scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Alcance versus desempeño financiero en los programas de microfinanzas: apuntes teóricos y algunos ejemplos

García Fernández-Muro, Clara; Olivié Aldaroso, Iliana

Abstract

En este trabajo se aborda el estudio, desde la reflexión teórica y conceptual y desde la observación de múltiples estudios de caso, de la compatibilidad de dos objetivos de los programas de microfinanzas: el alcance a las poblaciones más pobres y el buen desempeño financiero de las instituciones microfinancieras. Los principales resultados de la investigación teórica y empírica apuntan a que la compatibilidad entre objetivos no es total, sino que existe un trade-off entre los mismos, pero que ese trade-off depende en parte de cómo se conciba el buen desempeño financiero de las IMF.

Full text

1 V REUNIÓN DE ECONOMÍA MUNDIAL (SEVILLA) Alcance versus desempeño financiero en los programas de microfinanzas: apuntes teóricos y algunos ejemplos Clara García Fernández-Muro Universidad de Huelva clara.gar[email protected] 959 017 838 Iliana Olivié Aldasoro Oficina de Planificación y Evaluación, SECIPI, Madrid [email protected] 91 583 82 50 En este trabajo se aborda el estudio, desde la reflexión teórica y conceptual y desde la observación de múltiples estudios de caso, de la compatibilidad de dos objetivos de los programas de microfinanzas: el alcance a las poblaciones más pobres y el buen desempeño financiero de las instituciones microfinancieras. Los principales resultados de la investigación teórica y empírica apuntan a que la compatibilidad entre objetivos no es total, sino que existe un trade-off entre los mismos, pero que ese trade-off depende en parte de cómo se conciba el buen desempeño financiero de las IMF. 2 INTRODUCCIÓN En este trabajo se aborda el estudio, desde la reflexión teórica y conceptual y desde la observación de múltiples estudios de caso, de la compatibilidad de dos objetivos de los programas de microfinanzas: el alcance a las poblaciones más pobres y el buen desempeño financiero de las instituciones microfinancieras (IMF). Las microfinanzas han presentado un crecimiento espectacular en las últimas décadas. Surgieron ante la observación de que la banca comercial tradicional en los países no desarrollados no suele prestar a poblaciones de bajos ingresos; pero que esas poblaciones sí demandan servicios de crédito (siendo los usureros los que atienden dicha demanda) y son capaces de poner en marcha actividades empresariales generadoras de ingresos. Las microfinanzas han ido ganando adeptos en los mismos países en desarrollo (observable en el crecimiento del número de IMF locales y del tamaño de sus carteras); y han ido atrayendo también una creciente atención por parte de economistas y sociólogos expertos en desarrollo y cooperación al desarrollo, así como por parte de organismos de desarrollo multilaterales y de agencias de cooperación bilaterales (como la AECI misma) 1. Uno de los motivos por los que las microfinanzas han podido convertirse en el centro de atención de artífices de política económica, académicos y cooperantes es porque parecen prometer que se puede luchar contra la pobreza sin que ello requiera subsidios tan elevados como los requeridos por otras acciones de carácter más asistencial. En otras palabras, las microfinanzas serían uno de los pocos instrumentos de lucha contra la pobreza que fuera reembolsable (o casi reembolsable) y, así, “barato” o incluso “rentable” para los financiadores y/o ejecutores de tal instrumento. 1 En las páginas web del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo, del Banco Asiático de Desarrollo o de agencias como AECI, SIDA, ODA o USAID es observable el interés de todos estos organismos por las microfinanzas y el desarrollo microempresarial. 3 Este trabajo trata de poner en claro algunas cuestiones sobre la promesa de lucha contra la pobreza con buen desempeño financiero de las IMF, esto es, sobre la promesa de alcance con buen desempeño financiero2. - La promesa de compatibilidad entre alcance y buen desempeño financiero de las IMF se tambalea a la luz del estudio de las características de los sistemas financieros (tradicionales y microfinancieros) en las economías no desarrolladas. - El alcance y el buen desempeño financiero (sobre todo el desempeño financiero) son cuestiones sujetas a consideraciones normativas. Así pues, distintos especialistas ponen el listón sobre qué es ese “buen” desempeño financiero a muy distintos niveles. Igualmente (aunque en menor medida), se puede considerar como “suficiente” a alcances muy diversos. Así pues, la compatibilidad que, en principio, es complicada a la luz de las características inherentes a la metodología microfinanciera, depende de qué sea un alcance “suficiente” y un “buen” desempeño financiero. - Cuando se opta por dar prioridad al logro extremo de uno de los dos objetivos (alcance máximo o desempeño financiero tal que se es independiente de todo subsidio), hay mecanismos teóricos/lógicos que conducen a una menor consecución del objetivo no prioritario. - Los estudios de caso ponen de manifiesto que cuando el alcance es notable se puede lograr un cierto buen desempeño financiero, pero difícilmente la independencia total de subsidios; y que en los casos en los que ésta se ha logrado, el alcance no ha sido tanto como en programas subsidiados. A. EL TRADE-OFF ENTRE OBJETIVOS OBSERVABLE EN LAS CARACTERÍSTICAS DE LAS MICROFINANZAS Para comenzar, conviene repasar brevemente las características de los sistemas financieros en los países en desarrollo. De este modo, observaremos que la promesa de compatibilidad del alcance con un buen desempeño financiero, ya sólo desde un punto de vista de la reflexión teórica sobre qué caracteriza la actividad microfinanciera, es difícil que se cumpla. 2 El alcance de un programa microfinanciero se puede definir como la proporción de pobres entre los clientes de dicho programa (cuanto más pobres, más alcance). Así, cuanto mayor sea el alcance de un programa de microfinanzas, mayor puede ser su incidencia en la lucha contra la pobreza. 4 A.1. Características del sector financiero tradicional En los países desarrollados, la banca comercial sirve productos financieros a un amplísimo sector de la población: grandes empresas y PyMEs, y grandes, medianos y pequeños ahorradores. Además, cada banco comercial suele cubrir, en términos generales, todos estos tipos de agentes financieros. Dicho de otro modo, un mismo banco cubre, aunque con diferentes productos, desde la gran empresa hasta el pequeño ahorrador. No obstante, en los países en desarrollo, la situación es diferente ya que buena parte de las empresas, fundamentalmente las PyMEs y microempresas, recurren al sistema informal para la financiación de sus actividades económicas. Éste es el caso de, por ejemplo, Bolivia, Ecuador o El Salvador. El reparto de la oferta de crédito interno boliviano es el siguiente: la banca tradicional suministra más del 85% del crédito, siendo sus principales clientes las grandes y medianas empresas. Por su parte, las mutuas y las cooperativas de ahorro y préstamo ofrecen el 11,4% del crédito total; crédito que se dirige fundamentalmente a asalariados de ingreso intermedio y a PyMEs. Tan sólo los fondos financieros privados (instituciones de metodología similar a la de las IMF) dirigen sus servicios a los pequeños y microempresarios, pero la cuota de crédito suministrada por este tipo de entidades asciende solamente al 3,1% del crédito interno total. Puede decirse, pues, que la población que vive por debajo de la línea de la pobreza –66% de la población total– carece de acceso a los servicios financieros que presta el sistema financiera formal (Bicciato et al., 2002). La falta de acceso de amplias capas de la población a los sistemas financieros formales de los países en desarrollo se explica, sobre todo, por: (1) la falta generalizada, por parte de las instituciones financieras formales, de información acerca de la capacidad de reembolso de los prestatarios potenciales (León y Schreiner, 2001; Jaffer, 1999; Van Bastelaer, 2000); (2) la debilidad de los mecanismos de garantía de cumplimiento de los contratos en los países en desarrollo (Jaffer, 1999); (3) el infradesarrollo de otros mercados complementarios del mercado bancario como pueden ser los mercados de seguros (Jaffer, 1999); (4) y el sistema de garantías que rige las relaciones bancarias formales. La escasez de información acerca de la rentabilidad de los proyectos de inversión de los prestatarios potenciales y la fuerte asimetría de la información entre prestamistas formales y 5 prestatarios3 se explica por la incapacidad de los empresarios de ingresos medios y bajos de demostrar su capacidad de reembolso, dada la falta de ingresos en forma de salario, de un aval tangible y/o de cuentas empresariales verificables (León y Schreiner, 2001). La escasez y asimetría de la información redundan en mayores costes de transacción en las operaciones bancarias y esto, sumado a la debilidad de los mecanismos de garantías y al infradesarrollo de mercados paralelos de seguros, hace que el sector formal perciba la concesión de préstamos como una actividad de alto riesgo. Para compensar dicho riesgo, el sistema de garantías de los préstamos está fuertemente basado en el aval, lo cual excluye a las capas menos ricas de la población del acceso al crédito. El motivo por el que el sistema de garantías de la banca formal es excluyente para las personas con menos ingresos o patrimonio es el siguiente. El sistema de garantías de la banca convencional está basado en el concepto del aval y el aval tiene un componente patrimonialista. Esto es, a la hora de solicitar un crédito, la garantía de pago se establece en función del patrimonio del prestatario (vivienda, negocio, joyas...) o en función de sus ingresos (salario, rentas de capital, beneficios de una empresa...). Además, la relación es positiva: el volumen del crédito al que una persona física o jurídica puede acceder es mayor cuanto mayor es el aval que se ofrece como garantía, es decir, cuanto mayor es su patrimonio o cuanto mayores son sus ingresos. Así, en caso de impago, la institución prestamista tendrá un volumen mayor de bienes o ingresos que embargar para cubrir el no cumplimiento de la devolución si el aval ofrecido es elevado. Esto repercute en el coste del préstamo o tipo de interés: uno de los componentes del tipo de interés de un préstamo es la prima de riesgo. Cuanto mayor sea el riesgo de impago, mayor será la prima de riesgo y mayor será el tipo de interés de un préstamo. En definitiva, dados los mecanismos de funcionamiento de la banca comercial tradicional, cuanto mayores ingresos y patrimonio tiene una persona física o jurídica, mayor volumen de fondos puede solicitar en concepto de préstamo o crédito y menor coste supone el préstamo de dichos fondos. Por el contrario, cuanto menor es el nivel de ingresos y el patrimonio de una persona, menor volumen de crédito puede solicitar y mayor es el coste de dicho crédito. 3 La asimetría de la información entre prestamistas y prestatarios recoge el hecho de que los prestatarios tengan más información que los prestamistas acerca de la rentabilidad potencial del proyecto para el cual solicitan el crédito (Mishkin, 1996 y 1998). 6 La suma de estos factores ha dado lugar a un racionamiento del crédito formal destinado a las capas pobres de los países en desarrollo y, especialmente, a las zonas rurales (Jaffer, 1999). Asimismo, Jaffer (1999) señala que la ausencia de este tipo de servicios financieros ha sido aprovechada por usureros que han optado por cubrir estos servicios a tasas de interés desorbitadas. A.2. Características de las microfinanzas (dificultades para la compatibilidad entre alcance y buen desempeño financiero) Las microfinanzas nacen, pues, como una respuesta a la ausencia de servicios financieros formales para amplias capas de las poblaciones de países en desarrollo y al abuso por parte de los usureros del difícil acceso al crédito en los países en desarrollo. Las microfinanzas pueden presentar características muy diferentes. No obstante, habrán de presentar algunas de las características siguientes para que se las pueda considerar microfinanzas. A.2.1. Sistema de garantías Una idea fundamental de la metodología microfinanciera original es que, dado que el sistema de garantías de la banca comercial tradicional impide el acceso al crédito de aquellas personas con menos recursos, es necesario crear un sistema de garantías alternativo que permita fomentar la participación de las capas pobres de la población en los circuitos crediticios. Así, la metodología microfinanciera sustituye el sistema de garantías basado en el aval por un sistema basado, por ejemplo, en la promesa por parte del prestamista de la concesión de mayores créditos en caso de que el primer crédito sea reembolsado o en la presión social ejercida por los miembros del grupo de prestatarios cuando el préstamo es solidario (Bicciato et al., 2002). El préstamo solidario es, de hecho, un mecanismo de garantía ampliamente utilizado por las IMF, sobre todo por aquéllas con una importante vocación de alcanzar a poblaciones especialmente pobres o vulnerables. Consiste en hacer responsable de la devolución de un crédito, por parte de un prestatario individual, a todo su grupo de prestatarios. El resto del 7 grupo ejercerá las labores de control y seguimiento del reembolso del crédito mediante la presión social. Resulta evidente, ya en este punto, una posible fuente de contradicción entre objetivos: para que el alcance sea mayor, hay que renunciar a los sistemas de garantías “tradicionales”, basados en avales, y ello lógicamente puede suponer un peor desempeño financiero. No cabe duda de que si las IMF en lugar de simplemente renunciar a los avales, sustituyen éstos por sistemas de garantía alternativos es porque de alguna manera estos sistemas alternativos “funcionan” (en el sentido de que aminoran y protegen del riesgo de impago). Pero también resulta evidente que si la banca tradicional (que se rige por criterios de rentabilidad) no realiza dicha sustitución para toda su clientela será porque las garantías que ofrecen los avales son, en cualquier caso, más seguras que las que ofrecen los sistemas alternativos. A.2.2. Intensidad de la mano de obra Las actividades microfinancieras son más intensivas en mano de obra y, así, más costosas que las actividades bancarias tradicionales (Hardy et al., 2002). Pero además, cuanto mayor es su vocación de alcance, mayor es esa intensidad de la mano de obra y mayores los costes de provisión de servicios microfinancieros. La mayor intensidad de la mano de obra en las IMF se debe (1) a las características de sus clientes, (2) a los sistemas de seguimiento del riesgo y (3) a los servicios que suelen complementar a las microfinanzas. En primer lugar, los clientes de las microfinancieras son personas de menor ingreso que los clientes del sistema financiero tradicional. Y las poblaciones con menos ingresos −en buena parte de los países en desarrollo− suelen encontrarse en zonas rurales, remotas y con escasa infraestructura de comunicación4. La localización de los clientes en zonas remotas y de difícil acceso encarece los costes de mano de obra en apertura, seguimiento y cierre de las operaciones microbancarias. Los bancos comerciales, en cambio, operan a través de sucursales, normalmente urbanas, a las que acuden los clientes, lo que evidentemente supone una menor intensidad de mano de obra y consiguientemente menores costes (Jaffer, 1999). 4 En Bolivia, por ejemplo, los índices de pobreza se disparan en las zonas rurales: en el ámbito rural (en el que se encuentra el 27% de la población total) el 94% de la población vive por debajo de la línea de la pobreza (Bicciato et al., 2002). 8 En segundo lugar, el hecho de basar las garantías de los préstamos en bienes más intangibles como la reputación social supone un seguimiento exhaustivo del cumplimiento del pago de los microcréditos, lo que igualmente intensifica la mano de obra. Además, para dicho seguimiento del riesgo, así como para su identificación, el personal de las instituciones microfinancieras debe acceder a las zonas remotas en las que se encuentran los clientes. Así, el mismo sistema de garantías, que posibilita el acceso al crédito de las poblaciones más desfavorecidas, intensifica la mano de obra y, así, aumenta los costes de las IMF. En tercer lugar, las microfinanzas suelen llevar asociados una serie de servicios complementarios (como servicios de formación que, como poco, expliquen a los participantes el funcionamiento de los sistemas de crédito y ahorro), lo que asimismo exige una mayor intensidad de la mano de obra y unos mayores costes. Estos servicios de formación pueden aumentar el alcance, en la medida en que facilitan que los clientes pobres se atrevan a tomar dinero prestado, entiendan los mecanismos concretos de funcionamiento de las IMF, y desarrollen actividades empresariales rentables. Así, estos servicios de formación que pueden favorecer el alcance, pueden igualmente dificultar el logro de un buen desempeño financiero. De nuevo se pone de manifiesto que las IMF, por sus características definitorias, pueden encontrarse con más dificultades económicas que las entidades financieras “tradicionales”. Además, cuanto mayor sea la vocación de alcance (cuanto más pobre, rural y necesitada de servicios complementarios sea la clientela), más difícil será el logro de un buen desempeño financiero, porque mayor será la intensidad de la mano de obra y, con ella, los costes de las IMF. A.2.3. Altos costes de transacción Los costes de transacción de las actividades microfinancieras son superiores a los costes de transacción de las actividades financieras “tradicionales”. Además, cuanto más pobre sea la población a la que se presta, mayores serán dichos costes. En primer lugar, el principal de cada préstamo de una IMF es más bajo que el de los instrumentos de la banca convencional: al destinarse a empresarios u hogares más pobres, el 9 volumen de dinero al que éstas pueden acceder en cada operación de crédito (dado el sistema de garantías) es muy inferior al que acceden grandes empresarios o ahorradores. Además, los préstamos están destinados al establecimiento o mejora de actividades económicas a muy pequeña escala, lo que requiere la inversión de sumas menores. Las operaciones bancarias implican unos costes fijos de transacción, fundamentalmente costes de apertura y cierre de los títulos, por lo que cuanto menor sea el volumen del depósito o del crédito, mayores serán, proporcionalmente, los costes de transacción de la operación. En segundo lugar, dado el tipo de zona en el que operan y el tipo de cliente que atienden, muchas IMF se enfrentan a la imposibilidad de gestionar carteras de crédito muy amplias. Los costes operativos fijos de la entidad (gastos generales de gestión, de mantenimiento...) deben, pues, costearse por parte de un número reducido de clientes, lo que igualmente supone unos mayores costes de transacción. Así, de nuevo observamos que las características mismas de las microfinanzas (el mero hecho de prestar a poblaciones con menos recursos que los clientes de la banca tradicional) hace que a las IMF les resulte más difícil tener un buen desempeño financiero. Además, cuanto más pobre sea la población a la que se presta (cuanto más alcance), más difícil puede ser el logro de ese buen desempeño financiero, porque mayores serán los costes de transacción a los que se enfrenten la IMF. A.2.4. Tipos de interés de préstamo elevados El elevado coste de las operaciones microfinancieras implica que los tipos de interés de préstamo que permitirían hacer frente a ese coste sean especialmente elevados. Pero cabe señalar que el nivel de los tipos de interés determina, en gran medida, el tipo y, sobre todo, el número de actividades al que se destina el préstamo. Hay que tener en cuenta que un crédito concedido, por ejemplo, al 50% tendrá que destinarse a una actividad económica que genere, desde su primer año de existencia, unos ingresos superiores al 50% de modo que se cubran los gastos financieros y otros gastos operativos de la microempresa. El abanico de actividades que generen unos ingresos suficientes para cubrir los gastos financieros se irá ampliando a medida que descienda el tipo de interés de préstamo. 16 B.2.2. Las IMF con vocación de viabilidad financiera o económica La gran atención que ha prestado en las últimas décadas la literatura económica al sector microfinanciero se debe, entre otros motivos, a la consideración de que ofrece un fuerte potencial en términos de rentabilidad y riesgo. En otras palabras, la experiencia de algunas instituciones ha mostrado que pueden realizarse acciones empresariales dirigidas a las clases anteriormente sin acceso a servicios financieros, no sólo recuperando los fondos invertidos (las tasas de reembolso de los microcréditos se sitúan por encima del 90%, de acuerdo con Morduch, 1998a), sino incluso percibiendo cierta rentabilidad a un bajo riesgo. Así, las microfinanzas ofrecerían la posibilidad de que el sector privado se adentrara en un nuevo nicho de operaciones financieras rentables. Esto dio lugar al surgimiento de una línea de pensamiento que defiende la implantación de IMF sobre la base de criterios de mercado, de modo que dichas IMF no dependan de donantes públicos o privados sino que se creen como resultado natural de las preferencias del propio mercado. Con ello se crearía un tejido bancario que intermediaría el ahorro y serviría financiación a capas de la población que quedan excluidas del sistema bancario tradicional de los países en desarrollo (aunque no necesariamente a las capas más pobres de población). Los defensores de un sector microfinanciero que se rija exclusivamente por criterios de mercado están defendiendo, implícita o explícitamente, la profundización bancaria como el objetivo intermedio idóneo para alcanzar el objetivo final de desarrollo económico y social. Desde este punto de vista, la profundización financiera redunda en un aumento de la actividad económica que incide positivamente en el desarrollo económico, llevando también a un mayor desarrollo social. Nosotras consideramos, no obstante, que para asegurar el cumplimiento de toda la cadena de variables –y, en especial, del objetivo último que es el desarrollo económico y social– debe darse una serie de condiciones. Por ejemplo, no todas las actividades económicas contribuyen por igual al desarrollo económico: si el desarrollo financiero no se traduce en un aumento de la inversión productiva local, el impacto en el desarrollo económico puede ser nimio. Por otra parte, si este tipo de profundización bancaria se da en un país con una fuerte desigualdad en la distribución de la renta, y no se adoptan en paralelo las medidas necesarias (como políticas de renta) para paliar dicha desigualdad, entonces el aumento de la 17 actividad económica y del desarrollo financiero no se traducirá en un mayor desarrollo social con reducción de bolsas de pobreza11. La implantación y operatividad de esta clase de IMF requiere una determinada metodología (o modus operandi) por parte de estas instituciones; metodología que irá encaminada al cumplimiento de la máxima viabilidad económica. Efectivamente, si lo que se pretende es atraer al sector privado hacia este sector, para que ofrezcan fuentes de financiación a las IMF tales como créditos, aportaciones de capital o depósitos bancarios, las IMF tendrán que ser, al menos, viables económicamente (sus ingresos deberán superar sus gastos). Pero además, si se crea un sector amplio de IMF que compiten entre sí para acceder a fuentes de financiación privadas, su rentabilidad deberá ser lo más alta posible. En otras palabras, la gestión de cada IMF estará encaminada a que la IMF resulte más atractiva de cara a los inversores privados que otras IMF del mismo sector: la institución procurará alcanzar una rentabilidad superior a la de sus competidoras y esto se logra aumentando sus ingresos o reduciendo sus gastos. Si se parte de la base de que en un mercado microfinanciero sin subsidios todas las IMF se enfrentan al mismo coste de financiación externa, esto es, si los gastos financieros de las IMF son constantes, la forma de alcanzar un mayor grado de competitividad será reduciendo sus altos costes operativos, fruto de los altos costes de transacción en los que se incurre cuando el principal de los instrumentos crediticios es bajo y las carteras de préstamo pequeñas, del difícil acceso a los clientes dada la localización geográfica de éstos y del costoso seguimiento que implica el sistema de garantías no basado en avales. Así, para reducir los costes operativos, la IMF se verá obligada (1) a recortar el coste de transacción fijo proporcional de cada operación −vía el aumento del principal de cada instrumento financiero, lo que le lleva a reducir el porcentaje de mujeres entre los clientes, pues las mujeres tienden a contratar préstamos y depósitos inferiores a los que solicitan los hombres (Parhusip y Seibel, 1999)–; (2) a buscar clientes en zonas de más fácil acceso, como por ejemplo las zonas urbanas en lugar de las rurales y (3) a girar, al menos parcialmente, su sistema de garantías hacia un 11 El camino desde la profundización financiera a la reducción de la pobreza parece, pues, más largo e indirecto que el camino desde el otorgamiento de crédito a los más pobres a la reducción de la pobreza. Por ello, consideramos que es cuando se prima el alcance, y no tanto cuando se prima el desempeño financiero, cuando se están utilizando las microfinanzas como instrumento de lucha contra la pobreza. 18 sistema basado en el aval, dados los altos costes de seguimiento que implica un sistema de garantías como el que se plantea en las IMF convencionales. La gestión orientada hacia la reducción de estos costes tendrá implicaciones en el tipo de cliente con el que opera: si lo que se ofrecen son créditos de mayor principal garantizados (al menos parcialmente) con avales a poblaciones urbanas, entonces puede decirse que las IMF deberán orientar sus servicios hacia clientes con un nivel de ingresos más alto que el del cliente prototipo de la microfinanciera original; clientes que, en cualquier caso pueden estar excluidos del mercado de la banca comercial tradicional. En este sentido, las IMF de mercado cubrirán un sector importante de las economías en desarrollo que, en ausencia de esta clase de IMF quedarían excluidas de los servicios bancarios. Éstos son los medianos y pequeños ahorradores y los medianos y pequeños empresarios. No obstante, al tener que dirigirse hacia clientes con un nivel de renta superior que el que registra el cliente de la IMF convencional, están excluidos del circuito financiero a los microempresarios que pertenecen a las capas más pobres de la población. Así, al igual que una elevada vocación de alcance abocaba a las IMF a la renuncia a operar sin subsidios, una metodología microcrediticia centrada en la maximización del desempeño financiero (viabilidad económica e incluso rentabilidad) merma el alcance de las operaciones microfinancieras (aunque permite un aumento de su tamaño o escala). C. ALGUNOS EJEMPLOS Como se comentó más arriba, la práctica habitual entre IMF es dar prioridad a uno u otro objetivo, a pesar de que muchos autores consideren que ambos son compatibles. Incluso los autores que consideran que ambos son alcanzables a un tiempo tienden a apoyar (de forma más o menos explícita) el que se dé prioridad a uno u otro. Es decir, a pesar de que la promesa de la compatibilidad que, junto con otras cuestiones, ha hecho a académicos, cooperantes y otros especialistas interesarse por las microfinanzas, en la práctica se observa el establecimiento de prioridades. En otras palabras, en la práctica nos encontramos con IMF que han logrado un importante alcance y otras que se han concentrado en conseguir, no sólo la viabilidad financiera, sino la viabilidad económica e incluso rentabilidades considerables en términos de ROA o ROE. 19 Analizamos, pues, algunos casos en los que se ha logrado un notable alcance (y veremos si ello ha redundado en un peor desempeño financiero); y otros en los que se ha logrado la viabilidad financiera y/o económica (y veremos si ha sido a costa de un menor alcance). Adviértase que con el análisis empírico no tratamos de demostrar con rigor el trade-off entre objetivos, esto es, la causalidad entre el logro de uno de los objetivos y los peores resultados en términos del otro: nuestra revisión de la literatura empírica pretende atisbar tendencias sobre la compatibilidad entre objetivos mediante el análisis de numerosos casos particulares12, para dar lugar a conclusiones tan sólo tentativas que, más adelante, podrían ser objeto de análisis más rigurosos (análisis cualitativos caso por caso, análisis econométricos con datos de multitud de programas, análisis participativos...). C.1. Alcance y desempeño financiero de algunos programas de microfinanzas Muchos de los programas revisados han logrado un alcance considerable (medido de una u otra forma de las expuestas con anterioridad) La pregunta sería, entonces, si estos programas son a la vez viables financiera o económicamente. Otros trabajos muestran programas cuyo alcance ha sido algo menor. En esos casos habremos de ver si ello puede tener relación con metodologías conducentes a mejores desempeños financieros. Desgraciadamente, algunos de los estudios referidos ni siquiera analizan una u otra cuestión, lo que pondría de manifiesto que, efectivamente, el interés de muchos especialistas por el alcance (y el impacto, aunque sea ésta una cuestión en la que no entramos) no está acompañado por un interés equivalente en cuestiones de desempeño financiero; y viceversa. Pero veámos brevemente cada uno de los casos. El programa IGVGD (Income Generation for Vulnerable Groups Development) en Bangladesh (CGAP, 2001) es un caso especialmente interesante. Se trata de una iniciativa de BRAC (Bangladeshh Rural Advancement Committee) a la vista de que sus programas regulares no tenían tanto alcance como el deseado. Se logró que mientras que el 8% de los hogares del país tenía a una mujer como cabeza de familia, ése era el caso del 44% de los hogares vinculados a IGVGD. Además, la proporción de hogares vinculados al programa sin 12 En concreto hemos revisado 27 trabajos de evaluación sobre programas microfinancieros, que estudian muy diversos programas o instituciones de microfinanzas de distintos continentes (véase cuadro al final del texto). 20 nada o con muy poca tierra agrícola era mucho mayor que la proporción de hogares del país sin tierra o con poca tierra, o incluso que la proporción de hogares pobres en esa misma situación. Finalmente, se observaron unos altos porcentajes de mujeres del programa sin casa, sin mantas, sin cama, sin zapatos o sarees; un quinto de las clientes tenían que mendigar para comer; y el 90% eran analfabetas. En relación con el desempeño financiero del programa, se observó que mientras que en los programas “convencionales” de BRAC los intereses cubren los costes de crédito y formación (eran viables en términos financieros), ése no era el caso de IGVGD, debido a sus condiciones de préstamo más ventajosas. TCP (Tshomisano Credit Program) de SEF (Small Enterprise Foundation) en Sudáfrica, como IGVGD, es un programa con especial vocación de alcance. A la vista de que otros programas de SEF no lograban un alcance suficiente, se puso en marcha TCP, que para asegurar un mayor alcance utiliza una estrategia explícita de targeting (de búsqueda de los clientes más pobres). Los resultados fueron los deseados. Dentro de las zonas de operaciones del TCP, los clientes de este programa eran más pobres que los no clientes. En cambio, dentro de las regiones donde operaba el MCP –Microcredit Program– (otro programa de SEF), los clientes eran menos pobres que los no clientes. Además, tanto los clientes como los no clientes de las zonas del TCP eran más pobres que los clientes y los no clientes de las zonas del MCP. Por otra parte, tras separar a los clientes en tres categorías (los más pobres, los de nivel intermedio de pobreza y los menos pobres), se observó que la mayoría (52%) de los clientes del TCP se encontraban en el grupo de los más pobres, el 39% en la categoría intermedia, y sólo el 9% entre los menos pobres. En cambio, sólo el 15% de los clientes del MCP estaban entre los más pobres, el 35% en el segundo grupo y el 50% entre los menos pobres. Con respecto al desempeño financiero, no se había alcanzado la viabilidad económica y se recibían fondos de USAID y la Fundación Ford. El alcance en el caso de SEWA en India fue considerable, estando el 46% de los clientes de este banco por debajo de la línea de pobreza establecida por el Banco Mundial (un dólar al día) en el momento del comienzo del estudio, frente al 44% de la población india que se encontraba en esa situación. Chen y Snodgrass (2001) nada dicen sobre desempeño financiero, excepto que el programa funcionaba con subsidios, con lo que se puede concluir que el programa no era económicamente viable (aunque sí que estaba cerca de la viabilidad financiera). Lo mismo ocurre con Zambuko Trust en Zimbabwe (Barnes, 2001), donde el 34% 21 de los clientes y el 36% del total de la población se encontraban, al comienzo del estudio, por debajo de la línea de pobreza; y tampoco era económicamente viable, pero estaba en camino de lograr la viabilidad financiera. Algo menor fue el alcance de Mibanco en Perú (sólo un 4% de los clientes contaban con menos de un dólar al día, mientras que era el 16% los peruanos los que estaban en esa situación). Aún así, este programa tampoco era viable, ni en términos económicos ni en términos financieros. El resultado de las entrevistas sobre WEDP –Women’s Entrepreneurship Development Program– (Koopman, 1996) apunta a que un 25% de las clientes eran extremadamente pobres; un 50%, moderadamente pobres; y un 25% de ingreso modesto y por encima de la línea de la pobreza. Igual que los programas anteriores, WEDP comenzó a funcionar y seguía funcionando con subsidios. En el caso del programa de Crédito con Educación de Freedom from Hunger en Mali, los clientes son más pobres que los clientes regulares de las uniones de crédito, y más pobres que los clientes de sus servicios financieros especiales para mujeres. Además, tras clasificar la población en cuatro grupos en función de su seguridad alimentaria, se observó que la mayoría de los clientes pertenecían a los tres grupos de menor seguridad (cayendo estos tres grupos por debajo de la línea de pobreza). Con respecto al desempeño financiero de éste y otros programas de Crédito con Educación, cabe destacar que Freedom from Hunger hace explícita su intención de que sus programas de Crédito con Educación alcancen la independencia de subsidios en términos operativos, pero considera que los subsidios son necesarios para poner en marcha los programas. Así, con el tiempo los programas de Crédito con Educación habrían de funcionar independientemente de Freedom from Hunger, pero no lo hacen por el momento (véanse todas las evaluaciones sobre los programas de Crédito con Educación de Freedom from Hunger, referidos en el cuadro al final del trabajo). En el caso de CMS (Credit Management Services) en Zambia (Musona y Mbozi, 1998b), éste tiene como beneficiarios objetivo a empresas muy pequeñas de mujeres muy pobres que no tengan acceso a servicios financieros. Se mide el alcance en términos de créditos otorgados en relación al ingreso nacional per capita en términos nominales. Y los clientes del programa de CMS están entre los muy pobres (entre el 54% de los habitantes de Zambia); y son todos mujeres. En relación al desempeño financiero, CMS, en 1996, dependía en buena parte de los 22 fondos de la UE y de FINNIDA. Los fondos generados por los tipos de interés y cuotas contribuían en tan sólo un 2% a sus fondos totales. Además, a pesar de su viabilidad financiera, el ratio de dependencia de subsidios era de casi el 100% (tendría que haber duplicado sus tipos de interés para lograr el break even libre de subsidios). Los mismos autores (Musona y Mbozi, 1998a) analizan el caso de CARE PULSE (PeriUrban Lusaka Small Enterprise Project), en el mismo país (Zambia). El alcance de este programa era menor que el del anterior, pues no alcanza a los más pobres, aunque sí a pobres que no tendrían acceso a los servicios microfinancieros sin programas como ése. En el momento del estudio, PULSE recibía fondos de donantes (sobre todo CARE Canada y ODA). De hecho, los fondos generados por el programa (por los tipos de interés y cuotas) sólo suponían el 10% de sus fuentes de financiación. Y tampoco este programa lograba la viabilidad económica. En relación con los principales programas microfinancieros de Bangladesh (Grameen, BRAC y BRDB –Bangladesh Rural Development Board–), se observa que el alcance de los mismos no es tanto como el alcance deseado, pero que no es despreciable en absoluto (dado que el alcance deseado es, quizá, demasiado ambicioso). Así, Zaman (1999), Morduch (1998b) y Hashemi y Schuler (1997) muestran que entre el 15 y el 30% de los hogares clientes de estos programas cuentan con mayores extensiones de tierra de la que constituiría el límite máximo para la participación en los mismos. En cualquier caso, los extremadamente pobres constituyeron el 33% en 1991/92 y el 58% en 1998/99 de la totalidad de participantes en los programas estudiados (Khandker, 2003). Con respecto al desempeño financiero de estos programas, se observa que ninguno de ellos era viable en términos económicos, aunque sí en términos financieros. En el caso concreto de Grameen, el banco alcanza el break even cargando unos tipos de interés no demasiado elevados, gracias a que funciona con subsidios. De hecho, si se tuvieran que cubrir todos los costes con los ingresos de la institución, Grameen habría presentado pérdidas desde 1987 (Khandker et al., 1994 y 1995). Para ser económicamente viable (independiente de todo tipo de subsidios) Grameen tendría que elevar el tipo al que prestaba desde el 16,5 (de 1994) al 20%, o que aumentar el tamaño de sus préstamos o el número de miembros13. 13 Sobre esto programas, véase también Pitt y Khandker (1996). 23 Navajas et al. (1998) estudiaron cinco IMF bolivianas. Para medir el alcance, se elaboró un índice de satisfacción de necesidades básicas, muy similar al del Ministerio de Desarrollo Humano a nivel nacional. La población se dividió en cuatro grupos: no pobres, no pobres cerca de la línea de pobreza, pobres cerca de la línea de pobreza y los más pobres. Se observó que FIE y Caja Los Andes prestaban a población no pobre cercana a la línea de pobreza; BancoSol prestaba a clientes en torno a la línea de pobreza; y PRODEM (Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Microempresa) y Sartawi prestaban a población pobre cercana a la línea de pobreza. Se observó, por tanto, que los programas de préstamos en grupo (BancoSol, PRODEM y Sartawi −que prestaba a grupos e individuos−) tenían más alcance que los programas de crédito individual (FIE y Caja Los Andes). Y que las IMF rurales (PRODEM y Sartawi) eran más pequeñas en número de prestatarios que las urbanas (FIE, Caja Los Andes y BancoSol); pero contaban con una proporción mayor de prestatarios de entre los más pobres (tenían mayor alcance). Navajas et al. (1998) no se adentran en el análisis del desempeño financiero de estas IMF, pero su estudio no deja de ser revelador. Como se arguyó más arriba desde un punto de vista lógico/teórico, cuanto más se aleja la metodología microfinanciera de la de los bancos comerciales (préstamo en grupos, préstamos en zonas rurales, carteras pequeñas...), más alcance se puede lograr. Y las mismas características que hacen que ciertas IMF tengan menos alcance (clientes individuales, operaciones en las ciudades y carteras mayores) son las que podrían facilitar el logro de un mejor desempeño financiero (vía uso de garantías más convencionales, y menores costes de mano de obra y de transacción). En cualquier caso, en el momento del estudio, todas las IMF (las de mayor y menor alcance) recibían donaciones, asistencia técnica y créditos concesionales. El trabajo de Schreiner y González-Vega (1995) analiza cinco IMF de República Dominicana (ADOPEM –Asociación Dominicana para el Desarrollo de la Mujer–, ADEPE –Asociación para el Desarrollo de la Provincia Espaillat–, ADEMI –Asociación para el Desarrollo de las Microempresas–, FONDESA –Fondo para el Desarrollo– y Cooperativa Candelaria), todas ellas con un alcance bastante pobre. Si bien es cierto que prestaban sobre todo a microempresas, ello no significa que sus clientes fueran eminentemente pobres, sino simplemente que las empresas de los mismos eran pequeñas. Además, la naturaleza individual del crédito, su concentración en zonas urbanas (sólo ADEPE tenía cierta presencia en zonas rurales), la selección de clientes en función de su capacidad de repago, el hecho de prestar por 24 igual a mujeres que a hombres (sólo ADOPEM prestaba exclusivamente a mujeres)... sugiere una escasa vocación (y logro) de alcance por parte de estos programas. En relación con su desempeño financiero, todas ellas eran viables financieramente (excepto en determinados años concretos); pero no todas eran viables en términos económicos. En un extremo del espectro, se encontraba Cooperativa Candelaria, que operaba totalmente a tipos de mercado (libre de subsidios) y ADEMI, que podría hacerlo, pero seguía recibiendo subsidios. En el otro, ADEPE y FONDESA, cuyo pequeño tamaño era un importante obstáculo a la viabilidad económica, a lo que tampoco contribuía sus bajos tipos de interés o el pequeño tamaño de sus préstamos... En un ámbito intermedio: ADOPEM, que en el momento del estudio también estaba cerca de esa viabilidad. Nótese que los motivos que apuntan los autores por los que ADEPE y FONDESA no eran económicamente viables (altos tipos de interés, pequeñas carteras y pequeños principales de sus créditos) son precisamente las características que favorecerían un mayor alcance (desgraciadamente estos autores no se detienen lo suficiente en describir las diferencias de alcance entre estas IMF y las demás). Finalmente, Christen (2000) se centra en el estudio de IMF reguladas en América Latina. Observa que éstas proveen de préstamos de mayor tamaño que las IMF no reguladas (muchas de ellas, ONGs), lo que podría interpretarse como que la “comercialización” de las microfinanzas (el paso a funcionar en términos de mercado, esto es, sin subsidios) ha conducido al abandono de los clientes más pobres. En relación con su desempeño financiero, el trabajo señala cómo las IMF latinoamericanas, en general, y las reguladas, en particular, son de las más rentables del mundo e incluso son más rentables que la banca comercial tradicional de la región. No sólo han logrado la viabilidad financiera, sino que en ocasiones obtienen beneficios que reinvierten, ampliando así sus fondos propios. Presentan, en general, ROA positivos, cubren sus costes operativos, mantienen el valor de su activo a pesar de la inflación... Todo ello las ha hecho cada vez menos dependientes de la obtención de fondos subsidiados. Bicciato et al. (2002) y Parhusip y Seibel (1999) también ponen de manifiesto la dificultad de funcionar sin subsidios sin dañar el alcance de las microfinanzas. Los primeros señalan que en Ecuador las cooperativas de ahorro y crédito, que son claramente superiores en viabilidad y eficiencia a los bancos comunales, cuentan con un número menor de clientes pobres en su cartera de activos de crédito que los bancos comunales. Y los segundos muestran que el 25 Banco Shinta Daya de Indonesia alteró su metodología de crédito para reducir los costes de transacción, lo que le llevó a peores resultados de alcance. C.2. Recapitulación y conclusiones tentativas Nos encontramos, por tanto, con trabajos que muestran el notable alcance de muchos programas de microfinanzas, aunque en ocasiones ese alcance no sea exclusivo (es decir, se prestan servicios también a poblaciones no tan pobres) o no se corresponda con el alcance deseado (es decir, no se logran los ambiciosos objetivos de alcance de los programas). En todos estos casos en los que hay un alcance considerable, los programas no son viables económicamente. Esto es, dependen de la obtención de subsidios o donaciones externas. Según los mismos autores que los analizan, para dejar de depender de dichos subsidios tendrían que: (1) centrarse más en el préstamo individual que en el colectivo; o (2) aumentar el tamaño de sus préstamos; o (3) aumentar el tamaño de sus carteras; o (4) reducir sus costes vía limitación de los servicios complementarios a las microfinanzas (de formación, por ejemplo); o (5) elevar los tipos de interés que cargan a los clientes...; esto es, para dejar de depender de subsidios las IMF deberían llevar a cabo acciones que, de acuerdo con el análisis lógico/teórico realizado más arriba, podrían conducir a una merma de su alcance. Es más, los pocos programas que nos hemos encontrados que, además de no ser económicamente viables, no son financieramente viables (es decir, ni siquiera cubren con los tipos de interés y cuotas que cargan sus costes, dado el subsidio que reciben) son programas en los que la vocación de alcance y de lucha contra la pobreza es explícita y los logros de alcance son especialmente notables. Sería el caso, por ejemplo, del programa IGVGD de BRAC en Bangladesh, cuyas pérdidas son cubiertas por otros programas más convencionales de la misma IMF. Por el contrario, los programas que no sólo alcanzan la viabilidad financiera, sino también la viabilidad económica, como algunas IMF latinoamericanas suelen prestar a individuos en zonas urbanas, tienen mayores carteras y mayores principales de sus préstamos... todo lo cual (y desgraciadamente los análisis de alcance en estos casos no son lo suficientemente rigurosos) lleva a pensar que pueden tener menores alcances. 32 Evidence from Bolivia”, Economics and Sociology Occasional Paper nº 2524, Rural Finance Program, Department of Agricultural, Environmental and Development Economics, the Ohio State University, diciembre. NELSON, Candace (1997): “Training Goes to Market. A Comparative Study of Two Kenyan Training Programs, Business Development Services Case Study nº 1, Microenterprise Best Practice Project, USAID, diciembre. NTEZIYAREMYE, Anastase y Barbara MkNELLY (2001): “Mali Poverty Outreach Study of the Kafo Jiginew and Nyèsigiso Credit and Savings with Education Programs”, Research Paper nº 7, Freedom from Hunger, mayo. PARHUSIP, Urben y Hans Dieter SEIBEL (1999): “Rural Bank Daya. Attaining Outreach with Sustainability – A Case Study of a Private Microfinance Institution in Indonesia”, mimeografiado, Development Research Center, University of Cologne. PITT, Mark M. y Shahidur R. KHANDKER (1996): “Household and Intrahousehold Impact of the Grameen Bank and Similar Targeted Credit Programs in Bangladesh”, Discussion Paper nº 320, Banco Mundial. SCHREINER, Mark y Claudio GONZALEZ-VEGA (1995): “Dominican Republic: Analysis of the Clients of Fondo Micro”, Economics and Sociology Occasional Paper nº 2247, Rural Finance Program, Department of Agricultural Economics, the Ohio State Univeristy, junio. SOROS, George (2002): Globalización, Editorial Planeta, Barcelona. Van BASTELAER, Thierry (2000): “Imperfect Information, Social Capital and the Poor’s Access to Credit”, Center for Institutional Reform and the Informal Sector, University of Maryland, College Park, mimeografiado, Maryland, septiembre. Van de RUIT, Catherine, Julian MAY y Benjamin ROBERTS (2001): “A Poverty Assessment of the Small Enterprise Foundation on behalf of the Consultative Group to Assist the Poorest”, Poverty and Population Studies Programme, University of Natal, abril. Vor der BRUEGGE, Ellen, Joan E. DICKEY y Christopher DUNFORD (1999): “Cost of Education in the Freedom from Hunger version of Credit with Education Implementation”, Research Paper nº 6, Freedom from Hunger, septiembre. ZAMAN, Hassan (1999): “Assessing the Impact of Micro-Credit on Poverty and Vulnerability in Bangladesh: A Case Study of BRAC”, Working Paper nº 2145, Banco Mundial, julio.