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27
PCTUBRE, 1894.
AUTOPSIA JUDICIAL
PEoztoCjo
Ningún tributo más cariñoso á la memoria de mi condis-
cípulo D. Raimundo Fernández-Cuesta, sabio é integérrimo
magistrado, que el de sustituirle, con gran desventaja por
cierto, en la recomendación que me propongo hacer por vía
de prólogo, del libro intitulado
AUTOPSIA JUDICIAL,
escrito por
D. Nemesio Fernández-Cuesta y Porta, hijo de mi inolvidable
amigo.
Si él viviese, nadie con más competencia, nadie con mayor
imparcialidad, á la que no empecería el amor de padre, pu-
diera apreciar tan utilísima obra, cuya materia, en sus precep-
tos y reglas, no aparece, que yo sepa, debidamente metodi-
zada en los libros de Medicina Legal de autores españoles,
Orfila y Mata, ni en los de extranjeros, pongo por caso, Cas-
per, que comúnmente son conocidos por traducción, amén de
que los progresos de la anatomía y la perfección de instru-
mentos y medios para las observaciones anatómicas, acaso
hayan hecho cambiar en mucha parte los postulados de aque-
llos ilustres Doctores.
La obra del Sr. Fernández-Cuesta, cuyo mérito técnico y
científico soy incompetente para apreciar, paréceme que nos
pone al tanto de lo mejor y más completo hasta el día cono-
cido, y tiene, además, el inestimable precio de mucho conte-
nido propio, que la hace doblemente acreedora á nuestra es-
timación.
Dejando aparte lo técnico y científico, que me guardaré
muy mucho de juzgar, advierto en ella un concepto que tiene
relación inmediata con la materia jurídica, sobre la cual ya •
r
e
me es permitido discurrir con cierta libertad.
Como la obra hace mérito de las opiniones del Dr. Leta-
mendi, á quien admiro, he procurado conocerlas (1), y de
ellas derivo una conclusión satisfactoria , por cuanto coincide
con mi manera de ver tocante á la estimación concreta de
cada delito
Cierto que el delito, que los delitos, pueden y deben so-
meterse á un concepto generalizador, sin el cual sería imposi-
ble la norma jurídica de sanción; pero no es menos evidente
que, por debajo de la regla generalizadora se agita la varie-
dad de los hechos, que casi se avista can lo infinito: tal es su
muchedumbre. Es decir, que el delito, como acto humano, si
por una de sus facetas nos muestra lo común humano, por
la otra, nos presenta lo individual, lo distinto, lo propio de
cada hombre. Lo primero, es materia de generalización, y
funda, mejor dicho, explica y condiciona, la norma jurídica;
lo segundo, es asunto variable y de
indi
vidualización; consti-
tuye la parte más substancial, más compleja y espinosa de la
aplicación de la pena y motiva la razón justísima que pueden
aducir los
s
ostenedores de la pena indeterminada.
Algo de esto quiero ver, no sé si con clara visión, en el
concepto que el Sr.
L
etamendi se forma de la autopsia, en
el cual concepto entiendo que coincide el Sr. Fernán -
dez
Cuesta. Para el Dr.
L
etamendi, la norma, la generalización
está en lo que se llama
autopsia clásica,
con sus siete mesas,
(1) Vienen
ex
puestas en la obra de
Wirchow: Técnica (le las Autopsias.
Traducción castellana del Dr. Valle
y
Aldabalde. Madrid, 1894.
con
sus tres
6
cuatro
momentos de observación y comproba-
ción, elemento esencialmente educativo, que sin prestarse á
ser aplicada á caso alguno, es la única norma que determina
plan, y prepara destreza en la estimación de todos los posi-
bles, esto es, que permite al médico autopsiador conocimiento
completo y seguro de lo común y general. La autopsia judi-
cial debe ser, por decirlo así, la individualización del caso, lo
verdaderamente indispensable para que la consecuencia jurí-
dica se derive con certeza en obsequio á la tranquilidad social
y por el necesario respeto que merece todo delincuente. La
autopsia clásica hace el papel que en la esfera jurídica corres-
ponde al conocimiento de los principios del derecho, deriva-
dos de la naturaleza humana en sus predicados comunes, de
causas generales ó constantes internas y externas del delito,
de los determinantes por donde se llega á la estimación como
abstracta de la punibilidad. La autopsia judicial es, al igual
de la aplicación de la ley, una resultante concreta, distinta,
única, individualizada, sobre la cual un foco reflector envía los
destellos de luz vivísima que"proyectan en el un caso, la gene-
ralización, de donde dimana la norma jurídica; en el otro, la
que procede de esa manera de generalización que para el
Dr. Letamendi reside en la autopsia clásica.
Esta idea, que, á mi juicio, acepta el Sr. Fernández-
Cuesta, es, según creo, la más importante, prescindiendo de
la parte científica y técnica, que campea en la obra, y la más
fecunda, también, en consecuencias para la verdad judicial,
que á toda costa y por todos los medios adecuados, debe
identificarse con la verdad real.
Mi ya larga experiencia de casos judiciales me permite
asegurar que en muchos de ellos no he logrado disipar serias
y penosas dudas tocante á la concordancia de lo real con lo
legal. En casi todos ellos, sin poder razonarlo y demostrado,
/
18
PRÓLOGO
he observado que mis dudas y recelos se originaban precisa-
mente en las conclusiones por demás genéricas, á las veces
abstrusas, derivadas de la autopsia, más por deducción que
por inducción, más como predicado de una teoría que como
datos experimentales y de observación.
Verdad es, digámoslo en justa defensa de los médicos en
general, de los forenses con especialidad, que, excepción he-
cha de Madrid y alguna otra importante población, los me-
dios de que disponen en las autopsias son por todo extremo
deficientes, con frecuencia nulos, para alcanzar los resultados
positivos que una autopsia judicial requiere. Digamos, además,
y esto se advierte en las cuestiones que suelen sometérseles,
que rancias fórmulas de curia, que todavía no hemos logrado
extirpar, aspiran á encerrar la pericia médica y el criterio in-
dividualizado de quien dictamina en moldes que, vaciados para
el procedimiento inquisitivo y escrito y la prueba absoluta-
mente tasada y
a priori
medida, hacían de la justicia penal
puro á la vez que ficticio automatismo.
Aunque todas estas trabas han desaparecido de los Códi-
gos, no se han desterrado por completo de la práctica que á
diario se pone en antagonismo con el medio natural del dere-
cho y de la injusticia misma, con la libertad, cuyas manifes-
taciones son otras tantas singulares creaciones.
La obra del Sr. Fernández-Cuesta, contribuirá, así lo es-
pero y deseo, á eliminar esas dañosas corruptelas, dando al
criterio médico espacio suficiente para que depure el caso y
sus consecuencias, así como hará ver al perito forense la ne-
cesidad de precisar á conciencia las últimas para que la san-
ción penal no sea medida según reglas inciertas 6 dudosas,
sino por virtud de datos experimentales, deducidos de un
concepto general combinado con los datos multiformes que
descubran la
c
aracterística de cada caso;y á los encargados
19
de administrar justicia y sus auxiliares, una pauta técnica sí,
pero al alcance de todos, según la cual deberán establecerse
y formularse las cuestiones sometidas á la pericia médica.
Seguro, como estoy, de la utilidad del libro, que llena un
vacío en nuestra literatura de medicina legal, no dudo de que
el público recompensará los afanes del joven escritor, y confío
en qué servirá de guía á jueces, Abogados y Médicos forenses.
Madrid 15 Octubre de 1894.
t
INTRODUCCIÓN
La vida social es un conjunto de deberes y de derechos,
deberes que la Ley consigna, derechos que la Ley consagra.
Para cumplir esa gran misión, la Ley necesita el concurso de
multitud de ciencias, pero más especialmente de aquellas que
estudian al hombre en el concepto físico y en el concepto mo-
ral. De esta necesidad, cada vez más sentida á medida que
ha aumentado el respeto á la individualidad humana, y que
las ciencias han adquirido mayor extensión y más sólidos fun-
damentos, ha nacido la Medicina legal, que tiene su razón de
ser en la Ley, que tiene su objeto en la Ley misma.
Esta asociación de la Ciencia y de la Ley es la expresión
más acabada de la cultura pública; por eso la Medicina legal
es una creación de los tiempos modernos, pues mal podía
existir cuando ni los derechos del hombre eran conocidos, ni
la Ley buscaba más inspiraciones que las de la arbitrariedad
y de la fuerza; por eso en aquellos tiempos medioevales, cu-
yas sombras han necesitado para disiparse los horrores de
cien revoluciones, los procedimientos judiciales empezaban
por lo regular en el tormento y acababan casi siempre en el
cadalso. Las mazmorras encerraban del mismo modo al crimi-
nal que al demente, y las llamas de la hoguera consumían
por igual al inocente y al culpable; las pruebas del Congreso,
de la cruentación, del juicio de Dios, resolvían los arduos pro-
blemas de la impotencia y de la criminalidad; la más grosera
22
INTRODUCCIÓN
superstición fallaba los procesos de encantamiento y brujería,
que tantas víctimas
llevaron al patíbulo, y el arbitrio de un
magistrado ignorante ó de un fraile fanático, decidían
de la
suerte del desgraciado que caía en las garras de la Justicia. De
vez en cuando cruza aquella atmósfera sombría un destello de
luz, rápido, momentáneo, cual relámpago fugaz, que hace aún
más densas las tinieblas, y necesítase llegar á las postrimerías
del siglo xviii para ver implantadas las bases de lo que hoy
constituye la Medicina legal judiciaria. Cierto que la mayor
parte de los problemas que forman esta ciencia fueron entre-
vistos
y
planteados, y aun resueltos, en épocas muy anteriores;
pero lo fueron conforme al estado de los conocimientos de en-
tonces, pagando tributo á la credulidad y á la pasión por lo
maravilloso que dominaban en la mente del vulgo y hasta de las
gentes más ilustradas. El legislador presentía ya la necesidad
de la intervención médica, que aparece indicada en muchos Có-
digos antiguos, en las Capitulares de Carlomagno, en las De-
cretales de Gregorio
ix
y Gregorio xm, en la Constitución
Carolina; pero era tan escaso el valor que al médico se con-
cedía, se ve con tanta frecuencia suplantada la decisión del pe-
rito por pruebas como las del agua, del fuego y otras aún más
absurdas, que bien puede decirse que la importancia del mé-
dico en cuestiones jurídicas no pesó jamás en el espíritu de
aquellos legisladores.
Y había una razón para que fuese así. La misma obscuri-
dad que reinaba en la conciencia de aquella época, envolvía,
como á todas las ciencias en general, á la ciencia médica; las
mismas trabas que sujetaban los espíritus, se oponían al desen-
volvimiento y á las
m
anifestaciones de la inteligencia. La Me-
dicina seguía inmutable las tradiciones galénicas; la anatomía
humana sólo era conocida por la anatomía comparada; la fisio-
logía era un mito; la
t
erapéutica un empirismo grosero; las
ciencias naturales no existían; ¿qué extraño, pues, que el mé-
dico no interviniera en cuestiones para cuya ilustración era su
competencia tan problemática?
Los estudios anatómicos han sido indudablemente el punto
de partida de los adelantos médicos. Sin la autopsia, sin la
inspección del cadáver que permitió sorprender hasta el más
íntimo detalle del complicádo organismo humano, ni la Medi-
ciña hubiera dado un paso, ni la Medicina legal existiera como
ciencia. Pero, ¡cuánto tiempo, cuántas luchas no fueron nece-
sarias para vencer las preocupaciones que se opusieron á la
práctica de operación tan útil y de tan transcendentales con-
secuencias!
La autopsia no constituyó una práctica regular y corriente
hasta mediado del siglo xvii. En el siglo xvi, ese siglo de los
Vesalio, Silvio, Ingrassias, Massa, Eustaquio, Falopio... que
tanto impulso dieron al estudio de la anatomía, la disección
cadavérica se consideraba como un crimen, como una profa-
nación digna del mayor castigo, y para ejecutar las autopsias
tenían que proceder aquellos hombres eminentes del modo
más oculto, comprando al sepulturero, que desenterraba el ca-
dáver de la fosa, ó al verdugo, que lo descolgaba de la horca,
originándoles á veces su entusiasmo por la ciencia las más
crueles persecuciones. ¡Singular contraste el de aquellos
tiempos! ¡Tanto respeto al muerto, tanto menosprecio al
vivo!
Para condenar los estudios anatómicos, inventáronse mul-
titud de consejas, muchas de las cuales han llegado á nosotros;
supusiéronse hechos horrendos, terribles venganzas, impieda-
des y sacrilegios. ¿Quién ignora la famosa aventura de Vesa-
lio, acusado de haber dado muerte á un gentilhombre al prac-
ticar su autopsia, las disecciones de hombres vivos atribuídas
á Berenger de Carpi, y otros hechos parecidos imputados á
24
INTRODUCCIÓN
Falopio, hechos absurdos que nuestros eruditos han logrado
desmentir con irrecusables pruebas?
De tal suerte influían las ideas de la época hasta en los
mismos hombres de ciencia, que Riolano, en i 521, discutía
un terna negando la necesidad de la disección cadavérica;
Dupín, en 179o, reproduce la misma cuestión, y Leysser,
en 1725, publica una tesis sobre la inutilidad de la inspección
de los cadáveres; y sólo la fuerza de la razón que se impone
al hombre, aun
á
pesar suyo, logra vencer esa interminable
carrera de obstáculos que la tradición y la rutina colocan en
la tortuosa vía del progreso. Hoy la autopsia ya no se dis-
cute; en todo proceso criminal es indispensable para compro-
bar las causas de la muerte, y hasta en aquellos casos en que
los hechos aparecen
más
evidentes, sirve para proporcionar
valiosos indicios, pruebas accesorias que llegan
á veces á mo-
dificar
el concepto del crimen, y, por consiguiente,
de la
pe-
nalidad.
En nuestras sociedades cultas,
como
he dicho en un prin-
cipio,
la
Ley establece los deberes del hombre y ampara
sus
derechos; pero, ¿cómo podría hacerlo si la Medicina legal no
fuese su auxiliar y á veces su inspiradora? En todas las cir-
cunstancias de la vida, en todas las cuestiones de derecho,
ya
sea civil, criminal, canónico ó militar, el auxilio de
la
ciencia
médica es indispensable para que brille, pura
y esplendente,
la luz de la Justicia.
¿Cómo
podría la ley cumplir sus fines sin
este poderoso concurso? En las cuestiones
de ocultación de
embarazo, de aborto, de
i
nfanticidio, de sustitución de
parte,
de
esterilidad y de
i
mpotencia, de simulación y disimulación
de enfermedades, de aptitud para el ejercicio de ciertos dere-
chos ó determinados cargos, de violencias contra sí mismo
contra
otras personas; sepelios,
exh
umaciones, etc., etcétera,
¿cómo
podría amparar la Ley
á
la sociedad ó á
los
individmos
A. FERNÁNDEZ-CARO
25
sin acudir al hecho médico, que es el punto de partida, y
hasta el fundamento
de la acción judicial? La Medicina, pues,
interviene juntamente con la Ley en todos los actos de la vida,
desde antes del nacimiento, estableciendo la aptitud de los
individuos para la constitución de la familia, hasta más allá de
la muerte, comprobando sus causas, y persiguiendo los vesti-
gios del crimen en el mismo polvo de las sepulturas.
* *
Hay dos clases de autopsias: la autopsia clínica y la autop-
sia jurídica. Ambas difieren notablemente entre sí, por su ob-
jeto y por su forma.
La una sólo tiene un valor científico, la otra tiene además
un valor legal; la una parte de un hecho conocido, la otra in-
vestiga un hecho que está por conocer; aquella va de lo ge-
neral á lo particular, esta de lo particular á lo general; la pri-
mera es una síntesis, la segunda es un análisis. En la autopsia
clínica, el conocimiento de los hechos
que fueron
ayuda á la
investigación de
los que son;
en la autopsia jurídica, el cono-
cimiento de aquellos hechos puede ser un obstáculo para el
esclarecimiento de la verdad; en la autopsia clínica todo lo
que es ajeno al cadáver es indiferente; en la autopsia jurídica,
cuanto rodea al cadáver, es elemento de juicio. De aquí que
en la primera el procedimiento operatorio _puede ser arbitra-
rio, mientras que en la segunda el procedimiento lo es todo.
En la una, el error tiene meramente una importancia secun-
daria; en la otra, el error puede ser causa de un crimen ju-
dicial.
La autopsia jurídica es el epílogo de un drama, cuyo pró-
logo casi siempre desconoce el médico, y si lo conoce, debo
olvidarlo, porque un prejuicio pudiera conducirlo al error. El
2
26
INTRODUCCIÓN
médico no puede ni debe ver más que el hecho material; pero,
de este hecho, no debe perdonar detalle alguno, pues el más
insignificante en la apariencia puede revelar el crimen. Por eso
la autopsia judicial no es simplemente la abertura del cadáver
y la inspección de sus órganos más ó menos lesionados: es una
operación compleja, en la que el médico confunde su acción
con la del representante de la justicia, y debe examinar el
hábito exterior del individuo, el sitio donde yace, el estado
de sus ropas, los rasgos de su fisonomía, para deducir de todo
esto la identidad del cadáver, la fecha de su muerte, si hubo 6
no violencia, si fué natural ó provocada, si producida por él
mismo ú ocasionada por otro. Y todo esto es muy esencial,
porque son datos que, una vez perdidos, no se vuelven fácil-
mente á encontrar. El desorden de los muebles, la posición
del cadáver, la contracción de sus músculos, la expresión de
su rostro, una mancha, un rasguño, un poco de tierra en las
uñas... todos son indicios que, cual esas huellas que al geólo-
go revelan el paso de los primeros seres por la superficie de
la tierra, al médico descubren el paso del criminal por aquel
organismo mudo y sin vida. De todos estos hechos el médico
no deduce consecuencias para la investigación del delincuen-
te, pero sí infiere datos para el conocimiento del delito. La
autopsia, propiamente dicha, la inspección del cadáver, es lo
último, inspección detenida, minuciosa, completa, no limitada
á un órgano ó aparato especial, sino comprensiva de todo el
individuo para comprobar lo que existe y lo que no existe,
que en esta clase de exploraciones el signo negativo es
de
tanto valor como el signo positivo.
La práctica de una autopsia no es una operación baladí;
es quizás el acto más dificil de la ciencia médica; no es la obra
de un especialista, sino la de un hombre profundo en todos los
ramos de la Medicina. Como la Medicina legal, de la
que es
Verdadera
síntesis, la autopsia requiere múltiples conocimien-
tos, así de las ciencias médicas como de sus auxiliares: la
anatomía normal y patológica, la fisiología, la patología,
la
obstetricia, la física, la química, la toxicología... todo es
ne-
cesario,
y más que necesario, indispensable, para acopiar los
datos concretos y precisos que han de ayudar la acción de
la
Justicia.
-
La legislación en España se ocupa muy poco en la manera
cómo han de practicarse las autopsias; el médico no tiene más
norma que los preceptos generales de la Ciencia. En Francia
acontece lo mismo. No así en Alemania, donde existe un re-
glamento que dá al profesor instrucciones acerca de todos los
detalles de la operación, desde el local en que ha de practi-
carla, hasta el modo cómo ha de redactar el informe. Quizás
parezca esto lesivo para el profesor médico-legal, pero en-
tiendo yo que en cuestiones que afectan á intereses de tanta
monta, en asuntos en que se juega la honra y la vida de un
individuo, no caben susceptibilidades profesionales, y todo de-
be ceder ante el interés supremo de la Justicia. El exigir res-
ponsabilidades á un profesor por una autopsia mal practicada,
por un informe mal redactado, aparte de lo dificil de estas
apreciaciones, castiga solamente la falta, pero no impide sus
consecuencias. Mejor que exigir responsabilidades, es evitar-
las. La autopsia jurídica es un medio de comprobación, es la
base de un proceso, y de practicarla de esta ó de la otra ma-
nera pende, tal vez, ó que se castigue á un inocente, ó que se
salve un criminal. En apoyo de la necesidad de la interven-
ción
de la Ley en la práctica de las autopsias, pudiera citar
mil
casos, sin
más
trabajo que abrir cualquier Tratado de
Me-
dicina legal, en
los
que abundan las citas de operaciones de
esta índole, que, ó por
mal ejecutadas ó por imperdonables
omisiones, han originado graves perjuicios para la Adminis-
•
28
INTRODUCCIÓN
y
a,
i
ustic
J
la
l
de
d
no poco desdoro para el prestigio pro-
tración
fesional.
La técnica de las autopsias varía, según los casos. Cada
género de muerte deja en el individuo huellas distintas, hue-
llas reveladoras, para el hombre de ciencia, de
los
hechos que
la precedieron, de las causas que la motivaron, de las circuns-
tancias que en ella concurrieron. Inquirirlas, analizarlas, esti-
marlas en su justo valor y exponerlas de modo que puedan
ilustrar á la justicia, esa es la misión del médico forense, y
este es el objeto del libro de nuestro estudioso compañero, el
joven médico de la Armada, D. Nemesio Fernández-Cuesta.
En este libro se encuentra, ordenada y minuciosamente reco-
pilado, cuanto puede en circunstancias tan delicadas interesar
al profesor, no sólo en lo que respecta á la autopsia misma en
sus diferentes casos, sino en lo que ataña á los procedimientos
médico-legales. El autor se ha inspirado en las obras más mo-
dernas yen los hombres que más se han distinguido en la ciencia.
A mí no me toca ni elogiar el libro ni siquiera recomendarlo.
Amigo del Sr. Cuesta, compañero suyo, he trazado, al correr
de la pluma y cediendo gustoso á su ruego, estas líneas, que
si fué atención de su parte el solicitarlas, ha sido muy grato
para mí el escribirlas; pero si niego al libro un elogio que al
público y no á mí cumple otorgarle, no he de negárselo al
autor por su laboriosidad y constancia; pues el que estudia, el
que trabaja afanoso de aportar su grano de arena
á la
gran
obra del
progreso científico, bien merece el aplauso y
la esti-
mación de todos.
(24
-fri
77
:
1-7-kbaz- Cr/y
INDICE BIBLIOGRÁFICO
-
,
Indice Bibliográfico
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BAMNE
R
(J. W• C.).—De• •
sign
i
s vitae
neogeniti a partu peracto ricé
di
j
u
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•1T
33
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34
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CARAVANTES.--Anales
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CALLEJA.—Tratad o
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OwRiz.—Manual de técnica anatómica.
FoRT.—Anatomía descriptiva y disección.
HARTmANN.—Manual de anatomía descriptiva.
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JAmAIN.—Tratado elemental de anatomía descriptiva.
JouLIN.—Tratado completo del arte de los partos.
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Opúsculo
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T
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S
DU
GRAND
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o de medicina legal,
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L
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médica y de toxicología.
RABuTEAu.—Elementos de toxicología y medicina legal.
SINPs0N.—Clínica de obstetricia y ginecología. Segunda edición.
Wnsowsm.—La generación humana.
LEWIS
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SiLvEsuRAN.—Járh für Kindern.
LEDERER.—Zeitung
für Kindern.
DESORMEAUX.—
Diccionario de medicina. Artículo
nuevo,
escrito,
por
Oehler.
WALsHE.—Tratado clínico de las enfermedades de los pulmones.
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Curso
de clínica general.
AGUILERA Y
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PLADO.—Lecciones de medicina legal, 1878.
ORFILA.—Tratado de medicina legal.
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DE LA
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Leyden, 1817.
LANGLois.—Disertación sobre la asfixia en general, y en particular
sobre la producida por los gases.
APUNTES HISTÓRICOS
'' e
APUNTES HISTÓRICOS
De la Historia en
general.—Historia del arte de autopsiar.—Imposibilidad
de dar á este capítulo un carácter de aplicación práctica.—Embalsama-
mientos.—Sn probable razón fundamental de ser.—La medicina en Orlen-
te.—Pitágoras.—Los Asclepiades.—Hipócrates.—Escuela de Alejandría. —
Herófilo
y
Er
asist
r
ato.
—
Galeno.—Mondini.—Vesalio.—Harvey.—Malphi-
gi.—Haller. —Valsalva.— Bichat — Historia contemporánea .—La medicina
en los Códigos.—Primeros médicos forenses.—Camino recorrido.—Camino
por recorrer.—Esperanzas.
De entre todas las ciencias, ninguna como la Historia satisface tan
completamente
la inmensa
necesidad de lo verdadero, de lo bueno y
de lo bello, que la humanidad siente, más imperiosamente, á medida
que
más
adelanta en su camino y más avanza en su engrandecimiento
y progreso.
Nacidos bajo el poder de leyes universales; nuevos nosotros en
este mundo y sucesores de aquellos otros, que, conociéndole apenas,
lo abandonaron... anillos temporales de la cadena en la cual, á pesar
de la destrucción de los individuos, se perpetua la especie, ¿podríamos
regirnos sólo por nuestro propio albedrío? Guiados por el instinto del
placer ó el imperio de la necesidad, nos pareceríamos al niño nacido á
media noche, que al ver salir al sol, lo juzgase acabado de crear
en
aquel momento.
El estudio de los hombres y el de los libros, nos acostumbran á la
vida y nos anticipan las preciosas, pero caras, lecciones de la expe-
riencia; la Historia combina perfectamente estos dos conceptos y for-
ma la mejor transición de la escuela á la sociedad, de la teoría á la
práctica, y considerando los hechos como una palabra sucesiva, los
enlaza por una ley eterna de justicia; de esta manera, adquiere toda
su
importancia, es inagotable fuente de ilustración y de progreso, y
al
elevarnos sobre intereses efímeros
y mezquinos, dilata nuestra existen-
cia á todos los siglos y nuestra patria es todo el mundo.
40
AUTOPSIA JUDICIAL
II
La historia del arte de autopsiar, va tan íntimamente unida á la
historia de la anatomía, como la de ésta á la de la medicina; por ésto
es
muy difícil separar una de otra sin tener que apreciar su conjunto,
y de aquí la imposibilidad de dar á este capítulo un carácter de apli-
cación práctica.
La historia de la medicina es tan antigna, que esta misma antigüe-
dad constituye símbolo de su grandeza.
Los siglos son herederos de los siglos; la verdad descubierta en
uno se propaga al siguiente y se afirma en los sucesivos; el error, acre-
ditado por preocupación ó circunstancias especiales, se debilita al fin
y cae en el descrédito, se abandona, se olvida, y al enunciarlo la His-
toria, todos se extrañan hubiese un tiempo en que ocupase el puesto
de la verdad.
III
Es proverbial la extraordinaria habilidad de los egipcios para la
conservación de los cadáveres, habilidad • que transcendió á las más
artísticas manifestaciones externas.
A los pobres se los disecaba solamente con el natrón ó la sal co-
mún, fajándoles después en telas ordinarias para llevarlos á las cata-
tumbas. Los ricos, cubrían sus cadáveres con telas de muselina finísima,
hojas de oro, un yeso muy sutil, figuritas, collares y multitud de ador-
nos, con grandes rótulos, encerrándoles después en muchas cajas.
Sabido es que el Egipto fue más religioso
cine guerrero, y el
Libro
de los muertos
acompañaba á nada momia (1).
Refiérese que los Etiopes revestían sus cadáveres de una goma
tan
transparente, que los antiguos los juzgaron cubiertos de vidrio; los
egipcios que no la poseían, esculpían la efigie del muerto en la caja,
que depositaban después en las catacumbas, abiertas en roca viva.
(1)
Sus dioses eran innumerables y los hacían encarnar en animales sa-
grados (ibis, buey, escarabajo, etc ).
Ra,
el sol;
Osiris,
el sér
bueno por ex-
celencia;
Set,
el dios de las tinieblas, no eran para el egipcio ilustrado sino
formas de una divinidad única. Sus preocupaciones, se inclinaban del lado
de la vida futura. Después de la muerte, el alma comparecía ante el tribu-
nal do Osiris; si era culpable, tras una serie de numerosos tormentos, caía
en la nada; si era justa
,
después de purificarse, se mezclaba con la corte
de
los
dioses, veía el sér perfecto y en él se abismaba.
El
Libro de los Muertos
era una colección
de plegarias
y
de fórmulas,
donde
se
enseñaban los detalles de este proceso.
N. FERNÁNDEZ-CUESTA
41
La tumba era una morada donde habitaba
el
duplicado; «un
segundo
ejemplar del cuerpo en una materia menos densa que la materia cor-
/poral; una proyección coloreada, aunque aérea, del individuo, repro-
duciéndole rasgo á rasgo» (1).
El embalsamamiento pudo ser efecto de una medida previsora para
evitar la putrefacción, facilitada por las inundaciones del Nilo, que hoy
hacen malsano el clima de Alejandría, y no faltan opiniones que atribu-
yan el origen de las distintas epidemias que invadieron á Europa desde
el siglo vi antes de J. C. á la supresión de esta práctica; sin embargo,
la epidemia más desvastadora que registra la antigüedad, la triste-
mente célebre epidemia de Atenas, procedió de Egipto (2).
Primitivamente reducíase la medicina en Egipto y en Oriente á
puro empirismo. Estaba confiada á los sacerdotes, ó tenía el carácter de
herencia entre algunas familias, que al mismo tiempo que sus apellidos
y sus bienes, se transmitían las observaciones relativas á determinadas
plantas consideradas como medicinales y á principios de experiencia,
muchos de los que, evolucionando con el movimiento progresivo de
los tiempos, han llegado á ser verdaderas leyes profilácticas é higiéni-
cas (3). En Egipto estaban escritos en el
Embro ó
ciencia de la casua-
lidad, los cánones de la ciencia de la salud, obligatorios para los médi-
cos; hacían autor de esta ciencia
á
Tot, ó Mercurio Trimegisto, y á su
Dios Hermes. Crea el que quiera á Herodoto y á Diodoro, cuando dicen
que todo Egipto estaba obligado una vez al mes á purgarse por tres
días (4); pero no se puede negar la sobriedad de costumbres de este
pueblo.
(1)
El
arte en
Menfis tuvo su manifestación en los monumentos fu-
nerarios.
Cada tumba
(rnastaba)
la formaban tres departamentos
ó
secciones; la
cámara,
el
serdab y la
cueva funeraria;
en la primera se celebraban las ce-
remonias
religiosas; el
serdab
era el lugar donde se colocaban los
duplica-
dos,
estatuas, imágenes y pinturas. (La pintura egipcia ignoraba el arte de
la perspectiva y de los matices; procedía por tonos francos superpuestos; el
conjunto forma una decoración deslumbrante, aunque muy diversa de
nues-
tros
procedimientos y de nuestras concepciones modernas.
BAYET.
Histo-
ria del arte).
En la
cueva funeraria,
á donde se descendía por un pozo
abierto en la roca y sobre el cual desembocaban varios corredores, se depo-
sitaba el gran sarcófago, en el que se contenía el cuerpo embalsamado.
(2)
Es fama que la pestilencia comenzó en la Etiopía, más allá del Egip-
to,
y
fijándose más en el mismo Egipto y en la Libia... se trasladó de impro-
viso
á la ciudad de Atenas. (TueminEs, libro II, pág 48).
(3)
El instinto ha tenido también parte en estos descubrimientos; por
ejemplo, los enfermos de calenturas pútridas apetecen los ácidos; los aren-
ques agradan á las leueorréicas,la disentería está caracterizada por un
deseo de uvas, etc., etc.
(V. Spre
«
Ugel,
BEYTRAYE ZUR GESCIIICHTE DER ME-
DICIN).
(4)
«Entre los egipcios
que yo he conocido,
los quo habitan las inmedia-
ciones de esa parte de Egipto donde se siembran granos (el Sur de Menfis),
3
42
AUTOPSIA JUDICIAL
Los Samaneos indios se dividían en
hilobios
y
médicos,
cuyos me-
dicamentos más usuales eran ungüentos y cataplasmas, acompañados
de fórmula
s
y prácticas mágicas que, en su concepto, les daban ma-
yor eficacia (i). Los gimnosofistas, según dice Estrabón, poseían exce-
lentes remedios para engendrar hijos, varones ó hembras, según se
quisiera, y encontraban gente que los creía, lo cual les pasaría hoy
mismo. Los babilonios sacaban á los enfermos fuera de las casas, de
modo que todo el que pasaba les daba algún remedio, y no todos mo-
rían (2).
Los sacerdotes hebreos curaban la lepra, enfermedad infamante,
que también les hacía árbitros de la suerte de las familias.
Entre los Galos eran médicos los
druidas,
los cuales usaban el muer-
dago y la sabina, el primero, contra la esterilidad y los venenos y la
segunda, como panacea; y se pagaba anticipadamente la salud con
ofrendas y víctimas, frecuentemente humanas (3).
En la corte de Persia se mantenía un médico, pero no se sabía ni
siquiera corregir una luxación; así es que fueron llamados de Grecia,
en tiempo de Darío de Hystaspes, Demócedes de la escuela de Cretona,
Apolinides de Cos, en tiempo de Jerjes, y en el reinado de Artajer-
jes II, Ctesias de Gnido.
En esta época la medicina no merecía el nombre de ciencia, por-
que ó era ciega partidaria de las preocupaciones ó esclava de la su-
perstición.
Los héroes griegos juntaban á sus demás cualidades el conocimiento
de las artes salutíferas. Sin hablar de Tetis,
que para curar la melan-
colía á su hijo le aconsejó que viese mujeres,que éstas, alguna vez,
suelen producirla,
Quiron
á
enseñó a muchos las
virtudes
aun
ir u es de los
simples;
otros curaban las heridas y se llamaban hijos de Apolo y Esculapio;
pero, principalmente, daban la salud aplicando con purificaciones, him-
»son sin
disputa los más hábiles y los que entre todos los hombres cultivan
»más la memoria. Su
régimen de vida
es el siguiente: Se
purgan todos
los
»meses
durante tres días consecutivos,
y tienen gran cuidado de
conservar
»la salud por medio de vomitivos y lavativas, persuadidos de que
tcdas
nuestras
enfermedades provienen de los alimentos que tomamos». (HER0-
DOTO.
Traducción de Larcher).
(1)
En
nuestros
días no faltan costumbres fanáticas muy semejantes,
y
hay quien pretende
curar los
abscesos fríos
escribiendo una oración
en un
papel,
que
después se quema, y echando las cenizas
en un vaso, del que
se
hace beber al
pacientísimo
enfermo...
(Esta práctica está muy arraigada en
el
interior del archipiélago filipino).
(2)
Práctica
i
nmemorial entre los árabes y que en Tánger va desterrán-
dose, gracias á la
pers
everancia de los médicos
españoles,
(3)
Durante mi estancia en Mahón (1888) tuve ocasión de apreciar los
restos de
un templo druida. Se conserva
perfe
ctamente el lugar de los
sa-
crificios,
que está
formado por dos enormes piedras, colocadas perpendicu-
lares la una
á la otra,
no
tándose en la
h
orizontal, que es la superior,
la ex-
cavación
donde se colocaba la víctima.
N.
FERNÁNDEZ-CUESTA
43
nos ó fórmulas mágicas á los dioses, parientes suyos, de cuya ira pro-
cedían las enfermedades. Legaron éstos al morir sus conocimientos á
las familias, que los conservaron como herencia privilegiada y estima-
da. Los Cabires de Fenicia, reputados como médicos entre los feni-
cios, debieron llevar allí sus prácticas juntamente con los misterios, lo
mismo que los Curetas de la Frigia; la fábula de Eurícide sacada de
los
infiernos, indica tal vez la habilidad médica de Orfeo; sus discípu-
los siguieron por algún tiempo aplicando á sus enfermos tablillas órfi-
cas, cubiertas de signos mágicos.
De entre todos los discípulos de Quiron, ninguno tan célebre como
Esculapio, contemporáneo de los Argonautas, el cual resucitó tantos
muertos, que Plutón se quejó á Júpiter, de modo que éste fulminó
contra él sus rayos; luego fué divinizado y tuvo templos, principal-
mente en el Peloponeso. Es de creer que fueron edificados en sitios
saludables y cerca de fuentes minerales, á donde los enfermos iban á
orar y á curarse á un mismo tiempo, bajo la inspección de los sacer-
dotes y confiados en los oráculos y en las purificaciones; y en estos
templos, al conseguir su curación, suspendían tablas votivas, inscrip-
ciones y figuras de marfil (I). La doctrina se perpetuó en sus descen-
dientes; entre ellos consiguieron gran reputación los Asclepiades de
Gnido, que formaron una clase separada con misterios é iniciaciones.
Pitágoras ocupa un lugar preferente en la historia de la medicina,
pues la desembarazó de los dioses y la hizo contribuir á los progresos
de la legislación y del arte de gobernar. Se le atribuyen importantes
descubrimientos fisiológicos, en particular sobre la generación,
y ob-
(1) En la isla del Tiber se encontraron algunas inscripciones votivas á,
Esculapio, reproducidas en el
Thesaurus
de Gruter y comentadas por Hun-
dertmark.
De incrementis artis media e per expositionem cegrotorum in vías
públicas et templa.
Leipzig, 1749.
Véanse algunas de ellas:
«A Valerio Apio, soldado ciego, mandó el dios que mezclara sangre de
gallo blanco con miel, haciendo un linimento y frotándose por tres días los
»ojos; recobró la vista y dió públicamente gracias al dios.»
«A Lucio, pleurítico y desahuciado de todos los hombres, mandó el dios
»que marchara y tomase del altar ceniza, que la mezclase con vino y la
»aplicase al costado; curó, dió públicamente gracias al dios y el pueblo se
»congratuló con él.»
«Viéndose Juliano desahuciado de todos por exputos de sangre, el dios le
»ordenó quE marchara y tomase del altar piñones, los mezclara con miel y
»comiese de ellos por espacio de tres días; curó
y
vino á dar públicamente
»gracias delante del pueblo.»
Pudiera copiar muchas más; estas inscripciones son de tiempos muy pos-
teriores y no contienen sino supersticiones; pero de ellas se deduce, con al-
guna probabilidad, que en los templos antiguos se conservaron de una ma-
nera semejante á ésta los recuerdos de las curaciones hechas.
Véase también
G-AuTHIER.—Recherches historiques sur léxércicce de la
medicine dans les temples chez les peuples de l'antiquité.
Lyon, 1844.
44
AUTOPSIA JUDICIAL
servó también que, durante el sueño, acude mayor cantidad de
sangre
al
corazón y á la cabeza. Alcmeon, de Crotona, fué el primero que dió
una teoría del sueño y el primer tratado especial de
anatomía y
fisio-
logía
que la historia recuerda, en el cual trata de explicar los fenóme-
nos, mediante el examen de la extructura de las partes. El gran Empe-
docles,
confidente de
los dioses, adivino á quién obedecían la natura-
leza y la muerte,
además de curar á sus compatriotas los de Agrigento
de los vicios morales, los libró de las epidemias ocasionadas por los
vientos del Mediodía, mandando cerrar un desfiladero por donde este
viento soplaba; y en Selinunte restituyó la salubridad al país, haciendo
pasar una corriente de agua viva á través de unos pantanos infectos.
Otros pitagóricos cultivaron la medicina é intentaron sacarla del po-
der de los esculapios, si bien por el sistema de reforma progresiva que
adoptaron, sin omitir al principio las fórmulas mágicas y suplicatorias.
¿Merece la escuela de Pitágoras el escarnio con que se la trata por
haber introducido la doctrina de los números en la ciencia de la salud?
Conocidas las brillantes aplicaciones que los pitagóricos hicieron de
la aritmética á la geometría, á la estática y á la mecánica, hasta llegar
á los insignes descubrimientos de Arquímides y á calcular las
vibra-
ciones de un cuerpo sonoro, extendiéronlas también á las ciencias mo-
rales y á la
medicina, pero como una álgebra, como un lenguaje uni-
versal de las ciencias y como un método de comparación. Aunque el
algoritmo pitagórico es todavía un arcano, supongo que tal fué su
sentido y tal su aplicación al arte de curar. Cierto que,
a
priori,
no
puede decirse que la naturaleza manifiesta predilección
á
este 6 al
otro período, ya sea el tercero, el quinto ú otro cualquiera; pero ¿no
demuestra la experiencia que existe cierto orden
hasta en lo que
parece
más irregular y que hay cierta periodicidad en los movimientos vitales,
en el nacimiento, formación y desarrollo de los órganos, en
su fisio-
logía,
estados patológicos y hasta en las crisis de las
enfermedades?
Los
hechos recogidos por Hipócrates, Galeno, Areteo y otros antiguos, y
luego por sus compiladores y continuadores, parece que tienden
á
robustecer la doctrina de los números, adoptada por los antiguos;
entre los modernos, Stahl la abraza y la aplica á la historia de
los
fe-
nómenos de la vida; Hoffmann, aunque de manera menos resuelta,
también se adhiere á ella; Boerhave la rinde homenaje;
Cabanis la res-
peta, y en general, merece la consideración de todos.
Disuelta la alianza de los pitagóricos,
se dispersaron éstos por toda
'
la Italia y Grecia, y los habitantes de Crotona y Cirene adquirieron
fama de médicos; visitaban en el lecho á los enfermos que no estaban
ya obligados á hacerse llevar al templo, y por consiguiente, podían
buscar el remedio á sus males sin las
trabas que hasta entonces les
había impuesto la
su
perstición; de esta manara se investigaba la causa
de la
e
nfermedad, no en la cólera de los dioses, sino
en la misma natu-
raleza.
N. FERNÁNDEZ-CUESTA
45
Los
Asclepiades de Gnido, no pudiendo conseguir la destrucción de
los
pitagóricos por medio de la calumnia y las persecuciones, tuvieron
por último que renunciar al misterio,
y
publicaron los experimentos re-
cordados en las tablas votivas, y expresados en aforismos, forma pro-
verbial común
á los.
primeros pasos de otras ciencias.
En aquel tiempo, Eródico resucitaba la medicina gimnástica, inven-
ción de Esculapio, que seguía los impulsos del genio de los griegos,
proponiendo como remedio los ejercicios del cuerpo, esto es, asocian-
do la medicina á las instituciones públicas, así como los sacerdotes la
habían asociado antes con la religión. Discípulo suyo fué Hipócrates,
oriundo de una familia de Asclepiades, que por espacio de diez y siete
generaciones había ejercido la medicina en Cos; abandonando Hipócra-
tes su casta, en la que hubiera sido víctima de la costumbre, estudió y
se ejercitó en otra parte, estudiando principalmente de los
Periodeules
6
médicos ambulantes que iban de ciudad en ciudad asistiendo á los
enfermos.
Con el espíritu de invención y el buen sentido que eleva sobre las
opiniones dominantes y se anticipa á los siglos, fué el primero que
notó el verdadero punto de vista bajo el cual debía estudiarse á la me-
dicina; la separó de la filosofía propia, y, sobre todo, fué alabado por el
excelente método de curar las enfermedades agudas. Quien le juzgase
según el estado presente de la ciencia, fácilmente podría hacer burla
de un sabio (1); pero causa grande admiración si se le considera con
arreglo á su época y al tiempo en que vivió, pues no hay fenómeno
morboso que se le escape, aun cuando no indague su procedencia, ni
piense en reunirlos de modo que formen clases distintas, ni se confunde
en sueños ó vanidades al investigar las causas de los síntomas. Pondera
la higiene como el más útil de los descubrimientos: por el estado de
salud del hombre, explica el estado de enfermedad y estudió atentísi-
mamente los fenómenos que nos rodean: el aire, las aguas, los lugares,
las epidemias, las influencias de los vientos, anticipándose en dos mil
años á Montesquieu, Bodin, Hesder, Cabanis y á cuantos afirman que
el hombre lo saca todo del clima, siendo en tal opinión menos censu-
rable que éstos porque aún no había historia que lo desmintiera. Ex-
ponía su doctrina con brevedad y sencillez, sin emplear aquellas frases
pedantescas en que algunos envuelven la ciencia, antes por el contra-
rio, usando de términos llanos y familiares. En su opinión, la enferme-
dad y la naturaleza, siempre buena y sabia, luchan entre sí, y según
la que predomina, así reinan en el individuo la saludó la enfermedad
le sobreviene la muerte; no tiene, pues, el médico que hacer más que
ayudar y moderar
á
la naturaleza, supremo agente de curación, y para
•
(1) Y de él sé burló Prasoni
en el
Análisis del supuesto genio de
Hipóc
ra
-tes,
Milán,
1779.
46
AUTOPSIA
JI.7D1CIXL
eso, observar atentamente los tiempos críticos. Híase separado de
las rituales iniciaciones de los Asclepiades y á la ab
manera de los Pe-
riodeutes italianos, ejercía públicamente la medicina, de
modo
sólo
te
que t
se
u-
vo que
imponer á los médicos preceptos que anteriormen
imponían entre los sacerdotes. Deseaba que estos preceptos fuesen al-
tamente morales y en este sentido redactó su juramento (1).
Los habitantes de Atenas, agradecidos, concedieron á Hipócrates
el derecho de ciudadanía y el privilegio de ser iniciado en los misterios
de Ceres y honrado en el Pritaneo entre los bienhechores de la pa-
tria (2).
El espíritu de observación que nació con Hipócrates no ha vuelto
á abandonarse.
IV
Hasta pasado el anterior período histórico que el Dr. Calleja califica,
muy oportunamente, de
vulgar,
hasta Hipócrates, no empieza
el
senti-
do científico
de la historia de la medicina, y sólo entonces
es
dable en-
contrar el verdadero origen de los trabajos anatómicos y de disección,
constituyendo el período
científico
en la historia de la ciencia de curar.
A la inmortal fundación de los Ptolorneos, á la célebre Escuela de
Alejandría, asilo de sabios en todos los órdenes de conocimientos, debe
la anatomía sus primeras bases científicas deducidas de la
observación
cadavérica (a).
(1)
El Dr. Letamendi es el ilustre restaurador moderno de la doctrina hi-
pocrática, como puede apreciarse en sus obras de
Patología y
Curso
de
clí-
nica general.
(2)
«Considerando queillipócrates de Cos, médico, descendiente de Escula-
pio,
puso el mayor
cuidado en la conservación de los griegos cuando los
bárbaros trajeron la peste á Grecia; que enviando á sus discípulos á donde
la enfermedad se ensañaba, dió á conocer los remedios que preservaban ó
curaban; que publicó cuanto había escrito acerca de la medicina, queriendo
que hubiese muchos médicos que estuvieran en disposición de conservar ó
restituir la salud y que el rey de Persia le ofreció grandes honores y riquí-
simos presentes, que despreció porque eran de un rey enemigo de los
b
w
rie
o
'os.»
b
«El pueblo de Atenas, queriendo demostrar cuánto aprecia lo que se hace
en servicio de la Grecia, y por otra parte deseando dar á Hipócrates una
recompensa digna de los servicios prestados, decreta que Hipócrates sea
iniciado en los grandes misterios, como lo fué Hércules, hijo de Júpiter;
que se le dé una corona de oro, y un heraldo proclame este don en
las
grandes
p
anateneas. Los niños naturales de Cos podrán pasar la adolescen-
cia en Atenas, como hijos de
a
tenienses, por consideración al país que tal
hombre ha producido. Concédase á Hipócrates la ciudadanía, y será mien-
tras viva mantenido en el Pritaneo.»
(3)
Ni el
Susrutas,
ni las citas que se leen en el
Génesis
y
en el
Levítico,
tuvieron este carácter.
El primer anatómico de la Escuela de Alejandría fué Herófilo,
que
vivió
unos 300 años antes que Jesu-Cristo. «Hizo disecciones numero-
»sas de cadáveres humanos y de animales; describió muchas partes del
»cuerpo, aplicándolas denominaciones que todavía se conservan en
»gran número;Interpretó con acierto algunos órganos principales, como
»el cerebro, que entonces se tenía por glándula; consideró al duodeno
»como porción especial del intestino; habló de los vasos linfáticos del
»mesenterio, é hizo tantos progresos en esta clase de estudios, que se
cha hecho acreedor al título honrosísimo de
padre de la anatomía an-
»tigua» (1).
Erasistrato
fué compañero y
émulo de Herófilo, y por primera vez
consignó que para aprender anatomía era necesaria é imprescindible la
observación cadavérica; hizo muchos descubrimientos en el aparato cir-
culatorio y en todos los ramos de la neurología (2).
Muertos Herófilo y Erasistrato, vuelve la anatomía á caer en un pe-
ríodo de decadencia y á ser víctima de la superstición y de preocupa-
- ciones: este período duró
más
de cuatrocientos años, y de él la sacó
Galeno (año 131 de la Era Cristiana) con
su libro
De
usu partium,
que constituyó
hasta el siglo xiv la única
fuente de conocimientos
anatómicos (3); en esta época, Luis Mondini da principio al renacimien-
to de la anatomía, y para ello rompió con la tradición, de subordinarla
á la conformación y estructura de las partes, fundando de este
modo
y por esta independencia de estudio, el verdadero anatomismo, el cual,
considerado como método científico, ha sido el
más
provechoso á toda
la medicina, y del que se derivó la anatomía moderna, fuente real de
los adelantos hechos por la fisiología, la cirugía y la anatomía pato-
lógica.
Las doctrinas de Mondini fueron seguidas y difundidas durante los
siglos xv y xvr, por Benedetti, Achillini, Sylvius, Servet y Berenguer
de Caspi, que fué el que más disecciones practicó.
A pesar de los esfuerzos de Mondini, puede afirmarse que este perío-
do de la historia de la anatomía y de la misma medicina, estaba como
subyugado á las ideas y conceptos expuestos por Galeno, que, en los
últimos tiempos, constituían verdaderas trabas al adelantamiento y pro-
greso médicos.
Vesalio (Bruselas, 1514) fué el primero que tuvo el valor de sus con
(1)
Dr. Calleja.
(2)
Según Tertuliano, estos dos anatómicos disecaron en criminales
vivo$
condenados á muerte.
(3)
Durante esta época merecen citarse los trabajos de los árabes Avice-
no, Rhazés, Avenzoar y Albucasis.
En el siglo xm, Federico II, Rey de las Dos Sicilias, «prohibió el ejercí-
>cío de la cirugía, sin haber sufrido antes un examen de anatomía,
y
conce-
dió
el privilegio
á su médico Martinus de disecar
y
explicar públicamente
»un cadáver humano cada cinco años.» (Dr. Calleja).
AUTOPSIA JUDICIAL
vicciones, y no aviniéndos
e
con las
sutilezas que servían para armoni-
zar el error antiguo con la verdad nueva, terminó el período
galénico
con
la aparición de su célebre libro
De humanis corpori fábrica,
por el
que,
secundando las iniciativas de Mondini, restauró la anatomía, que
estableció sobre bases sólidas é inquebrantables.
Desde entonces se crearon cátedras de anatomía en Roma, en Pisar.
Montpellier, Padua y Bolonia, y anfiteatros anatómicos en Venecia y
Leyden.
En esta época se distinguieron como anatómicos célebres Varolio'-
Falopio y Colombo, Rembert Dodoens, que fundó la anatomía patoló-
gica, y Aranci, que hizo adelantar prodigiosamente el estudio de la ovo-
logia; Luis Collado, Juan Valverde, Bernardino Montaña de Monserra-
te, Luis Lobera y muchos más.
La anatomía y la fisiología progresaron mucho durante el siglo
llamado, bien justamente, de
oro
para la historia de la medicina; en esta.
época, Harvey perfeccionó y completó los estudios hechos acerca de
la circulación, por Servet, Colombo y Cesalpino, y Malpighi aplicó el
microscopio (fabricado á fines del siglo xvi por el holandés Iansen) al
estudio de la sangre, pulmones y glándulas, echando los cimientos de
la
anatomía de textura,
que entonces se llamó
microscópica.
El siglo xvm continuó este período de engrandecimiento y progre-
so, y en él, Haller y Spallanzani, Valsalva, lIorgagni y Bichat, hicie-
ron adelantos y casi completaron la anatomía experimental y la anato-
mía patológica; estudios que influyeron, como no podían por menos de
influir, en los demás derivados de la medicina, á la que hicieron avan-
zar en su desenvolvimiento y perfección.
Entonces se fundaron museos anatómicos en Londres y en Berlín.
Por último, en el siglo actual, Bichat, estudiando los tejidos, marcó
el camino que más tarde siguieron Schwan Reichet y Remack, y que
antes que él habían iniciado Malpighi y Leuwenhoek, fundaron la
his-
tología moderna,
base de la
histología patológica,
en la que Wirchow
ha hecho tanto bueno y tanto nuevo.
Finalmente, la anatomía transcendental fundada por Serrés, la anato-
mía comparada, creada por Jorge Cuvier, y las leyes de Milne-Ed-
wards sobre anatomía y fisiología comparadas, han completado la per-
fección de los estudios anatómicos; perfección que han continuado en
nuestros días, y continúan, hombres tan eminentes como Martínez Mo-
lina, González de Velasco, González Encinas, Calleja,
Letamendi, Olóriz
y tantos más, que
afort
unadamente, y para gloria de España y de la
cultura médica nacional
con
temporánea, pueden citarse.
48
En todos los Códigos griegos y romanos se nota la influencia de la
medicina en la legislación, y lo mismo en las
leyes de Licurgo
que en
las de
Dracon
y
Solon,
como en la
Colección papiria,
en
las
Leyes de
Numa
y en las
Doce Tablas,
se adivinan los cánones de los Asclepia-
des y de Hipócrates, las doctrinas de Galeno.
Los primeros cadáveres acerca de los que la Justicia pidió opinión
á los médicos, fueron los de César (1),
Genuncio (2) y el de Germá-
•nico (3).
Hasta la constitución del Imperio Romano no adquirieron los mé-
dicos que auxiliaban la acción de los Tribunales el carácter de peritos,
siendo el primero que desempeñó este cargo Oribasio; después se pro-
mulgó el
Código Yustiniano,
y en él se consignaba esta especialidad
más particularmente; desde aquella época sobresalieron en tal con-
cepto los médicos Aecio, Alejandro de Tralles y Pablo de Egina.
En Francia fué aceptada esta intervención pericial por las
capitu-
lares
de Carlo Magno.
Los godos también la aceptaron y conforme se consignaba en el
Digesto.
Interrumpido este período de progreso, hay que llegar al siglo xm
para encontrar algo que indique engrandecimiento y adelanto en la
aplicación de la medicina al derecho; desde esta época vuelve otra
vez á manifestarse latente primero y desenvuelto después este pro-
greso, y en España, Francia y otras naciones, y más que en ninguna
otra, en Alemania los Tribunales buscan á los médicos eminentes para
que los ilustren en las cuestiones difíciles, que sólo ellos podían resol-
ver por su ciencia y por su práctica.
Esta época marca el período de renacimiento de la medicina legal,
y desde entonces la creación de cátedras especiales, la publicación de
obras, de datos bibliográficos, de observaciones, informes, etc., etc.,
han venido á constituir otros tantos pasos dados en el camino del
adelanto y del progreso, hasta llegar á constituir á la medicina legal
«en la manifestación más genuina de la alta representación de la cien-
cia biológica ante la ciencia del derecho para la defensa de los intereses
de la sociedad y de los individuos.»
El Fuero Juzgo, las Leyes de Partidas, la Novísima Recopilación,
(1)
Asesinado por Casio y Bruto.
Antistio informó que de las veintitrés puñaladas que tenia
de César, sólo una era mortal.
(2)
Fué asesinado la víspera del día en que debía delatar al
nombres de los cónsules que eran opuestos al nombramiento de
wiros.
(3)
Envenenado por Pison.
el cadáver
pueblo los
los Decen-
50
AUTOPSEA JUDICIAL
la Ley de quintas, el Código Penal de 1854, la Ley de Sanidad, la
creación del cuerpo de médicos forenses é infinidad de Reglamentos
y
circulares, han sido las transformaciones más esenciales que la medicina
legal ha experimentado sucesiva y paulatinamente en el transcurso del
tiempo y á merced de las distintas y diversas legislaciones, hasta llegar
á constituir el estado actual del que ha de pasar para proseguir avan-
zando en su camino de engrandecimiento.
Son muchas las conquistas qne ha realizado, es indudable; pero son
muchas también las que tiene que hacer, y hay que confiar en el des-
arrollo de los estudios antropológicos, en
los
poderes públicos y
en la
sociedad, que, teniendo
sus leyes infiltradas en un espíritu cristiano,
hace que el nuevo derecho tenga principios más justos y salvadores
que el antiguo.
PARTE PRIMERA
AUTOPSIAS
=)octzirla gen .eral.
-
,
PRELIMINARES
Autopsia.— Etimología.—Definición.--Técnica
necróptica.—División.—Dr-
ferencias entre la autopsia clínica y la autopsia judicial.—Ideal de upa
autopsia.—Objeto de su realización.—Condiciones
del buen autop,siador.
Personal.—Local.—Neeroscondos.—Intervención en los trabajos autóp-
ticos de la histo-microbio-química.
La palabra autopsia tiene su etimología en dos voces griegas:
autos
y
oftsis,
que significan
visto por sí
mismo.
Se
llama
autopsia
á todo examen cadavérico de carácter profesio-
nal, inmediato, clínico ó forense (i).
Modernamente y con mayor propiedad se sustituye la palabra
au-
topsia
por la de
Necropsis (2).
(1)
Doctor Letamendi,
Curso de Clínica general,
1894.
Estado del alma en que, según el paganismo, estaba en comunicación
con Dios.—Iniciación en los últimos misterios paganos.—Observación, in-
vestigación personal, estudio detenido v minucioso.--Examen facultativo
del cadáver.
(Diccionanio de las lenguas española y francesa comparadas,
por D.emesio Fernández-Cuesta, 1885).
Inspección facultativa de un cadáver para descubrir la causa de su
muerte,
(Diccionario popular de la Lengua Castellana,
por D. Felipe Pica-
toste).
Investigación que se hace en los tejidos y órganos del cadáver con el
objeto de averiguar las causar que han determinado la muerte. (Dr. Valle
Elementos de Medicina legal, militar
y
naval,
por D. Enrique
Navarro
y
Ortiz, 1894.)
(2)
Por el carácter especial de este libro se usarán
indistintamente las:
,
dos voces.
4
AUTOPSIA JUDICIAL
Técnica necróptica
(1) es el conjunto de reglas para el correcto
y
ordenado autopsiar (2).
Este conjunt
o
no constituye materia nueva: su enseñanza se reduce
á un
sistema de precauciones dentro del arte general de disecar.
La autopsia puede ser
general
y
especial,
y ambas
clínicas
y
judi-
ciales (3).
La autopsia es:
General
cuando se hace sobre todo el cadáver, aparatos y sistemas.
Especial
cuando sólo se practica sobre
.
alguna parte, algún aparato,
5
al
g
ún sistema.
Clínica
cuando su objeto es instructivo.
Judicial
cuando su objeto es informatorio.
El Dr. Letamendi cita, además, las autopsias que él llama
restrin-
gidas,
en las que: «por humanos miramientos privados, religiosos, etc.,.
se trabaja sobre el pie forzado de respetar cuantas partes sea dable en
(1)
Por
si alguno
de los que me leyeren no encontrase [bien usada la pa--
labra
necróptica, y
creyera que debiera ser sustituida por la de
necrópsica,
hago esta llamada en la que protesto de que no deban ni puedan usarse más
palabras que las que taxativamente consigne
el
Diccionario de la Acade--
Jnia y
tal como allí se
expresen, aunque en
semejante
expresión y manera
de consignarse
aparezca una verdadera enormidad contra la gramática.
A nadie se le ocurre decir
tásica militar
ni
tásica naval, ¿y
por qué
se
ha de decir
necrópsica en
sustitución de
necróptica?
No hay razón ninguna
que lo explique. ¿Quién dice
estésica
tratando de
decir estética? ¿,0 es
que
ha de haber dos tecnicismos y dos maneras de decir las cosas, la buena
para todos los mortales y la mala para uso de médicos?
La gramática da las
reglas necesarias
para la conversión de los substan
vivos
en adjetivos y para la substantivación de los verbos,
y
á su cumpli-
miento me atengo.
(2)
«Es el cadáver humano algo á modo de
grande
y
complicadísimo mi-
sal que no puede ser abierto y hojeado sino mediante un arte expreso que
dé reglas para abrirle y para despegar unas de otras las innúmeras hojas
cloque consta su foliado.»
(3)
El Dr. Letamendi, en su Curso de Clínica:general y
en
la parte que
dedica á la Técnica de autopsias, hace los siguientes sipnosis:
-
Por su comprensión. /
General ó
de todo aparato y sistema.
Especial
ó de algun
o
ó algunos de ellos..
Total
ó sobre d
'
entero cadáver.
Autopsia... Por su extensión....
Parcial
ó sobre alguna parte, bien del
Por su objeto
final.
éste,
bien amputada del vivo.
.
1Clínica
ó instructiva.
Judicial
ó informatoria.
De esta
c
lasificación no sigo
más
que una parte, por considerar que
las
autopsias
total y parcial
están
co
mprendidas en la
general
y
en la
especial,
resp
ectivamente, y cito la anterior sinopsis como
tributo de homenaje
al
gran maestro, que ha sabido dar paso tan gigantesco en esta parte
de
la
ciencia.
.58
N. FERNÁNDEZ-CUESTA
59
la
disección, y restablecer por un sistema de remiendos la apariencia
de integridad de las partes disecadas».
Las autopsias pueden ser:
Autopsia.
General. j Clínica.
Especial. Judicial.
La autopsia
clínica
se diferencia de la
judicial
en cuanto al objeto
que las produce ú origina. Mientras en la autopsia
clínica,
llamada
también anatomo-patológica, se busca la aclaración ó confirmación de
un
diagnóstico observando las alteraciones que en los diversos órga-
nos, aparatos y funciones, tejidos, vasos, etc., etc., han producido de-
terminados procesos patológicos ó ciertos estados morbosos; en la
judicial,
denominada también forense, nombre con que vulgarmente se
le distingue y conoce, el objeto, el ideal que se persigue es la informa..
ción á una autoridad de la causa ó causas que
produjeron la muerte en
el
caso propuesto. La autopsia
clínica
tiene un fin científico exclusiva-
mente; la autopsia
judicial,
al auxiliar la acción de los Tribunales fun-
damentando la prueba en las causas criminales, tiene que ser legal en
todos sus aspectos, objeto y hasta método y procedimientos. Diferén-
ciase, pues, la autopsia
clínica
de la autopsia
judicial,
por el objeto
que las preside y por la manera especial cómo han de practicarse,
obligando á examen predilecto, dentro del atento general del cadáver,
el
órgano ú órganos y aparatos en que se sospecha reside ó ha de
apreciarse la causa de la muerte.
En opinión del Dr. Mata, la autopsia
clínica
se distingue de la
autopsia
judicial
en los puntos siguientes:
I.° Quién dispone la autopsia.
2.° El objeto de la misma.
3.° Su modo de ejecución.
4.° El tiempo en que se hace.
5.° La transcendencia de los juicios.
Primero.
En las autopsias clínicas es lo general que quien dispon-
ga la abertura del cadáver sea el médico, siendo una excepción que
pidan la ejecución de la autopsia los parientes ó deudos. La autopsia,
no es presidida por la autoridad ni ninguno de sus representantes 6 de-
pendientes, y no hay para qué prestar juramento. Sólo es necesario al
médico la autorización de la familia cuando el cadáver es de su prác-
tica civil, la del que cuide de los cadáveres en los establecimientos
públicos y la del cura párroco, visitador, junta de Sanidad ó autorida-
des políticas, según se haga la autopsia, cuando el cadáver ha entrado
ya en la parroquia, haya sido conducido al campo santo ó esté sepul-
tado, siendo entonces indispensable la exhumación, previas las forma-
lidades legales prescritas, que estén vigentes.
En las autopsias judiciales, quien dispone la abertura del cadáver
AUTOPSIA JUDICIAL
es siempre la autoridad, y ella, por sí 6 representad
a
por alguno de
sus
subordinados ó subalternos, la preside, siendo o ig
blac
r
i
ei
6
on
n
táe
d
ns
e
udi
l
e
o
i rn
s
et n
e
m
r
yvéed
cos que hayan de practicarla, prestar juramento prey\
de que dirán la verdad de todo lo que vieren
cuanto les sea preguntado por las personas que tengan autoridad para
interrogarles.
Segundo.
El objeto final que se propone el facultativo en la autop-
sia clínica, es completar la historia de una enfermedad, comprobando
rebatiendo el diagnóstico establecido, y como consecuencia, decidir
si
i el plan curativo fué el apropiado y conveniente, deduciendo después
de la anatomía patológica cuantas enseñanzas sean oportunas para re-
solver el caso propuesto y los análogos sucesivos que puedan originar-
se. El médico primero, y por las deducciones hechas por él, la ciencia,
después, son los que se sirven y utilizan de la inspección cadavérica
en
esta clase de autopsias, inspección que va precedida y acompañada de
todos los antecedentes y datos que pueden ilustrar el
caso,
toda vez
que el médico los conoce por haberlos observado y podido
recoger
durante la enfermedad y el tiempo que estuvo al cuidado del enfermo,
durante su tratamiento.
En las autopsias judiciales, tiene el médico forense por objeto ave-
riguar si la causa de la muerte del sujeto propuesto fué natural
6 vio-
lenta, determinando la enfermedad en el primer caso, ó,
en el
segundo,
la violencia que la produjo, y esto, por regla general, sin antecedentes
ni datos que puedan ilustrar ó conducir, resolviendo las cuestiones du-
dosas, y su declaración ha de servir para instrucción y guía del tribu-
nal, formando la base de la prueba, que ha de serlo de la sentenciar
como préviamente lo fué del proceso ó causa instruida para demostrar
la culpabilidad ó la inocencia de un acusado. Las diferencias, pues, en
cuanto al objeto, no pueden ser ni mayores ni más decisivas
entre la
autopsia clínica y la autopsia judicial.
Tercero.
No interesándole al médico en las autopsias clínicas
nada
de lo que se refiere á las condiciones externas del cadáver,
ni
á las
circunstancias que le rodeen, como no sea excepcionalmente,
y aun
entonces, de manera muy limitada, no se fijará, para nada en
estos de-
talles, que considera fuera de su objeto: prescindiendo de ellos, y
aten-
to sólo á su misión, se dirige directamente al cadáver y lo
examina é
inspecciona de la manera que estime más oportuna ó conveniente
á la
clase de examen ó inspección que se propone realizar, sin que tenga
que amoldarse á reglas ni preceptos más que los generales que requie-
ra la operación, y aquellos p
es eciales que la particularidad del
caso le
sugiera, de acuerdo con sus
co
nocimientos y su objeto; lo mismo
le
da
empezar la autopsia por la abertura de la cavidad abdominal,
como
por la de la cavidad torácica ó la craneal, y no
es raro, por más que
condene la práctica, el que se abra primero y solo aquélla, d
onde
.
Por los
ant
ecedentes, se cree que se encontrará el sitio del
mal
y la
60
N. FERNÁNDEZ-CUESTA
causa de la
muerte; encontrada en el lugar propuesto, en la cavidad
abierta
y explorada, es raro que se inspeccionen otras, continuando la
ejecución de la autopsia, al menos de un modo detenido, porque se
considera trabajo inútil, una vez conseguido el objeto que la motivó, á
no ser
que las alteraciones encontradas y las observaciones recogidas
tengan alguna relación de conexión con órganos situados en otras par-
tes
y ésta haga indispensable y preciso su examen y ulteriores traba-
jos. Como no se ha de repetir la autopsia, porque el objeto está cum-
plido, ni han de examinar el cadáver otros médicos, no se guarda tan-
to cuidado, ni por lo que se refiere á los sólidos encontrados, ni por lo
que hace relación á los líquidos recogidos; todo se sacrifica á las nece-
sidades del momento y se prescinde de un sin número de hechos
cuando, sabiendo el punto á que se va, se adquiere el convencimiento
de que no tienen relación con este punto; el clínico, pues, procede por
el
método sintético, que le lleva de lo general á lo particular, de lo
conocido á lo desconocido; juzga
a
priori,
puesto que va prevenido,
con
antecedentes, á confirmar lo que de antemano ha creído que existe,
y
va, en la mayoría de los casos, á completar observaciones y á reco-
ger enseñanzas de anatomía patológica, más que á inquirir lo que sabe
por su experiencia y estudios.
En las autopsias judiciales, el médico empieza por tomar nota de
todo lo que rodea al cadáver: del terreno, plantas, arbustos, las pie-
dras, etc., etc., si es en el campo; de los muebles, suelo y paredes, si
es
en una habitación, puesto que todo puede estar relacionado con la
muerte del sujeto y tener su significación más ó menos directa. Sigue
haciéndose cargo de la posición del cadáver, del punto donde está, del
estado de sus vestidos ó de su desnudez. Pasa después á examinar es-
crupulosamente, y de manera detenida y minuciosa, el exterior
del
cuerpo, y sólo
cuando están apuntados todos estos datos, procede á
la abertura del cadáver, lo que comunmente, por no decir siempre,
no se
efectúa en el mismo local, sino en punto á propósito y desig-
nado por la autoridad. La abertura tiene reglas más fijas y casi nece-
sarias.
Obligado el médico legista á preguntar la razón, la causa de la
muerte de un sujeto á todos los hechos que se encuentren en un cadá-
ver, tiene necesidad imprescindible de respetar el estado en que los só-
lidos
y líquidos del cadáver se encuentren, de evitar todas las altera-
ciones
debidas á sus procedimientos y de no dar ocasión á que los
fenómenos patológicos puedan ser confundidos con los meramente ca-
davéricos. De aquí la importancia de la abertura del cadáver, empezan-
do más
bien por una cavidad que por otra; de aquí el interés que hay
en dar al cadáver ésta ó aquella posición; de aquí, por último, lo trans-
cendental de los cortes y derrames de los líquidos. Como la inspección
puede repetirse por otros peritos, hay necesidad de alterar lo menos
posible la integridad de los órganos; según los casos, se ha de preparar .
61
62
AUTOPSIA JUDICIAL
análisis
los
para
químicos algunos sólidos y líquidos y dejar
parte de
los
p
mismos para otros análisis de que hubiese necesidad, además de los
pri-
meros; todo examen debe
ser muy prolijo y
concienzudpara
neoxpbla
icsa
tar
encontrar en una cavidad, en un órgano, r_azón suficiente
la muerte de un sujeto resolver la cuestión propuesta, pues hay
nece-
sidad
de continuar la abertura ó inspección cadavérica y hacerla
de una
manera completa; de lo contrario, las conclusiones que se sacaren
po-
drían
ser invalidadas.
Por último, por lo
mismo
que se trata de investigar un hecho
judi-
cial,
acerca del cual no hay antecedentes ó debe el médico legista
con-
"derar como si no los hubiese, se procede en esta clase de autopsias
por
sl
el método analítico; esto es, partiendo de lo particular á lo
general, de
la
desconocido á lo conocido, y se juzga
a
posteriori,
puesto que sólo
después de inspeccionado todo y combinado, es cuando puede
redac-
tarse
el Protocolo.
Cuarto.
Las autopsias clínicas se
hacen antes de la
inhumación y
poco tiempo después de la muerte;
sólo
por excepción y casos parti-
culares y raros se hacen estas autopsias después de sepultado
el cadá-
ver y de algunos días de su entierro. Por tanto, los fenómenos y
Ios
datos que en el
cadáver se encuentran, han sufrido poca ó
ninguna alte-
ración. El conocimiento de la materia fisiológica y patológica, es bas-
tante para distinguir los casos y evitar confusiones, estableciendo-
aquellas diferencias que cada caso requiera.
El médico legista no tiene
tiempo determinado,
expreso ni proba-
ble, para
su
práctica, y tan pronto hace la autopsia
antes de la inhu-
mación ó del entierro, como después de él; ya esté el cadáver íntegro,
fresco ó poco alterado, ya presente los fenómenos de la putrefacción;
dependiendo siempre la época de la autopsia de las circunstancias
de-I
proceso, no bastan los conocimientos fisiológicos y patológicos y
las
precauciones ordinarias; á la anatomía fisiolOgica y
patológica hay
-que añadir la cadavérica, y la exhumación del cadáver
reclama la
aplicación de medios desinfectantes, que no son de rigor
normalmente
en
las autopsias clínicas.
Quinto.
Por último, el médico clínico procede á la autopsia para
ilustrarse á sí 6 á sus comprofesores ó alumnos; puede
tener ésta 6
aquella convicción científica ó moral, sin perjuicio de tercero, y
con la
autopsia da el último paso, cierra la historia
de un enfermo que tuvo la
desgracia de fallecer. La necroscopia
es el
fin.
El médico legista redacta el
Protocolo
en vista
.
de los datos reco-
gidos; escribe su declaración; da en ella su dictamen, con arreglo
á los
-cánones de la ciencia, para ilustración del tribunal, bajo fe de jura'
mento; es
r
esponsable ante la ley de lo que emita;
sus juicios tienen_
acción sobre la suerte de uno 6 más sujetos acusados, y muy frecuen-
temente con ellos se da principio á un proceso transcendental. El
tri-
bunal aguarda el
r
esultado de la inspección
cadavérica para activar U.
63
c
ausa y condenar ó absolver (1);
en su
Dictamen
ha dé basarse la
prueba, y de ésta ha de deducirse la sentencia.
Tales son las diferencias que distinguen .la autopsia clínica de fa
-autopsia judicial, diferencias sobre las que no se debe insistir más, pues
-quedan perfectamente definidas y marcadas con toda claridad en los
anteriores conceptos. Admitido cuanto de manera tan brillante expone
-el dóctor Mata, y no conviniendo al objeto especial de este libro sino
el estudio de la autopsia judicial en sus diversos aspectos y distintas
-conexiones, á ella exclusivamente han de referirse los datos de investi-
gación, sistemas, métodos y procedimientos que se consignen.
La autopsia será
prudente y práctica. Prudente,
para no consentir
ninguna omisión, y
práctica
para obtener la mayor cantidad de utili-
dad, sin más trabajo que el absolutamente necesario.
El buen autopsiador (2) deberá ser buen anatomista y tanto mejor
autopsiador será cuanto mejor disector sea, debiendo reunir á la cele-
ridad y destreza toda la finura del más atildado anatomismo en los ül-
timos é íntimos detalles micro y macroseópicos descriptivos.
El personal para realizar una autopsia, se ajustará en cada caso á lo
preceptuado en los Reglamentos á que esté subordinado el Profesor
Profesores que la practiquen, y por tanto, no puede ser objeto, en este
sitio, de dictado especial. Consúltese para cada caso el Reglamento res-
pectivo.
El local donde la autopsia se verifica, tampoco puede ser objeto de
reglas particulares, pues variará, según las circunstancias de tiempo, po-
blación y localidad y según también las disposiciones generales de le-
gislación, urbanización, etc., etc. Deberá, sin embargo, procurarse tul
local en el que las condiciones de ventilación, luz y agua sean las re-
queridas y necesarias.
«Si se organizase el ramo de médicos forenses, y como es debido, se
les diese á las juntas el correspondiente establecimiento, en él podría
construirse el depósito de los cadáveres con el nombre de
Necroscomio
ó
depósito mortuorio,
haciendo que tuviera tantas piezas cuantas fuesen_
necesarias, ya para la exposición de los cadáveres, guardarropas, lava-
deros, ya para la sala de las autopsias, cuartos para actuar los médicos.
forenses, individuos del juzgado, etc., etc.» (3).
(1)
Tratado de Medicina y Cirugía legal,
por el
Dr. D. Pedro Mata.
(2)
No se me oculta que la palabra autopsiador no está suficientemente
usada para que sea admitida desde luego y sin dificultad alguna; pero
sólo
á su falta de práctica debe atribuirse este efecto. No hay razón ninguna para
que al que hace autopsias no se le llame autopsiador, del
mismo
modo que
al que hace historia se le dice historiador, y á hacer historia, historiar. Así,
pues, empleo el verbo autopsiar, por considerarlo perfectamente ajustado al
idioma castellano,
y
por expresar, mejor que ninguno otro, el acto de hacer
una autopsia.
(3)
Tratado de
Medicina y Cirugía Legal,
por el
Dr.
D.
Pedro
Matar
Tomo ir, pág. 317.
G4
AUTOPSIA JUDICIAL
En otras
naciones, Alemania entre ellas, se han construido en los
cementerios, con el nombre de
casas mortuorias,
locales á propósito
para depositar los cadáveres por un tiempo determinado, á fin de evitar
enterramientos sin razón, atando á las manos de los muertos cuerdas
.con campanillas, que sonarán al menor movimiento.
El mayor adelanto moderno en los trabajos autópticos, ha sido la
intervención en ellos de
la
técnico-Disto-microbio-química, que tanto
impulso ha venido
á
dar á los informes periciales en las investigaciones,
clínicas
y en
las jurídicas ó de carácter
informatorio.
N. FERN
ÁN151Z-CTIEST A
Periodos de la autopsia.—Orden
y
plan: de una autopsia.—Rigor meto.
dico.— Concepto de los cortes de espesor.—Conveniencia de un pro-
ceder incruento.
Los períodos de una autopsia son dos:
i.°
De labor á pie firme.
Comprende el examen general, apertu-
ra, observación y consignación de todo lo resoluble
statim.
2.°
De labor sedentaria.
Comprende la
serie de trabajos técnicos,
especiales, necesarios al buen resultado final y objeto de la autopsia.
Si el orden y el método son indispensables en toda operación qui-
rúrgica, en
toda investigación anatómica y en todo examen de disec-
ción, mucho más y con mayor
motivo
han de imponerse en la ejecu-
ción
y práctica de las autopsias judiciales, donde tan importante y tan
necesario es seguir un método fijo y determinado, un orden previsto,
en la
realización de los diversos tiempos que han de constituir el exa-
men cadavérico.
La
marcha,
pues,
de una autopsia judicial depende de este orden
tan esencial, cuanto que es la garantía de los dos objetos señalados
anteriormente para su realización:
prudencia
y práctica.
«Un examen
hecho sin plan, destruye de un modo artificial y pre-
,maturo el estado en que se encontraba el cadáver.» (i).
Y este rigor metódico es importante, no sólo para la parte mate-
rial, para el tecnicismo
práctico de la autopsia, sino que también es ne-
cesario é indispensable para su parte discursiva ó de narración, pues
en él tomarán base, cimiento y punto de apoyo, la fuerza de certeza
para el
autopsiador, y la verdad, la fe que el dictamen de la autopsia
inspire, considerado
como
documento histórico, clínico ó forense (2).
(1)
En muchos casos es de gran importancia conocer bien la situación
del diafragma. Si se abre la cavidad torácica antes que la abdominal,
ó
aca-
so al mismo tiempo que ésta, ó si aun abriendo primero la cavidad del vien-
tre no se precisa bien la situación en que se encontraba el diafragma antes
ole abrir el pecho, después ya no es posible averiguar semejante dato.
(Téc-
nica de la. Autopsias,
por R Wirchow.
. Traducción del Dr. Valle.
Págs.
12
y 13.
Ed. de
la
Revista de Med. y Cir. prácticas,
del Dr. Ulecia).
(2)
Respecto á este segundo rigor, sólo advertiré que debe aplicarse
por extremo á lo de no dar por cierto lo probable, por mucho que lo sea; ni
por principal lo secundario, ó viceversa, hasta llegada la verdadera razón de
justipreciar lo uno y lo otro. En toda autopsia debe propenderse hasta muy
terca del final á aplazar la
consignación de juicios provisionales. (Curso de
*Unica general,
por el
Dr. Letamendi.
Pág. 419).
•
AUTOPSIA JUDICIAL
Este rigor metódico puede alterarse y, por tanto, tener variaciones,
que serán
individuales,
ya del autopsiador, ya del cadáver; variacio–
nes que han de estar fundamentadas en el conocimiento pleno de
las
razones en que se funda el método, en el primer caso, y
en los datos
previos de ejecución de autopsia, en el segundo (1).
El concepto del espesor de los cortes tiene,
en general, en
toda_
autopsia importancia esencialísima, pero más en la judicial que
en la
clínica, hasta el punto de que, si en los trabajos de disección es conve-
niente que sean ejecutados con instrumentos de hoja muy larga
y an-
cha, proporcionada al tamaño del órgano seccionado que se vaya á
disecar, esta conveniencia, tratándose de una autopsia judicial,
se eleva
á la categoría de necesidad, si se ha de dar idea exacta de las altera-
ciones del fondo y de cuantos detalles se interesen, cumpliendo de
este
modo el fin con que la autopsia se ejecuta (2).
Conviene hacer notar que la técnica de una autopsia jurídica
será
especial,
pues aunque en conjunto no constituya su enseñanza mate-
ria nueva, sino, como queda expuesto, un sistema de precauciones
dentro del arte general de disecar, sin embargo, los cortes no podrán
ni deberán ser tan finos ni tan pequeños, como si se tratara de
una
preparación anatómica que hubiera de
presentarse con la
tersura
y
limpieza que constituyen su mérito. Los cortes en una autopsia judi-
cial no pueden ser de esta índole, pues ni el médico forense
dispone
del tiempo necesario para hacer una autopsia de tal manera,
ni con-
viene al buen éxito de la misma, pues como hace notar, con la autori-
(1)
Así, al abrir la cavidad craneana, el precepto establecido
es que
se
vayan examinando y descubriendo las partes en el orden en que se
presen-
tan: dura madre, el seno longitudinal superior, la pía-madre y la superficie
de los hemisferios cerebrales. Pero si se encuentran adherencias de la dura
madre con el cráneo, es conveniente incindir dicha membrana inmediata-
mente, antes de que las desgarre la cubierta ósea, y
después levantar y
des-
prender
juntas esta
cubierta ósea con la meninge que la adhiere. Pues
sise
empeña uno, á fuerza de tiempo y de violencia, en desprender la
dura-ma-
dre
adherente del cráneo, no abierto todavía, generalmente se desgarra
la
meninge adherida, se contunde y magulla el mismo cerebro, y de este
modo
lo
que se
obtiene son partes alteradas artificialmente, y cuyos
caracteres
primitivos
ya no es posible, en algunos casos, poder reconocer en
lo
suces
vo.
(Técnica de las autopsias,
por R. Wircli
i
Wirchow. Traducción del Dr.
Valle.
Pág. 11. Edición de la
Revista de Med. y Cir. prácticas,
del Dr. Mecía.)
(2)
Respecto al filo, creo que el de la navaja es el único adecuado á. cortes
necrópticos de mucho
c
ompromiso, y opino, al ver lo bien que les
va á los
histólogos con la restauración del barberil instrumento (con cuyo
'empleo se
honraron antes y después de Vesalio los más ilustres anatómicos),
que de-
biera
asimismo ser restaurada por los diseetores, mandándolas fabricar
de
mango fijo y muelle, y de diversos tamaños, desde el ordinario y muy
ade-
cuado para seccionar b
ór
c
"anos no mayores de un riñón, hasta el de cuchilla
de matarife, propia para los más grandes, como el encéfalo, el hígado, etcé-
tera. (Dr. Letamendi).
66
¡
1
N.
FERNÁNDEZ-CUEST
dad que en esta materia tiene Wirchow, dando muchos cortes y muy
pequeños en los órganos de grandes dimensiones, se viene á producir
tal estado de desmenuzamiento, que de ningún modo puede ser favo-
rable para la mejor inspección, precisamente á causa del gran número
de secciones parciales practicadas, que más parecen tener un fin culina-
rio que estar encaminadas á un objeto verdaderamente científico.
Según el Dr. Letamendi, las condiciones de una buena sección
se
reducen á tres:
Primera. Ser dada en un sólo tiempo, de modo que al llegar el fila
del instrumento á la mayor profundidad, le quede aún cierto sobrante
de hoja que no haya funcionado.
Segunda. Ser practicadas ni del todo por
presión,
ni del todo por
fracción,
pues lo uno disloca elementos histológicos de la superficie al
fondo y lo otro los arrastra en seguimiento de la hoja, sino por
tracti-
presión,
es decir, siguiendo la hoja cortante una línea mixta como de
45° sobre la tangente, imaginaria, del punto de partida del corte.
Tercera. Haber sido comenzada con el filo y las caras del cuchillo,
préviamente lubrificadas de grasa ó serosidad. La práctica experimen-
tal enseña que lo seco nunca se adapta de buen grado á lo húmedo,
por mucha que sea la humedad de una de las partes puestas en rela-
ción (1).
Los cortes en una autopsia serán grandes, de tal manera que, siendo
posible, deberán atravesar las partes.
«Una incisión amplia, aunque esté mal trazada, es preferible, regu-
»larmente, á otra pequeña, pero bien dirigida, y vale casi siempre más
►
que varios cortes pequeños y muy numerosos.» (Wirchow).
La incisión demostrativa en una autopsia será grande y extensa;
son muchos los casos en que por un sólo corte se ponen de manifiesto
las alteraciones de bastantes órganos; así ocurre con el bazo, con el ri-
ñón, con el hígado. El cerebro, sin embargo, constituye para esto una
excepción, hasta el punto de que no deberá decirse que está normal
en su totalidad hasta que, siguiendo á Gudden, se haya dividido todo
él en cortes pequeñísimos, microscópicos, y examinado cada uno de
éstos con toda minuciosidad y hasta en sus menores detalles. En opinión
de Wirchow, tratándose de la investigación cadavérica del cerebro, la
(
1
)
Wirchow emplea para cada autopsia tres cuchillos diferentes:
Un escalpelo ordinario.
Un cuchillo de autopsias (que se describe en la sección de instrumental).
Un condrotomo reforzado.
Con el escalpelo desprende y aisla las partes más finas, como vasos, ner-
vios, etc. Con el cuchillo de autopsias hace la disección de las grandes vís-
ceras y el condrotomo lo usa, además de seccionar con él cartilagos, para dar
los cortes amplios en la piel, músculos
y
articulaciones.
67
68
AUTOPSIA JUDICIAL
regla será: Cuantas menos alteraciones se hallen, tanto mayor debe
ser el número de cortes que se practiquen (1).
El proceder incruento en una autopsia claro está que no puede
obtenerse de una manera absoluta; pero el buen autopsiador deberá
evitar los grandes escapes de sangre que entorpecen la marcha de la
ejecución de la autopsia, no tan sólo por alteración en los órganos
que se investigan, sino también por la suciedad y entumecimiento que
produce en las manos del operador.
(1) Reglas que da Wirchow en su
Técnica de Autopsias,
para practicar
algunos cortes:
El
bazo,
incindiendo de arriba abajo, enmedio de su cara externa (con-
vexa).
El
hígado,
cortando de derecha á izquierda, en dirección transversal.
El
riñón,
seccionando de afuera adentro, ó sea desde su borde lateral
hasta el medio, en dirección frontal.
El
testículo,
desde su borde libre al adherente, en dirección perpendicu-
lar, partiendo en dos mitades casi iguales, que separa, entreabriendo la in-
tisión practicada.
El
pulmón,
practicando una incisión perpendicular, que desde el vértice
y el borde romo y de arriba abajo, se dirija hacia el balde interno (anterior.
medio ó cortante).
Hemisferios cerebrales.—Cada
hemisferio cerebral lo divide en dos par-
tes por medio de un corte que se dirije desde adentro, inmediatamente por
encima del cuerpo calloso, hacia afuera y algo oblicuamente. Dividido cada
hemisferio cerebeloso por un corte que, comenzando en el cuarto ventrículo
y
siguiendo la dilección del pedúnculo cerebeloso, continúe oblicuamente
hacía afuera.
FERNÁNDEZ-CIIESTA
69
III
Segundo período de la autopsia ó de labor sedentaria.—Técnica histo-micra-
bio-qmmica.—Su importancia general en la ciencia y especial en las au-
topsias judiciales.—Aprestos.--Definición y división .—Distinción entre
apresto, disección, preparación y análisis.—Material de aprestos, y ma-
nera de usarlo.- -Inspecciones
y
análisis en el acto.
Ch,é quegli
é tra gli stolti bene abbasso,
Ch,é
SENZA DISTINZIONE
AFFP1RMA Ó NIEGA,
Cosi nen' un come neir
altro pass°.
(DANTN, Par. c
XIII.)
Demostrar la importancia de los estudios histo-microbio-químicos
es, por lo evidente, innecesario, y negarla sería no admitir la verdad.
De igual manera que no es posible pensar en dedicarse á estudios de
cirugía sin conocer la técnica anátomo-patológica y la patología nor-
mal y morbosa, del mismo modo es imposible también marchar hoy,
al
compás
del progreso y de la época y al nivel de los últimos estudios y
problemas clínicos sin hallarse dispuesto y con la preparación suficien-
te para comprobar, por lo menos, las observaciones bacterioscópicas,
base de las modernas doctrinas, investigando las causas, la manera de
ser, funcionamiento y hasta mecanismos de tantos fenómenos como se
presentan en la práctica y que, excitando nuestra atención, reclaman
nuestra inteligencia para el logro y desenvolvimiento de su razón, de la
verdad, base de la observación científica.
La importancia de una técnica histo-microbio-química se impone por
sí misma y por el solo enunciado de la cuestión; no es menester demos-
trarla.
-
Sus aplicaciones son
inmensas y no
hay más que comparar la tera
péutica de hace muy pocos arios con la actual, para convencerse de la
verdadera revolución que en medicina, y sobre todo en cirugía, han
venido á causar las doctrinas bacterianas, que nacieron en. los experi-
mentos de Pasteur, y que después se han propagado con la celeridad y
voraz incremento de un incendio por todo el campo científico, á quien
alumbran con la avasalladora luz de la verdad, con la fuerza de
la
de--
mostración de los hechos.
Causa verdadero rubor el recordar el tratamiento de no ha ce mu-
chos arios para la pretendida curación de los abscesos fríos y de
los go-
mas tuberculosos; aquel
gasto inútil y considerable de medicamentos;
qué de
ioduro, de aceite de
hígado
de bacalao, de
amargos y de tóni-
cos..., cuando en el día se hace con tan buen éxito la incisión, así
como
la ablación de los ganglios tuberculosos.
El microscopio, demostrando y comprobando las doctrinas bacte-
AUTOPSIA JUDICIAL
Manas y explicand
o
por ellas las causas de muchos efectos hasta ahora,
y hasta entonces no explicados, t:ene excepcional importancia por su.
aplicación en las observaciones previas de
labor sedentaria,
segundo
período, de una autopsia judicial, pues resuelve dudas, comprueba he-
chos y demuestr
a
la verdad que ha de presidir el
dictamen,
y en la que
ha de fundarse todo su razonamiento. Por esto, y sólo para fijar tan
importante cuestión, escribo estas líneas á manera de remate, conclu-
sión ó apéndice, al estudio de los tiempos de la autopsia.
Si es evidente la importancia de la histo-microbio-química en el
desenvolvimiento y progreso de la medicina y de la cirugía, no lo es
menos su aplicación, verdaderamente transcendental, á las autopsias
judiciales, hasta el punto de que, en muchos casos, el microscopio y los
experimentos de laboratorio, resolverán la inocencia ó la culpabilidad.
de un acusado, y fácilmente se comprende, sólo al enunciar este hecho,
si es digna de atención, y la merece especialísima, parte tan importante
para la integridad y complemento de una autopsia judicial. Así lo han
reconocido todos los autores, de tal manera, que en opinión de Wir-
chow, «la preparación para esta clase de investigaciones (las micros-
cópicas), á las cuales acompañan las bacteriológicas, debiera ser inclui-
da entre las prácticas reglamentarias en que
,.
se ejercitasen los estu-
diantes y hasta los mismos médicos».
Para la mejor manera de hacer estas investigaciones, es preciso que
el médico que practique la autopsia, atento á estos ulteriores trabajos,
tan importantes, tan concluyentes, y sobre todo, tan definitivos, piense
en la preparación de los
aprestos
que han de ser objeto de sus obser-
vaciones, que no serán infalibles ni pueden tener todo su valor si no se
han practicado en las debidas condiciones y con arreglo á los princi-
pios más fundamentales de bacteriología (1).
(1) «Cábeme la satisfacción de ser el primero en señalar á los histologis-
tas una tarea especial, esencialísima, de una importancia decisiva en
la
sesión á pie firme
de un examen cadavérico. Esta tarea, de que nadie
.
da
muestras de tener noción clara, es la de
aprestos histo-microbio-quím
i
cos,
con la cual se garantiza, lo mismo ante la ciencia
que ante la
justicia, la
naturalidad y la legitimidad de los resultados más tarde obtenidos de las
tareas sedentarias. Y puesto á declarar la necesidad de que se formalice
una
técnica de aprestos
h
isto-químicos, debo añadir que
esta institución
es
de
urgente
necesidad, no sólo en el servicio de autopsias, sino también en
el
ordinario de todas las clínicas, como centros de constante relación con el
departamento histológico de la respectiva Facultad. Por falta de una
téc-
nica de aprestos,
formal, concreta y uniforme, se malogran en gran número
los ejemplares remitidos al laboratorio al descuidado cuidado de ignorantes
mozos ó de retozones internos, á quienes no se puede hoy inculpar,
porque
nada se les ha enseñado para bien cumplir con este cometido.
En las
prde-
tzcas
médic
o-judiciales, el examen de una muestra sólida ó líquida mal
aprestada puede
tr
anscender al castigo de un inocente d á la absolución de
culpable.»
(Dr. Letamendi,
CURSO DE CLÍNICA GENERAL).
70
N. FERNÁNDEZ-CUESTA
71
.1~
Apresto anatómico
es
toda operación físico-química provisional,
cuyo fin único es mantener inalterable la naturalidad de órganos ó hu-
mores
desde que se recogen del cadáver ó del enfermo hasta la opor-
tunidad de su examen sedentario y definitivo (Dr. Letamendi).
El apresto se diferencia de la disección, de la preparación y del
análisis; éstas son definitivas, término de observación; aquél es provi-
sional,
interino, previo, espera
es un supernumerario que aguarda.
vacante para ascender á disección, á preparación ó análisis por la ad-
quisición
de la categoría de numerario. Según el Dr. Letamendi,
«apresto
y
preparación
difieren por la intención».
Los aprestos pueden ser sólidos y fluidos.
(
Todos los organizados, desde el más duro hasta el
Sólidos.
menos resistente, más las concreciones orgánicas
1 de cualquier especie que sean.
. j
co
Todos los inoranizados, bien sean semiliquidos,
(
Fluidos
quidos ó gaseosos.
APRESTOS
sómnos.—Material: El material para recoger los apres -
tos sólidos, no puede ser más sencillo:
Dos tarros de cristal, de boca ancha, con tapa y de un litro de ca-
bida. Dos frascos comunes y ordinarios de cristal, y cuya cabida sea
de dos litros; en estos frascos se coloca: en uno, alcohol á 90°, y en
otro, líquido de Müller (1).
Dos docenas de chapitas de marfil, numeradas por taladro, y pro-
vistas de un alambre con que poder sujetarse al apresto que se ob-
tenga.
Como complemento, deberá tenerse alambre, alicates, tijeras y tela
que sea fina y flexible.
Extraída del cadáver la muestra sólida que ha de ser objeto de la
observación histológica, si por su tamaño ó por su textura puede ser
atravesada por el alambre, se procede desde luego á colocarle la cha-
pita
correspondiente, anotando el número de vísceras numeradas, para
después poder distinguirla oportunamente.
Si por su tamaño ó por su textura no fuera esto posible, se envuelve
en un pedazo de tela, y hecha con ella una muñeca, se numera ésta
y
se está en el caso anterior.
Recogidas de este modo las mue,tras necesarias, se colocan en los
frascos de boca ancha, echando en ellos después, y según convenga,
alcohol ó líquido de Müller. En éste, se aprestarán
con
preferen-
cia tejidos de mucha vascularización, y en el alcohol aquellos
(1) Bicromato potásico, 10 gramos; sulfato sódico, 5 gramos; agua, 500
gramos.
:,4
Si los progresos químicos
demostrasen la existencia de un líquido más
,apropiado al objeto, ese deberá ser el elegido,
Aprestos...
AUTOPSIA JUDICIAL
otros cuya vascularización sea menor. Exceptúase de esta
regla el te-
jido nervioso central, que debe conservar se siemre en alcohol,
y á
pesar de la notable vasculariz
a
ción
de su c orteza, tanto en
estado
nor-
mal,
C01113
en estado patológic o. Después se tapa el frasco,
y
para
en-
viarlo
al Laboratorio, se envuelve, lacra y sella.
Estas operaciones deben hacerse precisament
e
á
la
vista
del juez
6
delegado judicial que presencie la autopsia.
APRESTOS
FLUIDOS.—Instrumental.—E1
instrumental para
los apres-
tos líquidos, lo constituirán una serie de jeringas de tamaños diferen-
tes (desde 5
gramos á 450 gramos),
y las disoluciones antisépticas
ne-
cesarias
para la limpieza y conservación de estas jeringas (blicoruro
de
mercurio—ácido bórico) (1).
Como se ve, si era sencillo
y corto el
instrumental necesario
para
recoger los aprestos sólidos, no es menos sencillo en calidad y
en can-
tidad el
que se necesita y emplea para la
obtención de los aprestos
líquidos.
En las autopsias judiciales, es lo general que éstos
tengan que
ser
en pequeñas cantidades,
y
por lo mismo importa mucho, y es de
im-
prescindible necesidad, el que no se desperdicie la más pequeña por-
ción de las muestras obtenidas.
Fácilmente se comprende el mecanismo para obtener
esta
clase de
aprestos, y no hay para qué describirlo.
Como con los aprestos sólidos, una vez
recogidos en las jeringas,
los líquidos que hayan de analizarse, se cerrarán, lacrarán y
sellarán
éstas, en
presencia del juez ó delegado judicial que presencie la autopsia.
Las inspecciones
y análisis
en
el acto deben
considerarse de impor-
tancia,
y la tienen muy efectiva, pero sólo de una manera relativa
y
como datos á comprobar en el período
de
labor sedentaria,
pues úni-
camente
por esta comprobación, y después de
ella,
obtendrán
el
grado
de certeza que tanto han menester para constituir la
base y el funda-
mento
del dictamen médico-judicial.
En las autopsias judiciales «conviene no
olvidar
que
de
la mayor
probabilidad ó la certidumbre
va, intelectual y
realmente el infinito».
(1) El Dr.
Letamendi
describe en su
Clínica general
una jeringa especial
para
obtener esta clase de aprestos, que sería muy conveniente
se
adoptase
regl
amentariamente en la práctica
de autopsias judiciales.
Tiene la
i
napreciable ventaja de poder conservar inalterable, en canti-
dad
y
calidad, el líquido recogido.
Se diferencia de las jeringas ordinarias, comunes y corrientes,
en
que
el
inbolo lleva un tornillo graduador de presión, que sirve para fijar su posi-
ción en
c
ualquier punto de la longitud del arbol de bomba, de suerte
que
no
pueda obrar en sentido impelente, expulsando una parte ó
la
totalidad
del
Co
ntenido,
y en
que el pico ó
sifón es
li
geramente olivar
y
se cierra por
me-
dio de un cabo de sonda ciega, que sirve de funda obturatriz, que,
impi
-
diendo al émbolo todo movimiento aspirante,
resiste asimismo á los im-
pelentes,
72
N. FERNÁNDEZ-CIITESTA
73
IV
Segundo período de la autopsia.—Protocolo.—Su importancia y concepto.
—Registros de protocolos de autopsias judiciales.—Partes de que consta el
protocolo.—Dictamen médico-judicial.—Deber fundamental preservativo.
—Norma de obediencia debida.—Norma de alzada.
Consignado en el capítulo anterior cuanto se refiere á la técnica
histo-microbio-química, en su aplicación á la autopsia judicial y en la
competencia dé este libro, queda, para terminar el estudio del segundo
período del trabajo autóptico, hacer el del
protocolo
como objeto y
resultado final de una autopsia.
Una vez practicadas y concluidas las tareas de laboratorio y de
disección y bibisección, y teniendo á la vista todas las observaciones
recogidas y anotaciones hechas y en presencia de los diseños, residuos
químico-analíticos, preparaciones, y, si pudiera ser, fotografías y hasta
fototipias, constituyendo todos estos datos las resultas documentales
de la autopsia practicada, se procederá por el Médico forense, y solo
por
el mismo (1), á la redacción del
protocolo.
El protocolo de una autopsia debe constituir, para el profesor ó
profesores que la hayan ejecutado, un documento del mismo valor y
de la misma importancia y significación que lo es para el Notario, tra-
tándose de hechos de fe pública; y de cada autopsia que practique ó
practiquen, se guardará la
matriz,
el original, el
PROTOCOLO,
que debe
conservarse y coleccionarse convenientemente; y aquí doy base para
que, explotada esta idea, pudiera establecerse un Registro especial,
perfectamente reglamentado, que sería de evidente utilidad para las
funciones de los Tribunales de justicia en materia criminal.
El protocolo consta de cuatro partes
ó
secciones:
Primera. Relación de la autopsia.
Segunda. Deducciones inmediatas (anatomo-patológicas) de los
hechos observados.
Tercera. Conclusiones mediatas periciales concretas.
Cuarta. Reflexiones transcendentales de orden pericial, en armonía
con la importancia del caso propuesto.
De este protocolo, formado con este orden y á tenor de este plan,
(1) El funesto precedente de las delegaciones
en materia
de documentos
implica graves responsabilidades.
5
74
AUTOPSIA JUDICIAL
se saca,
por el mismo Médico-forense,
una copia, que es la que consti-
tuirá el DICTAMEN
MEDICO-JUDICIAL,
que entregará, previas las formalida-
des de rúbrica, lugar, día, hora, sello y firma, al Juez, Magistrado 6
autoridad que lo reclame, y ante quien se evacue la diligencia.
Deber de todo médico es, pero más del médico forense, que por la
especiabilidad de su misión ha de estar en roce continuo con Tribuna-
les y justicias, la colección y el conocimiento exacto de toda la mate-
ria jurídica legislada respecto á sus funciones, atribuciones y deberes (I);
de este modo podrá corregir los abusos de autoridad que emanen de
error, oponiendo á ellos, con el respeto debido, pero con la energía ne-
cesaria, la razón que, fundada en las leyes y reglamentos, ampare su
derecho, defendiéndose de arrogancias
ó
irreflexiones, arbitrariedades
ó
ligerezas.
Contra los abusos por depotismo, no hay más remedio que el cum-
plimiento exacto de los deberes profesionales y de perito, con la altura
de miras y el elevado aspecto que requieren siempre la misión del mé-
dico, cuando éste lo es en el orden científico y técnico y en el orden
moral.
Y en estas líneas queda contenida toda la doctrina que encierra
Ya conducta del médico forense en una diligencia de autopsia: ciencia
y
moralidad.
(1) «Este consejo acentúolo más si cabe en lo gubernativo y en
lo
judicial.
»civil que en lo penal; puesto que
si,
para
todo médico honrado, lo que sea
'delito, ya dentro de la propia conciencia, lo leyó mucho antes que en
el
Có-
digo, en cambio, lo gubernativo y lo civil, por entrañar mucho de
eonven-
»cional
y
relativo
á
tiempos y lugares, no
sabe uno cuál cosa sea lícita, cuál
»la ilícita, hasta que lo aprenda de oídas ó leídas, ya que en esto cabe, y sin
'milagro sucede, que lo moralmente
no deshonesto,
implique pena por sólo ser
»
ilegal.»
(Dr. Letamendi.)
11. PtI/NÁNDEZ-CtrESTA
75
EXAMEN CADAVÉRICO
Observaciones previas.—Traslación del cadáver. —Examen general total ex-
terior del cadáver.—Tiempos de este examen.
El examen cadavérico puede ser
exterior
é
interior:
al
primero se
le llama
inspección,
constituyendo el segundo
la
autopsia,
propiamente
dicha.
El examen cadavérico exterior comprende el conocimiento y es-
tudio de cuantas particularidades y detalles ofrezca el cadáver, tanto
en general como en sus distintas partes.
Para hacer debidamente este examen hay que estudiar el
lugar
donde se encuentra el cadáver y objetos que le rodean, y después el
aspecto general y exterior que este cadáver presenta.
Primero.
Tratándose de una autopsia judicial, es de la mayor
importancia fijar con exactitud, aportando para ello el mayor número
de datos posibles, recogidos en el lugar de la observación, del sitio y
objetos que rodean al cadáver. Por esta razón, se consignará precisa-
mente si está 6 no apartado de la vía pública; si está en una charca,
una letrina, un sitio húmedo, caliente, seco ó frío; si se halla en el agua
6 debajo de tierra. Si el cadáver está en el campo, hay que examinar,
antes de nada, el aspecto y estado de cuanto le rodea; si las yerbas 6
arbustos están tronchados 6 manchados de sangre, precisando si estas
alteraciones 6 manchas son antiguas 6 recientes; si hay piedras remo-
vidas 6 ensangrentadas; si hay huellas de pisadas y qué dirección tie-
nen; si hubiera esparcida sangre en las inmediaciones, deberán seguirse
las señales y calcular aproximadamente la cantidad que haya podido
derramarse. Se anotará la hora exacta en que se haya descubierto el
cadáver. Si hay en el suelo señales de haber luchado. Si cerca hay
lazos, cuerdas 6 algún instrumento vulnerante, y cuál es su situación
respecto del cadáver; si se halla colocado en una de sus manos, será
indispensable comprobar si lo tiene bien cogido, sujeto y agarrado, 6
si ha sido puesto después de causadas las heridas; circunstancia suma-
mente importante y de esencial transcendencia para distinguir un caso
de
homicidio de otro de suicidio, y que
puede esclarecerse mucho por
la
manera de estar cogida el arma 6 instrumento, por la mayor 6 me,
AUTOPSIA JUDICIAL
nor presión de
los
dedos sobre
él,
postura,
etc., etc. Si el cadáver se
encuentra en una casa, hay que observar el aspecto de la habitación
ó
habitaciones, situación de
h
los balcones
y
de las puertas, distribución
de los muebles, señales que sehallen en éstos y en las puertas, balco-
nes, paredes, suelo, etc., etc., cuantos detalles y
pormenores puedan
recogerse,
que,
por nimios
ó
insignificantes que parezcan á primera
vista, siempre tendrán 6 pueden tener importancia, pues sabido
es
que, en ocasiones, el descubrimiento de un delito,
su
esclarecimiento,
la fiel y exacta representación de cómo se verificó, recomponiendo la
escena del suceso, tal cual fué, es obra y depende de algún detalle ol-
vidado como insignificante ó de alguna circunstancia que
no se anotó
por haber sido considerada sin
valor alguno.
Si el cadáver se ha extraído del agua, tratándose, por tanto, de un
caso de
asfixia por submersión,
tan frecuente en la
práctica del mé-
dico de la armada, convendrá precisar, por los medios y de la manera
que oportunamente consignaré, si el muerto fué arrojado al agua vivo
ó
herido ó
ya cadáver; si ha muerto de
síncope; calcular el tiempo
que transcurrió desde la realización del hecho casual, criminal 6 de
suicidio al momento de la investigación científica. Intensidad de la ri-
gidez cadavérica; posición de los párpados, de la boca y de la lengua;
contracción de
los
miembros; equimosis, erosiones, arrancamiento de
la piel y dislaceración en los pulpejos de los dedos; si los huecos de
las uñas tienen fango ó tierra, lo que demostrará que el sitio donde
tuvo lugar el suceso era de poco fondo. En las costas es frecuente
observar estos cadáveres con fracturas y contusiones, producidas por
arrojarles el oleaje contra las piedras. En este caso puede afirmarse
que el individuo cayó 6 le tiraron al agua vivo.
Se estudiará el declive de la habitación
y se hará levantar la estera
6 alfombra, si la hay, pues de este modo, si hubiera habido en ellas
sangre, que se hubiese lavado después cuidadosamente, nunca habría
sido de manera que, levantadas, no aparecieran la mancha ó manchas
en los ladrillos, baldosas 6 pavimento. En casos especiales, este deta-
lle es de la mayor importancia. El médico forense debe tener instinto
especial en este período de observaciones previas y acumulación de
datos y antecedentes preliminares al trabajo técnico. Un estudio que,
en este sentido, no debe olvidarse, es la observación de la manera
de estar vestido el muerto; y la colocación de las distintas pren-
das, botas, calcetines y medias, ó por la ausencia de éstos, detalles
todos de
in
dumentaria, que, en ocasiones, pasan inadvertidos
al
criminal más previsor y que el médico forense no debe
olvidar un
sólo instante, practicando esta parte de su cometido con esquisita
proligiosIdad y verdadero lujo y riqueza de detalles. Realmente, en
este capítulo pueden darse pocos consejos, y, sobre todo,
no puede ha-
cerse que
totalmente la esfera de acción del médico forense
r cir-
cunscriba á los límites
tax
ativamente marcados y dispuestos en regla-
76
N, FERNÁNDEZ-CUESTA
77
mentos, órdenes 6 disposiciones de carácter general 6 transitorio. El
médico forense deberá observarlo todo, y de todo deducir lo que su
ilustración 6 su ingenio le demuestren.
Segundo.
Recogidos y consignados cuantos datos hayan podido
suministrarse y adquirido, para la mejor determinación del lugar don-
de se encontró el cadáver y objetos que le rodeaban, es la ocasión de
pasar
á
su examen general exterior, y en éste, lo primero que habrá
que comprobar es la realidad de la muerte; claro está que de esta ob-
servación previa habrán de exceptuarse aquellos casos en los que, por
la naturaleza de la causa ó causas de muerte, ésta no ofrezca la me-
nor duda. Después se consignará la posición del cadáver, especifican-
do en ella si está de espalda, boca abajo ó de lado; si las extremidades
están extendidas ó dobladas; si las manos están cerradas con mayor
ó menor fuerza, ó, por el contrario, abiertas. Si los vestidos están in-
tactos, viejos ó usados, rotos, limpios ó manchados de lodo, excremen-
to, polvo, sangre, etc., rasgados ó cortados, y forma, magnitud y di-
rección de estos cortes. Luego se expresará, hasta donde sea posible,
por el examen general exterior de un cadáver, su edad, sexo, esta-
tura, estado de robustez, color, cicatrices, manchas, estado de sus
dientes, deformidades, etc., etc., todos cuantos detalles sugieran al
examen de su aspecto externo.
No es lo general ni más frecuente, ni sería tampoco lo mejor, y
casi puede considerarse lo contrario como una excepción, el poder
ejecutar la autopsia en el mismo sitio donde se encontró el cadáver;
por esto habrá que pensar en su traslación al lugar que la autoridad
haya designado 6 tenga dispuesto, 6 al local donde se acostumbre á
realizarla; en este concepto, el médico forense cuidará muy mucho de
que «en la traslación el cuerpo muerto no experimente ni bruscas
»sacudidas, ni vueltas inmotivadas, •que pueden contribuir á cambiar
»el estado natural de relaciones orgánicas y las condiciones estéticas
»de los humores.»
Para esta traslación serán preferidas las angarillas ó parihuelas, y
si esto no fuera posible y absolutamente preciso colocar el cadaver
en
un
coche, carro, etc., se cuidará de sujetar la cabeza, de modo que las
oscilaciones y los movimientos sean lo menos sensibles, tapando cui-
dadosamente las aberturas por donde puedan salir líquidos cuyo aná-
lisis importe, y que, por lo tanto, sea necesario conservar.
Llevado el cadáver á su destino, si se cree necesario se practicará
un nuevo reconocimiento, procurando colocar las heridas en la misma
posición en que se las encontró en el primer examen.
Si no fuera posible practicar la autopsia inmediatamente, por opo-
nerse á ello lo avanzado de la hora, falta de instrumentos ó cualquier
otro requisito material ó judicial, el médico forense cuidará de impedir,
ó procurará por cuantos medios estén á su alcance, retardar el mayor
tiempo posible la putrefacción del cadáver; para este caso, aconseja el
78
AUTOPSIA J (MICIA14
Dr. Orfila colocarlo en un
sitio
fresco, y aun cubrirlo de hielo, carbón,
arena muy fina, esparciendo sobre él líquidos alcohólicos (i).
Desnudado el cadáver, se observará si presenta contusiones, frac-
turas, escoriaciones, picaduras ó heridas, y en caso afirmativo, se des-
cri
L
irán detalladamente, especificando la situación, forma, longitud, la-
titud y profundidad. Se examinará si la piel está cubierta de un barniz
sebáceo y si se desprende la epidermis. Se cuidará muy especialmente
de determinar si las manchas lívidas que se observen son equimosis,
livideces cadavéricas 6 verdugones, y si los órganos genitales ó el ano
han sido asiento de enfermedades, sobre todo sifilíticas, viendo también
si existen alteraciones que, en la mujer, se hubieran podido producir
por la violación, el aborto, el parto prematuro, etc., anotando si estaba
menstruando ó ha habido actos de pederastia. Asimismo, se comprimirá
el Fecho para ver si salen gases, y si el cadáver perteneciera al sexo fe-
menino, se especificará el tamaño de las mamas, y comprimirá el pezón
por si sale leche ó algún flúido lechoso. Si el abdomen está terso, re-
sistente ó blando y si los miembros presentan la disposición, forma
y
consistencia que les corresponde normalmente. «El mayor ó menor
adelanto de la putrefacción del cadáver se observará cuidadosamente,
considerando las circunstancias de temperatura, clima y localidad que
hayan podido avanzar esta desorganización. »
Lo expuesto constituye los principales datos necesarios, 6 que
deberá tener en cuenta el médico forense al ocuparse del examen ex-
terior del cadáver; reunión de datos que, en opinión del Dr. Leta-
mendi, forma la verdadera
cédula de padrón del muerto.
Para la medición general del cuerpo, ó para las mensuraciones par-
ciales que haya necesidad de practicar, pesos totales
ó
específicos, et-
cétera, etc., van á continuación las dos secciones de
Estathomometría
general y visceral, ó particular.
(1) Debe preferirse el último adelanto.
,
""57
,
•
PERNÁNDEZ-OtTESTA
79
1,`‘
PRONTUARIO GENERAL ESTATHOMOMÉTRICO
(5
DE EXAMEN .DE PESOS Y MEDIDAS (1)
11;
PUNTOS DE REFERENCIA ANTROPROMÉTRICA
He aquí los principales lugares exteriores del cuerpo humano, que
suelen ser punto de partida ó término de relación antropromética:
I.°
Vértice ó cincipucio.-2.°
Inion 6
protuberancia occipital ex-
terna.-3.°
Bregma
(que quiere decir
cerebro,
testa, pero que se toma
por raíz frontal de la cabellera, ó más comunmente, entre anatómi-
cos, por punto de encuentro de la rotura bi-parietal con la fronto-pa-
rietal).-4.°
Glabela 6
punto intersuperciliar.-5.°
y 6.° Puntos super-
ciliares.-7.° Punto radi-nasal.-8.° Pulpejo ó lóbulo nasal.—g.° Punto
subnaso-labial.—Io y
I I.
Puntos alveolo-dentarios medios superior é
inferior.--12. Menton.-13 y 14. Puntos fronto-malares externos.—
15 y 16. Puntos anguli-maxilares.-17 y 18. Puntos auditivos.—I9.
Punto cervico-prominente.-20. Punto suprasternal.-21. Punto sifox-
ternal (punta del apéndice).-22 y 23. Puntos toraco-mastodes (tetilla
en el varón).-24. Punto umbilical.-25.Punto suprapúbico.-26. Pun-
to perineal.-27 y 28. Puntos acromiales.-29 y 30. Puntos olecráni-
cos.-31 y 32. Puntos radio-trocoídes sup.-33 y 34• Puntos cubi-
radio-estíleos.-35 y 36. Puntos digito-medios.-37 y 38. Puntos
espino-ilíacos.--39 y 40. Puntos trocantereos.-41 y 42. Puntos supra-
peroneos.-43 y 44• Puntos subgastronemios.— 45 y
46.
Puntos ma-
leolo-internos.-47 y 48. Puntos tubero-calcáneos (opuestos al núme-
ro I.' para la total talla).—Y 49 y 50. Puntos calcáneos-ungueales.
El sistema de medición más rápido consiste en proceder por medi-
das simples relacionadas con la longitud
total del cuerpo (talla) ó con
la de cada miembro, según el lugar de la medición parcial, sacando
luego, por simple resta, la medición parcial complementaria corres-
(1) Tomado de la obra del Dr.
Letamendi,
Curso de Clínica general.
Pá-
ginas
426
y
siguientes.
SO
AUTOPSIA JUDICIAL
pondiente. Así, por ejemplo, si la talla es ioo y la distancia
del
vértice
al punto
suprasternal
es
18, sin necesidad de medida, sabemos que la
del punto
suprasternal
al
tubero-calcaneo
es 82, ó si antes hemos to-
mado la de 82, deduciremos que su complemento debe ser de 18.
Cuanto á las especiales medidas cefálicas con aplicación á determi-
naciones étnicas ó judiciales, su natural dificultad, originada de la exac-
titud que requieren, se aumenta por la imperfección del instrumental
hoy disponible para verificarlas. De esperar es que, el día menos pen-
sado, por una de esas felices intuiciones que nos sorprenden por su
mismasencillez,sc cié con
un poliganiámetro,
simple, exacto y expedito.
N. FERNÁNDEZ- CUESTA
pSTATI-101Vi0NI.ETRÍA VSCERAL
(
j
)
PESO
Y MEDIDA DE ENTRAÑAS
.
, DANDO PREFERENCIA Á LAS CONSIG-
NACIONES DE MÁXIMA Y MÍNIMA SOBRE LAS DE TÉRMINO MEDIO , POR
SER
AQUÉLLAS LAS QUE TIENEN VERDADERO CARÁCTER PRÁCTICO, PUES
SEÑALAN LOS LÍMITES REALES INDICADORES DE LA_ NORMALIDAD
(Extractado de notas de los Doctores Letamendi, Sappey, Calleja, Olóriz
y otros autores, y algunas observaciones propias.)
ENcÉFALo.—Capacidad craneal
(en la escala étnica).
Máxima, 1,535; mínima, 1,230.
Peso especifico:
es al agua,
como 1030 es á
1000
(Muschembroeck).
Peso total
de la víscera: máximo,
1,510 gramos; mínimo, 1,060
gramos.
Diferencia:
450
gramos.
Repartición proporcional del peso, según Sappey:
Cerebro:
hombres,
1,187;
mujeres, 1,093.
Cerebelo:
hombres,
0,143; mujeres, 0,137.
Istmo:
hombres,
0,0215; mujeres,
0,0200.
Bulbo:
hombres,
0,0080; mujeres, 0,0075.
En el siguiente cuadro pueden apreciarse mejor las diferencias y
las
proporciones de éstas:
Cerebro. Cerebelo.
letra°.
Bnlbo.
Hombres .....
1,187 0,143 0,0215 0,0080
Mujeres..
1,093
0,137
0,0200
0,0075
Diferencia
en
favor
del
hombre
0,094
0,006 0,0015
0,0005
Las observaciones de Parisot son aproximadas; hechas en 16
hombres y 16 mujeres, ha llegado á resultados muy semejantes. El
peso medio del encéfalo, para este autor, no excede en el hombre de
1,287, y
en la mujer
de
1,217,
siendo, por tanto, la diferencia en peso
de uno á otro de 70 gramos.
•
n1 y
82
AUTOPSIA JIMIO:L
A
ti
Según Parchappe, el peso medio del encéfalo
es en el hombre de
1,323, y en la
mujer de
1,210,
que dan una diferencia á favor del
hombre de 113.
Como se
ve,
aunque en proporción distinta, lo mismo las observa-
ciones de Letamendi como los trabajos de Sappey, de Parisot y de
Parchappe, dan mayor peso al encéfalo en el hombre que en la mu-
jer;
arrojando una diferencia que, según Sappcy, puede apreciarse en
100 gramos próximamente ó en un 8 por '00.
Peso del total encéfalo con relación al total cuerpo, como 1 á 47.-
Queda demostrado que el peso
y
el volumen del encéfalo varían
según el sexo; pero también pueden variar, y de hecho se observa
esta variación, según la edad, según los individuos, sus profesiones,
estatura, estado de saludó enfermedad y según las razas.
.Edad.—Las
observaciones de Broca (i) en 347 casos, tomados á
Wagner y divididos en cinco series de á diez años cada serie, lo de-
muestran de manera bien elocuente:
Peso del encéfalo.
Hombres.
Muj eres.
Diferencias sexuales.
De
21
á
30 años
1,341
1,249
92
De 31 á 40
1,410
1,262
148
De 41 á 50
1,391
1,261
130
De 51 á 60
1,341
1,236
105
De 61 en adelante
1,326
1,203
123
De este cuadro se deduce:
1.° Que en todas las edades el encéfalo del hombre es más pesado
y
voluminoso que el de la mujer.
2.° Que llega á su mayor desarrollo á los cuarenta años en los dos
sexos.
3.° Que apenas varía de cuarenta á cincuenta.
4.° Que entonces principia á disminuir.
Esta disminución de volumen, en opinión de Sappey, es primero
lenta,
f
recuentemente casi nula, y se hace más rápida á los setenta
años, y sobre todo de setenta á ochenta.
Según los
indiv
iduos.
—Cuáles
son los límites extremos de volumen
y
de peso del encéfalo del hombre?
Sappey
ha observado un caso,
cuyo peso era de 1,510, y otro que no excedía de
1,062,
habiendo, por
tanto, una diferencia de 448 gramos. En la mujer, estos límites extre-
mos son mucho menos
c
onsiderables; las observaciones de peso má-
ximo dan 1,376, y la mínima 1,088; la diferencia es, pues, de 288
gramos.
(1) Broca,
Sur
le
volume
el le
forma du cerveau,
1861, pág. 15.
De aquí se deduce que, aun siendo el
encéfalo más considerable
en el sexo masculino, hay un gran número de mujeres que tienen su
masa encefálica superior y más desarrollada en peso y volumen.
El límite mínimo puede descender hasta 1.000 gramos para el
hombre, y 900 para la mujer (i).
Profesión.—Partiendo del hecho demostrado de la relación íntima
que existe entre los órganos y las funciones, Mr. Lelut ha establecido
las siguientes conclusiones:
L
a
El encéfalo es, en general, más pesado y voluminoso en los
hombres inteligentes que en los cretinos.
2.
a
Esta proporción más grande de peso y de volumen, es más
notable en los lóbulos cerebrales que en el cerebelo.
La energía del encéfalo está, pues, en razón directa con su des-
arrollo.
Estatura.—La
influencia de la estatura en el peso del encéfalo, se
manifiesta en los dos sexos, pero de manera más notable en el
hombre.
En el siguiente cuadro se expresan estas diferencias, en conformi-
dad con las observaciones de Parchappe:
Metros
Estatura ...
Variaciones del peso
y
Hombre .
volumen del encéfa-
((?eso medio)
1,74
1.330
1
63
12
1
,54
lo, según
la
esta-
j
Estatura .
tura
Mujer .. ,
•
((Peso medio)
1,61
1.218
1,5
1.193
Astado de salud ó de- enfermedad.—El
centro encéfalo-medular
no permanece extraño á las variaciones de volumen que sufren
los
demás órganos. La substancia blanca, compuesta casi en su totalidad
de materias grasas, se reduce cuando el tejido adiposo tiende á dismi-
nuir ó desaparecer en el resto de la economía, y, por el contrario,
aumenta cuando este mismo -sistema se hace más considerable (2).
Razas.—Después de los experimentos de Virey y Palissot de
Beauvois, y de los de Tiedemann (3), Mr. Morton (4), observando II()
(1)
Peso del encéfalo
de algunos hombres notables:
El de Dupuytren,
1,436; el de Cuvier, 1,831; el de Cromwell, 2,229 (ob-
servación de
Baldinger); el de lord Byron, 2,238.
(2)
Para mayores detalles, consúltense las opiniones de Halle
y de
M.
Foville.
Además, Sappey.
(Tratado de anatomía descriptiva.
Tomo in, pági-
nas 46
y
47).
(3)
Consúltese Sappey, obra citada. Tomo ni, pág. 42.
(4)
Naturalista americano.
Metros. I Diferencia.
1
76
6 6por 100
25
S4
AUTOPSIA JUDICIAL
cráneos, de los que 38 pertenecían á la raza germánica, 64 á la raza
negra y 8 á la australiana, ha establecido la proporción siguiente:
Razas.
Número de los cráneos.
Capacidad media.
Germánica.....
Negra.,
Australiana....
38
64
8
1.534 cent. cúb.
1.371
»
1.228
»
«Comparando los cráneos de las tres razas, se ve que si la capa-
cidad de las últimas está representada por 100, la de las segundas será
igual á '11,86, y la de las primeras
á 124,8.»
»Así, elevándose de la raza australiana á la raza negra, la capaci-
dad
del cráneo se aumenta un
12
por 100 y un
25
por 100, ascen-
diendo hasta la raza germánica; diferencias considerables que parecen
corresponder bastante bien á la diferencia intelectual de las tres
razas.»
MÉDULA ESPINAL.
—Peso
total.—De
25
á 30
gramos.
Peso relativo.—Al
istmo y
bulbo,
como 1
á i; al cerebelo,
como
á 5; al cerebro, como 1 á 43; al conjunto encéfalo, como 1 á 50.
LÍQUIDO CÉFALO
RAQUÍDEO.—Cantidad
normal.—(i)
Máxima, 156
gramos; mínima, 125; término medio,
140.
Término medio,
63; y por vejez y enfermedades
diversas puede
llegar de
200 á 370
gramos (2).
GLOBOS
OCULARES.—
teso.—Término medio, de
7
á 8 gramos.
Diámetro medio, 23 á
24
milímetros, reducidas las
pérdidas por
reabsorción agónica y evaporación cadavérica.
ESTÓMAGO, —
Diámetros.—
(A
media plenitud)
longitudinal 6
(1)
Según Cotugni.
(2)
Ob
servaciones de Magendie,
14. PtENÁNDEZ-CUESTA
85
4k
transverso, 25 centímetros; de curva á curva, distancia máxima
12
centímetros; de cara á cara, distancia máxima, .5 centímetros.
Por su gran variabilidad, pueden consignarse pocas dimensiones.
HÍGADO.
—Diámetro
transversal.
Máximo, 37 centímetros; míni-
mo,
22
centímetros.
Diámetro antero-posterior.--Máximo,
27
centímetros; mínimo, 17
centímetros.
Diámetro
vertical.
--Máximo, 8 centímetros; mínimo, 5 centíme-
tros.
Peso del
hígado.—Sin desangrar: Máximo, 2,885 gramos; mínimo,
1,310 gramos. Desangrado: máximo: 1,000 gramos; mínimo, 950
gramos.
Peso
específico.—Término medio, 1,0467.
PÁNCREAS.—Medidas.—Largo máximo, 158 milímetros; mínimo,
150; ancho cabeza: máximo, 55 milímetros; mínimo, 45 milímetros;
ancho: cuerpo y cola, máximo, 42 milímetros; mínimo, 35 milímetros.
Peso.—Máximo,
6o
gramos; mínimo, 35 gramos.
BAzo.—Diámetros promedios
norma/es.—Longitud,
13o
milíme-
tros; antero-posterior, go milímetros; transversal, 38 milímetros.
Mínima por atrofia.—De
8o á
go longt.
Máxima por
hipertrofia.-350 (los demás diámetros reducidos
en proporción).
Peso.—Máximo, 335 gramos; mínimo, 95
gramos,
RIL00
n
11••
n
•
n
*•••••
n
../A
LARDIGÉ.—Diámetros
promedios,
con
SUS
máximos y mínimos
fe-
lativas por razón de sexo y en edad adulta.
Diámetro
vertical.---
Máxima:
varón, 45 milímetros; mujer, 36 mi-
límetros.
Diámetro transversal.—Varán,
44
milímetros; mujer,
43
milíme-
tros.
AUTOPSIA JUDICIAL
Diámetro antera posterior.
--Varón,
37
milímetros; mujer, 28 mi-
límetros.
Circunferencia.—Varón,
137 milímetros; mujer, ii5 milímetros.
PULMONES.
—Diámetros.—Vertical-posterior.—De 26
á 27 centí-
metros en disminución hacia adelante.
Antero-posterior.—(Espacio
máximo.) De 16 á 18 centímetros.
Transversal.—(Cuar
t
o
6 quinto espacio intercostal.) De 9 112
á I
o
centímetros.
En los dos últimos diámetros el pulmón derecho aventaja algo al
izquierdo.
Peso especifico.—Vírgenes
de respiración, de 1,042 gramos
á
1,092; ejercitados en respirar, de
0,356
gramos á 0,625 (disminución
debida al aire contenido).
Peso absoluto.—Recién
nacido, que no ha respirado, ambos pul-
mones, de
6o
á 65 gramos; recién nacido, que ya respiró, de
8o
á 108
gramos. Este aumento es debido al peso de la sangre contenida en los
vasos respiratorios. De aquí el mayor peso absoluto y menor peso es-
pecífico por el doble y contrario efecto de presencia constante de san-
gre y de aire consiguiente al acto respiratorio.—Peso
absoluto,
com-
parado: adulto, ambos por junto, de 1,000 á 1,300 gramos, con unos
I00
gramos de diferencia de más el derecho.—Peso
anormal máximo,
por hapatización 6 por hipostasis, vital 6 cadavérica, 4,000 gramos.
CoRAz6
/
4.—
Medidas.—Adulto: Circunferencia basilar de los ven-
trículos, 26o milímetros. Desde raíz aórtica al vértice del corazón, Ioo;
diámetro transverso en la unión del corazón auricular con el ventricu-
lar, un decímetro;
máximo
fondo
(de cara externa! á cara diafrag-
mática), 52 milímetros. En la
hipertrofia gravidarum,
el espesor de
las paredes aumenta de 114 6 más.
Peso.--De
250 á 290 gramos, con unos 40 de diferencia, por el
sexo inferior del varón.
700
Mínima atrófica.-135
gramos;
máxima hipertrófica,
630 y
hasta
gramos,
N. FERNÁNDEZ-CUESTA
87
El corazón, por sus usos y por su contextura, ofrece muchas dis-
cordancias entre peso y volumen.
RusIoNEs.—Medidas.--En adulto, varón: términos medios, largo,.
125 milímetros;
•
ancho, 70 milímetros; espesor, 30 milímetros. Poco
menos en la mujer; las diferencias entre máxima y mínima, no llegan
o
á un centímetro.
Peso.—Entre varón y mujer, máxima observada, 264 gramos; mí-
nima, 107 gramos.
TESTES.—Muy variables en tamaño y peso, según individuos, eda-
des
y
estados locales.
Gran diámetro normal.—De
3 á 5 centímetros.
Peso normal.—De
13
á
30 gramos.
ÚTERO.—Diámetro intertubario.—De 32
á 44 milímetros, en esta-
do virginal de la entraña. De 34 á 46 milímetros en primíparas, y de
36 á 50 milímetros en multíparas.
Longitud
ó altura total del órgano: Máxima, 90; mínima, 60.
.Peso.—En
vacuidad, de 32 á
5 5
gramos. Preñez á término, de 900
á 1.000
gramos.
En el capítulo siguiente doy á conocer el instrumental necesario
para
realizar una autopsia y á prevenir las contingencias
posibles
en
su práctica; asimismo, se describen los instrumentos adoptados última-
18
AUTOPSIA JUDICIAL
mente por los más ilustres disectores, dando, también, una noticia del
Reglamento del material para autopsias, alemán, y del vigente en el
Cuerpo de Sanidad de la Armada, únicos, que tienen legislación espe-
cial sobre este asunto, para el que tanto se impone.
Nadie puede dudar que contribuye en gran parte el mejor éxito
de
las disecciones poder disponer de un material para los trabajos, no sólo
adecuado, sino en perfecta relación con los adelantos y progresos de
Su tecnicismo.
¡En cuántas autopsias jurídicas no habrán podido obtenerse el resul-
tado que legítimamente había derecho á exigir por falta material de
medios de ejecución!
Esta consideración no necesita comentarios de ninguna espacie,
y
ella sola debe bastar para imponer una reforma tan esencial y necesa-
ria, por la trascendencia de los juicios que de ella habían de deducirse.
Los adelantos é incesantes progresos de la anatomía patológica,
exigen trabajos especiales de Laboratorio, indispensables en el período
de análisis ulteriores ó de
labor sedentaria
de una autopsia, y que no
se podrán verificar si no se dispone de un material apropiado, que
no
puede improvisarse, para el diverso casuismo de la práctica médico–
forense.
y
INSTRUMENTAL
Instrumental necesario para verificar una autopsia.—Reglamento de mate-
rial sanitario, vigente en la Armada.—Noticia del Reglamento de mate]
rial sanitario médico-forense alemán.—Cuchillo de Wirchow.—Serrucho
craniotómico, Letamendi. — Pasalazos.—Trocar sifón. — Zócalo cranio-
elástico.
INSTRUMENTAL NECESARIO PARA VERIFICAR UNA AUTOPSIA (I)
Bímetro rígido de cinta, compás de espesor, cortabón métrico-de-
cimal y los goniómetros más acreditados, como hoy, por ejemplo, el
facial medio y el lateral de Broca.—Lápiz dermográfico.
Areómetros de Beaumé y de Nicholson.
Martillo de gancho.—Mazo.—Raque6tomo simple de Amussat.—
Idem doble de sierra.
Dos cuchillos de amputación recta y de 20 centímetros hoja.—Dos
escalpelos fuertes.—Cuatro íd. usuales.—Dos neurótomos ambifilax.—
Un costótomo.—Un condrótomo de 23 centímetros.—Dos cuchillos
esplanotómicos (encefalótomos). — Dos periostótomos rectos (de hoja
de
cuchillo).—Dos
cuchillos
gladifilax 6
de filo embotado, de metal
blanco.
Una tijera fuerte de hojas rectas y punta roma (20 centímetros).—
Otra íd. íd. íd. y punta aguda (20 centímetros).—Dos tijeras enteró-
tomas
(modelo Cloquet).—Dos tijeras bulbótomas, largo 17 centíme-
tros
y
hojas rectas de
los dos tercios primeros, pero planicurvas en el
tercio extremo y punta roma.—Tijera plana, 17 centímetros.—Tijera
curva del canto, 17 centímetros.—Tijera
bronquiotómica de Axen-
feld.—Tenazas
incisivas.—Alicates de Liston (incisivas-oblícuas).
(1) Esta relación Instrumental es la
que adopta el Dr. Letamendi en su
Curso de Clínica general,
de donde la he tomado. Pág. 426 y
siguientes.
6
90
AUTOPSIA JUDICIAL
Serrucho de costilla movil, de Charriére.—Sierra de arco.—Se-
rrucho craniotómico, de Letamendi.—Sierr
a
circular.—Sierra
crista-
galli.—Idem
de Larrey.—Idem de cadenilla.
Dos pinzas fuertes de disección, 17 centímetros.—Una íd. íd. de
diente de ratón, pero sin muelle ni cerrojo.—Doce pincitas de presión
contínua.—Doce pinzas de presión intestinal, de Bard (construidas por
Lafay).—Tenaza
s
, de Farabceuf. —Tres erinas de mango, punta roma.
—Un juego de erinas de cadenilla.—Una íd. de chapa.—Una íd. de
anillo.—Una íd. automática ó de peso.
Dos pasa-lazos de autopsias (variedad de agujas, de Deschamps,
de 25 centímetros de longitud total aparente).--Seis fuertes agujas de
disección.—Otras seis finas.—Seis alfileres fuertes de fijación.—Otros
seis finos exploradores.—Dos estiletes de botón, uno flexible y otro
rígido.—Sonda acanalada.—Dos legras de sección piramidal, ó para
sólo raspar (además de los dos periostótomos antes citados).—Dos
punzones, grande y pequeño.
Colección de escoplos, gubias y cinceles de diversos tamaños.
Tres aparatos portátiles irrigadores, á presión por altura de mano
por tipo de graduable, compuesto de recipiente, mango de goma y
dos sifones de recambio (regadera y chorro). Un insuflador, con si-
fones de recambio, ranura de sujeción del líquido y llave de pabellón.
—Aparato hidráulico para la docimasia cardiaca.
Pequeño torno de cerrajero, para labores de talla dura (en tempo-
ral ú otros órganos).
Ovillos de cabos de zapatero, 6 simplemente bramante, para liga-
duras en masa.—Bola ó barra de pez de zapatero.
Dos trocar-sifón, modelo Letamendi, para
recolectar humores y
gases.
Además, cuatro bolsas ordinarias de disección.
Finalmente, en un servicio completo debe contarse con instrumen-
tal y material fotográfico,
los
más acomodados, según la época, como
lo es
hoy la cámara de Donnadieu, de Lyon, para representaciones
necrópticas
totales
6 parciales.
PERNÁNDEZ-M3E811A
91
MATERIAL COMÚN
Zócalos.—Cabezales.—Un zócalo cráneo elástico, modelo Letamen-
di.—Cuñas.—Aliadores.—Aljofainas y barreños comunes, graduados
unos para recibir por declive líquidos, y sin graduar otros para de-
pósito de despojos orgánicos.—Balanza manual de báscula
con
su do-
tación de pesas.—Envases diversos.—Esponjas.—Sábanaw.—Toallas.
REGLAMENTO DE MATERIAL SANITARIO
(VIGENTE EN LA ARMADA)
Caja de autopsias:
Un costotomo de acero niquelado.
Un cuchillo de cartilagos, con mango metálico niquelado.
Un ídem para cerebro.
Un escalpelo fuerte.
Un escalpelo convexo.
Cuatro ídem surtidos.
Dos ídem finos para histología.
Un martillo de autopsias.
Una pieza de disección desmontable.
Una
ídem de autopsias grande, desmontable.
Una ídem fina, para histología.
Un Raquiotomo
de Amussat.
Una sierra raquito-doble.
Una sierra de autopsia, de dorso desmontable.
Una sonda acanalada de plata.
AUTOPSIA JUDICIAL
92
Un soplete con llave y tubo, de metal niquelado.
Una tijera de disección, desmontable.
Una ídem recta, fuerte, de catorce centímetros.
Una ídem enterotomo.
Una ídem de muelle, fina, para histología.
La caja de autopsia
s
para estaciones de socorro, del servicio de la
Real Armada, consta de:
Dos agujas cadavéricas.
Un cuchillo de cartílagos.
Un escalpelo fuerte.
Uno ídem tamaño ordinario.
Un martillo de autopsias con gancho.
Una pinza de disección.
Dos raquitomos para desarticular, de Brunneti.
Una sierra de autopsias de dorso móvil, con mango metálico
Una tijera de disección, desmontable.
RECLAMENTO DE MATERIAL SANITARIO MÉDICO-FORENSE
(ALEMÁN)
Los Médicos forenses cuidarán de tener en buen estado los instru-
mentos necesarios para practicar las autopsias, que están obligados á
hacer. Dichos instrumentos son los siguientes:
Cuatro á seis escalpelos, de los cuales dos serán más finos y rec-
tos y otros dos más fuertes y convexos.
Una navaja de afeitar.
Dos condrotomos fuertes.
Dos pinzas.
Dos erinas dobles.
Dos tijeras, una más fuerte,
con una rama roma y la otra punti-
N. FERNÁNDEZ-CUESTA
93
aguda; y otra, más fina, con una rama de botón y la otra también pun-
tiaguda.
Un enterótomo.
Un tubo con cierre giratorio.
Una sonda gruesa.
Dos ídem finas.
Una sierra.
Un escoplo.
Un martillo.
Un costótomo.
Seis agujas curvas de diversos tamaños.
Un compás de espesor.
Un metro dividido en centímetros y milímetros.
Un vaso graduado con divisiones de loo, 50 y 25 centímetros cú-
bicos.
Una balanza con pesas hasta de diez libras.
Una buena lente.
Papel de reactivo, azul y rojo.
Los instrumentos cortantes estarán bien afilados. También se reco-
mienda á los peritos que tengan preparado un microscopio con dos
objetivos, cuyo aumento alcance, por lo menos, hasta 400 diámetros;
como.igualmente los instrumentos necesarios para hacer preparacio-
nes, vasos y reactivos.
Cuchillo de Wirchow
(i).—El
cuchillo de autopsias
modificado
que yo he introducido en la práctica, difiere del cuchillo común de
disección, tanto por su corte como por su mango. Ambos son, no sólo
más largos, sino también más fuertes; es decir, más gruesos y más an-
chos. El cuchillo no termina en punta afilada, sino que es convexa y
puntiaguda al mismo tiempo; su superficie, que es muy ancha, se va
estrechando muy poco hacia la punta, que es muy poco aguda, de
manera que el borde cortante descubre una curva circular. De este
modo, no sólo es más largo dicho borde, sino que, además, es menor
el peligro de que durante la autopsia se hiera uno á sí mismo ó á
otros, ó que sea herido por éstos. En lo que respecta á su porción pos-
terior, la hoja es
más
estrecha y más fuerte cerca de su inserción con
el mango, por lo mismo que hacia éste casi nunca se utiliza; el mango
(1)
Técnica de las Autopsias,
por
Rodolfo Wírchow. Traducción del doc-
tor Valle. Páginas 164
y
165. Edic. de la
Revista de Med.
y
Cir. prácticas,
del Dr. Ulecia.
94
AUTOPSIA JUDICIAL
está
más
aplanado en su porción posterior, y en
sus
dos caras laterales
estrechas está fuertemente doblado para poderse colocar con como-
didad en la mano. Este instrumento, en su primitivo estado, cuando
todavía no se ha afilado, tiene de 23 á 24 centímetros de largo, de los
cuales corresponden á la hoja de nueve y medio á diez.
Este cuchillo habrá de servir, principalmente, para
cortar tirando,
no comprimiendo, las partes que se seccionan, ni introduciéndose por
ellas, sino atravesándolas y saliendo por entre ellas con relativa
ra-
pidez,
Serrucho craniotómico ó sierra cepillo de Letamendi.—Como su
nombre indica, tiene aspecto semejante al cepillo de carpintero.
Una
superficie de madera curva con mango en forma de culata de revól-
ver, y en cuya parte inferior se articula una sierra curva, que debe ser
toda ella un poco más abierta que el cuarto de óvalo horizontal me-
nos curvo del cráneo, ó sea el lateral, á fin de que en ningún cráneo ó
región de cráneo adulto pueda el borde dentado del instrumento atas-
carse por exceso de concavidad.
-
Pasa-lazos de
autopsias
(i).—No es
más que las dos agujas de
Deschamps, de ligadura operatoria, pero mucho mayores.
Su objeto es evitar el escape de sangre de las grandes venas. Es
preferible
á
todos' los demás instrumentos de ligadura, y de
gran
utilidad para la de los intestinos y vasos mayores.
Trocar-sifón (2).—Es
un trocar ordinario, de cuya cánula se de-
rivan otras dos, á las que se atornillan un tubo-sifón de goma volca-
nizada en una, y en la otra una vejiga de caucho, de finísimas paredes.
El punzón de este trocar tiene 16 centímetros de longitud total
y
8 milímetros de espesor. La cánula es proporcionada á este punzón,
y puede fijarse en ella su posición, mediante una llave; en la extremi-
dad inferior del punzón hay una pequeña ranura, la cual señala con
exactitud la llegada de la punta del trocar al lugar de confluencia de
las dos cánulas derivadas.
Aplicación
(3).—Suelto el tornillo, cerradas las
el punzón hasta su empuñadura y puesto el instru
que de las dos cánulas derivadas una mire hacia el
atornille el
tubo-sifón)
introdúcese, según reglas co
(1)
De este
pasa-lazos
es autor
el
Dr. Letamendi, que lo adoptó con el
nombre de
agujones.
(2)
También es autor de este instrumento el Dr. Letamendi.
(3)
Curso de Clínica General,
por el
Dr. Letamendi. Págs. 453 y 454.
llaves, envainado
mento de manera
suelo (la en que se
munes de punción,
en
la cavidad
toráxica ó en la abdominal, eligiendo la parte más ele-
vada de ellas, si es que se sospecha colección mixta de gases y líqui-
dos. En todo caso, llegado el trocar-sifón á la profundidad requerida,
se procede en este orden:
I.°
Retroceso del punzón hasta que asome
por la cánula la ranura. 2.° Fijación del punzón en esta postura por
medio del tornillo. 3.° Apertura de la llave de la cánula derivada, á
la que va articulada la vejiga. ¿Aparecen gases? Era el objeto pro-
puesto. ¿Aparece líquido? No hay más que abrir las llaves de las dos
cánulas derivadas y por el tubo-sifón se extraerá rápidamente y con
la mayor comodidad.
Como se ve, este aparato es ingeniosísimo y de una inmensa utili-
dad para los casos en que del examen exterior ó de los antecedentes
clínicos ó por conveniencias, nacidas de otras causas, surja la necesi-
dad de examinar precisamente y con la mayor exactitud colecciones
anormales líquidas, y más principalmente gaseosas.
Zócalo cráneo-elástico.
--Ideado
también por el Dr. Letamendi, no
es más que un zócalo ordinario, en el que la excavación, en vez de ser
curva, está hecha en ángulo. Ofrece la ventaja de que presta sólida
mortaja al cadáver y permite libertad de acción al que diseca.
Como por ser muy pequeño pesa poco, la base es ancha, y lleva
atornillada una plancha de plomo gruesa.
Sus dimensiones son: longitud máxima ó de base, 37 centímetros;
ancho, 15; altura (comprendida la plancha de plomo) máxima ó en
los ángulos salientes,
12:
mínima 6 del ángulo entrante,
4.
De estas
proporciones_resulta una inclinación de 45° para los planos laterales.
METODOLOGIA
VETODOS PARA PRACTICAR AUTOPSIAS JUDICIALES
MÉTODOS
Clásico 6 de los autores.
Dr. Orfila.
Dr. Mata.
Dr. Wirchow.
Criterio del Dr. Letamendi.
1
n
1'. FERNÁNDEZ-CUEST
A
101
Método clásico.
J'ay divergencias entre los autores sobre cuál debe ser la primera
cavidad que se examine. Chaussier cree que debe empezarse por el
ráquis; pero no falta quien opina que es mal procedimiento, pues para
ello
ha de estar el cadáver en pronación por algún tiempo, la sangre
acude á las partes anteriores, los órganos varían de posición- y du-
rante la operación pueden producirse rasguños, contusiones, etc., todo
lo cual introduce mudanzas de consideración en el verdadero estado
del cadáver (1).
Hoy día se practica la autopsia por todos los médicos legistas es-
tando el cadáver en supinación, explorando las cavidades y los órga-
nos por el orden siguiente: primero la cabeza, luego el cuello y el
pecho, después el abdómen, los miembros y, por último, el ráquis.
Ahora veamos cómo se procede á la abertura y examen de dichas
cavidades y órganos, según el proceder de la mayoría de los autores.
CABEZA.
—Se hace rapar el pelo y lavar bien el cuero cabelludo. Se
practican en éste dos incisiones en cruz, una desde la eminencia nasal
á la protuberancia occipital, y la otra de una á otra oreja, de modo
que se crucen en el vértice. Se levantan los cuatro colgajos que así
resultan, comprendiendo en ellos el pericráneo, y después de exami-
nados los huesos del cráneo, se sierra la bóveda circularmente, te-
niendo cuidado de no lastimar en este tiempo las cubiertas del cere-
bro. Nunca en las autopsias que nos ocupan, esto es, en las jurídicas,
debe abrirse el cráneo con escoplo, pues los golpes del martillo pro-
ducen grandes sacudimientos en la masa cerebral, que pueden desfi-
gurar los fenómenos que ésta presente.
Una vez serrada la bóveda del cráneo, se levanta, se examina
por
dentro y se fija la atención en el estado de las cubiertas cerebrales.
Después se corta
la dura madre de delante atrás, siguiendo el seno
longitudinal superior; se echan á
los lados los
colgajos
y se examina
la superficie del cerebro en cuanto á su color, consistencia y estado
(1)
Lecciones'de Medicina Legal y Toxicología
tomadas de las
expli
caciones
de D. Teodoro Yáñez por los señores Aguilera
y
Templado.
AUTOPSIA JUDICIAL
de sus vasos. Se pasa luego á cortar la inserción de la hoz del cerebro
en la apófisis
crista galli
y se tira hacia atrás. Se practican incisiones
horizontales en el cerebro para explorar el estado de su substancia, sus
ventrículos, el líquido que éstos contienen, los repliegues de la arac-
noides y los de la pia-madre.
Después de haber seguido cortando toda la masa cerebral hasta la
base del cráneo, respetando el cerebelo, se corta la tienda de éste
y
se examina
su substancia y la médula oblongada. Hecho esto, se baja
la cabeza del cadáver para ver si fluye algún líquido del conducto
raquídeo.
CUELLO.
—
S
e
practica una incisión transversal en cada lado, desde
la comisura labial al conducto auditivo externo; otra perpendicular,
desde la parte media del labio inferior á la horquilla del externón, y
otra sobre las clavículas, siguiendo la dirección de estos huesos. Se
disecan los dos colgajos laterales que así resultan, queda el cuello al
descubierto y se examina el estado de sus vasos.
Se sierra luego la mandíbula inferior por su parte media y se ex-
plora la cavidad bucal y los órganos que contiene. Por último, se
cortan los músculos de la región anterior del cuello, de abajo á arriba,
y se descubre la laringe, la tráquea, el exófago y los vasos profundos,
en cuyo estado de plenitud ó vacuidad hay que-fijarse.
PECHO.—Desde la unión del tercio interno con el medio de la cla-
vícula (6 desde la parte media de este hueso, según otros) se practica
una incisión en cada lado que, dirigiéndose hacia abajo y afuera, lle-
gue hasta la cuarta costilla falsa. Se sierran las clavículas por el sitio
de la incisión y lo mismo las costillas, se echa todo sobre el abdómen
y se descubren los pulmones y el corazón envueltos en sus serosas y
los grandes vasos. Se abre el pericardio y, para apreciar la cantidad
de líquido que contenga, se absorbe con una esponja, que se exprime
después en un vaso de medida conocida. Se examina el exterior del
corazón y se abren sus cavidades. Se aprieta el vientre para ver si la
sangre refluye por la vena cava inferior.
Se levanta el corazón y se aisla, cortando entre dos ligaduras los
grandes vasos con que está unido.
En seguida se abren las pleuras y se procede con el líquido que
contengan del mismo modo que con el del pericardio.
Se diseca la lengua, laringe, tráquea y bronquios y se abren estos
tres últimos órganos para examinar su estado interior. Se practican
cortes en el tejido del pulmón para explorar el estado de dicho pa-
rénqui ma.
ABDÓMÉN.--Se
vuelve á colocar en su sitio la pared anterior del
pecho que descansaba sobre el vientre. Se practica una incisión que,
siguiendo la circunferencia del abdómen, pase inferiormente por la
sinfisis pubiana y crestas iliacas, y ascienda por los dos lados hasta
encontrar las incisiones que se hicieron en el pecho; el colgajo resul-
102
14. PERNÁNDtZ-IYIESTA
103
•
tante se levanta hacia el tórax y así queda al descubierto la cavidad
abdominal, completamente separada de la torácica, para que no pue-
dan pasar de una á otra los líquidos.
En seguida se examina el peritoneo, todas las vísceras abdominales
y las contenidas en la pelvis, para lo cual se sierra en cada lado la
rama horizontal del pubis y la ascendente del isquión.
Si el cadáver es de mujer y estaba embarazada, después de explo-
rado el útero, se examinan el feto y sus dependencias.
MnimBRos.—Se practican incisiones profundas en ellos para exami-
nar sus músculos, las livideces y los derrames sanguíneos ó purulen-
tos que puedan presentar; del mismo modo se exploran las articula-
ciones.
RAQuIs.—Para abrir este conducto se echa el cadáver boca abajo
y se le pone un cabezal debajo del pecho para que forme eminencia
el, espinazo. Conviene practicar algunas incisiones en la región dorsal
para enterarse del carácter de las livideces.
Se practican dos grandes incisiones desde el occipucio hasta el sa-
cro, siguiendo los canales vertebrales, se diseca á derecha é izquierda
y se descubren las vértebras. Se sierran éstas por sus láminas poste-
riores lo más cerca posible de las apófosis transversas. Puesta al des-
cubierto la médula, se examinan primero sus cubiertas, luego se cor-
tan éstas y se inspecciona el exterior de la médula. Por último, se
hiende ésta, se cortan las raíces anteriores y posteriores de los ner-
vios raquidianos y se saca la médula del conducto vertebral para
completar su examen.
104.
AUTOPSIA JUDICIAL
Método del Dr. Orfila.
No creo se me acuse de prolijo por consagrar algunas páginas á
la descripción de una operación tan simple en apariencia y que se
practica diariamente, porque está demostrado que, en elmayor núme-
re de, casos, las autopsias judiciales se hacen con muy poco cuidado y
por un método vicioso: lo que impide se saque todo el partido conve-
niente. He aquí cómo se debe proceder:
Cráneo.—Se afeitan ó cortan los cabellos, luego se hacen dos in-
cisiones que penetren hasta el hueso: una longitudinal que se extienda
desde la raíz de la nariz hasta la parte posterior del cuello, otra trans-
versal, que empieza en una oreja y se termina en la del lado opuesto,
pasando por el vértice de la cabeza. Los cuatro colgajos que resultan
de estas incisiones se desprenden por medio del escalpelo y se vuel-
ven; entonces se señala con la punta del bisturí una línea circular que
debe pasar un poco por debajo de los arcos superciliares, de la raíz,
de los arcos zigomáticos y la protuberancia externa del occipital. Se
sierran los huesos en la dirección de esta línea, que se deberá conside-
rar como un conductor, teniendo especial cuidado de no herir las me-
ninges, para lo cual basta no serrar todo el espesor del hueso en cier-
tos puntos, porque luego bastan algunos golpes con un cincel para
dividirlo completamente. Entonces se levanta la bóveda del cráneo
destruyendo las adherencias de la dura madre por medio de
un
cu-
chillo
delgado y flexible. Para descubrir el
cerebelo,
después de quita-
da la capa de que acabo de hablar, se dan dos cortes de sierra dirigi-
dos oblicuamente desde cada una de las regiones mastoideas,
hacia
el
gran agujero occipital.
La mayor parte de los anatómicos, después de haber dividido
hasta el hueso las partes blandas del cráneo, separan la bóveda de él
á martillazos, medio mucho más expedito que el que acabo de descri-
bir, pero que ofrece tales inconvenientes, sobre todo tratándose de
una autopsia jurídica, que creo inútil señalarlos; pero instrumentos
podría
su-
ceder que el profesor no tuviese á su disposición los nstrumentos ne-
cesarios para practicar la autopsia, según el método que he indicado,
conviene saber
que en semejante
caso es
preferible emplear un marti-
llo sin orejas.
Después de haber abierto el cráneo, se divide la dura-madre para
descubrir el cerebro.
Raquis.—Acostado el cadáver sobre el vientre,
cit
manera que
estén colgando los miembros abdominales y la cabeza, se practicarán
tres incisiones: una al través del occipital; otras dos partiendo del me.
dio de ésta, á lo largo de cada una de las caras laterales de las apofi-
sis espinosas de las vértebras.
Se
desprende la piel y toda la masa de
músculos hasta el principio de las costillas, y después se sierran las
láminas vertebrales, todo lo más cerca posible de las apofisis tranver-
sas. Si, como sucede frecuentemente, no se dividep completamente, se
concluirá con un martillo y
un cincel
ó con un
raquitomo,
colocado
oblicuamente en los cortes de la sierra. En el día se emplea una sierra ,
doble, convexa en sus cortes, montada en un mango único, y cuyas
dos láminas pueden aproximarse ó separarse; cada una de ellas está
fija en una lámina redondeada, de la cual no sobresalen los dientes de
la sierra sino lo más preciso para que el corte no penetre más que exac-
tamente el espesor de las vértebras y no pueda herir las' membranas.
Dos 6 tres minutos bastan para abrir en toda su longitud el conducto
vertebral. Se divide entonces la membrana y se descubre la médula;
pero como observa Beclard, por este medio no puede apreciarse más
que la cuarta ó tercera parte de su circunferencia.
Los procedimientos de que acabo de hablar deben modificarse,
según las diversas circunstancias. De modo que si hay una herida
en
el lado derecho de la cabeza, ó que se suponga un derrame en el mis-
mo lado, sería necesario quitar primero la parte izquierda, para con-
servar entera toda la derecha; separados los tegumentos, se practica-
rá con tijeras, si es en un feto, un corte semicircular, que se extienda
desde el medio del hueso frontal á la parte media del occipital, y otro
longitudinal en la dirección de la línea media, que empieza en el fron-
tal y termina en el occipital. Quitada esta porción ósea, se hará una
abertura, suficiente para
poder separar toda la parte izquierda del ce-
rebro.
Si
la herida existe en la frente, se procederá de
modo que se
conserve toda la región frontal; es decir, que
se harán dos cortes, uno
transversal, que de
la región temporal de un lacio se termine en la
otra, pasando por el vértice de la cabeza, y otro semicircular, que del
occipital se extienda á derecha é izquierda de las dos regiones tem-
porales, pasando por las extremidades del corte transversal.
Si se trata de comprobar el estado de las partes en las heridas, se
deberá cuidar
de apartar las incisiones todo
lo más
posible de ellas.
Si se supone una
fractura de
los
huesos del cráneo, será preciso abrir
esta cavidad
con la sierra y no con el martillo. Cuando se presume
un derrame en el cráneo 6 en el raquis, se cuidará de mantener sufi-
cientemente elevada la cabeza durante su abertura, para impedir el
derrame de los líquidos. En los derrames del raquis es muy impor-
tante este precepto para poder apreciar la cantidad del líquido. En este
7
AUTOPSIA JUDICIAL
caso
se puede abrir cl raquis antes que el cráneo, ó si se ha empeza-
do por el
último,
después de haber quitado el cerebro, se inclina el
cadáver de modo que se pueda recoger en una vasija todo el líquido
contenido en el estuche meníngeo del conducto vertebral. Siempre es
preferible disecar en su lugar el cerebro, sin sacarlo del cráneo; á
menos que no se hallen situadas en el cráneo las lesiones que se trata
de descubrir.
Peclio y abdomen.----Se
practican dos incisiones laterales, que van
de la parte media y superior del esternón hasta el pubis, pasando -
por la parte inedia de las costillas y por la espina anterior y superior
del ileo; en el abdomen no deben comprender estas incisiones más
que los tegumentos; entonces se sierran las costillas menos la primera,
cuidando de levantarlas á medida que se cortan para no herir los
pulmones. Por medio de otro corte de sierra se divide la parte supe-
rior del externón, que se vuelve después, cortando las inserciones del
diafragma, el ligamento superior del hígado y de la vena umbilical.
Entonces ya no queda
más
que levantar el colgajo y cortar los mús-
culos abdominales que no se habían dividido. Vuelto el colgajo sobre
los muslos, se ven gran parte de las vísceras. Si se quieren dejar di-
vididas las dos cavidades torácica y abdominal, conservando intacto
cl diafragma, para evitar se mezclen los líquidos, se podrá hacer el
examen de los órganos torácicos, deteniendo la incisión del pecho en
el punto correspondiente al diafragma. Entonces se dividirá el peri-
cardio y se podrá apreciar la cantidad de líquido contenida entre él
y el corazón. Se anotará el volumen de los órganos, su
densidad
y
aspecto general. El corazón se examinará en su lugar, abriendo sus ca-
vidades por medio de incisiones paralelas á su eje. Se explorará antes
el corazón derecho que el izquierdo, y debe observarse la cantidad de
sangre en ellos contenida, su color y coágulos. Cortados los vasos, se
quita el pericardio y el corazón, procediendo al examen de los pul-
mones y bronquios.
Descubierta la cavidad abdominal por medio de la incisión prac-
ticada en su pared, que se volverá sobre el pecho como se volvieron
el externón y el tercio anterior de las costillas sobre el abdomen, se
explorarán con cuidado los órganos, observando sucesivamente el es-
tómago, los omentos, los intestinos, el
cr
mesenterio, el hígado, el bazo
los
riñones, etc.
tz.
7
bazo,
Si en uno de los lados del pecho hubiese una fractura, una herida
penetrante, etc., se deberán cortar las costillas del lado sano
con sie-
rra
ó tijeras desde la segunda hasta la octava, y luego con un cuchi-
llete se dividirán cerca del externón los cartílagos de la segunda
.
, ter-
cera, cuarta, quinta, sexta y séptima costillas, acabando de separar
con la punta del escalpelo toda esta parte, que se volverá sobre
el
abdomen. En seguida se abrirá del mismo modo el otro lado.
Faringe
y
traqu
ea,--Estirado
fuertemente el cuello, se hacen dos
106
X. PERNÁNDEZ-OVESTÁ
107
incisiones, una longitudinal que se extienda desde la parte media del
labio inferior hasta el externón; otra transversal, que va desde uno á
otro ángulo de la mandíbula inferior; desprendidos los colgajos que
resultan en el cuello, se sierra la mandíbula en su parte media; enton-
ces se separan fácilmente las dos porciones del hueso y no queda ya
más, para descubrir la faringe en toda su extensión, que bajar la len-
gua y cortar los pilares del velo del paladar. Para llegar hasta el in-
terior de la
faringe y
de la
tráquea,
no hay más que dividir por su
parte media la glándula tiroidea volviendo los dos colgajos.
Pelvis.—Se
hace una incisión desde la rama superior del pubis
hasta más allá del isquión, pasando hacia la parte media del agujero
subpubiano; se sierra la rama del pubis y el isquión en la dirección
de esta línea, se cortan los músculos y se ven todos los órganos con-
tenidos en la escavación de la pelvis.
Si hay un derrame sanguíneo en una de las cavidades de que aca-
bo de hablar, se quitarán con la mano los coágulos que puedan encon-
trarse y con una esponja toda la sangre fluída para descubrir con más
facilidad el vaso herido.
Es inútil decir que se deben anotar exactamente todas las lesio-
nes que se descubran en los músculos, vasos, nervios, vísceras, etcéte-
ra, conforme se va practicando la autopsia. Nunca se dejará de exa-
minar la clase de estas lesiones, la dirección precisa de las heridas,
los órganos que hayan podido ser heridos, debiéndose sobre todo ano-
tar si hay flogosis, supuración, gangrena, derrame, etc.
MODO DE PROCEDER Á LA ABERTURA DEI, CADÁVER
DE UN FETO Ó RECIÉN NACIDO
Para examinar el encéfalo se debe, según Chausier, después de ha-
ber desnudado el cráneo, como he dicho, hacer con la punta del es-
calpelo una incisión pequeña en la comisura membranosa que une el
frontal á los parietales; por esta abertura, que comprenderá el espesor
de la dura-madre, se introducen las tijeras, cortando sucesivamente
las comisuras que unen el coronal al temporal y al occipital; pero
debe cuidarse de no abrir el seno lateral de la dura-madre, que siem-
pre está lleno de sangre fluida, para lo cual conviene apartarse del
ángulo mastoideo del temporal. Luego que se han cortado las comi-
suras membranosas en los tres bordes del hueso, se le levanta, vol-
viéndole sobre el vértice de la cabeza, cortándose á alguna distancia
108
AITTOPSTA JTJDICIAL
de la línea media, para no abrir las venas que van al seno longitudi-
nal
.
con las mismas precauciones se
-
quita la porción del coronal, des
cubriendo de este modo gran parte de uno de los lóbulos del cerebro;
en seguida se hace lo mismo con el otro lado.
La abertura del raquis, del torax, de la pelvis, del abdomen y de
la boca, se hace como en los adultos; sin embargo, se emplean tijeras
en lugar de sierra para cortar los huesos y apreciar el estado de los
pulmones; en este último caso, deben ser las tijeras delgadas
y
largas,
se divide el tronco, los ramos y ramificaciones de cada una de las di-
visiones bronquiales hasta el tejido pulmonar y lo que se pueda de
sus terminaciones. Para juzgar con más exactitud de la diferencia de
capacidad y espesor de las paredes de los ventrículos del corazón,
se
corta este órgano transversalmente, un poco por cima de su mitad;
este corte descubre las dos cavidades ventriculares, permitiendo al
mismo tiempo explorar con facilidad las aberturas de las aurículas y
de los vasos que abocan en ellos.
N. FERNÁNDEZ-011E811A
10
Método del Dr. Mata.
No hay ninguna necesidad de raspar ni cortar el pelo al cadáver,
á menos que nos obligue á ello la suciedad del mismo ó los piojos
abundantes que pueda tener.
Se da un corte que va desde el pabellón de una oreja al otro, pa-
sando por el vértice lo más inclinado que se pueda hacia atrás y pro-
curando no interesar el pelo, si es largo, separándolo antes con un
peine para hacer una raya. En seguida se echan los dos colgajos, el
uno sobre la nuca y el otro sobre la cara.
Despejado el cráneo y examinado, se cierra como lo recomiendan
los autores.
Levantada la bóveda del cráneo y examinada por dentro, se fija
la atención en el estado de la dura-madre y las ramificaciones vascu-
lares que por ella serpentean.
En seguida se dan dos cortes con las tijeras á lo largo y á los
ados del seno longitudinal superior y otros dos laterales, para formar
cuatro colgajos de la membrana, los que se renversan sobre la super-
ficie de la cabeza.
Obsérvase el estado de la craenóidea y pía-madre y los vasos ve'
fosos y arteriales.
Córtase con las tijeras la hoz del cerebro, córtase la tienda del ce-
rebelo, y levantando por delante y por detrás los hemisferios cere-
brales, se incinden todos los vasos y nervios y la médula que salen de
la base de la masa encefálica, llevándoselo todo para colocarlo encima
de una toalla ó cualquier otro paño de manos.
Vése el estado de la base del cráneo, los senos y cuanto haya que
observar en esta parte, sin descuidar el canal medular para advertir
lo que de él salga en punto á humores.
Se examina luego la masa encefálica por todas sus caras al exte-
rior, sin alterar nada; y terminado este examen vuelve á colocarse
en su cavidad natural, encima de la misma servilleta, dando cortes, no
horizontales, sino verticales y sin paralelismo en diferentes puntos de
los hemisferios y lóbulos, para ver el estado de las substancias cor-
tical y medular, si están alteradas, su consistencia, color, etcétera, si
hay focos ó lo que sea. Esos cortes permiten verlo todo perfecta-
1
10
AUTOPSIA JUDICIAL
mente y no alteran ni
,
destruyen la forma
es é integridad del órgano,
como las
rebanada
s
ó
h
cortes orizon
t
al con que se suelen exami-
nar, según la práctica común.
Del propio modo pueden examinarse los ventrículos. Separando 6
apartando los dos hemisferios, se presenta el cuerpo calloso, y abrién-
dole con el bisturí se ve el estado de los ventrículos laterales, con el
tabique medular transparente que los divide, y dentro de ellos las di-
ferentes partes á que han dado nombre los anatómicos.
Cortando los tálamos ópticos puede verse el estado del tercer ven-
trículo.
En cuanto al cuarto, basta levantar los lóbulos posteriores del ce-
rebelo, echar hacia atrás la eminencia vermicular superior y hundir el
escalpelo entre las
u
prolonaciones medulares superiores del cerebelo
que suben de los tubérculos cuadrigérninos; la válvula de Vienssens
queda cortada y se ve el cuarto ventrículo.
Sólo en el caso de necesitar más exploración que la que comun-
mente basta, podrán darse más cortes en la masa encefálica de los
que llevamos indicados.
De esta suerte queda con bastante consistencia para no perder
su
forma y relaciones entre sus partes, y examinadas perfectamente,
tanto el exterior corno el interior, puede y debe volverse á colocar en
la cavidad del cráneo, tal cual se sacó á poca diferencia, en vez de
dejarla esparcida, corno ahora se hace, por la mesa y echarla sobre
las vísceras del abdómen ó del pecho concluida la autopsia.
Colocada la totalidad de la masa encefálica en su cavidad natural,
se recogen los colgajos de la dura-madre y se unen por medio de
puntos de sutura; en seguida se aplica encima la bóveda del cráneo y
se cubre todo con los dos colgajos de tegumentos renversados, cui-
dando de que la bóveda ósea no forme reborde en la frente. Puntos de
sutura en aquéllos, sujetarán el hueso serrado en su debida situación.
Con esto queda inspeccionada la cabeza, sin que se note á simple
vista que lo haya sido, y sin que se haya alterado en nada el exterior
del sujeto en esta parte.
Acto continuo, se procede á la inspección de la boca, cámara pos-
terior de la misma, fauces y cuello, de la manera siguiente:
Se da un corte horizontal á lo largo de las clavículas y primera pieza
del esternón; luego otros dos que arrancan de la parte más posterior
cle la apofisis mastoides de cada lado, de arriba abajo, de dentro afue-
ra, viniendo á parar á la parte externa del hombro. Estos
cortes no de-
ben interesar nada más que los tegumentos.
Dados los cortes, se diseca el colgajo de abajo arriba y se renversa
sobre la cara,
e
xaminando con detención, mayor ó menor, según los
casos, el estado exterior del cuello y sus vasos venosos y arteriales.
Se cortan las inserciones de los músculos en toda la base de
la
mandíbula,
hasta poner libre todo el suelo de la
boca
y
la lengua
con
N. FERNÁNDEZ-CUESTA
111
la laringe, la que igualmente que la traquea, se van disecando para po-
derse llevar todos estos órganos cuando se extraigan los pulmones.
Esto permite ver perfectamente el estado de la boca y de las fau-
ces,
y todo lo notable del cuello.
Concluido este examen,
se da otro corte, horizontal también y pa-
ralelo al indicado, y á una distancia de dos pulgadas del mismo; des-
de los extremos de este corte baja otro por cada lado del pecho, de
arriba abajo, de dentro afuera, hasta la cuarta costilla falsa; se sierra
la pieza del esternón, se corta con las tijeras fuertes la parte ósea ó
ternillosa de las costillas del trayecto, y dando un corte en cada lado
en el espacio intercostal superior más inmediato al diafragma de fuera
adentro, se quita la elasticidad al colgajo y puede renversarse fácil-
mente y sin necesidad de sujetarle sobre el abdomen.
Así queda de manifiesto la cavidad torácica, sin que pierda su for-
ma ni sus dimensiones naturales, por cuanto la sujeta la integridad de
las clavículas y la primera pieza del esternón. Se observa el estado de
las pleuras, pulmones, pericardio, y corazón, igualmente que el de los
grandes vasos arteriales y venosos.
Se practican dobles ligaduras en todos los vasos sanguíneos que
entran y salen de los pulmones y corazón y se corta por entre las do-
bles ligaduras.
Para sacar los pulmones junto con la traquea, laringe y lengua, se
corta la parte inferior de los externo-cleido-mastoideos y las arterias
vertebrales si estorban, y, por debajo del puente que forman el ester-
nón y las clavículas se saca la traquea y se hace salir la laringe y la
lengua.
El cuello y el esófago se examinan en tal estado y debe abrirse de
arriba abajo para notar su interior.
Colocados los pulmones, tráquea, laringe y lengua encima de la
mesa, vistos exteriormente, se abren las vías respiratorias con las tije-
ras, se bifurca el corte para seguir por los bronquios mientras se pue-
da; y visto corno se halla la cara interna de esas vías, se dan cortes
verticales en diferentes puntos del parenquirna pulmonar para exami-
nar su estado.
Concluido el examen de estos órganos, se pasa al del pericardio y
corazón, notando si está el saco lleno de serosidad y recogiéndole en
un vaso de medida conocida, en el caso de que la haya. Otro tanto
se hace con el corazón, abriendo sus cavidades con cuidado, recogien-
do la sangre que contenga y anotando siempre cuáles están llenas, cuá-
les vacías.
Cuando no resta nada que examinar en el pecho, se vuelven á co-
locar en su lugar las vísceras; se pasa de nuevo por debajo del puente
la '"
lenoma, la laringe y la tráquea, y se coloca todo en su situación na-
tural.Se levanta el colgajo formado por la pared anterior del pecho y
se aplican puntos de sutura que lo sujeten.
AUTOPSIA JUDICIAL
Se baja en seguida el colgajo tendido sobre la cara, y se fija también
con puntos de sutura, tanto en el corte horizontal como en los late-
rales.
Con esto no se alteran los rasgos de la fisonomía del sujeto y se le
puede vestir y exponer otra vez al público, y si el Juez lo tiene á bien,
sin que se conozca que haya sido inspeccionad
o
interiormente, pues la
camisa lo tapa todo.
El bisturí corre elípticamente por los lados del abdomen, pasa por
la cresta de los ileos, por el arco del pubis, se diseca el colgajo y se
renversa sobre el pecho.
La cavidad abdominal queda á la vista, y después de notar lo que
así se ofrezca y recoger los líquidos, si los hay, con la esponja, se prac-
tica doble ligadura en el cardio para separar entre ella el estómago;
otra entre el piloro y el duodeno, con el fin de aislar aquellas vísceras
de los intestinos, y así sucesivamente del resto del tubo digestivo y las
demás entrañas abdominales.
Siendo, tanto respecto de la inspección del abdomen corno de las
demás partes, igual nuestro procedimiento al de los autores, daremos
aquí por terminada la exposición del nuestro.
Fácil le será á cualquiera cotejar y ver de qué parte está la ven-
taja.
Inspección completa.
Alteración menos posible del estado del cadáver.
Conservación de sus rasgos fisiognomónicos.
Menos mutilación y destrozo.
Más respeto á los sentimientos de los deudos.
Menos repugnancia para los profanos que han de presenciar la
autopsia.
Más facilidad para
que,
inspeccionado el cadáver, pueda perma-
necer al público con el fin de que se conozca.
Más facilidad para embalsamarle, aunque siempre sea
si hay interés en su conservación.
por partes,
He aquí las ventajas que reune nuestro procedimiento sobre todos
los demás.
Vése, con lo que acabo de exponer, cómo procurando la conser-
vación del cadáver por medio de ciertas inyecciones, ya practicada la
autopsia con nuestro proceder puede aquél ser depositado y examina-
do por otros peritos en un sinnúmero de casos, lo mismo que si fuesen
ellos los primeros en
i
nspeccionarle. Estableced esta práctica, man-
dadla por Reglamento, exigid la
r
esponsabilidad á los profesores que
se aparten de ella, y decidme si se dará jamás un
-
Solo caso en el
que
nuevos peritos no puedan resolver la cuestión por falta de datos, co
r
no
ahora sucede, ya que no siempre, en la mayor parte de los casos.
Estoy lejos de creer que he propuesto la
perfección:
sus defectos
tendrá mi práctica; mas
yo llamo la atención de mis comprofesores
112
Ni FERNÁNDEZ-CUESTA
1E3
y discípulos sobre ella; tanto 'mejor, si alguno la mejora y perfec-
ciona.
La autopsia es completa, nada queda por examinar y el facultati-
vo se halla ya
en el
caso de extender su declaración, la que se cal.
cará
sobre las apuntaciones que habrá ido tomando un ayudante 6 el
mismo facultativo, si un ayudante ha practicado bajo su dirección la
abertura del cadáver. El médico procurará no abandonar nunca á la
memoria los hechos que vaya observando. Fijarlos á manera de apun-
te en el papel, es una garantía doble para sí y para el Juez ó
su
dele-
gado que presida el acto.
Si la autoridad exige acto continuo la declaración, no podrá el
médico negársela; mas siempre será sin las conclusiones, puesto que
se -aventuraría mucho el perito, por profundos que sean
sus
conoci-
mientos prácticos, formulando sobre la marcha su opinión. Recogidos
los hechos se examinan despacio en el gabinete del
facultativo, y las
consecuencias que se sacan son más dignas de la ciencia y del tri-
bunal.
En semejantes casos, suelen los individuos del juzgado hacer pre-
guntas, ya por mera curiosidad, ya con cierto intento. El
médico
debe
ser muy
reservado en punto á contestaciones. Todas las que digan
relación con
su voto, con la opinión que forme del caso, deben ser
exquivadas del modo mejor posible, dando á comprender al Juez ó
Autoridad que así descuide sus deberes, que no se encuentra todavía
en estado de decidir.
Si el cadáver es cuerpo de delito, el médico guardará secreto de
todo lo que haya observado, mientras el estado del :sumario lo exija.
Revelaciones indiscretas de la autopsia podrían amañar los hechos ju-
diciales, y tan pronto perjudicar á un inocente, como favorecer á un
criminal.
114
AUTOPSIA JUDICIAL
Método del Dr. Wfrchow.
(I)
En los casos en que lo juzguen necesario, tienen la obligación los
peritos de solicitar oportunamente del Juez que, antes de hacer la
autopsia, se les permita una inspección ocular del sitio donde se hu-
biera hallado el cadáver, que se les dé cuenta de la actitud en que se
le encontró y que se les proporcione ocasión de examinar las ropas
que tenía puestas cuando se procedió á su levantamiento.
Sin embargo, por lo general, podrán esperar que el Juez les invite
para proceder á estas diligencias.
Están también obligados á rogar al Juez que les ilustre sobre otras
circunstancias, que acaso ya sean conocidas, y que tengan interés
para la autopsia y para el dictamen que se va á emitir.
En aquellos casos en que, para averiguar pronto y con seguridad
algún dato curioso, v. gr., distinguir la sangre de líquidos simplemen-
te teñidos (hematina), sea preciso proceder á un examen microscópi-
co, se debe preparar éste en seguida junto á la autopsia.
Si las circunstancias hacen que esto sea imposible, ó hay necesi-
dad de practicar investigaciones microscópicas difíciles, v. gr., de
porciones de tejido de cadáver, que no se pueden llevar á cabo en el
acto, se guardarán por separado las partes correspondientes, que
quedarán bajo la custodia de la autoridad judicial, y se someterán, lo
más pronto posible, á un examen ulterior.
En
la noticia que se ha de dar de éste, se indicará con exactitud
la época en que habrá de practicarse esta investigación posterior.
(1) Deducido de lo consignado en algunos artículos del
Reglamento Pru-
siano para el examen médico-legal de los cadáveres, y
tomado
de
la
traduc-
ción hecha de este
R
eglamento, por el Dr. Valle.
N. • FERNÁNDEZ- CUESTA
115
Según esto, se inquirirán é indicarán respecto al
cuerpo en general,
y hasta donde lo consienta el reconocimiento como tal, los datos si-
guientes:
I.° Edad, sexo, estatura, conformación del cuerpo, estado general
de
su
nutrición, algún resíduo patológico que acaso exista, verbigracia,
las úlceras de las piernas y algunas anormalidades especiales, corno
los lunares, cicatrices, taracea (tatuaje) ó vicio de conformación
en
los miembros
por exceso ó por defecto.
2.°
Los signos de la muerte y de la putrefacción, que acaso ya
existan, con tal objeto y una vez lavadas las manchas, que acaso hu-
biera, ocasionadas por sangre, excrementos, suciedad ú otras substan-
cias, se examinará si existe ó no-la rigidez cadavérica, el color general
de la piel, la naturaleza y el grado de las coloraciones y descoloracio-
nes, que tal vez se encuentren en algunas partes, como producidas por
la descomposición cadavérica, así como el color, situación y exten-
sión de las manchas cadavéricas, que se incidirán, examinarán dete-
nidamente y describirán, á fin de evitar su equivocación con las ex-
travasaciones sanguíneas.
Respecto á las
distintas partes
del cadáver, en particular, hay que
precisar bien los siguientes datos:
I.° En los cadáveres de personas desconocidas el color y demás
particularidades de los pelos y cabellos (cabeza y barba), así corno el
color de los ojos.
2.° La presencia, en su caso, de cuerpos extraños en las aberturas
naturales de la cabeza, los caracteres de las arcadas dentarias y las
particularidades y situación de la lengua.
3.° Después se examinará, sucesivamente el cuello, el pecho, el
vientre, la espalda, el ano, los órganos genitales, y, por último, los
miembros.
Si en algún sitio se encontrase una lesión, se indicará su forma,
situación y dirección, refiriéndose á puntos fijos del cuerpo, y además
su longitud y latitud, en medidas del sistema métrico. Hn general, al
hacer este reconocimiento exterior, se evitará el sondar las soluciones
de continuidad, porque por la profundidad que alcancen, se vendrá
en conocimiento de ella al hacer el reconocimiento interior del cuer-
po y de las partes lesionadas. Si juzgan los peritos precisa la introduc-
ción de la sonda, se hará con suma precaución y se indicarán de un
modo especial en el protocolo los motivos que hubiese habido para
proceder de esta manera.
Al encontrar heridas se precisarán, además, los caracteres de sus
bordes y contornos, y después de haber examinado y descrito las
particularidades de las mismas en su primitivo estado, se las dilatará
y examinarán los caracteres interiores de sus bordes y su fondo.
De las lesiones del cadáver cuyo origen sea indudable que no
tiene relación alguna con la muerte, v. gr., de las señales que hubiesen
AUTOPSIA JUDICIAL
dejado las tentativas prácticadas para salvar al suget
eno
hacer
h
basta
éló las ocasio-
nadas por los animales que ya
hubiesen
hecho presa
él,
una sumaria descripción.
Respecto al reconocimiento interior, son tres las grandes cavida-
des del cuerpo que hay que abrir: la
cefálica,
la
torácica
y la
abdo-
minal.
En aquellos casos en que se puede esperar la obtención de algún
dato de importancia por la abertura de la
columna vertebral
ó de al-
guna
cavidad articular,
no se dejará de hacerlo.
Si hay alguna sospecha acerca de la causa de la muerte, se empe-
zará por aquella gran cavidad en que se presuman encontrar las le-
siones principales. En el caso contrario se abrirán: primero la cabeza,
después el pecho y últimamente la cavidad abdominal.
En cada una de dichas cavidades se apreciará, ante todo, la situa-
ción de los órganos que en ella se encuentren; luego el color y parti-
cularidades de su superficie; además algún contenido insólito que acaso
exista, sobre todo, los cuerpos extraños, gases líquidos ó coágulos,
precediendo en estos dos
últimos
casos el examen de su volumen ó
del peso en su caso, y en fin, se examinará cada órgano en particular,
tanto exterior como interiormente.
Para abrir la
cavidad cefálica,
cuando no existan acaso lesiones
que debe evitarse interesar con el cuchillo todo lo posible y que exi-
jan otro procedimiento, se practicará un corte que, yendo de un oído
á otro, pase por el medio del mismo sincipucio; y hecho esto, se re-
traerán respectivamente hacia adelante y hacia atrás los tegumentos
divididos.
Practicada esta operación y examina-los
los
caracteres de las par-
tes blandas y la superficie exterior de la
.,
óveda ósea craneana, se le-
vanta ésta mediante un corte circular he( io con la sierra, y se tomará
nota de las particularidades que presenten, tanto la superficie de
sec-
ción del hueso, como la cara interna de la bóveda craneana y demás
datos relativos á la misma.
En seguida se reconocerá la cara externa de la dura-madre,
se
abrirá el seno longitudinal superior y apreciará su contenido; luego se
dividirá la dura-madre, primero en un lado, se replegarán sus colgajos
y se examinarán, tanto su cara interna como los caracteres
que pre-
sente la
porción de la pia-madre que
aparece á
la
vista.
116
t. Pt
RNÁNDEz-crEsTA
111
Practicada también esta operación en el otro lado, se saca el cere-
bro, procediendo según las reglas técnicas, y pasando en el acto á ave-
riguar si hay
en
la base del cráneo algún contenido insólito, á, averi-
guar los caracteres que presentan, tanto la dura como la pía-madre,
en dicha base y á precisar bien el aspecto que presenten las grandes
arterias.
Después de haber abierto también los
senos transversales, y
si hu-
biese algún motivo para ello todos los
demás, y de apreciar su conte-
nido,
se examinarán la magnitud y forma del cerebro, y por
úitiluo,
se procede al reconocimiento de cada porción especial del encéfalo,
practicando una
g
erie de cortes ordenados,
y en
particular de los
grandes hemisferios cerebrales,
los
grandes ganglios (tálamos ópticos
y cuerpos estriados), los tubérculos cuadigéminos, el cerebelo,
el
puente de Varolio y la médula oblongada, fijándose sobre todo en su
color, vascularización, consistencia y estructura.
Además se inspeccionará el estado del tejido y de
los
vasos en la
hoja vascular superior (tela coroídea).
Se prestará particular atención al examen de la extensión y con-
tenido de cada ventrículo, separadamente, así como á los caracte-
res y repleción sanguínea de los diversos plexos venosos en las dis-
tintas secciones del encéfalo, y también á los coágulos sanguíneos
que acaso existan fuera de los vasos.
Para terminar, se examinarán los huesos de la base y partes latera-
les del cráneo, á cuyo examen habrá de preceder siempre el despren-
dimiento de la dura madre.
Cuando sea necesario
proceder á la abertura de las partes internas
de la cara y al examen de las glándulas parótidas ó del conducto au-
ditivo, la regla será prolongar hasta el cuello la incisión practicada en
la cabeza y desde esta incisión ir preparando y
desprendiendo la piel
hacia adelante para respetarla.
En este reconocimiento se atenderá siempre, de un modo especial,
al estado
en que se encuentren las grandes arterias y venas.
El
procedimiento regular para abrir la
columna vertebral
es el de
atacarla por su parte posterior. Primero, se seccionan la piel y el
tejido
adiposo subcutáneo, precisamente en la línea de las apófisis es-
pinosas; después, se va desprendiendo la musculatura
á los lados de
estas últimas y de los arcos vertebrales. Mientras se practica esta ope-
118
AUTOPSIA JUDICIAL
ración se irán examinando con cuidado los derrames de sangre, des-
garraduras y demás alteraciones, y en especial las fracturas de
los
huesos que acaso se encuentren.
flecho esto, se seccionan y extraen de todas las vértebras sus apó-
fisis espinosas, con la porción inmediata de los arcos vertebrales; para
lo cual se usará el escoplo, ó cuando se tuviera á mano una sierra
doble (raquitomo). Examinada ahora la cara externa de la dura-ma-
dre, que se presenta á la vista, se abre esta membrana con cuidado
por medio de un corte longitudinal, y al mismo tiempo se aprecia
si
hay ó no algún contenido insólito, especialmente algún líquido 6 san-
gre derramada; también se inspeccionan. el color y demás caracteres
de Ja porción posterior de la pía-madre y, deslizando suavemente el
dedo por encima de la médula, se averigua también la consistencia
de ésta.
Después se seccionan
á
cada lado, y por medio de un corte longi-
tudinal, las raíces de los nervios, se coge con la mano la porción infe-
rior de la médula y se la extrae con mucha precaución; se van sepa-
rando poco á poco las conexiones que la sujetan por su parte ante-
rior, y, por último, se saca también del agujero occipital el otro extre-
mo de la misma.
En todas estas maniobras se cuidará, de un modo especial, que la
médula no experimente ninguna compresión, ni se produzca en ella
ninguna grieta ó fisura. Una vez extraída, se examinan primero los ca-
racteres de la pía-madre en su cara interior, después se indican las di-
mensiones y color de la médula según su aspecto exterior, y final-
mente, se procede al estudio de su estructura íntima, tanto de
los
cor-
dones de la substancia blanca, como de la substancia gris, para
lo
cual
se practicará una serie numerosa de cortes transversales con un
cuchi-
llo
fino y muy bien afilado. En fin, se desprende la dura-madre de
los
cuerpos de las vértebras y se ve si existen en este sitio derrames
de
sangre, lesiones ú otras alteraciones de los huesos 6
de
los
discos inter-
vertebrales.
s"."1-,ceas........ezawmanno
n
normameameeCee,
La abertura del
cuello
y de las cavidades
torácica
y
abdominal
se
practicará, como regla, por medio de un solo y extenso corte,
que,
empezando en el menton termine en la sínfisis del
pubis, pasando por
el
lado izquierdo del ombligo. En los casos comunes, al llegar al vien-
tre se procurará que el cuchillo atraviese por completo sus paredes,
pero evitando toda lesión de los órganos contenidos en su cavidad. La
manera mejor de conseguir esto es no haciendo al principio en el pe-
ritoneo más que una incisión muy pequeña.
En este momento
hay que
fijarse en si sale algún gas á líquido. Después se introduce por la aber-
N FERNÁNDtZ-CITESTA
119
tura practicada un dedo y luego otro; con ellos se separan las paredes
del abdomen de las vísceras contenidas en su cavidad, y por entre esos
dos dedos se sigue cortando el peritoneo.
En seguida se indica la situación, color y demás caracteres exte-
riores de las vísceras que se presenten á la vista, lo mismo que algún
contenido anormal que acaso existiera y se aprecia la posición del dia-
fragma tocándolo con la mano.
No se practicará inmediatamente después de esto la exploración
de los órganos de la cavidad abdominal, á no ser que haya algún mo-
tivo especial para sospechar que la causa de la muerte se halle real-
mente en dicha cavidad. De ordinario, al examen ulterior de esta cavi-
dad habrá de preceder la exploración de la torácica.
Para la abertura de la
cavidad torácica
es indispensable que se
hayan preparado y desprendido precisamente las partes blandas hasta
más allá del sitio en que los cartílagos costales se continúan con las
costillas respectivas.
Hecho esto, se seccionan dichos cartílagos con un cuchillo fuerte
á pocos milímetros por dentro de su inserción costal. Al hacer esta
operación se evitará que la punta del instrumento penetre en el cora-
zón ó en los pulmones.
Cuando los cartílagos estén osificados, es preferible seccionar las
costillas algo por fuera de la inserción de los cartílagos, con una sie-
rra ó un costotomo.
Después de esto, se divide en cada lado la articulación externo-
clavicular, mediante un corte vertical, de forma semi-lunar, y se rom-
pe la unión de la primera costilla, bien cortando el cartílago con el
cuchillo, ó en la porción osificada con el costotomo, cuidando muchí-
simo de no lesionar los vasos que se encuentran inmediatamente de-
bajo. Luego se desprende el diafragma, rasando su inserción en los
falsos cartílagos costales, y en el apéndice xifoides en toda aquella
extensión en que sus inserciones caen dentro del espacio compren-
dido entre los dos cortes verticales antes mencionados; se invierte el
externón hacia arriba y se secciona el mediastino con precaución,
evtando herir el pericardio y los grandes vasos.
Después de quitado el externón se aprecia el estado de los sacos
pleurales,
y, sobre
todo, la cantidad
y
caracteres de algún contenido
insólito, que acaso se encuentre en ellos, así como el grado de disten-
sión y el aspecto de las porciones de pulmón que se representen á
nuestra vista. Si al separar el externón se hubiese producido alguna
lesión de
los
vasos, se ligará, ó por lo menos se tapará la abertura
practicada por medio de una esponja, á fin de que la sangre derra-
120
AUTOPSIA JUDICIAL
macla no penetre en los sacos pleurales y no sea causa de error en el
juicio que se forme del caso. Ahora es también cuando se precisa el
y especialmente el de los ganglios torácicos en
estado del mediastino,
cta
el
existentes y el del timo, así como los caracteres exteriores de los
grandes
vasos,
que están situados fuera del pericardio; pero todavía
no es este el momento de abrirlos.
Flecho esto, se abre el pericardio, se examina y también se re-
conoce el mismo corazón, apreciando en este último sus dimensiones,
grado de repleción de los vasos coronarios y de cada una de sus
partes (aurículas y ventrículos) y su color y consistencia (rigidez ca-
davérica), antes de dar ningún corte en la víscera, ni siquiera haberla
extraído del cuerpo. En seguida, y mientras aún se encuentra el cora-
zón en sus conexiones normales, se abrirá cuidadosamente cada ven-
trículo y cada aurícula, y se comprobará en cada una de estas partes
la cantidad, estado de coagulación y aspecto de su contenido, y se
reconocerá también la amplitud de las válvulas aurículo-ventriculares,
introduciendo dos dedos desde la cavidad auricular. Luego se saca
el corazón, seccionando sus vínculos, y se precisará el estado de los
orificios arteriales; primero vertiendo agua en los vasos respectivos,
y después seccionándolos; por último, se examinarán con más minu-
ciosidad los caracteres del músculo cardiaco, juzgando por su aspec-
to y su color. Si surgiera la sospecha de que existen alteraciones
del tejido muscular, v. gr., degeneración grasienta del mismo en
gran '
,
extensión, procede siempre el reconocimiento microscópico del
mismo.
Al examen del corazón sucederá el de los grandes vasos, á excep-
ción de la aorta descendente, que no se reconocerá hasta después de
los pulmones.
El reconocimiento más minucioso de los pumones, presupone- su
extracción del int's
s
rior de la cavidad torácica. Pero en esta maniobra
se procederá con mucha precaución, á fin de evitar toda da
esarradu-
t,
ra ó magullamiento del tejido. Si existieran adherencias extensas,
y,
sobre todo, muy antiguas, no se dividirán sino que se separará con
ellas la pleura costal del sitio correspondiente. Después de extraidos
los pulmones, se volverá á examinar con cuidado su superficie, para
que no pasen inadvertidas sobre todo ciertas lesiones de muy reciente
origen, como, v. gr., los comienzos de una exudación inflamatoria;
después se indicará la cantidad de aire, color y consistencia de cada
porción de dichas vísceras; en fin, se practicarán en ellas cortes am-
plios y limpios -y se precisarán los caracteres de estas superficies
de
sección, el aire, sangre ú otros líquidos que existan en las vaxículas
pulmonares, el contenido sólido que acaso se encuentren en las
mis-
mas,
el estado de los bronquios y arterias pulmonares, teniendo es-
pecialmente en cuenta, al examinar este
último dato,
si
existen 6
no
trombus, etc.
Con tal objeto se incindirán con las
tijeras las vine
aéreas y los grandes vasos pulmonares, y se irán siguiendo hasta sus
ramificaciones más finas.
De existir la sospecha que hubiesen penetrado substancias extra-
trafias en las vías aéreas, y que se hallen en ellas materias cuya natu-
raleza no se pueda indicar con exactitud por sus caracteres macrosc&
picos, procede recurrir al examen microscópico de las mismas.
El reconocimiento del
cuello
puede verificarse, según las particu-
laridades del caso, antes ó después de la apertura del pecho ó de la
extracción de los pulmones. Queda también al criterio del perito se-
parar el reconocimiento de la laringe y de la tráquea del de las de-
m
g
s partes, cuando dicho reconocimiento ofrezca un interés especial,
como ocurre, v. gr., con los ahogados y ahorcados.
Como regla general se recomienda examinar primero los grandes
vasos y los troncos nerviosos, y después abrir la laringe y la tráquea
por medio de un corte dado en su porción anterior y examinar su
contenido. Donde se juzgue de grandísimo interés este último examen,
se practicará antes de extraer los pulmones, y al mismo tiempo se
ejercerá con cuidado cierta presión sobre estos últimos, á fin de ver
si así se hace subir algún liquido á la tráquea, qué líquido sea éste,
etcétera, etc.
Se sacan después, formando una sola pieza, la laringe con la len-
gua, el velo del paladar, la faringe y el exófago; cada una de estas
partes se incinde por completo y se precisa el estado en que se hallan
y, sobre todo, el de sus mucosas correspondientes. Se reconocerán, al
mismo tiempo, la glándula tiroidea, las amigdalas, las glándulas sali-
vares y los ganglios linfáticos del cuello.
Cuando se hubiesen producido lesiones de la traquea 6 de la larin-
ge ó se sospechasen alteraciones importantes de las mismas, no se
procederá á abrir las vías aéreas hasta haberlas extraído y dicha aber-
tura se hará por su cara posterior.
Cuando en un ahorcado ó en el caso en que se sospeche una muer-
te por extrangulación, se proceda á abrir las carótidas con el objeto
de indagar si están ó no lesionadas sus túnicas internas, se practicará
semejante reconocimiento mientras se hallen todavía dichos vasos en
su situación natural.
Por último, se tendrá en cuenta el estado en que se hallen la
co-
lumna vertebral en su porción cervical y la musculatura profunda
del
cuello.
8
AUTOPSIA JUDICIAL
El reconocimiento que ahora corresponde hacer de la cavidad
ab-
dominal
y de sus órganos, se verificará siempre en un orden tal, que
por extraer un órgano, en nada se perjudique el examen minucioso de
sus conexiones con los demás.
Así la exploración del duodeno y del conducto coledoco habrá de
preceder á la extracción del hígado. Como regla se recomienda el si-
guiente orden de sucesión: I.° epiploon; 2.° bazo; 3.° riñones y cápsu-
las supra-renales; 4.° vejiga de la orina; 5.° órganos sexuales (en el
hombre la próstata y la vesícula seminales, el testículo y el pene con
la uretra; en la mujer, los ovarios, las trompas, el útero y la vajina);
6.° intestino recto; 7.° duodeno y estómago; 8.° conducto coledoco;
g.° hígado; io pancreas;
I I
mesenterio;
12
intestino delgado; 13 in-
testino grueso; y 14 los grandes vasos sanguíneos que se encuentran
por delante de la columna vertebral, cuyo contenido se examinará
precisando sus caracteres.
Se medirá el bazo en su largo, ancho y grueso, no cogiéndole con
la mano sino en situación yacente y sin oprimirle con la medida que
se emplee; después se le seccionará á lo largo y en varias direcciones,
caso de que aparezcan puntos alterados. Siempre se describirá su gra-
do de vascularización.
Se extraerán los dos riñones, y para ello se hará un corte vertical
longitudinal en el peritoneo, hacia afuera y por detrás de las porciones
ascendente ó descendente del intestino grueso, se apartará hacia atrás
este último y se desprenderá el riñón. Se incindirá luego la cápsula
que envuelve á éste por medio de un corte trazado á lo largo de su
borde convexo; se irá desprendiendo lentamente y se descubrirá la su-
perficie del riñón, que aparece á descubierto, especificando su magni-
tud, forma, color, vascularización y algún estado patológico que aca-
so presente. Después se practica un corte longitudinal que atraviese
todo el riñón hasta su pelvis; se lava la superficie de sección y se des-
cubre, haciendo la distinción entre las substancias medular y cortica',
los vasos y el parenquima.
Después de haber abierto la vejiga urinaria en su situación natural
y apreciar su ,contenido, se extraen los órganos pelvianos (vejiga, rec-
to y los órganos sexuales que están en conexión con ellos), siendo lo
mejor extraerlos todos juntos y no proceder hasta entonces á su in-
vestigación ulterior; en ésta, lo último que se reconocerá y abrirá ha-
brá de ser el aparato sexual. Precederá, en esta operación, la abertura
de la vajina á la del útero. En las puérperas, se prestará una atención
especial á los vasos venosos y linfáticos, tanto de la cara interna del
útero, como de su pared y anejos, y sobre todo, se precisará su ampli-
tud y el contenido que en ellos se halle.
Una vez practicado el examen exterior del estómago y duoden o
sin variar su situación normal, se procederá á abrirlos, valiéndose de
una tijera; el duodeno, en su cara anterior, y el estómago, en su corva-
122'
1(7
lr
PtItNÁNDEZ-CUESTA
128
dura mayor; y no se extraerán para proceder á su examen ulterior
hasta haber reconocido detenidamente los materiales que contengan
y la permeabilidad y el contenido en la terminación del conducto co-
ledoco.
Se describe primeramente el aspecto exterior del hígado en su si-
tuación natural y se extrae después de haber reconocido sus conduc-
tos excretores, si lo requiere el caso. Se comprueba su vascularización
y los caracteres del parenquima, para lo cual se practicarán cortes ex-
tensos y en dirección transversal que atraviesen el órgano y cuya su-
perficie de sección sea bien lisa é igual. En la descripción siempre se
hará una breve mención de los caracteres generales de los lobulillos
hepáticos, y especialmente de su porción central y periférica.
Los intestinos delgado y grueso, después de haber reconocido
cada una de sus porciones en lo que se refiere á su extensión, color y
demás caracteres exteriores, se extraen todos juntos, para lo cual se
cortará el mesenterio con un cuchillo al ras de su inserción intestinal.
Después de extraídos se incinden y abren con unas tijeras en la parte
en que se insertaba el mesenterio, y ya durante esta operación se exa-
minan y aprecian los caracteres del contenido que se halle en cada
porción del intestino. Luego se limpia todo él y se precisa el estado en
que se encuentra cada una de dichas porciones, fijándose en particu-
lar en el intestino delgado, en las placas de Peyer, los folículos solita-
rios, las vellosidades y las válvulas conniventes.
El apéndice vermicular se reconocerá detenidamente, por lo me-
nos en los casos de peritonitis.
De haber sospechas de
intoxicación,
empezará el examen interior
por la cavidad abdominal. Antes de proceder á ninguna otra inter-
vención, se reconocerá el aspecto exterior de las vísceras que se ha-
llan en la parte superior de dicha cavidad, su posición, la extensión
que ocupan, su vascularización y el olor que acaso exhalen.
Respecto á los vasos, aquí como en otros órganos importantes,
siempre se apreciará si se trata de arterias ó venas, si aparecen reple-
tos hasta cierto grado sólo los troncos de primero y segundo orden,
ó si también lo están las ramificaciones más finas, y si la vasculariza-
ción alcanza ó no una extensión muy considerable.
Luego, se coloca una ligadura doble en la parte más inferior del
esófago, inmediatamente por encima del cardias, así como en el duo-
deno por debajo de la terminación del conducto coledoco, y se corta
en ambos sitios por el intervalo que queda entre las dos ligaduras de
cada uno; después se extraen juntos el estómago y el duodeno, evitan-
do con el mayor cuidado toda lesión de ambas vísceras.
1.24
AtTÓPSIA YUDIOIAL
Se determinan en seguida la cantidad, color, composición, reacción
y olor del contenido que se encuentra en dichas vísceras, haciéndolo
con un vaso limpio de porcelana ó de vidrio.
Después se lava la mucosa y se examinan su espesor, color, super-
ficie, y si ésta es ó no continua, dedicando atención especial tanto al
estado de los vasos sanguíneos como á la textura de la mucosa, y
fijándose particularment
e
en cada una de las porciones principales de
la última. Lo que sobre todo se ha de precisar es si la sangre existen-
te en ella está contenida dentro de los vasos ó ha salido fuera de ellos,
si es fresca ó está alterada por putrefacción ó reblandecimiento (fer-
mentación), habiendo penetrado en tal estado en
los
tejidos inmedia-
tos (por imbibición) caso de haberse atravesado, habrá que depurar
dónde se halla, si en la superficie ó en cl mismo tejido, si está ó no
coagulada, etc.
Por último, habrá que atender de un modo muy especial al examen
de la continuidad de la superficie y en particular á si existen en ellas
pérdidas de substancias, excoriaciones (erosiones)
ó
úlceras. Nunca se
dejará de tener presente la cuestión de si es posible que ciertas altera-
ciones se hubiesen producido por la marcha natural que sigue la des-
composición después de la muerte, y en particular bajo la acción del
contenido gástrico en fermentación.
Una vez terminado este examen se ponen el estómago y
el
duo-
deno en la misma vasija en que se halle el contenido gástrico y
se re-
miten al Juez para ulteriores diligencias. En la misma vasija se pone el
esófago después de haberlo ligado cerca del cuello y cortado por en-
cima de esta ligadura, y previo
su
examen anatómico; también se
pondrá el contenido del yeyuno en aquellos casos en que el del estó-
mago fuese escaso.
Finalmente, se extraerán también del cadáver ciertas substancias
y porciones de órganos, como sangre, orina, trozos de hígado, riño-
nes,
etc., y se remitirán al Juez por separado para ulteriores diligencias.
A la orina se la destinará una vasija aparte; y á la sangre
sólo
en
el caso en que se pueda esperar una conclusión especial de su examen
espectroscópico. Todas las demás partes se pondrán juntas en una
misma vasija.
Cada una de estas vasijas se cerrará, sellará y rotulará.
Si la observación á simple vista da á conocer que la mucosa
gástrica
se
distingue por un enturbamiento y tumefacción especiales, se hará
siempre,
y lo más
pronto posible,
un examen microscópico de la mis-
ma, cuyo objeto principal será inquirir los caracteres de las glándu-
las coaguladas.
También en aquellos casos en que se
encuentren en el
contenido
gástrico cuerpos sospechosos,
como
porciones de hojas y
otras
par-
tes de vegetales ó restos ,de
ali
mentación animal, se habrán
de
some-
ter á un examen
microsc
ó
p
i
co,
•
Na FERNÁ.NDEZ-.CUESTA
Cuando se sospeche un envenenamiento por triquinas, se practi-
cará primero el examen microscópico del contenido del estómago y
de la primera porción del intestino delgado; sin embargo, al mismo
tiempo, se pondrán aparte trozos de tejido muscular (diafragma, cuello
y músculos torácicos) para su examen ulterior.
En las autopsias de recién nacidos, además de los preceptos ge-
nerales antes expuestos, habrá que tener en cuenta los puntos si-
guientes:
En primer lugar se procederá á la investigación de aquellos signos
que pueden servir para deducir la madurez y época del desarrollo en
que se encuentra el niño.
Tales son, entre otros, la talla y peso de la criatura, los caracteres
del tegumento y del cordón umbilical, el desarrollo y aspecto de los
cabellos, la magnitud de las fontanelas, los diámetros anteco-posterior,
transversal y diagonal de la cabeza, los caracteres de los ojos (mem-
brana pupilar) y de los cartílagos de la nariz y de las orejas, la lon-
gitud y aspecto de las uñas, el diámetro transversal de hombros y
caderas; en los niños, las particularidades del escroto y la situación
de los testículos, y en las niñas, las de sus órganos genitales ex-
ternos.
En fin, hay que averiguar, además, si existe núcleo óseo en la sín-
fisis inferior del fémur y qué extensión alcanza. Con tal objeto, se
abre la articulación de la rodilla por medio de un corte transversal
que pasa por debajo de la rótula, se dobla la extremidad por esta ar-
ticulación y se extirpa la rótula. Después se van quitando discos del-
gados de cartílago hasta que se llegue al mayor diámetro transversal
del núcleo óseo, que acaso exista, el cual se medirá en milímetros.
Si de los caracteres del feto resulta que éste ha nacido antes de
haber cumplido la trigésima semana, se puede desistir de su autopsia,
á no ser que el juez lo exigiese de un modo expreso.
Si se da por averiguado que el niño ha nacido después de la tri-
gésima semana, lo segundo que hay que inquirir es si ha respirado al
nacer ó después. Por esta razón se instituirá la prueba de la respira-
ción, y con tal objeto se procederá en el orden siguiente:
Ya después
ae
abrir la cavidad abdominal, se averiguará la situa-
ción del diafragma respecto á la costilla correspondiente, por cuya
razón, en el recién nacido, siempre se abrirá la cavidad abdominal lo
125
AUTOPSIA JUDICIAL
primero, dejando para después de esta operación la abertura de las
cavidades torácica y craneana.
Antes de
abrir la cavidad torácica,
se pondrá una ligadura sencilla
en la tráquea, por encima del externón.
Después se abrirá dicha cavidad y se examinará la extensión de
los pulmones y la situación que depende de ella (teniendo especial-
mente en cuenta las relaciones de dichas vísceras con el pericardio);
también se examinarán su color y consistencia.
Abrase el pericardio y averigüese el estado en que se halla y el
aspecto y caracteres exteriores del corazón.
Se abrirá cada uno de los compartimentos de esta víscera, se apre-
ciará su contenido y se reconocerán sus demás caracteres.
La laringe y la porción de la tráquea situada por encima de la li-
gadura, se abrirán por medio de un corte longitudinal y se apreciará
el contenido que acaso exista en su interior, así como los caracteres
de
sus paredes.
Se
seccionará la tráquea por encima de la ligadura y se extraerá
juntamente con los demás órganos torácicos.
Después de extraídos el timo y el corazón, pónganse los pulmones
en una vasija grande, llena, de agua pura, fría, para ver si sobrenadan.
Se abrirán la porción inferior de la tráquea y sus ramificaciones y
se las examinará, fijándose especialmente en su contenido.
Se practicarán cortes en ambos pulmones, y al hacerlos se pres-
tará especial atención á algún ruido de crepitación que acaso se apre-
cie, lo mismo que á la cantidad y cualidades de la sangre que fluya
de las superficies de sección al oprimirlas nuevamente.
También se incindirán los pulmones bajo el nivel del agua, á fin
de observar si ascienden burbujas de aire de la superficie de sección.
Ambos pulmones se los dividirá primero en cada uno de sus ló-
bulos y después en trocitos más pequeños, y con todos ellos se exami-
nará si sobrenadan.
Se abre la faringe y se comprueba el estado en que se halla.
Por último, caso de que exista la sospecha de que
los pulmones no
han estado en disposición de recibir aire, por estar llenos sus huecos
de materiales patológicos (hepatización)
ó
extraños (mucosidades del
niño 6 meconio),
.
se procederá al examen microscópico de
los
mismos.
126
X. FERNÁNDEZ-CUESTA
127
Criterio del Dr. Letamendi.
Bien merece el sabio doctor D. José de Letamendi que se le de-
dique atención especial en un
Tratado de Autopsias, y
que su opi-
nión, respetable siempre, se haga oir en estas modestas páginas, con
el carácter de sentencia firme; el ilustre autor de la
Técnica de Au-
topsias,
que se lee en su
CURSO DE CLÍNICA GENERAL,
ha marcado de-
rroteros nuevos en este arte especial de comprobación y análisis
clínico ó de investigación judicial, cuya base y fundamentos, son los
que presiden la sección de
Doctrina general
de esta primera parte de
mi libro, así como la segunda de
Casuística general,
en la aplicación
que á ella tienen, para el conocimiento de los distintos casos-tipos, la
manera especial de separar y estudiar las vísceras y de formar los
aprestos necesarios para los análisis histo-microbio-químicos, prepara-
ción del período de labor sedentaria, segundo de la práctica de una
autopsia; y en ningún otro lugar de mi obra, mejor que en esta sec-
ción de metodología, encaja, ni viene más á cuenta, dedicar esta aten-
ción y consignar esta opinión, tan respetada y respetable.
El criterio del doctor Letamendi respecto á la adopción de método
para practicar una autopsia judicial, no puede ser ni más claro ni más
terminante: deben estudiarse todos los métodos que existan y deben
usarse aquel ó aquellos que más armonía guarden ó más utilidad pro-
porcionen al caso especial que se examine.
«El mal que encuentro—dice—á los diferentes métodos que exis-
»ten para practicar autopsias judiciales, es realmente un mal común,
»que consiste en ciar preferencia, dentro de la infinita casuística, á una
»cantidad ó variedad de probabilidades de problema, que en el mero
»hecho de ser finito y de tener límites, es malo, porque el verdadero
»método ha de ser tal, que pueda hacer frente á lo infinito.»
Y antes de que me dispensara mi sabio maestro el honor de dictar-
me estas líneas, en las que va contenida su opinión general en cuanto á
métodos para practicar autopsias judiciales, ya había consignado, re-
128
firiéndose á este mismo asunto (i), que «á pesar de la extensión y
»altura que he prometido dar á mi arte necróptica, no he sentido ne-
cesidad,
ni moral ni técnica,
de tratar este punto (2), pues en lo mo-
ral, felizmente cuenta hoy España con un personal de médicos fo-
renses peritísimo, que no necesita qué el Estado le
conduzca la mano
»para que haga buena letra,
y en cuanto á lo técnico, porque la ver-
»dadera fuente artística del buen autopsiar no puede estar en los Re-
glamentos si antes no estuvo en buenos libros anatómicos, mientras
»que, con estar en buenos libros anatómicos, debiera bastar para crear
»costumbres voluntarias, espontáneas, sin necesidad de que las impon-
ga un Reglamento.»
«no es lícito imponerse á ningún gremio, alto ni bajo, en materia de
»procedimientos técnicos. La responsabilidad del perito está en razón
»directa de su libertad técnica de acción, á tal punto, que al reducir
»á cero su libertad, llevaríamos á cero su responsabilidad. La con-
»ciencia del hombre no gusta de que se le aten las manos.»
Tal es el criterio del Dr. Letamendi en cuanto á metodología ne-
cróptica, claramente expresado en los párrafos transcritos, que
no ne-
cesitan ampliación ni demostración alguna.
La base de todo método necróptico debe consistir en un perfecto
conocimiento anatómico y disectórico y en una buena y oportuna
aplicación de estos dos y simultáneos conocimientos al casuismo, que
puede calificarse de infinito. Otra cosa equivaldría á comprar cinco
trajes hechos y pretender que viniesen todos ellos á la medida justa y
exacta del comprador, que en este caso, no puede imitar al coronel que
se conforma con que la
muda
del bisoño sea más 6 menos proporciona-
da; en esta
sastrería
cada cual ha de llevar la ropa pegada al cuerpo,
sin arrugas ni bolsas, ni más ancha, ni más estrecha; á lo justo, exacta.
Asimismo, el reglamentar un método para practicar autopsias judi-
ciales, equivaldría á pretender dar reglas, creando tratamientos fijos é
inalterables para la curación de la pneumonía, fiebre tifoidea, escarla-
tina, etc., olvidando que cada enfermo es un caso distinto, por su tem-
peramento, idiosincrasia, condición, género de vida
,
etc
.,
etc
.,
las múl-
tiples causas que concurren á la infinita variedad del casuismo profe-
sional; igualmente el casuismo necróptico es infinito en sus variedades,
á más de los casos mixtos tan frecuentes.
Es, pues, imposible el poder fijar cuál método, para practicar
autopsias judiciales, es el mejor, cuál es el peor y cuál otro es el me-
(1)
AP
ÉNDICE
de la
Técnica de las Autopsias,
por
Wirchow.
Traducción
del
Dr. Valle.
(2)
La
a
dopción
de un método especial
re
glamentado para practicar alt-
topsias
judiciales,
AUTOPSIA JUDICIAL
FERNÁNDEZ-ettESTA
129
diano; todos son buenos y todos son malos; dependen su bondad ó sus
malas condiciones, pura y exclusivamente, de la aplicación que de
ellos se haga; si es oportuna, 'el método • siempre será bueno; si no lo
es, será malo eternameute.
Sintetizando cuanto queda expuesto, puede concretarse el criterio
del Dr. Letamendi, respecto á la adopción de método para practicar
autopsias judiciales, en una sola palabra:
OPORTUNIDAD.
130
AUTOPSIA JUDIeIAL
ALGUNAS NOTAS GENERALES DE DISECCIÓN
PLAN GENERAL DISECTÓRICO
Y ORDEN
DE
SUCESION
PLAN DE SUCESIÓN
I.°
RAQUEOTOMÍA
ó
despejo y extracción de la médula espinal.
2.°
CRANIOTOMÍA
ó
despejo y extracción del encéfalo.
3.° MELIOTOYIIA
6 ablación metódica
de
los cuatro miembros.
4.°
TÍECOTOMÍA
ó
corte de paredes tóraco-abdominales, con más la
preparación de cerviz
y
restos de cabeza
para el
corte
faringe°
y la de la pelvis para la
resección cocci-púbica.
s.°
EXERESIS VISCERAL Ó
despejo y extracción
total de vísceras
pro-
sopo-cervi-toraco-abdominales,
comenzando por
el
corte farin-
ge
°
y
acabando en la resección
cocci-púbica.
6.°
DIERESIS VISCERAL Ó
división del conjunto explánico
en el núme-
ro de lotes ó tareas parciales que el Director acuerde.
Tal es, exactamente transcrito, el plan general disectórico de suce-
sión que el Dr. Letamendi adopta para la práctica de una autopsia.
Claro está que debiendo ser el médico forense,
ante todas cosas,
oportunista, dentro (le este plan y de este orden, elegirá aquel tiempo
ó aquellos tiempos que le sean precisos y necesarios para la ejecución
de la autopsia que
vaya á practicar, y
sólo
en caso especial ó caso
mixto, tendrá que emplearlos todos
y
conforme quedan
consignados;
de
manera, que,
puede, de acuerdo siempre con
la especialidad
del
caso,
variar
y alterar este orden
de sucesión, que
es el
clásico,
pero
no
çl indispensable, que se puede individualizar, según las
circunstancias
N. FERNÁNDEZ-CUESTA
exijan y la lógica de los hechos aconsejen; así, por ejemplo, en los ca-
sos de envenenamiento 6 de-heridas de vientre, en todos aquellos en
los que sea necesario mantener íntegras, hasta donde sea posible, la
posición y el contenido de las vísceras, será un contrasentido y consti-
tuirá
un delito de ¡esa manera de practicar autopsias
el empezar por
la raqueotomía, que en otro caso podrá ser muy oportuna como pri-
mer tiempo del trabajo necróptico.
RAQUEOTOMÍA
Su ejecución comprende cuatro tiempos:
I.°
Doble incisión.
2.°
Sección de anillos vertebrales.
3.° Levantamiento de la tira ánulo-espinal vértebro-sacra.
4.
a
Extracción del contenido.
PRIMERO.
—Colocado el cadáver convenientemente (i) se practica
la doble incisión, que irá desde el occipucio hasta el coxis, corriendo
paralela á la línea media de la columna vertebral y separada de ella
unos dos centímetros; esta incisión será tan profunda que permita lle-
gar á los canales vertebrales, que deben limpiarse y legrarse perfecta-
mente, cortando, después, las tiras musculares resultantes para dejar
completamente libres los extremos externos de los anillos vertebrales.
SEGUNDO.
—Puede
practicarse con mazo y martillo ó con el raqueo-
tomo; si se hiciera por este último procedimiento, conviene apoyar el
filo del escoplo del raqueotomo, dirigido hacia adelante y algo hacia
adentro en los mismos nacimientos externos de las láminas vertebrales.
TERCERO.
—Todo
el cuidado del operador en este tiempo, debe di-
rigirse á respetar la integridad de la dura-madre.
CUARTO.—Este
tiempo admite muchas variedades, y, por tanto,
modificaciones, según que se extraiga la médula suelta ó unida al en-
céfalo, médula y dura-madre, ó desnuda con sus pares nerviosos. En
general, el consejo para la ejecución de este tiempo consistirá en lim-
pieza, exactitud y esmero, para no herir ó magullar
la
médula.
(1) «El cadáver será colocado prono, cabeza colgante por rebasar de la
'
mesa
hasta los hombros y puestos los brazos bien extendidos paralelos,
»muy adheridos al tronco y en pronación forzada, que transcendiendo á los
>húmeros lleguen éstos á desviar hacia afuera ambas escápulas, separándo-
los entre sí.—Sujétensele al cadáver las manos en esta postura, debajo de
»los muslos.—Ajústense los huecos entre cadáver y mesa con cuñas,»—
(Dr. Letamendi),
AUTOPSIA JUDICIAL
TAREA MIELOSCÓPICA
Consiste en el examen de la médula espinal.
Este examen puede
ser
externo é interno.
El examen externo comprende el de la
dura-
madre, que, después de observada, se corta anterior y posteriormente,
y el de las demás meninges; en este examen se apreciará el color, peso,
consistencia, volumen, extravasaciones, atrofias, tumores, soluciones
de continuidad,
etc.,
etc., cuanto de fisiológico ó de
anormal ofrezca
el árgano. Para el examen interno se darán cortes incompletos,
para-
lelos
unos á
otros
(cortes
encuadernados
de \Virchow).
CRANIOTOWA
Consta
de cinco tiempos:
I.° Incisión de las partes
blandas.
2.° Sección de la bóveda ósea.
3.° Levantamiento
de
la bóveda.
4.° Sección metódica de la dura-madre.
5.°
Extracción encefálica y complemento de sección de
la dura-
madre.
PRIMERO.—La
incisión puede ser
oval
y
cruciforme;
es preferible
la
cruciforme; para practicarla,
se marcan puntos ó señales á
dos
centí-
metros
de la protuberancia nasal del frontal; á tres por encima
.de la
eminencia occipital externa, y á derecha é izquierda tangentes,
supe-
riormente á
los pabellones auditivos; se unen después estos puntos por
los cortes
y
se disecan los colgajos así trazados.
SECUNDO.
—Para
seccionar la
bóveda craneana, hay dos procedi-
mientos:
el de
percusión
y el de
sierra;
ambos
tienen inconvenientes;
debe usarse un tercer procedimiento, mixto, por participar de los
dos
anteriores, y que es el
serrato-percusivo.
Con una sierra se
marca al-
rededor del cráneo la ranura precisa para alojar
y apoyar el
instru-
mento
con que se practique la operación (1), hecho
lo
cual, se sierra
en
la
dirección que indiquen los cortes hechos
para la
incisión, com-
pletando la ejecución de este tiempo con el raqueotomo y
el escoplo,
el martillo y el mazo.
TERCER
O.—
Cerciorados de que la dura-madre está despegable, se
(1)
Recomiendo
el
serrucho craniotomo,
ó
sierra-cepillo,
del Dr.
',eta,-
'
p
endí. Va explicado en el
capitulo INSTRUDIZNTAL,
132
Ñ':. ÉER/TÁNDEZ-CIIESTA
debe dar un tirón, fuerte y preciso, es decir, verificar este tiempo de
una sola vez (i). Si no lo estuviese, con mucho pulso, córtese la
hoz
del cerebro
por encima de la apofisis
crista-galli
y secciónese la dura-.
madre en todo el perímetro del corte oval del cráneo, y después pro-
cédase á lo que indique la especialidad del caso que hubiese determi-
nado la adherencia ó adherencias.
CUARTO.
—Habiendo sido posible desprender la bóveda craneana
de un solo golpe y quedado al descubierto la dura-madre, para seccio-
narla, con tijeras romas, se hace una incisión antero-posterior y luego
otra, que vaya desde el cincipucio á la oreja, disecando después con
los dedos y terminando con algunos cortes (los indispensables) el des-
prendimiento de la membrana.
QUINTO.
—Colocado el cadáver en posición supina y saliendo la ca-
beza por fuera de la mesa, colgante, haciendo que actúe sobre la
masa encefálica la acción de la gravedad, se va seccionando lo ner-
vioso y vascular que la une á la parte ósea, recogiéndola, una vez des-
prendida, en una vasija, en la que, préviamente, se halla colocado una
toalla ó lienzo, que haga de almohada.
El orden de sección que para este tiempo aconseja practicar el
Doctor Letamendi, es el siguiente: Bulbos olfatorios.—Arterias cere-
brales anteriores.—Nervios ópticos.—Enucleación del cuerpo pituita-
rio.—Motores oculares comunes.—Troncos carotídeos internos.—Bri-
das venosas secundarias.—Respetando los senos contiguos, la inserción
esfeno-petrosa y algo de la occipital de la tienda del cerebelo y tronco
de los trigéminos.—Nervios patéticos, faciales, acústicos y, finalmente,
los gloso-faríngeos y pneumo-gástricos, espinales, hipoglosos, arterias
vertebrales y bridas venosas secundarias.
TAREA ENCEFALOSCÓPICA
Con este nombre se distingue el estudio y examen del encéfalo. Este
examen puede ser
externo
é
interno.
En el examen externo se observa-
rá el aspecto general, color, volumen, peso, consistencia, soluciones de
continuidad, etc., etc., cuanto ofrezca de periférico, exteriormente, en
su aspecto normal cadavérico ó en las diversas manifestaciones patoló-
gicas que pueden presentarse en el casi infinito casuismo de una autopsia
(1) «Conviene á la caridad y al decoro evitar que el casco craneal salga
»disparado y rodando con cascaroso estrépito por los suelos; cosa de pésimo
>efecto. Para ello, basta, si se trabaja ¿1 corte oval de la piel, mantener cau-
»tivo con una fuerte erina dicho casco; y si por corte crucial, prevenir por
»medio de una toalla ó porción de sábana el disparo del mismo.» (Dr. Leta-
mendi.)
134
AUTOPSIA JUDICIAL
judic
ial. El examen interno
es más
complicado: para verificarlo, se di-
vide la masa encefálica en dos partes, una en que se comprenda el ce-
rebelo con la médula oblóngata, quedando el cerebro constituyendo la
segunda; en el cerebelo y en la médula, pueden darse los cortes
encua-
dernados
de Wircliow, ya descritos para el examen interno de la mé-
dula espinal; pero en el cerebro, estos cortes no resultarían prácticos
por encerrarse en el
lomo,
precisamente, aquellas partes cuyo examen
es más importante y preciso hacer; así, pues, lo más conveniente será
cortar la masa cerebral en revanadas enteras, que permitan una obser-
vación clara y completa.
MELIOTOMÍA
Su descripción variará según se trate de ejecutar la meliotomía de
los miembros torácicos 6 la de los miembros abdominales.
PRIMERA.—Meliotonzía de los miembros torácicos.
Consta de tres tiempos:
I.° Desarticulación completa y perfecta.
2.° Disección de la atmósfera fisiológica de la región.
3.
0
Ablación definitiva.
PRBIERo.—Debe ser precisa. Para practicarla,
el
Dr. Letamendi da
las siguientes reglas: L
a
trabajar con cuchillete y tijera roma, ambos
resistentes y de buen temple;
2.
a
no penetrar en ninguna dirección
un
punto más de lo necesario, para lo cual conviene llevar constantemen-
te el instrumento al ras del hueso, y 3.
a
no pretender hacer por
desga-
rro
lo que debe ser resultado de una sección correcta.
SEGUNDO.—La
disección será amplia,
pero
prevenida;
la doble liga-
dura
del paquete se hará de manera que la ligadura superior corres-
ponda al sitio más elevado de la región axilar.
TERCERO.—Se
practicará con cuchillos muy grandes, alternando
con tijera fuerte donde fuese preciso.
S
EGUNDA.—Mehotomia
de
los miembros
abdominales.
Se practica en dos tiempos:
I.° Ligadura previa.
2.° Ablación.
PRIMERO.—Colocado el cadáver en posición conveniente, de mane-
ra que sus extremidades inferiores cuelguen fuera de la mesa,
se
prac-
tica la ligadura del paquete de vasos femorales á
su paso por el con-
ducto crural; esta ligadura será doble y resistente, y al cortar
el pa-
quete se cuidará de salvar la vena safena interna.
SEGUNDO.—Se
practicará al ras de las partes blandas,
esto es,
por
sección oval y
d
esarticulación de la cabeza femoral.
N.
PERNÁNDEZ-ClIESTA
135
TCECOTOMÍA
PRIMERO.—Hay que disecar los músculos prevertebrales, cortando
después los escalenos en sus inserciones superiores.
SEGUNDO.—Ligados los paquetes carótido-yugulares, se cortan las
inserciones costales de los escalenos, seccionando después por encima
de la ligadura; al cortar los escalenos, póngase especial cuidado en no
herir la vena yugular.
SEGUNDA.
—
Se
practicará en cuatro tiempos:
I.° Sección.
2.° Prueba y recolección de gases ó de líquidos.
3.° Apertura definitiva.
4.° Alzamiento de la cubierta toraco-abdominal.
PRIMERO.—La incisión debe partir desde el canal subclavio de la
primera costilla, y pasando por la línea tangencial del plano lateral
del cuerpo (costado), irá á la espina iliaca anterior superior, y pasando
algo por encima del canal inguinal, terminará en la región supra-pú-
bica; esta incisión será la misma para ambos sexos (i).
SEGUNDO.—Este
examen es condicional, y según que sea ó no pre-
cisa la formación de los aprestos correspondientes; para practicarlo
nada tan útil como el empleo del
trocar-sifón,
del Dr. Letamendi,
descrito ya en el capítuto de
INSTRUMENTAL.
TERCERO.—Siguiendo la dirección marcada en el primer tiempo, ó
sea la de la incisión trazada con el
costotomo,
se seccionan las costi-
llas y después se apura la incisión en la región abdominal; para ello,
empezando á seccionar la primera costilla del lado derecho, por ejem-
plo, seguido, se llega hasta la última, y cuidando de no herir ninguna
víscera, se incinde más profundamente en la región abdominal, y em-
pezando la sección de la última costilla del lado izquierdo, se termina
por la de la primera (2).
(1)
También puede abrirse el abdomen á cuatro
será excepcional y cuando la especialidad del caso
el fin de no cortar el ligamento venoso, háganse las
no interesar en ellas
el
ombligo.
(2)
La sección ósea se hará exactamente perpendicular al plano de la
costilla,
y
deben
MARCARSE
los
tiempos
de
acción y separación
del costo-
tomo. (Letamendi.)
Comprende dos operaciones: la
céfalo-faríngea
y la
toraco-abdo-
minal.
PRIMERA.
—
SU
ejecución consta de dos tiempos:
I.° Desarticulación.
2.°
Ligadura.
colgajos: esta práctica
propuesto lo exija; con
incisiones de manera de
AUTOPSIA JUDICIAL
CUARTO,
—Para
practicar este tiempo se coje con la mano izquierda
la horquilla del externón y se va tirando, con observación, poco á poco,
esto es, que si hubiera adherencias, se cortarán, respetándolas y con-
servándolas para observaciones ulteriores; las dentelladuras del borde
diafragmático se cortarán al nivel de sus inserciones; la cubierta ab-
dominal se levanta disecando, con cuidado de no herir vísceras y ob-
servando también si hubiese adherencias anormales ó patológicas;
córtese el cordón hepato-umbilical, dejándolo de parte del hígado y al
de la cubierta abdominal, los cordones fibrosos de las antiguas arterias
umbilicales, y el uraco con la vejiga.
Si el cadáver fuera de mujer, pueden cortarse las mamas separa-
damente si, por algún concepto y observación, su estudio fuera
intere-
sante.
EXERESIS VISCERAL
Operación la más difícil de practicar en una autopsia judicial, por
la precisión y exactitud que requiere; su ejecución consta
de cuatro
tiempos:
t.' Exeresis torácica.
2.°
Idem abdominal.
3.
0
Desprendimiento definitivo.
4.
0
Substracción de paredes.
PRIMERO.—
Reunidas
las ligaduras de los vasos clavio-axilares
y
carotido-yugulares con el muñón facio-cervical, practíquese
una
li-
gadura en la parte superior del exófago, y disecando después la parte
posterior del mediastino, de tal modo que al levantar los pulmones
queden comprendidos en el espacio interpleural posterior el exófago,
tráquea, aorta, venas cavas, azigos y semiazigos, y el canal torácico con
todas las derivaciones plexiformes del simpático; al llegar
al
diafragma
se cortan
exactamente
sus
inserciones frénicas, y queda terminada la
exeresis torácica.
SEG
UNDO.—
Desviado el cadáver de manera que sus caderas salgan
del borde lateral izquierdo de la mesa, se recogen hacia la pelvis los
dos muñones de ligaduras de los vasos crurales, envolviendo
en una
toalla la parte inferior de la masa intestinal que se echa sobre
la re-
gión lumbar; entonces, se incinde desde la parte interna de las eminen-
cias
il
eo-pectineas hasta la interna también de las tuberosidades isquiá-
ticas, seccionando todas las partes blandas, y las óseas después, con
sierra de arco; á esta reserción
sigue el corte de todas las partes blan-
das comprendidas entre las tuberosidades isquiáticas y la base
del co-
xis,
que se secciona con
el costotomo colocado
transversalmente.
136
N. ÉElINÁNDEZ-CUESTA
137
'
El conjunto cápsulo-génito-urinario debe conservarse unido, para
su mejor examen y observaciones.
Tal es la exeresis abdominal.
TERCERO.--Se
repone el cadáver en la posición primitiva, se ligan
la aorta y las caras ventrales y se desprende la masa visceral, cortan-
do estos vasos por debajo de las ligaduras hechas.
CUARTO. —En
un lienzo ó sábana se recogerán las vísceras que ha-
yan de ser objeto de examen, ó desde luego se formarán los aprestos
necesarios,
si
así fuera preciso (i).
DIERESIS VISCERAL
•
Como ya queda expuesto, esta operación consiste en la división del
conjunto esplánico en el número de lotes 6 de aprestos que sean nece-
sarios; no hay que decir que
estando como está sujeta á la infinita va-
riedad
del casuismo autóptico judicial, variará también con
él,
según
los casos, no siendo, por tanto, posible en este capítulo dar reglas fijas
que se determinan oportunamente en el estudio de los diferentes casos-
tipos que comprende la sección de este libro
CASUÍSTICA GENERAL.
Con lo expuesto quedan terminadas estas
Notas Generales de Di-
sección,
que á manera de prontuario y sin otras pretensiones, se han
consignado, quedando su adopción, su ampliación y sus modificaciones
al criterio, siempre elevado y científico, del profesor 6 profesores que
ejecuten la autopsia.
(1) «Desvíese el tronco por todo su largo hacia el borde izquierdo de la
»mesa; colóquese en el otro lado de ésta una sábana, medio arrollada por el
»ancho,
y
se extiende junto al lado derecho del cadáver, á manera de sába-
na de
muda
de un enfermo. En tal disposición se volcará el tronco (con lo
»cual la masa de vísceras caerá en la parte desplegada de la sábana), se des-
»envolverá luego la mitad arrollada de la sábana y con ella quedará tam-
bién cubierta la mitad izquierda de la mesa;
y entonces,
mientras un mozo
»va intentando por la izquierda desprender de las vísceras caídas el tronco,
»un disector
y
su ayudante procurarán, á su vez, por la derecha, desprender
»de éste, sin lesión, aquéllos, enmendando, de pasada y á tijera, cualquier
»omisión que produjere embridamiento., (Dr. Letamendi.'
9
138
ÁUTOPSIA JUDICIAL
LESIONES CADAVÉRICAS
Lesiones cadavéricas,—Necesidad de su estudio.—Cesació
n
de actividades
que determinan la muerte.—Enfriamiento, hipostasis, rigidez, desecación
y putrefacción cadavéricas.—Su estudio respectivo.—Influencias que ace-
leran ó retardan la putrefacción.—Saponificación.—Alteraciones micros-
cópicas.
El médico que haya de practicar una autopsia necesita conocer las
alteraciones que la muerte imprime en el organismo, para determinar
por ellas, en lo posible, la fecha del accidente, natural, casual ó violen-
to, y también para diferenciar las lesiones puramente cadavéricas y
que son consecuencia del trabajo evolutivo del proceso de putrefacción;
de aquellas otras que pudieran especificar la causa de la muerte de una
manera esencial ó secundaria, determinante 6 contributiva, distinguien-
do por este estudio y este conocimiento, las transformaciones cadavéri-
cas de las lesiones patológicas, de las que son resultado de unaviolen-
cia ó la consecuencia de un accidente.
Suspendida la actividad cardiaca y cesando la respiratoria, termina
la vida, y empieza, por tanto, el momento inicial de las
alteraciones
propiamente
cadavéricas, que han de ser objeto de estudio en este ca-
pítulo y que más importa conocer al médico que haya de dictaminar
en una diligencia de autopsia.
Partiendo del hecho de no ser simultáneas ambas cesaciones
de ac-
tividades
respiratoria y cardiaca, como se deduce de los concluyentes
experimentos de Vezin, Gad, Eppinger, Jeauselme, Marshall,
Rergnard
y Loye, pueden explicarse por
él los
movimientos regulares que simu-
lan
una respiración en los decapitados, la irritabilidad electro-muscular
de los tejidos, la de los músculos lisos de la piel y la dilatación pupilar
que ofrecen muchos cadáveres y que han sido objeto de múltiples ob-
servaciones.
A cinco grandes grupos pueden reducirse las principales alteracio-
nes que ofrecen los cadáveres: enfriamiento, hipostasis, rigidez
cadavé-
rica,
desecación
y putrefacción.
ENF
RIAMIENTO.
—Pue
d
e
e
e ser completo é incompleto; para comprobar
el primero, son necesarias, término medio, veintitrés horas (Seydeler),
per);
y para apreciar el segundo, bastan de ocho á diez y siete horas (Cas-
claro está que estas cifras variarán,
y
de hecho varían, según
las
condiciones atmosféricas á que el cadáver esté
6 haya estado expuell.
PERNÁNPEZ-CUESTA
139
to, lugar en que se encuentre, estación del año en que se le observe y
según también sus propias condiciones individuales; así ocurre que en
el agua fresca, el enfriamiento es muy rápido y, por el contrario, muy
lento en las letrinas: que los cadáveres de los flacos se enfrían antes
que los de las personas gruesas, del mismo modo que los de los niños
tardan menos tiempo en enfriarse que los de los adultos.
Sabido
es que, en ocasiones,
inmediatamente después de la muerte,
aumenta la temperatura; esto sucede en el cólera, en algunas afeccio-
nes
del sistema nervioso central y muy especialmente en el tétanos;
también se observa este mismo hecho en la muerte por sofocación y
en los envenenamientos que determinan fenómenos convulsivos. Esta
elevación de temperatura no persiste más de veinte minutos.
El enfriamiento cadavérico sirve al médico forense para determi-
nar por él, y teniendo en cuenta siempre las condiciones individuales
del cadáver, de medio ambiente y circunstancias que le rodean, la fe-
cha más ó menos aproximada de la muerte, accidente ó crimen, pres-
tando por este medio un valioso concurso al esclarecimiento de los
hechos para el mejor resplandecer de la verdad.
Así, pues, es de gran importancia la observación previa de la tem-
peratura cadavérica, «que no se nivela simplemente con la de la at-
mósfera ambiente, sino que desciende más á consecuencia de la eva-
poración de la superficie» (Hofmann).
i-li
p
osTAsis.--Están producidas por el descenso de la sangre de las
partes superiores á las inferiores determinando esta relación la posi-
ción del cadáver, y manifestándose, en virtud del peso de la sangre,
por la ley de la gravedad.
Las hipostasis son externas é internas:
Externas
Manchas cadavéricas.
HIPOSTASIS .
Internas
Hipostasis de los órganos internos.
Manchas cadavéricas.—Su
conocimiento exacto
importa mucho
al médico
forense para diferenciarlas de la cianosis y del equimosis,
evitando de este modo un error de
diagnóstico judicial,
lamentable
siempre,
Realmente, la mancha cadavérica puede considerarse
como
el prin-
cipio de la putrefacción, es
su
antesala y constituye
su prólogo más
legítimo.
La posición del cadáver determina en
los puntos más
declives
la
acumulación de sangre que procede de los más superiores; esta acu-
mulación, produce una hiperemia que se manifiesta, exteriormente, por
el
cambio de coloración de la piel, poco perceptible al principio, mas
140
AUTOPSIA JUDICIAL
sensible
y apreciable á' medida que el tiempo avanza y la causa persiste;
continúa ésta, las manchas cadavéricas se hacen más difusas, cambian
de color, preséntanse lívidas, y entonces la hiperemia congestiva se
convierte en
imbibición
de los tejidos con suero sanguíneo, primer pe-
ríodo ya de la putrefacción, y, por tanto, se ha pasado de la hipostasis
externa á la putrefacción cadavérica (1).
La coloración de las manchas cadavéricas guarda armonía con la
coloración de la sangre (2). En general, serán más obscuras conforme
lleven más tiempo de duración.
Su número é intensidad se halla en razón directa con el estado
líquido de la sangre y su cantidad; así, á mayor cantidad de sangre en
el cadáver y estado líquido más completo, corresponde mayor canti-
dad de manchas cadavéricas; y constituyendo éstas, como acabo de
expresar, los precedentes de putrefacción, de aquí el que los cadáveres
de los sujetos gruesos ó pletóricos se descompongan antes que aquellos
otros que correspondieron á individuos flacos ó estenuados, en los que
la cantidad de sangre es mucho menor. Las manchas cadavéricas se
presentan, en circunstancias normales, en un espacio de tiempo que va-
ría entre cuatro y diez horas.
Fijada la causa de las hipostasis, queda desde luego explicada la
razón de que se presenten en unas regiones con preferencia á otras, y
no me parece que sea necesario insistir sobre este punto, explicándose
por él muchos fenómenos cadavéricos que causan la admiración de los
que, desconociendo su causa, ni sabiendo interpretarla, no aciertan á
explicárselos; tales son las distintas coloraciones que suelen observarse
en la cara de algunos cadáveres, en las extremidades de los ahorca-
dos,
etc.,
etc., en todos aquellos sitios en los que, por su posición
más
declive, se deposita en ellos mayor cantidad de sangre y la hiperemia
congestiva que se produce, determina primero la hipostasis, la mancha
cadavérica, después la imbibición de los tejidos con suero sanguíneo,
y
por último, la putrefacción; pero
si
juzgo que no es necesario insistir
en este punto, creo, en cambio, del mayor interés, llamar la atención de
cuantos me lean, sobre la importancia que el estudio de las manchas
cadavéricas tendrá en determinados casos, y sobre lo esencial que
es
fijar bien su significación y alcance,
traduciéndolas fielmente
y diferen-
ciándolas de las cianosis y de los equimosis.
Es, pues, muy importante
el
exámen
y estudio de las hipostasis ex-
(1)
En opinión
de
Tourdes, las manchas cadavéricas pueden ser suscepti-
bles de
m
odificaciones v aun de completa desaparición, sin más que variar la
posición del cadáver y siempre que no hayan transcurrido más de cuatro
horas después de la muerte.
(2)
En el
env
enenamiento por el óxido de carbono son rojo-claras; en el
porclorato potásico,
grises.
r'PERIT ÁNDEZ OUEST A
141
ternas en la misión especial del médico forense, y á él debe dedicar
particular atención.
Hipostasis de los órganos internos.—Si
importante y esencial es
el estudio de las manchas cadavéricas
á
los efectos médicos judiciales
en una diligencia de autopsia, tanto 6 más importante y esencial será el
conocimiento de las hipostasis de los órganos internos ó hipostasis in-
ternas, para diferenciar debidamente
un hecho criminal de un. accidente
de un
estado patológico. A este
efecto, conviene tener
muy en cuenta
la posición del cadáver y la organización especial ó textura de la región,
aparato órgano que se examina, y de este modo podrán fijarse bien
ie
los términos para resolver en justicia y dictaminar científica y moral-
11
^
mente.
Los principales órganos sujetos á hipostasis, son los pulmones, los
riñones y el encéfalo.
Todo cuanto queda dicho para las hipostasis externas tiene aplica-
;/:
ción para las internas, en cuanto á manera íntima de producirse y aun
de
ser,
dentro de la categoría de alteración cadavérica.
11
RIGIDEZ.
—
Se
presenta generalmente á las tres horas después de la
muerte, por
más que su
tiempo de aparición varía, según la edad, con-
diciones
individuales y de causa; así se observa que, en los recién na-
cidos y en los niños pequeños, aparece antes
que en los adultos (i)
que
falta en los fetos abortados y que en algunos casos de envenenamientos
y procesos infecciosos
y sépticos, tampoco ha podido observase (2).
Modernamente se ha
descrito una clase de rigidez denonominada
cataléptica,
que es la que se observa en algunas ocasiones, campos de
batalla, grandes catástrofes, etc., etc., cuando los cadáveres se presen-
tan en posiciones determinadas, conservando aquéllas en las que les
sorprendió la muerte y habiendo adquirido en ellas la rigidez.
Son
muchos
los
autores que se han ocupado
de este asunto y múltiples, por
tanto, las opiniones y experimentos sustentadas y realizados. Entre unas
y otros pueden citarse los trabajos de Seydel, Schroff, Falck y Dubois
Reymond, que han estudiado este asunto muy detenidamente, sin que
(1) En
opinión
de Monde
(Ausfuerliches Handbuch dergerichlihen, me-
decin,
tomo ni, pág.
405), <la rigidez cadavérica empieza á manifestarse en
»los recién nacidos á las seis horas después de la muerte, pero es mas débil
»y de menos duración que en los adultos; es aún menos considerable en los
»niños que no son de todo tiempo, y los fetos de siete meses no presentan
»vestigio alguno de dicha rigidez; en los niños que han respirado es más
»fuerte que en los que han nacido muertos.»
(9) Er
g
las intoxicaciones por el fósforo (Hofmaun).
Envenenamientos con setas (Sahli).,
142
AUTOPSIA JUDICIAL
hasta el actual momento sea posible concretar sus esfuerzos en una
opinión fija y verdadera. Como probable, puede admitirse que la causa
de esta clase de rigidez está en la contracción tetánica de los músculos
por lesión de la médula.
La rigidez cadavérica no es uniforme á todos los grupos de múscu-
los; no los invade á un mismo tiempo, así como tampoco desaparece
súbita y momentáneamente, de una manera simultánea. En opinión de
Hofmann, la rigidez cadavérica empieza en la nuca y en la mandíbula
inferior, pasando luego al tronco y después á las extremidades superio-
res y, finalmente, á las inferiores, y por este mismo orden de aparición,
desaparece.
Antes que Ilofmann, Sommer había marcado esta misma evolución
á la rigidez cadavérica, según se demuestra en estadísticas especiales
que comprenden más de doscientos casos.
La duración de la rigidez cadavérica está en razón directa del des-
arrollo muscular; de manera que á mayor desarrollo corresponde ma-
yor duración. Como término medio general, muy susceptible de mo-
dificarse, la rigidez cadavérica dura, en los adultos, cuarenta y ocho
horas, y en los niños de pecho, cuarenta, no presentándose la resolu-
ción completa hasta las ochenta ú ochenta y seis horas después de la
muerte (1).
La putrefacción no hace cesar la rigidez.
De lo expuesto se deduce que es importante el estudio de esta al-
teración cadavérica, á la contribución del mejor
diagnosticar necróp-
tico,
y más completo y perfecto resultado de una autopsia, por cuanto
por ella, puede, en algunos casos, determinarse la época de la muerte,
bien sea normal ó violenta, aunque sujetando siempre el juicio peri-
cial á las condiciones de medio, localidad y cadáver (2).
DESECACIÓN.--Se
manifiesta principalmente donde falta la epider-
mis ó en aquellos sitios que antes se habían conservado húmedos ó
habían estado comprimidos.
(1)
Nysten, en observaciones hechas eu sujetos atléticos, no ha visto cesar
la ri
gidez cadavérica hasta después de seis ó siete días de ocurrida la muerte.
«Cuanto más tarda la rigidez en aparecer después de la muerte,
más larga
es su
duración, y
al contrario»
(Orfila).
(2)
La rigidez cadavérica es muy grande y persistente en los envenena -
mientos por narcóticos y corrosivos, gases deletéreos, cloro, bióxido de ázoe
y amoniaco y
en las gastro-euteritis agudas. De menos duración
y
conside-
ración menor en todos aquellos casos en que la
muerte es la consecuencia
de un proceso crónico de
consunción vital.
vzittaxinZ-otrurÁ
1.48
111
:
0
1'
La desecación está producida por la acción del aire.
Después de la muerte, el globo ocular es asiento de transformacio-
nes y modificaciones sucesivas, que Hofmann describe del siguiente
modo: «Inmediatamente después de la muerte pierde su tensión y con
ésta su brillo especial, empezando más tarde á deprimirse el globo y
á enturbiarse la córnea. Esta se presenta al principio como empolva-
da, luego se plega á la superficie formando arrugas finas, haciéndose
la córnea cada vez más turbia hasta que, por fin, resulta del todo opaca.
Muy pronto después de la muerte, cuando los párpados no han estado
perfectamente cerrados, empieza también la conjuntiva á desecarse en
los puntos que se hayan en contacto con el aire, formándose así, en
ambos lados de la córnea, unas manchas triangulares pardo amarillen-
tas que repetidas veces se han hecho constar como signos positivos
de la muerte real. Más tarde el globo se desprime cada vez más, liqui-
dándose el cuerpo vítreo é infiltrándose de sangre las túnicas del globo,
de modo que éste se presenta, por último, con una especie de bolsa que
resiste mucho tiempo á la destrucción en virtud á su carácter fibroso.»
Cuando los párpados permanecen cerrados, todas estas modifica-
ciones son más lentas que cuando estan abiertos.
I C.
PUTREFACCIÓN.--ES
un signo cierto de muerte.
Consiste en la descomposición que, bajo ciertas condiciones de calor
y humedad, sufren todos los cuerpos organizados cuando se extingue
en ellos la vida.
La putrefacción es el estado de lo que se halla putrefacto ó po-
drido (i).
Las denominaciones de
fermentación pútrida
y
fermentación
amo-
niacal
deben desecharse por impropias y viciosas.
Para su estudio puede dividirse la putrefacción en
externa é
inter-
na,
por más que llegue un momento en que, fundiéndose ambas por la
serie de alteraciones macroscópicas que se suceden, convierten todos
los tejidos del cadáver en una masa untuosa.
Putrefacción
Externa.
Interna.
Externa.—Al
tratar de las hipostasis, fijé de una manera clara
y
(1) Se da el nombre de putrefacción en su acepción más lata á la descom-
posición que se verifica espontáneamente y bajo el influjo de ciertas condi-
ciones en los cuerpos privados de vida, acompañada del desarrollo de nuevas
substancias y sobre todo de vapores y de gases notables por su fetidez.
(Orfila.)
AUTOPSIA JUDICIAL
evidente el principio de la putrefacción externa y el punto inicial de
donde arrancan todas las transformaciones que van derivándose de
la descomposición orgánica.
Persistiendo las hipostasis y haciéndose cada vez más pronunciada
la hiperemia congestiva, las manchas cadavéricas se agrandan, y
al mismo tiempo que se hacen más difusas, adquieren un color lívido,
observándose, entonces, en diferentes regiones, principalmente en la
inguinal y en la cara, otras manchas de color verde súcio, que no tar-
dan en aumentar en intensidad y en número, generalizándose y cons-
tituyendo lo que el vulgo de las gentes llama, con gran propiedad,
«descomposición del cadáver.»
Convertida, por la persistencia de la hipostasis, la hiperemia en
imbibición de los tejidos con suero sanguíneo, no tarda en realizarse la
trasudación de este suero, que se verifica entre el dermis y la epide-
mia que se abulta, se distiende y forma ampolla, que, al romperse por
su falta de elasticidad, deja al descubierto el dermis húmedo, de mal
col©r y siendo objeto de la trasudación citada; entonces pueden ocu-
rrir una de estas dos cosas: ó el dermis va aumentando en su colicua-
ción 6 se deseca, dependiendo que la putrefacción adopte uno ú otro
rumbo de la acción de las condiciones de medio ambiente á que el
cadáver se encuentre sometido.
Al mismo tiempo que la piel es asiento de las modificaciones que
acabo de describir, simultáneamente con este proceso, el tejido celular
subcutáneo sufre un verdadero
enñsema de putrefacción
y por él un
desarrollo de gases que, coincidiendo con el meteorismo abdominal, da
al cadáver un aspecto deforme y extraordinario.
Este desarrollo de gases se manifiesta primeramente en la cara, en
el cuello y en el torax.
Durante este tiempo, las uñas y los pelos se aflojan de tal manera
en sus raíces, que basta para arrancarlos la más ligera tracción.
La infiltración del dermis va en aumento y aumentando también
el desarrollo de los gases, buscan éstos, en virtud de su fuerza expan-
siva, la libertad que necesitan para que el proceso de putrefacción se
termine; rompen los
límites que
los contienen exterior é interiormente,
y entonces, y como ya he manifestado, vienen los períodos de colicua-
ción ó el de desecación, pútridas, según las condiciones del cadáver y
circunstancias de lugar, y medio ambiente que le rodeen.
Tal es la putrefacción externa.
Interna.—El
mecanismo de la putrefacción interna es el mismo
que el que preside la putrefacción externa y, como sucede en ésta,
manifiesta primeramente sus efectos en aquellos sitios donde antes se
produjeron las hipostasis. Así, las mucosas de la faringe y órganos
respiratorios, la pared posterior del estómago, el endocardio y las
mismas meninges son primeramente asiento del
o e proceso de putrefac-
ción interna que, fusionándose con la externa en virtud de las meta-
144
101
1(11
114
OÍS f;
dlf
1;1\
)/11;
05'
morfosis y alteraciones de foriña y textura, comPlelan- y
terminan el
trabajo de putrefacción 6 descomposición orgánica, de un cadáver.
De lo expuesto se deduce que en el proceso de putrefacción hay
que considerar varios períodos:
I.°
Difusión de las manchas cadavéricas; 2.° aparición de manchas
verdes; 3.° imbibición de los tejidos con :suero sanguíneo; 4.° trasuda-
ción de este suero; 5.° distensión del epidermis; 6.° rotura del epider-
mis; 7.° desarrollo de gases en el tejido celular subcutáneo
(enfisema
de putrefacción);
8.° colicuación; 9.° desecación.
Son varias las circunstancias que pueden retardar ó acelerar la pu-
trefacción, siendo su estudio de gran importancia para la misión espe-
cial del médico forense en una diligencia de autopsia; entre los elemen-
tos que más directamente influyen en el curso de la putrefacción,
pueden señalarse, y merecen citación especial,
el aire atmosférico, el
calor,
la humedad
y
los
organismos vegetales y animales.
Aire atmosférico.—Es
evidente la influencia que el aire atmosfé-
rico ejerce en el curso de la putrefacción cadavérica, y por lo mismo
no juzgo necesario ni oportuno insistir en la demostración de lo
que
ya está
demostrado.
Cuanto más libre sea el acceso del aire al cadáver, la putrefacción
será más rápida.
Las corrientes fuertes y las secas, favorecen la momificación.
Las cubiertas de goma, los ataúdes de madera, y sobre todo los
metálicos, retardan la
putrefacción.
Calor.—También es evidente la influencia que en la putrefacción
ejerce el calor.
Sabido es
que en verano
y primavera se
descomponen los cadáve-
res
más rápidamente que en invierno y en otoño, y antes también
en los locales calientes
que en
los
fríos; esto, por lo
conocido, resulta
inútil advertirlo y cuanto sobre el particular se diga.
PUTRBFACCIÓN
Externa
Difusión de hipostasis.
Manchas verdes.
Imbibición de tejidos.
Trasudación.
Distensión del epidermis.
Su rotura.
Enfisema de putrefacción.
Colicuación.
Desecación.
Difusión de hipostasis.
Imbibición de tejidos.
Trásudación.
Colicuación.
Desecación.
I
nterna ...... ..
4
V
J
i46
,A
UT
OP
S
IA
J
U
D
ICIAL
El aire
caliente y seco, favorec
e
la desecación;
el aire caliente y
húmedo, la putrefacción.
Humedad.—Lo
mismo que el aire atmosférico y el calor, la hu-
medad
tiene influencia reconocid
a
en el curso de la putrefacción, que
la necesita para manifestarse, debiéndose á su falta muchos estados
de
momificación, explicables sólo por este motivo.
Organismos vegetales y
animales.—Desempeñan un papel esencial
en la putrefacción cadavérica.
Krahmer, Domes, Locherer y Megnín, entre otros, han hecho es-
tudios y experimentos muy notables acerca de esteasun
a
t
lg
o
o
;
de sus
observaciones se deduce, en general, que con temperaturas
das, se presentan las moscas á las doce horas después de verificada la
muerte, y, según Hofmann, las larvas del moscón salen ya al día si-
guiente, después de la puesta de los huevos; crecen con suma rapidez,
empezando á los ocho días á convertirse en crisálidas, de las
que
salen las
moscas al cabo de diez días más. Sabido es que los
animales
carnívoros y los cerdos, y principalmente las ratas, atacan los
cadá-
veres,
que destruyen ó mutilan.
En opinión de Schneider, los cadáveres enterrados
son consumidos
por las larvas de las moscas, procedentes de los huevos depositados
en el cadáver durante su permanencia en contacto con la atmósfera. /
Es creencia general que los peces repugnan la carne
podrida, que /
devoran en cambio los cangrejos, las ratas y los coleópteros
acuá-
ticos.
Demostrada la influencia que en
el curso general
de la putrefac-
ción
ejercen el aire atmosférico,
el calor, la humedad y algunos orga-
nismos vegetales y animales que constituyen lo que muy bien pudie-
ra apellidarse
grupo de influencias externas de putrefacción,
hay que
considerar las circunstancias que, siendo inherentes al mismo
cadáver
y á su
causa, determinan especialidad, acelerando ó retardando
el
proceso de descomposición cadavérica. Entre estas condiciones, que
constituirán la individualidad de cada caso,
merecen especial men-
ción: la edad, el estado de nutrición, la época de la muerte, su causa
y
cuantas circunstancias internas ó
individuales que, por si ó en unión,
armonicen y den reciprocidad con las externas,
y fusionándose con
ellas, en cuanto á
su mecanismo
íntimo y manifestaciones, tengan in-
fluencia en el
trabajo de putrefacción.
En general, estas condiciones individuales tendrán
tanta más in-
fluencia en el proceso de descomposición orgánica cadavérica, cuanto
más
puedan oponerse
á la acción de las causas
externas.
No es igual la resistencia que presentan los distintos
órganos á la
pu
trefacción,
pudiendo afirmarse que ésta se
hallará en razón
directa
de la cantidad de
sangre contenida y la densidad de su estructura (1).
(1) El
tejido celular
s
ubcutáneo é
int
ermuscular fofo se pudre muy pro
PIURNÁN132Z- ere ESTA
147
De todo lo expuesto, no es difícil deducir la gran importancia que
el estudio de la putrefacción tiene, para
el mejor conocimiento de los
hechos, en una diligencia de autopsia, pudiendo por él, más que por
ninguno otro de las anteriores lesiones cadavéricas descritas, fijar la
época de la muerte, aclarando en muchas ocasiones, con este precio-
so dato de comprobación, puntos obscuros ó velados de un proceso,
que, al ser resueltos, hacen marchar rápidamente el sumario por el
camino del logro de la verdad de la causa de la muerte, bien se trate
de un crimen, de un hecho natural ó de un accidente. Sin embargo, el
médico debe cuidar, especialmente, de tener en cuenta las condicio-
nes
de
localidad, medio y cadáver, para en su vista formar un
juicio
todo lo aproximado á lo justo, no olvidando las circunstancias exter-
nas
é internas que influyen en el proceso de putrefacción cadavérica.
SAPONIFICACIÓN.
—
Como
su nombre indica, consiste en la conversión
de la masa cadavérica en substancia jabonosa.
Esta formación,
llamada
adipocera,
representa la grasa subcutánea
y la que, después de la colicuación de las partes blandas, sobre todo
de
los
músculos, queda como consecuencia de los ácidos grasos. Su
presencia depende, en opinión de de la
transmigración de la
grasa durante el proceso de descomposición,
que, según Hofmann, con-
siste en que en los períodos ulteriores de la maceración, las grasas neu-
tras líquidas, á la temperatura ordinaria, se infiltran y trasudan de una
manera análoga, á la que en
los
períodos anteriores
hacen los líquidos
de la sangre; estas grasas, así como las que han quedado en el punto
de
su
origen, se descomponen en glicerina y ácidos grasos libres, de
los cuales el ácido oléico, líquido á la temperatura ordinaria, junto con
la glicerina, desaparecen, quedando sólo los ácidos grasos superiores
en forma de cristales, que se combinan en su mayor parte con cal y
magnesia, á modo de jabón.
La
saponificación
se observa, más principalmente, en los cadáve-
res que han permanecido mucho tiempo en el agua.
Fourcroy fué el primero que la describió. Después, los experimen-
tos de Zillner y de Tamassia, y más posteriormente, los de Lehmann
y
Voit,
han dado por resultado la opinión ó teoría de Hofmann, antes
transcrita, y que parece puede aceptarse por todos conceptos.
to, infiltrándose de gases de putrefacción. Las fascias
y
los tendones, dn
cambio, se conservan más tiempo después de los huesos (Hofmann).
La piel, los grandes troncos arteriales y la aorta, principalmente, resis-
ten mucho la putrefacción.
El útero (grávido) es el órgano
más resistente.
148
AUTOPSIA JUDICIAL
ALTERACIONES
b
ecRoscóPicAs.—Consisten, en general, en el
ent
urbia-
miento de las fibras musculares y de los epitelios glandulares que se
infiltran de masas granulosas y refrigerantes.
Importa mucho
su
estudio y conocimiento para no incurrir en
error, fácil, por la gran semejanza que presentan las
al
teraciones mi-
croscópicas propias de la putrefacción con otras que son inherentes á
ciertos envenenamientos
y
estados infecciosos.
Con el anterior capítulo, dedicado al estudio de las Lesiones cada-
véricas, termina la primera sección de la primera parte de este libro,
ó sea, de
DOCTRINA GENERAL,
necesaria para practicar una autopsia.
CASUÍSTICA GENERAL
C A
S
O
S
-TIPOS
Recién nacidos.
Infanticidio.
Provocación de aborto.
Envenenamiento.
Suicidio.
Axfisia
por
submersión.
por sofocación.
por
estrangulación.
Colgamiento.
Precipitación.
homicidio.
Asesinato.
Muerte repentina.
MANERA ESPECIAL DE PRACTI-
CAR LAS AUTOPSIAS EN CASO
DE.
tlERNÁNDEí-CliESTA
AUTOPSIA DE RECIÉN NACIDOS
AUTOPSIA EN CASO DE INFANTICIDIO
Autopsia de recién nacidos .—Nociones generales. —Infanticidio .—Deflnición,
etimologia, división.—Distintas interpretaciones.—Notas para el estudio
del desarrollo embrionario.—Fisiología del feto.—Fisiología del recién na-
cido en estado normal, en estado patológico y en sus anomalías.—Carac-
teres del feto que no ha respirado, que ha respirado incompletamente
y
que ha respirado completamente.—Práctica de autopsia.—Su especifici-
dad.—Prueba pulmonar.—Observaciones necrópticas.
Pocas cuestiones se presentarán al examen é informe de los médi-
cos forenses de la importancia y de la transcendencia que todas las re-
lativas al infanticidio ofrecen, cuando acerca de ellas ha de dictami-
narse en una diligencia de autopsia; pues, sobre la gravedad que en si
llevan siempre todos los asuntos objeto de la Medicina-Legal, ninguno,
como el infanticidio, es tan acsequible á la discusión y á la controver-
sia, y ninguno como él tiene ramificaciones tan extensas, ni tantos pun-
tos de contacto, inmediatos todos, con otros, cuyo debate es intrinca-
do y difícil y se presta á la acomodación de una defensa 6 al informe
del ministerio público. Es, pues, preciso, es indispensable que el médi-
co que en estos casos haya de emitir opinión de perito, lo haga cono-
ciendo de antemano lo difícil de su situación y no olvidando de pro-
veer á cuantas preguntas se le someta, ya por el conciso y lacónico
interrogatorio de un fiscal, ya por los caprichosos senderos de una de-
fensa, capciosos ambos, en la mayoría de los casos, pues de lo contra-
rio estará muy expuesto á no restablecer la verdad de los
hechos, con
perjuicio de la moral pública y de la moral profesional. Y no es menos
difícil y expuesta la situación del Presidente é
individuos
que formen
el Jurado que haya de fallar en un caso de infanticidio, que es, en opi-
nión de todos los tratadistas, uno de los delitos en que necesita el Juez
proceder con más tino y escrupulosidad para probar su existencia, por-
que, como fácilmente se comprende, no es bastante que aparezca una
criatura muerta y que se pruebe la preñez de su madre, para determl,
AUTOPSIA
JUDICIAL
nar de una manera clara, precisa y concreta, en términos absolutos,
como
deben ser todos los resultandos de una sentencia, sin dejar lugar
á duda alguna, la existencia de un delito. Por consiguiente, es indispen-
sable, igualmente, que el Juez mande practicar las diligencias necesarias
que hayan de acreditar que la mujer estuvo embarazada, si es que ella
no lo confesase voluntariamente; la de haber parido, sólo en el caso
negativo, y la
de que la criatura nació viva, habiendo padecido des-
pués una muerte que no fué natural, procurando, en cuanto á este últi-
mo extremo, dar á las actuaciones toda la claridad posible, de acuerdo
y en relación con el informe ó informes de los médicos llamados á de-
clarar como peritos.
Todas estas diligencias y reconocimientos conducentes á la aclara-
ción de los extremos propuestos deberán efectuarse, precisamente, á
presencia del Juez y Escribano que entiendan en la causa, y después se
recibirá declaración á los facultativos sobre todo aquello que hubiesen
observado, debiendo ser, ésta, tan clara y tan explícita, como correspon-
de á su excepcional importancia y extraordinario interés,
puesto que
ha de ser la base, el fundamento, el verdadero punto de apoyo de la
sentencia que se
dicte.
No cumple al objeto de este
libro, que sólo
de
Necropsis
ha de
ocuparse, el prevenir á las cuestiones, de importancia todas, que en
más 6 en menos se relacionan con el infanticidio; pero no puedo por
menos de decir algo, aunque sólo sea á manera de apuntes, de ideas
que pueden y
aun deben ampliarse en cuanto estas cuestiones tengan
lazo de unión y puntos de conexión inmediata, en el concepto del he-
cho que se substancia, con la autopsia de los recién nacidos, objeto de
este capítulo.
La palabra infanticidio, cuya etimología latina (1)
da
su
propia de-
finición, no ha sido igualmente
interpretada en Medicina-Legal,
ni
por
su
aplicación, ni en su significación misma, y
de aquí nace la primera
causa, si no de error, de discusión; interpretación que tampoco ha sido
igualmente sentida por los comentaristas del derecho patrio. Para Fe-
brero debe entenderse por infanticio la muerte causada por sus padres
á un niño
de corta edad. Nuestra antigua
jurisprudencia entendía por
infanticidio, latamente considerado, la muerte dada á un niño en el seno
de su madre 6 después de su nacimiento; mas en sentido extricto, de-
signaba con esta palabra la muerte causada á un niño en el momento
de nacer 6 después de nacido, y, aún más propiamente, la causada por
la madre ó el padre con su consentimiento.
Según el Código penal, parece que no debe entenderse que hay in-
fanticidio sino en la muerte
de un niño que
no ha cumplido tres días,
causada por la madre para
ocultar
su deshonra 6 por los abuelos mad
152
1) De
in
fans-antis,
Niño, y eadere, Matar,
4.
FERNÁNDEZ-CUESTA
15:3
ternos con el mismo objeto, puesto que la muerte de un recién nacido,
fuera de estos casos, se castiga por el Código con la pena de homi-
cidio.
La mayoría de los autores están conformes en admitir que por in-
fanticidio debe entenderse la muerte causada por la madre ó abuelos
maternos -al niño que todavía no tiene tres días.
El Dr. Orfila, aunque no de un modo concreto, se inclina á admitir
la división
del infanticidio en
embrioctomía, feticidio
é
infanticidio,
propiamente dicho,
de acuerdo con la opinión de Marc, que dice: «Un
lenguaje riguroso exigiría, quizás, se adoptase como expresión genérica
la palabra
feticidio,
para designar la destrucción voluntaria del teto
desde la época de su formación hasta la de su expulsión; que la pala-
bra
embrioctomía no sirviese
más
que para expresar la acción de hacer
perecer en el seno materno el feto no desarrollado, y, en fin, que la
palabra
infanticidio
no se aplicase más que al asesinato de un recién
nacido viable.» (1)
Olivier d'Anger, Marc, Devergie, Frorrep, Orfila y otros médicos
legistas de gran reputación, discutieron muy ampliamente lo que debía
entenderse por recién nacido. El Dr. Mata, con ese espíritu sintético y
razonador que preside todos sus escritos, terminó el debate, decla-
rándolo completamente esteril, fundándose para ello en que, enten-
diendo la ley por infanticidio la muerte del feto ó criatura nacida, que
se efectúa antes de
los
tres días de su nacimiento, por recién nacido
debe entenderse el que no tiene más de tres días de nacimiento, y
como por otra parte, el que mate á una criatura más allá de esta fecha
comete un
homicidio
é
incurre en la responsabilidad y pena que el
Código marca para esta clase de delitos, no tiene importancia ni razón
de ser el discutir
lo
que debe entenderse por recién nacido en el senti-
do médico, toda vez que está claramente expresado en su aspecto
ju-
rídico
y sentido legal, y la cuestión, por tanto, terminada y resuelta al
interés de los Tribunales y de la justicia en la aplicación de la ley.
Ño es posible hacer un estudio exactamente minucioso del des-
arrollo
de
los
diferentes órganos fetales durante la vida intrauterina;
los límites
de esta obra no lo consienten. Y, sin embargo, es necesario
que el médico forense, como todo aquel que haya de dictaminar en un
caso de autopsia de recién nacido, precise, hasta donde sea posible
precisar, la edad del feto en caso de aborto, parto prematuro,
etc., et-
cétera, en las diferentes circunstancias y
los
distintos aspectos que
(1) Diccionario de Medicina y Cirugía.
5
.1,
10.
154
AUTOPSIA JUDICIAL
pueda ofrecer un caso de infanticidio; por tanto, y remitiendo al lector
para mayores detalles á una obra que trate de este asunto especial-
mente, se estudian á continuación la anatomía y fisiología del feto en
cuanto al médico forense pueda importar su conocimiento, y sólo en
el concepto necesario para la práctica de la ejecución de una autopsia
de recién nacido.
Transformado el
óvulo
por el acto de la fecundación, sufre las mo-
dificaciones necesarias á la formación del
embrión
y de sus
cubiertas.
PRIMER
mEs.—Disuelto el
cltmulus proliger
y verificada la
segmen-
tación del vitellus,
aparecen las
células embrionarias,
que en
virtud
de la fuerza centrífuga de que están animadas, se
adosan á la cara in
terna de la
membrana vitelina,
dando lugar á
la formación de una
cápsula
esférica, pavimentosa y concéntrica á
esta membrana, y que se
llama
blastodermo;
poco á poco, va adquiriendo mayor espesor, dis-
tinguiéndose en él tres capas ó cubiertas: una interna, mucosa ó
blas-
todermo interno;
otra intermedia ó
vascular, y una tercera externa,
serosa 6
blastodermo externo,
y aparece entre la
segunda y tercera
membrana, ó sea entre la vascular
y
la serosa, la mancha embrionaria,.
que por una serie de metamorfosis se abulta en sus dos extremos, que
han de ser cabeza
y pelvis.
Durante esta primera época, el óvulo cae al útero, después de re-
correr la trompa de Falopio, desarrollándose en seguida por la mem-
brana vitelina numerosas vellosidades 6 vejetaciones, que son las que
constituyen el
primer corión.
Rara vez se
encuentra el embrión en los abortos, pues lo más ge-
neral es que salga mezclado con los coágulos de sangre que lo envuel-
ven y se pierda con ellos; cuando no sucede ésto, y es posible reco-
nocerle, presenta el aspecto de una pequeña masa gelatinosa y semi-
transparente, de unos dos milímetros de longitud y envuelta por el
amnios, y en la que, examinándola muy despacio y con gran cuida-
do y detenimiento, es posible apreciar el pedículo de la vesícula
um-
bilical
en la cavidad abdominal entreabierta.
Aristóteles comparaba el embrión en este período
con una hormiga
gruesa; Burton con un grano de cebada, y Bandelocque con el
marti-
llo
del oido.
SEGUNDO
ME
S.—
...
Abarquillándose la mancha embrionaria, presenta un
plano convexo, que se convertirá
más
adelante en
dorso;
otro
plano
cóncavo, que ha de constituir
la
cara ventral, y
una
abertura
grande,
que
después de reducirse
extra
ordinariamente,
será el ombligo.
Esta época está
c
aracterizada por las evoluciones de la wicula
11.
•
ÉÉRNINDEZ-CTJEStA
155
umbilical,
destinada á nutrir el embrión, y que adquiere su mayor des-
arrollo en esta edad y la aparición de la
vexícula alantoides.
El embrión es
más
perceptible y aparente y se hacen visibles la
cabeza y las extremidades; parece encorvado sobre sí mismo; su lon-
gitud es de
12
á 16
milímetros y pesa unos 3 gramos; la columna ver-
tebral está dividida en vértebras distintas y tiene á cada lado los
cuer-
pos
de Wolf (1);
principia á formarse el aparato circulatorio del feto
independiente, y que se compone del corazón, que sólo tiene una
aurícula y un ventrículo y la aorta y las arterias pulmonares que nacen
de éste; al finalizar este mes, aparecen los riñones y las cápsulas supra-
renales, y el ventrículo único aparece dividido en dos por el desarro-
llo de una membrana interventricular; aparecen centros ó núcleos de
osificación en la clavícula y en el maxilar inferior; el cordón umbilical
es recto, y se inserta en la parte inferior del abdómen; desaparece el
primer corión,
y poniéndose en contacto con el útero la cápsula for-
mada por la porción parietal del blastodermo externo de su cara con-
vexa, se desprenden numerosas vellosidades que forman el
segundo
corión.
Los párpados, que son muy delgados, no cubren todavía los
ojos; éstos, según Malpighi, parecen dos puntos negros redondeados;
Soemmering cree que á los cuarenta días ya se ha completado el
círculo del iris; para Autenrieth esto no se verifica hasta
los
cuarenta
y cuatro. En vez de orejas se distinguen dos mamelones, pequeños, se-
miovales, hendidos en el sentido de su longitud; se inicia la piel, susti-
tuida hasta esta época por una capa glutinosa, muy blanda y transpa-
rente; los labios, que empezaron á formarse desde el duodécimo día,
son ya muy perceptibles; al final de este mes empieza el crecimiento
de los miembros abdominales y también se pueden apreciar los rudi-
mentos de los órganos genitales.
TERCER
mEs.—Este período está caracterizado por la vida de la ve-
xícula alantoides y la formación del corión definitivo y de la placenta.
Desde esta época hasta la terminación de la vida intrauterina, las par-
tes accesorias del embrión y feto son: tres cápsulas concéntricas
cadu-
ca, corión
y
amnios,
el
cordón umbilical
y la
placenta.
Han desaparecido la mayor parte de las vellosidades coriales atro-
fiándose y se ha constituido la
placenta;
por el crecimiento de la vexí-
cula alantoides abúltase
su
vientre y se desarrolla su cuello prolon-
(1) Los
cuerpos
de Wolf
Ó
FALSOS RIÑONES,
fueron descubiertos por Wolf,
y los describió primeramente Oken; están constituidos por una serie de tu-
bos enrollados, que se abren en un conducto excretor común, que corre
á
lo largo de su borde externo y se une por abajo á la cloaca de
los órganos
genito-urinarios y digestivos. Funcionan como glándulas secretorias y re-
emplazan
á los riñones.
A fines de este segundo mes, se atrofian y desapa-
recen, encontrándose sus vestigios en el feto de
término, en el para-ovario,
situado entre
los
repliegues de
los
ligamentos anchos,
156
AUTOPSIA JUDICIAL
gándose; aparecen en su superficie cuatro vasos sanguíneos, que meta-
morfoseándos
e
se reducen á tres, dos arterias y una vena, que se alojan
dentro del cordón umbilical, arrollados en espiral y con el nombre de
vasos wnbilicales;
continuando el crecimiento de la
alantoides,
llega á
tropezar su fondo con el segundo corión y se dilata formando primero
una membrana y después una cápsula completa de naturaleza membra-
nosa, entre el amnios y el segundo corión, concéntrica á éste y excén-
trica á aquél; los vasos umbilicales permanecen inalterables en este
movimiento, continúan alojados en el cordón umbilical y únicamente
demuestran su vitalidad en cuanto á desarrollo, produciendo multitud
de arborizaciones que, enlazándose y entrelazándose más y más unas
con otras, al mismo tiempo que se unen con otro tejido especial, dan
lugar á una masa discoidea, que es la que viene á constituir
la pla-
centa.
El antebrazo está bien formado y se perciben
los
rudimentos de los
dedos; la mano, por su gran volumen, es desproporcionada al resto del
cuerpo; los ojos salientes. El embrión en este mes pesa de 3'50 á 15
gramos y mide de 6 á
7 1
1
2
centímetros de longitud.
Generalmente
durante este mes desaparecen la vexícula umbilical y
los vasos onfalo-
mesenterios.
CUARTO
MEs.—
Empieza en esta edad á extenderse el trabajo de
osificación, y en el occipucio, en las apofisis mastoides y en el frontal
pueden apreciarse núcleos óseos; los músculos pueden producir algunos
movimientos; son diferenciables los órganos genitales y se inicia el des-
arrollo de las circunvoluciones cerebrales; en el cerebelo se notan las
láminas ó laminillas blancas que le constituyen en el adulto. En esta
época el feto alcanza una longitud de 1
5
centímetros, y su peso oscila
entre Ice y I5() gramos.
«Hacia la mitad de la vida intrauterina se ven en las paredes inter-
nas de la cápsula alveolar pequeñas elevaciones verticales correspon-
dientes á los ligeros surcos que separan los folículos dentarios. A me-
dida que se aproxima el feto á la época del nacimiento, se pronuncian
cada vez más estos rudimentos de los tabiques alveolares; se reunen
las elevaciones óseas, se confunden y forman otros tantos segmentos al
lado de los tabiques alveolares, cuyos espacios intermedios constituyen
los alveolos.» (1)
QUINTO
mEs.—Se inicia la osificación del isquión y se completa la
de los huesecillos del oído; la piel, de un color rojo subido, principal-
mente en la palma de los pies
y de las manos, parte superior
é
interna
de los muslos y en las nalgas, es delgada, sin apariencia de fibras der-
moideas, lisa
y
fina; el conducto arterial disminuye de volumen; ap a-
(1)
011i
vier._Anales
de Medicina Legal.
Tomo xxvu.
pág.
348.
/4, rErtNÁWDEZCITESTA
157
rece el meconio en los intestinos delgados, la cabeza, que constituye la
tercera parte de la longitud del feto, se cubre de algunos pelos y las
uñas empiezan su formación. El peso es de 300 gramos
,
próximamente
y la longitud de 23 á 25 centímetros.
SEXTO MES.
—Aparecen en la piel las fibras dermoideas y en los ri-
ñones la substancia cortical; principian á osificarse los huesos de la pel-
vis, los testículos están en la cavidad abdominal, los párpados perma-
necen cerrados, las pestañas son visibles y existe la membrana pupilar.
La longitud es de 26 á 30 centímetros, y el peso de unos 450 gramos.
SÉPTIMO MES.—LOS
testículos han descendido al escroto, los párpa-
dos están abiertos y la piel es ya fibrosa, más gruesa, y está cubierta
de una substancia untuosa y sebácea, que no se presenta en ninguna
otra época del embarazo; debajo de los tegumentos hay bastante can-
tidad de grasa; el hígado es muy voluminoso, pero de poca consisten-
cia; su lóbulo izquierdo es casi tan grueso como el derecho. Peso, 1,300
á 1,800 gramos; longitud, de 30 á 37 centímetros.
OCTAVO MES.
--En este período el crecimiento del feto es más osten-
sible en grosor que en longitud; las fontanelas son más espaciosas que
en el noveno mes; ha desaparecido la membrana pupilar y las uñas han
completado su desarrollo. Peso, de 1,800 á
2,200
gramos; longitud, de
38 á 46 centímetros.
NOVENO MES, TÉRMINO.
—El
feto al término de la gestación está cu-
bierto de una capa más ó menos extensa de materia grasa y untuosa,
que es lo que se llama
vernix- caseosa
y que favorece el mecanismo del
parto por la lubrificación que produce en las partes fetales (1); la cabeza
está, en general, cubierta de pelos, que casi siempre cambian de color po-
co después del nacimiento. El cordón umbilical se inserta algo más abajo
que el centro del cuerpo. El peso medio del feto es de 3 kilogramos (2)
y la longitud unos 50 centímetros. El grosor medio de los niños en el
acto del nacimiento es mayor que el de las niñas (3). El cráneo en los
(1)
El
vernix caseosa
está constituida por la secreción do las glándulas
sebáceas y gran número de escamas epiteliales.
(2)
Algunos autores citan ejemplos de fetos cuyo peso era verdaderamen-
te extraordinario, pero deben considerarse como excepciones.
De las observaciones de Cazeaux, que alcanzan á más de 3.000 niños,
sólo uno pesaba 9 libras, y otro, en que tuvo que emplear la versión pa
y
a su
extracción, 18 libras en una longitud de 64 centímetros; en opinión de Play-
fair, este caso debe ser el de M. Captain Bates de la gigante Nova Scotia,
una mujer de 7 pies y 9 pulgadas, cuyo marido también medía 7 pies y 7
pulgadas de altura. Este niño, nacido
.
en Ohio, era el segundo que tuvieron
y murió al nacer, opina Playfair, por no haber un forceps de un tamaño
bastante grande para poder coger la cabeza.
En cambio, en Filadelfia ha habido niños que sólo han pesado una libra.
Según Harris, el conocido 1Pincus baby» sólo pesaba una libra y una onza.
(3)
Simpson, de cien observaciones, ha deducido que
los niños pesan,
por
término medio, 2'50 gramos más que las niñas.
158
AUTOPSIA JUDICIAL
niños es
también mayor que en las niñas en una proporción, término
medio, de
12
líneas en el total de su circunferencia, es más fuerte y
está más sólidamente osificado. En opinión de Simpson, esto explicaría
el
mayor número de niños muertos en los partos distócicos por esta
causa (i). El centro del cartílago que constituye la extremidad infe-
rior del femur, presenta un punto óseo piriforme. El calcáneo y el as-
trágalo se hallan orificados en parte. El hígado, que continúa siendo
muy voluminoso, es más consistente, ocupa casi toda la región epigás-
trica. En el cerebro se observan numerosas circunvoluciones, su color
es ya ceniciento y la substancia gris es más abundante que la blan-
ca; el cerebelo es más grueso y consistente y la substancia gris puede
observarse más fácilmente; la médula oblongada es de todo el encéfa-
lo la parte más sólida
y
resistente.
La fisiología del feto no se diferencia de la del recién nacido
más
que por la situación y posición de aquél, pues, por lo demás, sus fun-
ciones son las mismas que las de un sér distinto, aunque se verifiquen
de diversa manera. ¿Cómo es ésta?
NUTRICIÓN.---Antes de caer el óvulo al útero, se nutre por endos-
mosis; una vez en la matriz la vesícula umbilical, por los vasos onfa-
lo-mesentéricos, que transportan las materias absorbidas del interior
de la vesícula al conducto intestinal del feto, es la encargada de su nu-
trición; la placenta, pues, es la que nutre, porque cuando la circula-
ción placentaria se interrumpe, el feto se atrofia y muere; sin que sea
posible hasta hoy poder determinar exactamente cómo se extraen de
la sangre de la madre los materiales nutritivos. Ni las
teorías de Jou-
lin,
negando influencia á las vellosidades del corión primitivo,
ni la de
Weydlich, que atribuye al líquido amniótico la nutrición del feto, ni la
hunteriana, ni la que niega la existencia de los senos de la placenta,
presentan ni ofrecen, hoy por hoy, condiciones de fundamento estable,
ni podrán tenerlas mientras no se conozca con toda precisión y exac-
titud la histología placentaria.
REs
p
nzAcióN.—Antes de formarse la placenta no se sabe cómo se
verifica la respiración, á pesar de las hipótesis y teorías de Saint-Hi-
laire, Beclard y Serres, que no son del caso explicar; después, merced
á las numerosas ramificaciones de dos vasos umbilicales, la sangre fetal
está en inmediato contacto con la de la madre, y por éste se verifica
su
o
xigenación. Cuando la placenta está desprendida ó dificultado
el
acceso de sangre por la compresión del cordón, la respiración de éste
(1)
Sim
p
s
on.—Ciinica
de Obstetricia y de Ginecología.
L
rt32/
4
7hXratZ-OVESTA
1.50
Se encuentra muy comprometida, y si no puede suministrársele, nace
asfixiado. La respiración
intrauterina
es mucho menor que la
ordina-
ria, y
se
comprende fácilmente, porque el feto está suspendido en un
líquido de la misma temperatura y no tiene, que hacer ningún mOvi-
miento, ni digestivo ni respiratorio, y siendo proporcionalmente mu-
chísimo menor, la cantidad de ácido carbónico exhalado, la oxigena-
ción de la sangre venosa se verifica más fácilmente, y por tanto de una
manera más rápida.
CmcmAcIóN.—También es especial durante la vida intrauterina; no
funcionando los pulmones, es preciso que toda la sangre del feto sea
llevada á la placenta, para que allí sufra su oxigenación. Sabido es,
y queda consignado, que las dos aurículas comunican entre sí,
por me-
dio del
agujero oval,
dispuesto de manera que deja pasar la sangre de
la aurícula derecha á la aurícula izquierda, pero no de ésta á la dere-
cha; además, por la existencia del
conducto arterial,
vaso exclusivo para
la circulación del feto, que nace del punto de bifurcación de las arte-
rias pulmonares y se abre en el cayado aórtico, no llega á los pulmo-
nes sino una corta cantidad de sangre, y como las arterias hipogástri-
cas en el feto se terminan por dos grandes troncos arteriales, que pa-
sando el cordón constituyen las
arterias umbilicales,
ellas conducen á
la placenta la sangre viciada; la oxigenada es conducida al hígado por
la
vena umbilical,
de donde el
conducto venoso
la lleva á la 'vena
cava ascendente y á la aurícula derecha. La circulación fetal se verifi-
ca, pues, del siguiente modo: llegada la sangre á la aurícula derecha,
pasa por el agujero oval á la aurícula izquierda, de donde va al ven-
trículo del mismo lado; una vez en éste, una parte, la
mayor, nutre á
la
cabeza y extremidades superiores, y el resto, la más pequeña, á
las extremidades inferiores; la sangre que llega á las partes superiores
se reune en la vena cava superior, que la conduce á la aurícula dere-
cha, de donde la parte que no pasa á la aurícula izquierda, para conti.
nuar el movimiento circulatorio, pasa al ventrículo derecho, que la
desahoga en las venas pulmonares, y luego, á través del conducto ar-
terial, á la aorta descendente, de donde casi toda va á la placenta por
las arterias umbilicales para allí purificarse, y una porción, muy pe-
queña, á las extremidades inferiores; la aorta descendente, pues, con-
duce á la placenta la sangre impura que ha circulado ya por la cabe-
za, cuello y extremidades superiores.
FUNCIÓN
HE
p
kricA.—Empieza á
funcionar hacia el
quinto mes; algu-
nos fisiólogos han supuesto que por esta víscera se
verificaba
la elimi-
nación del ácido carbónico, procedente de la
circulación; para Claudio
Bernard, en el hígado tenía lugar la fabricación del azúcar, tan abun-
dante en el feto antes del nacimiento. Lo cierto es que en el quinto
mes empieza su funcionalidad y segrega la bilis, que pasa al conducto
intestinal para depositarse en la vesícula biliar; al pasar por este con-
ducto se mezcla con la secreción propia de él y
forma el
meconio,
que
160
AUTOPSIA JUDICIAL
se colecciona en los intestinos, y que se expulsa en gran cantidad des
pués del nacimiento.
SISTEMA NEIIVIOS0.-NO
produce en el feto más que movimientos re-
flejos.
Verificado el parto, es un dato importante, al objeto del médico
forense, la coloración de la piel del feto, pues, por ella, aunque de modo
aproximado ó tal vez definitivo, relacionándola con otros datos, puede
precisarse su edad,
y, por tanto, la época en que se verificó el naci-
miento.
Es conveniente no olvidar que la piel de los recién nacidos
es sus-
ceptible de presentar gran variedad de coloraciones anormales, congé-
nitas 6 accidentales, que importa mucho poder distinguir de erosiones,
contusiones y de cuantas señales de violencias externas pudieran tam-
bién presentarse. No creo necesario insistir sobre la transcendencia y
esencial importancia de esta distinción; por ella y, en muchos casos,
sólo por ella se demostrará si ha habido ó no delito; por tanto, el mé-
dico forense deberá prestar especialísima atención á cuantas alteracio-
nes se presenten en la coloración de la piel del recién nacido para poder
distinguir, diferenciándolas, las que sean normales ó patológicas de
aquellas otras que, siendo normales y no pudiendo
ser naturalmente
patológicas, sean debidas y estén ocasionadas por un hecho criminal.
El conocimiento y práctica de diagnóstico de las enfermedades
de la
piel y una gran sagacidad en el interrogatorio pondrán, casi siempre y
en la mayoría de los casos, á salvo la verdad de cuantas supercherías
ú ocultaciones pudieran idearse y hacerse.
La piel de los recién nacidos tienen un color uniforme, efecto de
la ma-
yor a fluencia de sangre en los tejidos subcutáneos; éste es de un rojo
obscuro bastante subido, especialmente en los miembros, el tronco
y la
cara; la piel, al principio, parece pegajosa y está cubierta de
una capa
sebácea; después del octavo día, en la mayoría de los casos
y como
término medio, y entre éste y el décimo se hace más seca, se quiebra y
principia la esfoliación, que se inicia en el abdomen y se continúa
en la
base de la pelvis, las ingles, las axilas y los espacios intercostales y
termina por los miembros, los pies y las manos. Empieza entonces tam-
bién á modificarse su coloración y el color rojo obscuro va perdiendo
su intensidad y su fuerza, vuélvese algo sonrosado y asf sucesivamente
y de una manera progresiva descendente adquiere un tono rosa más
claro, hasta llegar al normal de todos conocido. Otras veces sigue un
camino distinto: del color rojo obscuro pasa al rojo claro, morado,
amarillo y, por último, al normal; pero
esto es poco frecuente y demos-
trará, en general, un estado patológico adquirido
durante su permanen-
TERNÁNDEZ-0132ISTA
16
cia en el
útero. También pueden observarse durante esta época algunos
tonos amarillos en la coloración de la piel del feto (1).
Cuando la piel del recién nacido está blanda, presenta
un
color ro-
sado y parece como cubierta por una substancia sebácea blanquecina,
puede afirmarse que el feto ha muerto muy poco tiempo después de
su nacimiento; pero por el contrario, cuando la piel está áspera, la capa
sebácea ha desaparecido y está como empañada y amarillenta, el niño
habrá vivido algún tiempo más.
Sí es importante el conocimiento y el estudio de la coloración y
alteraciones de la piel del recién nacido para la práctica de una diligen-
cia de autopsia respectiva, no tiene menos importancia ni es de menor
interés el estudiar todos los cambios que el cordón umbilical va expe-
rimentando desde el momento de nacer la criatura hasta la cicatriza-
ción del ombligo, pues en estas metamorfosis, en la manera de produ-
cirse y en sus consecuencias, encontrará siempre el médico forense
datos de gran transcendencia y de excepcional valor, solos 6 relaciona-
dos con otros, para poder precisar la fea a del nacimiento y si hubo ó no
comisión de delito; pues, aunque no todos los autores están de acuerdo
exactamente en cuanto á la fecha de verificarse todas y cada una de
las transformaciones del cordón, las diferencias no son, afortunadamen-
te, ni tan grandes, ni tan esenciales, que no permitan adoptar con faci-
lidad un término medio que pueda considerarse, casi sin temor á error,
como verdadero y, por tanto, poder deducirse de él las conclusiones
más pertinentes al objeto y fin propuestos por la ley y los Tribunales
que han de aplicarla.
Teniendo en cuenta lo que sobre este asunto han escrito Devergie,
Billard y más posteriormente, Denys, resulta que, en la desecación
del cordón, hay que considerar distintos períodos que el Dr. Orfila
denomina
marchitamiento, desecación, caída, reacción inflamatoria y
cicatrización del ombligo.
Aceptando esta clasificación, me ocuparé
sucesivamente de sus detalles.
Marchitamiento.—
El cordón principia á adelgazarse y parece como
que pierde su vigor; se desluce y debilita empezando este ajamiento del
vértice á la base y antes en nuellos cordones delgados y pequeños
que en los más gruesos. Este período se verifica entre el primero y el
tercer día después del nacimiento y más generalmente en el segundo.
Desecación.—Continuando
el período anterior, y acentuándose más
y más el retraimiento del cordón, se verifica su desecación: después de
haber perdido su frescura se vuelve rojizo, pardo, se aplana, parece
como que se retuerce sobre sí mismo, sus vasos se obliteran, se hacen
tortuosos y el cordón se seca, verificándose este período entre el prin-
cipio
del tercer día y final del cuarto.
(1) Este color se hace más manifiesto comprimiendo la piel con los dedos',
no es debido á ninguna alteración hepática.
162
AUTOPSIA JUDICIAL
Caída.—Terminada la desecación del cordón, se verifica, como
consecuencia natural, su desprendimiento del abdomen; se rompen las
membranas, después las arterias umbilicales; por último,
la vena y el
cordón van desprendiéndose circularmente y sin dejar desigualdades en
la superficie del abdomen. Este período se verifica del cuarto al sexto
día inclusive.
Reacción inflamatoria.
—Puede
acompañar á la caída del cordón y
no es constante y, por tanto, no pueden fundarse en ella conclusiones
fijas; en opinión de Denys, en la desecación que se verifica durante la
vida, humedece la base del cordón un fluido mucoso que segrega
el
anillo cutáneo provisional á consecuencia de
la flegmasía que necesa-
riamente determina
su
caída. Orfila cree que esta reacción retarda
el
desprendimiento del cordón umbilical.
Cicatrización del
ombligo.—Seccionadas las membranas y los vasos
umbilicales por la caída del cordón, repléganse hacia afuera los bordes
del anillo cutáneo, se forma un espacio en el que se alojan primero las
arterias y por encima la vena, obliteradas ambas por un trabajo con-
céntrico de hipertrofia y forma una especie de membrana mucosa que
constituye la
cicatriz umbilical provisional,
la cual, estrechándose, se
aprieta y comprime hasta producir la
cicatriz umbilical
permanente,
que viene á estar formada hacia los cuarenta días después del nacimien-
to. Este período se inicia á los diez ó doce días.
De lo expuesto se deduce:
I.° Que la desecación del cordón es un fenómeno vital.
2.° Que, en su consecuencia, extinguida la vida, este fenómeno se
suspende y paraliza.
3.° Que no se inicia inmediatamente si el niño muere al nacer.
4
.
° Que en este caso el cordón umbilical experimenta en el cadá-
ver, no una desecación, sino una verdadera putrefacción que empieza
del quinto al sexto día. Por tanto, cuando se exhuma el cadáver de un
feto que conserva todavía el cordón, importa mucho observar si éste
está putrefacto ó desecado; en el primer caso, estará blando y
su esta-
do guardará relación con el general del cadáver; en el segundo, estará
rojizo, y los vasos umbilicales y, sobre todo, las arterias, aunque
la vena
también, se encontrarán obliterados. En general, puede decirse que
siempre que se encuentre en el cadáver de un niño el cordón umbilical
seco, negro y como retorcido, demostrará que ha vivido, aunque
sea
poco tiempo, porque semejante estado del cordón no puede ser efecto
cadavérico.
Conocido el desarrollo embrionario y fetal, su
especial funciona-
miento y la
e
specificidad que la piel y el cordón umbilical
en su dese-
cación pueden ofrecer al examen médico legal,
expondré sucintamen-
N. rEltlaNi3tZ-01281°A
161
e,
y al objeto de este capítulo, algunas de las particularidades y ano-
malías que es más frecuente observar en los distintos órganos y apa-
ratos del recién nacido
y que es necesario distinguir de aquellas otras
producidas como consecuencia de la ejecución de un delito.
APARATO
DIGESTIVO.
—Boca.—No
presenta nada especial.
Faringe.—En
general está inyectada.
Exófago.—También está inyectado y en mayor grado, llegando
en
ocasiones
á presentar una verdadera esfoliación; los bordes de estas
esfoliaciones se hallan vueltos sobre
sí mismos.
También puede presen-
tar obliteraciones
y engrosamientos, generales ó parciales.
Estómago.—Es
frecuente observar la ulceración de las glándulas
mucíparas producida por una gastritis congénita, y que tan fácil es
confundir por
sus
síntomas y el estudio anátomo-patológico de la mu-
cosa gástrica, con un envenenamiento; sin embargo, los niños en quie-
nes se observan estas ulceraciones, están excesivamente gruesos, y
en los materiales obscuros que se ven en el estómago,
se
pueden
apreciar algunas estrías de sangre roja; estos residuos parduzcos pue-
den observarse también cuando no hay ulceración de las glándulas
mucíparas de la mucosa y como consecuencia de la exhalación sanguí-
nea. Tampoco deja de ser frecuente encontrar en la cara interna del
estómago de los recién nacidos coloraciones morenas 6 apizarradas
dispuestas en forma de manchas 6 de puntos.
Mucosa gastro-intestinal.—La
hemorragia de los capilares de esta
mucosa es más frecuente en la infancia, y más todavía en la primera
época de la vida, en el recién nacido. Sus causas, cuando se produce en
esta edad, no están determinadas exactamente, aunque, en general,
haya que atribuirlas á irregularidades en la circulación, por la frecuen-
cia de las congestiones en el niño, por la debilidad de los mismos va-
sos en la textura de sus paredes, á la salud de los padres, á la ligadura
demasiado pronta del cordón (ésta es la más frecuente), á la presencia
de substancias extrañas irritantes en los intestinos, á una violencia ex-
terna y,
más
que en ninguna otra, la causa principal de la hemorragia
gastro-intestinal en los recién nacidos, está en el establecimiento tardío
é incompleto de las funciones circulatorias
y
respiratorias, que origina
la congestión de las cavidades de los pulmones y del corazón y, por
tanto, de todos los capilares de la economía.
Esta congestión es más frecuente en los niños de temperamento
sanguíneo.
Le wis Smith, de cuarenta
y
nueve casos que ha coleccionado, la
hemorragia se presentó, antes de los
seis días de edad, en
treinta
y
ocho; de los seis á los diez días, en cinco, y de
los diez á los
veinte, en
seis.
Barrier observó veinticinco casos de congestión
pasiva de la mu-
cosa gastro-intestinal, en los que no se presentó la hemorragia.
Para el
Dr. Silverman, esta hemorragia procede de una úlcera de
164
AUTOPSIA JI1DICIAL
la superficie gastro-intestina
l
, producida por un émbolo de la vena um-
bilical ó de sus ramas. Presenta una estadística de cuarenta y dos ca-
sos, de los que veintitrés fueron fatales; en veinticinco, la sangre salió
por la boca y por el ano; en diez, sólo por el ano; y en siete solamente
por la boca (I).
El Dr. Lederer no considera á la embolia como causa de esta he-
morragia; al efecto, comprueba su opinión con ocho observaciones, en
las que la muerte
fué
ocasionada por la abundancia de la hemorragia
gastro-intestinal, que se complicó con otra umbilical. El niño más joven
tenía seis horas y el de más tiempo once días; ambos estaban perfecta-
mente desarrollados, lactaban y no presentaban ningún vicio de con-
formación exterior (2).
También la membrana gastro-intestinal
puede ser asiento de deseo-
loraciones y
reblandecimientos, ya simples,
ya gelatiniformes, con ó sin
perforación. En estos casos el niño presenta todos los síntomas del ra-
quitismo, la escrófula y demás estados determinados por el empobre-
cimiento orgánico.
Asimismo, y siguiendo el estudio de las irregularidades que
puede
ofrecer la mucosa gastro-intestinal del recién nacido, se observa en oca-
siones una inflamación con excreción pseudo-membranosa, un verda-
dero
muguet,
que, en opinión de Veron, puede desarrollarse durante la
vida intrauterina.
El Dr. Orfila, teniendo en cuenta la frecuencia de las congestiones
sanguíneas del tubo intestinal y lo difícil que es el poder distinguirlas
de las rubicundeces inflamatorias, establece los dos siguientes funda-
mentos de diagnóstico diferencial:
I.° La rubicundez en forma de puntos, la estriada y la rubicundez
por chapas, particularmente, si se hallan en posición no declive y
no
coexisten con una congestión general del aparato vascular abdominal,
pueden considerarse como resultado de la inflamación.
•
2.° La rubicundez general, la inyección ramificada y la inyección
capilar, pueden considerarse como efecto de una congestión pasiva,
sobre todo si están llenos de sangre los vasos abdominales y se hallan
las rubicundeces en una parte declive del tubo intestinal.
Aunque excepcionalmente, de las observaciones de Billard y otros
autores, se deduce que también pueden observarse en la mucosa gas-
tro-intestinal perforaciones, ocasionadas por
adherencias
de dos asas
intestinales, la hipertrofia de las paredes del colón y escrecencias poli-
posas de la cara interna del duodeno; y del mismo modo, y fundán-
dose también en observaciones dignas del mayor crédito, no pueden
ponerse en duda los casos de anomalías en cuanto á la forma y
dispo-
(1) Dr. Silverman,
de
Br
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N..PtItNÁRDEZ-CUESTA
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sición del aparato digestivo; así la falta del estómago, la oclusión del
calibre del conducto intestinal, su completa interrupción, su distensión
extraordinaria, sus inflexiones, invaginación, versión, los casos de her-
nia, se observan, aunque afortunadamente, de un modo excepcional.
En todo lo referente á examen del aparato intestinal en una dili-
gencia de autopsia de recién nacido, debe el médico forense proceder
con la mayor prudencia, por lo fácil que es incurrir en causa de error.
Páncreas.—No
está envuelto en tejido celular y grasoso; ordina-
riamente está sano y bastante desarrollado; se aprecian perfectamente
sus lóbulos.
Hígado.—Puede ser asiento de congestiones sanguíneas de varia-
ble intensidad, que harán cambiar su coloración desde el color rosa al
pardo obscuro.
También puede estar hipertrofiado, transpuesto de su situación or-
dinaria, reblandecido ó sumamente duro, tuberculoso y desgarrado.
Bazo.—Es objeto de menos alteraciones en su disposición y en su
extructura, y casi siempre se le encuentra en estado anormal.
Algunas observaciones demuestran la existencia doble ó triple de
esta víscera.
Mesenterio y
omentos.—Voluminosos en los niños predispuestos
á
la escrófula. Casi están desprovistos de tejido adiposo, representado
por una membrana fina, delgada y tan transparente, que en ella se
traslucen las ramificaciones vasculares que serpean la región.
APARATO URINARIO.—En
opinión de Mekel, el aparato urinario del
recién nacido es entre todos los demás el que presenta más anomalías;
pero,
como
se verá, casi todas ellas dependen de su desarrollo,
más
ó
menos incompleto.
Riñones.—No
presentan ningún signo anormal importante por su
recuencia, y en lo que pueda interesar al conocimiento del médico fo-
rense más que respecto á su forma, cuando por obstrucción de los ure-
teres el curso de la orina se ha alterado, acumulándose y deformando
a víscera en el sentido de esta acumulación.
En ocasiones no se encuentra más que un solo riñón, colocado
en
a línea media, y del que salen los dos ureteres.
Los riñones en el recién nacido están envueltos en una capa de teji
do celular muy fino, y son de volumen bastante considerable; su forma
es semejante á la que han de adquirir en el adulto.
Cápsulas supra-renales.—Muy
voluminosas, presentan su cara
in-
terna
cubierta por un barniz membraniforme,
de color blanco sucio, y
otras veces rojizo, que se desprende en capas, y que por su aspecto si-
mula una concreción pseudo-membranosa. No es más que la condensa-
ción del fluido contenido habitualmente en el interior de la cápsula.
Ureteres.—Pueden estar bifurcados,
con estrecheces y oblitera-
ciones.
Vejiga.—Llega al nivel del estrecho superior de la pelvis; por ex-
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AUTOPSIA JUDICIAL
cepción puede llegar hasta el estómago (1);
es
frecuente la inflamación
de su membrana mucosa, en forma de rubicundez punteada; también
puede ser estriada y en chapas.
Lo mismo que en los riñones, la vejiga del recién nacido puede
presentar cálculos vesicales.
Uretra.—Present
a
muy pocas alteraciones.
APARATO CIRCULATORIO.—Al
salir el
feto á la vida, en cuanto nace,
grita, y grita fuerte, dilatando sus pulmones, y corno consecuencia, las
arterias pulmonares, siendo entonces casi toda la sangre que había
en
el
ventrículo derecho enviada á los pulmones, de donde, después de
arterializarse, vuelve á la aurícula izquierda por las venas pulmonares;
suspendida la circulación placentaria, nada pasa por la vena umbilical;
está equilibrada la presión de la sangre en las dos aurículas, por reci-
bir ahora más sangre que antes la aurícula izquierda y menos la dere-
cha; efecto de este equilibrio de presión, la válvula del agujero oval
queda inmóvil y las dos aurículas inmovilizadas; deprimido el conduc-
to arterial, se hace impermeable; la sangre de la aorta descendente no
desagua ya en las arterias hipogástricas, sino que pasa á las extremi-
dades inferiores, y, en una palabra, que desaparecidas las particulari-
dades que caracterizaban la circulación fetal, ésta pierde su especifici-
dad para convertirse en la circulación del adulto, normal y fisiológica-
mente. Antes de ésto, y para ello, el temporal sistema vascular del
feto sufre algunas alteraciones, que precisa conocer; se refieren éstas
á las arterias y venas umbilicales y á los conductos arterial y venoso;
las primeras, como consecuencia de la hipertrofia concéntrica de que
son asiento, se obliteran, y sus paredes se reblandecen y deprimen,
formándose coágulos que originan su oclusión; ésta, en opinión
de Bo-
bin, no es
completa hasta el vigésimo ó trigésimo día después del na-
cimiento. El conducto venoso sufre igual transformación. El arterial,
se deprime, se engruesan sus paredes y su trayecto se cierra de dentro
á fuera; pocos días después
del nacimiento, está completamente obs-
truido (2).
La válvula del agujero oval, contrae adherencias y concluye
u por
fusionarse con el tejido del tabique inter-auricular, confundiéndose en
él y desapareciendo. Esto es lo normal; sin embargo, se dan casos
en
que, continuando, aunque en proporción pequeñísima, la comuni-
cación de las dos aurículas entre sí, puede ocasionar, por
su persis-
(1)
El Dr. Orfila
presenta un caso en que la vejiga
estaba tan dilatada
que subía hasta el estómago, y podía contener, por lo menos, cinco
onzas
y
media de liquido en
un niño
recién nacido, que tenía una obliteración de
la
uretra.
(2)
Flourens sostiene que la completa obliteración del
conducto arteria
DO se
verifica hasta los diez y ocho meses <5 dos Míos.
lexún
Schrceder, susparedes se reunen sin formar trornbus.
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tencia y aumento de proporción, la enfermedad conocida con el nom-
bre de
cianosis.
El corazón del recién nacido ofrece la forma que ha de tener en
adelante, aunque algo menos cónico; su superficie externa es de un
color rojo-obscuro; su consistencia es variable; su inflamación fre-
cuente; Billard, en un año, ha observado ocho pericarditis en niños
recién nacidos, teniendo la enfermedad los mismos caracteres anató-
micos que en el adulto.
El sistema vascular del recién nacido puede ser asiento de con-
gestiones que den lugar á infartos, derrames y equimosis en diferen-
tes partes, y que importa no confundir con las señales 6 los in-
dicios de la comisión de un delito. Estos equimosis se presentan prin-
cipalmente en las regiones más declives y aquellas en que el tejido
celular es más abundante. Según también Billard, el orden en la fre-
cuencia de estas congestiones, debe ser:
I.° Aparato vascular abdominal.
2.° Aparato cerebro-espinal.
3.° Aparato circulatorio y respiratorio, comprendiéndose en éste
el corazón, los grandes vasos y los pulmones.
APARATO RESPIRATORIO.----Fosas
nasales.—Es
general que estén lle-
nas de mucosidades. La membrana pituitaria tiene un color de rosa
más ó menos obscuro; el coriza es una enfermedad muy frecuente en
los niños recién nacidos.
Tráquea-arteria y bronquios.—Ligeramente
sonrosados, se desta-
can perfectamente del tono general rojo-obscuro de la masa pulmo-
nar. Por efecto de una inflamación, pueden presentar el mismo color
que
ésta.
Pulmones.—Es
el estudio verdaderamente importante y el de
mayor transcendencia que hay que hacer en una diligencia de autop-
sia de recién nacido, donde el objeto principal, en la inmensa mayoría
de los casos, será decidir y determinar, exactamente, si el niño respi-
ró; así, pues, no es de extrañar que procure dedicar á esta parte toda
la atención que su especialísimo interés reclama.
Como es sabido, los pulmones son los órganos esenciales de la
respiración; son dos y están situados en las partes laterales de la ca-
vidad torácica, encima del diafragma, que los separa del hígado, del
bazo y
de la tuberosidad mayor del estómago, á los lados del corazón,
con el cual tienen íntimas conexiones, y del mediastino, al cual se
adhieren por su raíz.
En los pulmones se verifica el gran fenómeno de la transforma-
ción de la sangre venosa en arterial,
mediante su oxigenación.
Su
volumen
está en razón directa de las dimensiones del
torax,
y
es variable, en relación con los movimientos respiratorios.
En el recién nacido que no ha respirado, los pulmones
son poco
voluminosos
y no cubren el corazón; de manera, que
el pecho
s
en
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