scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Seguridad hídrica en México: diagnóstico general y desafíos principales

Martínez Austria, Polioptro,Díaz-Delgado, Carlos,Moeller-Chavez, Gabriela

Abstract

La seguridad hídrica debe ser el objetivo estratégico de la política del agua en México. Es respecto de este principio normativo que debe evaluarse la situación actual de los recursos hídricos, en calidad y cantidad, así como de la gestión del agua en práctica. En este texto se elabora un diagnóstico general de la seguridad hídrica en México, así como de los retos que enfrenta ahora y en el futuro cercano. Se analiza la disponibilidad y escasez con un enfoque territorial, así como la condición de los acuíferos, la calidad del agua superficial y subterránea y los usos del agua. Se abordan los principales desafíos para la seguridad hídrica y las tendencias en las fuerzas modeladoras más relevantes. Para atender la problemática descrita, se proponen acciones específicas y, como conclusión general, la necesidad de una reforma del agua en México.

Full text

Martínez-Austria et al. | Seguridad hídrica en México: diagnóstico general y desafíos principales 107Ingeniería del Agua | 23.2 | 2019 Seguridad hídrica en México: diagnóstico general y desafíos principales Water security in Mexico: general diagnosis and main challenges Martínez-Austria, P.F. a, Díaz-Delgado, C. b y Moeller-Chavez, G. c aUniversidad de las Américas Puebla. Director de la Cátedra UNESCO en Riesgos Hidrometeorológicos. Escuela de Ingeniería. Ex Hacienda Sta. Catarina Mártir s/n San Andrés Cholula. 72810 México. E-mail: [email protected]. bInstituto Interamericano de Tecnología y Ciencias del Agua, Universidad Autónoma del Estado de México. Cerro de Coatepec s/n, Ciudad Universitaria, Toluca, Estado de México, 50130, México. E-mail: [email protected] cUniversidad Politécnica del Estado de Morelos, Directora Académica de Ingeniería en Tecnología Ambiental y Biotecnología. Paseo Cuauhnáhuac 566. Jiutepec, Morelos. 62550 México. E-mail: [email protected] Recibido: 07/07/2018 Aceptado: 05/03/2019 Publicado: 30/04/2019 Citar como: Martínez-Austria, P.F., Díaz-Delgado, C., Moeller-Chavez, G. (2019). Water security in Mexico: general diagnosis and main challenges. Ingeniería del agua, 23(2), 107-121. https://doi.org/10.4995/Ia.2019.10502 RESUMEN La seguridad hídrica debe ser el objetivo estratégico de la política del agua en México. Es respecto de este principio normativo que debe evaluarse la situación actual de los recursos hídricos, en calidad y cantidad, así como de la gestión del agua en práctica. En este texto se elabora un diagnóstico general de la seguridad hídrica en México, así como de los retos que enfrenta ahora y en el futuro cercano. Se analiza la disponibilidad y escasez con un enfoque territorial, así como la condición de los acuíferos, la calidad del agua superficial y subterránea y los usos del agua. Se abordan los principales desafíos para la seguridad hídrica y las tendencias en las fuerzas modeladoras más relevantes. Para atender la problemática descrita, se proponen acciones específicas y, como conclusión general, la necesidad de una reforma del agua en México. Palabras clave | seguridad hídrica; disponibilidad el agua; calidad del agua; gobernanza del agua; agua y cambio climático. ABSTRACT The water security must be the strategic objective of the water policy in Mexico. It is with respect to this normative principle that the current situation of the water resources, in quality and quantity, as well as the water management in practice must be evaluated. In this text, a general diagnosis of water security in Mexico is presented, as well as the main challenges it faces now and in the near future. The water availability and scarcity is analyzed with a territorial approach, as well as the condition of the aquifers, the surface and underground waters quality and the water uses. The main challenges for water security and trends in the most relevant modeling forces are addressed. To address the problems described, specific actions are proposed and, as a general conclusion, the need for a water reform in Mexico is suggested. Key words | water security; water availability; water quality; water governance; water and climate change. e ISSN: 1886-4996 ISSN: 1134-2196 108 Martínez-Austria et al. | Seguridad hídrica en México: diagnóstico general y desafíos principales Ingeniería del Agua | 23.2 | 2019 2019, IWA Publishing, Editorial UPV, FFIA INTRODUCCIÓN En un reciente reporte de riesgos globales del Foro Económico Mundial (World Economic Forum, 2017), la crisis del agua aparece como el tercer riesgo global de mayor impacto, y se ubica también entre los riesgos con mayores probabilidades de materializarse. La crisis del agua, además, está asociada con dos riesgos globales mayores: la ocurrencia de eventos climáticos extremos y la falla en la mitigación y adaptación al cambio climático. Estos riesgos, todos ellos de gran impacto y probabilidad de ocurrencia, se retroalimentan entre sí, de manera que la probabilidad o presencia de alguno de ellos aumenta la de los restantes. En muchos países no se ha alcanzado la seguridad hídrica y, de hecho, ésta se encuentra cada vez más amenazada. El crecimiento poblacional, el desarrollo económico, la urbanización, la variabilidad climática resultado del cambio climático global y el propio deterioro ambiental continúan aumentando la presión sobre los recursos hídricos, de tal manera que se registran ya condiciones de escasez, permanente o recurrente, en algunas regiones. La inadecuada gestión del agua, con frecuencia, agrava esta problemática. Empleando el Índice de Seguridad Hídrica propuesto por Smakhtin et al. (2004), y que considera las necesidades de agua del medio ambiente, Rekacewicz (2006) produjo el mapa de la Figura 1. Como puede observarse, existe un número muy elevado de cuencas grandes en las que el recurso hídrico está sobreexplotado, particularmente en Europa, Norte de África, Medio Oriente, India, China y Norteamérica. En el caso de México, prácticamente todas las cuencas del centro y norte del país, además de la cuenca del río Lerma y Valle de México, tienen niveles de alta explotación o sobreexplotación. Figura 1 | Índice de Estrés Hídrico en las cuencas mayores del mundo (Rekacewicsz, 2006). SITUACIÓN DEL AGUA EN MÉXICO Disponibilidad del agua Si se consideran solamente los efectos demográficos, de acuerdo con el criterio de estrés hídrico de Falkenmark, para el año 2030 la mayor parte del territorio mexicano se encontrará en condiciones de estrés hídrico (1000 a 1700 m3/hab/año), escasez (500 a 1000 m3/hab/año) o escasez absoluta (<500 m3/hab/año) (véase Figura 2). Martínez-Austria et al. | Seguridad hídrica en México: diagnóstico general y desafíos principales 109Ingeniería del Agua | 23.2 | 2019 2019, IWA Publishing, Editorial UPV, FFIA Los ríos y arroyos del país constituyen una red hidrográfica de 6.33×105 km, en la que destacan 51 ríos principales por los que fluye el 87% del escurrimiento anual y cuyas cuencas ocupan el 65% del territorio nacional. Por su superficie destacan las cuencas de los ríos Bravo y Balsas y por su longitud los ríos Bravo y Usumacinta. Para el año 2015 el 32.4% de las aguas superficiales fueron clasificadas como contaminadas (26.2%) o fuertemente contaminadas (5.8%) para el indicador de demanda química de oxígeno (DQO) (CONAGUA, 2016). La importación de volúmenes de agua en la frontera sur rebasa los 3.4×104 hm3/año y en la frontera norte los 5900 hm3/año. Aquí cabe señalar que, dadas las condiciones de aridez en el norte de México, este volumen de importación es crucial y estratégico para toda la franja fronteriza en aspectos sociales, ambientales y económicos. Figura 2 | Agua renovable per cápita en 2030 (CONAGUA, 2016). El agua subterránea en México presenta una recarga media anual de 91788 hm3 de los cuales se suministra el 38.9% (33310 hm3/año) del consumo total de agua del país (85660 hm3/año), para todos los usos consuntivos. El agua subterránea se utiliza principalmente para usos consuntivos (32 860 hm3/año por año al 2015; CONAGUA, 2016); y específicamente para el riego de cultivos hasta en un tercio de la superficie total irrigada del país (unos 6.5 millones de hectáreas). Más de 71 millones de personas (55 millones en zonas urbanas y 16 millones en zonas rurales) dependen del abastecimiento de agua subterránea (7320 hm3/año). Además, al menos el 50% de las instalaciones industriales auto abastecidas (que toman agua directamente de aguas superficiales o acuíferos) utilizan las aguas subterráneas en sus procesos (2070 hm3/año; CONAGUA, 2016). Según la estimación del balance hídrico nacional, la Comisión Nacional del Agua identifica bajo la connotación negativa de “acuíferos sobreexplotados” aquéllos donde la explotación excede la recarga anual promedio, y la continuación a largo plazo de esta condición, es probable que produzca efectos negativos reflejados como impactos ambientales. Este tipo de impactos ambientales pueden ser: desecación de humedales; desaparición de manantiales; reducción del flujo de base en ríos; hundimiento de suelos y deterioro de la calidad del agua subterránea, además de un incremento significativo en consumo energético para su aprovechamiento por pozos de bombeo, pudiéndose presentar estas consecuencias aisladas o de forma simultánea. También suelen surgir problemas sociales y económicos debido a la extracción intensiva de agua, término que parece ser más adecuado para la connotación de “acuífero sobreexplotado”. El territorio mexicano cuenta con 653 acuíferos y el número de acuíferos sobreexplotados ha aumentado de 32 en 1975 a 36 en 1981, 80 en 1985, 97 en 2001, 101 en 2008 y 105 para 2015 (CONAGUA, 2016). Entre los 653 acuíferos, 18 presentan problemas por intrusión salina (acuíferos costeros) y 32 están sometidos al fenómeno de salinización de suelos y aguas subterráneas salobres, localizados principalmente en la Península de Baja California y el altiplano mexicano, donde coinciden condiciones de baja precipitación pluvial, altos índices de radiación solar y consecuentemente evaporación, así como la presencia de aguas congénitas y minerales evaporíticos de fácil disolución (CONAGUA, 2016). Estos cuerpos de agua sobreexplotados están ubicados en el centro, norte y noroeste del país (véase Figura 3), una región semiárida y árida que posee únicamente el 31% del total de agua disponible del país, pero concentra el 77% de la población total de México, e incluye los principales centros de población. El excesivo bombeo de agua subterránea con fines de producción agrícola, industrial y de suministro urbano, está conduciendo a un acelerado proceso de abatimiento de acuíferos, de tal manera que su tasa de recarga 110 Martínez-Austria et al. | Seguridad hídrica en México: diagnóstico general y desafíos principales Ingeniería del Agua | 23.2 | 2019 2019, IWA Publishing, Editorial UPV, FFIA natural ha sido rebasada alcanzando un grado de presión en 8 de 13 Regiones Hidrologico-Administrativas (RHA) de Alto (número de RHA, superficie y población afectadas: 7 RHA; 1 389 834 km2; 64.64 millones de habitantes) o Muy Alto (número de RHA, superficie y población afectadas: 1 RHA; 180 229 km2; 23.19 millones de habitantes). Figura 3 | Acuíferos sobreexplotados en México (en color rojo) y principales centros urbanos (Domínguez Mora, y otros, 2012). En el caso específico del deterioro de la calidad del agua relacionado con los cambios hidroquímicos, la extracción intensiva de aguas subterráneas favorece procesos como: la intrusión de agua de mar; la mezcla de aguas superficiales con aguas subterráneas; la mezcla con las aguas subterráneas altamente mineralizadas de acuíferos subyacentes o superpuestos o capas confinantes; la propagación lateral de plumas contaminantes y la propagación de contaminantes de fuentes puntuales de superficie, como aguas residuales industriales y municipales sin tratar, a través de fracturas o fallas causadas por subsidencia. Algunos ejemplos de este tipo de deterioro presentes en las aguas subterráneas mexicanas son los acuíferos del Valle de México, Valle de Toluca, Salamanca y San Luis Potosí. Los problemas de calidad del agua subterránea encontrados en dichos acuíferos son diversos, pero pueden dividirse en tres tipos: procesos de salinización causados por una extensa y prolongada irrigación con aguas residuales y aguas subterráneas (sodio, cloruro y sulfato); contaminación antropogénica causada por una protección inadecuada de los acuíferos vulnerables frente a descargas y/o desechos de las actividades turísticas e industriales y la agricultura intensiva (patógenos, nitratos, cloruros, sulfatos, metales pesados, hidrocarburos y compuestos emergentes); y contaminación de origen natural relacionada con la evolución del proceso de oxidación-reducción (pH-Eh) de las aguas subterráneas y disolución de los minerales de las rocas. Si, en el futuro, la explotación intensiva de estos acuíferos continuara, la capa freática no sería restaurada y la calidad del agua subterránea sería inadecuada para muchos usos (para mayores detalles se refiere al lector a Esteller et al., 2012). Es posible señalar que existen dos orígenes de agua renovable: los ríos y las aguas subterráneas en el primer horizonte de suelo. La capacidad de almacenamiento de los acuíferos es muchas veces mayor que la de los ríos, pero el corto tiempo de residencia del agua en los ríos tiene como resultado una rápida circulación del líquido a través de la red hidrográfica y una reincorporación más dinámica a otras fases del ciclo hidrológico aportándole una característica de renovabilidad de corto plazo. Por esta razón, con respecto al cambio climático, el agua subterránea pareciera ser más resiliente ante los posibles impactos de variabilidad pluvial severa, pues su régimen hídrico es mucho más lento. Sin embargo, esta característica es la que le confiere también una alta vulnerabilidad en el largo plazo por su consecuente lentitud de recuperación de niveles freáticos, agravándose aún más cuando existe explotación intensiva (sobreexplotación), como es el caso de más de cien acuíferos en México. La producción de energía está relacionada con la seguridad hídrica, de manera estrecha con el agua superficial y en mucho menor grado con el agua subterránea, de hecho, la generación hidroeléctrica no coincide con la localización de acuíferos bajo uso intensivo, por lo que se puede aseverar que los cambios en los acuíferos, al menos en México, no tienen impacto representativo en la producción de energía. Pero sí en el consumo de energía, es decir, en un requerimiento cada vez mayor de energía para la explotación de acuíferos por abatimiento de niveles freáticos, ejemplo de ello es el acuífero del Valle de Toluca el cual ha incrementado, en Martínez-Austria et al. | Seguridad hídrica en México: diagnóstico general y desafíos principales 111Ingeniería del Agua | 23.2 | 2019 2019, IWA Publishing, Editorial UPV, FFIA promedio, el costo de extracción por cada m3 de agua a la superficie en más de 239% en 2006, considerando un periodo de análisis de 1968 a 2006. Este aumento de requerimiento energético representa un costo adicional anual de cerca de 3 millones de dólares, de acuerdo con los costos de producción para el año 2005 (Fonseca et al., 2013). Con respecto a la seguridad hídrica y su relación con la seguridad alimentaria, México se encuentra entre los principales importadores a nivel mundial de cárnicos y cereales, destacándose la importación de maíz (Tanigushi et al., 2017). En contraparte, hoy en día México sobresale a nivel mundial por su nivel de exportación de vegetales y frutos, a tal grado que la economía del país ha dejado de depender mayoritariamente de la explotación de petróleo y se soporta significativamente de la exportación de productos agrícolas y del turismo. En otras palabras, ha dejado de exportar petróleo y ahora exporta agua y energía virtuales a través de sus productos agrícolas, industriales o de servicios aunque, como efecto colateral, incrementa la vulnerabilidad de regiones donde el agua subterránea es la principal fuente para la generación de productos de autoconsumo y exportación, a niveles que rebasan en muchos casos su potencial de sustentabilidad. El abatimiento de acuíferos inducido por prácticas antropogénicas y con fines principalmente económicos, vulnera la sustentabilidad de la ya frágil seguridad hídrica y de alimentos, no sólo en una escala local sino en la escala global a través del comercio internacional. De acuerdo con Dalin et al. (2017), con información al año 2010, México extrae un volumen de 11100 hm3/año de agua subterránea dedicada a la irrigación que genera abatimiento de acuíferos, aproximadamente un tercio del total de agua subterránea dedicada a la irrigación. De esta producción agrícola, irrigada con un volumen de agua subterránea no renovable, exporta el 23% y su complemento (77%) es dedicado al consumo nacional. Países como Estados Unidos, Pakistán, Italia y México aparentemente se ven beneficiados por el ingreso de divisas al exportar productos agrícolas, pero esto no es viable en el mediano-largo plazo dado que dicha producción se ha generado a costo de una explotación insostenible de sus acuíferos y con ello generando un pasivo ambiental de grandes proporciones que, comparándole con los ingresos obtenidos, es varias veces superior. Por otro lado, los países importadores (o las regiones al interior de un país), que aparentemente hacen ahorros de volúmenes hídricos, estarán también expuestos a riesgos de sustentabilidad en su seguridad alimentaria y son corresponsables del deterioro ambiental y reducción de disponibilidad de agua y la seguridad hídrica de su socio comercial correspondiente. En la mayor parte del territorio mexicano, debido a su condición climática, existe una alta variabilidad en la precipitación, tanto en el ciclo anual (lluvias de verano) como interanualmente, con periodos de intensas precipitaciones y/o sequías. En consecuencia, se ha construido un número muy elevado de obras almacenamiento. Se estima que en México existen más de 5000 presas y bordos, con un almacenamiento total aproximado de 150 000 hm3. Es de observar que en sólo 180 grandes presas se concentra el 82% del almacenamiento total, las cuales están dedicadas principalmente al riego y la generación de energía (CONAGUA, 2018). Servicios de agua En lo que se refiere a los usos del agua, la mayor parte del agua extraída, el 76.3% se utiliza en la agricultura, el 14.6% en abastecimiento público, el 4.8% en la generación de energía y el 4.3% en la industria autoabastecida1. En México existen 85 distritos de riego, con una superficie total de 3.5 millones de hectáreas, y alrededor de 40000 unidades de riego con una superficie de 3 millones de hectáreas, parte de las cuales se siembran en dobles ciclos de cultivo. No obstante, debido a razones diversas, entre ellas la escasez de agua, raramente se siembra y cosecha la superficie total de 6.5 millones de hectáreas. La superficie sembrada de un año a otro depende en gran medida de las condiciones climáticas, y se reduce considerablemente durante los periodos de sequía. La eficiencia del uso del agua de riego en los distritos de riego de México es precaria. En efecto, la eficiencia media de conducción es de 64.7%, la de conducción interparcelaria de 75% y la de aplicación en parcela del 70%, lo que conduce a una eficiencia global de apenas 34.9% (Peña-Peña, 2007). Es decir, se pierde en promedio el 65.1% del agua extraída de las fuentes para este fin. Evidentemente, la mejora en la eficiencia de riego es una de las mayores áreas de oportunidad para incrementar la seguridad hídrica y resiliencia ante cambio climático. 1 La industria autoabastecida es aquella que cuenta con concesiones de agua. Una parte de la industria se abastece de la red de los organismos operadores municipales. 112 Martínez-Austria et al. | Seguridad hídrica en México: diagnóstico general y desafíos principales Ingeniería del Agua | 23.2 | 2019 2019, IWA Publishing, Editorial UPV, FFIA Con respecto a la cobertura nacional de agua potable, en 2010 resultó, de acuerdo con la CONAGUA, en 95.59% en zonas urbanas y 75.69% en zonas rurales, para un promedio nacional de 90.94%. Sin embargo, la cobertura es muy heterogénea entre los municipios de México, siendo aquellos municipios con mayor grado de pobreza donde la cobertura se encuentra en el rango inferior a 60%, lo que incluye grandes superficies de los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Veracruz, Oaxaca y Guerrero (ver Figura 4). Si bien la cifra global de cobertura parece indicar una adecuada cobertura del servicio, en realidad refleja la cantidad de infraestructura, pero la calidad del servicio deja mucho que desear. En la declaración final de misión del Relator Especial sobre los Derechos Humanos al Agua y al Saneamiento, se señala que: Funcionarios a menudo me reportaron estadísticas de que 94% de la población mexicana tiene acceso al agua potable y 93% al saneamiento. Sin embargo, es importante subrayar que dichas cifras, si bien son impresionantes, sólo reflejan la existencia de alguna forma de infraestructura y definitivamente no se traducen en acceso real al agua y al saneamiento, que es dramáticamente inferior (Heller, 2017). Lo anterior se ratifica si se analizan los resultados del Programa de Indicadores de Gestión de Organismos Operadores, que revela que, en 2015, en una muestra de 133 organismos operadores de un total de más de 2400 en el país, el porcentaje de tomas que cuentan con servicio continuo es de 74% (Saavedra Horita, Rodríguez Varela, & Hansen Rodríguez, 2016). Es de observar que la muestra no es aleatoria, sino de organismos operadores que reportan datos voluntariamente, y son presumiblemente los de mejor desempeño. Figura 4 | Cobertura de agua potable por municipio 2010 (CONAGUA, 2016). Calidad del agua La red de monitoreo de la calidad del agua, a cargo de la Comisión Nacional del Agua, cuenta con 5000 puntos de monitoreo distribuidos en 6 redes: aguas superficiales, aguas subterráneas, estudios especiales, zonas costeras, descargas superficiales y descargas subterráneas. La red de aguas superficiales, que es la de interés directo para determinar el estado de los ríos, lagos y vasos, está constituida por 2514 puntos de monitoreo (CONAGUA, 2016). Martínez-Austria et al. | Seguridad hídrica en México: diagnóstico general y desafíos principales 113Ingeniería del Agua | 23.2 | 2019 2019, IWA Publishing, Editorial UPV, FFIA CONAGUA reporta que la evaluación de la calidad del agua se realiza a través de tres parámetros: Demanda Bioquímica de Oxígeno (DBO5), Demanda Química de Oxígeno (DQO) y Sólidos Suspendidos Totales (SST). Se espera que la DBO5 sea un indicador de la contaminación de origen orgánico biodegradable, tales como descargas de aguas residuales de origen urbano y doméstico; y la DQO un indicador de la contaminación de origen industrial orgánico e inorgánico no biodegradable. Los intervalos de concentración de estos dos parámetros que la CONAGUA considera para los diferentes grados de contaminación se muestran en la Tabla 1. Con estos criterios y los datos de monitoreo, esta dependencia obtiene los mapas de calidad reportados en sus Estadísticas del Agua en México. (CONAGUA, 2016). Tabla 1 | Indicadores y rangos de calidad del agua empleados por la CONAGUA (Tomados de CONAGUA, 2016b). DQO (mg/l) DBO5 (Mg/l) Estado del cuerpo de agua DQO≤10 DBO5≤3 Excelente 10<DQO≤20 3< DBO5≤6 Buena calidad 20<DQO≤40 6< DBO5≤30 Aceptable 40<DQO≤200 30< DBO5≤120 Contaminada DQO>200 DBO5≥120 Fuertemente contaminada Estos indicadores exhiben al menos dos problemas importantes: no toman en cuenta la existencia de múltiples contaminantes que, aún en cantidades pequeñas, son nocivos para la salud y/o el medio ambiente; y son demasiado laxos al declarar que la condición cualitativa del cuerpo de agua (de excelente a fuertemente contaminada) sea suficiente. Al respecto, el número de parámetros empleados en México como índices de calidad del agua, no está acorde con las mejores prácticas internacionales. De hecho, hasta 1999 la Comisión Nacional del Agua recomendaba calcular un índice de calidad del agua (ICA) empleando un promedio ponderado de 18 parámetros, en lugar de los tres que hoy se emplean. En la Tabla 2 se muestra una comparación de los índices de calidad usados hasta 1999 en México, con los que se emplean en los Estados Unidos de América y la Unión Europea. En esta tabla, el ICA-NSF es empleado por la National Sanitation Foundation; el ICA-Dinius considera cinco usos del agua; DQWI, es el Drinking Water Quality Index y, finalmente, el UWQI, Universal Water Quality Index que es empleado en la Unión Europea. (Pérez-Flores et al., 2014). Como puede observarse, los indicadores usados actualmente en México (tabla 1) sólo dan una idea cualitativa, y optimista, de la calidad del agua, y ello sin considerar la insuficiente frecuencia del monitoreo. Puede darse el caso, y de hecho ha ocurrido, que aguas contaminadas por algún metal, como plomo o arsénico, sean consideradas de buena calidad, cuando de facto son un riesgo para la salud. Cuando se emplea un criterio más estricto, emerge un panorama de la calidad del agua muy distinto. En la figura 5 se presenta el análisis publicado por UNESCO (WWAP, Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos de las Naciones Unidas, 2017) de la situación de la calidad del agua en el mundo, en la que, como puede observarse, al aplicar un criterio internacional de contaminación basado en la DBO5, muchos de los ríos en México se muestran con contaminación grave. Lo mismo sucede con las densidades de coliformes fecales para los cuerpos de agua superficiales (WWAP,2017) reportados. La situación de contaminación actual de los cuerpos de agua en México, es debida tanto al bajo porcentaje de aguas residuales tratadas en México, como al bajo nivel de tratamiento exigido. Es evidente que, mientras mayor sea la demanda de agua, la generación de aguas residuales será cada vez mayor. Uno de los mayores desafíos hídricos en muchos países del planeta y en México es la calidad del agua, que se encuentra aunada a la baja cobertura de tratamiento de aguas residuales. Las Naciones Unidas, en su informe sobre el desarrollo de los recursos hídricos, menciona la gran preocupación que generan las descargas de aguas residuales de todo tipo y su bajo nivel de tratamiento, con consecuencias perjudiciales para la salud humana, la productividad económica, la calidad de los recursos ambientales de agua dulce y los ecosistemas. De alta preocupación son las descargas de aguas residuales industriales (WWAP, 2017). 114 Martínez-Austria et al. | Seguridad hídrica en México: diagnóstico general y desafíos principales Ingeniería del Agua | 23.2 | 2019 2019, IWA Publishing, Editorial UPV, FFIA Tabla 2 | Comparación de parámetros fisicoquímicos y microbiológicos empleados por diferentes índices de calidad del agua. País México (1992) Estados Unidos Unión Europea Índice ICA ICA-NSF ICA Dinius DQWI UWQI Parámetro OD x x x x pH x x x x x DBO x x x x Nitratos x x x x x Coliformes fecales x x x Temperatura x x Turbiedad x x Sólidos disueltos totales x x Fósforo total x x Cadmio x x Mercurio x x Conductividad x x Sólidos suspendidos x Color x x Nitrógeno total x Cloruros x x x Plomo x Cromo total x Arsénico x x De acuerdo con información de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA, 2016b), del total de agua residual generada se colecta el 91.5%, lo que se traduce en un caudal de 212 m3/s, de aguas residuales municipales, del cual se tratan 120.9 m3/s, es decir el 57%. Esto significa que, del total de aguas residuales generadas, se da tratamiento solamente al 52%, suponiendo que el tratamiento sea el adecuado y se cumpla con la normatividad vigente para descarga y no altere al cuerpo receptor o que cumpla con la calidad para una determinada reutilización. En relación con las aguas residuales industriales, la cobertura de tratamiento es aún menor. Figura 5 | Estimaciones de las concentraciones de demanda bioquímica de oxígeno (DBO) en cursos de agua. Resaltado de México por los autores (WWAP, 2017). Martínez-Austria et al. | Seguridad hídrica en México: diagnóstico general y desafíos principales 115Ingeniería del Agua | 23.2 | 2019 2019, IWA Publishing, Editorial UPV, FFIA En el año 2015, la industria trató 70.5 m³/s de aguas residuales, en 2832 plantas en operación a nivel nacional. La Tabla 3 ilustra los principales niveles de tratamiento utilizados a nivel industrial. Como se puede observar, muchos sistemas de tratamiento sólo implementan tratamientos primarios y secundarios, siendo estos niveles insuficientes pues quedan sin remoción una serie de compuestos recalcitrantes, y no normados en este momento (plaguicidas, fármacos, antibióticos, etc.), genéricamente denominados como contaminantes emergentes. Por otra parte, de acuerdo con reportes del INEGI, solo 34% de los 2457 municipios y delegaciones del país, cuentan con servicio de tratamiento de aguas residuales (INEGI, 2017). La mayor parte de las descargas de aguas residuales sin tratamiento se realizan en ríos y arroyos, canales y en el suelo o barrancas. Como resultado, los cuerpos de agua en México tienen una muy baja calidad, no sólo considerando los parámetros básicos con los que la CONAGUA clasifica la calidad de los cuerpos de agua, sino muchos otros parámetros no normados y procedentes de descargas de aguas industriales o de drenajes agrícolas, como se ha mencionado antes. Tabla 3 | Principales procesos de tratamiento para las aguas residuales industriales (CONAGUA,2018). Tipo de tratamiento Propósito Número de plantas Gasto de operación (m3/s) Porcentaje Primario Ajustar el pH y remover materiales orgánicos y/o inorgánicos en suspensión con tamaño igual o mayor a 0.1 mm 913 27.65 39.2 Secundario Remover materiales orgánicos coloidales y disueltos 1660 35.37 50.2 Terciario Remover materiales disueltos que incluyen gases, sustancias orgánicas naturales y sintéticas, iones, bacterias y virus 85 1.47 2.1 No especificado 174 6.02 8.5 Total 2832 70.50 100.0 Es necesario ampliar la red de monitoreo, tanto en aspectos de cantidad como de calidad, a fin de mejorar la conservación de los sistemas hidrológicos (cuencas y acuíferos), y es impostergable la revisión de las normas de descarga de aguas residuales tratadas pues, a pesar del incremento en el número de plantas de tratamiento, no se ha mejorado la calidad de los cuerpos de agua. En este aspecto, son necesarios mejores indicadores de calidad del agua y su estricto cumplimiento. Asimismo, sin duda son indispensables estudios locales sobre vulnerabilidad al cambio climático, con las consecuentes acciones de adaptación e incremento de la resiliencia. Ecosistemas acuáticos De acuerdo con Garrido et al. (2010), en México se desconoce el nivel de alteración ecohidrológica de los ríos. Estos autores, con una metodología indirecta, determinaron que el 73% de los ríos en México presentan niveles de alteración entre medio y muy alto. En especial “cinco de los ríos más caudalosos de México se encuentran dentro de las categorías más elevadas de alteración: el Río Balsas, el Río Santiago, el Río Pánuco (muy alta alteración), el Grijalva-Usumacinta y el Río Papaloapan (Alta Alteración) (Garrido Pérez et al., 2010)”. Por otra parte, uno de los principales riesgos para los ecosistemas fluviales es el uso excesivo de las corrientes. En México, a pesar de diferentes estudios y opiniones de investigadores y organizaciones civiles (García Rodriguez et al.,, 1999; Eguía Liz, Gómez Balandra y Saldaña Fabela, 2007), no ha sido posible la introducción de una normativa que obligue a mantener un mínimo caudal ecológico. De esta manera, y tras numerosas presiones de académicos y ecologistas, solamente se ha emitido una norma de caudal ecológico de carácter voluntario (Secretaría de Economía, 2012). Sobra decir que se aplica muy raramente, y en la mayor parte de las corrientes, el volumen disponible se ha concesionado completamente. Mención especial merecen los ríos urbanos, muchos de los cuales han sido entubados, eliminando su cauce natural y que, con el paso del tiempo, se han convertido en drenajes de aguas residuales. Tal es el caso de la mayoría de los ríos en el valle de México, por ejemplo (i.e. Aguilar Barajas et al., 2015). Otros ríos urbanos se encuentran gravemente contaminados, lo que los ha