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Los antaños del Duque

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Los antaños del Duque

Author: Duque Gimeno, Aquilino
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2002
Source: https://idus.us.es/bitstreams/5975a532-e3d7-4f80-9b35-c15fc86d916b/download
LOS ANTAÑOS
DEL
DUQUE
Po
AQUILINO
DUQUE
GIMENO
El poe a y lib e o ienés Pe e Al enbe g, allecido en 1919,
esc ibió que "Dios piensa en el genio, sueña en
el
poe a y due me
en el es o de la humanidad". Pa a ese es o
de
la humanidad en
la
que due me Dios, el pasa
do
es plano, sólo iene dos dimensiones:
base y al u a; sólo pa a aquellos en los que Dios piensa o sueña,
iene el pasado además p o undidad, iene elie e, iene olumen.
Sólo es os úl imos hacen memo ia con au o idad; los o os, o
no
ienen memo ia, o más ald ía que
no
la u ie an. Esa
ma
yo ía
de
memo ia plana, de memo ia cha a, es la ma e ia p ima de lo que
ha
dado en llama se la opinión pública, esa opinión con la que de e -
minados homb es públicos p e enden suplan a los juicios
de
la
His o ia. No es lo mismo esponde an e la His o ia que esponde
an e la opinión pública, y en es o adica la di e encia en e
el
es adis a y el polí ico. Muy
po
cos son los que saben
di
s ingui al
es adis a del polí ico, y al ez en ese disce nimien o adique una
de las no as de
la
cul u a. Como indicio de cul u a concep uaba
o o ienés, Ka l K aus, la capacidad de
di
s ingui ,
si
no
un
es a-
dis a
de
un
polí ico, una u na
de
un
o inal, y di idía a los demás, a
los incul os, a los incapaces
de
dis ingui , en dos g upos: el
de
los
que usan el o inal como u na y el de los que usan la u na como
o inal. Po deci es as cosas y o as pa ecidas, ue íc ima Ka l
K aus de una de las conspi acion
es
de silencio más e oces
de
la
his o ia del pe iodismo. No sólo le es aban edadas las páginas de
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AQUILINO DUQUE GIMENO
los g andes ó ganos de opinión de Viena, sino que en odos ellos se
enía la consigna de no menciona su nomb e bajo el meno p e ex-
o
, has a el pun o de que Die Neue F eie P esse silenció el en ie o
de Pe e Al enbe g po el me o hecho de que Ka l K aus había
p onunciado unas palab as en el cemen e io.
En
una Eu opa b i-
llan e, libe al, de o ada y decaden e, en cuyos sub e áneos bullían
ya los o ali a ismos, Ka l K aus es enaba, adelan ado a
su
iempo,
el sambeni o de Unpe son, de "ape sona'', e ique a que debe íamos
al
O well de 1984. Po o una pa a K aus, nadie le impidió publi-
ca a pa i de 1899
su
p opio bole ín Die Fackel, en el que dio
acogida a colabo ado es ales como Liebknech , Wedekind, Lilien-
com, Al enbe g, S indbe g, Wilde, Schonbe g, pa a a pa i de
1912 queda se solo, des ino inexo able de un homb e cuyo
lema
siemp e ue: "Pues o a escoge en e dos males el meno , no
me
quedo con ninguno
de
los dos".
La
p esen ación de es e cu ioso pe sonaje, y de la cons ela-
ción a la que pe eneció, a la a ición española, ue ob a de un
sace do e a la sazón, Jesús Agui e, que, como di ec o li e a io de
ediciones Tau us, publicó la e sión cas ellana de la ob a
La
Viena
de Wi gens ein, de los p o eso es no eame icanos J anik y Toul-
min. Y o u e conocimien o de es e lib o a a és de una inci an e y
espléndida no a del maes o A angu en en la e is a T iun o. De
en onces acá pasa ían muchas cos
as.
A angu en emp ende ía un
pe eg inaje po las uni
e
sidades de Occiden e con la angus iosa
p e ensión de malba a a su alma a
un
Me is ó eles que jamás
se
dignó acudi a sus conju os, y el P. Agui e -que ya de es udian e
en Munich se había echado a la ca a a Me is ó eles -acaba ía
po
aho ca
la
so ana, oma nue o es ado y gana po él acceso a la
g andeza de España. Un dis inguido ilóso o ex anje o que ol ió
a España a poco de acaba nues a gue a, comen aba que España
e a un país desconce an e, pues an es de
la
gue a había conocido
en Mad id a un sace do e y a un agnós ico, y al ol e aho a se
encon aba con que el sace do e había con aído ma imonio, y el
agnós ico e a cu a y i ía como aile me ceda io. Se e e ía, cla o
es á, a Xa ie Zubi i y a Manuel Ga cía Mo en e. Den o de es a
desconce an e adición de
la
iloso ía española es u o, pue
s,
quien
llega a a se duque conso e de Alba, homb e que a sus muchos
sabe es unió
la
i ud de posee una memo ia es e eoscópica.
LOS ANTAÑOS DEL DUQUE
245
En su lib o de memo ias Casi aye noche, apa ecido
en
Mad id en 1985, Jesús Agui e a aba de disimula esa i ud
al
insinua que de una sola noche, la de
la
íspe a, da aban,
como
di ía Que edo, "los an años que (había) i ido". Esos an años
e an
demasiado a ios y el pe sonaje demasiado complejo pa a que
die-
a buen esul ado la ope ación desmaquillan e de sac i ica un elie e
que odos le aca aban a una cohe encia que nadie le exigía.
Una
biog a ía no es un lago, sino un ío. Po muchos pac os que
se
hagan con el Diablo, no es posible se a la ez p o e a y homb e
de
mundo, de modo que, al elimina las echas de sus a a a es espi i-
uales, Jesús Agui e p ocedía po o una como esos a is óc a as
que al da su a je a hacen como que achan con un ímido azo
la
co ona co espondien e.
La
s medallas de Jesús Agui e es aban
an
bien bu iladas que el iempo, sigamos con Que edo, no había
lo-
g ado lima las, y es o no dejaba de sal a a la is a de unos lec o es
que él no que ía mul i udina ios. Jesús Agui e ue un esc i o
pa a
pocos po habe sido un o ado pa a muchos. Su palab a hablada,
que cong egaba bajo su púlpi o a mul i udes exquisi as, al pone se
po esc i o ende ía a oscu ece se, siguiendo
el
consejo d'o siano,
en un he me is
mo
pa a mino ías an exquisi as como las mul i udes
aquellas que aspi aban a en a en el pa aíso de la mode nidad
po
el ojo de aguja del Va icano II. Y sin emba go, ese oscu ecimien o
e a sólo apa en e o, mejo dicho, g á ico. En la pa e de su ob a
que amos a llama "p o é ica", el o ado se imponía al esc i o .
Agui e esc ibía como hablaba, y su es ilo, mu a is mu andis,
me
hacía pensa en dos o ado es a quienes nunca escuché pe o a quie-
nes he leído alguna ez; dos o ado es muy dis in os en e sí: don
Emilio Cas ela y don An onio Mau a. En Cas ela , po dilui mu-
cha doc ina en la elocuencia; en Mau a, po en e esa que edesca
-o en es e caso g acianescamen e- el es ilo. El se món
-y
los ensa-
yos eológicos del P. Agui e e an en el ondo y en la o ma
se mones- es un géne o o al, y en es e géne o an o impo a
lo
que
se dice como la mane a de deci lo. Lo que a noso os
al
lee lo nos
puede esul a oscu o, al oi lo en boca de su au o esul a diá ano.
Los únicos que en endie on en su in eg idad Finnegan 's Wake ue-
on los que u ie on la sue e de oí selo al p opio Joyce.
Jesús Agui e, an es de s
e
duque conso e, ue eólogo de
angua dia y, po azones ob ias, dado el clima eclesial y social de
246
AQUILINO DUQUE
GIMENO
la época
en
que desempeñó su minis e io,
hubo
de en ol e
en
su iles ci cunloquios p oposiciones an audaces
en
su día
como
la
del pa alelismo en e la analogía escolás ica y
la
dialéc ica
ma xis-
a
, o la con aposición de
la
o op axis de la espe anza a la o odoxia
de
la
e, o la núsa como banque e en e a
la
misa
como sac i icio,
o la equipa ación mo al del c eyen e y el a eo y la consiguie
n e
enuncia del c is ianismo a su ca olicidad.
Se
oponía incluso a la
p e ensión de clé igos como González Ruiz
de
que
ue an los
ca ó-
licos los únicos capaces de dialoga con
los
ma xis a
s,
alegando
que los p o es an es es aban mejo do ados
pa a
en abla ese
diálo-
go. Esa olun ad ecuménica del diálogo le lle a ía incluso a
suge
i ,
pa a acoge en él a
la
s ei indicaciones del
Te ce
Mundo, el "
diá-
logo
en
la acción'', apoyándose nada menos
que
en
ex os del
cu a
gue ille o Camilo To es. Con iene acla a que al paso de
ese
diálogo salía
ya
San Pablo cuando exclamaba "¿Qué conco dia
en e C is o y Belial
?", y de colabo ación
con
el Diablo lo cali icó
lisa y llanamen e el disid
en
e uso Vladimi Maximo , el cual
lle-
gaba a eco da que ese diálogo ya había enido luga hacía dos
mil
años en el desie o al pie de Je usalén. Y
que
en
ese diálogo
ue on
hechas es p oposiciones sociales y ue on dadas es espues as
espi i uales.
"Un
e dade o c is iano -ag ega Maximo -no
iene
nada que añadi a las palab as e e nas de su Sal ado ". Sospecho
que a lo que Maximo llama " e dade o c is iano" es a lo
que,
desde el pun o de is a de las " es p oposiciones sociales", s
uele
llama se "c is iano in eg is a
",
y
que
ese "c is iano in eg is a"
si-
gue llamando con el E angelio " en aciones" a
la
s que
Maxímo
denomina eu emís icamen e "p oposiciones sociales
".
En esas p oposiciones o en aciones
se
ci ó
la
llamada
" eo-
logía de la libe ación", y es bien sabido que el p o e a que
an
in eligen emen e la p edicaba, se ans o ma ía a la uel a de ein e
años
en
el homb e de mundo que con cie o menosp ecio la deja ía
en me a ca equesis.
Deja
una eología en ca equesis es
pa
sa de
la
ca ego ía a la anécdo a, pe o lo
que
aquí in e esa no es e
has a
qué pun o ue anecdó ica
la
eología de la libe ación, sino deja
acla ada oda la dis ancia espi i ual que iba del an iguo p o e a
al
mode no homb e de mundo.
Dije an es que ya
en
Munich el jo en Agui e
se
había
echa
-
do a
la
ca a a Me is ó eles. Fue -él lo cuen a- oyéndole a Romano
LOS
ANTAÑOS DEL DUQUE
247
Gua dini una lección espe ina sob e
Los
demonios de Dos oye s-
ki, en el cu so de
la
cual hizo el a e ado descub imien o de que
el
p opio Gua dini e a el Demonio en pe sona. Y o c eo i memen e
que ese Demonio, al e se
así
descubie o, comp endió que
quien
e a así capaz de descub i lo e a digno
de
se poseído po él, y
así,
al mo i Gua dini, se asladó al cue po de Agui e -cuán o
no
hubie a dado A angu en
po
algo semejan e- y en él pasó
una
buena empo ada. ¿Y qué
pa
só
con el
alma
de Jesús Agui e mien-
as u o el Diablo en el cue po? El p ologuis a de las Memo ias,
Ga cía Ho elano, nos espondía, pun ualizando que no hubo en e
dueño e inquilino con a o de comp a- en
a,
sino de alquile .
Demasiado in eligen e como
pa a
hace una excusa io
non
pe i a, un g a ui o "desca go de conciencia", Jesús Agui e se limi-
a ía a bo a
la
s echas
de
acon ecimien os an memo ables,
insinuando que odo pudo habe sido
"cas
i aye noche". Niego
la
mayo . Desde su ocación sec e a de homb e de mundo, el p o e a
que Agui e ue se in e esó p e e en emen e po
la
p oyección
so
-
ciológica de la eología, y si hay unas ideas que el homb e ale a y
i o e ise y enue e con inuamen e
son
las ideas sociológicas.
Po
eso, de
"c
asi aye noche" es aquella pa e de sus Memo ias
en
que no oímos al Jesús Agui e del púlpi o de moda, sino que lee-
mos al Jesús Agui e que piensa y sueña en la al a noche. Se a a
de las páginas e sas, ensas, ie nas, cla as y cálidas en que desc i-
be su encuen o ju enil con Goe he, y de aquellas o as en que nos
ela a los momen os es ela es y las a inidades elec i as
de
sus años
cen oeu opeos de iaje y ap endizaje. En e esas a inidades des a-
can las de dos judíos salomónicos: Ka l K aus y Wal e Benjamín,
dos homb es en los que ambién habi ó
-y
cómo-
"e
l espí i u
que
siemp e niega". A es e úl imo lo lle ó su ángel, el Agesilaus San-
ande , al).ag ama de D
e
Angelus Sa anas, el ángel de
la
His o ia,
"a mado de pun a en blanco", a qui a se la ida. Es o ocu ió en
Po Bou, o
en
Ce be e, el 26 de sep iemb e de 1940, y no es
ju
s o
que se sume es a mue e a las de nues a gue a ci il, sob e odo si
damos c édi o a la hipo esis ecien e de que esa mue e pudo se
asesina o.
¿A
quién le hubié amos ca gado el mue o si Benjamín
llega a suicida se el 27 de julio de 1932, según le daba a en ende a
Ge shom Sholem en ca a esc i a
la
íspe a? Benjamín siguió a ese
ángel equí oco -uno de los in ini os ángeles que, según
la
Kabala,

248 AQUILINO DUQUE GIMENO
c eó Dios pa a que se disol ie an después
de
can a
Su
glo ia-,
ángel que le eco daba las cosas y las pe sonas de
la
s que había
enido que sepa a se y que lo ha ía eg esa al luga
de
donde
había
enido. Ese ángel -es Sholem quien lo señala- apa ece en la segun-
da epís ola de San Pablo a los co in io
s,
y es "el aguijón
de
la
ca ne, el ángel
de
Sa anás" que abo e ea
al
após ol pa a que
no
se
eng ía. Y es cu ioso que en
su
anag ama es é una palab a -"San an-
de "- que a Jesús Agui e no enía
má
s emedio
que
e oca le
en añablemen e el - obémosle
un
e so al jándalo inmo al- "c is-
al eliz de (s
u)
niñez hu aña".