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Pedro Poveda, memoria de un educador

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Pedro Poveda, memoria de un educador

Author: Flecha García, Consuelo
Publisher: Fundación de Estudios Sociológicos, FUNDES
Year: 2003
Source: https://idus.us.es/bitstreams/7b00f032-1e24-4863-a77b-bad948614a3c/download
Ped o Po eda,
memo ia de un educado
CONSUELO FLECHA GARCÍA *
E
l pasado 7 de ma zo ha enido luga el Consis o io Público en que Juan Pablo II
anunciaba la p óxima canonización de cinco bea os/as españoles en e los que
igu aba en p ime luga Don Ped o Po eda, sace do e, má i y undado de la
Ins i ución Te esiana. La canonización end á luga en Mad id, el 4 de mayo, con
ocasión del iaje del Papa a España. Los c eyen es de odo el mundo y,
especialmen e los españoles, end án ocasión de conoce y alo a cinco modelos de san idad ce canos en
el iempo y más a ines a su sensibilidad.
Hemos que ido en es as páginas ememo a a Don Ped o Po eda po su p o unda e, po su p oyección
educa i a y cul u al; po sus cla i iden es in uiciones sob e la impo ancia de los educado es, el papel de
la muje en la sociedad y el sen ido de los laicos en la Iglesia. El ecue do y la e ocación de un pedagogo
que du an e las p ime as décadas del siglo XX puso en ma cha di e en es p oyec os en a o de la
educación y de la cul u a, puede se un buen mo i o pa a ace ca se a la ealidad educa i a en la que hoy
nos mo emos desde una mi ada his ó ico c í ica que pe mi a alo a lo ya conseguido y señala , una ez
más, lo que queda pendien e.
*Ca ed á ica de Teo ía e His o ia de la Educación de la Uni e sidad de Se illa.
Ped o Po eda ue un sace do e andaluz que nació en Lina es en 1874, y cuyo i ine a io biog á ico
anscu e, lleno de ac i idad y de inquie udes, en di e en es luga es de la geog a ía española: Jaén,
Guadix, Co adonga, Jaén de nue o y, po úl imo, Mad id —donde mue e como má i el 28 de julio de
1936—, en una época en la que a oda una gene ación de in elec uales “les duele España”, y ponen el
p oblema de la escuela en el p ime plano del deba e sob e los emedios a aplica ; en unos años en los que
no al a on p oyec os y ealizaciones educa i as desde las que se abajaba incansablemen e buscando un
modelo de quehace escola que hicie a posible, sí la disminución del anal abe ismo que acuciaba a la
población española, pe o igualmen e el log o de un nue o modo de se y de es a en la sociedad. Y en un
pe íodo en el que muchos c eyen es u ie on la en ación de eplega se an e una sociedad que empezaba a
se hos il pa a ellos, po que se culpaba al ca olicismo de buena pa e de los males que se denunciaban.
Po eda es u o inme so en odas esas ci cuns ancias, y pa icipó con c ecien e in ensidad de la inquie ud
que compa ía con o as pe sonas y g upos po encon a soluciones que esul a an e icaces. A en o a
cuan o sucedía —de sí mismo dice en 1936: “yo, que engo la cabeza y el co azón en el momen o
p esen e”—, y a pesa del a iesgado comp omiso que implicaba el en a en alguno de aquellos
dispu ados escena ios, supo p opone nue as cla es pa a pensa la ealidad y nue os es ilos pa a ac ua
en ella, con el i me deseo de no cede al pelig o de in idelidad que se asume cuando nos e adimos de los
acon ecimien os que anuncian y p epa an cambios his ó icos. Pe o debido a esa posición pe sonal, se io
en uel o en algunas ocasiones en la polémica susci ada po quienes si uándose no sin cie o miedo en e
a las inno aciones polí icas, cul u ales y eligiosas, p oponían inicia i as que él conside aba insu icien es
pa a llama la a ención sob e lo que es aba sucediendo y pa a da una espues a adecuada a lo que aquel
momen o eque ía.
El en en amien o de ideas en España que ca ac e iza aquel pe íodo man enía, además, en el cen o de la
polémica la cues ión eligiosa, aunque de sus ing edien es o ma an igualmen e pa e cues iones polí icas,
sociales y, cómo no, educa i as. La incidencia de la Escuela, del Ins i u o, de la Uni e sidad, del maes o
y de la maes a en su signi icado más amplio, en esos p oblemas, no e a desdeñable. Un da o que puede
se exp esi o de cómo podía a ec a esa si uación a la polí ica educa i a del momen o es el que, en e
1902 y 1923, pasasen po el Minis e io de Ins ucción Pública cincuen a y es i ula es de la ca e a.
En es e clima iba c eciendo, a la ez, el celo del Es ado po la au onomía que legí imamen e le
co espondía como ep esen an e de una población que empezaba a se plu al, ambién en lo
eligioso. Y Po eda en endió que no e a jus o lee es a p e ensión únicamen e como hos ilidad, de
ahí que an e la e idencia de un mayo p o agonismo es a al en la educación, no a ase de hace un
con adiscu so, sino de o ece a los segla es, a los laicos, p og amas y posibilidades conc e as pa a
una p esencia educa i a con de e minadas ca ac e ís icas —cuali icada, comp ome ida, al se icio
de un desa ollo de odas las posibilidades de cada pe sona—, den o de esa ed de Cen os que los
o ganismos públicos es aban c eando.
Lo que Ped o Po eda había ido en endiendo como u o de la p opia expe iencia, de las con e saciones
con muchas pe sonas y del conocimien o de las co ien es de pensamien o más di undidas, e a que el
p oblema de egene ación social no pod ía esol e se si no se con aba con la educación, la cual pe mi ía
ac ua en la aíz de la que nacían muchos de los p oblemas; si no se ecu ía a la cul u a como una
mediación libe ado a. De ahí que ue a p og esi amen e cen ándose en el diseño de p opues as
educa i as y cul u ales, de cuyos bene icios no que ía exclui a nadie; en el desa ollo de un p og ama de
ac uación pa a el que mul iplica ía es ue zos y búsquedas a lo la go de oda su ida.
Hay que comenza haciendo. La ac i idad que desa olló en aquella ci cuns ancia —él, que
en an as ocasiones esc ibi ía: “hay que comenza haciendo”, “hemos de con es a con los hechos”,
“las ob as sí, esas dicen con elocuencia incompa able lo que somos”, “el es imonio elocuen e de los
hechos”— ue apo a p og amas, concebi p oyec os y c ea ins i uciones encaminadas a
sal agua da la au onomía que ambién había que econoce al p o eso ado, a p omo e su
econocimien o p o esional, a apoya su ac ualización pedagógica y a in e pela , pa iendo del
hecho de esa p og esi a es a alización del sis ema escola , al p o eso ado c is iano que abajaba en
las es uc u as educa i as o iciales, pa a que ac ua a con compe encia p o esional, con
esponsabilidad y cohe encia con su e, y uniéndose en inicia i as y acciones coo dinadas. Mos ó
en di e en es ocasiones su desacue do con las oces que hacían culpable al p o eso ado de los
p oblemas que había en la enseñanza; que señalaban p ecisamen e a quienes es aban sopo ando
más de ce ca las consecuencias de aquella si uación: “En gene al, sabemos mejo lanza lamen os y
p onuncia ama gas quejas, que pensa en emedia los males y ejecu a lo que en endemos se
necesa io pa a consegui lo... Se quejan de es e mal, y us igan al p o eso ado, y lo ec iminan, y
has a lo desp ecian. Todo es injus o”, publicaba en 1911.
La inquie ud po el p o eso ado, po su o mación, po su coo dinación, es la a ea que conside ó
más u gen e abo da po la posición especialmen e ele an e que ese colec i o ocupaba, y sabemos
que sigue ocupando hoy, en el en amado de los p oblemas educa i os. Él daba cla amen e la
p imacía a la a ención al p o eso ado: “Ob a necesa ia, u gen e, de ex ao dina ia ascendencia —
esc ibía en 1910— y a ella debemos acudi …: noso os c eemos que la escuela se á cual sea el
maes o”; “an e odo y sob e odo —decía un año después—, debemos con a con el p o eso ado, si
que emos que nues a labo sea p o echosa. Sin con a con el maes o no podemos da un paso”.
P opuso p og amas conc e os de acción —y es o es lo más ca ac e ís ico de su pensamien o
pedagógico— pa a aquellos maes os y maes as que enían que asumi la g an esponsabilidad en
el acceso del pueblo a la cul u a. Plan eó la con eniencia y diseñó las líneas o ganiza i as de una
Asociación que coo dina a al p o eso ado a ni el nacional y, a pa i de 1911, inició la c eación en
dis in as ciudades españolas de Cen os Pedagógicos concebidos pa a la o mación pe manen e y de
Academias pa a la o mación inicial, de quienes, en el p ime caso, ya es aban eje ciendo el
magis e io o, en el segundo, se p epa aban pa a inco po a se a él. Publicó olle os y a ículos en la
p ensa, además de un Bole ín de las Academias Te esianas —cuya con inuidad con dis in as
cabece as ha llegado has a hoy— que se ía pa a di undi el pensamien o pedagógico en e el
p o eso ado y pa a acili a el conocimien o y el in e cambio de las expe iencias que se ealizaban
en los Cen os.
A Ped o Po eda se le econoce un espacio p opio en la his o ia de la educación pues comp ome ió
oda su ac i idad y sus esc i os, c eó ins i uciones y o eció su colabo ación a inicia i as y a
p oyec os de o as pe sonas, siemp e den o del amplio campo de la a ea educado a. Dan
es imonio de su espí i u abie o y p oposi i o las inicia i as di igidas, más especí icamen e, a la
al abe ización de las clases popula es y a su inse ción en la sociedad; las pensadas pa a la
ac ualización pedagógica del p o eso ado y pa a la a ención a los p oblemas p o esionales del
magis e io, y las que con ibuye on a apoya e impulsa la educación supe io de las muje es y su
acceso al eje cicio p o esional. Es e pedagogo dio c édi o a las inquie udes y a los deseos de
es udia y de mayo pa icipación en la ida social mani es adas po las muje es en aquellas
décadas; c eyó en las posibilidades que enían y es aba con encido de que había que con a con
ellas en una sociedad llena de p oyec os inno ado es y en decidida dinámica de cambio. Y, en la
medida en que pa a esa pa icipación se eque ía que ue an muje es p epa adas, muje es cul as,
conside ó de al impo ancia su o mación que llegó a cali ica la en 1919 como una “cues ión de
ida o mue e”.
Desde cada una de esas mediaciones que ía con ibui a una capaci ación pe sonal y p o esional
cuali icada del p o eso ado, a unas p ác icas inno ado as den o de las aulas, a una ac i ud de
eno ación pedagógica cons an e y, demos ando un especial sen ido de u u o, a una inco po ación
de las muje es a nue os ámbi os p o esionales y sociales.
Se a anó, poniendo de su pa e los mejo es ecu sos, pa a a o ece el econocimien o de cada
pe sona, de cada g upo humano, pa a e i a dis ancias, pa a p omo e espacios de diálogo en los
que hubie a luga pa a odas las palab as. Y lo hizo sin pausa, con espe anza y sin miedo. Y como
en endía la impo ancia de que cada pe sona es u ie a abie a a las demás, buscó, al mismo iempo,
solida idad en o no a un obje i o común.
Así se ue haciendo ealidad lo que en los p ime os años se llamó “Ob a de las Academias” y, a
pa i de 1917, con ando con las p o eso as, alumnas y an iguas alumnas más comp ome idas en la
ealización de esas p opues as, la Asociación In e nacional de Laicos que conocemos como
Ins i ución Te esiana, la cual, asociadamen e o a a és de algunos de sus miemb os, es á p esen e
en la ac ualidad en 30 países de cua o con inen es, p omo iendo y colabo ando en di e en es
p oyec os que ecogen y ac ualizan el pensamien o y las inicia i as po edanas.
Respues as y comp omisos. A Ped o Po eda le acuciaba la u gencia de o ece espues as
conc e as a las cues iones que es aban siendo obje o de p eocupación y de deba e en su iempo.
Con encido de que i ía en una época de ansición que eclamaba nue os plan eamien os, y de que
había que inco po a se a la mode nidad ab iendo pe spec i as hacia el u u o, más allá de
con on aciones ideológicas o de in e eses polí icos, log ó la capacidad de hace en e, con
decisiones no siemp e áciles y con a eas que con ocaban a comp ome e se, a si uaciones muy
complejas en aquellos años y ca gadas de ince idumb es.
Pa a ello pa icipó en cuan as ins ancias cul u ales y educa i as solici a on su colabo ación: en Jaén
ue socio de núme o de la Asociación de la P ensa y de la Real Sociedad de Amigos del País, o mó
pa e de la Jun a P o incial de Enseñanza, de la Jun a P o incial de Bene icencia y del Pa ona o
del Museo P o incial, pe eneció a la Jun a Nacional con a el Anal abe ismo, ue Decano de la
Academia de Es udios Giennenses y P o eso de las Escuelas No males y del Semina io Diocesano.
Más a de en Mad id, cuando la Ins i ución Te esiana es aba o mada po cua o Asociaciones con
una g an di e sidad de ac i idades, y uncionaban Academias en muchas ciudades españolas,
además de en Chile y en I alia, Po eda ue Consilia io de la Asociación Nacional de Pad es de
Familia, o ganizó la Fede ación Nacional de Es udian es Ca ólicas y la Liga Femenina de
O ien ación y Cul u a, y ue miemb o undado de la Fede ación de Amigos de la Enseñanza,
además de Capellán Real y o as muchas cosas. Se le encon aba siemp e allí donde había que
auna es ue zos, donde se eque ía un apoyo, donde e a necesa io un abajo coo dinado.
En odos los espacios en los que u o una palab a apos ó, desde un ca olicismo cohe en e y
comp ome ido con la ac ualidad, po una alo ación de la cul u a como medio undamen al pa a el
se icio que había que o ece a la sociedad, y po una aplicación de la pedagogía más inno ado a
en cuan o al es ilo, al clima y a los mé odos con los que había de desen ol e se la a ea educa i a
en los di e en es ámbi os: en la escuela, en la amilia, en las ac i idades de ocio, e c. Una cul u a y
una pedagogía inculadas a un cambio en las elaciones sociales y, desde luego, no disociadas de la
e, pa a con ibui a un alan e de pe sona en el que ue a posible el diálogo en e la compe encia
cien í ica adqui ida, la expe iencia de e cul i ada y los comp omisos asumidos.
Demos ó un ap eciable sen ido de la his o ia y una conciencia a en a a lo que exigía el p esen e en
el que i ió, ambas cosas como el mejo camino pa a pode man ene una ac i ud abie a al u u o.
Sin nos algia del pasado, sin ió la ida como una a ea, como un p oyec o, como un comp omiso, en
la que el iempo que se nos da iene un alo p imo dial. No hay que deja que ese iempo se nos
pase, espe ando; no hay que deja que ese iempo se nos escape, sólo hablando y p oyec ando. És a
pa ecía se una de sus máximas. Cuando esc ibe y publica, incansable, sob e emas de enseñanza y
sob e p oyec os educa i os, lo hace pa a despe a conciencias, pa a es imula , pa a mo e a la
acción. Nada pudo de ene su olun ad de o za los lími es de lo posible pues se alimen ó, du an e
décadas, de un pa imonio de con icciones y de c eencias que hicie on posible el desa ollo de una
p opues a educa i a, de un p oyec o cul u al y de desa ollo humano que, pensado en unas
coo denadas espacio- empo ales conc e as, sigue siendo ac ual cien años después.
Rele ancia y Signi icado. Ped o Po eda se nos p esen a como un homb e lúcido y
comp ome ido que p es ó y sigue p es ando un se icio a la sociedad desde su condición de
pedagogo y de humanis a po sus apo aciones al pensamien o educa i o y po las ealizaciones que
puso en ma cha y que hoy siguen i as. Un pensamien o y unas a i maciones ace ca de lo que debe
se la educación, que siemp e encon amos en elazadas con las expe iencias que p opone o ealiza,
con la p ueba de la e dad que son las acciones mismas; unas ideas que pueden se con as adas en
la pe i encia de las mismas en incon ables educado as y educado es de aye y de hoy que han
dado y siguen dando ac ualmen e o ma a sus p opues as. De ahí que se le econozca un luga en las
búsquedas y log os pedagógicos del siglo XX. Se nos p esen a como un c is iano, como un
sace do e de e au én ica, que se había o mado pa a el se icio que deseaba o ece , ob eniendo en
Se illa la licencia u a en Teología y en G anada el í ulo de Maes o. Un in elec ual que mi ó con
p eocupación, pe o con co dialidad, las ci cuns ancias sociales y polí icas en las que le ocó i i ;
que analizó con mi ada amplia los acon ecimien os que se p oducían y que buscó espues as pa a
que en aquella sociedad del p ime e cio de siglo, hubie a un luga pa a odas las pe sonas, pa a
odos los g upos. Un c eyen e que deseó p esencias signi ica i as en los ámbi os que él en endía
especialmen e sensibles a una ac uación que oca a de ce ca a las pe sonas: a las que es aban más
lejos de la cul u a, po ca ece de medios; al p o eso ado y a los medios pa a su o mación; a las
muje es que que ían y debían es udia . Un es imonio de p esencia c is iana en la ida pública que
no pasó desape cibido en su iempo, ni pa ece habe pe dido signi icado pa a la Iglesia de hoy
pues o que lo p opone como e e encia, como modelo, al p oclama su san idad en es e año 2003.
Conside ado, a eces, como un isiona io, como un u ópico —con es e sen ido le denominó
“p oyec is a” un pedagogo de la época—, enido has a po eme a io, eligió, en e dad, una ida
expues a a la con adicción: incómoda pa a sí mismo y segu amen e pa a o as pe sonas po que —

como ha señalado Ángeles Galino— ac uó, esc ibió, o mó escuela, undó, publicó; po que se sumó
a cuan as inicia i as incidían en el mismo empeño educado y eclamaban su colabo ación.
Sí, quizás e a una u opía cuando empezó a o mula la, pe o con la que ue consiguiendo, a ue za de
con icción y de diálogo, no sólo con o a a los que sin ie on que ponía palab as y acciones a lo que
ellos sólo habían sido capaces de soña , sino que log ó a ae , pe suadi y engancha a o os muchos
homb es y muje es, más jó enes o menos habi uados a pensa caminos al e na i os.
Algunos de los p oblemas que hoy iene plan eada es a sociedad no di ie en an o de los de aquel
p ime e cio de siglo, o os en cambio sí, po lo que las soluciones, las nue as p opues as, hab án
de ene en pa e con inuidad y ambién, en pa e, se di e en es. Pe o pa a la elección, en cualquie a
de los casos, y pa a su pues a en p ác ica, nos sigue si iendo o a de las a i maciones que Po eda
dejó esc i as: “Hagamos la educación que los iempos demandan”.
Es deci , la que mejo p omue a y haga c ece a cada pe sona, la que ayude a disce ni los alo es
que humanizan, la que ilusione lo bas an e pa a segui haciendo sin dimi i de las inexcusables
esponsabilidades que enemos espec o de las gene aciones u u as. En de ini i a, la que sepa es a
al se icio de una sociedad más jus a y más a e na, u o de una escucha a en a a “lo que los
iempos demandan”.