Re is a de Filología de la Uni e sidad de La Laguna, nº 17, 1999, págs. 739-752
LA CLASE DOMINANTE PALESTINA
EN AL-S
.UBBA
-R, DE SAH
.AR JALI
-FA
CLARA Mª THOMAS DE ANTONIO
Uni e sidad de Se illa
Sah
.a Jali
- a es una g an no elis a pales ina nacida en Nablus en 1941. T as om-
pe con un ma imonio impues o, decide con inua sus es udios, se licencia en la
Uni e sidad de Iowa en 1988 y eg esa a su ie a pa a abaja como di ec o a del
Cen o de Asun os de la Muje en Nablus y Gaza. Es au o a de 5 no elas1 en las
que analiza la sociedad pales ina de Cisjo dania y, en e los muchos aspec os in e-
esan es que plan ea, des aca uno que in i a a una p o unda e lexión: el papel de
la clase dominan e y su esponsabilidad en la ac ual si uación. Al se imposible
ecoge aquí odos los ma ices que e leja en sus no elas, nos ceñi emos a La
chumbe a (Al-s
.ubba
- , 1976)2, donde desc ibe la si uación de los pales inos en
Nablus a los cinco años de la Ocupación is aelí —ocu ida as la gue a de Junio
de 1967—, su in e acción con Is ael, el cambio social y el con lic o gene acional.
El a gumen o es el siguien e: Usama al-Ka ami es un pales ino de Tulka m que
o ma pa e de la Resis encia y ha pasado cinco años en los países pe olí e os.
Reg esa a Nablus pa a lle a a cabo una misión: dinami a los au obuses de los
ob e os pales inos que abajan en Is ael. Pe o comp ueba con ho o que la so-
ciedad se ha acomodado a la p esencia is aelí. T as in en a comp ende los cam-
bios, con ence de sus e o es a su p imo Adel, que aho a abaja en Is ael, y
man ene una ue e lucha in e io po que Adel pod ía se íc ima de su misión, la
lle a a cabo, mu iendo en la acción. A consecuencia de es e sabo aje, los is aelíes
dinami an el palace e de la amilia de Adel, po que Basel, su he mano meno , se
ha unido a la Resis encia y ha ayudado a Usama.
Jali
- a e a a, con habilidad y sin ningún maniqueísmo, una ica ipología de
pe sonajes de la compleja sociedad pales ina: amilias de no ables, come cian es,
ob e os o jo nale os; miemb os de la Resis encia, homb es que abajan en Nablus
o en Is ael, amas de casa, uni e si a ias, chiquillos que agan po las calles o que
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an a la escuela...También señala las di e encias en e la sociedad an e io a la
Ocupación y la pos e io . Aunque la acción es á p o agonizada po Usama y Adel
—como polos opues os en su o ma de en ende la lucha po Pales ina—, la gama
de pos u as es muy amplia y ma izada. Y en la si uación a la que se ha abocado
ienen mucho que e quienes han de en ado o de en an en esos momen os el
pode social, económico o polí ico, sea en el exilio, en Is ael o en la p opia
Cisjo dania.
An es de la Ocupación, la sociedad pales ina de Nablus es aba di idida bási-
camen e en una clase dominan e y una clase popula ; y 5 años más a de aún
pe sis en cie as ac i udes he edadas: «en la o icina [de la jabone ía] los no ables
se eunen a habla y no hace . El es o de las c ia u as, en las calles, hacen y no
discu en. Nada ha cambiado» (p. 31). Pe o las cosas es án cambiando, como seña-
la Adel —hijo de un no able a uinado; aho a abaja en Is ael— en su con e sa-
ción con Abu Sabe , ob e o que acaba de pe de los dedos de la mano:
- ¡La uina de mi casa, Adel! ¡La de echa! [...] Tú no conoces el sabo del
hamb e; no sabes lo que es el pa o.
- Cla o que lo sé. [...]
- No e en ades conmigo, hijo [...], pe o es la e dad: ú, po mucho que pase el
iempo, segui ás siendo el hijo de Ka ami, conocido po odos. Y segui ás e-
niendo las pue as abie as; las pue as de los icos, las pue as de los bancos,
las pue as del cielo. [...]
- Te equi ocas. Nadie da sin ecibi a cambio. Tampoco los bancos. Ni Dios. Y
a mí no me queda nada que da : el hue o es á hipo ecado y la casa es mano
mue a de odos los Ka ami. No me queda sino es e b azo (pp. 60-61).
La mayo ía de la población se ha acomodado a las nue as ci cuns ancias,
pues los jo nale os y ob e os que abajaban en Cisjo dania aho a han is o ele a-
do su ni el de ida abajando en Is ael, como ase e a Abu Sabe a Adel: «¿Mala
ida? Su icien e mala ida hemos enido. Aho a i imos como i ís oso os, los
seño i os dis inguidos» (p. 55).
En el e eno social, la amilia más ep esen a i a de los no ables de Nablus
es la de Adel al-Ka ami, que compa e con Usama el p o agonismo de La chum-
be a. A a és del análisis de es a amilia pod emos obse a la e olución que
1. Ha publicado No somos ya ues as escla as (Lam nacu
-d yˆawa
- i
- la-kum, 1974), La
chumbe a (Al-s
.ubba
- , 1976), El gi asol (cAbba
-d al-šams, 1980), Memo ias de una muje
i eal (Mudakki a
- im a
-’a gay wa
-qici
-ya, 1986) y El callejón de Ba
-b al-Sa
-h
.a (Ba
-b al-
Sa
-h
.a, 1990).
2. Pa a ello segui emos la e sión de Ja ie Ba eda i ulada Cac us (Ed. X alapa a, Ta alla,
1994). La página señalada as cada ci a li e al se e ie e a es a e sión. Y en la expo-
sición usa emos los nomb es p opios y los opónimos al como apa ecen en ella.
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su e y el con lic o en e la gene ación de los pad es y la de los hijos, en la que
ambién hay di e en es pos u as. Es a amilia es á compues a po nue e miem-
b os: el pad e, la mad e, seis hijos y la abuela. El pad e es un no able iejo y
en e mo que posee un e us o palace e y una inca hipo ecada. La mad e es un
ama de casa adicional some ida a su ma ido. Adel, el hijo mayo , di ige la inca
amilia , pe o, al deja le los jo nale os, ha enido que busca abajo en Is ael con
o os ob e os, como Abu Sabe y Zuhdi, sin decí selo al pad e. Nawa , hija dócil
y sumisa, ayuda en la casa, es udia pa a se maes a y es á enamo ada en sec e o
de un p eso pales ino. Basel es un inquie o es udian e de secunda ia que acaba po
in eg a se en la Resis encia. De los es pequeños y la abuela poco dice la au o a.
La amilia de Adel, aunque a uinada as cinco años de ocupación, i e en
un palace e que aún o ece los asgos de su an iguo esplendo :
E a és a una casa g ande, un palace e de los de las gene aciones an e io es:
columnas de má mol, echos abo edados, un pa io abie o pa imen ado con
g andes pied as, una albe ca odeada de limone os y ies os de jazmín y ucsias.
O opeles á abes en las pa edes, candiles de c is ales colo eados, cajas a aceadas
en náca . Pe o el iempo lo había menoscabado odo (pp. 37-38).
El palace e iene a ios pisos. En la plan a baja es á el pa io y la sala en la que
el pad e p eside el «Consejo» y se en e is a con los pe iodis as. En la plan a
supe io es án los do mi o ios y el comedo amilia ; y desde ella se accede a la
azo ea que co ona la i ienda. Desde el pa io se baja a un só ano que lo comunica
po un pasadizo con la Mezqui a Mayo . Pe o «ya no había se idumb e, pues los
ob e os llenaban las áb icas de Is ael, y el sueldo del ob e o es simila al del
seño » (pp. 37-38). Es una i ienda inadecuada e insos enible, como dice Nawa :
Es a casa siemp e es á sucia. Sin emba go, la gen e sigue que iendo ene casas
como és a: una moda an igua que no se adap a al espí i u de los iempos que
co en. Es a casa necesi a al menos es c iados, y la única c iada en la casa soy
yo. [...] Es a casa es una calamidad que padezco yo sola (p. 41).
La gene ación mayo es á ep esen ada po el pad e de Adel que, aun achaco-
so, eje ce su op esi a au o idad pa ia cal an o en el ámbi o amilia como en el
social. Dependien e de un cos oso iñón a i icial, a de mal en peo , pe o hace la
ida imposible a su esposa y a sus hijos:
- ¡Basel!- g i ó el pad e, escupiendo su impo encia.
Basel en ó con desgana en la habi ación.
- ¡Umm Adel! -g i ó de nue o.
La muje dejó lo que enía en e manos en la cocina y co ió al do mi o io.
- `¿Quién ha es ado jugue eando con el apa a o? —g i aba el pad e colé ico—
¡Siemp e es áis jugando con mis cosas! Los pequeños en an en la habi ación
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sin que nadie los igile. Un día an a ompe el apa a o delan e de ues as
na ices sin que mo áis un dedo. Yo sé lo que que éis: que éis lib a os de mí.
Basel salió p o i iendo maldiciones. Se pa ó an e Adel y le p egun ó:
- ¿Cuándo se lo lle a á Dios y descansa emos de él? [...]
- ¿Y mis ga as? — ol ió a g i a el pad e — ¡Nawa ! ¿Dónde es á Nawa ?
Nawa en ó co iendo y salió as unos minu os, expelida po el o en e de
g i os.
- ¡Es a casa es un bu del! ¡Nada o denado, nada limpio, nada cómodo! ¿Y qué
hacéis oso os? ¡Nada!
Nawa se de u o en e a Adel y señaló hacia la habi ación apes ada:
- ¿Y qué hace él sino con e i en un in ie no la ida de cada uno de noso os?
(pp. 216-217).
Todos le emen: la mad e no echis a, Adel no le dice que ha abandonado el
hue o y abaja en Is ael, y Nawa le ocul a su amo hacia un p eso pales ino, al
que isi a y esc ibe. Sólo Basel, cuando ya colabo e con la Resis encia, acaba á
po hace le en e:
Basel aguan aba la mi ada de su pad e con la suya ca gada de odio y desa ío.
- ¿Habéis is o cómo me mi a es e niño ebelde? —b amó el pad e— ¡Niño,
baja los ojos y no mi es con ese desca o! ¡Gene ación bas a da! ¡Dios maldiga
a quien puso su semilla!
- Usama no es un pe seguido de la Jus icia po la simple azón de que no hay
Jus icia en absolu o.
- Vaya, aya — ió el pad e i ónicamen e—, así que el niño iene lengua pa a
habla . ¿Así que ésas enemos? [...] ¿de dónde has sacado esa genialidad?
- Soy hijo de mi pad e — espondió Basel en el mismo ono.
- ¡Niño! ¡Le án a e y desapa ece de mi is a!
- Tengo hamb e. Quie o come .
- ¡Le án a e y desapa ece de mi is a po que no as a come !
- Déjale que coma, pad e —in e ino Adel, in en ando anquiliza los áni-
mos—. Si quie es cas iga le, hazlo con o a cosa. El niño es á muy delgado y
necesi a come . Además, es á en época de exámenes [...]
El pad e eculó un poco:
- Desde que salió de la ca cel, es e niño se ha uel o un des e gonzado. Allí
ap endió a se g ose o. No soy esponsable de los p oblemas que nos pueda
aca ea . Pe o escucha una cosa: cuando es és en mi p esencia más ale que e
compo es mejo y hables educadamen e, ¿en endido? (pp. 222-223).
También se á el pad e quien concie e el ma imonio de su hija según el sis e-
ma adicional, en el cual ige el in e és económico y el desconocimien o en e los
u u os esposos:
- Hoy e ha enido un p e endien e. [...] El doc o Ezza Abdel Rabeh. [...] Es
un homb e educado, hijo de una amilia espe able. Su si uación económica es
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es upenda: los pacien es an a su consul a como moscas. Sólo hace dos años
que se licenció, pe o ha sabido cómo en a en el me cado. [...] Mañana end á
a e e. [...] Explícale cómo debe compo a se delan e del homb e —dijo el
pad e mi ando a su esposa. [...]
- ¡Pe o no lo conozco! —ace ó a deci Nawa .
Su pad e la mi ó se e amen e.
- Po supues o que no lo conoces ¿Suponías que se ía de o a mane a?
Se ol ió hacia Adel y p osiguió.
- El homb e ha omado una ac i ud posi i a y que le hon a. Consien e en que
Nawa abaje cuando se licencie y en que con ibuya a soluciona algunos
p oblemas que padecemos (pp. 219-221).
Como el hono amilia depende del eca o de la muje , se queda a óni o más
a de al sabe que Nawa conoce a su amado: «¿Lo isi a a la is a de odos? ¿Qué
an a deci de la casa de al-Ka ami? ¿Qué an a deci de mí?» (p. 227). Y no ole a
que nadie in e ie a en sus planes:
- Hace un mes que Zakiyya desea comp ome e a Nawa y Usama —dijo la
abuela con un co aje en idiable.
- ¿Qué es es o, mad e? — eplicó el pad e— ¿Insinúas que p ome a a mi hija a
un desapa ecido? ¿Has ol idado que ha sido acusado de ma a al o icial? ¿Has
ol idado que es un pe seguido po la Jus icia y el Se icio Sec e o? [...]
- Zakiyya se sen i á muy decepcionada —insis ió la abuela—. Nawa no debe
casa se con un ex año si su p imo desea casa se con ella.
- Su p imo, que es u nie o. No impo a. No casa é a mi hija con...
Di igió una mi ada esc u ado a a Basel y p osiguió:
- Con un pe seguido de la Jus icia (pp. 222-223).
El pad e de Adel ep esen a a los no ables cuyo pa io ismo es pu amen e
e bal y que, al explo a a los abajado es, a o ecen que és os se ayan a las
áb icas de Is ael. Él ca ece de sen imien o nacional y sólo lo u iliza pa a man e-
ne su posición social. Se en e iene ecibiendo a la p ensa y la ele isión en la
sala del «Consejo» que él p eside y que se celeb a habi ualmen e en su palace e.
Es aba odeado de amigos, pe iodis as ex anje os y cáma as de la Tele isión
ancesa. Uno de los apol onados en lo más al o de la escala social decía así:
- El abajo en Is ael se impone a nues os abajado es. Noso os no somos
culpables, ni lo es la es uc u a social. La Ocupacion es la culpable.
«Amén», dije on los p esen es. Los pe iodis as anceses son ie on y apu a on
el ca é con ca damomo (p. 38).
Pe o Adel c i ica es a ac i ud, al e oca el iñón a i icial que man iene i o a
su pad e,
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a in de que, como caudillo que es, se sien e en el salón, en medio de las pe so-
nalidades, a bebe ca é y maldeci a los abajado es. Mien as an o, los aba-
jado es maldicen a las pe sonalidades y mue en el dedo co azón cuando les
ecue dan las o unas de la «Resis encia» (p. 68).
Su desp ecio po los esis en es se pone en e idencia cuando g i a al en e a se
de la de ención de Basel: «Los designios de Dios se cumplen. ¿Qué c eía es e
mocoso que iba a consegui ? ¿Libe a Pales ina?» (p. 120). Nawa se asquea de su
hipoc esía, igual que Adel:
Basel due me en una es e a en la cá cel y mi pad e, el paladín, no se ha omado
la moles ia de p egun a po él. Eso sí, ha á del asun o una ges a he oica sin pa
delan e de las cáma as de la ele isión; lanza á una a dien e a enga y di á a los
ecinos «És e es mi hijo. Mi hijo» (p. 122).
Po ello, al inal del ela o, Adel equipa a a su pad e con el o icial is aelí que
a a dinami a la mansión amilia , pues ambos des uyen Pales ina.
La mad e de Adel cumple el papel adicional de la muje como ep oduc o a
de la especie y gua diana del hoga . Some ida a la i anía del ma ido, no se a e e
a lle a le la con a ia. Y an e la de ención de su hijo, se limi a a solloza y lamen-
a se. En cambio la abuela es algo más alien e y se pe mi e p opone al pad e
o o p e endien e pa a Nawa .
La gene ación in e media es á ep esen ada po Adel y Nawa . Menos de ini-
dos y a e idos, apa en an sumisión a la au o idad pa e na, pe o en la p ác ica se
des ían de ella.
Adel a a de media , aun a disgus o, en e la gene ación mayo y la gene a-
ción más jo en. Ha lle ado el hue o amilia has a que los jo nale os lo han aban-
donado, lo que no le deja o a salida que abaja como ob e o en Is ael pa a
man ene a oda la amilia y el iñón a i icial del pad e, po lo que Usama le
conside a un aido a la Causa. Su descenso social le impide incluso pensa en el
ma imonio, ya que sólo una ob e a «igno an e» acep a ía al boda, o al ez ni
siquie a ella, pues «el ex a ío de las clases había alcanzado ambién al ma imo-
nio» (p. 174), y las ob e as aho a enían aspi aciones bu guesas. Sopo a su si ua-
ción con eno me paciencia, a a a sus he manos con comp ensión e in en a man-
ene la paz amilia . Po o o lado, c ee que «la gue a e mina á un día y las
gen es i i án como he manos» (p. 125), lo que le lle a en cie a ocasión a auxi-
lia a la esposa y la hija de un o icial is aelí que acaba de se apuñalado en el
me cado po Usama y poco después a asis i y consola a la mad e de Usama, que
acaba de en e a se de la acción de su hijo as su i un egis o en su casa.
Pe o an e una pelea en e ob e os á abes y judíos en la áb ica, as se gol-
peado al in en a media en e ambos bandos, pa icipa de lleno del lado de los
á abes. No acude a los «Consejos» de su pad e, pe o su co azón es á del lado de
los «hamb ien os, de los desnudos, de los despojados» (p. 233). Po ello, lucha
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po los de echos de odos los abajado es, pales inos o is aelíes, que conside a
op imidos po sus pa onos, aunque es conscien e de la di e encia de a o que se
les da a sus compa io as. Usama se ho o iza al e le an «in eg ado» y cali ica
de «implicación» (p. 95) su empeño en que Abu Sabe consiga una indemniza-
ción, «de echo legal que debía se ei indicado a pesa de la ca encia de pe miso
de abajo» (p. 94). Adel conside a el ema como «una cues ión de pa ón y aba-
jado , no de á abes o is aelíes» (pp. 172-173). Aunque a menudo se sien e solo e
incomp endido, e cla a su misión —«paso a paso ap ende emos a gana digni-
dad y deja emos de se íc imas» (p. 123)— y sabe que la compa en y ap ecian
o os compañe os de abajo, como Abu Sabe y Zuhdi, po que ac úa con el co a-
zón y no con eo ías sacadas de los lib os:
Yo me hablo y yo me escucho. Los que escuchan es án as los mu os de los
calabozos. Y yo aquí, allanándole el camino a Tel A i . ¡Maldi a sea!... Pe o no
es oy solo, es oy con ellos. Con Zuhdi y los homb es. Mi papel no es meno
que o os. Aunque los idio as no lo comp endan (p. 122).
Pe o Adel ambién es conscien e de su impo encia, y cuando Usama le p e-
gun a qué hace an e la si uación, le esponde: «Humillo la cabeza an e la ida» (p.
33). Ahoga sus penas en la bebida, y se iden i ica con odos los pales inos: «Un
pueblo en e o se ahoga» en medio de las alsas espe anzas p opagadas po la
adio, las g andilocuen es palab as de los no ables sob e las «p oezas de la
a abidad» y las plega ias de algunas muje es que con ían en que Dios log a á el
in de la Ocupación (p. 73). Comba e la desespe anza con la desespe anza, pe o
ambién con los sueños. Es á con encido de la alidez de su lucha, po lo que le
dice a Usama: «¡Con énceme de que lo que hago no es yˆiha
-d... de que la libe ad
no signi ica el hamb e de los ine mes, de que se puede encon a la elicidad en el
hamb e!» (p. 75). Cuando Usama le in o ma de su misión pa a anquiliza su
conciencia, Adel le con es a u ioso:
-¡Tu conciencia! ¿No bas a con Abu Sabe ? ¿Quién alimen a á a los niños y
p o ege á a las muje es? ¿se casa á alguien con las iudas? Y si se casan, los
esposos echa án a los niños a las calles pa a que aguen po ellas umando.
- [...] Es opean la educación de la gene ación y de o man las glo ias de la
Resis encia.
- ¿Las glo ias? ¿No medís al homb e más que po la glo ia? ¿Y su debilidad?
¿Y la du eza de la ida y de la sociedad, las es uc u as desga adas y los en-
co es mu uos? Yo no he conocido enco es po que he i ido en el bienes a de
la leyenda. Pe o [el jo nale o] Shahada sí los ha conocido, y me ha dejado. [...]
Es capaz de mea en cualquie pa e del hue o, incluida mi p opia pe sona.
[...] ¿Sabes? Aye le oí deci a mi pad e cosas hila an es a un pe iodis a, cons-
ui una elegía de las glo ias de la a abidad. El pe iodis a, que e a ancés, lo
consolaba hábilmen e: le con aba episodios semejan es de la his o ia de F an-
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cia... que miles de anceses abajaban en las áb icas de a mamen o de Hi le ...
¿puedes c ee lo? Me sen í con o ado [...].
- [...] Ve e a do mi . Es ás bo acho. [...]
- ¿Y quién no lo es á? Unos eb ios de Resis encia, o os de las glo ias gue e-
as y noso os del cólico ne í ico... El cólico ne í ico moles a, es peo que los
dolo es de pa o. La di e encia es que a los dolo es de pa o les sigue el naci-
mien o... A noso os nos duele el ien e, mien as que oso os enéis dolo es
de pa o... Y luego nos a e gonzáis po no habe pa ido (pp. 77-78).
Y al acusa le Usama de habe ol idado al país y la Ocupación, Adel le espe a:
- No he ol idado al país. La p ueba es que no lo he dejado. [...]
- Yo sólo dejé el país po un co o espacio de iempo. Y ya es que he uel o.
[...]
- He oído a la ía que e echa on del país... ¿es cie o? [...]
- ¿Quie es deci que, si no me hubie an expulsado, no hab ía uel o? [...]
- En iéndelo como quie as. [...]
- Lo único que en iendo es que habéis abandonado el camino e oluciona io.
La gen e del ex e io así lo e y así lo esc ibe. [...]
- ¿A quién e e ie es? ¿A los exiliados de Kuwai , Dah án y los países del
Gol o? Cuando ellos indus ialicen Gaza y Cisjo dania, e ás qué apido deja-
mos de abaja «allí». Pe o no lo ha án. ¿Sabes po qué? Po que ninguno de
ellos a iesga á un dina po los demás. P e enden que seamos noso os los
únicos que a iesguen y sac i iquen odo.
- Sí. Y así debe se po que noso os somos, en p ime y úl imo luga , los es-
ponsables de la Resis encia.
- ¿Y cómo esis imos mue os de hamb e?
- El hamb e hace explo a la e olución. [...] Es un axioma incues ionable. [...]
- Y esa gen e de la que hablas ¿qué hace? ¿pasa hamb e?... No, que ido, no.
Ellos acumulan dine o: comp an acciones e inmuebles, comp an Bei u y Eu-
opa en e os... En cuan o a i, ¿po qué dejas e el país inmedia amen e después
de la Ocupación?
- No podía sopo a la si uación. No aguan aba e los pasea se po nues as
calles p o anando el país.
- ¡Es upendo! ¡Magní ico! ¡Ab umado ! Ésa es la esencia de la Resis encia
(pp. 111-131).
A pesa de es a c í ica o unda a la posición de Usama, Adel econoce la
ine icacia de su o ma de lucha y su e al sen i se impo en e y con uso an e
an os desas es:
Yo no sé quién soy: ni una espina ni una osa, in en os desespe anzados de
emedia lo que ha pod ido el des ino. La si uación es demasiado mala pa a
que si a cualquie e o ma. Un cambio... un cambio absolu o. Quizás cam-
bia me a mí. [...] De ienen a las muchachas, y yo aquí sen ado. Y den o de
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unos momen os me sen a é a la mesa y come é como los o os, bebe é el é y
son ei é. Y luego a do mi (p. 217).
Al inal del ela o, cuando la casa amilia a a se dinami ada, Adel se ebela
con a el pad e y no saca de ella el iñón a i icial, decidido a deja le mo i en el
hospi al pa a sal a al es o de la amilia. Si supie a cómo empeza de nue o,
cómo ene un co azón más b a ío y colé ico, hab ía dinami ado odo el mundo,
hab ía sacado al sol las aíces pod idas y hab ía empezado despacio a cons ui
desde ce o un mundo dis in o, aco de con sus sueños de paz. Aún así, man iene la
espe anza en las u u as gene aciones. Cuando es á desalojando el palace e, ayu-
dado po los amigos y los ecinos, piensa en Abu Sabe , sus dedos co ados y su
allida indemnización, y le dice: «Tú has pe dido. Yo he pe dido. Todos hemos
pe dido. Nos queda la espe anza de que nues os hijos alcancen lo que noso os
no alcanzamos...» (p. 233).
Nawa , la hija, se some e en casa, pe o ac úa con más libe ad ue a. Po un
lado, ep esen a a la muje adicional, pues se ocupa de la casa y no se a e e a
con esa al pad e su amo po Saleh, el he mano p eso de su amiga Lena, ni
echaza abie amen e al p e endien e de buena posición y sin comp omiso con la
Causa que le impone su pad e. An e es o, Adel no in e iene: si Nawa no de-
iende su dignidad, «no la me ece, y en a á en el mundo de las esposas sin
me ece compasión» (p. 220); c ee que ella no de ende á sus de echos, po que
«las muchachas de es e país no conocen la e olución más que a a és de los
lib os» (p. 219). En cambio Basel acaba e elando su sec e o, o zándola así a
en en a se a su pad e y deci le: «Sólo me casa é con Saleh, aunque enga que
espe a cien años más» (p. 227).
Pe o, po o o lado, Nawa ep esen a el cambio gene acional, con la inco po-
ación de la muje de clase al a a la ida uni e si a ia y su concienciación nacio-
nal. Es udia en la Escuela de Magis e io en la Uni e sidad de al-Nayyah, donde es
co ejada po los chicos, y piensa abaja cuando se licencie pa a ayuda a Adel a
lle a las ca gas de la casa. Según la mad e de Usama, que la desea como nue a,
no es á muy in e esada en casa se po que «las chicas de hoy no ienen la ansiedad
po el ma imonio que eníamos noso as» (p. 36). An e el pol o que se acumula
en el palace e, Nawa se queja de ene que i i en una casa an g ande, pe o le
pa ece na u al que no haya c iados —«debemos ap ende a ale nos po noso os
mismos» (p. 41)—. También c ee que en e odos ienen que a egla la si uación
del país, ya que la p ensa, a la que su pad e an o a iende, no esol e á nada. Po
ello, in en a se ue e y no humilla la cabeza.
La gene ación más jo en es á ep esen ada po Basel, que es á menos las ado
po las adiciones y las obligaciones y es más p ocli e al cambio. Es el único que
se ebela con a la au o idad del pad e y la sumisión de la mad e, así como con a
la op esión is aelí. Con sus compañe os de secunda ia discu e de polí ica o de
emas que, según Usama, no se le pasaban po la cabeza a la ju en ud de la gene-
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