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La rebelión de los esclavos y la Literatura Norteamericana

Eguíluz Ortiz de Latierro, Federico

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Re1 •is t11 de Es111dios Norteamericanos, 11." 7 (2 000) . pp. 16 7 - 178 LA REBELIÓN DE LOS ESCLAVOS Y LA LITERATURA NORTEAMERICANA FEDERICO EGUÍLUZ ÜRTlZ DE LATIERRO Universidad del Paí s Vasco Más e.le dos siglos de resistencia violenta y periódica sufrieron los Estac.los Unidos e.le América por parte de los esclavos antes de que se pudiese decretar la abolición de la esclavitud. El continuo y arraigado descontento de los esclavos por las condiciones de sumisión existentes fue dando lugar a también continuos mecanismos de control y represión, cada vez más manifiestos, en las tradicionales zonas y regiones e.le más fuerte rai gambre esclavista. Las rebeliones de esclavos no se ll ev aron a cabo,por lo general, de forma aislada e individual, sino que tuvieron lugar en grupo. lo que hizo que estos movimientos se fueran extendiendo de región en región con in tensidad diferente y a velocidades distintas. Las causas de tales insurrecciones fueron muy diversas y van desde los simples rumores no materializados en hechos que anunciaban la emancipación o, simplemente, que predicaban la libert ad del hombre, hasta las «peligrosas nociones» e.le libertad e igualdad preconizadas por determinados gmpos filantrópicos o religiosos, pasan c.lo por la vecindad de naciones en las que la esclavitud estaba ya abolida o la simple presencia, más cercana, de tribus indias que, como raza minoritaria, mostraban su apoyo y simpatía y prestaban ayuda a los esclavos negros que tomaban la determinación de rebelarse co ntra los poderes económicos y sociales est:blecidos y se enfrentaban a ellos o, simplemente, hu ían. En otras ocasiones, el descontento «resistente» de la mano de obra esclava dio lugar a recesion es económicas en la parte de los plantadores, lo que supuso muchas veces el fin o la venta de la explotación y, en los mejores casos, el alquiler, más o menos temporal, de los esclavos a otros plantadores o, en los peores, la consecuente e inmediata subasta pública que conllevaba irr emec.liablemente la separación, generalmente definitiva, e.l e las familias. A todo ello hay que añadir el aspecto, poco conocido cuando se habla de la esclavitud, de la creciente y cada vez más importante industrialización del país, lo que suponía muchas veces el traslado de los esclavos del ca mp o a la ciudad. Una vez aquí, la zona urbana se prestaba al contacto de lo s esclavos con los 168 Federico Eg1111u z Orti: de Latienv negros lihrcs. lo que traía como consecuencia inmediata una mayor conciencia de clase y gmpo y un deseo creciente e irremediable de acceder a la emancipación por el método que fuera. La leyenda del esclavo feli z. integrado en la familia del plantador, capaz de dar su vida p or la vida de su amo y señor y la de su fa milia, aparte de ser generalmente fa lsa, ha contribuido a que muchas de las rebeliones sofoca das no trascendieran fuera de las fronteras de lo meramente local. Dicha leyenda fue fundamental para la conservación de tan «peculiar institnción sureña» y fue arropada por la exageración. lacen - sura y Ja distorsión. Sin embargo.en los dos siglos anteriores a la Guena de Secesión norteamericana ( 1861-1865 ). hay evidencia documental de la existencia de unas doscientas cincuenta rebeliones de esclavos llevadas a cabo por al menos diez esclavos en cada ocasión y cuya meta no era otra que la libertad personal. También se ha comprobado que estas rebe liones fueron llevadas a cabo mayoritariamente por hombres y que, en su mayor pane. fueron traicionadas por Jo s propios esclavos compañeros de los insurrectos cuyo trabajo. dentro de los muros de Ja casa de los amos, les hacía identificarse más con Ja clase plantadora y el orden, más o menos cómodo para ellos. est ab lecido. A pesar de todo, estas rebeliones más o menos abortadas. aunque numerosas, no tuvieron nunca consecuencias verdaderamente distorsionantes a gran escala. Tendría que llegar el año 1800 para que Ja pr im era rebelión numéricamen te importante pudiese tener lugar. Fue concebida y preparada cuidadosamente por un esclavo conocido por Gabriel. Su nombre era Gabriel Prosser, nacido hacia 1776 cerca de Richmond (Virginia). La idea de Gabriel era crear un estado negro independiente de ntro del propio estado de Virginia. Pero, una vez iniciada Ja rebelión, una fuerte tormenta dio al traste con todo su plan y Jos esclavos acabaron dispersándose por el te rritorio. Al final fueron capturados y treinta y cinco de ellos, entre los que se encontraba el propio Gabriel. acabaron en la horca. Habían transcurrido tan solo veinte días desde el comienzo de la rebelión hasta la ejecución de Gabriel. Las circunstancias de la corta vida de Gabriel parecen predestinada al fin que le tocó en suerte. Hi jo de una esclava nacida en África, que siempre se lamentó de tener que criar a un hijo en la esclavitud, Gabriel creció como esclavo de Thomas H. Pro sser y se fue haciendo un hombre de fuertes convicciones religiosas, poderosamente influido por Jos ejemplos de la Biblia. Durante la primavera y el verano de 1800, preparó Jos planes para una insurrección a gran escala. llevando a cabo reuniones con sus seguidores, recogiendo espadas, armas de fuego, aperos de labranza y estudiando cuidadosamente el plano de Richmond. El plan consistía en la captura del arsenal, la toma del polvorín y la matanza de todos l os blancos, a excepción de los franceses, Jo s metodistas y Jos cuáqueros. Su esperanza era llegar a ser rey de Virginia después de que hu bieran caído en sus manos todas las ciudades importantes del estado. Gabriel consiguió reunir, según datos fidedignos, a unos 1.000 esclavos, si bien otras estimaciones menos seguras dan cifras que van entre los 2.000 y los 50.000. Lo c.¡u e es seguro es que la noche del 30 de agosto de 1800, Gabriel y sus hombres se reunieron frente a Richmond. a unas seis millas de la ciudad. No se puede saber si la revuelta hubiera tenido éxi to o no en el caso de haberse pod id o llevar a cabo como estaba planeada. Sin embargo, los elementos meteorológicos se pusieron de parte de La rebelitin de Jm esclai·os 1· Ju literatura 11ortewnaicu11a 169 los blancos y una gran tormenta se desencadenó ante Jos atemorizados negros que vieron cómo las aguas, ante sus atónitas miradas, arrastraban los puentes e inundaban las caiTeteras. Para cuando las fuerzas rebeldes trataron de volver a juntarse, el gobernador James Monroe ya había sido informado del le va nt amiento y había dado órdenes precisas a la milicia del estado para que salieran a la caza y captura de los negros. El resultado fue que Gabriel, junto con otros 34 esclavos más, fue arrestado, juz ga do y colgado del cuello hasta morir. Así terminaba la primera gran rebelión de esclavos de la historia de los Estados Unidos. Gabriel nació y mu rió esclavo. Sin embargo, hubo otro hombre que entró en Ja historia de las rebeliones corno el pr imer hombre libre que dirigió una insurrección de esclavos. Se ll amaba Denmark Vesey y trabajaba como a11esano en la ciudad de Charleston (Caro lina del Sur). La revuelta de Vesey tu vo luga r en 1822 y consiguió atraer a sus fi l as a varios miles de esclavos armados de las zonas colindantes con CharJeston. Pero esta rebelión no llegó nunca a estallar abiertamente. pues la conspiración fue traicionada y descubierta en ju nio de 1822. El resultado fue que 139 negros fueron arrestados. de los que 37 fueron colgados. Entre es tos últimos se encontraba el propio Vesey. Otros 32 más marchaban al exilio antes de que finalizara el verano. La tercera rebelión importante fue la encabezada por Nat Turner, en Southarnpton. también en el estado de Virginia. Tuvo lugar nueve años después del intento fracasado de Vesey, es decir. en el verano de 1831. Pero tanto su planificación como su desarrollo no tuvieron nada que ver con el pro ceso de la anterior . Este sensible e inteligente predicador. del que no posee mo s dema siados datos fiables. llegó a convencerse de que la misión que Dios le había confiado en la vida em liberar a su pueblo de la esclavitud y servir como ministro del justo casti go divino contra los esclavistas. sin distinción de hombres, mujeres o niños. Y en la tarde del 21 de agosto de 1831, un grupo de tan solo seis esclavos comenzó su lucha contra la esclavitud matando a un tot al de 57 blancos y consi guie nd o formar un ejército de unos 70 esclavos durante los días siguientes. La ala rma cundió rápidamente entre la población blanca y se organizó la consiguiente represión por parte de la mili cia y de grnpos de voluntarios, con el resultado de que. el día 24 , el avance de los rebeldes sobre la capital del condado, Jerusalern. llegó a su fin, muriendo. con toda seguridad, más de 40 esclavos en el enfrentamiento y quizás cerca de 100. Nat Turner fue ahorcado el 11 de noviembre de ese mismo año. Ha bía nacido Nat Turner et 2 de octubre de 1800 en el propio Southampton y era propiedad del dueño de una pequeña pero próspera plantación situada en un remoto rincón de Virginia. También su madre , como la de Vesey, había nacido en África y transmitió a su hijo todo el odio hacia la esclavitud que albergaba en su interior. Nat aprendió a leer gracias a uno de los hijos de su amo y se mostró siempre interesado en recibir abundante información religiosa. A principios de la década de 1 820 fue vendido a un granjero vecino pero de pocos medios. Es a partir de aquí cuando el ardor religioso de Turner se irá aproximando cada vez más al fanatismo, hasta verse a sí mismo como un ser llamado por Dios para sacar a sus hermanos de la esclavitud. Dotado de un extraordinario magnetismo, comenzó a ejercer una podero sa infl uen cia en muchos de los esclavos de la región. que llegaron a llamarle «el Profeta». Y ya en 1831, poco 170 Federico Eguí/uz Ortiz de Latierro después de haber sido vendido otra ve:t: , esta vez a un artesano llamado Joseph Travis, un eclipse de sol hizo pensar a Turner que aquello era una señal divina que le anuncia - ba que la hora de la espada había llegado. Su plan consistía en hacerse dueño del armamento de la sede del condado, J erusalem, y, tras haber conseguido reunir un pequeño ejército. avanzar para hacerse fuerte en el Di smal Swamp, zona pantanosa a treinta millas al este y de difícil acceso. La noche del 2 1 de agosto, junto con otros siete compañeros en los que había depositado su confianza. in ició su campaña de aniquilación total, comenzando por ma tar a Trav is y a su familia mi entras dormían y poniéndose en marcha en un recorrido sangriento hacia Jerusalem. Al cabo de dos días y dos noches, habían conseguido asesinar sin ninguna piedad a 51 blancos. Sin embargo, la falta de disciplina entre los miembros de este improvisado ejército de negros. junto con el hecho de que el grupo sólo lo componían unas 75 personas. fueron lo s principales factores que contribuyeron al fracaso de la insurrección. La resistencia armada de los blancos no tardó en producirse y la llegada de 3.000 hombres pertenecie nt es a la milicia contribu yó a dar a Tumer el golpe fina l. A sólo unas millas de Jerusalcm, l os insurgentes fueron dispersados y muertos o cap tu rados. Lo peor fu e qu e, en aquella hi steria por la caza del negro, tam - bién murieron mu chos esclavos inocentes. Turner consiguió burlar a sus perseguidores durante seis semanas, pero finalmente fue capturado en solitario en una c ue va cercana a la casa de su antig uo amo, ju:t:gado y ahorcado. La insurrección de Nat Turner consiguió extender el terror por todo el Sur y, como consecuenc ia , la llegada de toda una ola de represión l eg islativa que consiguió prohibir la educación y la de por sí ya restringida libertad de movimientos y de reunión de los negros y que endureció las posturas proesclavistas y antiabolicionistas en todo el Sur h as ta los años que llevaron a la Guerra Civil. La rebelión de Nat Turner puso fin al mito de que los esclavos estaban contentos con su sue rt e o de que, por otro lado, eran demasiado serviles como para atreverse a organizar una rebelión armada. A pai1ir de aquí, los negros del condado comenzaron a contar los días a partir de «Nat's Fray» o de la «Old Nat's War» y, durante muchos años, en las iglesias de los ne gros de todo el país, el nombre de Jerusalem no se refería sólo a la ciudad bíbli ca s in o, de forma encubierta, al lu gar donde el famoso escla vo había en co ntrado su muerte. El poder simbólico emanado de Turner, que en su tiempo consiguió el endurecimiento de las condiciones de esclavitud, al llegar al siglo XX tu vo una fuerza carismática sobre los di rigentes de las protestas negras en pro de los derechos civile s.1 La figura de Nat T um er ha sido resucitada en época relativamente recientemente por varios autores norteamericanos. Destacaríamos a F. Roy Johnson con Th e Nat Tumer Slave Jnsurrection (1966); William Styron con The Confession.1· of Nat Turner (1 967); y John H. Clar ke (ed.) con William Styron 's Nat Tum er: Ten Black Writer. 1· Respond (1968). J. Inge, M.T. (e d. ) (1987), A Ninet ee nth-Century American Reader, W as hington: U.S.I.A.. p. 298. La rebelión de /os esclavos y la literatura norteamericana 171 En 1831, el abogado blanco Thomas R. Gray, contemporáneo a los hechos, publicaba un panfleto con la confesión de Nat Turner, titulado «The Confessions of Nat Turner to the Public», producto del libre acceso que Gray tuvo a la celda de Turner durante los días que siguieron a la captura del esclavo. Se trata de un documento de primera mano cuyo principal valor radica en la propia confesión del esclavo rebelde, valor que se ve incrementado con los comentarios del propio Gray al respecto. En él,2 Gray comienza diciendo que quiere salir al paso de de todas las exageraciones e informes erróneos que se han extendido por el país ante esta primera rebelión seria de esclavos. Quiere llegar a las circunstancias que dieron origen a tan sangrienta revuelta, ya que son totalmente desconocidas del gran público, puesto que sus principales actores, a excepción de su jefe, han muerto sin revelar los motivos que les impulsaron a tan crueles actos. Gray llama irónicamente a Turner «great Bandit» y relata que se entregó sin resistencia y a un solo hombre, Benjamin Phipps, que sí iba bien armado, dejando caer al suelo su ineficaz espada y pidiendo a su captor que le perdonase la vida. Añade Gray que las confesiones que transcribe son verídicas,como lo demuestra el certificado de la Corte del Condado de Southampton que adjunta. Destaca Gray que Turner, al contrario que los otros esclavos capturados e interrogados, no trata de exculparse y confiesa que fue él el ideólogo de la revuelta y quien dio el primer golpe. Tras la sección de «confesiones» espontáneas de Nat Turner, Gray inicia una serie de preguntas tendentes a clarificar diversos aspectos aún oscuros y no revelados en la confesión previa. Entre estas preguntas destacan las relativas a si Tumer conocía la existencia de un plan de consecuencias geográficas más amplias, a lo que Turner contesta que no. Y a si sabía de otras conspiraciones llevadas a cabo en la misma época, como la de Carolina del Norte, a lo qne Turner vuelve a contestar negativamente. Gray sale al paso de los rumores que sobre Turner corren por la región referentes a su ignorancia y cobardía y a que todo su movimiento tendía únicamente a asesinar y robar para procurarse la huida. El abogado recalca que es notorio que Turner nunca ha tenido un dólar en su vida y que nunca ha jurado ni tampoco ha tomado un solo sorbo de licor. En cuan lo a su ignorancia, añade, Turner sabe leer y escribir y que, en lo referente a su inteligencia y a su capacidad de comprensión, pocos hombres que él conoce la tienen mayor. De su cobardía, tampoco se puede decir nada porque, si no se resistió a Mr. Phipps, su captor, fue porque el bosque cercano estaba lleno de hombres armados que le buscaban y que pensó qu e, entregándose, podría después encontrar la ocasión de escapar. Gray añade que considera a Turner como un completo fanático y que su mente ha sido pervertida por impresiones tempranas. En lo físico es más bien bajo de estatura, aunque fuerte y activo y tiene la típica cara del negro, con rasgos muy marcados. Y te1mina Gray su narrativa diciendo que el relato de Turner, expresado con tanta calma y compostura, su expresión, su entusiasmo, las manchas de sangre que aún le cubrían, sus harapos, sus manos esposadas elevándose al cielo, todo ello, hizo que «I looked on him and my blood curdled in my veins». No sería la rebelión de Nat Turner la última en producirse en los EE .UU. En las décadas precedentes a la Guerra Civil, grupos cada vez mayores de esclavos desean2. Publicada íntegramente por Inge, op. cit., pp. 299-30 2. 172 Federico Ef(uiluz Orti~ de Latierro tentos escapa ron al no rte o a Canadá, a cog ié ndo se al siste ma llamado Underground Railroad. con el q ue los ab olicionistas n011eños ayudaban a esco n der se y esca par a los fugitivos, co ntraviniendo las « Fu gitive Slave Acts ». Por ilus trar con cifras la impor - tancia de esta organización, pode mos decir que sólo en Oh io se calcula que alcanz aron la libertad más de 40 .000 esclavos fugitivos. No se emp l eaba el ferrocarril ni nada subterráneo, co mo su nombre parece indicar, para estas fugas. El nombre de l si stema le venía de su secretis mo y de la jer ga utilizada, que e ra la de los ferro ca niles, co n s us estaciones, líneas. conductores o cargamentos para designar lo s lugares de parada, los caminos, las personas q ue l es llevaban o los grupos de esclavos. Y la palabra under - gro u11d se refería al secretismo y nocturnidad con que genera lmente se llevaban a cabo las acciones. La famosa escrit ora H<mi et Beech er Stowe. auto ra de la novela Une/e Tom 's Cahin, entró en contacto con el U11de rg row1d Railroad en Cincinnati (Ohi o) y de esta organización fue de donde obtuvo abundantes mat er iales de primera mano para su novela. La publicidad que se dio en el no rt e a es tas huidas y a las rebeliones que iban teniendo lugar en el sur consiguió un gran ap oyo p or parte del Movimiento Abolicionista. El co nocimiento público de tod os estos hec ho s y la publicidad que fue dándose a las abundantes rebeliones qu e fueron ten iendo l ugar a lo largo de la histo r ia de estos doscientos años cont ribuyeron a la destru cc ión del mito histórico de la pasividad negra frente a la opresión y recondujeron las actitudes sociales hacia la esclavitud en t odo el país y la s reacciones políticas al respecto. La pr ensa ocupó un lugar imp ortan te en este movimiento ideológico en favor de la emancipación. El primero de enero de 183 l sa lía por pr imera vez a las calles de Bo ston el periódico se manal The Liberato r. Dirigido por William Llo yd G an ison , bajo la cabecera llev aba como lema «Our Country is the World - Ou r Couutrymen are Man - ki nd .» En él aparecía el anuncio: «Lucharé con te na cidad en pro de la liberación inmediata de nuestra población de esclavos . .. A es te re specto no des eo pensar, hablar ni escribir con moderación . . . Hablo en serio ... no usaré palabras equívocas ... no ofre - ceré excusas .. . no re trocederé una sola pulgada ... y me har é oí1:» Treinta años de lucha contra la esclavitud desde las páginas del Liherator le ll ev arían a GaiTison a ganar ca da vez má~ adeptos y, muchas veces. a perder grandes amigos. Pero GaiTison no se resignó sólo a utiliz ar su periódico corno tribuna. Participó también en mítines y asambleas y cu lti vó Ja amistad de importantes abolicionistas y tuvo la sue1te, según su propia confesión, de haber co nocido, en una convención antiesclavista celebrada en 1841 en Nantucket. al esclavo huido autor de la autobiografía titulada T71e N arratii>e of the Life of Frederick DouRlass, que vería la luz en 18 45 y a la que Gar1ison puso gustosamente el prólogo. Esta misma obra, originalmente de 125 pá ginas, sería posteriormente revisada, aumentada y puesta en ma nos del público co n el nuevo título de My B01ula ge and My Freedmn, en la qu e se pueden ya contrastar con cie1 ta perspecti va las co ndiciones de la esclavit ud del autor con las de la libertad y progreso intelectual de que, en el año 1855, fecha de la nueva publicación. da muestras abundant es el autor .3 3. Parkcr, H. ( 1980). «Frcderick Douglass.» The Norlon AntlwloRy of American Literature, Ncw Yo rk: W.W.Norton & Co .. pp. 575-85. la rebelión de los esclm•os y la litera111ra norteamericana 173 Sin embargo, la guerra con México volvió a recrudecer el problema. Hasta entonces, los estados del norte pensaban que si la esclavitud quedaba confinada a los territorios del sur. la esclavitud terminaría por desaparecer con el tiempo. Pero la anexión de nuevos territorios, y las pretensiones de los estados sureños de repoblarlos con su propia gente y su propio sistema esclavista, volvió a levantar la polémica.4 Defensor ilustre del sist ema económico y esclavista del Sur fue el aboga do y sociólogo George Fitzhugh ( J 806-1881 ). Especializado en casos criminales, su devoción fue la economía política del Sur. que defendió ardientemente en Sociology for the South: or, The Fai/ure of Free Socie(v ( 1854 ). Tras una visita el Norte, donde al parecer conoció a Harriet Beechcr Stowe y discutió públicamente con Jos abolicionistas, se reforzaron sus creencias de que la esclavitud era un sistema justo y humano en comparación con la esclavitud industrial de los salarios. En Cannibals Ali! 01; Slaves Withoul Master.1· (1856) compara a los capitalis tas norteños con caníbales que se alimentan de los de strozados cu erpos de los ll amados trabajadores libres. En su primer libro, Fitzhugh desarrollaba su tesis de que el capitalismo del lai.\·sez-Jaire estaba corrompido por culpa de Ja explotación y era un fracaso. Pero que el sistema patriarcal de l Sur, dirigido por una aristocracia benevolente. era el sistema que traía el mayor bien al ma yor número de personas, incluyen do a las que él creía innatamente inferiores (los negros) y a las intelectualmente superiores (los amos). ~ En el lado opuesto de la balanza, no podría dejar de mencionarse a uno de los más. si no efectivos, sí al menos ruidosos abolicio ni stas de toda Ja historia de la lucha por la libertatl del género hum ano en general y de los esclavos en particular. Nos relerimos al mítico fohn Brown. en cuya lápida se leen las fechas, inicial y final, de 1800 y 1859. Convertido por di versas circunstancias en un radical político, procedía de una familia de raigambre en Nueva Inglaterra y en su juvent ud decidió que la educación oficial podía muy bien sustituirse por una vida más activa y acorde con Ja realidad. por lo c.¡u e se dedicó, sucesivamente, a llevar ganado, a curtir pieles y a especular con terrenos. Una serie de fracasos financieros en Pennsylvania le hizo viajar hacia el oeste. mientras su familia aumentaba progresivamente y sus empresas no terminaban nunca de florecer. Durante todo este tiempo, siempre había demostrado ser un hombre piadoso que nunca ocultó sus simpatías por el abolicionismo. Estas simpatías fueron convirtiéndose en algo más y, después de cumplir Jos cincuenta, llegó al convencimiento pleno de que sólo la acción violenta sería capa1, de liberar efectivamente a los esclavos. Cuando en 1855 el actual estado de Kansas se convirtió en un territorio fuertemente caldeado por las posturas antagónicas de los esclavistas y de los abolicionistas. Brown se trasladó allí con su familia, alcanzó el grado de capitán en la milicia local y emprendió un furibundo ataque contra cinco importantes partidarios locales de la esclavitud, que murieron sin la posibilidad de defenderse. En el verano de 1859 y en Harper's Ferry (Virginia) Brown organizó una banda de partidarios de la abolición 4. Olson. K. W. (1980). Re.veña e/,, la Historia de lo.1 F..,tados Unidos, Washingto n: Servicio Cu lt ural e Informativo de los E\tat.los Unidos de América, pp. 84-89. 5. Inge. M.T.. op. cit.. p. 309. 174 Federico Eg11(/11 z 011i: de Latienv cuya pretensión era promover un levantamiento general de los esclavos y el establecimiento de un estado libre en las montañas, a donde los esclavos negros pudieran ir a refugiarse. Brown y su banda lograron tomar el polvorín del ejército, acción que motivó la llegada de Robe1t E. Lec al mando de sus tropas y que culminó con el fin de la revuelta y la captura de Brown. El juicio que siguió terminó con la condena de Brown por traición y su subsiguiente ejecución. Antes de morir pronunció un discurso en el que defendió la necesidad de su acción como instrumento de !ajusticia divina. Las palabras de su último discurso ante el tribunal de jus ticia que lo condenó a muerte son expresivas del sentimiento, cada vez más generalizado, de que la esclavitud era una entidad con la que era necesario terminar. I havc. may it picase the Cou11. a few words to say. In the first place. I deny everything but what I have ali along admilted.-the design on my part to free the slavcs ... But I have no consciousness of guilt. I have stated from the first what was my intention, and what was not. I never had any design against the life of any pers on , nor any dispositi on to commit treason, or excite sl aves to rebcl, or make any general insurrecti on.<' Henry David Thoreau. al enterarse del levantamiento y captura de John Brown, anunció inmediatamente su intención de pronunciar una conferencia en favor de Brown. a pesar de las presiones de los abolicionistas locales que pensaban que el acto podía ser contraproducente al tener en cuenta el estado anímico de la nación ante la matanza de Ossawatomie. en Kansas. y la evidencia del inestable estado mental de Brown. Sin embargo, en «A Plea for Captain John Brown.» Thoreau pinta el retrato de Brown como producto heroico de Nueva Inglaten-a y mártir crncificado por la perniciosa esclavocracia. Thoreau. es necesario decirlo. preconizaba una refor ma basada en el individuo y en la revalorización personal antes que en las acciones concertadas de grupo y nunca tuvo fe. como buen transcendentalista que cm. en acciones específicas o proyectos políticos. Sin embargo. había conocido a John Brown en Concord en 1857, cuando éste habló en el Ayuntamiento de Concord para recaudar fondos para su guerrilla. Thoreau dio su donativo y quedó cautivado por la devoción y sinceridad de Brown. A pesar de que Tho - reau no aprobaba generalmente la violencia, vio en Brown a un hombre deseoso de sacrificarlo tod o, incluso su vida. por sus principios, lo que le convertía, a ojos de Thoreau. en un verdadero transcendentalista. Y así quiso expresarlo en su discurso: We can at least express our sympathy with, and adrniration of, him and bis cornpanions, and that is what I now propase to do ... l am here to plead his cause with you. I plead not for his life, but for hi s character, -his immo11a l life; and so it becomcs your cause wholl y. and is not his in the Jeas t. Sorne eighteen 6. Del último discurso de John Brown al finalizar el juicio celebrado en Cha rl eston y que le condenó a muerte. La rebelión de los esclavos y la literatura norteamericana 175 hundre<l years ago Christ was crucified; this morning, perchance, Captain Brown was hung. These are the two ends of a chain which is not without its links. He is not Old Brown any longer: he is an angel of light .7 Si Thoreau se mostró especialmente enfervorizado y sanguíneo en su defensa de John Brown, no faltaron otras formas de ver el problema y, con él, al personaje. El lado humorístico no está ausente en la tragicomedia de John Brown. Charles Farrar Browne, más conocido por Artemus Ward, fue un humorista y conferenciante nacido en Maine en 1834 y fallecido en Londres en 1867 mientras daba una serie de conferencias y colaboraba en Punch. A la edad de trece años, muerto su padre, imprimía ya varios periódicos de Nueva Inglaterra, antes de establecerse en Ohio en 1858. Aquí colaboró con el Plain Dealer de Cleveland, escribiendo una serie de cartas filmadas por un tal Anemus Ward, que representaba a un hombre inculto pero sagaz que viajaba de estado en estado con un carromato lleno de animales vivos y un museo de figuras de cera. Estas canas tuvieron tanto éxito que llegaron a contar entre sus admiradores al propio Presidente Lincoln, lo que animó a Browne a subir a la palestra de conferenciante y a perder su identidad como Browne para adquirir la de su personaje Artemus Ward. Sus sátiras preferidas fueron los temas de actualidad. tales como el amor libre, el mormonismo, el shakerismo. el espüitualismo y cualquier tipo de actividad fanática o extremista que moviera al público a despreciarla. Con ello Ward se convertía más en un reflector que en un líder de la opinión pública. Dcsmitificador acén imo , el caso de John Brown no podía pasar por alto en su programa. Y así. en el libro titulado A1temus Ward His Book. publicado en 1863, encontramos un capítulo titulado «Ossawatomie Brown» en el que parodia la conversión de John Brown en ídolo a manos de defensores tales como Thoreau. En un estilo que imita el acento regional. lleno de exageraciones y tendente a arrancar la carcajada, War d, anuncia que lo que viene a continuación es el relato de una obra de teatro que vio la otra noche. Y el estilo es inconfundible: ... The battle or Ossawatterrny takes place. Old Brown kills Mister Blane, the sinister individooal aforesed. Míster Blane makes a able & elerquent speech, sez he don't see his rnother much, and dies like a son of a gentleman, rapt up in the Star Spangled Banner. Moosic by the Ban<l. Four or five other Border ruf - fins air killed but thay don't say nothin abowt seein th eir mothers. From Kansis to Harper' s Ferry. Picter of a Arsenal is represente d. Sojers cum & fire at it. Old Brown cums out & permits himself to be shot. He is tride by two soops in milingtery close. and sentenced to be hung on the gallus. Tabloo -Ol d Brown on a platform, pintin upwards. the staige lited up with red Jire. Goddiss of Liberty also on platform. pintin upwards. A dutchman in the orkestry warbles on a base drum. Curtin falls. Moosic by the Band.8 7. Del discurso de H.D.Thoreau pronunciado el 30 de octubre de 1859. 8. Líneas finales de «Ossawatomie Brown», reflejadas íntegramente por Thomas lnge ( 1987), p. 335.