
de C is o los judíos de la India y de España igno aban in-
enciblemen e la pasión del Seño , po muy pecado es
mo almen e que uesen; an es bien, lo concede exp esa-
men e al habla de la obse ancia de la legalidad ieja.
Y es cie o que los judíos ausen es de Judea, es u ie-
sen en pecado o no, igno aban in enciblemen e el bau is-
mo y la e en C is o. Así, pues, como pudo habe en onces
en e los ci ados judíos igno ancia in encible, igualmen e
aho a puede habe la en e aquellos a los que no ha llega-
do conocimien o del bau ismo.
Siguen equi ocándose los e e idos doc o es cuando
dicen que al admi i igno ancia in encible ace ca del Bau-
ismo y de la e de C is o, hab emos de admi i ambién
que es posible sal a se sin bau ismo o sin e.
Nada de es o. Los bá ba os, a los que no llegó el co-
nocimien o de la e y de la eligión de C is o, se conde-
na án po sus pecados mo ales, po su idola ía, mas no
po su in idelidad, y si hiciesen lo que de su pa e es á, a
sabe , i i bien con o me al dic amen de la ley na u al,
en onces p ecisamen e es cuando Dios p o ee ía y les
ilumina ía ace ca del nomb e de C is o; pe o
de ningún
— 55 —
modo se sigue que, po i i mal, seles impu e a pecado
la igno ancia o in idelidad ace ca del bau ism o y de la e
c is iana.
Segunda p oposición:
Los bá ba os no ienen el debe de c ee en
C is o al p ime conocimien o de su e, de al ma-
ne a que pequen mo almen e, no c eyendo po solo
el anuncio
.
de ella y po
la
p oposición de que la
e dade a Religión es la c is iana, y de que C is o
es el Sal ado y Reden o del mundo, sin milag os
o sin o a p ueba o sin empleo de medio alguno de
pe suasión.
Po la p ime a
p oposición se p ueba és a. Si an es de
oi cosa alguna de la Religión c is iana se excusaban, no
son obligadas ampoco po es a simple enunciación o p o-
posición, comoquie a que al enunciación no es a gumen-
o ninguno ni mo i o pa a c ee .
An es bien, como dice Caye ano comen ando a San o
Tomás (2. 2., q. 1, a . 4), eme a ia e imp uden emen e
ob a ía quien al c eyese, comoquie a que a la sal ación
se e ie e la doc ina, sino oyéndolo de a ón idedigno; lo
cual no conocen los bá ba os, igno ando quiénes y qué
ales son los que la nue a eligión les p oponen.
Con í malo San o Tomás diciendo (2. 2., q. I, a . 4 ad
2 e a . 5, ad 1) que las cosas de la e son is as y e iden-
es a la luz del c i e io de c edibilidad, pues no c ee ía el
iel si no comp endiese la c edibilidad de lo que c ee, o po
la e idencia de los signos o po o a azón. Po lo mis-
mo, donde no concu en ales signos u o o es imulo a
la pe suasión, no es án obligados los bá ba os a c ee .
Si los sa acenos p opusie an jun amen e con los c is-
ianos a los bá ba os su eligión, así simplemen e, sin
mo i o alguno de c edibilidad, no end ían és os debe
— 62 —
iza ues o he mano es o nica io o ado ado de los ído-
los..., con es e al ni aún oma alimen o.
Y dice oda ía
( . 12):
¿Qué me a a mí en juzga a aquellos que es án
ue a?;
comen ando lo cual, esc ibe San o Tomás que
los p elados ecibie on po es ad solamen e sob e aquellos
que se some ie on a la e;
y en sus palab as bien cla amen-
e exp esa San Pablo que no es compe en e pa a juzga
a los in ieles y a los idóla as y o nica ios.
Además, que ni odos los pecados con a na u aleza
pueden se e iden emen e decla ados ales, al menos a
odos los homb es (1).
Esos pecados son más g a es en e los c is ianos que
saben que son pecados, que en e los bá ba os, que igno
an que lo son (2).
Además. Ex aña cosa es que no pueda el Papa legis-
la sob e los in ieles, y pueda, no obs an e, juzga los y
cas iga los.
O o a gumen o. O ienen debe los bá ba os de acep-
a la pena que se les imponga po aquellos pecados, o no
lo ienen. Si no lo ienen, ni el Papa puede imponé sela.
Si lo ienen, lo ienen ambién de econoce al Papa como
seño y legislado , y si no lo econocen, ya po es o sólo
puede hacé selas la gue a, lo cual .niegan los ad e sa-
ios,
COMO
se ha dicho; pues es g acioso que puedan im-
punemen e nega au o idad y ju isdicción al Papa, y en-
gan, no obs an e, obligación de acep a sus sen encias.
(I) Di ícil es hace comp ende a odos los homb es la malicia de de e -
minados ac os, p incipalmen e en lo que se e ie e al sex o mandamien o,
ace ca del cual no emos oda ía muy cla o po odos lados los que nos
hemos quemado las cejas la gos años sob e la Teología Mo al y hemos leído
cuan o hay legible, po más que nos hayamos auxiliado de la Re elación,
de la Filoso ía y de
la
Medicina.
(2) Si igno an los bá ba os que los ac os especi icados a iba son pecado,
no cabe mayo o meno g a edad en su malicia, sino que sencillamen e no
hay al malicia suje i a.
-63--
Y cie amen e, no ienen los bá ba os debe de acep a
la sen encia papal
.
po no se c is ianos, pues po ningún
o o de echo puede el Papa condena y cas iga sino
como Vica io de C is o. Ya los mismos Inocencio, Agus-
ín de Ancona y Sil es e con iesan que no pueden se
cas igados los bá ba os po no ecibi a C is o; luego
mucho menos po no ecibi la sen encia del Papa, pues o
que es a segunda acep ación supone la p ime a.
La u ilidad del i ulo que es udiamos y del p eceden e
se con i ma po un solo a gumen o. Nunca el pueblo he-
b eo, que odo lo lle aba po la ía de las a mas, ocupó
las ie as de los in ieles po se ales sus mo ado es ni
po se idóla as ni po se pecado es con a ley na u al,
sac i icando a sus hijos y a sus hijas a los demonios; sino
po especial o den de Dios o po que se oponían a su paso
o po que les o endían.
Además, ¿qué en ienden los ad e sa ios po p o esa
la ley na u al? ¿Conoce la? No la conocen oda los bá -
ba os. ¿Que e gua da la? En es e caso que ían ambién
gua da oda la ley di ina, y si supie an que la ley de
C is o es di ina, la quisie an gua da . Luego lo mismo se
han con espec o a la ley na u al que a la ley c is iana.
Más oda ía. Mayo es p uebas enemos pa a demos a
que la ley c is iana es di ina, que pa a con ence nos de
que la o nicación es mala (1) y de que han de e i a se
o as cosas, aunque p ohibidas po la ley na u al.
Luego si pueden se o zados los bá ba os a gua da
la ley na u al, po que se les puede p oba , ambién pue-
den se lo a la obse ancia de la ley e angélica.
(1) Recué dese al g an eólogo P. Sánchez, de la Compañía: de Jesús.
— 64 —
TÍTULO SEXTO.
Dícese: Es í ulo legí imo la elección olun a ia. Cuan-
do llegan los españoles a las Indias les hacen e a aque-
llas gen es que el ey
de
España los manda allí pa a ha-
ce su elicidad, y les aconsejan que le eciban y acep en
como a seño y ey. Y ellos, los bá ba os, con es an que
les place.
Nada hay más na u al, añaden, que a i ica la enajena-
ción de los bienes hecha olun a iamen e po su legí imo
seño : éase el capí ulo
Pe adi ionem.
Tampoco es e í ulo me sa is ace. Debió habe miedo e
igno ancia que ician oda elección, máxime aquellas elec-
ciones de los bá ba os. No saben és os lo que hacen y
p obablemen e no en ienden lo que piden los españoles.
Po o a pa e, nues os paisanos piden de una u ba im-
bécil y miedosa, a mados de odas a mas.
Además. Teniendo los bá ba os, como se ha dicho, e -
dade os seño es y p íncipes, no puede el pueblo, sin causa
acional, acep a nue os seño es en de imen o de los p i-
me os; ni ampoco los seño es pueden impone al pueblo
un p íncipe sin consen imien o del mismo pueblo.
Comoquie a, pues, que en aquellas elecciones y acep a-
ciones no concu en odos los equisi os que las legi i-
men, no es ampoco í ulo legí imo el p esen e; ni apoyán-
dose en él pueden se ocupadas aquellas p o incias.
ÚLTIMO TITULO.
Dícese po in, igno o cuál es el o igen del umo , que
hay aquí especial o denación de Dios; que Dios, en sus
al os juicios, condenó a odos aquellos bá ba os a pe di-
ción, po sus abominaciones, en egándolos en las manos
— 65 —
de los españoles, como an iguamen e a los cananeos en
manos de lis judíos.
A eso no quie o da le impo ancia, pues ue a pelig o-
so c ee a quien lanza p o ecías con a la ley común
con a las eglas de la Esc i u a, a menos que con i mase
su doc ina con milag os, los cuales no apa ecen po nin-
guna pa e.
Pe o, además, aun supues o que así ue a que hubiese
Dios esuel o ex e mina a aquellos bá ba os, no quie e
eso deci que sus ex e minado es es u iesen lib es de pe-
cado, co no no lo es aban los eyes babilónicos, que lle-
aban sus ejé ci os con a Je usalén y educían a cau i-
e io a los hijos de Is ael, aun cuando odo ello acon e-
ciese po especial p o idencia de Dios, como epe idas
eces se les había p edicho a los is aeli as; ni lo es u o
je oboam en apa a al pueblo de la obediencia de Ro-
boam, aunque es a escisión ué de di ina p o idencia con-
o me a la amenaza de Dios po su p o e a.
Y, apa e el de in idelidad, mayo es pecados hay, en
ma e ia de cos umb es, en e los c is ianos que en e
aquellos bá ba os (1).
No nos ol idemos de lo que dice San Juan en el capí u-
lo cua o de su ca a:
No c eáis a odo espí i u, sino p o-
badlo si es de Dios.
Y lo de San o Tomás (1. 2., q. 68):
Los
dones especiales los concede el Espí i u San o pa a pe eccio -
nanzien o de las i udes. Allí donde la e o la au o idad
la p o idencia mues an qué hay que hace , no se puede e-
cu i a los dones.
(1) Qué humano y qué sensa o es Vi o ia. ¿Conque hay que cas iga a
!os inci ilizados po que son pecado es? ¡Vaya un sa casmo! ¿Quién echa á
la p ime a pied a? Cie amen e se a e gonza ían muchos sal ajes de nues-
o ca na al, po ejemplo.
— 66 —
Bas a de í ulos alsos e insu icien es.
He de ad e i que yo nada i esc i o de es a cues ión,
ni asis í a discusión ni a consejo ace ca de ella; y no nie-
go que o os puedan apoya se acionalmen e en alguno
de los ci ados í ulos. Mas yo, mien as an o, no puedo
en ende o a cosa que lo dicho, y si o os í ulos no hu-
bie a, mala opinión da ía ace ca de la sal ación de los
p íncipes, o, mejo , de los que les han aconsejado, pues
ellos no pueden po sí examina es as cosas y equie en
el consejo ajeno. ¿Qué
ap o echa al homb e,
dice el Seño ,
gana odo el mundo, si a sí mismo se pie del
(E ang. de
S. Ma eo, cap. 16; íd. de S. Ma cos, cap. 8; íd. de S. Lu-
cas, cap. 9.)
PARTE TERCERA
De
los í ulos legí imos po los cuales pudie-
on los bá ba os eni a pode de los espa-
ñoles.
Voy a habla aho a de los í ulos legí imos y su icien-
es po los cuales pudie on los bá ba os eni a pode de
los españoles.
Puede se el p ime o la sociedad y comunicación na-
u al. Ace ca del cual o mula é a ias p oposiciones.
P ime a p oposición:
Los españoles ienen de echo de eco e aque-
llas p o incias y de pe manece allí, sin que les
hagan daño alguno los bá ba os y sin que puedan
p ohibí selo.
P uébase, p ime o, po el de echo de gen es que, o es
de echo na u al, o del de echo na u al se de i a:
lo que la
azón na u al es ableció en e odas las gen es se llama de-
echo de gen es.
(Ins i ución
De ju e na u al/ gen ium.)
Aho a bien: odas las naciones conside an inhumano
ecibi mal sin causa jus a a huéspedes y pe eg inos; a no
se que ob a an mal al llega a ie a ajena.
Segundo. En el p incipio del mundo, comoquie a que
odo e a común, e a líci o a cada uno di igi se adonde
- 68 -
quisie a; lo cual no pa ece que haya sido anulado po la
di isión de las cosas, pues nunca ué in ención de las gen-
es impedi po aquella di isión la comunicación mu ua de
los homb es; y cie amen e en iempo de Noé hubiese sido
inhumano.
Te ce o. Todo es líci o lo que no es é p ohibido o no
es inju ioso o pe judicial a los demás. Mas, como supo -
liemos, al iaje de los españoles es sin inju ia ni daño de
los bá ba os. Luego es líci o.
Cua o. No les ue a líci o a los anceses p ohibi a
los españoles que iajasen po su país o se es ableciesen
en él, ni al con a io, si el iaje no cediese en daño de los
habi an es espec i os de ellos o les uese inju ioso. Lue -
go ampoco a los bá ba os.
Quin o. El des ie o es pena, y de las más g a es.
Luego no es líci o condena a ella a los huéspedes sin
culpa.
Sex o. Es p ác ica de gue a p ohibi la en ada en
una ciudad o p o incia, y expulsa a los que las habi an.
Y comoquie a que los bá ba os no ienen gue a jus a
con los españoles, supues o que sean és os inocen es, no
les es lici o p ohibi a los españoles la en ada en su país.
Sép imo. Dice el poe a: ¿Qué linaje de homb es o qué
pa ia an bá ba a pe mi e es o, que se nos p ohiba abo -
da a su país en calidad de huéspedes?
Oc a o.
Todo animal ama a su semejan e
(Eclesiás ico,.
cap. 17). Luego pa ece que la amis ad en e los homb es
es de de echo na u al, y que es an ina u al es o ba las,
elaciones mu uas de los homb es ino ensi os.
No eno. Dijo Jesuc is o:
E a ues o huésped y no me
ecogis eis
(S. Ma ., cap. 25, . 43). Jesuc is o se di ije a
odos, comoquie a que ecoge ,A los huéspedes es de de-
echo na u al.
— 69 --
Décimo.
Po de echo na u al son comunes a odos el
agua co ien e, el ma , los íos y los pue os
(Ins i uciones
De e um di isione),
y po de echo de gen es es líci o a a-
ca las na es dondequie a. Luego, a nadie es líci o apa -
a del uso de esas cosas. De lo cual se sigue que los
bá ba os ha án inju ia a los españoles si los apa an de
su país.
Undécimo. Se ag a a ía la inju ia a los españoles
desde el momen o que los bá ba os eciben a o os bá -
ba os p oceden es de odas pa es.
Duodécimo. Si a los españoles no les ue a líci o ia-
ja po países de indios, se ía po alguna ley p ohiben e
na u al, di ina o humana. Aho a bien; po de echo na u-
al y po de echo di ino cie amen e eso es líci o. Si,
pues, hubie a ley humana que sin alguna causa p ohibie-
se lo que es á pe mi ido po de echo na u al y po de e-
cho di ino, ca ece ía de ue za obligan e po i acional e
inhumana.
Décimo e ce o. O los españoles son súbdi os indios
o no lo son. Si no lo son, no hay ley india p ohibi i a que
les obligue; si lo son, deben se a ados acionalmen e.
Décimocua o. Los españoles son p ójimos de los
bá ba os,
como
es e iden e po la pa ábola del sama i a-
no (E ang. de San Lucas, cap. 10). San Agus ín
(Dc
Doc ina C is iana)
dice:
Diciendo ama ás a u p ójimo, es
mani ies o que odos los homb es son p ójimos.
Pe o ienen
los bá ba os el debe de ama a sus p ójimos como a sí
mismos; luego no pueden p ohibi a los españoles iaja
po sus ie as.
Segunda p oposición:
Es líci o a los españoles negocia con los bá ba-
os, aunque sin daño de la pa ia de ellos, impo -
ándoles me cancías de que ca ecen y expo ando
— 70
o o, pla a y o as cosas de que abundan. Ni los
p íncipes indios pueden p ohibi a sus súbdi os co-
me cia con los españoles ni los sobe anos de Es-
paña p ohibi a los suyos el come cio con las In-
dias.
P uébase po la p ime a p oposición:
P ime o. Po que ambién pa ece de echo de gen es
que puedan los pe eg inos eje ce el come cio sin de i-
men o de los ciudadanos.
Segundo. Po que ese come cio es líci o po de echo
di ino; luego oda ley que lo p ohibiese se ía indudable-
men e i acional.
Te ce o. Los p íncipes ienen obligación de que e a
los españoles po de echo na u al; luego no les es líci o,
si pueden hace lo sin de imen o suyo, p ohibi les sin cau-
sa que abajen pa a su mayo p o echo.
Cua o. Po que hay un p o e bio que dice:
No hagas
a o o lo que no quie as pa a i.
En suma: es cie o que no pueden p ohibi los bá ba-
os a loS españo les el come cio más que los c is ianos
pueden p ohibi lo a o os c is ianos. Cla o es que si los
españoles p ohibiesen a los anceses come cia con ellos,
no po el bien de España, sino po que los anceses no
pa icipasen de alguna u ilidad, la ley ue a injus a y con-
a ca idad; y si es o no puede in en a se jus amen e po
una ley, ampoco puede hace se, pues que la ley no es
inicua sino po la ejecución de ella. En el De echo se
dice
(De jus icia e ju e) que la na u aleza puso cie o pa en-
esco en e los homb es,
como una ue za de unión. De
donde es con a de echo na u al que un homb e con a íe
a o o homb e sin azón, pues no es un homb e pa a o o
homb e un lobo, como dice O idio, sino un homb e.
Te ce a p oposición:
— 71 —
Lo que en e bá ba os es común a ciudadanos y
a huéspedes no les es líci o a aquéllos p ohibi lo a
los españoles.
Po ejemplo:
Si
a cualquie o o iaje o le es líci o ex-
plo a el o o, de ie as comunes o de los íos, o pesca
ma ga i as en el ma o en los íos, no pueden los bá ba-
os p ohibi lo a los españoles, sino que les es a és os lí-
ci o en la o ma que a los demás, mien as no sean pe ju-
dicados los ciudadanos
y
na u ales poblado es.
P uébase es o po la p ime a y segunda p oposición.
Po que si les es líci o á los españoles iaja po ie as
de bá ba os
y
negocia con ellos, lici o les es ambién go-
za de las leyes y en ajas de odos los iajan es.
Segundo. Lo que no es á en pode de alguno es po
de echo de gen es del que lo ocupa; éase el pá a o
Fe-
ae bes iae.
Luego si el o o del campo o la ma ga i a del
ma o las iquezas cualesquie a de los íos no son de na-
die, po de echo de gen es pe enecen al ocupan e, como
los mismos peces del ma .
Y cie amen e, muchas cosas pa ecen p ocede del de-
echo de gen es, el cual iene mani ies a ue za pa a en-
gend a de echo y obligación, po que de i a su icien e-
men e del de echo na u al, y aun supues o que no siem-
p e se de i e del de echo na u al, es bas an e pa a ello
que sea un consen imien o de la mayo pa e del géne o
humano, y más oda ía siendo es e consen imien o pa a
bien de odos.
Si, pues, desde los iempos p ime os del mundo o des-
pués de epa ado po el dilu io, la mayo pa e de la hu-
manidad ha es ablecido que los legados sean in iolables
en odas pa es, que el ma sea común, que los p isione-
os de gue a sean sie os que
la
gue a libe e, que los
huéspedes no sean expulsados.,., cie amen e ienen ue -
— 78 —
concu ie an c is ianos a aquellas p o incias, pod ía u á-
cilmen e es o ba se los unos a los o os y p omo e se-
diciones que pe u ba ían la anquilidad y u ba ían el
negocio de la e y la con e sión de los bá ba os.
Además. Comoquie a que los Sobe anos españoles
ue on los p ime os que se a iesga on a aquella na e-
gación
y acili a on con su p o ección y a sus expensas
aquel eliz descub imien o, jus o es que a o os se p ohi-
ba el iaje, y ellos sólos gocen de lo descubie o. Así
como pa a conse a la paz en e los P íncipes c is ia-
nos y ensancha la Religión, pudo el Papa de al modo
epa i en e ellos las p o incias de los mahome anos,
que uno no pasase a la pa e del o o; así ambién podía
en bene icio de la Religión cons i ui P íncipes, p incipal-
men e allí donde an es no los había c is ianos.
Te ce a conclusión:
Si los bá ba os pe mi en a los españoles p edi-
ca el E angelio lib emen e y sin impedimen o, e-
ciban la e o no la eciban, no les es líci o a és-
os decla a a aquéllos la gue a ni ampoco ocu-
pa sus ie as.
Es a p oposición ha sido demos ada más a iba, al
habla del cua o í ulo ilegí imo; y es e iden e en sí, po -
que no hay gue a jus a donde no hubo inju ia, como dice
San o Tomás (2. 2., q. 40, a .
1).
Cua a conclusión:
Si los bá ba os, ya sus P íncipes, ya el popula-
cho, impiden a los españoles anuncia lib emen e
el E angelio, pueden és os, después de dadas las
debidas explicaciones pa a e i a el escándalo,
p edicá selo a la ue za y p ocu a la sal ación
de aquella gen e; y si pa a es o es p eciso acep-
a la gue a :o decla a la, pueden hace lo has a
— 79 —
log a acilidades y segu idad en la p edicación
del E angelio. Lo mismo debe deci se si, aun
cuando pe mi an la p edicación, es o ban la con-
e sión a emo izando con amenazas o ma ando
a
los con e idos a C is o.
Es e iden e. Ob ando así los bá ba os, inju ian a los
españoles, y ya ienen és os causa jus a de gue a.
Segundo. Impidiendo la p edicación del E angelio, se
impedi ía la elicidad de los mismos bá ba os, lo que no
pueden jus amen e hace sus P íncipes. Luego, en a o
de aquéllos que son op imidos y padecen inju ia pueden
los españoles p omo e gue a, máxime en cosa de an-
a impo ancia. De lo cual se sigue que ambién po es a
azón, si de o o modo no pueden los españoles a ende
al bien de la Religión, les es líci o ocupa las ie as y
las p o incias de los bá ba os y cons i ui nue os seño-
es y depone a los an iguos y pe segui po de echo de
gue a odas aquellas cosas que en o as gue as jus as
es líci o pe segui , gua dando siemp e el modo y la medi-
da, pa a no pasa más allá de lo que es necesa io; an es
cediendo algo del p opio de echo que a anzando un paso
más de lo jus o, mi ando p e e en emen e al bien de los
bá ba os que al p opio negocio.
Mas, es de obse a lo que dice San Pablo:
Todo me
es líci o, pe o no odo con iene
(I ca a a los Co in os, ca-
pí ulo 6, . 12). Todo lo dicho has a aquí es líci o de
suyo; mas, puede ocu i que po esas gue as, despojos
y ma anzas, más bien se impida la con e sión de los
bá ba os, que se log e y se p opague. Así, hay que p o-
cu a es o p ime amen e, a sabe , que no se ponga o-
piezo al E angelio, y, si se pusie a, es p eciso cesa de
es a o ma de e angeliza y busca o a. Noso os hemos
únicamen e mos ado lo que de suyo es líci o.
—
80 —
No dudo que ué menes e apela a la ue za y echa
mano de las a mas pa a que los españoles pudie an pe -
manece allí; pe o emo que se haya a anzado más de lo
que el de echo y la necesidad pe mi ían.
Has a aquí del segundo í ulo legí imo, po el cual los
bá ba os pudie on cae en pode de los españoles.
Mas siemp e hay que lle a delan e de los ojos lo que
se ha dicho, a sabe : que lo que es líci o de suyo puede
hace se malo acciden almen e po las ci cuns ancias que
concu en al ac o, po que el bien lo es po la o al bon-
dad de odas sus causas y el mal po la maldad de una
sola.
TERCER TITULO.
Se de i a del an e io .
Si algunos bá ba os
se hubiesen con e ido al C is ianismo, y sus p ín-
cipes, o amed en ándolos, o a la ue za, quie en
e o na los a la idola ía, pueden los españoles
po es a azón, si no hay o o camino, decla a la
gue a y obliga a los bá ba os a que cesen en su
a opello e inju ia y eje ce odos los de echos de
la gue a con a los pe inaces y aun depone los,
como en cualquie a gue a jus a.
Y es e puede se el e ce í ulo, que es no sólo í ulo
de eligión, sino de amis ad y de sociedad humana, pues
po el hecho de habe se con e ido algunos bá ba os a la
eligión c is iana son amigos y compañe os de los c is-
ianos, y debemos p ocu a el bien de odos, pe o p in-
cipalmen e el de nues os he manos en la e. (Ca a de
San Pablo a los Gála as, cap. 6, . 10.)
—
81 --
CUARTO TÍTULO.
Si buena pa e de los bá ba os se hubiesen con-
e ido al C is ianismo, ya iolen ados, ya espon-
áneamen e, mien as sean e dade os c is ianos,
puede el Papa da les, con causa jus a, lo mismo
a pe ición de ellos que olun a iamen e, un p ínci-
pe c is iano y qui a les los seño es paganos.
Po que si así con iniese pa a la conse ación de la e-
ligión c is iana po emo a que los nue os c is ianos
apos a asen balo la dominación de seño es paganos o ue-
sen po su con e sión ejados, sabido es que en a o de
la e puede el Papa cambia los seño es.
Con i ma es o la opinión de odos los Doc o es que
exp esamen e decla a San o Tomás (2. 2., 10, a . 10):
La Iglesia puede libe a a odos los escla os c is ianos
del pode de los in ieles, aun cuando uesen legí imos cau-
i os. Cla amen e lo dice Inocencio en el sob edicho capí-
ulo
Supe /zis (de Vo o).
Luego con mayo azón pod á
libe a a o os súbdi os c is ianos que no es án an a a-
dos como los escla os.
O o a gumen o. Tan o depende la muje de su ma ido
como el súbdi o de su seño , y más, po que aquella unión
es de de echo di ino y és a de de echo humano; pe o en
a o de la e es libe ada la muje c is iana del ma ido pa-
gano, si el ma ido le es moles o po causa de su eligión.
Véase el capí ulo sép imo de la ca a p ime a de San Pa-
blo a los Co in ios y el capí ulo
Quan o (de Di o iis).
Más aún: es cos umb e es ablecida ac ualmen e que po
el hecho de con e i se un cónyuge al c is ianismo quede
lib e del o o cónyuge pagano. Luego ambién la Iglesia
puede, en a o de la e y pa a apa a el pelig o de pe -
—
82 —
de la, lib a a los c is ianos de la obediencia y suieción
de los seño es paganos, e i ado el escándalo.
Es e es el cua o í ulo legí imo.
QUINTO
TÍTULO.
O o í ulo puede se la i anía de ellos, ya la de los
supe io es sob e los súbdi os, ya la de las leyes eja o-
ias de los inocen es, como las que o denan sac i icios hu-
manos y las que pe mi en la mue e de los que no han
sido jus amen e condenados, pa a come sus ca nes.
Digo, pues:
Sin au o idad pon i icia pueden los españoles
apa a a los bá ba os de oda cos umb e y i o
delic i o, po que pueden de ende a los inocen es
de una mue e injus a.
Se p ueba.
A
cada uno con ió Dios el cuidado de su
p ójimo, y los bá ba os son nues os p ójimos. Luego
cualquie a puede de ende los de al i anía y op esión, lo
cual p incipalmen e co esponde a los P íncipes.
Además. Se dice en el capí ulo 24 de los P o e bios:
A anca de la mue e y de la uina a los que son a as ados
a ellas; no ceses de lib a les.
Ni se en iende es o solamen-
e del momen o mismo de se lle ados algunos bá ba os
la mue e, sino que pueden se o zados los indios a
abandona el i o homicida; y si se niegan, puede obligá -
seles po las a mas y pueden eje ci a se con a ellos
odos los de echos de la gue a. Y si de o o modo no
puede se sup imido el i o sac ílego, pueden los españo-
les muda los seño es y cons i ui un nue o p incipado.
Y po es e lado es e dade a la opinión de Inocencio y del
—
83 —
A zobispo (1), que sos ienen pueden se los bá ba os cas-
igados po pecados con a na u aleza. Ni es obs áculo,
que los bá ba os consien an ales leyes y sac i icios y que
no quie an se engados de ellos po los españoles, pues
no alcanzan sus de echos a pode se en ega a sí mismos
y a sus hilos a la mue e.
Tal es el quin o í ulo legí imo.
SEXTO TITULO.
O o í ulo puede se la e dade a y olun a ia elec-
ción, a sabe : si los bá ba os, comp endiendo la in eligen-
e y p uden e adminis ación y la humanidad de los espa-
ñoles, espon áneamen e quisie an ecibi po P íncipe al
Rey de España, lo mismo los seño es que los demás.
Es o pod ía hace se, y ue a í ulo legí imo aun de ley na-
u al; pues cualquie epública puede cons i ui se sob e
sí misma p íncipe, y pa a es o no es menes e el consen-
imien o de odos sino que es su icien e el de la mayo
pa e; po que, como en o o luga dijimos, en aquellas
cosas que a añen al bien de la República, lo que po la
mayo ía es aco dado iene ue za de ley, aun esis iéndo-
se los demás; de lo con a io, nunca pod ía hace se cosa
pública de p o echo, siendo muy di icil que odos con en-
gan en un mismo pa ece .
De donde, si en alguna ciudad o p o incia la mayo ía
uesen c is ianos, y ellos, pa a el bien común y en bene i-
cio de la e, quisie an un ey c is iano, c eo que pod ían
elegi lo, a pesa de la oposición del es o de los
ciudada-
nos y aun
abandonando
a las au o idades in ieles; y digo
que pod ían elegi P íncipe no sólo pa a sí, sino ambién
1
,
1) San An onino, A zobispo de Flo encia.
_ 84 _
pa a oda la Repúblida, como lo hicie on los ancos,
que, qui ando la co ona a Childe ico, se la die on a Pipi-
no, pad e de Ca lo-Magno, la cual acción ap obó el Papa
Zaca ías.
Tal es el sex o í ulo.
SÉPTIMO TÍTULO.
El compañe ismo y la amis ad pod ían se o o i ulo.
Haciéndose en e sí algunas eces los mismos bá ba-
os la gue a, y eniendo la pa e o endida de echo a de-
cla a la, puede llama en su auxilio a los españoles
compa i con ellos los despojos de la ic o ia; como se
dice que lo hicie on los ascal ecas con a los mejicanos,
que se conce a on con los españoles pa a comba i los;
si luego les pe enecía algo po de echo de gue a, e a
cues ión de ellos. Que sea és a causa jus a de gue a en
a o de los compañe os y de los amigos no hay duda,
como lo decla a Caye ano comen ando a San o Tomás
(2. 2., q. 40, a . 1), pues que igualmen e puede la Repú-
blica llama a los ex años pa a enga a los amigos
con a ex años malhecho es.
Po es a azón, p incipalmen e, ensancha on su impe-
io los omanos, p es ando auxilio a aliados y amigos; y
acep ando jus amen e la gue a con ocasión de alianzas y
amis ades, en aban en posesión de nue as p o incias
po de echo de gue a; y sin emba go, el impe io omano
ue ap obado como legí imo po San Agus ín en su lib o
De ci i a e Dei,
y San o Tomás y Sil es e u ie on po
empe ado a Cons an ino el G ande, y San Amb osio a
Teodosio. No se e cie amen e po cuál o o í ulo ju í-
dico pudie on llega a se los omanos seño es del mun-
do, sino po el de echo de la ue za, las mayo es ocasio-
— 85 —
nes de eje ci a la cual ue on la de ensa y la enganza de
sus aliados. Así, Ab aham, pa a enga al
Rey de Salen
y a o os eyes que con él habían hecho alianza, peleó
con a cua o eyes de aquella egión, de los cuales él
pe sonalmen e no ecibió inju ia ninguna.
Es e es el sép imo y úl imo í ulo po el cual pudie on
y pueden eni los bá ba os y sus p o incias a pode y
dominio de los españoles.
O o í ulo pod ía, no p ecisamen e ae se, sino po-
ne se a es udio y pa ece a algunos legí imo. Del cual
no me a e o a a i ma nada; pe o ampoco me a e o a
condena lo del odo. Y es és e: esos bá ba os, aun cuan-
do, como a iba se ha dicho, no sean del odo amen es,
poco dis an, no obs an e, de los amen es; y así pa ece que
no son idóneos pa a cons i ui y adminis a una Repú-
blica legí ima, aun den o de los é minos humanos y ci-
iles; po lo cual no ienen leyes con enien es ni ma-
gis ados; ni siquie a son idóneos pa a gobe na la ami-
lia; has a ca ecen de le as y de a es, no sólo libe ales
sino mecánicas, de diligen e ag icul u a, de a esanos y
de o as muchas comodidades y aun necesidades de la
ida humana.
Alguien, pues, pudie a deci que pa a u ilidad de los
bá ba os pueden los p íncipes españoles enca ga se de
la adminis ación de ellos y pone al en e de ellos po
ciudades p e ec os y gobe nado es, y aun da les nue os
seño es, mien as cons ase que les con enía así.
Fácil ue a con ence se de odo es o, po que si odos
e an amen es, no hay duda que e a no sólo líci o, sino
con enien ísimo, y aun obligados a ello es a ían los p ín-
cipes, lo mismo que si ue an del odo niños; y si no lo
— 86 —
son amen es, poco les al a e igualmen e que és os deben
se a ados, pues o que nada o poco más que los amen-
es alen pa a gobe na se a sí mismos, y aun que las bes-
ias, pues su alimen o no es más humano ni es mejo que
el de ellas; luego del mismo modo que amen es y ie as
pueden se en egados los bá ba os al gobie no de los
más sabios.
Y apa en emen e halla con i mación lo an e io men e
expues o en lo que amos a deci . Si po una casualidad
pe eciesen odos los adul os de los bá ba os y quedasen
los niños y los jó enes con algún uso de azón, aunque
den o de los años de la pue icia y pube ad; pa ece cie -
amen e que pod ían los p íncipes asumi el cuidado de
ellos y gobe na los mien as en al es ado pe maneciesen.
;.:;i es o se admi e, c eo no pode se nega que pueda ha-
ce se lo mismo con los pad es bá ba os, supues o el em-
bo amien o y co edad in elec ual que de ellos e ie en los
que en e ellos han es ado, la cual, con o malidad e in-
sis encia dicen, es mayo que lo es la de los niños e idio-
as en o as naciones.
Pod ía unda se cie amen e la opinión en el p ecep o
de la ca idad, comoquie a que son ellos nues os p óji-
mos y engamos debe de p ocu a su bien.
Sea es o dicho, como dije, sin a i mación de ninguna
especie, y ambién con la limi ación de que odo ello se
hiciese en bien y u ilidad de los indios, no solamen e pa a
negocio de los españoles, que ahí es á odo el pelig o
pa a las almas y pa a la sal ación.
Ap o echa ía ambién aquí la eo ía de A is óleles, de
que algunos son po na u aleza sie os; y ales pa ecen
esos bá ba os, que pod ían, po es a azón, se gobe na-
dos en pa e como sie os.
87 —
De oda es a dise ación pa ece segui se, que si cesa-
sen odos es os í ulos de al mane a que los bá ba os no
diesen mo i o pa a una gue a jus a, ni pudie an ene
p íncipes españoles, e c., que cesa ía oda aquella emig a-
ción y come cio con g an pe juicio de los españoles y
g an de imen o de los p íncipes, lo que no pod ía ole-
a se .
Respondo en p ime luga : No ue a menes e que ce-
sase el come cio, po que, como se decla ó, muchas co-
sas ienen los bá ba os en que abundan y que po cam-
bio pueden ob ene los españoles; además, hay cosas en
las Indias que es án abandonadas o son comunes de o-
dos los que quie an ocupa las. Los po ugueses sos ienen
in enso come cio con gen es pa ecidas, con g an p o e-
cho, y, sin emba go, no las dominan.
Segundo. Posible es que las en as eales no dismi-
nuyesen, pues con igual jus icia pod ían impone se ibu-
os sob e el o o y la pla a impo ados de las Indias, la
quin a pa e, po ejemplo, o mayo , según la impo ancia
de la me cancía; y con azón, pues po el p íncipe ué in-
oducida la na egación, y bajo la ga an ía de él a ican
lib emen e los me cade es.
Te ce o. Desde el momen o en que allí se han con-
e ido muchos bá ba os, ni ue a con enien e ni le se ía
líci o al p íncipe abandona del odo la adminis ación de
aquellas p o incias.
a
— 94 —
CUESTIÓN SEGUNDA
Quién iene
au o idad de hace o decla a la gue a.
Pa a a a es o, pongamos una p ime a p oposición:
La gue a de ensi a la puede acep a cualquie-
a, aun pe sona p i ada.
Es e iden e, pues, como se ha dicho a iba y se añade
en
ahí sup a,
es líci o echaza la ue za con la ue za. De
donde la gue a de ensi a puede hace :a cualquie a sin
au o ización de nadie, no sólo pa a la de ensa de la pe -
sona, sino ambién de las cosas y de los bienes.
Mas ace ca de es a conclusión puede ocu i una duda,
a sabe : si el que es acome ido po un lad ón o enemigo
puede he i al ag eso en el caso de que le sea posible,
huyendo, e i a el e ec o de la ag esión. El A zobispo
dice que no, po que no hay en al caso de ensa con la de-
bida mode ación, pues cada cual iene debe de de ende -
se cuan o pueda, pe o con el meno de imen o del in a-
so . Si, pues, pa a esis i e icazmen e es p eciso o ma a
o he i g a emen e al in aso , pa ece que ha
y
obligación
hni , si huyendo es posible lib a se de la ag esión.
Mas el Pano mi an o sob e el capí ulo
Olinz
dis ingue:
Si el ag edido ue a g a emen e deshon ado po la huída,
no iene debe de hui , sino puede, hi iendo, echaza la
ag esión; mas si no padeciese de imen o en su hono ,
como el eligioso, como el illano acome ido po un no-
ble o po un gue e o, más bien iene debe de hui .
Pe o Ba olo, sob e la ley p ime a
De Poenis
y sob e la
ley
Fu enz,
indis in amen e sos iene la lici ud de de ende -
se sin la huida, po que la huida es una inju ia, como se
dice en la ley
Rein apud Labeonenz,
y si pa a de ende las
— 95 —
•
cosas ma e iales es líci o esis i con las a mas (capí u-
lo
Oli a,
cap.
Dilec .),
mucho más lo es pa a echaza una
inju ia, que es mayo mal que el queb an o de la hacien-
da (ley
In se o um).
Es a úl ima opinión puede sos ene se con oda segu i-
dad, an o más cuan o las leyes ci iles conceden es e de-
echo (ley
Fo e a),
y con la au o idad de las leyes nadie
peca, pues ellas dan de echo en el ue o de la concien-
cia; de donde, si po de echo na u al no ue a lici o ma a
en de ensa de la p opiedad ma e ial, pa ece que queda
hecho líci o po la ley ci il, y ello es líci o, e i ando el es-
cándalo, no sólo al lego, sino ambién al clé igo y al e-
ligioso.
Segunda p oposición:
Cualquie epública iene au o idad pa a decla-
a y lle a la gue a.
Hay di e encia en es o en e una pe sona p i ada y una
epública: que la pe sona p i ada iene cie amen e de e-
cho de de ende se a sí y a sus cosas; pe o no lo iene de
enga una inju ia ni siquie a de ecupe a iolen amen e
después de algún iempo las cosas qui adas, pues la de-
ensa se e ie e al pelig o p esen e o, como dicen los ju-
isconsul os,
incon inen i,
de donde en cesando !a necesi-
dad de la de ensa, cesa la au o idad de pelea .
C eo, no obs an e, que el inju iado puede inmedia a-
men e echaza la inju ia, aun cuando el ag eso no haya
de pasa más adelan e; como, po
ejemplo, el que ecibió
un puñe azo puede inmedia amen e echa mano a la es-
pada y he i , no, como dije, pa a enga la inju ia, sino
pa a e i a la e güenza y la
ignominia.
Mas, la epública iene au o idad, no sólo pa a de en-
de se, sino ambién pa a enga se a sí y a los suyos, y
pe segui las inju ias. Lo cual se p ueba, po que, como
— 96 —
dice A is ó eles (1/I
Po .),
la epública debe bas a se a
sí misma, y no
,
pod ía su icien emen e conse a el bien
público y la segu idad p opia si no pudiese enga la in-
iu ia y
lanza se en a mas sob e el enemigo; pues se ha-
ian los malos más lis os y audaces en inju ia , si pudie-
sen hace lo impunemen e; po lo mismo es necesa io pa a
'a cómoda adminis ación de las cosas de es e mundo,
que se conceda es a po es ad a las naciones.
Te ce a p oposición:
La misma au o idad que la nación, iene en cuan-
o a es o el sobe ano.
Exp esamen e dice San Agus ín en su lib o con a
Faus o:
E! o den na u al que exige la paz demanda que los
p íncipes enzan au o idad de aco da y decla a la gue a.
La azón lo dice ambién. El p íncipe es á. en su pues o
po elección nacional; luego hace las eces y lle a la au-
o idad de la nación; de al mane a, que donde hay p ín-
cipes legi imos oda la au o idad eside en ellos, y ya sin
ellos nada público puede hace se ni en la gue a ni en
la paz.
Toda la di icul ad de la cues ión es á en sabe qué es
República y quién p opiamen e es llamado p íncipe.
Una epública es una sociedad pe ec a; pe o ¿qué es
sociedad pe ec a?
Pa a esponde hay que no a que pe ec o es lo mis-
mo que comple o; pues llámase impe ec o aquello a lo
que al a algo, y
o el con a io, pe ec o aquello a lo
que nada al a. Se á, pues, epública pe ec a o pe ec a
comunidad aquella que es de suyo un odo comple o, es
deci , que no es pa e de o a epública, sino que iene
leyes p opias, consejo p opio y p opios magis ados,
como son los Reinos de Cas illa y de A agón, el P inci-
pado de Venecia y o os semejan es.
— 97 —
Ni hay obs áculo en que muchos p incipados y epúbli-
cas pe ec as dependan, siendo ales, de un solo p íncipe,
pues al epública subo dinada y su p íncipe ienen au o-
idad pa a decla a la gue a, y sólo ellos.
Se p egun a si las epúblicas subo dinadas y sus p ín-
cipes, pueden de suyo decla a la gue a sin au o idad
del p íncipe supe io . A lo cual se con es a que sí, indu-
dablemen e; los ey es suje os al empe ado pueden mu-
uamen e decla a se la gue a sin espe a la au o ización
de él. La azón es (co no se dijo), po que una epública
debe bas a se a sí misma, y no se bas a ía sin al po-
es ad.
Los p íncipes que no gobie nan una comunidad pe -
ec a, sino egiones que son pa e de o a epública, no
pueden decla a y sos ene la gue a, como el duque de
Alba y el conde de Bena en e, cuyos seño íos son pa es
del eino de Cas illa, mas no comunidades pe ec as.
Pe o co no es a acul ad depende en g an pa e del de-
echo de gen es o del de echo posi i o humano, la cos-
umb e puede o o ga la. De donde, si alguna ciudad o al-
gún p íncipe ob u o po an igua cos umb e el de echo de
decla a po sí mismo la gue a, no se le debe nega es e
pode , aunque no se a e de sociedad pe ec a. Más o-
da ía: la necesidad puede concede es a licencia y au o-
idad, pues si en un mismo eino una ciudad a acase a
o a, o uno de los gene ales a o o gene al, y el ey se
mos ase emiso y no se a e iese a enga las inju ias,
pod ían la ciudad o el gene al inju iado, no sólo de ende -
se, sino decla a la gue a y a oja se sob e los enemi-
gos y ma a a los malhecho es, po que de o a sue e ni
de ende se cómodamen e pod ían; los enemigos no cesa-
ían de a aca si los a acados se con en asen con sola una
de ensa pasi a. Po la cual azón aun al homb e p i ado
— 8—
se le concede a aca al ad e sa io si no e o o modo e i-
caz de echaza la inju ia.
Y bas a de es o.
TERCERA CUESTIÓN
Vamos a e cuál pueda se la causa o azón jus a de
la gue a: lo que nos con iene dilucida pa a deja cla a
la cues ión és a de los bá ba os.
Fo mulo, pues, la p ime a p oposición:
La di e sidad de eligión no es causa jus a pa a
hace la gue a.
P olijamen e ué a ado es o en la elección p eceden-
e, donde impugnamos el cua o í ulo ilegi imo que se
alegaba pa a domina a los bá ba os, a sabe , que no
quie en ecibi la e c is iana.
Es sen encia de San o Tomás (2-2, q. 66, a . 8), y pa-
ece común de los doc o es; ni sé de nadie que haya sos-
enido lo con a io.
Segunda p oposición:
Tampoco es azón bas an e pa a hace la gue-
a
el ensanchamien o del
Impe io.
Es demasiado cla o es o, pa a que necesi e demos a-
ción. La misma món pod ía alega cualquie belige an-
e, y así odos ue an inocen es. Y segui íase de ahí que
no ue a líci o ma a a los bá ba os (1), hallándonos en-
e a una con adicción, pues gue a jus a sin licencia pa a
ma a no se a ienen.
(1) Cla o es á: el impe io se ex iende po el aumen o de súbdi os; luego
lo que legi ima la azón de ex ende el impe io no puede i anejo al ex e -
minio de los habi an es de los e i o ios, cuya inco po ación al impe io ha
de hace a és e más ex enso.
— 99 —
Te ce a p oposición:
Ni
la glo ia del p íncipe ni o a alguna en aja
pa a él es azón su icien e pa a hace la gue a.
También es cla o es o. El p íncipe debe o dena lo
mismo la gue a que la paz al bien común de su nación;
no puede des ina las en as públicas a su comodidad y
a lus e suyo, y mucho menos puede expone a sus súbdi-
os a los pelig os.
Ahí es á la di e encia en e un buen ey y un i ano,
que el i ano o dena el gobie no a su negocio y comodi-
dad, y el ey e dade o lo o dena al bien público. (A is .,
IV Poli ic., 10.)
Además: la au o idad del ey p ocede de la nación;
luego debe usa la pa a bien de ella.
También: las leyes no se dic an pa a comodidad de nin-
gún pa icula , sino pa a la común u ilidad de los ciuda-
danos (cap.
E i au em lex);
luego ambién las leyes de la
gue a deben se pa a la común u ilidad, no pa a la p o-
pia del p íncipe.
Po in. Es o di e encia a los lib es de los sie os, que
los seño es usan de los sie os pa a su p opia u ilidad,
no pa a la de los sie os; pues los lib es no son pa a los
o os, sino pa a sí. Cuando los p íncipes obligan a los
súbdi os a las a mas y les exigen impues os pa a la gue-
a, no po el bien público, sino po su pa icula con e-
niencia, abusan de ellos y con ie en a los ciudadanos en
escla os.
Cua a p oposición:
La única causa jus a pa a decla a la gue a
es habe ecibido inju ia.
P uébase es a p oposición p ime amen e po la au o-
idad de San Agus ín, lib. 83, cues ión
Jus a bella solen
de ini i,
e c., como a iba se ha dicho, y es doc ina de
— 100 —
San o Tomás (2-2, q. 40, a . 1) y de odos los doc-
o es.
Además: La gue a o ensi a es pa a enga una inju-
ia y cas iga a los enemigos, como se ha dicho. Mas, no
puede habe enganza, donde no hubo culpa e inju ia.
Luego... O a azón, No iene el p íncipe mayo au o i-
dad sob e los ex años que sob e los suyos; pe o con a
los suyos no puede usa la espada sino come ie en inju-
ias; luego ni con a los ex años.
Con i mase po aquello de San Pablo a los omanos,
e i iéndose al sobe ano:
No en ano lle a espada; pues es
minis o de Dios y engado ai ado con a aquel que ob a
mal.
De lo cual se desp ende que con a los que
no ob an
mal no es líci o usa la espada, comoquie a que ma a a
los inocen es es á p ohibido po de echo na u al.
Paso po al o el caso en que
Dios mandase, especial-
men e,
o a cosa, pues El es seño de la ida y de la
mue e
y pod ía dispone de o a mane a po su libé ima
olun ad e indiscu ible de echo.
Quin a p oposición:
No cualquie inju ia y de cualquie magni ud es
su icien e pa a decla a la gue a.
No po cualquie culpa es líci o in ligi penas g a es a
los p opios conciudadanos
y súbdi os, co no la pena de
mue e, la
de des ie o, la de con iscación de bienes...
Comoquie a, pues, que odos los e ec os de la gue a son
g a es
y a oces, como asesina os, incendios, de as a-
ciones,
no es
líci o
po le es inju ias pe segui con la
gue a a los inju iado es, pues la du eza de la pena debe
medi la la magni ud del deli o.
— 101 —
CUESTIÓN CUARTA
Qué se nos pe mi a en la gue a jus a y de
cuán a magni ud.
Sea la p ime a p oposición:
En la gue a nos es líci o odo aquello que e-
quie e la de ensa del bien público.
Es es o cla o, comoquie a que el in de la gue a es la
conse ación y de ensa del bien público. Además: es líci-
o es o a oda pe sona p i ada pa a de ende se a sí p o-
pia; luego con mayo azón lo es a la sociedad pe ec a y
al P íncipe.
Segunda p oposición:
Es líci o ecupe a odas las cosas pe didas
su p ecio.
Es demasiado cla o pa a que necesi e demos ación,
pues pa a eso se decla a o se acep a la gue a.
Te ce a p oposición:
Es líci o esa ci se de los gas os de la gue a y
de odos los daños ecibidos del enemigo, a expen-
sas de sus bienes.
A odo es o es án obligados los enemigos que hicie on
la inju ia; luego odo ello puede exigi lo el P íncipe y o
ma lo po las a mas.
Además. Cuando no hay o o camino más expedi o, es
líci o a la pe sona p i ada ocupa a la ue za lo que le
debe su deudo .
O a azón: Si hubiese un juez legí imo de ambas pa -
es belige an es, debe ía condena a los ag eso es injus-
os y au o es de la inju ia, no sólo a es i ui lo qui ado,
sino ambién a paga los gas os de la gue a y a epa a
odos los daños. Aho a bien; como luego di emos, el
- 102 -
p íncipe que hizo jus amen e la gue a es juez compe en-
e en los asun os pe inen es a ella; po consecuencia,
puede exigi de los enemigos odo lo dicho.
Cua a p oposición:
No sólo es líci o odo lo p eceden e, sino que lo
es ambién pasa más adelan e, a cuan o sea me-
nes e pa a asegu a la paz y anquilidad del lado
de los enemigos, a sabe : des ui sus o alezas
y le an a de ensas en ie a de ellos.
Se p ueba, po que el in de la gue a es la paz y la se-
gu idad; luego al que hace jus amen e la gue a le es lí-
ci o odo aquello que sea menes e pa a consegui la paz
y la segu idad.
O a azón: La anquilidad y la paz se cuen an en e
los bienes humanos, y ni el sumo bien da elicidad sin se-
gu idad de él; de donde si los enemigos acome en y u -
ban la anquilidad de la República, es líci o busca la a
cos a de ellos po odos los medios que sean con e-
nien es.
Además. Con a los enemigos in e io es, es deci , con-
a los malos ciudadanos, es líci o hace odo es o; luego
ambién con a los enemigos ex e io es. El an eceden e es
cla o: si un ciudadano inju ió a o o ciudadano, el magis-
ado no sólo obliga al inju iado a sa is ace al o endido,
sino ambién, si se descon ía de él, se le obliga a deja
ga an ías o a sali de la ciudad pa a e i a . odo pelig o
po su pa e. De lo cual se desp ende que, conseguida la
ic o ia y ecupe adas las cosas p opias, es líci o exigi
de los enemigos p endas, sus na es, sus a mas, y cuan o,
sin aude y sin dolo, es menes e pa a obliga al enemi-
go al cumplimien o de su debe y e i a odo pelig o de
su pa e.
Quin a p oposición:
— 103 —
Ni sólo lo dicho es líci o, sino ambién, log ada
la ic o ia y ecupe adas las p opiedades, y aun
habidas paz y segu idad, es líci o enga la inju ia
ecibida y ba i a los enemigos y cas iga los se-
gún la magni ud de sus deli os.
Pa a p oba es a p oposición hay que no a que los
p íncipes no sólo ienen au o idad sob e los suyos, sino
ambién sob e los ex años pa a o za les a que cesen de
inju ia , y es o po de echo de gen es y po consen imien-
o uni e sal; y aun pa ece ambién que po de echo na u-
al, po que no pod ía subsis i el o den en el mundo si no
hubiese en alguien ue za y au o idad pa a con ene y co-
hibi a los delincuen es, a in de que no hagan mal a
los
buenos y a los inocen es; mas, odo aquello que es nece-
sa io pa a la gobe nación y conse ación del o den es
de de echo na u al; ni es o a la azón en que se apoya
la acul ad de oda sociedad pe ec a de cas iga con la
mue e y con o as penas a los ciudadanos que le son
pe judiciales.
Y si una epública puede: es o con a los suyos, es á
ue a de oda duda que el géne o humano lo puede am-
bién con a los homb es pe niciosos, aunque sólo me-
dian e los p íncipes; luego cie amen e pueden los p ínci-
pes cas iga a los enemigos que inju ian a la epública,
y
es ando en gue a acional y jus amen e emp endida,
los enemigos quedan some idos al p íncipe como a juez
p opio.
La paz y la anquilidad, que son el in de la gue a,
no pueden log a se de o o modo que in ligiendo a los
enemigos males y daños que les con engan pa a que no
uel an a su ag esi o compo amien o.
El ejemplo y au o idad de los buenos nos con i ma á.
en es a doc ina. Los Macabeos hicie on la gue a
no
9
— 206 —
Un solo homb e no bas a ía pa a cumpli ambos debe-
es ni pa a es a su icien emen e impues o en ambas dis-
ciplinas, a sabe , las de adminis a una epública ci il y
una epública eclesiás ica; y aun cuando pudie a plena-
men e conoce las, no le ue a posible aca a las dos ad-
minis aciones con su icien e ac i idad.
Con i mase mani ies amen e: La po es ad eal comp en-
de oda po es ad ci il, pues eso signi ica ey, que sea un
homb e sob e odos en la epública; pe o el ey no iene
au o idad pa a el cul o di ino y pa a las acciones espi i-
uales. Luego hay o a po es ad dis in a de la po es ad ci-
il. El an eceden e es cla o, po que al manda o del Seño
ué ins i uido ey Saúl:
Decla ó Samuel al pueblo la ley del
eino y la esc ibió en el lib o y lo puso delan e del Seño (1);
y, sin emba go, no le ué dada po es ad sace do al, an es
al con a io, habiendo después Saúl o ecido un holo-
caus o al Seño en ausencia de Samuel, ué cas igada
se e ísimamen e su p esunción y se le dijo:
Ob as e ne-
ciamen e y no gua das e el manda o del Seño que e ué
dado; si no hubieses hecho es o, ya el Seño hubie a p e-
pa ado aho a u eino sob e Is ael pa a siemp e.
(1
Re-
yes, 13).
De ambas po es ades habla el Papa Pelagio:
Dos co-
sas hay, Empe ado Augus o, po las que se ige es e in uido;
la au o idad sag ada de los Pon í ices y la po es ad eal.
(Dis . 96, cap.
Duo sun .)
En e los paganos había Pon í ices y sace do es,
a los
que co espondía la adminis ación de las cosas sag a-
das y no a los cónsules o a o os
magis ados ci iles.
En el capí ulo
Si Impe a o ,
se dice:
Si el Empe ado es
ca ólico, es hijo, no je e de la Iglesia.
(1) I Reyes,
lo.
— 207 —
En el capí ulo
Soli ae (De majo i a e e obedien ia)
dice
Inocencio III:
Hizo Dios dos g andes luce os en el i ma-
men o del cielo, es deci , cons i uyó dos dignidades de la Igle-
sia uni e sal.
De ambas enemos ejempla en el an iguo es amen o:
en el Exodo se lee que de en e los a ones ue es ele-
gidos de odo Is ael cons i uyo Moisés p íncipes del pue-
blo, ibunos, cen u iones, quincuagena ios y decanos,
que juzgasen al pueblo de Dios en odo iempo; y po o a
pa e, en el lib o de los Núme os se ponen odos los g a-
dos de la je a quía eclesiás ica desde el sumo sace do e
Aa ón has a los meno es sace do es y minis os:
Desem-
peña on el sace docio an e Aa ón; Eleaza e llama ;
y más
abajo:
Da ás a los le i as en don a Aa ón y a sus hijos, a
los cuales han sido en egados po los lujos de Is ael.
(Nú-
me os, 3.)
En el nue o es amen o se lee:
Toda alma es é suje a a
las po es ades supe io es.
Lo que de es a po es ad debe en-
ende se, el mismo San Pablo su icien emen e lo mues a
allí. (Rom., 12 y 13.)
San Ped o esc ibió:
Es ad suje os a oda humana c ia-
u a po causa de Dios, ya al Rey como a p ime a au o idad,
ya a los capi anes como en iados po Dios pa a enganza
de los malos y alabanza de los buenos.
(I ca a, cap. 2.)
Aunque Ly ano juzga que el luga de San Pablo debe
en ende se de ambas po es ades; no obs an e, hay mu-
chos es imonios que se e ie en solo a la po es ad espi-
i ual, más de los que son menes e y más ambién de los
que podamos ocupa nos en es e luga :
Apacien a a mis
o ejas,
e c.
De aquellos cuyos pecados pe dona eis,
e c. A
i e da é las lla es o'el eino de los cielos, y cuan o desa a-
es,
e c. Y al con e i po es ad sace do al a los p esbí e-
os se dice:
Haced es o en memo ia de mi.
Pa ecidas ases
— 208 —
se leen en el i o de la o denación episcopal, p esbi e al
y diaconal. (I)
Mas, pa a la mayo decla ación de es a p oposición,
a güi emos con a ella median e unos pocos a gumen os:
P ime o. La muchedumb e de p incipados se ía mala;
luego, no es con enien e que haya en la Iglesia a ias y
dis in as po es ades, p incipalmen e, po que es la Iglesia
no sólo una sola epública, sino un solo cue po:
Muchos
somos un solo cue po en C is o;
y así,
ene muchos P ín-
cipes o P elados, pa ece como ene muchas cabezas de
un solo cue po, lo que es mons uoso. Luego an es bien
pa ece con eni que una sola y misma pe sona adminis-
e las cosas secula es y las eclesiás icas.
Segundo. El in de la po es ad ci il es hace a los hom-
b el buenos y diligen es; es deci , do ados de i ud. Mas,
bas a eso pa a consegui la elicidad, no sólo la humana
NT
empo al, sino ambién la inmo al y sob ena u al; luego
en ano mezcla nos o a po es ad.
Te ce o. Dijo el Seño :
Luego los hijos son lib es,
lo
cual comen a la Glosa diciendo:
En cualquie eino los hi-
jos del Rey son lib es.
Pe o, los
c is ianos son hijos de
Dios:
Les dió po es ad pa a hace se hijos de Dios.
Luego
son lib es:
Si,
pues, os libe a e el lujo, se éis e dade a-
men e lib es, y en g an p ecio habéis sido comp ados; no
(1) Todo eso es una e dade a g anizada de au o idades pa a p oba la
exis encia de dos po es ades dis in as en la Iglesia. La sol u a y ca encia de
odo comen a io
y
de oda abazón de con ex o con que Vi o ia ci a an
nume osos luga es eclesiás icos, demues a an o como la asomb osa e udi-
ción eológica del maes o, la amilia ización de sus aheninas con el ex o
del
Co pus Ju ís
y de las Sag adas Le as.
Algunas ci as no p oba án nada pa a algunos de los lec o es que desco-
nocen el con ex o de ellas. No esc ibimos pa a muy doc os sino pa a el pú-
blico cul o solamen e; po es o deja los en su i ginidad a los aciocinios,
apa e que ue an muy di usos nues os comen a ios.
— 209 --
que áis luce os sie os de los homb es.
De odos los cua-
les luga es pa ece que los c is ianos son exen os y lib es.
de oda po es ad y sujeción; que no hay en e ellos unos
dominado es y o os se ido es, sino que odos son igua-
les, y así no debe habe en e ellos po es ad ni au o idad
alguna, al menos de ju isdicción.
Cua o. En el es ado de inocencia no hubo po es ad
ninguna; luego ampoco aho a debe habe la, pues nos
edimió C is o.
Tales son los a gumen os de he eies y cismá icos, con
los cuales apa an a los co azones de los homb es sen-
cillos de la obediencia de los P íncipes y de los Sace do-
es, esis iendo así a la di ina o denación, pa a su con-
denación
y
pe dición, como dice San Pablo; ni hacían
al a o as espues as después de an mani ies os es i-
monios de las Esc i u as, con los que cla amen e es des-
conce ada su locu a.
Mas, como somos deudo es a sabios y a igno an es,
hemos de a ende a la solución de esas di icul ades:
La
sabidu ía lo di ige odo de cabo a cabo ue emen e y lo dis-
pone odo con sua idad. P opio del sabio es, como dice
A is ó eles, dispone o denadamen e odas las cosas.
Pudo
Dios, que como es la suma sabidu ía es el sumo pode ,
sin ningún o den de P íncipes ni je alquías de P elados
gobe na lo odo
y
adminis a lo, sin queb an o alguno del
o den na u al.
Mas, no e a es o con o me a an g an sabidu ía
y
a la
in ini a p o idencia; si no más bien de al mane a e a p o-
pio de ella dispone lo odo, que el uni e so no o eciese
el espec áculo de o me de un mon ón de cosas caídas,
.sino más bien se p esen ase como un cie o cue po único
o co no un edi icio que cons ase de sus pa es
y
como,
miemb os, y que gua dase el deco o digno de su au o .
— 210 —
Po la misma sabidu ía, po la que es ableció en las co-
sas na u ales que los in e io es uesen egidos po los
supe io es; y po la misma, po la que quiso que en los
cielos los ángeles in e io es uesen iluminados po los su-
pe io es; po esa misma, digo, p o eyó que en su Iglesia
hubiese un o den de cosas y una dis ibución de o icios
ales, que unos uesen ojos y o os manos y o os pies,
y así odo lo demás compues o po es a azón y mane a.
Como ambién lo dice elegan ísima y disc e amen e el
Após ol:
Como el cue po es uno solo y iene muchos miem-
b os, y
como
odos los miemb os, aun siendo muchos, son
un solo cuepo, así C is o,
e c. (I Co ., 12.) También A is-
ó eles dice:
En oda muchedumb e ec amen e dispues a, es
menes e que alguien sea el p ime o a quien los demás obe-
dezcan, en lo cual consis e la azón de la po es ad.
CONTÉSTASE A LOS ARGUMENTOS EXPUESTOS
Al p ime a gumen o, pues, se con es a diciendo que
ue a g a e incon enien e hubiese muchos P incipados o
Magis ados en o den al mismo in y po igual; lo que no
ocu e en nues o caso, pues no al mismo in ienden la
po es ad ci il y la eclesiás ica, como su icien emen e se
explica a iba. Además, no po igual, sino o denadamen-
e, se han es as po es ades, de al sue e, que la una de
ellas se o dena en cie o modo a la o a, como más aba-
jo se discu i á.
Po lo dicho, es cla a ambién la con es ación al se-
gundo a gumen o. Pues oda la e icacia de la adminis a-
ción ci il no es su icien e pa a pone al homb e en es a-
do de e e na sal ación, ni son bas an es la i ud mo al,
ni la ci il, ni la bondad na u al pa a la ida e e na, como-
quie a que en e o as muchas cosas es necesa ia la e:
Pe o quien no c eyese,
e c. (Ma c., 16.)
— 211 —
Pe o, además, que hubo siemp e algunos sac amen os:
Si alguien no uese egene ado po el agua,
e c.
Si no comie-
eis la ca ne del hijo del homb e, no end éis ida en os-
o os.
Aho a bien, la adminis ación de los sac amen os
no pe enece a la po es ad ci il, sino a la espi i ual y
eclesiás ica.
En esumen: Como es menes e que nues a jus icia
sob eabunde po encima de la jus icia de esc ibas y a-
iseos, así ambién es menes e que exceda no sólo a la
jus icia de paganos y he ejes, sino ambién a la de los
ilóso os buenos, es deci , a la jus icia según la iloso ía
na u al, y así ene algunos ac os o denados a lo sob e-
na u al.
Del e ce a gumen o dise a é ex ensamen e más aba-
jo, cuando hablemos de la libe ad de los eclesiás icos.
Mas, de momen o, di é aquí con San o Tomás y San
Buena en u a que Jesuc is o habló allí de Sí y de sus
discípulos, que e an del odo lib es, ya po azón del o i-
cio, que eje cían en i ud de e dade a ju isdicción po
su po es ad espi i ual, al cual o icio aun es ipendios se le
debían, según aquello:
Si semb amos pa a oso os semi-
llas espi i uales, azón enemos pa a cosecha ues os bie-
nes empo ales;
o
po que no eniendo nada, e an lib es de
odo ibu o, pues que és os no se imponen a la pe sona,
sino a los bienes; ni po la sujeción a la po es ad espi i-
ual se pie de algo de la libe ad, comoquie a que ella
sea oda no pa a la u ilidad de la po es ad misma o del
que la eje ce, sino de los súbdi os.
A lo cua o espondo negando el supues o. Pues aun
cuando en el es ado de inocencia no hubiese habido Ma-
gis ados ni P íncipes que o zasen a los homb es po el
emo de las penas, hab ía habido, no obs an e, po es ad
di ec i a y gube na i a, como la pa e na,
a
la que en-
— 212 —
(I ían los hijos obligación de obedece . Más aún: mul i-
plicado el linaje humano, muy e osímilmen e hab ía ha-
bido algunos que p esidiesen a las cosas sag adas; y así
hubiese habido ambién alguna azón y mane a de po es-
ad espi i ual.
Mas, ambién de es o habla emos ex ensamen e más
abajo.
CUESTIÓN III
Si p oduce la po es ad eclesiás ica algún e ec o
p opia
y
e dade amen e espi i ual.
Po habe dis inguido la po es ad eclesiás ica de la ci-
il po el in (a sabe : que una se o dena a un in empo-
al y o a a un in espi i ual), siguese una segunda cues-
ión:
Si p oduce la po es ad eclesiás ica algún e ec o p opia
y e dade amen e espi i ual.
En con es ación a la cual cues ión pongo dos p oposi-
ciones. P ime a:
Aun supues o que la po es ad eclesiás ica no
p oduje a ningún e ec o espi i ual, no obs an e, se
di e encia ía de la po es ad ci il, y se llama ía po-
es ad espi i ual.
P uébase, po que aun así end ía un in dis in o del in
de la po es ad ci il, a sabe : la elicidad sob ena u al, el
cul o di ino, el bien del espí i u, es deci , del alma; lo
cual odo no pe enece a la po es ad ci il, sino a la ecle-
siás ica, y se cuen a en e las cosas espi i uales.
Segunda conclusión:
La po es ad eclesiás ica es e dade a causa de
algún e ec o espi i ual.
Pa a decla a lo
cual hay
que ae aquí aquella dis in-
— 213 —
ción de los eólogos de la po es ad de la Iglesia, en po-
es ad de o den y de ju isdicción.
La po es ad de o den se e ie e al e dade o cue po de
C is o, es deci , a la Euca is ía; la de ju isdicción a su
cue po mís ico, es deci , al gobie no del pueblo c is iano
en o den a la elicidad sob ena u al.
En la po es ad de o den, no sólo se en iende la po es-
ad de consag a la Euca is ía, sino ambién la de dispo-
ne a los homb es y hace los idóneos pa a la Euca is ía
o, más bien, de hace odas aquellas cosas que de algún
modo se e ie en a la Euca is ía, como o dena p esbí e-
os y con e i las o as ó denes y, en gene al, adminis-
a odos los sac amen os, incluso pe dona los peca-
dos y, po in, de hace odo aquello que con enga a al-
guna cosa con ca ác e de alguna consag ación: de don-
de la po es ad de o den ecuen emen e se llama ambién
po es ad de consag ación.
A la po es ad de ju isdicción, en cambio, pe enece el
gobie no ex asac amen al del pueblo c is iano, lo mismo
en lo que se e ie e a la consag ación de los sac amen-
os como a la adminis ación de ellos; así, pues, es p o-
pio de ella da y qui a leyes, excomulga , hace jus icia
ue a del ibunal de la peni encia, y o as cosas pa e-
cidas.
Hechas odas las p eceden es conside aciones, es de
ad e i que algunos he ejes les niegan a ambas lla es (1)
odo e ec o pu amen e espi i ual.
Los que niegan que la Euca is ía con enga el e dade-
(
1
)
A ambas po es ades. La lla e es en la Iglesia símbolo de po es ad. Ni
la po es ad de o den ni la de ju isdicción, dicen algunos he ejes, p oduce
e ec o
p
u amen e espi i ual.
— 214 —
o cue po de C is o, niegan que p oduzca e ec o alguna
espi i ual el sace do e que consag a la Euca is ía.
Pa a ellos la Euca is ía ni es ni con iene algo espi i-
ual, sino que solamen e es símbolo y signo del Cue po.
de C is o o de la G acia. Los mismos ambién niegan que
el sace do e e angélico pe done e dade amen e los pe-
cados y con ie a g acia.
También y con mayo azón, si a la de o den se le nie-
ga, a la po es ad de ju isdicción no quie en concede le la
i ud de p oduci e ec o espi i ual, negando que la exco-
munión qui e algo espi i ual al excomulgado, sino sólo
la comunicación ex e io con los ieles, que no es cosa
espi i ual.
Mas, dejando a un lado la p ime a locu a de los he e-
jes ace ca de la Euca is ía, de la que no me he p opues-
o a a aquí, di emos algo del pe dón de los pecados y
del e ec o de la excomunión; no mucho, sin emba go,
pues en las lecciones o dina ias he a ado en su día ex-
ensamen e esos luga es. Y habla é de ello po que aun
en e los au o es ca ólicos los hay que no a ibuyen a la
po es ad de o den el pe dón de los pecados, la imp e-
sión de la g acia ni o o e ec o alguno e dade amen e
espi i ual, de un modo
p opiamen e al,
y po que los
hay ambién quienes niegan que po la excomunión se
qui e algo espi i ual. Po eso, epi iendo la conclusión,
digo:
Ambas po es ades, la de o den y la de ju isdic-
ción, p oducen e ec o e dade amen e espi i ual.
En p ime luga , digo que las lla es de la Iglesia o la
au o idad de la Iglesia o la au o idad eclesiás ica es cau-
sa p opiamen e dicha del pe dón de los pecados y de la
g acia.
La cues ión és a es la misma que aquella o a:
Si alga-
— 215 —
na ez median e el sac amen o de la peni encia se comunica
la p ime a g acia.
De la cual cues ión, aun cuando en e los an iguos y
más g a es au o es no pa ece que se dudó g an cosa,
pues ué sen encia común que algunas eces se pe donan
los pecados po i ud de las lla es de al mane a que sin
ellas no se hubiesen pe donado; no obs an e, en e los es-
c i o es ecien es no es pequeña ni poco agi ada y ace ada
la con ienda y choque de a mas, pues los hay más agu-
dos e ingeniosos de lo que le hace al a a la ciencia eoló-
gica, que sos ienen que los pecados mo ales no pueden
pe dona se nunca sino po la con ición y, po an o, que
en i ud de las lla es ni se pe donan alguna ez los pe-
cados, ni se da la p ime a g acia; no se pe donan, digo,
en el ue o di ino, es deci ,
no se bo an
los pecados, que
es lo que signi ica p opiamen e
pe dona .
Con esos seño es inimos en o o iempo a las manos
con e dade o empuje y esón.
Aho a, ciñéndome a los pun os más culminan es, ae-
é unos pocos a gumen os en apoyo de nues a sen en-
cia y con a la doc ina de esos eólogos.
T aigamos en p ime luga aquellas palab as del Se-
ño :
Se án pe donados los pecados de aquellos a quienes se
los pe donaseis
(kan., 20.)
Y cuan o desa a eis sob e la ie-
a, e c.
(Ma h., 18.)
Y e da é las lla es del eino de los cie-
los
(Ma h., 16.)
De las cuales palab as se a guye de es a mane a:
Esas palab as del Seño son las mismas que hemos
pues o en nues a conclusión; luego si son e dade as
ellas, e dade a es nues a sen encia.
Con i mase:
Se pe donados los pecados suena p opiamen e a es o,
a sabe , a se qui ados pecados con que an es e a uno
16
— 222 —
pio de la g acia hace amigo o g a o
a uno; eso es lo
que signi ica cons i ui en g acia, de no g a o
hace a uno
g a o. Una cosa es aumen a la amis ad, y o a cosa ha-
ce un amigo;
y
nunca los an iguos han hablado de es a
o ma, que en endie an que aumen a la g acia
es se
causa de la g acia.
Sex a y úl ima azón.
Si las lla es no pe donan los pecados, no enemos a -
gumen o alguno o nado de la Sag ada Esc i u a pa a
demos a que
hay sac amen o de Peni encia. Pues en la
Esc i u a no leemos o a cosa sino que po las lla es nos
son pe donados los pecados. Si pa a es o, según el ad-
e sa io, no se equie e in usión de g acia, pues que no
es sino una decla ación, no hay po qué pone el sac a-
men o de la Peni encia.
Pues sólo po eso
deci nos que hay sac amen o de
la
Peni encia, po que en la Esc i u a leemos que po las
lla es se nos pe donan los pecados, lo cual no puede
hace se sin la g acia; po an o, las lla es in unden g a-
cia, y así iene azón de se el Sac amen o. Mas oda esa
a gumen ación se de umba siguiendo el pa ece de los
ad e sa ios.
Así, pues, a mi juicio es in ole able a i ma que po
i ud de las lla es no se pe donan e dade amen e los
pecados, sino sólo se decla an pe donados.
Pe o algunos homb es, agudos y doc os, pecan y ye-
an doblemen e ace ca de es a cues ión, po que opinan
equi ocadamen e de la Con ición.
Dicen, en p ime luga , que la Con ición es de al
sue e su icien e
pa a el pe dón de los pecados, que
pues a ella, como
de jus icia débese el pe dón y
la g a-
— 223 --
cia; de donde p o iene que pongan en el homb e mé i o
de cong uo
a la p ime a g acia, en con a de la doc ina
del Após ol San Pablo, sin conside a que, cualquie a
que sea la disposición del pecado , es an g ande la libe-
alidad en la in usión de la g acia, y an g a ui amen e se
pe donan los pecados, como le ué dada la g acia a Adán
en el p ime es ado, y aun más. Ni se puede supone al
mé i o, sino e sólo pu a mise ico dia di ina; ni la con-
ición es de mayo mé i o pa a la g acia y el pe dón de
los pecados, que lo son las ob as buenas pa a la p e-
des inación.
En eso e aban p ecisamen e en g an pa e los pela-
gianos, si mal no lo en iendo (1).
(1) Con pe dón del maes o séame líci o exp esa aquí mi pa ece .
Cons e que engo abie o sob e la mesa el «Dec e o de la jus i icación», del
Concilio T iden ino y los Cánones de la sección sex a, y p ecisamen e en
i ud de esa doc ina sien o una p oposición apa en emen e pelagiana, di-
ciendo:
El
homb e puede
me ece
PROPIAMENTE
(con mé i o de
condigno) la p ime-
a g acia.
No asus a se. Todo es cues ión de é minos.
El Concilio T iden ino o muló el siguien e canon, co no esumen de la
doc ina de la jus i icación (canon III, sesión VI):
Si alguien dije e que sin la p e ia inspi ación
del
Espí i u San o
y
sin su ayu-
da puede el homb e c ee , espe a , ama
y
a epen i se
COMO ES NECESARIO
pa a que se le in unda la g acia jus i ican e, sea ana ema.
Pues bien. Si en endemos po p ime a g acia, como en gene al
así
se en-
iende, la g acia
habi ual,
median e la cual son hechas nues as acul ades
espi i uales ap as pe manen emen e (mien as no se uel a a pe de po el
Pecado mo al) pa a ac os me i o ios de ida e e na, en onces digo que se
puede me ece
p opiamen e
la p ime a g acia.
Si po p ime a g acia en endemos esa inspi ación y
moción
p e ia del Es-
pí i u San o de que habla el canon e e ido, en onces digo que no puede el
homb e me ece la
p opiamen e,
sino sólo
imp opiamen e
(con mé i o
de eón-
g uo).
Vayamos a la p ueba.
Esa moción p e ia se ha a la g acia habi ual, como el ac o al hábi o, que
p opiamen e
es de su na u aleza engend ado po ac os, y aun po uno solo.
Y po o a pa e, y es lo sus ancial aquí, moción p e ia del Espi i u San o y
— 224 —
En segundo luga ye an cayendo del lado opues o
pues dicen que la con ición es de al mane a necesa i
a
pa a el pe dón de los pecados, que ni Dios apenas pue-
de pe dona los pecados sin la con ición.
Pe o la e dad es que Dios dejó en la Iglesia dos e-
medios e icaces pa a el pe dón de los pecados: la peni-
g acia habi ual son de la misma na u aleza, es deci ,
sob ena u ales,
ypo
an o, pueden es a al mismo ni el de causalidad y e ec i idad que los ac-
os y hábi os na u ales; así, pues, lo uno de su na u aleza ae lo o o, que
es en lo que consis e el mé i o p opio.
Po algo habló el Concilio T iden íno de a epen imien o
sicu
opo e , es
deci , como es necesa io, es ableciendo elación de
necesidad
en e lo uno y
lo o o, en e el ac o
sob ena u al
de a epen imien o con e espe anza y ca-
idad, y la in usión de la g acia habi ual.
Llamase p opiamen e jus o no al que hace un
ac o
de jus icia, sino al que
iene el hábi o de ella. Po eso, con p opiedad g ama ical sólo la g acia ha-
bi ual es la jus i ican e.
Mas, en endiendo po jus o al le an ado del es ado del pecado po la
mano de Dios en acción sob ena u al, como en igo eológico debe en en-
de se, esa
moción
del Espí i u San o, median e la cual hace
el
homb e un
ac o de e dade a ca idad, es la igu osamen e jus i ican e; de ahí que, a pe-
sa de mi a i mación, quede en pie la e dad de e de que
la
jus i icación del
pecado es
p opiamen e
g a ui a, es deci , debida an sólo a la di ina mise i-
co dia. Y aqui de la segunda pa e de mi p oposición.
Lo que es
p opiamen e
g a ui a es, he dicho, esa moción del Espí i u
San o.
Pe o no es de al mane a g a ui a que no podamos noso os es a anqui-
los, iados en la Di ina Mise ico dia, ace ca de cuándo gozamos la ine able
dicha de la amis ad de Dios.
E ec i amen e. Poniendo noso os los medios o dina ios pa a llega nos a
Dios, dejando los caminos o cidos y buscando el o den en nues as accio-
nes,
es cóng uo
a la Di ina
Mise ico dia, es muy p opio de ella, que
ea
a ención a los me ecimien os de nues o Seño Jesuc is o, que mu ió po
sal a a
odos
los homb es que no pongan obs inada esis encia a sus bonda-
des, dé esa
moción
p e ia su icien e pa a la jus i icación que de su pa e bus-
ca el pecado . En e el homb e
que
se obs ina
en el mal y el que no se obs-
ina en él alguna di e encia hay a los ojos de Dios, y es a di e encia es base
de la
cong uencia
de que la Di ina Mise ico dia, en is a de los me ecimien-
os de
Jesuc is o, dé
la
moción
p e ia necesa ia pa a la jus i icación. Po eso
dije que el
homb e puede me ece
imp opiamen e
esa moción p e ia (me e-
ce la
de cóng uo).
Y pe done Vi o ia.
— 225 ----
encia (1) y las lla es de la Iglesia. Y así cla amen e se
ha dicho que po las lla es de la Iglesia se pe donan los
pecados lo mismo que po la peni encia. Y po an o, bas-
a que uno no ponga obs áculo a las lla es, es deci , no
pe manezca a ec o al pecado pasado ni al u u o, o sea,
que se a epien a de lo pasado y p oponga se más cau-
o en lo u u o, aunque de al mane a se a epien a y p o-
ponga, que no bas e (2) pa a el pe dón de los pecados y
pe manezca en pecado. Pues al disposición no se e -
quie e pa a el pe dón de los pecados, sino sólo que no
ponga obs áculo a las lla es.
Es és e un bene icio sumo con que C is o Reden o
nues o ado nó singula men e a su Iglesia en el nue o
Tes amen o; es o es lo que an o es celeb ado po an i-
quísimos y san ísimos Pad es, que las lla es de la Igle-
sia bas an del odo pa a ab i el Reino de los Cielos,
aunque no se hubiese abie o ningún o o camino, sino
que solas ellas bas an pa a la sal ación, y no eo que
pueda duda se de es o en lo más mínimo, p incipalmen e
po que se dijo en el Concilio Flo en ino:
El e ec o del Sa-
c amen o de la peni encia es la absolución de los pecados.
A gumen os con a ios.
Mas con a es a e dade a doc ina se a guye:
P ime o. El que se aze ca al sac amen o de la Peni-
encia en pecado mo al, no consigue el pe dón de los
pecados, an es peca de nue o; luego las lla es no pe do-
nan los pecados. Y se con i ma diciendo, que de o a
sue e ue a líci o ace ca se a las lla es en pecado mo al.
(1)
Pe ec a. Véase la ob i a mía
La Con esi
ón.
(2)
E1l) solo sin la acción de las lla es.
— 226 —
Segundo. Cuando una pe sona se ace ca al sac a-
men o de la Peni encia, después de hecho un ac o de con-
ición, ecibe e dade amen e el Sac amen o. Aho a
bien: signi ica lo mismo la o ma, o sea las palab as de la
absolución, ecibido el Sac amen o an es de la con ición
que después de la con ición. Pe o, en es e úl imo caso,
no absuel e de e dad el sace do e, sino que decla a que
ué ya absuel o el pecado . Luego, de es a mane a debe
en ende se siemp e la absolución, es deci , como
decla-
ación.
Te ce a gumen o en con a.
O bas a cualquie dolo pa a qui a el óbice o impedi-
men o y ecibi la g acia, o no. Si alguno hay que no bas-
a, no puede deci se de o o que bas e sino de sola la con-
ición, pues pa ece que odos los demás dolo es son
iguales; luego se equie e la con ición. Mas, si cualquie
dolo bas a, el dolo po sólo el emo de la pena es su-
icien e.
Cua o.
Del mismo modo pa ece que las lla es ienen pode
pa a pe dona pecados que pa a e ene los. Mas, es cla-
o que las lla es no e ienen de o o modo los pecados
que decla ando que no son pe donados po Dios, ni pue-
den e ene o os que los que Dios e u o. Luego, del
mismo modo, pe dona pecados se á sólo mos a que
son pe donados po Dios.
Se e u an los p eceden es a gumen os.
Pa a esol e esos a gumen os ad ié ase, en p ime
luga , que el Doc o Su il pa ece deci exp esamen e que
no se equie e o a disposición pa a que uno eciba la
g acia median e es e Sac amen o de la peni encia, sino
— 227 —
sólo que la quie a ecibi y suje a se a las lla es. Lo
mismo dice del sac amen o del Bau ismo.
Caye ano nominalmen e enseña del bau ismo que pa a
el pe dón de los .pecados po él, no se exige ningún do-
lo , sino sólo la olun ad de ecibi el bau ismo pa a el
pe dón de los pecados. Siendo consecuen e, debie a
a i ma lo mismo del sac amen o de la Peni encia, el
cual se ha ins i uido pa a el pe dón de los pecados, an
mani ies amen e como el bau ismo, y, no obs an e, Caye-
ano niega de la Peni encia lo que concede del Bau ismo:
con cuán a lógica, allá él.
San o Tomás dice ambién que el Bau ismo se da a
modo de la a o io y es una gene ación, es deci , una
mudanza del no se espi i ual al se espi i ual; po lo an-
o, no es discon enien e ace ca se al Bau ismo con con-
ciencia de pecado mo al; no así a la Euca is ía, que no
debe da se sino al i ien e, pues que se da po modo de
alimen o.
Po igual azón debe deci se lo mismo del sac amen-
o de la Peni encia, ins i uido pa a esuci a mue os; y
así no es discon enien e ace ca se a las lla es de la
Iglesia con conciencia de pecado mo al. Y puede de en-
de se con g an p obabilidad que si alguien, sin compla-
cencia, cla o es á, en los pecados pasados, pe o sin nin-
gún dolo , sólo con p opósi o de apa a se en lo u u o
de los pecados, se ace ca al sac amen o de la Peni en-
cia con ánimo de ecibi el pe dón de los pecados, cie -
amen e lo ecibe; pe o igno o si es es o e dad y si se
pod ía comba i , cie amen e sin ehemencia.
Mas no apa ándome demasiado del camino y doc i-
na co ien es, digo en segundo luga que no es líci o
— 228 —
ace ca se al sac amen o de la Peni encia con conciencia
de pecado mo al, ni el que al hicie a consegui ía el pe -
dón de sus pecados. Pa a lo cual es de ad e i que con-
ición no signi ica en ealidad o a cosa que dolo de los
pecados po causa de Dios, es deci , po se o ensa de
Dios, con p opósi o de e i a los en lo u u o; ni o a
cosa lle a consigo el concep o de con ición si echaza-
mos esc upulosas y su iles dispu as escolás icas que muy
poco ienen que e con es o, más bien ísicas que eoló-
gicas. Yo nunca he dudado que cualquie a que se duela
en absolu o de odos sus pecados, en cuan o son o ensa
de Dios, con p opósi o de gua da en adelan e los di i-
nos mandamien os, consigue el pe dón de los pecados,
si no hay algo que lo impida. Mas puede habe un dolo
al que no sea con ición, en cuan o se impide po algún
mo i o que al sea, como, po ejemplo, po que el peni-
en e con el al dolo pe se e a po igno ancia en algún
pecado, ya e eniendo lo ajeno, ya sos eniendo algún
e o con a e; como en los he ejes y en los in ieles que
se a epien en cie amen e de sus pecados y po se
o ensas de Dios y con p opósi o de no peca en lo u u-
o, y, sin emba go, en odos ellos no es e dade a con-
ición el al dolo ni bas a pa a el pe dón de los peca-
dos, no po que se equie a mayo dolo ni o o dolo que
aquél, sino po que es án obligados a o a cosa que no
cumplen. Y así po causas ex e nas se impide que bas e
aquel dolo que de suyo bas a ía cie amen e. De donde,
sin cambia el dolo és e en ningún o o, sino solamen e
con es i ui lo ajeno o enuncia a la he ejía, es e mis-
mo dolo bas a ía.
Lo que hay que ene muy p esen e es que en las co-
sas que se e ie en a la sal ación no descendamos a a i -
ma o cosas inc eíbles o cosas inin eligibles.
— 229 —
Expues o lo que p ecede, digo:
P ime o.
Si el que se ace ca a la Peni encia sabe y
ad ie e que no iene dolo alguno de los pecados pasa-
dos, po más que enga p opósi o de no ol e a peca
en lo enide o, no consigue el pe dón de los pecados, an-
es peca mo almen e.
Segundo.
Si el al se a epien e cie amen e de sus
pecados, pe o en iende que no se a epien e de ellos,
como de o ensas de Dios, sino po cualquie o a causa,
co no, po ejemplo, po las penas del in ie no, cie amen-
e ese dolo no es su icien e, po que el al no se a epien-
e de habe o endido a Dios, y de nada si e el dolo sino
es de habe o endido a Dios, pues es lo mismo que si no
se a epin iese de ningún modo, y peca mo almen e ace -
cándose así al sac amen o de la Peni encia (1).
(1) Es a p oposición me sob ecoge. Leo en las ac as de la sesión
x .
del Concilio T iden ino (canon V):
Si alguien dije e que aquella con ición que se p epa a po la discusión,
e-
cue do
y
de es ación de los pecados, median e la cual uno umia sus aiios en la
ama gu a de su alma, ponde ando la g a edad de sus pecados, su
mul i ud,
su
ealdad, la pé dida de la biena en u anza
y
la amenaza de la e e na condena-
ción, con
,
p op5 silo de ida mejo , no es e dade o
y
ú il dolo ni p epa a a la
g acia, sino que hace al homb e hipóc i a y más pecado , e c., sea ana ema.
Vi o ia esc ibió an es del Concilio T iden ino; si hubie a esc i o des-
pués, segu amen e hubiese hablado más cla o en la p oposición que co-
men o. Me ma a illa que no llame a ese dolo impe ec o
po las penas del
in ie no,
ATRICIÓN, pues se usaba ya en su iempo al nomencla u a, que a-
cili a mucho la in eligencia de la cues ión.
Digo
hubie e acla ado,
no
no hubie e esc i o,
pues si se p o undiza en la
aludida p oposición oda ía puede Ve se en ella sen ido pe ec amen e o -
odoxo.
Vamos a e lo.
El au o , desde el momen o que dice que el dolo debe sen i se de los
pecados
como o ensa de Dios,
puede muy bien condena el dolo
se ilmen e
se il,
que es o almen e insu icien e aun con la absolución sac amen al. Es
deci , el dolo concebido po las penas del in ie no, pe o de al mane a ex-
p esa, que si no ue an es as penas no se sen i ía el meno dolo de habe
pecado y se ol e ía
a
los malos caminos, es dolo que no bas a pa a con-
— 230
Te ce o.
De cualquie mane a que se duela uno, si
piensa que cie amen e es á oda ía en pecado mo al y
no es á con i o, no pa ece ampoco que sea su icien e; y
así digo que ace ca se con conciencia de pecado mo al
al sac amen o de la Peni encia es nue o pecado, po que
se pone obs áculo a su e icacia. Y es es o p obable, no
po que las lla es no bas en, sino po que i ualmen e
pe manece en al caso el homb e a ec o al pecado, po -
que ni se a epien e ni quie e a epen i se de habe o en-
dido a Dios (1).
C ea lo.
Si el homb e juzga (2) que se ha a epen ido
.segui el pe dón cie los pecados; es menes e que de algún modo se con en-
ga en ese dolo el aspec o de se dichas penas cas igo de Dios o endido po
los pecados; de lo con a io, no pa ece que digan o den alguno a la jus i ica-
ción.
Así pa ece que se lee en el capí ulo IV de la e e ida ac a de la sesión XIV
del Concilio T iden ino, que ae íamos aquí, como ambién los a gumen os
de azón que inclinan a es e pa ece , si lo pe mi ie e la ex ensión de una
no a
Lo cie o es; que así piensan comúnmen e los eólogos, y que Vi o ia ha-
bló, po lo menos, con usamen e al o mula la p oposición que analizamos.
Pa a la p ác ica del pueblo c is iano éase mi ob i a
La Con esión,
que
no es de ociona io y lib o de ascé ica, sino compendio de oda la eología
mo al ela i a al sac amen o de la Peni encia.
(1)
Sigo c e yendo que Vi o ia habla a la ez de la con ición pe ec a y
de la impe ec a, o a ición, mien as sean ambas sob ena u ales. De odos
modos así es, que ace cándose al sac amen o de la Peni encia sin ninguna
con ición, o pe ec a o impe ec a, es nue o pecado. Véase
la
ci ada ob i a
La Con esión.
(2)
No dice Vi o ia
si el
homb e
se a epien e
de
habe
o endido a Dios,
sino
si
el, homb e
.
.jczga que se ha a epen ido de habe o endido a Dios, e c.,
consi-
gue
siemp e
la g acia.
De hecho es así.
Juzga
que uno se a epien e e dade amen e
es
a e-
pen i se e dade e men
g
e,
no po el subje i ismo kan iano, sino po la Di-
ina Mise ico dia; pues cuando uno juzga since amen e que se ha a epen-
ido o se a epien e de sus pecados ha pues o de su pa e cuan o es menes-
e , y en onces es
cóng uo
que la Di ina Mise ico dia dé la
moción necesa ia
pa a la jus i icación inmedia a o la
su icien e
pa a la
jus i icación con el Sa-
c amen o; y, po lo an o, siendo
sáng uo
que así sea en e
a los mé i os de
— 231 --
de habe o endido a Dios y p opone se cau o en adelan-
e, siemp e consigue la g acia, si no pone obs áculo po
o o lado con o me a lo dicho, como si pe se e a en al-
gún pecado; mas no es po de ec o de dolo . A lo cual
me obje a ás que el al an es del sac amen o de la Peni-
encia ya consegui ía la g acia, pues que según mi opi-
nión aquel dolo es con ición (1). Po eso, pa a espon-
de , o mulo una quin a p oposición.
Quin o.
Puede ocu i que alguien c ea que se a e-
pien e de sus pecados po se o ensas de Dios, y en ea-
lidad no se a epien e de ellos po es a azón o mo i o,
sino po o o; pues, aun cuando pueda a eces has a ex-
pe imen a se que uno se a epien e de e dad, no obs an-
e, puede igno a se cie amen e si el dolo es po la o en-
sa de Dios. Pues (como dice San Agus ín) uela el en en-
dimien o, pe o el a ec o le sigue a díamen e o nunca. Y
así puede ocu i que alguien piense que se a eRien e po
la o ensa de Dios, y en ealidad o no se a epien e de e -
dad o no se a epien e po Dios; en al caso es cuando
se pe donan los pecados en i ud de las lla es .
Sex o.
Digo en sex o luga , y se sigue de lo dicho,
que odo aquel dolo y solo él bas a pa a el pe dón de
los pecados median e las lla es, del cual juzga el pecado
que es con ición; digo que és e es su icien e dolo , si no
Nues o Seño Jesuc is o, es e dade amen e, y nunca al a la peni encia ne-
cesa ia o su icien e pa a la jusi icación. Así es la e dade a doc ina.
Mas, desg aciadamen e, la
explicación
que luego da Vi o ia en la p oposi-
ción quin a es alsa, pues sin dolo ninguno es nulo
el
Sac amen o de la Pe-
ni encia.
(1) Es a objeción que en boca de sus enemigos pone aquí Vi o ia es el
a gumen o más pode oso que me obliga a suspende el ánimo espec o a la
e dade a doc ina del maes o ace ca del dolo . En e ec o, aquí pa ece cla-
o que no admi e o o dolo legí imo que la con ición pe ec a, echazando
la a ición. No puede de ende se es a doc ina después del Concilio T iden-
ino.
17
—
238 —
ecibie on odo su pode de Jesuc is o, e dade o Dios y
Seño ; po an o, oda la po es ad de la Iglesia
-
es de e
dade o de echo di ino posi i o.
Mas, dije media a o inmedia amen e, no sólo po que
p ime amen e la u ie on los Após oles y de ellos de i ó-
se a sus suceso es, sino po que no niego que haya en la
Iglesia alguna po es ad sólo de de echo posi i o, como no
mucho después di é, pe o que nace de la po es ad ecle-
siás ica que es de de echo di ino, como es la po es ad de
con e i las ó denes meno es y al ez alguna o a, que
expond emos luego.
Con i mase odo ello po la au o idad del Após ol (A
los E esios, 4):
A cada uno de noso os ha sido dada la
acia según la medida de la donación de C is o, y diónos a
unos po Após oles, á o os po P o e as, a o os po E an-
elis as, y a o os po Pas o es y Doc o es, pa a la ob a del
minis e io de hace san os, pa a la edi icación del Cue po de
C is o.
Aho a bien. Toda po es ad eclesiás ica o es una de las
enume adas po el Após ol o de ellas depende. Luego,
e cé e a.
Quin a p oposición:
Toda la po es ad espi i ual que hubo en la an i-
gua ley, es deci , después de la libe ación del pue-
blo de Is ael de la se idumb e de los egipcios, ué
de de echo di ino posi i o.
Es a conclusión no es menes e que se demues e de
o o modo que al eno y ex o de la ley. Pues oda la ley
ha sido dada po Dios, de la cual ley se dice:
La ley ha sido
dada po los Angeles
(1)
en la mano del Mediado
(A los
Gála as, cap. 3); y hablando Jesuc is o a los judíos, les
(1) Po minis e io
de los Angeles.
— 239 —
dijo:
Habéis anulado el p ecep o de Dios po causa de ues-
as adiciones,
y habla del
p ecep o
del Decálogo:
Hon a
a u pad e y a u mad e,
e c., y San Es eban dice
que eci-
bis eis la ley po mediación de los Angeles
y que Moisés e-
cibió palab as de ida pa a da las al pueblo; y San Pablo:
Muchas eces y de muchos modos, hablando Díos en o o
iempo a los p o e as,
e c.; y ué e o de los maniqueos
que la ley de Moisés no e a ley de Dios.
F ecuen emen e se dice en la misma ley:
Si hicie eis el
p ecep o del Seño , si gua da eis los p ecep os del Seño ,
e cé e a, y o as ases semejan es.
Aho a bien. En la misma ley se con ienen el o den y la
azón de odo el cul o di ino po los Pon í ices y Sace -
do es y Minis os, como a iba se ha mos ado. Luego
oda aquella po es ad ace ca del cul o di ino, que e a so-
lamen e po es ad espi i ual, ué in oducida po el de echo
di ino posi i o.
Y dícese en el Exodo, que omando Moisés el lib o de
la Alianza lo leyó al pueblo que le escuchaba, el cual es-
pondió:
Todas las cosas que habló el Seño ha emos.
Y más
abajo dice el ex o sag ado:
Es a es la sang e de la Alianza
que selló el Seño con oso os.
Lo cual más abie amen e
exp esó San Pablo:
Es a es la sang e del es amen o que os
mandó a oso os Dios.
Sex a p oposición:
Toda la po es ad ins i uida en la ieja ley po
de echo di ino, pudo el pueblo de Is ael ins i ui la
po su au o idad, aun cuando
no
hubiese sido ins-
i uida po Dios.
P uébase és a po la e ce a p oposición.
Pues conocido Dios y la di ina majes ad, ya po la luz
na u al, ya po la luz de la e, pudo el pueblo cons i ui
Pon í ices, Sace do es, Sac i icios y ce emonias pa a el
— 240 —
cul o di ino; aun cuando al ez no hubiese podido ins i-
ui an as igu as y símbolos de cosas u u as,
comoquie-
a que las cosas u u as no pueden conoce se an dis in-
amen e, ni
se pueden ins i ui an ap as y con enien es
igu as pa a p onos ica las y designa las.
Viene
al caso aquello:
Si la sang e de los machos de ca-
b io o de :'os o os y las cenizas espa cidas de la e ne a san-
i ican a los inmundos pa a la limpieza de la ca ne, ¿cuán o
illáS
la sang e de C is o...?;
de las cuales palab as se des-
p ende
que la ley ieia
no limpiaba sino la ca ne.
CUESTIÓN IV
Cuándo u o o igen la Po es ad Eclesiás ica.
Sigue en o den que indaguemos cuándo u o o igen
es a po es ad eclesiás ica; si po en u a desde el p inci-
pio del mundo.
Sea la p ime a p oposición:
En el es ado de inocencia pudo habe alguna po-
es ad espi i ual.
Lo p oba emos con pocos a gumen os.
No se puede du da que en el es ado de inocencia hubo
cul o
di ino, no
sólo
in e io , sino ex e io . Pues, como
el homb e se o ma de alma y de cue po, es opo uno que
Dios sea ado ado, no sólo con el alma y el en endimien o,
sino ambién median e acciones co pó eas y ex e io es, y
es o en cualquie es ado .
Mas, es de ad e i que, aun cuando en el es ado de
inocencia no hubiese habido dominio alguno ni p elación
coe ci i a o coac i a (en el cual sen ido díjose a la muje :
es a cís bajo la po es ad del a ón
y, mul iplicado el linaje
— 241
humano, hubiese habido di isión de posesiones y de co-
sas, y p íncipes), hubie a, no obs an e, habido po es ad
di ec i a y gube na i a, como hubie a habido p ecep o es
pa a enseña y educa a los jó enes, así como ambién
di ec o es de la ida p ác ica; de lo con a io, hubiese
habido con usión de cosas y de o me deso den, si cada
uno i iese a su an ojo con di e sidad de cos umb es,
no más que odos i iesen ec amen e. Y po igual a-
zón no hubiese habido deco osa epública si cada uno
ado ase a Dios a su modo y i o y no hubie a consen i-
mien o y uni o midad en el cul o di ino.
Así, pues, de ningún modo puede duda se que si hubie-
se pe se e ado el es ado de inocencia, hubiese habido
cons i uciones y o denaciones, ya p
a
a la ida ci il, ya
p incipalmen e pa a la ida espi i ual y cul o di ino, y hu-
biese habido supe io es que u iesen cuidado del o den,
y es a po es ad ue a espi i ual siendo pa a in espi i ual,
ni puede imagina se que en un p incipio es u iesen los
homb es sin algún eje cicio de ella u ob a ex e io .
Segunda p oposición:
Inmedia amen e después del pecado, hubo en la
ley na u al po es ad espi i ual.
P uébase, po que, como dice San o Tomás, así como
en oda edad y iempo ué necesa ia la e sob ena u al,
así ambién ué necesa ia la p o idencia del in sob ena-
u al, y ué menes e que los homb es, no sólo di igiesen
sus acciones al in na u al, sino ambién al in sob ena u-
al y espi i ual y, po consiguien e, que hubiese ambién
algún cul o a Dios, que es el au o y seño de quien sola-
men e podemos espe a la biena en u anza.
Mas, así como las ob as humanas no pueden o dena -
se cómodamen e al in humano si no hay en la epública
quienes manden y quienes obedezcan, así ampoco po-
— 242 —
d ían las ob as de los homb es o dena se con enien e..
men e a aquel in sob ena u al, si no hubie a pa a el se -
icio de él p elados que cuidasen de lle a a los hom-
b es a al in. Tal es la po es ad espi i ual. Luego la hubo
desde el p incipio del mundo.
Con í mase. Siemp e hubo en la Iglesia y la hay una
comunidad espi i ual o denada a un in sob ena u al; mas,
no hay epública pe ec a sin magis ado y sin au o idad.
Luego siemp e hubo al po es ad.
Segunda azón. Abel pa ece que ué sace do e, pues
que se lee de él que o eció sac i icio y cie amen e g a o
a Dios. De donde San Agus ín esc ibió:
Las cualidades
lauda o ias de la jus icia de Abel comp uébase que ue on
p incipalmen e es la i ginidad, el sace docio y el ma i-
io,
en odo lo cual ué igu a de C is o.
Te ce a azón. P uébase que hubo en la ley na u al
e dade a po es ad espi i ual, po que Melquisedec e a
sace do e de Dios, lo que ué ambién, dicen los doc o es,
Sem, hijo de Noé. Y además, g a es au o es a i man que
en la ley na u al los p imogéni os ue on sace do es.
Que hubo e dade o sace docio no sólo se sigue de
que Ab aham ecibió la bendición de Melquisedec, sino
p incipalmen e po que C is o Nues o Seño ué llamado
sace do e y Pon í ice, según el o den de Melquisedec.
Te ce a p oposición:
Aun cuando oda la po es ad espi i ual que hubo
du an e la ley na u al pudo se sólo po au o idad
humana, no obs an e, es muy e osímil que, o po
especial e elación di ina o po ins in o o moción
di ina ué cons i uida alguna au o idad o po es ad
espi i ual y algunos sac i icios y sac amen os y
o as ce emonias pe enecien es al cul o di ino y
a al sal ación espi i ual de las almas.
— 243 —
La p ime a pa e es cla a po lo sob edicho, pues
(co no luego decla a é) an es del ad enimien o de Nues o
Seño no hubo e ec o alguno espi i ual de ninguna po es-
ad, po que e dade amen e excede ía la acul ad huma-
na (1). Luego oda po es ad espi i ual pudo se cons i ui-
da po au o idad humana, y si había algún Sac amen o
pa a bo a el pecado o iginal, no necesi aba de au o i-
dad di ina, po que, en ealidad, no enía e icacia alguna
sino en cuan o e a es imonio de la e, y po que no e a
ninguna señal cie a po de echo di ino con a el pecado
o iginal; mas, como cualquie p o es a de e e a su icien e,
al menos po de echo di ino (2), es c eíble que en la le-
gislación y cos umb es hubo cie o i o pa a limpia del
pecado o iginal.
La segunda pa e se p ueba así. Po que la e siemp e
'Iué necesa ia y nunca al ó en cualquie a edad (como se
ha dicho), pa ece que p incipalmen e ha sido e elado el
modo azón de ado a a Dios, que es la pa e p incipa-
lisima de la eligión e dade a y de la ida iel.
Con i mase ello po que, como el Seño ins i uyó an
diligen e y cuidadosamen e en la ieja ley la azón y
modo del cul o di ino, an os sace docios, minis e ios, so-
lemnidades, ce emonias..., no es c eíble que es u ie a del
odo ocioso an es de la ley de al mane a que, o po e-
elación o po algún mo imien o in e io , dejase de ins-
ui a sus ado ado es de cómo le ado asen piadosa y
eligiosamen e, po más que no es dudoso que ué en on-
ces mucho más sencillo el cul o que en la ley esc i a.
Cua a p oposición:
(1)
Quie e deci aquí el au o que an es de Jesuc is o ningún Sac amen e
ni sac amen al p oducía p opiamen e e ec o espi i ual, pues a ales e ec os no
.alcanza la sola acul ad humana.
(2)
De echo di ino posi i o.
— 244 —
En la ley esc i a es cie o que hubo alguna po-
es ad espi i ual.
Es a p oposición es cie a po la au o idad de la mis-
ma ley, donde an as cosas se dicen del sace docio y d&
minis e io espi i ual.
Mas, que ue a p opia y e dade amen e po es ad y
dignidad espi i ual, se e idencia en p ime luga po
au o idad de San Pablo:
T asladado el sace docio, menes-
e es que se ha/,-a el aslado de la ley.
En donde exp esa-
men e in en a p oba San Pablo que el sace docio de
C is o es supe io al sace docio de la an igua ley. Pe de-
ía,
pues, el iempo diciendo odo es o, si el sace docio
aquél no hubiese sido e dade o sace docio, es deci ,
au o idad po es ad espi i ual.
Además. Después de ins i uidos los eyes con inua on
los sace do es, como lo mani ies a el caso de Samuel.
Luego el sace docio e a una po es ad dis in a de la po-
es ad ci il; po an o, espi i ual.
Asimismo, de Cai ás dice el E angelio que,
siendo
pon í ice de aquel año, p o e izó.
Po lo cual se e que el
Pon i icado e a e dade a dignidad y au o idad espi i ual.
Quin a p oposición:
No obs an e lo cual, digo que la au o idad p o-
pia y pe ec amen e espi i ual, como lo son las
lla es del Reino de los Cielos, no la hubo nunca ni
en la ley na u al ni en la ley esc i a an es del ad-
enimien o del Reden o y Seño Nues o Jesu
c is o.
P ime a gumen o. El Reino
de los Cielos, después del
pecado de nues os p ime os pad es, es u o ce ado an-
es del ad enimien o de Nues o Seño Jesuc is o; luego
an es de su enida no hubo lla es, de donde
dícese que él
solo iene la lla e de Da id, y si ab e, nadie cie a.
(Apo c., 3.)
— 245
Segunda azón. Todo el sace docio de la an igua ley
con odos sus sac i icios, oblaciones y Sac amen os, no
podía da la g acia po que no jus i icaba, como dice San
Pablo:
Po las ob as de la ley, ninguna ca ne se jus i icaba
an e El.
Y a los Gála as les dice:
Si la jus icia p ocedía de
la ley, en ano mu ió jesuc is o. La sang e de los macizos de
cab íos,
enseña a los Heb eos,
o de los o os y la ceniza
espa cida de la e ne a san i ica a los inmundos pa a la pu-
i icación de la ca ne.
Y en o os a ios luga es, no sólo
lo a es igua, sino que lo p ueba. Luego ni u ie on lla es
aquellos sace do es, ni había en ellos e dade a po es ad
espi i ual.
Po an o, digo, que no podían p oduci e ec o alguno
e dade amen e espi i ual, sino que odo e a ma e ial y
empo al, an sólo signo o igu a de las cosas espi i ua-
les; y aquellos sace do es y le i as no enían o as lla es
que las del emplo ma e ial.
Así, pues, ni pe donaban pecados ni enían po es ad
alguna pu amen e
espi i ual, sino que odo lo que se ha-
cía de aquel i o e an medios o denados a la g acia de la
ley nue a: e a, pues, aquélla po es ad espi i ual, pe o muy
o a que la po es ad de la iglesia en la ley e angélica.
Si los sace do es de la ieja ley enían po es ad de da
leyes e impone p ecep os obliga o ios en el ue o de la
conciencia, puede duda se cie amen e.
Pues, como en la ieja ley, apa e de los p ecep os mo-
ales, había dado el Seño an os p ecep os judiciales y
ce emoniales, po los cuales e a an dis in a y especi ica-
damen e o ganizado odo lo e e en e al di ino cul o, no
hacían al a nue os p ecep os; de lo con a io, hubiese
— 246 —
c ecido
inde inidamen e la obligación de al sue e, que no
sólo
hubie a sido g a e, sino in ole able.
Mas, en la
ley
e angélica que el Seño dejó en libe ad
con poquísimos p ecep os gene ales, ué menes e que les
queda a a los Pon í ices au o idad de da leyes ú iles
y
acomodadas al gobie no de las cosas espi i uales.
Mas, co no a pesa de los p ecep os judiciales de la
misma ley, quedóles, no obs an e, a los eyes po es ad
pa a da leyes; pa ece que debe deci se lo mismo de los
sace do es de la ieja
ley,
es deci , que enían au o idad
pa a da p ecep os y leyes, o po lo menos ue za coac-
i a pa a ins i ui minis os y le i as y pa a obliga en
de e minado iempo a los sac i icios, a las oblaciones y a
las es an es cosas que e an de la ley y del cul o di ino
(es o es ene au o idad y se Pon í ice), y. pa a que sus
p ecep os a asen no menos que los de los eyes.
Que hubiese algunos p ecep os o ins i uciones de ellos,
pa ece colegi se de aquel luga del San Ma eo:
Habéis
anulado el manda o de Dios po ues as adiciones.
Po
donde C is o pa ece dijo que e an e dade os manda os.
Con i mase po el capí ulo 17 del Deu e onomio, donde
se dice del sace do e del linaje de Le í:
El que se ensobe -
beciese no que iendo obedece al manda o del sace do e, que
en aquel iempo es á de se icio del Seño u Dios, mue a
aquel homb e po dec e o del juez y qui a ás el mal de Is ael.
De donde se desp ende que enían obligación de obe-
dece al sace do e aun bajo pecado mo al, pues la pena
de mue e no se imponía po meno es deli os.
Que hubiese e dade os p ecep os humanos, es cla o,
po aquello de San Ma eo:
Sob e la cá ed a de Moisés se
sen a on los esc ibas y los a iseos; po an o, obse ad y ha-
ced lo que os dije en, mas no ob éis como ellos ob an, pues
ca gan g a es pesos insopo ables sob e los homb os de los
— 247 —
homb es, y ellos no quie en aplica ni el dedo.
(Ma eo, 23.)
Y aquí no habla, sin duda, de los p ecep os de la ley, que
no hubiese llamado insopo ables, siendo p ecep os de la
di ina sabidu ía que dispone odas las cosas sua emen e.
Po an o, había p ecep os de los Pon í ices y de los sa-
ce do es; así lo dice la Glosa, po más que San Juan
C isós omo odo lo e ie e a la ley.
Sex a p oposición:
La po es ad espi i ual que bubo en el iejo es-
amen o expi ó oda ella y se an icuó ni pe se e-
ó en la ley e angélica; ni los sace do es del nue-
o es amen o son suceso es de ellos, sino que
su
a
po es ad es o almen e nue a.
P uébase. Po que la po es ad e angélica oda ella se
de i a del sace docio de C is o; pe o Jesuc is o no ué
sace do e según el o den de Aa ón, sino según el o den
de Melquisedec; de donde aun San Pablo p ueba que hay
al!
o a ley po que hay o o sace docio. Luego, aquel sace -
P1
docio pe eció:
En medio de la semana al a á la hos ia y el
sac i icio y hab á en el Templo abominación de desolación.
(Dan., 9.)
o;',1
Sép ima p oposición:
1;3?'
La au o idad pe ec a y p opiamen e espi i ual
1;1
p incipió oda ella desde el ad enimien o de Jesu-
c is o, que ué el p ime au o
y
dado de las lla es
y de la po es ad espi i ual y que podía po p opia
1/
1
au o idad da la g acia y pe dona los pecados
s
po su po es ad de excelencia.
Que al au o idad u o C is o, p uébase po San
CIV
eo, cap. 28, y po San Ma cos, cap. 2 y po San Lucas,
•
I/
cap. 7:
Me ha sido dado odo pode en el cielo y en la ie a.
Que aquella po es ad, aunque no del mismo modo sino
,( o
de e minada y de alguna mane a a ada a los Sac amen-
1S
— 254 —
¡os P íncipes de las gen es a asallan a sus pueblos y que los
que son mayo es eje cen po es ad sob e ellos; no se á así
en e oso os.
Y luego:
El Hijo del homb e no ino a se
se ido, sino a se i y a en ega su alma pa a la edención
de muchos.
En
el
cual luga pa ece que el Seño edó a sus discí-
pulos que aun p i adamen e quisie an domina ; muy lejos
es á, pues, que les haya concedido el dominio del mundo.
El cual luga ae San Be na do en sus conside aciones
al Papa Eugenio, diciendo: ¿Qué
o a cosa e en egó el
San o Após ol? Lo que engo, es o e doy, dijo. Y ¿qué es
dio? Sólo se" que no es una cosa, a sabe : o o y pla a. Ten
es as cosas enho abuena, o eclámalas po cualquie a azón,
pe o no po de echo apos ólico; ni pudo da e el Após ol lo
que no u o; dió e lo que u o, a sabe , el cuidado sob e las
Iglesias.
¿Te condena, po en u a? Oyele a él.
•
«No dominando,
dijo
al cle o, sino hechos dechados de la g ey»;
y pa a
que no pienses al ez que se dijo es o pa a omen o de la
humildad, ecue da que no sino con e dad es á en el E an-
gelio la oz del Seño :
«Los eyes de las gen es domi-
nan...», e c.
Mani ies amen e se les p ohibe a los após oles
el dominio: ¿cómo, pues, ú e a e es a usu pa pa a i, o el
Apos olado dominando o el dominio siendo Após ol? Una u
o a de las dos cosas e es cla amen e p ohibida; si ambas
cosas quie es ene a la ez, ambas las pe de ás, pues no e
juzgues excep uado del núme o de aquellos de quienes se
queja Dios de es e modo:
«Reina on, mas no de mí; se
cons i uye on p íncipes, y no les conocí,
La ó mula
apos-
ólica és a es: Se p ohibe el dominio y se manda el se icio.
Y más abajo:
Sal al campo, que el campo es limpio; pe o no
salgas como seño , sino como illano.
Además: Con iesa el Papa que ecibió del Empe ado
— 255 —
el dominio de algunas ie as (cap.
Fa u am.)
Y en la dis-
inción 36, cap.
Cum ad e a a,
se dice:
Habiendo llegado a
la e dad,
dice el Pon í ice,
ni el Empe ado a eba ó
pa a
sí
los de echos del Pon í ice, ni el Pon í ice el nomb e del
Empe ado .
O a azón:
El Papa no iene dominio de las ie as de los in ieles,
po que no iene pode sino den o de la Iglesia, pues nada
le impo a de lo que es á ue a, según aquello de San Pa-
blo a los Co in ios (cap. 5.) Aho a bien; los in ieles son se-
ño es, pues el Após ol manda que se les paguen ibu os,
aun po los ieles, y dice de ellos que ienen ecibida po-
es ad de Dios y que debe obedece se a sus leyes. No
obs an e, es e dominio no ha sido ecibido del Papa, quien
cie amen e no quisie a que lo u iesen y abaja po des-
ui el impe io de los paganos. Luego no es seño de
odo el mundo.
Po donde se e el e o de muchos ju isconsul os,
como Syl es e y o os que piensan que el Papa es seño
de odo el mundo con dominio p opio empo al y que ie-
ne au o idad y ju isdicción empo al en odo el mundo so-
b e odos los P íncipes. Es o yo no dudo que es abie a-
men e also, y como los ad e sa ios digan que es mani-
ies amen e e dade o, yo c eo que es una pa aña pa a
adula y lisonjea a los Pon í ices. O os ju isconsul os
más cue dos sos ienen lo con a io, como Juan And és
y Hugo, y el mismo San o Tomás, que ué celosísimo de
la au o idad de los Pon í ices, jamás a ibuyó al pode al
Sobe ano Pon í ice.
En segundo luga , no sólo es also, sino digno de odo
desp ecio lo que los mismos dicen de la donación hecha
al Papa Sil es e po Cons an ino, si alguna hubo, o de
la hecha pos e io men e po Felipe Augus o: que no ué,,.
1A
/-4
,
I
;
7
— 256 —
p opiamen e donación, sino es i ución; an es al con a-
io, que ué el Papa Sil es e quien dió a Cons an ino el
Impe io O ien al po el bien de la paz. Además, añaden,
si el Papa no adminis a empo almen e odo el o be c is-
iano no
es
po de ec o de au o idad, sino pa a o alece
el ínculo de unidad y de paz en e sus hijos.
A la e dad, nada de es o iene el meno undamen o
en las Esc i u as, ni leímos has a aho a que al po es ad
ue e dada po C is o a los Após oles, ni que usasen ellos
de ella, ni que enseñasen alguna ez que enían seme-
jan e dominio. Ni el mismo Papa econoció alguna ez
es a po es ad, an es se es i ica lo con a io en mul i ud
de luga es de los cuales alguna cosa se ha dicho,
y
ma-
ni ies amen e el
cioc ísimo
Papa Inocencio III dice en el
capí ulo
Pe ene abilem
(Qui ilii sin legi imi) que él no ie-
ne po es ad en las cosas empo ales sob e el Rey de
F ancia.
Segunda p oposición:
La po es ad empo al no depende del Sobe ano
Pon í ice como las o as po es ades espi i uales in-
e io es, como el Episcopado, el Cu ado u o as
po es ades espi i uales.
Po que a los Obispos y a las in e io es po es ades les
da él (el Papa) pode y au o idad en cie o modo, como
más abajo enseña emos; pe o a los Reyes y P íncipes no
les da ningún pode , po que nadie da lo que no iene, y él
no es seño empo al, como se ha p obado. Luego ni pue-
de da dominio y, po consiguien e, ni hace Reyes ni
P íncipes empo ales, digo, po comunicación de la po-
i
es ad empo al.
Todo eso se ha p obado en los p eceden es es udios
po la concesión de los mismos sumos Pon í ices.
La azón ambién nos con i ma en ello. An es de las
— 257
lla es de la Iglesia había po es ad empo al; pues había
P íncipes e dade os y seño es empo ales an es del ad -
enimien o de C is o, y C is o no ino a qui a lo ajeno,
ni a eba a lo mo al quien da los einos celes iales, ni la
Iglesia necesi a de es e dominio (1).
Es a p oposición no es del odo la misma que la p ime-
a, po que pod ía ocu i que al Papa pe eneciese cons-
i ui
Reyes,
aunque no uese seño , así co no da dominio
y í ulo a una p ebenda y a bienes empo ales, de los cua-
les no es p opiamen e seño , y como el Empe ado hace
e ins i uye Duques po más que no sea p opiamen e due-
ño del espec i o seño ío, pues que no le puede inco po-
a a sus p opiedades.
Mas, digo, que ni aun de es a mane a es á el Papa so-
b e los Reyes y los P íncipes po que su ins i ución haya
sido o pueda se del Sumo Pon í ice; y no dudo más de
és a que de la p ime a conclusión, po más que los sos-
enedo es de la pa e con a ia digan comúnmen e que el
Papa cons i uyó oda po es ad empo al como delegada y
subo dinada a sí y que él hizo a Cons an ino Empe ado .
Todo es o es ic icio y sin alguna p obabilidad, ni se
apoya en la azón ni en la adición ni en la Esc i u a,
ni siquie a en la au o idad de alguno de ellos como eó-
logo; pe o los glosado es del de echo die on es e domi-
nio al Papa po se ellos pob es en hacienda y en doc-
ina.
O a azón. Los dominios p i ados no dependen de
Papa. Luego ampoco los públicos y uni e sales. El an e-
ceden e es cla o.
Te ce a p oposición:
(1) No se aleg en demasiado los enemigos del pode empo al de los
Papas. Mas abajo explica Vi o ia mismo la doc ina.
— 258 —
La po es ad ci il no es á suje a a la po es ad
empo al del Papa.
No digo que no es é suje a al Papa, po que es cie o
que odas las po es ades es án suje as al Papa po azón
de la po es ad espi i ual, en cuan o que odos los hom-
b es son o ejas y él es el Pas o ; mas, digo que no es á
suje a a él como a seño empo al.
Es a p oposición se di e encia de la p ime a y de la
segunda. Po que, aun cuando no sea seño del o be ni
puede ins i ui seño es, pod ía, no obs an e, se supe io
al modo como el Empe ado es supe io a algunos eyes
con no se seño de sus einos ni pode cons i ui eyes
sob e aquellas p o incias, o al modo como el ey de
F ancia hace poco iempo e a supe io al conde de Flan-
des y, no obs an e, no podía nomb a al Conde; y aun
al modo como el Rey es supe io a odas las
pe sonas
p i adas de su eino y, sin emba go, no hace a nadie due-
ño de sus cosas.
Digo, pues, que ni de es e modo los Reyes y los P ín-
cipes es án some idos al Papa. Lo cual no necesi a de
p ueba, pues es e iden e po lo dicho.
Mas, puede con i ma se. Po que la epública empo al
es una epública pe ec a e ín eg a; luego no es á suje a
a nadie ue a de sí; de lo con a io no ue a ín eg a; lue-
go puede cons i ui se a sí misma p íncipe, de ningún modo
suje o a alguno en las cosas empo ales.
Además. Cuando hubo en Is ael sace do es y Reyes,
no leemos que los sace do es u ie an al dominio.
No diciendo, pues, nada la Esc i u a
de al pode , ¿de
dónde nace él?
La más alede a de odas las p uebas es la siguien e:
De ningún modo puede p oba se que el Sumo Pon í ice
enga esa po es ad empo al. Luego no la iene. ¿No en-
— 259
d ía ambién el Obispo la misma po es ad en su obispa-
do? Y, sin emba go, los au o es y de enso es de al po-
es ad en el Papa, nada de ella o o gan a los obispos.
De las es p oposiciones se saca un co ola io cla isi-
mo, a sabe : que o dina iamen e no puede el Papa juzga
las causas de los P íncipes ni de los í ulos de las ju is-
dicciones y de los einos, ni puede apela se a él en las
causas ci iles. Y cla o es á, pues si no es seño y supe-
io no hay po qué apela a él; y digo que el Papa ca e-
ce de es a po es ad no sólo en cuan o al uso y ejecución
sino ambién en cuan o a la au o idad.
Los de enso es de la po es ad empo al del Papa ya
con iesan que no iene él el uso y la ejecución o dina ia
de es a po es ad; mas, ello es no po de ec o de au o i-
dad, dicen, sino po que él mismo dió y aspasó a los
P íncipes la po es ad y el uso de ella.
Mas, yo digo que ni iene el Papa el uso ni la po es-
ad, y po an o que no le pe enece en ende de las causas
empo ales, ni
en
p ime a es ancia ni en apelación. Digo
o dina iamen e, pues no niego que en algún caso de e -
minado puede ecu i se al Papa y és e pueda escindi
algún juicio ci il. Mas, es o no po azón de la po es ad
empo al, sino p ecisamen e po azón de la po es ad es-
pi i ual, como luego di emos.
Es a conclusión la de iende Alejand o 111 Papa:
Nos, en-
endiendo que juzga de ales posesiones pe enece al Rey, no
a la Iglesia, no sea que pa ezca que me mamos el de echo del
Rey de los ingleses, quien a i ma que pe enece a sl el juicio
de ellas, mandamos a ues a a e nidad que dejando el jui-
cio de las posesiones al Rey,
e c. Y San Be na do dice al
Papa Eugenio:
Sob e los c imenes es ues a po es ad, no
X60 —
sob e las posesiones; po aquéllos ace adamen e ecibis e
las lla es del Reino de los Cielos.
Y
más abajo añade:
Tie-
nen odas es as cosas bajas de la ie a sus Jueces y sus
P íncipes e enos.
Inocencio
III
enseñó lo mismo:
No p e-
endemos juzga del eudo, el juicio del cual
p
e enece a él, a
sabe , al Rey.
Síguese en
segundo luga que el Papa no iene po es-
ad
pa a depone a un P íncipe
segla , ni po causa jus-
a, al modo como puede depone a un Obispo. Hablo
siemp e po azón de la po es ad empo al, pues que po
La po es ad espi i ual y en casos conc e os es o a cosa,
como di é después. Es a consecuencia es cla a po lo
dicho.
Síguese en segundo luga que ni puede con i ma ni
puede in alida las leyes ci iles. Y es cla o, po que si la
po es ad
ci il
no depende de él, ampoco los ac os de ella.
Cua a p oposición.
Ei
Papa no iene ningún pode empo al (1).
Es deci : Po es ad ci il y empo al es la que iene in
empo al; espi i ual la que iene in espi i ual.
Y digo, que el Papa no iene po es ad alguna que se
o dene a in empo al, lo cual es igu osamen e po es ad
empo al. Así lo sos iene Caye ano.
Y se p ueba, po que, como se dijo a iba, la po es ad
espi i ual se dis igue de la empo al po el in, en cuan o
iende aquélla a un in espi i ual. Pe o el Sumo Pon í ice
no es sino una pe sona o un sace do e, en el cual eside
la sup ema po es ad eclesiás ica.
Con í mase, po que sin po es ad alguna empo al ue a
igualmen e
Sumo Pon í ice, que end ía la suma po es ad
(1) En i ud del Pon i icado mismo.
— 261 —
eclesiás ica; luego, no hay po qué pone en él po es ad
empo al.
Con i mase nue amen e, po que la necesidad y la a-
zón de las cosas debe oma se del in; aho a bien: no hay
in alguno que asigna a es a po es ad. Luego... Y aun
cuando en e los de enso es de la doc ina con a ia los
hay de en e los omis as; no obs an e, pienso que San o
Tomás es del o o pa ece , ya po que, como se dijo, po
más que
ué
el San o celoso de enso de la po es ad pon-
i icia, nunca le a ibuyó semejan e pode al Papa; ya,
p incipalmen e, po que, como más abajo di emos, según
San o Tomás, los eclesiás icos son exen os de paga i-
bu os po p i ilegio de los p íncipes segla es, y si el Papa
es seño empo al, como los con a ios p e enden, y los
Reyes
ienen de
él
el pode , no hab ía necesidad alguna
del p i ilegio de los P íncipes pa a la exención de los
eclesiás icos (I).
Quin a p oposición.
La po es ad empo al de ningún modo depende
de la. po es ad espi i ual de la misma mane a que
e! a e o acul ad in e io depende de la supe io ,
como el a e de los enos si e al a e ecues e,
el ab il al náu ico y el de
las a mas a
la milicia.
Pongo es a p oposición pa a aquellos Doc o es que
ponen las ci adas compa aciones en e esas dos po es-
ades.'
Y se p ueba.
La po es ad ci il no es p ecisamen e po la po es ad
(1) No es que los eclesiás icos no puedan goza en cuan o a los bienes
cle icales exención de paga ibu o sino po p i ilegio de los P íncipes, sino
que de hecho al exención e a en onces p i ilegio de los P íncipes, exención
que no hubie a sido, si el Papa hubie a enido él de suyo po es ad empo-
al. Mas abajo desen uel e la doc ina Vi o ia.
— 262 —
espi i ual, como el a e in e io , en cambio, es po el su-
pe io ; po an o, la compa ación no es del odo exac a.
P uébase el an eceden e en sus dos pa es, pues si no
hubiese a e mili a , no hab ía indus ia de a mas; si no
lo hubie a ecues e, no la hab ía de enos; pues esas in-
dus ias son o gánicas, ins umen ales, y, cesando el in,
no iene aplicación el ins umen o y ni ue a siquie a él.
Mas, no ocu e es o con la po es ad ci il en o den a la
espi i ual. Supues o que no hubie a po es ad alguna es-
pi i ual ni biena en u anza alguna sob ena u al, hab ía,
no obs an e, algún o den en la epública empo al
y
ha-
b ía alguna po es ad como la hay en las cosas na u ales,
aun en las i acionales, en e las cuales unas son ac i as
y o as pasi as en o den solamen e al bien del uni e so;
luego la di e encia es muy g ande.
Po an o, no debe en ende se que
una
po es ad de-
penda de la o a, que sea p ecisamen e po ella, o como
ins umen o o co no pa e de ella, a la mane a que la po-
es ad del p e o es pa e de la egia po es ad; sino que
es ín eg a y pe ec a po es ad en sí e inmedia a pa a un
in p opio. No obs an e, es de algún modo, como a iba
se dilo, o denada a la po es ad espi i ual.
Con i mase es o, po que, según la doc ina de los me-
¡o es ilóso os, el a ón ue e debie a pone su ida po
la epública, aun cuando no hubie a o a elicidad después
de es a ida. Po an o, subsis i ía la epública, aun sin
el in de la po es ad espi i ual y consiguien emen e sub-
sis i ía algun o den de p incipados y súbdi os, sin el cual
no hab ía p opiamen e epública.
Sex a p oposición:
A pesa de odo lo cual, la po es ad ci il es á su-
je a de algún modo, no a la po es ad empo al del
Sumo Pon í ice, sino a su po es ad espi i ual.
10'
—
263 —
Po que si el in de alguna acul ad depende del in de
o a acul ad, ambién la p ime a acul ad depende á de la
o a.
Pone es a compa ación San o Tomás.
Pe o, el in de la po es ad empo al depende de algún
modo del in de la po es ad espi i ual; luego ambién la po-
es ad ci il depende á de la espi i ual.
Y p uébase el an eceden e. Po que la elicidad humana
es impe ec a y o denada a la biena en u anza sob ena u-
al como a elicidad pe ec a, como el a e de la ab ica-
ción de a mas se o dena a la mili a y a la impe a o ia, y
la de ab ica na es a la náu ica, y la de ab ica a ados a
la ag icul u a y así de o as.
Y así no puede supone se que la po es ad ci il y la es-
pi i ual sean como dos epúblicas sepa adas y di e en es
como lo son la nación ancesa y la inglesa.
Y se con i ma y decla a es a ma e ia. Si la adminis a-
ción ci il uese en de imen o de la adminis ación espi i-
ual, aun cuando ue a a p opósi o pa a log a el in p o-
pio de la po es ad ci il, end ía el Rey o P incipe obliga-
ción de cambia la p edicha adminis ación, como luego
hemos de p oba . Luego, la po es ad ci il es á suje a de
algún modo a la espi i ual,
Objé ase a es o: Si la adminis ación espi i ual dañase
a la epública, end ía ambién el P íncipe obligación de
cambia la.
Con és ase, diciendo: No es cie o si ue a es o p eci-
samen e necesa io o solamen e muy ú il; en cambio, y
aun cuando pe eciesen los bienes empo ales, debe ían
sac i ica se po les espi i lales, en caso de necesidad o
de g ande u ilidad.
Ni ale deci que, aun cuando es o sea e dad, no es
po azón de s/.1eción o dependencia, sino po que el in
19
— 270 —
al ley no puede cumpli se sin pecado mo al o que es con-
a de echo di ino o que es omen o de pecados, hay que
a ene se al juicio del Pon í ice, po que al Rey no le co es-
ponde juzga de las cosas espi i uales, como se ha dicho
a iba. Y es o es así, a no se que mani ies amen e e ase
u ob ase en aude; pues debe el Pon í ice ene cuen a de
la adminis ación empo al y no dec e a p ecipi adamen e
sin a ención a las cosas empo ales lo que a p ime a is a
pa ece conduci al omen o de la eligión: ni los P íncipes
ni los pueblos es án obligados a la pe ección de la ida
c is iana ni pueden se o zados a ello, sino solo a gua -
da la ley de C is o den o de cie os lími es y é minos.
Con i mase la doc ina expues a, po que habiendo deja-
do C is o en la Iglesia una dos po es ades dis in as pa a
la conse ación e inc emen o de los bienes, an o empo-
ales como espi i uales, y pueden ecuen emen e susci-
a se dudas y con o e sias en e ambas po es ades, no
pa ece que hubiese habido su icien e p o idencia sob e
la
Iglesia, si no hubie a un ibunal donde se concluyesen a-
les plei os; de lo con a io,
odo eino di idido se ía deso-
lado.
Y no es acional deci que al o icio conciliado pe e-
nece a los P íncipes segla es, que no pueden juzga ec-
amen e de las cosas del espí i u. Po an o, pa ece que
es o más bien pe enece a las au o idades eclesiás icas.
Y además: cualquie a que sea el de imen o que expe-
imen e la adminis ación de las cosas empo ales, si algo
es necesa io pa a la ida espi i ual de los súbdi os, debe
pospone se aquéllo a és o. Y, po an o, como el cono-
cimien o de las cosas espi i uales pe enece a los P ela-
dos eclesiás icos, el juicio compa a i o de lo empo al a
lo espi i ual es menes e que a ellos pe enezca ambién.
En es e sen ido pa ece que Ped o Paludano concede al
— 2.71 —
Sumo Pon í ice au o idad sob e las cosas empo ales,
aun cuando la ex iende benignamen e más de lo que es
menes e .
Boni acio VIII en la ex a agan e
Unam sanc am
dice:
En los dichos e angélicos ap endemos que en la po es ad de
él, es deci , del Romano Pon í ice, hay dos espadas, la empo-
al y la espi i ual. Pues según dicen los Após oles:
«He aquí
dos espadas, e c.» Y consiguien emen e añade:
No
hay
po es ad sino de Dios, y lo que de Dios es es á o denado;
mas, no es a ía o denado, si una espada no es u ie a suje a
a o a espada y como in e io no ue a educida po la o a
al se icio de las cosas supe io es.
Lo mismo enseña Inocencio III en el capí ulo
Pe
p
ene-
abllem (Qui
ilii sin legi imi).
Mas con a algunas cosas de las p edichas pueden ha-
ce se a gumen os po los cuales han sido mo idos algu-
nos de los au o es a sen i lo con a io de algunas p o-
posiciones a i madas.
Sea el p ime a gumen o, que a p incipalmen e con a
las es p ime as p oposiciones: C is o Reden o nues o
ué seño del o be aun según su humanidad; pe o el Papa
es ica io de C is o; luego el Papa es simplemen e e -
dade o seño del o be, y así iene omnímoda po es ad
empo al.
-Es cla o el an eceden e, po que es el Rey de eyes y
seño de los que dominan. El mismo Seño dijo de Sí:
Me
ha sido dado odo pode en el Cielo y en la ie a.
Y de C is o se dice en los P o e as que domina á las
gen es y que su eino domina á a odos.
La meno se p ueba así: Le dijo a San Ped o absolu-
amen e:
Apacien a a mis o ejas.
Po lo cual pa ece que
— 272
sin limi ación iene el Papa la au o idad de apacen a ,
como la u o C is o, a sabe , en lo espi i ual y en lo em-
po al.
Además. Po que se dijo a los Após oles:
Como me en-
ió a mi el Pad e, así os en ío yo a oso os.
Pe o C is o
ué en iado con ambas po es ades; luego ambas pe ma-
necen en la Iglesia.
O a azón. Pa ece que Jesuc is o se llamó ey, pues
de odo es o ué acusado, y de él no se lee que lo negase.
A es e p ime a gumen o se con es a así. Po que C is-
o u iese la po es ad empo al y uese seño de odo el
o be no se sigue que dejase es a misma po es ad en la
Iglesia; pues en C is o, como con iesan los Doc o es,
hubo po es ad de excelencia, la cual, sin emba go, no
dejó en la Iglesia. Tampoco hay en la Iglesia po es ad de
ins i ui nue os sac amen os ni de deshace los ins i ui-
dos ni de pe dona los pecados sin el sac amen o, el po-
de de odo lo cual, sin emba go, es u o en C is o.
Y sea así: concédase que C is o hubiese enido el do
minio de odo el o be, pues con enía que El lo u iese,
ya po la au o idad de la pe sona ya po que había de e-
no a el o be y no podía abusa de al po es ad; mas, no
con enía que al po es ad la dejase en la Iglesia, de la
cual podían los Pon í ices usa mal en pe juicio de la mis-
ma Iglesia, es deci , po igual azón que los au o es de la
doc ina con a ia con iesan que no con iene que eje za
el Papa aquella po es ad. ¿Y pa a qué hacía al a esa po-
es ad pla ónica, que nunca había de ene uso en la
Iglesia?
En segundo luga , po que en o a pa e a é muy p o-
lijamen e es a cues ión de la po es ad empo al de C is o,
—
273 —
4
di é aho a solamen e: que Jesuc is o no ué
Rey
po su-
cesión he edi a ia, pues que de al eino no nos habla el
E angelio, y en ano lo in en amos; y pa ece que las
muje es no podían sucede en el ono, y po an o, ni
C is o (1).
En e ce luga digo: Yo pienso que ni po don di ino
u o C is o el dominio empo al al modo de los P ínci-
pes; sino que su eino ué de o a mane a.
Las cuales dos casas se p ueban ácilmen e, po que
dondequie a se hace en la Esc i u a mención del Reino
del Mesías, siemp e se mues a que es de o o géne o y
pa a o o in que los einos empo ales. Cla o es es o:
Y9
he sido cons i uido Rey sob e Sión su mon e san o pa a
p edica sus p ecep os.
El cual luga comen ó el mismo Se-
ño en el E angelio:
Mi eino no es de es e inundo. Yo pa a
es o ine al inundo, pa a da es imonio de la e dad,
que
es lo mismo que deci
pa a p edica sus p ecep os.
En el
cual luga pa ece cie amen e que excluyó oda idea de
eino empo al en el sen ido ma e ial.
Y habiéndole p egun ado Pila os:
¿E es ú Rey de los
judíos?
espondió el Sei-
-
io :
Tú lo dices: ¿po en u a o os
e lo dije on de m1.
2
Las cuales palab as mani ies amen e
p ueban lo que deci nos. Pues que Pila os, desconocedo
de la ley y de la eligión, no podía en ende o o eino
que el empo al, al modo como lo ienen los P íncipes se-
gla es; po an o, si hacía la p egun a de po sí, no podía
habla de o o eino que del empo al y hubiese con eni-
do que el Seño le hubie a con es ado de o o modo de
(1) C is o, de he eda , he eda ía po la Vi gen, y la Vi gen no podía su-
cede en el ono; po an o ni C is o. Eso dice Vi o ia.
Hay au o es que sos ienen que C is o enía po he encia de echo al ono
de los judíos po se legí imo descendien e de Da id. C is o mismo echa-
zó es a doc ina.
—
274 —
como le con es ó. Mas,
si
hacía la p egun a po la acusa-
ción de los judíos que decían que se hacía Re , la con es-
ación había de se dis in a. (1)
Y después que Pila os dijo:
Tu gen e y us
Po z í i-
ces e me en ega on,
el Seño quiso ad e i le que no ue-
a engañado po las calumnias de los judíos, sino que en-
endie a que el Reino del cual lle aban a mal los judíos
que se hiciese
Rey no e a al eino cual Pila os lo pudo
habe en endido, sino que e a el eino del Mesías, que no
e a eino de es e mundo, a sabe , no de la misma condi-
ción ni o denado al mismo in al cual se o denan
los
ei-
nos empo ales, sino a la p edicación de la e dad. Como
si hubie a dicho: «No e engañes, Pila o, pues mi eino
de cuya p e ensión me acusan los judíos, no es al eino
como ues os einos.» Y así, no niega la ealidad del ei-
no, si bien se conside a; ni los judíos le acusa on alguna
ez de o o eino que del eino del Mesías, pues decían:
Hemos so p endido a és e e ol iendo al pueblo, p ohibiendo
paga los ibu os al Césa y diciendo que El c is o e a Rey.
Ve dad es que los judíos c eían que el eino del Mesías
e a un eino empo al; del cual pa ece son ambién aqué-
llos que le a ibuyen el Sal ado el eino de los judíos po
de echo he edi a io, lo cual mani ies amen e negó C is o.
Así, pues, el einado de C is o sob e odo el mundo no
ué po p incipio alguno humano, a sabe , po de echo
pa e no o po elección o po o o i ulo semejan e ni po
in alguno empo al, sino po edención, como dijo el
Após ol:
Hizose obedien e has a la mue e; po lo cual le
exal ó Dios y le dió un nomb e que es sob e odo nomb e,
pa a que al nomb e de Jesús odo el mundo se a odille, el
cielo, la ie a
y
los in ie nos.
(A los Filipenses, cap. 2.)
(1) Tal como la dió.
n
— 275 —
Y ambién pa a el in de la edención, que es in espi i-
ual,
u o
plenísima po es ad aun en las cosas empo ales
y pudo cambia odos los einos del mundo e ins i ui nue-
os P íncipes y educi a o os al o den y nomb a súb-
di os y hace odas aquellas cosas que ue an necesa ias
pa a el in de la edención pa a el cual había enido al
mundo; la cual po es ad en el caso supues o no negamos
a
la Iglesia. Po an o, si odos los c is ianos quisie an
elegi P íncipes paganos, pod ía opone se el Papa e im-
pone P íncipes c is ianos.
La p esen e p oposición la p ueba ambién aquello:
No
en ió Dios a su lujo al mundo pa a juzga al mundo, sino
pa a que el mundo se sal ase po él.
En o a pa e se dice
(Juan, 3):
¿Quién me cons i uyó Juez sob e oso os?
También la azón lo p ueba: Po que Jesuc is o no usó
de esa po es ad, y es ana la po encia que no se educe
al ac o.
Añaden
los ad e sa ios que debía ene C is o ese po-
de po causa de la dignidad y g an pe ección.
No c eo que se digni ica a mucho el Seño con la po-
sesión de odas aquellas cosas que juzgó San Pablo es-
'ié col y que con su palab a enseñó El mismo a desp e •
cia ,
no
sólo el uso
d
e ellas, sino su p opiedad.
Apóyanse ambién los ad e sa ios en aquellas pala-
b as:
Dos espadas hay aquí
(San Lucas, 22), lo que en ien-
de Boni acio VIII en sus Ex a agan es de la espada em-
po al y de la espi i ual, y así mismo lo en iende San Be -
na do al Papa Eugenio,
Te ce a gumen o: El Pon í ice Zaca ías depuso al Rey
de los F ancos y ele ó al ono a Pipino, pad e de Ca -
— 276 —
lomagne,
como a es igua Gelasio. Además, el Papa Es e-
ban aspasó el Impe io de los g iegos a los ge manos y
consag ó
como p ime Empe ado a Ca los, apellidado
Magno,
según dice Inocencio III en el capí ulo
Vene abilem
(De elec ione). También:
Inocencio IV p ohibió al Rey de
Po ugal la adminis ación del Reino, como cons a en el
capí ulo
G andi
(De supplenda negligen ia P aela o um).
A lo
cual se con es a que con odo es o no se p ueba
más
que
lo
que yo he a i mado, a sabe , que en algún
caso pa icula el
Sumo
Pon í ice puede hace odas esas
cosas, es
deci , cuan o es necesa io pa a qui a el escán-
dalo
del Reino, pa a
la p o ección de la Religión con a
los paganos y pa a ines pa ecidos.
Cua o a gumen o en con a: A la po es ad eclesiás i-
ca co esponde conoce de odo pecado mo al, al menos
es de uel o a ella el juicio a í ulo de co ección a e na.
Mas, como en odo plei o, po muy secula que sea, una
pa e inju ia, pod á la Iglesia juzga de aquella causa, y
así pod á conoce de oda con o e sia
y
causa segla , lo
que co esponde a la po es ad ci il.
Con és ase que en muchas causas, el que haya inju ia
depende del de echo ci il y, po an o, no pe enece a la
po es ad eclesiás ica conoce de aquella causa, sino que
debe ella e mina en su ue o, a sabe , en el ci il. Mas,
cuando allí e minó, en onces si la pa e culpable no quie-
e obedece , po azón del pecado puede ecu i se a la
Iglesia; mas no an es.
Segundo: Aquel p oceso po el cual ales causas son
de uel as al juicio de la Iglesia, es sólo pa a log a el in
de la co ección a e na y no pa a sa is acción de la pa -
e lesionada; no así en el ue o ci il y, po an o, aquel
— 277 —
juicio de la po es ad eclesiás ica no es empo al, sino es-
pi i ual, y no puede el Papa u iliza aquel juicio pa a
us a la ju isdicción ci il.
En cuan o a las dos espadas, es cla o que nada p ueba
el ex o aquél en su sen ido li e al, sino que habiéndoles
C is o mani es ado a los Após oles que padece ían con-
adicción y que e a menes e que se de endiesen, ellos,
saliéndose de la cues ión, espondie on:
Aquí enemos dos
espadas.
Qnin o a gumen o: Los Pon í ices epa en las ie as
de los in ieles, como ha ocu ido con las Indias ecien e-
men e descubie as po los españoles.
También es cla a la con es ación a eso, po lo dicho.
CUESTIÓN VII
Si los clé igos son exen os de la po es ad ci il.
Aho a lo consiguien e es que p egun emos, pasando al
lado opues o, si los clé igos es án exen os de la po es ad
ci il.
A ello oy a con es a b e emen e po p oposiciones.
P ime a:
Los clé igos son po de echo exen os y lib es de
la po es ad ci il, de sue e que no pueden legalmen-
e se juzgados ni c iminal ni ci ilmen e po el Juez
lego.
En mul i ud de luga es del de echo cons a eso y no os
los he de eco da aquí; lo con a io es á condenado po
— 278 —
el Concilio de Cons anza en e
los
a ículos de Juan
Wicle .
Segunda p oposición:
No
odas
las exenciones cle icales p oceden del
de echo
di ino.
P uébase en p ime luga , po que en ninguna pa e del
de echo di ino se hallan esas exenciones; po an o, no
es án ellas sancionadas po él.
P uébase el an eceden e, po que los dos es imonios
que se aen pa a demos a que esas exenciones son de
de echo di ino, no sa is acen.
P ime amen e, se echa mano de aquel luga de San
Ma eo, en donde, habiendo exigido a Jesuc is o el ibu o
de los did ac nas, dijo el Seño a Ped o:
¿De quiénes co-
b an ibui`o los eyes, de sus hijos o de los ajenos? —De los
ajenos, con es ó San Ped o —. Dijole Jesús: Luego, los hi-
jos son lib es. Mas pa a que no les escandalicemos, e e al
ma , eclza el anzuelo y oma el p ime pez que salga y,
ab iéndole la boca, halla ás un es a e o; ómalo, y paga po
mi y po i.
De es e luga a guyen algunos de es a mane a. En
aquel luga , dicen, indicó Jesuc is o que había un linaje
de homb es que no es aban some idos a los P íncipes,
sino que e an lib es. Aho a bien: de ningún o o linaje
de homb es puede es o en ende se que de los eclesiás i-
cos, cuales e an jesuc is o con sus após oles; po an o,
son lib es los eclesiás icos.
Y es cla o el supues o, po que no puede la indepen-
dencia en ende se de los soldados ni de los nobles, pues
odos ellos es án suje os a ibu o; así, pues, necesa ia-
men e, debe ello en ende se de los eclesiás icos.
A es e luga se con es a po San o Tomás
y
San Bue-
na en u a, que enseñan que hablaba el Seño de Sí y de
— 279 —
sus
discípulos, que no e an de condición se il ni enían
cosas empo ales de las cuales uesen obligados a paga
ibu os a sus seño es. Po an o, no se sigue que odo
c is iano sea pa icipan e de es a libe ad sino solamen e
aquéllos, que siguiendo una ida apos ólica, no son de
se il condición. Tal ez quiso eximi C is o solamen e a
aquellos que no ienen pode es; mas, los eclesiás icos los
ienen.
También dice San o Tomás sob e el mismo luga de
San Ma eo, que pa ece que el Seño quiso indica que no
es aba El obligado a paga censo alguno po que e a
Rey,
pues es Rey de eyes y Seño de los que dominan. Hay
di e encia en e censo y ibu o: el ibu o se paga de los
bienes, el censo es con ibución pe sonal en econoci-
mien o de subo dinación. Mas, C is o no es aba suje o a
nadie po que e a
Rey, bas ando que
ue a Rey del eino
del Mesías, aunque no lo ue a de un eino empo al. Y
el Mesías, en cuan o a la pe sona al menos, es aba exen-
o de la po es ad de los P íncipes. Además, que e a del
linaje de los Reyes, pues e a hijo de Da id, lo cual pa e-
cía su icien e pa a se excep uado; pues si el pad e es a-
ba exen o, ambién el hijo: po an o, si los an epasados
de C is o ue on exen os, ambién C is o, po ley de
gen es.
O
de o a mane a se con es a, c eo con mayo acie -
o. C is o es Dios, Rey de odo el o be, y, po consiguien-
e, siendo hilo na u al de Dios, y como los hijos na u a-
les es án exen os po de echo de gen es, po eso C is o
ué lib e; pues no le qui aba la libe ad la humanidad, ya
que
al ez quiso C is o signi ica que e a hijo de Dios.
El segundo luga de la Esc i u a que se ae es aquél:
No oquéis a mis c is os.
De lo cual quie en algunos dedu-
20
— 286 —
de ende se y gua da se de la inju ia de
c
ualquie a po
p opia au o idad, y da leyes con enien es ace ca de es o.
Y con i mase, po que pueden los P íncipes gua da
sus p opias epúblicas, no sólo po modo de de ensa sino
au o i a i amen e, como a iba se ha mos ado; luego
ambién de las inju ias de los clé igos.
No ena p oposición.
Sin emba go, los P e o es y odos los magis a-
dos, a excepción del P íncipe, ye an g a emen e
y
pecan ac uando con a los p i ilegios de los cié-
igos, aunque pe niciosos, y aun ex ayendo de las
Iglesias a los c iminales ue a de los casos p e e-
nidos en el de echo.
P uébase, po que no son los clé igos súbdi os de ellos
ni ienen los magis ados pode sob e los clé igos, y, ha-
biendo leyes, no les es líci o ob a con a ellas y ellos
no ienen po es ad ni de qui a las leyes ni de dispensa
en las mismas, sino sólo los P íncipes.
Juan XXII condenó en las Ex a agan es los e o es
de Ma silio de Padua y de Juan de. Janduno, los cuales
a la una a i maban que, cuando C is o pagó ibu o, se-
gún se e ie e en el E angelio, no lo hizo lib emen e, sino
o zado po la necesidad; que pe enece al Empe ado
co egi al Papa y nomb a lo; que si un sace do e iene
au o idad sob e o o, lo debe al Empe ado , que así como
dió el pode puede qui a lo, y que ni el Papa ni oda la
Iglesia pueden cas iga coac i amen e a nadie si no eci-
ben pa a ello po es ad del Empe ado .
Caye ano a i ma que, aun cuando es líci o ma a al
Papa in aso , de endiéndose, no obs an e a nadie es líci-
o condena al Papa a mue e
po homicidio, y c eo que
lo en iende así po de echo di ino, de lo con a io no ha-
b ía dicho nada.
CUESTIÓN VIII
En quién eside la po es ad eclesiás ica (1).
En la elección que ace ca de es a ma e ia hicimos el
pasado año, dise amos sólo pa cialmen e de la po es ad
de la Iglesia, a sabe : explicamos po qué de echo y cuán-
do ué ins i uida; hablamos de su di e encia de la po es-
ad ci il y de la compa ación de ambas po es ades en-
e si.
Vamos aho a, consiguien emen e, a habla del suje o
de es a po es ad y a o as g a es cues iones eológicas
pe inen es a ella.
Así, pues, an e odo se p egun a, si la po es ad ecle-
siás ica es á de suyo en oda la Iglesia, del mismo modo
que conceden ya los ilóso os, ya los eólogos, y es la
e dad, que la po es ad ci il eside inmedia amen e en
(1) Desde aquí en adelan e es o a elección p opiamen e dicha, es deci ,
es doc ina que expuso en o a sesión al siguien e año de babé enido luga
las explicaciones an e io es. Ya saben los lec o es que las
esecciones
e an
clases ex ao dina ias ue a del cu so de las no males, o, como di íamos aho-
a, e an con e encias, no clases o dina ias.
Y aun pa ece que no oda la doc ina
de Po es a e Eeclesia:
has a aquí en-
señada lo ué en una sola con e encia, pues dice p ime o que a a habla de
la na u aleza y e ec os de la excomunión y luego elega a lo dicho, que se ia
dicho en clase o dina ia in e media.
Noso os lo comp endemos odo en una sola elección bajo dis in as cues-
iones pa a mayo unidad ma e ial de la doc ina.
— 288 —
oda la epública. Dis inguimos aquí la Iglesia uni e sal
de las pe sonas singula es.
Y puede pa ece que sí, en p ime luga po que el mis-
mo ejemplo que ajimos, a sabe , po que la po es ad
secula es á en oda la epública y de ella se de i a á los
magis ados y a los o os pode es, y el o den de la g a-
cia no des uye el o den na u al, siendo ambos ó denes
de Dios. Po an o, pa ece que la po es ad eclesiás ica
es á en oda la Iglesia uni e sal, que no es o a cosa que
una epública de c is ianos.
Y p uébase la consecuencia, po que ambas po es ades
son po el bien de la epública; y así, si po el bien y pa a
el bien de la epública es án cons i uidas, pa ece que an-
es que en ningún o o suje o deben es a en la epública.
O a azón es, que en el Concilio ec amen e eunido
eside inmedia amen e la po es ad eclesiás ica,-como doy
aho a po supues o y he de p oba luego. Aho a bien; no.
pa ece que el Concilio se a ibuye po o a azón aque-
lla po es ad, sino en cuan o ep esen a la pe sona y hace
las eces de la Iglesia uni e sal. Luego....
Se p ueba ambién, po que la Iglesia elige al Sumo
Pon í ice, pues los Ca denales, no po su au o idad, sino
po la de la Iglesia, eligen Papa; luego lá Iglesia iene la
suma po es ad, pues no pod ía da lo que no iene. Y se
con i ma, po que el Concilio dice:
Rep esen ando a la
•
•
Iglesia uni e sal,
e c. Luego...
Una cua a p ueba es, que se lee en San Ma eo (capí-
ulo
18):
Díselo a la Iglesia, y si no oye e a la Iglesia, séa e
como gen il y publicano.
En donde pa ece que se dió el po-
de
a la
.
Iglesia.
Po in: Los P elados son
minis os
de la Iglesia. Lue-
go la po es ad es de la Iglesia.
— 289 —
Pa a la solución de es a cues ión es menes e dis in-
gui dos especies de po es ad eclesiás ica, como en el
cu so de es a cues ión hemos dis inguido.
En sen ido la o en iendo po po es ad eclesiás ica cual-
quie a po es ad o denada de suyo a un in espi i ual y al
cul o di ino, p oduzca algún e ec o espi i ual o no lo p o-
duzca; al ué oda po es ad eclesiás ica an e io a C is o,
an es de da és e las lla es, como el sace docio de la ley
na u al y de la le esc i a. En sen ido es ic o en iéndese
po po es ad eclesiás ica la au o idad p opiamen e espi-
i ual de ab i y ce a el Reino de los Cielos, la cual se
llama po es ad de las lla es que dió el Seño , y es la que
solamen e p oduce e ec o espi i ual, como se ha p obado.
Supues os es os an eceden es, sea la p ime a p opo-
sición:
Lo po es ad eclesiás ica o espi i ual en endida
del p ime modo puede esidi en oda la Iglesia e
sea en la epública.
Toda epública jus a ha sido cons i uida po Dios, se-
gún aquello:
No hay pode sino de nd.
Síguese inmedia a-
men e un co ola io, que en la ley na u al u o la epúbli-
ca au o idad de cons i ui sace do es y o os minis os)
del cul o di ino, pues eniendo al po es ad pudo enco-
menda la y con ia la
a
quien quisie a.
Con i mase es o, po que como es a po es ad no co-
esponde po de echo na u al más bien a un ciudadano
que a o o, no pod á p o ee se de o o modo que po
au o idad pública. P ueba de ello es que los sace do es
ya
ieles ya paganos no leemos que ue an de o o modo
cons i uidos du an e la ley na u al que po los su agios
popula es como en Roma, o po au o idad del Rey en
quien eside odo el pode público. Si Sem, p imogéni o
de Noé ué sace do e (como piensan los Heb eos) y ué
— 290 —
es a p e oga i a de odos los p imogéni os, no es de
c ee que acon ecie e es o po p ecep o alguno o es a u o
di ino, sino po acue do del mismo Noé, que ué P ínci-
pe de los suyos, o po alguna o denación o cons i ución
de los pueblos; pues, co no
»
hemos mos ado an es, no
hubo po es ad alguna de aquella edad que necesi a a de
peculia au o idad di ina. Si Abel ué sace do e, ué ello
po o denación del p ime pad e Adán, cuyas disposicio-
nes pudie on du a has a Noé.
La segunda consecuencia es que los Pon í ices y sa-
ce do es de las gen es podían da leyes y dec e os ace -
ca de las cosas sag adas. Y es cla o, po que enían au o-
idad o po la luz de la e o po sólo la ley na u al pa a
un
in espi i ual y e an capaces de da cul o a Dios, me-
jo , es aban obligados a él, pues de eso son condenados
los gen iles, de
que habiendo
conocido
a Dios, no le glo i-
ica on como a Dios.
Aho a bien; la adminis ación de es e
cul o y odas las disposiciones o denadas a un in espi-
i ual no pe enecen a la po es ad ci il, como dijimos, sino
a o a especie de po es ad. Luego en la epública adica
es a po es ad espi i ual (1).
Segunda p oposición.
Toda po es ad espi i ual que hubo en la ieja ley
esidió p ime a y solamen e en la ibu de Le í, y
no o a líci o
a
nadie de o a ibu adminis a en
el emplo.
Se p ueba po el capí ulo X del Deu e onomío, donde
se dice, que después de mue o Aa ón
gozó del sace docio
Eleaza su hijo, y desde aquel iempo sepa ó a la ibu de
Led pa a que lle a a el a ca de la alianza del Seño y es-
(1) No pa ece muy cla a esa mane a de demos a la p ime a p opoSí-
ción. Como no
puede
da luga , no obs an e, a pelig osas in e p e aciones y'
ue a muy
di uso el comen a io, lo
omi imos
en es a «Biblio eca».
— 291 —
u ie a delan e de él en minis e io y pa a que die a la bendi-
ción en su nomb e has a el p esen e día. Po lo cual no u o
Le í po ción ni posesión con sus he manos, po que el mismo
Seño es si posesión.
Lo mismo se dice en
Josué
(cap. 13).
A la ibu de Le e
no le dió posesión sino el sace docio, y la íc ima del Seño
Dios de Is ael es su he encia.
Con í malo San Pablo esc ibiendo a los Heb eos (ca-
pí ulo 7), donde dice que Le í que ecibió los diezmos,
ué diezmado sob e los lomos de su pad e Ab aham (1).
Y luego más ab* añade:
Y
si la pe ección e a po el sa -
ce docia de Le i ¿qué necesidad había de que se le an ase
después o o sace do e según el o den de Melq.2isede ?
De
lo cual se desp ende, que odo el sace docio de la an i-
gua ley esidía en la ibu de Le í.
Con i mase en segundo luga po el mismo San Pablo,
quien dice del Seño :
Es mani ies o que nues o Seño salió
de luda, en la cual ibu ningún sace docio hubo según Moi-
ses;
y
lo mismo se debe deci de las o as ibus, en las
cuales no puso Moisés sace do e alguno en su ela o.
Te ce a conclusión.
La po es ad en endida del segundo modo, es de-
ci , e dade a y p opiamen e espi i ual, como la
iene hoy la Iglesia, que se llama po es ad ecle-
siás ica, ni p ime amen e ni de suyo ni de ning¿u
modo eside inmedia amen e en oda la Iglesia uni-
e sal a la mane a como la po es ad ci il eside
en la epública.
P uébase. Po que o le con iene a oda la Iglesia un
i
- e sal es a po es ad po de echo na u al o po de echo
(1)
Es deci : a pesa de sali como sus once he manos de los lomos del
común pad e Ab aham, ecibió Le i diezmos de sus he manos pa a i i ,
no posesiones,
— 292 —
humano o po de echo di ino. Mas, po ninguno de los
es de echos le con iene. Luego no la iene.
La po es ad eclesiás ica excede igualmen e el de echo
humano que el na u al, lo mismo po pa e del in en cuan-
o se o dena a un in sob ena u al, que po pa e de los
e ec os que p oduce, que del odo exceden la acul ad hu-
mana, como el pe dón de los pecados, la in usión de la
g acia y la consag ación de la Euca is ía. Po an o, ni
el de echo na u al ni el de echo humano pudo da al po-
es ad a la Iglesia uni e sal.
Que no la enga po de echo di ino es e iden e, po -
que oda es a po es ad p ocedió de C is o y C is o no la
dh p ime o e inmedia amen e a la Iglesia uni e sal.
Que oda es a po es ad p ocedió de C is o se p ueba
po la Sag ada Esc i u a:
El clió após oles, p o e as, mil-
,
ylis as, pas o es y doc o es pa a la consumación de los san-
os c;:.
la
ob a del minis e io, pa a edi ica el cue po de C is-
o.
(A los
.
E esios, 4.) A
cada uno de oso os se os dió
la
g acia según la medida de la donación de C is o.
(A los E e-
aios, 4.) En. el cap. 13 del Apocalipsis y en los capí ulos
7, 8
Y
9 de la ca a de San Pablo a los Heb e os, se en-
seña pe el sace docio del Nue o Tes amen o es dis in o
del sace docio del Tes amen o Viejo, y que el sace docio
de la Iglesia es según el o den de Melquisedec. •
Se ha asladado el sace docio jun amen e con la ley,
como dice el Após ol; pe o C is o u o el sace docio,
no de la Iglesia, sino de Dios, como cons a po nume o-
sos ex os:
No me elegis eis oso os
(San Juan 15):
He
sido cons i uido po El Rey sob e Sión su mon e san o
(Sal-
mo, 2);
C is o no se glo i icó a sí mismo pa a.hace se.Pon-
ice, sino Aquel que le dijo: Tú e es mi hijo, yo hoy e he
engend ado. Co no ambién dice en o o luga : Tú e es sa-
ce do e e e namen e según el o den de Melquisedec. (Ca a
,
a
—293--
los Heb eos, cap. 5.)
Los o os sace do es, a la e dad, ue-
on hechos sin ju amen o; mas és e con ju amen o po Aque
que le ;dijo a El: Ju ó el Seño y no se a epen i a; ú e es
sace do e e e namen e.
(Ca a a los Heb eos, cap. 7.)
Tu
ono en el siglo del siglo; po es o e ungió el Seño , u Dios
con óleo de aleg ía.
(A los Heb eos, cap. I.)
No puede, pues, duda se, que oda la po es ad de la
Iglesia p ocede de C is o, y que El no la u o de la Igle-
sia, sino que El la dió a o os, según aquello:
Como me
en ió a mi el Pad e, así os en ío a oso os.
-Que no la die a
.
p ime a e inmedia amen e a la Iglesia,
sino a cie as y de e minadas pe sonas, es mani ies o: a
Ped o p ecisamen e p ome ió las lla es, y• que sob e él
edi ica ía su Iglesia, y le dijo:
Apacien a a mis o e as.
Y a
.solos los Após oles dijo:
Los pecados de aquellos a quienes
los pe dona eis,
e c., y les dió po es ad de consag a la
Euca is ía en la úl ima cena:
Haced es o en memo ia cle MI.
Nunca se lee que odo eso dijese a la iglesia en común,
y El mismo dice que no eligió a oda la comunidad, sino
sólo a los doce Após oles.
Recué dese
que en
.
la úl ima cena ni siquie a es u ie-
on p esen es los se en a
y
dos discípu
los.
Además. Si la po es ad eclesiás ica esidiese p ime a-
men e en la Iglesia, segui íase que odos los demás eci-
bi ían la po es ad de la Iglesia, es deci , de la comunidad
y
epública de los c is ianos, como oda po es ad ci il
p ocede de la comunidad.
El consiguien e es also, pues los após oles y sus su-
ceso es no u ie on la po es ad de o os homb es, sino
del mismo C is o ellos, y los o os de los após oles; na-
die la ha ecibido jamás de la Iglesia uni e sal.
— 294 —
También: San Pablo en su ca a a los Gála as da es-
imonio de que él no ué cons i uido Após ol po los hom-
b es en común ni po homb e alguno pa icula , sino po
Jesuc is o y po Dios Pad e.
Lo mismo podían deci los o os Após oles.
O o -a gumen o. Has a aho a no hemos leído que ha-
y
an sido o denados los sace do es po la au o idad y
consen imien o de la plebe, sino po los Pon í ices y P e-
lados, como se lo mandó San Pablo a Timo eo y a Ti o:
No engas en poco la .g acia que hay en i que e ha sido
dada poi- p o cía con la imposición de las manos de 106
p eshi e os
(A Timo eo, cap. IV):
Yo e dejé en C e a pa a
ue a eglases lo que hace al a y es ablecieses p esbí e os
en las ciudades, como yo lo había o denado
(Ca a a Ti o,
cap. 1.)
Y ninguno usu pa pa a sí es a hon a sino el que es
llamado de Dios, como Aa ón
(Ca a a los Heb eos, capí-
ulo 5.)
De Dios,
dijo San Pablo, no de la plebe, co no
quie e el impío Lu e o. Aa on no ué cons i uido po la
plebe, sino po Dios, co no se lee en el Exodo (cap. 28.)
En odas la.s Esc i u as no se lee una sola ez que los
sace do es hayan sido ins i uidos po au o idad y consen-
imien o de los ieles o de la plebe.
San Pablo le dice a Ti o:
A nadie impongas las manos
p ecipi adamen e.
Po an o, no po la plebe, sino po el
Obispo e an c eados los sace do es.
Consecuencia de odo ello es que la po es ad eclesiás-
ica no eside p ime a e inmedia amen e en oda la Igle-
sia, sino en de e minadas pe sonas.
La azón demues a ambién lo mismo.
En la po es ad eclesiás ica se con iene la po es ad de
consag a la sac osan a Euca is ía; pe o, es a po es ad
— 295 —
no eside inmedia amen e en la comunidad, como quie a
que ella no se eje ci a sino median e la consag ación, y
la Iglesia no puede inmedia amen e consag a .
O o a gumen o. La po es ad de pe dona pecados y
de la peni encia no es á inmedia amen e en la Iglesia, pues
po igual azón esidi ía la po es ad episcopal inmedia a-
men e en la diócesis. El consiguien e nadie lo admi e, es
deci , nadie admi e que el pueblo diocesano enga inme-
dia a po es ad episcopal, o que de él de i e la, po es ad
episcopal. Po an o, ni en oda la Iglesia eside aquella
po es ad.
Es o a azón, que en la comunidad domés ica, a sabe ,
en la amilia, la po es ad y la au o idad de egi no es á
inmedia amen e en la amilia, sino en el pad e; aho a bien,
el Obispo es como el pad e en la Iglesia, po que es como
el a on y ma ido de ella. Luego...
Caye ano a gumen a así: Es cie o que la po es ad de
la Iglesia es u o p ime amen e en C is o, Seño de oda
la Iglesia, como en P íncipe de ella, no como en súbdi o y
dependien e de ella; mas, C is o oda ía es cabeza y p ín-
cipe de la Iglesia, pues es á con noso os has a la consu-
mación de los siglos:
Juez de i os y de mue os y i e y
eina po los siglos de los siglos
(Ma ., 28, y Ac ., 10, y
Apoc., 1).
Mas cada uno en su o den, las p imicias de C is-
o; después los que son de C is o que c eye on en su ad e-
nimien o. Luego se á el in: cuando hubie e en egado el ei-
no a Dios y al Pad e, cuando hubie e des uido odo p inci-
pado y po es ad y i ud. Po que es necesa io qae El eine
has a que ponga a sus enemigos debajo de sus pies.
Luego
a C is o, como a P íncipe, co esponde o dena de su le-
gado y de su ica io, y de El se de i a la po es ad de
és e, no de la Iglesia, que de su na u aleza no es seño a
en o den a las cosas espi i uales, sino sie a de C is o,
21
— 802 —
e odos los obispos de la c is iandad se euniesen en un
luga sin ánimo de celeb a Concilio, no hab ía po es ad
alguna eclesiás ica inmedia a en oda aquella muchedum-
b e; pues ni el luga ni la eunión co po al les da la po
es ad, sino su olun ad; po lo cual, como no enían po-
de alguno colec i o es ando cada uno en su p opia p o-
incia, ni lo ienen ampoco es ando en un mismo luga o
en un mismo emplo; de lo con a io, si los obispos de un
mismo eino se euniesen en la co e pa a o ece al Rey
sus espe os, ya hab ía allí concilio.
Y si obje as, que eso es ya esol e que el Concilio no
es supe io al Papa con a el acue do de la Uni e sidad
de Pa ís (pues, si no iene el Concilio o a po es ad que
la de i ada de los Pad es, se sigue mani ies amen e que
no es de mayo pode que el Papa); esponde é, en p i-
me luga , que nada quie o deci aho a de la odiosa com-
pa ación en e el Papa y el Concilio, y en segundo luga ,
que lo dicho has a aquí no epugna con cie o pa ece
de los ad e sa ios ace ca de la p edicha compa ación;
pues de donde quie a eciba el Concilio la po es ad, aun-
que la eciba de los mismos p elados, puede sos ene se (1)
que es mayo la del Concilio que la del Papa, como lo es
la del Concilio P o incial que la de cualquie P elado del
Concilio.
(1) Filosó icamen e. Es deci , po azón de los o ígenes posibles de la
po es ad en el Concilio no pode nos conclui su supe io idad o in e io idad
espec o al Papa.
Es a cues ión de la au o idad compa ada del Concilio
y
del Papa es me-
nes e en ende la.
En p ime luga , no hay Concilio ecuménico posible sin in e ención
pa-
pal, es deci , sin que
el
Papa lo con oque y lo p esida po sí o po sus dele-
gados
y
au o ice los dec e os. Es absu do g ose o exclui de la eunión de la
Iglesia uni e sal a su je e legí imo
y
en el uso legí imo de su po es ad.
Es o supues o, la cues ión de si el Concilio ecuménico no au o izado po-
si i a o con a iamen e po el Papa es supe io al Papa, es ana, po que no
— 303 —
Y si es o no ag ada, puede sos ene se que la po es ad
le iene al Concilio inmedia amen e de Dios; mas no po -
que ep esen e a la Iglesia uni e sal, sino po que es
eunión de odos los P elados de la Iglesia, y ue a legí-
imo Concilio, aunque el es o de los c is ianos disin ie-
sen de él.
Con es a doc ina pueden a eni se bien ambas sen en-
cias ace ca de la compa ación en e el Papa y el Con-
cilio.
Al segundo a gumen o pues o al p incipio se con es a:
Más abajo he de a a la cues ión de a quién co espon-
de la elección pon i icia. Aho a niego que elijan los Ca -
denales en nomb e de la Iglesia uni e sal,-
eligen po dispo-
sición del De echo y del Sumo Pon í ice, co no ambién
se explica á.
En segundo luga a i mo, que, aun supues o que co-
esponda la elección a la Iglesia uni e sal, no es ale-
de a la consecuencia de que la au o idad o po es ad ecle-
siás ica eside inmedia amen e en la Iglesia, y es cla o,
po que no es menes e que engan los elec o es aquella
po es ad pa a la cual eligen, como ocu e con los elec-
o es del Empe ado , y los elec o es de los abades am-
poco ienen au o idad ni dignidad de ninguna especie; lo
hay supues o, no hay Concilio. Tal ocu ió en cie os pe íodos a los o men-
osos concilios de Cons anza y Basilea.
La
cues ión de
si el Concilio legí imo, es deci , con ocado y p esidido po
el
Papa o sus delegados es supe io al Papa, es la que debe en ila se.
Y
•
se dice, que ni el,Concilio es supe io al Papa ni el Papa es supe io al
Concilio, sino que ambas po es ades son iguales en la Iglesia, y po an o
puede el Papa en ende en lo que dec e ó un concilio ecuménico
y
anula lo,
si de disciplina se a a, y puede el Concilio lo mismo espec o del De echo
Papal.
— 304 —
que ocu e es que los
elec o es designan la pe sona a la
que se aplica la dignidad.
Al e ce a gumen o espondo con Caye ano. En p i-
me luga debe sabe se cuál Iglesia se en iende en aquel
luga : «Dilo a la Iglesia». Hablándose allí de la Iglesia a
a la que co esponde oi y juzga , es p eciso que se ome
«Iglesia» o po la Iglesia uni e sal, es deci , po oda la
Iglesia, o po alguna Iglesia pa icula , o indis in amen e
po cualquie Iglesia.
Digo, pues, que no puede en ende se solamen e po
Iglesia uni e sal, po que, cla o es á, que no oy a acudi
al Concilio ecuménico pa a co egi a un he mano. Ade-
más, ambién, po que como se dijo a San Ped o lo mis-
mo que a la Iglesia uni e sal:
Lo que a a es sob e la ie-
a,
e c., no puede nega se que enga ambién Ped o la
misma po es ad que, dicen, ué dada a la Iglesia. Luego,
no puede en ende se allí «Iglesia» solamen e de la Iglesia
uni e sal.
Con mayo azón no se e ie e ampoco a ninguna
Iglesia pa icula , po ejemplo a la de Milán, po que no
es necesa io que a ella ecu amos pa a co egi a un
he mano .
Queda, pues, que se en ienda de cualquie Iglesia in-
dis in amen e, de al mane a que se encomiende a la Igle-
sia el juicio del he mano, sin de e mina és a o aquélla;
mas, como el ac o sigue el ue o del eo, se conc e a el
sen ido a la Iglesia del he mano pecado , sea la p opia,
sea la común y supe io : al es el sen ido cla o de aquel
p ecep o.
Pe o es a po sabe qué se en iende po Iglesia en
aquel luga . Y digo que puede en ende se la eunión de
305 —
odos los ieles. Mas dicen los ad e sa ios que en es e
luga «Iglesia» signi ica la comunidad de los ieles, no en
si misma sino en sus P elados, in e enga el Papa o. no
in e enga. Que no sea és e el sen ido li e al' se mues a
po que en odas las ocasiones es menes e en ende lo del
mismo modo espec o de cualquie pecado ;
y
es cie o
que si el pecado es de la Iglesia de Milán, po ejemplo, si
ha de p ocede se a su co ección, no es menes e acusa -
le
a la Iglesia milanense, es deci , a la comunidad de los
milaneses, es é con ella el obispo o no es é. Po an o
digo, que aun cuando la oz misma «Iglesia» no signi ique
o a cosa que la comunidad de los ieles, no obs an e, po
las palab as siguien es:
Si no oyese a la Iglesia,
e c., y
Cuan o desa a eis sob e la ie a,
e c., cons a que debe ella
oma se po la Iglesia
que iene au o idad.
Y como la
au o idad no la hay sin el P elado, es cie o que no puede
en ende se «Iglesia» po cualquie cong egación sin el
P elado, sino que se comp ende ambién el P elado.
Lo cual se p ueba igualmen e de o a mane a. Pues si
en el nomb e «Iglesia» no se comp ende ambién su P e-
lado, es menes e admi i una de es as dos cosas: o que la
Iglesia pa icula iene po es ad de ju isdicción con a la
olun ad del P elado, o que po nomb e «Iglesia» no se
comp ende la misma comunidad.
Aho a bien. Es cie o que la Iglesia, de la cual se dice:
«dilo a la Iglesia», iene po es ad de excomulga , y así es
cie o que po nomb e «Iglesia» se en iende en aquel lu-
ga su P elado. Y así, deci algo a la Iglesia es deci lo a
su P elado, como el juicio del Obispo es juicio de la Igle-
sia y el excomulgado po el Obispo se dice excomulgado
.po la Iglesia.
Mas se dijo: «dilo a la Iglesia», y no: «dilo al Obispo»,
po que se en ienda que debe deci se al Obispo, no como
— 306 —
pe sona p i ada, sino en el ue o público; y así se dice
en el ue o y en el juicio de la Iglesia.
Declá ase es o, po que la p ác ica de la Iglesia ha sido
siemp e denuncia el pecado del he mano al P elado, y
con es o se en iende cumplido el p ecep o de. deci lo a la
Iglesia.
Y dijo Jesuc is o en plu al:
De e dad os digo que cuan-
desa a eis sob e la ie a,
e c., o po que el juicio de la
Iglesia, aunque se haga po la au o idad de un solo P e-
lado, con odo no debe hace se sino median e muchos; o
simplemen e, po que había de habe muchos P elados y
muchas Iglesias.
Además a i mo con Caye ano que en el ci ado luga de
San Ma eo no pa ece qué se con ie e pode alguno, pues
con aquellas palab as «Dilo a la Iglesia», sólo se manda
la denuncia, y po aquellas o as, «si no' oye e a la Igle-
sia, séa e como gen il y publicano», se o dena el apa a-
mien o.
Po aquellas o as palab as:
«Cuan o desa a es sob e la
ie a...»,
e c., es cla o que no se o o gó po es ad alguna,
pues lo mismo se dijo a San Ped o:
«Cuan o desa a es so-
b e la ie a...»,
e c., y a San Ped o no se con i ió pode
alguno en onces, sino cuando se le dijo:
«Apacien a a mis
o ejas»;
po ellas se signi ica solamen e de cuán a e ica-
cia había de se la sen encia de la Iglesia, pa a la cual no
da en onces C is o po es ad, sino que sólo la p ome e o
la supone.
Po in. Pa a la e dad de aquellas palab as no es ne-
cesa io que la Iglesia eciba inmedia amen e au o idad de
C is o, sino que es bas an e que la eciba de su P elado
o de los P elados eunidos o del Papa; luego en ano in-
en an los ad e sa ios es a po es ad.
De odo lo cual se sigue que de aquel luga de Sán Ma-
— 307
eo no se concluye que haya alguna au o idad inmedia a
po De echo di ino, ni en la Iglesia uni e sal, ni ampo-
co en el Concilio, aun cuando es o segundo puede a i -
ma se p obablemen e en el sen ido explicado a iba.
T a é más la gamen e es e luga , po que los ad e sa-
ios no aen o o pa a demos a que po De echo di ino
ienen la Iglesia y el Concilio Ecuménico po es ad inme-
dia a (I).
Lo con i ma Caye ano, diciendo que en la úl ima Cena
ins i uyó Jesuc is o el Sac amen o del O den y, po an-
o, no pudo habe an es de ella ni obispos ni p esbí e os;
mal pudo, pues, en el luga aquel de San Ma eo, que se
e ie e a hechos an e io es a la Cena, da po es ad al
Concilio, que se o ma de P esbí e os y Obispos.
En pocas palab as esponde é al a gumen o cua o.
No el Papa, sino más bien los o os P elados se lla-
man minis os de la Iglesia; y es cie o que no se llaman
minis os po que ecibie on de la Iglesia su au o idad,
sino o po que si en a la Iglesia o en la Iglesia, o po que
han sido elegjdos po el P íncipe de la Iglesia.
Y es cla o, que aun cuando no se ponga au o idad al-
guna en la Iglesia uni e sal, se llama ían, no obs an e,
minis os de la Iglesia.
Po lo demás, quedeban deci se, lo mismo el Papa que
los demás P elados, más bien minis os de C is o que de
(1) O os luga es a ios de la Esc i u a se aen pa a demos a que el
Concilio Ecuménico es de ins i ución di ina y, po an o, que iene po es ad,
inmedia amen e ecibida de C is o, como la iene el Papa y los Obispos
Todos es os luga es no llegan a engend a ce idumb e eológica, sino sólo
p obabilidad, y aun cuando ue a cie a la ins i ución di ina del Concilio,
no deja ía de se io ambién que no hay concilio ecuménico posible sin con-
oca o ia pon i icia, ni que ca ecen de odo alo sus acue dos que no sean
sancionados po el Papa, ni que el Concilio no es supe io al Papa.
— 308 —
la Iglesia es mani ies o po lo de San Pablo:
Si algo di, en
la pe sona de C is o,
e c. (II Co ., 2); y en o o luga :
Es-
ímenos así el homb e, como minis os de C is o
(I Co ., 4).
Po in. Toda po es ad espi i ual y eclesiás ica es un
don de
Dios pu amen e sob ena u al; y así como los o os
dones, la g acia, la ca idad, la e y la p o ecía no han
sido dadas p ime amen e a la Iglesia, sino a pe sonas
pa icula es, y, sin emba go, hay e en la Iglesia, po que la
hay en los pa icula es de ella, así ambién la po es ad
eclesiás ica ha sido dada p ima iamen e a de e minadas
pe sonas, y po ellas se a ibuye a la Iglesia.
Es una pa aña so ís ica imagina la po es ad eclesiás-
ica en la comunidad, de la que nunca había de usa , sino
que odas las cosas son y siemp e han sido hechas po
los P elados, que sucedie on a los Após oles; como, si
hubiesen sido cons i uidos po la na u aleza mis ma P ín-
cipes en la epública ci il y magis ados su icien es pa a
gobe na la, en ano soña íamos una po es ad inmedia a-
men e esiden e en la epública.
C UESTIÓ N IX
Si la po es ad eclesiás ica es á en odos los
c is ianos.
An es que ayamos a explo a la sólida y legí ima e -
dad, es menes e que excluyamos las opiniones alsas y
adul e inas.
Pa a hace lo más cómodamen e, p opongo nue amen e
la cues ión:
Si
la po es ad eclesiás ica es á en odos j cada
uno de los c is ianos.
— 309 —
Aun cuando odos los au o es ca ólicos es án de acue -
do ace ca la esolución de es a cues ión, no obs an e,
los neo eo izan es he ejes comba en con inc eíble a o-
gancia la doc ina ca ólica, a i mando y oceando que o-
dos los c is ianos son igualmen e sace do es, y que no
hay en la Iglesia g ados algunos de o den eclesiás ico. Y
no es que se es ue cen en p oba lo con abundancia de
azones o de es imonios, sino que iolen amen e acomo-
dado, como es cos umb e de ellos, algún que o o luga
de la Esc i u a a sus p oposiciones, sos ienen obs ina-
damen e su he ejía y p opagan la sec a.
Bas a á, en p ime luga , copia las palab as del im-
p uden ísimo Lu e o en su lib o ace ca de la ab ogación
de la Misa p i ada; dice así:
Todos noso os somos sace -
do es, con el mismo sace docio que C is o, po que somos
c is ianos, es deci , hijos de C is o Sumo Sace do e; ni po
es imonio alguno de la Esc i u a se puede p oba que en el
Nue o 7 es amen o se llamen algunos c is ianos sace do es
apados y ungidos, dis in os de los legos.
Y
en o o luga dice:
Que el niño y la muje y cualquie
c is iano pueden absol e de los pecados.
P e ende p oba odas es as a i maciones con aquellas
palab as de San Ped o:
Mas oso os sois el linaje escogi-
do, el sace docio eal, gen e san a, pueblo de adquisición...
Y oso os mismos, como pied as i as, sed edi icados casa
espi i ual, sace docio san o
(1
Pe ., 2).
Y (sigue diciendo) cons e que Ped o habló en gene al
a odos los ieles, no a los o denados sace do es.
También ae lo de San Juan:
Nos hicis e eino y sace -
do es pa a nues o Dios
(Apoc., 5).
Y:
Mas, se án sace do es de Dios y c is os suyos
(Apoca-
lipsis, 20). Lo cual odo quie e el he eje que haya sido
dicho de odos los c is ianos.
— 310
Añade ambién, y enazmen e de iende, que aquello de
San Ma eo:
Cuan o a a eis sob e la ie a,
e c., se dijo a
odos los c is ianos.
Con a odos los he ejes pongo una conclusión:
Ni odos los c is ianos son sace do es, ni odos
son iguales, sino que hay o den en la iglesia y g a-
dos de po es ad eclesiás ica.
Resol e é es a cues ión con la meno ex ensión po-
sible.
San Pablo (Roman., 12) dice que la Iglesia es un cie o
cue po mís ico o mado de a ios ó ganos y miemb os.
Así como en un solo cue po,
dice,
hay muchos miemb os y
no odos los miemb os ejecu an el mismo ac o, así muchos
somos un solo cue po en C is o y cada uno miemb o los
unos de los o os; mas enemos dones di e en es, según la
g acia que nos ha sido dada.
Y a los Co in ios dijo:
Así como el cue po es uno solo y
iene muchos miemb os, pe o odos los miemb os del cue po,
aunque sean muchos, son un solo cue po; así ambién C is-
o.
Más abajo añade:
El cue po no es un solo miemb o,
sino muchos. Si dije e el pie, po que no soy la mano no soy
del cue po, ¿no es po eso del cue po? Si odo el cue po es
ojo, ¿dónde es á el oído? Si odo el cue po es oído, ¿dón-
de es á el ol a o? Y así, puso Dios a ios miemb os, cada
uno de ellos en el cue po según quiso. Po lo que, si odos
los miemb os uesen uno solo, ¿dónde es a ía el cue po? Mas
aho a hay muchos miemb os, pe o odos ellos son un solo
cue po.
Al p incipio del mismo capí ulo enseñó:
Hay di e-
encia de g acias, pe o hay un solo espí i u; hay di e encia
de minis e ios, pe o uno mismo es el Seño ; hay di e encia de
ope aciones, pe o hay un solo Dios,
e c. (I Co ., 12.)
— 311 —
Ruego -y suplico a los oídos eligiosos y piadosos me
digan: sí odos en la Iglesia somos iguales, ¿cómo hizo
Dios, según San Pablo, a ios miemb os, manos, pies,
ojos, oídos, e c., en el cue po de la Iglesia? Si odos pa a
Lu e o somos ojos, ¿dónde es án los pies? O ¿cómo se á
e dad lo que en la misma epís ola añade San Pablo:
No
puede deci el ojo a la mano «no necesi o de us ob as», ni
la cabeza a los pies «no me haceis
al a»?
Y a la e dad, si oimos a Lu e o, los pies pod án de-
ci a la cabeza «no nos e es necesa ia», pues enseña que
los pies, o sea la plebe, no necesi an de la cabeza, o sea
de los sace do es, sino que odos son sace do es.
Además, en el mismo luga dice San Pablo:
Dios es a-
bleció di e en es g ados en la Iglesia, p ime amen e los Após-
oles, en segundo luga los P o e as, en e ce luga los Doc-
o es,,y
enume a o os g ados de al sue e como si qui-
sie a de p opósi o des ui la a ogancia de aquéllos que
que ían que en la Iglesia odos somos iguales o ambién
ep imi la sobe bia de algunos que, cons i uidos en g a-
do más al o, desp eciaban a los in e io es, o ad e i a la
plebe que no se conside asen de al modo con enidos en
el cue po de C is o, que se juzgasen en e los g ados
eclesiás icos.
Re o zando la misma doc ina, esc ibió a los E esios
(cap. 4): A
unos hizo Dios após oles, a o os p o e as, a o os
e angelis as, a o os pas o es y doc o es pa a la consumación
de los san os en la ob a del minis e io pa a la edi icación del
cue po de C is o.
Además, se lee en San Juan:
Yo Juan i una ciudad
san a, nue a, que bajaba del cielo, p epa ada po Dios como
esposa ado nada pa a ecibi a su ma ido.
(Apoc., 21).
¿Cómo ue a la Iglesia una, si nadie uese magis ado, na-
die mode ado y no hubiese o den de ciudadanos, sino
22
-- 318 —
los Hechos de los Após oles:
Sepa adme a Pablo y a
Be -
nabé,
y se añade:
Imponiéndoles las manos, los
en
ia on,
y,
sin emba go, no se puede duda que ecibió Pablo de C is-
o an a po es ad cuan a ecibie on los demas
A
pós oles-
Así, pues, no pa ece cie o que odos los Após oles
ecibie on de C is o inmedia amen e la po es ad de o den,
po más que de es a po es ad es án muy con o mes los
doc o es.
En cuan o a la po es ad de ju isdicción, g an pa e de
os es c i o es y cie amen e g a ísimos sos ienen que
sólo Ped o ecibió de C is o es a po es ad, y que los de-
más la ecibie on de Ped o.
Lo que p ueban, p ime o, po la au o idad de a ones
nsignes como Anacle o, Cip iano, Agus ín, León, Ale-
jand o y o os, cu
y
as palab as no quie o yo ci a , po que
en ealidad no signi ican lo que los au o es esos les a i-
buyen.
Si alguien desea e las, léalas en To quemada (lib. 2,
cap. 54
,
. Los es imonios de aquellos san os ienden a
p oba solamen e que la au o idad pos e io a Ped o
oma su o igen de Ped o, y que el mismo Ped o ué p ín-
cipe, ya de los o os Após oles, ya de oda la Iglesia.
Mas lo que no pueden con los es imonios in en an p o-
ba lo con la azón. Y es el p ime a gumen o que aen
Los Após oles no ecibie on los súbdi os del mismo C is-
o; luego ampoco la ju isdicción, que no puede eje ce se
sino sob e súbdi os.
P uébase el an eceden e, po que o les dió C is o po
súbdi os a odos los homb es o a de e minados homb es;
no a de e minados homb es como es cla o, pues no nos
dice el E angelio de cuáles pa a cada Após ol; no a odos,
po que hubie a habido muchos pas o es con igual po es-
319 —
ad en la Iglesia, lo que es icioso en odo P incipado:
La muchedumb e de los P íncipes es pe niciosa
y
Todo eino
di idido en sí mismo se á des uido.
Además, que no ha-
b ía un solo ebaño y un solo pas o de la g ey de C is o,
si odos uesen pas o es po igual.
Po in. No se e cómo Ped o hubiese sido P íncipe y
cabeza sob e los o os após oles, si los o os hubiesen
ecibido de C is o po es ad semejan e a Ped o.
Pe o, po que pa ece que el E angelio dice lo con a io,
pongo la siguien e conclusión:
Toda la po es ad que u ie on los Após oles la
ecibie on inmedia amen e de C is o.
P uébase. P ime o. Po que a odos se dijo:
Todo lo que
desa a eis sob e la ie a, e c., y
Haced es o en memo ia de.
mí;
ambién,
Los pecados de aquellos,
e c.; asimismo,
Es-
pa ciéndoos po odo el mundo, p edicad el E angelio a oda
c ia u a;
y en San Juan,
Como me en ió el Pad e, así os
en ío yo a oso os;
y en San Ma eo,
C is o les hizo a o-
dos após oles,
mas como al o icio de após ol co espon-
den ambas po es ades, ambas las ecibie on de C is o.
Segundo a gumen o. Hay que conside a que es co-
sas pe enecen a la dignidad del Apos olado: la po es ad
de gobe na al pueblo iel, la de enseña y la de hace mi-
lag os; lo cual ecibie on odo de C is o los após óles,
según aquellos luga es:
Habiendo eunido Jesús a los doce
após oles, d iles po es ad sob e odos los demonios y pa a
que cu asen en e medades, y les en ió a p edica el eino de
Dios y a sana en e mos
(Luc., 9); y en San Ma eo:
Yendo
a odo el mundo, enseñad a odas las gen es,- bau izándolas
y
enseñándoles a gua da odo lo que os mandé;
y San
Pa-
blo,
en su p ime a ca a a los Co in ios, dice:
El hizo a
— 320 —
los após oles,
lo
cual comen a la Glosa,
c
omple ando la
ase,
O denado es y jueces de odas las cosas.
Po an o, epi o, si C is o hizo a los após oles ales, y
no cabía se al sin ambas po es ades de o den
y
ju is-
dicción, ambas las ecibie on de C is o.
Te ce a gumen o. No pa ece que ecibie on de C is o
los o os após oles meno po es ad que Pablo; pe o, Pa-
blo oda la u o de C is o, como él mismo a i ma, pues
dice a los Gála as que no u o su po es ad del homb e
ni median e el homb e, y dice exp esamen e que
él nada
ecibió de los o os após oles;
y nominalmen e de Ped o
añade:
Los que pa ecía que e an alguna cosa nada me die-
on a mí. Quien hizo a Ped o pa a el apos olado de la ci -
cuncisión, me hizo a mí pa a el apos olado de los gen iles.
Po an o, c eo debe de ende se como cosa cie a que
odos los após oles ecibie on ambas po es ades de
C is o.
Queda po en ila o a duda.
¿Recibie on igual po es ad que Ped o?
Es a cues ión iene ambién de enso es de ambas pa es.
Mas, po que al que le u ge a a cues iones más im-
po an es no le queda iempo pa a es udia los undamen
os de las sen encias con a ias, pongo solo una conclu-
sión en a o de la doc ina que juzgo más e dade a:
Todos los Após oles u ie on la misma po es ad
que San Ped o.
Lo cual lo en iendo de es a mane a, a sabe : que cada
Após ol u o po es ad eclesiás ica en odo el o be y pa a
odos los ac os pa a los que la u o Ped o; mas, no hablo
de aquellos ac os que pe enecen solamen e al Sumo Pon-
í ice, como es la
.
eunión del Concilio gene al.
P uébase es o en p ime luga , en cuan o a la p ime a
— 321 —
pa e, del luga ci ado:
¡ende a odo el mundo,
e c., y
cuan o
desa a eis,
e c., y
Los pecados de aquéllos,
e c., y
Así cómo
el Pad e,
e c. Mas, C is o ué en iado a odo
el o be; lue-
go ambién a odo el o be en ió él a sus após oles.
La segunda pa e, que u ie on los após oles la misma
po es ad pa a odos los ac os pa a los que la u o Ped o,
puede p oba se po lo que dijimos, que la au o idad de
gobe na es de esencia del Apos olado, la cual no pa ece
que es é limi ada, y de la cual i acionalmen e se a i m
que se ex iende a unos ac os y no a o os.
Mas, p incipalmen e se p ueba po los hechos de los
Após oles mismos, que en odas pa es del mundo unda-
ban Iglesias, consag aban obispos y daban leyes con ple-
na po es ad. Ní se sabe, espa cidos ya po el mundo o-
dos los após oles, qué pe enezca especialmen e al Sumo
Pon í ice que no puedan ambién los o os.
San Pablo de endió muy cla amen e que su po es ad e a
igual que la de Ped o.
Tal es la mani ies a doc ina de San Cip ino en su ca -
a a No aciano, ace ca de la unidad de la Iglesia:
Te digo
es o, que cie amen e e an los es an es após oles iguales a
Ped o, do ados del mismo hono y de la misma po es ad.
Y
no iene azón la glosa al deci que es o debe en ende se
solamen e en el o den y dignidad de consag ación, no en
la pleni ud de la po es ad, como puede e cualquie a que
lea la e e ida ca a de San Cip iano.
Mas, pa a que nadie sospeche que quie o de oga algo
de la dignidad, p e oga i a o p imado de Ped o, que no
sólo con esa nos con la Iglesia Ca ólica, sino que de en-
demos igo osamen e, pongo o a conclusión:
Ped o ue
el p ime o en po es ad
y
au o idad
en e
odos
los após oles,
y
p íncipe con sumo
po-
de sob e
la
Iglesia.
— 322 —
Ace ca de es a cues ión han sido
.
esc i os y edi ados
muy g uesos o nos po insignes a ones, y así poco me
ex ende é yo aquí, con en ándome con la ci ación de unos
pocos pasajes del E angelio.
El p ime luga es de San Ma eo (cap. 10):
Los doce
nomb es de los Após oles son és os; el p ime o Simón que es
llamado Ped o...
e c. Y en San Lucas se dice:
Llamó el Se-
ño a sus discípulos y eligió doce de en e ellos, a quienes
llamó após oles, a Simón al cual apellidó Ped o, a And és
su he mano,
e c. Y po el mismo o den se nomb an en
San Ma cos.
Aho a bien; po ninguna o a azón que po su mayo
dignidad pudo se nomb ado el p ime o Ped o, pues po
el o den de la ocación ué el p ime o And és, he mano
de Ped o. Más oda ía: And és, ya llamado po C is o,
llamó a Simón su he mano y le dijo «hemos hallado al Me-
sías» y le condujo a Jesús.
Es, po an o, el dicho insigne es imonio cla ísimo del
odo pa a cualquie en endimien o no e ac a io y obs-
inado.
Además. A la p egun a de Jesuc is o en San Ma eo
(cap. 16), silenciosos y acilan es los demás após oles,
espondió Ped o:
Tú e es C is o, hijo de Dios i o.
Al cual
con es ó el Seño :
Biena en u ado e es Simón Ba jona, po -
que la ca ne y la sang e no
e c.,
sino mi Pad e,
e c.
Y e
ligo que ú e es Ped o y sob e es a pid a edi ica é mi Igle-
sia y e da é las lla es del eino de los Cielos.
Cie amen e,
has a pa a un ciego es cla o que, p emiando an p ecla a
con esión, algo se p ome ió a Ped o, supe io a lo del
es o de los Após oles.
Además. En o o luga se lee:
Yo oga é po i,
y ú,
con e ido ya, con i ma a us 'he manos
(Luc., 20).
Tampoco es más obscu o aquel luga de San Juan, en
— 323 —
el cual, habiéndole p egun ado el Seño a San Ped o dos
eces si le amaba más que los o os após oles, como
quie a que él le con es ase que sí le amaba, le dijo el Se-
ño ambién dos eces:
Apacien a a mis o ejas, apacien a
a mis co de os.
Es de homb e pequeño y de pe e so in-
é p e e nega que en aquel luga quiso C is o p emia el
mayo amo con mayo au o idad.
De esos luga es se deduce que ué con e ido a Ped o
odo el pode sob e la Iglesia. Y si a Ped o se negó ¿a
quién se dió?
De donde, aun cuando, como se ha dicho, los o os
Após oles u ie on igual po es ad que Ped o en el sen i-
do explicado a iba, no obs an e, la po es ad de Ped o
e a más eminen e po las siguien es azones: po que la
po es ad de Ped o ué o dina ia, la de los o os Após o-
les ex ao dina ia; po que la po es ad de Ped o había de
pe se e a en la Iglesia, no así la de los o os; po que la
po es ad de los o os Após oles no e a sob e Ped o ni
sob e sí mu uamen e, la de Ped o, en cambio, e a sob e
la de los o os Após oles; po que la po es ad de los o os
es aba subo dinada a la au o idad de Ped o, pues hubie-
a p e alecido su au o idad con a la au o idad de odos.
Mas, pa a decla a mejo aquel luga :
Apacien a mis
co de os,
sea es a úl ima conclusión ace ca de es a ma-
e ia:
Apa e de los sag ados Após oles, no pa ece que
o o alguno ecibie a po es ad eclesiás ica inme-
dia amen e de C is o.
Pues si algún o o la hubie a ecibido, p incipalmen e
hab ía sido del núme o de los se en a y dos discípulos;
mas, no pa ece que alguno de és os la hubiese ecibido:
luego, de nadie es e osímil que la haya ecibido,
De los se en a y dos se p ueba, po que en ninguno de
- 324 --
los luga es donde se con ie e po es ad se hallaban los dis-
cípulos. Luego.
Además, José, apellidado Banabas, e a uno de los dis-
cípulos, y sin emba go, se dice (Ac ., 4), que después de
la ascensión del Seño e a le i a, y no es c eíble, pues o
que las ob as de Dios son pe ec as, que, si alguna po es-
ad eclesiás ica le hubiese con e ido C is o, le hubie a he-
cho solamen e le i a.
Y Felipe, que p edicó a los sama i anos y bau izó al
eunuco de la eina Candace, no ué Felipe Após ol, como
piensan muchos, y no sin causa, pues que con el bau is-
mo de él no ecibían los sama i anos el Espí i u San o,
sino que dicen que ué uno de los sie e diáconos de que
se habla en los Hechos de los Após oles (cap. 6 y 21). Y
así dice San o Tomás que, aun cuando lo con a io pa-
ezca deduci se de San Juan, es indudable que es e Felipe
e a del núme o de los se en a y dos, que e an los más
p es igiosos y dignos p edicado es y minis os del E an-
gelio después de los Após oles, pá a el cual minis e io
habían sido escogidos los se en a y dos discípulos; y sin
emba go, no e a sace do e, sino solamen e diácono. Más:
Aquellos sie e diáconos que ue on elegidos pa a admi-
nis a a las masas, se c ee que ue on del núme o de los
discípulos, pues no de los neó i os se iban a oma pa a
es e minis e io, y sin emba go, no e an p esbí e os y, po
an o, no enían po es ad alguna espi i ual.
Luego, los se en a y dos discípulos ni ue on o dena-
dos po C is o ni u ie on po es ad alguna eclesiás ica
que a aneja al o den.
Queda, pues, i me la p oposición de que nadie ecibió
po es ad eclesiás ica alguna de C is o ue a de los Após-
oles.
Tal es el p ime o igen de la po es ad eclesiás ica; pues
— 325 —
ue on los após oles los p ime os, y sólo ellos, que e-
cibie on po es ad del mismo C is o, Seño y Reden o
nues o.
Fal a a a de qué mane a ha llegado has a noso os
es a po es ad y pe se e a en la Iglesia, y así hab emos
e minado la cues ión que nos p opusimos ace ca del su-
je o de la po es ad eclesiás ica.
Sea, pues, de es o la p ime a conclusión: .
La po es ad eclesiás ica no sólo es u o en los
Após oles, sino ambién en o os.
P uébase po la Esc i u a. San Pablo consag ó obis-
pos a Ti o y Timo eo, como se lee en sus ca as, a es-
os obispos les da p ecep o y explica el modo de o dena
p esbí e os. Además, habla Pablo a los
p esbí e os
del
Asia. San Juan en el Apocalipsis ecue da
al
obispo
de
Laodicea, e c. Luego, además de los Após oles, o os u-
ie on ambién po es ad eclesiás ica.
Segunda p oposición:
Mue os los Após oles de C is o, pe se e ó en la
Iglesia oda la po es ad de o den y de ju isdicción,
que p ime amen e es aba en los Após oles.
P uébase. Los g ados de la po es ad eclesiás ica ue-
on ins i uidos po C is o, no sólo pa a los iempos apos-
ólicos, sino pa a odo el iempo en que había de du a la
Iglesia. Po an o, mue os los Após oles pe se e a on
en ella.
El an eceden e es cla o po la ca a de San Pablo
a
los
E esios:
El hizo a unos após oles, a o os pas o es y doc o-
es pa a la consumación de los san os en 10 ob a del minis e-
io pa a la edi icación del Cue po de C is o, has a que odos
ll
eguemos en la unidad de la e y del conocimien o del Hijo
— 326 ---
de Dios a a ón pe ec o, según
la medida de la edad
cum-
plida
de C is o.
Del cual luga se deduce que lbs g ados de la Iglesia
han de pe se e a has a el úl imo juicio y esu ección de
los mue os.
O o a gumen o se hace de aquello de San Pablo a los
Heb eos:
T asladado el sace docio, es menes e que se as
Vade la ley.
Luego, pe dido el sace docio, se pie de am-
bién la ley. Po an o, si no hubie a en la Iglesia sace -
docio ins i uido po C is o, no hab ía ley de C is o. Aho-
a bien: la ley de C is o es e e na, pues es su es amen o
e e no:
Les da é o o es amen o e e no
(San Pablo a los
Heb eos, 13), y en el cap. 4 de la misma ca a llama a
la ley de C is o ley sempi e na. Luego, es menes e que
pe se e e el sace docio ins i uido po C is o, y en el
sace docio se en iende y encie a oda po es ad espi i-
ual.
Además. No ue a C is o sace do e e e no, como le lla-
man el P o e a y Pablo, si su sace docio hubie a de pe-
ece ; pues no es C is o sace do e sino en la Iglesia.
O a azón: Hay p ecep o en la Iglesia de ecibi la Eu-
ca is ía:
Si no comie eis,
e c. (San Juan, 6); pe o sin sa-
ce docio no ue a posible la consag ación de la Euca-
is ía. Luego...
Po in. Cons a po lo menos que los Após oles deja-
on Obispos y p esbí e os,
y
que la po es ad de és os no
expi ó mue os los Após oles. Luego hubo po es ad ecle-
siás ica en la Iglesia, aun mue os los Após oles.
Te ce a p oposición.
Toda la po es ad de o den se de i ó en la Iglesia
y depende de los Obispos.
Quie o deci , que así como los Após oles, y ellos solos,
pudie on o dena
y
consag a p esbí e os y o os minis-
— 327 —
os de la Iglesia, así odos y solos los Obispos ienen
es e pode po de echo di ino.
Que los Obispos engan es a po es ad, se p ueba po
aquello de San Pablo a Timo eo:
A nadie impongas p eci-
pi adamen e las manos,
lo cual en ienden los san os de la
o denación de los
p esbí e os.
Además, a Timo eo le ense-
ña el após ol a quiénes debe o dena p esbí e os. Y a Ti o
le dice:
Te dejé en C e a pa a que a eglases lo que al a
y
o denases p esbí e os en las ciudades.
No hay duda alguna en e los ca ólicos de que los
Obispos ienen es a po es ad.
Que sólo los Obispos la engan pa ece cie o, po que
nunca leemos que hayan sido hechas las o denaciones
sino po los Após oles y po los o os Obispos.
En los Hechos de los Após oles se lee que, habiendo
Pablo y Be nabé o denado p esbí e os en Lis ia, en Ico-
nio y en An ioquía, se ma cha on.
San Dionisio, discípulo de los Após oles, y Synch ono
en el lib o de la Je a quía Eclesiás ica, donde habla co-
piosa y di usamen e de la disciplina eclesiás ica enseña-
da po los Após oles, sólo a los Pon í ices conceden el po-
de de o dena a los minis os de la Iglesia, y añaden que
el San o Oleo con el que son o denados los p esbí e os,
po nadie puede se consag ado que po el Obispo.
O a azón: La po es ad de o den es de de echo di i-
no; luego no deben a ibuí sela sino aquellos a quienes
cons a que ha sido po de echo di ino o o gada, como
son sólos los Obispos. Luego, e c.
Po in. La cos umb e de la Iglesia uni e sal ha sido
siemp e que sólos los Obispos hagan las o denaciones;
lo cual es a gumen o g a ísimo, pues lo que nunca se
hizo es que ni ué líci o hace lo ni pudo hace se.
Po an o, es impío y he é ico deci o c ee lo que
1 ( 3
23
- 334 --
o, o al menos g an ocasión de cismas si po odos los
obispos. Luego e a necesa io que po alguna ley se man-
da a una mane a de elección.
Una duda hay ace ca de esas conclusiones.
El Obispo de Roma es Sumo Pon í ice. Luego, supues-
o que Ped o mu iese, al aba el cle o omano pa a elegi
el Obispo Romano, y, po an o, el Sumo Pon í ice.
Y au-
men a
la duda an e el hecho his ó ico de que o el cle o o
el pueblo omano elegían alguna ez el Sumo Pon í ice.
En p ime luga , si es el Obispo de Roma, po de echo
di ino, Sumo Pon í ice, lo a a emos más abajo si queda
iempo (1).
En segundo luga , digo, que si el cle o o el pueblo o-
mano u o alguna ez es e de echo de elegi Sobe ano
Pon í ice, ué ello cie amen e o po ley dada ace ca de
es o o po cos umb e ecibida, mas no po de echo di i-
no; pues, hecha la elección po el cle o omano, si los
obispos c is ianos a i icaban la elección, pudo se es o
bas an e pa a que se conse ase po
algún
iempo aque-
lla o ma de elección.
Décima p oposición:
El Biena en u ado Ped o pudo designa se suce-
so , quien, mue o él, ue a Sobe ano Pon í ice sin
o a elección.
Es a p oposición no la eciben algunos eólogos, que
son menos de o os de la dignidad Pon i icia que
lo ,que
(1) Es de e que el Romano
Pon í ice
es el suceso de
Ped o. Sí la ins i u-
ución
en Roma de la sede pe pe ua de Ped o ué
po de echo di ino
es lo
que no sabemos cie amen e.
— 335 —
co esponde a esc i o es c is ianos y po o a pa e pia-
dosos.
Se p ueba en p ime luga po el hecho de Ped o, el
cual en ida eligió Pon í ice a Clemen e, como na a en
el capí ulo
Si Pe us
Juan III que i ió en iempo de Jus-
iniano.
Pe o ambién
se
p ueba po un muy cla o e i e u able
a gumen o.
Como a iba se ha p obado, podía Ped o da leyes
ace ca de la elección pon i icia; aho a bien, hab ía podi-
de da es a ley, a sabe : que el Pon í ice i o eligie a su-
ceso ; y aún digo que al ley hab ía sido con enien ísima
pa a e i a cismas y ambiciones. Asi como en e los o-
manos, cuando oda ía du aba la magis a u a consula ,
elegían unos cónsules a o os suceso es suyos, ¿po qué
no podía ocu i es o con el Sobe ano Pon í ice?
Además. Pudo Ped o da la ley de que un Obispo
se
nomb a a en ida suceso ; ¿po qué no pudo da la aná-
loga ace ca de la elección pon i icia?
Y síguese de aquí, que o o an o puede cualquie suce-
so de Ped o, po que iene la misma po es ad.
Undécima p oposición:
El modo de elegi Sumo Pon í ice que hoy se
ob-
se a
en la
Iglesia no es de de echo di ino.
Es cla a es a p oposición po lo que an ecede, po que,
excluída la ley eclesiás ica, co esponde la elección a
los
Obispos.
Además. No hemos hallado al o ma en odo el De e-
cho di ino.
También. Los suceso es de Ped o pod ían cambia
la
ley ac ual, como se ha dicho.
Asimismo. No siemp e se ha hecho la elección
p
on i i •
cia de la misma mane a.
-
336 -
Po in. Po que el o den de los Ca denales, que son
ac ualmen e los elec o es pon i icios, no es de De echo
di ino.
Ul ima p oposición:
La o ma de elegi Sumo Pon í ice es po cons-
i ución y au o idad de la Iglesia o de los Sumos
Pon í ices, que es la misma, y puede se cambiada
po la misma au o idad.
Es a es la azón y o igen po el cual la au o idad
y
dignidad del biena en u ado Ped o llegó has a noso os
y ha de du a has a el in de los siglos.
Fal a a a de los suceso es de los o os Após oles,
ace ca de lo cual a la p ime a p oposición:
Nadie sucedió a los o os Após oles con igual
po es ad y au o idad de ju isdicción.
Es deci , nadie sucedió a los Após oles de al sue e
que en odo el mundo u ie a pleni ud de po es ad como
se ha dicho la u ie on odos los Após oles.
Se p ueba p ime o po la His o ia. De ninguno leemos
que se po ase co no Obispo de oda la Iglesia Uni e -
sal, a excepción del Romano Pon í ice, sino que los inme-
dia os suceso es de los Após oles se llama on espec i-
amen e Obispo de Je usalén, de An ioquía o de o a
ciudad.
Segundo, Po que aquella po es ad uni e sal en los
o os Após oles ue ex ao dina ia
y
pe sonal, como se
ha dicho, y sólo la po es ad de Ped o ué o dina ia y ha-
bía de du a has a la consumación de los siglos. Y de la
Iglesia nadie ecibe an amplia po es ad, la cual (1) sin su
(1) La Iglesia.
— 337 —
cabeza nada puede; ni del Sumo Sace do e ampoco, pues
ni
Ped o ni Clemen e (1) leemos que sus i uye an po na-
die a ningún Após ol con la pleni ud de la po es ad de
és e.
Te ce o. Hab ía g an con usión y ocasión de cismas
en los suceso es, que no es án como los Após oles con-
i mados en g acia, si cada uno no u ie a pa a gobe -
na una p o incia dis in a.
Segunda p oposición:
Cualquie a de los o os Após oles que no e an
Ped o podían deja suceso , no uni e sal, pe o si
en la p o incia que hubiesen que ido; el cual suce-
so hab ía sido e dade o Obispo de aquella p o-
incia.
Sé muy bien que es a p oposición no ha de ag ada a
odos los Doc o es Teólogos y Ju is as, ni hubie a ag a-
dado ampoco a To quemada ni a Caye ano. Pues odos
ellos se han pe suadido siemp e de que oda po es ad de
;u isdicción de al mane a depende del Romano Pon í ice,
que nadie puede ene ni siquie a la meno po es ad espi-
i ual que no sea delegada de él, o ac ualmen e o po el
de echo; eso en ienden después de los Após oles que e-
cibie on po singula p i ilegio de C is o su. po es ad, la
cual nadie más puede ecibi sino de Ped o.
Mas yo p uebo la p oposición mani ies amen e.
P ime o. Cualquie Após ol pudo en ida c ea Obis-
pos en cualquie p o incia, y odos los que c eaban no
pe dían su au o idad mue o el Após ol. Luego pudo de-
la suceso . Se p ueba el an eceden e, po que Pablo c eó
a Ti o y a Timo eo, y o o an o hicie on o pudie on ha-
ce los o os Após oles. Nadie puede nega es o.
(1) En
cuyo iempo mu ie on los Após oles odos,
- 338 -
Mas digo que mi p oposición es e dade a en el sen-
ido mismo en que de endemos que Ped o podía deja se
suceso , a sabe : que el elegido no u ie a po es ad sino
después de mue o el Após ol; y así pudo Juan nomb a
en Asía a Ignacio, que ue a Obispo en aquella p o incia
después de él.
P uébase es o, po que, como no niegan los ad e sa-
n'os, los Após oles u ie on en ida igual po es ad que
Ped o; luego pudie on da la ley de que en ida pudiese
el Após ol elegi se suceso ; luego pudie on en i ud de
al le elegi se cada Após ol suceso . No pueden duda del
an eceden e los que conceden que odos los Após oles u-
ie on igual po es ad que Ped o. Y si Ped o podía da al
ley en las p o incias, ¿po qué no hab ía podido Pablo?
Además, que es cie o que no necesi aban los o os
Após oles el manda o de Ped o pa a odo lo que ue a ne-
cesa io en las p o incias, y, po an o, mi p oposición no
sólo me pa ece p obable, sino indudable.
Te ce a p oposición:
No sólo los Após oles pudie on deja se suceso ,
sino cualquie suceso de ellos pudo hace lo mis-
mo.
Po la segunda p oposición es cla a és a, pues dada
po Juan o po Pablo, po ejemplo, la ley de que
el
Obis-
po eligie a en ida su suceso , hubie a podido Ti o nom-
b a a o o.
Y añado más (lo que pa ece más di ícil, pe o no es
me-
nos
cie o) que aun cuando de es o no hubiese dado ley
alguna Pablo, pudie on Ti o y Timo eo nomb a se suce-
so sin consul a al suceso de Ped o; y lo mismo digo
de odos los demás Obispos.
Se p ueba.
Po que el Obispo es pas o y gobe nado de su P o-
— 339 —
incia po de echo di ino; luego si po una po es ad su-
pe io no es impedido, puede hace odo aquello que co-
esponde al bien de su P o incia. Aho a bien: pudo se
muy con enien e en aquel iempo que, i iendo el Obispo,
se nomb a a suceso ; luego pudo hace lo cualquie Obis-
po y aun da ley, que de es e modo se ob ase pe pe ua-
men e.
¿Po qué azón sos enemos que el Obispo puede da
leyes ace ca de la elección de los abades y de los pá-
ocos, y no puede da las ace ca de la elección epis -
copal?
Con i mase ello po que no sólo pa ecía en aquel iem-
po posible y con enien e es o, sino del odo necesa io.
Pues, mue o un Obispo en los ex emos de la Indii3,
¿cómo se hubiese podido espe a el manda o de Ped o
pa a elegi nue o Obispo?
Todo es o en cuan o a la po es ad de ju isdicción.
Pues, en cuan o a la po es ad de o den, si el Episcopa-
do dice o den y po es ad dis in a del p esbi e ado y dis-
in a de la ju isdicción, como eo que ag ada a casi o-
dos, ué menes e que, apa e de la elección, hubie a algu-
na consag ación, lo mismo pa a ins i ui al Papa que a
los Obispos; mas, la consag ación és a pudo hace la
cualquie Obispo, consag ando en ida a su suceso , y
aun, mue o un Obispo, pudo el Obispo de cualquie o a
p o incia o dena al suceso elegido y nomb ado an e-
io men e.
Ul ima p oposición:
Cualquie Obispo pudo en su p o incia da la ley
de que los p esbí e os eligie an el Obispo, o man-
da o a o ma de elección, aun sin consul a la
Sede de
Ped o,
Se sigue de las an e io es.
— 340 —
Todo Obispo pudo en su P o incia da leyes, lo mismo
de es o que de odo lo demás.
He aquí el modo y o ma cómo la au o idad y dignidad
episcopal pudo de i a se sucesi amen e de un Obispo a
o o has a noso os, y de los Obispos p ocede oda o a
po es ad in e io .
No obs an e odo lo cual, pa a que nadie me acuse de
que quie o me ma la dignidad de la sede omana, pongo
una conclusión inal.
Los suceso es de Ped o pudie on y pueden a su
a bi io c ea obispos en cada una de las P o in-
cias y anula las leyes an e io es ace ca de es a
ma e ia, y da o as nue as y di idi p o incias y
1:3.ce a juicio suyo, y según su po es ad, odo lo
pe enecien e
a es o. Todo lo dicho en an e io es
p oposiciones debe en ende se, supues o que no se
p o ea de o o modo po la Sede de Ped o.
Y
es cla o.
A Ped o se le dilo absolu amen e:
Apacien a a mis o e-
las,
sin excepción alguna. Luego a Ped o co esponde
oda la adminis ación sin limi ación, y, po an o, am-
bién la c eación de los Obispos. Si, pues, cualquie a de
los o os após oles podía es o y lo hicie on, como cons-
a, mucho más podía hace lo. Ped o y los suceso es de
Ped o...
De lo cual se desp ende un co ola io; que hoy no pue,
den nomb a se los Obispos, sino según la o ma p es-
c i a po los Sumos Pon í ices, y si se in en a a ob a de
— 341 —
o o modo, odo se ía nulo y ano; digo, en cuan o a la
ju isdicción, no así en cuan o al o den.
Síguese en segundo luga , que oda la po es ad ecle-
siás ica, ya de o den, ya de ju isdicción, media a o inme-
dia amen e depende de la Sede Apos ólica. Y es cla o,
po que de aquella Sede dependen los obispos,
y
de los
obispos los p esbí e os y odas las ó denes y po es ades
in e io es.
,.
APÉNDICE
El apéndice a la Relección del Ma imo-
nio a que se alude epe idamen e en el omo,
se publica con independencia de la "Biblio-
eca„.