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La representación cinematográfica: una aproximación al análisis sociohistórico

Rueda Laffond, José Carlos; Chicharro Merayo, María del Mar

Abstract

Este trabajo estudia algunas características presentes en la representación cinematográfica del pasado y de la actualidad, contrastando el análisis fílmico y la interpretación sociohistórica del documento cinematográfico. Para ello estudia dos ejemplos muy populares, Novecento e Historias del Kronen. La metodología aplicada tiene en cuenta el contexto intelectual, sociológico e historiográfico donde se enmarcan ambos relatos y la adecuación de sus respectivos discursos fílmicos a los márgenes impuestos por la narrativa audiovisual. Asimismo se interroga acerca de la construcción de arquetipos, situaciones y explicaciones sociales e históricas mediante el cine.

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La representación cinematográfica: una aproximación al análisis sociohistórico 1 . José Carlos Rueda Laffond Mª del Mar Chicharro Merayo RESUMEN Este trabajo estudia algunas características presentes en la representación cinematográfica del pasado y de la actualidad, contrastando el análisis fílmico y la interpretación sociohistórica del documento cinematográfico. Para ello estudia dos ejemplos muy populares, Novecento e Historias del Kronen. La metodología aplicada tiene en cuenta el contexto intelectual, sociológico e historiográfico donde se enmarcan ambos relatos y la adecuación de sus respectivos discursos fílmicos a los márgenes impuestos por la narrativa audiovisual. Asimismo se interroga acerca de la construcción de arquetipos, situaciones y explicaciones sociales e históricas mediante el cine. ABSTRACT This paper studies some of the features we can find in the cinematographic images about past and the present time, using film analysis and sociohistoric interpretation of cinematographic documents. For this aim, we study two well-known examples, Novecento and Historias del Kronen. The methodology we apply take into account the intelectual, sociological and historiographic environment in which both narratives are placed, and the relationship between both film discurses and audiovisual narrative limits. In this way, we question about the construction of arquetypes, situations, and social and historic explanations, through cinema. Palabras clave: Cine/Representación cinematográfica/Sociología/historia/Análisis fílmico. Key words: Cinema/Cinematographic images/Sociology/History/Film analysis. 1. Introducción Aún son escasos los trabajos que, en el ámbito de las ciencias sociales, recurren al cine como elemento de acercamiento a la realidad, a pesar del enorme alcance de este medio en el contexto de las sociedades contemporáneas. En todo caso, en los últimos años se han multiplicado las reflexiones teó1Este trabajo forma parte del proyecto de investigación, “Ir al cine en España (1896-1939). La organización del entretenimiento como factor de modernización”, financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología. ÁMBITOS. Nº 11-12 - 1er y 2º Semestres de 2004 (pp. 427-450) 428 La representación cinematográfica: una aproximación al análisis sociohistórico ricas y metodológicas sobre el lenguaje cinematográfico y su lectura3. Estos estudios, sin embargo, no suelen tener un carácter multidisciplinar, en contraste con las diferentes dimensiones que confluyen en el objeto cinematográfico -su componente audiovisual, narrativo, empresarial, artístico, y espectatorial. No obstante, la mayoría de ellos suelen quedar restringidos a una única perspectiva de análisis. Por ejemplo, en el ámbito de la sociología, las aportaciones realizadas en esta dirección se articulan en torno a dos temas clásicos. Una primera línea de investigación, que enlaza con buena parte de los trabajos realizados desde la sociología de la comunicación, aborda los efectos que el cine, como el resto de los medios, puede generar en sus espectadores y en el medio social en el que éstos se insertan4. La segunda línea de reflexión se centra en la capacidad del cine para reflejar elementos propios de una determinada sociedad. El cine se entiende entonces como reflejo y transmisor de ideología5. De acuerdo con esta visión, “el film pone en escena el mundo, y al hacerlo es uno de los lugares en que constantemente cobra forma la ideología (…). [La tarea del investigador es la de] definir según que reglas se transforma el mundo en imágenes sonorizadas”6 Desde la perspectiva histórica, el cine, habitualmente, se ha empleado como un instrumento auxiliar para una historia más general, o como objeto de estudio histórico, sobre todo desde perspectivas estéticas y formales. En los últimos años se ha impulsado sin embargo, una línea de reflexión acerca de la virtualidad del cine como reflejo y representación de realidades pretéritas. Como reflexiones generales, son bien conocidas a este respecto las posiciones de autores como Marc Ferro7 o Robert Rosenstone8. Especialmente atractiva es la posición de este historiador norteaméricano al insistir en la virtualidad del film como discurso explicativo histórico autónomo del relato histórico. El objeto del presente trabajo es plantear un análisis multidisciplinar, desde un enfoque histórico y sociológico, de material cinematográfico. Nuestro punto de partida es la consideración del cine como representación sociológica e histórica9. 3 Únicamente en el ejemplo del análisis fílmico, pueden recordarse los trabajos de AUMONT, Jacques y MARIE, Michele, Análisis de film, Paidos, Barcelona, 1993, CARMONA, Ramón, Cómo se comenta un texto fílmico, Cátedra, Madrid, 1996, y CASETTI, Francesco, y DI CHIO, Federico, Cómo analizar un film, Paidos, Barcelona, 1997. 4Cfr. PARDO, Alejandro, “Cine y sociedad en la tradición cultural anglosajona”, en PELAZ, José-Vidal y RUEDA, José Carlos, Ver cine. Los públicos cinematográficos en el siglo XX, Rialp, Madrid, 2001, pp 59-79. 5 Cfr, PARDO, Alejandro, op. cit. y SORLIN, Pierre, Sociología del cine. La apertura para la historia del mañana, Fondo de cultura económica, México, 1985. 6SORLIN, Pierre, op. cit., p. 252. 7 Cfr. FERRO, Marc, Historia contemporánea y cine, Barcelona, Ariel, 1995. 8 Cfr. ROSENSTONE, Robert,, El pasado en imágenes. El desafio del cine a nuestra idea de la historia, Barcelona, Ariel, 1997. 9 El concepto de representación cinematográfica y un estado actualizado de la cuestión en MONTERDE, José Enrique, MASOLIVER, Marta Selva, y SOLÁ, Anna, La representación cinematográfica de la historia, Akal, Madrid, 2001. 429 José Carlos Rueda, Mª del Mar Chicharro Como es sabido, el concepto de representación, desde un punto de vista etimológico, tiene una doble acepción: la de ausencia (la representación es el objeto que sustituye a lo representado) y la de presencia (imagen sustitutiva con sentido simbólico). El cine por definición expresa doblemente este carácter. En primer lugar, como escenificación filmada. En segundo término, como representación de prácticas y usos sociales externos al film. Desde una perspectiva histórica, muchas veces, hemos de hablar, incluso, de un tercer nivel de representación, puesto que el film expresa acontecimientos ya sucedidos. Habitualmente la representación no es el objetivo de la creación cinematográfica, sino un instrumento planteado, ya sea para la persuasión, la información, o el entretenimiento del público. Sin embargo, estos objetivos formulados a priori pueden verse desvirtuados por múltiples factores: por las distorsiones frente a la idea inicial en el proceso de producción del film, por la aplicación de estrategias y resoluciones narrativas, por exigencias comerciales o legales... Y en último término el sentido persuasivo, informativo y de entretenimiento depende, también, de su recepción por parte del espectador. Este asunto nos lleva directamente a la cuestión de la separación entre lo cinematográfico y su apropiación por parte del espectador. Trasladando las reflexiones planteadas por Roger Chartier respecto al mundo de la lectura, ha de recordarse que el film se presenta con una determinada materialidad, con una organización temática, de contenidos y de sugerencias, que definen un sentido, y con ello una significación. Así mismo, el visionado de film se produce en contextos espaciales, sociales e individuales específicos. Y se inscribe, a su vez, en una cultura cinematográfica personal y colectiva10. A partir de estas premisas, el objetivo de captar y señalar las dotes referenciales del discurso cinematográfico pasa por el diseño de una estrategia de investigación y análisis. En la medida en que se postula la capacidad representativa del relato fílmico, y su carácter de fuente para el afrontar el estudio de la realidad sociohistórica, este trabajo opta por herramientas cualitativas de recogida y análisis de datos, coherentes un objeto de estudio tan complejo y pluridimensional. Hablamos de técnicas cualitativas de investigación para referirnos a aquellas que pretenden obtener cualidades o rasgos definitorios de la realidad estudiada, nunca datos numéricos, puesto que su objetivo no es el de cuantificar. Dentro de los enfoques cualitativos se incluyen variadas técnicas de investigación social. Es decir, son muchas las herramientas y los materiales de análisis en los que se puede apoyar una investigación de este corte. Se pueden utilizar técnicas de observación y participación, como es el caso de la observación participante. Aquí el material de análisis se obtiene a través de la observación directa. Se puede recurrir a técnicas de na10 CHARTIER, Roger, “El mundo como representación”, Historia social, nº 10, primavera verano 1991, p 167. 430 La representación cinematográfica: una aproximación al análisis sociohistórico rración y conversación, como son las entrevistas en profundidad o los grupos de discusión. En este caso el material es el discurso individual o grupal de sujetos relevantes para la investigación. En otras ocasiones, la recogida de los datos no exige la elaboración de una herramienta concreta para su acopio, como en los casos anteriores, sino que determinados productos sociales son en sí mismos datos de utilidad para el investigador, y adquieren el carácter de documentos susceptibles de ser estudiados. Dentro de esta última categoría se incluirían tanto documentos escritos como visuales y audiovisuales (fotografías, pinturas, esculturas, televisión, cine, radio...). La elección de uno u otro tipo de material condicionará el tipo de datos y la manera de enfrentarse a su recogida, tratamiento y análisis. El tipo de documento a utilizar en este trabajo será una clase concreta de material audiovisual: el cine. Recurriremos a la lectura de imágenes, temas, discurso..., es decir, a los componentes de la representación cinematográfica, utilizando conceptos y herramientas interpretativas propias de la historia y la sociología. Suponemos entonces que el film, tan poco utilizado para realizar análisis histórico y sociológico, nos será de utilidad en tanto que elemento de cultura material vinculado con un período histórico o un fenómeno sociológico. De este modo, el cine, adquiere el carácter de dato secundario, o “cúmulo de informaciones que se hallan recogidas o publicadas por diversas instituciones sin propósitos específicos de investigación social, sino con otros fines muy variados”11. La utilización de documentos audiovisuales como base para nuestro análisis entraña ventajas e inconvenientes. La gran ventaja de este tipo de material tiene que ver con su capacidad de guardar imágenes y mensajes. Esto quiere decir, que podemos utilizar cultura producida en otro momento y en otro contexto social. Sin embargo, cuando el material audiovisual utilizado es el cine, se introducen toda una serie de peculiaridades específicas. El momento al que se refiere la narración no corresponde necesariamente con el momento en el que se produce el documento. Del mismo modo, el contenido de la narración tampoco será necesariamente fiel a una realidad sociológica o histórica determinada. De ahí que no se puedan extraer datos representativos, inferenciables, o que “recuperen”12 una determinada realidad. El material cinematográfico no deja de ser una creación y una interpretación y no un “espejo de la realidad”13. 11 ALMARCHA, Ámparo, et al., La documentación y organización de los datos en la investigación sociológica, Fondo para la Investigación Económica y Social de la Confederación Española de Cajas de Ahorro, Madrid, 1969, pp. 30-31. 12 Cfr. SCHWARTZ, Howard D., JACOBS, Jerry, Sociología cualitativa. Método para la construcción de la realidad, Trillas, México, 1984. 13 VILCHES, Lorenzo, La lectura de la imagen. Prensa, cine, televisión, Paidos Comunicación, Barcelona, 1992, p. 9. 431 José Carlos Rueda, Mª del Mar Chicharro A partir de este conjunto de premisas se articula el presente trabajo. Nuestro intento de poner de manifiesto las dotes representativas de la narración fílmica será ejemplificado mediante el análisis concreto de dos relatos cinematográficos: Novecento (Bernardo Bertolucci, 1976) e Historias del Kronen (Montxo Armendariz, 1994).El análisis de los dos casos escogidos pretende dar cuenta de las posibilidades del cine como fuente para el estudio científico. La elección de nuestros dos casos de estudio concretos está motivada, en primer lugar, por el intento de mostrar las posibilidades del relato fílmico el caso de dos documentos tan dispares como los elegidos. Por lo tanto, el primero de los criterios de selección ha sido el de la heterogeneidad, que separa las dos narraciones en prácticamente todas las dimensiones de su construcción. En segundo lugar, dentro de las diferencias entre los dos films, especial relevancia adquiere el momento temporal en el que cada uno de ellos se sitúa. Mientras que el primero es un film histórico en sentido estricto, el segundo puede ser categorizado como una narración de tiempo presente, como un dibujo de una parte de la realidad de la sociedad española contemporánea. En el primero de los casos contamos con material histórico para contrastar el relato fílmico. En el segundo de los casos, son los datos y herramientas sociológicas los que permiten valorar el grado de verosimilitud del relato. De ahí que el segundo de los criterios de selección de los casos sea el de el tipo de sociedad que referencia el relato, y su lejanía temporal en relación con el entorno contemporáneo. Novecento es una realización italiana producida en el ecuador de los años setenta. Su temática gira en torno a uno de los mitos centrales del siglo XX: el antifascismo y los ideales emancipadores de la revolución social. Esta película refleja, y es fruto, de una cultura política muy representativa en la Europa mediterránea durante ese período. Expresa una actitud militante clásica, enraizada con una tradición ideológica que arranca del siglo XIX. Militancia con la que se identificó un sector importante de jóvenes, fundamentalmente con formación universitaria, peculiares revolucionarios en un escenario de bienestar económico, paralelo a la prolongada edad de oro del capitalismo en la Europa occidental. Novecento es, no obstante, una película históricamente paradójica. Enlaza con el subgénero del cine político de denuncia, y ensalza un modelo revolucionario mediante una determinada concepción de la historia. Sin embargo, su sentido de denuncia y su interpretación historiográfica no se enmarca en un contexto de marginalidad. Puede afirmarse, por el contrario, que sus referentes culturales y su público objetivo están formados por los estratos beneficiados por el bienestar de postguerra. Frente a la representación social del pasado ofrecida en Novecento, Historias del Kronen nos plantea una representación social del presente, en un contexto histórico cronológicamente cercano, pero bien distinto al que acompañó la película de Bernardo Bertolucci. 432 La representación cinematográfica: una aproximación al análisis sociohistórico La obra de Montxo Armendariz se sitúa en la España de los años noventa, en la que, superado el periodo de transición a la democracia, la población española hace patente su desencanto en relación con la dinámica política y económica. El proceso de modernización había despertado importantes e idealistas expectativas en amplios sectores de la población durante la década de los sesenta y de los setenta. Sin embargo en los noventa se hacen ahora visibles los desequilibrios inherentes a todo cambio acelerado y concentrado en el tiempo. Las actitudes de la sociedad española en este momento se representan en la película a través de los objetivos vitales, usos y actividades cotidianas de un grupo de jóvenes urbanos acomodados y desmovilizados políticamente. Sus experiencias de socialización son dibujadas a partir de la relación que establecen con dos instancias básicas en la inserción de todo individuo en el medio social: la familia y el grupo de iguales. Mediante esta incursión en las vivencias de un grupo de jóvenes con características sociodemográficas no siempre inferenciables, se lanzan toda una serie de mensajes e imágenes que van dando forma a lo que se entiende genéricamente por joven y juventud. 2. La representación histórica en el cine: Novecento 2. 1. Novecento: dimensiones en la representación. Novecento (Bernardo Bertolucci, 1976) constituye un ejemplo recurrente de la utilización, habitualmente con fines didácticos, del cine histórico. El film evoca un lapso temporal dilatado -el primer tercio del siglo XX-, concibiéndolo como un arco cronológico plagado de tensiones políticas y sociales cada vez más agudas. El punto de arranque de la obra se establece a partir del mundo de pervivencias heredadas del siglo XIX, en una comarca agraria en la región de la Emilia italiana. Un universo de valores morales y materiales preindustriales, dominados por la división radical entre poseedores y desposeídos. Pero también un mundo donde irrumpen los cambios, los nuevos conflictos asociados a la modernidad, al nuevo siglo. Aunque el espectador nunca perderá de vista ese referente espacial -el microcosmos agrario-, el film es un prolongado transcurrir para observar las tensiones precipitadas por el nacimiento del movimiento obrero, la descomposición del régimen político del liberalismo oligárquico, la Gran Guerra, el radicalismo de los “años rojos” y, finalmente, la violenta irrupción del fascismo. Desde esta perspectiva, Novecento se nos presenta como una verdadera crónica en formato audiovisual, como un espejo que sintetiza -¿qué refleja?- una dinámica histórica, entendida como lógica unidireccional, donde se superponen de manera coherente los acontecimientos capitales sufridos por Italia durante las tres primeras décadas del siglo XX. Pero este enfoque, en correspondencia con lo ya señalado en páginas anteriores, pronto podrá aducir que el film está radicalmente limitado por diversos 433 José Carlos Rueda, Mª del Mar Chicharro inconvenientes, que obligan a considerarlo como un instrumento secundario respecto a una correcta comprensión histórica acerca de los acontecimientos que pretende retratar. En definitiva, que la película agota sus potencialidades en un primer estadio, ya que ilustra unos procesos que resultarían únicamente comprensibles como globalidad mediante una explicación externa. Esta limitación se justificaría no sólo por su naturaleza fílmica. También por su sentido como película de ficción, y por tanto, como escenificación, sólo en apariencia fidedigna, respecto a una realidad por tres veces desvirtuada: por el paso del tiempo respecto a los momentos históricos que evoca, por la sujeción a la simplificación impuesta por la narrativa audiovisual y, finalmente, por la invención de personajes y situaciones. Imaginación, invención, sugerencia -que no afirmación- ... Todas estas premisas parecen agotar pronto las posibilidades de Novecento como relato histórico, y, desde luego, apenas si cuestionan otras variables -quizá las variables esencialespara entender la capacidad historiográfica de esta propuesta fílmica, entendida a un tiempo como documento del pasado y como representación histórica. En efecto, una lectura más ambiciosa de Novecento permite engarzar otros muchos aspectos que superan esta visión reduccionista entre lo que fue y lo que vemos. El film, como documento que aborda un tema histórico, es la suma de múltiples dimensiones interrelacionadas. Y sin duda puede proporcionar, como ocurre con otras muchas películas de ficción, nuevas perspectivas a la idea de Agnes Heller, de que “la historia es una historia”. La obra de Bertolucci es una superproducción internacional, que responde a la lógica del entretenimiento y a unas expectativas comerciales. Pero igualmente, se trata de un film explícitamente político, militante, realizado en Italia durante la edad de oro de este tipo de producciones. Es una narración cinematográfica, y por tanto, desarrolla una lógica argumental que impone y aprovecha sus propias reglas. Se presenta también como una propuesta interpretativa claramente adscrita a una vertiente simplificada del marxismo, entendida como cultura política, artística e historiográfica. Constituye una reflexión sobre el mito y la imagen de la revolución, que enlaza temáticamente con otros referentes audiovisuales o literarios. Es, por fin, una obra que, para su correcta interpretación, exige que no perdamos de vista las dos secuencias temporales históricas que en ella confluyen: la evocada en el relato (1900-1945), y la referida al contexto (no sólo cinematográfico o de autoría, también histórico-político) de su realización (1974-1976). Novecento constituye la mayor superproducción histórica realizada en Italia hasta la fecha. Bernardo Bertolucci ha evocado los excesos de su realización y distribución. Tres años invertidos en su producción, más de un año de rodaje, un primer montaje de seis horas y cuarto, un montaje definitivo de cerca de cinco horas, finalmente exhibido en forma de dos películas. A ello se suma la problemática distribución en Estados Unidos, que exige un nuevo montaje para su pase comer- 434 La representación cinematográfica: una aproximación al análisis sociohistórico cial (cuatro horas, divididas en dos partes), tras la negativa de la Paramount a distribuir el film en su metraje europeo. Además, la película resultó un fracaso de crítica y público, a pesar de contar con rostros muy conocidos del star-system norteamericano (Robert De Niro, Burt Lancaster o Donald Sutherland), y de la relativa popularidad de su director al otro lado del Atlántico14. Además, la película de Bertolucci podría ser considerada, en buena medida, como el canto de cisne -y quizá el extremo más épicodel cine político italiano. Este género tuvo ya una destacada presencia en la cinematografía de aquel país tras la conclusión de la II Guerra Mundial, en buena medida gracias a la reflexión histórica sobre el tiempo presente planteada por el neorrealismo15. Sin embargo, a partir de los primeros años sesenta, y desde posiciones con frecuencia abiertamente comprometidas, se multiplicaron las aproximaciones recurrentes al período fascista y postfascista16. La relación de trabajos es muy amplia, como lo son sus registros: baste recordar aquí la obra de realizadores como Comencini, Vancini, Risi, Lizzani, de Bossio o los Hermanos Taviani17. Producciones que eran el resultado de múltiples condicionantes, no sólo explicables desde el prisma de la militancia proselistista de muchos de estos directores en las filas de la izquierda. También por el deseo de ensayar nuevas propuestas fílmicas, en correspondencia con los nuevos cines europeos coetáneos (Free-Cinema, Nouvelle Vague, Nuevo Cine Alemán...), en forma de reacción frente al cine comercial de evasión que había dominado las pantallas italianas durante la década de los cincuenta. A su vez, la multiplicación de este tipo de films histórico-políticos militantes planteó también una peculiar relación, de mutua influencia y fractura, con los grandes referentes de la cinematografía de postguerra, como Rossellini, De Sica, Fellini o Visconti, y con su obra anterior a los años sesenta18. Es en estas coordenadas donde ha de ubicarse buena parte de la obra inicial de Bertolucci, como su trabajo, de expresos tintes autobiográficos, Antes de la revolución (1964). y, desde luego, El conformista (1970) y La estrategia de la araña (1971), donde se aproxima al mundo simbólico de la dialéctica fascismo14 UNGARI, Enzo y RANVAUD, Donald, Bertolucci por Bertolucci, Plot, Madrid, 1987. 15 Sobre la cinematografía italiana tras la guerra: BRUNETTA, Gian Piero, Storia del cinema italiano dal 1945 agli anni ottanta, Editori Reuniti, Roma, 1982, BONDANELLA, Peter, Italian cinema from Neorrealism to the present, Continuum, Nueva York, 1991, o DI GIAMMATEO, Fernaldo, Lo sguardo inquieto. Storia del cinema italiano, 1940-1990, La Nuova Italia, Florencia, 1994. 16 Cfr. con Fascisme et Résistence dans le cinéma italien, Etudes Cinématographiques, nums. 82-83, Minard Lettres, Paris, 1970. 17 Todos a casa (Luigi Comencini, 1960), La larga noche del 43 (Florestano Vancini, 1960), Una vida difícil (Dino Risi, 1961), El proceso de Verona (Carlo Lizzani, 1962), El terrorista (Gianfranco de Bosio, 1964) o El delito Matteoti (Florestano Vancini, 1973). Con una fecha mucho más tardía, ha de recordarse también La noche de San Lorenzo (Hermanos Taviani, 1981). 18 PINTUS, Piero, Storia e film: trent’ anni di cinema italiano, (1945-1975), Bulzoni, Roma, 1980. Influencia y desapego que puede observarse, por ejemplo, en la conexión temática de los personajes interpretados por Burt Lancaster en El gatopardo y en Novecento. 435 José Carlos Rueda, Mª del Mar Chicharro antifascismo. Ambos films sintetizan algunas características esenciales del cine histórico-político italiano de los sesenta. Una vertiente temática que constituye, a pesar de su extrema coyunturalidad, de su maniqueísmo, o de sus innegables dosis propagandísticas, el resultado de un contexto cultural específico, donde se aunan referentes que provienen de Marx y Freud, de Gramsci y Borges, de Togliatti y Moravia. Un universo de valores en el que confluye el interés del propio Bertolucci por el fenómeno de la memoria, ya sea individual o colectiva, asunto que fue planteado en esos trabajos previos, y como culminación, en Novecento. El sesgo político maníqueo parece dominar la sinopsis argumental de esta película: dos vidas paralelas -Alfredo Berlinghieri y Olmo Dalcóque arrancan en un mismo momento (el día en que se conoce la muerte de Verdi). Dos hombres, dos familias, una jornalera y otra terrateniente, entrecruzadas mediante una sucesión de nudos de acción que se ubican en algunos momentos centrales de la historia italiana (1900, 1908, 1918, 1922, 1934, 1943 o 1945). El discurso del film expresa una metáfora personalizada y dramatizada de la lucha de clases, actitud encarnada en la obra de Bertolucci en la posición divergente, pero también en ocasiones muy próxima, asumida por los dos protagonistas centrales. Éstos adquieren en su comportamiento perfiles arquetípicos, tanto en su calidad moral como en su capacidad para encarnar unos rasgos sociales simplificados (proletariado versus burguesía). La irrupción del fascismo se encarna en otra figura arquetípica -el violento e irracional capataz Attila, subordinado de Alfredo y jefe local de los camisas negras-, que actúa como referente personalizado de la alianza establecida desde 1922 entre la dominación económica y el nuevo poder autoritario. Arquetipos que no evitan la actitud documental del film, el voluntario “efecto-realidad” y el interés antropológico. Como ha planteado Peter Burke, la obra expresa un sentido simbólico dual -el constante juego entre analogías y oposiciones-, mediante una metodología que establece múltiples puentes entre el micronivel (la comunidad campesina y su vida cotidiana) y el macronivel (clases sociales y tiempo histórico)19. Ello en un sentido bidireccional, ya sea representando prácticas colectivas, ya a partir del empleo de recursos dramáticos que tienden a reforzar la agrupación de los personajes de ficción y de sus relaciones individuales (por ejemplo, las réplicas de Alfredo y Olmo respecto a las relaciones establecidas entre sus abuelos). Este juego coincide con la asunción por parte de Bertolucci de modelos que proceden de experiencias cinematográficas previas. La asimilación de la conciencia de clase es un aspecto central en la literatura socialista o anarquista desde el último tercio del siglo XIX. Obras como Hay que quemar un hombre (Valentino Orsini y 19 BURKE, Peter, Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico, Crítica, Barcelona, 2000, pp. 220-221 y 211. 442 La representación cinematográfica: una aproximación al análisis sociohistórico a otras fuerzas del centro-izquierda. Como telón de fondo, el golpe de septiembre de 1973 en Chile, la primera recepción de la crisis económica y laboral, y la tensión desestabilizadora generada por el terrorismo de las Brigadas Rojas y la extrema derecha. El compromiso histórico representaba, de hecho, la aceptación por parte del PCI de los marcos de integración en el Viejo Continente (CEE y, muy especialmente, la OTAN). Suponía quebrar el factor K de la política italiana, aquel que explicaba históricamente el relegamiento de los comunistas al papel de perpetua oposición en un país occidental. Y se traducía en el llamamiento a la colaboración parlamentaria y gubernamental con la elite de poder demócrata-cristiana, con el objetivo de renovar la vida política y asegurar una mínima estabilidad. El partido se había institucionalizado desde los años cincuenta, incrustándose en algunas estructuras de poder. Pero desde finales de los años sesenta parecía encabezar los movimientos sociales proclives a una renovación de esas mismas estructuras. Este es el escenario de la estrategia comunista moderada en el momento del estreno de Novecento. También el del malestar del aparato del PCI respecto a la representación reivindicativa de clase de la jornada del 25 de abril en el film. Un malestar no sólo temático. También visual, dado que Bertolucci construye la secuencia incorporando múltiples referencias que proceden del imaginario de la tradición revolucionaria del siglo XX. En efecto, la evocación de la liberación colectiva se resuelve mediante un tratamiento visual que podría ser definido como épico, donde confluyen los tonos cromáticos, los travellings y los planos generales, el protagonismo colectivo y la escenografía de las masas, así como el sentido heroico proporcionado por el tema central de la banda sonora (la Romanza de Ennio Morricone). En definitiva, una articulación visual y compositiva de la revolución como espectáculo lírico dotado de referencias etnográficas. Pero una cosa era un mar de banderas rojas en el Primero de Mayo romano, en San Juan de Letrán, y otra muy distinta el juicio histórico a la burguesía colaboracionista con el fascismo bajo un “cielo rojo”, tal y como se representa en el clímax del film. El sentido mítico parecía justificar ese tratamiento visual, donde confluían reconstrucción e invención. Pero también descontextualización de las señas de identidad visual. En este sentido, parece obvio que el director representaba conscientemente una secuencia estética que, partiendo de la obra El cuarto estado, de Pelizza da Volpedo, acababa desembocando en las claves icónicas más ortodoxas que nutrieron, entre los años treinta y cincuenta, el realismo socialista y su mundo paralelo de héroes, trabajo incansable, activismo político y combate contra el fascismo31. 31 Cfr. con CLARK, Toby, Arte y propaganda en el siglo XX, Akal, Madrid, 2000, pp. 87 y ss. 443 José Carlos Rueda, Mª del Mar Chicharro 3. Historias del Kronen 3.1. Historias del Kronen o la exaltación de la juventud La temática que aborda la película Historias del Kronen es un claro reflejo del interés que las cuestiones relativas a jóvenes y juventud despiertan entre las audiencias y la opinión pública. Todo lo relacionado con los jóvenes y con lo juvenil se convierte en un valor en alza en las modernas sociedades postindustriales. La juventud, considerada tradicionalmente, como un período de tránsito hacia la adquisición de roles específicamente adultos, tiende a convertirse en un espacio ensalzado por quienes se sitúan en el mismo, y deseado, por aquellos que perciben que lo han abandonado. De este modo, los jóvenes tienden reforzar el valor de un período que se asocia con la ausencia de responsabilidades y cuyo principal elemento de definición y de identidad tiene que ver con el tiempo libre y con una manera distintiva de pautar éste. De hecho, ésta es una de las cuestiones que se refleja de manera más nítida en la película escogida para estudiar algunas de las imágenes que el cine actual maneja para representar el medio juvenil. Historias del Kronen es una película inspirada en el libro que José Angel Mañas escribió con el mismo nombre. El mismo Mañas fue el encargado de transformar su libro en un guión cinematográfico que sería dirigido en 1994 por Montxo Armendáriz, y en el que se intentan describir las peripecias de un grupo de jóvenes urbanos interpretado por Juan Diego Botto y Jordi Moyá entre otros. Este relato cinematográfico gira en torno al espacio de ocio de un grupo de jóvenes urbanos de clase media-alta. La película recorre los lugares de encuentro, las actividades diurnas y nocturnas, y las pautas conforme a las que se interrelacionan este grupo de iguales, situados en su mayoría en un lugar privilegiado dentro del sistema de estratificación social. El principal elemento que da conexión al grupo de protagonistas, es entonces su manera juvenil de entretenerse y de “disfrutar” un largo verano en el que el “tiempo vacío” es el elemento dominante32. 3.2. Historias del Kronen y la representación del proceso de socialización juvenil. La película no tiene entonces una estructura lineal. Tampoco cuenta una historia que arranca con un planteamiento y un protagonista bien definido, se 32 Cfr. CALLEJO GALLEGO, Javier, La audiencia activa, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, Siglo XXI, 1995. El autor recurre a este término para hacer referencia al tiempo juvenil que no tiene una definición clara. Es decir, no es tiempo de obligaciones, pero tampoco es tiempo de ocio. La película que nos ocupa hace referencia a un período y a un colectivo en el que el tiempo de obligaciones se diluye y se convierte en tiempo vacío, sin un objetivo determinado. Las actividades de tiempo libre serán las que tiñan y tiendan a dominar este tiempo no pautado. 444 La representación cinematográfica: una aproximación al análisis sociohistórico desarrolla, y alcanza un clímax conclusivo. En realidad, pretende describir de manera más o menos estereotipada, una manera de entender la vida basada en el ensalzamiento del presente y del divertimento. Para ello recurre principalmente a un grupo de personajes que pretenden dar cuenta de la dinámica que se establece en una pandilla de jóvenes que actúa conforme a estas motivaciones. Todo un conjunto de vicisitudes veraniegas será la excusa para realizar un acercamiento a algunos de los elementos propios del espacio juvenil. El peso de la acción recaerá sobre Carlos (Juan Diego Botto) rápidamente identificable como el líder indiscutible del grupo. La narración hará un especial hincapié en señalar al espectador toda una serie de rasgos psicológicos que definen la personalidad de Carlos de manera un tanto simplista y arquetípica. Carlos es dibujado como un joven de personalidad envolvente y atractiva, con gran capacidad para guiar y arrastrar al grupo. Su poder le concede incluso la competencia de señalar quiénes pueden pertenecer a éste y cuáles son las vías de acceso. El personaje de Carlos se convierte en la referencia central, en torno a la que se van configurando el resto de los personajes que hacen su aparición en la película. De hecho, los rasgos de personalidad y las características sociodemográficas de los miembros del grupo de pares se hacen visibles para el espectador su interacción con el protagonista. La relación de cada uno de los personajes con el protagonista es la que justifica su lugar en la trama. Carlos se convierte en el elemento que vincula al conjunto de personajes que desfilan por la película. Además del grupo de pares, la película hace una breve incursión en el mundo familiar del protagonista. La familia encarna las normas y los compromisos propios del espacio adulto, en contraposición al medio juvenil representado por el grupo de pares. La figura de Carlos representará, llevándolos al extremo, algunos de los atributos que habitualmente se vinculan con la condición juvenil. Su filosofía “presentista” le lleva a desechar todo aquello que no sea accesible de manera mediata. El placer se convierte en el único objetivo cuando “el mañana no existe” (afirmación que suscribe en protagonista en uno de los momentos de la película), y la búsqueda del disfrute puede entrar en contradicción con el respeto a las normas sociales. La transgresión se convierte en un fin en sí mismo. En realidad lo que justifica la elección de esta película para nuestro análisis es precisamente su intento de describir un estilo de vida dominado por el tiempo libre y su disfrute. Son los componentes etnográficos los que convierten esta película en documento de utilidad para la sociología.. En este escenario de fondo tienen lugar toda una serie de situaciones que responden al intento de agotar este tiempo de la manera más intensa posible. El presente es lo único que importa, y el futuro no existe, porque este último va asociado a las responsabilidades y éstas son propias del medio eminentemente adulto. 445 José Carlos Rueda, Mª del Mar Chicharro 3.3. Las construcciones y representaciones mediáticas de lo juvenil. Podemos considerar esta película como un documento donde se pone de manifiesto los elementos que buena parte de los medios relacionan de manera sistemática con los jóvenes y su mundo. Si reflexionamos, la mayoría de los mensajes mediáticos en torno a los jóvenes se centran en lo que tiene que ver con su tiempo libre. Las noticias que se dan en los telediarios, los programas de entretenimiento que indagan sobre cómo los jóvenes pasan su tiempo libre, los “busco pareja” tan de moda… Todo este tipo de formatos mediáticos construyen una imagen de la juventud en la que el tiempo de ocio es el plato fuerte. Esa imagen es además la más explotada en toda una gama de productos televisivos que versan sobre jóvenes y se dirigen a jóvenes. Ellos son los protagonistas, y el interés de las experiencias que relatan tiene que ver básicamente, con la manera en la que disfrutan del tiempo libre. De este modo, este tipo de programas responde a un intento de ensalzar el componente más nítido de identidad juvenil: el ocio y la manera de organizarlo. De hecho, el adulto tiene cabida única y exclusivamente, en la medida en que su presencia contribuya a este objetivo. Ya sea legitimando el comportamiento juvenil (haciendo gala de comportamientos imitativos, o de reproches laxos hacia éste), ya sea mostrando los aspectos menos atractivos del medio adulto (criticando algunas actitudes juveniles y ensalzando valores como la responsabilidad). Es decir, los medios lanzan constantemente la idea de que la esencia de ser joven tiene que ver con toda una serie de prácticas de tiempo libre, de maneras de divertirse y entretenerse en el tiempo de no trabajo y no estudio. Desde esta perspectiva, obligaciones y compromisos se vinculan claramente con el espacio adulto, que se define por su oposición con el medio juvenil. 3.4. Análisis sociológico de la imagen de lo juvenil en Historias del Kronen De todo lo señalado se sigue que la importancia del tiempo libre, de los entornos de sociabilidad, la diversión nocturna y el uso sistemático de drogas legales y no legales dentro de este espacio, el valor expresivo de las relaciones sexuales... se convierten en los elementos distintivos de la imagen que desde los medios de comunicación se lanza en torno a los grupos juveniles, y que ellos mismos se encargan de reforzar. La importancia de todos estos elementos se ve sustentada por la acción socializadora del grupo de pares. El ocio, actividad juvenil por excelencia, se vive en compañía juvenil, y el grupo es el medio a través del que el individuo se suma a las actividades juveniles y mimetiza su comportamiento con los que comparten su medio. De ahí, la importancia que en la película adquiere la descripción que se hace del grupo en el que se insertan la mayoría de los personajes. 446 La representación cinematográfica: una aproximación al análisis sociohistórico La trascendencia que la ficción cinematográfica concede al grupo de pares concuerda con el valor que éste tiene en el desarrollo evolutivo del joven. A lo largo de las diferentes etapas por las que pasa el niño antes de convertirse en joven su relación con el entorno social inmediato pasa por muy diferentes momentos. Especialmente en los primeros años de la infancia el desarrollo social del niño se articula a través de su relación con sus adultos más cercanos. La familia adquiere aquí el papel de agente socializador central. En la medida en que este niño se relaciona de manera más intensa con su entorno y adquiere capacidades crecientes para dominar éste, siente ya la necesidad de conocer entornos menos próximos, relacionándose con sus iguales. Desde una perspectiva evolutiva, la etapa adolescente supone en buena medida una vuelta al retraimiento y aislamiento propia de la primera infancia. El grupo pierde valor en un momento en el que la prioridad del individuo es el descubrimiento de un nuevo yo, encerrado en un cuerpo en constante cambio. El adolescente necesita ahora reformular la imagen que tiene de sí mismo y de su relación con el entorno que le rodea. Es importante reseñar el sentido del término adolescencia. El término adolescencia alude a una etapa en el desarrollo evolutivo del individuo, caracterizada fundamentalmente por toda una serie de cambios físicos que a su vez van asociados a ciertos procesos psicológicos. La adolescencia adquiere el carácter de etapa de transición, “moratoria psicológica” período de experimentación, a medio camino entre el mundo infantil y el adulto33. La experiencia adolescente es ante todo configuradora de identidad, de tal manera que el yo se percibe “como separado por primera vez” como propio, tomando el individuo conciencia de sí mismo34,. Frente al significado del término adolescencia, cuando hablamos de juventud dejamos atrás las transformaciones psicológicas y físicas que sufren los individuos en un determinado momento. Ante todo, la juventud es entendida como un período de transición que suele ubicarse en torno a unos determinados límites cronológicos, pero que realmente se define por la adquisición de unos roles específicos. El indicador de la adquisición de estos roles adultos es la obtención de un trabajo estable y la fundación de un nuevo hogar. La juventud es por definición una condición transitoria. La etapa juvenil es un estadio en la vida del individuo que supone su ubicación ambigua en la estructura social. El joven es aquél que se caracteriza por una situación de estatus indefinido puesto que todavía no ha adquirido la condición de adulto que le confiere una posición propia, adquirida frente a la adscrita por origen.. La amplitud de la etapa juvenil no viene dada por factores biológicos que puedan expresarse cronológicamente, sino por factores sociales que permitan una más rápida o más 33 ERIKSON, Erik H., Sociedad y Adolescencia, , Siglo XXI, México 1989, p. 121. 34 Ibíd., p. 69. 447 José Carlos Rueda, Mª del Mar Chicharro lenta integración del joven en actividades consideradas socialmente adultas. La inserción plena de los jóvenes en el medio adulto ha de estudiarse siempre en el marco de la dinámica social general35. Por lo tanto, superadas las principales transformaciones asociadas a la adolescencia, de nuevo el grupo cobrará importancia, hasta el punto de que su valor referencial para individuo, cada vez menos adolescente y cada vez más joven, tiende a superar el de su propia familia. De este modo, durante la etapa juvenil el grupo adquiere un papel protagonista en el proceso de socialización del joven, contribuyendo a la construcción de la autoimagen y la autoestima del individuo. La aceptación e integración en el grupo se convierten en condición sine qua non para conseguir una imagen positiva de uno mismo. Las tendencias recogidas en los informes de la juventud realizados en la última década constatan la importancia del grupo en la vida del joven. Tiende a aumentar el grado de satisfacción que proporciona la amistad, así como la partida presupuestaria y el tiempo dedicado a los amigos36. El grupo de pares se convierte en el ámbito central de entretenimiento y tiempo libre. Evolución de las actividades realizadas en el tiempo libre. 1977 1982 1992 1995 1999 1 Estar con amigos Estar con amigos Salir con amigos Salir con amigos Salir con amigos 2 Oír música Ver T.V. Ver T.V. Ver T.V. Ver T.V. 3 Ver TV Ir al cine Oír la radio Hacer deporte Oír música 4 Leer libros Oír música Charlar con la familia Leer libros Hacer deporte Fuente: MARTÍN SERRANO, Manuel (dir); Informe de la juventud en España 2.000, Injuve, Madrid, 2.002, p. 547, a partir de datos de: Cuarta encuesta de la juventud 1977; Encuesta de juventud 1982; Encuesta de juventud 1992; Informe de la juventud en España 1996; Informe de la juventud en España 2.000. A través de esta vía el joven adquiere toda una serie de normas y valores congruentes con una concepción de la juventud como fin en sí mismo. La juventud se entenderá entonces como una etapa que se debe alargar y disfrutar en la medida en que su duración es limitada, y está asociada a actividades y comportamientos propios, que difícilmente se pueden mantener fuera del momento juvenil. La con35 COLEMAN, James S., HUSÉN, Torsten, La inserción de los jóvenes en una sociedad en cambio, Narcea, Madrid, 1989, p. 34. 36 MARTÍN SERRANO, Manuel “Tres visiones del mundo para cuatro generaciones de jóvenes”, en Historia de los cambios de mentalidades de los jóvenes entre 1960-1990, Injuve, Madrid, 1994, pp 17-54, p. 27, p. 33. 448 La representación cinematográfica: una aproximación al análisis sociohistórico dición juvenil, por un lado, se vincula a la filosofía y el ensalzamiento del presente, y por otro lado, se contrapone a los compromisos y responsabilidades propios del medio adulto. La importancia que los jóvenes conceden al grupo de pares y el ensalzamiento de determinados elementos de identidad juvenil van asociados a una nueva manera de entender la juventud. La condición juvenil no consiste únicamente en prepararse para dejar de serlo. Esta etapa comienza a ser considerada algo más que un mero tránsito entre dos períodos centrales en la vida del individuo. La juventud se va perfilando como una etapa diferenciada asociada a toda una serie de actividades e incluso a un determinado estilo de vida, elementos que dan comunidad a los individuos que dicen formar parte de este colectivo. Aún así, sigue siendo un período cargado de ambigüedad. La adquisición de la condición adulta se ve dificultada por un número creciente de obstáculos. El tránsito es cada vez menos lineal y por supuesto tiende a alargarse. Es cada vez más difícil señalar cuando un individuo se ha convertido en adulto, puesto que los avances van acompañados de retrocesos, y los logros son cada vez más volátiles y temporales. La cantidad de tiempo de ocio disponible y la manera en la que los jóvenes hacen uso de éste se convierten en los elementos distintivos de lo que podríamos llamar identidad juvenil. De hecho, son estos los elementos que se trabajan especialmente en los mensajes que desde los medios se lanzan a los jóvenes. En esta línea se sitúa la película que nos ocupa. Su valor sociológico estriba en su capacidad de reflejar este tipo de elementos que los jóvenes reivindican como exclusivos y diferenciales en relación con otros grupos sociales. El tiempo y espacio de ocio se convierten en los pilares sobre los que este colectivo construye la imagen con la que se identifica, es decir, la que le gusta ver reflejada en el espejo de los otros, y la que le gusta enviar a esos otros. Los medios de comunicación recogen gustosos las demandas juveniles, y elaboran formatos y contenidos sobre jóvenes y para jóvenes, utilizando las imágenes que los éstos quieren recibir de sí mismos. Cuando hablan sobre jóvenes, los medios no lanzan mensajes que fomenten el abandono de la condición juvenil. Prefieren trabajar imágenes de la cara más amable, jovial y vendible de lo juvenil. A pesar de los nuevos significados que tiende a adquirir el período juvenil, su carácter de etapa transitoria e intermedia entre dos condiciones se mantiene. Eso quiere decir, que a pesar del valor que los jóvenes y los menos jóvenes conceden a la etapa juvenil, el objetivo de todo joven ha de ser el de dejar de serlo en la medida en que se obtengan los elementos propios de la condición adulta (autonomía económica y residencial). Por lo tanto, el joven también es socializado, además de para permanecer en la juventud, para salir de ella. La principal instancia encargada de transmitir mensajes y valores centrados no ya en el presente, sino en los logros a obtener en el futuro, es la familia. La familia se convierte en el elemento que refuerza 449 José Carlos Rueda, Mª del Mar Chicharro y mantiene el sentido de la juventud en su acepción de transición hacia el medio adulto. La juventud es desde esta perspectiva un medio para un fin, una etapa de entrenamiento, preparación e incluso de cierto sacrificio, indispensable para poder después alcanzar una buena posición adquirida. Por lo tanto, el joven contemporáneo se halla sometido, entre otras, a la acción de dos instancias de socialización que lanzan mensajes en muchas ocasiones contrapuestos, y con pretensiones diferentes: en primer lugar socializar para ser joven, en segundo lugar, socializar para dejar de serlo37. Esta tensión se refleja muy claramente en la película que nos ocupa. Las apariciones de la familia del protagonista son escasas, pero a través de ellas se deja entrever como los mensajes y expectativas que la familia deposita son el contrapunto a las actitudes y comportamientos de un joven que desea agotar las posibilidades de una etapa sin obligaciones. En esta línea, y tal y como hemos señalado, los componentes estrictamente juveniles, los que dan identidad al espacio juvenil, los que enseñan al joven en qué consiste la juventud, son los más explícitos en los mensajes mediáticos. La visión más tradicional de la juventud, en la que se asocia este período a su dimensión de transición y de acercamiento al mundo adulto, con todo lo que ello conlleva, pierde valor a la hora de narrar las historias de los jóvenes, sobre todo cuando éstas se dirigen a un público juvenil. 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