scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La Hispalense: revista republicana federal

Machado y Núñez, Antonio, 1812-1896

Full text

AÑO I. OCTUBRE l.° DE 1871. NÚM. l.° IA HISPALENSE, REVISTA REPUBLICANA FEDERAL. Filosofía, deudas, Literatura yArtes. LA HISPALENSE. Al decidirnos hoy ásacar áluz pública una Revista, nada más léjos de nuestro ánimo que considerarnos eco del partido áque pertenecemos yal que nos hemos consagrado ynos consagramos con entusiasmo ycon entera fé en el porvenir. Hace mucho tiempo que deseábamos la aparición de un periódico de esta indele, necesario por más de un concepto en un partido tan numeroso ypotente; pero defraudada esta esperanza una yotra vez, por causas que no tratamos de analizar, creemos firmemente que si bien nuestra publicación dejará mucho que desear, tendrá en cambio el mérito de su buen deseo yel de servir de estimulo áplumas más autorizadas que la nuestra. Réstanos ahora hacer una franca exposición de los fines que nos proponemos: coadyuvar con nuestras fuerzas ála unión, algo quebrantada por desgracia, de nuestro partido; denunciar todo abuso, parta de donde parta, ydedicar parte de nuestra publicación ála amena literatura, tan felizmente cultivada hoy por várias de las personas que nos han ofrecido su colaboración, yque constituyen, áno dudarlo, las esperanzas más legítimas de nuestro porvenir: en esto pueden encerrarse. Si logramos estos fines, cumplidas se verán en un todo nuestras aspiraciones, que no se desenvuelven en verdad en la raquítica esfera de las personalidades, profundo mal que más que otro alguno aqueja ánuestro partido, yel que se hace preciso extirpar á toda costa. buim:ajenio. I. Crónica política, por C. Peñaranda.—II. Los clubs, por J. Gómez.—III. Las quintas, por X.—IV. Emancipación de la mujer, por M. Perez Crespo.—V. Al mar durante una boiTasca, por C. Peñaranda.—VI. Zaida, por J. Gómez.—VII. Teatros, por AtenTharnar.—VIII. Charadas, por X. CRÓNICA POLÍTICA. Muy poco que sea digno de mención ocurre en los momentos en que escribimos estas lineas. Cualquiera diria que la política duerme, rendida al fin por tantos ytan repetidos sacudimientos. Pero no es así: ios partidos todos se preparan para la próxima lucha parlamentaria, que ha de ofrecer seguramente un interés vivísimo. La cuestión de la presidencia será la primera que ocupará la atención de nuestros representantes. Entre las dos entidades políticas que se disputan ese puesto, nuestra elección no es, no puede ser dudosa. Ambos personajes han sido funestos para la Revolución: ámbos han carecido en el banco azul de aquel valor, de aquel radicalismo que mostraron un tiempo en los bancos de la izquierda, que fueron la base de las simpatías que supieron atraerse del país yque hoy se han enagenado por completo. Pero ¿qué causas pueden influir en la victoria óderrota de uno de estos personajes? La de que el Gobierno descubra, deje vislumbrar siquiera el deseo de que se halle animado, ya de avanzar decididamente por el camino de las reformas, ya de verificar una cobarde retirada. Aun suponiendo que el gabinete éntre de lleno en su programa, ¿habrá quien crea que realizará ese dorado sueño que se llama nivelación del presupuesto? ¿Cuenta con medios para separar los insuperables obstáculos que han de interponérsele? Nó; primero, porque tiene en sí mismo más ómenos patente la diversidad de miras, LA HISPALENSE. la carencia absoluta de unidad que no puede por ménos de acompañar álos elementos heterogéneos de que se compone; ysegundo, porque cuanto más se aproxime yse identifique con la Revolución, atendiendo álas necesidades que ella vino áremediar, tanto más ha de alejarse de sus adeptos yde la historia tristísima pero constantemente seguida de su partido. Y, vá lo hemos dicho, es por demás problemático que el cuerpo legislador le permita la entrada en el templo de las economías, yle deje entregarse con tranquilidad ásus ministeriales ilusiones. Desengáñense nuestros hombres políticos; la temerosa cuestión de nuestra hacienda, nuevo nudo gordiano, necesita un corte. En vano será que se trate de deshacer descubriendo sus combinaciones. Cada Gobierno, de estos que en nuestro país se suceden con lastimosa frecuencia, no hace otra cosa sino añadir una nueva vuelta al misterioso nudo, imposibilitando cada vez más su resolución. Confesamos ingénuamente que damos sin titubear nuestra preferencia al gabinete que preside el Sr. Ruiz Zorrilla, sobre cualquiera otro que presidiera el general Serrano, por ejemplo, ócualquiera de sus comensales. Éste nos conduciría ála reacción por cálculo fría ypremeditadamente: con aquél nos amenaza igual peligro; pero tendríamos que atribuirlo ásu tradicional inocencia, y, aunque los efectos son análogos, nos quedaría como consuelo aquel convencimiento. Luégo, este gabinete tiene un mérito; el de la divisibilidad. Por ejemplo: se ofrece que llega el verano, época en que el excesivo calor reclama la presencia de algún que otro ministro en los baños, yel gabinete se divide multiplicándose, sin que por esto se retrase en lo más mínimo la marcha de los asuntos públicos. Se ofrece un viaje régio, reclamado por el entusiasmo de las provincias, ylos ministros se elevan ádiversas potencias, yse diseminan por ahí con el carácter de corresponsales. Pero yá se acerca tai vez la hora de la expiación: los ministros vuelven áMadrid con el arrepentimiento del hijo pródigo yel temor que es natural acompañe al que ve la tempestad sobre su cabeza. iQuién sabe todavía! ¿Abdicará el Gobierno el cetro de las reformas, óle verémos cual frágil barquichuelo zozobrar en las turbias aguas de las economías? Hé aquí el problema cuya resolución se aproxima con indecible rapidez. Nosotros esperamos de los hombres que se reúnen en el santuario de nuestra libertad yde nuestras leyes, que depongan sus resentimientos, sus odios tal vez, en aras de la salvación, yá que nó de la felicidad de esta desventurada nación. Nosotros esperamos especialmente de los hombres que allí encarnan las aspiraciones del partido republicano federal español, la mayor energía yla necesaria prudencia que nos aconsejan las lecciones del pasado. Pero preciso es al propio tiempo que el Directorio no descuide la organización del partido en provincias, pues su estado en algunas deja mucho que desear, dictando aquellas medidas que se esperan, que se adivinan, por decirlo así, yque contribuirían á aumentar el entusiasmo yfortificar la fé de algunos, prestando vida áese movimiento, á esa perpétua animación que acompaña siempre ála libertad, como al sol sus resplandores. Yesperemos los acontecimientos, pendientes de la apertura de las Cortes, que deben sucederse con mucha velocidad, yel giro que tomen los asuntos de interés general y que participarémos oportunamente ánuestros lectores, según la actitud en que se coloquen las diminutas fracciones en que se divide la Cámara, en la seguridad de que el Gobierno será impotente para realizar el pro- LA HISPALENSE. 3 grama deslumbrador que ha abierto ante los ojos del país. Carlos Peñaranda. LOS CLUBS. ¿Por qué el partido republicano de Sevilla no se muestra hoy con la fé, las convicciones, la vida que en otra época no lejana tenía? Difícil es contestar con precisión áesta pregunta, porque son varias las causas que han producido este efecto. Pero investiguemos, sin embargo, las que puedan haber influido más directamente en este cámbio casi rápido, ypara esto condensemos en breves líneas la historia del partido republicano desde la Revolución. La clase llamada pueblo, la compuesta de los desheredados por la sociedad, los párias yesclavos de todos los tiempos, ha sido la fuente de cuvo fecundo manantial brotó el gran partido republicano, hijo de la educación de siglos en la desmoralizadora escuela de la monarquía; amordazadas sus inteligencias por su aliada la teocracia, helados sus corazones, la indiferencia era la norma de la inmensa mayoría de los españoles. Estos, que han venido áformar hoy el partido republicano, acostumbrados ásaber que siempre tenían deberes, pero jamás derechos; acostumbrados áno tener necesidad de dedicar algunas horas ála gestión de los asuntos del común, porque sabían que existían otros hombres tan sólo conocidos, las más de las veces, por sus vicios ycrímenes, que estaban encargados de labrar exclusivamente (así se lo decían por lo ménos) su felicidad, necesitaban ántes que nada^ que en su nacimiento, áraiz de la Revolución que hizo áese cuarto estado venir ála vida pública ocupando las esferas del poder, necesitaban, digo, que los hombres de nuestro partido que bien por sus conocimientos, su ciencia óilustración se encontraban por encima de él, se dedicasen con fé, con perseverancia, sabiendo que tenían que luchar con multitud de obstáculos, áeducar al pueblo por la palabra en esa gran palanca donde estriba toda la fuerza de nuestro partido, en los clubs, instruyéndolo en sus derechos, pero no olvidando nunca sus deberes yprocurando la organización del partido, facilitándole la educación de que tan falto se encuentra hoy, deponiendo, si necesario hubiera sido, toda otra mira que no tuviera por móvil el engrandecimiento de la idéa. Pero no fué así. Estos hombres, cuva dignidad se creía ofendida al ocupar un lugar que tal vez hubiera dejado momentos ántes algún hijo del pueblo que, escaso de los conocimientos necesarios, pero lleno de entusiasmo yde amor ála idéa hubiera procurado inculcar, siquiera no fuese más que un átomo de la ilustración de que se creía poseedor, no acudían álas tribunas ydieron márgen áque otros hombres, desconocidos completamente del pueblo, se posesionasen de ellas en los clubs yque, guiados por sus torcidas intenciones, extraviasen la opinión del partido llevándole al estado de postración en que hoy se encuentra. La conducta de los que pudiendo haber formado yorganizado al partido, sacrificando algo en sus aras, no lo han hecho, yo no tengo para qué calificarla; la opinión pública lo hizo yá con justicia. Pues bien; el Directorio del partido, comprendiendo que nuestra fuerza sólo estriba en su organización, yque no se podrá conseguir haya buenos republicanos si no se educa al pueblo, instruyéndolo en sus deberes y enseñándole ápracticar sus derechos, dió su circular última, en la que exhorta átodos á que cooperen cada uno, hasta donde sus fuerzas alcancen, ála apertura de escuelas yclubs. Gomo no ha llegado aún ánuestra noticia se haya hecho nada en Sevilla con este objeto, nos atrevemos áapuntar algunas observaciones que, hijas de la experiencia del 4LA HISPALENSE. pasado, puedan servir de norma para la época presente. Deben, ánuestro juicio, establecerse cuatro clubs en Sevilla éimitar álos que gusten dar conferencias en los mismos, áque se inscriban con este objeto en una lista que se abrirá en el Comité óen otro centro cualquiera del partido, sabiendo que desde el momento en que lo verifiquen tienen el deber de asistir el dia que se les señale al club designado. De este modo, ysin perjuicio de que puedan usar de la palabra todos los que lo deseen, se evitará tengan que cerrarse los clubs por falta de oradores. Los presidentes de aquellos clubs, en cuya elección ha de tenerse mucho tacto, puesto que su solo criterio es el llamado ájuzgar las doctrinas que propaguen los oradores, cuidarán de, al terminar la sesión anterior, fijar el tema ótemas sobre que ha de versar la conferencia siguiente, procurando esquivar las cuestiones religiosas, teniendo el deber de retirar la palabra al orador cuando las doctrinas que emita no estén conformes con el credo republicano democrático federal; porque hay que tener presente que el club no es un lugar de discusión donde se manifiestan toda clase de opiniones, sino de propaganda yde propaganda republicana. De este modo se salvan todos los inconvenientes que hemos tocado en la época pasada, yse evita el triste ydoloroso espectáculo que se dá hoyen Sevilla de no existir ningún club, siendo éstos la vida, el foco que mantiene latente el entusiasmo en nuestro partido. En el número próximo me ocuparé del establecimiento de escuelas ybase de organización. J. Gómez. LAS QUINTAS. I. Poderosas razones de humanidad yfilantropía nos hacen que dediquemos una parte de nuestro periódico ácombatir con todas nuestras fuerzas esta odiosa contribución que, para insulto de todo sentimiento generoso ydeshonra de las naciones que se dicen marchar al frente de la civilización, existe hoy en Europa. Apoco alcanzan nuestras fuerzas; poco conseguirémos levantando nuestra débil voz en un pueblo donde existe un trono sostenido por bayonetas; pero miéntras un soplo de vida anime nuestra existencia, no eesarémos de combatir uno yotro dia ese impuesto de sangre, ese insulto ála humanidad, que sonroja las megillas de todo hombre honrado. Y¡ojalá! que como premio ánuestros afanes éincesantes desvelos, nos conceda Dios ver abolido tan horrible tributo, que mata la agricultura, que atrasa la industria, que paraliza las artes, que nos mata, en fin, á nosotros mismos, porque destroza el alma de nuestras madres, sirviendo sólo para fomentar el vicio en toda su escala. No existe un solo argumento filosófico en defensa del mal que venimos discutiendo. Ningún hombre que se precie de honrado yde tener un alma sensible ygenerosa, puede aceptar en su conciencia, el que áuna madre se arranque el hijo de sus entrañas; ¡el hijo por cuya vida diera la suya propia! ¡el hijo que tantos sacrificios le costó criar, esperando que fuese en su dia báculo de su vejez! que se le arranque, repetimos, sin más derecho que la fuerza, sin otra razón que 'porque sí, porque el rey quiere reinar. Seguros estamos: si el rey más despótico yde corazón empedernido presenciase las escenas que tienen lugar en nuestros pueblos, cada vez que áuna madre se roba el hijo de su alma, arrojaría con vergüenza su corona al verla formada con el corazón de la madre, la ruina de infinitas familias ylas lágrimas de todos. Pero el rey está muy alto yno le es permitido ver ciertas cosas que amargarían su vida llena de placeres. LA HISPALENSE. 5 p. Alas gradas del trono no llegan nunca los clamores de los pueblos que piden remedio ásus males: sólo llega el incienso que sus imbéciles cortesanos le propinan sin cesar, consiguiendo embriagarlo ventontecerlo para evitar que se le ocurra alguna medida conveniente, castigando sus infames villanías. Ypara dar culto yexplendor áesta córte inatenida con la sangre de los pueblos, es para lo que se necesitan las quintas. Para esto se obliga al hombre áque abandone su hogar, su trabajo ylos séres más queridos de su alma: para esto se arroja el llanto yla desolación, cuando noja miseria, en millares de familias, que maldicen la monarquía, causa única de su consternación yruina. ¡Ah! De indignación se cae la pluma de nuestra mano cuando consideramos que sólo por mantener reyes que tantos males acarrean existe esta odiosa contribución. Guando vemos áesos infelices que, robados del seno de sus madres, marchan cabizbajos áaprender el ejercicio, con lo que más tarde divertirán álas señoritas en los paseos, asoma ánuestros ojos una lágrima de dolor vde vergüenza. De vergüenza, porque nos la causa el vivir en un siglo en que se hace de los hombres máquinas para asesinar ásus hermanos, yque bajo el pretexto de mantener la sagrada independencia de la páíria, sólo sirven para satisfacer, si bien inocentemente, bastardas ambiciones de encumbrados caciques. Yde dolor, porque presentimos la suerte que espera áaquellos inocentes, yrecordamos la desesperación de sus afligidas madres, sus hermanas ysus prometidas que,yá sin lágrimas en los ojos, pero llorando sangre el corazón, recuerdan para su consuelo otros dias más felices en que podían abrazar tan querido sér, yhacen votos porque vuelva pronto ásus brazos. Pero.... ¿volverá? Ysi vuelve, ¿será sano ysalvo como fué? Tal vez vuelva manco ótullido: tal vez, cuando yá no sirva ála córte que nos le robó, nos le devuelva dándole un cintajo como autorización para mendigar el sustento de los mismos que le han asesinado. Así piensa su amante madre, así su prometida vhermana, miéntras él sufre los golpes de algún feroz sargento porque, pensando en tan queridos séres, no acertó áterciar la carabina. (Se continuará.) X. EMANCIPACION DE LA MUJER. Hay en nuestros dias un gran problema social que resolver yque afecta íntimamente al desenvolvimiento progresivo de tantos otros como las circunstancias actuales yles adelantos científicos han planteado en el terreno de las formas sociales ypolíticas. Este problema es la emancipación de la mujer. Indudablemente no soy yo el llamado ádarle solución favorable, ymucho ménos ádogmatizar en cuestión tan debatida, ypor tan ilustres capacidades como de ella se han ocupado. Creo, sin embargo, que en este capitalísimo asunto todos los criterios, todas las escuelas deben ser atendidas, cuando hasta el presente yrespecto áél no existen más que teorías cuyas soluciones prácticas dejan mucho que desear, por lo que respecta á nuestra pátria. ¿Qué entendemos por emancipación de la mujer? ¿Es concederle una supremacía de derechos, ya en la familia, ya en la sociedad, con perjuicio de los que al hombre conceden las leves vías costumbres? Nó. Sería un absurdo creer que el sér más débil por organización física éintelectual, superase en derechos al sér que la proteje, que la defiende ycuida de su bienestar ysubsistencia. Sería invertir el orden natural. ¿Entenderíamos por emancipar la mujer el concederle mayor suma de derechos políticos y civiles que los que hoy disfruta? Tampoco. 6LA HISPALENSE. El hombre tiene en sí implícitamente, como ente jurídico, la representación de los derechos de la esposa, de la hija yaun de los hijos, hasta el dia en que las leyes los conceden áestos últimos. Ahora bien; no siendo exactas ni una ni otra definición ¿cuál será la que buscamos? En mi juicio debe entenderse por emancipar ála mujer, proporcionarle instrucción suficiente para que por medio de sus propios recursos provea por sí sola, en caso necesario, ásus atenciones, sin esperar el muchas veces interesado auxilio del hombre, yen segundo lugar, hacer de modo que dicha instrucción contribuya eficazmente áelevar su dignidad sacándola de la abyección moral en que se encuentra, merced al sistema de enseñanza viciada, inútil y perjudicial que se aplica en la actualidad. Esta definición, aunque algo compleja, reasume los dos puntos ámi entender más esenciales que presenta la cuestión. Negar que la posición social de la mujer es nula, que se halla atrofiada en el desarrollo de sus facultades, es negar lo que sentimos, apesar de nuestro profundo yexcéptico egoísmo; es ahogar el grito de la conciencia, que en general clama contra la absorción por el hombre de ocupaciones muy apropósito para ser desempeñadas por la mujer, privándola de recursos propios ysometiéndola áuna dependencia servil, de la cual tiende áemanciparse constantemente yála cual es constantemente sometida. Tan precaria situación hace que la mujer sea para el hombre del pueblo una carga pesadísima; para el poderoso un objeto de lujo. (Se continuará.) Manuel Pezez Crespo. AL MAR DURANTE UNA BORRASCA. Rugiente, inmenso lago De la tierra señor; lo que hora siento De noble ygrande, misterioso yvago Si puedes acrecer, acrece, yluégo, Al volver átu calma yarmonía Ósepúltame en tí, óextingue el fuego Que consume voraz el alma mia. ¡Sonoro, ronco grito Rey de la inmensidad, rápido viento — Retumba con furor! algo infinito Late en las olas, si por tí agitadas Huyen ¡ay! despertando ecos de gloria Donde en vírgenes tierras apartadas Brilló de España la gigante historia. Así fiero, temido, Llevaste un dia al mundo desolado Aciaga muerte ysilencioso olvido: Yal inundar augusto sus regiones Del sol oscureciendo la alta lumbre, Sepultaste con cien generaciones Cien siglos de opresión yservidumbre . ¡Quién del águila hubiera El ala voladora, cuando cruza Los ámbitos sin fin de la ancha esfera! ¡Yó álas regiones cóncavas del trueno Con osado volar ascendería, Ycon mirar altísimo ysereno Tu ilimitado imperio abarcaría! ¡Mas ¡ay! que el que marcára. Oh universo, tus horas, hondo abismo Por término ysepulcro te prepára! ¡Y tú, soberbio mar, en noche fria Al sepultarse cuanto el orbe encierra, Te agitarás gigante en tu agonía Yvagarás incierto por la tierra!!! Sí, ruge, inmenso lago De la tierra señor: en tí palpita Cuanto hay de grande, misterioso yvago: Pero nó presa del pavor me siento Ni empequeñece mi alma tu grandeza.... Que asílate también mi pensamiento...! ¡Yo también siento un mar en mi cabeza!'! Carlos Peñaranda. ZAIDA. CUENTO. I. —Yla virgen de azules ojos yboca de grana perderá yá su encanto, ysólo será la hurí divina que forma la mano del artista en los alcázares del poderoso, cuya hermosura arrebata, pero que está fria, inmóvil, no tiene vida, es el reflejo de la luz del sol, es la fragancia del pebetero oculto. LA HISPALENSE. 7 Así deeia con melancólico acento el buen Anuir, reclinado al pié de una esbelta palmera que se mecia ála puerta de su miserable choza. Era Amur pescador de oficio, hijo de africano yél africano de pura raza; su sangre corria por sus venas con el calor, la fuerza yla energía que en un joven de veinte años, apesar de tener sesenta; era de regular estatura, de ojos negros ypenetrantes; su boca de regulares dimensiones, de frente despejada ycoronada por escasos mechones de cabellos canos; su barba blanca ysedosa dábale cierto aspecto que infundia respeto y veneración. Vestía una ligerísima túnica de lienzo blanco, sujeta ála cintura por una faja de vivos colores, de la que pendía un corto cuchillo. Apénas pronunció las anteriores palabras, quedó sumido en honda meditación; y si se hubiese observado su rostro con atención, quizás se hubiese visto resbalar por él una lágrima. (Se continuará.) J. Gómez. TEATROS. Creimos en un principio, cuando llegó importada áEspaña esa plaga funesta llamada can-can, que sería una moda ridicula pero pasajera, yque nuestro teatro, de suyo original éindependiente, rompería presto la impura cadena de su inmoral imperio. Por desgracia nos equivocábamos: nacicida esta danza tal vez en algún inmundo rincón de París, estaba destinada por la suerte para los más ruidosos triunfos, ocupando primero por largo tiempo la atención de la capital de la vecina República, posesionándose después de nuestros cafés-canfantes, éinvadiendo más tarde nuestros mejores teatros. Pero lo que nunca pudimos sospechar fué que esa hija bastarda de Terpsícore pudiera posesionarse de la fantasía del poeta, inspirándole obras, que si bien nacen con el sello de su próxima muerte, no por eso dejan de ejercer su influencia en nuestro pueblo, desalentando ála vez álos nacientes ingenios ydistrayendo las felices disposiciones de que se encuentran adornados. Nosotros sostenemos que el teatro es la escuela nacional de las costumbres, ycomo tal no podemos admitir otra alguna que tienda ádesmoralizar al pueblo. Los nobles hechos inspirados por el amor de la pátria; la vaga ymelancólica lucha de encontrados sentimientos; las vacilaciones de la virtud que triunfa de pasiones turbulentas^ yla festiva crítica de los más ligeros defectos de la sociedad contemporánea; hé aquí lo que debe retratar la escena con la fidelidad del espejo. Todo lo que sea apartarse de estas reglas, que ánuestro entender son hijas de la más sana lógica, es desconocer la índole de este ramo de la literatura. El sensible extravío de la mayor parte de los modernos escritores reconoce várias causas que no pertenece áesta Revista señalar yque son además de todos bien conocidas. Lamentarémos, sin embargo, el general olvido en que yace nuestro teatro antiguo, especialmente las obras de Tirso yCalderón, fecundos manantiales de la más hermosa poesía castellana, olvido comparable sólo al en que yacen en la vecina Nación las inmortales producciones de Comedle yRacine. Estos yotros pensamientos análogos se nos ocurrían la otra noche durante la representación en el pequeño teatro de Variedades, de la zarzuela del Sr. Santistéban, titulada Robinson. Efectivamente, esta obra, añadida átantas otras que se han venido estrenando de algún tiempo áesta parte en vários teatros con el mejor éxito, forman la.... (perdónesenos el atrevimiento de la frase) la epopeya 8LA HISPALENSE. del can-can , epopeya enfermiza, pálida ymoribunda como requiere la insignificancia del asunto elegido. La carencia total de trama, de plan, se prestan en la citada zarzuela áun curioso análisis. Nuestra cabeza se perdia entre tanto laberinto de alegres inglesas (señoras de contrabando), hambrientas caribes ymarineritas dedicadas ála explotación minera, ynuestra vista se turbaba con tanta escena bailable y tanto desfile militar de bien formadas coristas. La música, que es del Sr. Ásenjo Barbieri, nos satisfizo ápesar de su general ligereza, en un todo adecuada al carácter que predomina en la obra. No podemos decir otro tanto de los actores, en los que se notaba, eso sí, una perfecta unidad, yaún recordamos ciertos gritos de venganza soberanamente exagerados, que se escapan ála robusta reina Ananás en un arranque de caríbeos celos. Apesar de esto, tuvimos la citada noche una satisfacción, para nosotros inesperada. Esta satisfacción fué debida áconocer que la diabólica danza que nos ocupa, aunque usurpe ála zarzuela su elegante vestidura, no puede ocultar por más tiempo su decadencia. Concluirémos: Si el Sr. Santistéban, en quien suponemos buenas condiciones dramáticas, se propuso exclusivamente rodear su producción de ese ruido que suele acompañar á todas las de igual índole, su triunfo ha sido completo; pero según nuestra opinión, no es este el fin que debe proponerse aquel áquien ha sido concedida la facultad de trasmitir al papel los más escondidos secretos del corazón ylas más puras emanaciones del espíritu. Sobre todo debe aquel que abrigue la noble ambición de un honroso puesto literario, alejar de sus obras toda tendencia política que le imprima cierto carácter de actualidad, como tal efímero ypasajero. No tratamos de ocuparnos de la representación de las lindas zarzuelas Los diamantes de la corona yJugar con fuego, puestas últimamente en escena en dicho teatro de Variedades, por la falta de espacio yel escaso interés de la noticia. ÁLope de Rueda no asistimos desde la última noche en que se puso en escena el precioso juguete titulado La familia 'prestada, debido ála pluma de D. Luis Escudero, yque obtuvo un completo éxito. El teatro de San Fernando abrirá sus puertas al público del 5al 10 del actual. La lista de los actores yá escriturados, que por orden alfabético ha publicado la Empresa, nos promete una temporada llena de animación. Entre otras zarzuelas, cuyos nombres no recordamos en este instante, se hallan PepeHillo, La Gata de Mari-Ramos yEl Molinero de Subiza,que deberán inaugurar la série. La Empresa debe prometerse un resultado feliz, si no olvida que el mayor atractivo consiste en desplegar la bandera de la variedad. Aben-Thamar. CHARADAS. i. Sin segunda no hay amor, Sin mí no existe primera. Porque fueses tú mi todo, La vida, Leocadia, diera. II. Primera sin tí, no existe; Segunda sin mí no es nada. Yo sólo quisiera ser El todo de la charada. X. Las soluciones en el próximo número,. Imp. de Gironés yOrclima, Lineros 2yLagar 3y5. "Sevilla..—187i. ANO I. OCTUBRE 15 DE 1871. NÚM. 2.° LA HISPALENSE, REVISTA REPUBLICANA FEDERAL. Filosofía, Ciencias, Literatura yArtes. LA HISPALENSE. En vista de la favorable acogida que ha obtenido nuestra publicación, hemos introducido en ella algunas mejoras, sin que por esto se altere el precio de la suscricion. Para regularizar la marcha de nuestra Administración, considerarémos como suscritores álos que no devuelvan los dos números con éste publicados, ántes del dia 18. Tenemos el disgusto de participar á nuestros lectores que D. Luis Montoto renuncia al puesto de colaborador que poruña deferencia le hablamos designado en nuestra publicación. Motiva este acto, para nosotros muy sensible, el no estar conforme dicho aventajado escritor con nuestra bandera política, según espresa en el comunicado que accidentalmente leimos el dia 4del actual, en las columnas del Anunciador de Sevilla. LA REDACCION. I. Crónica política, por C. Peñaranda.—II. Organización. Establecimiento de escuelas, por J. Gómez.—III. Las quintas, por X.—IV. Emancipación de la mujer, por M. Perez Crespo. — V. Discurso pronunciado por José M. Rodríguez en el Casino republicano federal, el 17 de Setiembre anterior.—VI. Zaida (continuación), por J. Gómez.—VII. Áun retrato, por Benito MásyPrat.—VIII. ÁPolonia, por E.—IX. -Lola..! por C. Peñaranda.—X. Teatros, por Aben-Thamar.—XI. Charadas, por A'. CRÓNICA POLÍTICA. Lo que predecíamos en nuestro número anterior, se viene cumpliendo desgraciadamente. En estos instantes de suprema angustia para el país, cuando la desesperación abre sus brazos al pueblo yel fragor de nuestra ruina conmueve hasta los últimos rincones de la península, han ofrecido áEuropa nuestros hombres de Estado el mezquino espectáculo de miserables contiendas personales, nó nuevas en España, pero impropias de un partido que, para mengua suya, se titula liberal. Graves ápar que provechosas lecciones nos reservaba la fracción progresista. De la profunda escisión operada en su seno por la cuestión presidencial, ylas mañosas intrigas parlamentarias puestas en juego por cierto grupo de la Cámara, se desprende, que en toda organización política de base mixta, las decisiones del Parlamento no pueden ser la franca yexpontánea expresión de la voluntad del pueblo. Yasimismo, que el límite del desinterés yel patriotismo está en la primera grada del trono: ycuando los representantes de una nación ciegan por el falso brillo del régio oropel, no hay más medio que uno para la soberana manifestación del popular deseo: el plebiscito. Pero ¿es éste compatible con la monarquía? Araunque lo fuera ¿qué importa la voluntad nacional? Triste ydesconsolador es nuestro presente. Nuestros pueblos gimen triturados por enormes ynumerosos impuestos: el comercio yla industria languidecen en nuestras más florecientes capitales ylas radas de 16 LA HISPALENSE. ban, vde euva falta tanto se resienten. No será esta la última vez que nos ocupemos de una cuestión de tanto ytan general interés. X. EMANCIPACION DE LA MUJER. (Conclusión.) Si el hombre es culpable con respecto áeste asunto, ya de indiferentismo egoista, ya de ridiculas yvetustas preocupaciones, hay algún fundamento en su actitud para con la mujer, basado en que la manera de ser de ésta no corresponde en general álo que de ella debiéramos esperar. Ciertamente: para el que sólo juzga lo aparente, para el que sólo atiende álo defectuoso, sin buscar el origen de la falta, para el que aprueba ó rechaza incondicionalmente las manifestaciones de un sér cuyas imperfecciones no son hijas de su condición ysí del medio social en que vive, no es extraño, nó, que para esos la mujer no sea más que un ente débil, hipócrita yversátil, moralmente considerado; pero cúlpense ásí mismos, porque al generalizar tales apreciaciones, olvidan que la esposa no es hoy compañera digna para algunos, sino esclava; porque ála hija se la enseña ádanzar ylucir primores, en vez de exponerle los principios más elementales de una provechosa instrucción yde una moralidad exenta de fanatismo ypreocupaciones; porque álas mujeres se las adula, mima yensalza con el objeto de seducirlas, yse las desprecia yestigmatiza cuando se prostituyen. Tal es nuestro proceder; mejor dicho, el proceder de la sociedad actual en España, para con las que, si hubiesen tenido instintos más elevados, hijos de una sólida instrucción, serian hoy los heraldos de la libertad yfraternidad, en lugar de ser obstáculos perjudiciales átodo progreso por ignorancia yfanatismo. Extraño es, por demás, que en el momento histórico presente no desempeñe la mujer la noble misión áque está llamada; que permanezca indifererente al movimiento social ypolítico, en el sentido liberal, yque continúe aún apegada álas ráncias tradiciones del jesuitismo ydel régimen absoluto; pero ¿qué otra cosa puede esperarse, cuando ninguna de las reformas se dirige especialmente ámejorar su posición? Si nada tienen que esperar ¿qué causa íes obliga áinteresarse en asuntos que no le atañen? Ninguna. Además, impotentes para contribuir directamente al bienestar ylibertad de la patria, relegadas ála triste condición de los séres más ignorantes, poco, nada podrían, aunque quisieran, ypor tales causas la mitad del género humano yace apartada, segregada ymuerta para mucho bueno, útil y digno. o Si nosotros, republicanos, cuya misión es reivindicar todos los derechos ymatar todas las injusticias, no nos decidimos franca y enérgicamente áelevar la dignidad de la mujer; si no las instruimos, si no les concedernos nuestra preferente atención para que por su trabajo libre ymedios propios se emancipen de una tutela vergonzosa, si no las interesamos para el porvenir en la reforma social ypolítica que deseamos, si no las alzamos ánuestra altura en consideración yres- «j peto, si por ceguedad continuamos considerándolas como séres degradados, seríamos indignos de nuestra misión, porque negaríamos con nuestra conducta la bondad de los principios que sustentamos. Sólo un miedo inconcebible, sólo una ignorancia profunda de cuanto noble ydigno hay en la mujer, priva hoy ála sociedad de su cooperación, Seamos justos: si queremos libertad para todos, libertad para la mujer también; si proclamamos la fraternidad, sea la mujer nuestra hermana yconsiderémosla igual ánosotros, yalgo más, porque la madre es el fundamento de la familia; ella forma el corazón de los hijos, ysu poderosa influencia es una palanca fortisima que, aplicada por mujeres LA HISPALENSE. 17 dignas, conseguirá el triunfo de la virtud y de la justicia por el amor yla persuasión. Manuel Pezez Crespo. DISCURSO pronunciado por José M. Rodríguez en el Casino Republicano Federal de esta capital, el 17 de Setiembre anterior. Ciudadanos: El tema propuesto en esta conferencia no es para mis escasos conocimientos; esta cuestión es para hombres más ilustrados; pero me atrevo átocarla confiado en vuestra benevolencia, que no me negaréis, como nunca me la habéis negado, yvoy ámolestaros en esta inteligencia. La emancipación de las clases trabajadoras no es sólo un pensamiento, por más que sea grande ysublime: es una justicia que debe realizarse, porque así lo reclaman la razón yel derecho de todos, como ley imprescindible éirrevocable de la naturaleza. Pero ¿cómo conseguirlo? Asociándose todas las clases trabajadoras sin distinción de artes ni oficios para romper con energía, constancia ydecidida fé, las cadenas de la esclavitud, que por tantos siglos vienen sujetándolas al carro de los tiranos, que así mismo las han empobrecido, envilecido y aniquilado. Pero ¿cuáles son los medios de que deben valerse dichas clases para conseguirlo? Esta es la gran cuestión. Preciso es, para dar solución áella, reflexionar desapasionadamente; porque si la razón que acompaña áestas clases para reclamar justicia se extravia, yen vez de marchar por las vías legales, haciendo sentir al mundo su poderosa influencia, toman una torcida senda sobreponiéndose al orden natural, la razón misma que las acompañára las abandona, yentonces sólo hallarán el precipicio. Mientras más grande es la empresa que un hombre quiere acometer, más debe pensarla yestudiarla, yeste estudio sólo es la adquisición de un conocimiento profundo, resultado del prolijo exámen de lo pasado, que llamamos experiencia, corregido yperfeccionado por el saber, que no es más que el fruto del entendimiento. Ycomo de éste estamos todos dotados, resulta que para comenzar cualquier empresa, debe el hombre estudiar lo pasado, ver lo presente ypensar en lo futuro, yentonces ysólo entonces, es cuando puede esperar con alguna certeza en el éxito de lo que se propone. ¿Es la clase trabajadora de hoy, es la moderna sociedad la primera en pensar en esta grande ylegitima reforma social? Nó; yá en otros siglos yen otros países se ha pensado en ella. (Se continuará.) ZAIDA. CUENTO. (Continuación .) El ruido de remos que batían el cercano mar, atrajo su atención, ydirigiendo la vista hácia la espalda de su choza, vió acercarse, yfondear en la pequeña rada que formaban dos gruesas rocas, una barquilla, de la que saltó un joven de veinte años, con la robustez yla viveza propias de la edad, de regular estatura, de ojos negros yde expresiva mirada, de rostro un tanto bronceado en su color, formando un conjunto que, si bien no era un tipo acabado de belleza, cautivaba, sin embargo, por la franqueza ybellos sentimientos que demostraban sus miradas ymodales. —¡Que Alá os guarde, padre! dijo el joven, apénas se acercó áAmur. —Él te guie yconserve, querido Kader, contestó Amur, al par que con paso tardo y un tanto vacilante se dirigía ála choza; ¿vendrás cansado, hijo? siéntate, dijo entrando en ella, ypartamos nuestra frugal comida. Yextendiendo un lienzo, aunque basto, excesivamente blanco, sobre una mesa que apénas levantaría un pié del suelo, colocó sobre ella algún pescado yfrutas, yacer- 18 LA HISPALENSE. cando dos almohadones destrozados, sentóse en uno de ellos. Sin embargo déla naturalidad quequeria imprimir ásus movimientos, notábanse en el rostro de Amur señales de tristeza; una melancolía profunda retratábase en su mirada, que esquivaba encontrarse con la de su hijo. Parecía cual si temiese revelar algún secreto que habia de lastimar áKader. Era el niño que teme le castiguen por la falta que otro cometió. Amur fué el primero en sentarse ála mesa. Kader, aproximándose al fondo de la choza, levantó un raido tapiz que lo cubría, y tocando áun boton oculto entre las grietas de las rocas, oyóse álo léjos el sonido vibrador de un timbre. —Es inútil, hijo mió, dijo Amur, cuyo rostro demostraba, al par que la amargura que rebosaba su pecho, la resolución del que, encontrándose en una situación difícil, quiere salvarla átoda costa. —Es inútil, repitió Amur, dirigiéndose áKader, que al oir ásu padre se acercaba al lugar en que éste se encontraba; no llames, no te contestarán.... —¿Pues cómo? interrumpió Kader con una ansiedad indefinible, ¿qué sucede? ¡hablad, por Dios, padre mió! —Cálmate, hijo, resígnate yllora como yo lo hago. Yen efecto, gruesas lágrimas caían de los ojos de Amur. —Llora nuestra desdicha ymi debilidad: yo no debí consentirlo; yo debí morir ántes que permitir.... pero ¿qué digo? es el Emir, es el amo de la vida, hacienda yhonra de sus vasallos.... ¿qué me toca ámí, pues, más que resignarme ymorir deshonrado? Deshonrado nó; no deshonra la fuerza que oprime al débil; no deshonra la cadena al esclavo, sino al que esclaviza. Esto decía Amur ypor momentos su rostro se animaba. /Se continuará.) J. Gómez. AUN RETRATO. ¡Yo no os puedo decir cuánto es hermosa Como el azul yel oro en rica tela, Como luz de mi vida dolorosa Que en el mar de mis lágrimas riela! Arólas. ¡Es ella, sí, es mi amada! esa es su frente, Blanca como los mármoles de Grecia; Esa es su boca de coral ynácar, Esos sus ojos de mirada intensa. ¡Qué hermosa está! Sobre su blanco cuello Se deslizan las ondas de sus trenzas... ¡Oh, si estos lábios que acaricio habláran! ¡Oh, si estos ojos que contemplo vieran! Imágen dulce de la amada mia, Que mis insomnios de dolor consuelas, ¿Por qué no miras yverás mi llanto? ¿Por qué no escuchas, sentirás mi pena? ¡Todo es en vano! mis continuos besos No logran reanimar esta vitela, Aunque al contacto ardiente de mi boca Sus insensibles átomos se queman. Inmóviles están sus rojos lábios, No se alza seductura su cabeza, Fijas están sobre su blanco cuello Las ondulantes líneas de sus trenzas. ¡Oh! ¿por qué siendo el alma de mi alma, La vida que circula por mis venas, Léjos estoy de la que adoro tanto, Bebiendo el jugo amargo de la ausencia? ¡Ondas de mi Genil, que tantas veces Reflejásteis su imágen hechicera, Con más placer que el junco de las márgenes Yel rosado matiz de las adelfas! Decidle cuando el mundo esté dormido Yella sueñe en mis lágrimas despierta. Que le mando en un rayo de la luna Todo el cariño que mi pecho alberga. Decidle que es su aliento más süave Que el perfume del nardo yla violeta, Ysu boca más dulce ymás sabrosa Que los frutos de Nápoles yHesperia. ¿Habéis visto el lucero de la tarde Cuando con blancas ráfagas os besa? ¿Habéis visto las nubes de la aurora Cuando el sol las esparce ólas condensa? Dios la hizo surgir ante mi paso Como surge el oasis en la arena, La fuente cristalina en la montaña Yel árbol en la sábana desierta. Como esas ténues lámparas nocturnas Que en las azules bóvedas se cuelgan, Cuando manda álos ángeles que arrollen El crespón que tendieron las tormentas. ¡Cuántos recuerdos, seductora imágen, Tus delicadas líneas me despiertan! ¡Cuántos recuerdos, que pasaron rápidos Como pasa la alondra por las selvas! Pláceme el evocarlos uno áuno, Porque forman mi única riqueza, LA HISPALENSE. 19 Yson más gratos ámis dulces sueños. Que álos del rico avaro las monedas. Pláceme recordar aquellas noches Con sus rayos de luna ysus estrellas, De caricias yamores perfumadas Yde placeres misteriosos llenas. Que es dulce deleitarse en un recuerdo Oculto como un lago entre la niebla, Para el viajero que su cauce ignora Y' cruza indiferente por la selva. Al mundo se lo velo, ylo descubro Al triste corazón cuando se queja, Que el raudal de placer que hay en mi pecho Sólo hay una mujer que lo comprenda. Benito Más yPrat. ÁPOLONIA. El águila caudal dobla la frente. El ala rota, el pecho atravesado; Sólo entonces el buitre encarnizado Se atreve áherir su majestad doliente. Así en tí ¡oh gran Polonia! impunemente El buitre moscovita se ha cebado, Yesta Europa que un día tú has salvado Tu martirio contempla indiferente. En el juicio de Dios yde la historia Su cobarde egoísmo fratricida Será eterno baldón de su memoria, Ypeligro constante de su vida... ¡Escrito está! ¡de Prasia en la victoria No es Polonia, es Europa la vencida! E. ¡LOLA...! ¡Pobre mujer! ¡Yá mi alma no enagena Tu voz embriagadora, Ni esa expresión ardiente ymovedura, Ni esa mirada de promesas llena! ¿A qué mentir? Suavísima cadena De ñores delicadas Tejió para mi encanto tu hermosura... ¡Flores ¡ay! que cayeron marchitadas Al sople? abrasador de mi locura! ¿Por qué tanto te amé? ¿por qué severa Del tiempo volador la dura mano Arrebató aquel día En que ciego de amor ¡ay! te creyera El claro sol de la esperanza mía...? Hoy de tan hondo sueño El alma despertando, con empeño Quiere áun mundo volar desconocido... Yen él... otras mujeres, Gloria mayor, más férvidos placeres Arrebatar en su triunfal carrera... ¡Y allí... de lo que. ha sido Ni la memoria conservar siquiera! Pero miro correr por tu mejilla Lágrima abrasadora De tus divinos ojos arrancada... ¡Perla que allá en la orilla Todo un mar de dolor dejó olvidada!! ¿Yo tu llanto causar? nó, yá no quiero La cadena romper de mi destino... ¡Á cuanto el mundo encierra Yen mi mente quimérica imagino Sólo un destello de tu luz prefiero! ¡Perdona mi ambición! mi frente loca Un momento olvidó que tal encanto, Tan sublime placer como soñaba, Se encierran en un beso de tu boca. Enjuga... enjuga el llanto, Que tiene yá mi corazón herido... ¡Quiero ver tu sonrisa placentera...! ¡Quiero en ella, de amor enloquecido, Tu aliento respirar hasta que muera! Carlos Peñaranda. TEATROS. De distinto modo que el generalmente esperado, se inauguró en los primeros dias de este mes la temporada lírico-dramática en el teatro de San Fernando, debido ála injustificada ausencia de las Sras. Zamacois yToda. Prescindirémos de este ruidoso asunto, encomendado yá ála prensa, ypasaremos á reseñar brevemente la ejecución de las zarzuelas representadas en dicho Coliseo hasta la entrada de nuestro número en prensa. Estas han sido: Los diamantes de la Corona, El 'postillón de la Rioja, yLas hijas de Eva. Su ejecución ha dejado mucho que desear. Apesar de los victoriosos esfuerzos de los Sres Prats yGimeno en la primera, el conjunto no ofreció la mejor unidad, sintiéndose el espectador frecuentemente despojado de su ilusión, siquiera fuese imperfecta, sin que fueran bastante amantener su interés los delicados pensamientos ygalana frase del inspirado autor de Flor de un dia. Con El postillón de la Rioja, hizo su debut el tenor Sanz. más pródigo en grado- 20 LA HISPALENSE. sos juegos de estudiante que en musicales notas: por lo demás, la ejecución en general, fué bastante débil, tal vez por encargarse la Sra. Montañés áúltima hora del papel de la baronesa, por indisposición de la Sra. Cuaranta, óbien por haber contribuido algunas figuras ála confusión del cuadro. Ciertas oportunidades del disfrazado lacayo hicieron reir por largos momentos al público: nosotros, sin embargo, áfuer de descontentadizos, preferiríamos más verdad yménos colorido bufo. De la zarzuela El niño, sólo dirémos que estaba como niño en casa agena. Pero donde más ha podido notarse la falta de las actrices que se niegan áanimar nuestra escena, ha sido en Las hijas de Eva: creemos que esta obra requiere superiores fuerzas yun crecido número de ensayos. La Empresa, no obstante, al contratar ála tiple Sra. Uzal, cuya carrera artística nos es desconocida, patentiza algunos aunque débiles esfuerzos por complacer álos aficionados. El Domingo anterior asistimos casualmente áparte de la representación por una compañía infantil, del drama Isabel la Católica, en el incómodo teatro de Lope de Rueda. Pasaríamos en silencio este pequeño holocausto áThalía, áno ser por la joven que ejecutó la protagonista, yque ha llamado nuestra atención. Su fácil dicción éinteligente oido en la medida del verso: su voz agradable yllena, ysus expontáneos ademanes, revelan un verdadero corazón de artista ydisposiciones bastante dignas de cultivo. Las cortas dimensiones destinadas áesta Revista, me impiden tratar con la extensión que quisiera, del lindo juguete en un acto, titulado La Epístola de San Pablo, puesto en escena en Variedades la noche del Mártes pasado. Aunque no es nueva esta zarzuela en los teatros de esta Capital, como quiera que la reaparición de una obra cual la que nos ocupa ha llegado áser, por desgracia, un acontecimiento notable en nuestros dias, no podemos por ménos que hacer mención de ella. Los delicados chistes que la salpican yla gracia yverdad de los contrastes, hacen de esta zarzuelita un destello dramático. Sin embargo, pasa modestamente aplaudida en pos de Robinson, como pasar suele la humilde yvirtuosa beldad junto ála impúdica cortesana. En el próximo número nos ocuparemos de la zarzuela Carnpanone, anunciada para debut yprueba de la Sra. Uzal. Aben-Thamar. CHARADAS. Solución álas del número anterior. i. aMía. — 2aTuyo. Mi primera no es santo Yestá en el cielo, Donde fué descubierta Por Ptolomeo. Yes tan hermosa, Que hasta el sol la visita (Cuando le toca). Miéntras prima recibe Al rubio Febo, La tercera derrite Todos mis huesos. Esto es decirte Que tercia en ese tiempo Es insufrible. Te diré de segunda, Para acertarla, Que es letra que pronuncias Con la garganta. Yel todo, amigo, El nombre es de la bella Por quien suspiro. X. La solución en el próximo número. Imp. de Gironés yOrduña, Lineros 2yLagar 3y5. 'Sevilla.—1871. AÑO I. NOVIEMBRE l.° DE 1871. NÚM. 3.* Filosofía, Ciencias, Literatura yAries. Nuestro querido compañero, el inspirado poeta Gárlos Peñaranda, se ha separado de la redacción de nuestra Revista, atendiendo al mal estado de su salud. Le deseamos un restablecimiento total, yesperamos verlo pronto ánuestro lado defendiendo la idéa que llena completamente su cabeza ysu corazón. Los suscritores de fuera de esta capital que no hayan satisfecho el importe del trimestre, se servirán remitirlo, con objeto de ultimar las operaciones de contabilidad de esta Administración. STJjVX^IRIO. I. Crónica política, por J. Gómez.—II. Estado actual de la sociedad, por Manuel Perez Crespo.—III. Establecimientos penales, por X.—IV. Discurso pronunciado por José M. Rodríguez en el Casino republicano federal, el 17 de Setiembre anterior (continuación).—V. Zaida (continuación), por J. Gómez.— VI. ALope de Vega, por E.—VII. ÁLucídea, por Benito Más yPrat.—VIII. La niña enferma, por Aben-Thamar.—IX. Á la memoria de D. Julián Sanz del Rio, por V. A.—X. Teatros, por Aben-Thamar.—XI. Charada, por X CRÓNICA POLÍTICA. Pocos son los sucesos que han venido á agitar las cenagosas aguas de la política actual durante la segunda quincena del mes pasado. Dos manifiestos de un lado, discusión en la Cámara de la cuestión latente del dia, la Internacional, del otro. Estos son los únicos hechos culminantes que se presentan ánuestra crítica. El primer manifiesto fué dado por Sagasta. Sin duda este señor no encontró otra frase mejor para empezar su confesión, que la yá olvidada en la literatura clásica, pero que por esta razón sin duda pertenece hoy al dominio exclusivo de los progresistas, de ((Hay momentos en la vida de los pueblos....» Ólo que es lo mismo: «Presenta la vida política ocasiones solemnes....» Ypara muestra un boton. Apesar de no dirigir más que una rápida ojeada sobre este documento, no queremos privar áaquellos de nuestros lectores que no lo hayan leído, del placer de anegarse en la profunda filosofía en que abunda la siguiente frase, que entre multitud de ellas escogemos. Dice así: «Progresistas hemos sido, progresistas nos llamamos y...» progresistas seguiremos siendo. Para demostrar el Sr. Sagasta que quieren poseer con motivo yjustos títulos el nombre de progresistas, dice que están dispuestos áno falsear ninguno de los principios que se establecen en la Constitución. ¡Oh! ¡A qué gran meditación no se presta el anterior párrafo! ¡Qué de consecuencias no se desprenden de su lectura! Por él sabemos que los progresistas se están llamando tales hace muchos años vtodavía no han podido progresar lo suficiente para dejar de serlo: haciéndonos ver al propio tiempo que, ólos progresistas se han cuidado poco de respetar las leyes fundamenta- 22 LA HISPALENSE. les del Estado, óque ántes de dar su manifiesto Sagasta estaban dispuestos áfalsear esos mismos principios. Yesto se consigna en un documento público. Renunciamos áexaminarlo con más detención, por ser empresa harto difícil analizar un documento progresista. Concluirémos con él diciendo que lo autorizan sesenta yuna firmas, entre las que figuran las de los Sres. López, diputado por Sevilla, Arístegui, Laffíte y.... basta. Dispénsennos nuestros lectores el estilo un tanto burlesco que hemos empleado hasta ahora; pero la verdad es que hay asuntos imposibles de tratar en sério yde esa índole es el que nos ocupa. Manifiesto de la fracción Zorrilla es el segundo. Aunque tampoco seamos muy amigos de la política de este señor, preferimos, sin embargo, aunque no sea más que en teorías pocas veces llevadas al terreno de la práctica, las doctrinas de libertad yradicalismo que en él se vierten. Sólo en un punto nos ha parecido ménos radical de lo que debiera yes en el que expresa que el único objeto de su fracción ó partido es la consolidación yapoyo constante ála monarquía democrática, como expresión de la voluntad popular, para bien de la nación española. Cuestionable por más de un concepto es la tésis sentada por Zorrilla de consistir el bien de la nación yla garantía de las libertades en la monarquía democrática. Nosotros creemos que no sólo es innecesaria esa monarquía para el afianzamiento de las libertades, sino que es su enemigo constante. Cuestión de apreciaciones. Sin duda la vemos por el prisma de libertad amplísima, en uso de derechos, pero cumpliendo deberes, no siendo para esto necesario trono alguno, sino sólo ley; miéntras que Zorrilla la verá por el de ministro que ha sido yespera volverlo áser. Al pié de este manifiesto figuran ciento cuarenta vuna firmas. %> No queremos terminar sin observar ántes que en ámbos manifiestos se llaman, tanto la fracción Sagasta como la de Zorrilla, progresistas democráticos: que ámbos se dirigen ála nación, pero que las doctrinas son completamente distintas, lo que hace se separen más ymás estas dos fracciones del partido progresista. Por más que quizás no esté léjos el dia en que se unan estos dos hombres importantes, llevándose en pos de sí sus respectivas fracciones, para tener después el gusto de separarse yunirse nuevamente, siguiendo así hasta.... quién sabe dónde. La Internacional abruma al ministro de la Gobernación (Candau), hasta el punto de proponer en un elocuente discurso se considere dicha asociación fuera de la ley. Suficientemente probado quedaría el liberalismo del ministro con su mismo discurso sin necesidad de que Castelar yGarrido tuvieran que decirlo. La Constitución autoriza la existencia de toda asociación que no tenga un fin inmoral^ ycomo la Internacional no lo tiene, todo lo que sea atacarla es conculcar el derecho de asociación, uno de los últimos que nos restan. Si se reprime esta sociedad, vendrá áser secreta en vez de pública yyá sabemos todo el poder que tiene un enemigo que se oculta. Por lo demás, los intemacionalistas han dado ánuestros ojos un gran paso que les honra mucho, citando ápública discusión á los que la atacan sin oirlos yquizás sin saber áqué aspiran, tomando como único juez la opinión pública. Yconcluyo esta crónica, que se hace yá demasiado larga para el poco espacio de que dispongo, manifestando ánuestros lectores? LA HISPALENSE.' 23 por si alguno lo ignora, que continúa el mismo ministerio Bassols, Candau, etc. ¡Y hay quien asegura que no existen milagros! J. Gómez. ESTADO ACTUAL DE LA SOCIEDAD. Tan léjos como nos remontemos ála tradición de las sociedades humanas, no podemos dejar de apreciar que se ha verificado un progreso inmenso en las ciencias, en las artes yla industria. Las invenciones de la imprenta, la brújula yel vapor, los descubrimientos de Newton yde Colon, nos dán una superioridad incontestable con relación ánuestros antepasados. Pero ¿existe realmente el progreso en la organización social? ¿Son los hombres mejores ymás felices? Difícil es la contestación. Cierto que en varios países, yen España misma, no existe el despotismo feroz délos tiempos de Felipe II; pero áun en los países más libres, ála vista de tanta corrupción moral ypolítica, sentimos la falta de algunas virtudes yaparente explendor de Roma yAtenas. Las costumbres se han dulcificado; las leyes son más humanas; pero la sociedad languidece yha muerto entre los hombres el visor yla energía. La guerra no cesa en sus furores; es permanente, como la miseria yel embrutecimiento del pueblo. La superstición yel fanatismo se han debilitado, pero en cámbio, toda creencia ha muerto en el corazón de los hombres, como seco está igualmente álos sentimientos piadosos, álas afecciones más santas ypuras del alma, convirtiéndose en viles adoradores del becerro de oro, único Dios de la sociedad actual. Si profundizamos en su íntima organización, sólo hallamos el triste espectáculo de la anarquía yde la violencia en sus manifestaciones; todos los intereses en lucha ycontradicción, ycada uno atendiendo álos suyos únicamente. Si penetramos algo más, encontramos en el fundamento mismo de la sociedad, en la familia, igual discordia yanarquía; esposos, ífiios, hermanos ofrecen con frecuencia los más deplorables ejemplos de luchas, rivalidades y egoistas tendencias. Con semejante organización, no es extraño que sólo impere la violencia yel engaño; éste para medrar yaquella para gobernar. De aquí resulta, que toda mejora no es más que un paliativo; que de la destrucción de un abuso surge otro abuso, yque giramos en un círculo vicioso, en que los males engendran males, sin hallar remedio átal estado de cosas. Las revoluciones hechas en nombre del pueblo agravan su miseria v aumentan la deuda nacional, las cargas públicas ylos impuestos, dando pretexto ánuevas revoluciones, que hacen la miseria más incurable, la felicidad social cada vez más imposible, matando las libertades por tiempo indefinido. El aplazamiento de las buenas prácticas de libertad no es una pérdida insignificante, nó; todos lo sabemos; la libertad es la primeranecesidad del hombre, su voto más querido, la única garantía de su desarrollo moral; pero ¡quién no es esclavo! Esclavos somos de nuestras pasiones en contradicción con todo lo que nos rodea; esclavos de mil preocupaciones yabsurdos desde la infancia. Dominados por una especie de fatalismo, nos vemos arrastrados al mal; obligados al bien sin voluntad propia, yconfundiendo las nociones del bien ydel mal en su aplicación. Hoy no sentimos más que una sola cosa clara ydistintamente, yes que no somos libres, en la verdadera acepción de la palabra, y buscamos la libertad instintivamente, vla impaciencia domina todos los espíritus. Cansados se hallan los pueblos de sufrir ylos hombres de esperar: cada uno procura su parte de goces; la legislación se confunde, los tronos vacilan, el sacerdocio se conmueve, las clases ricas se asustan, ylas masas, cuya sumisión es la única prenda de tranquilidad social, soportan, indócilmente, sus miserias 24 LA HISPALENSE. yaspiran ámejorar sus condiciones, venciendo toda clase de obstáculos. Tal es el estado actual, del que seguirémos ocupándonos en otros artículos. Manuel Perez Crespo. ESTABLECIMIENTOS PENALES. I. Punibles son los actos del Gobierno por su mala administración; reprochable la política reaccionaria que desenvuelve cada dia; inconcebible su miedo en adoptar radicales medidas contra el militarismo ylos altos empleados, verdadera langosta que devasta nuestra Hacienda; ineptos sus hombres para gobernar, pues sus actos lo demuestran; desatinadas todas sus medidas, yerros todos sus pasos ylocas sus pretensiones; pero lo que es aún más punible éimperdonable en él, es el abandono ydesconcierto en que se hallan nuestros establecimientos penales. Filosóficamente considerada esta cuestión, no puede ser más importante. Anuestro juicio debe preferirse átodo, porque sus efectos se producen inmediatamente en la humanidad entera. ¿Cuál es el objeto de los establecimientos penales? ¿No es corregir ycastigar al criminal evitando en lo posible la propagación del crimen? ¿Por qué, pues, se considera esta cuestión como accesoria, siendo de una importancia tal? Esta gravísima cuestión, que no es, que no puede ser en modo alguno cuestión de partido, sino de interés general para todas y cada una de las clases sociales, no ha ocupado aún seriamente la atención de nuestros gobiernos, yes increíble que los que vienen predicando moralidad (¡vana palabra en boca de progresistas!) no hayan siquiera pensado en reformar tan importantes ynecesarios establecimientos. El Gobierno ycon él las fracciones monárquicas de la Cámara, sólo se ocupan en maquinaciones éintrigas para derrotarse los unos álos otros, esto es, para apoderarse del mando, yjamás piensan en votar ley alguna de conveniencia pública. Como si no hubiese cuestiones sérias de qué tratar se trae extemporáneamente ála mesa la Internacional yse pronuncian discursos ymás discursos, ypasan dias ydias abandonados los presupuestos, la constitución de las Antillas, la ley de empleados y otras infinitas leyes cuyo inmediato planteamiento está pidiendo el país. Dijo un antiguo filósofo que los cuerpos tienen horror al vacío; esto es, que no pueden vivir sino en la atmósfera; ynosotros, parodiando estas palabras, dirémos que los gobiernos progresistas tienen horror álo útil (para el país), sólo viven en lo inútil é innecesario. Hable, si no, Ruiz Zorrilla, que cayó asfixiado por haber intentado respirar otra atmósfera que la progresista. De este abandono del Gobierno en lo que se refiere al bien general, se resienten más que todo los establecimientos penales, yel perjuicio que de esto resulta ála sociedad es inmenso. Las cárceles no son tales; son verdaderas zahúrdas donde se prostituye el que aún no lo está del todo. Vemos allí reunidos al escritor que publicó idéas políticas no del gusto de algún juez, yal criminal repugnante que, con risa sarcástica éinfame, se mofa del espanto del hombre honrado al verse confundido entre asesinos ytratado como tal; yvemos al inocente niño que, arrojado de su casa, el hambre le obligó áhurtar un pan ó una moneda con que proporcionarse sustento, le vemos reunido con el inmundo robador de oficio, que le enseña áextraer relojes del bolsillo, áabrir puertas con ganzúas, á utilizar la lima sorda yáfalsificar toda clase de firmas. Los presidios todos adolecen de mayores faltas. No hay penitencia, no hay corrección en estos establecimientos. Más que presidios LA HISPALENS. 25 podríamos llamarles escuelas de prostitución yde refinamiento del crimen. En todos los presidios existen juegos en que los estafadores lucen su habilidad yrobándose mútuamente pierden la ropa, la comida, la cama, todo cuanto poseen. El que aún no está pervertido, pronto pierde la virtud que le resta; el que ha sido trabajador concluye por ser holgazán, yvemos con dolor que pocos, muy pocos son los que habiendo ido ápresidio no vuelven áél como castigo ámayores ymás repugnantes crímenes. ¿Dónde nace este mal? Los presidiarios todos tienen armas, y este imperdonable descuido yfalta de celo en sus empleados, motiva el que áun dentro de los mismos presidios, donde se castiga ycorrige al delincuente, donde se pone al hombre frente ásu conciencia para horrorizarlo por sus hechos, allí, en la escuela de corrección, se cometan los más horrendos asesinatos. Existen desgraciadamemte en todos los presidios hombres que por su maldad yaudacia consiguen hacerse temer de sus compañeros; yesta influencia que sobre los demás ejercen, mejor dicho, este terror que inspiran, lo emplean en imponer contribuciones por su autorización para establecer tal juego, para permitir tal infamia, yen castigar villana ycobardemente al que intenta delatar sus depravados fines. Nada de esto ignora el encargado del establecimiento, pero aunque quiera no puede evitarlo, porque su autoridad muere en los muros del patio, allí donde empieza la del cobrador del barato. Para nada sirven los empleados de un presidio, porque su autoridad es nula para con los criminales: para nada sirven ymucho daño causan los presidios porque en ellos no se corrige ni castiga al criminal, y, lo repetimos, dentro de ellos está el refinamiento de la maldad. Inútil sería por demás encomiar la importancia de este asunto; todos saben yconocen que el país pide una inmediata yradical reforma en los establecimientos penales: que clama por la pronta reorganización de las cárceles, por la extinción de los presidios yplanteamiento de un verdadero sistema penitenciario. Miéntras esto no se lleve áefecto, miéntras existan las actuales cárceles ypresidios, será utópico cuanto se hable de evitar la propagación del crimen, yverémos con amargura que la estadística criminal arrojará cada dia majores cifras de las más torpes yrepugnantes maldades. (Se continuará.) X. DISCURSO pronunciado por José M. Rodríguez en el Casino Republicano Federal de esta capital, el 17 de Setiembre anterior. (Continuación.) ¿Es acaso la primera vez que se han propagado las doctrinas que hoy propaga La Internacional? Nó; yá se han propagado en otra época. Dirémos con Salomón: Nada nuevo hay debajo del sol. Por eso no deben asustarnos esas doctrinas, por descabelladas que parezcan, sino que debemos asociarnos todos áese gran pensamiento de emancipación, ycoadyuvar con todas nuestras fuerzas para conseguirla. Pero debemos estudiar ántes las doctrinas que se propagan por si son aceptables, conocer los propagadores yreflexionar la manera de llevar áefecto esa grande, esa interesante yhasta necesaria reforma social. Reflexionemos: ¿Qué es el trabajo? El trabajo es la copiosa fuente, el manantial fecundísimo de toda la riqueza. El trabajo es el que ha embellecido y perfeccionado el globo que habitamos: el trabajo es la sávia de la sociedad; es el gran agente, el gran defensor del hombre contra la Naturaleza; ésta fué ménos pródiga con el 32 LA HISPALENSE. Pero aparecen Dédalo, Arquímedes, Pitá— goras, Galileo, Tasco de Gama: inventores, cultivadores de útilísimos ramos de las ciencias, que en cierto modo vienen ásatisfacer aquellas necesidades, yde descubrimiento en descubrimiento, de adelanto en adelanto llega la sociedad al estado en que hoy se encuentra. El hombre, con. sus constantes trabajos físicos éintectuales, vá progresando ála vez que multiplicándose; pero vemos que miéntras más progresa la sociedad, más necesidades descubre: vá siéndole más necesaria la cooperación de todas las inteligencias, de todos los esfuerzos colectivos éindividuales. Razón por la que no es solamente trabajador el agricultor, el albañil, el carpintero, el herrero: lo es todo aquel que tiene una ocupación legal ála que constantemente se dedica, sea cual fuere, porque la sociedad necesita de todos. La sociedad es una gran máquina compuesta de innumerables piezas, todas necesarias, por más que no todas constituyan separadamente su fuerza motriz; por ejemplo, la locomotora, que está compuesta de muchas piezas, siendo las más principales el pistón, el cilindro, laviela; pero si le falta un pequeño tornillo óuna insignificante chaveta, la máquina no funciona en debida regla. Con esto se prueba que es trabajador el poeta, el literato, el abogado, el médico, el periodista, todos los hombres, en fin, ménos las verdaderas plantas parásitas, como el clero, la aristocracia yel ejército permanente en tiempo de paz. Pero diréis que ninguna de aquellas clases ha sido explotada, esclavizada como la proletaria, que ninguna como ella necesita emanciparse. Sí, ciudadanos: todas las clases, lo mismo la mecánica laboriosa que la instructora han sido perseguidas yexplotadas. (Se continuará.) NUEVO LIBRO. Nuestro distinguido colaborador, el ciudadano Francisco Escudero yPerosso, ha tenido la atención de remitirnos un ejemplar de su Nueva réplica álas objeciones hechas ásu discurso sobre el concepto filosófico de la moral. El encontrarse nuestro número en prensa nos impide ocuparnos de este notable trabajo de la manera que su importancia requiere. Damos, sin embargo, la enhorabuena á su autor; pues no deja de ser conveniente la aparición de una obra cual la citada, sobre todo para aquellas personas que hayan dado oidos, sin duda de la mejor buena fé, álas aventuradas acusaciones de que ha sido objeto nuestro amigo. Las armas que en su contra han esgrimido determinados adversarios, embótanse solamente en el escudo de la erudición, yyá sabemos que esta prenda de valor inestimable tiene escasos poseedores. Por eso reprobamos con disgusto los anatemas conducidos por algunos desde el majestuoso Vaticano álas apasionadas columnas de un periódico político, yporque tal vez hayan despertado eco en los sencillos corazones de nuestras lindas compatriotas, yellas son óhan de ser en su dia el primer libro que nuestros hijos lean, para nunca borrarlo de su memoria. Recomendamos, pues, ánuestros abonados yal público la adquisición de este folleto científico, puesto yá ála venta en las principales librerías de esta capital, yque está destinado, en nuestro juicio, áalcanzar un éxito seguro ydefinitivo. La exac titud yoportunidad de las numerosas citas que hace el ciudadano Escudero en el espacio de su obra; el lenguaje correcto éinmerecidamente cortés que con sus impugnadores emplea, yel indisputable atractivo que sabe dar este escritor átodas sus producciones, hacen el mejor elogio de la Nueva réplica. LA HISPALENSE. 33 ZAIDA. CUENTO. (Continuación.) Zaida no contestó: tan sólo su rostro se tornó pálido como el de una estatua; pero él, acercándose cada vez más, pretendió rodear con su brazo el talle de tu hermana, que huyendo se refugió en los mios. La escena que entonces pasó renuncio á describírtela; la indignación me ahoga yno quiero tampoco añadir más dolores álos muchos que deposito en tu pecho. Bástete saber, que Aben-Humeya, nopudiendo arrebatarla de entre mis brazos, sin ser bastante ádetenerlo ni las lágrimas de Zaida, ni la defensa impotente que yo hacía, llamó en su auxilio soldados de la escolta que le esperaban ála puerta de nuestra choza yellos me la robaron ycondujeron hasta el caballo en que montó el Emir, partiendo con ella veloz cual el águila que atraviesa el espacio llevando en su corvo pico ála inocente paloma.... Yo pretendí seguirlos, pero imposible; pocos pasos habla dado fuera de la choza, cuando se perdieron de mi vista envueltos en la nube de polvo que los corceles de la escolta levantaban en pos de mi hija, ycaí desfallecido. Calló Amur; sus labios temblaban; de los ojos brotábale un sombrío resplandor, reflejo quizás de los sentimientos de su alma, ysu boca acaso pronunciase alguna palabra que subiera del corazón. ¿Sería la de venganza óla de justicia? Kader no contestó; no podía hacerlo. La lucha de los encontrados sentimientos que en su pecho se agitaban se lo impedia. El amaba áZaida. ¿Pero era sólo amor de hermano el que le profesaba? Desde que Kader vino al mundo, siempre la conoció con su padre, del que no se habia separado nunca. De su madre no conservaba más que un recuerdo vago; habia muerto apénas contaba él tres años. Zaida tenía dos más que Kader. Ambos vieron desaparecer tranquilamente sus primeros años en aquellas áridas rocas, sus compañeras de infancia, álas que prestaban lozanía yamenidad su juventud y belleza. Kader, sin embargo, cuando pasados yá los primeros años de su vida, entró en esa edad en que los hechos pasan por nuestra vista como olas que se suceden sin dejar rastro alguno de su paso, amaba áZaida; pero él no sentía ese cariño desinteresado ypuro que hace de los hermanos séres en que se mezcla sin concierto el amor vulgar ygrosero de los hombres, con la suavidad ydulzura del que deben poseer los ángeles, nó, Kader obedecía ála influencia de una mano misteriosa que le empujaba constantemente hácia Zaida. En otro tiempo, siendo pequeños, sentíase Kader orgulloso ycontento en jugar con su hermanita Zaida, abriendo hoyitos en la húmeda arena de la playa, por el sólo placer de volverlos állenar, óbien se deleitaba corriendo juntos, cogidos de la mano, por aquellos inmensos arenales. Más tarde, cuando ambos crecieron, ysaliendo de la infancia entraron en la edad de las pasiones, Kader sentía un placer infinito en contemplar, en unión de Zaida, subidos en alguna alta roca, la inmensidad del mar, ese majestuoso panorama, al ocultarse el sol por detrás de aquel mundo de agua, que parecía arrastrar en pos de sí esa multitud de sombras que figuran agitarse ánuestra vista, apareciéndosenos como recuerdos del pasado ócomo mudas advertencias del porvenir. (Se continuará.) J. Gómez. ÁUN ÁNGEL. Era un genio misterioso Que yo en mi infancia veía 34 LA HISPALENSE. Aparecer presuroso, Yen mi cima cuidadoso Yelar miéntras yo dormia. Yal despertar le miraba Tender el vuelo ála altura, Yen su tránsito arrojaba Destellos de luz, tan pura Que al mismo sol eclipsaba. Una noche.... vagamente Sentí que mi sien latía Oprimida fuertemente; No sé ¡oh genio! todavía Qué pusistes en mi frente. Mas algo en mi pensamiento Dejára tu mano escrito, Que en vano saber intento; ¡Ay! ¡yo desde entonces siento Yago deseo infinito! ¡Ángel que hasta mí bajaste Yque mi cuna meciste Ymi infancia protegiste; Tú que mi frente tocaste Ymi frente arder hiciste; Si eres bella realidad Yaliento de Dios respiras, Dime ¡oh génio! por piedad Si desde la eternidad Como en mi infancia me miras. Descúbreme el grave empeño Que en mí siento germinar Ora triste, ora risueño; ¡Oh! si sólo has sido un sueño ¿Por qué me has hecho soñar? Dímelo yel alma mía Esta mansión transitoria Cruzará sin agonía; Dímelo.... ymi fantasía Imaginará la gloria. Déjame ver la aureola Que rodeaba tu frente; ¡Esa diadema explendente Que ignota luz tornasola Yacaso viera el Oriente! Ydime en mi pensamiento Qué dejó tu mano escrito, Que en vano saber intento; ¡Dime también por qué siento Yago deseo infinito! Abex-Thamar. UNA NUBE. ORIENTAL. —Ayer, ingrata Zulema, Cuando fuimos áBib-rambla, Yo ávencer moros al circo Ytú moras en las gradas, Vi que al mirarte Gazul, Cuando en el palenque entraba, La rosa de tus megillas Se trocó en purpúrea dalia. Yá sabes quién es Gazul. Aquel zegrí que en las zambras Bravea vistiendo seda, Ytiembla al ceñir la malla: El que por cojer tu guante En el patio de la Alhambra, Le crucé ante sus amigos Con mi manopla la cara. No frunzas, Zulema, el ceño Porque he leido en tu alma Lo que átu dueño le velas Con tu sonrisa taimada: Que el color de las megillas No en vano niña se cambia, Ylo que ocultan los lábios Lo dice áveces la cara. Yno digas que es mentira, Que sospecho que me engañas, Yante esta sola sospecha Tiembla mi alfange en la vaina. Que he jurado por Alá, Si su aliento te profana, Suspender vuestras cabezas De los garfios de esa plaza. Ayer al cruzar las calles De leve arena doradas, Que el apacible Genil Al nacer las nieves baña. Hallé un selam primoroso Formado de flores várias Con las letras de tu nombre En una cinta azulada. Ese ramo es de Gazul Que sus pensamientos ata Con una cinta de celos Para que mejor te plazcan. Pero ¡ay de él si se convierte Esa cinta perfumada En un sangriento dogal Que le oprima la garganta! Cura que jamás espere Bajo tu ajimez el alba, Ni lleve tu cifra al brazo Cuando se jueguen las cañas. Ycura que ni aun en sueños Su nombre átu labio salga, Que en mi pecho está dormido El áspid de la venganza. — Esto dijo Abenamet Mesando su luenga barba Yllevando entre sus dedos Los crespos rizos de rabia. Mas un beso de Zulema, Que riendo le escuchaba, Sobre un divan de Damasco Muellemente reclinada, Como el sol corta las nubes LA HISPALENSE. 35 Cortó la duda en su alma, Yserenóse su frente Que lq tormenta anunciaba. Pronto en el mórbido seno De la indolente sultana, Dobló Abenamet la frente Con tranquila confianza. Yel humo de los pebetes De la magnífica estancia, Envolvió el amante grupo En sus nieblas perfumadas. Benito Más yPrat. ALA MEMORIA DE MI QUERIDA MADRE. SONETO. Súbita inspiración hiere mi mente Al recordar ála que el ser me diera, Ála que en su regazo me adurmiera Con maternal amor, puro yvehemente. ¡Yá no existe! Con mano prepotente Blandiendo su segur, la Parca fiera Cortó de un golpe su vital carrera Áuna señal del Dios Omnipotente. ¡Madre querida! Si el acerbo llanto Que de mis turbios ojos se desprende Bastára ádarte el eternal reposo, No cesára un instante mi quebranto Desde que nace el sol, hasta que tiende La oscura noche el manto tenebroso. Y. A. TEATROS. Revista en tres actos; cada uno con su TÍTULO PARTICULAR. Acto io—San Fernando. —Nubes y cuerdas. —Servidor de Y., vecino.... ¿viene Y. á identificarse con D. Juan Tenorio? —¡Ojalá, amigo mió! pero, créame Y., tengo vá el corazón gastado. —Pues ¿qué edad tiene Y...? aunque cometo una indiscreción.... —Diez ynueve años, caballero, diez y nueve años.... funesta edad de amargos desengaños. —¡Hombre! ¿quisiera Y. decirme quién es aquel enmascarado? —D. Luis Mejía. —¡Canario! ¿qué habrá hecho de aquellos cuartos que robó álos bandidos...? —Según lo pobre yderrotado de su traje, no debe quedarle un maravedí. —¡Qué calavera! —Me parece que el público se rie... ¡Santo Dios! ¿qué es aquello? já... já... já... —No, hombre, no se ria Y.: cada cosa tiene su explicación; aquello es... ¡una tromba marina! —Ja... ja... ja... T*•r•r J1•••lias* J1•t• —Pero... ¡qué interesante es la figura de Inés! ¿eh, vecino? —Sí, pero es cosa del diablo yel diablo se la lleva. —¡Pobre abadesa! ¡Cuán agena está de...! ¿qué es aquello? —Yá lo ve Y.; una cuerda. —Sí, mas no comprendo... —Es una cuerda que cae providencialmente para que se ahorque la abadesa. —¿Por qué? —¿Que por qué? ¡Sopla! ¿le parece áV. flojo el compromiso en que se verá cuando venga el otro y...? —Verdaderamente me ha conmovido este cuadro: eso de estátuas que se mueven yhablan por mandato de Dios.... yese picaro de D. Juan, que aún se atreve ádesafiar álos muertos.... ápropósito: ¿de qué moriría don Juan? —Tísico, caballero, tísico: ¡no ve Y. qut se irritaba, gritaba ygalleaba tanto el endemoniado! —Sí, sí; al cabo.... —Eso es, Matóle una calentura.... 36 LA HISPALENSE. Acto 2.°—Cervantes en Variedades. — La otra noche llamó la atención de un amigo nuestro un sugeto que, sentado en una butaca de este pequeño teatro, escuchaba y escribía alternativamente. El demonio de la curiosidad dió un leve envioncito ánuestro amigo, hasta colocarlo en situación de poder leer lo que anotaba en su cartera el desconocido. Así escribía: «.El diablo yLas hijas de Eva (que vienen áser una misma cosa), se han apoderado del teatro San Fernando, que está, por decirlo asi, entre Scilla yCaribdis. La segunda de las citadas zarzuelas tiene un coro siempre repetido ybastante bien ejecutado, en el que algunas damas de córte, en decadencia, se ponen de acuerdo ¿cosa rara! calladas yescondidas, para evitar un ‘ desafío, yse retiran cantando aquello de...i. Ni el ruido de una fardo:....» Ymás adelante decía: »Hace algunas noches el horizonte escénico se nubló un poco, yhubo algunos Relámpagos; pero fué cosa de escasa importancia.... El teatro de Variedades se vió sorprendido la noche del mártes último con la presencia de nuestro gran Cervantes, ycomo un convidado convida áciento, él atrajo al fecundo Lope con su escandaloso buen humor. El loco de la guardilla tiene bellezas de primer orden, éinspirada ynoble versificación. Pero no acertamos ácomprender cómo el bueno de Cervantes no descubrió en el rostro de Lope al cándido usurero Matatías.» Hasta aquí escribió el desconocido, ysegún nuestro amigo asegura abandonó al punto el salón. ¿Por qué no permanecería más tiempo en él, toda vez que aún faltaban Un tigre y El grumete ? Acto 3.°—(San Fernando.)—Naufragio. Nunca falta una tabla para un náufrago: Robinson naufragaba yel público le ofreció la tabla de la indulgencia, ála que el mísero pudo asirse, no sin experimentar sérios temores. Esto, apesar de tomar parte en la obra (protagonista obligado) el primer actor ydirector de escena. Forzoso es convenir: En que cualquier blanco puede pasar por negrito, sólo con pintarse. En que cualquiera es marino en Robinson, sólo con acostumbrarse al peso de tres anclas enormes, yrezar un papel rápidamente. En que la reina Ananás ylas indias viudas son más avaras de ciertos encantos que la hambrienta turba caribe. Yúltimamente en que alguna marinerita está muy graciosa con el sombrero de hule. Una pregunta: ¿Siguen los ensayos de El molinero de Subiza con la misma actividad...? Aben-Thamár. CHARADAS. Solución ala del número anterior. Tocador. Es la primera vocal, Yla segunda ytercera Tanto se estima en palacios Como en Irumildes viviendas; Cuarta ysegunda en un tiempo Era propiedad estensa Que átodo varón francés Daban sin que la pidiera, ylo que dice mi todo Es una entidad muy gruesa, Que no vá en tercera ycuarta En los asuntos de pesca. X. (La solución en el próximo número.) Imp. de Girones yOrduna, Dineros 2yLagar 3yñ. 'Sevilla. — 1871 . oDICIEMBRE l.° DE 1871. NüM. 5.° REVISTA REPUBLICANA FEDERAL Filosofía, Ciencias, Literatura yArtes. ADVERTENCIA. Nuestros abonados de fuera de esta Capital, que no hayan remitido el importe de su suscrieion, se servirán hacerlo si no quieren sufrir retraso en el recibo del periódico. SUMARIO. I. Crónica política, por J. Gómez,—II. La cuestión social, por Manuel Perez Crespo.—III. Discurso pronunciado por José M. Kodriguez en el Casino republicano federal, el 17 de Setiembre anterior(continuacion).—IV. Juicio crítico, por J. Gomez.—V. Zaida., por J, Gómez —VI. Humo ySombra, por Aben-Thamar.—VII. Revista de teatres, por Aben-Thamar.—VIII. Charadas, por X. CRÓNICA POLÍTICA. Sensible en estremo me es, el tener que empezar la revista de sucesos durante la quincena, con un hecho escandaloso. El primero de que me ocupé en la crónica anterior, fué el de los diez mil reales de Rojo Arias. Yo creia le hubiese servido de correctivo la dura lección que le propinaron los mismos progresistas; ymas aún la penitencia que se impuso de reintegrar los diez mil reales; pero no fue así; me equivoqué ylo siento, no tanto por Rojo Arias, como por las leyes de España. Los diez mil reales fueron como el prólogo en pequeño de una obra mayor. Ya no es esta suma la que entretiene un momento la atención de la cámara, son cien mil reales, cuya inversión se ignora. Se le entregan doce mil duros en varias partidas al gobernador de Madrid para socorro de las casas de Beneficencia; v. cosa rara, no se encuentra la distribución mas que de siete mil. Hay mas, Rojo Arias en su descargo dice haber nombrado una comisión que interviniera en la entrega de fondos y¡oh desgracia! ni el nombramiento de esa comisión aparece en el espediente; ignorándose por lo tanto hasta quien la componía. Hechos de la naturaleza del que nos ocupa, tienen su comentario con su solo relato. Hubo algunos diputados que pidieron se declarase el congreso en sesión secreta con objeto de tratar el lamentable asunto de Rojo Arias. Nosotros creemos que esos lamentables hechos no deben pasarse entre las sombras del secreto sino discutirse ante la luz de la publicidad. Lo que predecíamos en la crónica anterior, ha venido árealizarse. Han sido suspendidas las sesiones del Congreso. Difícil sería hacer una reseña, por mas que fuese lijera de lo que han presenciado las córtes en los pocos dias de la quincena pasada que han estado reunidas. Votos de censura mas ómenos embozados, al Gobierno, de todas las fracciones de la Cámara; proposición pidiendo el establecimiento de las comunidades religiosas, derrota del Gobierno en las votaciones... de 38 LA HISPALENSE. todo ha habido, discursos furibundos, gritos hasta cierto punto subversivos, diez ynueve horas en la última sesión yel trumó gordo por remate, conclusión ócoronamiento. La última sesión fué un magnífico canast—j tillo de fuego en el que no faltó nada. Después de tomarse en consideración el voto de censura; pero antes de discutirse: después de desecharse la proposición de no ha lugar ádeliberar sobre la de las comunidades religiosas; pero sin que tampoco se hubiese discutido; el Sr. Malcampo, ypor si hay alguno de nuestros lectores que ignore quien es este señor le diremos es el Presidente del Consejo de Ministros, subió ála tribuna ycon voz segura, aunque pretendía apareciese llena de emoción, leyó el decreto en que el Rey en uso de las facultades etc... venia en suspender las sesiones del Congreso. El efecto que produciría este decreto se adivina solo con leer el estrado oficial de la sesión; allí hubo diputados que dieron vivas ála soberanía del pueblo yála República, que fueron los mas; yoíros al Rey, que fueron los mecos. Algunos malévolos yde torcidas intenciones pretenden hacer creer que con este acto prueba el Gobierno su temor de que se discuta el voto de censura por no tener la conciencia muy tranquila yaun también por que con las Cortes abiertas no podrían hacerse las elecciones municipales con toda la libertad que la situación exige; pero no hav tal cosa: vnos fundamos al asegurar esto, en que el Ministerio al presentar su dimisión no le fué admitida, porque merecía la confianza de la corona. Por lo demás el Gobierno se ha completado: de Blas ha entrado en el ministerio de Estado. Para solemnizar esta entrada, así como la confianza que se tiene en los Ministros, se ha dado un decreto por el Ministro de la Gobernación (Candau) disponiendo se aplacen las elecciones municipales en aquellos puntos donde tengan que verificarse para diputados ácórtes óprovinciales. No quiero cerrar esta crónica, demasiado lijera por cierto, sin participar ánuestros lectores para que no pase este hecho desapercibido, que el 16del mes pasado, fué el aniversario de la célebre coronación del edificio revolucionario, que en igual fecha de 1870 nos dieron 191 votos un Rey que no pedíamos. J. Goviez. — LA CUESTION SOCIAL. Consecuencia lógica de las ideas emitidas en los artículos anteriores, es la solución práctica éinmediata de las teorías expuestas. Los principios en ellas sustentados, quedarían reducidos ámeras hipótesis, más ó menos fantásticas, según el criterio político de nuestros lectores, si no indicásemos, al menos, nuestro juicio, respecto ála posibilidad de su planteamiento. .Bajo dos aspectos, distintos en la forma, pero semejantes en la esencia, puede ser considerada la cuestión. El uno económico ypolítico el otro. Aunque no es posible separar, en absoluto, el uno del otro concepto, sino que por el contrario, ambos son perfectamente solidarios, es fuerza estudiarlos separadamente, como el medio más fácil de exponer la ín - fluencia que, aisladamente, ejercen en las evoluciones políticas vsociales. Fomentar v 1VJ difundir la riqueza nacional, debe ser el objeto preferente del economista; loprimero se consigue con la libertad de comercio, yreforma provisional de aranceles; con el establecimiento de grandes bancos que aseguren el crédito yfavorezcan las transacciones, garantizándolas al propio tiempo. Una vez conseguido esto, es indudable que surgirían las grandes empresas, agrícolas é industriales, dedicadas ácanalizaciones, des- LA HISPALENSE. 39 montes, establecimiento de colonias, yesplotacion de nuestra inmensa riqueza metalúrgica: rotas las trabas al cambio de productos, la industria, provista ya de superiores elementos, en capitales yprimeras materias, prestaría su eficaz auxilio al fomento de la riqueza pátria, compitiendo nuestras manufacturas en perfección ybondad con las que hoy buscamos en el estrangero. No basta, sin embargo, fomentar la riqueza nacional: es preciso; absolutamente indispensable, difundirla, hacerla asequible á todas las clases de la sociedad; sólo así, y proporcionando un bienhestar, relativo, á cada uno, equivalente ásu aptitud yconcurso libre en la producción, es como llegaríamos ámodificar la condición del pueblo, interesándolo, en la conservación yaumento de su propiedad, hija del trabajo, ygarantía de moralidad social, yfelicidad doméstica, ambas hov negativas. Para conseguir tales fines, es necesario prescindir del apoyo directo del Estado; la iniciativa de la provincia, del municipio, ydel individuo, son las únicas que deben ypueden realizar tan grandioso propósito. Siendo el Estado simplemente una abstracción ,puesto que no puede ser otra cosa en perfecto derecho, no tiene ninguno para establecer jurisprudencia, en asuntos propios del individuo como familia, municipio, yprovincia, en cuyas tres manifestaciones, goza de derechos vdeberes esclusivos éindependientes, subordinados, tan sólo, ála unidad de la nación, representada por la constitución general de la misma. La provincia pues en primer término: el municipio después, yla iniciativa individual, pueden realizar la propagación de la riqueza ysil difusión entre las clases sociales. La primera, estableciendo, forzosamente, universidades libres, colegios profesionales de artes éindustrias, con todos los útiles yaparatos mecánicos, necesarios ála enseñanza práctica. El municipio creando escuelas mistas, gratuitas, base fundamental de una instrucción amplia yprovechosa, ycuya acción moralizadora, ejercería saludable influencia en las costumbres, haciéndose respetables, desde la infancia, el uno al otro sexo, yemulándose mutuamente en sus comunes trabajos. Tales son los medios que realizarían, en gran parte, nuestro propósito, creando un plantel fecundo, de buenos artistas, en vez de empíricos rutinarios como al presente, yponiendo toda clase de conocimientos científicos, al alcance de las clases desheredadas. Ala iniciativa individual, corresponde el complementar los anteriores esfuerzos; yal decir iniciativa individual, compréndase que la suma de individualidades, Ubérrimamente unidas, ósea la asociación, es lo que por ella definimos. La asociación en sus múltiples manifestaciones, llenará los vacíos que la provincia yel municipio no puedan cubrir, ylo que es mas, superará en resultados útiles, álos esfuerzos aislados yparticulares de ambos cuerpos. Fundando sociedades, cooperativas yde consumos; sociedades constructoras éindustriales, bancos agrícolas, donde el agricultor, encuentre capitales áintereses módicos, emancipándolo del monopolio yla usura, que agotan sus productos. Sociedades dedicadas esclusivarnente ya áproporcionar herramientas yútiles para todas las artes, ya para la adquisición de primeras materias, y por último sociedades para la venta de productos naturales ymanufacturados en las diversas plazas comerciales. La asociación garantizando el trabajo, yayudando al obrero, le asegura la subsistencia, yproporciona, por sus economías, una propiedad, que solo yaislado jamás conseguiría. Hora es ya de ocuparnos del concepto político yde su importancia en la cuestión social. Un gobierno que garantice la autonomía del individuo, del municipio yde la provincia; que descentralice la administración; acabe con el ejército permanente, modificándolo, ydevolviendo millares de bra- 40 LA HISPALENSE. zos, &la industria yal trabajo en general, que no se erija en Pontífice, ni en pedagogo, he aquí lo que resuelve la euestioD. Toda la misión de un Gobierno justo ydigno de los tiempos actuales es el de cumplir y hacer cumplir las leyes únicamente. Pero estas leves, necesitan estar en armonía con los progresos de la civilización, de lo contrario, cualquiera que sea la forma del Estado, no corresponde ni álas aspiraciones, ni álas necesidades del pueblo español. Toda forma de gobierno simboliza, una evolución social: el patriarcado, la ignorancia ysencillez primitivas de los pueblos antiguos, el feudalismo, el espíritu guerrero de las razas invasoras com temporáneas de la república y del imperio Romano; la monarquía absoluta, el derecho divino, la monarquía constitucional, el advenimiento del pueblo álos poderes públicos. Esta última representación del derecho autoritario, yde la forma monárquica, es la época actual, pero se halla en sus postrimeros momentos, combatida por el derecho de los pueblos, cuya soberanía se alza pujante contra la de cualquiera otra soberanía, hallándose reducido el cargo de los monarcas, en los países constitucionales, al de primer magistrado déla nación. Ahora bien, si las libertades vderechos de los pueblos son incompatibles con las preeminencias de los tronos, si la sociedad actual tiende ágobernarse por sí propia realizando su perfeccionamiento, es innegable que el concepto político actual no es la forma de gobierno existente, ni la que puede resolver la cuestión que hace el objeto de nuestras anteriores consideraciones; solo la puede resolver una forma de gobierno propia del momento histórico presente, la República federal. Manuel Perez Crespo. DISCURSO pronunciado por José M. Rodríguez en el Casino Republicano Federal de esta capital, el il de Setiembre anterior . fContinuación.) Mientras que el obrero mecánico trabajaba reglamentado ybajo la férula del tirano, el obrero de la intelijencia era perseguido, encarcelado, ahorcado yhasta quemado, todas en fin han sido perseguidas por la teocracia ypor la aristocracia, yhoy mismo relativamente necesitan todas de su libertad. ¿Podrá esto conseguirlo la internacional? Si nos sujetamos álos principios del programa yaspiraciones que se leen en sus estatutos, diremos que no, pues estos principios son de un comunismo exagerado que en ninguna época ha podido establecerse, ménos se establecerán hoy, menos mañana yménos el siglo que viene, por que la marcha ordenada de la naturaleza, es el progreso yel progreso mismo rechaza esos principios, que son de puro retroceso. Probaremos sin embargo, si con estos principios puede emanciparse la soeiedad. Echemos una ojeada álo pasado; fijémonos en la antigua Grecia, cuna de las artes yde la ciencias, ycentro de toda reforma social. Veamos qué hicieron sus más grandes hombres. Licurgo quiso reformarla sociedad de Esparta yvisitó al efecto varios países de Oriente, observó sus leyes ycostumbres, yestableció un socialismo exagerado semi-socialismo ysemi-comunismo que produjo la tiranía por sus leyes bárbaras; Licurgo anula completamente al individuo y lo entrega al Estado desde la cuna al sepulcro; no anula la propiedad ni la herencia, pero la restrinje ridiculamente; pero en cambio establece la educación en común, diciendo: «El hombre nace para la patria; no nace para su padre, ni para sí mismo.» De modo que el que nacía con alguna imperfección lo arrojaban por el monte Taigeto; el que engrosaba mucho también era castigado por su molicie. No se conocían las leyes del pudor: las mujeres danzaban yluchaban desnudas delante de los hombres yse las obligaba áunirse al varón que se les designaba, para que diesen buenas crias, como si se tratase del ganado caballar ómular, yal viejo que estaba unido áuna jóven, se le obligaba áque aceptara LA HISPALENSE. 41 luégo el fruto de aquel adulterio. Reforma más tarde Licurgo sus leyes, ydice: «La propiedad toda de Esparta se repartirá entre los guerreros, ylos que no lo sean se encargarán en todos los trabajos por ser estas faenas infames propias de esclavos;» en fin los espartanos fundaron la esclavitud que manchó al mundo antiguo, mancha al moderno yes oprobio yvergüenza de la humanidad. Délas doctrinas comunistas de Platón, de Diógenes yde Aristóteles, no puede hablarse, porque eran muy exageradas, sostenían ¡a esclavitud en toda su fuerza: los esclavos se repartían en comunidad yservían hasta para satisfacer asquerosos vicios. Platón sostuvo el comunismo riguroso en las mugeresde los guerreros, para que ninguno conociera ásu padre, porque, decía, que en la guerra pelearían con más valor: pues cada cual creería que tenia ásu padre al lado, y¿qué sucedió? que como faltaban las verdaderas afecciones naturales, todos se odiaban, ycada uno veia en su compañero un enemigo. Diógenes insistió más que ninguno en el comunismo de la mujer, ydecía; «Esta es la verdadera república.» Sin embargo; paseando un dia por el campo, vióá dos mujeres colgadas de un olivo yesclamó: «Todos los árboles habían de dar estos frutos »Zenon, fundador de la secta estoica, también opinó por el comunismo, y, en fin, todos los hombres importantes de Grecia que pensaron reformar la sociedad bajo una forma socialista ócomunista mas ó menos exagerada, no pudieron conseguir que sus doctrinas prevalecieran; fueron la «voz que clama en el desierto.» La sociedad griega no quiso cuidarse de dichas doctrinas. (Se continuará,). JUICIO CRÍTICO. Ardua ypor demás difícil tarea es analizar cualquiera obra de arte, sobre todo si á su frente aparece el nombre de un amigo querido. Este nombre es áveces una niebla especial que oculta los defectos ymuestra sólo las bellezas de lo que deseamos analizar; pero nosotros procuraremos despejar la amósfera de amistad que pueda envolver al libro de que vamos áocuparnos ycontemplarlo con imparcialidad. Cárlos Peñaranda ha publicado un tomo de poesías con el modesto título de Presensentimientos. En la imposibilidad de hacer de dicha obra una crítica estensa, para la que nos confesamos incompetentes, la haremos sólo ágrandes rasgos. Por más que nos sea muy respetable la ilustrada opinión de nuestro particular amigo ycolaborador Francisco Escudero yPerosso, no estamos esta vez conformes con él en la afirmación que hace en su prólogo, de estar destinado el libro que nos ocupa, sólo áarrancar un suspiro ¡ó una lágrima, nosotros creemos que su misión es más grande, si fuera sólo aquel su porvenir, era en verdad, triunfo bien pequeño. Libros como el de nuestro amigo, no humedecen una sola página en el Leteo: son una mirada al porvenir; determinan una época en la vida de los hombres, son, quizás el resultado de la lucha entre la sociedad yel talento óla desgracia, lucha en que por cierto pocos salen tan cubiertos de gloria, como Cárlos Peñaranda. El autor empieza explicando por qué escribe: éste canto, delicado en ciertos momentos, áveces impetuoso yenérgico ysiempre lleno de una inspiración vigorosa, tiene cierta vaguedad, cierta melancolía que viene á condensarse en su última octava yen un pensamiento bastante delicado ybello. El lien 'perdido es un cuento seguido con naturalidad yternura: al leerlo óyese el rumor de la fuente que describe el poeta; nótase sin embargo, alguna pobreza de consonante. Por la espontaneidad de la frase resalta entre otras la poesía que el autor dirige Aun ANGEL. Alegórica en el fondo ydulcemente suave en la forma, tal vez pudiera descubrirse en ella la lucha interior de dos sentimientos grandes en su misma incertidumbre. Por más que el autor haya tenido la galantería de dedicárnosla composición que titula El Porvenir,nos cumple demostrarle nuestra gratitud por su recuerdo: pero no pasarla en silencio. No justifica, ánuestro juicio su epígrafe. Mejor creemos que podría titularse El Progreso. Efectivamente la humanidad dió su primer