Barrio Chino. La construcción de la imagen de los bajos fondos de Barcelona
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BARRIO CHINO. La construcción de la imagen de los bajos fondos de Barcelona. Celia Marín Vega A través de las siguientes líneas trataré de explicar como el Barrio Chino de Barcelona es una construcción que nace de la exposición. El observador-espectador, siempre externo, describirá y narrará una realidad que se irá retroalimentando cuando se convierta en espectadora de si misma. Primero debemos empezar por el nombre. Es diferente referirse a la zona izquierda de Ciutat Vella en Barcelona como Raval a llamarlo el Chino. El nombre Barrio Chino viene cargado de unas visiones negativas que Barcelona –como instituciónintenta eliminar del subconsciente colectivo, como si nunca hubiesen existido putas, drogas o inmigración. Como si Barcelona se negara a reconocer que la miseria era – y esuna realidad. Barrio Chino es un término impuro y sucio, es pues necesario usar uno más neutral: ahora hay que usar Raval. El Raval – en castellano los arrabalesde Barcelona era un territorio añadido a la ciudad en el siglo XIV y rodeado por una extensión de la muralla. No fue simplemente una ampliación de la ciudad, se trataba de un terreno agregado pero a su vez segregado debido a que existía todavía la muralla interior (hoy Las Ramblas) separando los dos lados, el diestro y el siniestro. En la ciudad originaria, la diestra, encontrábamos los edificios institucionales y religiosos más importantes de la ciudad en la Edad Media: el ayuntamiento – Consell de Centla Generalitat, la catedral, los palacios de los nobles, las primeras casas de los burgueses y hasta las juderías. En el Raval en cambio se situaban los mataderos y el primer gran hospital, todos elementos considerados insalubres para estar dentro de la ciudad. Será éste también el sitio donde se instalen las órdenes mendicantes y se establezcan las casas de hospicio, la casa de expósitos, la de la Misericordia y la Caridad, las galeras y todas las instituciones que servirán a partir de la edad moderna para recoger y encerrar sin distinción a aquellos que no formen parte del orden normalizado de la sociedad: enfermos, lisiados, locos, ladrones y vagos. De hecho si observamos un plano de Barcelona de principios del siglo XX, cuando esa zona llevaba el nombre administrativo de Distrito V, descubriremos que más de la mitad de ese territorio estaba ocupado por las dependencias de la casa de la Caridad y el resto de centros relacionados con ella. Un conjunto de edificaciones que se presentan como centros de servicio social y de acogida para los más necesitados, pero que como todas las instituciones del mismo tipo existentes alrededor de Europa1 servían más bien como centros de reclusión para los llamados anormales (y aquellos que no se sometían a las leyes de la civitas) y allí eran reeducados en las bondades del sistema a base de trabajar en las numerosas industrias – en el caso de Barcelona eran principalmente telares de lana y luego algodónque se albergaban en las salas de todo el conjunto de edificios de la Casa de la Caridad2. Dicho esto, queda claro que en esta zona de Barcelona siempre 1 Indispensable para este punto los trabajos de Focault, Michel. Historia de la Locura en la época clásica (vol. I y II). 15ª ed. Mexico: Fondo de Cultura Económica, 2013 o Geremek, Bronislaw. La Piedad y la horca : historia de la miseria y de la caridad en Europa. Madrid: Alianza, 1989. 2 Existen varios estudios que analizan el fenómeno de la caridad y las instituciones oficiales en Barcelona entre ellos Alonso, Anna y Rodríguez Luisa ‘Beneficència il·lustrada i iniciatives econòmiques a la casa
hubo pobres, huérfanos, vagos, enfermos y ladrones. Sólo que al principio estaban recluidos y ocultos a la vista. Dentro de los muros de la institución la problemática de la miseria se resuelve al delimitarla y colocarla al margen de la sociedad. No va a ser hasta finales del s. XIX que se tenga la sensación que se han abierto las puertas y los locos y otros seres fantásticos parezcan apropiarse de las calles para exhibirse ante los ojos atónitos de la gente de bien. Las instituciones no van a ser suficientes o van a estar preparadas para hacerse cargo de esa masa amorfa en el momento en que las ciudades se conviertan en metrópolis3. Será en esta época cuando las teorías del doctor Lombroso4 entren en pleno auge en España y la discusión sobre la figura del criminal o del anormal se extienda más allá de los círculos médicos y profesionales, produciéndose una “homologación del monstruo criminal con el loco, el revolucionario político o cierto tipo de artista de la bohemia no tan dorada. El esquema de equivalencias quedaba nítidamente trazado: los antisociales (el criminal), los extrasociales (el enajenado) y los suprasociales (el llamado hombre de genio) integrarían el cinturón social, mientras en el centro se situaría el patrón de una hipotética normalidad”.5 En 1913 la revista satírica La Esquella de la Torratxa6 dedicaría un número completo coordinado por Gabriel Alomar y Juli Vallmitjana a los Bajos Fondos de Barcelona, en la que escritores, poetas y dibujantes participarían en una ruta por el submundo barcelonés. Este grupo de intelectuales participaría de una ruta de descubrimiento de lo desconocido creando una recopilación de artículos e imágenes que conformarían el primer retrato global de la zona. Pero no es lo mismo refererirse a los Bajos Fondos a otorgarle un nombre propio con el que identificarlo: la referencia de Barrio Chino – como traducción directa de China Townapareció por primera vez en un artículo publicado en la revista El Escándalo en 1925: “La Mina es la gran taberna del Barrio Chino. Porque el distrito V como Nueva York, como Buenos Aires, como Moscou (sic.) tiene su Barrio Chino”.7 Su autor, Francisco Madrid, encarnaría la figura del reporter y destacaría por sus artículos de periodismo de investigación en los que como un antropólogo se adentraría en el corazón de las tinieblas para hacer una documentación y clasificación de sus tipos y especies y así revelar los misterios de esa ciudad dentro de la ciudad. El nombre de Barrio Chino triunfó por encima de la simple denominación de Bajos Fondos porque construía un lugar metafórico que velaba y cubría el espacio real, El Distrito V, a la vez que lo exponía totalmente. En una época en que abundaban las noticias sobre atentados anarquistas, crímenes y redadas relacionados con la zona del Distrito V el uso del término Barrio Chino suponía una máscara de ilusión que planteaba la problemática a otro nivel. La imagen del Barrio Chino es una construcción de misericòrdia de barcelonaal llarg de la segona meitat del segle XVIII. Revista Pedralbes, 23 (2003),797-824; Borrell i Sabater, Miquel. Pobresa i marginació a la Catalunya il·lustrada. Dides, expòsits i hospicians, Santa Coloma de Farners, 2002; Carbonell i Esteller, Montserrat. “Les cases de misericòrdia, eix de la trama assistencial”, L’Avenç, 91(1986), p. 38-41; Carbonell i Esteller, Montserrat. Sobreviure a Barcelona. Dones, pobresa i assistència al segle XVIII, Vic, 1997 3 Barcelona duplicaría su población de 1900 a 1930 alcanzando el millón de habitantes. 4 Maristany, Luis. El gabinete del doctor Lombroso (Delincuencia y fin de siglo en España). Barcelona: Anagrama, 1973. 5 Maristany, Luis. 'Lombroso y España: Nuevas consdieraciones' . Anales de la literatura Española. nº 2. 1983. pág. 361-381.url: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/anales-de-literatura-espanola-- 7/html/p0000015.htm#I_17_. 6 Esquella de la Torratxa, L’. nº 1789. 11-4-1913 7 R Madrid, Francisco. 'Los Bajos Fondos de Barcelona' . Escándalo, El. 22-10-1925. pág. 4-5. más tarde publicado en Madrid, Francisco. Sangre en Atarazanas. 2ª ed. Barcelona: Ediciones de la Flecha, 1927.
global que arrasa la imagen propia de sus habitantes, al exponerlos como masa se les niega el derecho de acción y sólo es posible clasificarlos, no son individuos, sólo son identificables en tipos y grupos: el pobre, el vago, la prostituta, el ladrón, el anarquista… El problema vino cuando la idea del Barrio Chino cristalizó y se hizo tan real que ya no había posibilidad de mirar para otro lado. De esta definición de Barrio Chino cabe destacar un punto, y es el hecho de relacionar la condición de metrópolis de Barcelona precisamente con poseer unos bajos fondos. Barcelona podía ser comparable a Londres o New York no por sus edificios imponentes, su flamante iluminación o su metro, sino por la presencia de un foco oscuro y amorfo en el que se acumulaba la miseria y el vicio. Poco importaba que la presencia de chinos en esa zona fuera meramente anecdótica, el imaginario de las películas americanas y los artículos periodísticos sobre redadas o crímenes en los China Town fueron reconocidos como algo que también formaba parte de la vida Barcelonesa. La raza de sus habitantes era lo de menos o en todo caso sus habitantes eran tan exóticos como si fuesen de la China. Otro elemento importante en esta denominación es el uso del término Barrio cuando el Chino nunca lo fue. El Barrio Chino tal y como lo imaginó Francisco Madrid el día que se lo inventó era meramente un cruce de calles como el Five Points newyorkino8 pero infinitamente más modesto. “Sería curioso que Barcelona, como Londres, como Nueva York, tuviera una desconocida Chinetown (sic.), ignorada por los catalanes…Las ciudades chinas son misteriosas y se forman en las peores encrucijadas de las porciones cosmopolitas…Allí van los clientes de los fumaderos de opio, los cocainómanos, los prostíbulos absurdos, los perseguidos por delitos de sangre…¿Por qué no va a ser éste nuestro “Barrio Chino”? (…)Después tracé mentalmente la topografía urbana: el “Barrio Chino” sería la calle del Cid y sus vías adyacentes; formarían parte de la nueva ciudad misteriosa el pasadizo de “La Mina” y un trozo de la calle de Trenta Claus y tendría por fronteras naturales el Paralelo y la calle del Medio Día”.9 Nada, tres calles y un pasaje, un espacio menor que una manzana del Ensanche de Cerdà. Y sin embargo la fama y la infamia hacía que el Barrio Chino acabase siendo en muchas ocasiones asimilado a la extensión entera del Distrito V, un simple ejemplo sería el artículo de la revista AC de los arquitectos del GATCPAC10 en el que Distrito V y Barrio Chino son meramente sinónimos. Así la localización geográfica del Barrio era más bien maleable y respondía a la capacidad de la literatura y fotografía para expandir o comprimir el mito, conformando, si bien no una localización fija totalmente exacta, un núcleo originario de una “geografía del mal”11 en el que se concentrarían todos los pánicos sociales alrededor de la Calle del Cid – terrible fama para tan glorioso nombre que dirían algunos periodistas. Esta volatilidad de los límites o capacidad casi aceitosa para extenderse e impregnarlo todo sería causa de miedo y preocupación para las autoridades de la ciudad o intelectuales al contemplar como la moral de la ciudad se 8 Herbert Asbury convertiría en mito este cruce de calles gracias a su serie de libros sobre los gangsters de New York. 9 Madrid, Francisco. 'Barrio Chino Barcelonés - Un mes entre los explotadores de mujeres' . Voz, La. 9-41934. pág. 9. 10 GATCPAC. 'El barrio chino de Barcelona (Distrito V)' . A.C.. nº 6. 2º trimestre, 1932. pág. 31-33. 11 Mcdonogh, Gary W.. 'The Geography of evil: Barcelona’s Barrio Chino' . Anthropological Quarterly. nº 60. Octubre, 1987. vol. 4. pág. 173-184.
relajaba, como si la presencia y existencia de ese lugar fuera una enfermedad, un tumor o un virus que amenazara con contagiar a toda la ciudad ya fuese física o moralmente debido, precisamente, a su exposición12. La fama del Barrio Chino se extendería rápidamente a través de artículos periodísticos y novelas, su imagen se reproduciría infinitamente a base de fotografías e ilustraciones sobreexponiéndolo y convirtiéndolo en un espectáculo. Primero aparecieron las obras de autores extranjeros en los que Barcelona aparecía como escenario de tramas anarquistas, enamoramientos de gitanas y noches desconcertantes hasta el punto que los autores catalanes Just Cabot y Tomàs Garcés se preguntarían en un sendos de artículos13 si era posible generar una literatura local sobre los bajos fondos y que fuese de calidad más allá de los folletines sobre asesinatos y tráfico de drogas que se vendían en los quioscos. Había que reclamar esa parcela para hacer algo digno, es decir, que el factor estético estaba por encima de lo que se estaba mostrando. La sobreexposición convertiría al Chino en los años 20 y 30 en un destino turístico para aquellos que estuviesen deseosos de emociones fuertes. El ejemplo literario local, y de calidad, de este turismo de los bajos fondos lo encontramos en Vida Privada de Josep Mª de Sagarra donde un grupo de mujeres – viudas y divorciadasaburridas y sin nada que hacer le piden a unos amigos que les acompañen una noche al Chino. Allí realizarán toda una ruta que va desde La Criolla hasta Cal Sagristà o Villa Rosa y se dedicarán a observar como si estuvieran de safari todo lo que allí acontece. No se marcharán sin presenciar un último espectáculo: la representación de unos cuadros. Los cuadros eran montajes eróticos en los que una serie de hombres y mujeres recreaban escenas históricas o bíblicas, en su versión obscena y grotesca, completamente desnudos. La exposición total: “L’alcova estava convertida en un escenariet com el puny, per l’estil d’aquells que hi ha en els centres culturals de barriada. Van donar la llum de la bateria, i aparegueren quatre dones i dos éssers que probablement eren homes. Els actors i les actrius no duien altre vestit que la pell natural. El decorat eren uns coixins tinyosos; els mobles, un parell de cadires. La dona de mitja edat deia els noms dels quadros; d’aquests noms n’hi havia uns que recordaven un clima versallesc, altres un clima d’urinari públic. (…) Cada vegada que deia un nom al·legòric, la seva troupe es combinava en un travat de cossos; la combinació semblava, de vegades, un monstre de pell bullida que tingués dotze cames i dotze braços. Feia pensar en una divinitat bramànica o en un déu asteca que hagués perdut tota la força i anés despullat per les carreteres, menjant pols i rebent escopinades; una cosa impossible de resistir per uns ulls que conservessin tres gotes de pietat. Les estampes pornogràfiques que volien reproduir aquelles desgraciades no passaven de somnis ferosos de caserna colonial. (…) L’espectacle comportava cert silenci. A més a més, davant d’una cosa així, encara que en començar hi pot ballar una rialla, de seguit s’atura la secreció de l’alegria, les boques es clouen, les galtes es contreuen i els ulls s’embruten d’un líquid gris que és la febre, la 12 'L’extensió del districte quint' . Catalunya Social. nº 499. 7-2-1931. pág. 1. En este orden están los artículos de Ramon Rucabado y otros autores en Catalunya Social pero también los del GATCPAC en AC con sus alarmas higienistas y sociales. 13 Garcés, Tomàs. 'Districte cinquè' . Publicitat, La. 24-2-1929. pág. 1. y Cabot, Just. 'Literatura de districte V...però bona' . Mirador. nº 5. 28-2-1929. pág. 4. citado en Castellanos, Jordi. 'La descoberta literària del Districte Cinquè' . En: Casacuberta, M.; Giustà, M. (ed.). Narratives urbanes. La construcció Literària de Barcelona. Barcelona: Fundació Antoni Tàpies, 2008. ISBN 978-84-88786-33-3. pág. 83108.
tristesa o la vergonya”14. El grupo de visitantes del Barrio Chino acuden como meros espectadores distantes que no llegan a participar de lo que hay: solo miran con curiosidad, contemplan. Y la visión les acaba paralizando. Observan, como haría también Francisco Madrid cuando pasó una noche en una casa de dormir como parte de una investigación para escribir un artículo: “Yo no me desnudo. Ni me saco la gorra ni las alpargatas. Me tumbo y nada más. Supongo que las pulgas y los piojos deben brincar de una cama a otra con la misma elegancia que los poetas mediocres dicen que va la mariposa de flor en flor…No duermo: observo”15. Es de esta manera en la que se construye la imagen del Barrio Chino, desde la distancia y el estupor. El momento más crítico en “Vida Privada” aparece precisamente cuando Josep Maria de Sagarra pone en boca de sus personajes el siguiente diálogo. “-I aixòva dir Isabelés el vici? -No, no; això és la infinita pobresa de la carn, la infinita tristesa de la carn - va respondre Emili-. El vici no el trobaràs a aquests barris. Això no és el vici. -Aleshoresféu Teodoravols dir que el vici…som per exemple nosaltres? -Vés a saber, vés a saber…-contestà Emili Borràs.”16 El vicio y la miseria no es la desnudez de los cuerpos ni el sexo comprado. El vicio está en ellos, en los que miran. La burguesía siempre se mantendrá al margen, como espectadora, y nunca como participante real de la fiesta, distante y alejada, separada por una frontera imaginaria, pues al fin y al cabo cuando la noche se acabe, todos regresarán a sus casas y sus aventuras quedarán como si hubiese sido un sueño. Entre los ejemplos extranjeros de esta literatura está la polémica visita a España del periodista francés Francis Carco17, que estaba encargado de realizar una serie de artículos sobre el país para promocionarlo con vías a las dos exposiciones que iban a tener lugar al año siguiente: La Iberoamericana de Sevilla y la Internacional de Barcelona. De ese itinerario saldría el libro Primavera de España que sería precisamente el causante de las discusiones de los autores catalanes acerca de cómo estaban echando a perder la oportunidad de tener una literatura propia de los bajos fondos. En los viajes de Carco por el ruedo ibérico no faltaría la noche en Barcelona. Porque Barcelona consistiría en eso, en una ciudad en la que durante el día se puede visitar el Parque de Atracciones de Montjuich, una iglesia en construcción de muy dudoso gusto y comer en lujosos unos restaurantes pero que al caer la noche solo es posible hacer una cosa: ir al Barrio Chino.18 La experiencia de Carco en Barcelona roza la pesadilla dantesca, el periodista se encuentra perdido por unas calles laberínticas, repletas de luces de neón y seres extraños, donde hay hombres que parecen mujeres y los portales están repletos de muchachas que hacen gestos obscenos a los transeúntes, se levantan las faldas y enseñan el sexo. Luego continuará su deambular para descubrir en los locales a las bailarinas de flamenco que se mueven con gestos hipnotizantes atrapando y petrificando a los espectadores. Las descripciones de Carco de las mujeres están de nuevo entre la 14Sagarra, Josep Maria de. Vida Privada. Barcelona: Edicions 62, labutxaca., 2007. Págs. 182-183 15Madrid, Francisco. Sangre en Atarazanas. 2ª ed. Barcelona: Ediciones de la Flecha, 1927. Pág 64-65. 16Sagarra, Josep Maria de. Ibíd. Pág 184. 17 Carco, Francis. Primavera de España. 1ª ed. Madrid: Almuzara - Noche Española, 2008. ISBN 97-88496968-15-8. 18 En esta línia también se encuentra la guía de Barcelona de Carles Soldevila Myself. L’art d’ensenyar Barcelona. Barcelona: Llibres de l’Índex, 2007.
fascinación y el horror, en un no querer mirar y no poder apartar la mirada y en ese mirar19, como si fuese Medusa, quedar paralizado y sin posibilidad de reacción: “Retorcía sus brazos desnudos, sus delgados hombros, sobre un ritmo agrio y suave y, cuanto más se aligeraba el ritmo, más se entregaba ardientemente. Con la cara azotada por mechones de cabellos como si fueran serpientes, se pareció de repente a una Gorgona cuya temible potencia nos tenía bajo su encanto”.20 Esta exposición del Barrio lo acabaría condenando a su propia destrucción, pues una vez sacado a la luz no habría ninguna justificación posible a su existencia. Cuanto más público era, más argumentos se tenían para que autoridades, intelectuales y arquitectos planificaran su desaparición. La puesta en marcha de la Ley de Vagos y Maleantes en 1933 se presentaba como una oportunidad para su destrucción, y en los discursos del Gobernador General de Cataluña se insistía en esa eliminación de la imagen: “Voy a terminar con el ‘Barrio Chino’ que ustedes conocen, y al solo anuncio de concluir por medio de cacheos, petición de documentos, obligar a los establecimientos de allí a cumplir con la ley, ha ocurrido lo siguiente: que en el barrio chino no quedan ya esos señores que iban con camiseta imperio por las calles”21. El Barrio Chino está condenado en el momento en el que recibe el nombre, el propio Francisco Madrid lo reconocería: “hay algo más en el “Barrio Chino” ayer pura invención, hoy realidad impura: hay algo más que demuestra de nuevo que la fantasía es superior a la realidad (…) “Barrio Chino” es esto: la visión de una sociedad que se desconoce y que existe: una sociedad que hay que destruir si no se quiere que el país muera de ese cáncer. Con esa beata intención se escriben los siguientes reportajes de escándalo”22 El Barrio Chino sólo aparece, sólo es, en el momento en que se expone bajo la mirada de otro23 para así desaparecer y ser eliminado. Si no hubiese sido escrito, dibujado o fotografiado, si no se le hubiese puesto nombre no habría existido nunca. Pero no se puede acabar con una imagen simplemente cerrando los ojos. Hay que olvidar el nombre. 19 Sobre un estudio de la mirada y el observar y la petrificación del espectador Clair, Jean. Méduse. Contribution à une anthropologie des arts du visuel. París: Éditions Gallimard, 1985. 20 Carco, Francis. Ibíd. pág 249. 21 'El Gobernador general de Cataluña habla de los servicios de Orden Público'. Vanguardia, La. 21-91933. pág. 19. 22 Madrid, Francisco. 'Barrio Chino Barcelonés - Un mes entre los explotadores de mujeres' . Voz, La. 94-1934. pág. 9. Y en general otros artículos de Madrid donde habla de la destrucción del Chino Madrid, Francisco. 'La lluita del xinés i el gòtic' . Esquella de la Torratxa, L’. 8-4-1927. pág. 3 o Madrid, Francisco. 'Visió de futur' . Esquella de la Torratxa, L’. 3-5-1929. pág. 3. 23 “Aparecer: ser – nacer o renacerbajo la mirada de otro” Didi-Huberman, Georges. Pueblos expuestos, pueblos figurantes. Buenos Aires: Manantial, 2014. pág 11.