Full text
· 47 · LA TERCERA JUVENTUD DE HAROLD GARFINKEL: UNA NUEVA INVITACIÓN A LA ETNOMETODOLOGÍA* A. Javier Izquierdo (Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, UNED) RESUMEN Nacida, como suele afirmarse, de la implosión de los paradigmas teóricos dominantes en la academia sociológica ocurrida durante la década de 1960, la etnometodología, la ciencia práctica de la vida ordinaria, se presenta como un verdadero “alterno asimétrico inconmensurable” del análisis sociológico formal, sea éste crítico o positivo. Sin embargo la versión teoricista canónica de la investigación etnometodológica que prevalece en la academia sociológica internacional desde hace ya casi cuatro décadas ha quedado completamente enfangada, estancada por tanto, en los absurdos dilemas pseudo-filosóficos puestos de moda por la teoría sociológica contemporánea (estructura/acción; micro/macro; objetivismo/subjetivismo; modernismo/posmodernismo; positivismo/criticismo; etc.). Tomando como hilo conductor los últimos trabajos publicados de uno de los padres fundadores de la etnometodología, el sociólogo estadounidense Harold Garfinkel, este artículo quisiera ofrecer, en la forma de un retrato más preciso y actualizado de algunas de las provincias más prominentes de su corpus bibliográfico, una “Nueva invitación a la Etnometodología”. ABSTRACT Born, as it is usually stated, from the implosion of the theoretical paradigms dominant in academic sociology occurred in the 1960s, ethnomethodology, the practical science of ordinary life, presents a real “incommensurable asymmetric alternate” to either positive or critical formal sociological analysis. Nevertheless, the canonical, theoretical version of ethnomethodological research, that prevails in the international sociological academy since more than forty years, is almost completely swamped, and thus stagnated, in the preposterous pseudophilosophical problems (structure vs. action; micro vs. macro; objectivism vs. subjectivism; modernism vs. postmodernism; positivism vs. critical theory; etc.) fashioned by contemporary sociological theory. Refering to the most recent works published by one of the «fathers» of the ethnomethodology, the US-american sociologist Harold Garfinkel, the present article is a proposal for a «new invitation to ethnometodology» as it tries to present a more precise and updated portrait of some of the most promised aspects of its bibliography. * El autor desea expresar su agradecimiento a Carlos Moya y Javier Callejo por su incondicional “apoyo crítico” a esta empresa sociológica
Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 3 - 2003 · 48 · Cuanto menos se mire como con la boca abierta la cosa martillo, cuanto mejor se la agarre y se la use, tanto más original se vuelve el atenérselas a ella, tanto más desembozadamente se hace frente a ella como lo que es, como un útil. [...] El más agudo dirigir la vista al “aspecto”, sea éste o aquel, de las cosas, si es “no más que” un dirigir la vista al “aspecto” de éstas, no es capaz de descubrir lo “a la mano”. El simple dirigir la vista “teóricamente” a las cosas carece de la comprensión del “ser a la mano”. Pero el “andar” manipulando y usando no es ciego, tiene su peculiar forma de ver, que dirige el manipular y le da esa específica adaptación a las cosas que posee. (Heidegger, 1971 [1927]: 82-83) 1 Introducción Trazada a muy grandes rasgos, la línea genealógica de la reflexión sociológica académica sobre la cuestión del profesionalismo como eje central del modo de diferenciación compleja y organización descentralizada de las sociedades modernas, que incluiría también en lugar destacado modelo corporatista de integración social desarrollado por Durkheim (De la división del trabajo social, 1902), tiene como hito mayor la formulación de la teoría weberiana del profesionalismo (Beruf) como eslabón perdido entre la sociedad capitalista y la teología cristiana (La ética protestante y el espíritu del capitalismo, 1912). Los escritos de Weber sobre la profesionalidad como religión secular y almacén normativo de uso común influirán luego notablemente, durante la primera mitad del siglo XX, en la formulación de una teoría del orden social de carácter explícitamente normativo (moral) en la sociología de la acción de Parsons (Hacia una teoría general de la acción, 1951, con Edward Shils, y El sistema social, 1951). También es de inspiración weberiana la fenomenología de la acción y de los mundos sociales de Alfred Schütz (El problema de la realidad social, 1962, y Estudios sobre teoría social, 1964). Del conflicto entre la teoría científica de la acción social de Parsons y los trabajos de Schütz sobre la metodología investigadora implícita en la acción social ordinaria, surgirán, a principios de la década de los 1960, una serie de investigaciones concretas sobre la ecceidad (haecceity) singular del profesionalismo sociológico llevadas a cabo por Harold Garfkinkel y sus varias generaciones de alumnos. El problema con Garfinkel -además de su horripilante forma de escribires que su nombre va instintivamente aparejado, en la memoria colectiva de la academia sociológica internacional, a ese cómico, inquietante oximorón académico que es la “etnometodología”. Pero aunque asociable y reiteradamente asociada, en las mentes de muchos sociólogos académicos que comenzaron su carrera profesional en la década de 1970, a una larga retahíla de “-ismos” académicos (fenomenología social, sociología de la vida cotidiana, interaccionismo, microsociología, constructivismo, postmodernismo, etc.), la etnometodología garfinkeliana, presentada inicialmente en sociedad, a principios de la década de 1960, como el estudio científico de las actividades ordinarias consideradas en tanto que actividades metódicas, reclama, cuatro décadas después, una definición inversa de aquella. Esto es, el programa de la etnometodología se ofrece hoy como un cuerpo de estudios
· 49 · Artículos · A. Javier Izquierdo de la práctica científica considerada en tanto que actividad de descubrimiento de los procedimientos metódicos de la vida ordinaria. 2 Estudios híbridos del trabajo La cuestión de qué sería una explicación y qué aspecto tendría viene a ser una pura aventura. Uno construye algo e intenta ver, ‘¿Se parece a lo que quiero que se parezca?’ Y construyes formas de decidir si se parece o no, y si sigues o paras. Eso puede parecer terriblemente subjetivo. Pero sólo lo es históricamente, en el sentido de que si se llega a tener una profesión en marcha, entonces el tener la profesión en marcha lo implica, es decir, tiende a definir qué es ‘la objetividad’ para sí misma. (Sacks, 2000: 93) Al objeto de recordar que, además de una actividad profesional especializada, la investigación social es también una actividad “ordinaria”, esto es, una característica endógena o propia de los diferentes campos / objetos de estudio definidos por la ciencia social, nada resulta tan útil como la llamada etnometodología, una línea de investigación radicalmente “radical” sobre los procedimientos rutinarios de comunicación verbal (métodos conversacionales) y escrita (métodos documentales) que substancian el conocimiento de sentido común de las estructuras sociales de la vida cotidiana. El programa de este cuerpo de investigaciones fue esbozado inicialmente por el sociólogo estadounidense Harold Garfinkel en una serie de trabajos publicados entre fines de la década de 1950 y principios de los 60, cuyas fuentes originales de inspiración teórica (leasé también: legitimación académica) -principalmente, la fenomenológica social de Alfred Schütz y el pragmatismo lingüístico del segundo Wittgensteinse renovaron años más tarde con el añadido de una extraña mixtura de “cosas sociales” durkheimianas entendidas, a la manera heideggerianas, como “cosas” a secas (véase más abajo). Es bien sabido que la ejecución de gestos ordinarios como “mirarse a los ojos”, “dirigirse a alguien” o “dar la espalda a alguien”, está tan absoluta y radicalmente “chupada” para cualquier persona en posesión de capacidades físicas normales, que lo normal es que, en circunstancias normales, ninguna persona normal se moleste en preguntarse cómo es posible que sea capaz de llevarlas a cabo con éxito. Esta es la razón por la que el programa de estudios etnometodológicos sobre el discurso y la acción práctica tenga como una de sus recomendaciones investigadoras más originales lo que Garfinkel denomina “usos heideggerianos” de las discapacidades. A saber: desde el punto de vista de la investigación etnometodológica, discapacidades físicas de grados de severidad variable, como distintos tipos de ceguera, sordera, o parálisis, tienen la virtud de funcionar como un “entorno transparente” (perspicuous setting) para la observación minuciosa de la vida social, esto es, como un instrumento con el que poder dar cuenta, con una precisión analítica lejos del alcance de sistema experto informático alguno, de la infinita densidad de detalles constitutivos de la vida ordinaria (Garfinkel, 2002b). Vaya aquí, como botón de muestra inicial del tenor “literario” de estas investigaciones, un extracto del estudio modélico de Albert Robillard, uno de los alumnos de Garfinkel, sobre las minucias de la vida cotidiana, resaltadas a la luz de una enfer-
Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 3 - 2003 · 50 · medad altamente incapacitante. Robillard, que ejerce como profesor universitario e investigador en un departamento de sociología de una universidad americana, padece una enfermedad degenerativa (Esclerosis Lateral Amitrófica) que le ha paralizado prácticamente todos los músculos de su cuerpo, hasta el punto de que sólo puede comunicarse mediante un sistema de signos ejecutado con leves movimientos de los músculos labiales. En el párrafo que reproduzco a continuación describe cómo se las arregla para realizar una operación ínfima, característica de la vida diaria en un campus universitario, como es “intentar entablar una conversación con una persona conocida, un colega o un alumno”: “Cuando quiero hablar con alguien se precisa la implicación de un mínimo de tres personas. En primer lugar, la persona que empuja mi silla de ruedas. En segundo lugar, la persona o personas con las que quiero interaccionar. Y finalmente, yo mismo, sentado en mi silla de ruedas, sin capacidad alguna de movimiento excepto un ligero balanceo de cabeza. Surgen siempre un montón de obstáculos cuando yo u otros queremos hablar. [...] Los tres implicados en la tarea -el que empuja mi silla, el sujeto a quien me dirijo y yo mismodebemos ejecutar y reconocer, y por tanto preparar, una serie de signos mutuamente interpretables que informan de que deseo establecer una conversación. Algunas personas pueden leer mis ambiguos signos de salutación y petición. Se trata por lo general de estudiantes y becarios, o bien de miembros de mi familia, que han sido entrenados para leer en los movimientos periféricos de mis labios un lenguaje de signos ad hoc y que pueden comprender los cambios en mi postura y mirada. [Pero] lo que ocurre con más frecuencia es que algún tercero que se halle casualmente frente a mí, y sea por tanto capaz de leer en mi cara y en mi mirada, le diga a la persona a la que quiero dirigirme y a la persona que empuja mi silla de ruedas que quiero hablar. Por lo general, el que me empuja, al estar detrás de mí, concentrado en las contingencias de la tarea de empujar una silla de ruedas con un centro de gravedad un tanto alto, es el último en enterarse de que quiero hablar.” (Robillard, 1999: 87-89) Si tratásemos de saber qué sea la etnometodología desde el punto de vista hipotético de su “naturaleza disciplinar”, podría afirmarse que, en tanto que disciplina, la etnometodología sigue esgrimiendo, en el marco de la auténtica “conversación de besugos” que mantiene desde hace ya más de tres décadas con la teoría sociológica y los estudios culturales, el tan estudiadamente impertinente aunque ya no tan odioso “silencio interminable” que mantuviera en su momento el sociólogo Harvey Sacks -alumno y colaborador de Garfinkel que inició el análisis etnometodológico de los procedimientos conversacionales ordinariosante la pregunta del millón en el juego de la sociología académica: “¿Quien es el teórico social que más ha influido en su obra?” Y sin embargo el diálogo in situ e in vivo entre los etnometodólogos y los profesionales de la ciencia social de cualquier genero no ha dejado de intensificarse durante los últimos dos decenios. Desde equipos de astrónomos que charlan sobre los posibles artefactos y los posibles descubrimientos que pudieran haber en las “observaciones de la otra noche” (Garfinkel, Lynch y Livingston, 1981), a controladores aéreos que desplazan nerviosamente su mirada de la pantalla de
· 51 · Artículos · A. Javier Izquierdo video a la ventana “del ordenador” para acabar mirando por la ventana “de la pared izquierda” (Suchman, 1993); amas de casa que resuelven las más difíciles ecuaciones simultáneas no lineales mientras conducen el carrito de la compra a través de los pasillos del supermercado y miran los estantes repletos de productos y marcas diferentes, psicólogos escolares pertrechados tras la jerga tecnológica de los tests de inteligencia para hacer frente a las interrupciones de los demás miembros de un comité sobre discapacidades escolares (Mehan, 2001), oceanógrafos, geoquímicos y marineros trabajando en colaboración a través de pantallas informáticas y altavoces de sonido para desplazar un complejo y carísimo instrumental de sondeo submarino hacia áreas de muestreo “interesantes” (Goodwin, 1995); o, en fin, encuestadores telefónicos distribuyendo en paralelo estrechas franjas de atención y memoria entre los destellos de la pantalla, el tacto del teclado, el sonido de la voz del encuestado y el “tacto” requerido por la situación de encuesta telefónica (por ejemplo, para responder cortésmente a la carcajada del entrevistado sin dar por ello pie a que la entrevista se convierta en una conversación informal) (Lavin y Maynard, 2002). Pero no fue hasta principios de la década de 1980 cuando, prácticamente agotados los últimos ecos de aquel “verano del amor” californiano en el que la etnometodología llegó a encarnar para algunos la perfecta forma de “ciencia social para hippyes” (“peculiar forma californiana de irracionalidad sesentera” como la denominó el antropólogo inglés Ernest Gellner [1975]), Garfinkel comenzó a exponer en público los hallazgos preliminares del “segundo momento” de su programa etnometodológico bajo la etiqueta de estudios etnometodológicos del trabajo (Garfinkel, 1986): “[El] objetivo [de los estudios etnometodológicos sobre el trabajo] es describir en detalle las prácticas sociales naturalmente organizadas que, al igual que las observaciones de las ciencias naturales, pueden reproducirse, contrastarse y valorarse, y que constituyen la base de estudios y conjeturas de tipo naturalista. Su carácter revolucionario estriba en el hecho de que antes de que Garfinkel formulara el problema nadie se había propuesto describir en profundidad los rasgos constitutivos de las actividades laborales ordinarias.” (Heritage, 1990: 340). “[Los estudios etnometodológicos del trabajo] exhiben una singular preocupación por la producción local y la observabilidad cotidiana del razonamiento. Esto significa que el razonamiento se hace visible mediante ordenaciones de detalles explicables intersubjetivamente: en el orden de las expresiones orales de las diferentes partes de una conversación, en el orden de composición de los materiales manipulados en la mesa del laboratorio o en el orden transitivo de los materiales escritos en una página de texto. Los estudios etnometodológicos intentan elucidar estas estructuras por referencia a su uso como dominios mundanos de ‘consciencia’, como ‘estados’ mnemónicos, temporales, de proyectos razonados y como cursos observables de movimiento corporal dirigido [oriented].” (Lynch, Livingston y Garfinkel, 1995: 164).
Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 3 - 2003 · 52 · Interpretada desde el punto de vista académico, esta postrer propuesta programática de los estudios etnometodológicos avanzaba una crítica radical de la literatura de investigación sociológica al uso sobre la organización profesional del trabajo. Lo que Garfinkel proponía ahora era, en resumidas cuentas, lo siguiente: rescatar del olvido sociológico los “qués olvidados” (missing whats) de la vida social, explorando la “que-idad” (quiddity) de cada práctica laboral singular, o más exactamente su cualidad de ser “justamente esto” -su “ecciedad” o “este-idad” (haecceity). En escritos publicados durante los últimos veinte años del siglo pasado, en los que ha ido exponiendo de una manera que cabe definir como “laberínticamente progresiva” las líneas maestras de su cada vez más exigente programa investigador, Garfinkel ha apuntado cual puede ser el ambicioso objetivo final que persigue su programa de estudios etnometodológicos del trabajo: convertir cada uno de los diferentes proyectos de investigación sociológica iniciados por la segunda y la tercera generación de sus alumnos de doctorado en un abanico de “estudios híbridos del trabajo” (hybrid studies of work): “Garfinkel ha sugerido la posibilidad de hibridar la etnometodología con otras disciplinas (matemáticas, ciencias naturales, estudios legales, etc.), con el fin de que el ‘producto’ de la investigación no tome la forma de un reportaje sobre práctica exóticas, sino que consista en un esfuerzo para desarrollar disciplinas híbridas en las que los estudios etnometodológicos de, por ejemplo, el trabajo de los abogados, pueda contribuir a la investigación legal misma.” (Lynch, 1993: 274). Uno de los elementos más destacados en el marco programático de los estudios etnometodológicos del trabajo es la propuesta de un procedimiento exclusivo de validación para certificar el carácter “único y específicamente adecuado” de las cualificaciones investigadoras que precisa la correcta realización de estos estudios. El procedimiento en cuestión es tan sencillo en su formulación como difícil es su cumplimiento: se trata de una única prescripción teórico-metodológica que exige que estos procedimientos sean adecuados única y exclusivamente para investigar este objeto del que se trata y solamente éste. Garfinkel denomina a este procedimiento de validación “requisito de adecuación única de los métodos” (unique adecuacy requirements of methods). “[De acuerdo con Garfinkel] para ser capaz de recuperar una “ciencia distintiva de la acción práctica” en la “completitud de sus contenidos distintivos técnicos y materiales”, los etnometodólogos deberían situar sus investigaciones en los detalles identificadores de cada ciencia objeto de estudio. Sus descripciones y formulaciones analíticas necesitarían por ello apoyarse sobre aquellos detalles a la vez en tanto que temas y en tanto que recursos, y no existiría brecha, frontera o discontinuidad alguna entre un análisis adecuado en este sentido y el lenguaje y la maestría práctica de los miembros de la ciencia objeto de estudio. El etnometodólogo no “entraría” en la disciplina a estudiar para poder luego “volver” con un mapa cognitivo u otra representación de la cultura, puesto que ningún mapa estaría nunca lo suficientemente completo como para recobrar los detalles escénicos implicados en una lectura competente cualquiera de los rasgos semióticos del mapa. Por tanto, lejos de entre-
· 53 · Artículos · A. Javier Izquierdo gar la inmensa constelación de detalles de los que consta en la práctica un lugar de trabajo concreto, la única información singularmente adecuada que puede hacer llegar a la profesión sociológica sería una especie de disculpa al respecto “Lo siento, tendrías que haber estado allí.” (Lynch, 1993: 276). En contra de la práctica convencional de circunscribir los resultados de una investigación sociológica a la escritura de informes académicos sobre prácticas exóticas, en los campos de prácticas híbridos el uso de las técnicas de observación y descripción etnometodológica de las prácticas sociales en “alternancia asimétrica” (véase más abajo sobre ésta expresión) con las técnicas y rutinas de trabajo vernáculas de diferentes profesiones, tendría como fin llegar a hacer contribuciones relevantes al acervo metodológico-tecnológico de diferentes dominios autónomos de práctica profesional. En una de las más recientes reformulaciones de su programa de investigación, Garfinkel ha definido la etnometodología como una estrategia de “re-especificación” de los problemas fundamentales de la teoría filosófica y sociológica del conocimiento (orden, racionalidad, lógica, método, significado, etc.) como “fenómenos sociales” o “prácticas de producción de orden” susceptibles de investigación empírica (Garfinkel, 1991). La respecification garfinkeliana no es otra cosa que una “inversión pragmática” del par metodológico clásico objeto investigado / recurso investigador (topic / resource) con la que se pretende señalar, por un lado, el hecho de que los discursos metodológicos sobre actividades de investigación científica son incapaces de mostrar el hecho absolutamente real de su propia eficacia. Y, en consecuencia con esto, que la realidad y la eficacia de la investigación científica sólo pueden hacerse ver cuando los métodos y las categorías de análisis de la realidad social son considerados simultáneamente como objetos empíricos susceptibles de ser descubiertos por el investigador únicamente desde el interior de su actividad y bajo la forma de procedimientos rutinarios, esto es, “comunes y corrientes”. Por definición, este tipo de investigación que, siguiendo a Garfinkel puede denominarse el alterno etnometodológico del análisis formal ha de prescindir de a prioris analíticos y limitarse a describir detallada y razonadamente como se usan en contextos concretos métodos de investigación concretos (Lynch y Bogen, 1996). En este sentido, y siempre según Garfinkel, la redacción de los informes de investigación etnometodológicos debe ser equivalente e intercambiable con la redacción de un “manual de instrucciones” que posea plena utilidad como “guía de trabajo” para personas de verdad en entornos laborales de verdad: “La enseñanza etnometodológica útil para el estudio del trabajo y las ocupaciones... requiere un énfasis especial en las propiedades indexicales inevitables e inerradicables que debe poseer una descripción adecuada del trabajo, etc. Requiere también atender a la adecuación única de la competencia del analista/practicante como requisito para validar pragmáticamente la descripción de los métodos de trabajo. Esto implica mantenerse indiferente respecto al analista trascendental y prescindir del observador universal. Las “descripciones etnográficas” así realizadas dan cuenta de las “relevancias” específicas del lugar de trabajo, las cuales consisten en la coherencia en curso,
Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 3 - 2003 · 54 · ocupacionalmente específica, instruiblemente observable e instruiblemente reproducible de detalles fenoménicos ordenados de estructuras. El verdadero blanco del remedio experto es el hecho de la teorización representacional, al que sustituye por el fenómeno mismo como origen y fuente del problema.” (Garfinkel, 2002a: 133). Los conceptos de “parejas del mundo de la vida” (Lebenswelt pairs) y “pares alternos asimétricos inconmensurables” (incommensurate assymetric alternates) son empleados por Garfinkel y sus estudiantes para dar cuenta de la diferencia que existe entre (1) elemento documentable o analíticamente recuperable de una práctica, que llamamos su “contenido” y que sólo agota las dimensiones formalizables o calculables de su descripción, y (2) el elemento formalmente irrecuperable de una práctica, que llamamos su “curso”, en cuya descripción se contienen tanto las dimensiones formales como las dimensiones tácitas o informales de la misma. Los dos elementos guardan entre sí una relación asimétrica por cuanto el contenido final de una práctica se haya siempre completa y perfectamente documentado en el curso de acción, pero ninguna descripción del resultado o producto final de una práctica nos permite conocer los detalles del trabajo que fue necesario para producirlo. El ejemplo por excelencia aquí es el de la brecha que separa el acto de escritura que da origen a un documento y las propiedades formales, lingüísticas y semióticas del documento en cuestión. Stacy Burns, alumna y colaboradora de Garfinkel en el departamento de sociología de la Universidad de California en Los Ángeles, hizo una grabación de vídeo para mostrar en detalles la existencia de esta brecha (Lynch, 1993: 289-290). Burns grabó una cinta de vídeo en la que se ven las manos de una mecanógrafa posadas sobre el teclado de una máquina de escribir electrónica mientras se oye simultáneamente su voz ofreciendo un comentario de “lo que está haciendo” a medida que compone el texto. El vídeo muestra cómo el documento mecanografiado va desplegándose sobre una hoja de papel situada en el carro de la máquina mientras los dedos de la mecanógrafa golpean una secuencia de teclas, tachan, separan un párrafo o se detienen a medio camino entre dos letras mientras la mecanógrafa piensa en voz alta qué hacer a continuación. De este modo la cinta de vídeo muestra un “par” distintivo de documentos inteligibles: (1) una secuencia de vídeo que registra el desarrollo del proceso de mecanografiado, con sus dudas y comentarios, en “tiempo real”; y (2) una página mecanografiada que puede ser leída, copiada, y analizada de forma independiente, al margen de la secuencia en tiempo real de su mecanografiado. Los rasgos analíticos del texto no documentan las específicas “dudas”, “interrupciones” y “segundas opciones” que la cinta de vídeo hace manifiestas. Ambos documentos están por tanto en una relación de alternación asimétrica: un documento (la secuencia de vídeo) permite recuperar el otro (la página de texto), pero lo contrario no es posible: el campo de análisis que nos ofrece el texto escrito no conserva ya rastro alguno del surplus de detalles del mecanografiado. El descubrimiento etnometodológico de los “pares alternos asimétricos inconmensurables” como estructura fundamental de la acción práctica le permite también dar praxeologicamente cuenta del modo específicamente asimétrico como coexisten temporal y profesionalmente la sociología y la etnometodología. El argumento, intrincado aunque perfectamente inteligible, es más o menos como sigue (Garfinkel y
· 55 · Artículos · A. Javier Izquierdo Wieder, 1992; Garfinkel, 1996): dada una descripción formal cualquiera de una estructura social cualquiera (eg. “el diagrama de flujo de un embotellamiento de tráfico”), como parte constituyente del corpus bibliográfico de los estudios sociológicos, es completamente posible producir un elemento “mellizo” dentro del corpus bibliográfico de los estudios etnometodológicos, esto es, un alterno etnometodológico que consista en lo siguiente: una descripción procedimiental finamente detallada de una acción ordinaria (“conducir dentro de un atasco”) que pueda servir muy literalmente a una persona concreta inmersa en un contexto concreto de trabajo cotidiano (eg. el conductor de un coche que está metido en un atasco) de manual de instrucciones para llevar a cabo esa precisa actividad (“conducir dentro de un atasco”) en el interior de cuyo cumplimiento en tiempo vivido, real, todos y cada uno de los detalles singulares de la estructura social formal inicialmente considerada (el diagrama de flujo de un embotellamiento de tráfico) son plenamente recuperables como “subproductos representacionales” del razonamiento y la acción práctica. Sin embargo lo inverso no es cierto: el descubrimiento etnometodológico de los detalles constituyentes de los procedimientos de acción ordinaria (details in structures) no pueden ser recuperados como parte de la investigación sociológica sobre los detalles de las estructuras sociales (details of structures). 3 Orden social in vivo e in situ Allí dónde la contextura situacional implica una “fuerte historia local” -por ejemplo, mis clases para alumnos de licenciatura, no sólo a lo largo de cada lección individual, sino a lo largo de todo un curso, se desarrollan de modo tal que la queja (“¿Por dónde nos andamos?”) adquiere de modo peculiar y aun de forma esencial el estatuto de constituyente “omnirrelevante” de la lección (Garfinkel, 2002a: 244). El programa de la etnometodología, tal como lo ha expuesto Garfinkel en su obra Ethnomethodology’s Program. Working Out Durkheim’s Aphorism (2002), se erige sobre el praxioma (o existencioma) de que en la vida ordinaria no hay espacio para “tiempos muertos” (there’s no time out). Esto es, no hay espacio teórico en el mundo para remediar lo que de irremediablemente contingente tiene la praxis real. Pero por otro lado Garfinkel sostiene también que una de las tareas centrales del programa etnometodológico se orienta “a la reforma de la razón técnica” (Garfinkel, 2002a: 93). Interpretada al pie de la letra y sacada fuera de su contexto subsiguiente esta afirmación parece chocar de frente, por ejemplo, con la conclusión que el autor de un fascinante estudio etnometodológico híbrido del trabajo de diseñar y escribir programas de ordenador para simular operaciones de cómputo ordinarias (Agré, 1997) extrae como corolario de su trabajo de hibridación de la informática y la etnometodología: “el verdadero objeto de la etnometodología son los métodos, punto, y no la reforma de las prácticas profesionales.” (Agré, 1998: 23, cursiva mía). Pero no hay en realidad contradicción alguna, pues el uso distintivo del sustantivo “reforma” en la formulación anterior de Garfinkel se explica en la continuación de la misma frase de este modo: “haciéndolo así [la reforma de la razón técnica] con el objeto principal de especificar el trabajo de las ciencias sociales y de las ciencias naturales como ciencias naturalmente explicables de la acción práctica y la razón práctica (naturally accountable sciences of practical action and practical reason).” (Garfinkel, 2002a: 93) Esta última
Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 3 - 2003 · 62 · Por su parte, Lynch, Livingston y Garfinkel, en su repaso de los estudios etnometodológicos sobre la organización temporal del trabajo de laboratorio, glosan algunos de los descubrimientos prácticos obtenidos por Friedrich Schrecker, un doctorando de la Universidad de Frankfurt que pasó el año académico 1979-80 de visita en UCLA, en un estudio específicamente diseñado para poner de manifiesto las minucias prácticas del trabajo en un laboratorio para estudiantes de química. El departamento de sociología de UCLA llegó a un acuerdo con el de química para que su doctorando trabajara como asistente de un estudiante parcialmente paralizado sirviéndole poco menos que de bracero para la realización de los ejercicios de laboratorio del curso de “análisis químico cuantitativo” en el que el segundo estaba matriculado. A cambio se permitió al sociólogo grabar en cinta de vídeo la realización de dos de las prácticas de laboratorio en las que asistió al estudiante de química discapacitado. En su estudio sobre el material grabado, Schrecker destaca como fenómenos relevantes una serie, numerosa, de pequeños problemas con los que se iba topando a medida que avanzaba en su trabajo de materializar corporalmente las instrucciones paso-a-paso del manual de laboratorio tal como le eran comunicadas por el estudiante imposibilitado. Muchos de ellos eran problemas de carácter secuencial, esto es, el tipo de problemas que traduce la pregunta: “¿Qué hacer a continuación?” De hecho, allí donde el manual de laboratorio describía una “secuencia lineal de pasos discretos”, la obediencia in vivo e in situ de las instrucciones del manual “exigía” que varios de los pasos que teóricamente se organizaban según una secuencia temporal lineal habían de ser realizados, en la práctica, de forma “simultánea” o, más exactamente según una secuencia “retrospectivo-prospectiva”. El hecho de “tener que hacer más de una cosa a la vez” obligaba a los aprendices de químico a inventar “ordenaciones que les permitieran interrumpir una secuencia coherente de pasos y cambiar a acciones de otra secuencia. Los estudiantes debían descubrir por sí mismos dónde eran practicables esas interrupciones en una secuencia y dónde los períodos de latencia proporcionaban “momentos” para las actividades alternativas.” (Lynch, Livingston y Garfinkel, 1995: 168, cursivas mías). Otro de los interesantes fenómenos de organización temporal del trabajo de laboratorio descubierto por Schrecker en su trabajo como “lazarillo” del estudiante de química discapacitado, tenía que ver con la gama de respuestas in vivo a la cuestión programática de “cómo hacer para volver sobre nuestros pasos cuando hemos detectado que algo ha ido mal”. Cada vez que era necesario resolver este problema los dos compañeros de laboratorio, como sostienen Lynch, Livingston y Garfinkel, se comportaban como “historiadores locales”: “Las potencialmente vastas cadenas de actividades previas de cualquier secuencia eran susceptibles de ser acusadas como posibles fuentes de error. Hacíanse preguntas como “¿estaban los aparatos de cristal lo bastante limpios como para prevenir reacciones indeseadas con los componentes químicos subsecuentemente introducidos en ellos?”, “¿Añadir un “chorrito” de reactivo en lugar de una serie exactamente contada de gotas durante una secuencia previa de tritiado tuvo algún efecto?” o “¿había alguna fuente oculta de error en medio de las acciones aparentemente adecuadas?” (Lynch, Livingston y Garfinkel, 1995: 173-74)
· 63 · Artículos · A. Javier Izquierdo Los informes de Schrecker ponen de manifiesto, entonces, que a diferencia de la “conjetura documentada” de Garfinkel y Sudnow sobre la temporalidad característica del trabajo de impartir clase en el aula (vgr. el carácter más o menos “terrorista” con el que son percibidos por el profesor los intentos llevados a cabo por los alumnos para tematizar el momento presente de la lección como objeto de la propia lección a través de la pregunta “¿Por dónde nos andamos?”), en el ambiente del trabajo de laboratorio la temporalidad característica del trabajo de descubrimiento científico consiste en una forma harto peculiar de leer una lista de instrucciones: la instrucción se obedece siempre sobre la base de los resultados obtenidos tras su cumplimiento. Justamente al contrario de lo que es específico del trabajo docente, la tematización del momento presente “salta a la vista” a cada momento durante el trabajo de descubrimiento, aunque, de nuevo, como la cosa más ordinaria, banal e inapelable del mundo. 4 Conclusión: la etnometodología y el nuevo espíritu del capitalismo Para aquellos sociólogos, estadounidenses y europeos sin distinción, que viven confortablemente en la creencia de que de la explosión de un supuesto paradigma “estructural-funcionalista” previamente dominante surgió un hermoso y florido “archipiélago” de “ismos” sociológicos inconmensurables entre sí pero férreamente vinculados como parte de esa unidad de destino institucional en lo universal que seria “la sociología”, el nombre de Harold Garfinkel es, si conocido, lo cual es poco probable, sinónimo de “mesianismo descalabrado”: el primer, gran y casi único damnificado del fracaso sin paliativos de una pretendida “nueva ciencia social” de la que él se habría erigido en fundador y padrino absoluto y que fuera propuesta en su día como “alternativa radical” a la sociología “ortodoxa y oficial” en aquella larga y para muchos infausta primavera de la vida que fueran los años de “mediados de los 60”. Pero resulta que el mundo, a diferencia de la imagen dominante que de sí se ha forjado la propia profesión sociológica, ha cambiado mucho desde entonces, y el proyecto etnometodológico -como el propio Garfinkelsigue, contra todo pronóstico vivito y coleando. Lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que el carácter de su alma mater se halla hecho menos arisco con los años, ni tampoco que se halla hecho más cantabile su “ominosa” versión de la práctica sociológica. De hecho, en el segundo caso, más bien ha sucedido lo contrario: a la vista de sus formulaciones más recientes -aparecidas de manera infrecuente y harto dispersa en cuanto a sus medios de publicación durante las décadas de los 80 y los 90 y presentadas de un modo más insistente ya que no menos astroso en el ya citado libro Ethnomethodology’s Program. Working Out Durkheim’s Aphorismpuede decirse que el “programa de la etnometodología” que Garfinkel define ahora como un intento de recuperar “la sociedad ordinaria inmortal de Durkheim” como conjunto de hechos sociales reales, ha ganado a la vez en radicalismo (visto desde el punto de vista de la teoría social) y en banalidad, cuando se lo considera no como una “disciplina” de “investigación social empírica” -que no es en ningún casosino como lo que realmente es: una empresa estricta y ridículamente “práctica”, algo así como un curro
Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 3 - 2003 · 64 · en sí y para sí que, dependiendo del espíritu científico y empresarial imperante en cada momento y lugar, puede o no llegar a ser factible en el mundo real (véase Izquierdo, en prensa). Aunque, por lo que dicen los propios sociólogos que se ocupan de estas cosas, este inicio del siglo XXI, no es, ni con mucho, el peor momento para atreverse a vivir de este “cuento”. Así, por ejemplo, la profesora Lucy Suchman, una de los principales responsables del reciente revival, en la sociología y la antropología estadounidense y europea, del aparentemente superado y olvidado cisma etnometodológico de los años 60, ha conjeturado que la inesperada atención mediática que recibieron en EE.UU., a mediados de la década de 1990, una serie de oscuros proyectos académicos de descripción etnográfica fina del trabajo de diseño industrial, podría interpretarse como otro de los síntomas estratégicos de la astuta trans-mutación histórica llevada a cabo por la cultura materialista, cuyo síndrome más general (el “Capitalismo Artista”) ha sido diagnosticado recientemente por los sociólogos franceses Luc Boltanski y Eve Chiapello: “Al aparecer como figura protagonista en varios de estos reportajes periodísticos [sobre los antropólogos que trabajan para las empresas de alta tecnología] me quedé algo asustada al conocer detalles de las circunstancias específicas, aparentemente peculiares a través de las cuales yo y un pequeño número de colegas acabamos inmersos, durante los pasados veinte años, en una variedad de proyectos empresariales. El hecho de que estos reportajes periodísticos comenzaran a aparecer en la década de los 90, podría indicar que, por muy personales e idiosincráticos que puedan ser sus detalles, nuestras historias peculiares son también parte de una serie de tendencias más generales, cambios en las retóricas y en las prácticas de las corporaciones multinacionales a finales del siglo veinte.” (Suchman, 2001: 3) Bibliografía Agré, P. (1997). Computation and Human Experience, Nueva York, Cambridge University Press. — (1998). “Hazards of Design: Ethnomethodology and the Ritual Order of Computing”, ponencia presentada en la Conferencia Anual de la Asociación Americana de Sociología, Sesión sobre “Etnometodología: estudios híbridos sobre el trabajo”, San Francisco, agosto. Ambrojo, J.C. (2003). “Las empresas de tecnología buscan en la antropología las claves para vender más”, Ciberp@is, 9 de enero, págs. 1 y 7. Boltanski, L. y Chiapello, E. (2002). El nuevo espíritu del capitalismo, Madrid: Akal. Burns, S. (1997). “Practicing Law: A study of Pedagogic Interchange in a Law School Classroom”, en: M. Travers y J. Manzo (eds.), Law in Action. Ethnomethodological and Conversation Analytic Approaches to Law, Aldershot, UK: Ashgate-Dartmouth, págs. 265-288. Cicourel, A.V. (1973). Cognitive Sociology. Language and Meaning in Social Interaction, Londres: Penguin. García Calvo, A. (1985). Razón común, edición crítica, ordenación, traducción y comen-
· 65 · Artículos · A. Javier Izquierdo tario de los restos del libro de Heráclito, Madrid: Lucina. Garfinkel, H. (1991). “Respecification: evidence for locally produced, naturally accountable phenomena of order*, logic, reason, meaning, method, etc. in and as the essential haecceity of immortal ordinary society, (I) an announcement of studies”, en: G. Button (ed.), Ethnomethodology and the Human Sciences, Cambridge (UK): Cambridge University Press, págs. 10-19. — (1996). “Ethnomethodology’s Program”, en Social Psychology, 59, págs. 5-21. — (2002a). Ethnomethodology’s Program. Working Out Durkheim’s Aphorism, Lanham (Maryland): Rowman and Littlefield. — (2002b). “Sight impairment as a perspicuous setting”, en: Garfinkel 2002a, págs. 212-216. — (2002c). “A Study of the Work of Teaching Undergraduate Chemistry in Lecture Format”, en: Garfinkel, 2002a, págs. 219-244. ed. (1986). Ethnomethodological Studies of Work, Londres: Routledge & Keegan Paul. — Lynch, M. y Livingston, E. (1981). “The Work of a Discovering Science Constructed with Materials from the Optically Discovered Pulsar”, en Philosophy of the Social Sciences, 11, págs. 131-58. Wieder, D.L. (1992). “Two Incommensurable, Asymmetrically Alternate Technologies of Social Analysis”, en: G. Watson y R.M. Seiler (eds.), Text in Context: Contributions to Ethnomethodology, Newbury Park, CA: Sage, págs. 175-206. Gellner, E. (1975). “Ethnomethodology: the re-enchantment industry or the California way of subjectivity”, en Philosophy of the Social Sciences, 5, págs. 431-450. Goodwin, C. (1995). “Seeing in Depth”, en Social Studies of Science, 25 (2), págs. 237-274. Heidegger, M. (1971). El ser y el tiempo [1927], trad. castellana de J. Gaos, México DF: Fondo de Cultura Económica, (2ªed. revisada). Heritage, J. (1990). “Etnometodología”, en: A. Giddens y J. Turner (eds.), La teoría social hoy, Madrid: Alianza, págs. 290-350. Hutchins, E. (2001). “El aprendizaje de la navegación”, en: J. Lave y S. Chaiklin, Estudiar la práctica, Buenos Aires: Amorrortu, págs. 49-77. Izquierdo, A.J. (en prensa). “Despertadores humorísticos: sobre algunos usos instructivos de la descripción sociológica” (Revista Española de Sociología). Lavin, D. y Maynard, D.W. (2002). “Standardization vs. Rapport: Respondent Laughter and Interviewer Reaction During Telephone Surveys”, en: D.W. Maynard, H. Houtkoop-Steenstra, N. Schaeffer y J. van der Zouwen (eds.), Standardization and Tacit Knowledge: Interaction and Practice in the Survey Interview, Nueva York: Wiley, págs. 335-364. Lave, J. (1991). La cognición en la práctica, Barcelona: Paidós. Livingston, E. (1986). The Ethnomethodological Foundations of Mathematics, Londres: Routledge & Keegan Paul. Lynch, M. (1987). Art and Artifact in Laboratory Science. A Study of Shop Work and Shop Talk in a Research Laboratory, Londres: Routledge and Keegan Paul. — (1993). Scientific Practice and Ordinary Action. Ethnomethodology and Social Studies of Science, Nueva York: Cambridge University Press. — (1999). “Silence in Context: Ethnomethodology and Social Theory”, en Human Studies, 22, págs. 211-233.
Anduli · Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 3 - 2003 · 66 · — Bogen, D. (1996). “Methodological Appendix: Postanalytic Ethnomethodology”, en: Lynch y Bogen, The Spectacle of History. Speech, Text and Memory in the Iran-contra Hearings, Durham: Duke University Press, págs. 262-287. — Livingston, E. y Garfinkel, H. (1995). “El orden temporal en el trabajo de laboratorio” [1983], en: J.M. Iranzo, R. Blanco, T. González de la Fé, C. Torres y A. Cotillo (coords), Sociología de la ciencia y la tecnología, Madrid: CSIC, págs. 163-185. Mandelbrot, B. (1997). “Fractals in Finance Stage III”, en Mandelbrot, B., Fractals and Scaling in Finance, Nueva York: Springer-Verlag, págs. 39-49. Maynard, D.W. y Schaeffer, N.C. (2000). “Toward a Sociology of Social Scientific Knowledge: Survey Research and Ethnomethodology’s Asymmetric Alternates”, en Social Studies of Science, junio, págs. 323-70. Mehan, H. (2001). “Un estudio de caso en la política de la representación”, en: J. Lave y S. Chaiklin (eds.), Estudiar la práctica, Buenos Aires: Amorrortu, págs. 262-290. Rawls, A.W. (2002). “Editor’s note”, en: Garfinkel, 2002. Robillard, A. (1999). Meaning of a Disability. The Living Experience of Disease, Philadelphia (Penn.): Temple University Press. Ruskoff, D. (2001). Coerción. Por qué hacemos casos a lo que nos dicen, Barcelona: La Liebre de Marzo. Sacks, H. (2000). “Sobre muestreo y subjetividad” [1971], en: F. Díaz (comp.), Sociologías de la situación, Madrid: La Piqueta, págs. 85-94. Steiner, G. (1999). Heidegger, Madrid: Fondo de Cultura Económica. Suchman, L. (1987). Plans and Situated Action. The Problem of Human-Machine Interaction, Cambridge (UK): Cambridge University Press. — (1993). “Dispositifs de représentation: des lézards aux avions”, en: P. Ladrière, P. Pharo y L. Quéré (dir.), La théorie de l’action. Le sujet pratique en débat, París: CNRS Editions, págs. 318-340.