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El arraigo y la energía, principios informadores del héroe en Maurice Barrès

Porras Medrano, Adelaida

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Théknse. Revista Complutense de Estudios Franceses 155N II 39 9368 2000,15: [13-124 El arraigo yla energía, principios informadores del héroe en Maurice Barrés ADELAIDA PORRAS MEDRANO US La obra narrativa de Maurice Barr~s presenta un marcado carácter ideoló - gico, inseparable de las circunstancias históricas de su época. En efecto, la evo - lución que su producción describe —del egotismo al nacionalismo, para de - sembocar en un misticismo de corte panteísta— es, en gran medida, un intento de afirmación de la opción tradicionalista ante el progresismo institucional quecaracteriza la III República. Basándose en ladefensa del relativismo, de la realidad concreta que una tradición define frente a la abstracción universalista de la moral oficial, este autor concibe a sus personajes como individuos cons - truidos y determinados por el peso de una herencia transmitida por las genera - ciones precedentes. La aceptación de esta herencia da lugar a la creación del hé - roe, que encuentra en ella su verdadera identidad y que, en función de las etapas que marcan la evolución antes señalada, se veráforzado a descubrir, afir - mar o dominar el bagaje del que es depositario. Nuestro propósito es reproducir este itinerario, para lo que partimos del es - tudio Cont¡e la décadence de Pierre Citti (1987: 94), quien afirma que Barrés reúne de un modo peculiar las tres grandes opciones características de la es - critura del fin de siglo: el individualismo, el culto a la energía y la inclinación hacia la conversión religiosao experiencias trascendentes similares, conversión que considera analógica ante la sacralización que el autor realiza de su propio yo en Le Cuñe dii mci2 Banés sigue en efecto el itinerario que Cliii define y que va, desde la búsqueda de la originalidad egotista, hasta la asunción de la responsabilidad colectiva (Citti, 1987: 58-59). A pesar del polimorfismo queel individualismo reviste en este fin de siglo, Una primera versión de este artículo, titulada «Naturaleza del héroe en la novela de M. Barrés>,, ha sido publicada en Exetnplaria. Revista de Literatura ComparadalIournal of Compa - ¡-ative Literature, 3,1999, 111-122, 2 Trilogía egotista, dedicada por tanto al análisis del propio yo, ycompuesta por Sous locil des Barbares (1888), (Jo 1-lonime libre (1889) y LeJardindeBérénice (1891). 113 Adelaida Porras Medrano El arraigo y la energía, principios iplormadores del héroe,.. cabe sin embargo hablar de algunos puntos de contacto en los que el egotismo barresiano participa: El héroe, el yo, se presenta como un enfermo de lucidez ante laexperiencia de su propio análisis, producto de una hipertrofia de la conciencia de si mismo. Es pues un esteta cuyo desprecio por lavida práctica se hace patente en el deseo de profundización de su singularidad, que le otorga una pasividad dramática~. Inepto para la acción, transmite una representación deformada de la realidad, consecuencia de un subjetivismo exacerbado. Al mismo tiempo, este yo-héroe se configura como un ser en fonación, en - carnación de la juventud y a través del cual se introduce en la escritura la dia - léctica discípulo-nuestro quedeja al descubierto la conciencia desdoblada del yo, cuya única salida es la de convertirse asu vez en generador de influencias o, lo que es lo mismo, aceptar la acción como práctica ontológica (Citti, 1987: 3690). La segunda gran deriva de esta conciencia finisecular a laque antes aludí - amos, es la ensoñación de la energía como fuerza transformadora. En 1847 el físico alemán Hermannvon Helmholtz formula su principio de conservación de la energía en su Memoria sobre la conservación de las fuerzas, por el que la Mecánica, aún considerada por Comte como una rama de las Matemáticas, se une a la Física general. Esta teoría se vulgariza con la rapidez que le propor - ciona su simetría con el principio químico de Lavoisier: para lamateria, como para el movimiento, nada se pierde, nada se crea (Citti, 1987: 118 y Hall, 1974: 13 y ss.). Toute ‘force vive’ suppose, non une fórce morte, mais une force potentielle, p¡-oportionnelle, intacte, en réserie, qui attend de renaitre. <¼..) A défaut de montrer la nc sortant de la niatiére, on attribue á la inatiére (inerte, j?oide, morte) dynamisme, vitalité et méme une sori’e de dignité spirituelle (...) (Citti 1987: 118). El culto a la energía privilegia, por tanto, la materia, su medio de conser - vación, donde confluyen distintos significados. La materia se transforma en energía, la energía en espíritu y viceversa. Será precisamente la conformación de este triángulo de fuerzas la que mueva a Barrés a intentar, dentro de la en - soñación de la materia, la recuperación de una trascendencia que pasa nueva - mente por el culto ala energía, para culminar en una visión panteísta del cos - mos que ésta última propicia. Este es pues, agrandes rasgos, el ámbito en queel héroe barresiano evolu - ciona. Y hablamos de evolución conscientes del doble dinamismoque este tér - mino encierra, como movimiento y como progresión, ya que nada hay más ale - jado del héroe barresiano que el estatismo. Estas características definen sin duda al protagonista de Sous locil des Barbares, así como al de la primera parte dc Un 1-brume libre. ThéMrnc. Revista Complutense de F:studios Franceses 2000.[5: 113-124 114 Adelaida Pon-as Medrano El arraigo y la energía, principios informadores del héroe, -- Metamorfosis, por tanto, que va desde elanónimo héroe del Culte du moi, el Philippe del último texto de la trilogía, que el lector, por la ausencia de nombre, asimila sistemáticamente al yo, finalidad con laque éste concibe dicha estratagema, hasta el atormentado protagonista de La ColIme inspirée (1913), texto de madurez cuyas raíces históricas desfiguran su relación con el yo, que, sín embargo, queda puesta de manifiesto por la creación de un continuo meta - discurso. Entre ambos estadios, punto de partiday de llegada del devenirheroico, si - tuaríamos un eje central, Le Roman de l’energie nationale4, en el que el héroe se fragmenta, personificando las distintas pulsiones que dividen al yo, y dando lugar a procesos de surhominización en los modelos que a éste se ofrecen como medio de canalizar su propia energía. Veamos pues ahora cómo este héroe estructura sus funciones en la escritu - ra barresiana. Partimos paraello del Culte du moi, donde el héroe se configura como un yo omnipresente, inmerso en un proceso evolutivo, sinónimo de búsqueda de per - fección: le jeune homme de Sotes locil des Baibares, roman de la vie intériete - re, histoire ¿Ls années d’apprentissage dun Mcl (Barrés, 1 980a: 7), busca su di - ferenciación a través de lapropia afirmación frente al mundo, les Barbares5. Potenciación, pues, de la propia conciencia, en la que el lector no puede evi - tar la implícita, yen ocasiones explícita, identificación héroe-yo, única realidad tangible en lapercepción de si mismo, del mundo y de la Historia. La ,-éalité carie avecchacun de notespuisquelle est lensemble de nos habi - tudesde voir, de sentir etde Jaisonner. (Barrés, 1980a: 7). Una vez asumida la dialéctica yo-otro, Moi-Barbares, elhéroe, consciente de su necesidad de afirmación frente a este universo hostil, inicia una practica catártica, correspondiente a su huida del mundo y a su reclusión en el claustro de Saint-Germain en Un Homme libre. Proceso catartico, decíamos, por el análisis de tipo ascético del propio yo que en él se lleva a cabo, y donde el héroe personifica, a través de su amigo Si - mon, la dialéctica que mantiene consigo mismo. Desdoblamiento, por tanto, y función hedonistica del análisis y la exaltación de la propia conciencia, en el placer narcisista que el héroe experimenta en su propia aprehensión (Barrés, 1980b: 20 y ss.). El camino del conocimiento del si-mismo describe una trayectoria involu - tiva, paralela a un regreso hacia la infancia, que se traduce en la escritura por un intento de recuperación del pasado, donde el héroe se concibe a sí mísmo Trilogía nacionalista compuesta por Les Déracinés (1897), L’Appel au soldat (1900) y Leurs figures (1902). Esta noción es exp¡ic-ada porel pmpio Barrés (l980a: ¡83) de ¡a siguiente manera: Les Bar - bares, vodó le non-moi, cestá-dire tout ce qui peut nuire ou résister au Mol. 7ié¡éma Revis[a Complutense de Estudios Franceses 115 2000. 15: [3-124 Adelaida Porras Medrano El arraigo yla energía, principios informadores del hé,-ae,, - como receptor de la energía de las generaciones precedentes de la comunidad en la que se integra: Alors je rentraidans mon univers, Par un effort vigoureux que facilitaient ma dét,-esse morale et la solitude nue de cette chambre, je projetai haes de moi-méme ma consciente; son atmosphc&e et les principales idéesqui sy meuvent. Je ma - térialisai les formes habitue/les de ma sensibilité 1’ avais Pi, campés devaní moi carnme une carte de géographie, tous les points que, g’-&-e O man analvse, j’ai pelevés et déc-rits en man ¿me D’abord un vaste tetritoire, mon tempéramení, produisant ayee abondance une bel/e variété de phénoménes, rebelle a certaines cultures, stérile sur phusieurs points, oñ des parties sont encore O découvrir, pO/es. indécises etfloítantes. (..) le vis aussi de grands travaux accomplis par des générations d’inconnus, et le reconnus que c’ était la labeur de mes ancétres lo¡-rains. Or, taus ces marts qui m’ont báti ma sensibilité bientót rompírení le silence. Votes compienez c-omment ce/a sefit: c’est une conversation intéricure queja - vais avec moi-méme; les vertus di verses e/ant jétais le son tota/me donnaient le conseil de chacun de ceus qui mont créé O travers les ¿ges. (Barrés, 198Gb: 128129). La metáfora material por laque el héroe se define (vaste territoire), pone ya de manifiesto la recuperación del espacio natal (mes ancétres lorrains), prefi - gurando la noción de arraigo, clave para la comprensión de laobra barresiana, a la vez que favorece el paso a laacción ante el descubrimiento del progresivo deterioro de dicho espacio: Daus la nuit répandue, la Lorraine m’appa¡-aissait comme un g¡and animal inojjénsifqui, toute énergie épuisée, ne vitplus que e/une vie végétative; maisje compris que notes naus génians également. étant lun O l’autre le miroirde notre propre affaisement. (Barrés, 198Gb: 127-128). Con Le Jardin de Bérénice el héroe pierde su anonimato (désoimais il se nommera Philippe) y describe un doble movimiento que es, al mismo tiempo, profundización y consecuencia de las etapas anteriores: culminará su proceso In - volutivo con eldescubrimiento del alma de la raza —1 imagination de 1 origine par excel/ence, ce sont les représentations de la race (Citti, 1987: 150)—, y avanzará en su propio perfeccionamiento por la adhesión a la acción, práctica ontológica que representa la actividad política. La dialéctica entre involución y evolución que este doble movimiento ma - nifiesta queda conciliada por la superestructura ideológica del texto que, a tra - ves de una continua ensoñación del pasado, proyectada en imágenes materiales, trata de recuperar el espacio de la tradición, donde la acción, opción ideológica, y la meditación, regreso hacia el origen, se funden. Personaje clave para la consecución de esta doble finalidad es Bérénice, criatura instintiva, formada en el arraigo ala tradición de la tierra natal, que in - troduce en el texto la relación maestro-discípulo y pone de manifiesto el desThét¡nse. Revista Complutense de Estudios Franceses 2000. [5: [ 3-124 116 Adelaida Porras Medrano El arraigo y la energía, principios informadores del héroe,.. doblamiento del yo en la dialéctica que éste, a través de Bérénice, establece consigo mismo. Bérénice otorga al relato una estructura iniciática, por laque Philippe, el hé - roe, se conviene en el prototipo del iniciado, descubriendo asíla función del in - consciente, concepto que realiza la síntesis entre el pasado, inconsciente co - lectivo, yla voluntad de la masa, que Pbilippe trata de conocer como base para su exito político. Un doble conflicto palpita en el interior del héroe, que se encuentra dividi - do por pulsiones contrapuestas: lafluctuación entre acción y meditación, clave de toda la concepción heroica en Barrés, y la doble percepción que el héroe tie - ne de si mismo como realidad fragmentada entre la multiplicidad de sus emo - ciones y sensaciones y su aspiración hacia una unidad integradora. La salida de ambos conflictos viene determinada por la ensoñación de la energía: el descubrimiento del inconsciente, energía vital, encauzala acción po - lítica de Philippe y la tradición, energía que perdura de generación en genera - ción, descubre al héroe una unidad en la que integrar su fragmentareidad. La ensoñación de la materia, donde la actividad energética de las genera - ciones precedentes queda aprisionada, provoca unavisión panteísta del cosmos donde el espacio, símbolo de una voluntad de detención del tiempo, se erige en protagonista: le tou<-hais avec une certitudeprodigieuse /apuissance infinie, l’indompta - He énergie de ¡¿me de /‘univers que ¡amais lefroid ncprend ate coeur, qui ne se décoterage sous lapierre daucun tombeate etqui chaque joter ressuscite. (Barrés, 1980c: 83). Metadiscurso ideológico, por tanto, por la lectura con referente enel yo que el texto genera, prepara ya la función positiva de la noción de arraigo que ahora sintetiza Bérénice, personaje asimilado al espacio, cuyo isomorfismo simbólico hace de ellala representación, por una parte, del deseo de retomo a la madre y, por otra, del concepto depatria que, al igual queel personaje, queda - rá sacralizado al final del texto. Con Les Déracinés, y de forma más general conLe Roman de l’énergie na - tionale, Rarrés, que integra desde ahora su escritura en la colectividad, ofrece un roman O thése. Tomando como referencia la frase de Citti (1987: 128), según la cual sur limagination de l’énergie repose le roman a thése, qui voudrait inciter le lecteur a agir, recuperamos pues la ensoñación de la energía, que, frente al re - poso que caracterizaba la meditación (deseo de fijación en el espacio) en las producciones anteriores, se traduce ahora por imágenes de actividad y fuerza: Tout ce qu’il ya defureur, de basse haine, d’exaspération cha l’amant re - poussé qul viole une jeme fi/le dédaigneuse, u/tez le malade enragé qul décizire ses banda ges, éclatait sur son front ates veines gonflées, sur son cote de jeune taureate. (Barrés, 1922: 141, vol. 2) fléteme. Revis[a Compiutense de Estudios Franceaes 117 2000,15: i[3-124 Adelaida Porras Medrano El ar-aigo y la energía, principios informadores del héroe... El segundo concepto conforme al cual el héroe se arttcula, el arraigo, queda ya patente por la presencia de su antónimo en el título de la novela, metáfora de ca - rácter negativo que hace depender al hombre de la tierra y que se vuelve com - prensible a partir de la unión de ambos conceptos a través de la imagen de la raíz. El carácter negativo del desarraigo se generaliza, tal como afirman Karátson y Bessiére (1982: 23) como consecuencia de la novela barresíana: Mais c’ esí á lafin da XIXéme siécte, á la suite da Tornan de MauriceBarrés, Les Déracinés (1897), quil (le déracinement) este/evente ten symbole n4faste de la dégradation et de la destruction des va/etas morales et quil est passé dans 1 arsenal idéologique de toas les nationalismes. El desarraigo, noción que Barrés utiliza comme allégorie dun processus existentiel provoqué par /‘intellectualisme (Karátson y Bessiére, 1982: 224), responde a la recreación en la escritura de un conflicto de orden histórico, po - lítico e ideológico, del que se estructura como núcleo temático, dejando tras - lucir la dialéctica acción-meditación como conflicto existencial latente a todo lo largo del texto. Les Déracinés, centro neurálgico de la escritura barresiana, no sólo por el momento de su realización y por las realidades históricas a las que su acción alude, sino por el eslabón fundamental que supone en la progresión ideológica de su autor, plantea, a partir de una situación histórica real y desde lacrítica al sístema educativo republicano como pte-texto, una tesis nacionalista funda - mentada en la defensa de la tradición (Porras Medrano, 1996: 9-78). Por otra parte, esa ideología nacionalista se ve sustentada por unas bases fi - losóficas que establecen un nuevo conflicto dentro del texto: frente a larígida moral kantiana encarnada por su personaje Bouteil[er y que supondría la nega - ción de todo valor particular ante las normas universales, Barrés sitúa una concepción biológica y determinista del ser basada en ladoctrina de Taine, así como una moral de superación cercana al vitalismo de Nietzsche. Estas dos doctrinas, a su vez, se estructuran de manera dialéctica poniendo de manifiesto el conflicto existencial que informa toda la obra: meditación o acción. Ambos conceptos conviven a lo largo del texto representando el primero un deseo de dominación intelectual centrado en elperfeccionamiento del yo, cuyo proceso sería el del método científico de Taine, y el segundo, el deseo de do - minación de ese yo frente al exterior, voluntad de acción que emana de una exaltación vitalista ala manera de Nietzsche. Estas constantes ideológicas dan lugar a una realidad temática cuya crea - ción estará condicionada en tres direcciones: La dimensión tradicionalista, que fijará la producción semántica del texto en tomo al soporte material de su concepto primordial (la tierra por un lado y la patria por otro), dando lugar a una visión monista de la realidad cuyo último principio es latierra. Théléote. Revista Conp[utense de Estudios Franceses 2000,15: [13-124 118 Adelaida Porras Medrano El arraigo y la energía, principios informadores del héroe,.. — La dimensión biológica, que considera las manifestaciones de la natu - raleza, en cuya base se encuentra el instinto, como las únicas válidas para guía de la conducta y que, en un proceso metafórico, equipara al hombre a un animal o a una planta. — La dimensión vitalista, que considera la voluntad de dominación como úni - co motor de la superación del hombre y que fundamenta toda actividad en tomo a las imágenes de la energía, desembocando en una visión panteísta del cosmos. Se origina así una identificación que provoca el que los elementos mate - riales sean asimilados a conceptos espirituales: no hay espacio geográfico, sino histórico. Los valores espirituales del texto, a su vez, serán aprehendidos a partir de la dimensión biológica de la reproducción, que se apoyaría sobre la equiparación tierra natal =tierra madre, por la que elhombre, el héroe, siempre es concebi - do como un producto de ésta. El yo también se concibe a símismo a partir de este macro-tema, de modo queconsidera que la culminación del ciclo vital llega con el enterramiento, ce - remonia por la que el héroe queda definitivamente integrado en la tierra, ala que cede su energía, que ésta proyectará sobre los nuevos seres que de ella naz - can. Se crea así un circulo en cuyo centro encontramos el tema de la energía como nueva manifestación de la ensoñación terrestre, del arraigo, y que expli - ca la noción recurrente del culto a los muertos: Son geons que toute giandeur de la Franc:e est due ¿ ces homnies qui sont en - sevelis dans Sa terre. Rendons-/eur un cte/te qui notes augnzentera. (Barrés, 1922: 236, vol. 2). Será precisamente elempleo peculiar de estaenergía, proyectada en la co - munidad, elque convierta al hombre en superhombre, proceso en el que nos de - tendremos más adelante. El héroe, reproducción del yo dentro de esta estructura conflictiva, se frag - menta en la multiplicidad de opciones existenciales que tratan de dar respuesta al desarraigo: desde la trinidad barresiana (Domenach, 1960: 38) en laque Gal - lant de Saint-Phlin personifica el retomo alespacio natal, Sturel la adhesión ala acción —que en L’Appel ate so/dat se transformará en compromiso ideológi - co—, y Roemerspacher, la meditación como consecuencia de la aplicación del espíritu científico, hasta la creación del superhombre, con el que recupera - mos el sentido etimológico del héroe. Asistimos así al proceso de surhominización de dos personajes históricos en función de la duplicidad energética que poseen y que se asimila a una voluntad de prestigio nacional: Napoleón y Victor Hugo. Inmersos dentro de procesos utópicos, uno pasado y otro presente, yaque el texto recrea los funerales de Victor Hugo (l’instant oit le cadavre présenté a la nation devient dieu), funcionan como personificación de ideas obsesivas, po - Théttrnú Revista Complutense de Eatudios Francesea 119 2000,15: [i3-[24 Adelaida Porras Medrano El arraigo y la energía, principios informadores del héroe... derío político y prestigio cultural, por las que se convierten en profesores de energía, dentro de un simbólico arraigo en la comunidad nacional. Napoleón es el superhombre, el símbolo del cesarismo, une méthode ate servire d’une passion, la vinculación a las realidades, la unidadde carácter, el hé - roe romántico paralelo a Byron y a Chateaubriand, la actividad, el professeur d’énergie: Quand les années auront détruit loeuvre de ce grand homme et que son gé - nie nc conseijíera plus uti/ernent les penseurs ni les peteples. puis que totetes les conditions de vie socia/e et individuelle que/le a envisagées se seront mod~fiées, quelque chosepourtant subsistera: sa puissanc-e de multiplier lénergie. (Barrés. 1922: 248-249, vol. 1). Hugo es también el superhombre, el profeta, el dueño de la palabra, el jefe místico que apoya su autoridad sobre elpoder de unificación que se des - prende de su obra literaria, es decir, del manejo que lleva a cabo de uno de los valores supremos de la raza: la lengua. Este poder de unificación nace de la energía que emana del particular ensamblaje de palabras que Hugo realiza con la lengua trancesa. Les mots, tel que sayal/les disposer sonprodig leus génie verbal, renden[ sen - sibles d’innomln-ab/es fils sec-rets qui ¡client chacun de nous avec la nature en - tiére. (Barrés, 1922: 220-221, vol. 2). Esta energía volverá a su dueño para otorgarle su carácter sobrehumano: (,.) caríe vol/it son titre, saforce. c’e.st détre le maUre des motsfran~ais: leur ensemble forme tout le trésor et totete lYime de la race. A ces éc¡-ivains de sa gaide, Hugo est sacré comme le bienjáiteur qui leur a donné leurs mor/des, leur ¡ythm es, lea, vacaba/aire. (Barrés, 1922: 217, vot. 2). Napoleón es el ejemplo a seguir, mientras que, gracias al poder verbal de Hugo, el espacio del desarraigo. París, se conviene momentáneamente enel del arraigo: se realiza así la síntesis de la energía del pueblo, gigante popular, monstruo humano que sanciona al héroe: Ah! quil voud,-ait le pauvie géant populaire, le monstre inconscient, ¿tre vraiment créateur et qu une te//e journée ne demeure pas seulement un témoi - gnage p¡-odigieux de lercitahilité de Paris. (Barrés, 1922: 220, vol. 2). Sin embargo, la función positiva del demiurgo, reunión de las fuerzas di - sociadas que se aglutinan para presenciar su última cesión de energía, quedará anulada por la presencia del antihéroe, Racadot, quien, al quedar excluido, por su propia debilidad, de este intercambio de energías, cae en la alienación que propicia el desarraigo y acaba por ser guillotinado: iléláne. Revista Complutense de Estudios Franceses: 2000,15: [13-124 120 Adelaida Porras Medrano El arraigo y la energía, principios informadores del héroe.. A ces déracinés, ils ne surent pas ofltir un bon terrain de ‘rep/antement’. lopération a été mal menée. (Barré.s, 1922: 238, vol. 2). Una vez fijadas las constantes del héroe barresiano a través de su relación de dependencia absoluta conrespecto al espacio, en su doble movimiento de in - volución, que propicia la imagen de la raíz, y de evolución, que cristaliza en imágenes de actividad, por las que elespacio se configura como receptáculo de energía, comprobamos que el análisis de toda estructura actancial remite al de la topografía textual. Así sucede, en efecto, con el héroe de perfiles más definidos de la produc - ción barresiana, elLéopold Baillard de La ColIme inspirée, personaje histórico que participa, por su vinculación al universo espacial de lacolina de Sion, de la energía que este lugar inspiradodesprende. Léopold, elemento integrante del paisaje de Sion,cuya evolución transcurre paralela a las transformaciones del universo espacial alque pertenece, es el sím - bolo del arraigo por excelencia. Sacerdote convertido a un culto herético, Barrés hace de élla representación del espíritu de la raza, el depositario de las antiguas fuerzas sagradas asentadas sobre la colina, que se conforman a su semejanza. Víctima de sus propias alucinaciones, participa de una cosmicidad panteísta, donde la energía que las fuerzas del pasado han acumulado en elespacio produ - ce en su mente una embriaguez eólica que trata de articular en alegoría musical. Dominado por las fuerzas instintivas que pueblan el espacio, Léopold se asimila al universo de la pradera, símbolo de la libertad individual, frente al uni - verso de la capilla, reducto de lanorma, del arraigo dentro de ladisciplina y del descanso eterno, que lo convierte en nuevo receptáculo de energía, siempre dentro de la ortodoxia: le suis la pierre qui dure. lexpérience des siécíes, le dépót du trésor de ta tace. Maison de ton enjánce cte/e tesparents,je suis conforme ¿tes tendances p¡oj óndes, á celles-la méme que tu ignores etc’est ici que tu trouveras poter chacune des circonstances de ta vie, le verbe mystérieux, élaboré pour toi quand tu n’étais pas. Viens it moi si tu vewr trouver la pierre de so/idité, la da/le oit as - seoir les jours et instrire ton épitaphe. (Barrés, 1962: 342). Con lanoción de disciplina, práctica ontológica capaz de regular y de canali - zar pulsiones que de otro modo destmirían al héroe, como el peso de la herencia, la conformación del individuo con respecto al propio inconsciente —que no es otra cosa quela suma de todos aquéllos que nos han precedido a lo largo de los si - glos—, peligro del excesivo arraigo, recuperamos dos ensoñaciones a las que nos hemos referido anterionnente: la panteísta, que convertía al espacio en una fuer - za cósmica y la del pasado, por laqueel espacio, apartir de las energías en él de - positadas, participa de ese panteísmo que se manifiesta a través de la materia. La ensoñación panteísta del cosmos, por tanto, no es posible sin la previa ensonación material que gira siempre en torno ala imagen de la energía, como fuerza vital, integradora. ?YtÑé,oe. Rcvista Coniplurense de Estudios Franceses 121 200015; 113-124