La colección arqueológica de Itálica. Apuntes sobre su ampliación e institucionalización durante el siglo XIX
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Indudablemente, y como casi siempre suele ocurrir con ella. Itálica tuvo en este proceso un papel destacado y también precoz. Siendo, además, uno de los yacimientos hispanos donde mejor se puede rastrear esa institucionalización, sirviendo, a la postre, para fomentar instituciones o ensayar modelos de tutela patrimonial. Junto a las excelencias de las piezas extraídas del subsuelo de Itálica durante siglos, así como la rotundidad de sus ruinas profusamente cantadas por los humanistas, descritas ya en estudios de la Antiqiiaria y analizadas por los ilustrados, son varios los argumentos que nos per miten profundizar en el caso de Itálica y fi jar su singularidad en ese proceso de institucionalización de la Arqueología Española y del coleccionismo arqueológico durante el siglo XIX. La de Itálica es la colección de un yacimiento y no la de un coleccionista, como el Marqués de Salamanca, o el de Cerralbo, A. M. Huntington, o de cualquier otra de las muchas personas o instituciones, algunas de las cuales se describen y estudian en las páginas de estas actas. Su carácter unitario durante siglos se óebe muy especialmente a la situación jurídica de la propiedad del yacimiento, el señorío jurisdiccional del monasterio de San Isidoro del Campo. Una extensa propieda vinculada de antiguo, desde la Reconquista, a un poder fuerte y estable, al menos hasta el fi n del Antiguo Régimen, prolongado este hasta mediados del XIX. A través de estas páginas pretendemos describir, grosso modo, lo sucedido con Itálica durante el siglo XIX y analizar la repercusión que ello tuvo en su colección arqueológica. No es pues nuestra intención entrar en la particularidad de piezas concretas, sino tan sólo estudiar las circunstancias en las que se produjeron los hallazgos y el destino de esas piezas arqueológicas, que en ese siglo siguieron engrosando las recolectadas desde siempre por los monjes del monasterio de San Isidoro del Campo, ampliamente incrementadas estas por las excavadas por Fran- ' En los últimos años .se han prodigado los estudios y publicaciones sobre estos aspectos historiográficos. destacamos aquí los trabajos de G. Mora, Historias de mármol. La Arqueología clásica española en el .siglo XVHI. Madrid, 1998 y de J. Beltrán Fortes, "La antigüedad romana como refe rente para la erudición española del siglo XVIIl". en lllumini.smo e ¡lustración. Le antichitá e i loro protagonista in Spagna e in Italia nel XVIII secolo. Roma, 2003, pp. 47-64.
546 Jf>\f \/(innf¡ Hidalgo La colección arqueológica de Itálica. Apuntes sobre su ampliación. 547 cisco de Bruna y Ahumada durante el último cuarto del siiiio XVIII-. Asi estos supuestos, nuestro objetivo es explicar el de\enir de la colección arqueo Oc, » desde sus orígenes, hasta su ubicación en el desamortizado convento (Je la iv* a donde como anexo del Museo de Pintura de Sevilla se traslade') tanibit^n, puf Orden de 20 de octubre de 1X54. la colecci(')n que procedente de sus excavacione en "El Palacio/Los Palacios de Itálica, junto con otras procedentes del Monasten atesoró Francisco de Bruna en los Reales Alcázares de .Se\ illa. Itálica y el Monasterio, los dos monumentos declarados Bien de tural en el ttírmino municipal de Santiponce'. que hoy podemos definir (^ clasi i como de primer orden patrimonial, fueron hasta la consumación del proceso ^ desamortización de San Isidoro del Campo un todo, un centro de poder y prestigio . Prestigio buscado por los fundadores del Monasterio desde la elecciíín cid zamienlo. no en vano sobre la singular Itálica, cuna de emperadores. Cons allí, seguramente sobre la hcclesia de Itálica, donde la tradici(')n habla de que fundó .San Isidoro. Allí donde se obró en el el llamado "Epi.sodio -Guita cavat lapidem-. Allí donde fueron trasladados sus restos tras de HispalLs, reconocido como doctor de la Iglesia Universal. has4a la c Fernando I, el Rey León y de Castilla, de trasladar los restos del la finalidad, entre otras, de vincularlos con el panteón familiar pioyec c esposa doña Sancha'' íFig. 1 )• Allí, acrecenlandoci prcsligi". sobre la Iglesia lin, reedificada tras la Reconquista, es donde el heroe de ranla. Ale de Guzmán, "El Bueno" y doña María Coronel, su esposa, ras ^ a la Reina María de Molina, el 14 de febrero de 1,^01. undaion el título de San Isidoro, como sepulcro personal y de su descendencia . In ' Ihidem. I.l. p. mi > y Murubc. l-nmcm;, ,!<■ Hmna y Mmnuula. Sevilla. 1965. pp. 91 y ss. del Canipi.ruc declarado McnumenloArlísliei. Nacional en 1872 el primer'd~:'éÍ Las Ruinas de llá^^ica. por su parie. iueriin declaradas Monumenlo Nacional por Real orden de S AIRmsr, XI.. =1 l^de i^bre dej 11.^^^ ^ en "d-'drd Oinip,, Sevilla. ^«-«.^PP ----a".bien en e, D-xi , , c. Pr>m'ind() de Zevallos. Ed. Almii/ara. Sevilla. pp. Prologo a León a .Sevilla: Acerca de una restauración eclesiástica , en 4„,. cc ¡.¡Hnrn del Campo 1.^01-2002, ^C\\\\VL. 2i)M> Ac/av Simpo.sio^ San Cuzmán era natural de España, era devotísimo de San Ist^o. '"k ,pnían avían comprado de la serenísima reina doña María, mujer del rey don y entre los bienes que ^eman.^av, Sancho el cuarto, a Sevilla ^ temporal. En el cual lugar avía una ermita donde estado el cuerpo mero y impeno, jurisdiccio a León. Frecuentaban estos señores aquel lugar gono.so San Isidro y ^ hacienda, y así determinaron haeer allí un monasterio [...1. por su devoción y por es _ bernardos de la Orden del Císter claustrales, porque entonces no hat^' ® rí^M ^^nor iuro de heredad a Sevilla la Vieja y el lugar de Santiponce. mero y mixto imnT ° ^chillo con todos sus heredamientos y tierras y además viñas y olivares, y mil impeno, con horca y cuchillo, con hju ... . .. x- . j fanegas de pan de renta, a la redonda del monasterio, que alh tema, con cargo que fuesen obligados a decir por su ánima y la de su mujer cada día diez misas de las misas rezadas y una cantada convenScuiSíf Fig. I. Sevilla Osum Hispalis. Diego de Cuelvis, 1600. British Library. cuestiones de prestigio o protagonismo, y aquí esto a titulo de anécdota, indicar que entre los muros de este Monasterio, pertenecientes a la corriente reformista de la Iglesia Católica, los monjes Jerónimos Casiodoro de Reina y Cipriano de Varela iniciaron la primera traducción y publicación en castellano, desde el hebreo, arameo y griego, de la Biblia {La Biblia del Oso, Basilea, 1569j. ANTECEDENTES Desde esas fechas fundacionales, restos arqueológicos como fragmentos de columnas, o demás elementos arquitectónicos, e incluso restos escultóricos, fueron empleados como hitos para los límites y linderos de propiedad, según se refiere en el mencionado Memorial del Monasterio^, donde se dice que este señorío está amojonado con mármoles antiguos hincados en el suelo. Algunos de estos, ya desaparecidos en su inmensa mayoría, pudo fotografiarlos a fi nes de la década de 1970 Joaquín González Moreno**. Junto a estos materiales de naturaleza arqueolótualmente para siempre jamás". Memorial del Monasterio del glorioso doctor de la Iglesia Sant Isidro del Campo [...] por un religioso del dicho monasterio. Año de 1596, Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Ms. 9/2256. Tomado de M. González Jiménez, "Don Alonso Pérez de Guzmán, fundador de monasterio de San Isidoro del Campo, en su tiempo", en Actas Simposio. San Isidoro del Campo 1301-2002, Sevilla, 2004, p. 29. ' Ibidem, 5. " J. González Moreno, Historia de Santiponce, Sevilla, 1982, pp. 29-31. "Historia de Santiponce , en San Isidoro del Campo (1301 -2002). Fortaleza de la Espiritualidad y Santuario del Poder, Sevilla, 2002, p. 43.
JuMManiit ^IKoJrífiuez Hidalgo gica, sabemos que también se fueron recolectando a lo lar^o de los años y otros de la misma naturaleza, y que íueron estos ocupando un luizar más o men destacado dentro Monasterio, según su masor o menor Ínteres, aunque de,sg damente, al menos hasta ahora y al respecto, carecemos de datos concretos. El Monasterio, además de la particularidad del cobro de los diezmos y vasallajes a los vecinos de .Santiponce. se enriquecía con la explotación de las almonas jabón, ubicadas a orillas del Guadalquivir, las fincas urbanas y, sobre todo, con explotación de los recursos de las propiedades rústicas". En estas propiedades, en especial en la heredad de ".Sevilla la Vieja", expoliarían y recolectarían materia es de construcción, que se emplearían como materia prima en las construcciones primitivo Santiponce, y posteriormente para las nuevas edificaciones del reubica pueblo, más próximo al Monasterio, después de que aquél quedase inundado por los efectos de la gran riada del veinte de diciembre de 160.^. y posteriormente se pultado por los continuos depósitos de limos. También como recursos explotanan las "Canteras de Itálica", de donde extraerían piedras calizas y mármoles para su transformación en cal, como se atestigua por vez primera en el cuadro de San Isidoro en el Pozo. Este cuadro anónimo, conservado en el Monasterio al que otros siete de la serie en los que se narra la vida del Santo, se techa al año 16,56 y en el, tras la escena principal del niño santo en el pozo, se pinta e Monasterio y un nijcleo de casas del trasladado pueblo, del que humean los nos de cal donde se estaban calcinando esos mármoles y piedra.s extraídas "Canteras de Itálica". Muchos de estos hornos "a pie de cantera que h"'" entre las ruinas son aún reconocibles después de las excavaciones grandes edificios públicos; así en las del Traianewn. realizadas por P, León en 1979-80, o en las de la fachada sur del Anfiteatro, por Rodrigo Amador Ríos en 1912-14, aunque en ninguna de las memorias de dichas excavacione hace referencia a los mismos. Con el pa.so del tiempo, y a medida que se fueron afianzando las nuevas ideas ilu.stradas y "las piedras" a ser consideradas objeto de estudio, esa vieja practic habitual hasta entonces de usarlas como cantera empezó a tener su.s detractores, > por ejemplo, sabemos que en 1771 Francisco de Bruna escribía de.sde su carg Alcaide de los Reales Alcázares de Sevilla, a Miguel Jo.se de Espinosa, ^ond Águila y fundador de la Academia Sevillana de Buenas Letras, para que .se impi i la destrucción del Anfiteatro. Petición hecha denuncia años mas tarde cuando, 18 de junio de 1781, ya como responsable de las excavaciones de Itálica, se dirigí una vez más al Conde del Águila para que .se pusie.se freno a las destrucciones e Anfiteatro. Todo ello a pesar de los múltiples y renombrados hallazgos epigráficos y escultóricos que estaban aportando las recientes excavaciones de F, de Bruna y el interés que los mismos despertaron en el propio ministro Floridablanca. Este fue a su vez receptor de una carta de aquél, remitida el 15 de octubre de 1788, en la que le solicitaba su intercesión ante S.M. Carlos III, para que este ordenase al 549 La colección arqneolófiico de Itálica. Apuntes sobre su ampliación... prior del monasterio de San Isidoro del Campo la entrega para su Museo de los Reales Alcázares, como había hecho en ocasiones anteriores, de unas esculturas aparecidas con anterioridad y recientemente en Itálica, Entre otras sabemos que se encontraba la escultura de Hermes Dionvsophoros^^, aparecida ese mismo año de 1788, al igual que la inscripción Caesari Nen^ae, o las conocidísimas esculturas heroicas de Trajano y Adriano, que tanta expectación despertaron entre las ilustradas personalidades del momento, como Antonio Ponz, Leandro Fernández de Moratín o Francisco Pérez Bayer, En el inicio del interés mostrado por los ilustrados de Sevilla hacia las Rui nas de Itálica y esas excavaciones emprendidas por F, de Bruna, desconocemos los aspectos y términos en que se concretaron las autorizaciones que el prior del Monasterio hubo de otorgarles para la ejecución de las mismas. Posiblemente tan solo se trataba de acceder a las peticiones de una persona con autoridad, como era el Alcaide de los Reales Alcázares, aunque tampoco debió ser esta una tarea fácil según se deduce de lo publicado por Joaquín Romero Murube, En él leemos que. La.s grandes esculturas de Itálica que ha logrado traer venciendo la tetca resistencia de los monjes de San Isidoro del Campo... También que Bruna llega en el año 85 a realizar —y en no muy buena armonía por cierto con los frailes de San Isidoio del Campo— e.xcavaciones por su propia cuenta y determinación^^ (Fig2), Con independencia de esas tensiones, a través del análisis de su obra La Itálica, sabemos que el padre Fr, Femando de Zevallos (1732-1802), que fue en dos oca^ siones prior del Monasterio, era un gran estudioso y conocedor del yacimiento, asi como de las excavaciones efectuadas por algunos monjes, descubridores seguramente de muchos de los hallazgos precedentes, además de espectador directo de las efec tuadas por F, de Bruna. Con él mantenía asiduas conversaciones e intercambio de información'-, no debiendo descartarse, pues, su posible participación en aquéllas, aunque sólo fuese como inductor y asesor en la elección de los lugares donde cavar. Resulta curioso que las excavaciones de F, Bruna se iniciaran poco después, y ^ mismo lugar de "los Palacios", donde en 1780, se había producido el hallazgo de as piernas de estatua colosal con traje militar", y en 1781 el de los torsos de Artemis, de Meleagro'^ y el pedestal con la inscripción Aelia Licinia Valeriana (Fig, 3). En cualquier caso, con independencia de cómo se autorizaron esas excava ciones y de quiénes partieron las iniciativas de emprenderlas, de lo que no tenemos Ihidem, 7, 2002, pp. 46 y ss. Copia.s conservadas en el Archivo de los Reales Alcázares de Sevilla, caja 153, expediente Recogido de J. Beltrán Fortes, "La escultura clásica en el coleccionismo erudito de Andalucía (sig os XVII-XVIII)", El coleccionismo de escultura clásica en España. Actas del Simposio, Madrid, p. 164. " Joaquín Romero Murube fue director del Alcázar, como organismo autónomo del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, entre los años de 1934 a 1969. J, Romero y Murube, Francisco de Biuna y Ahumada, Sevilla, 1997 [1965], pp. 41 y 49-50. Fr. F. de Zevallos, La Itálica, Sevilla, 1983 [1886], p. 194. " Para la identificación de estas piezas: P. León Alon.so, Esculturas de Itálica, Sevilla, 1995, núm. 10. pp. 56-57; núm. 39, pp. 124-125 y núm. 34, pp, 110-111.
550 .hmMiinufl R(H¡n)iUCZ Hidalso Sic. Ruinan ./ I,, ■ . I ("¡li:^H(i riitdiul (le lidUni. Dibujo: DiO'fo <<"lcrruh, ./. M. Rodrigue: DÍcIoIk»)- del p;,d,.c Zcvallos. qi.c. con su '>^1 proceso irqueolói;¡(.,, ^ ro iificar la participación tic! MunustcH primeras "T' rlc'dc o! año I7?3. K-hu por Miguel J„sé p'"'^^'">ncs documentadas en Itálica. Éstas luc ^ er fundado la Acide?'"'?" '^''''J""ado. conde del Águila, un ^n ^Pigrálk rir.. Buenas Petras, v en ^ ^ IOS nni^^„ ^ OLdiea(lí\w .. i... . / 1 •oii -■ 'unuado la Ae,a.; . '^'^Idonado. conde del Agí-- de los"?.'' ^P'Smneos ded?, l^ricnas Petras, y en ella, IllJ Ar pfPP' je ..iñ? y otros 'Pioios do, " emperadores Probo y Cato, ■ parece '"'"'Po Fr Je?'"?"'"''"'' "" iñlerés tjitc tut" ^tis c'Ui 'pttrec■,^^'"vP una Ur " "-f. José Toto Palma, Él P'' ''"^dar p? '^''^t'ieiemhrrT'""""'P t-"' ItnIUt/go del m"^'"' '^^^'dlano >' visible tr """ """'Kiif ii hi iininilld <'< ^lanciscrs rUna i-.,^; . . > " ^icieiTibro halla/go dul '*- uinut'^'?' elIP' et'pP"? dc ' illlC d w-o //( '^^viUano F?"'" -' ^^ihle t,,?" '"migno a h¡ mmvlln "' ^ Espi,?;;? '^'Pia gracias a la Imu.tciaet^ - eonio nos relata el cronista y '"P .SV,,,,.,.. ''r l.a|„„,,,.. . e-I dol ' '''' '"'i (le j 'l ie '' ' -L 1. /'"I 0)i(')|/() cu iiitnílM O ílí "*'" -^nd/a. 1>...... 'iiiís „í"' tKÍ A"' tí"' í/''"' Di colección arqucolóf^ica de Itálica. Apuntes sobre su oiupliacióii. 551 .prATioNn['.íE VrrKr ' ^ Avc vaTo P-V ^ í A. IXr- ¡ • ^ÍABVl'A / iycRíít fAVLO ■ /fí>Tif"c?'rrc of^V'IAV ^ aMÍ x\f Ct.V. ■'^va.aRCI ^ ■ T \ . A A ^ ;l k VAKERlNFi'O ,) Tlí-MIiÜTJÍjAA , H kRaoNW.Yn- • CüMINíAI'oÍJa' • ' lE'WiMkí; ' ti 'I Ic Vi 1)['J Íjv1VCB.0'C-K' tviíalkeníí Viv^, ,v, Ae /«-v cxcownm Ae h-co. Ae Bmm. ''A- ,tAlyuit(t.\ nhicícs ítrquetAoíih'O^ '"/'o/ímn' v Gciy'''i(i. IA27Tomados de J- ^ . ixon
552 Josc Manuel Radríiiuez Hidalgo Gali Lassaletla''. Respecto a este mismo monje, otro cronista y estudioso anteiior, Justino Matute y Gaviria. relata que en una \ isiia del embajadt)r de Suecia en Madrid, barón de Ehrensvardal. ai Monasterio, aiiíjuirió dci ¡nulrc Moscoso, hijo de aquél monasterio, una hermosa eahczix. y deseaba hacer nuevas excavaciones, que satisfaría bien ei trabajo que costaseib'. Para finalizar con estos antecedentes, que nos ilustran sobre Ití acontecido antes del siglo XIX y el Ínteres coleccionístico del Monasterio, indicar que dentro del programa de reformas emprendidas en este por los daños causados por el "terremoto de Lisboa", dos años más tarde de la reconstrucción de la fachada oriental, donde se reutilizaron sillares romanos retallados, en 1794. según se deduce de lo testificado en una de las campanas de la misma, se fecha la construcciiui de la espadaña de las iglesias del Monasterio. Hn ella, siguiendo la vieja tradición de incrustar elementos arqueológicos en las nuevas fábricas para ratificar un pasado noble, como elementos decorativos dentro de dos clípeos se introdujeron sendas cabezas romanas, que, sin duda, debieron ser recogidas por los monjes en una fecha y lugar indeterminado de Itálica. Se trata de una cabeza publicada como femenina, que nosotros hemos identificado como de Apolo de mediados del siglo II. y el retrato de un particular de comienzos de la Tetrarquía' . El citado Matute"^ nos vuelve a iníormar de los últimos hallazgos producidos en el cambio de siglo en ... ios Palacios, donde además de las estatuas e ins cripciones, que en sus debidos hilares copiamos, se han encontrado otros efectos así de esculturas como de arquitectura, que por si solo bastaran a recomendar el pueblo en que se han hallado: tal es la columna, que está colocada en el atrio de la if^lesia (actual "Patio de los Naranjos del Monasterio), ¿le veinte v cinco pies de abo, cuyo lindísimo capitel corintio se condujo al real Alcázar de Sevilla donde permanece. La fecha del hallazgo la desconocemos, pero por las referencias que aporta parece deducirse que es posterior a las excavaciones de Bruna, aunque en el mismo lugar que e.stas. Si conocemo.s la de su tra.slado y colocación en el nuevo destino, ya que en una inscripción conmemorativa colocada en el basamento sobre el que está erigida podemos leer: Esta columna se halló en el/ sitio llamado de los Palacios/ propios de este Mo nasterio y/ por su magnitud y hermosura/ se erigió en honor \ triunfo de/ la Santa Cruz, y descan.so de las/ ánimas del Purgatorio siendo/ prior n. m. p. fr. Juan Oliva en / 24 de mayo de IH()2 (Fig. 4). A. Güii Lassalelta. Historia de itálica. Municipio y Colonia ronunia. San Isidoro de CiviipoSepulcro de Guzmán El liiieno. Santipotu e. Sevilla. .Sevilla. 2001 ( IS02|. p. 200. J. Matute y Gaviria. liosípiejo de Itálica, .Sevilla. 1994 | IS27|. p. .^2. P. León Alonso. Esculturas de Itálica. .Sevilla. 1995. p. 102. Retratos romanos de la Bética, Sevilla. 2001, p. 142. J. M. t.uzón Nogué. Sevilla la Vieja. Un pa.seo histórico por las Ruitias de Itá lica, Madrid, 1999. p. 25. J. M. Rodríguez Hidalgo.••64-Cabeza de Apolo. Mediados de siglo 11", San Isidoro del Campo 11301 -2002). Eortak'z.a de la Espiritualidad v Santuario de Poder. Sevilla. 2002, p. 346. Ihidem, 15. p. 30. La colección aiyiteológica de Itálica. Apuntes .sobre .su ampliación. 553 Fig. 4. "Triunfo de la Santa Cruz". Monumento erigido en el tttonasterio de San Isidoro del Campo en 1802, con piezas procedentes de "Los Palacios". Fotografía, archivo de Rodrigo Amador de los Ríos (colección J. M. R. H.).
554 Josc Manuel Radn'fiuez Hidalgo 1810-13 DE JUNIO DE 1844 El 1 de febrero de 18lí) entraron en la ciudad de Sev illa las tropas francesas al mando del Mariscal Soult. con ellas el propio rey José Napoleón. El 27 de agosto de 1812, con el General Mourgeon al frente regresaban las españolas' ". Fueron algo más de dos años de ocupación y sin embargo, al menos en lo que haee referencia al Monasterio de .San Isidoro del Campo y eon el a Itálica, se produjeron cambios inmediatos y se esbozaron otros^ '. A los siete días de entrar en .Sevilla y aposentarse en los Reales Alcázares, el 8 de febrero, montado a caballo realizó una excursiíHi a Itálica. Parece que con ella el Rey, hermano del Emperador, además de conocer el lugar de donde procedían la mayoría de las esculturas que había atesorado y depositado Bruna en su museo de las Tres Artes Nobles en los Alcázares, quería rendir su particular homenaje a la cuna de los emperadores "Trajano. Adriano. Teoclosio" y a la resueitada idea de Imperio, como ya se hiciera anteriormente con Itálica durante el Renaeimiento-'. Tras esta visita el Rey, en el Rea! alcázar de Sevilla a 11 de febrero de IHIO, de cretó entre otras cosas, además de recuperar para la poblaciíMi el nombre de Itálica frente al de Santiponce, que: Art. /. ¡M ciudad en que nacieron Trajano, Adriano y Teodosio volverá a tomar el nombre de Itálica que tenía en aquel tiempo. Art. IT Una reta de 50 mi. re.s. vn. (50 mil reales de \ell(')ii) tomado.s del fondo de las fincas pertenecientes al < onvento suprimido se S. Isidro del Campo, en cuyo di.strito se halla el antiguo anfiteatro, se (q)Hcará a lo.s gastos de las e.xeavaeiones—. De la materialización de estas primeras medidas desamortizadoras que padeció el Monasterio no tenemos datos concretos, aunque el cronista A. Gali Las.saletta hace referencia a excavaciones emprendidas por el propio Mariscal Soult, y pos teriormente, cuando cambió el signo de los acontecimientos bélicos con la Guerra de Independencia, por el General Wellington-*. En cualquier caso, será tras la desamortización de Mendizábal (18.^5) cuando se materializaron los primeros cambios relativos a las rclacit)nes de propiedad del Monasterio y su incidencia en la oficialidad de las futuras excavaciones, así como en la ubieación de las piezas, que a partir de entonces surjan del suelo de Itálica. Hasta tanto, y antes de que .se emprendiesen nuevas excavaciones que incremen tasen la colección arqueológica, tenemos datos concretos que nos informan de la Para una visión general y también particular de la presencia napulcsaiica en .Sevilla recomen damos la obra de M. Moreno Alonso. Sevilla Napo¡eóni(a. tú!. Alfar. Se\ illa. 1095. Ihideni. 16. p. .5S. Ihideni. 4. 1. pp. 190-192. 2. pp. X-Xil. J. M. Rodríguez Hidalgo. •'Sinopsis historiográfica del anlltcatro de Itálica", en Hi.storiografía de Arqueología y la Historia Antigua en España. Madrid 1991 . pp. 91 y ss. ,A. Caballos Rufino. J. Marín Tatuarte y J. M. Rodríguez Hidalgo. Itáliia An/ueológiea. .Se\ illa. 1999. pp. .59-41. " Gaceta de Madrid. 20 de febrero de ISIO. pp. 20S-2I0 y 2.51 . Ihident. 15, p. 166. La colección arqueológica de Itálica. Apuntes .sobre su ampliación... 555 puesta en marcha de una "eficiente" e incipiente institucionalización de la tutela de la antigüedades, que afectó a Itálica; así como noticias y acontecimientos aportados, una vez más, por Justino Matute. Por él sabemos de una escultura procedente de Itálica, que aún se ubicaba en el interior del Monasterio. La dibujó e interpretó como una Palas o Vestal que, en 1817, estaba arrimada por guarda-rueda a una esquina del afjeadero del monasterio, su altura de siete palmos, sin cabeza ni brazos, y el pej?luni, sobrejniesto a la ttínica, embozada sobre el hombro derecho con un broche sobre el izquierdo, que lo sujetaba. Yo entonces saqué un borrón, tínica diligencia qtie ha con.servado su figura, cttal .te representa en la lámina 3, ftg. 40, pttes he sabido que en el ailo ¡825 la mandaron a.serrar para forntar gradas a tttta capilla-^ (Fig. 5), Un año después de que Matute dibujara esa pieza de desafortunado destino, el 2 de octubre, la Real Academia de la Historia redactó una circular recordando el obligado cumplimiento de la Inspección de Antigüedades, interrumpida por la Guerra de Independencia (1808-1814). Con anterioridad, en ese mismo año, la misma Real Academia de la Historia, ante los continuos expolios, había nombrado con.servador de las Ruinas de Itálica al académico Ciríaco González Carvajal. Un año después, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, por su parte, hizo lo mismo y designó conservador de las mismas Ruinas al arquitecto de Sevilla, Cayetano Vélez. Ante esa duplicidad de responsabilidades, el 8 de mayo de 1819, el académico Ciríaco González remitió una carta a la Real Academia de la Historia sugiriendo que se encargase la conservación de las venerables Ruinas a los monjes del monasterio de San Isidoro del Campo, como había sucedido hasta ent(Dnces, bajo la dirección de un académico y que se formase un museo en dicho edificio, con los materiales que se fuesen recuperando con las excavaciones y evitar así el expolio del que e.staban siendo víctimas-\ La propuesta de Ciriaco González Carvajal supuso, de alguna manera, una fórmula híbrida de gestión compartida entre el Gobierno y quienes hasta entonces habían sido los dueños y señores del yacimiento de Itálica. Así pues, cuando pocos años más tarde se produzca la efectiva Desamortización de Mendizábal los mo e os de gestión ya e.staban ensayados, no así el cambio de titularidad del lugar y lo que ello repercutiría en la integridad de las Ruinas de Itálica. Esa preocupación por la protección de Itálica tiene sus precedentes más inme diatos en una Real Cédula, de 6 de julio de 1803, que aprobada y mandaba observar la instrucción formada por la Real Academia de la Historio, sobre el modo de recoger y conservar los montmientos antiguos descubiertos o que se descitbian en el Reino. También en esa línea, el 19 de septiembre de 1827, la Real Academia de la Historia emitió una circular ante el deterioro que sufrían las Ruinas de Itálica. En esa misma disposición Fernando VII nombró al Asistente de Sevilla protector de los monumentos de la antigüedad existentes en la ciudad y sus contomos. Esta Il7ident. 16. p. 27. J. Maicr y J. .Salas Álvarez. Comisión de Antigüedades de la Real Academia de la Historia. Andalucía, catálogo e índice. Madrid. 2000, pp. 3.55 y ss. Exp: CASE/9/7970/11 (I) y .ss.
1 MI - * ' ' 1 556 Jdsc Mdnni ^ a l^AM. III. AÍUAI Q r LICINIAE^ VALERIANAE^I JflXIÍDIOIXíIMViOKDO'ITALICENÍ' rVNEKlSJMPfMJAfA^ LOCVMJEPVLtVkAL JTArVAM-PONENDM 1 DECKEVIT" AELIYíJKIJW'PAIER'íri LABERIVJ'riRMAMUP'i MARimhCNORi^afrol D'Jf'P05VERVMf" MAOMO tr ífJI P'CAtS'M'AfJf^lO TLORIANOFIO J^A/lcro avg-'P''^ ffiid' voTEsr* PHOCOiP» RETFVMXA IfALiaNJ' DEVOrA NVM INI^MA IF-TMil Qy££ íVS^DBDÍCAtiíE A\/RELI01VLI0V'RAVR CVRÁNtÉ'AVJKBUO H-,; * ViLSINOA/H'CVRA-fOíE jUIpJfAUCENJIVM y ir • ' \ '■ ¿ . \ ^ • — hi^. 5. EscuUitru de F\ilas o VcsIííI. dHyuja ¡mr ./. MaltUf \ (un iría en el ciño /6/7 quedó cumplimentada por un posterior Real Decreto, de 30 de noviembre de ' mediante el cual quedaba encomendado el cuidado y protecci('>n de los nionin a los Jefes Políticos de las Provincias: es decir, a los Gobernadtnes Civiles. ^ a ese Decreto, por Real Decreto, de 3 de enero de 1839 y hasta 1841, Cortina, oficial tercero 2" del Gobierno Político de .Sevilla. íue nombrado sable de las excavaciones y. así. se inicie') una ferviente actividad arqueológica Itálica, aunque con anterioridad a el. entre el 20 de diciembie de 1837 y ^1 noviembre de 1838, Serafín Estcbanc/. C alder()n. como Jefe pe)lítico de Sevilli^' el responsable de la protección de las Ruinas de Itálica. Esa feiviente * dirigida desde los estamentos gubernamentales, abarcíí t(ídt> lo que restaba aunque con grandes altibajos y no pocos enfrentamientos por la con.servacion patrimonio arqueológico exhumado y por exhumar. Previo a la reactivación de la nueva etapa arqueológica, a.sí como de otras nicdi protectoras y creación de instituciones para llevarlas a término, fue necesario que tras la Desamortización de Mendizübal. dependientes del Ministerio de la Gober nación, se crearan las Juntas Científicas y Artísticas para controlar ese patrimonio desamortizado, entre el que se encontraba Itálica. Igualmente, el I 6 de septiembre de 1835, durante la Regencia de María Cristina, se promulgó una Real Orden mediante la cual se creó la Junta de Museos, precisamente para recoger las obras de arte de los conventos desamortizados, y también un Museo Arc|ueológico en Sevilla (on el ex convento de la Merced), con materiales procedentes de Itálica. La colección arqueoltígica de Itálica. Apuntes sobre su ampliación... 557 También esas decisiones se cumplimentaron con otra serie de Reales Ordenes para evitar la exportación al extranjero de los bienes desamortizados-^. Por ejemplo, estas Órdenes posibilitaron a la Real Academia de la Historia evacuar un informa tivo negativo, después que el Gobierno Provincial le sometiera a juicio la solicitud de Domingo Ronchi para hacer excavaciones en Itálica y vender los materiales en el extranjero. Con estos precedentes, precisamente al año siguiente de la exclaustración del monasterio de San Isidoro de Campo, cuando en el Gobernador Civil de Sevilla recaía la encomienda del cuidado y protección de los monumentos de la Provincia, el 2 de abril de 1836, el ingeniero Valentín del Río informó del descubrimiento, en las "Eras de Santiponce", de dos esculturas-' (Fig. 6). La comunicación del hallazgo de esas esculturas-^ denota el inicio de las obras de mejora de la carretera de Extre madura. Se trata de la reparación del Itinerario Real de Postas, Sevilla-Badajoz, por el Ronquillo, que iniciado en 1755 inauguró, en febrero de 1796, S.M. Carlos IV-. A la postre, la ejecución de estas obras serán las desencadenantes del inicio de unas auténticas "excavaciones arqueológicas de urgencia" y las que pongan en práctica la eficacia de las medidas de protección diseñada con anterioridad. Ahora, con un desamortizado Monasterio convertido en cárcel y correccional de mujeres, en una misma persona recaerá la responsabilidad de rehacer la ^ora denominada carretera Sevilla-Badajoz, y por otra la de cumplir las disposiciones y decretos de S.M. Fernando VII relativos a la protección de la antigüedades del Reino. Sin lugar a dudas, una situación novedosa a la que se tuvo que enfrentar el citado Gobernador Provincial, don Serafín Estébanez Calderón, quien tras los desatinos cometidos por una cuadrilla de presidiarios aceptó la solicitud de autori zación para emprender las excavaciones arqueológicas, que le había presentado su entusiasta oficial tercero, Ivo de la Cortina-^". Creemos que las excavaciones oficiales emprendidas por el radiante de alegt^, don Ivo, así como las de sus sucesores inmediatos, hasta el inicio de las de e metrio de los Ríos en el Anfiteatro (1856), no hacían más que atender y paliar os destrozos patrimoniales que estaban ocasionando las obras de la cairetera, para as que se empleaban, al igual que para aquéllas, mano de obra de presidiarios, que se RR.OO. de 2 de septiembre de 1836 y de 20 de agosto de 1838. ^ ^ F. Fernández Gómez. Lxts e.xcavaciones de Itálica y don Demetrio de los Ríos a través e sus escritos. Córdoba, 1998, p. 64. ^ , Las esculturas a las que se refiere el hallazgo de ingeniero son el Bu.sto de Adriano y f "Torso de estatua thoracata". Piezas números 22 y 4, respectivamente de Esculturas de Itálica, P. eon Alonso, Sevilla. 1995, pp. 40 y 80. T. Fernández de la Mesa. Tratado legal y político de caminos y posadas. Parte II. Valencia [17551. p. 187. Para distintos aspectos relacionados con las actuaciones de Ivo de la Cortina y sus excavaciones en Itálica, recomendamos el ya mencionado libro de Aurelio Gali Lassaletta, pp. 166-173. Igualmente, el también citado libro de J. M. Luzón Nogué, Sevilla la Vieja. Un paseo histórico por las Ruinas de Itálica, pp. 74-83; y el de F. Fernández Gómez. Lxis excavaciones de Itálica y don Demetrio de los Ríos a través de sus escritos, pp. 64 y ss.
1 558 JnuM,nuu-l RodríiiHt^- Hidalgo La colección arqueolóiiica de Itálica. Apuntes .sobre su ampliación. 559 Fig. 6. Busto de Adriano localizado en ¡as obras de ¡a carretera de Badajoz, a su paso por Santiponce. el 2 de abril de IH.16 (colección J. M. R. H.). alojaban en los graneros del monasterio de San Isidoro del Campo. Aproximada mente, durante unos veinte años se simultanearon las excavaciones arqueológicas, las obras de mejoras en la carretera, las destrucciones y los enfrentamientos personales e institucionales. A pesar de todo ello, entendemos que en la actualidad carecemos de elementos para enjuiciar esa situación, hasta ahora novedosa, en la que, sin duda, prevaleció la ejecución de la carretera. Se puso de manifiesto, pues, la ineficacia del incipiente ordenamiento patrimonial y destacó el interés de una minoría culta, entre la que, con nombre propio, sobresalió el desasistido y vituperado oficial tercero del Gobierno político, Ivo de la Cortina, José Amador de los Ríos, junto a su hermano Demetrio y el cura de Santiponce José Toro Palma. Lo prolongado de las actuaciones arqueológicas nos advierte de la entidad de la reforma de la carretera, con un nuevo trazado por la fachada de poniente del Monas terio y de Santiponce. La antigua Itálica, la Wetits Urbs, fue literalmente seccionada por una gran trinchera, para encajar un nuevo trazado que suavizara las pendientes topográficas^'. Según la zona, se llegaron incluso a superar en profundidad a las cimentaciones de las edificaciones romanas de mayor entidad, como pudiera ser el caso de las puertas y murallas, que fueron arrasadas, creándose una topografía tan artificial que con el paso del tiempo se adoptaron los topónimos de Cerro de los Palacios" (oeste) y "Cerro de San Antonio" (este)". Sobre el de "San Antonio era donde se asentaba la población de Santiponce, mientras que sobre el otro, desde el arroyo del "Cernícalo" hacia el Anfiteatro, se extendía el olivar de "El Palacio/ Los Palacios". En el último tercio del siglo XIX, en el "Cerro de los Palacios , siempre dentro del antiguo espacio intramuros, en tomo a las Termas Menores (la Armería de Trajano)^ se fue incrementando el caserío, y con él la superficie urbana de Santiponce (el conocido como barrio de "la Alegría"). En el plano topogr co levantado por Demetrio de los Ríos, en el año 1861, se observa esa, por aque a fecha, recién inaugurada carretera de Badajoz a su paso por Santiponce, sin casas en ese "Cerro de Los Palacios" o "Monte Palacio" (Fig. 7). De esas controvertidas y criticadas excavaciones de Ivo de la Cortina se extrajeron multitud de piezas que fueron depositadas en el archivo de la sede del Gobierno Político de Sevilla, de entre lo mucho extraído podemos destacar la inscripción dedicada a Líber Pater,, el togado colosal, las piernas de una thoracata, un torso colosal, la cabeza de Dea Roma, la cabeza de "Galba", la de Alejandro Magno una cabeza de Venus y una larga relación de objetos y piezas menores, que en u^ primera instancia fueron publicadas, a modo de inventario, en la Gaceta de Madri , de 20 de mayo de 1839. También en 1840, en el cuaderno número 1 de su frustrado proyecto editorial Escabaciones de Itálica, dibuja y refiere algunas de las piezas extraídas. Igualmente, Gali Lassaletta-^^ recogió un inventario manuscrito de Ivo de la Cortina que empieza así: Estado de los objetos extraídos de Itálica por el Directoi de las Excavaciones que lo suscribe, los que existen en el Archivo del Gobierno político y almacén del mismo. Sigue a este encabezamiento esa relación de objetos F. Amores Carredano y J. M. Rodríguez Hidalgo, "Conjuntos Arqueológicos. Actuaciones en la ciudad romana de Itálica durante los años 1984-85", en Anuario Arqueológico de Andalucía / 1985 Voi. 1. Sevilla, 1987. pp. 71-76. Topónimos que emplea, por ejemplo, A. García y Bellido en su Colonia Aelia Augusta Itálica, Madrid, 1960. " Ihidem, 15, pp. 168-172. 1
560 .l<'\f Manuel Radrif'iu'Z Hidalgo La colección arqueológica de Itálica. Apuntes sobre su ampliación. 561 *-0 IHl'I Fin7. Plano topográpco levantado por Demetrio de los Píos, junto eon sus alumnos, en IR61. clasificados por: "Objetos de mármol, fragmentos de estatuas, fragmentos de manos, fragmentos de pies, relieves de mármol, objetos de barro, monedas, marfil, pastas de adorno, objetos de hierro, objetos de bronce e inscripciones". Con la Revolución de Septiembre de 1840 los pocos presos que aún trabajaban en las excavaciones, entonces sólo los fi nes de semana, fueron retirados y la situación se le complicó a Ivo de la Cortina, ya que a sus discrepancias con el Gobernador Provincial por su falta de apoyo ante las destrucciones de las antigüedades, debe mos añadir que de.sde la Real Academia de la Historia .se le acusaba de la venta de objetos aparecidos en las excavaciones". La situación debió .ser insostenible e Ivo de la Cortina fue sustituido en sus responsabilidades arqueológicas por José Amador de los Ríos. Hasta el año 1846, José A. de los Ríos fue el responsable de los trabajos arqueo lógicos, y su primera gestión al frente de los mismos fue solicitar a la Academia, el 24 de noviembre de 1841, medios para mantener y vigilar los mosaicos de "las Musa.s" y "el Grande", descubiertos por Ivo de la Cortina. En otras ocasiones las demandas de ayuda fueron conjuntas, como cuando con el cura José Toro Palma, el I de diciembre de 1843, se dirigieron al Gobernador Civil, Dionisio Echegaray, Acta de 21 de junio de 18.'Í9. Discurso acusatorio leído, el 21 de noviembre de 1840. por don Martín Fernández de Navarrete. solicitando que le enviase "un confinado inutilizado para guardar el mosaico y ruinas". Tenemos pocos datos sobre su acción directa al frente de las responsabilidades asumidas, al menos en lo que respecta a posibles excavaciones, aunque por la documentación existente podemos intuir su participación en el expediente relativo al intento de trasladar la colección de Bruna a Madrid, para que se integrase en el Museo Real. A este respecto, llegó incluso a realizarse una selección de las mejores piezas, entre ellas el torso de Artemis y el Trajano divinizado, pero intervino la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, reclamando su propiedad y solicitando que le fuese entregada. La colección permaneció en Sevilla y nuevamente, ahora en 1848, fue reclamada por la Comisión de Monumentos-^-\ 13 DE JUNIO DE 1844-1900 En esa fecha, por una Real Orden se crearon las Comisiones Provinciales de Monumentos Históricos y Artísticos, dependientes de la Junta Central de la Real Academia de la Historia, de la que era secretario José A. de los Ríos. Pese a la descentralización y la mayor proximidad con los problemas que ello supuso, el pulso con la continuidad de las obras de la carretera y las destrucciones que ello llevaba aparejado, no cambió de signo. Se prodigaron las denuncias públicas en la prensa y también en documentos oficiales, pero aún así se siguieron producien o destrozos. Los enfrentamientos entre ambas posturas obrantes fueron especialmente virulentos en 1855; por una parte el ingeniero Jefe de la provincia de Sevilla, José Soler de Mena y, por otra, Demetrio de los Ríos, hermano de José Amador'^, que también contaba con el respaldo de la Diputación Arqueológica, de reciente creación en 1853 como delegación de la Academia Española de Arqueología". A diferencia de las anteriores denuncias, estas de ahora son más explícitas y se refieren a destrucciones en el Anfiteatro. Ello quiere decir que las reformas e la carretera habían superado el ámbito urbano de Santiponce {Vetus Uibs) y se aproximaban o sobrepasaban al olivar de "Los Palacios", al de Las Cola ^ al Anfiteatro (Noi'a Urbs). Para la ejecución de este tramo, además de piedras e Anfiteatro, se debieron desmantelar las edificaciones ubicadas sobre la ladera orien tal de la ampliación adrianéa; hasta por encima de su cercenada muralla, construir J. R. López Rodríguez. "El desarrollo de los museos arqueológicos en Andalucía durante el siglo XIX". en M. B. Deamos y J. Beltrán Fortes (eds.). Arqueología fi n de siglo. La arqueo ogia e.spatlola en la .segunda mitad del siglo XIX (I Reunión Andaluza de Historiografía Arqueo ogica . SPAL Monografías III. Sevilla. 2002, p. 164. Para aspectos relacionados con estos enfrentamientos: ibidein, 30. ^ J. M. Rodríguez Hidalgo, "Demetrio de los Ríos e Itálica", en Demetrio de los Ríos, Memoria Arqueológico-Descriptiva del Anfiteatro de Itálica (Madrid [1862]), Sevilla. 2002, pp. 11-24. " J. Beltrán Fortes, "Arqueología e Instituciones en la Sevilla del siglo XIX. La Dipu tación Arqueológica (1853-1868)". en G. Mora y M. Díaz-Anreu (eds.). La cristalización del Pa- .sado: Génesis y desarrollo del marco institucional de la Arqueología en España, Málaga. 1997, pp. 321-3.30.
574 JnsiMtinttí '/ Radrifiitez HidotS Fig. 12. La Comisión cJe Monumentos Históricos y Artísticos de Sevilla el anfiteatro de Itálica, 1900. Sentado a la iz.cjuierdo de lo inuiyen, .v// .secretcicio, Manuel Fernández López y tras él, de pie, Geofge Bon.sor (colección J. M. R. H.}. La cnlevc ión arqucnlóy^ica de Itálica. Apuntes sobre su ampliación... 575 altura y perteneciettte al pequeño tetnplo o edículo en que la diosa estuvo, varios fragmentos de la decoración del mismo v la extremidad inferior derecha de una estatua de Mercurio^-. La mencionada pierna pertenecía a aquella escultura de Mercurio (Hermes Dionysóforos) que muchos años antes, en 1788, habían encontrado los monjes del monasterio de San Isidoro del Campo. Aquella para la que Feo. de Brana había solicitado, el 15 de octubre de ese mismo año de 1788, la intercepción, ante el prior del Monasterio, del propio ministro Floridablanca para que la escultura fuese trasladada al Alcázar, allí donde había creado su museo de las Tres Artes Nobles. CONCLUSIONES Tal y como indicábamos en las páginas iniciales de este trabajo, nuestro objetivo ha sido explicar, en la medida de lo posible, la unidad que desde siempre ha supuesto la colección arqueológica de Itálica. Barajando la documentación existente hemos intentado justificar esa unidad, que para nosotros es algo cierto. En ella, como no podía ser de otra manera, reivindicamos el papel de coleccionista desempeñado por los propietarios de la heredad de Hispalis Vetilla, los monjes jerónimos de San Isi doro del Campo, educados en las aficiones arqueológicas por el R. PFr* eman o de Zevallos, autentico redescubridor moderno de La Itálica^^. Tras las dos desamortizaciones sufridas por el monasterio de San Isidoro del Campo, el Estado, pese a los intentos y voluntades de una minoría cada vez mayoritaria, no supo o no quiso mantener la unidad territorial y patrimonia e Itálica, que anteriormente se inscribía dentro del Monasterio. Pese a ello, por parte de las distintas instituciones, y por ende desde el gobierno, provincial en primera instancia, se ejerció una efectiva tutela sobre todo lo que acontecía en torno a Itálica. Sólo durante el líltimo decenio del siglo XIX, coincidiendo en una relación de causa y efecto con la presencia de los tres arqueólogos extranjeros citados, es cuan o se aprecia una "liberalización" en la tutela, que ha de interpretarse como un niayor interés de la burguesía sevillana hacia los objetos extraídos de la antigua t ica. Fue este un proceso bastante efímero, que en Sevilla se plasma en la persona de doña Regla Manjón, condesa de Lebrija, quien especialmente durante los pnme ros años del siglo XX formalizó su casa palacio de la calle Cuna y su colección, entre otras, de piezas italicenses. Pero fue este un proceso corto en el tiempo, ya que pronto quedó abortado con la promulgación de la Ley de 1911^ y 1^ postenor Real Orden, de 13 de diciembre de 1912, de S.M. Alfonso XIII, por la que se e « "Itálica. Diana Cazadora", Archivo de C. MM. HH. y AA de la provincia de Sevilla. R. P. Fr. F. de Zevallos, La Itálica, Sevilla, 1886. Aunque el manuscrito fue escnto eiitre 1783 y 1802, año de su muerte, la obra no fue publicada hasta el año 1886, por iniciativa de la Socie a de Bibliófilos Andaluces. Ley de 7 de julio de 1911 mediante la cual se establecían las reglas a las que tenían que someterse las excavaciones arqueológicas, artísticas y científicas y la conservación de las rumas y antigüedades.
J(tMMtinin rl Rodrifitt^^ Hidalgo Lci colección arqucoióiiica de Itálica. Apunte.s .sobre su ampliación. 577 argumento claraban Monumento Nacional a "Ruinas de Itálica . aunque es este u^^^ para od*a que sobrepasa los límites cronológicos del siglo XIX y por tanto te ocasión (Fig. 13). ! í ! Fifi13. Detalle ele la cole'cción ele Itálica tra.s el montaje de Demetrio de lo.s Ríers una de las fialerías del claustro de convento de la Merced. Al fmtdo la Diana Cazadora, su líllinta f>ran incorporación (colección I ¡d. R H.). APENDICE Crónicas del viaje de SS.MM. y AA.RR. a las provincias de Andalucía en 1862, de Aristides Pongilioni y Francisco de P. Hidalgo Capitulo XXI: H.xcur.sión a las ruinas de Itálica, e.xmonasterio de san Isidoro del Campo-. En la rápida excursión que hacemos, siguiendo los pasos de los regios viajeros por la antigua ciudad de San Fernando, no nos han faltado ya. ciertamente, objetos de admiración y estudio, espectáculos curiosos y agradables, escenas de varias y distinta naturaleza, que hayan impresionado nuestro corazón y nuestra fantasía... Y ahora, para que nada falte a este raro conjunto de impresiones y espectáculos diversos, las ruinas de una antiquísima ciudad, un tiempo municipio, después colonia roinana, y cuna insigne de esclarecidos varones, nos brindan, no muy lejos de la ¡lustre patria e erre y de Murillo. con el interesante cuadro de su desolación y su abandono. La Diputación Provincial, el Ayuntamiento, y las comisiones de monumentos históricos y de la sociedad arqueológica, habían dispuesto, en el escaso término de cuatro las. lo necesario para que SS.MM. pudieran cómodamente visitar las ruinas de Italica. y para presentarles en aquellos parages un delicioso espectáculo. De la fábrica de Cartuja se dirigieron SS.MM. a las ruinas, por el arr^ife p _ construido. Los pueblecitos de transito. Camas y Santiponce, estaban adorna permiten su escaso vecindario y la pobreza de sus moradores. Habiánse levaiita o e .sitio.s arcos de ílore.s y follajes, ondeando de trecho en trecho banderas y ga ar e la.s ca.sas, hasta la.s más humildes chozas, se habían decorado con colgaduras. Las comisiones arriba citadas esperaron a las reales personas en una explanada ¡^óxima al anfiteatro y ya eran las cuatro y media de la tarde, cuando los Víctores de la muc e um y la marcha real, tocada a la vez por numerosas bandas, saludaron la llegada de os augus os viajeros al recinto de la derruida ciudad. En el centro de la explanada y de un vistoso campamento formado por . de hechuras y colores diversos, se levantaba la destinada a SS.MM., ricament^^^^ y revestidos sus pilares con ramos de mirto y laurel. Esta tienda tenía a la espa forma de casa rustica, con dos elegantes gabinetes. SS.MM. se dirigieron inmediatamente a la Virgen del Rocío, colocada a la campamento en una lujosísima caireta arrastrada por bueyes enjaezados con mant^ y de terciopelo y oro. en medio de una gran alfombra y entre cuatro trofeos de an eras. Después pasaron los Reyes y la comitiva al anfiteatro. Al pasar las augustas personas por delante de una lapida, cubierta con cortinas de seda, resonaron de nuevo los m^estuosos acentos de la marcha real, y descorriendo la cortina los Señores Presidente del ot^^jo^y Ministro de Fomento pudo leerse la siguiente inscripción, destinada a transmitir a as venideras la memoria de la regia visita a aquellas solitarias ruinas; "S.M. LA REYNA DOÑA ISABEL SEGUNDA DESEOSA DE VER LA PÁTRIA DE LOS VENERABLES SANTOS CÉLEBRES POETAS E INSIGNES EMPERADORES
.h'MMiiniit'l Hidalgo La colección an/neoló}>ica de Itálica. AputUes .sobre .su ampliación. 579 i 1 l ll Lsrrvo i.\ iiAi.K'Á EL día J.-l DE SErilEMliKE DE IS62 LA DIrrLACIOS l'KOVISCI.AL EL AYCST.A.MIESK) DE SEVILLA Y lA COMISIÓN DE MONCMENTOS HISTORICOS Y AR(JCEOIX)GICOS CUIDARON DE PERPETUAR EN ESTE MÁRMOL lA MEMORIA DE TAN lAUSTO SUCE.SO" o extendían dos Formando calle desde la tienda real hasta la entrada del aniiteatro se con fi las de estandartes romanos, de seda morada, con llecos de oro. en los que lorii ^ caracteres de cobre, se veían los nombres de los que nmortali/aron a Itálica, como emperadores Trajano. Adriano y Teodosio. en Ccuisiil .Silio. cantor de la según púnica, el mártir .San Jeroncio. el cronista Rodrigo Caro y el delicado poeta Franc Rioja. En este sitio la sociedad titulada LA ANDALII/A. compuesta de \einte y pon vestidos con el vistoso y elegante traje andalu/. cantaba el bellísimo himno, letra Narciso Campillo y música del Sr. Lucena. que ya hemos insertado en un capitu o a y que S.M. se detuvo ha escuchar con muestra de gran complacencia. ^ En el centro del anfiteatro, una rota columna, hallada en las ruinas. t)Stentaba algunos de los inmortales versos de la incomparable elegía de Rioja. Allí se detuvo ^ e comitiva, admirando el magnífico panorama que se descubría. Algunas veces, a la vista de este destrozado monumento, las protundas que inspira nos han llevado a los tiempos en que la antigua ciudad se levantaba en suyo, llena de esplendor y de vida, y reconstruyéndolo con nuestra imaginación, le ^ vi.sto erigido, majestuoso, adornado con sus innumerables estatuas de mármol, anchas galerías por miles de espectadores que ostentaban a la luz. del sol los vivos c de sus mantos, y animado con el discordante vocerío de aquel pueblo inmenso, al unían en salvaje concierto, el hálito estertoroso de los ensangrentados gladiadores y el rUjde las fi eras, encerradas en sus profundas cavernas. Y, sin embargo el espectáculo que presentaban las ruinas, en el momento de la regia visita, luchaba ventajosamente, en encantos y animación con este cuadro imaginario. El anfiteatro se levanta en un pequeño valle formado por dos collados. En los declives de estos se veían en grandes y animados grupos la mayor parte de los habitantes de os pueblos convecinos, como Santiponce. La Algaba, Camas, Benacazón y otros, llevando a a cabeza banderas con el nombre del pueblo y la felicitación a los Reyes. Las moles inmensas de piedra del anfiteatro, e inaccesibles a primera vista, estaban coronadas de gente de to as las clases, que agitan sus pañuelos y sombreros, con muestras del mayor entusiasmo. Cerca de la tienda real, las engalanadas carretas de la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío, entre las que .se de.stacaba, por su mayor adorno, la que conducía a su Santa Patrona, pi"®" sentaban el original y caprichoso aspecto que les es característico. Por todas partes flotaban al viento infinidad de banderas. La tibia claridad de una tarde de otoño envolvía el cuadro en sus misteriosas pintas; multitud de bandas de música llenaban de acentos melodiosos los aires, conmovidos por el incesante clamoreo de la muchedumbre que victoreaba a los Reyes; gentes de los pueblos danzaban en corros, al son de los instrumentos, y el aspecto triste y solemne de las ruinas derramaba sobre aquel cuadro de expansiva alegría una .sombra de melancolía y de respeto imposible de describir. La Reina permaneció largo rato en el mismo sitio, contemplando todos los detalles de esta e.scena, y correspondiendo con afectuosos saludos a las fervientes aclamaciones del concurso. El Sr. Don Demetrio de los Ríos, presentó a SS.MM. el plano de Itálica, sobre el cual hizo breves y oportunas explicaciones, entregándoles además una reseña de los trabajos que se han hecho bajo su dirección, en la cual constan todos los descubrimientos modernos; y el Sr. Don Antonio Ariza Secretario de la Diputación Arqueológica, ofrecio a la Rema un curioso camafeo hallado en las ruinas, y que S.M. se digno ha admitir con especial agrado. Después visitaron las reales personas el anfiteatro, descendiendo hasta sus bóvedas más profundas y recientemente descubiertas, las cuales habían sido activamente despejadas de gran cantidad de escombros producidos por las excavaciones, facilitándose el ingreso a e as con cómodas escalinatas de madera. SS.MM. lo examinaron todo con inteligente atención, manifestando claramente el interés con que miran estas apreciables exploraciones. Y de este interés ya tenían una prue a pa en e los dignos individuos de las comisiones científicas. Antes de entrar las augustas personas en el anfiteatro el Sr. Don Fernando de Gabriel y Apodaca, pre.sidente accidental de la de Monumentos Históricos, había dirigido a la Reina un elocuente discurso, en el que espues de enumerar los gloriosos timbres de la antigua colonia romana, y los que monarcas espa ñoles habían conquistado protegiendo la ciencia arqueológica, la excitaba . seguir este ejemplo. No se hizo esperar mucho el resultado de la excitación. r. mis o de Fomento manifestó después a las comisiones, que S.M. había decretado a inc u el presupuesto del Estado de una cantidad destinada ha continuar las excavacio regreso a su tienda las augustas personas, desfiló ante ellas, precedida e tam o caramillo tradicional la Hermandad del Rocío, acompañando a su Santa atrona. mandad celebra anualmente su romería en los días próximos a la Pascua de entec , pero a excitación del municipio sevillano, había concurrido aquella tarde a las ruinas para que los Reyes pudieran pre.senciar una de las fi estas más caracteristicas del país. A la cabeza de la procesión marchaba la lujosa carreta donde se ostentaba la la Divina Señora. Siguen inmediatamente gran número de vehículos de la cubiertos con colgaduras, adornados con pabellones, flores y lazos de |gg alegres muchachos que cantaban estrepitosamente, al son de las panderetas y a palmas. Detrás y a los lados viene multitud de jinetes, mostrando en sus trajes y de sus colgaduras el genuino tipo andaluz. Cuando ya la oscuridad de a noc e ^ necesario, se encienden grandes hachones embreados, que conducen los mismos ji algunos de los innumerables chicos que gritan al lado de las carretas, y la roja uz, que más leve viento agita y que deja en pos de sí como una larga cabellera de humo, impnme un tinte fantástico a aquella larga y ruidosa procesión, a la que su religioso objeto a p^ e sus vistosos adornos, y los vivas a María Santísima mezclados con las canciones popu ares dan de.sde luego un aspecto completamente extraño y original. Después del destile de la procesión aceptaron SS.MM. el refresco que habían hecho disponer la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Sevilla, dirigiéndose seguí amen e al ex-monasterio de San Isidoro del Campo.