1 Madres adultas y madres adolescentes. Un análisis comparativo de las interacciones que mantienen con sus bebés José SÁNCHEZ HIDALGO María Victoria HIDALGO GARCÍA Universidad de Sevilla1 RESUMEN Este trabajo tiene como objetivo analizar las diferencias en las interacciones que, durante una situación de comida, mantienen un grupo de madres adolescentes y otro de madres adultas con sus bebés de 8-12 meses de edad. Para ello, estudiamos 93 díadas madre-bebé (41 adolescentes y 52 adultas) en 4 dimensiones observacionales: (1) la calidez emocional; (2) la sensibilidad materna; (3) la estimulación del desarrollo lingüístico y de la autonomía; y (4) la organización la situación de comida. Los resultados parecen indicar que las madres adultas se muestran más cálidas y más sensibles durante la interacción. Parecen ser estas madres quienes aprovechan en mayor medida la situación para estimular aspectos relacionados con el lenguaje y la autonomía de sus bebés. Además, el grupo de madres adultas suele dotar de mayor organización a la situación de comida. Los resultados nos permiten concluir que se hace necesaria una intervención ajustada a la realidad que circunda al hecho de convertirse en madre durante la adolescencia. PALABRAS CLAVES Interacciones madres-bebés, maternidad adolescente, calidez afectiva, sensibilidad, desarrollo del lenguaje, desarrollo de la autonomía, estructuración de la situación. ABSTRACT This work analyzes the differences in the interactions of a group of adolescent mothers and another one of adult mothers with their babies of 8-12 months of age during feeding time. In this way, we studied 93 mother-baby dyads (41 adolescents and 52 adults) in 4 observational dimensions: (1) the emotional warm; (2) maternal sensitivity; (3) linguistic development and autonomy stimulation; and (4) feeding time organization. The results indicate that the adult mothers are warmer and more sensible during the interaction than adolescent mothers. Data show that adult mothers who take advantage of in greater measurement the situation to stimulate aspects related to the language and the autonomy of their babies. In addition, the group of adult mothers usually equips from greater the feeding time organization. This results point out that it is necessary a intervention adjust to the fact of becoming mother during the adolescent age. KEY WORDS Mother-children interactions, adolescent maternity, emotional warm, sensibility, linguistic development, autonomy development, structure of situation. 1 Dirección de los autores: Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología. c/. Camilo José Cela, s/n. 41018 Sevilla. E-mail :
[email protected] y victori[email protected]
2 La maternidad adolescente: una realidad social Convertirse en madre es una experiencia que la mayoría de las mujeres afrontan en algún momento de su vida y, sin duda, constituye uno de los acontecimientos más significativos e influyentes en el desarrollo socio-personal durante el ciclo vital. En este sentido, la transición a la maternidad, tal y como es estudiada desde la psicología evolutiva, es considerada como una transición normativa propia de la adultez (Hidalgo, 1995; 1996). No obstante, es bien conocido que no siempre se accede a la maternidad durante la adultez, sino que en algunos casos esta importante transición evolutiva tiene lugar durante la adolescencia. De hecho, el estudio de la maternidad adolescente toma especial relevancia desde el momento que, en nuestro contexto socio-cultural actual, un porcentaje nada despreciable de chicas se convierten en madres durante esta etapa del ciclo vital. El informe presentado por la organización de las Naciones Unidas (1991) respecto al número de embarazos adolescentes en los países industrializados ofrece interesantes datos acerca del alcance internacional de esta realidad social. En concreto, en el momento de la realización de ese informe, casi un 10% de las chicas menores de 16 años de Estados Unidos se habían quedado embarazadas en alguna ocasión; en Canadá, el porcentaje ascendía al 4,5% aproximadamente. En Europa, los porcentajes de estos embarazos tampoco fueron nada despreciables: en Inglaterra y Francia, un 4,5% de niñas menores de 16 años quedaron embarazadas; en Suecia el porcentaje alcanzaba un 3,5%; mientras que en los Países Bajos no superaba el 1,5%. En nuestro país, los datos más recientes proceden de un estudio realizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); estudio que pone de manifiesto que en España se producen unos 18.000 embarazos anuales en menores de 19 años, situando a nuestro país a la cabeza de los países de la Unión Europea en esta cuestión, sólo por detrás del Reino Unido (Delgado, 1998; 2001). La existencia de la maternidad adolescente, como es lógico, guarda una estrecha relación con los hábitos sexuales de los y las jóvenes. Según un estudio llevado a cabo por Armells et al. (1995) sobre la evolución de los embarazos adolescentes en Cataluña entre 1987 y 1992, tres de cada cuatro jóvenes habían mantenido relaciones sexuales antes de los 18 años, y uno de cada tres no usó método anticonceptivo en sus primeras relaciones sexuales. Como estos datos ponen de manifiesto, la maternidad adolescente es una realidad porque, a pesar de la percepción general en sentido contrario, la información sexual de la que disponen los y las jóvenes es escasa, sobre todo si tenemos en cuenta que las prácticas sexuales en la adolescencia no han hecho sino aumentar en los últimos años. Asimismo, este estudio revela que, de entre las 2000 y 3000 chicas que anualmente quedan embarazadas en Cataluña, casi el 50% recurren a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE), aproximándose a 1500 el número de chicas que llevan a término la gestación. Entre las chicas que finalmente se convierten en madres, los datos de este estudio muestran que una tercera parte de ellas afrontan su maternidad en solitario. En Andalucía, los datos disponibles ofrecen un panorama incluso más preocupante. En un trabajo presentado por Jimeno (2001) se pone de manifiesto que en 1998 se registraron 3133 partos en el grupo de mujeres de edades comprendidas entre 16 y 19 años, lo que representó el 5,5% del total de los partos asistidos en los hospitales andaluces. Igualmente preocupante resulta el hecho de que el 19,25% de las IVES realizadas en el año 1999 fueran practicadas en menores de 19 años; y más alarmante aún es que en un 8,4% de
3 estos casos se tratara de IVES de repetición (Consejería de Salud, Junta de Andalucía, 2000). Si nos interesamos por el entorno que rodea a estas madres adolescentes, aunque existe una gran variabilidad y aparecen en todos los grupos sociales, es muy habitual encontrar una familia de origen caracterizada por tener bajos ingresos, bajos niveles socioeducativos y por no tener acceso a mecanismos de protección familiar. Además, como se señala en la literatura, con frecuencia las madres adolescentes son hijas de mujeres que también se convirtieron en madres muy tempranamente, dando la impresión de que se trata de un hecho que se reproduce de generación en generación, probablemente porque la relación entre embarazo temprano y características socio-económicas es muy compleja, sobre todo cuando tratan de analizarse las relaciones intergeneracionales en estos procesos (Alatorre y Taquín, 1998; Ketterlinus et al. 1990). A raíz de lo anterior, podría suponerse que la probabilidad de convertirse en madre adolescente descansa únicamente en los antecedentes familiares y socio-económicos del hogar. Sin embargo, otros autores han propuesto que, sobre el riesgo de embarazo, influyen tanto las características socio-económicas de la familia de origen como la escasez de oportunidades de mejora que experimentan bastantes chicas al llegar a la adolescencia. Ello es así porque son más las chicas de familias más deprimidas que abandonan el sistema educativo formal antes de su finalización, alcanzando bajos niveles de estudios e influyendo decisivamente en sus expectativas de desempeño laboral y trayectoria vital. Cuando se tienen pocas expectativas de conseguir un trabajo que permita la independencia económica de la familia de origen —meta propia de esta etapa evolutiva— es más probable que, aunque no se busque abiertamente, se justifique el embarazo temprano como una forma de acceder a los roles característicos de la adultez. Si resulta interesante analizar las razones que explican las cotas alcanzadas por la maternidad adolescente, mucho más interesante es explorar las consecuencias que, para estas chicas y para sus hijos e hijas, tiene el hecho de haber accedido a la maternidad en esta etapa del ciclo vital. De forma genérica, podemos afirmar que la maternidad durante la adolescencia se caracteriza por ser un acontecimiento enormemente impactante y difícil para la mayoría de las chicas que se convierten en madres en este período evolutivo. En sí mismo, el acceso a la maternidad constituye una compleja transición evolutiva que, aun cuando se afronta durante la adultez, puede resultar difícil porque requiere dar respuesta a nuevos retos y demandas, cambiar hábitos cotidianos previos, adquirir y aplicar conocimientos y destrezas que no siempre hemos practicado anteriormente y, en definitiva, adoptar un nuevo papel con todos los cambios y modificaciones que ello conlleva de cara a la identidad personal. Si además esta transición a la maternidad —como período claramente de cambios— se afronta al mismo tiempo que otros cambios propios de la adolescencia —que es otra transición evolutiva— es comprensible que el proceso de convertirse en madre se vuelva enormemente complejo y difícil. Por un lado, si convertirse en madre siempre implica cambios, en el caso de las adolescentes estos cambios son más drásticos, ya que suelen conllevar el abandono de los estudios y una importante ruptura con el grupo de iguales. Por otro lado, y en el caso de
4 que continúen las relaciones con el padre, suelen producirse matrimonios precipitados caracterizados por ofrecer poco apoyo entre los cónyuges y escasa estabilidad. Cuando no continúan las relaciones con el padre, hecho frecuente puesto que se trata generalmente de embarazos no deseados, las adolescentes afrontan en solitario la maternidad. Todo esto contribuye a que se produzca una importante ruptura con la trayectoria de vida previa y que, en términos generales, las adolescentes que se convierten en madres experimenten profundos cambios tanto a nivel personal como interpersonal. En definitiva, si convertirse en madre es siempre un acontecimiento significativo, convertirse en madre durante la adolescencia es una experiencia especialmente impactante y difícil; entre otras cosas, porque obliga a adoptar un rol típicamente adulto sin contar, a veces, con la madurez psicológica necesaria (Hidalgo, 1998). Atendiendo ahora a las repercusiones de la maternidad adolescente sobre el desarrollo infantil, hay estudios que describen distintos efectos negativos para los hijos e hijas de madres adolescentes (AAP Committee on adolescence, 1999). A nivel físico, los datos disponibles ponen de manifiesto que los bebés de estas chicas tienen más probabilidad de nacer prematuramente y con más bajo peso. Asimismo, también se observa en ellos bajos niveles de desarrollo durante los primeros años de vida; aspecto este que debe ser tomado con cautela ya que las diferencias suelen desaparecer cuando controlamos otras dimensiones como las que señalamos más arriba (el nivel socio-económico, por ejemplo). En cualquier caso, la explicación de las posibles diferencias en desarrollo infantil existentes entre los bebés de madres adolescentes y los bebés de madres adultas puede deberse, entre otros factores, a las diferentes actuaciones que parecen existir entre unas y otras madres; aspecto del que pasamos a ocuparnos a continuación. Comparación entre las interacciones de madres adolescentes y madres adultas Como acabamos de indicar, son bastantes los estudios que señalan como causa del menor nivel de desarrollo de los bebés de madres adolescentes un ejercicio poco competente de la maternidad por parte de estas chicas. De hecho, cuando la maternidad adolescente se contrasta con la maternidad adulta, comparación que ha sido objeto de numerosos trabajos de investigación, las madres adolescentes suelen salir mal paradas, es decir, con frecuencia se encuentran resultados que indican que las madres adolescentes, en general, parecen interactuar con sus hijos e hijas con un nivel menor de competencia que las madres adultas. En concreto, estos estudios han puesto de manifiesto que las adolescentes que se convierten en madres suelen hablar menos a sus hijos durante las situaciones cotidianas de interacción. Además, son madres que habitualmente se muestran menos sensibles a las señales de sus bebés y parecen tener más dificultades para regular sus propios estados emocionales durante la interacción con sus hijos e hijas —especialmente cuando éstos son de temperamento difícil— que las madres adultas. Estos rasgos específicos que tienden a observarse en las actuaciones de las madres adolescentes explican que, en términos generales, las interacciones que estas chicas mantienen con sus hijos e hijas parezcan desarrollarse en un clima de bastante frialdad y escasa sintonía madre-hijo (Brooks-Gunn y Chase-Lansdale, 1995; East y Felice, 1996).
5 Asimismo, y en clara relación con la pobre actuación que acabamos de describir, estas chicas suelen tener baja autoestima a la hora de valorar su papel como madres, saben menos sobre el desarrollo, la crianza y la educación de sus hijos e hijas y tienden a mantener ideas evolutivo-educativas más tradicionales y menos definidas. En cuanto a aspectos como la estructuración espacial y temporal del hogar y de las rutinas cotidianas en relación con el bebé —dimensiones evaluadas por instrumentos como la escala HOME—, las madres adolescentes parecen caracterizarse tanto por tener hogares menos organizados como por seguir rutinas menos estructuradas que las madres adultas (Hidalgo y Moreno, 1995; Sommer et al., 1993). En suma, parece claro que la maternidad adolescente es una realidad social y, que a pesar de los esfuerzos que se invierten en evitar los embarazos adolescentes, en nuestro contexto actual sigue habiendo un número considerable de chicas que acceden a la maternidad en este período evolutivo. La revisión anterior sobre las características y consecuencias de la maternidad adolescente nos lleva a pensar que convertirse en madre durante esta etapa implica toda una constelación de factores que se “confabulan” para fraguar una realidad determinada, un contexto familiar concreto. En este trabajo pretendemos acercarnos un poco más a explorar cómo es ese contexto familiar que surge a raíz de un embarazo temprano, en concreto, analizaremos las interacciones que un grupo de madres adolescentes de nuestro entorno social mantiene con sus bebés en una situación cotidiana y lo pondremos en comparación con la actuación de un grupo de madres adultas en la misma situación. MÉTODO Sujetos El presente estudio consistió en el análisis de un total de 93 díadas madre-bebé. Estas díadas fueron filmadas durante una situación de comida cotidiana en el hogar cuando los bebés se encontraban entre los 8-12 meses. Las díadas fueron seleccionadas en la provincia de Sevilla, controlando el hábitat (rural/urbano) y el nivel socioeconómico de las familias de origen. Un total de 41 díadas (44,1% del total de la muestra) formaron parte del denominado grupo de madres adolescentes; chicas que quedaron embarazadas y dieron a luz a sus bebés cuando aún no habían cumplido 18 años de edad. Las díadas que formaron el grupo de madres adultas fueron 52 (55,9% del total de la muestra). Instrumentos Los datos de este estudio se obtuvieron a partir del análisis de las interacciones que, durante la situación de comida, se filmaron en el hogar. Para ello se utilizó un sistema de categorías observacionales elaborado específicamente para el análisis de las interacciones madres-bebés durante una situación de comida (Sánchez, 2001). Aunque se trata de un sistema de categorías complejo y amplio, en este trabajo presentaremos los resultados relativos únicamente a cuatro dimensiones que son las que mejor nos permitirán establecer comparaciones entre el grupo de madres adolescentes y el grupo de madres adultas. Las cuatro dimensiones de las que vamos a ofrecer resultados son: (1) la calidez emocional que envuelve la situación de comida; (2) la sensibilidad de las madres para responder de un modo ajustado a las señales y demandas de los bebés durante la interacción; (3) el papel de
6 los progenitores como agentes de la estimulación del lenguaje y de la autonomía de sus bebés; y (4) la organización con la que las madres dotan la situación de interacción. En la tabla 1 se describen brevemente las dimensiones observacionales que se han evaluado en uno y otro grupo de madres. La calidez emocional durante la situación de comida fue elaborada como un índice global del estilo afectivo de las madres durante la interacción con sus bebés. Para ello, tomamos dos dimensiones diferentes: el contacto físico (proximidad física, miradas mantenidas, caricias, besos, sonrisas y gestos exagerados) y el contacto verbal (empleo de lenguaje desformalizado donde se hace uso de diminutivos, de apelativos cariñosos, de un tono de voz emocionalmente cálido, repeticiones, etc.). Codificamos la calidez emocional de la interacción estableciendo una escala que oscila entre (1) interacción fría y (4) interacción cálida, en función del número de índices que se ponen en juego en cada interacción. La sensibilidad fue definida como la habilidad de las madres para identificar y responder de un modo ajustado a las señales y demandas de sus bebés durante la situación de comida. Codificamos esta dimensión teniendo en cuenta estas señales y las respuestas que las madres ofrecen, anotando positivo (+) si son ajustadas y negativo (-) cuando no lo son o no existen respuestas. El análisis del papel de los progenitores como agentes de la estimulación que llega a sus hijos e hijas durante la situación de comida se ha centrado en dos aspectos del desarrollo infantil: el desarrollo de las habilidades comunicativas y el desarrollo de la autonomía en los bebés. Como aspectos relacionados con la estimulación del lenguaje codificamos en esta categoría todas aquellas verbalizaciones declarativas, expresivas, interrogativas, etc. dirigidas al bebé y que no tengan como finalidad regular la conducta del niño y la niña. La estimulación de la autonomía en los bebés ha sido descrita desde una doble perspectiva: desde la aceptación y desde el rechazo. En este sentido, codificamos (1) las situaciones en que la madre alienta y promueve conductas encaminadas al desarrollo de la autonomía en el bebé.; y (2) en las ocasiones en que la madre rechaza las iniciativas del bebé. La categoría observacional creada para evaluar la organización del escenario durante la comida fue la estructuración del contexto físico. Con ella pretendimos detectar qué madres potenciaban la predicción de situaciones a través de la estructuración de la situación. Para ello, fueron descritos tres índices: (a) la orientación del bebé hacia la comida.; (b) madre e hijo se encuentran ubicados en un espacio adecuado; (c) el bebé está sentado en una trona, silla específica o cualquier lugar en el que pueda estar incorporado y que sea discriminante de la situación de comida. Tabla 1: Dimensiones observacionales estudiadas. Calidez Dimensión elaborada como un índice global del estilo afectivo de las madres durante la interacción con sus bebés. A partir de dos dimensiones diferentes: el contacto físico y el contacto verbal. Sensibilidad La habilidad de las madres para identificar y responder de un modo ajustado a las señales y demandas de sus bebés durante la situación de comida.
7 Estimulación del desarrollo El análisis del papel de los progenitores como agentes de la estimulación que llega a sus hijos e hijas durante la situación de comida se ha centrado en dos aspectos del desarrollo infantil: el desarrollo de las habilidades comunicativas (verbalizaciones declarativas, expresivas, interrogativas, etc. dirigidas al bebé) y el desarrollo de la autonomía en los bebés (situaciones como proveer de cuchara al bebé y dejar que la use o permitir que el hijo beba solo de un vaso). Estructuración del contexto físico Para ello su evaluación fueron descritos tres índices: (a) la orientación del bebé hacia la comida.; (b) la madre e hijo se encuentran ubicados en un espacio adecuado; (c) el bebé está sentado en una trona, silla específica o cualquier lugar en el que pueda estar incorporado y que sea discriminante de la situación de comida. Procedimiento El acceso a la muestra tuvo lugar a través de los centros sanitarios de la red pública de salud cuando las madres visitaban al tocólogo entorno al tercer mes de embarazo. Tras informarles de los objetivos de la investigación y de las implicaciones de participar en ella, se les solicitó su colaboración voluntaria. Aunque se trata de una investigación longitudinal, con varias fases de recogida de datos y sucesivas visitas al hogar, los datos que nos ocupan corresponden a lo que fue la tercera fase del estudio, aproximadamente, al final del primer año de la vida de los niños y las niñas, momento en el que realizamos la primera visita al hogar de las familias que decidieron continuar participando en nuestra investigación. Así, cuando los bebés se encontraban entre los ocho y doce meses de vida, acudimos por parejas a las casas para entrevistar a las madres y a los padres respecto a una gran variedad de contenidos, además de grabar las interacciones que mantenían con su bebé en una situación cotidiana de la vida familiar: durante la comida. La instrucción que se les dio a las madres fue muy simple: “Da de comer a tu bebé tal y como lo hagas normalmente”. Asimismo, en esta visita se evaluó el nivel de desarrollo de los niños y las niñas mediante la Escala Bayley (1969), utilizando las subescalas mental y de psicomotricidad. RESULTADOS Dedicamos este apartado a la recapitulación de los resultados más interesantes. Para ello, dividiremos la exposición en dos bloques. En primer lugar, presentaremos los datos relativos al índice de fiabilidad interobservadores del sistema observacional de categorías para el análisis de una situación de comida; en segundo lugar, presentaremos las dimensiones observacionales de nuestro estudio identificando las posibles diferencias que pudiesen establecerse entre ambos grupos de madres y sus posibles repercusiones sobre el desarrollo de sus bebés. Análisis de fiabilidad interobservadores Los índices de fiabilidad del sistema de categorías observacionales para la situación de comida fueron calculados mediante la técnica de comparación interobservadores. Los
8 cálculos estadísticos para el estudio de la fiabilidad fueron seleccionados en función de la frecuencia de aparición de las dimensiones observacionales en liza. Así, aquellas que tenían una baja frecuencia de aparición se calcularon mediante el índice de acuerdos en aparición, mientras que las categorías cuya frecuencia de aparición fue alta, fueron calculadas mediante el índice de acuerdos en no-aparición. En ambos casos, el nivel medio de acuerdos superó el 80%. La calidez emocional durante la situación de comida Como puede verse en la figura 1, las madres adolescentes de nuestra muestra se caracterizan por crear un clima frío o moderadamente frío durante la interacción de comida, donde aparecen pocos índices de calidez afectiva como caricias, besos o entonaciones exacerbadas en el habla. Por el contrario, las madres adultas se muestran moderadamente cálidas o muy cálidas, manifestando durante sus interacciones más signos de calidez emocional (F= 9,278; p= 0,000). La sensibilidad de las madres a las señales y demandas de sus bebés Las madres adolescentes y las madres adultas también parecen mostrarse diferentes a la hora de identificar y responder ajustadamente a las señales de los bebés durante la interacción de comida (vid. figura 2). De este modo, parecen ser las madres adolescentes quienes muestran niveles más bajos en sensibilidad positiva (F= 5,313; p= 0,023) y más altos en sensibilidad negativa (F= 7,927; p= 0,006). Ello implica que suelen ser estas madres —frente a las adultas— quienes menos señales identifican o las que parecen responder de un modo menos competente a las demandas y señales que sus bebés emiten durante la situación de comida. Figura 1: Comparación de medias en calidez emocional durante la interacción en comida. 2,4 3,1 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 3,5 Adolescentes Adultas Puntuaciones medias
9 El papel de las madres como promotoras del desarrollo de sus bebés Como queda reflejado en la figura 3, las madres adolescentes —frente a las adultas— suelen estimular en menor medida el desarrollo lingüístico de sus bebés. Es decir, parecen hablar menos a sus bebés, además de realizar menos repeticiones contingentes a la emisión de algún sonido por parte del hijo (F= 7,54; p= 0,001). Además, se ponen de manifiesto diferencias significativas entre el desempeño de las madres adolescentes y el de las madres adultas como promotoras del desarrollo de la autonomía en sus bebés. Concretamente, las primeras parecen promover en menor medida aspectos relacionados con la autonomía (ofrecer una cuchara para que la utilice el bebé o favorecer que el beba él solo sin sujetarle el biberón, por ejemplo) que las segundas (F= 6,548; p=0,012). Figura 2: Diferencias en la sensibilidad durante la interacción de comida. 5,2 2,24 7,1 0,75 0 2 4 6 8 Sensibilidad positiva Sensibilidad negativa Puntuaciones medias Adolescentes Adultas Figura 3: Diferencias en la estimulación del desarrollo durante la interacción de comida. 6,15 0,35 8,17 1,15 0 2 4 6 8 10 Lenguaje Autonomía Puntuaciones medias Adolescentes Adultas