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Cuan os edi i cios end án un mue o clandes ino en sus cimien os. Mue os
agmen ados y dispe sos son deposi ados bajo las losas de iglesias y ca ed ales.
Al ededo de la umba de Celso se le an a la más exquisi a biblio eca de la An i-
güedad, la que en É eso hizo cons ui su hijo Julio Aquila con la plena olun ad
de da o ma a su memo ia.
La memo ia, g an mo o pa a cons ui , ambién lo es pa a des ui . Calígula
a asó una he mosísima casa po el place que su mad e había ob enido en ella.
Sha on en ía con me ódico ensañamien o sus exca ado as a de iba casas
pales inas como sal aje conmemo ación de algún ac i is a ecien emen e aba ido.
En cul u as p o ohis ó icas de Egip o y Mesopo amia se en e aba a los mue -
os bajo el suelo de las i iendas. Pe o con el su gi del pensamien o abs ac o
y eligioso al mue o se le sepa a del mundo de los i os pa a se acogido po la
ie a, po la mad e Tie a. Los úmulos neolí icos apa ecen en el paisaje como
p o ube ancias que mues an el emba azo in e so en el que el di un o, man eniendo
su menguan e in eg idad, espe a el o o mundo.
La umba ha sido en di e sas e apas de la His o ia la mejo exp esión de la
a qui ec u a. Los dólmenes y las cáma as neolí icas son las p ime as mani es a-
ciones cons uc i as que han pe du ado. Las pi ámides de Egip o ep esen an el
máximo a ance en el conocimien o y en la écnica de su época. En Occiden e,
lejos de aquella solemnidad g andilocuen e, la umba e usca es la ec eación de
la casa. El espacio se exca a ep oduciendo la dis ibución, las dimensiones y la
con i gu ación domés ica. Allí los elices di un os, odeados de sus allegados y de
sus obje os que idos, dis u an de un banque e pe pe uo y de una con e sación
inacabable. El cemen e io c is iano, el campo san o, es un ecin o pa a el eposo,
un luga aco ado y ce ado po un mu o que lo sepa a del mundo de los i os.
Du an e mucho iempo se si uó jun o a la iglesia y en su in e io pacían las umbas
a la somb a de la casa del di ino pas o .
El paula ino p oceso de masi i cación y secula ización de la sociedad ha ans-
o mado los cemen e ios en apa camien os de di un os some idos a las leyes del
máximo ap o echamien o y de la ulga idad epe i i a. Los deudos de los allecidos
in en an palia es a si uación median e pa é icos ala des de lápidas es iden es y
l o ilegios a i i ciales. La consecuencia es que el cemen e io en la ac ualidad no
es más que un luga pa a ol ida a los mue os.
A pesa del paula ino eclipse de su papel en la sociedad mode na, el cemen e io
ha conseguido que algunos a qui ec os como Asplund, Lewe en z, Sca pa, Rossi
o Mi alles, hayan olcado en es e ipo de p oyec os lo mejo de su sensibilidad. Y
Fe nando Espuelas Exi us
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Páginas an e io es:
1. Vis a pos e io a la en ada del cemen e io
de Cama ma de Es e uelas
2. Plano de emplazamien o
3. Vis a del a io de acceso
4. La pue a p incipal is a desde el cemen e io
Páginas 36 - 37:
5. Alzado ex e io del a io
6. Plan a del a io
7. Alzado in e io del a io
8. Sección ans e sal
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p ecisamen e po su papel ma ginal y la po encia de su unción las in e enciones
en cemen e ios pe mi en desa olla aspec os simbólicos y poé icos que es án
edados a la mayo pa e de las a qui ec u as u ili a ias
Un mu o enjabelgado, la eja po osa, el po alón en somb a. La mi ada dis aída
c ee que se a a de una cons ucción u al, adicional y anónima. La cegado a
luz de la mese a ayuda al equí oco. Callado, eal has a lo in e osímil, el luga nos
engaña. Mas a de, como el p o agonis a de Ped o Pá amo, acabamos sabiendo
que as esos mu os sólo habi an mue os. Pod ía se Comala, pe o no, es Ca-
ma ma. Ca los Puen e en su abajo en el Cemen e io de Cama ma ha educido
al mínimo la in e ención con esuel a segu idad. Ha en endido que el mu o que
aco a ísicamen e el ecin o asciende la simple unción de sepa ación espacial
pa a con e i se en el limes, la on e a en e la ida y la mue e. A pa i de es e
en endimien o aglu ina la in ensidad de su p opues a en el paso en e ambos
mundos que en es e caso es más que una en ada una salida, una salida hacia
el in e io : el úl imo luga pa a e el llano y los igales. Se llega a la conclusión
de que al a qui ec o le in e esa, más que la esidencia y la du ación, el momen o,
la ugacidad dolien e del en ie o, la ce emonia, la despedida.
Tenemos eso: una apia encalada, un sopo al de eja ana y nada más. Aunque
sí hay algo más: símbolos. Los símbolos son aquí escue os y p ecisos, quie en
apo a sin d ama ismo e e encias pa a i i in ensamen e el luga . La columna
decapi ada se si úa en el cen o del ano pa iéndolo en dos como un obs ácu-
lo, como un pun o de in l exión en e dos e e nidades. La columna en la cul u a
c e omicénica simboliza la deidad. Como sucede en la ciudadela de Micenas, su
imagen se si uaba sob e los din eles po que esa columna, empa en ada con el
lab ix, es el an eceden e del dios Jano, gua dián de las pue as y cuyas dos ca as
con emplan simul áneamen e el pasado y el po eni . En el lib o de Job se dice
que el día del Juicio Final Jeho á de iba á las columnas que sos ienen el mundo.
Luego es án las c uces, una me álica, an esbel a que casi ni se e y o a de
luz asgada en la pue a. La p ime a no es aquí una e e encia ma i ológica sino
el encuen o en e dos di ecciones, la in e sección de dos ayec o ias, la de la
ida e ena y la del más allá, o denada y abcisa que con l uyen en el pun o único y
a al. La c uz de luz de la pue a es una mi illa o one a po la que algo del in e io
quie e sali y es ambién una posibilidad de mi a sin en a , de comp oba que los
mue os siguen an quie os, an pacien es, dándose a come a pája os y gusanos,
come ciando bac e ias y aminoácidos con la ie a indi e en e.
Den o, el eloj sin manillas es una alego ía ecu en e que mues a la pe ple-
jidad an e es e enómeno que no cesa. Aquí ya no ige la máxima: empus ugi ,
el iempo as la mue e se es anca en un pan ano en el que el di un o queda a la
de i a. Un úmulo de ho migón enco ado con cañas ecue da la ágil ba quilla
en la que Moisés ue abandonado en el Nilo. Allí, el di undo ecién mue o ha de
espe a a Ca on e. Sin emba go ambién hay símbolos de espe anza: la c uz lumi-
nosa y ege al que se eco a en la pue a y la ga illa de igo colgada sob e ella.
La p omesa de ol e a la ie a o al seno de Dios in en a consola po lo que se
pie de. La humilde cons ucción acoge al mue o, an des alido, y pone al alcance
de los i os unos cuan os símbolos que ecue dan la agilidad de la exis encia y
al mismo iempo la espe anza o la esignación a segui siendo, a ol e en igo
o en cue po mís ico, a ol e con la p ima e a como Pe sé one o Ama e asu.
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Fe nando Espuelas es a qui ec o y au o del lib o El cla o en el bosque, 2000.