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Santa María de la Rábida

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Santa María de la Rábida

Author: Jiménez Martín, Alfonso
Publisher: Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla
Year: 1986
Source: https://idus.us.es/bitstreams/377e6532-6fad-4313-9330-e044bd3e87ef/download
SANTA MARíA DE LA RABIDA
24-
ALFONSO
JIMÉNEZ
MARTIN
Apa eiado
- D .
A qui ec o
En los
p óximos
años
el
iejo
con en o
de La Rábida
a a se el cen o
de a ención
de miles
de u is as,
y su
imagen,
an usada
y abusada
como símbolo
de una
gesú his ó ica
i epe ible,
ol e á
a se ep oducida
po
ódos los
medios
imaginables;
cuando
la celeb ación
del
Ouin o
Cen ena io
inalice,
el monumen o
queda á
nue-
amen e
en el ecue do
his ó ico
y en su exac a
dimen-
sión
a qui ec ónica,
algo
más
iejo,
más lleno de cachi-
aches
his o icis as,
placas
y maque as
de naos
y ca a-
belas
si cabe,
y exhibiendo
nue as
cica ices
del
paso
de
las isi as.
Cuando
llega el momen o
de la celeb ación,
el ce-
nobio
anciscano
debe á
habe
sido
adap ado
pa a
so-
po a
el en i e,
pues
de lo con a io
co emos
el iesgo
de que, iniciado
el año 1992,
engamos
que ce a lo
o almen e
o es ingi
muchísimo
las
isi as,
ya que
sus
humildes
o mas
no es án
hechas
pa a
sopo a
las ia-
das
de u is as
que
nos
p onos ican,
ni los ailes
que lo
habi an
pod ían
i i como
si lo hicie an
en un pabellón
e ial,
ni sus ámbi os
his ó icos
es a án
de ecibo
pa a
la
impo ancia
de la ocasión.
En es e a ículo
p e endemos
mos a
una pano á-
mica de la si uación
p esen e
de La Rábida,
pa c
lo que
se á
necesa io
pa i
de la c ónica
de su pasado
y el
econocimien o
de sus
alo es
a qui ec ónicos;
odo ello
con la in ención
de expone
las
posibilidades
de ac ua-
ción
que,
a nues o
en ende ,
conduci ían
a la adecuada
p esencia
del monumen o
en la an anunciada
celeb a-
ción.
La
documen ación
his ó ica
que poseemos
sob e
La
Rábida
nos mues a
que du an e
siglos
su ocación,
si
es
que
nues o
siglo
le concede
alguna
igencia
al iejo
Genius
Loci, qe lige amen e
dis in a
a la que se le ha
ido econociendo
desde
el inal de la Edad
Media,
ya
que
desde
época
p e omana
ue uno
de los
<Finales
del
Mundo>,
po ello luga sag ado,
y no el comienzo
de
algo
nue o.
En la O a
Ma í ima,
que se echa en el siglo
Vl a. C.,
el poe a
dejó esc i o:
<Después
nue ámen e
un
cabo
y el ico emplo
consag ado
a la Diosa
In e nal,
con cue a
en ocul a oquedad
y oscu a c ip a. Ce ca hay
una g an ma isma, llamada E ebea>, luga es
que han
sido iden i icados
con La Rábida
y los es e os del ío
Tin o desde los que el iaje o, en iempos p e é i os,
eía
ocul a se el sql en el Ma Teneb oso.
Desde
aquella
lejana echa la his o ia del luga
quedó
ocul a
pa a
la documen ación, signo
p obable
de que,
a uinado el san ua io de P ose pina,
quedó el si io
ye mo. El siguien e da o nos lo p opo ciona
el mismo
opónimo <Rábida>,
ya que
és a es la ansc ipción cas-
ellana del nomb e
que
los musulmanes daban a cie os
edi icios o i icados, en luga es expues os a incu siones
de enemigos,
donde
pasaban
empo adas unos < Volun-
a ios de la Fe>,
pa ecidos
a los c uzados, sus con em-
po áneos,
en cuan o que e an mi ad monjes y mi ad
soldados. Es a necesidad de ije ende
la zona de e en-
uales a aques,
p obablemen e, po
na , es á en conso-
nancia
con o os
documen os
que nos ecue dan cómo
los habi an es de la ecina isla de Sal és, cuando se
p esen aban
emba caciones enemigas,
no se de endían,
sino
que se limi aban
a hui ; así
pues,
no ex aña á la
p esencia
de un íba en e a San ish
y Awnaba (Huel-
a), de al mane a
que sus mu abí um acudie an
en su
auxilio
y, de camino,
a isa ían a los habi an es de Labla
(Niebla)
de la posibilidad
de que unos ba cos de c is-
ianos o de Magus (Vikingos)
emon a an
el ío Tin o,
como ocu ió en no iemb e
del año
W. Lo más
p oba-
ble es que es e iba uese uno de los es ablecidos
bas an e
más a de, en la segunda
mi ad del siglo
Xll,
cuando se cons uye on
a ios po oda la cos a del
Gol o
de Cádiz,
desde Sil es
(Alga be)
has a Ro a, en la'
época en que
los c is ianos a ianzaban
su dominio
de la
cos a a lán ica.
Así pues, con unos dioses u o os, el
luga poseyó du an e siglos una ocación eligiosa
y
es echa
elación con el ma , aunque és a es u iese
basada en el emo a la p esencia
de ma inos enemigos.
Nada sabemos de la econquis a de es a coma ca,
aunque
hemos de supone
que uese como consecuen-
cia de a caída
de Niebla,
en 1262;
ocho años
más a de
las c ónicas mencionan la localidad de Mogue , en cu-
yos a ededo es exis ía, en 13?2, la alque ía de Palos, la
cual cincuen a años más a de había
p ospe ado
an o
gue ya poseía
cas illo
y la habi aban
medio
cen ena de
asallos. A la is a de es os
da os hemos de sospecha
que la coma ca
de la o illa izquie da de la desemboca-
du a del ío Tin o se i ía epoblando len amen e en di-
ección
al ma ,
po
lo
que
no ex aña á
que, has a
1412,
no se eñgan no icias, las p ime as
indudables,
sob e
la exis encia
de La Rábida, cuando una comunidad de
anciscanos se es ableció en e
uga .
La
inicia i a
pa ió
de un ay Juan Rod íguez
quien
consiguió, de Bene-
dic o Xlll, el amoso Papa Luna en onces exilado en
To osa, el pe miso pa a es ablece se
y i i con o os
doce compañe os en un <e emi o io
de La Rábida>,
en
pob eza y humildad de espí i u. En ealidad siguie on
las
mismas ideas
que los agus inos
que, en 13S|9,
se habían
es ablecido en un luga
pa ecido,
en Regla, ce ca de
Chipiona,
p ecisamen e
en el o o ex emo del ye mo
que, has a echa bien ecien e,
ha sido la línea cos e a.
La documen ación
señala un ca ác e
peculia pa a
la
undaiión, nacida
de la au o ización de un an ipapa,
y
habi ada
po ailes que p e endían
ealiza , en un in-
hóspi o
y apa ado
luga , el ideal de pob eza
anciscana
que zelan i y a icelli lle aban p opugnando desde un
siglo an es,
y que, en es os años del Cisma
había di i-
dido a la o den en (con en uales ,
de enso es de la ida
u bana
y comuni a ia
de los con en os,
y <obse an-
es>, pa ida ios
de e mi bs
u ales; el e emi o io
abi-
deño
nació
cuando
más i a e a la polémica, y aunque
du an e el siglo XV pasó po a ias
al e na i as,
quedó
siemp e cla o su ma cado aspec o
<obse an e), u al,
apa ado
y humilde, aunque ápidamen e
poseye a
ie-
as, especialmen e
la isla de Sal és, como ejemplo más
no able de la p o ección que le dispensó
la nobleza. Los
ailes al e na on
la ida eligiosa es ic a
con el auxilio a
la gen e de la ma y la p o ección
del es e o con a
-25
co sa ¡os sa acenos,
que no desapa ece ían
de la zona
has a
siglos
después, aunque
es
jus o
econoce
que
los
ma inos de la coma ca
ambién dep edaban
a los na e-
gan es
po ugueses,
de mane a
que una de las azones
po las que Colón pa ió de Palos, ue p ecisamen e
ap o echando
una penalización
que los Reyes Ca ólicos
habían impues o a sus
ecinos.
Así pues,
du an e
la Baja Edad Media el luga es aba
poseído po el mismo Genius
loci mul i uncional
que en
un e eno
de dos mil me os cuad ados,
ci a que,
unida a la humildad
de sus
o mas,
nos
emi e cons an-
emen e a sus o ígenes.
Po sus ca ac e ís icas
o males
podemos
a i ma
que
la
pa e
más an igua
del edi icio
es
la me idional,
comp endiendo
la iglesia
y sus
capillas,
el
Zaguán
de acceso,
el Claus o
y el Re ec b io;
el es o
puede
se igualmen e
an an iguo,
pe o
es á
an ans-
o mada su epide mis
que no es e iden e su coe a-
neidad.
Obse ando
las plan as que aquí ep oducimos
e-
sal a
ia au onomía
o mal del emplo, de na e pe ec a-
men e
ec angula ,
de co ec a o ien ación
li ú gica,
con
cabece a
a eje
y mu os
de ca as
pa alelas'
El ábside,
de
plan a
cuad ada,
se cub e con bó eda
cis e ciense,
del
ipo que inaugu ó
en la coma ca
la ce cana
iglesia de
San An ón de T igue os,
siendo la ac ual eposición
e ec uada
po
el a qui ec o
R.
Velázquez
Bosco
en 1891,
pa a
lo que ap o echó
in eligen emen e
los as os de la
o iginal,
que había sido des uida
en el siglo
XVlll; el
es au ado
dejó la bó eda a día ocul a en el cama-
anchón
de la ac ual,
pe o
no hizo lo mismo con la que
cub ía
la na e,
igualmen e
dieciochesca,
ya que la sus-
i uyó po una a esa
muy deco ada
y de escasa
incli-
nación.
Las pa edes
de la iglesia,
pese a la limpieza
de su
azado,
mues an
di e sas al e aciones,
sal o la de los
pies,
jus amen e
donde
cab ía
espe a
alguna
conexión
con la Clausu a
que, sin emba go,
se encuen a
en el
mu o
No e,
odeada
de una
compleja
o ganización
que
pa ece
an igua;
comienza,
po la pa e
del ábside,
con
i.
i
I
épocas an e io es:
el cul o
eligioso
en luga apa ado,
la
de ensa
y auxilio
cos e o
y, como no edad,
la a en u a
ma ine a en el A lán ico;
odos ellos
ue on ing edien es
pe ec os
pa a que la p esencia
de un isiona io
alen-
ado po cálculos
op imis as
pe mi ie a
el comienzo
de
una a en u a
descabellada,
en la que la coma ca
onu-
bense
no pudo
man ene
su p imacía
cuando
el éxi o
se
hizo pa en e, dada su al a de ecu sos
y el some i-
mien o
a a ios seño es
eudales.
En 1437 el papa Eugenio
lV, esuel o
ya el Cisma
y
du an e
un b e e
pe íodo
de conco dia
en e Obse an-
es
y Con en uales,
emí ió
una bula
po la que
se in i-
aba a los ieles
a en ega
limosnas
pa a las ob as del
Con en o,
señal
inequí oca
de que, abandonados
en
cie a
mane a
los p incipios
<a qui ec ónicos>
del e emi-
ismo, se es aba
lab ando
un edi icio,
del cual
aún po-
demos econoce
pa es muy impo an es;
el con en o
ac ual,
siemp e
bajo
la
ad ocación
de San a
Ma ía
de La
Rábida,
cons a en esencia
de dos pa ios po icados
a
cuyo al ededo
se si úan di e sos
espacios:
la iglesia
y
di e sas
salas,
dis ibuidas
en dos plan as,
has a
ocupa
26-
un a co apun ado,
de escaso
ondo, ya que as él
exis e una escale a
de subida
a la plan a
al a,
y al que
siguen o os
dos más,
idén icos a é1,
pe o que, g acias
a
una ob a da able en el siglo XVI según sugie en
sus
zócalos
de azulejos,
se con i ie on
en capillas-ho na-
cina.
Finalmen e apa ece
el a co,
de pied a y he adu a
elíp ica,
del acceso a la Clausu a,
como inal de una
especie
de únel, cons i uido
po el espeso
del mu o
an iguo,
el a co ex e io a la e o ma
de las capillas,
que
es de lad illo
y he adu a
úmida,
y el amo inal equi-
alen e al ondo de aquéllas.
La o ganización
de es e
mu o No e concluye, aunque
no se mani ies a al in e-
io del emplo, con o a
de las escale as
del edi icio,
la
única de odo él que
no es de un solo i o.
El mu o opues o es dis in o pe o ambién bas an e
complicado.
F en e a la ya desc i a
pue a
de la Clau-
su a apa ece
el a co ebajado
que da acceso
a la Capilla
de la Vi gen de los Milag os, espacio
de plan a sensi-
blemen e
cuad ada, con mu os de apial de dis in os
espeso es,
y cuya in e p e ación en é minos c onoló-
gicos
cons i uye
una
incógni a, dada la ca encia
de as-
gos
o males o iginales
que pe mi an
su da ación
pe se.
Aunque en la ac ualidad
con iene
la imagen
de San a
Ma ía,
pa ece
que, en 1891
, és a
se ene aba en una de
las del
mu o No e es ando
la con igua dedicada
a San
F ancísco.
A con inuación,
en di ección
al ábside,
apa-
ece la pue a
de en ada
de los ieles, cuya deco ación
ex e io
emi e di ec amen e al ipo mudéja se illano
de
la segunda
mi ad del siglo XIV; inmedia amen e apa ece
un a co
idén ico
a su homólogo
del lado No e, sólo
que
es más
pequeño.
En
nues a
opinión
es a anomalía
sólo
puede
ene una explicación
y es que, cuando se cons'
uyó es a
pa ed,
y con ella la pue a
y el a co, ya exis-
ía el mu o más
ce cano
de la Capilla,
que es p ecisa-
men e el más
g ueso
de los
que
la componen,
de o ma
que, pa a no sac i ica
nada de la composición
de la
pue a,
se p e i ió
educi
la luz del ci ado a co. Pa a
inaliza
la desc ipción de la
. áb ica
de és a eco demos
que el ex e io
del ábside es de sille ía, con ma cas de
can e os,
y que os en a una en ani a mudéja , cuya
deco ación
de sebka
ecue da'iglesias de la coma ca
de
Je ez de la F on e a.
Resul a cu ioso señala
que la
po ada
es de lad illo
de las impos as hacia abajo, sin
que sea posible
decidi si al anqmalía es o iginal o
p oduc o
de la epa ación
de unas
jambas
pé eas
muy
de e io adas
Pa a ce a cuan o
enemos
que
deci sob e
la iglesia
ha emos
e e encia
a su deco ación
pic ó ica, que se
educe a las pin u as
al esco que cub en
la pa e baja
de los mu os,
ep esen andq
un po en e
zócalo
que a
enma cando
las embocadu as
de a cos
y igu ando
o os
de al mane a
que,
con una se ie
de bandas
e icales
y
ho izon ales,
di ide el campo en cua eles
donde se
ep esen a on
mo i os ege ales, umbos, paneles de
made a,
paños
de lace ías
e imágenes. Cuando
ue on
es udiados
po R. Yelázquez
Bosco la ca encia
de pa a-
lelos ce canos
obligó a pa angona los
con ejemplos
muy lejanos en el iempo
y el espacio e incluso se llegó
a deci
que, al menos en pa e,
se debe ían
a la mano
del
mismísimo C is óbal
Colón.
Hoy sabemos
que
exis ió
en oda Andalucía Occiden al
una escuela
pic ó ica
de
cla a ascendencia
i aliana,
que
llegó
a deco a con es-
cos casi odos
sus emplos
en las úl imas décadas
del
siglo XV, pa a
da a aquellas
áb icas
el sun uoso
as-
pec o políc omo
que
el,gus o
<o oñal>
de la Baja Edad
Media
demandaba.
El segundo
elemen o
a qui ec ónico
que ca ac e iza
el conjun o
es el llamado
Pa io Mudéja ,
que es un
pequeño
claus o
adosado
al mu o de los pies de la
iglesia
y de plan a
ec angula
lige amen e
de o mada,
sín omas de que
su azado ue una consecuencia de la
cons ucción
de aquella; en sus lados co os la plan a
baja
posee
cinco a cos,
mien as
en los la gos
apa ecen
seis, además
de dos pue as,
alojadas en los machones
que con o man
los incones; los a cos,
lige amen e
pe-
al ados
y con al iz,
an sob e columnas ocha adas
y
mon an sob e un al o zócalo co ido, de mane a
que
cada achadi a se en iende
mejo como mu o pe o ado
que
como a que ía. Las ci adas
pue as
son a cos simi-
la es
y como odos los demás elemen os apa ecen
lab a-
dos
en
áb ica de lad illo, sin en osca en la ac ualidad
y
con algunos
de alles deco a i os, en o ma de mocá-
abes, amén de una sencilla co nisa
gene al.
Es a caja
mu al, aunque sigue
las azas de los mu os que la
odean, sólo es á
ligada
a ellos a e és de los en igados
que cub en
las gale ías,
con lo que nos mues an las
úl imas consecuencias
del p oceso
de ans o mación al
que
los albañiles
mudéja es
some ie on el ipo a qui ec-
ónico del claus o
gó icg. Los asgos
que acabamos
de
señala
de i an muy di ec amen e de los de Guadalupe
(Cáce es)
y San lsido o del Campo
(San iponce,
Se illa)
que ya es aban
lab ados cuando se solici aban
limosnas
pa a
las ob as
de La Rábida. En nues a opinión es e
pa io se cons uyó
pocos años an es de la llegada de
Cdlón al Monas e io,
den o de la línea
que po es as
décadas
y las,p ime as
del siglo XVI ue puy co ien e
en con en os
de monjas ce canos: Villalba del Alco ,
Huel a
y Mogue .
Es más
que p obable que en su momen o
la áb ica
del pa io
es u iese
es ucada
y pin ada, ya que las pa e-
des limí o es
lo es án.
En las ob as
de R. Velázquez
Bosco se descub ie on
impo an es
es os de pin u as
al
esco
que, as un es udio
e dade amen e modélico,
ue on
es au adas con escasos
medios, de mane a
que,
en 1979,
enca gamos
a la Cá ed a
de Res au ación
de la
Facul ad de Bellas A es de Se illa
que ealiza a
la es-
i ución
de los ozos
de e io ados
y la consolidación
de
los o iginales,
de ol iendo así al Claus o
una pa e
de
su an igua
apa iencia,
que comple amos
con la eposi-
ción de la sole ía
que se había colocado
en los años
cua en a,
, o almen e
desgas ada
po el paso de los
u is as.
Además de la iglesia, los la e ales
del Pa io es án
con o mados
po bandas
de espacios
que se ab en
di-
ec amen e a sus gale ías;
las c ujías de Su y Ponien e
es án cons i uidas
po ba e ías de celdas,
muy humildes
de concep o
y ma e ialidad,
sin ca ac e ís icas
especí-
icas. Una de ellas, en el
lanco me idional, se denomina
adicionalmen e
<Sala de Con e encias>,
ya que se su-
pone que allí discu i ía Colón
sus eo ías con los an-
ciscanos, siendo
en la ac ualidad
la única celda del
con en o
que
se enseña a los u is as,
pues
las demás,
que
aún usa la Comunidad,
p esen an
unas condiciones
de habi abilidad
y p i acidad
e dade amen e deplo a-
bles. Po el ángulo Su es e
se accede en la ac ualidad a
un cue po
que p olonga y engloba
la capilla de la Vi gen
de los Milag os; su con igu ación ac ual
da a de los
años cua en a,
pe o
la iconog a ía del siglo
pasado
de-
mues a
que
en ealidad
ue cons uido
po inicia i a de
los duques de Mon pensie en 1845.
Las es ancias
más in e esan es
de las que dan al
Pa io ocupan
la banda
No e;
la mayo es
el Re ec o io,
en el que unos bancos
y asien os
dan idea del aus e o
amueblamien o
del an iguo
comedo
de los
ailes, don-
de no al a,
encajado
en una ho nacina,
el púlpi o
pa a
las lec u as.
Po el ángulo
No es e,
el Pa io
da acceso
a
un es íbulo,
ambién
an iguo,
desde el que se pasa
al
de las Flo es
y a la escale a
que ya mencionamos
al
desc ibi
la iglesia.
El espacio
que queda
en e
los dos
pa ios
y el Re ec o io
lo ocupan
en la ac ualidad
una
-27
de ie
de dependencias
(Cocina,
comedo ,
es a
y la a-
de o)
donde
la Comunidad
ealiza
hoy, de mane a
bas-
an e
incómoda,
po es echa
y aislada,
sus comidas
y
asue os.
Desde
la plan a baja del Pa io Mudéja
suben dos
escale illas
de un solo i o y o ísima
inclinación,
ubi-
cadas
en luga es
muy es a égicos,
que ap o echan
lí-
neas
maes as
de la o ganiación
mu al,
y de cuyo
ca ác-
e an iguo
no cabe duda , ya que po sus pa edes
con inúan
las
pin u as
del Claus o'
Es as
subidas
plan-
ean un p oblema,
ya que no enemos
da os
que nos
pe mi an
asegu a
que, en es a pa e, exis ie a
plan a
al a;
es más,
los indicios
apun an
a que
el Pa io ca eció
de gale ía
supe io ,
pues
la en ana
que la lglesia
iene
en él mu o
de los
pies,
a cie a
al u a,
no apa ece
po el
<ex e ío >,
sino,en
el in e io
de la ci ada
gale ía.
O a
incong uencia
es la
no o ia
di e encia
de o mas
que
os-
en an las danzas
de a cos
al os espec o
de los bajos,
ya que
son
de escala
educidísima,
an o
que
las
gale ías
supe io es
son casi imp ac icables,
amén de que los
a cos
sean
ebajados,
sob e
simples
pila o es
y comple-
amen e
encalados.
Po o a pa e, es e iden e
que las
celdas
de la plan a
al a
son simples
pa iciones
de c u-
jías
que
ue on
co idas
y que los a cos
diagonales
que
elacionan
los ángulos
de las a que ías
con los incones
de las
gale ías
se lab a on
en el úl imo
cua o
del siglo
XVlll, como
dela an
sus
ménsulas
deco adas.
La única pieza in e esan e
de la plan a al a es la
llamada
<Sala
del Pad e
Ma chena>,
adicionalmen e
iden i icada
con la Sala Capi ula ,
que mon a exac a-
men e sob e el Re ec o io,
y des aca
po posee una
buena
a madu a
de adición
mudéja ,
pe o cuyas
za-
pa as
inducen
a pensa
en una echa bas an e
a d a,
al
ez en el siglo XVll o incluso
pos e ¡o ;
lo más ex año
es que el i-si an e
de la p esun a
Sala Capi ula ,
cuya
ubicación
en plan a
al a es e dade amen e
insóli a, se
e so p endido,
as
subi
una de las ci adas
escale illas,
an pina que pa ecq
dudoso
que los ailes ancianos
pudie an
usa la,
po el hecho
de que casi
puede
oca
las i an es
con la mano. Todos es os
indicios
nos pe -
mi en sos ene
la siguien e
h¡pó es¡s:
en el siglo XV el
Claus o
sólo
enía
plan a
baja,
de mane a
que
sob e sus
gale ías
y las celdas
exis ie on
ejados,
a cuyos cama-
anchones
subían
las escale as
ci adas;
de es as
cubie -
as eme gía
el olumen
del Re ec o io
(¿o
debemos
lla-
ma le Sala
Capi ula ?),
cuyo echo e a la a esa
de la
Sala
del Pad e
Ma chena.
En el siglo
XVlll, quizás po
e ec os
del < e emo o
de Lisboa),
que debas ó.la
co-
ma ca,
o po
un inc emen o
impo an e
en el núme o de
ailes,
se ec eció
oda la plan a al a, pa a lo que ue
con enien e
subdi idi
el ac ual Re ec o io
median e
un
simple en igado. Es a hipó esis,
que a a de o ece
solución
a las incong uencias
o males,
uncionales
y
es ilís icas
de es a zona del edi icio,
plan ea
nue os
in-
e ogan es,
ya que nos obliga a analiza
el des ino
o iginal
de lo que, has a
aho a
se ha conside ado
Re ec-
o io, a conside a
la si uación
de la an igua
cocina
y a
iden i ica
la posición
del Capí ulo
o iginal,
odo ello en
plan a baja, azones
de más pa a que se acome a la
explo ación
de aquellas
dependencias
que en la ac uali-
dad enmasca an
sus o mas an iguas
bajo apa iencias
mode nas.
Como
ya indicamos
an e io men e,
la iglesia,
po su
eos ado
del E angelio,
da paso al llamado
Pa io de las
O
W
l
il
, l ,' il P an a
Baja
y Topog a a
/11/

Flo es,
que co esponde a un momen o
bas an e
a dío
de la his o ia del edi icio; ello es e iden e con sólo
obse a sus o mas, que emi en
al siglo XVlll y al
hecho de que su gale ía
más p óxima
al en plo
es á
adosada a las ampliaciones de és e. Sin emba go, es
p obable que an e io men e exis iese en su luga
o a
o ganización a qui ec ónica, de dimensiones
pa ecidas,
ya que la c ujía
que lo delimi a
po el lado No e, la
ac ual
Biblio eca,
es an e io , como
dela a
su plan a y lo
mismo le ocu e al g ueso
mu o que lo cie a
po el
ángulo No es e.
El es o del edi icio lo cons i uye la banda de Le-
an e, la que engloba el ábside de la lglesia, cuyos
mu os omó como pau a
o ganiza i a. El espacio más
in e esan e es el Zaguán, ubicado casi en el cen o de la
achada,
en la que
ab e un a co simila a los del Claus-
o mudéja , en en ado con un a co conopial, de pie-
d a,
que
hace la unción de o no
pa a
acceso a la clau-
su a, os en ando la a a
pa icula idad
de ene
pin ado
sob e él el emblema de los dominicos. Pasamos a un
espacio,
gemelo
del an e io ,
que hace la unción de
dis ibuido ;
a la izquie da
posee
una
pue a que
es
la de
acceso a la llamada de Vázquez Díaz,
po los mu ales
que
es e
pin o
onubense ealizó en 1930, ememo ando
la es ancia de Colón en el Monas e io
y la pa ida
del
pue o
de Palos. Es a sala,
pa e
de cuyos mu os son
los del ábside, accede al pequeño
cemen e io con en-
ual,
si uado
p ecisamen e
a espaldas
de aqué|, además
de se i
de ansición
a la Sac is ía; es és a un espacio
apaisado
que,
apa e
de su misión li ú gica
que lo ela-
ciona con el cos ado adyacen e del ábside, ab e
paso
al
desemba co de la escale a
que discu e sob e las capi-
llas-ho nacina,
y a un ángulo del Pa io de las Flo es,
Desde
el dis ibuido
que mencionamos as el Zaguán
apa ece o o,
ya en la c ujía limí o e con el Pa io de las
Flo es,
y que
se ab e a és e exac amen e
po el eje. Los
espacios de la achada
p incipal que hemos desc i o
has a aho a,
pese
a sus a iaciones de apa iencia, ex-
hiben una g an cohe encia
planimé ica y o ganiza i a,
que comienza
a pe de se
nada más en a en las es-
an es es ancias de es a zona, que, si bien pudie an
conse a o ep oduci
algunas disposiciones an iguas,
esponden
e iden emen e a ob as muy ecien es,
de-
mandadas
po dos unciones nue as exigidas
po los
iempos, como son la a ención a los u is as
y las ela-
ciones con los elig eses.
An e io men e hemos desc i o la plan a
al a de la
zona
co espondien e al Pa io Mudéja ,
a en u ando
la
posibilidad
de que, en o igen, sólo eme giese el ejado
del Re ec o io
Qe
la cubie a
gene al
de la plan a
baja,
única exis en e. La plan a
al a del es o del edi icio
mues a una
g an
cohe encia con las
pa es
bajas homó-
logas, aunque exis en incohe encias de al u as
muy no-
ables en e las
gale ías
al as
del Pa io de las Flo es
y las
es ancias supe io es de la
banda de la achada
p incipal,
e idenciando
di e encias
c onológicas; en gene al
p ima
la sensación de que
es e Pa io,
además
de se una
pieza
muy mode na, se ab icó con la única in ención
básica
de elaciona ,
sob e odo en plan a
al a, las inconexas
pa es
del Monas e io
p imi i o que, como an os
edi i-
cios medie ales, man enía los ni eles supe io es
como
<al illos> independien es,
sin alcanza a cons i ui un
odo con eco ido uni a io.
Como ya hemos indicado
an e io men e es a ans o mación debió ealiza se en
época bas an e mode na, al ez en el úl imo cua o del
siglo XVlll. En es a misma e apa podemos
supone
cons uido el olumen del Mi ado ,
que se p oyec a
a
pa i
del ángulo Su oes e del Palacio Mudéja ,
cons i-
uyendo su plan a
al a uno de los escasos
pun os
del
pe íme o
del edi icio abie o
al paisaje
ci cundan e.
La silue a esul an e de la esponsión de es os es-
pacios
es hoy día
bas an e compac a,
des acando,
úni-
camen e, el ema e bulboso de la cúpula ba oca de la
lglesia, muy ípico de las úl imas modas dieciochescas
de la coma ca,
la espadañi a
que campea sob e el en-
cuen o de los pa ios y un cuad an e sola sob e las
cubie as del mudéja , Según nues as deducciones an-
e io es, des acaban en o as épocas los olúmenes de
la lglesia
y el Re ec o io, muy a opados en la ac ua-
lidad.
Desde
el siglo
XVlll has a
nues os
días el Monas-
e io apenas si ha su ido modi icaciones impo an es,
como demues a la in e p e ación de la escasa icono-
g a ía
exis en e.
La mayo ía de los cambios han a ec-
ado a la zona Su del edi icio
pues, además del in-
c emen o
del olumen
añadido a la capilla de la Vi gen
de los Milag os, han
desapa ecido
dos ecin os
que e-
cuad aban aquella
pa e
del edi icio. Uno de ellos ce-
aba el ángulo en e el ci ado ólumen
y la banda de la
achada
p incipal,
con o mando un espacio al ai e
lib e
Al ed Deodencq.
La llegada
de
D." Ma ía Amalia
y los Duques
de
Mon pensie
al Con en o
de La Rábida. Se illa.
Colección del
Ma qués de Pa adas.
(Del
lib o <Pin u a
Se illana del siglo XIX>.
En ique Valdi ieso)
delimi ado po una simple apia, a modo cie compás
an e la pue a
de la lglesia,
con un acceso en la achada
p incipal; caba la posibilidad
de que es e espacio se
usase como cemen e io, como solía se adicional.
O as
imágenes
mues an
que exis ió un espacio descu-
bie o semejan e en el cos ado Su del Pa io Mudéja ,
ce ando el incón que se o ma hoy día as el an
ci ado olumen
añadido; la exis encia
ac ual de un pozo
an iguo en es e luga sÜgie e
que es e ámbi o debió
usa se an iguamen e como co al.
La iconog a ía
del edi icio, que pa e de los úl imos
años del siglo XVlll, nos o ece da os sob e dos cues-
iones del mayo in e és. La p ime a
es la de los accesos
del edi icio
que, si bien enía su en ada p incipal
como
aho a, iniendo
de Palos,
y ello explica la exis encia de
un c uce o an e la pue a del Zaguán, enía además
conexión ma í ima
con Huel a, pues exis ió un pue e-
cillo en el es e o de Domingo Rubio, al su oes e del
Monas e io, lo que explica la p esencia del Mi ado .
Sin emba go, las modi icaciones más no ables son
las que han a ec ado al en o no del edi icio. Las imá-
genes
más an iguas
de mues an
que el iejo con en o
anciscano
se asen aba, soli a io
y desa ian e, en la me-
-2:,
-l
se a
pelada
de un cabezo
ye mo,
que
e a
uno más en e
los nume osos
p omon o ios ojizos
que jalonan
el es-
ua io.
Aún en 1891
la ege ación
de és e
no pasaba
de
una palme a
y a ias
higue as,
que po en onces se
ie on
acompañadas
po las ob as del Cua o
Cen e-
na io:
el Monumen o
que
diseñó
R. Velázquez
Bosco,
la
a enida
que lo elacionó
con el ci ado
pue ecillo
y el
nue o
emba cade o
que
se
i uló
(de la Reina>.
Hemos
de supone
que en onces
comenza ían
las plan aciones
de pinos
y palme as,
pe o
sob e
odo las de eucalip os,
ya que las
imágenes
del p ime
e cio
de nues o
siglo
nos ias
mues an
ondosas
en los esca pes
del cabezo
y
co as
inmedia as
al es ua io.
Las
o og a ías
aé eas
que
se
oma on
desde
el Plus
Ul a,
en 1926,
demues an
que
poco an es
habían
comenzado
las plan aciones
de los
ja dines
que hoy jalonan
el acceso
e es e
al edi icio;
en la ac ualidad
oda
es a
ege ación
alcanza
unas
p o-
po ciones no abilísimas,
de mane a
que
es á
p oyec ada
ia c eación
de un Pa que
Bo ánico,
cuyo ca ác e
his-
panoame icano e leia
su nomb e,
<José
Celes ino
Mu-
is>,
insigne
bo ánico
gadi ano
que
es udió
la lo a
ame-
icana.
Tan impo an e
masa
ege al,
insepa able
en la ac-
ualidad
de la imagen
de La Rábida
y del uso de las
poblaciones
p óximas
como pa que
subu bano,
ha pe -
mi ido enmasca a
las nume osas
cons ucciones
que
han
seguido
la huella
de la Columna
del Cua o
Cen e-
na io,
que a pesa
de odo sigue
siendo
el mayo
hi o
isual
del conjun o
abideño.
Eh
sus
120
ha. exis en
hoy
cua en a
y seis cons ucciones
de los más a iados
ipos,
amén
de innume dbles
a olas,
bancos,
papele as,
cabinas,
pos es
de al a
ensión,
señales,
e c., de muy
di e sas
azas
y es ado
de conse ación'
Des acan
la
Hos e ía,
inaugu ada
en 1972;
la Uni e sidad
que se
comenzó
a cons ui
en 1947;
un ba semisub e áneo,
edi icado
en 1978
y una Casa
de He mandad,
pa a
la
ome ía
de la Vi gen
de los Milag os,
que aún es á
en
cons ucción;
odo ello se ha le an ado
al ma gen
de
una inope an e
legislación
p o ec o a
que ue p omul-
gada
en 1967.
, Es e
conjun o,
cuyo
s a us
legal
es á
po de ini
y su
ü u o a méd¡o
diseña ,
ealiza
hoy un impo an e
nú-
me o
de
a eas
sociales,
casi
espon áneas,
a muy dis in-
as escalas,
y ello
sin
conside a
sus
alo es
his ó icos
y
a qui ec ónicos;
en e ellas
señala emos
las eminen e-
men e
u ís icas,
ya que se a a del p incipal
a ac i o
de la p o incia, isi a
obligada
y ugacísima
de cuan os
isi an es
pasan
po Huel a,
a quienes
debemos
ag ega
la impo an e
p esencia
de nume osos
ecinos
de oda
30-
la coma ca
que
lo i en,
de mane a
bas an e
aná quica,
como
espacio
ec ea i o.
La ac i idad
de hos ele ía,
o-
da ía
siendo
de escasa
cuan ía
en su acepcióh
habi ual,
cub e
un impo an e
papel
en las celeb aciones
de ín-
dole
social.
En
de e minadas
echas
es os
usos
se
ans-
o man
en masi os,
ya sea
po la ocasión
de la ci ada
ome ía,
los es i ales
musicales
o las celeb aciones
co-
lombinas
anuales.
Reco demos,
con inuando'
el in en a-
io uncional,
una
a asallado a
y muy ecien e
ac i idad
ag ícola,
basada
en el monocul i o
de la esa, que
oóupa
p og esi amen e
las co as
más
bajas'
Las
ac i i-
dades cul u ales
especí icas
es án
adicadas
en los edi-
icios
de la Uni e sidad,
cuya celeb ación
es discon i-
nua, basada
en cu sos
de escasa
du acíon,
euniones
cien í icas
y o as
ac i idades
simila es.
El úl imo
g upo
de ac i idades
que con iene
eseña
son las esiden-
ciales,
pues
una pa e
signi ica i a
de la ex ensión
del
Conjun o
es de p opiedad
pa icula
y asien o
de i-
iendas.
Todas
las ac i idades
indicádas,
de una mane a
u
o a,
inciden
sob e
el edi icio
del Monas e io
que hemos
desc i o
desde
un pun o
de
is a
o mal
e his ó ico,
pe o
cuyo es ado
de uso y conse ación
con iene
eseña
sucin amen e.
Las ac i idades
de la Comunidad
se de-
sa olla on
según
su p opia
dinámica
has a
1835,
echa
en que, pues os
(en en a
odos los bienes
que hayan
pe enecido a las sup imidas
co po aciones
eligiosas>,
el edi icio
quedó
p ác icamen e
desman elado,
pe dién-
dose
odo su con enido
y p oduciéndose
un decisi o
de e io o
de su a qui ec u a.
T ece
años
después
se le
asigna on
unos gua das,
pe o en 1851 se decidió
su
de iibo
pa a
su aga ,
con la en a de los ma e iales,
una lápida
que pe pe uase en el sola la es ancia
de
Colón.
La o den
minis e ial
no se lle ó
a o unadamen e
a e ec o,
de mane a
que
es
años
después,
a pa i
de
la isi a
de los Duques
de Mon pensie ,
el edi icio
co-
menzó
a ecibi
cuidados,
decl ándose
en 1856
Monu-
men o
Nacional.
En
1868
inició
la Dipu ación
P o incial,
que desde
1846
u elaba
el desamo izado
edi icio,
la
á ea
en la que ha pe du ado
desde
en onces,
a en-
diendo
asiduamen e
a su conse ación,
an o di ec a-
meJn e
como a a és
de la Real
Sociedad
Colombina,
eniidad
cul u al
que
ha p o agonizado du an e
un siglo,
desde
1880,
las celeb aciones
his ó icas
en el Monas-
e io.
Es a
e apa
<laica>
se ce ó
en 1920, con la inco -
po ación de una
nue a Comunidad
de anciscanos,
que
lo habi an
en la ac ualidad'
Du an e
cien o
ein a años
el edi icio
ha sido
ecep-
o de una se ie
de inicia i as
discon inuas,
descoo di-
nadas
y a eces
noci as,
que
nos
han
legado
una si ua-
ción
ealmen e
insos enible
y que puede
esumi se
como
sigue.
En
p ime
luga
nos
hallamos
an e
unas
humildes
o mas
a qui ec ónicas,
sopo es
de alo es
cul u ales
impo an ísimos,
que
sólo
ecibían
cuidados
cuando
e a
absolu amen e
imp escindible,
y casi
siemp e
como e-
medios
de eme gencia
a p oblemas
inaplazables,
mien-
as
que
el de e io o
co idiano
a que
son some idas
po
un uso
in ensi o
no me ecían
a ención
has a
que
alcan-
zaban
la ca ego ía
de ca ás o e.
En sus espacios
con-
i en
disposiciones
del más al o in e és
his ó ico,
y a
eces
a ís ico,
jun o con ob as mode nas
de ín ima
calidad,
demandadas
en el mejo
de los casos
po el
desa ollo
de la ida de la Comunidad
o la a luencia
u ís ica,
pe o
que, en o as
ocasiones,
son sólo
mues-
as
de una
piedad
asnochada
o unos
mal
disimulados
deseos
de
igu a
y pe pe ua
memo ias
in ascenden es.
El con enido
ma e ial
del edi icio,
en cuan o
luga
p i i-
legiado
po la His o ia,
no puede
se más inadecuado,
yique la mayo ía
de los obje os
que se expon-en
son {e
una
calidad
mínima
y nula
c edibilidad
his ó ica,
abun-
La Rábida.
El Con en o
po
el lado
del
Su (1891
)
dando los que no alcanzan
la ca ego ía
necesa ia
pa a
igu a en el escapa a e
de una ienda
de an igüedades.
Es os
p oblemas,
aún
siendo
g a es,
end ían
ácil solu-
ción habida
cuen a
del exiguo
amaño del edi icio,
pe o
es án an enma añados
con o os,
ya insinuados
an e-
io men e,
que
la a ea es
bas an e
más compleja
y len a
de lo que,
a p ime a
is a,
pudie a
pensa se.
El
p incipal
obs áculo
pa a
adecua
La Rábida
pa a
la
ocasión
de 1992 es
que
no se a a
sólo de un museo,
ni
siouie a
de un si io his ó ico
exclusi amen e,
sino del
luga
donde
i e
y abaja
un g upo
de pe sonas,
cuyas
a eas
co idianas
son
a ias, además
de las
que
se de i-
an de su condición
eligiosa con en ual;
así
los ailes
mues an
el edi icio
a g upos
de u is as
cub iendo
el
ho a io ípico
de los museos,
pe o sin asue os
sema-
nales o anuales,
incluyendo
la en a
de ecue dos,
que
cons i uye
la base
del sopo e
económico
de la Comu-
nidad
y, desde hace
algunos
años, a iende
a la elig esía
de La Rábida,
cuya
ida
pa oquial
es á
adicada
en el
p opio
edi icio.
Es as labo es
han
de compagina se
con
la exis encia
y ac i idad,
en an exiguo espacio,
de sus
do mi o ios,
cua os
de baño, el la ade o,
la cocina, el
comedo ,
la sala
de es a ,
espacios
pa a es udia
los
más
jó enes
o descansa
los ancianos,
ecibi isi as,
e c., además
de los ámbi os
necesa ios
pa a
almacena
obje os
elacionados
con la ida
dia ia o con las nume-
osas
euniones
que
ienen
luga en el edi icio
a lo la go
del año. Si se localizan
es as
unciones
en los planos
adjun os,
se obse a á
cómo el
(museo)
ha educido
los
espacios
de < i ienda)
a unos
escasos
me os
cuad a-
dos, con el ag a an e
de se pe i é icos
e inconexos,
y
no mencionemos
sus ac uales
condiciones
de habi a-
bilidad
que, pese
a las mejo as
in oducidas
en la úl ima
década,
no alcanzan
las
que se exigen en las i iendas
de p o ección
o icial.
Nues a
expe iencia
nos dice
que
exis en
muy pocas posibilidades
sensa as
de mejo a
es a si uación
den o
del edi icio
ac ual,
pues
és e
ya no
da pa a
an o; es más,
de aquí a 1992,
odas las
un-
ciones
que hoy albe ga
La Rábida
eclama án
mayo es
espacios,
más
y mejo es
elaciones,
y más
lexibles
ho-
a ios.
Es a
p oblemá ica,
de ec ada
hace ya dos años y
expues a
a las au o idades
compe en es,
gene ó
el en-
ca go
de un es udio
gene al
de la cues ión
al au o
de
es e a ículo,
que concluyó
en la ecomendación
de
saca
del edi icio
his ó ico
la esidencia
de la Comu-
nidad, en el con encimien o
de que, de pe manece
como has a aho a,
se ía
íc ima
de la adecuada
e im-
p escindible
es au ación
y exposición
de los alo es a -
qui ec ónicos
e his ó icos
del edi icio
o la di icul a ía,
como aho a, has a la pa álisis.
En es e con ex o
se
ealiza on
las.consul as
a la Comunidad,
que
en endió
y
compa ió
la idea, a la que añadió
la condición,
ácil-
men e
explicable,
de que
la u u a
esidencia,
o <Nue a
Clausu a>
como p on o ue denominada,
se localizase
en ín ima con'exión
con el edi icio
ac ual,
an o po
azones
his ó icas,
como de segu idad,
comodidad
y
economía.
El ci ado es udio
se
ce ó con la p esen ación
de di e sas al e na i as
de localización,
eligiéndose
el
esca pe
si uado
a con inuación
del olumen
que p o-
longa
la Capilla
de la Vi gen
de los Milag os;
las
azones
pa a ello ue on múl iples,
como se desp ende
de la
siguien e
elación.
El luga es á ocupado
hoy po una
ege ación
a bus i a
y asil es ada,
de la que
sólo
des-
acan
unos á boles
y se os,
que se ían
conse ados
o
asplan ados;
pe enece
a la p opiedad
del Monas e io,
lo
que
aho a
in e siones
y ámi es,
es deci ,
iempo en
de ini i a;
su o ien ación
es óp ima,
así como nula su
isibilidad
desde
lejos
y escasa
desde
ce ca,
y ello sin
con a
con la colabo ación
de la masa o es al
que
odea
el Monas e io;
inalmen e
queda inmedia o al acceso
no mal a la Clausu a
ac ual,
ya que se a a del único
pun o accesible
pa a ehículos
de odo el con o no.
Sob e es as
bases,
y las.modes as
pe iciones
uncio-
nales
de la Comunidad,
se elabo ó
un p oyec o que,
habiendo sido
analizado
minuciosamen e
po los o ga-
nismos compe en es,
ue ap obado,
publicado
en
p ensa
y su maque a expues a,
an o en Huel a como en el
p opio
Monas e io,
du an e
a ias semanas;
las c í icas
que
ha ecibido
son di ícilmen e
eba ibles,
ya que
no se
han
p oducido
en é minos conc e os,
sino
de unas
ma-
ne as an gené icas
y emo i as,
que apa en an
se p o-
duc o
de ac i udes
isce ales,
que ni ienen
en cuen a
los
p oblemas que
hemos expues o,
y a amos
de esol-
e , ni oman
en conside ación
los an eceden es
y ci -
cuns ancias
que concu en,
las opciones
eales
que es-
án a nues o alcance,
ni las necesidades
y posibilidades
de los
anciscanos.
En nues a opinión las decisiones
omadas has a
aho a, exclusi amen e
en el e eno de las p opues as
g á icas
y adminis a i as
y con una
pa simonia
y ans-
pa encia
pública
más
que su icien es,
o man
es blo-
ques dis in os,
suscep ibles
de análisis
y decisión
po
sepa ado.
Po una
pa e
es án
las que se e ie en a la
decisión
de saca
la Clausu a
del in e io del ed[ icio
Maque a
ouc ep esen a
al Monas e io,
una ez
e minadas las ob as
de la nue a clausu a
his ó ico
que, en opinión
de quienes
conocen el p o-
blema
a ondo y comple o,
es i ep ochable
e inapla-
zable.
El segundo
p oblema
es el de la elección
del
nue o emplazamien o,
pa a
lo que exis en
an os como
luga es
disponibles,
pe o
ninguno
eúne las buenas con-
diciones
que hemos
esal ado en el elegido,
ni siquie a
de lejos
y aún
desp eciando
las
en ajas económicas
de
és e. Po úl imo,
es án
las cues iones
que hacen
e e-
encia
a la o malización
conc e a
que hemos diseñado,
sob e
la
que
no enemos
más
que
señala
que
es la que,
de acue do
con
nues as
posibilidades
como
a qui ec os,
hemos
elegido
y sob e
la que
asumimos
oda
la espon-
sabilidad,
con la con icción
pe sonal
de que
se a a
de
una
p opues a
ú il,
ac ual
y económica.
Pa a
inaliza es a
a ículo
sólo
nos es a o mula
el
deseo
de que, cuando
la Comunidad
habi e su Nue a
Clausu a
y deje
lib e las dependencias
donde
hoy mal=
i e,
podamos plan ea nos,
sin a adu as
uncionales
ni
limi aciones
de espacio,
la a ea de po encia
exclusi a-
men e
los alo es
his ó icos
y a qui ec ónicos
que La
Rábida
posee,
a in de que, cuando el Ouin o Cen e-
na io sea una ealidad,
el edi icio
donde se ges ó la
a en u a
i epe ible
de la p ime a
expedición
colombina,
pueda
se
mos ado con la dignidad
que
me ece.
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