DESDE
EL
CORAZÓN
DEL
RENACIMIENTO
D nao
RoMERO
DE
SoLís
l.
La e lexión que p e ende se ac i idad c ea i a, es é ica, lib e juego de la
imaginación, pudie a segui buscando su p opio undamen o en la poesía -como el
Roman icismo descub ió y p ac icó-, en el a e, pe o sin ol ida la ensión his ó ica de
su mismo igo , del iempo menes e oso, b ilan e, u ópico de lo bello, y de su condena
y inal. Acaso es un pensamien o que busca espues a pa a el uni e so op a i o, pa a el
alma esqui a del deseo, y al ez po ello los in en os de con e i en ciencia a la es é ica
suelan se más educcionismos posi i is as, de na u aleza académica, o incluso ideoló-
gica, que eo ías i as, pene an es, lúcidas (esas que cada iempo exige pa a sob e i i ,
pa a acalla po medio del logos a ís ico el dolo de la oscu idad que ha pene ado con
el absu do y el ago amien o). La esencia de es a ac i idad no pa ece se o a que la
e lexión, sin la que segu amen e no exis i ía nada bello, ese conside a nue a y
de enidamen e una cosa en el ideal, acaso ingénuo, aunque i enunciable, de la obje i-
idad y del ecue do.
be
ahí que las aíces de es a e lexión sean más li e a ias que
cien í icas, pe o se hunden en la ciencia y ambién se alimen an de ella.
11.
Kan dis inguió en e juicio e lexionan e y de e minan e. Una e lexión es é ica
(el juicio es é ico no e ie e su ep esen ación
al
obje o sino al su je o y al sen imien o que
dicha ep esen ación p o oca en el suje o) no iene po qué conduci , como
si
ue a
empujada po una a alidad lógica, a e dades cien í icas, sino más bien a o a clase de
ce idumb e que no en a, po su di e en e na u aleza, en el ma co de lo cien í ico. Lo
es é ico mue e a pensa ; impulsa a las ue zas de la imaginación. Tal ez casi odas las
cosas que i almen e nos in e esan más, casi odo lo que golpea en nues o in e io , casi
odo lo ela i o a los sueños, escapa de la ó mula cien í ica, de la ley del concep o, del
dogma eligioso, de la segu idad, pa a pe manece en la ambigüedad, en los lenguajes
equí ocos del a e, de la poesía, en el sueño diu no de nues a condición d amá ica,
noc u na. Acaso é ica y es é ica sean la misma cosa, el mismo sueño, y engan la misma
au onomía, aunque el impulso mo al, su ue za, su p ác ica, sea más hondo, más humano
y mis e ioso. La e lexión se hace poé ica del mundo de la ida, y exp esa a a és de los
juegos del lenguaje la libe ad de la imaginación, como si su obje i o ue a la elabo ación
202 Diego Rome o de Solís
de un sen ido, de un ins an e, que econquis a a el gozo del conocimien o. Esa ilumina-
ción que hace conce a con los demás, con las cosas, con el paisaje, con el poema, que
hace b o a lo que no exis e, la belleza, el espí i u, el sueño p odigioso y la luz de las
u opías. La azón lógica an sólo puede se una pa e de la acionalidad, de la in eligencia
a i icial, de la comp ensión diu na, po lo que no puede ep esen a la o alidad de la
conciencia, su ín ima memo ia.
La
o alidad es una palab a poé ica; es una me á o a. La
lógica, po lo demás,
no
puede se siemp e el undamen o de una ealidad que an a
menudo la expe imen amos como absu da, y la conciencia iene que supe a , sal a po
encima de es a con adicción, como los caballos omán icos de Ge icaul que galopan en
el ai e. El esul ado es ese impulso ine i able -la olun ad de i i - que hie e, a oján-
donos hacia la ágil cons ancia de la luz.
111.
El suje o que más allá de la quieb a del sen ido del mundo de la mode nidad
asume como a ea undamen al el da signi icado a su exis encia pudie a encon a en la
ac i idad es é ica un luga de descanso, de sosiego, el goce del pensamien o, de la
sensación, y el ins an e p i ilegiado que, ensanchando su conciencia
en
la expe iencia
de una o alidad conc e a, signi ique su momen o a a és de odo el acon ece i ido
y encienda la espe anza del iempo, debili ando la angus ia, el pa o con que el pasado
y el u u o agobia su co azón.
La
es é ica - e lexión y sensación, idea y sen imien o-
p ocu a es ablece una conexión con ese odo, pe o no como espues a concep ual (lo que
el pensamien o dogmá ico ha in en ado in uc uosamen e, po lo que u o que deja de
se pensamien o pa a con e i se
en
amenaza, quime a o po o del o men o) sino cómo
azón de la sensibilidad a ís ica y del signi icado i al de las ideas. De ahí que el suje o
sepa de la igno ancia de su acaso (de la sabidu ía del acaso, de su ic o ia), po que
se a a de un pensamien o que oscila en e múl iples posibilidades, que no de e mina su
a ianzamien o obje i o, que lucha po exp esa se en el o bellino de la imaginación
c eado a y que iene como in la unidad poé ica en e la ida y la mue e, en e el se y
la nada. El suje o que acude a la e lexión es é ica, espe ando halla el pasadizo que
conduzca al luga ideal de la e idencia y de la con emplación, es como el iaje o que
abandona su la con la p e ensión de que el cambio de esidencia le ha á ans o ma se
en el g an conquis ado del mundo, según el dic ado de sus impulsos in an iles, y que
a de o emp ano comp ueba que él sigue siendo él mismo y que el mundo no di ie e
en
exceso al de su pa ia. El pensamien o es ambién la nada, la nada del a i icio concep ual,
y la e lexión es é ica (u opía de los concep os en un juego ágico con las sensaciones,
especie de up u a a la que se consag a aquel que decide ompe con odo lo que le ahoga
y se lanza al descub imien o de los múl iples i mos del mundo) pu a an asmago ía,
como las pasiones que se deba en
en
los sueños, e ó ica de las ideas con insípido sabo
a mue e.
IV. F eud concibió la an asía como una ac i idad espi i ual compensa o ia de la
enuncia al place impues a po el p incipio de ealidad. El indi iduo goza con la an asía
de una libe ad que la coe ción ex e io le
ha
hecho enuncia . Es a libe ad, su ecue do,
Desde el co azón del Renacimien o 203
su p esencia melancólica y silenciosa, desde la llamada i acional del inconscien e, hace
que
no
le bas e al suje o la escasa sa is acción, la mínima libe ad que pueda a anca le
a la ida eal. F eud es ableció una analogía muy e ocado a: los pa ques na u ales,
c eados allí donde las exigencias de la ag icul u a, las comunicaciones o la indus ia,
amenazan con des ui un bello luga . F eud piensa que en es os pa ques se pe pe úan
in ac as las bellezas na u ales que en el es o del e i o io el homb e ha enido que
sac i ica a ines u ili a ios. El eino síquico de la an asía, según F eud, cons i uye uno
de esos pa ques na u ales (como el en e mo que espe a la mue e y de p on o b o a en su
in e io con una inusi ada ue za la isión de un ío, y los que es án a su al ededo en
como
sus·
ojos id iosos ecupe an la i acidad y una son isa de honda sa is acción
de uel e la ida a su os o). El momen o c ea i o, es é ico, de la e lexión, iende en
sen ido analógico, como pa que na u al del espí i u, a con i ma se como ins an e de
belleza y libe ad, como p o agonismo de la imaginación, y es ablece una up u a con el
mundo de la necesidad, una escisión que conduzca al momen o libe ado del inconscien e.
La
dimensión es é ica de la e lexión -sueño anhelan e de esa o alidad- se ha ía
semejan e al ins an e ca á ico que ocasiona a la iden idad en e conciencia y na u aleza
en el lib e juego de la imaginación con el en endimien o, juego que c ea la belleza del
paisaje -del pa que na u al y del bosque del espí i u-,juego que p esien e las expe iencias
es é icas más adicales, cuando lo bello se ans igu a en lo subje i o -la azón hecha
pa que na u al-, en la unidad de con a ios, p oyec o ilimi ado de la conciencia, juego que
hace a la imaginación ence al pánico, al miedo en los huesos del alma, al miedo de que
el
alma desapa ezca en el ho o de la somb a, en el llan o de la ie a. El ac o c eado
ebasa los lími es del mundo dado y p ome e desde el sueño. «En medio del emible eino
de las ue zas na u ales, y en medio ambién del sag ado eino de las leyes, el impulso
es é ico de o mación a cons uyendo, inad e idamen e, un e ce eino eliz, el eino
del juego y de la apa iencia, en el cual libe a al homb e de las cadenas de oda
ci cuns ancia y lo exime de oda coacción, an o ísica como mo al»1• La imaginación
man iene la elación con la imagen de la unidad inmedia a en e lo uni e sal y lo
pa icula , como si pudie a undamen a ese eino incie o. Y así la c eación es é ica
hunde sus aíces en las capas más hondas y complejas del espí i u; habla de una egión
neblinosa que los g iegos asemejaban a la locu a, acaso a un es ado de lucidez que no
iene que e con la lógica, que a más allá incluso del p opio homb e, que se alimen a
en la i acionalidad dionisíaca del espí i u. «Sabemos que el g ado de sensibilidad del
ánimo depende de la i eza de la imaginación, y su ex ensión de la iqueza imagina i a.
Pe o el p edominio de la acul ad analí ica desposee necesa iamen e a la an asía de su
ue za y de su ene gía, an o como un campo de acción más limi ado la empob ece. Po
l.
Schille ,F. Ka/lias. Ca as sob e la educación es é ica del homb e. Es udio in oduc o io de Jaime
Feijóo. Edición bilingüe. T aducción y no as de Jaime Feijóo y Jo ge Seca. Ba celona, An h opos, 1990.
Vigésimosép ima Ca a (pág. 374-75).
204 Diego Rome o de Solís
ello, el pensado abs ac o posee casi siemp e un co azón ío, po que acciona las
imp esiones, que sin emba go sólo conmue en al alma cuando cons i uyen un odo; el
homb e p ác ico iene con mucha ecuencia un co azón ígido po que su imaginación,
ecluida en el ámbi o uni o me de su ac i idad, no es capaz de ex ende se hacia o as
o mas de ep esen ación»2•
V.
La dimensión es é ica es á llamada a si ua se ue a de los lími es epis emológi-
cos au o i a ios, po que, al se el eino de la imaginación, alimen a cons an emen e el
sen imien o de libe ad, ensancha la concepción de la misma y ecupe a el con enido
u ópico de la p opia sensualidad. La conquis a del place es un p oceso in elec ual de
libe ación que aba ca al indi iduo y a la especie, a lo pa icula y a lo uni e sal, a lo
obje i o y a lo subje i o. La dimensión es é ica es á con ínuamen e a i mando la
posibilidad de la elicidad no sólo en la sensualidad de F agona d sino ambién en la
desespe ación an e lo ho ible de Goya. El a e piensa al homb e a la mane a de Miguel
Angel y a la mane a de Bacon, y g i a como el Laoocon e y como Munch. Hay, sin
emba go, acaso siemp e, una insis encia, un ges o equí oco, una insinuación desde la
que i umpe, de p on o, el caudal de la ida, la p omesa de elicidad. Las limi aciones de
lo es é ico no pa ecen depende de la e dad exac a, del análisis cien í ico, de la
explicación y del lenguaje o malizado; más bien p o ienen de la al a de inspi ación, de
la ca encia de es ilo, de la escasez de la palab a; es un discu so, una esc i u a que e ela
lo que no exis e, lo que no puede jus i ica se. La dimensión es é ica no pa ece que
equie a un mé odo posi i o, demos able, cien í ico (aunque en el ondo el pensamien o
es é ico lo ansíe, como lo ansía sec e amen e el a is a, y como lo sueñan el c í ico, el
gale is a o el in e so en ob as de a e); lo es é ico acon ece en el o bellino de la
inspi ación, del abajo y el aza de la palab a, en la sensibilidad he ida po el ecue do
de
una eligión o iginan e, en la pe manencia poé ica de los mi os, en la exp esión de lo
i acional, en lo acional, en los ondos a canos de nues o mundo, de noso os mismos,
de los que b o a mis e iosamen e la belleza, la a monía, y el caos.
«La con emplación (o e lexión) es la p ime a elación libe al del homb e con el
mundo que le odea. Mien as que el ape i o ehemen e ap ehende di ec amen e su
obje o, la con emplación aleja el suyo de sí y, al p o ege lo de la pasión, lo con ie e en
su p opiedad e dade a e indeleble. La necesidad na u al, que dominaba absolu amen e
al homb e en el pu o es ado sensible, lo abandona en la e lexión, una paz momen ánea
se apode a de los sen idos, el iempo mismo, lo e e namen e cambian e, se de iene,
mien as se concen an los dispe sos des ellos de la conciencia, y un e lejo de lo in ini o,
la o ma, p oyec a su luz en el e íme o ondo. Cuando se hace la luz en el homb e, ya no
hay más noche ue a de él, cuando alcanza la se enidad, se aplaca ambién la o men a
del uni e so, y las ue zas na u ales en pugna encuen an la calma en e lími es
2.
op. ci . Sex a Ca a (pág. 153).
Desde el co azón del Renacimien o 205
pe manen es. Po eso no
ha
de ex aña que los poemas undacionales hablen de ese g an
suceso en el in e io del homb e como si una e olución en el mundo ex e io se a a a,
y que ep esen en al pensamien o, que iun a sob e las leyes del iempo, con la imagen
de Zeus poniendo in al eino de Sa umo»3•
VI. Cuando F eud elaciona el p incipio de ealidad con el a is a dice que és e,
apa ado o igina iamen e de la ealidad, deja lib e en su an asía, los p opios deseos
e ó icos y ambiciones, pa a encon a el camino de e omo desde es e mundo imagina io
a la ealidad a a és de su c eación a ís ica, log ando po medio de la imaginación una
especie de ealidad, su ob a, que los demás admi en como una imagen aliosa de la
ealidad, y es algo que el a is a log a, po que los demás ambién sien en la misma
insa is acción an e la ealidad, aunque no sean capaces de exp esa la de un modo
c ea i o. La comunicación a ís ica su ge en es a enc ucijada, po que los ins in os
insa is echos son las ue zas impulso as de la an asía, y es cada uno de sus mani es a-
ciones una sa is acción de deseos, una ec i icación, un a eglo de cuen as con la ealidad
que no sa is ace y que hay que co egi , supe a . Hay unos e sos de Pessoa que de
mane a especial pa ecen incidi en es a imagen aliosa de la que líneas an es hablaba
F eud:
«Me mul ipliqué pa a sen i me,
pa a sen i me necesi é sen i lo odo,
me desbo dé, no hice sino ex a asa me,
me
~esnudé,
me en egué,
y en cada incón del alma le an é al a a un dios dis in o.
Los b azos de odos los a le as me es echa on súbi amen e emenino,
y yo, sólo pensa lo, me desmayé en e músculos imaginados.
En mi boca ue on dados los besos de odas las ci as,
se agi a on en mi co azón los pañuelos de odas las despedidas,
odos los llamamien os obscenos de ges o y de mi ada
golpea on de lleno mi cue po luyendo hacia los cen os sexuales.
Fui odos los asce as, odos los ma ginados, odos los como ol idados
y odos los pede as as -absolu amen e odos (sin al a ninguno).
!Qué endez- ous ojo y neg o en el ondo-in ie no de mi alma»4•
3.
ibid. Vigésimoquin a Ca a (pág. 333).
4.
Pessoa,
F.
Paso de las ho as,
en
An ología de Al a o de Campos, edición bilingüe p epa ada po J.A.
LLa den . Mad id, edi o a Nacional, 1978 (pág. 159-161).
206
Diego Rome o de Solís
VII. La dimensión es é ica es ambién ec i icación, ansg esión de lo eal. El
suje o i encia con la imaginación la posibilidad de se más que él mismo, lími e que no
es el sis ema de la obje i idad sino el odo de la subje i idad, el a isbo que escapa de la
cos umb e ado mecida en lo co idiano y que in uye sensiblemen e lo que la me a ísica
dogmá ica diagnos icaba como una in uición in elec ual. ¿Cuándo se pe dió el
p o agonismo de la imaginación c eado a? «La imaginación como elemen o mágico y
mediado en e el pensamien o y el se , enca nación del pensamien o en la imagen y
p esencia de la imagen en el se , es una concepción de ex ao dina ia impo ancia que
juega un des acado papel en la iloso ía del Renacimien o y que ol emos a encon a
en el Roman icismo»5• Desde el neopla onismo la imaginación golpea a la iloso ía,
acaso desde mucho an es, al ez desde los p esoc á icos, desde la conciencia de la
agedia que se le an a como concepción del mundo de un pueblo luminoso. La iloso ía
c is iana medie al condenaba en é minos gene ales la imaginación. San Agus ín
concebía la imagina io como la humilde si ien a del in elec o po lo que debía siemp e
obse a los es ic os lími es de la ep oducción. Rica do de San Vic o hablaba de la
in luencia co up o a que la imaginación podía eje ce sob e la p ác ica espi i ual de la
con emplación. San Buena en u a pensaba en la me á o a del espejo e insis íae en la
imi ación; dis ingía en e un buen uso de la imaginación, la imagina io como colabo-
ado a en el ascenso de la men e humana hacia Dios, y de un mal uso, la imagina io
phan as ica, es deci , la an asía, an p opensa a con undi al juicio y a ae a los
demonios. San o Tomás ampoco daba au onomía a la imaginación, y es p obablemen e,
po su in luencia, uno de los ilóso os esponsables de la iden idad en e imaginación y
an asía, que él en e ec o conside aba sinónimos, como una especie de almacén de o mas
que son admi idas a a és de los sen idos, y po lo mismo luga sinies o donde acecha
el demonio. Pe o econocía en la imaginación una po encia ac i a que le hace se uen e
de ilusión y acul ad in en i a; su luga , en cie o modo p i ilegiado, le p ocu a un doble
con ac o con el mundo in e io de los sen idos y con el mundo supe io de la luz espi i ual.
La poesía inspi ada se á, po an o, ob a de la imaginación que apa ándose de su o igen
mundano iene que se iluminada desde a iba. Dan e io en la imaginación una acul ad
in e media que p oduce imágenes sin las que no puede unciona el in elec o en la
cons ucción de lo abs ac o. La isión poé ica es, po an o, al a an asía. Con Gio dano
B uno designó el conjun o de los sen idos in e nos, la uen e i a de las o mas o igi-
nales, el p incipio de la in ini a ecundidad del pensamien o. La imaginación iene como
sopo e en el homb e un alma inquie a, un spi i us phan as icus, semima e ial,
semiespi i ual que según una adición p oceden e de Sinesio y ansmi ida po el
neopla onismo lo en ino en oncaba con el alma del mundo y con ese su il espí i u
5. V. Koy e, A. Mys iques, Spi i uels, Alchimis es du
XVI
siecle allemande. Pa ís, 1955 (pág. 60) y La
Philosophie de Jacob Boehme. Pa ís, 1929.
La
ci a la omo de Hen y Co bin: La imaginación c eado a en el
su ismo de Jbn A abi. Ba celona, Des ino, 1993 (pág.399, no a 158).
Desde el co azón del Renacimien o 207
ma e ial que cons i uía el luido plane a io po lo que los e ec os cósmicos pasaban y
llegaban has a noso os po la is imagina i a. La imaginación conec a con lo p imigenio
y se hace undamen o del a e. Una co ien e de pensamien o médico, p oceden e de
Pa acelso, inc emen ó es e mo imien o ilosó ico y gnós ico. Pa acelso pensaba que la
imaginación cons i uía el mayo pode del homb e; su cue po in isible -como un sol
in e io - dominaba el cue po in isible y ac uaba a dis ancia, incluso sob e los mismos
as os. Pe o Pa acelso ad e ía que es a Imagina io no es la an asía, a di e encia de la
imagina io e a, la an asía es un juego del pensamien o, sin undamen o en la na u aleza,
nada mas que «la pied a angula de los locos»
(una
ad e encia que, según Hen y Co bin,
debie a p e enimos del pelig o de una con usión habi ual, gene ada po una concepción
del mundo que sólo pe mi e habla de la unción c eado a de la Imaginación en sen ido
me a ó ico: «Tan os es ue zos in e idos en eo ías del conocimien o, an as «explica-
ciones» (p oceden es de un modo u o o del psicologismo, del his o icismo o del
sociologismo) han acabado po anula la signi icación obje i a del obje o, en con as e
con la concepción gnós ica de la Imaginación, que la plan ea como algo eal en el se ,
y hemos llegado así a un agnos icismo pu o y simple. En es e ni el, pe dido odo igo
e minológico, la imaginación se con unde con la an asía. Que enga un alo noé ico,
que sea ó gano de conocimien o po que «c ea» se , es algo di ícilmen e compa ible con
nues os hábi os men ales» )6• El mismo Ficino ambién andu o ce cano a es a sensibi-
lidad: iloso a no es exac amen e comp ende acionalmen e algunos aspec os de la
expe iencia o log a nue os a i icios lógicos. La au én ica iloso ía e a pa a Ficino el
descub imien o mis e ioso del se , a apa su sec e o, y a a és de un conocimien o que
es á más allá del conocimien o cien í ico llega a comp ende el signi icado úl imo de la
ida libe ando al homb e del ho o de su condición mo al (su imos po que es amos
exiliados y nues a búsqueda cons an e, nues o aguijón, esponde a la a acción
i esis ible del in ini o, po lo que al ez necesi emos imagina , busca en el espejo
al
menos el b illo de la silue a que no e mina, como aquellos que sólo quie en e en sus
semejan es el au a, la u opía que in ade su con o no). No son sabios los que indagan con
el obje i o de ence a la o alidad den o de las mue as ba e as de los concep os sino
quienes in es igan po eencon a se con el in ini o uni e so i ien e, pa a undi se,
acaso desde el sol in e io , con esa po encia c eado a y con e i se ellos mismos en
c eado es. La cons an e a i mación de Ficino de que A is ó eles sólo ale pa a el mundo
ísico pe o que lo impo an e se encuen a más allá de la ísica, más allá del mundo y de
los signos, esponde a una exigencia de espues a absolu a a nues a in ocación
desespe ada. Había un espí i u, una coincidencia común: Keple , Pa acelso, Ag ipa de
Ne esheim, B uno, odos pensaban que el uni e so e a un se i ien e, do ado de alma,
y los se es pa icula es no e an más que emanaciones de un Todo, como somb as
6.
Ci . en Koy é, op. ci . (pág. 210). Véase ambién de Jean S a obinski su lib o
La
elación c í ica
(psicoanálisis y li e a u a). Mad id, Tau us, 1974.
208
Diego Rome o de Salís
b illan es a queaJas po la an asía. Acaso ambién llegó has a el Renacimien o, como
puede llega hoy a noso os, los ecos de la eoso ía mís ica de lbn A abi, y de aquellos
que le son p óximos, la idea de que la c eación es esencialmen e una eo anía, un ac o
del pode de la Imaginación di ina, y de mane a semejan e sea ambién una eo anía la
c eación del homb e, la c eación que b o a como un o en e del mundo in e io , de poe as
y a is as, de ilóso os, de suje os indi iduales y colec i os, la c eación del alma, y la
cons an e p esencia de ese mundo in e medio que pa ece ilumina lo que de o a mane a
no exis e
(«
... po lo demás -esc ibe Hen y Co bin-, en e la eoso ía de lbn A abi y la de
los eóso os del Renacimien o o de la escuela de Jacob Boehme, exis en co esponden-
cias lo su icien emen e so p enden es como pa a jus i ica los es udios compa a i os
que ya hemos suge ido en la In oducción,
al
apun a las si uaciones espec i as del
eso e ismo en el Islam y en el C is ianismo. En una y o a pa e encon amos ideas
comunes: la idea de que la di inidad iene pode de imagina y de que ue imaginándolo
como Dios c eó el mundo; la idea de que sacó el uni e so de sí mismo, de las i ualidades
y po encias e e nas de su p opio se ; de que exis e en e el uni e so del espí i u pu o y
el mundo sensible un mundo in e medio que es el mundo de las Imágenes, mundus
imagina/is (mundo de la «sensibilidad sup asensible», del cue po mágico su il, «el mundo
en el que se co po i ican los espí i us y se espi i ualizan los cue pos», como se di á en
el su ismo); de que ése es el mundo sob e el que iene pode la Imaginación, que p oduce
sob e él e ec os an eales que pueden «modela » al suje o que imagina, y que la
Imaginación « ie e» al homb e en la o ma (el cue po men al) imaginada po él. En
é minos gene ales, obse amos que la acep ación de la ealidad de la Imagen y de la
c ea i idad de la Imaginación se co esponde con una idea de la c eación ajena a la
doc ina eológica o icial, la doc ina de la c ea io
ex
nihilo, an in oducida en nues os
hábi os, que se iende a conside a como la única idea álida de c eación. Pod íamos
incluso p egun a nos si no hay una co elación necesa ia en e es a idea de la c eación
ex ni hilo y la deg adación de la Imaginación on ológicamen e c eado a, de al modo que
la decadencia de és a en an asía seg egado a sólo de lo imagina io y lo i eal, que
ca ac e iza ía a nues o mundo laicizado, encon a ía sus undamen os en el mundo
eligioso que le p ecedió, en el que impe aba esa pa icula idea de la c eación»7•
VIII. El Renacimien o pe manece en el Roman icismo, y un eco de ideas, de
sen imien os, de aspi aciones, que manan de la in eligencia y del co azón enacen is a,
se agolpan aho a en es e nue o mo imien o de la imaginación c eado a. Imagina se á
pa a el alma omán ica c ea y conoce , pa icipando amo osamen e en la ida del g an
odo, p olongando la exis encia de la na u aleza o de Dios. La imaginación e ela el
sen ido de lo apa en e o co idiano; es el iaje in e io de No alis, la llamada del p opio
espí i u en la con icción de que el uni e so es á den o de noso os. La imaginación c ea
7.
Koy é, op. ci . (pág. 212-213).
Desde el co azón del Renacimien o
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lo sublime -la up u a con el en endimien o, la pleni ud de la azón- que b o a de la idea
de la azón en con ac o con la acul ad imagina i a (un lib e juego que no inaliza
en
un
concep o sino en un sen imien o,
en
una expe iencia es é ica, como esos mo imien os
del se humano
en
la his o ia que us igan las endencias mó bidas del some imien o y
log an ensancha los caminos de la libe ad, o como el iaje o que, de p on o, as una
du a jo nada con el sudo del miedo y del es ue zo pegado a su cue po, exhaus o,
descub e el alle luminoso, humano, a sus pies, y sien e algo ce cano a la belleza, al
espe o y a la elicidad, a e iéndose a in ui
en
la inmensidad del paisaje el océano de
su p opio co azón, y p esin iendo en la dignidad de su es ue zo, de su camino, de su
conciencia, la idea de Dios como a que ipo sup emo de su p opia dignidad, es deci , de
su alo ,de su audacia). En e el sueño de HOlde lin y la igu a humana que con empla
desde la cima de una mon aña un ma de nubes -me e ie o, cla o es á, al conocido cuad o
de F ied ich- media el co azón he e odoxo del Renacimien o.
La
imaginación kan iana
había sido capaz de sin e iza en cie o modo es a leyenda imagina ia que aspi aba a se
e dad. Lo sublime exal aba la imaginación po encima del concep o y de la misma
belleza, y empujaba al suje o a
un
des ino abie o, b illan e (el sen ido de su p opia
g andeza ín ima) o ce ado (la e lexión mendiga de HOlde lin, el imán absolu o de una
ma e ia que a as a siemp e desde una a acción ine i able).
La
conciencia ija de alguna
mane a lo sup asensible (lo que es de po sí inde e minable), pe o no en cuan o e dad
obje i a sino en cuan o e dad sen ida, imaginada,
en
cuan o expe iencia es é ica, algo
que ya, en cie o modo, sos enía Ficino pa a quien la pe spec i a de A is ó eles y de
Epicu o esul an equi alen es: ambos e an sus ancialmen e ísicos y no iban más allá de
la
na u al~za,
po que pe manecían ieles a lo limi ado, a lo legal, lo que suponía, según
Ficino, condena al homb e a una si uación ca en e de sen ido. La e dad en Ficino no
e a un é mino lógico, una abs acción concep ual; e a cie amen e como un alma, un
p incipio de ida, una e dad que hab ía de exp esa se en símbolos, imágenes y igu as.
El di cu so igu osamen e acional con end á a la ciencia, pe o la iloso ía es ansg esión,
ama y despe a amo (el homb e es nudo o himeneo del mundo, donde odos los ó denes
de la ealidad, odos los g ados de se se en elazan, y así el mundo in e io puede accede
al supe io ; el homb e lo ecoge odo en sí mismo, como un pescado con su ed, y a a és
de sus ojos, de su isión, mi ando a oda la ma , de ol e á odas las cosas a su única
uen e, en un mo imien o ci cula de eg eso,
en
donde queda ía e lejada esa palpi ación
de lo i o, del se , que se encamina una y o a ez hacia el cen o de sí mismo8•
IX. Una iden idad esencial eúne a odos los se es y una elación de simpa ía ige
odas las mani es aciones de la ida y explica la c eencia de odos los pensado es
en
la
magia. El homb e puede encon a la c eación en e a en
sí
mismo, en su in e io idad, en
el ca ác e sag ado de su pensamien o. Conoce es i hacia aden o, hacia el abismo
8.
V.
P.O. K is elle , Renaissance Though and
l s
Sou ces. New Yo k, 1979.