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La España rural : hambre de tierra y sed de justicia

García-Menéndez, B.

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J. M. Yagile•, Editor-Madrid. . .. -· NWOLA S ALEX ANDR OVI'FCH ROMANOFF dudadano sovfético Por JACK WILKENS Prólogo de E. BARRIOBERO Precío 4 ptas. Jack \Vilkens es el seudónimo que cobija un compatriota nuestro, intrépido y cosmopolita, espiri tu aventurera, que en buena hora rompió con los maldes restringides de la España borbònica y paseó por el mundo sus inquietudes. En Rusia, que recorrió en todas diretciones, conodó a Lenin y Trotsky, y se relacionó directamente con los actores cte la tragedia imperialista. Basandose en esta información única, con fmparcialidad y conciencia digna de encomio, ~scribió esta obra, que constituye uno de los documentes históricos contemporaneos mas interesantes y, como dh ·e Barriobero en su prólogo, una aportación a la literatura nacional. Pedidos a su librero mas próximo I r f 'r l ( J ·r )¡ 'r ,, 1 I '• r ..., ' . -.;.. ( , . ·. 95.0·7 .. B. GAR.CIA,MENENDEZ ·l \ ---· \ 9507 LA ESP AÑ A R. UR. AL (Hambre de tierra y sed de justícia) • J. M. 8 YAG'OES, EDITOR M A D R I D ,, J .· Derechoo de reproducción y de tra• ducción reserTadoa para to dos lo a paf, •••• incluso Ho landa y N orueia· Queda hec ho el depóoí to que marca la ley Copyrigb1 by Bonifacio García-Man~ndez 19¡Sl. Primera cdidón Tallor11 TipojdJico• V'eluco , Mel~ndu V'aldlo, 52.-Madrld PRÚLOGO En este libro, que pongo en manos del público, no pretendo hacer otra cosa que estimular a los hombr€!3 de la ciudad, para que despierten sus afanes y cordiar lidades hacia el campo. Es un libro de sencilla tenacidad ruralista, preocupación de un interés y de un problema na cio nal, que en esta época, cuando toda Europa lo ha resuelto, comienza a interesarnos. Por los antecedentes que reuno en este libro. se comprueba que el problema de la lierra existe en un estado de penuria y de abandono vergonzoso y que el alma rebelde del campesino esta formada por el exceso de favor que el régimen caído dió a los terratenientes, a los ari stóc ratas adulones, y a los del latrocinio de bienes comunales. Va a salir este libro, sin ser estudio, sino nueva exposición y recogida de clamares y hechos, cuando la Reforma A graria ser a promulgada, y, a la vez, discutida en las Cortes Constituyentes. H oy, se hace urgente, pedir a los idealistas que labo re n con "hechos" para la España Rural: a las organizaciones sociales, sindicales y cooperativas 'del campo, que crezcan y se hagan jueries para el cometido que les espera. A los líderes, que abandonen la tactica egoísta de sembrar ideologías para recoger votos; a los políticos y partidos que hagan justícia a la tierra y a sus hombres. Que unos y otros hagamos de España "africana", pobre y sin regadío, una qación próspera, fecunda y europea. Este libro no tiene otro afdn. EL AUTOR. 11 HAMBRE DE TIERRA La difasión de la propiedad en Ei!paña. Antecedentes y L.ecL.oi! Antes que el comunismo libertario, en España , que en nada se parece a la situación de Rusia, se pueden rapidamente tomar soluciones de caracter social, radicales, transformadoras, justicieras. No hay que darle importancia a todo mdVimiento extremista, ni debe asustar el comunismo libertario. Siempre he creído y de ello tengo una profunda convicción, que no podemos ir a una sociedad plena e idealmente comunista; menos que eso, a una sociedad humana del tipo socialista ha de tardarse mucho tiempo, pues, aunque la economía y el fracaso del capitalismo estimulan a un régimen renovador, pero ni el hombre español tiene las condiciones de hambriento y sometido del ruso, ni la geografia poütica española se parece a la del país mas intensamente extraordinario del mundo. Creo mas. Que, siendo el ser cialismo la ventura política del género humano, ha de ser siempre el egoísmo individual, el sentimientd de posesión, el que resistira a las clases campesinas a un avance grande. Y lo creo así, porque en el fondo de cada campesino español existe un alma incapaz de otras rebeldías, ni otras sugestiones, que no sean puramente de orden mater_ial, de tal. suerte, que, lograda una distri- . 18 B. G A R C f A M E N~ N D E Z al juicio del ex-rector de aquella Universidad D. Luis Maldonado. "1. 0 Existe el hecho y podrí a citar casos, especia!- mente de los últimes años del siglo pasado y comienzo3 de éste, no solamente de finoas, sino de pueblos de señoríos adquiridos por vecinos o renteros. 2. 0 El hecho no se da con gran frecuencia, pero <:entinúa realizandose; hace pocos días, el vecindario de San Muñoz, terminó de comprar el término municipal en 1.750.000 pesetas. 3. 0 Las compras de mayor importancia las favorecieron usureros enriquecidos que, habiendo prestado en sus comienzos con elevado interés, lo hicieron en estos casos con un rédito módico (5 ó 6 por I 00) y sin otra garantía que un recibo en papel simple. Ahora los Bancos locales tratan de fa vorecer esta s operaciones; pero todos elles son de una timidez extraordinaria eu que se multiplica, mas que se suma la de cada uno de los señores del Consejo. 4. 0 Esta s operaciones, en cuanto al vendedor, se verifican al contado y, en cuanto el préstamo para el pago del precio, a plazos y con todo género de facili· dades para el pago cuando el prestamista no es una entidad colectiva y pueril. 5. 0 La Caja de Ahorros, unida al Monte de Piedar¡ de Salamanca, ha facilitada alguna de estas operacione3 y otras varias la hermosa institución de la Caja Crespo Hesccín para labradores y ganaderos; pero a¡pbas (prestando a un mínimo interés-la de C. Rescón al 2 por I :. " :l LA ESPA~A RURAL 19 I 00--) tienen reglamentariamente que hacerlo en escri~ tura pública y con garantías que dificultan mucho las operaciones. Reitero que quienes han facilitado mas esas emancipaciones de colonos y vecinos son los usu~ reros enriquecidos, los cuales no han tenido que lamen~ tar ninguna qüiebra y han cobrado siempre y muchas veces antes de lo que esperaban, cuando los compra~ clores, emigrando en masa a América, han enviado el importe de sus deudas en tres o cua tro años." BADAJOZ. El conocido propietario extremeño D. Pedro Delga~ do, se manifiesta ante el problema de la difusión de la propiedad privada, del siguiente modo: "Ha habido, hoy habra fincas de gran extensión que han sido adqui~ ridas unas veces por colonos o arrendatarios, otras por personas de la comarca donde radican aquéllos y que han sido subdividídos según las conveniencias de los adquirentes. A la pregunta segunda contestaré mani~ festandole que tales operaciones se realizan desde hace mucho tiempo, que en los años de la g\Jerra adquirió este fenómeno alguna inten.sidad, habiéndose, luegp, encalmado y paralizado como consecuenda de la cri~ sis monetaria, crisis de valores y crisis de todo. A la ter~ cera, no hay órganos que fomenten o auxilien esta cues~ tión. Los sindicatos católicos agrarios es un ideal que incluyen en sus programas y que han intentado lograr • I I i 20 B. G A R C t A M E N É N D E l en esta comarca y región, y no han conseguido casi nada por falta de disponibilidades. A unos veinticinco kilómetros de Villanueva de la Serena (Badajoz) existe un pueblecito pequeño llamado Acedera y en cuyo término tiene extensas propiedades el excelentísimo señor Marqués de Gorbea. A la terminación de la guerra europea, cuando los problemas sociales se agudizaban como repercusión de lo que ocurría en Rusia, el referido señor Marqués vendió dos dehesas a los arrendatarios que tenía la menc10nada villa y de Orellana la Vieja. Los arrendatarios eran una Sociedad formada por labradores de mas o menos desahogada posición, que hacían la explotación directamente y que al pasar a ser prdpietarios (aun con los grandes inconvenientes que para ello han tenido) han mejorado su condición notablemente, y las fincas que antes, arrendadas, amenazaban ser esquilmadas en corto plazo por un cultivo espoliador, son hCI}' cuidadas con esmero, y a la vez que les sacan el maximum de producción aumentan su stock en fertilizantes. Digo antes, que apesar de los grandes inconvenientes porque el señor Gorbea les exigió el pagq al contado, y como no había ninguna entidad bancaria que les favoreciera y el sacar dinero del Banco de España es cosa tan difícil a los pequeños propietarios, tuvieron, por consecuencia lógica, que caer en las garras de la usura, de las cuales, y aunque disminuídas las cantidades, siguen siendo prisioneros, viendo por esta causa muy mermad~s sus fuentes de in¡ reso. ., .. LA ESPA~A RURAL 21 El precio puesto a estas fincas fué aproximadamen~ te el que resultaba de capitalizarlas, dandole valor para que la renta que pagaban fuera un cinco por ciento. Este hecho no ha sido imitado desgraciadamente por ningún propietario mas de esta región, pues todos, al pasar la agudización del problema so<:ial agrario, no só lo siguen ofreciend o resistencia a la parcelación, sino que aumentan el valor de los arrendamientos con todo el .recargo de contribución que l es ha impuesto el catas~ tro y algo mas, con lo que se hace la vida imposible a los que trabajan y ademas-queda burlada el objeto que se buscó al catastrar, o sea que pagara el que tuviera. Por la fecha antes citada y algo posterior, dos seño· res de Madrigalejos, propietaTÍos de millares de terre~ no de monte, limítrofe a la provincia de Badajoz, pues sólo distan de Villanueva unos quince kilómetros, co~ menzaron a vender porciones de terreno, que fueron compradas por modestos trabajadores. Estos señores han buscado el negocio en la sed de propiedad que tiene la clase propietaria y media, y han vendido, a prec10 elevado. En resum en : hay en toda la reg1on inmensos deseos de que sea un hecho la división de las grandes propie~ dades y sería conveniente, porque practicamente se oh~ serva que al dividirse una propiedad grande en varias proporciones, todas éstas aumentan grandemente en producción y valor en razón de conjunto. Ah ora bien; de no crear una entidad bancaria que favorezca estas o'pe~ raciones, habra siempre el peligro de que los nuevos 22 B. GARCiA MEN~NDEZ propietarios no se desenvuelvan bien, pues la falta de capital les hara ser víctimas de la usura. Un informe sobre parcelación, extenso, •proporciolna a la Junta de Colonización el señor conde de To-- rrepilares, del cua! extractamos estas interesantes consideraciones: Pero se enajenan los propi os con notona disipación y desacierto, creando una nueva generación de ricos improvisados por la desamortización que adquieren cuantiosos terrenos, privando al pueblo de la coparticipación en el disfrute, ha:sta el punto de que pueblos como el de F regenal, con una inmensa y relativamente feraz extensión de hienes propios, casi toda ella pasó a poder de haceudados forasteros, quedando una insignificante porción repartida a censo entre el bracero, que en poseer una suerte procedente de aquella dehesa de propios funda su bienestar, pues aunque eran de ínfima condición, la constancia y el cultivo las ha poblado en su mayor parte de olivos, y las ha hecho adecuadas para el cultivo de cereales. Sólo le restan al pueblo unos quiñones de un centenar de hectareas, que tuvieron seculares alcornoques, descuajados hoy en absoluta por la codicia de leñadores y el desamparo de su guarderia. Mas atentos los nuevos propietarios a su medro personal que a las penurias del proletariado, e influenciado éste poco a poco por doctrinas y predicacio-- nes que halagan sus naturales anhelos, fueron acentmíndose las divergencias, y al par que mennaba el rendimiento útil del peón agrícola, exigía mayor remuneración, que el propietario compensaba ahorrando ~-- - -- _I LA ESPA~A RURAL 23 operarios y encareciendo sus productos, terminando por desistir en su mayoría de la adrninistración de sus fiocas, engrosando unos el absentismo cortesano y entre- • gados otros al dolce far niente. Como es natural, el colono, que en la mayoría de los casos participa del doble caracter de labrador y de bracero, ocupa menO'S brazos que el propietario, pues se encarga de hacer por sí-sobre todo los de Oliva d'e Jerez, laboriosos y sodalizados cual no otros-la m-;ry.o.r parte de las labores y aun no pocas de la guardería de ganados, evitando en cuanto pueden el pago de salarios, que desquitan con su personal esfuerzo, sumiendo así en el paro forzoso en dilatadas épocas ·del año a gran número de braceros, que acuden a las autoridades en demanda de ocupación, y no pudiéndosela dar los reparte entre los propietarios. El préstamo pignoraticio, el mas practico y útil para el pequeño labrador, requiere almacenes de depósito, etc., etc., que no estan al alcance de las Cajas, por lo que sus préstamos preferentes son los hipotecarios, que si bien útiles al pequeño propietario, al convertirse casi en única forma de préstamo, desnaturali. zaron el verdadero espíritu de las Cajas Rurales y las causas determinantes de su fundación. A la sombra de la Caja Rural, y para extender su Tadio de acción al proletariado, se creó una institución filial Hamada Patronato Obrero, que tomaba tierras en arrendamiento y las ..repartía entre los braceros sin lucro alguno y sólo el costo a prorrata de la renta; pero la esterilidad de uno de los años agrícolas y la escasa probidad de los colo- ¡ I l l 24 B. G A R C t A M E N lt N D E Z nos dió al traste con el ensayo, que agotó el capital fundacional procedente de donaciones de la Caja y de particulares. doloroso ensayo que engendró el mas negro pesimismo, sin que el desengaño proveniente de aquél haya dejado los anímos dispuestos a la mas leve tentativa". Aunque aquí la propiedad no esta muy subdividida. no hay, sin embargo, exagerades latifundios, ni se presta el terreno, por su condición, a excesivas subdivisiones, que harían difícil, si no imposible, su principal rendimiento, que es la ganadería, sin que hayan hecho por aquí otros ensayos que los ya citados del Sr. Peche y el hecho por mí, siguiendo el ejemplo que me dejó trazado mi padre político y respetando la parcelación por una renta ínfima de unas tierras de labor que son consiguientemente muy codiciadas. De antiguo, tanto en este pueblo como en los de la región de Barros, vienen dandose por los propietarios los terrenos adecuados para la plantación de vid. que el colono cria, y luego, al cabo de seis o algunos años mas de disfrute, parten de por mitad el dueño del terreno y el plantador. De suerte que, en realidad, puede darse por contestada en fonna negativa. Lo propio puede contestarse a la segunda, pues no habiéndase dado el fenómeno, no ha podido tener aumento ni disminución. No hay institución consagrada a tal fin, pues no pue· den reputarse como tales las Cajas Rurales existentes, con otros fines y difcrente alcance. LA ESPARA RURAL 25 Las Úhicas ventas que se efectúan son las ya citadas de las viñas dadas a partida y divididas después. Viene virtualmente contestada en el discurso de estas ligeras consideraciones, de índole mas local que regional. Diremos, sintetizando, que aquí hubo' pocos mayorazgos, y aunque hay grandes propietarios, en general tienen sus fincas diseminadas siendo las mayores las procedentes de la desamortización y de la venta de propios, debiendo añadir, por lo que a esta razón especialmente afecta, que no siendo terrenos esencialmente agrícolas, la excesiva ciiYisión perjudicaria grandemente, pues la labor na es ordinariamente remuneradora, y en cambio se mata la ganadería, y el pequeño particionero tiene que acabar vendiendo sus parcelas, que poco a poco van engrosando los predios colindantes. Tal ocurrió con una dehesa de propios, vendida no hace muchos años. Pobre de ruelo, aunque de regular arbolado, se dividió en Iotes de dos fnnegas, con lo que la casi totalidad del vecindario formó parte de la Sociedad adquirente y le correspcmdió una suerte, que a muy poco comenzaron a vender, por no obtener rendimiento alguna, y hoy esta convertida en dos o tres fincas de relativa importancia, sin que acaso haya un solo vecino que conserve su suerte aislada, y con el plausible propósito de estos ·propietarios de no comprarle a ningún obrera su parcela y obligarlos así a su conservación, y todo fué inútil. Por una pequeña prima a los pocos 26 B. G A R C 1 A M E N lt N D E Z años esta en poder de pocos propietarios. Otro ensayo llevada de los mejores deseos por un Sindicato Católico Agrario que constituímos para hacer pequeños propietarios ha dado el mismo resultada: a petición de los obreres compraba el Sindicato parcelas de _terrena con las facilidades de un plazo de die1 años y con un interés muy módico, y ha habido parcela que en cuatro años ha camhlado cuatro veces de dueño y muchas de elias las ha tenido que recoger el Sindicato. Existe también en este pueblo una àehesa del Común, que como todos los años se reparte al pueblo sacando cada vecino suerte, y muchos de ellos, casi todos, que el día antes han asistido a un mitin de propaganda pidiendo el reparta del terrena, al otro día la parcela que les ha cabido en suerte la han vendido per tres pesetas; y ésto, que parece una anomalía, tiene sn explicación. La parcelación en pequeño esta reñida con el prolgreso agrícola; en su cultivo no puede aplicarse la maquinaria, y con el sistema antiguo, arado romano y hoz, su coste es carísimo. La parcelación esta Hamada, y ahí da resultada , en los terrenos de regadío. Los ingenieros y personal del avance catastral tienen la misma equivocación; a las parcelas pequeñas les ponen mas valoración porque se creen que producen mas, y éste, por las razones antes expuestas, es un error. En la pequeña parcela se pierde el aprovechamiento de ganados y no da margen para ninguna economía. En los terrenos propios al cultivo de cereales y algo distanciades de la población, la parcela mas pequeña debe oscilar entre 80 ó 1 00 ... LA ESPA~A RURAL 27 fanegas, que distribuídas en dos hojas son 40 ó 50 para cada año, que, haciendo su casita-cortijo para su recogimiento, puede tener aves de corral, su poquito de viña, olivos y frutales y algunos animales mas de los que necesiten para producir algún estiércol, sin cuyo requisito ~ imposible la producción. y en los terrenos accidentados, denominades de pastos, las parcelas mas pequeñas deben tener de 300 a 400 hectareas para poder tener un rebaño pequeño de ganado que pueda costear dos ganaderos. La subida de la propiedad en los últimos diez años ha triplicado las rentas, y si bien han aumentado los jornales, impuestos y de1mí.s gabelas, la desproporción no ha sido tanta que haya impedido enriquece rse a los colonos, los cuales hoy, en general, gozan de un bienestar que se traduce en las adquisiciones de terrena que hacen, pues no hay finca que saiga a la venta que no sea comprada por indígena s, antigues colones o negociantes en granos y lanas del país. De eiio podrían citarse muchos ejemplos. ALGUNAS INTERESANTES ORIENTACIONES DE DON :: ANTONIO VILLEGAS :: El problema de la socialización de la tierra debiera ser motivo de general preocupación, y muy particularmente por parte de nuestros legisladores y estadistas. porque al resolverlo no son só lo los intereses partículares de propietarios, colones y obreros los que van .. - 34 B. G A R C f A M E N :e N D E Z Se han vendido grandes propiedades a colonos y Lambién a pequeños propietarios, algunas con el fin de dar acceso a la propiedad a las familias obreras o arrendatarias; entre otros casos merece citarse el de una gran finca perteneciente al Marqués viudo de Mondéjar, en el término municipal de Villargordo, que la vendió al Sindicato Católico Agrícola de dicho pueblo, el que a su vez la cedió a mas de doscientos obreros y pequeños propietarios, haciéndose la parcelación, pagaudese en <:uatro plazos de un año cada uno, y tomando el dinero del primer plazo, creemos que el Banco Agrícola de León XIII; el resulta do ha sid o espléndido y superior a las esperanza~ concebidas; puede informar mejor sobre ésto el Presidente del Sindicato, D. Angel Méndez, lngeniero industrial. Queda dicho que ésta es una de las provincias de mas movimiento en la propiedad territorial. el cua! se viene intensificando desde el año 1917. Antes, y coincidiendo con el movimiento social agrario que con grave <-ariz se presentaba en la provin- / cia, actuaran con intensidad los Sind icatos Católicos Agrarios, acudiendo, como uno de los recursos para atajar el mal, a facilitar la difusión de la propiedad; pero desaparecido el peligro, creemos que accidentalmente, la actividad de éstos cesó, por la desídia y apatia de los mayores contribuyentes, y l as operaciones que de compr-a o v~nta boy se hacen es sin intervención de institución alguna. No existen Caj~ de Ahorro' en la provincia; si -- · ~ . LA ESPA~A ltUR.AL las operaciones entre particulares se hacen al contado. los fondos se adquieren àe los diferentes Bancos que aquí hay establecidos, 'entre otros el de España, el Español de Crédito, el Hispano Americano y el Central, ge~ neralmente con la garantia de la misma prenda oh~ Jeto de contratación, o bien con la personal del com~ prador, avalorada con las firmas de reconocida solvencia; otras veces se adquieren los fondos para la compra del préstamo personal, con intereses que varían del 6 al 8 por 1 00 de interés anual y con las garantí as indicadas anteriormente para los Bancos. SEVILLA. Dice el señor Marqués de Torrenueva, con respecto a esta provincia : La industria agrícola debe ser clasificada hoy en la provincia de Sevilla, por lo que respecta al cultivo de cereal es y leguminosas, en tres grupos: 1. 0 Explotación realizada con todos los adelantos modemos. 2. 0 El de los labradores que utilizan . arados modemos con tracción animal, y maquinas segadoras y trilladoras primiti~ vas, con leves modificaciones. 3. 0 Agricultores que si~ guen utilizando los procediminetos y los útiles antiguos con ligeras variantes. El primer grupo formabanlo en 1918 cuatro agricultores; en la a<:tualidad só lo tres. Utilizan tractores me~ canicos para labores de roturación y algunas otras, y la novísima maquina que trilla y siega al mismo tiempo. li :1 t ~ :\ :1 :¡ ,l í I ·~ -- ----·-·- . . B. G A R C l A M E 11< t N D E Z El número de operanos que se emplean durante el año es menor, en un 50 por 100 próximamente, que los necesarios en el segundo grupo, y la producción resulta mucho mas económica que en los otros grupos. EI importante capital que se necesita para poseer o arrendar extensiones considerables, y para ad qu iri r un tren completo de maquinaria, unido a los conocimientos y vocación indispensables, son causa de que sea escaso el número de personas que pueda emprender esta clase de negocio y en los momentos presentes, de dudas y temores respecto al régimen de la propiedad, el número sera aún menor. El grupo segundo es hoy el que mayor extensión de tierra cultiva en esta provincia, y al que mas cara le cuesta la producción, por tener que utilizar mayor número de obreros sin selección posible; porque ni pueden exigÍrseles conocimientos y aptitudes especiales, ni eliminar a los que por razón de edad o poco apego al trabajo clan escaso rendimiento útil y entorpecen la labor de los compañeros, pues la vigilancia de ellos, a cargo de los llamados manijeros, resulta hoy ilusoria, por la insubordinación del obrem. no solo en lo que afecta a la parte técnica sino en las horas en que empieza y termina el trabajo y en las destinadas al descanso. Al tercer grupo pertenecen los labradores que cultivaron reducidas extensiones de 'terreno, trabajan.do en él unas veces solos o con sus familias, y otr as con obreros en reducido número y escogidos por el patrono, que conoce sus aptitudes y condiciones individua- LA ESPA~A RURAL 37 les, laboran juntos, y por estas causas, con mayor jornal, el trabajo útil es mayor y la producción mas económica'~. Han obtenido esta}; )abrado:res ga •nancias en la post-guerra por el a.Jto valor de los productos y las buenas cosechas, debido al excelente tiempo en que se han recoiectado. " La teoría y la practica demuestran que la propaganda encaminada directamente a destruir la familia y la propiedad no debe permitirse. Hoy circulan, se leen y se comentan hojas, no solamente en los Centros Obreros y en las tabernas, sino durante los descansos del trabajo , los follet os encabezados con el lema: "N i Dios, ni le y, ni arno ... " " ¡a llegado la hora de volver la torLilla!; lo.s rico s, a trabajar y nosotros a pasearnos." Es inaplazable la parcelación de la propiedad y el arrendamiento directa, sin intermediarios que, con ningún trabajo y riesgo, absorben hoy una gran parte del producto de la tierra, pudiendo servir de base para fijar el precio de los arrendamientc s, las cifras que en Ics líquidos imponibles regulan la contribución territorial. Algunos p10pietarios perdenin poca o ninguna renta, pues por ignorancia o desídia arriendan sus fincas a muy bajo precio; los perjudicados por regla general seran los intermediarios. Los que pierden rentas justo es que, ya que aluden la ley divina del trabajo, tengan alguna sanción. La sindicación de patronos agricultores ha de ser forzosa; no hay que esperar mucho de la acción voluntaria. El desconocimiento que de sus deberes tienen algunos ricds y las ideas que emiten, producen verdadero esI J I I I I i f ¡ l í ¡ I ! I i 1 : I i f . -~. 38 ) B. G A R C 1 A M E N É N D E Z panto, y suelen ser los mas intransigentes los que en poco tiempo han pasado de una posición humilde, a veces de jomaleros a capitalistas, sin base cultural ni moral de ningún género. No faltan tampoco quienes potr su nacimiento pudieron y debieron tener suficiente ilustración y delicadeza de -sentimientos que les impidiera · decir verdaderas enarnudades no sólo contra las aspiraciones socialistas sino contra los demócratas cristianos que procuran seguir las enseñanzas de los romanes Pontífices, singularmente las del inmortal León XIII en su Encíclica acerca de la condición de los obreros, con la que se renovó la doctrina y tradición mantenida por eminentes filósofos y teólogos cristianos que habían demostrado que los propietarios de las tierras y de todos los demas hienes no tienen un dominio absoluto sobre ello. HUELVA. En el extremo de España no es donde menos llega el latigo de la miseria. El lngeniero-Director de la Colonia Agrícola de Almonte, nos habla de la empresa "Parce la - ción de tierras de la Dehesa Remuñana", así: "Con el fin de satistacer la asprración de infinidad de labradcres de ese pueblo, deseosos de alcanzar la posesión de un pedazo de terreno de labor que, por cierto tan escaso abundamiento alcanza en el pequeño término municipal de Boludos, en el aña I 920 alquirió dicha empresa la ¡ mencionada dehesa en 400.000 peset~s: 'i ,: li - - IL LA ESPA~A RURAL 39 Tiene 540 hectareas, (On mucho arbolado. La distribución de las 829 parcelas en que fué dividida a fines del mismo y en la forma siguiente: Una parcela se dedicó para adjudicaria gratis, por votación de los socios obreros, al que, siendo igualmente socio del Sindicato, juzgaran mas necesitado a la par que digno, por sus condiciones de aptitud y honradez, de semejante concesión, dejandolos en completa libertad péllra la elección y no presentandose candidatura alguna por parte de la Directiva. Otra queda, propiedad del Sindicato, como campo de experimentación. lgualmente se reserva la propiedad de los pozos construídos para el debido abastecimiento de aguas de la finca. Veintiuna parcelas unidas a la casa de labor que existía en 1a finca y que no se consideraba de utilidad para la empresa que se emprendía, fueron vendidas, junto con aquélla, en pública subasta, al mejor postor. Y, por último, las 806 parcelas restantes se destinaren para ser vendidas a los so 'cios del Sindicato por los precios previamente asignados a las mismas y según las condiciones impuestas, que ya se mencionaran. Los Iotes o parcelas :;e clasificaron en tres clases, con arreglo a la del terreno, y ello con el propósito de s01r- / tear, salvo petición en contrario, las mejores entre los pobres, y las de inferior calidad o de tercera entre lo3 que tuvieran algunos hienes, asignandose a todas la misma superficie y siendo la de cada una de elias 64 areas, equivalentes muy aproximadamente a una fanega, tl ' '· -J li li lí 40 B. G A R C Í A M E N É N D E Z marco real, ó 3.000 marquillas, marco local (una marquilla equivale a un cuadrado que tenga siete cuartas de lado). El precio de cada parcela, según decimos, fué establecido previamente por una Comisión de peritoo, a razón de un tanto por marquilla para mejor comprensión de los peticionari os; pero con objeto de fa_vorecer aún mas a los futuros compradaJes, que, como ya indicamos, habían de ser socios del Sindicato, la junta de Gobierno del mismo acordó establecer como precios defimtivos de venta los designados por los peritc 'S después de rebajados en un 12 por 1 00 de su importe total. En general ese precio es muy vario; como término medi o alcanza a 400 pesetas el valor de cada parcela, aunque hay al· gunas en que aqu él desciende hasta setenta y cinco, y a veces setenta pesetas, debido a la menor fertilidad del suelo. 1. 0 No se comprendc en este contrato el arbolado que contenga la parcela, que se compromete el comprador a respetar basta que retire su dueño las leñas y carbones. 2. 0 El Sindica to se reserva el derecho de entrar durant t" cinco años. El Sindicato solamente hara uso del derecho que se reserva, en los casos siguientes: Ser condenado criminalmente al pertenecer a otra Sociedad agraria, oien sea obrera o de caracter mixto. Al tomar parte de la s manifestaciones "tumultuosas antisociales" y contra la tranquilidad pública. Si no la tuviere i . LA ESPAÑA RURAL 41 labrada dentro de los tres primeres años de parcelación y sin unas cuantas condiciones mas, de acuerdo con un espíritu negativo, cerril y atentatorio a la vida de los trabajadores de la tierra." Al recopilar estos antecedentes no queremos conseguir otro afan que el expo ncnte, para que, a través de esos informes se vea claramente la realidad agraria de España. Esos informes son la experiencia de un comercio de tierra que con el pretexto, en unos casos, con la finalidad social otros, a veces con una inmoral conducta de usura y de atropelles, demuestra cómo han Ileg ado a ser propietarios, durante algunos años, muchos colonos que, desgraciadamente para ellos, han caído bajo la garra del ingenio y de la expoliación. De estos antecedentes se obtiene un franco y positivo resultada. Se ve claro y rotunda el amor a la propíedad de las masas, el espíritu burgués que anima a los compradores de tierra, que, por ser compradores y dueños, franquean dificultades económicas y de trabajo, heroicas. Se observa una falta notable de espíritu socialista, allí, en regiones donde, apelando al régimne cooperativo, el adquirir la pro!piedad les hubiese sido mas leve. No deja de notarse en algunes propietarios el espíritu cristiana o la comprensión de que ellos no tienen el derecho absoluto de sus propiedades. Fluctúa, en el ambiente terratenientista, el miedo a la revolución, y 42 B. G A R C 1 A M E N É N D E Z se descubre, en algunos casos, el afan de neutralizarla. haciendo concesiones y renunciando a hienes, que otros ricos, cernícalos e intransigentes, no cederían nada mas que ante la misma violencia que ellos propa g an con su egoísmo perturbador. También se obtiene la enseñanza, vergonzosa, de que el ~ultivador de tierra no tiene ningún crédito; para la Banca no represe nta ningún valor. No existe la Ban.ca española para difundir la propiedad, sólo existe pa ra destruiria. Para destruiria con la fórmula de crédito hipotecario, y con la de préstamos a noventa dias, con gabelas e intereses que elevan exageradamente el tipo de interés. T odas las transacciones se llev an en un arbitrari o criterio de difusión de la propiedad. en cada Jugar con distinto contrato, con v ariadas condiciones. Lo ha producido ésto, el hambre de tierra, el af an de pr cpiedad, el deseo de cult ivar que tiene la masa campesma. Creemos que este mcdo de difunàir la pr o piedad privada, en una colaboración múltiple de agentes y circunstancias, no he de pararme en el espíritu revol.ucionano del Gobierno. Este método de difundir la propiedad, no ha ce otra cosa que demostrar la realidad de que la tierra esta en poder del que no la trabaja. De que, para el que trabaja la tierra, no existió la ayu da de sindicatos, ni Bancas, ni del Estado. De que los centenares de sucursales que los Bancos pr iv ad OIS se han extendido para recoger millones de pesetas del ahorro nacional y entre¡arlos a los monopolios y a los negocios . LA ESPA~A RURAL 43 asfixiantes de la economía y del suelo. Sólo brilla, repetimos, el hambre de tierra. Eso, que de un momento a otro hahni de satisfacer el Gobierno, con una fórmula que nadie puede daria hecha, porgue tiene que ser la fórmula que la Comisión elabore, con la variación del problema y con la unidad de criterio que tenga la República. La España Rural ha pagado la pequeña propiedad que se ha hecho en estos años últimos, con sangre y músculo, a precio de sacrificio. Esta bien claro. OTTO BRAUN: "HAMBRE DE TIERRA ... Algunas de las consideraciones que hace, siendo Presidente del Ccmsejo de Ministros de Prusia, con una certera visión social. psicológica y política, este hombre singular de la Europa posterior de la carnicería humana, de la locura de la civilización, de la epopeya de "Sin novedad en el frente": "No reviste este problema, con sus causas y efectos, la sencillez de otros que la guerra ha planteado. Tíene un triple aspecto: psicológico-político-social, técnico y económzco. Del primero de ellos habremos de ocuparnos en las Jíneas que siguen. No es el hambre de tierra solamente una nueva consecuencia provocada por la guerra mundial. Es, al contrario, tan vieja como el cultivo mismO' y la propiedad pri- - ! I ' III El dram.a de la tier1·a. - "- .. ' 1.1 I GESTACION Costa lo tenía previsto todo, hasta la posible revolución en Andalucía, esa revolución, que de no ser ya en este momento el hecho que todo lo arrolle, prueba que en nuestra raza hispana no existe una disposición a la violencia, nd existe un sentimiento de la riqueza capaz de rebelar al hombre. Para poder juzgar bien el problema andaluz es preciso apelar a los ricos testimonios que el ilustre Notario de Bujalance, don Juan Díaz del Moral, persona que goza de un extenso conocimiento del problema, y que pudiera ser cc'nsiderado como uno de los elementos que separados de la política y de la P.resunción infundada, pueda dar a los gobernantes mas luz en esta cuestión de la tierra y de la gleba del Sur. Nos habla con insustituíble acierto del primer motín del Arrabal, en tiempos de Aljaque I, año 814, de los movimientos antisemitas, que como acicate de sentimientos pasionales de religión, termina en matanzas y crímenes, en 1391 y 14 73), y describe la rebeldía de - _. .- I . I I ~ ! ' ~ 54 B. GARCIA MENÉNDEZ que se armaron los 9ue en F uenteovejuna se pusieron en contra del Comendador Hermin Gómez de Guzman, en 1476. Y al hab larnos de esta rebelión transmi· te el comentario de la predilección que en Rusia se tiene por una magnífica producción dramatica de Lope de Vega, relacionada con este episodio. Esto prueba en aquellos tiempos que hubiese lucha de clases sociales, indeterminadas por el modo de vivir de aquella época; pero que las disputas serían, indudablemente, por descontento y fastidio de las clases peor acomodadas, mal acomodadas. Estos hechos remotos expiícan un sentimiento de la riqueza obligado por la falta de otros afanes, por la imperiosa necesidad de vivir de los frutos de la tierra. El canicter de las serranías de esta tierra feroz y pobre, es mas dado a la violencia. porgue el sentido de la riqueza esta sometido al imperativo de subsistir. FLORES SOCIALIST AS Comienza en el siglo xix, na<:e en la mente de los campesÍnC'S la idea de la unión, a pesar de todo, algo pronto en relación c¿n 1a marcha que ya lleva en las estepas rusas y en los campos australianes, sin contar con la culturac ión y difusión en los medios industriales de Europa. No olvidemos que en el siglo xVII también se dió en Andalucía un movimiento separatista, de señorío, pero inclinado a buscar para Andalucía una autonomía de derecho ante F elipe IV. Y que tras este / LA ESPA~A RURAL 35 movimiento se dió el motín del hambre de 1625, motín que solamente pudo quedar ahogado en esta tierra, en que las opresiones y los monarcas han tenido las férreas circunstancias de ayuda y de suerte para empeñarse en la destrucción de la raza. El socialismo primitivo, simple, se da en los campo3 de Lo ja y en la villa de Iznajar con la bandera de ¡ Reparto! Es to ocurre en junio de 1861. Se proclama en España la Primera República, que de haber sido mantenida por el sentido político de un pueblo organizado, hubiera quedado resuelto antes de la Guerra Eu~ ropea los problemas que hoy con la democracia y sin ella, son de una solución casi imposible. Y con la República empieza un ambiente de violencia, se desenca denan los rencores de tantos esclavos sumisos y resignados. En Montilla se levantan los campeinsos, en Benamejí, en Pozoblanco. Se hacen algunas parcelaciones en dehesas, y se alzan por conseguir estas parcelaciones. Por toda Anda lucía se plantean hechos de violencia ante la República, ya que el pueblo oprimido no comprende (con un gran instinto) que se haga una revolución de principios, iSÍn hacerla seguidamente de bases económicas. En 1870 la Primera Internacional empieza a enviar sus manifiestos y a iniciar sus organizaciones. Y empieza en esa tierra del sol y de la gracia. "en esa tierra encantadora", la mas horrible de las persecuciones contra aquellas primeras persona~. que por sentimentalismo, ideología, o por condición proletari a, clan la cara a la lu cha y realizan alguna I\ ll I! . I ! I I ! l 56 B. G A R C 1 A M E N lt N D E Z propaganda. Allí se hacen las mayores atrocidades, protegidas por la política pintoresca, protectora de fo~ rajidos y criminales, y sañudamente perseguidora del socialisme. Don José Navarro Prieto fué un periodista ejemplar y heroico que se atrevió a ser un precursor de la redención del proletariado campesino; colaborador suyo el catednítico del Instituto de Córdoba, don Agu~ tín Cervantes. Estas figuras destacadas en el libro del señor Díaz del Moral, que estan ignoradas por todos los que cultivan el afan de redimir al campo, bien me~ recen en premio a su heroísmo y grandeza de alma, un sencillo homenaje por estas glosas de la tierra drama~ tica del hambre, y mas tarde, buscando sus huellas, algo mas que un recuerdo, un señaladísimo honor. Se puede asegurar que el año 1972 se celebró en el Tea~ tro Moratín el primer Congreso Anarquista del mundo. Surgió el espíritu y la acción societaria avanzadísirna, por el latigo de · ¡a miseria. En este siglo los señoríos de la tierra, "nobles y conquistades", mas que para los frutos para la propiedad, empezaban a perder el aire romantico de señoríos y querían los frutos, la pr~ piedad, y ademas, todos los dominics que ha dado en España el privilegio. Estos señoríos, esta raza de favo~ recicles por el poder, atisbaba en aquella fecha el albur de una revolución, incontenida por la fuerza ideal y d\1 justícia que la precipitaba. Empiezan las duras represio~ nes, los abusos mas intolerables, el quitar tierras, desterrar personas, encarcelar villanamente a los comités, imputar delites, favorecer matones, en una serie interminable dç LA E~PA~A RURAL 57 episodios negros y sucios, por sí solos mas que suficientes para acreditar que quienes así atendían los problemas de sus semejantes, merecían, como es natural, la revolución que para desposeerlos de su autoridad criminal y; por lo tanto, de sus hienes, en cuya propiedad descansaba el poder de tanto abuso. Hubo un momento en el que por repercusión de la acción s~cialista de Madrid, debido a las tareas de organización del histórico partido socialista español, volvió en Andalucía a moverse la gente, renaciendo las organizaciones, a la chita y callando, con la garra de la opresión enfrente; se llegó al momento culminante. Pero pron to hasta llegar represión pudo vencerle, siguiendo épocas de destrucción a los de organización y movimiento. Las clases aristocraticas y el elemento gubemamentaf entonces, cerno hasta hace poco, lejos de permitir el justo y evolutivo proceso de la vida de los miserables, hasta conseguir lo que en derecho les corresponde, laboraban en contra de las vindicaciones agrarias, de tal forma violenta, que cua nd o no era el asalto a Jerez por la Mano Negra, eran los actos de bandidaje y de revolución mezclados y sintomaticos, los que significaban el odio de las clases agrícolas del campo andaluz. El sentido egoísta de mantener con opción imperialista las tiranías económicas, la dominación del suelol llegó a producir el fenómeno de que sobre el movimiento socialista se llegó a imponer el anarquismo; sobre las organizaciones atómicas de obreros y colonos, se imponían los hechos aislados y en nucleos, de verdadero ataque 58 B. G A R C t A M E N E N D E Z a las personas y a las cosas. Se crearen los círculos ca~ tólicos y las parroquias. de las aldeas, en nombre del egoísmo patronal, se dedicaren a mantener el credo de la resignación cristiana y de la pobreza dignificada en el cielo. Y a en ·el siglo xx, se han dado los casos mas crecien~ tes de sentimiento de solidaridad. Los parias se trans · miten las desventuras de una parte a otra, recorren An~ dalucía los líderes del sindicalisme, se hacen agrupa~ ciones, y ninguna experiencia social avanzada cae fue~ ra de la zona abierta de las rebeldías. Se despierta un afan desmedido por la lectura. Llegan folletos. La lite~ ratura revolucionaria pinta en revistas y periódicos el caso de esta tierra como el lugar predispuesto pOir la sociedad española para pegar la llama de la revolu~ ción. Esto preocupa mucho a los gobernantes; preocupa mucbo a los sociólogos. Pero después de preocupar mu~ cho a todos, en Andalucía sigue el ambiente de "lA BODEGA", de Blasco Ibañez, que en película enseña al mundo la infamia de ese drama social. Llega a ser para los ministres una cuestión de orden pública. Llaman hasta Comisarios especiales del Poder y hasta en el desplazamiento de determinadas personalidades a centener la avalancha nos recuerdan las paginas de la Rusia zarista, cuando se les buscaba a los campesinos en la rebelión y en el terror y se repartían tierras. EI zar llegó a eso; pero en Andalucía no se llegó a tan to. Coincidió con la caída de la Monarquía el període mas angustioso, o tanto cruno el que mas, de miseria y desventura. El ·, 1 LA ESPA~A RURAL 59 cambio de régimen sorprendi'ó a Andalucía en plena hambre de pan y de justícia, y Andalucía que y& en 1919 estuvo muy cerca de hacer la revolución mas anarquica y sin orientación que puede hacerse; la revolución comunista, la Andalucía triste y vejada , se resigna, viendo que los gobernantes envían recursos y se organizan actos políticos en favor de ellos, en los que, a la cabeza, y de una manera ejemplar, va el director de Política, de Córdoba, señor García Hidalgo. En el momento de intensidad d r amatica nacional. cuando se cae el peso de las vergüenzas y de los abusos de los amos de la tierra, Andalucía contiene su ira ante la promesa revolucionaria del Gobierno Provisional. que seguidamente nombró una Comisión. interministerial para dar una solución al problema. Puede ser que haya en el proceso de lagrimas y de do1or de Andalucía paginas gloriosas y a~negadas, de cobardía moral, pero de alteza de miras, resistiendo siempre por ·el mandato de la esperanza todos los impulsos de acometida contra el régimen de explotación feudataria . Pero el mayor heroísmo es· el que actualmente da Andalucía, en la que el propio general Cabanellas que ha ' te nido que intervenir como Capitan general de Andalucía, confiesa paladinamente que tienen los braceros y colonos mucha razón de pedir pan y tierra. Pero si e! la hora de l as colaboraciones para mantener la República, esos miserables andaluces, que han sufrido de una manera desesperante, que sufren, han dado la nota valiente de emplazar a los revolucionarios a que 60 B. G A R C t A M E N ~ N D E Z hagan .la revolución agraria. Y esperan que la revolución agraria se baga. No tienen ni tierra ni pan. LA REVOLUCION AGRARIA, SE HARA Comprendo que un Gobieino Provisional emanada de una revolución política hecha en los comicios, ha de someter mucho su iniciativa al espíritu de los sufragios. No es igual que el Gobi em o Provisional fuera un Comi té nacido de las barricadas, o en los poderes de la calle, después de una cruenta lucha con los intereses creados y los moncirquicos. Seguramente quienes quieren de este Gobierno una Convenci6n, no tienen presente las características cívicas, la revolución comicial que lo ha producido. Sin embargo, nos parece algo poco hacer nombrar una Comisión, que por competente y activa tardara tiempo en preparar unas bases en las que se fundamente la radical transformación de la propiedad de la tierra. Para Andalucía tan sólo era preciso, a estas horas, haber hecho algo, sin un caracter de reforma concreta, pero sí un avance a la reforma. EI derecho a libre laboreo de tierras en España tiene una eficacia no muy general, porque la mayor parte de las tierras que estan sin cultivar, estan fuera de la condición de posibles campos de cultivo, y otros cuesta dinero su roturación y cultivo. Facilita mucho para el enfo'C)ue del problema el de- LA ESPA~A RURAL 61 creto de arriendos colectivos. Esto hace en otras cosas despertar el sentido social en las masas, dar una mayor eficacia a sus organizaciones, y sirve de plan inicial para aceptar cualquier reforma en el sentido colec~ tivista. La República es incompatible con el estado actual del campo andaluz, hasta tal punto, que de no hacer una honda transformación en el campo, le setía muy difícil vencer otras agitaciones mas profundas, especu~ ladas por los extremistas que adquieren mas prestigio en sus propagandas, que arraigan mas con sus predica~ ciones, si los Gobiemos son febles, carecen de espíritu determinado y no sienten verdaderamente los proble~ mas del pueblo. En España hemos salido de un período monarquico, opresor, ruïna y baldón, no de la Patria sino de la raza. El baldón y la ruïna no se fué sólo con la emigración de la corona, sino con el mas profundo cambio de sistema de vida. Y a se descubre en el de~ creto de laboreo de tierras abrir un cauce a la legisla~ ción moderna. Trata bien llanamente de coartar la li~ .- bre acción de los grandes propietarios para dar sus fi.ncas a mediales, quintos, tercios y en combinaciones sólo productivas a los fines de salvar la renta del capi~ tal con productos que en muchas ocasiones, en la gene~ ralidad, al productor no le remuneran su esfuerzo. Se alarman los propietarios de esta ley, que no atenta con~ tra ningún principio de derecho, y en cambio, quebran~ ta en la agricultura extensiva el abuso política de los dueños. - .. B. G A R C f A M ~ N ~ N D E Z rio importa a la sociedad española tanto cdmo el régimen constitucional. Si las Cortes Constituyentes, atentas al informe de la Comisión encargada de hacer las bases de la Reforma, y después de discutidas por los representantes del pueblo, se retira de una vez y para siempre la influencia verdaderamente revolucionaria y perniciosa del señorío. Si las Cortes Constituyentes aprueban y ejecutan nipidamente el régimen agrario y se implanta en nuestra sociedad un modo lógico, un principio de justícia para la tierra, redimiendo del hambre y de la miseria a los campesinos, y aunque esto sea la miseria y el hambre para los desidiosos, defraudadores y explotadores del a gro. Si la República empieza a actuar liberando a la gleba, creando un régimen de propiedad capaz de aumentar la potencialidad del suelo, y a la vez de crear en cada hogar agrícola un bien familiar, en cada familia el deseo colaborador y el optimismo de trabajar con el justo pago del esfuerzo. Si la República da tierra cultivable a los que no la tienen y la merezcan por su indigencia, por sus derechos; si da palo y duro a quien la puede cultivar y no la cultiva; si castiga a quienes puedan hacerla utilizable y no la utilizan; si prohibe el recreo en finca s que puedan ser de labor; si exige el aumento de la repoblación forestal y ordena y mantiene la vida àe los bosq"Ues; en fin, si previstos los casos, estudiados los antecedentes y la vida LA ESPAl'l'A RURAL 69 nacional, en el imperativo de la misma surge el fundamento de la República que es la creación d€ una España Rural, donde se puede vivir sin odio al suelo y · sin odio al Estado. ' '1 I .. ( ·l IV La palaLra urepartou en el c:am.po. No cabe duda que somos los hombres eternamente sencillos para los absurdes, fuertes para las creencias y los mitos y muy poco razonables y heroic01s para la meditación, y con esto para el raciocinio. Esto es lo que se llamaría con propiedad la candidez europea o la candidez occidental, que a ratos cree seriamente en el comunismo, y hasta es posible que se la admita en algún centro nervioso, en él alma romantica de algún política o en las ansias ciegas de renovación de las masas, como una realidad prç)xima. Siempre resulta el comunismo una especie de cloroformo social, que priva del sentida a las personas sensatas y les hace sospechar que la causa de todas las variaciones estan en la mercancía rusa denominada "comunisme", mercancía de un país gobernado por el partido comunista y donde el comunisme es un torcedor implacable de las ideologías y de tos hombres. No debe prevalecer el silencio ante una propaganda contraproducente, que hiere mortalmente a las esencias liberales y aun a la bondad de las intenciones de la s clases agrícolas. El permitir que los absurdes se petrifiquen en formas concretas de concepte y de.finición es tanto como permiI l ) I· I ~ I I ,, '¡ 74 B. G A R C t A M E N t N D E Z tir que la pasión ~e baga dueña de la vol untad de Iàs personas. Pen ejemplo; se ha bla en una ta bema don de la jornalería puede encontrar el ambiente agradable que no ballaria en su casa, y se habla incesantemente, con calor, con el alma enhiesta, inflamada. T odo el mundo es du e- . ño de ambicionar, de soñar. Se habla de penalidades, de tonterías locales, de política cazurra y vergonzosa, y siempre se viene a caer en lo del "reparto", como se habla del dinerOl, por razón de ~ntretenimiento, calculando los billetes de veinte y cinco duros que podria soportar a gusto el carro de Pedro o las alfor jas de Juan. Contraste: En el casino de lo3 pudien les, en las reboticas, en las mesas donde se juega y se mata el invierno mas cruel que todas las revoluciones, y se habla de política, de los impuestos, del precio de los productos, de lo mucho que el Estado necesita para pagar a millares y millares de cria dos buenos y mal os; se ha bla de la última boda del pueblo, de cualquier particularidad, y, por último, también se cae en la deleznable y ridícula conversación del "re parto". ¡Ah!, el "reparto?'! ¡Ah, los tiempos que vienen! ¡Ah las ideas disolventes! Los jomaleros hablan del "reparto"-no todos---como una lógica terminación algún día de las luchas vindicatorias del proletariado; y los propietarios hablan ·del " r e p a r t o " como si ciertamente vieran y comprendieran, de un modo general, que una imponente insubordinación social acabaría LA ESPA~A RURAL 75 con el régimen de la propiedad mas intolerable y menos justo. V ea mos el caso refiriéndon~ concretamente a los jor~ naleros que, alejados de toda cultura social,. coinciden con aquellos propietarios que para nada creen necesi~ tarla, y ven semejante perspectiva de ~n modo muy sencillo, infantil, ridícula. · Las ambiciones del proletariado agrícola tienen un canal abierto, holgado, para ir a muchos lugares ventajosos, ateniéndose por de pronto a mantener los principios y las leyes sociales creadas, exigiendo su cumplimien~ to y miranda con tranquilidad y meditación los pasos que se clan en el camino de esos avances. Por lo tanta, quienes emplean c~n alguna frecuencia la palabra "reparta", son nada menos que aquellos que no paran la atención el bien conquistado, ni en las leyes que les favorecen ni en lo que puede representar para el jornalero una buena preparación social, de cultura y progreso; y, en cambio, de un vuelo elevan la imaginación a la esce - na apocalíptica de conquistar caprichosamente aquella que solamente fué conquistada cuando no por el trabajo y el esmero, por el ingenio y la habilidad. ¡El "reparto", cuando llegue el "reparto"! Palabra sonora que no tiene otro valor que el de la injustícia, el de una .injustícia que resultaria solamente posible el caso de que fuera hoy cuando el hombre apareciese en el suelo, sin atributes, sin historia ni civilización. Palabra sucia y molesta, que nada expresa en boca de los propi~tarios que pueden merecer la propiedad, l . ' 76 B. G A R C í A M E N É N D E Z cuando ante cualquier exigencia de colonos y renteros no buscan en el índice social de la nación su categoria y su orden, sin preocuparse si la exigencia es o no es lógica, para enfadarse en seguida y aterrorizarse, y mas o menos seriamente exclamar: "Estos lo que quieren es lo nuestro". Los jornaleros que en la taberna claman por esa fantasía de tener lo que no se tiene, sencilla teoría que entorpece otras teorías y otros principios que han de s-acar al jornalero del campo al lugar que socialmente le señale el estado de civilización marcado por el mundo, no acreditan con esos alegatos sin fundamento nada mas que la sin razón, así como contribuyen a la sin razón los propietarios que al ruido de una puerta que se cierra o ante las ridículas manifestaciones de meàia docena de desposeídos de hienes de fortuna y de otros hienes que son de orden espiritual, creen neciamente que toda conmoción, todo episodio social o política es un avance hacia lo Ígnorado, hacia el "caos", bolcheviquismo, reparto y otras cosas parecidas. Socialmente, la propiedad tie~e señaladas sus funciones; socialmente, el obrero agrícola tiene garantizado en parte s us derechos, cada dí a ira ganando venta ja. Y a se trabaja hoy, y se trabajara mas cada día, porque la propiedad esté en manos que la trabajen, haciendo menos posible su explotación en grandes super.ficies. La propiedad de la tierra, aun contra la voluntad de los hombres, esta en vías de un transformación grande y profunda, lo demuestran muchos grandes privilegiados que .. ' \ LA ESPA~A RURAL 77 tienen el privilegio del talento, y la van cediendo en ventas condicionales y faciles; y las declaraciones que a diario hacen los dueños de millares de hectareas. Socialmente, el obrero agrícola esta en el camino de tener mas cultura, y se dan leyes que siguen el indicativa de intensas propagandas, que también llegaran a ser programa de gobierno y leyes promulgadas y vigentes; como son hoy muchas que hace años también parecían terribles e imposibles de aceptar. La lucha gigante de las clases sociales pensó que unas aspiraciones con otras producen suficiente fuerza para que la historia vaya preparando los capítules que indefectiblemente han de escribirse, capít~los presumides y previstos con tan sólo ver las paginas que se escribieron y las variaciones que entre elias existen. La propiedad y los propietarios deben, naturalmente, sentir las posibles molestias de radicales cambios; eso es el conservadurismo, negar a la vida aventuras ignotas, pero no negarse tampoco a la evolución de la vida misma. Y como los afanes de los de abajo no deben consistir en implantar absurdes, sino en transformar realidades por realidades, he aquí por qué parece pintoresca oír hablar de "reparto", cuando de lo que se debe hablar es solamente de lucha, de derecho, y de un heroico esfuerzo a desear que los ideales no sean simplemente pasiones, sino elocuentemente ideales. El vasto problema de la cultura y del embellecimiento del campo, de las ideologías y de las reformas agrarias, que clan rendimiento para muchos artículos. Pero entre tan to, rog amos mediten esa minorí a de · abajo y de ,¡ l '¡ J ·r I ¡; 78 '8. G A R C t A M E N ~ N D E Z arriba que en el campo hab l an de una cosa que, meditanda, llegaran a comprender que no la sienten, porque _ de sentiria, no es posible entenderla como comunismo ni como nada. ...... v El eom:anismo sera un. ideal., pero nanea un.a eatastrofe. / . VI .SED DE JUSTICIA La refor111a agraria. f I - Le ocurre a esta magna cuestión, como problema pal~ pitante y actual, algo que por su significación social, puede muy bien truncaria en su momento mejor, en el momento de convertirse en ley. La Reforma no puede ser tan sólo una ley: tiene que ser un espíritu, una experiencia, una revolución. Para ser un avance espiritual, ha de fundarse en bases de alta política, sin me~ noscabo de la razón. Para ser una experiencia social y llena de valor, ha de realizarse, teniendo muy en cuenta, hasta dónde la función social de la propiedad debe ser tal función social. La propiedad, como función social, debe ser mantenida, pero como acción política es susceptible de un tratamiento radical y revolucionario. La "casta" de propietarios no tiene derechos superiores, ni merece, por parte del Estado, consideraciones y respetos que, como clase, no los merece: no hay tal casta. El sentido conservàdor de la sociedad española no lo puede representar una clase destructora y egoísta, que siempre actuó en el plano de superioridad político para esquilmar al productor, al trabajador de la tierra, y para mentir y engañar al Estado. EI verdadero sentido conservador de la nación, o de 90 B. G A R C 1 A M E N :e N D E Z las naciones ibéricas, lo hanin vivo y ejemplar, pasado el momento en que este período de inquietudes y de con fusiones se condense; y lo representaran las el ases sociales que, propietarias del patrimonio familiar, dueñas del producto, defendidas de la renta cara, redimídas de la usura y del caciquismo, aumentada su mentaIidad y personalidad social por la cultlira, redentas y libres de la antipatica cadena del terrateniente autocratico, puedan considerar al suelo, no como un ingrato espejo donde reflejar las amarguras y los dolares, sino como el estimulo al trabajo y a la acción. Si la Reforma Agraria lleva en su acción el espíritu de justícia, habra lo gra do la República, a la vez, dos cosas: la primera, liquidar una cuenta de derecho y razón que el pueblo tiene con el Estado, y, a la vez, revolucionando el agro, quitara predomínio e influencia a las clases parasitarias y abusorias, que quieren vivir todavía a costa del pueblo hambiento e irritada. Si la Reforma Agraria, ~n su implantación, es expresívamente revolucionaria, llegara a crear una multitud española en el campo, que, trabajando y rindiendo mas, lograra un aumento en la potencialidad agrícola, un alto mejoramiento en los cultivos y un ataque fuerte al comunismo. Si la Reforma es mas que una ley, una entera y valiente reforma revolucionaria, las subvenciones los sueños, las propagandas infantiles y, a veces, mal intencionadas, caen en el descrédito; las organizaciones tienen que apear el grito y someterse a una función mas efectiva: entonces, el espíritu revolucionario asistira en el J• LA ESPA.NA RURAL 91 hogar agrícola, en las manos labradoras, en el arn· biente. T ras esa acción revolucionaria del Poder, las masas, que avivan sus idealismos por el hambre y ei infortunio, pueden crear la base fuerte de una posible y efectiva democracia. Si, por el contrario, la Reforma Agraria, fuera una ley ~'de cumplido", un paso políti· co, premeditadamente para solucionar una o varia~ cuestiones de o.rden público, entonces creemos que, con· juradas las cuestiones de orden pública, arreglada el asunto en una o varias de sus fases, el espíritu revolu· cionario de las masas, aumentaría considerablemente, y no s.ería posible, al Estado, ninguna otra reforma sin la acción directa del pÚeblo y de las clases campesinas. Para que la Reforma Agrana ·, en España, pueda constituirse en forma · de exi?eriencia, basta encontrar a través de la historia y de la vida, cmiles son el arranque y el hecho en qui! se ha fundada todo el te· · rratenientismo feudal de España; basta reconocer que España no ha sido una nación europea por la miseria y atraso del campo, mientras fué una monarquía bri· llante, morada. y de oropeles lujosos, gracias a la cul· tura artificial y la riqueza ·material verdadera en que se apoya · la vida de la aristocracia española. La miseria rural petrificó la existencia de esa aristocracia para la que, principalmente, vivió la monarquía, antes defensora del interés creado, que del pueblo creador. Si quiere ser la Reforma Agraria, hecha por hombres que no habran dejado de tener en cuenta las refor· mas hechas en todo Europa, con lo hecho en Europa ,¡ 1 ~ ...... ~. ~- .. --- 92 B. G A R C t A M E N É N D E Z habran visto el ancho margen, por el cua! un Estado bien constituído. La Comisión designada para dictaminar sobre esta importantísima cuestión, reúne las mejores condiciones y tíenen todas las aptitudes precisas para hacer algo que pudiera sorprender en cuanto a estudio y visión del problema. Creemos que el Parlamento reúne tales condiciones políticas, que la Reforma Agraria, si es la valiente y justa solución del pro· blema, no encontrara dificultades de interpretación al ser legislada. En su valor legislativo estriba el éxito de la labor encomendada a los peritos .que, afanosos y trabajadores, quieren ver prooto la realidad de una concrección agrícola. Toda reforma agraria puede estar inspirada en la necesidad de reparar las injusticias y los errores, y, por lo tanto, de dar término a la inquietud y a las rebeldías. Alexandre Stambuliski. ministro búlgaro, concretaba el espíritu reformador en estas frases: "Con objeto de combatir a !OIS bolcheviques, y como quien arroja !astre, he multiplicado intensamente las leyes sociales y he dictado tantas leyes reformadoras en todos los ramos, que puede decirse que he vencido a los comunistas _en su propid terreno, ateniéndome a mas que ell os mismos, arruinando sus idea s con mis hechos." España esta hoy inflamada de ideas y de conceptos, y su sensibilidad de nación, esta despierta a todo cambio, propicia a toda variación. Los hechos deben reemplazar a las ideas. Estos meses de perícdo electoral se han agitado mucho los medios rurales. No hemos LA E S PA~A RURAL 93 de decir si esta agitación es torpe o atinada. Desde luego, de cualquier forma, podemos acusaria de ser hija del ab andono de este problema, y de la facilidad conque puede argumentarse en co;-ra de la burguesía de la ti erra, siempre negada .a la redención del campesino. T odas esas propagandas tan absurdas, en el concepto, son las que han precedido en todas las partes a una insurrección. Sobre el hambre y la injustícia, levantan pronto el odio y la desesperación. Y el odio y la desesperación no legislan con estudiC's, observaciones y experiencias: con dramas. Y ese drama, que todavía atormenta a los españoles honrados, esta hecho por todos, consentido por la mayor parte. Matizad01 por los extremistas, que toda su acción política la considerau propiamente, como una violentcia de d-rama, es mucho ma s lamentable. Pero el drama es propio de la histórica hora en que vivimos. Es la hora de una revolución, de una revolución esperada, precisa, higiénica. Estamos en el momento de transcribir las rudas y sabias frases de Joaquín Costa, mejor enterado que nadi e de este augusto problema rural, y para el que pedía lucha. escarmiento, energía, ¡Pide hechos fuertes, pero hechos! Costa siente en su corazón lodo el drama rural de España, y no en nombre de sentimientos políticos o sociales mas o menos circunstanciales, sino en nombre de la Histona y del Derecho, ha bla de este modo: ' Qué hermosa y confortadora pa gina, se ñores, aqué lla del año 1467, en que el partido popular de l os villanos o pecheros, formando "hermandad", se alzó en 94 B. G A R C 1 A M E N É N D E Z armas, exasperada por las vejaciones y tiranías de los señores, y corrió como una tromba el país gallega, des~ de el Ortega! hasta el Miño, y desde Finisterre al Cebrero apellidando liqertad, no queriendo ser gobernado mas que de sí mismo, como dice el cronista Molina, llevando por todas partes la desolación y el incendio, arrasando hasta los cimientos las fortalezas de los señores, bandoleres y tiranes, la fortal~za de Sampelayo, propia de Vasco das Seixas; .Frouseira, donde prendieron al mariscal Pedra Pardo; T uy, donde falleció sitia do Alvarez Paez de Sotomayor; la fortaleza de Castro Ramiro, cerca de ·Ürcase Covadoso, junta a Ribadavia; La Mota, a dos leguas de Lugo; BaaiDDnde, entre Lugo y Betanzos; Calme, en la comarca de Limia; San .Roman, cerca del río Buba!, y otras, has~ ta el número de sesenta, obligando a los señores a huir, y quedando muchos de ellos, según dice el cromsta Ruy v azquez, .. como o prim ei ro dí a que naceron, sin terras e sin vasalos". ¡ Y cuan hermosa y llena de enseñanzas, cuan propia para llenarnos de envidia, aquella otra pagina histórica de catorce años después, en que el virrey y el corregidor mandados a Galícia por la reina Isabel con objeto de acabar la obra, poniendo en orden la provincia, presa de la anarquía, ademas de derribar por buena composición cuarenta y seis fortalezas, hicieron tan terribles escarmientos en la clase de señores y facinerosos, que tiranizaban y expoliaban al pueblo, que en menos de tres meses, 1.500 de esos criminales, que no se llamaban todavía caciques, huyeron del país LA ESPA~A RURAL 95 adonde no les alcanzase I~ espada vengadora de la ley, dejando por tiempo !impia de tal plaga la tierra ga ll ega! No he de aconsejar yo, dicho se esta, que -se haga ahora lo primero, aunque sí considero preciso hacer lo segundo. No he de acons~iar yo que el pueblo de tal o cua! provincia, de ta l o cual región, se alce un día como angel exterminador, cargado con todo el material ex~ plosivo de odios, rencores, injusticia s, lagrimas y humi~ llaciones de medio siglo y recorra el país como una visión apocalíptica, aplicando· la teJ purificadora a todas las fortalezas del nuevo feudalismo civil en que aquel del siglo XV se ha resuelto, Diputaciones, Ayunta~ mientos, alcaldías, delegaciones, agencias, Tribunale~. Gobiernos civil~. Colegios electorales y casonas de los Don Celsos al revés, y ahuyente delante de sí a esa~ docenas de miserables que le tienen secuestrado lo ~u¡o, :;u libertad, · su dignidad y su derecho, y restaqlezca en el fie! la balanza de la -Ley, prostituída por ellos; yo no he de aconsejar, rep ito, que tal cosa se haga; pe:o sí digo que mientras el pueblo, la nación, las masas neutras no tengan gusto por este género de epopt:ya, que mientras no se ha!Ïen e~ voluntad y disposición de escribirla y ejecutarla con todo cuanto sea preciso, y llegando basta donde sea preciso, todos nuestros êsfuerzos seran inútil es; la regeneración del país ser a imposible. Las boces ·no deben emplearse nunca mas que en segar mieses; pero es preciso que los que la s mane jan sepan que sirven también para segar otras CQ~a $, si ademas de segadores quieren ser ciudadanos; mientra& lo ' , 96 B. G A R C 1 A M E N :E: N D E Z ignoren, na forma:nin un pueblo: senin un rebaño a discreción de un señor de bota, de zapato o de alpar~ gata, pero de un señor. No he de aconsejar yo que se ponga en acción el COP de F ALS de la canción ca~ talana, ahora tan en boga, tomando el ejemplo de la revolución francesa por donde mancha; pero sí he de decir que en España esa rev()lución esta tocia vía por ha cer: que mientras no se extirpe al caci que no se habra hecho la revolución; que mientras no nos sanem os de esa dolencia, mas grave que la miseria y que la incultura, mas grave que todos nuestros reveses d{' los seis años anteriores; que mientras aceptemos voluntariamen~ te esas cadenas, que ademas de oprimir deshonran, que mientras quede en pié esa forma de "gobiernc por los peores", oprobio y baldón del nombre español, no habr.i tal Constitución democratica, ni tal régimen parlamenta: rio, ni tal nación europea; n<> habra tal soberat:la. ni en el rey ni en el pueblo; no seremos, ni con monarquía ni con República, una nación libre, digna de lla.marse europea: serem.os , meno s que una tribu, un conglomerada de siervos, sin derecho a levantar la frente ni ~iquiera delante del J apón, que en nues tros mismos dí as ha a!YJ' lido su régimen feudal, transformandose casi de repen~ te en un pueblo moderno, en fila con los mas progresivoo de Europa." J VII Ejecución y alcance d~ la reforma. 7 i I : 1 . l I ! ·r i I J I ! ¡· L _. ¡ LA ESPA~A RURAL 105 que los que tenga en dicha Junta la clase obrera El ejer~ cicio del cargo de vocal es obligatorio y no delegable. El voto del vocal que no compa re zca, cualquiera que sea la causa, se sumara al acuerdo de mayoría. En todo caso de empate sera decisivo el voto del presidente. El alcalde del Ayuntamiento procedera a convocar la elección de la Junta local agraria en el t ~ rmino de cinco días, a pa~tir de la solicitud que le formulen un a Asociación obrera del término de su jurisdicción o la décima parte de su vecindario campesino jornalero. El plazo intermedio desde la convocatoria hasta la elec~ ción no podra exceder de cinco días. La autoridad municipal cuidara de la tregularidad' de la elección. En el mismo día en que ésta tenga lugar comunicara al juez municipal su resultado, a fin de que éste proceda sin dilación a constituir la Junta local agraria. Las funciones respectivas de las Junt as central y 1~ cales, ademas de promover la constitución mas rapida de los organismos a que se refiere el artículo 3. 0, consistiran en · implantar, desde luego, la presente reforma, haciendo efectivas aquellas disposicion es de inmediata realización que expresamente se les at ribuyan por este decreto, y, en general. suplir temporalmente a aquell os organismos hasta su definitiva constitución y normal funcionamiento. Para el desempeño de este cometido preparatorio o de primera implantación de la presente 'reforma, la , 106 B. G A R C t A M E N É N D E Z Junta central podra disponer del personal técnico y administrativo del Estado. Queda sujeta a las limitaciones impuestas por este decreto la propiedad rústica sita en el territorio de la República que excediere de los sigui en tes tip os: 1. 0 En secano: a) T erren os dedicados al cultivo herbaceo de alternativa : 30Q hectareas. b) T errenos dedicades al cultivo arbóreo o arbústico: 200 hectareas. e) Dehesas de pasto y labor o de puro pasto, con arbolado o sin él: 400 hectareas. 2. 0 En regadío: T err-en os comprendidos en las gra nd~ zonas regables merced a obras realizadas con el auxilio del Estado y no comprendidas dentro de la ley de 7 de ju!io de 1905 : I O hectareas. 3. o T odas las dem as tierras cuando la renta catastral exceda de I 0.000 pes-etas. Para los efectos de este número 3. 0, en aquellos términos municipales donde no rija el Catastro se computaní como renta los dos tercios del líquido imponible que figure en los respectives documentes administratives. Para determinar en cada caso si la propiedad rústica perteneciente a un solo titular excede o no de los tipos de superficie y rentas fijadas, se acumularan todas las fincas pertenecientes a aquél. . Cuando una mi sma persona posea hienes de los comprendidos en los números 1. 0 y 2. 0, se computaran las ./ LA ESPA~A RURAL 107 distintas superfícies en relación a las tierras de secano en cultivo herbaceo, con arreglo a la sigui en te escala: cada hectarea de cultivo arbóreo o arbústico, por 1.50 de aquéllas; en dehesas de pasto, de labor o de puro pasto, con arbolado o sin él, por 0,75, y en terrenos del número 2. 0, por 30 hectareas. Cuando una persona posea hienes comprendidos en el apartado 3. 0 y en cualqui~ r a de los números 1. 0 y 2. 0, las rentas de éstos se sumaran a las de aquél a los efectos de la determinación del índice de las 10.000 pesetas que se fijan en aquel ·apartada. Toda persona natural o jurídica titular de una renta catastral de hienes sitos en el territorio de la República que exceda de 10.000 pesetas, computada en la forma prevista en el artículo anterior, esta'Ta sujeta a un gravamen especial, con arreglo a la sigui en te escala: El exceso de 10.000 pesetas hasta las 20.000 induídas, el I O por 1 00 del referida exceso. !dem íd. 20.000 pesetas hasta las 30 . 000 ídem, el 20 por I 00 ídem íd. Idem íd. de 30 .000 hasta las 40.000 ídem, el 30 por 100 ídem íd. Idem íd. de 40.000 basta las 50.000 ídem, el 40 por I 00 ídem íd. I dem íd. de 50.000 pesetas, el 50 por 100 ídem íd. Los hienes a que se refiere el articulo 5. 0 podran ser objeto de ocupación temporal por causa de utilidad social y tan sólo en aquella que no excediera de los tipos expresados en el citado precepto. ' ' i • ., I r ~ · 108 B. G A R C t A M E N É N D E Z La ley de Reforma agraria fijani el término de estas ocupaciones temporales, y si las elevase a definitivas los propietarios seran expropiades en las condiciones que aquella misma ley u otras especiales establezçan. Mientras la ocupación subsista con carader tempo-- ral, toda tierra ocupada dejani de computarse en la base del gravamen impuesto en el articulo preceden~ te, y, ademas, acredibara a favor del propietario un~ renta mínima que fijad"a por el Instituto de Reforma Agraria, se hara efectiva cuando éste determine. La declaración de utilidad social queda formalmen~ te establecida por el presente decreto para todas la s tierras a que se refiere el parrafo primero del articulo anterior. La ocupación de las tierras sera decretada en cada caso por acuerdo de la Junta central de reforma agra~ ria a propuesta de los respectivas Junta s loca les. La ocupación de las tierras explotadas en ei régimen de arriendo o subarriendo, cuando la extensión po~ seída por el aJTTendatario o subarrendatario no exceda de treinta hectareas en secano y de tres en regadío, so~ lamente se decretara a favor del actual poseedor erec~ tivo, o sea el arrendatario, y, en su caso, el subarrenda~ tario, para el solo efecto de mantener la continuidaci de la explotación ya establecída, mediante la renta que se fije pOlr el Insti~to de Reforma Agraria. La ocupación especial prevista en el parrafo anterior no se computara en el cupo total del articulo pnmero. Una disposición especial regulara sus efectos. LA ESPA~A RURAL 109 Las J un tas locales, inmediatamente de constituidas, procedenín a determinar los individuos que, a juicio de aquéUas, reunan condiciones preferentes para ser incluído:s en el cupo anual de asentamientos del MuniClpio. Se•an preferidos los ·obreros campesinos, a cuya responsabilidad esté constituïda una familia. Dentro de esta categoría seran preferidos a su vez los que sostuvieren familias de mayor número de brazos útiles para la labranza. Las Juntas locales formaran este censo de campesinos en relación nominal y circunstanciada, expresando nombres, apellidos, edad, estado y situación familiar. Seran incluídos en re1ación aparte los campesinos que satisfagan una cuota menor de 50 pesetas de contribución rústica al año. F ormado el censo, se colocaran en los sitios de costumbre, por pl~zo de cinco días, a fin de que sea conocido por los vecinos del Municipio y se formulen, en su caso, las reclamaciones correspondientes. Las Juntas locales elevaran a la central el censo de personas asentables, y unido a él, las reclamaciones producidas y el correspondiente informe. La Junta central resolvera sobre la aprobación o reforma del censo, determinando en cada caso el cupo de persÒnas que han de ser asentadas en cada término. Comunicada por la Junta central a cada una de las J untas local es su respectiva cup o de asentamiento, procederan estas a la determinación de las tierras conti- - 110 B. G A R C l A M :! N t N D E Z nuas o discontinuas que han de ser ocupadas en el término de su jurisdicción hasta sumar tantas hectareas como sean necesarias para asentar el referida cupo de personas, teniendo en cuenta el tipo de cinco a 15 hectareas por individuo, según las condiciones de fertilidad, cultivo y situación de las :tierras ocupables. En tierras de regadío el tipo sera de una a 12 hectareas. La elección de éstas se ajustara, en lo posible, a la regla siguiente; Primero. Seran preferidas para su ocupación !as tierras de buena calidad mas próximas a los núcleos urbanos, poblados o caseríos y vías de comunicación. Segundo. Dentro de estas tierras de buena situación se preferiran las tierras incultas de buena calidad, pero susceptibles de cultivo inmediato, en condiciones económicas de rentabilidad, las deficientemente cultivada:;, las no explotadas directamente por el dueño y, en última término, las llevadas en buena explotación directamente por su propietario. T ercero. En cuanto sea posible, la ocupación se hara guardando la debida proporción con la cantidad de tierras pertenecientes .a cada propietario. En todo término municipal se creara una Comunidad de campesinos, constituída por la población arraigada, que ha de entrar en posesión de las tierras ocudas. Estas tierras constituiran la masa de hienes rústicos objeto de la explotación de la Comunidad. En caso' necesario se formaran en cada término mu- . nicipal tan tas Comunidades, con sus respectivas masas . LA ESPA~A RURAL 111 de hienes rústicos, como lo aconsejaren el número o cupo de campesinos asentables, la situaci6n de las tierras ocupadas y las conveniencias de la explotación. Reconocida por la Junta local la necesidad de crear distintas Comunidades, aquélla convocara una reunión de población que ha de arraigarse y acordara las Comunidades de campesinos que han de formarse. En la misma sesión se procedera a la distribución de los obreros en las distintas Comunidades. Caso de que no resultare acuerdo sobre este extremo, cada obrero notifJcara al día siguiente a la Junta , verbalmente ol por escrita, la Comunidad a que deseare pertenecer. Si el número de solicitantes rebasare el cupo fijo de una Co.- munidad, se determinara por sorteo pública los individuos que han de formaria, y los que resultaren excluídos se asignaran a las demas Comunidades, teniendo en cuenta la voluntad expresada pdr los interesados. Si nuevamente se rebasase el cupo de la Comunidad elegida, se procedera por sorteo, como en el caso anterior, hasta la definitiva distribución de toda la masa obrera. No habra mas preferencia para la elección de los individuos de una Comunidad que la establecida a favor de los abreros que por haber trabajado en las mismas tiérras ocupadas tuvieren conocimiento de sus condiciones de cultivo. Se procurara en lo posible agrupa;r en una misma Comunidad, cuando así lo solicitaren, a obreros relacionados por lazo de parentesco o por interese& econónucos comunes. -- --- --- 112 B. G A R C 1 A M E N ~ N D E 2, Una vez constituídas las Comunidades de campesinos y asignadas que sean las respectivas tierras que cada uno de ellos ha de explotar, se procedeni, con intervención de la Junta local, a levantar el acta de posesión de las tierras, con indicación de su cabida, sitio, linderos, expresando la finca de procedencia y su propietarÍO< y el nombre de la Comunidad ocupante. De esta ada, que se levantara por triplicado, se entregara un ejem-- plar a la Comunidad a que se refiere, otro ejemplar se remitira a la Junta central agraria, y el tercero al prcr pietario. En esta Junta se llevara un libro de asientos, en el que, habiendo una hoja por Municipi~. se anotaran las correspondientes actas de ocupación. Las Comunidades de campesinos se regiran por mayoría de votos. La administración de la Comunidad se encomendara a un Consejo, compuesto de tres a siete campesinos que sean miembros de aquélla. Este Consejo llevara la representación de la Comunidad frente a terceros. Cada Comunidad de campesinos acordara por mayoría de votos la forma individual o colectiva de explotar las tierras que le hubieren sido entregadas en ocupación. Aceptado el régirnen de explotación individual, pro -ceder<Í. la respectiva Comunidad de campesinos a la parceiación de las tierras y a la distribución de parce· las entre los miembros de la Comunidad. Para esta distribución también se tendran presentes los brazos útiles ' - ·'I t ... 1'·. ' LA ESPA~A RURAL 113 de que cada familia disponga, clase de terreno y de~ mas condiciones que concurren a mantener la igualdad económica de los asociados. EI deslinde y amojona~ miento de las parcelas se realizara mediante trabajo en común y en la forma y con los signos exteriores que se estimen mas convenientes. Las servidumbres que la pa.r~ ceJacÍÓn deba originaT tendra eJ mismo Caracter tem~ poral que la ocupación. Adoptada el régimen colectivo, se determinaran por la Comunidad las condiciones y modalidades de la ex~ plotación, tanto desde el punto de vista agrícola como ganadero, así como las adquisiciones de medios de producción, régimen de _ valores y aprovechamientos, utilización de los medios y fuerzas de trabajo, y en ge~ neral cuanto concierne a la gestión económica de la explotación. En todo caso compete también a la ComUJ1idad re~ guiar la utilización de .Jas casas de labor, de las alma~ zaras y demas edificaciones que existiesen, así como acardar sobre construcción, mejoras y reparaciones úti~ les o necesarias. s VIII A*pedo eeonómieo de la reforma. 1J . IX El sen.tido polítieo en el eampo. ' I : I.:. I·· El caciquismo no ha desaparecido. No es faci! mudar el régimen de vida del agro español. Se podní cambiar de régimen político, incluso de sistema, podn\ de.;apa~ recer la política turnante y viciosa para reemplazarla la dictadura, y la dictadura darle paso a la soñada República, y dentro de la República, como dentrot de la monarquía persistira el fenómeno, la tradición social del oligarca. No se hagan ilusiones los gobernantes de hoy. ni los que le sucedan, España es cuna de caciques, cuna nu~ trida de oligarcas. Esos mismos caciques de ivdo el país, son los que engañan y desmienten a toda noble intención gobernadora, esos tunantes de la picaresca nacional son los que dividen y rompen la estructura de los partides y restan valor a las ideologías. Esos caci~ ques son los que hicieron la política del víno y del ga~ rrote, y mañana haran la política de la votación, de la elección amañada, o de lo que se establezca, como modo de reintegrarnos a una norma de vida polílica. El saneamiento de España esta en permitir que las masas agrarias se formen obligatoriamente, para de fen ~ derse del cazurro habil, que presta, que gobiema y que - 126 B. GARCIA MENeNDEZ predomina en los pueblos, que adula y miente en las ciudades. El saneamiento de la vida nacional esta en carobiar lo accidental de la vida del país, que es rompiendo la forma actual en que se hace la política rural, quitando del ambiente de dominio a los caciques de pueblo, ayer liberales, de nombre, de la · Unión Patriótica; hoy, republicanes de la República. Esa multitud de "sinvergüenzas" que cubren la representación del país agrícola, ademas de que impiden el progreso local de las poblaciones pequeñas, siempre sostienen el valor de la vida municipal, y debilitan el concepto de todos los problemas, engañan a todos los políticos, y, ante todo, desmoralizan a un pueblo, que nunca se acostumbra a formar su sentida de cuidadanía. Ante la tumba y el monumento de Costa diremos francamente que nos avergüenza la falta de preparación de los hombres y de las as~ciaciones agrícolas para vivir una vida europea, de raciocinio, de progreso. Sigue la población rural lo mismo que en los elias tristes en que ese vidente, condenaba y lanzaba oraciones llenas de bondad y de protesta contra el cacique. El cacique existe, ríe y se esconde, claudica, se arrastra y se transforma, para no dejar de ser cacique nunca. Mientras la cultura y la educación cívica no levanten la mentalidad en la gente agrícola, no lo lograr<i ningún gobierno. Mientras las reformas sociales no ha-_ gan la vida rural mas posible y mas higiénica, reintegrando a los municipios aq'uellos hienes que detentan sus "excepcionales" compradores; mientras las escuelas sean -- LA ESPA~A RURAL 127 peor que los bares y los centres -de recreo, no se puede esperar que "Juan" tire sus lanas y se presente limpio. En todas las poblaciones agrícolas reina hostilidad natural de las tinieblas, se hace la guerra a todo lo nuevo, se ama sobre todo a la rutina. En todos los pueblos hay caciques, porque la mu!titud pueblerina los necesita, los hace y proclama. La multitud pueblerina quiere que haya siempre un señor que, aparentemente haga de consejero y de cerebro colectivo; un señor que ejerza las funciones de autoridad, que escriba y firme los documentes en los que se hace la historia local; en una palabra, que los monde y pele. Si ese señor es blanco~ todos blancos; si negro, todos negres. Dan la sensación de grandes manadas de bueyes que caminan hacia un punto desconocido, siempre mansos, siempre boyantes. ¿Qué normalidad es ia que in teresa al país? ¿Qué legalidad es la que beneficia y aumenta el valor del pueblo? ¿Cóm o, y hasta dónde manifiesta el pueblo rural su interés frente a ese problema batido y debatido en los pianos de la inteligencia y del ambiente política? Creemos que al país agrícola, al púeblo español, le interesa, ante todo, las leyes políticas que acaben profundamente, definitivam~nte, con el caciquisrnp, oligarquías y tradiciones. Políticamente, el pueblo rural, lo que precisa es que se le conceda la libertad de actuar ............... - --.....---.._..__ -- - - --- - f I 128 B. G A R C 1 A M E N É N D E Z por sí solo, sin la impuesta dirección de los guiones pue ; blerinos, de los caciques, que a través de todas las situaciones se hacer> ;-lóaeos, y que en todas las épocas hacen el papel perniciosa de agente y facilitones de la política profesional, de indispensables mentores, de fOJ ·· zados dirigentes, en la vida de los pueblos. Si hablamos claro, hemos de confesar que la mentalidad y el estada de cultura de los pueblos y víllas es, mas que lam entable, vergonzoso. No por culpa de ell os mismos, como se achaca facílmente: por culpa de todos los elementos activos y superades, que consienten la grave desproporción, el desnivel espiritual de las grandes ciudades con las zonas del país eminentemente patriota, trabajador y apta. No es culpa de las pequeñas poblaciones rurales que sus habitantes incurran en la gran desgracia de la incomprensión, atando sus vidas a la rutina, entregando su sangre a la usura, dandole s e x<:esiva importancia a las ceremonias de banquetes e inauguraciones. Los pueblos agrícolas no han conocido otra política, ni la conocen, que no sea la de las promesas y la de las decepciones; no conocen o tros amigos y favorecedores que aquellos que precisamente les adulan, diciendo que -el campo lo es todo; pera al campo sólo dedican de verdad el tiempo que cuesta recoger los provechos y gozarlos en la ciudad confortable. Los pueblos no conocen otro horizonte que el de la fatalidad; los municipíos rurales, salvo algun as ejemplares y honrosas excepciones, son orgamsmos coarta- ' .• ' .· LA ESPA~A RURAL 129 dos, que han perdido s u significación democnitica; c:entros burocníticos de recaudación, donde se hacen conocer las grandes colecciones legislativas del Poder central, y donde sólo manda el interé~ cread01. Los pueblos rurales anidan la intolerancia, porque no han. conocido otra disciplina del espíritu; sustenta fervor religiosa la rutina, ya que sólo la rutina es el vivo ejemplo de las persona s, que en cada aldea representan la cultura: -¿qué culpa tiene el niño que obedece?-. ¿Acaso no es esa la condición del niño? Un pueblo rural español, señalado en nuestra carta geografica al azar, tiene la personalidad de un niño, de un niño que antes de creer y de formarse ha de entregar los elementos de su vitalidad al orden de un some!imiento al oligarca, que hace valer su riqueza o su talento, cuando no su habilidad. Mientras l os pueblos rurales sean inferio 'r es, como agrupaciones sociales, el fulanisïno, imperara, sera el dueño. Los que manejan la vida insignificante de cada localidad, son igual en toda la España rural y representan la fuerza política mas viva. No lo duden los poIíticos de buena fe, si es que la buena fe ha de convivir con la política. Para gobemar bien un pueblo es preciso que sea el mismo pueblo el que dicte y trace las nmmas; que del mismo pueblo salgan sus gobernantes. Esa es la ilusión que boy se brinda al corazón del ciudadauo; pero es u na ilusión que caera pronto, porque todavía no se ha vuelto a la no'rmalidad, y los caciques agudos, pérfidos, expertos, tomaran sus medidas, sabran 9 130 B. G A R C 1 A M E N É N D E Z engañar, simular; aguantara borrascas, pero surgiran con poder y con eficiencia. La única normalidad política, el verdadero camino para ir a una posible manifestación del sentimiento y has~ ta una cierta orientación nacional, esta en prescindir, en absoluto de "cuantos elernentos han ejercido funciones desinteresadas de alcaldes y "componedores" de pueblos... Solamente con una absoluta y radical renuncia de esas gentes, se sabria, verdaderamente, si los pueblos sumados, el país, es capaz para demostrar su grado de conciencia política. Es posible que se llegara a comprobar que la política pintoresca del garrote y del voto comprado por vino lo repudie el pueblo rura1, el pueblo obediente, perjudicada y envilecido por ' los "fulanos"-4caciques que se cuidan de pregonar que los pueblos no estan preparados para mo strarse como pueblos, sino como manadas aturdidas y débiles. EI pueblo Oos hombres y sus valores} tienen conciencia de que existen. Con mas o menos cultura, el pueblo vive y produce. Con mas o menos aliento, el pueblo se mueve y ansía mas, y lleva su lucha. Só lo es necesario indicarle un camino, dejarles caminar, pisoteando las falsas auréolas de los caciques que existen a través de todos los momentos polít icos y na cionale s. Se puede decir alto. El propietario de tierra, por tradición inconsciente y secular, es conservador; mejor dicho, --- LA ESPA~A RURAL 131 reaccionario, ene mi go ci e que tengan libertades lo s que le arriendan el terrenc cultivable o le venden el tra~ ba jo. Conservadores no por el fino escrúpulo de conservar el derecho que les confiere el título de propiedad, mal acre~ ditado por el uso que hacen de ella los que la abandonau o 1~ explotan excepcionalmente; mas bien por el perverso deseo de ver que los que no son propietarios han de formar una casta empobrecida y humiliada, siempre pendiente de los caprichos o de las conveniencias de los "amos". Al menor tono político de conservadurismol se adhieren en voluntad los que poseen la tierra de las aldeas, y, por lo tanto, tienen en sus mancs no solamente el poder que representa el patrimonio de los valles (que también procuran que sea de ell os), aunque est o sin títulos le ga l es que lo acrediten; el alma y_la voluntad de las gentes. Naturalmente, no todos los propietarios son dignos de !a propiedad. Los que no son egoístas y dan en obsequio hacia las dases trabajadoras cuanto pueden, traicionan a lo~ deberes de "buen propietari o", que son, entre otros, llamar "pelTos" a los segadores cuando piden mas salario; blasfemar de la patri a cuando l es revisa, fiscal i-za y les exige, y, por último, considerar que en la sociedad la misión especial, ultranacional, es ser propietario, tener títulos de propiedad. De propi~dades que sc riegan con las aguas del canal que ingenió un Pignatelli, desíntere~ sado y nada propietario; de propiedades que en el zig~ zag de los sigl06 no es posible encontrar su arranque de .. . - - - · . . 132 B. G A R C l A M E N É N D E Z límpia y justificada concesión de uso y abuso, propietarios de tierras que para que produzcan y representen el valor que tienen han de dar cosechas, y antes han de asistirle brazos para cultivarlas, maquinas y abonos. Hay varias clases de propietari os: los gran des latifundistas, los propietarios de pueblos y grandes heredades cultivables, y la masa propietaria cuya riqueza no esta considerada en el amillaramiento por mas de unos millares de pesetas. Los últimos, que son los mas, como son los menos propietarios, es decir, que suman. una masa grandiosa por todo el país, pagan y soportan la injustícia de contribuir mas que el Iesto, que los que gozan del prÍVÍ• legio de dejar vivir pueblos enteros en sus feudos, o en algunos casds hasta el derecho de andar por las calles. Los primeros grandes propietarios son los que han inven· tado la fórmula de que la propiedad es sagrada y de que los propietarios deben vivir unidos fuertemente para rechaza·r toda corriente de liberalismo. No contentos con ser los amos de casi la mitad del mapa de España cultivada, quisieran, para dar mas esplendor a sus bla· sones, encerrar el sol en un saco y guardarlo, y sacar ren· tas de sus maravillosos beneficios. Ese conservadurismo no es otra cosa que la libertad en beneficios de los grandes intereses de unos pocos, con restricción de la líber· tad pública. V eamos en el momento actual que el juego habil de pedirse responsabilidades unos gobemantes a otros produce luego lo que se llama impunismo, deseo de que las culpas grandes queden perdonadas, que los erro· res en que se ha mancillado la libertad individual. y los ..... LA ESPA~A RURAL 133 que han maltratado, el interés del pueblo, en su hacienda y en su honor, queden bien dormidos. EI impunismo y los impunistas demuestran la super viv en c ia de la libertad desenfrenada pa ra los pocos, y mantenimiento de la censura y de las restricciones en la vida del pueblo. lmpunismo es conservadurismo "históricott, deseo de que no ocurra nada, de que .la tranquilidad aparente se mantenga a toda costa para que los fundamentos de la sociedad absurda en que se vive no padezcan notablemente. Los terratenientes al por. mayor, amos del suelo español, han de mantener su fe o su conveniencia detnis de ese es tandarte de intransige n{;ia a que pos tienen acostumbrados las derechas españolas. Debemos empezar por co'mprender que el papel de terrateniente es de una comodidad y de una brillantez social admirable. Pueden fumar se cigarros habano s y reneg ar desde los butacones confidentes del casino, de la jornada legal de ocho horas. Se puede muy bien ir en automóvil y vivir con cscandalo de lujo par a luego que solamente que los que tienen ti erras contribuyan al Estado, e incluso para formar una nutrida parte ·en la composición de las actuales corporaciones. El pueblo no paga contribuciones con arreglo a la teoria barbarizante de esos señores que se inflaman de patriotismo, llamando "descaminados'', "chusma" e insolvente al pueblo, que es el que consume los productos de la tierra ! ·· ¡ :, 140 B. G A R C f A M E N t N D E Z Difícilmente puede ostentarse est.a virtud sin haber arraigado otras; difícilmente puede estabilizarse, tomar movimiento rítmico y equilibrado la vida de una nacionalidad, si ese sentido no esta generalizado y penetrada dentro del alma <:electiva. Sentida político, que es personalidad, atención, vocación del deber, conocimiento del derecho, generosidad y disposición para actuar s1empre en pública y en privada con relación al interés personal del individuo, y sin perder la idea del compromiso moral que todos tenemos con relación al interés pública. Con sombrero y corbata andan muchos ciudadanos que no conocen este sentida, que eleva y supera al hombre; millares de ciudadanos probaron en la historia política de España que no solamente no la abrigaban en su seno, sino que lo desconsideraban con desdén. No nos extrañe que en las aldeas esté plenamente virgen el campo de donde pueden brotar esa flor cívica, radiante, cuy os frutos han de ser para España la mejor cosecha y el mejor valor. La "cazurrería "-valga la frase-, acostumbraron al cacique, al monedera falso, al crimina"t al corruptor amparado por el peso de una protección inmoral, al "pucherazo", al acta robada y falseada, a la elección pintoresca d el garrote y del pellejo de vino. El "cazurro" esta acostumbrado a presenciar fiestas, inauguraciones, cac hupinadas; tf>das di~rentes, pero iguales, espectaculares, sin mas transcendencia; y después de esto, nunca ha meditada acerca de si su por;ve- LA ESPA1il'A RURAL 141 nir habría de correr pareja con la demol ición del equí~ voco de que en los pueblos se ha de dormir siempre. Por verdadero amor de España, por un deber huma~ no y cristiano, por exigençia social, cuantos hombres tie~ nen tribuna, catedra, pluma y acción deben dej ar d'e hablar de grandes luminosas horas de l mañana y asis~ tir con un plan. Hacia donde marcan el rumbo las persoJ?.as inte l igen~ tes, leídas, expertas de la ciudad, miran los pueblos. Por lejanas que se hallen las aldeas serranas, los pueblos ri~ bere~os, las comarcas agrícolas, nunca estan tan lcdos de la influen,cia de la palabra y del escrito. Sera cierto, nd podemos negarlo, que el país rural esta en una gran inferioridad mental, en la mas desconsoladora inercia. Pero no tanto ni tan lejos que no perciba su misíón, muy otra que la de supeditarse a la molicie, a la murmura~ ción. Las pequeñas aldeas, siempre timoratas y pueriles como infantes que temen mas que adoran al precepto, estan sometidas a ciertos inevitables yugos; pero no por falta completa de un deseo de mejorar y de alcanzar mas dignidad. Es el temor tradicional a prescindir de las normas que en cada localidad pequeña se han im~ puesto; la puerilidad de considerar que tienen transcen ~ dencia las pequeñas conceptuaciones de la plaza ma~ yor; pero el pueblo rural es com peten te para actuar, como España precisa en esta actualidad confusa, de la ·---- ~~afi'm:W$1 . -- - " ~ -- 142 B. GARC!A MEN~NDEZ que han de dar claros y terminantes los trazos del porvenir. Es competente, porque es el pueblo que trabaja y sufre; él contribuye y existe sabiendo plenamente que su existencia y vida es de gran interés para estructuración de la sociedad. Si las escuelas son nidal de microbios, y muchos de sus Jugares han conocido épocas de barba•ie, en las que se han fomentado la riña y la discordia, no por eso cierran completamente el acceso de esa luz diafana de la ciudad. Los pueblos rurales viven el triste inA fierno de la hipocresía y de la cobardía espiritual, pam que resista el caciquisD?-o y la violencia el tiranuelo que gobiema amable; y el odio entre las personas que se cobijan con disimulo de quienes lo fomentan. Este caciqu~~mo ha crecido porque desde las ciudades se fcnnentó para crear el pedestal de gloria al profesional de 1a política, y el profesional de la política supo poner en la calle al mO'Iledero falso, al corruptor y hasta el asesino; mientras que si convenía a los fines de su bandera, encarceló y persiguió al l abrador que supo ser firme ante un derecho, al pueblerino, que cua! un roble se deja partir antes que doblarse. Ese caciquismo lo fomentó la ciudad que, despreocupada del valor del suelo, envió al campo a "contar honibres", para donar la merced de representaciones y galas a una multitud de personajes sólo capaces para organizar bien la ruina y el barullo. Si esos poderes del ingenio y de la inteligencia no hubieran enseñado en las aldeas tantos pecados civiles y morales, en las aldeas nunca hubiera Ilegado a tomar raíz el vicio de considerar a determinadas perso- LA ESPA~A RURAL 143 nas "grandes influencias" para las juntas y para el atro~ pello. Si los Gobiernos :V los políticos hubieran legislado bien para España, las escuelas rurales tendrían la maxima dependencia moral con relación a la vida dismi~ nuí da de los pueblos; los sacerdótes y los profesionales del Estado y el Municipio no se mezclarían, con estensi~ ble dominid, en conducir--'-'Sin meterse en nada-la vida de los pueblos, y la vida colectiva agraria sería una realidad capaz por sí sola dl! haber creado muchas virtudes cívica s. Si en las aldeas no existe sentido político no es culpa entera de las alcfeas, sino de los gobernantes, que para disfrutar del Poder han conquistado al país con la coacción y el soborno para crear mayoría de valor cuantitativo, peso muerto, !astre en la marcha de nuestra vida y nuestra historia. Es posible que los pueblos, con la experiencia de un si glo de picaresca política, sustituída por un siglo de escuela y cultura, en este momento se halla~ rían al nivel de Europa. Pero manteniendo chozas inmundas por escuelas y for,nentando el estudio de trampear. leyes y enriquecer y favorecer a vagos, aparte de que han rebajado la mentalidad de la raza pueblerina, han estimulado esa genial desconfianza que les hace dudar de todos y de todo. Por lo dem as, ante el' espectaculo de halago forzado, de fisonomías de pueblo, síempre aparatosas y carentes de realidad, en las ciudades y en los medios intelectuales se ignora, o no se comprende bien, que esa multitud rural que duda, piensa, Iee y se entera en medida mucho -- . ......... '· 144 B. G A R C t A M E N ~ N D E Z mas grande de lo que se figuran las estadisticas; pero por mucho que comprendan y sientan, por mucha com~ petencia que tengan en un momento para actuar en be~ neficio de España, el dolor de un trabajo mal considera~ do y de un trato de engaño por parte de los gobernantes les limita a la inercia. Una inercia que se reduce a estas clasicas palabras de pueblo: "Antes quiero pagar mas de lo que pago que participar ni enterarme de nada". Así, :se da el caso que los Municipios españoles, salvan~ do muy honrosas excepciones han estada abandonades de la acción pública concejil, por indiferencia de las ma~ sas, y han sido gobernados por concejales y alcaldes re~ enganchados. EL SENTIDO POLIT!~ CO EN EL CAMPO Indudablemente que España es el país donde se ca~ rece de forma absoluta y ejemplar de sentida política, y a ratos, de sentida común. No tiene explicación el estada medroso y estatico de los partides y de las clases que ni siquiera cumplen con los deberes que la historia no~ se~ ñala. Los políticos mas enterados hacen declaraciones de gancho, convencionales, para rescatar prestigio o ganar adeptos, La masa del pueblo no siente un a fan decidida por ha cer la revolución: no la ha ce. Los revolucionaries mas decidides resultan ser hoy las pers~ nas que por su naturaleza y ambiente pertenecen a los treinta años del siglo xx, en l os que España no hizo po~ I 1 { t ,, !. CA ESPA~A RURAL 145 líticamente otra cosa que retroceder. El liberalismo lo profesan los de siempre, algunos liberales romanticos que todavía creen en que la Monarquía española podni parecerse a la inglesa en sus aspectos humanos y democniticos, y con estos unos cuantos conservadores que ven en la etiqueta liberal una decorosa representación ante el pueblo. Pero la fauna, la ra za política incrustada a la piel de España, es la conservadora, la egoísta. Esa gente que eleva "Dios, Patria y Monarquía", lo emplean para cubrir su único afan de orden o tranquilidad: sobre la Patria, sagrada para todos, ellos ven solamente el pretexto para defraudar al Estada; en la monarquía, la fuerza representativa que mantendni firmes las institucidnes tradicionales capaces 9e defender la \Jljusticia de la aristocracia territorial, y en la idea de Dios, no ven la idea sublime de la paz, de la cordialidad y de la generosidad. Como buenos conservador~ aman el orden convencional que permite la libertad sólo a las grandes sociedades anónimas que monopolizan y encarecen los productos de mayor consumo, la libertad que permite la elevación del precio de la vida a un grave grado eri que resulta inverosínul el vivir; la libertad que permite a las grandes asociaciones religiosas ejercer todas las influencias, construir palacios y no contribuir; la libertad que se cotiza con el precio del oro, ya en las sociedades humanas donde rige el fariseísmo, sólo tiene libertad el que tiene poder, y sólo tiene poder quien tiene dinero. Y el dinero lo tiene quien lo tiene, nunca el obrero, el lo - ·. 146 B. G A R C 1 A M E N t N D E Z profesor, el labrador; nunca el ciudadano tributaria y explota do. Ese conservadurismo intolerante, que ni tan sólo ha sabido evolucionar lo suficiente para tenerse a nivel del día, es el que siempre, sin olvidarlo, repite la ridícula frase de: " ¡Que viene el caos"!. .. El caos ... Supongo que esos trogloditas de mentaljdad inferior tendnín noticia de lo que representa esa frase. Indudablemente sabran que el "caos" es lo que ellos no alcan:e:an a comprender en su tarea de aumentar la potencialidad del vientre. El "caos" quiere decir la injustícia, el desorden, d barullo. Si eso quiere decir se equivocan. Lo que no quieren es salir de este :'caos" en que vivimos, que sólo conviene a los que viven espléndidamente, go:e:ando de una suprema<" .ia y de una influencia que en un régimen normal de vida no podríar.; m.erecer. El "caos" no puede venir a un pueblo donde trabajamos una minoria, donde el régimen tributaria es castigador y arbitrario, la detención y ocultación de tierras un hecho, donde las grandes sociedades. anónimas tienen poder estatal, en fin, donde el simple ciudadano tiene que soportar y vivir en la injustícia y en desigualdad de condiciones con relación a los que llaman "descamisado" y "gen te que no tiene que perder". El pueblo les entrega su Jana. No teman los grandes obsesionados fil ··caos". Mayor "caos" a que el ,egoís mo y los intereses creados han llegado no se ccnocera. Pueden vivir el "caos" actual y temen el "caos" futuro. .. Tem en el o rd en natural de las cosas y a un honrado modo .de crear un pueblo. La injustícia no alcanzara nunca mayores triunfos que los de la España actual. x El erédito agrieola I .. Durante el siglo xix todas las aspiraciones de la vida financiera se concreta ban en eso: eréditO\ Desde la cumbre del Estado los hombres que ffilanejaron el timonel de su nave, pensaron y concretaron todas sus soluciones en esa base: el crédito. Crédito es ccmfianza, saber que el que ha de merecer ayuda constituye una virtud creadora, capaz y solvente, para la atención que se le reserva, considenindole como persona acreditada; para un Esta do, es confianza en su suelo, confianza en su administración, confianza en su programa de producción, confianza en sus jueces y en sus le~isladores . Camacho, Vülaverde, Gam,azo, tres políticos que simbolizan la Hacienda de España en el siglo de las menos posibilidades económicas, decían en sus exordios, en sus reclamaciones parlamentarias, que la nivelación, el progreso y la salud económica del Estado sólo admitía el tratamiento mediante el crédito. El Estado necesita del crédito para ser Estado; porque sin él no puede tener ni Ejército, ni riqueza ni orden, ni nada. Un Estado no debe interrumpir su marcha por falta de dinero; jamas debe perder categoría económica, pa- _ ,., -- 150 B. G A R C t A M E N É N D E Z ralizando sus obras públicas, absteniéndose de este modo de estimular la multiplicación de la riqueza. La categoria econórnica de los pueblos no se mide por su historia, ni por la fertilidad de sus campos, ni siquiera por sus riquezas naturales, sina por lo acreditadas, por la confianza que pueden inspirar a todos los demas pueblos del mundo. El Estada acreditada es el que paga puntualmente, el que lleva sus fundaciones administrativas sin demoras ni retrasos vergonzantes; el que atiende bien, esta es, con sentidò justo a todas sus necesidades por el orden razonable y política que sirve de norma a los Gobiernos. A nuestro juicio, una persona acreditada es lo mismo una persona de confianza que tiene practicadas las virtudes necesarias para no dudar de su responsabilidad moral y de su solvencia; no creemos que persona acreditada sea solamente el que posee, quien guarda hajo su dominío propiedades y valores, sina aquel que cada día accionando y laborando registra en su historia personal larga y controlada, los motivos que piden toda ayuda. EI valor del hombre esta, a veces, mas en la honesta calidad desconocida del trabajador consciente y productor, que en la destacada personalidad de quien goza -se clan casos--de reputación forjada con el golpe insistente del-elogio y buen juicio de muchas personas unanimes en el clamor bueno, como lo son en d mala. Hasta el momento, mientras la vida no transforme la teoría del crédita, la persona comprendida dentro de LA ESPA~A RURAL 157 propíedades, y esas propiedades ex1gnan por parte de los obligades a mantenerlas y cultivarlas, necesidades de cultivo y de acción, y para esto es preciso dinero. Y el dinero, basta hoy, no lo clan ni el Banco de Es-- paña ni los demas Bancos privades. Los Pósitos lo dieran en una proporción pequeña en la medida que el campo necesita. Es preciso acabar con el régimen hipotecaries, que a unos por ignorancia y a otros por mis~ ria, los ata y los lleva a la r.uina. Es precisÒ que la usura disfrazada de las aldeas termine, creando un Banco N acíonal Agrano, un régimen de crédito controlada por el Estada y que dé facilidades al campesino productor. Que cese la obligación de los Bancos privados de negociar •letras de cambio, con una o dos firmas a noventa días, y que el Estada les autorice para emitir préstamos sobre la garantia de los productes, o el Estada que sea la garantía de los productores. El verdaclero crédito territorial que baga irnposible al dueño la venta, el empeño o la hipoteca, y que a la vez, con la propiedad defendida y sana le ofrezca una buena ayuda. Existe en el campo la convicción de que sólo se acredita en España la titulación legítima de la propiedad, nunca a la honorabilidad y al verdadera esfuerzo del trabajador. Y esta convicción esta fundada en lo mal que se aplica la teoria del crédito y del crédito y del préstamo. Pedimos desde este libro sencillo y rural a la Banca que piense y medite en colocar unos millones, garantizados y asegurados en buena forma en el campo, aunque para ello los banquèros también 1 ll , 158 B. G A R C t A M E N É N D E Z tengan que revolucionar algo su .s métodos de trabajo y de operar. Se parte del supuesto de que el Estado ha de crear dos o tres millones, cuatro o cinco miliones de propietarios, que aumentanin el potencial de la rique~ za, y, por lo tanto, que indirectamente favorezcan la economía y la Banca; y de que esta creació n. legítima. arraigada y querida por el pueblo, constituïra en el porvenir la base efectiva de todo presupuesto, de todo inven~ tario de riqueza. Creo que la Banca no ha de rehuír esa colaboración. EI "Diario de Burgos", diario de los que yo me sirvo y les sirvo para qar mis constantes llamadas de agro, paladín castellano, publicó hace pocos días, con motivo de una original e interesante información comentada del ilustre economista y escritor Don Dionisio Pérez, un artículo que por su interés con relación al crédito hemos de copiar las siguientes líneas, expresivas de un alto cdncepto del crédito: "EI concepto del crédito que ha cristalizado en Europa se funda inexorablemente en la necesidad, en la exigencia, en la persistencia de la garantia. Luego no es crédito. Es el concepto milenario, ancestral, proce~ dente de la caverna del primitivo troglodita o de la ca~ baña del lacustre que, seguramente, ya practicaban las artes de la usura, poniendo a rédito la entrega sin com~ pensación inmediata, sin precio pagado en el acto, de los frutos de sus cazas o sus pescas. A través de todas las civiliaciones ha llegado hasta nosotros y perdura en los Bancos mas modernamente organizados de Eur~ pa, este concepto del crédito prendario. Shylock, el ' ._.. ·- __ - LA ESPA~A RURAL 159 mercader de V enecia que inmortalizara Shakespeare, cambiando de emoción ante la idea de recobrar su di~ nero trocado en came viva y sangrante de su deudor, no es un mito de tiempos pasados. Vive en nuestra so~ ciedad, esta amparado por nuestras leyes, tranquilizan su conciencia nuestras doctrinas religiosas y nuestros principios políticos. Cada día le veis instalarse tras las ventanillas de despacho de Bancos y casas de cambio. Si opera en nombre de la beneficiencia pública, le ve~ réis poner este título a su establecimiento: "Monte de Piedad" ... Se le llama de piedad al arrebato y baja valoración de la garantia prendaria y al cobro de un interés no menor del cinco o el seis por ciento. Y así, no ya el préstamo de cantidades viles a los humildes y a los desconocidos, sino todas las formas del crédito que se organizan en Europa: ban cario, indlistrial, agrí~ cola, territorial... ¿Qué mas? Visteis ha ce poco qu<' para hacer un préstamo ruin a una gran nación que se llama España-mas que préstamo para abrir un cré~ dito-. se le exigió que depositara anticipadamente en Londres. fuera de su dominio territO'rial, tres millones de libras esterlinas... Y respondían. de ese crédito qui~ nientos mil kilómetros cuadrados de territorio y veintidós mill ones de españoles ... Mas de la mitad " de la Vida económica española esta consolidada sobre esta retumbante palabra, veja~ dora y abrumadora como una losa de plomo: "hipoteca". Si examinais un balance de un Banco de España, encom:raréis que mientras las cuentas corrientes--esto ... -l 160 B. GARC!A MEN~NDEl es, el dinero propiedad de los clientes-, se han reduci~ do a menos de ochocientos millones de pesetas, las cuen- ' tas de crédito con garantía .de valores exceden de mil millones y los préstamos en cuentas o pagarés con garan_tía, exceden de doscientos millones. Y así, en los demas Bancos semioficiales: Hipotecaria de Crédito Industrial, de Crédito Exterior y mas aún, en la banca pa ·rticular. Para sustentar este artiÍugio de mal disimulada usura, se ha divinizado este otro e'lTor económico al que llamamos "ahorro". Se le enaltece constantemente ante las muchedumbres; lo han cantada los poetas en odas premiadas en certamen es públicos; se le inculca a !os niños en las escuelas como una virtud angelical, mas que humana. A veces se le disculpa con este otro concepto económico: "previsión ". Se ha olvidado que en la edad apostólica, los primeros cristianos llamaban al préstamo "codicia" y al ahorro "avarícia", con una sorprendente visión, no ya de la representación espiritual de ambos conceptos ante la conciencia humana, sino de su valar económico y social. En cambio, el crédito, . tal como ha comenzad~ a practicarse en los Estados Unidos, el crédito sin hipote-;a ni retención de prenda, ni garantía mobiliaria, ni apr~ hensión de cosechas o frutos; el crédito por pura estimación del valor moral o intelectual de cada ciudadano; el crédito organizado como un servi cio social, como se facilita a todos la justícia, la cultura, el orden público o la defensa territorial, podría llegar a ser, sin duda, mas que un estado económico, una religíón del .. L A E SP A R A R U R AL . 161 honor. Y a en la Universidad de París se ha copiado el método yanqui de conceder créditos y prestar dine ros sobre la fe de su palabra, a los estudiantes pobres, que pagaran cuando hayan terminado sus carreras y ha yan crea do hienes propi os. T ambién aquí se quiso ha cer una traducción de esta novedad. No esta la solución en ese y otros hechos aislados. Es preciso mudar fundamentalmente el concepto' que Europa tiene de esos términos de la técnica bancaria : crédito y ahoorro. Cuando el profesor Honegger nos habla de "crédito creador" nos sugiere como una posibilidad, la visíón de todas las riquezas creadas y acumuladas por la Humanidad sobre la tierra puestas a disposición, sin limitaciones usurarias, de todos los que piensan, todos los que estudian, todos lo ·s que trabajan. todos los que alientan iluminados por la obsesión de ser algo mas que transeúntes gozadO' r es de las delicias materiales de la vida". Este trabajo de don Dionisio Pérez, revela lo lejos que se hallan nuestros banqueros, por hoy, de aportar la verdadera colaboración que precisara España en su renacimiento. CREDITO Y PRESTAMO Settún la idea habitual de la palabra, suele comprenderse hajo la denominación de crédito la ccmfianza de que goza la persona obligada a una prestación futura en el animo de aquel que tiene derecho a ella, es 11 162 B. G A R C t A M E N É N D E Z decir, la confianza que otorga el acreedor al deudor. Pero la experiencia diaria enseña que el acreedor mas bien suele abrigar desconfianza que confianza respecto a la capacidad de pago del deudor, y, en consecuencia, exige de éste determinadas garantías para protegerse lo mas cumplidamente posible contra pérdidas emanadas de la relación fiduciaria. Por lo tanto, la confianza del acreedor no es elemento de importancia decisiva en la esencia del crédito. En realidad, el crédito estriba .en una prestación que se hace a otra persona, bajo la condición de uña prestación recíproca en el futuro. Pero todavía son necesarias otras condiciones. La prestación se refiere únicamente a la entrega de una cosa, no a una prestación de obras y servicios. Cuando un empleada deja de percibir su haber hasta fin de mes no se dice que hasta dicha fecha, otorgando un crédito a su principal. Tal afirmación seria inexacta, porque la prestación a que viene obligado es el trabajo de un mes completo, y sólo al terminar dicho pla.Zo vence la prestaci6n recíproca. Si el pago de ésta fuera diferido por mas tiempo, entonces sí que tendría Jugar una concesión de crédito por parte del empleado. Los Códigos civiles establecen, de modo expreso, que cuando la retribución por servicios se compute por períodos de tiempo, ha de &atisfacerse después de transcurrido cada uno de éstos. Pero cuando el haber se ha de pagar mas adelantado, al principio de un mes o de un trimestre, como es el caso de los funcionarios del Estado, se acredita una cantidad de dinero al obligado a la LA ESPARA RURAL 163 prestación, consistiendo la obligación recíproca en el cumplimiento de la prestación misma. Esta prestación de servici os alcanza has ta un determinado mom en to futuro; pero se inicia inmediatamente, y constituye una unidad por cada lapso de tiempo a que se refiere el pago de haberes. Desde el punto de vista económico y para que el concepto de crédito sea uniforme, consideraremos el ca~o antedicho como una operación de débito especialmente regulada, y no como una operación de crédito, pues en ésta, tanto la prestación presente como la futura se refieren a cosas. Precisa añadir todavía al concepto de crédito, una nueva nota: la cosa acreditada debe pasar a propiedad del que la recibe. En consecuencia, el alquile-r, el ar rendamiento y la prenda no figuran entre las operaciones de crédito, porque el derecho de propiedad del arrendador o prestatario .pennanece intacto, y al terminarse la relaci6n contractual recupera éste, nuevamente, la hacienda o la cosa que le pertenece. ónicamente el precio de alquiler o el censo de arrendamiento devengado puede ser, en circunstancias, objeto de crédito (Lexis). El préstamo es la forma mas sencilla y, al mismo tiempo, la mas generalizada de las operacio nes de crédito. En muchos casos, el prestamista exige una aseguración especial para su derecho. Viene a llenar, especial- _. 164 B. G A R C t A M E N t N D E Z mente, este objeto, cuando se trata de una dperación a largo...plazo, la hipoteca constituída sobre una propiedad inmueble. En las operaciones mercantiles co· rrientes, por el contrario, se recurre a la pignoración de mercancías o de valores en Balsa. Sin embargo, desempeña también en este orden de casas un importante pepel el mero crédito personal, que también puede ~er revestida mediante la caución o fianza. Actualmente se estima que el préstamo es solicitado por quien lo recibe. Mas , des de el punto de vista económico, precisa distinguir también los préstamos ofrecidos o propuestos, figurando especialmente en esta ca~ tegoría los depósitos bancaries, cantidades de dinero que se transfieren a los Bancos, no sólo para su custodia, sino para su aprovechamiento, con o sin interés, en determinadas condiciones de devolución de la misma suma (Lexis). En última término, desde el punto de vista del Ban - co, los depósitos son préstamos solicitados, ya que el Banco declara expresamente que se halla dispuesto a admitirlos, y en interés de su empresa desea que estos préstamos alcancen la . cantidad mas elevada posible. Los préstamos sin interés apenas si ofrecen en la vida mercantil otra fonna que la de depósitos inmediatamente realizables, en cuyo caso el Banco, en Jugar de los :ntereses, presta, por regla general, a los depositantes, ~ -~ ~ ' LA ESPARA RURAL 165 semc10s de caja, especialme¡1te en las operaciones de cheques y giros. En los restantes casos, los in .tereses que han de ser satisfechos por el deudor son objeto de libre convenio con el acreedor sin mas limitaciones que las impuestas por las leyes relativas a la usura. Cuando no se conviene en contrario, los intereses habran de sati sfacerse al terminar cada año, o antes si, con anterioridad a este plazo, fué devuelto el importe del préstamd. T ambién puede convenirse que los intere ses sean descontados previamente del capital constituífdo e¡¡ préstamo, en cuyo caso el deudor no recibe completa dicha cantidad, pero debe devolverla íntegramente. Aparte de los intereses también suele establecerse el pago de cierta comisión, por una sola vez, al verificarse el préstamo (Lexis). / XI Pa.z. Uni.ón y TraLajo.