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La Escuela Cristiana de Sevilla durante la dominación visigoda : San Isidoro

Cañal y Migolla, Carlos

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EL e LA ESCUELA CRISTIANA DE SEVILLA DURANTE LA DOMINACION VISIGODA SAN ¡ISIDORO — =—=— CONFERENCIA LEIDA EN EL ÁTENEO Y SOCIEDAD pe EXCURSIONES DE ÑEVILLA EL Día 1.2 De DICIEMBRE DE 1894 POR Ca Los CAÑAL SEVILLA Imp. de La ANDALUCÍA MODERNA 1894 ADVERTENCIA A KA A A causa de la apidez con que ha sido hecha la im- p esión de es e olle o, no hemos podido, con a nues a cos umb e, ano a con enien emen e el ex o del mismo, al a, en pa e disculpable dada la índole del abajo, que subsana emos en el ex enso es udio que ace ca de es a ma e ia enemos en p epa ación. Vid MÍ SEÑORES: Que sea yo el enca gado de di igi os la palab a es cosa siemp e hs o supe io á mis ue zas, que aun quedan más educidas si el ema ace ca del cual ha de e sa mi dise as ción es de an a magni ud como el escogido pa a es e ac o. No c eais, sin emba go, que lo debo á ajenas ins igaciones; yo me decla o culpable y dispues o 4 cumpli la pena á que me condene el T ibunal an e quien in o mo, pues no o o ha sido mi pensamien o al ocupa es a noche po b e es ins an» es la cá ed a del A eneo. Vengo á pedi os un consejo que con oda anqueza, cual pad e que se in e esa po su hijo, habeis de da me. Deseo únicamen e sabe si, á ues o juicio, puede se obje o de un abajo más ex enso, que po ue za he de hace , el pun o que b e emen e desa ollado oy á p esen a á ues a conside ación, ó po mejo deci , si e- niendo en cuen a que las indicaciones que p on o og ex- pond é son el esul ado del examen supe icial cie amen e, casi pudie a deci se de los suma ios ó indices de las ob as de San Isido o an sólo, c eeis que, es udiándolas de enida» men e, con odo el esme o y a ención que mis escasas do es me pe mi an, pueda hace se un es udio, 'si no que sea ni con mucho la úl ima palab a en es a ma e ia, pues supone al A PO cosa indica ía p e ensiones sin cuen o que a o unadamen e no engo, po lo menos que enga á acla a algunos ex emos de logs muchos que encon amos sumidos en la obscu idad cuando p e endemos sabe algo ace ca de la escunla c is iana de Se illa du an e la dominación isigoda, asun o muy poco a ado y que, po an o, o ece ancho campo de explo ación, Comp uébase la e dad de lo dicho conside ando que sólo un esc i o ex anje o ha es udiado con especialidad es e pun- o y muy pocos se han ocupado de o os que con él engan elación. En el año 1855 daba á luz en Pa ís el abad José C is iano E nes o Bou e su cu iosa y e udi a esis del doc o- ado bajo el í ulo de L'Ecole Ch e iénne de Se ille sous la mona chie des isigo hs, en la que, animado de e dade o espí- i u c í ico, p ocu a ilus a es a pa e de nues a his o ia li e a ia concediendo á San Leand o y á San Isido o la g an- de in luencia que eje cen en el mundo occiden al como p ox pagado es de la ciencia; in ocando la au o idad de M . Ozas nam, quien no acila en coloca á nues o San o al lado de Casiodo o y de Boecio, ha p es ado un e dade o se icio á la ci ilización española, Los que en F ancia, y sob e odo en Ale- mania, ma chan á la cabeza en log es udios li e a ios, no han hecho, que noso os sepamos, abajo alguno comple o ace ca de es a ma e ia. En nues a pa ia, esindispensable pa a cono- ce la la España Sag ada del P. Fló ez, quien expone más de e- nidamen e que o os la his o ia ex e na de la dominación i- sigoda; después, si bien es cie o que han escaseado los esc ia o es que en es o se ocupan, enemos es nomb es ilus es á quienes se debe el habe escla ecido no poco es e pe iodo: los S es, D. Jogé Amado de los Ríos, D, Ma celino Menéndez y Pelayo y D. Fede ico de Cas o y Fe nández han con i buído de modo e icaz á que se disipon un an o las somb as que odeaban la ida en España de los pueblos sep en iona= les, acla ando á la ez gu his o ia in e na. Si Amado de los Ríos, en su ensayo sob e El a e la ino- bizan ino en España y las co onas isigodas de Gua aza , de- mues a que no mue e la adición a ís ica en las o illas a Y de Wádi-Becca, p ueba has a la gaciedad en su His o ia c í ica de la li e a u a española que la li e a ia asciende á los einos c is ianos undados á aiz de la in asión aga ena; Me- néndez y Pelayo, en Los He e odoxos Españoles y en La cien- cia española, pone de os ensible mani ies o lo mucho que á San Isido o deben la Religión y la Ciencia; D. Fede ico de Cas o, po úl imo, en su Discu so de ape u a del año académi- co de 1891-92 en es a Uni e sidad, es udia de enidamen e el lib o de las Sen encias del Doc o de las Españas, en donde se encuen a su sis ema eológico- ilosó ico, y concluye a i man- do que San Isido o u o medios de pene a mejo el espi i u de A is ó eles que los o os p ecu so es de la escolás ica, - No deja emos ampoco de ci a los nomb es de algunos his o iado es que han dado en sus esc i os la ex ensión que ealmen e me ece á la escuela hispalense y con especialidad á San Isido o. Ma ín Villa , el ya ci ado Cas o, A nau, Guicho , D. Fe nando de Cas o en su discu so de ecepción en la Real Academia de la His o ia, Fe nández Gue a, His nojosa, el Ca de al González... Pe mi idme, seño es a eneis as, un b e e pa én esis, ya que la casualidad ha hecho que mi pob e oz sea la p ime a que desde es a cá ed a p onuncia, después de su ecien e mue e, el nomb e del ilus e pu pu ado (1). Bien sé que no ace a án mi in eligencia, ni mi palab a, aun no epues a aquélla an e la e ible desg acia que llo amos log españoles, á exp esa los mé i os, que de segu o conoceis, de quien has a hace poco igió el A zobispado de Se illa. Bas a con que en es os momen os nos asociemos al p o undo pesa que emba s ga á la nación, eco dando que á ese cue po, que aun encie a algunos g ados del calo que poco iempo há le die a ida, debemos g an núme o de ob as cien í icas de p ime a ue za, que han enido á aumen a conside ablemen e-en es os úl is mos años el nomb e de que goza la mode na ciencia española; -— (1) El Pad e F ay Ze e ino en egó su alma ú Dios el día 29 de No iemb e, > A ne en ellas se mues a gu p o undo sabe y gu g ande e udición; en ellas pe sigue un ideal que ha is o ealizado an es de bas ja al sepulc o; con odas gus ue zas a ó de esuci a el escolas icismo, que an b illan e ca e a había hecho en nues- a pa ia, desde el p imi i o, cuyo ondo es la Religión y cu ya o ma es la lógica a is o élica, que inician los P elados de la época isigoda, has a el me amen e ilosó ico, cuyo úl imo pa ida io es el jesui a F ancisco Suá ez, que decae con api- dez inusi ada en los albo es de la Edad Mode na; puso su es: ue zo en mos a á las gen es la pe ec a a monía que exis e en e la azón y la é, con especialidad en su úl ima ob a La Biblia y la Ciencia, y si no son idén icas, muchos pun os de con ac o o ece su ida con la del g an San Isido o; ambos o ma on en el con en o la base de su sabidu ía; am- bos die on á luz lib os que a an de asun os muy pa ecidos; ambos deja on ecue do impe ecede o en nues o pueblo, y ambos se hab án jun ado, al in, allá en las lejanas egiones de la E e nidad, que las g andes almas odas an al mismo pun o, desde donde p esencia án log bené icos u os que gu paso po la ie a ha p oducido. Con inuemos nues a in e umpida na ación. Cie o es que an o Amado de los Ríos como Cas o y Menéndez Pelayo, a a on sólo po incidencia es e pun o; mas no po eso es disculpable mi a e imien o al que e des. cub i ico ilón donde aun no hicie on los g andes explo a-= do es más que abajos me amen e supe iciales. La igno ancia es muy osada, c eedlo; si hubiese enido iempo de hil ana mis ideas ace ca de o a ma e ia hubie a a iado el ema de mi discu so, pe o aquél me al ó y aquí engo con ic o y con= ego, iando an sólo en que si en una mano empuñais la espa. da de la jus icia con la o a de amais el sua ísimo bálsamo de la ca idad y de la compasión, cuando el que á us edes se p esen a lo hace no o gulloso de su ob a gino a epen ido de gu deli o, A 7 La in asión e i icada po las ibus sep en ionales en el siglo V es el acon ecimien o más señalado y la e olución más inmensa de cuan as han acaecido en el o den polí ico y social de los pueblos, España, a asallada, ene ada y en- ilecida po los omanos, cambiaba sólo de seño es; lejana de oda idea de independencia, ni aun pudo imagina que e a llegado el momen o de en a o una pa a ecob a la libe - ad pe dida: dobló, pues, á la pujanza de los in aso es el cue- llo a ezado á la se idumb e, y en su ama ga o andad son ió acaso al con empla la pe dición de sus an iguos i anos. E a el eino de los isigodos el más pode oso y dila ado de cuan os se le an aban sob e las uinas de Roma, mas su es ado in elec ual dejaba mucho que desea . Fué menes e que acudie an solíci os demandando en es e sen i p o ección de la aza hispano- omana, á quien an o humilla on en su condición ma e ial y en sus sen imien os eligiosos. La e - dad se impuso, á pesa de odo, y aquellos monjes que com»= pa ían con las du as aenas del campo la penosa labo de co- pia las ob as de los esc i o es más eminen es de la época, llega on á se los dueños del Es ado, La lucha con inua en- e el a ianismo y el p incipio ca ólico, la pe secución que Leo igildo y el conciliábulo que eunió en Toledo dec e an con a los de enso es de la Iglesia, dió po esul ado el mos. a al mundo que, si los españoles u ie on un Is olacio y un Indo es, un Vi ia o, un Indibil y un Mandonio, que mu- ie on de endiendo la libe ad de la pa ia, que si la Ibe ia pudo mos a en e los ecue dos de su he oísmo los nom- b es de Sagun o y de Numancia, aun con inuaba la en e aquel espí i u de independencia; la abnegación y i meza de He menegildo pa a ecibi el ma i io; la cons ancia y mansedumb e de los p elados, cuya e esplandecía en el des ie o; el espe o debido á San Leand o, de quien a» mos á ocupa nos aho a, cuya ausencia llo aba la pa e más ilus ada de la mona quía, odo con ibuyó en Reca edo á * modi ica la polí ica de Leo igildo. El undado de la Escuela hispalense, Leand o, había eci- 2 A JAS bido en su ju en ud una educación e dade amen e li e a- ia; acogido después á la ida monás ica, obus eció en el es i o sus es udios, y cuando el amo de los mo ado es de Se illa le llama á ocupa su Silla episcopal se mos ó digno del nomb e que había alcanzado, ab iendo á la enseñanza las pue as de su mo ada, á la ez que o maba en sus he manos Fulgencio é Isido o e dade os modelos de p elados ca ós licos. Pe o donde empiezan gus iun os es en el momen o que el a ianismo, po boca de Leo igildo, dec e a el des ie o de an doc o a ón. Re ugiado en Cons an inopla, cen o á la sazón de las a es y de las le as, al es udia la li e a u a bizan ina, al i conociendo de enidamen e sus poe as y noye- lis as, los abajos g ama icales y de e udición, los his o ia= do es, ilóso os, ju isconsul os y cul i ado es de la ciencia en gene al, que hacían es ue zos sob ehumanos po e i a la descomposición del cadá e que cuando no lo e a se llamó Roma, se ab ió an e sus ojos un mundo has a en onces desu conocido, de donde debía ecaba pa a su pa ia ines imables eso os. Así ué, en e ec o; an luégo como se conside ó su i. cien emen e p epa ado, esc ibió con a los dogmas he é icos dos lib os no ables po la b illan ez de la o ma, po la g ande e udición y po su cas izo y depu ado ea ilo, á la yez que exo nó con mul iplicadas o aciones la salmodia de la Iglesia y concluyó o as ob as igualmen e p o echosas que, aun no acabadas de esc ibi , y como si una ue za ex aña las a as a a hacia acá, a a esaban eloces el Medi e áneo y enían á in undi nue as espe anzas y consuelos á la g ey ca ólica. Tan p on o como Reca edo sube al ono y o dena la epa ación comple a del episcopado ca ólico, ol ió Leand o al seno de la pa ia á la que an os bene icios había de epo - a . Auna on sus es ue zos en la ob a g andiosa que el me o- poli ano de Se illa se había p opues o los céleb es Eu opio, Juan de Bicla a, au o de la C ónica que lle a su nomb e, y Máximo, obispo de Za agoza. Realizado el ma a illoso iun o del Eyangelio en el concilio ILI de Toledo, nue os cul i ados pe , y AER es de las le as apa ecen, los cuales deben en su mayo pa e la educación cien í ica á San Leand o, Figu an en p ime é mino sus he manos Fulgencio, Isido o y Flo en ina: si el p ime o desde su silla de As igi (Ecija) da á luz no pocas ob as, la úl ima componía algunos himnos eligiosos, siendo la p ime a poe isa sag ada, cuyo nomb e egis a la his o ia de las le as españolas, Ninguno llegó, sin emba go, á la al u- a de San Isido o, de quien a amos á con inuación, Asegu an his o iado es locales y con i ma la adición que el día 4 de Ab il del año 636 exhalaba el úl imo suspi o en la iglesia de San Vicen e de Se illa, en e los sollozos de los guyos «y lág imas muy abundan es que oda la ciudad despe- día po gu mue e», el que du an e cua en a años ocupó la Silla hispalense. No hab á segu amen e anscu ido desde en onces uno gólo en que se le haya dejado de ibu a el e. cue do que, po lo menos, consag an los i os á los mue os en gene al, y muy especialmen e á aquellos que, cuando no lo e an, b illa on po su alen o ó po sus i udes: á medida que és as ó aquel aumen an, así ambién han de aumen a , como lógica consecuencia, los elogios que hagamos del di un- o. No admi iendo es a a i mación p ueba en con a io, inú il se á el ad e i que han de esul a de icien es y escasos, en elación con gu ob a, cuan os abajos puedan ac ualmen e ealiza se des inados á ensalza la igu a de San Isido o, apa- eciendo, en cambio, de os ensible mani ies o mi a e imien o al que e indica , siquie a lo haga b e emen e, la ascen- dencia de la con inuada labo del Doc o de las Españas en log siglos pos e io es, pa a lo cual he de eseña á la lige a el es as do de los pueblos Bá ba os con an e io idad al siglo VIL, ES de doc ina de an as y an as eo ías undadas y emi idas en el anscu so de los siglos? ¿A dónde hubié amos llegado de segui su decaden e ma cha los sis emas ilosó icos o ien ás= les, indio, pe sa y chino? ¿A dónde hubié amos llegado de habe con inuado i iendo en G ecia, degene adas, sí, pe o con p opia exis encia, las escuelas epicú ea y es óica, que á an bajo g ado lle a on el pensamien o de Sóc a es, de A is ó eles y de Pla ón? ¿A dónde hubié amos llegado de no in e uma pi so la ma cha de la iloso ía omano-alejand ina? Necesan iamen e mu ie on con el pueblo que las c eó, Si du an e oda la Edad Media, y muy especialmen e en nues a pa: ia desde el siglo VI al VIIL, no se hubiesen, con nunca bien ponde ado celo, ecogido lus enseñanzas de G ecia y de Roma, muy o as hubie an sido las condiciones y el es ado de ci ilización exis en e en las egiones occiden ales de Eu os pa al p oduci se el Renacimien o. Si San Isido o, con sus maes os y con sus discípulos, no hubiese compendiado las doc inas de los sabios g iegos y omanos, o al igno ancia de ellas hubie a habido has a que las mos a on los á abes, siens do así que cuando és os explicaban la iloso ía a is o élica, ya e a de an iguo conocida po los c is ianos, como hemos de e más adelan e. T a ándose de los O ígenes ó E imologías, ocu en a ias p egun as. ¿Cuáles son los p eceden es inmedia os de es a g ande ob a? ¿De dónde oma San Isido o los ma e iales pax a la misma? ¿Has a dónde asciende? ¿Qué bene iciosos us os p oduce? Ocupándonos de las dos p ime as, hemos de de- ci que en lo que oca 4 los es udios eclesiás icos, acude á las p incipales uen es; asi in e p e a desde el Génesis has a el Lib o cua o de los Reyes, expone la his o ia de los Macabeos y esc ibe doc os p oemios al Viejo y Nue o Tes amen o. Respec o de la iloso ía, conoce pe ec amen e la doc ina de A is ó e- les, como puede comp oba se leyendo el lib o de las Sen en- cias; y pa a esc ibi ace ca de las demás nume osas ma e ias de que se ocupan las E imologías, u o p esen es en gene al pe, EAN odos los esc i o es clásicos, También, aunque no ge mani ies- an cla amen e, debie on in lui en el sabe del me opoli ano hispalense los esplando es de la ci ilización bizan ina en los dias de Jus iniano, mucho más si se iene en cuen a que Se e iano, pad e de San Isido o, e a na u al de Ca agena — donde i ió con San Leand o—á la sazón en pode de los g iegos impe iales. Cuáles ue on los esul ados de la magua ob a del Doc o de las Españas, hemos de es udia los sepa ada- men e, | Cuando en el desie o eu opeo, desie o cuyo suelo no ue- on los a enales del Saha a, sino las uinas de los sobe bios edi icios que el pode ío de Roma le an ó, deshechos y caidos al e i ica se la in asión de los bá ba os del No e, exis ió Un pequeño oasis, como la escuela se illana, lleno de ida y ege ación, el ien o, no ab asado como el simoun, sino 'ag as dable y sua e como las b isas del ma , el esco ien o del C is ianismo se enca gó de conduci á lejanos países el u o de á boles an aliosos como los Leand os é Isido os; po doquie nacen delicadas plan as, pues la semilla espa cida po la ie a ha echado p o undas aices, mas siemp e lle a- án aquéllas el sello que, ac edi ando su p ocedencia, haga e la ex ao dina ia ecundidad de su inmedia o c eado , El bené ico in lujo de nues o San o sién ese, como e a muy na u al, con mayo ue za en nues a pa ia, sin que es o quie a deci que no aspasa sus on e as; an es al con a io, F ancia é Ingla e a pueden es a le ag adecidas, T ein a y sie e años después-de la mue e de San Isido o nacía, en la segunda de las ci adas naciones, el ene able Beda, quien, siguiendo el camino azado po aquél, inició ambién un enacimien o en las le as, aunque median e los abejos ejecu ados con an e io idad po el Doc o de las Espa- — 2 — ñas, que ya e a uni e salmen e es imado en la Iglesia, u o un conocimien o más pu o y cla o de la ciencia de los an ix guos, Allende el Pi ineo, y cuando el sac o impe io omano= ge mánico ge mos aba ue e y po en e, en los días de Ca lo« magno, Alcuino (Flaco Albino), al igual que San Isido o, es- au alas escuelas de la Galia y es ablece en el mismo palacio impe ial la que se llamó pala ina, á la que asis ían Ca lo- magno, los indi iduos de su amilia, así hemb as como a o» nes, y oda la có e; en ella se daba una enseñanza supe io á las de las sie e a es libe ales, el i ium y el quad i ium, en onces ex endidas de modo conside able: el mismo Alcuino, en a ios documen os que se conse an, ci a epe idas eces al me opoli ano de Se illa y enseña y aduce sus ob as. «Pe o donde la adición isido iana mués ase enaz y cong- an e es en nues o suelo, que al in y al cabo plan as lozanas y de ex ao dina ia al u a en su país na al uél ense mus ias y aqui icas-al aslada las á o as egiones; la encon amos p ime o en los días anscu idos desde la mue e de San Isis do o has a la o a del Wádi Becca, y luégo Jo mismo en los einos independien es del No e que en e los muzá abes del Cali a o; «especie de i o muzá abe del escolas icismo, se ha dicho muy ace adamen e, nos dis inguen gin sepa a nos del es o de Eu opa, y, con el Fue o de las Leyes, pe mi e que al en- con a se en Toledo los an es encidos y los aho a encedo es, se ab acen como he manos, mi ando la ibulación pasada sólo como pa cial, aunque la go, eclipse de la independencia de una pa e de.nues o pueblo; escla i ud que no deja huella de la se idumb e po un de echo de pos liminio».—Lejos de nues o ánimo, pues hemos do insis i en pun os de sob a co nocidos, es á el ela a la in luencia que di ec amen e eje ció el lucien e-as o de la Ibe ia, como le llama Elipando, en la b illan e pléyade de esc i o es que lo ecen du an e el Bi. glo VII; bas a ci a los nomb es de San B aulio, San Julián» San lide onso, San Kugenio, Pablo el Eme i ense, Máximo, Conanucio, Tajón y Vale io pa a comp ende la cul u a del 006 Y] e cle o español, en aquellos mismos días que en Roma no ge hallaba pe sona de su icien e ilus ación que pudiese i de Nuncio á Cons an inopla, y en F ancia muchos clé igos no sabian lee ni esc ibi , Veamos cómo asciende la ob a de San Isido o á los iempos de la Reconquis a, Veuncidos los ejé ci os de D. Ro d igo po los sec a ios de Mahoma, y es ablecido después el cali a o co dobés, con inuaba i iendo den o de los dominios de és e un linaje de mo ado es, llamados muzá abes, descen- dien es de la inos y isigodos, que, más ó menos lib emen e, según que p edominaba el pa ido de los medineses ó el de los si ios, conse aba su an igua o ganización, an o ci il co« mo eligiosa; pues bien, la enseñanza en las escuelas muzá a- bes, y aun pudie a deci se más, cuan o se sabía en aquel Es- ado gó ico-eclesiás ico den o de o o Es ado, educiase á las ob as de San Isido o. La adición isido iana en odas las es- e as, y muy especialmen e en lo que espec a á las ideas ilo= sgó icas, con inúa i a y la en e en e los muzá abes y de San Isido o oman és os a gumen os pa a des ui , en un concilio celeb ado en Có doba, o a he ejía llamada ambién acé ala, sin emba go de no ene en su doc ina elación alguna con la deshecha po el nunca bien llo ado Doc o de las Españas, Si de los á abes encedo es pasamos á los c is ianos del No e, encidos p ime o, pe o epues os ya algún an o con la c eación de los einos de As u ias y León, hemos de e la solici ud con que el cle o a iende á ep oduci en mul i ud de copias el lib o de San Isido o —conse ándose hoy algunas he- chas pocos años después del 711—que iene á sa is ace cumas plidamen e las exigencias in elec uales de la época, siendo du an e la go pe íodo la ob á más popula de cuan as a eso ó la Edad Media. ¿Y conocidos es os hechos y eniendo ade- más no icia de que el ey Al onso el Sabio mandó pone la en cas ellano, hab á quien asegu e que los españoles no conoci= mos la iloso ía a is o ólica has a que nos la enseña on los > á abes? Menes e es, pa a asegu a al cosa, ce a log ojos an e las enseñanzas de la His o ia y deja se lle a única- men e po el p opio, exclusi o y also pensamien o. Pa cial se ía el que negase lo mucho que en cul u a y ci ilización debe- mos al aza eno; ilusión y no más que ilusión end ía quien se a e iese á a i ma que las doc inas del ilóso o g iego, expues as po log mahome anos, no ue on conocidas, acaso de un modo más pe ec o que cuando las mos aba el A zo» bispo hispalense, po los habi an es de los einos del No e; pe o de es o á asegu a que aquéllos enian o al igno ancia - de las mismas hay una g an di e encia que es p eciso pone de mani ies o. La igu a del Segundo Daniel asciende ambién á la Reli- gión, en cuan o se elaciona con las solemnidades ex e nas de la misma. Po idén icas causas á las mencionadas cuando nos ocupábamos de la he ejía acé ala; po no exis i en aquellos iempos en la Iglesia la cen alización que hoy, iden i icábase más con el e i o io y adqui la el ca ác e de Iglesia nacional; la española, sin deja de econoce nunca la sup ema y uni- e sal ju isdicción espi i ual de los suceso es de San Ped o gob e odos los ieles de la C is iandad, habíase gobe nado ú el misma bajo la p o ección de sus ca ólicos mona cas; desde los p ime os giglos del C is ianismo enia un i o especial, que luégo se llamó gó ico, después muzá abe, po segui usándolo és os, y ambién isido iano, pues nues o San o in odujo en él g andes e o mas; has a el úl imo e cio de la XLa cen a- ia, en el año 1077, es u o en igo el o icio gó ico 6 b e ia io muzá abe, siendo sus i uido en es a echa po la li u gia ow mana, impues a al conquis ado de Toledo, Al onso VI, po el pon í ice G ego io VII, muy en con a de la olun ad del pueblo cas ellano, que había is o cómo en singula comba e en e dos campeones, ealizado sólo po es a causa, salió iun- an e el i o español, así como ambién de la hogue a á que se a oja on los dos misales, siguiendo la p ueba del uego, an común en la Edad Media. Aquellos alien es de enso es o - 0 de la pa ia, á quienes se debe la expulsión de España de los hijos de Mahoma, mi aban el o icio gó ico como cosa p opia; ep esen aba á sus ojos el g an núme o de sabios Obispos hi« jos de nues a nación; el glo ioso ca álogo de san os a ones é insignes má i es que mu ie on de endiendo el Ca olicis- mo, y, sin emba go, el i o español es abolido, emp esa á la que ayuda on loz monjes de Cluni, que en onces llega on aqui llamados po Al onso VI. Sen ía és e mucho a ec o po odo lo ancés... Vamos á e mina , El es ablecimien o en el Su de Eu o pa de los Bá ba os mo i a la pé dida de los conocimien os que el O ien e, G ecia y Roma habían podido adqui i en el anscu so du los siglos. En España, San Isido o, si ien« do como de ánsi o en e la Edad An igua y la Mode na, inicia un enacimien o en las le as, enacimien o que, si de enido algún iempo po la in asión aga ena y po las lu- chas eudales, uel e á p esen a se con mayo ue za, aunque ya con impo aciones semi as, en los días de Fe nando Il y Al onso X, desde cuya ¿poca empeza á á decae pa a no le an a se más, has a que lleguen á España, en los siglos XV y XVI, las in luencias i alianas, y con ellas el enacimien o li e a io p oducido en la península de los Apeninos po los sabios que allí se es ablecie on, p oceden es de la o ien al ciudad que, en las deliciosas noches del es ío, deja ye su obs- cu a gilue a en las anquilas aguas del Bós o o. La oma de Cons an inopla po los u cos o omanos mo« i a la emig ación á I alia de los sabios que du an e la Edad * Media con i ie on á aquella ciudad en con inuado a y sos e- nedo a de las enseñanzas del impe io omano; la ac i idad humana, sumida an es en gue as y disco dias, se aplica aho» a de lleno al cul i o de las le as, y en odas las naciones despie a el espi i u cien í ico, sumido desde hacía algún iempo en el más p o undo le a go, En la nues a, los his o» iado es y pos as se mul iplican en el siglo de o o de la li e a= A u a, pe o no c eando un nue o de o e o en el campo de la ciencia, que al in los homb es siemp e ap o echa on las enseñanzas que sus an epasados les deja on, sino imi ando lo an iguo, y en nues a pa ia eniendo siemp e p esen e, á más de los clásicos g iegos y la inos, á los ilus es ep esen. an es del sabe en la mona quía isigoda, p incipiando po San Leand o, el undado de lá escuela se illana, y acabando po el ey sabio Sisebu o, y sob e odo, y más que á ningún o o, al sabio A zobispo de la me ópoli andaluza, á quien mu- chas eces sigue, en e o os au o es, el Pad e Ma iana. Sólo así, en i ud del ápido bosquejo his ó ico que hemos hecho, puede comp ende se la impo ancia de la igu a de San Isido o y lo mucho que le debe el pueblo español, Con sag émosle un ecue do. Si siemp e es bueno eza po los mue os, más obligados es amos á hace lo cuando el alen o y las i udes e an las cualidades dis in i as del di un o, La His o ia, con oz elocuen e, dicenos la ene ación y el espe o con que siemp e ué mi ado en España, has a po los enes migos de nues a Religión, aquel San o, alma de la mona s quía isigoda, y la poé ica leyenda e ié enos la oposición que los á abes hicie on cuando en los días de Fe nando I de Cas illa, en i ud del pac o que és e celeb a a con el ey mo o de Se illa, ué asladado el cue po de San Isido o á la Ca ed al de León. La Iglesia, o o gando el p emio me ecido, lo'colocó en sus al a es, y anualmen e inde cul oá la San idad y sabidu ia del Doc o de las Españas, celeb ando solemne anción eligiosa, en que las p eces y los cán icos del cle o, pasando á a és de las al as bó edas de nues a he mosa Ca ed al, llegan á oidos del me opoli ano bispalense que es á en el Cielo, á donde ambién epe cu en los ecos de la que en la an igua có e de los eyes godos dedícanle los sace do es enca gados de la capilla muzá abe, undada po el ca denal Cisne os, y en la que como san o ecue do se p ac ica el i o isido iano.—HE DICHO. CARLOS CAÑAL. Se illa 30—XI-—94. E VS al ¿colo checke cLAssic | A 1») am E "O Mn