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Queimada de Gillo Pontecorbo y Caliban de la Tempestad de Shakespeare: El Discurso del Amo y el uso calibanesco del Derecho

Author: Sánchez Rubio, David
Publisher: Dykinson
Year: 2025
Source: https://idus.us.es/bitstreams/38f3db69-c566-40c1-8ac5-2990e7f10475/download
CINE,
LITERATURA
Y DERECHO
Da id Sánchez Rubio
Jesús Ignacio Delgado Rojas
(Edi o es)
CINE, LITERATURA Y DERECHO
CINE, LITERATURA Y DERECHO
Da id Sánchez Rubio
Jesús Ignacio Delgado Rojas
(edi o es)
Da id Sánchez Rubio
Jesús Ignacio Delgado Rojas
Pila C uz Zúñiga
Ge mán J. A enas A ias
Ad iana Rod íguez Caguana
Xa ie B i o Al a ado
Jesús An onio de la To e Rangel
Ma ía José Fa iñas Dulce
Ma ía C is ina Gómez Isaza
Daniel J. Ga cía López
An onio En ique Pé ez Luño
En ique Pé ez-Luño Robledo
Fe nando Babi Ruiz
Ál a o Sánchez B a o
An onio Mesa León
FACULTAD DE DERECHO

No es á pe mi ida la ep oducción o al o pa cial de es e lib o, ni su inco po ación a un sis ema
in o má ico, ni su ansmisión en cualquie o ma o po cualquie medio, sea es e elec ónico, mecá-
nico, po o ocopia, po g abación u o os mé odos, sin el pe miso p e io y po esc i o del edi o . La
in acción de los de echos mencionados puede se cons i u i a de deli o con a la p opiedad in e-
lec ual (a . 270 y siguien es del Código Penal).
Di íjase a Ced o (Cen o Español de De echos Rep og á icos) si necesi a o ocopia o escanea
algún agmen o de es a ob a. Puede con ac a con Ced o a a és de la web www.conlicencia.com o
po elé ono en el 917021970/932720407
Es e lib o ha sido some ido a e aluación po pa e de nues o Consejo Edi o ial
Pa a mayo in o mación, éase www.dykinson.com/quienes_somos
© De la ob a: Da id Sánchez Rubio y Jesús Ignacio Delgado Rojas
© De los ex os: los au o es
P ime a edición
Edi o ial DYKINSON, S.L. Meléndez Valdés, 61 – 28015 Mad id
Telé ono (+34) 91544 28 46 – (+34) 91544 28 69
e-mail: in [email protected]
h p://www.dykinson.es
h p://www.dykinson.com
ISBN: 979-13-7006-079-4
Depósi o Legal: M-4845-2025
DOI: h ps://doi.o g/10.14679/3883
ISBN elec ónica: 979-13-7006-106-7P eimp esión:
Besing Se icios G á icos, S.L.
[email p o ec ed]
7
Índice
INTRODUCCIÓN ................................................................................... 13
Da id Sánchez Rubio y Jesús Ignacio Delgado Rojas
CAPÍTULO PRIMERO. QUEIMADA DE GILLO PONTECORBO
Y CALIBAN DE LA TEMPESTAD DE SHAKESPEARE: EL
DISCURSO DEL AMO Y EL USO CALIBANESCO DEL
DERECHO ............................................................................................... 17
Da id Sánchez Rubio
1. INTRODUCCIÓN ................................................................... 17
2. SOBRE QUEIMADA Y PONTECORBO .................................. 18
3. SOBRE CALIBÁN ................................................................... 30
4. CALIBÁN SE REBELA: LA LUCHA POR SUS
DERECHOS ............................................................................. 41
BIBLIOGRAFÍA ................................................................................ 49
CAPÍTULO SEGUNDO. LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
AFECTIVA EN EL CINE DE LA ÉTICA FICCIÓN .................................. 53
Jesús Ignacio Delgado Rojas
1. UNA INTRODUCCIÓN AL CINE DE LA ÉTICA FICCIÓN .. 53
2. LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL AFECTIVA EN LA
CINEMATOGRAFÍA ............................................................... 57
3. UN PRIMER ACERCAMIENTO A HER, A.I. INTELIGENCIA
ARTIFICIAL Y EX_MACHINA .................................................. 60
4. DEL TEST DE TURING AL TEST DE GARLAND ................ 61
5. EL EROS VIRTUAL: SAMANTHA, AVA Y DAVID COMO
MÁQUINAS DE AMAR ........................................................... 64
Índice
8
6. PRIVACIDAD Y MANIPULACIÓN EN LA INTELIGENCIA
ARTIFICIAL AFECTIVA ......................................................... 69
7. CONCLUSIONES ................................................................... 71
BIBLIOGRAFÍA ................................................................................ 72
CAPÍTULO TERCERO. LÍMITES Y POSIBILIDADES DE LA
REPRESENTACIÓN DEL EMPLEO DEL HOGAR Y DE CUIDADOS
EN AMADOR, ROMA Y CALLADITA ....................................................... 75
Pila C uz Zúñiga
1. INTRODUCCIÓN ................................................................... 75
2. EL USO DEL CINE EN LA DOCENCIA DE DERECHO ...... 77
3. PERTINENCIA DE LAS TRES PELÍCULAS Y SINOPSIS ..... 79
4. LAS CONDICIONES LABORALES EN EL TRABAJO DEL
HOGAR Y LOS CUIDADOS ................................................... 84
5. LOS VÍNCULOS CON LAS Y LOS EMPLEADORES............ 88
6. A MODO DE CONCLUSIÓN ................................................ 93
BIBLIOGRAFÍA ................................................................................ 95
CAPÍTULO CUARTO. EL CORONEL SÍ TIENE QUIEN LE ESCRIBA,
PERO NO LE COMPRENDE… REPRESENTACIONES CINEMATO-
GRÁFICAS DEL LENGUAJE CLARO .................................................... 99
Ge mán J. A enas A ias
1. INTRODUCCIÓN ................................................................... 99
2. DOS DIMENSIONES DEL LENGUAJE CLARO ................... 101
3. INSTRUMENTALIDAD POLÍTICA (Y PÚBLICA) DEL
LENGUAJE CLARO ................................................................ 105
4. LA ILEGIBILIDAD DE LA BUROCRACIA EN EL CINE:
RETRATOS DE UN LENGUAJE QUE FRUSTRA ................. 108
5. CONCLUSIONES ................................................................... 114
BIBLIOGRAFÍA ................................................................................ 116
Índice
9
CAPÍTULO QUINTO. EL TRANSHUMANISMO, LOS DERECHOS
HUMANOS Y DE LA NATURALEZA: UNA MIRADA CRÍTICA
DESDE EL CINE DE DAVID CRONENBERG ...................................... 119
Ad iana Rod íguez Caguana y Xa ie B i o Al a ado
1. INTRODUCCIÓN ................................................................... 119
2. DEBATIENDO EL CONCEPTO DE TRANSHUMANIS-
MO .......................................................................................... 121
3. DERECHOS HUMANOS Y DE LA NATURALEZA: LÍMITES
AL TRANSHUMANISMO ...................................................... 126
4. LA PERSPECTIVA CINEMATOGRÁFICA DE DAVID
CRONENBERG ....................................................................... 129
5. EL CINE Y LA NUEVA CARNE ............................................... 130
6. SCANERS. EL TRÁNSITO HACIA EL POSTHUMANISMO 132
7. CONCLUSIÓN ........................................................................ 134
BIBLIOGRAFÍA ................................................................................ 135
CAPÍTULO SEXTO. SOBRE ALGUNOS JUICIOS, JUECES Y
ABOGADOS EN LA LITERATURA LATINOAMERICANA ................ 137
Jesús An onio de la To e Rangel
1. INTRODUCCIÓN ................................................................... 137
2. LO JURÍDICO EN LAS NOVELAS DE SCORZA .................. 138
3. LA LEY Y SUS OPERADORES DESDE EL MUNDO ES
ANCHO Y AJENO, DE CIRO ALEGRÍA .................................. 143
4. JUSTICIA, LEY Y FUERZA, EN EL DESIERTO DE
CARLOS FRANZ ..................................................................... 147
5. JUEZ DE PUEBLO, PROTEGE A UN HACENDADO,
EN MALA YERBA, DE MARIANO AZUELA .......................... 152
6. JUICIO A UNA “GENTE DE RAZÓN”, EN TOCAR EL
FUEGO DE ERACLIO ZEPEDA .............................................. 154
7. UN “INDIO ABOGADO”, DE CUENTOS ESPAÑOLES
DE COLORADO Y NUEVO MÉJICO, RECOPILADOS POR
JUAN B. RAEL ......................................................................... 157
Da id Sánchez Rubio
20
son aco alados en las mon añas. Se so oca ápidamen e la ebelión y cap u-
an a José Dolo es. El mando mili a y de gobie no discu e si hay que ejecu a -
lo. Walke in en a sal a le la ida po que lo es ima, debido a su cama ade ía
pasada, pe o el líde ebelde echaza su ayuda, a i mando que la libe ad se
gana, no se ecibe. P e ie e se un má i y, al como e emos, culmina con
ello un p oceso de madu ación y de esigni icación del discu so del amo. El
gobie no ejecu a a Dolo es en la ho ca. En is ecido William Walke , cuando
es á en el pue o pa a sali de ini i amen e de la isla, alguien le oca la espalda
y, al da se la uel a c eyendo que es José Dolo es, es asesinado po un campe-
sino neg o.
2.2. T es ayec o ias pa alelas
Además de di idi se su es uc u a en dos pa es, Queimada mues a, al
menos, es pa alelismos, dos de ellos señalados muy bien po Enzo T a e so
(2022: 170-173):
a) Con el p ime pa alelismo, comp obamos que se combinan dos con-
ex os his ó icos en la película: uno e e ido al pasado y el o o se si úa en
el p esen e del la gome aje. En es e sen ido, el mismo Enzo T a e so opi-
na que José Dolo es es una especie de Espa aco que alegó icamen e ep e-
sen a an o a Toussain L´Ou e u e, como al Che Gue a a (2022: 171). Gillo
Pon eco bo, en an o in elec ual comunis a y an icolonialis a comp ome ido,
alude al pe iodo de los le an amien os y las mo ilizaciones de las islas ca i-
beñas po la abolición de la escla i ud, en e los siglos XVIII y XIX, con la
e olución e independencia de Hai í (1791-1804) a la cabeza. Además, an o
William Walke como José Dolo es es án inspi ados en dos pe sonajes his ó i-
cos eales: el p ime o ue un a en u e o es adounidense que in en ó coloni-
za Nica agua en la década de los años 50 del siglo XIX y José Dolo es e a el
comandan e mili a del ejé ci o indígena que lo expulsó del país (T a e so,
2022: 171).
Asimismo, el cineas a i aliano se posiciona con Queimada en su p esen e,
como un sismóg a o de la u bulen a década de los sesen a (T a e so, 2022:
170), jus amen e en la misma época en la que se si úa y se publica el amoso
ensayo de Robe o Fe nández Re ama , Caliban que a a é más adelan e. Nos
encon amos con un con ex o ma cado po la Gue a F ía, los p ocesos de
descolonización en los países del Su global, denominados po Albe Sau y
el Te ce Mundo (Fe nández Re ama , 2004: 138). La e olución a gelina y la
gue a de Vie nam, es án p esen es en la película. Asimismo, ambién in luye
la e olución cubana con la igu a de Fidel Cas o y el Che Gue a a en los

Queimada de Gillo Pon eco bo y Caliban de La Tempes ad de Shakespea e
21
años 60, el oquismo de los g upos gue ille os la inoame icanos con la eo ía
de Régis Deb ay y el mismo Che, en e o os.
Además, Amé ica La ina i e un pe iodo en el que el concep o de libe a-
ción se pone de moda. El caso es que en o no al concep o de “libe ación” su -
gie on dis in as co ien es, eo ías y pe spec i as epis emológicas en el ámbi o
eológico y ilosó ico (Gus a o Gu ié ez, Ignacio Ellacu ía, Leona do Bo ,
En ique Dussel, Helio Galla do, Juan Luis Segundo), económico (Theo onio
dos San os, Mau o Ma ini, F anz Hinkelamme , Ma io Casalla, Ande Gunde
F ank), sociológico (O lando Fals Bo da y Pablo González Casano a), an o-
pológico (Da cy Ribei o, Rodol o Kusch), geog á ico (Mil on San os) y peda-
gógico (Paulo F ei e) (Wolkme , 2017: 36 y 249 y ss.). Todos sus pensado es, a
pa i de sus expe iencias sociales conc e as, a aban de esponde buscando
soluciones al po qué de los es ados de ma ginación y desigualdad sis émi-
ca, a iculando un a aque on al c í ico, dialéc ico e in e disciplina con a
los posibles condicionan es que p oducían esa ausencia de sensibilidad y de
a ención a las necesidades y a las demandas del pueblo conside ado y p o-
ducido como op imido. El concep o polisémico de libe ación condensaba la
pe cepción in e disciplina de una ealidad ad e sa que demandaba una ne-
cesidad de cambio, de p opues as de al e na i as, de búsqueda de soluciones
ans o mado as.
Los mé odos, así como los en oques ue on muchos, con ue e in luen-
cia del pensamien o humanis a, ma xis a y del sis ema de c eencias eligiosas
y eológicas del c is ianismo o igina io cimen ado sob e la jus icia en a o
de los pob es. No so p ende que, desde casi odos los pun os geog á icos de
La inoamé ica, se p oclama a y se pusie a de elie e que la cul u a eu opea
y usame icana, con la colabo ación de de e minados colec i os oligá quicos
y mino ías plu oc á icas nacionales, habían ocasionado di e sas o mas de
alienación, ex endiendo y consolidando sob e la egión un sis ema es uc u-
almen e op esi o en odos los e enos económicos, polí icos, ideológicos,
ilosó icos, ju ídicos y cul u ales. An e la dependencia en e a las g andes po-
encias de los países del No e aquila ada po el capi al y la di isión in e na-
cional del abajo, se p ecisaba eacciona y con on a median e la libe ación
como p oceso no sólo eó ico, sino undamen almen e p ác ico, necesa io
pa a consegui una plena y au én ica libe ad de los pueblos la inoame icanos
en lo ins i ucional, lo exis encial y lo socio-ma e ial.
Asimismo, el mundo de la li e a u a la inoame icana es aba en alza du-
an e ese pe iodo, con au o es como Julio Co áza , Jo ge Luis Bo ges, Ma io
Va gas Llosa, Gab iel Ga cía Má quez, Ca los Fuen es, Edua do Galeano y
Robe o Fe nández Re ama , en e o os. Además, algunas ob as ensayís icas
Da id Sánchez Rubio
22
signi ica i as de la época, solo como ejemplo, se hacen de obligada lec u a:
Los condenados de la ie a de F anz Fanon publicada en 1961, que in luye bas-
an e en las ob as de Gillo Pon eco bo y Las enas abie as de Amé ica La ina,
de Edua do Galeano y publicada en 1971, lib o e e en e en el con ex o
la inoame icano.
Cu iosamen e, jun o con Queimada, La ba alla de A gel ambién di igida
po Gillo Pon eco o ma ca un pun o de in lexión en la his o ia de las p o-
ducciones occiden ales sob e el colonialismo, siendo emblemá ica con a la
ocupación colonial (Sand, 205: 458 y 460). Ambas películas exp esan la im-
po ancia de los p ocesos de libe ación a ni el plane a io, en e a los impe-
ios coloniales (T a e so, 2022: 174-175).
b) En segundo luga , apa ecen en la película dos ayec o ias que an de
la mano: i) po un lado, el also discu so de uni e salidad an icolonial del
impe io b i ánico, que, en nomb e de la libe ad, se ocul a la e dade a in en-
ción de impone sus p opios in e eses me can iles y neocoloniales. El p e ex-
o de la independencia y la abolición de la escla i ud les si e pa a con ola
la p oducción de la economía azuca e a de la isla y desplaza al decaden e
impe io po ugués; ii) po o o lado, la o a ayec o ia se e leja en la g adual
oma de conciencia en e un pueblo dominado y subo dinado que, p ocesual-
men e, an pasando de op imido a suje o his ó ico p o agonis a y que in en a
oma las iendas de su des ino (T a e so, 2022: 172). Incluso el mismo pe so-
naje José Dolo es a c eciendo en su capacidad de disce ni , de gana au oes-
ima y de da se cuen a de que es á siendo u ilizado po William Walke con a
los in e eses de su pueblo.
A pa i de es e segundo pa alelismo sob e el os o colonial y la con o -
mación de un pueblo que de se pueblo suje ado pasa a se pueblo suje o,
pese a que es de o ado y humillado en un con ex o es uc u al ad e so, se
pueden hace a ias conside aciones:
b.1) La p ime a gua da elación con el ca ác e an illano de la lucha que
a lide ando José Dolo es, y que, como ya se dijo, es á muy conec ada con las
mo ilizaciones y e oluciones desa olladas en el Ca ibe du an e inales del
siglo XVIII y el siglo XIX, con la isla de Guadalupe y, sob e odo, con Hai í,
a la cabeza. Po lo gene al, cuando se nos enseña la his o ia de los de echos
humanos, las e oluciones inglesa y ancesa en los siglos XVII y XVIII, con
los hechos y acon ecimien os de independencia de Es ados Unidos, son em-
blemas uni e sales de ese p oceso lineal y e olu i o eu océn ico de log os de
de echos humanos. Pe o se omi e o a e olución signi ica i a y cen al como
es la hai iana. El ilóso o a gen ino Edua do G üne en sus es udios sob e la
ol idada e olución de Hai í con su independencia en 1804 (2012 y 2016), su-
Queimada de Gillo Pon eco bo y Caliban de La Tempes ad de Shakespea e
23
b aya de qué modo la Mode nidad nace con con lic os i esolubles que no ha
log ado en en a ni soluciona has a nues os días, ocul ando las pe e sida-
des y los ho o es sob e los cual edi ica su sis ema colonial global. La cul u a
occiden al es impensable sin el documen o de ba ba ie ep esen ado po la
escla i ud, no solo de la isla del Ca ibe, sino de oda Amé ica, ya que es pa e
sus an i a de la con o mación de la Mode nidad. La e olución hai iana de-
mos ó que es a ep esen a una alsa o alidad al nace y desa olla se cas a-
da, ac u ada, di idida y ol idada simbólicamen e po o clusión, po medio
de una lógica sac i icial que igno a simbólicamen e y exp esada a a és de la
explo ación sal aje de los escla os sob e la cual le an ó su pode económico y
polí ico (Hinkelamme , 1998). Es e also uni e sal coexis e con su modo de
p oducción capi alis a de la mano de las elaciones de p oducción escla is as,
consolidando con ello una p o undización “inédi a de las asime ías en odos
los ni eles (socioeconómico, polí ico-ideológico, simbólico-cul u al) en escala
po p ime a ez mundial” (G üne , 2012: 22 y 43).
Edua do G üne insis e en la idea de la alla, la o clusión o la ac u a
cons i u i a y ca as ó ica de la Mode nidad iniciada a pa i de 1492, que se
niega en su lado oscu o y que no quie e econoce ni e , jus i icando sus
ac os genocidas y e nocidas bajo el man o del p og eso y la ci ilización acom-
pañado de la descali icación de los o os (al e idad ex aña) bajo el sus an i o
de la ba ba ie. Pa a coloniza e impone su dominio, la Mode nidad es uc u-
almen e p oduce es eno mes consecuencias: a) de iene los p ocesos de de-
sa ollo au ónomo de las sociedades colonizadas (que en Amé ica se p oyec a
sob e los pueblos indígenas y los colec i os a odescendien es) y en Queimada
es cla o; b) inco po a a esas sociedades de mane a iolen a y subo dinada a
la lógica ins umen al de la acumulación mundial capi alis a bajo la iloso ía
u ili a is a de cálculo medio y in y de cos e y ganancia; y c) in isibiliza y ago-
ci a sus his o ias di e enciales jun o con sus i mos empo ales dis in os an e la
linealidad del llamado p og eso que ma ca la supe io idad de la his o ia y la
cul u a occiden al (G üne , 2012: 22, 23 y 45).
En Queimada hay un con inuo con as e en e lo que se dice y lo que se
hace en nomb e de la libe ad po pa e de los ingleses. Asimismo, hay un
juego escenog á ico en e los bailes, las es imen as, la co po alidad desin-
hibida, los i os y los iempos ca na alescos de los ebeldes escla os, en e al
despec i o e inamien o emp esa ial y mili a bu gués y a is oc á ico de los
dueños y p opie a ios blancos. Pon eco bo, acompañado con la banda sono a
de Ennio Mo icone, se cuida a la ho a de e leja las aíces a icanas de los
suble ados y sus p oyec os de ida an di e en es a los eu opeos, pe o llenos
de o gullo y dignidad.
Da id Sánchez Rubio
24
b.2) Asimismo, la segunda conside ación gua da elación con el discu -
so cínico de William Walke , di igido a los p opie a ios po ugueses que han
de ocado al an e io gobie no, sob e los bene icios que iene elimina la es-
cla i ud y su sus i ución po el abajo asala iado de los campesinos libe ados,
poniendo el ejemplo u ili a io de las di e encias en e la esposa y la p os i u a:
Caballe os, pe mí anme pone les un ejemplo aho a. Mi me á o a pod á pa-
ece un poco impe inen e, pe o pienso que a di ec a al asun o. ¿Qué p e-
ie en us edes? O, mejo dicho, ¿qué c een que les con iene más? ¿Una espo-
sa o una p os i u a? No, no, po a o . No me en iendan mal. Es oy hablando
es ic amen e en é minos económicos. O sea, del cos o del p oduc o. Del
endimien o de ese p oduc o. El p oduc o en es e caso es el amo . Amo pu-
amen e ísico, donde los sen imien os, ob iamen e, no o man pa e de la
economía. ¿Ve dad? A una esposa hay que da le una casa, comida, es idos,
a ención médica, e c, e c. Es án obligados a man ene la oda una ida, inclu-
so cuando en ejece y esul a imp oduc i a. Y si uno la sob e i e, encima iene
que paga le el une al [ isas]. No, no, es e dad. Caballe os, sé que les pa ece
di e ido, pe o esos son ealmen e los hechos; ¿o no? Mien as que, con una
p os i u a, po o o lado, es un asun o bas an e di e en e, ¿no? No hay nece-
sidad de hospeda o alimen a , de es i ni en e a . G acias a Dios. Ella solo
es á cuando la necesi an. Solo pagan po su se icio. Y pagan po ho a. O sea,
seño es, po la misma azón, ¿qué es más con enien e, un escla o o un a-
bajado asala iado? ¿Qué les con iene más? ¿La dominación po uguesa, con
sus leyes, sus e os, sus impues os, su monopolio come cial, o la independen-
cia? Con su p opio gobie no, sus p opias leyes, su p opia adminis ación, y
la libe ad pa a come cia con cualquie a en é minos que sean es ablecidos
po los p ecios del me cado in e nacional 2.
Es o se puede elaciona con los plan eamien os de Sil ia Fede ici sob e
el signi icado que implica el “descub imien o” del “Nue o Mundo” pa a la
acumulación p imi i a del capi alismo (2016). Pa a la ilóso a, his o iado a y
esc i o a i aliana es a acumulación, no ue simplemen e una acumulación y
una concen ación de abajado es explo ables y de capi al. Fue ambién una
acumulación de di e encias y di isiones den o de la clase abajado a, en un-
ción de je a quías y dominaciones es ablecidas po azones de clase, géne o,
aza y edad. Se desa olló an o en Eu opa, donde ambién había escla i ud,
pe o en meno g ado, y ambién caza de b ujas, azo es, enca celamien os, las
ma cas a uego, e c., como en el Nue o Mundo, con el some imien o de las
poblaciones abo ígenes a a és de la escla i ud, la encomienda (la mi a en
Pe ú o el cua equil en México) y el abajo asala iado o zado (Fede ici, 2016:
95 y 97). Con sus mismas palab as: “…la inclinación de la clase capi alis a du-
an e los p ime os es siglos de su exis encia, es u o di igida a impone la
2 T ansc ipción omada de h ps://elcinei aliano.blogspo .com/2021/04/queimada-gillo-pon e-
co o-1969.h ml. Consul a: 17/11/2024.
Queimada de Gillo Pon eco bo y Caliban de La Tempes ad de Shakespea e
25
escla i ud y o as o mas de abajo o zado en an o elación de abajo do-
minan e…” (Fede ici, 2016: 96). Po an o, la explo ación de los medios de
subsis encia de los abajado es eu opeos y la escla ización de los pueblos de
Amé ica, no ue on los únicos medios pa a la o mación y la acumulación
del p ole a iado mundial. Pa a ello equi ió de la ans o mación del cue po
como máquina de abajo, eniendo a las muje es como las ep oduc o as del
mismo, siendo una de las condiciones del desa ollo del capi alismo el p o-
ceso de “disciplinamien o del cue po”, en é minos de Michel Foucaul , pa a
con e i las po encias de cada se humano en ue za de abajo e in en ando
amolda a las clases subo dinadas a las necesidades de desa ollo de su sis ema
económico (Fede ici, 2016: 183 y ss.).
William Walke , con su discu so pa ia cal, ebaja a me os obje os a las
muje es y las desp ecia en an o esposas man enidas o como p os i u as p es-
ado as de un se icio y, ambién, como medios de consumo más ba a os y me-
nos cos osos en su uso. Asimismo, jus i ica la necesidad de elimina la escla i-
ud y es ablece abajos asala iados po azones exclusi amen e me can iles,
po “la libe ad pa a come cia con cualquie a”. De es a mane a se aba a an
los gas os con el obje i o de ob ene más bene icios y concen a más ique-
za. En es e sen ido, Enzo T a e so (2022: 171) señala las ambigüedades de la
Ilus ación y la hipoc esía del libe alismo clásico enca nados en el pe sonaje
de William Walke .
Pocos son los que ecue dan y saben que los hai ianos, po su indepen-
dencia, u ie on que indemniza a los anceses, con la O denanza de Ca los
X de 1825, po el daño causado a F ancia po la pé dida de p opiedades y
escla os como consecuencia de la eliminación del égimen escla is a, la abo-
lición de la escla i ud y la independencia de Hai í. La can idad a paga ue de
150 millones de ancos y se saldó en e a en 1947, du ando 122 años (G üne ,
2012; y BBC News Mundo, 2024). En pa e, es a humillación an condicionan-
e puede explica una de las azones po las que hoy en día Hai í sea uno de
los países más pob es del mundo.
Lo mismo le sucedió a China con los mezquinos y ilibus e os b i ánicos
en las dos Gue as del Opio (1839-1842 y 1856-1860) y a a és de los dis in os
“ a ados desiguales”. Los ingleses, que se con e ían en el p ime mega ca el
in e nacional del na co á ico, apa e de exp opia y oma ciudades como
Shangai y Hong Kong, eclama on, exigie on y obliga on a los chinos, po im-
pedi que se consumie an opio y se pudie a come cia con la d oga en su país,
p oceden e de la India, a paga indemnizaciones millona ias po la ex inción
y la quema de sus exis encias de opio, pa a salda las deudas p e iamen e con-

Da id Sánchez Rubio
26
aídas y pa a epa aciones de gue a po los daños ocasionados (Maalou ,
2024: 179).
b.3) O a e lexión o conside ación que se puede oma como conclusión
sob e Queimada alude a las e dade as in enciones de G an B e aña, como
país señe o del capi alismo, y su o ma es a égica de no conside a en se io
a los de echos humanos. También lo e emos con los apa ados e e idos a
Calibán. De una mane a cla a y p ecisa, Helio Galla do (2015: 360-361) a i -
ma que el imagina io ideológico sob e el que se sus en a el concep o de de-
echos humanos y el sis ema sob e el que se basa la o ganización mode na y
capi alis a no pe mi e que las luchas que lo cues ionan puedan comunica e
i adia desde sus pa icula idades, un ho izon e de uni e salidad con lic i-
o, más di e so, más abie o y plu al. Con la eme gencia y la consolidación
del o den mode no capi alis a, han ido su giendo demandas socio-his ó icas
(de ob e os, indígenas, de muje es, de gays y lesbianas, de pe sonas ans,
medioambien ales, de neg @s, e c.) que o bien han in en ado des ui o bien
ans o ma el sis ema, pe o acasando en la emp esa de mane a es uc u al.
Es as dis in as con lic i idades o man pa e de un cue po consolidado de do-
minación o impe io (la capi alis a) que sis emá icamen e ha ido bloqueando
la ma e ialización del ca ác e uni e sal y plu al de la exis encia humana y
que se exp esa en las dis in as e siones de lucha po de echos humanos.
Po ello, “la es uc u a de las o maciones sociales mode nas equie e ‘in-
en a ’ de echos humanos y p oclama los uni e salmen e, pe o sus g upos
de pode (exp esados en Es ados y me cados) asumen que se a a de una
p opues a no ac ible de ealiza ” (Galla do, 2010). Cualquie colec i o hu-
mano que lucha desde sus pa icula idades y ei indica de echos su gidos des-
de sus acionalidades y necesidades, es debili ado, idiculizado, in e io izado,
a enuado, eliminado o igno ado. Gene a una ilusión y un e ec o emancipa-
do po encialmen e uni e sal que no puede, ni quie e cumpli po las amas
sociales que cons uye y despliega en odos los ó denes desde dinámicas ex-
cluyen es, sec a ias y que bene ician a g upos mino i a ios. Den o de la con-
igu ación de las sociedades mode nas eu opeo-occiden ales, se p oclama un
discu so uni e sal de dignidad in eg al, pe o es uc u ándose, al mismo iem-
po, median e condiciones ma e iales que no lo hacen ac ible. El imagina io
de la mode nidad in en a de echos humanos sob e una ins alación ma e ial,
económico-cul u al y una ins i ucionalidad es ablecida pa a pocos, o nándo-
los no ac ible (Galla do, 2015: 408-410).
En Queimada, la abolición de la escla i ud y la lucha po la independencia
de los escla os neg os son un p e ex o, son los ehículos que caminan en di-
ección del dominio b i ánico de la p oducción de la caña de azúca . William
Queimada de Gillo Pon eco bo y Caliban de La Tempes ad de Shakespea e
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Walke es el enca gado de di igi la o ques a c ema ís ica y de acumulación
po sujeción, obo y exp opiación. Cuando José Dolo es y los suyos se apa an
de las p e ensiones de con ol b i ánico, se con ie en en una amenaza que
hay que elimina y no es ac ible econoce les ningún ipo de de echos.
c) Finalmen e, llama la a ención la coincidencia y el pa alelismo en el
a amien o que se le hacen a los indígenas en su isla y, después, a los ebeldes
a odescendien es que los sus i uyen y que se suble an pa a lucha po su in-
dependencia y po su libe ad, aunque en el p ime caso, con los abo ígenes,
se come e un cla o genocidio, ya que Queimada debe su nomb e a que ue
incendiada y a asada con uego, sin deja supe i ien es. Con a José Dolo es
y su me mado ejé ci o de libe ación, ambién se u iliza el uego pa a de o a -
los y aco ala los en la mon aña, como si ue an alimañas que hay que caza .
Con ello, conside o que el ema del eje cicio de la iolencia apa ece de mane-
a ecu en e a lo la go de oda la película. Algunos ejemplos:
c.1) En p ime luga , William Walke enseña a José Dolo es y sus compa-
ñe os a ma a a los soldados po ugueses, engañándoles y obligándoles con la
men i a a ene que usa las a mas pa a de ende se y empeza la ebelión. No
obs an e, Gillo Pon eco bo, en la línea de F anz Fanon, jus i ica la iolencia
y la lucha a mada en e al colonialismo, po que es e des uye a las cul u as
au óc onas. Re olución y lucha a mada an de la mano. Pe mi e a los pueblos
colonizados ans o ma se en suje os de su his o ia colec i a. En La ba alla de
A gel, Ali la Poin e se con ie e en un líde del F en e de Libe ación Nacional
que jus i ica el sabo aje y los ac os e o is as (T a e so, 2022: 172-173). No
es igual la iolencia eje cida po el colonizado y dominado que la ealizada
como eacción po el colonizado y dominado que lucha asimé ica y desigual-
men e po su libe ación. Es a es legí ima po que esponde en e a una si ua-
ción de sujeción humillan e y deshumanizan e que ma a es uc u almen e.
Pe o, hay que deci lo, siemp e hay lími es en los medios que se emplean, po
sus iesgos y po sus po enciales y eales consecuencias que ab en una pe e -
sa espi al de la iolencia. A con inuación, ol e é sob e es o.
c.2) En segundo luga , y siguiendo con el p oblema de la iolencia, llama
a ención la semejanza y el pa ecido que exis e en e la escena en la que José
Dolo es amenaza con la ase: “Debemos co a cabezas en ez de cañas”, y la
secuencia de la ya mencionada película ¡Vi a Zapa a! de Elia Kazan, en la que
se p oduce el encuen o y el eclamo de Zapa a po la ie a con F ancisco
Made o, que ya eje ce de p esiden e de México. Made o le dice a Zapa a que
odo se ha á po medio de la ley, siguiendo lo es ablecido po el gobie no
cons i ucional y su no ma sup ema, la Cons i ución. Como es el momen o de
deja las a mas al habe de o ado a Po i io Díaz, Made o le pide a Zapa a
Da id Sánchez Rubio
28
que o dene el desa me de odo su Ejé ci o del Su . El A ila del Su se moles a y
poniendo un ejemplo b usco y iolen o con su escope a y el eloj de F ancisco
Made o, le indica a su p esiden e que cuando le oban su eloj, solo puede
ecupe a lo con la escope a, con las a mas, no con las leyes.
Sin miedo alguno e in e p e ando Queimada como un p e ex o pa a esig-
ni ica y ab i nue as signi icaciones, me gus a ía señala las di e encias que
exis en en los con ex os de iolencia an es comen ados, y que siemp e han es-
ado p esen es en los p ocesos e oluciona ios y de independencia descoloni-
zado es: no es igual la iolencia de quien domina que la de quien es domina-
do y se de iende, siendo ambas cues ionables po sus con adicciones. En es e
sen ido, c eo que, de mane a la en e, hay un as ondo en la película, po ese
con ex o de c í ica al colonialismo, en el que apa ece la ue e dispu a sob e
la mue e de se es humanos po el uso de la iolencia en e dos in elec uales
e e en es en aquella época, Albe Camus y Jean Paul Sa e, quien hizo el
p ólogo de Los condenados de la ie a de F anz Fanon.
El esc i o y p emio Nobel ancés de endía que nunca la mue e de un
se humano y, menos de un niño, es aba jus i icada. En cambio, el ilóso o
ancés conside aba que la lucha de clases y la oma del pode po pa e del
p ole a iado, legi imaba la mue e y la caída de se es humanos po el cami-
no (Ma e, 2018: 93 y ss.). En la línea del p ime o, soy de los que piensan,
que nunca la mue e de un inocen e se pueda jus i ica . El su imien o de un
niño y de un inocen e es incompa ible con la lucha del p ole a iado con a la
op esión. Nues o e e en e, econociendo los acasos de no log a lo e in en-
ando en en a los, es que nunca debemos acep a el su imien o como injus-
icia, de nadie. No hay excepción. Un solo caso de injus icia es an impo an e
como odas las injus icias (Ma e, 2018: 97 y 99). Albe Camus ya señaló en
El homb e ebelde, las con adicciones, las pa adojas y los lími es que cualquie
alo o p incipio puede ene , como la dignidad, la libe ad o la igualdad, pa a
no sac i ica idas humanas si se con ie e en un absolu o, y después de anali-
za de qué o ma en la his o ia de la lucha po la jus icia o la dignidad humana
en Occiden e, se han u ilizado medios con a ios a los p incipios y alo es
p oclamados. Camus nos lanza la siguien e e lexión p egun ando: “¿El in
jus i ica los medios?, Es posible. ¿Pe o qué jus i ica el in? Camus señala: a es a
p egun a, que el pensamien o his ó ico deja pendien e, la ebelión esponde:
los medios.” (Camus, 1996: 341). Hay que econoce un lími e in anqueable,
in iolable, que no se puede ebasa y que debe ía se siemp e espe ado. Po
el bien de odos no se pueden da buenas azones pa a ma a , ni sac i icando
a un inocen e (Ma e, 2018: 95). No hay azones é icas, solo es ados de nece-
sidad, de ensas pa a sob e i i que acasan po los medios u ilizados y sus
esul ados.
Queimada de Gillo Pon eco bo y Caliban de La Tempes ad de Shakespea e
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Helio Galla do ema ca que, en con ex os de sujeción y dominación, la
p axis de libe ación no debe ene como p opósi o elimina al dominado ,
sino de ende una sensibilidad, una espi i ualidad y una cul u a de amo , de
espe os mu uos, de a e nidad sin cainismos, de c ecimien o en humanidad
con la que odos a ancen inspi ándose en el p opósi o de cons ui una socie-
dad sin exclusiones, sin colonizaciones, sin ma ginaciones, sin disc iminacio-
nes y sin explo aciones (Galla do, 2005 y 2006). Quien es humillado no debe
con e i se en una nue a uen e de humillación hacia el que le humilló. En
es e sen ido, odo se humano, iene que se digno de duelo, sin excepciones
y odo se humano iene que se digno de una ida i ible y digna de se i ida
(Bu le , 2021).
Es e p oblema iene su dilema en é minos de de echos y como una de
sus p incipales pa adojas, con los denominados p ocesos de in e sión ideo-
lógica de los de echos humanos, que nunca desapa ecen y que an ípicos
de Occiden e, y con los que, pa a de ende de echos humanos, se ulne an
simul áneamen e de echos humanos, ya sea en nomb e del p og eso, de la e,
de la ciencia, del lib e me cado o de la misma democ acia (Hinkelamme ,
1987 y Sánchez Rubio, 2023b). No asumi y en en a es e p oblema es con i-
nua dando buenas azones pa a ma a , pe mi iendo que se ma en y se asesi-
nen a nues os semejan es, que son odos los humanos, con nomb es y apelli-
dos, que con o man la Humanidad.
c.3) Po úl imo, me de engo en la escena inal cuando William Walke ,
en is ecido y decepcionado, se a de ini i amen e de la isla as su acaso
pa a con ence y libe a a José Dolo es. No log ó ampoco pe suadi a sus
aliados pa a que no ue a ajus iciado con la ho ca. Debían deja lo i i pa a
que no se con i ie a en un má i y en un mi o (“un mi o es más pelig oso
que un hé oe, po que a un mi o no se le puede ma a ”), ya que man end ía
la leyenda i a en e el pueblo ebelde (en cla a alusión a la igu a del Che
Gue a a y a oda polí ica que los pode osos in en an aplica a los ebeldes
sub e si os y e oluciona ios). Mejo e a el silencio. El mismo silencio con
el que William Walke e mina en la película. En el pue o, p epa ado pa a
sali de Queimada, como ya comen é, es abo dado po un homb e neg o que
lo saluda ocándole la espalda, al como lo hizo José Dolo es cuando William
Walke llegó po p ime a ez a la isla y se conocie on. En ez de ayuda le a
lle a la male a, el homb e anónimo lo apuñala, asesinándolo. Aquí queda e-
lejado el e ec o blowback o boome ang (Johnson, 2004), que odo ac o puede
ene cuando de se causa y p oduc o de algo, se con ie e en algo p oducido
y causado po aquello que, en su momen o, p odujo. Edga Mo in lo explica
con el p incipio de ecu si idad o bucle o ganizacional (2001: 106). Apa ece
ambién, como ejemplo, en el ámbi o geoes a égico cuando se p omocionan
Da id Sánchez Rubio
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De odas o mas, el año cla e pa a la cul u a la inoame icana es 1900
cuando José En ique Rodó (1967: 195 a 249), publica su ensayo A iel, espon-
diendo a la c í ica que Domingo Faus ino Sa mien o hacía al espí i u del p o-
yec o ibe o. En A iel u iliza como ecu so li e a io an o de Calibán como de
A iel de La empes ad. Replica su lib o Facundo. Ci ilización o ba ba ie, edi ado
en 1845 donde plan eaba la disyun i a en e elegi la salida del p oyec o ibe o
o la del p oyec o ci ilizado , inclinándose po una Amé ica sajona, en an o
exp esión máxima del p og eso y del mundo mode no (Zea, 1976: 72- 75). La
Amé ica ibe a quedaba así, al ma gen de la ciencia y de los a ances ecnológi-
cos po se mani es ación de lo que Sa mien o llamaba ba ba ie y p imi i is-
mo, jun o con los modos de ida y los p oyec os indígenas y a odescendien-
es. El logos eu opeo se debía impo a sin cambia pa a nada su sen ido. No
se cues ionaba. En juego es aban aquellos homb es que Sa mien o desc ibía
como supe io es, con sus p oduc os cul u ales, y aquellos o os cali icados
como in e io es, como la esco ia sob e la que había que ac ua , con sus imagi-
na ios, pa a depu a la capacidad de ob ene un p og eso de al o ni el aco de
con los países occiden ales.
José En ique Rodó esponde a Sa mien o de endiendo que la adición
ibe a y su his o ia, su pe sonalidad, su ca ác e y su o ma de se espi i ual y
con empla i a quedaban ejempli icadas en A iel. Salía en de ensa de la he en-
cia hispana y a acaba los pelig os del egoísmo sajón u ili a io y ma e ialis a,
que se exp esaba me a ó icamen e en el pe sonaje de Calibán. Exp esaba de
es e modo el echazo a enega de su pasado me iéndose en la dinámica de la
“no domanía”, de la imi ación y copia del libe alismo inglés y es adouniden-
se, excesi amen e p oduc i is a, ajeno a la his o ia de la egión la inoame i-
cana y que suponía econoce unos alo es que no e an los p opios, además
de implica la subo dinación a los c eado es de ellos. En e es os dos en es
se mani es aba una e e na lucha hacia la plena independencia men al de los
la inoame icanos. Según Rodó, el idealismo del espí i u la ino p opio de los
pueblos la inoame icanos p opo cionaba las me as a ealiza con los pode o-
sos ins umen os de la p ác ica sajona. El Calibán u ili a is a no se echazaba
del odo, sino que se ponía al se icio de A iel. El logos eu opeo se adop aba y
eadap aba con ma ices peculia es (Zea, 1976: 72-75).
F ancisco Fe nández Re ama es quien con más éxi o e o mula la ob a
que José En ique Rodó omó de Shakespea e, econociendo que esc i o es
ca ibeños de habla inglesa como C.L.R. James, Geo ge Lamming y Edwa d
Kamau B a hwai e elacionan a Caliban con la Re olución de Hai í y lo
que signi ica pa a la cul u a neg a del Ca ibe que ei indican con o gullo
(Fe nández Re ama , 2004: 28, 122-123 y 219). Aho a, con el esc i o cuba-
no, se acudía de nue o a La empes ad, pe o cambiando los papeles y los oles

Queimada de Gillo Pon eco bo y Caliban de La Tempes ad de Shakespea e
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de los pe sonajes p o agonis a. Ya no es A iel quien in e esa, sino P óspe o y
Calibán. Un Calibán su ido y su ien e que no e a el mismo que José En ique
Rodó mos aba al iden i ica lo con el mundo anglosajón capi alis a y u ili-
a is a. El pensado cubano lo in e p e a como ep esen an e de una nue a
ac i ud la inoame icana. Calibán pasa a se exponen e de una adical di e-
encia y una nue a dimensión ajena a la me á o a odosiana. En La empes ad,
Shakespea e, in luido po Mon aigne, alude con el pe sonaje al que P óspe o
mal a a y oba su isla, a los indios caníbales y ca ibeños que opusie on una
e oz esis encia an e la llegada de los españoles (Fe nández Re ama , 2004:
10 y ss.).
Ya no se a a de A iel en e a Calibán. Es P óspe o, enca nando al
amo-colonizado eu opeo, quien inc epa a es e en an o su escla o coloniza-
do. Le cali ica de bá ba o y de sal aje. Lo mi a y lo a a despec i amen e, le
enseña su lenguaje, que es el p opio lenguaje del dominado y seño . Quien
domina y gana la palab a, domina al mundo e impone su isión. Calibán ha
de ap ende un imagina io y un p oyec o de ida que no es el suyo, ya que
pe enece al quien le domina y le op ime. Lo que Calibán puede exp esa a
pa i de sí mismo es un balbuceo de b u o, de no pe sona humana. Pe o sólo
si adop a ambién la azón del amo, algo puede mejo a . No obs an e, hay
algo más, no solo el colocado es ablece la o alidad de la ealidad. Calibán
se da cuen a de su dignidad cuando pe cibe que ambién posee su p opia
azón. Puede exp esa la po medio del discu so que inicialmen e se u ilizó
pa a ocul a la y nega la. Dice Robe o Fe nández Re ama : “P óspe o in adió
las islas, ma ó a nues os ances os, escla izó a Calibán y le enseñó su idioma
pa a pode en ende se con él: ¿qué o a cosa puede hace Calibán sino u i-
liza su mismo idioma -hoy no iene o o- pa a maldeci lo, pa a desea que
caiga sob e él la oja plaga” (Fe nández Re ama , 1974: 30). Sen i se en la
condición de Calibán, si e de empuje y de p e ex o pa a que los ca ibeños y
los la inoame icanos puedan epensa su his o ia desde el o o lado, desde el
o o p o agonis a (Fe nández Re ama , 1974: 35). Aho a, más que el logos de
Occiden e ya sea el sajón o ya sea el la ino, se adop a únicamen e su discu so,
su lengua y sus ins umen os concep uales que ya son p opios, pe o que si en
pa a exp esa uno logos di e en es, más genuinos: los nacidos p e ia y pos-
e io men e a la mezcla en e indígenas, a icanos, zambos, ladino, blancos,
mes izos, e c. (Fe nández Re ama , 1974: 83).
También Fe nández Re ama (2004: 39 y ss.) quie e ecupe a y ememo-
a la impo ancia del pensamien o de José Ma í. Su ex o “Nues a Amé ica”
es el más cla o in en o de palia el e o de ija se en aquellos que pa ecían
se los p o o ipos de humanidad adecuados con la ealidad la inoame icana.
A i maba: “Con los op imidos había que hace causa común pa a a ianza el
Da id Sánchez Rubio
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sis ema opues o a los in e eses de los op eso es, y es o po que los “op imidos”,
con su mi a “na u al”, cons i uyen, aunque no siemp e con éxi o ni con con-
ciencia, el pode i up o en la his o ia” (Ma í, 1977: 38). Hace causa po
los más ma ginados, los pob es, los ic imizados po la his o ia, e a la mejo
o ma de inicia la ecupe ación de los pueblos de la egión, que siemp e po
que e ija sus ojos hacia los ho izon es de la a ac i a Eu opa y su más iel
he ede a, los Es ados Unidos, siemp e amenazan e, se han ido alienando en
su iden idad, en sus capacidad de signi ica la p opia ealidad y sus en o nos
de mane a cohe en e y e ec i a, y han ido seleccionando el econocimien o
humano digno a unos pocos en e a una mayo ía igno ada, ilipendiada y
humillada. José Ma í ale aba y demandaba la necesidad de es a del lado de
los más us igados y dominados y ei indicaba una cul u a au óc ona y no de-
pendien e de Eu opa y, sob e odo, de Es ados Unidos.
Po o o lado, Leopoldo Zea, muy ce cano a las posiciones de Robe o
Fe nández Re ama , ambién e oma la me á o a de Calibán en a ios de sus
abajos y en el ma co de los sucesi os p oyec os de la cul u a la inoame ica-
na que a iba se menciona on (Zea, 1965a; 1965b; 1976; y 1988). El maes o
mexicano iene a mos a nos de qué mane a el logos de Occiden e se ompe
pa a da el paso a la al e idad. De se ce ado y educido a su inicial c eado ,
los pueblos a los que se les ha negado su acceso, como mucho sólo pueden
balbucea su lenguaje. Pe o desde esa misma ba ba ie, desde ese mismo e-
chazo se p oduce una au oa i mación y, a la pa , una ans o mación: el logos
dominan e se con ie e en un logos dialógico y más comp ensi o, no ya de un
hablan e, sino de dos que discu en y a gumen an en igualdad de condiciones.
El discu so de la Mode nidad de posee un único i ula , pasa a ene múl-
iples i ula es (Zea, 1988: 28-35). El ilóso o a gen ino A u o And és Roig
dice que el p esupues o del que dice pa i Leopoldo Zea es la al e idad, pues
el discu so libe ado no ei e a lo dicho an es po el dominado que epi e
su ac uación pa a asegu a oda elación de dominio. “Mismi ica” op eso a-
men e y hace de la his o ia un p oceso ce ado y no abie o, sin al e aciones,
desconociendo la al e idad y lo eme gen e (Roig, 1981b: 267).
Asimismo, A u o And és Roig, desde un plano más ilosó ico, ambién
u iliza el pe sonaje shakespea iano (Roig, 1981a: 51 y ss.; 1981b: 270-271).
T as c i ica el eli ismo y la ambigüedad en el que incu ie on los a ielis as,
in en a que en odo discu so se alo ice al se humano, y que de medio pase
y se con ie a a in. Al igual que Zea, piensa que oda iloso ía pa e del su-
pues o de se un modo de sabe uni e sal, po an o, esul a in eg ado . Pe o
la his o ia de es a p e ensión ha demos ado cómo ha ma ginado a de e mi-
nados colec i os, cul u as y comunidades. Pa a e i a lo hay que opone se al
ocul amien o que una cul u a ealiza sob e o as, imponiendo sus modos de
Queimada de Gillo Pon eco bo y Caliban de La Tempes ad de Shakespea e
39
ida, jun o a los cue pos de bienes que le son inhe en es. A u o And és Roig
sub aya que hay que e i a el ol ido que se hace de la conexión del sis ema de
elaciones humanas conc e as en las que se si úa cada cul u a y de la ma gi-
nación que Occiden e p oyec a sob e o as sociedades humanas o madas so-
b e o alidades exis enciales y i ales dis in as, como es el caso de los pueblos
indígenas (Roig, 1981a: 52). Pa a el au o a gen ino, al igual de Leopoldo
Zea, oda iloso ía pa e del supues o de se un modo de sabe uni e sal y,
po an o, in eg ado . Pe o la his o ia de esa p e ensión ha demos ado cómo
ha ma ginado a de e minados colec i os. Pa a e i a lo hay que opone se al
ocul amien o que una cul u a ealiza imponiendo sus modos de ida, jun o
a los cue pos de bienes que le son inhe en es, sob e o as. ¿De o ma puede
hace se es o? Ab iéndose a la al e idad y a lo nue o. Dice A u o And és Roig:
“Calibán ha lle ado a cabo desde sí mismo una ansmu ación axiológica, ha
pues o a su se icio un bien, cambiándole de se icio alo a i o. El habla de
dominación se ans o ma en su boca de aho a en adelan e, en un habla de
libe ación”. (Roig, 1981: 51).
En es a línea y siguiendo al pensamien o de Leopoldo Zea y A u o And és
Roig, el ilóso o mexicano Ma io Magallón Anaya (1991: 161-163) indica que
se aspi a a posee los p incipios comunes de la cul u a occiden al con ca ác e
de gene ales y uni e sales, pe o pa iendo de la p opia ealidad, de la p o-
pia ci cuns ancia, de lo conc e o. Acep ando la ci cuns ancialidad de los se es
humanos, se llega a econoce las dis in as o mas de se homb es, e i ando,
con base en la desigualdad, que nazcan sen imien os de supe io idad de unos
sob e o os. Occiden e ma ca la pau a. Se ealiza un la go iaje hacia la p opia
ealidad desde el pun o de is a es ablecido po la cul u a occiden al, u ilizan-
do sus mismos blasones. El in en o de ans o mación se di ige pa a pone lo
en e idencia. El uso ideológico que Occiden e ealiza de su discu so, an es
que echaza los alo es en los que se basa pa a in e p e a los a a o de sus in-
e eses, se u ilizan pa a da les un uso y un signi icado dis in os. Se lucha pa a
libe a se de esa ac i ud abs ac a de concebi a los se es humanos como obje-
os, que cuen es solo como núme os en las es adís icas y sus eglas. Se aspi a a
que se conside es a los la inoame icanos y a cualquie a de los humanos como
homb es i os, conc e os, que buscan ascende la p opia condición de se
cosi icados median e la solida idad de odos (Magallón, 1991: 171). Tan o la
acionalidad como el discu so de Occiden e son modi icados in e namen e
po o os logos di e en es que, básicamen e, lo han asimilado as un complejo
y dialéc ico p oceso de endogenación. La acionalidad mode na ac úa pe ma-
nen emen e como un il o (Magallón, 199: 51).
De odo lo dicho, as las e lexiones expues as sob e Queimada y Calibán,
jun o con algunos pe sonales de La empes ad, es á cla o que hay un p e io
Da id Sánchez Rubio
40
condicionamien o en ambas ob as a ís icas, como si las ca as es u ie an ma -
cadas. Tan o José Dolo es como Calibán ap enden el discu so de sus amos y
seño es, como si no u ie an capacidad de disce ni sus luchas po sí mismos,
con au onomía y c ea i idad. En es e sen ido, Sil ia Fede ici, isibilizando la
ue e ca ga pa ia cal que subyace, llama la a ención sob e la i onía de que
el símbolo con a la colonización sea Calibán y no su mad e, la b uja Syko ax.
Ella se p esen a en el ac o V como una muje pode osa capaz de domina la
luna. Su hijo, en ez de limi a se a lucha con a su amo insul ándolo con el
lenguaje ap endido, haciendo que su ebelión dependie a solo de las he a-
mien as de su amo, dice Fede ici, pod ía habe ap endido de su mad e sus
pode es y conocimien os locales sob e las aguas, la ie a, los á boles, la na-
u aleza y desde los lazos comunales que han seguido nu iendo las luchas de
libe ación de sus pueblos (Fede ici, 2016: 312). Incluso econociendo la au-
sencia de ci as de muje es po su machismo inicial, Fe nández Re ama hace
e e encia en ex os pos e io es a su p ime ensayo sob e Calibán, a esc i o as
y ilóso as que han in e p e ado al pe sonaje escla o de La empes ad, como
Sa a Cas o-Kla én y Bea iz González S ephan (2004: 216-217).
También, como complemen o, el ilóso o ecua o iano Bolí a Eche e ía
(2010, 60 y ss.) opina que la nacionalidad mode na que o ma pa e de
Amé ica La ina, aunque sea de Es ados con población no-blanca, equie e la
“blanqui ud” de sus miemb os, debido a que la cons i ución undan e de la
ida económica mode na ue de co e capi alis a-pu i ano, y u o luga sob e
la base humana de poblaciones aciales e iden i a iamen e “blancas” del no-
es e eu opeo, en el ma co de una en idad polí ica es a al. A pa i de en on-
ces, la apa iencia blanca se con i ió en el molde, el e e en e y la sac osan a
mane a del se humano mode no capi alis a. No se a a solo de una blancu-
a acial, sino é ica, cul u al y ci iliza o ia. Los usos y las cos umb es de los
blancos pasa on de se una me a ac ualidad a con e i se en una condición
imp escindible pa a el nue o ipo de se humano inse o en un modo econó-
mico, acial, sexual y cul u al de in e p e a y ac ua en la ealidad. Y la blan-
qui ud ambién pasó al p opio concep o de de echos humanos y su p incipio
de je a quización. La a iable acial y acis a es cons an e e inhe en e en la
colonialidad occiden al (Quijano, 2001). Se le suma la a iable pa ia cal. Ri a
Lau a Sega o (2016: 112-113), ema ca que exis ían nomencla u as de géne o
en el mundo p e-colonial, en las sociedades ibales y a oame icanas, poseían
un pa ia cado de baja in ensidad. El cambio se p oduce con la Mode nidad
po que lo inc emen a y lo ans o ma pa a peo . Po an o, dominaciones de
géne o y de aza se in e calan y son simul áneas en sus modos de pode de su-
jeción. Siguiendo con las dinámicas de exclusión, esul a llama i o que ni en
Queimada, ni en La empes ad, las muje es son p o agonis as.
Queimada de Gillo Pon eco bo y Caliban de La Tempes ad de Shakespea e
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Es a je a quía desigual es uc u al de los países la inoame icanos se de-
sa olla an o in e namen e como ex e namen e, con la peculia idad que de
on e as hacia ue a se sob eca gan, se sob edimensionan y se acen úan las
elaciones de dominación. El sociólogo mexicano Pablo González Casano a
en el año 1969 ya hablaba de colonialismo in e no y según él, “co esponde a
una es uc u a de elaciones sociales de dominio y explo ación en e g upos
cul u ales he e ogéneos, dis in os”. La he e ogeneidad de cul u as le da una
di e encia especí ica en ese p oceso de conquis a de unos pueblos po o os,
iniciado a pa i de 1492 (González Casano a, 1969 y 2017: 137). Aho a las di-
e encias no solo son cul u ales y que son las que en Eu opa se daban en e po-
blación u bana y población u al y en e clases sociales), sino de ci ilización.
La conquis a p o oca un encuen o en e dos azas o cul u as o ci ilizaciones
a pa i de la cual la iolencia y la explo ación da luga a disc iminaciones
aciales y cul u ales que acen úan la adsc ipción de los g upos de la sociedad
colonial: los conquis ado es y los conquis ados. Desde los inicios las dinámicas
de desigualdad y explo ación se consolidan con el desa ollo de las naciones
la inoame icanas. Las dis in as clases de los ladinos ealizan conjun amen e
una explo ación combinada de despojo y de disc iminación social, polí ica,
ju ídica, sindical, iscal, lingüís ica, e c., sob e los indígenas, mezclándose ex-
p esiones de eudalismo, escla ismo, capi alismo, abajo asala iado y o zado,
apa ce ía y peonaje, y se icios g a ui os (González Casano a, 1969; y 2017:
140-141). El maes o mexicano llega a a i ma que las comunidades indígenas
(y ambién las a odescendien es) “son nues as colonias in e nas, siendo una
colonia en el in e io de la sociedad colonizada” (González Casano a, 2017:
34).
4. CALIBÁN SE REBELA: LA LUCHA POR SUS DERECHOS
La es uc u a desigual y asimé ica de Amé ica La ina, po el peso de la
dimensión colonial que iene es e modo de in e p e a la ealidad cul u al
de oda la egión, p o oca que el discu so del amo pa ezca que es el único
camino, sin isibiliza la exis encia de o os discu sos de p oyec os de ida
no occiden ales, como son los casos de los indígenas y los colec i os a odes-
cendien es, que an más allá y o ecen adiciones y expe iencias de dis in as
y que no se limi an a esigni ica lo pau ado y ma cado po los colonizado-
es eu opeos. Lo que ha é a con inuación se á pone el oco en el mundo
ju ídico y la capacidad que ienen los o denamien os ju ídicos la inoame i-
canos pa a en en a y soluciona los p oblemas de la idiosinc asia cul u al
mes iza.

Da id Sánchez Rubio
42
El De echo del con inen e ame icano, en an o he ede o de la cul u a y
el imagina io eu opeo y es adounidense (usame icano), po lo gene al, am-
bién unciona a a o de los g upos c iollos más pode osos y hegemónicos. No
obs an e, eso no impide que se pueda in e p e a y aplica al e na i amen e
como ins umen o de de ensa de los g upos más des a o ecidos. El signi ica-
do que el ecu so li e a io de Calibán posee en el ámbi o de la iloso ía la i-
noame icana puede se ex apolado al mundo del De echo. Puede se i pa a
ilus a nos el singula y el complejo enómeno no ma i o de sus sociedades y
sus he e ogéneas in e p e aciones. De es e modo p e endo baja de un plano
gene al y abs ac o a o o más conc e o: aquel donde en un al o po cen aje se
cuecen las necesidades humanas y se desa ollan los p ocesos de lucha po los
de echos. Se a a de busca un posible camino, en e o os muchos, de in e-
acción y de inculación en e las elabo aciones eó icas de los p o esionales
del De echo y la al e idad de la que A u o And és Roig habla.
Si cualquie iloso ía iene p e ensiones de uni e salidad y de in eg ación,
pe o deja ue a de su concep ualización a de e minados colec i os sociales,
excluyéndoles y no econociéndoles, lo mismo sucede con el De echo y con
quienes lo in e p e an. Como ía p ocedimen al po medio de la cual se eco-
nocen y se sa is acen las necesidades, exis en mul i ud de si uaciones donde
és as no son enidas en cuen a, en ningún sen ido. Es o es lo que sucede casi
es uc u almen e en odas las sociedades de Amé ica La ina sin deja de e-
ne en cuen a la o ganización desigual y sis émicamen e asimé ica en la que
se encuen an. En oda la egión, es mani ies o el p oblema undamen al de
los de echos humanos: la sepa ación en e lo que se dice y lo que se hace ,
en e el discu so y su p ác ica que se ele a a la máxima po encia. Asimismo,
los sis emas polí icos de la egión es án ue emen e in luidos po los modelos
eu opeos y es adounidense. La democ acia, el Es ado de De echo, las cons i-
uciones, el p incipio de legalidad, la sepa ación de pode es, los p incipios de
libe ad, igualdad y solida idad, e c. son p oducciones humanas e ins i ucio-
nes que pod íamos de ini las como algunas de las o aciones que el lenguaje
de P óspe o y de William Walke han enseñado a Calibán y a José Dolo es.
También o ma pa e de ellas, las esigni icaciones simbólicas y es a égicas
que és os adop an pa a edimensiona las. En e ese legado ins i ucional, hay
uno que sob esale sob e el es o: el ela i o a los de echos humanos, que como
ya dije, es una de las c eaciones más signi ica i as de Occiden e y, en conc e o
de la Ilus ación y el ánsi o a la Mode nidad con el p oceso de con o ma-
ción de las o ganizaciones mode nas (No be o Bobbio, 1991; Pé ez Luño,
1984; He e a Flo es, 1989; y Galla do, 2007). Independien emen e de que
exis an o os caminos o ías de lucha y ealización de la dignidad plu al huma-
na, Occiden e ha c eado, ha sis ema izado un lenguaje, un sis ema de ga an-
Queimada de Gillo Pon eco bo y Caliban de La Tempes ad de Shakespea e
43
ías que pe mi e aduci , exp esa , o maliza , con as a , las dis in as, icas
y con lic i as de ensas de los alo es de libe ad, igualdad, ida y a e nidad
que cada cul u a ha ido desa ollando po medio de sus dis in as adiciones
his ó icas de luchas emancipado as y de libe ación. Los de echos humanos
posibili an an o la de ensa de la indi idualidad lib e, au ónoma y cimen ada
desde la au oes ima, como de la solida idad humanas en e a las injus icias
y en e a los excesos de pode . Pe o ambién con ienen un os o nega i o y
colonizado .
Desde el pensamien o decolonial se c i ican algunas de sus ca ac e ís icas.
Veamos algunos ejemplos:
Ramón G os oguel piensa que los de echos humanos son u ilizados como
pa e de los diseños globales occiden ales que, al ocul a el luga de enuncia-
ción, impuso una dinámica de dominación impe ial cons uyendo una je a -
quía de conocimien o de gen e supe io y gen e in e io en odo el mundo.
Lo uni e sal esul a se la au o ep esen ación de las me ópolis, mien as
que lo cul u al-pa icula es la desc ipción de odo lo que a ec a al su y/o a
la pe i e ia (G os oguel: 2014: 378; y Rajagopal, 2005: 242). El uni e salismo
ap io ís ico abs ac o, desde la colonialidad del pode y la hyb is del pun o ce o,
se cons uye a pa i de la noción de un se humano con a ibu os de inidos,
que es á a es e lado de la línea y que acabamos de menciona : el homb e blanco,
a ón, mayo de edad, p opie a io, emp endedo , c eyen e eligioso c is iano,
he e osexual, compe i i o e indi idualis a. Del o o lado de la línea es án los es-
cla os, los sie os, las muje es, las lesbianas, los gays, los pob es, los indígenas,
los neg os y las neg as, las p os i u as, e c. De es e modo, los de echos huma-
nos son un signi ican e de la cul u a occiden al e e idos a una peculia con-
cepción de dignidad humana ligada al indi iduo p opie a io, la eme gencia
de la economía capi alis a de me cado, el abajo asala iado que depende del
capi al y el p edominio del alo de cambio sob e el alo de uso, en e o os
elemen os (Rajagopal, 2005: 235; G os oguel, 214: 378; y Medici, 2012: 45).
Además, esa concepción de de echos humanos implica un uni e salismo pa -
icula ic icio o monocul u al hegemónico po que eje ce desde esa posición
de supe io idad epis émica y p ác ica, del sabe , del pode y el hace huma-
nos, odo un monopolio an o sob e el acceso a las condiciones socioeconó-
micas con las que se puede llega a lo uni e sal (Bou dieu, 1999: 90, 96 y 97),
como sob e las condiciones epis émicas, espi i uales y elacionales.
En pa ecidos é minos se exp esa el colombiano San iago Cas o-Gómez
(2003: 44 y ss.) cuando cali ica la hyb is del pun o ce o de las iloso ías eu océn-
icas. Bajo el man o de la neu alidad, la obje i idad y la uni e salidad, se p o-
ege y dis aza a quien nomina (el humano occiden al), conside ando el su-
Da id Sánchez Rubio
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pues o de que habla desde el ojo de Dios como si es u ie a más allá de un pun o
de is a pa icula y con i iéndolo en uni e sal. La pe spec i a local y cul u al
desde la que emi e las palab as y el conocimien o se bañan y se ba nizan con
un abs ac o uni e salismo. En es e molde epis émicos, los de echos humanos
son luga es de enunciación de los cen os impe iales capi alis as que se p o-
yec an como alo es uni e sales incon es ables que acili an el sos enimien o
de su hegemonía económica, polí ica y cul u al, imposibili ando cambios sus-
anciales de sus elaciones de dominación (Pé ez Almeida, 2011: 117 y ss.).
En la misma línea, Boa en u a de Sousa San os (2013 y 2014), quien dia-
loga con el pensamien o decolonial, cali ica de abismal al pensamien o occi-
den al po que consis e en un sis ema de dis inciones isibles e in isibles, cons-
i uyendo las segundas en undamen o de las p ime as. Lo in isibilizado se
es ablece po medio de líneas adicales que di iden la ealidad social en dos
uni e sos dico ómicos: el uni e so de es e lado de la línea que es como si ue a
el pun o ce o de emisión, el que ma ca los c i e ios de e dad y supe io idad,
y el uni e so del o o lado de la línea, que pasa a se no exis en e, ausen e e in e-
io . Es e dualismo se ep oduce en o os egis os cul u ales como el conoci-
mien o (ciencia/sabe es adicionales; e dad/ alsedad), el de echo (legal/
ilegal; monismo ju ídico/plu alismo ju ídico), la cul u a (ci ilización/ba ba-
ie o p imi i o), la economía (desa ollo, subdesa ollo), la geog a ía polí ica
(No e/Su ), e c. Con es os disposi i os se je a quiza la ealidad en ins ancias
y ealidades supe io es e in e io es. El mundo se di ide en e sociedades me-
opoli anas y sus colonias. En es e sen ido, quie o señala que Boa en u a de
Sousa San os (2006: 227 y ss.) ambién u iliza, ma iza y juega con los pe sona-
jes de P óspe o y Calibán pa a exp esa la dimensión bi on e de la cul u a
po uguesa, que ac úa como impe io colonial que niega al o o y, ambién, se
p esen a como pe i e ia de Eu opa, dispu ando, in e namen e, con la iden i-
dad subal e na del o o. Habla de un juego de espejos en e ambos, asociando
las dobles dimensiones colonizado as y colonizadas, de in elec ual y de depen-
dencia de Po ugal.
Hay que deci que los de echos humanos, con sus luces y sus somb as,
ep esen an no solo p ocesos de lucha, sino ambién alo es y p incipios de
jus icia con los que se in en an es ablece las condiciones pa a posibili a una
ida i ible o digna de se i ida. Pese a una g an ausencia de una cul u a
plane a ia ealmen e sensible po de echos humanos, pese a su agilidad y
debilidad en su eal e ec i idad, poseen una ue za mo al an o po su posible
ei indicación an o a ni el nacional como in e nacional. Pa a bien o pa a
mal, con sus limi aciones y de iciencias es el discu so sob e eclamación de
jus icia más acep ado po indi iduos, pueblos, e nias, o ganizaciones no gu-
be namen ales y países o Es ados (Sánchez Rubio, 2008).
Queimada de Gillo Pon eco bo y Caliban de La Tempes ad de Shakespea e
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El ejemplo de lo que digo queda e lejado con los mo imien os sociales
su gidos como consecuencia del p oceso dialéc ico y ma ginado le an ado
po el mismo sis ema capi alis a. Las sociedades y o ganizaciones sociales mo-
de nas mani ies an sus acionalidades con lic i as dis in as y sus expe iencias
de con as es con espi i ualidades y co po alidades he e ogéneas y de o igen
u al, u bano, é nico, eligioso, es udian il, sexual y/o de géne o, e a io, e c.,
en en ándose a la acionalidad y el p oyec o de ida bu gués pa a sali así
de si uaciones mul idimensionales disc imina o ias y excluyen es, inhuma-
nas, humillan es, de explo ación, de sujeción y de dominación. Ju ídicamen e
pueden, al menos, adop a dos ac i udes es a égicas:
a) Po un lado, hacen uso y a an de saca p o echo de los esquicios,
las lagunas, las zonas ciegas, econocimien os de de echos no apli-
cados, e c., del p opio o denamien o ju ídico o icial de sus países.
Se a a del uso al e na i o del De echo y el posi i ismo de comba e
e lexionados po Amil on Bueno de Ca alho, Edmundo Lima de
A uda, Rosa de And ade y po Jesús An onio de la To e Rangel en
el ma co del De echo Al e na i o b asileño, la aseso ía ju ídica po-
pula y la c í ica ju ídica la inoame icana (Sánchez Rubio y He e a
Flo es, 1993: 87-94), añadiendo el Di ei o achado na ua o De echo
hallado en la calle (Sánchez Rubio, 2023a).
b) Po o o lado, an e la incapacidad de que el Es ado a ienda sus de-
mandas po medio de los cauces ju ídicos o males e ins i uciona-
les p opios de los Es ados cons i ucionales de De echo, bien po no
posee una in aes uc u a adecuada, bien po no ene olun ad de
a ende y de ga an iza sus demandas, muchos son los colec i os que
gene an sus p opios ins umen os no ma i os egulado es de con-
duc as, de esolución de con lic os y ga an izado es de aquellas ne-
cesidades cuya sa is acción son igno adas o p i adas po el sis ema.
Apa ecen exp esiones de De echo ex aes a al, ex alegal y pa alelo
ejempli icados con el plu alismo ju ídico comuni a io pa icipa i o y
el De echo insu gen e (Wolkme , 1994 y 2012; De la To e, 2023).
En uno y o o caso, el discu so y el lenguaje de los de echos humanos jun-
o con los de echos colec i os se án los que den la o ma a las demandas, e-
clamaciones y/o exigencias popula es y comuni a ias. Jun o a la pa icipación
di ec a de los ac o es sociales colec i os jun o con sus ep esen an es, se les
unen, como colabo ado es, una se ie de ope ado es, eó icos y p o esionales
del De echo que in en a án acompaña eo izando o buscando ma cos ca e-
go iales y/o pa adigmas con los que se pueda explica la no edad y la comple-
jidad de es os hechos y es as ac uaciones, no sólo pa a en ende los sino, sob e
Quin o lib o colec i o publicado en los úl imos cinco años en el Depa a-
men o de Filoso ía del De echo de la Facul ad de De echo de la Uni e -
sidad de Se illa. La emá ica p incipal de es a ob a se si úa en la elación
que el mundo ju ídico posee con la li e a u a y con el sép imo a e, pe o
is o desde una mi ada ius ilosó ica. La li e a u a y el cine nos o ecen un
mundo ascinan e po que nos pe mi e pensa el De echo en unas ocasio-
nes pa a hace e lexiones eó icas sob e su es uc u a y sus con enidos;
en o as, pa a pensa ace ca del eje cicio que de él hacen los que de en-
an el pode o los que de ienden de echos y eclaman jus icia. Muchas
no elas, ela os y películas mues an aquella pa e de la ealidad ju ídica
elacionada con sus p ác icas, e o zando el pode op eso , polí ico y/o
económico. El cine y la li e a u a pueden ep esen a la epa ación de in-
jus icias, insu gencias y luchas de libe ación; en o as si uaciones, pa a se
mejo en endidas, in i an a esal a aspec os de la his o ia del De echo.
El cine, como ambién la li e a u a, no han sido ajenos a la cons ucción
his ó ica de los dis in os elemen os y dimensiones que con o man el e-
nómeno ju ídico, ni al a ance en el econocimien o de los de echos ni,
ampoco, han desa endido esos p og esos y de qué mane a in luyen en
nues o p esen e.
Es a ob a nos o ece dis in os abajos en donde la expe iencia es é ica y
humanis a en la li e a u a, en el cine o en el a e p oyec ada sob e el cam-
po ju ídico, nos mues an o os pun os de is a, o as mane as o iginales
y c ea i as de mi a y pensa el De echo.
Depa amen o de Filoso ía del De echo