Re is a de Es udios Tau inos
N.º 11, Se illa, 2000, págs. 187-194
LA HEROIFICACIÓN TAURINA.
EL CASO DE SÁNCHEZ MEJÍAS
An onio Ga cía-Baque o González1
Fundación de Es udios Tau inos
ues o que el ema que hoy nos con oca es La
he oi icación a ís ica de Ignacio Sánchez Mejí-
as, un homb e poli acé ico pe o pa a el que, como
ha señalado J. Ma ía Cossío, «el undamen o de
su desa ado i i ue el o eo», lo p ime o que deseo esal-
a es que la Tau omaquia cons i uye un e eno especial-
men e p opicio pa a la he oi icación. Quie o deci que la
igu a, la pe sonalidad y la ac i idad del o e o y, más en
conc e o, del o e o de a pie, en an o que p o esional del
iesgo, del pelig o y de la emoción, eúne elemen os
supues amen e muy a o ables pa a alen a p ocesos de
he oi icación. Y he que ido en a iza el é mino o e o de a
pie po que, e ec i amen e, desde su nacimien o ( inales del
siglo XVII a p ime as décadas del XVIII) el o eo a pie
cons i uyó, en cie o modo, una “ e olución” en e al o eo
caballe esco y a is oc á ico de épocas p eceden es. El o i-
gen popula de los p o esionales de la nue a au omaquia
cons i uía, de ac o, una me á o a muy sencilla y, po ello,
1Ca ed á ico de His o ia Mode na y Con empo ánea de la Uni e sidad
de Se illa.
o ganig amas, edes y hallazgos. Deben se , pues, con incen-
es y c eíbles. Como ayuda uncional se p oducen, ambién,
an eos de “en enamien o” en p ocesos de he oi icación: son
los p ocesos de elabo ación de hé oes banales, sec o iales, de
agmen o y campana io. Pequeños hé oes esul an de peque-
ños p ocesos; son minia u as, oscas, mu iladas a eces y a
eces espe pén icas, del Hé oe que debe á le an a se cuando
la sociedad oda lo p ecise. Es os bibelo s, an os de ellos de
la más e iden e cul u a ki sch, no son isibles ni inú iles; se
han p ocesado igual que los eno mes e imp escindibles, pe o
con écnica naï y elemen alidad analógica. Co esponden a
sec o es de con lic os de meno en idad (aunque el simbolis-
mo puede eng andece los con ocasión y escena io p opicio) y
siemp e en maque as de agonías pa icula es y has a isibles.
Como los o neos bu lescos en e bu ones, de an año, es os
hé oes de la banalidad ambién eje cen y su en los encon o-
nazos de su quehace y se inse an en amas ingidas de as u-
cias, es a egias, conspi aciones y amenazas; ambién eco-
en pequeños labe in os de ca ón-pied a, ambién en en an
el acaso y la mue e, desca einados aho a y sin la au en ici-
dad de lo de ini i o e i emediable; mue es de es ampa y
mu mu ación, mediá ica y ú il. La sociedad en ena, con
ellos, mayo es y más decisi os menes e es; los ompe y
empieza o os, a la espe a angus iosa y acucian e de la exi-
gencia, es a ez úl ima y sen ida como úl ima, en que debe á
p ocesa Hé oes con mayúscula pa a i ine a ios sin uel a
a ás en labe in os he mé icos.
León Ca los Ál a ez San aló
186
duales, del alo sin medida que an año monopolizaban los
nobles y que aho a pe sonas p oceden es de es a os socia-
les bajos les habían a eba ado delan e de oda la sociedad.
Pe o lo que hoy nos p eocupa no son es as cues iones
gene ales sino una si uación p ecisa de he oi icación cons ui-
da en o no a un o e o conc e o, Ignacio Sánchez Mejías.
Como pa ece sabido y en la in e ención se ha insis ido, el
o e o-hé oe es á obligado a asumi los conjun os simbólicos
median e los cuales la sociedad (en su o alidad o en la pa e
que lo he oi ica) le acep a y econoce como una me á o a de
sí misma en en ándose y, en cie o sen ido, escla eciendo los
dilemas i ales. Un p ime paso pa a que la sociedad eco-
nozca es a ci cuns ancia se p oduce cuando ad ie e que el
o e o ha sido capaz, de una o ma u o a, de enuncia , de
echaza las en ajas a las que, en p omedio, la p opia socie-
dad se acoge pa a esol e sus p oblemas i ales, p oblemas
que ienen siemp e a la mue e como úl ima e e encia. Suce-
de así po que se pe cibe, sin di icul ad, que el o e o es á eco-
iendo un camino de lide azgo y ascenso social i egula (es
deci , ue a de las no mas comunes), o eciendo como con a-
pa ida la p obabilidad inmedia a de su mue e. Le ascina,
en onces, al colec i o la audacia que ep esen a al ac i ud
pe o, ambién, el cas igo que casi espe a con ansiedad y que
esul a á el pago p e is o po la negación de las no mas socia-
les. En el caso de Sánchez Mejías me pa ece que es pa en e,
en mayo medida que en o os, la p esencia de es os dos polos
de ascinación a a és de los cuales se acili a el p oceso de
p oducción de hé oes: po una pa e, las enuncias olun a ias
y epe idas del o e o a sus en ajas i ales ( ecue den, p ime-
o, cuando abandona su en o no amilia bu gués pa a in o-
duci se en el mundo del o o; después, al enuncia a su iun-
La He oi icación au ina. El caso de Sánchez Mejías 189
muy cla a y ácilmen e pe cep ible de la exigencia del p o-
agonismo y, en cie o sen ido, de la emulación de las clases
popula es en e a la nobleza. En segundo luga , no hab á
que eco da que oda co ida, po su p oximidad e iden e a
la sang e y a la mue e misma, cons i uye una concen ación
de emociones acumuladas en un ámbi o espec acula y una
demos ación palpable del alo social de ales emociones.
En e ce luga , y g acias a odo lo an e io , el o e o a a i
con o mándose, con mayo o meno éxi o y p ecisión, como
un hé oe y no sólo po su capacidad de en en a se a la
mue e p obable, di e enciadamen e espec o al público,
sino po su capacidad de asumi esa ep esen ación social
del alo y de los conocimien os écnicos que an año se
habían a ibuido exclusi amen e a la nobleza. Ayudó, ade-
más, a odo ello, la p og esi a especialización de la co ida
al ma gen de o os a os popula es con el o o de la ga a-
dición y su econ e sión, p ecisamen e po es o, en un
espec áculo de masas, en el que es as úl imas no in e ienen
ni se ozan con el animal de una o ma di ec a. La en aja
inmedia a del papel he oico del o e o sob e cualquie o o
ipo de hé oe e a que podía se is o y alo ado ei e ada-
men e po una mul i ud en el desa ollo espec acula de su
comba e. De es e modo, los o e os ue on acumulando una
au eola de indi iduos excepcionales, en cie o modo ex a-
ños, desde luego di e en es y po lo an o exó icos, que p o-
dujo, con acilidad, esa he oi icación. Había en su ac i idad
y en su o ma de ealiza la (o al menos pa ece que podían
pe cibi la así los espec ado es) una ebeldía en e a las no -
mas gene ales de las elaciones sociales y de las conduc as
que pod íamos denomina no malizadas; una especie de
áu ea de los iempos caballe escos, de las hazañas indi i-
An onio Ga cía-Baque o González
188
duales, del alo sin medida que an año monopolizaban los
nobles y que aho a pe sonas p oceden es de es a os socia-
les bajos les habían a eba ado delan e de oda la sociedad.
Pe o lo que hoy nos p eocupa no son es as cues iones
gene ales sino una si uación p ecisa de he oi icación cons ui-
da en o no a un o e o conc e o, Ignacio Sánchez Mejías.
Como pa ece sabido y en la in e ención se ha insis ido, el
o e o-hé oe es á obligado a asumi los conjun os simbólicos
median e los cuales la sociedad (en su o alidad o en la pa e
que lo he oi ica) le acep a y econoce como una me á o a de
sí misma en en ándose y, en cie o sen ido, escla eciendo los
dilemas i ales. Un p ime paso pa a que la sociedad eco-
nozca es a ci cuns ancia se p oduce cuando ad ie e que el
o e o ha sido capaz, de una o ma u o a, de enuncia , de
echaza las en ajas a las que, en p omedio, la p opia socie-
dad se acoge pa a esol e sus p oblemas i ales, p oblemas
que ienen siemp e a la mue e como úl ima e e encia. Suce-
de así po que se pe cibe, sin di icul ad, que el o e o es á eco-
iendo un camino de lide azgo y ascenso social i egula (es
deci , ue a de las no mas comunes), o eciendo como con a-
pa ida la p obabilidad inmedia a de su mue e. Le ascina,
en onces, al colec i o la audacia que ep esen a al ac i ud
pe o, ambién, el cas igo que casi espe a con ansiedad y que
esul a á el pago p e is o po la negación de las no mas socia-
les. En el caso de Sánchez Mejías me pa ece que es pa en e,
en mayo medida que en o os, la p esencia de es os dos polos
de ascinación a a és de los cuales se acili a el p oceso de
p oducción de hé oes: po una pa e, las enuncias olun a ias
y epe idas del o e o a sus en ajas i ales ( ecue den, p ime-
o, cuando abandona su en o no amilia bu gués pa a in o-
duci se en el mundo del o o; después, al enuncia a su iun-
La He oi icación au ina. El caso de Sánchez Mejías 189
muy cla a y ácilmen e pe cep ible de la exigencia del p o-
agonismo y, en cie o sen ido, de la emulación de las clases
popula es en e a la nobleza. En segundo luga , no hab á
que eco da que oda co ida, po su p oximidad e iden e a
la sang e y a la mue e misma, cons i uye una concen ación
de emociones acumuladas en un ámbi o espec acula y una
demos ación palpable del alo social de ales emociones.
En e ce luga , y g acias a odo lo an e io , el o e o a a i
con o mándose, con mayo o meno éxi o y p ecisión, como
un hé oe y no sólo po su capacidad de en en a se a la
mue e p obable, di e enciadamen e espec o al público,
sino po su capacidad de asumi esa ep esen ación social
del alo y de los conocimien os écnicos que an año se
habían a ibuido exclusi amen e a la nobleza. Ayudó, ade-
más, a odo ello, la p og esi a especialización de la co ida
al ma gen de o os a os popula es con el o o de la ga a-
dición y su econ e sión, p ecisamen e po es o, en un
espec áculo de masas, en el que es as úl imas no in e ienen
ni se ozan con el animal de una o ma di ec a. La en aja
inmedia a del papel he oico del o e o sob e cualquie o o
ipo de hé oe e a que podía se is o y alo ado ei e ada-
men e po una mul i ud en el desa ollo espec acula de su
comba e. De es e modo, los o e os ue on acumulando una
au eola de indi iduos excepcionales, en cie o modo ex a-
ños, desde luego di e en es y po lo an o exó icos, que p o-
dujo, con acilidad, esa he oi icación. Había en su ac i idad
y en su o ma de ealiza la (o al menos pa ece que podían
pe cibi la así los espec ado es) una ebeldía en e a las no -
mas gene ales de las elaciones sociales y de las conduc as
que pod íamos denomina no malizadas; una especie de
áu ea de los iempos caballe escos, de las hazañas indi i-
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La He oi icación au ina. El caso de Sánchez Mejías 191
Lám. n.º 26.– Una es ocada has a la bola sin mi a los cue nos del enemigo que, sin emba go, le amenazan
ozándole la aleguilla (a chi o amilia ).
o como bande ille o y peón de Joseli o pa a inicia su anda-
du a como no ille o, y, po úl imo, al ol e a los o os as
habe conseguido su econocimien o como in elec ual); po
o a, el inal d amá ico de su ayec o ia con la mue e en el
uedo. Po azones e iden es me oy a cen a en es a úl ima,
ya que me pa ece especialmen e peculia con espec o a o as
igu as g andiosas de es a misma p o esión.
Pa ece poco discu ible que un po cen aje al ísimo del
éxi o de Sánchez Mejías como hé oe se lo debe a los ex os
li e a ios y especialmen e al Llan o de Ga cía Lo ca; ello nos
lle a a p egun a nos si bas a la mue e en el uedo pa a con-
solida a un hé oe au ino o, como sucede en los casos de o as
ipologías de hé oes, es imp escindible su econs ucción en
simbología li e a ia. En ealidad (y me emi o, de nue o, a lo
explicado sob e los p ocesos gene ales de he oi icación), se
a a de un doble sis ema, una especie de máquina de mo i-
mien o pe pe uo que a de la li e a u a a la ealidad y de és a
a aquélla. Lo que la li e a u a hace con la ealidad es bas an e
complicado: po una pa e, es e iden e que la ans o ma en
algo mejo al elimina co idianidad, banalidad y no malidad,
hipe o iando los elemen os más llama i os, emocionales y
d amá icos que posea; po o a, sin e iza el esul ado en un
conjun o simbólico de ácil lec u a y pe cepción emo i a pa a
quienes no hayan sido capaces de pe cibi lo di ec amen e de
la expe iencia. El Sánchez Mejías del Llan o,independien e-
men e de cuan a apoya u a eal u iliza a el poe a pa a cons-
ui lo, es mucho más que el Sánchez Mejías i al, y en ese
sen ido le condujo di ec amen e al pa naso de los dioses. Su
mue e, sob e odo acompañada de cie as ci cuns ancias
especialmen e so p esi as o dolo osas (una uel a a los uedos
inespe ada e innecesa ia, su edad y has a la p opia imagen
An onio Ga cía-Baque o González
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La He oi icación au ina. El caso de Sánchez Mejías 191
Lám. n.º 26.– Una es ocada has a la bola sin mi a los cue nos del enemigo que, sin emba go, le amenazan
ozándole la aleguilla (a chi o amilia ).
o como bande ille o y peón de Joseli o pa a inicia su anda-
du a como no ille o, y, po úl imo, al ol e a los o os as
habe conseguido su econocimien o como in elec ual); po
o a, el inal d amá ico de su ayec o ia con la mue e en el
uedo. Po azones e iden es me oy a cen a en es a úl ima,
ya que me pa ece especialmen e peculia con espec o a o as
igu as g andiosas de es a misma p o esión.
Pa ece poco discu ible que un po cen aje al ísimo del
éxi o de Sánchez Mejías como hé oe se lo debe a los ex os
li e a ios y especialmen e al Llan o de Ga cía Lo ca; ello nos
lle a a p egun a nos si bas a la mue e en el uedo pa a con-
solida a un hé oe au ino o, como sucede en los casos de o as
ipologías de hé oes, es imp escindible su econs ucción en
simbología li e a ia. En ealidad (y me emi o, de nue o, a lo
explicado sob e los p ocesos gene ales de he oi icación), se
a a de un doble sis ema, una especie de máquina de mo i-
mien o pe pe uo que a de la li e a u a a la ealidad y de és a
a aquélla. Lo que la li e a u a hace con la ealidad es bas an e
complicado: po una pa e, es e iden e que la ans o ma en
algo mejo al elimina co idianidad, banalidad y no malidad,
hipe o iando los elemen os más llama i os, emocionales y
d amá icos que posea; po o a, sin e iza el esul ado en un
conjun o simbólico de ácil lec u a y pe cepción emo i a pa a
quienes no hayan sido capaces de pe cibi lo di ec amen e de
la expe iencia. El Sánchez Mejías del Llan o,independien e-
men e de cuan a apoya u a eal u iliza a el poe a pa a cons-
ui lo, es mucho más que el Sánchez Mejías i al, y en ese
sen ido le condujo di ec amen e al pa naso de los dioses. Su
mue e, sob e odo acompañada de cie as ci cuns ancias
especialmen e so p esi as o dolo osas (una uel a a los uedos
inespe ada e innecesa ia, su edad y has a la p opia imagen
An onio Ga cía-Baque o González
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coba demen e en la casa, dejamos de exis i mien as él hace
de con inuo ac o de p esencia en odas las co idas. Pa a ale-
ja se de la mue e un o e o es p eciso que se oce con ella.
Es deci , que no deje de o ea ».
En o as palab as, I. Sánchez Mejías sabe o in uye que
mo i en la plaza es un des ino i emisible que da sen ido a lo
que se es y que ni puede ni, sob e odo, debe se e i ado. Lo
más in e esan e es que cuando alcanza al lucidez sob e el
signi icado de lo que se es, ya no es “p opiamen e” un o e o
sino un in elec ual; al pa ece se negó a asumi semejan e
ansmu ación y se empecinó en nega lo que pa a sus amigos
in elec uales e a ya una e idencia: que e a uno de los suyos
(de los que no necesi an mo i en el uedo pa a con i ma su
he oicidad, po que la alcanzan po o os caminos) y que iba
a mo i como si ue a uno “de los o os”.
La He oi icación au ina. El caso de Sánchez Mejías 193
pública que pa a en onces se había o jado) hab ían bas ado
pa a p oduci el es emecimien o y el shock social que acili-
a, con mayo o meno imidez, la inc us ación de un hé oe en
algún ipo de lis a “he oica”; pe o lo que el Llan o hizo po él
ue incluso más que eso, po que lo con i ió en un pa adigma
especialmen e a ac i o y en un mausoleo impe ecede o. Tal
como yo lo eo, en eso u o mucho que e que, lo que allí se
can a, no es an o un o e o que mue e como un a is a que se
ha “dis azado” de o e o pa a mo i .
Pa a conclui , una e ce a cues ión in e esan e se ía
p egun a nos po la consciencia de los o e os sob e su es a-
us he oico. Po lo que sabemos de la ida de Sánchez Mejí-
as, es bas an e p obable que al pe cepción le haya llegado a
a és de los “o os”, es deci , iendo como sus amigos esc i-
o es podían conside a lo inse ado en un s a us he oico con
posibilidad de p o agonismo. Pe o, aún así, ¿a pa i de qué
momen o Ignacio omó conciencia de ese des ino he oico?
Aunque an o en sus ob as de ea o como en el ex o de la
con e encia que p onunció en la Uni e sidad de Columbia
nos p opo ciona algunas pis as que apun an a esa di ección,
en mi opinión, la decla ación más explíci a al espec o la
cons i uye la espues a que dio al Caballe o Audaz, en 1934,
cuando, as la uel a a los uedos de Ignacio, aquél le p e-
gun ó que cuál e a, a esas al u as de su ida, su máxima aspi-
ación. La espues a de Ignacio no pudo se más elocuen e:
«Vi i ..., es deci , esuci a . Po que el o e o no iene más
e dade a ida que la del pelig o. Cuando uno se e i a se
mue e. El o e o no iene más pelig o que el de deja de exis-
i y su mue e no es á en la plaza sino en su casa. Joseli o
es á i o. Más i o que Belmon e y que yo, po que se mu ió
alien emen e en la plaza mien as que noso os nos me imos
An onio Ga cía-Baque o González
192
coba demen e en la casa, dejamos de exis i mien as él hace
de con inuo ac o de p esencia en odas las co idas. Pa a ale-
ja se de la mue e un o e o es p eciso que se oce con ella.
Es deci , que no deje de o ea ».
En o as palab as, I. Sánchez Mejías sabe o in uye que
mo i en la plaza es un des ino i emisible que da sen ido a lo
que se es y que ni puede ni, sob e odo, debe se e i ado. Lo
más in e esan e es que cuando alcanza al lucidez sob e el
signi icado de lo que se es, ya no es “p opiamen e” un o e o
sino un in elec ual; al pa ece se negó a asumi semejan e
ansmu ación y se empecinó en nega lo que pa a sus amigos
in elec uales e a ya una e idencia: que e a uno de los suyos
(de los que no necesi an mo i en el uedo pa a con i ma su
he oicidad, po que la alcanzan po o os caminos) y que iba
a mo i como si ue a uno “de los o os”.
La He oi icación au ina. El caso de Sánchez Mejías 193
pública que pa a en onces se había o jado) hab ían bas ado
pa a p oduci el es emecimien o y el shock social que acili-
a, con mayo o meno imidez, la inc us ación de un hé oe en
algún ipo de lis a “he oica”; pe o lo que el Llan o hizo po él
ue incluso más que eso, po que lo con i ió en un pa adigma
especialmen e a ac i o y en un mausoleo impe ecede o. Tal
como yo lo eo, en eso u o mucho que e que, lo que allí se
can a, no es an o un o e o que mue e como un a is a que se
ha “dis azado” de o e o pa a mo i .
Pa a conclui , una e ce a cues ión in e esan e se ía
p egun a nos po la consciencia de los o e os sob e su es a-
us he oico. Po lo que sabemos de la ida de Sánchez Mejí-
as, es bas an e p obable que al pe cepción le haya llegado a
a és de los “o os”, es deci , iendo como sus amigos esc i-
o es podían conside a lo inse ado en un s a us he oico con
posibilidad de p o agonismo. Pe o, aún así, ¿a pa i de qué
momen o Ignacio omó conciencia de ese des ino he oico?
Aunque an o en sus ob as de ea o como en el ex o de la
con e encia que p onunció en la Uni e sidad de Columbia
nos p opo ciona algunas pis as que apun an a esa di ección,
en mi opinión, la decla ación más explíci a al espec o la
cons i uye la espues a que dio al Caballe o Audaz, en 1934,
cuando, as la uel a a los uedos de Ignacio, aquél le p e-
gun ó que cuál e a, a esas al u as de su ida, su máxima aspi-
ación. La espues a de Ignacio no pudo se más elocuen e:
«Vi i ..., es deci , esuci a . Po que el o e o no iene más
e dade a ida que la del pelig o. Cuando uno se e i a se
mue e. El o e o no iene más pelig o que el de deja de exis-
i y su mue e no es á en la plaza sino en su casa. Joseli o
es á i o. Más i o que Belmon e y que yo, po que se mu ió
alien emen e en la plaza mien as que noso os nos me imos
An onio Ga cía-Baque o González
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