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La Epístola Moral y sus personajes en México

Cruz, Salvador

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LA EPISTOLA MORAL Y SUS PERSONAJES EN MEXICO (*) POR SALVADOR CRUZ Maes o Agus ín Yáñez, Di ec o de la Academia Mexicana co es pondien e de la Española: Seño es Académicos: Seño as y seño es: Sin ju amen o alguno, a mí ambién se me pod á c ee -como a mi seño Ce an es-, que yo hubie a que ido que es e abajo mío uese digno de an ilus ado audi o io y an solemne ocasión como los p e se n es. Pe o yo sí qu e no pude con a eni a la na u aleza, y el mode s o ingenio mío no ae en sus al o jas unas líneas de buen amo : de amo a las le as españolas. Supla la de iciencia del c on in en e, el co n enido, pues es a noche aigo an e us edes -po p im e a ez econs uidos en su andadu a i al, de la cuna a la umba-, a dos pe sonajes del Si glo de O o: el capi án And és Fe nández de And ada y el caba ll e o don Alonso Tellc de Guzmán, au o y des ina- a io, espec i amen e, de la céle b e Epí s ola Mo al a Fabio. De cómo y po qué inie on a México y de cómo y cuá ndo u ie on su in y mue e en nue s o suelo, amos a sabe lo en (•) Leído en la ses ión pública del ie nes 6 de sep iemb e de 1974, en la Academia Mexicana Co espondien e de la Esp año la. P esidió la ce emonia el S . Lic. don Agu s ín Yáñez, Di ec o de la Co po ación; dio espues a al discu so el S . Lic. don José Rojas Ga cidueñas. 60 SALVADOR CRUZ un iaje documen al a la p ime a mi ad del siglo XVII en Nue- a España. Pe o an es quede cons ancia de nues a g a i ud al maes o Agus ín Yáñez, di ec o de es a co po ación, po su bené olo in e és en p opone nos como miemb o co espondien e; a quienes apoya on la p opues a, y a quienes, unánimemen e, o a on en a o de ella. Nues a g a i ud a aunada a la más sana in ención de con inua abajando po el buen nomb e de Tehuacán, la ciudad que nos io nace , y de Puebla, la ciudad a la que debemos nues a o mación in elec ual. P ocu a emos se dignos de la Academia Mexicana y de nues a p o incia, de nues os amigos y de nues os alumnos. La Epís ola y sus pe sonajes Lógicamen e, los pe sonajes de oda epís ola son dos. En nues o caso se a a del capi án And és Fe nández de An- d ada, emi en e, y don Alonso Tello de Guzmán, des ina a io. El si io de la ca a, Se illa. La echa lími e, an es de oc ub e de 1612. Es o que hoy podemos deci en medio minu o ha lle ado siglos en se acla ado. Sucesi amen e se adjudicó la Epís ola Mo al a Ba olomé Leona do de A gensola, a Rioja, a Med a- no. Menéndez Pelayo la hizo ob a de un «anónimo se illano»; Foulché-Delbosc pensó que nunca se llega ía a sabe quién e a el e dade o au o . El se illanismo de la Epís ola ue p econizado po Es ala desde el siglo XVIII. En cambio la echa sí ha cubile eado: Toussain la c eyó de 1618, Baig Baños de 1635. Nues o mode no conocimien o del asun o a anca de 1875, en que don Adol o de Cas o publicó su descub imien o, en la Biblio eca Colombina de Se illa, del manusc i o i ulado: «Copia de la ca a que el capi án And és Fe nández de An- d ada esc ibió desde Se illa a don Alonso Tello de Guzmán, p e endien e en Mad id, que ue co egido de México», De ahí, la sagaz in es igación de don Dámaso Alonso puso a lo e -casi o almen e- la igu a de Tello de Guzmán, el LA EPÍSTOLA MORAL Y SUS PERSONAJES EN MÉXICO 61 Fabio; un poco an es, Toussain había p esen ado es nue os documen os de Fe nández de And ada en Nue a España , si bien andu o poco ace ado al in e p e a sus da os. Nos complace habe log ado comple a «las idas pa alelas de Tello y And ada », como las llama don Dámaso Alonso. G acias a su a ec uoso es í mulo e o mamos el hilo de su in- es igación maes a has a log a ija los ex emos c onoló- gicos del au o y el des ina a io de la espléndida Epís ola Mo al. De cómo el Fabio no ol ió a España Don Alonso Tello de Guzmán nació en Se illa hacia 1580, hijo de Gu ie e Tello de B acamon e y Ma ía de Guzmán y A ila; e a, pues, como es ima don Dámaso, con empo áneo de Que edo. En 1606 se ab ió in o mación en Se illa pa a o o ga a Tello una ein icua ía en su ciudad na al. (La ein icua ía e a una egidu ía en el an iguo sis ema municipal andaluz). En 1612 Tello es ein icua o y ap a ece casado con doña Ma- ina de Mendoza. Y ese mismo año, en México, mue e en su ca go el i ey ay Ga cía Gue a; pa a sucede le es nom- b ado el ma qués de Guadalcáza , nacido en Se illa en 1578; es deci , paisano y casi de la edad de Tello. Lo cie o es que el 27 de oc ub e de 1612, nues o pe so- naje es de signado co egido de la ciudad de México. Tal ez poco an es, su amigo And ada le había di igido la Epís ola. Pe o nues o Alonso a da mucho en emba ca se y aun conocemos con cie o de alle los p epa a i os del iaje; su esposa no end á con él po encon a se en e ma. Al año si- guien e, el 3 de sep ie mb e de 1613, desde Puebla esc ibe al cabildo de México a isando de su llegada; el 16 , desde San Ma ín Texmelucan, epi e el a iso y, po in, el 19 hace su en ada en el Ayun amien o de México y ecibe la a a de co egido . Pasa el iempo, doña Ma ina de Mendoza mue e en España y nues o Tello solici a licencia pa a ol e a casa se, pe o 62 SALVADOR CRUZ el Consejo de Indias le deniega el pe miso el 8 de junio de 1616. Tal ez an e una si uación de hecho, Tello con ae ma- imonio clandes ino con doña Isabel de la Cue a Colón ha- cia 1617. De esa unión hab á , cuando menos, un hijo, Diego An onio Tello Colón de la Cue a y Guzmán. El co egimien o llega a su in y el p ime o de oc ub e de 1618 nues o Tello en ega la a a a su suceso . Como e a de es ilo en esos casos, se inicia el juicio de esidencia que hab á de ene sen encia a o able en 1620. G acias a la in es igac ión de don Dáma so Alonso cono- cemos en de alle la ac uación o icial de Tello. Quien quie a sabe cómo e a nues a ida me opoli ana en esa época, bien ha á en paladea la mo ida na ación del ilus e e udi o en su es udio El «Fabio» de la Epís ola Mo al: Su c a a y c uz en México y en España. Pe o Tello es un p e endien e con umaz, de modo que con echa 13 de ma zo de 1619 el Rey le nomb a Alcalde Ma yo de Puebla de los Angeles; se á el igésimo de la nómina de la segunda ciudad del i eina o. El 26 de ma zo el cabildo an- gelopoli ano ecibe al nue o Alcalde; al año siguien e, el 2 de mayo de 1620, se le p o oga a nues o Fabio el ·ca go «po segundo año de doce meses» y al in, el 14 de mayo de 1621, se nomb a al licenciado Miguel de Saldie na Ma iaca juez de esidencia pa a el alcalde de Puebla . Cinco días después, el 19 de mayo, se p esen a el uncio- na io a esidencia y Tello i ma po úl ima ez en los lib os del cabildo poblano . Pe o nues o Fabio es p e endien e in a igable: ha iniciado diligencias en la Co e, median e pode , pa a que se le con- ceda un hábi o de la o den de San iago. Y po una ca a del i ey conde de P iego a Felipe IV, de eb e o de 1622, nos en e amos que Tello ac úa como Alcalde Mayo de las Minas de San Luis, cuando oda ía e a pueblo la ciudad del Po osí. También sabemos que lo del hábi o no se le concedió, pues al es a se haciendo segundas diligencias, Tello mu ió. Y has a aquí llegaba la his o ia y se ab ían las incógni as: ¿dónde mu ió?, ¿cuándo?, ¿ oda ía como Alcalde Mayo ? Fuimos a San Luis Po osí; los a chi os municipal y pa- LA EP1STOLA MORAL Y SUS PERSONAJES EN M~XICO 63 oquia l es án incomp le os, de mo do que hubo que ecu i a la documen ación imp esa, a la bibliog a ía po osina que, en es e caso, es de p ime o den. La p ime a y de ini i a pis a nos la dio el olumen de don Joaquín Meade, His o ia del Nobilísimo y Muy Ilus e Ayun amien o de San Luis Po osí; allí nos en e amos que el Alcalde Mayo de 1619 a mediados de 1621 ue don Alonso Guaja do Mejía, a quien sucede ía nues o Fabio. Y luego la no icia que ino a se el ajo de ini i o en nues as pesquisas: el Alcalde Tello alleció en su ca go en ene o de 1623. De su ac uación o icial u imos una p ueba en la Colección de Documen os de don P imo Feliciano Velázquez: un Man- damien o del Alcalde Tello al capi án Luis de Leija, enien e de Jus icia Mayo , el cual pasó an e el esc ibano Agus ín Pé ez el 13 de sep iemb e de 1622; es e documen o e a uno de los que se ían de í ulos a la población del Venado. Pe o como lo esc ibió muy bien don F ancisco A. de Icaza, «la ealidad supe a casi siemp e a lo imaginado», y a a és de la His o ia de San Luis Po osí de don P imo Feliciano, nos en e amos de una a en u a pós uma de nues o pe sonaje. Re ie e el his o iado po o5ino que « alleció de su en e - medad don Alonso Tello de Guzmán, el ie nes 27 de ene o de 1623. Amo ajado con hábi o de San F ancisco y en un a aúd o ado de abí de I alia, azul, osado y blanco po ue- a, y de damasco lab ado, enca nado y blanco po den o, ue al día siguien e deposi ado su cadá e en la sepul u a abie a a un lado del al a mayo de la iglesia pa oquial, hacia la sac is ía , en e an o se le lle aba al con en o de San Diego de la ciudad de México, del cual e a pa ono el inado». Cua o meses después, «en 28 de ab il del mismo año, a pedimen o de la iuda doña Isabel Colón de la Cue a, o denó el Juez P o iso de la ca ed al de Vall adolid (hoy Mo elia) que el cu a bene iciado de San Luis, He nando Hu ado de Mendoza, en ega a el cadá e , pa a se as l adado al luga del pa onazgo. Y en su obedecimien o, el 11 de mayo siguien- e dio comisión el Cu a, po halla se en e mo en cama, al Lic. Ma ín de Ille a, clé igo, sac is án mayo de la pa oqu ia, pa a que hiciese la en ega . En e sie e y ocho de la noche 64 SALV AD OR CRUZ del mismo día 11, ue ca ada la sepul u a y descubie o el a aúd». Con inúa así la ún eb e elación : «Dio e el esc ibano Juan de T ujillo que aquel e a el cue po y huesos del gene al don Alonso Tello de Guzmán, y de él se hizo e n ega al con ado Juan de Al una, pa a qu e a su ez la hicie a a la seño a iuda. En una ca oza enlu ada que se había p e pa ado al e ec o, se lle ó el a aúd, cue po y huesos a doña I sa bel Colón de la Cue a , qui en se dio po ecibida en la mi sma noche». Sin emba go, « po es a el c ue po an esco y co up o y da de sí an mal olo , que po e n onc es e a imposible as- lada lo al con e n o de San Diego de México, y pa a que en el in e ín u ie a los es os de an g an caballe o la cus odia y gua da que se eque ía , la iuda solici ó de ay Juan La ios , gua dián del con en o anciscano, qu e los eci bie a y depo - si a a en la bó eda de An onio de Espinosa , si a en la capilla mayo de dicho con en o, me di a n e el be nepl áci o que la iuda de Espinosa, Luisa de Cañedo, concedió po esc i o». Accedió La ios «y en su i ud, habiendo sa lido a ecibi el cadá e con c uz al a y sole mnid ad, po p es e ay F an- cisco Rod íguez, Minis o P o incial, con di ácono y subdiá- cono , acompañado de o os ailes del con en o, cada uno con su ela encendida y seis de ellos can ando, le saca on de la ca oza y le me ie on en homb os den o de la iglesia>). Y «después de hab e l e enido un a o en la cap illa mayo , donde le dije on espon sos, se descla ó el a aúd. Vol ió a da e el esc ibano que el cue po y hue sos e an del gene al don Alonso Tello de Guzmán , el mismo qu e la noche an eceden e habían sacado de la iglesia pa oquial. Ce óse de nue o el a aúd y ue me ido den o de la bó e da y sep ul u a de An- onio de E sp inosa , que es án en el al a de S an An onio, al . lado izquie do de la capilla, quedando co no an es, ce ada c on ablas y pue a con a gollones ». Aunque documen almen e no sabemos más de nues o Alon- so, ene nos po segu o que ue einhu nado en de ini i a en San Diego de México. El que se le i ule gene al obedecía a que, con el ca go de Alcalde, eje cía con pode mili a en la on e a con los chichimecas. LA EPÍSTOLA MORAL Y SUS PERSONAJES EN MÉXICO 65 Pe o hay algo de suma impo ancia que el mismo his o ia- do Velázquez nos e ie e , y es que «a en o a que la en e - medad no consin ió a Tello de Guzmán nomb a en ien e, como podía hac e lo, eje cía And és Fe nández de And ada el ca go de Jus icia Mayo po elección de los dipu ados , de acue do con el cabildo, o sea, de los p incipales ecinos, pues aún no había egido es». Es o sucedió en an o llegaba el nue o Al- calde nomb ado, Juan Ce ezo Salama nca, quien « omó pose- sión de su o icio el 6 de ab il de 1623 ». Y aquí e s á pa en e la con luencia i al de Tello y And ada -que no se á la úl ima, como e emos-. No sólo llegamos al inal del Fabio, sino a la ce eza documen al de que An- d ada ino a Nu e a España y se mo ía en la ó bi a de su en añable amigo. Sus lazos de paisanaje obedecían a un cen- o segu o: el se illanismo del p opio i ey ma qués de Gua- dalcáza . Sabemos que al mo i Tello ue nomb ado u o de su hijo Diego An onio el licenciado Ju an Rod íguez de Palencia; y que al mo i doña Isabel, la iuda de Tello, es nomb ado albacea esa misma pe sona . Pues bi en: Rod í guez de Palencia con i i á con Fe n ández de And ada más o meno s quince años, como después e emos. Y oda ía más: al mo i Rod íguez de Palencia, los papeles de la u o ía de Diego An onio pasan al maes e don An onio U u ia de Ve ga a, quien años des- pués se á quien le dé sepul u a a And ada. La ligazón nos pa ece inconcusa y a más allá de la p opia ida de nu es os pe sonajes. Sólo di emos pa a e mina con los Tellos que Diego An- onio llegó a se Alcalde O dina io de la ciudad de México, en echa que no hemos log ado p e cisa ; y que en 1643 con- ajo ma imonio con doña Luisa de To a y Sámano, hija mayo de don Luis de To a Godínez, Sec e a io de Gobe na- ción y Gue a de Nue a España. En esumen: don Alonso Tello de Guzmán llegó a México en 1613 y aquí u o su in y mue e en 1623; no ol ió a España. El pol o del Fabio de la Epís ola Mo al quedó en México. 66 SALVADOR CRUZ De cómo And ada se quedó en México And és Fe nández de And ada ino al mundo en Se illa hacia 1575 -el año en que nació Luis Vélez de Gue a a-. Fue hijo de Ped o Fe nández de And ada, hipólogo o sea a- adis a de caballos, cuyas ob as ue on bien conocidas en Nue a España. Mé imée le con undió con el pad e pe o Ro- d íguez Ma ín y Fi zmau ice-Kelly pusie on en cla o las iden- idades. Hace poco, don Dámaso Alonso encon ó «Un documen o muy in e esan e: es una ca a esc i a po el p opio And ada en 1596, en que comen a con ingenio y humo sucesos de la época». Cuando esc ibió ese es imonio ju enil end ía 21 años. En 1610 u o luga la oma de La ache y And ada esc ibe con ese mo i o una composición de la que se conse a un agmen o en la Biblio eca Nacional de Mad id. Reco demos que Góngo a ambién esc ibió sob e el ema. En 1611, y siemp e en Se illa, Fe nández de And ada des- pliega «cie a ac i idad li e a ia», como señala don Dámaso. Po ese en onces le dedica ía Rioja a nues o poe a su sil a Al Ve ano -que a pesa del í ulo se e ie e a la p ima e a-. Si en oc ub e de 1612 · Tello es nomb ado Co egido de México y la Epís ola Mo al se di ige a él, que p e endía en Mad id, pie nsa juiciosamen e don Dámaso qu e al se ía el é - mino ad quem del poema. Y aquí cabe o o con ac o con Gón- go a, que po ese en onces esc ibía el Poli enza, según la au o- idad de nues o Al onso Reyes. ¿Vino And ada con Tello? ¿Vino después? No enemos las p uebas documen ales del caso, pe o lo cie o es qu e, en 1619, cuando Tello ha concluido su co egimien o, And ada apa ece si iendo el o icio de Con ado de Bienes de Di un os en la ciudad de México. Después nues o poe a se nos pie de, en an o Tello ocupa las alcaldías de Puebla y de San Luis. Pe o en 1623 lo ol e- mos a ene p esen e: como ya se ha dicho, en 27 de ene o allece Fabio en el ca go y en an o llega el nue o alcalde, los po osinos le piden a And ada, que eje cía de Jus icia Ma- yo , que los gobie ne. Su ele o acon ece el 6 de ab il. LA EPÍSTOLA MORAL Y SUS PERSONAJES EN MÉXICO 67 Nue amen e hay o a laguna documen al y And ada se nos es uma. Lo eecon amos el 28 de ene o de 1629 en Cuau i lán, casado con doña An onia de Velasco y apad inando a un niño. Pe o no odo es ialdad en los documen os; a eces, a a és de los siglos, nos llega un soplo del calo humano que alen ó en los p o agonis as. ¿No adi inan us edes cómo se llamaba el niño que And ada lle ó a la pila bau ismal? No, no se lla- maba And és como el pad ino ; se llamaba Alonso, como el Fabio. (Y aquí pe mí asenos una conje u a, la única que nos a e emos a hace ; si según odos los indicios And ada no u o descendencia, ¿no end ía en es e ahijado Alonso el ca- iño del hijo que no u o?). Pe o ya enemos a nues o capi án en la egión de los lagos, en la cuenca de México, de donde casi no sald á. El 27 de eb e o de 1630, en calidad de Alcalde Mayo de Cuau i lán, And ada le da posesión de la hacienda nomb ada Huehue oca, en é minos del pueblo del mismo nomb e, al licenciado Juan Rod íguez de Palencia -a quien ya conoce- mos- en elación con Tello. Lo in e esan e es que hace su apa ición es e nue o amigo de And ada, con quien end á a- os come ciales a lo la go de quince años. Lo cie o es que en 1632 And ada ya es ecino del pu eblo de Hu e hu e oca, a donde al ez i ía en seg uimien o de su amigo. Ese año, el 8 de julio, apad ina con su esposa el casa- mien o eclesiás ico de Diego Conde y Juana Vázquez; e n e los es igos igu a Rod íguez de Palencia. Al año siguien e, el 13 de mayo, uel e a apad ina : los con ayen es so n Juan de la Gasea y Ma ía Ma ín, y o a ez es es i go Rod í guez de Palencia. Po o a pa e, cons a documen almen e que And ada, de 1634 a 1642, u o cuen as con su amigo el licenciado; y en 1643 y 44 se le menciona como dueño de la hacienda de labo lla- mada San a Te esa. Todo lo cual nos a i ma su pe manencia en Nue a España, su asplan e de la Península «a o o clima y a o o géne o de ida», como dice don Dámaso. En julio de 1646, en la ciudad de México, Rod íguez de Palencia o o ga dos codicilos a su es amen o; en el segundo decla a habe sido u o de Diego An onio - hijo del Fabio-. 74 SALVADOR CRUZ T is e de aquel que i e des inado a esa an igua colonia de los icios, augu de los semblan es del p i ado. De ahí que And ada, después del suceso de San Luis Po osí -que en onces e a pueblo-, eapa ezca en Cuau i lán -don- de los i eyes enían casa de campo-, después se a ecinde en Huehue oca -donde exis e la llamada Casa de la Vi ei - na-, y po in se le pie da la pis a en Ixmiquilpan -pueblo con un con en o espléndido y unos inquie an e s mu ales al esco-. La e dad es que el poe a se complacía en cumpli , al pie de la le a, la ya ci ada es o a LVIII: Un ángulo me bas a en e mis la es, un lib o y un amigo, un sueño b e e, que no pe u ben deudas ni pesa es. De ahí que And ada -que a i maba su a ición a la lec u a y ea i maba su e en la amis ad-, se a e aba a la au ea medioc i as de la ida aldeana. Una ida que además le pe - mi ía, como a Don Quijo e, se «g an mad ugado » ... Y den o de esa do ada medianía, su idea e a con undi se con el común del pu eblo, en uel o en la sup ema elegancia que da la mod es ia . Tal como él mismo lo había qu e ido en dos e sos de la es o a XXXIX: . .. y callado pasa en e la gen e, que no a ec o los nomb es ni la ama. ¡La ama! And ada i ió la gamen e en egiones donde con- luían idiomas indígenas náhua l y o omí; al ez llegó a sabe que los an iguos mexicanos llamaban a la ama niebla y humo. Pe o de lo que sí podemos es a segu os es de su deseo de pasa inad e ido, sin llama la a ención, «ni en idiado ni en - idioso», como que ía ay Luis. Así lo exp esa me idianamen e la es o a LXIII: LA EPÍSTOLA MORAL Y SUS PERSONAJES BN MÉXICO Una ida mediana yo posea, un es ilo común y mode ado que no le no e nadie que le ea. 75 Y es o llegó a cumpli se an al pie de la le a, que al dobla el cabo del siglo XVII, en una in o mación sob e la an igua hacienda de San a Te esa, los es igos se acue dan de los due- ños de an es y de después del capi án And ada, pe o de él no dicen una palab a ... Es e acío documen al aya en lo desespe an e pa a el in- es igado ; pe o en la ida co idiana de nues o pe sonaje el caso pudo ene , y de hecho u o, ese in enso calo humano que en uel e los ac os de la gen e sencilla. Sob e el hecho, en la es o a XLIX se con iene, a nues o en ende , la más plena p o esión de e: Quie o imi a al pueblo en el es ido ... ¡Y cla o que And ada lo debió cumpli ! Si en los meses an e io es a su mue e no enía ca go y es aba an pob e que un amigo le hubo de sepul a , ¿cómo es que en los úl imos documen os que de él conocemos apa ece apad inando niños o o níes? Pa a noso os la azón uel e a se ob ia: si llegó a se compad e de indígenas del Mezqui al ue po que se iden i icó plenamen e con ellos. De o a mane a -y es o lo sabe quien haya i ido en comunidades indígenas-, el alma de esos hom- b es no se en ega. Y menos un siglo después de la Conquis a. La e dad es que, ue a de los documen os es ic amen e o iciales, los con empo áneos de nues o pe sonaje ni siquie a le llamaban con su nomb e comple o: e a And és de And ada o el capi án And ada. Es al paso de los siglos, ya en nues os días, cuando comenzamos a sabe quién e a And és Femández de And ada. Aho a bien: ¿cuál ue el iesgo y en u a de nues o poe a al desapa ece de la escena li e a ia en su Se illa na al? El iesgo ue máximo: se le dio po mue o. Y su colega Rioja -homb e ambién de pocos amigos- hubo de modi ica su 76 SALVADOR CRUZ sil a Al Ve ano dedicada a nues o pe sonaje. Tachó el An- d ada y en su luga pu so Fonseca, di igiendo el poema a don Juan de Fonseca y Figue oa. Pe o ya nues o And ada había p edicho en la es o a V que: Más co onas, más iun os dio al p uden e que supo e i a se, la o una que al que espe ó obs inada y locamen e. ¿Y qué o a cosa hizo en su ca e a li e a ia, sino e i a s e a iempo, una ez esc i o el poema que debió es ima único? Nada de él se conoce, ni en una ni en o a España, pos e io a la echa más p obable de la Epís ola. Y si no p epa ó su ob a pa a la imp en a, menos le p eocupa ía deja la pue a abie a a las a ibuciones g a ui as de sus con empo áneos. Lo que enseguida iene es á a la is a: después de 150 años de esc i o el poema Sedano lo publica po p ime a ez, y más de un siglo ade l an e sale a gana la úl ima ba alla su e da- de o au o , p oclamado po don Adol o de Cas o. Po o a pa e, la es o a VIII nos uel e al en o no i al del po e a, pe o su lección llega a nues os días: Aquel en e los hé oes es con ado que el p emio me eció, no quien le alcanza po anas consecuencias del es ado. ¿Y qué o a cosa hizo And ada sino sol a su poema maes- o y da le iempo al iempo, como decimo s ulga men e? Y al no euni y dispone su ob a pa a la imp en a, And ada ampoco bu scó la p o ección de algún pode oso, an necesa ia en esos casos y en esos iempos. Des ca ó, pues, lo que ho y se llama, sin embozo alguno, ayuda o icial. De es a . o ma la Epís ola - ya pues a en limpio en nues- os días- ha is o y e á pasa los siglos sin más pe sonajes que el au o y el des ina a io. Sin emba go, an es de d a in a nues o i ine a io se á LA EPÍSTOLA MORAL Y SUS PERSONAJES EN MÉXICO 77 con enien e i al encuen o de And ada en una es o a que, po cie o , no le ag adó a Quin ana, la XLV. No, po que así e esc ibo, hagas concep o que pongo la i ud en eje cicio qu e aun es o ue di ícil a Epic e o. Con saludable an icipación nos dice cuán di ícil es ajus a la ida a las ideas. El no hubie a que ido ene deudas (es o- a XLVII) y g acias a las que no pudo paga sabemos cuándo y cómo mu ió. Le pa ecía mal «la sed de los o icios» (es o- a XIX) y lo cie o es que, ya iejo, debió se p e endien e has a alcan z a dos alcaldías mayo es ... Con odo, la ida de And ada nos pa ece una ob a maes a. Po esos pueblos donde se nos es uma al ez log ó «ap ende a mo i », como que ía en la es o a XXVIII. Y así ganó su mue e, de ca a al sol de México; en e noso os se ein eg ó «a la común ma e ia», según su p opio e so . De ahí que la máxima lección de la Epís ola Mo al sea la p opia ida de su au o . P ime amen e, And ada enca nó sus ideas de poesía y su gió el poema. Después, la gamen e , du- an e la mi ad de su ida , enca nó su poema , se dedicó a i i lo, según se desp ende de lo que hemos descubie o pa a su biog a ía. Pocas eces poe a y poesía o man un cue po indi isible como lo ep esen an And ada y su Epís ola. Pocas eces am- bién le es á pe mi ido a un homb e cumpli sus p opias ideas. Y el seño capi án And és Fe nández de And ada cumplió, a lo maes o, su p opia admonición, al co no can ó en un en- decasílabo que sigue siendo un desa ío a la conciencia de odos los homb es : Iguala con la ida el pensamien o ...